La Educación Superior, frente a los constantes cambios y avances del mundo
contemporáneo, ha presenciado transformaciones que afectan directamente la
enseñanza, la investigación y los servicios, como también su relación con la sociedad. Ante
los nuevos desafíos, busca encontrar formas de mantenerse actualizada y de seguir
aportando, como institución, con respuestas que contribuyan al progreso sostenible de la
humanidad. Gobiernos y agencias internacionales ven los sistemas de educación superior
como clave para la competitividad en la economía del conocimiento, en la formación de
profesionales con habilidades de alto nivel y en la innovación en tecnología y otros
sectores (Mccowan, 2018, p. 465).
Si, por un lado, la educación superior muestra tener gran éxito y relevancia, algo evidente
es el número de alumnos inscritos en las últimas décadas, por otro lado, también se le
percibe distante de las reales necesidades y los problemas enfrentados por la sociedad
(Mccowan, 2018). El posicionamiento y la relevante contribución de la Educación Superior
fue abordada con más profundidad en la 3 a Conferencia Mundial de la Educación Superior,
que se llevó a cabo en 2022, frente a los contextos por los cuales pasa la sociedad. La
United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (2022, p. 10) considera
que la provisión de la Educación Superior (ES) se destina a favorecer la equidad y la
distribución igualitaria de oportunidades. Las Instituciones de Educación Superior (IES)
tienen tres misiones principales: producir conocimiento a través de la investigación
científica, educar a las personas, en el sentido amplio de la palabra, y la responsabilidad
social, que no es un añadido a las dos misiones anteriores. La responsabilidad social se
entrelaza con las dos primeras misiones y se traduce en acciones de alcance social
pertinentes para el contexto de cada IES.
Ante la complejidad de los desafíos mundiales, presentes y futuros, la educación superior tiene
la responsabilidad social de hacer avanzar nuestra comprensión de problemas polifacéticos
con dimensiones sociales, económicas, científicas y culturales, así como nuestra capacidad de
hacerles frente. La educación superior debería asumir el liderazgo social en materia de
creación de conocimientos de alcance mundial para abordar retos mundiales, entre los que
figuran la seguridad alimentaria, el cambio climático, la gestión del agua, el diálogo
intercultural, las energías renovables y la salud pública. (…) La educación superior debe no sólo
proporcionar competencias sólidas para el mundo de hoy y de mañana, sino contribuir además
a la formación de ciudadanos dotados de principios éticos, comprometidos con la construcción
de la paz, la defensa de los derechos humanos y los valores de la democracia (UNESCO, 2009).
Mccowan, T. (2018). A desagregação do ensino superior. Revista eletrônica de Educação,
12(2), 464-482. [Link]
United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization. (2022). Más allá de los
limites: nuevas formas de reinventar la educación superior. UNESCO.
[Link]
6be1788a20aecc20c5468118ef386ed5f0271e46d0298d778d4c1ca2b235400e7d52e15911
7000 [Link].
UNESCO (2009). Conferencia Mundial sobre la Educación Superior 2009: La nueva
dinámica de la Educación Superior y la investigación para el cambio social y el desarrollo,
Comunicado de Prensa. [Acceso: 07 de mayo de 2025]
[Link]
La educación superior es esencial para el desarrollo económico, social y cultural de la
humanidad, su aporte es importante para abordar los desafíos globales y promover un
futuro más razonable y equitativo formando personas críticas, éticos y responsables,
capaces de contribuir positivamente a la sociedad.
La educación superior ha experimentado importantes transformaciones debido a los
constantes cambios y avances del mundo actual, lo que ha impactado aspectos fundamentales
como la enseñanza, la investigación y la vinculación con la sociedad. En este contexto, las
instituciones buscan mantenerse actualizadas y seguir ofreciendo respuestas que impulsen el
desarrollo sostenible. Tanto los gobiernos como las organizaciones internacionales consideran
que los sistemas de educación superior son fundamentales para fortalecer la economía del
conocimiento, formar profesionales altamente capacitados y fomentar la innovación
tecnológica y en otros ámbitos (Mccowan, 2018, p. 465).
Aunque la educación superior ha logrado una gran relevancia y éxito, reflejado en el aumento
significativo de matrículas en las últimas décadas, también se le critica por estar alejada de las
verdaderas necesidades y desafíos sociales (Mccowan, 2018). La importancia de su papel en la
sociedad fue analizada con mayor profundidad durante la Tercera Conferencia Mundial sobre
la Educación Superior, celebrada en 2022. En ese marco, la UNESCO (2022, p. 10) señaló que la
educación superior debe promover la equidad y garantizar una distribución justa de
oportunidades. Las Instituciones de Educación Superior (IES) tienen tres funciones esenciales:
generar conocimiento mediante la investigación, formar personas de manera integral y asumir
un compromiso social. Esta última misión no se entiende como algo adicional, sino como una
dimensión que se integra con la investigación y la docencia, manifestándose en acciones
sociales contextualizadas y relevantes para cada institución.
Frente a los complejos desafíos globales actuales y futuros, la educación superior tiene el
deber social de profundizar en la comprensión de problemas que abarcan dimensiones
sociales, económicas, científicas y culturales, así como de fortalecer la capacidad para
enfrentarlos. Se espera que asuma un papel de liderazgo en la generación de conocimiento a
nivel global, orientado a resolver problemáticas como la seguridad alimentaria, el cambio
climático, la gestión del agua, el diálogo entre culturas, las energías limpias y la salud pública.
Además de formar profesionales con competencias pertinentes para el presente y el futuro, la
educación superior debe contribuir a la formación de personas con principios éticos,
comprometidas con la paz, los derechos humanos y los valores democráticos (UNESCO, 2009).