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Foucault

Michel Foucault ideas

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Michael Foucault → en el año 1975 escribe ¨vigilar y castigar¨, y en 1980

se publica ¨microfísica del poder¨ sobre una clase que dio el 14 de enero
de 1976.

El método doble: arqueología y genealogía

Arqueología → La arqueología, para Foucault, es un modo de análisis que


se ocupa de los discursos históricos. A diferencia de la historia
tradicional, que busca una continuidad y grandes relatos, la arqueología
se concentra en identificar las rupturas, las discontinuidades y las reglas
que posibilitan la aparición de ciertos conceptos y discursos en
momentos específicos.

En este enfoque arqueológico, introduce la idea de los “documentos


monumento”: textos médicos, jurídicos e institucionales que no deben
ser entendidos como fuentes históricas neutras, sino como monumentos
que expresan y encarnan relaciones de poder y prácticas culturales de
su época. Estos documentos, por lo tanto, deben analizarse con sumo
cuidado, ya que permiten ver cómo se construyen los saberes y cómo se
establecen ciertas “verdades”.

Genealogía → A partir de esta base arqueológica, Foucault complementa


su método con la genealogía, un enfoque inspirado en Nietzsche. La
genealogía rechaza la idea de un origen puro o lineal y, en cambio, se
ocupa de mostrar cómo las “verdades” históricas se forman a través de
conflictos, luchas y estrategias de poder. Así, mientras la arqueología
identifica las condiciones históricas de posibilidad de los discursos, la
genealogía analiza cómo estos discursos funcionan como técnicas de
saber y de control social.

En suma, ambos métodos permiten comprender cómo, en cada época,


las formas de conocimiento y de verdad están estrechamente
articuladas con el ejercicio del poder.

Las precauciones del método: clase del 14 de enero de 1976

En su clase del 14 de enero de 1976, Foucault propone una serie de


precauciones metodológicas para estudiar el poder, con el fin de alejarse
de los enfoques clásicos de la ciencia política y proponer un análisis más
dinámico y material.

1. Estudiar el poder en sus extremos: Foucault plantea que la ciencia


política tradicional establece una relación triangular entre el derecho, el
poder y el soberano, donde el poder fluye de arriba hacia abajo (del
soberano a los súbditos). Para Foucault, este enfoque debe invertirse:
hay que partir de los hechos de dominación y ver cómo se estructuran.

2. Analizar el poder a partir de sus prácticas materiales: El análisis no


debe centrarse únicamente en las instituciones o en las leyes
abstractas, sino en las prácticas concretas que sostienen la dominación.
Esto implica observar cómo el poder circula, cómo interpela a la
población y cómo organiza la vida y la muerte.

3. Examinar las formas de sometimiento: Es necesario pensar en las


formas específicas en que el poder produce sometimiento. Esto incluye
ver cómo el poder circula a través de las instituciones y de las relaciones
cotidianas, y cómo estas formas de poder producen saberes que
legitiman su propia existencia.

4. Desarrollar un análisis ascendente: Foucault propone un análisis de


tipo ascendente, que parta de los sistemas locales de dominación y de
las prácticas concretas, en lugar de deducir el poder de grandes
estructuras. Por ejemplo, para Foucault, instituciones como la escuela, el
hospital y la cárcel son espacios donde se ejercen formas de vigilancia y
control sobre los individuos.

5. Pensar en los dispositivos del saber: El análisis debe considerar


cómo se articulan los dispositivos del saber con las prácticas de poder.
Esto significa observar cómo el saber no es independiente o neutro, sino
que está siempre ligado a relaciones de poder. Para Foucault, hay una
relación estricta entre saber y poder: los saberes funcionan como
herramientas para organizar la vida social y económica, respondiendo a
los intereses de clases dominantes como la burguesía.

Algunas ideas clave de Foucault sobre el poder

• Foucault considera imposible pensar el poder como algo


acumulable o estático. El poder no es una “cosa” que alguien posee,
sino que es una práctica que circula y se ejerce constantemente.

• Además, observa que en cada acto de represión también hay


grados de desobediencia. El poder nunca es absoluto, siempre se
enfrenta a resistencias y desafíos.

• Lo que busca Foucault, tanto en su análisis arqueológico como en


el genealógico, es captar la instancia material de sometimiento, es decir,
las formas concretas en que el poder atraviesa y condiciona la vida de
las personas.
En los estudios de Michel Foucault sobre el poder, se observa un cambio
fundamental desde la Edad Media hasta los siglos XVII y XIX. Durante la
Edad Media, la manera de entender el poder estaba anclada en la figura
del soberano y en la relación entre el monarca y sus súbditos. Allí, el
poder se ejercía principalmente a través de la capacidad de dar muerte:
el soberano poseía el derecho absoluto de decidir quién debía morir, y
esta relación de dominación se basaba también en la extracción de
bienes y riquezas producidos por la tierra. El ordenamiento social estaba
regido por el derecho a la soberanía, es decir, la legitimidad que el
soberano tenía para imponer la muerte o perdonar la vida.

Sin embargo, a partir de los siglos XVII y XVIII surge una nueva forma de
poder que ya no se concentra únicamente en la capacidad de dar
muerte, sino en la administración de la vida. El poder disciplinario se
hace presente como una mecánica que busca ordenar, dirigir y
normalizar las vidas de los individuos. Lo importante ahora no es tanto la
muerte, sino cómo los cuerpos son domesticados, controlados y puestos
al servicio de la producción y la riqueza. El soberano o el Estado dictan
la vida, estableciendo reglas y normas que rigen el comportamiento
individual y colectivo.

En este nuevo paradigma, Foucault distingue dos dimensiones: por un


lado, la anatomopolítica, que se refiere al control de los cuerpos
individuales para que sean productivos y obedientes; y, por otro lado, el
biopoder, que regula la vida de la población en su conjunto, vigilando
cuestiones como la natalidad, la salud, la higiene y la mortalidad. Ambas
técnicas de poder funcionan como una máquina de producción que no
solo extrae riquezas y bienes, sino que también fabrica individuos
conformes y adaptados a la lógica capitalista.

El objetivo es constituir sujetos sanos y honestos, disciplinados y


normalizados, que cumplan con los requerimientos del sistema. Byung-
Chul Han señala que este tipo de control está profundamente aceptado y
naturalizado en la sociedad contemporánea, donde la disciplina y la
normalización ya no se perciben como imposiciones externas, sino como
formas de autoexplotación y autocontrol que cada sujeto ejerce sobre sí
mismo.

El biopoder se manifiesta de dos formas principales:

Anatomopolítica:
Esta forma se enfoca en el cuerpo individual, buscando disciplinarlo y
hacerlo útil para el Estado. Se manifiesta a través de prácticas como la
medicina, la educación y el ejército, que buscan controlar y moldear los
cuerpos individuales.

Biopolítica:

Esta forma se enfoca en la población en su conjunto, buscando gestionar


la vida y la salud de la población en general. Se manifiesta a través de
políticas públicas que afectan la salud, la higiene, la natalidad, la
mortalidad y otros aspectos biológicos de la población.

El biopoder se distingue del poder soberano de la siguiente manera:

Poder soberano:

El poder soberano se caracteriza por su capacidad de decidir quién vive


y quién muere, mientras que el biopoder busca administrar la vida y
hacerla más productiva.

Biopoder:

El biopoder se centra en la gestión de la vida, la salud y el bienestar de


la población, regulando y normalizando aspectos biológicos para lograr
una mayor eficiencia y control social.

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