SEMINARIO MAYOR NACIONAL DE LA ASUNCIO, ETAPA DE LA
CONFIGURACION.
CURSO
Liturgia sacramental II: Práctica de la celebración de los sacramentos
CATEDRATICO
Pbro. José Vinicio Sandoval
ESTUDIANTE
Gabriel Pérez Sánchez
Año formativo
Cuarto de Teología
TRABAJO:
Recensión: “PRAENOTANDA del ritual de las exequias”
FECHA
31 de marzo de 2025
Recensión
PRAENOTANDA del ritual de las exequias
La muerte es una realidad natural que experimenta el ser humano. Según nos dice el
Catecismo de la Iglesia Católica que “la muerte es el fin de la peregrinación terrena del
hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida
terrena según el designio divino y para decidir su último destino”1.
Dios da al ser humano el regalo de experimentar la vida terrena, de disfrutar su creación, pero
no solo es disfrutar por disfrutar, sino que en medio de todos estos gozos, está invitado a
amar a su creador y a sus semejantes 2. La vida misma es una gracia, Dios ha creado al
hombre con su infinito amor y bondad, y a pesar de las caídas en pecado, Dios está dispuesto
siempre a perdonarlo (cf. Mc 3, 28-29). Así pues, en la vida terrena el ser humano decide su
vida futura, esto se da mediante la acogida voluntaria del amor de Dios y su obra salvadora.
Se adquiere la salvación a través del sacrificio de Cristo en la cruz.
Ante la realidad humana, Jesucristo ha querido transmitirnos estas gracias que nos ayuda para
nuestra salvación y lo hace a través de la Iglesia que el mismo fundó en la tierra. La Iglesia
vela la salvación de todos los hombres y mujeres, facilitándolas la gracia, por medio de los
sacramentos. En este trabajo de análisis de las “Prenotandas del ritual de las exequias”
veremos de manera detallada la importancia que la iglesia le da en acompañar a las personas
en general, pero especialmente el acompañamiento en darles el último adiós a los difuntos, y
transmitirles esperanza y acogida a los familiares que aún se quedan en la tierra. Se verá el
desarrollo y el proceso de la celebración de las exequias en todos los pasos que conlleva y los
elementos a tomar en consideración.
El verdadero sentido de la exequias cristiana es celebra el misterio pascual, para que quienes
por el bautismo fueron incorporados a Cristo, muerto y resucitado. La Iglesia reza y hace
favores por ellos, para que los difuntos adquieran el auxilio espiritual y, para los familiares, el
consuelo de la esperanza. Para realizar estas celebraciones se debe tener en cuenta la
mentalidad de la época y las costumbres de cada región, ya que, las exequias cristianas
manifiesten la fe pascual y el verdadero espíritu evangélico.
1
CEC 1013
2
Cf. CEC 1
Por otro lado, se realizan las exequias para honrar los cuerpos de los fieles difuntos, ya que,
que han sido templos del Espíritu Santo. Cabe mencionar los principales momentos, deben
ser, según la costumbre de los lugares: la vigilia en la casa del difunto, la colocación del
cuerpo en el féretro y su traslado al sepulcro, previa reunión de los familiares y, si fuera
posible, de toda la comunidad, para escuchar, en la liturgia de la palabra, el consuelo de la
esperanza, para ofrecer el sacrificio eucarístico y para la última despedida al difunto.
Ahora bien, es importante ver la forma de la celebración. El Ritual de exequias propone tres
formas de celebración: la primera prevé tres «estaciones»: en la casa del difunto, en la iglesia
y en el cementerio, con dos procesiones intermedias. Si es en una gran ciudad se omiten las
procesiones y más si hay insuficiencia de clero. Si en la celebración no puede asistir el
presbítero, convenga que lo haga el diacono y en su defecto lo puede hacer un laico siempre
con el permiso del ordinario. Ahora bien, la celebración de la misa exequial, sólo se prohíbe
en el Triduo pascual, en las solemnidades y en los domingos de Adviento, Cuaresma y
Pascua. Si por razones pastorales, las exequias en la iglesia se celebran sin misa. Es
obligatoria la liturgia de la palabra y el último adiós al difunto.
En la segunda forma, se contemplan sólo dos «estaciones»: en la capilla del cementerio y
junto al sepulcro. Y la tercera, tiene una sola «estación»: en la casa del difunto. Se debe hacer
en la liturgia de la palabra y en el rito del último adiós al cuerpo del difunto las conferencias
episcopales deben mantener las tres formas de exequias.
Después de la misa de exequias, se da el rito de la despedida de cuerpo y recomendación del
alma. En el marco de la celebración, el celebrante introduce y explica este rito con una
monición; espacio de silencio, la aspersión e incensación y el canto de despedida. El canto
debe ser con texto y melodía adecuada. Algo muy importante que se debe entender es que la
aspersión, recuerda la inscripción en la vida eterna realizada por el bautismo, mientras que
con la incensación se honra el cuerpo del difunto que fue templo del Espíritu Santo.
Otros elementos que son indispensables son las lecturas de la palabra de Dios, con ella se
proclama el misterio pascual, se afianza la esperanza de un nuevo encuentro en el reino de
Dios, se exhorta a la piedad hacia los difuntos y a dar un testimonio de vida cristiana; los
salmos, con los salmos se expresa el dolor y se reafirma la confianza. Los pastores de almas
están invitados a catequizar a sus comunidades, de manera que comprendan, con mayor
claridad y profundidad, los salmos; y las oraciones, con la oración se confiesan su fe y se
intercede por los difuntos para que alcancen la felicidad junto a Dios. La comunidad también
ora, para que en su dolor reciban el consuelo de la fe.
También se han de celebrar exequias por los catecúmenos y, además, según establece el
canon 1183 del Código de Derecho Canónico, se pueden celebrar también: por aquellos niños
que sus padres deseaban bautizar, pero murieron antes de recibir el bautismo y por los
bautizados que estaban adscritos a una Iglesia o comunidad eclesial no católica.
En algunos casos se darán las exequias y la cremación del cadáver. Para ello, las exequias se
deben celebrar según la forma que se usa en la región, pero que no se oculte que la Iglesia
prefiere la costumbre de sepultar los cuerpos, como el mismo Señor quiso ser sepultado. El
rito puede tener lugar en el edificio del crematorio, para evitar el peligro de escándalo o de
sorpresa en los fieles.
Dentro de la Iglesia a cada uno se le ha confiado un ministerio particular. En este caso al
sacerdote, como maestro de la fe y ministro del consuelo, preside la acción litúrgica y celebra
la Eucaristía. El sacerdote debe avivar la esperanza de los presentes y afianzar su fe en el
misterio pascual y en la resurrección de los muertos, de esta manera se manifiesta el cariño y
la cercanía de la Iglesia. Cabe también mencionar que no se debe excluir a nadie, el evangelio
es para todos. En ausencia de un sacerdote, puede hacerlo el diacono, inclusive con licencia
de la sede apostólica lo puede presidir un laico.
Ahora bien, en cuanto a las adaptaciones en cuanto a la celebración, las conferencias
episcopales son las únicas en ver si es necesario adecuar algunas cuestiones de acuerdo a las
culturas por ejemplo. En este caso las conferencias determinan las adaptaciones, consideran,
con cuidado y prudencia, cuanto pueda admitirse, oportunamente, de las tradiciones y el
modo de ser de los diversos pueblos, mantener vigentes o adaptar los elementos propios,
cuando los hay, ya existentes en los Rituales particulares, siempre que estén de acuerdo con
la Constitución sobre la sagrada liturgia y las necesidades actuales, preparar las versiones de
los textos, de manera que se acomoden verdaderamente a las diversas lenguas y culturas y
adaptar y completar las instrucciones de la edición típica del Ritual Romano, de modo que los
ministros comprendan plenamente y realicen adecuadamente la significación de los ritos.
En cuanto a la preparación de la edición en la lengua vernácula del Ritual de exequias.
Corresponderá también a las Conferencias Episcopales: a) ordenar los ritos según una o más
formas, b) sustituir las fórmulas propuestas en el rito principal, c) cuando la edición típica
latina del Ritual de exequias presenta varias fórmulas optativas, añadir otras fórmulas del
mismo género, d) juzgar si un laico puede ser elegido para celebrar las exequias, e) cuando
razones pastorales lo indiquen, establecer que la aspersión y la incensación puedan omitirse o
ser suplidas por otro rito; f) establecer para las exequias el color litúrgico más adecuado a la
idiosincrasia de cada pueblo, que no ofenda al dolor humano y que haga patente la esperanza
cristiana, a la luz del misterio pascual. Todo esto lo toma en consideración las conferencias
episcopales.
El sacerdote como servidor fiel de Cristo y de su Iglesia, después de haber considerado las
diversas circunstancias y de haber oído los deseos de la familia y de la comunidad, usará de
buena gana de las facultades concedidas en los ritos. Debe tomar muy en cuenta el ritual y
todos los elementos que conlleva para la celebración; dentro de ellos: debe elegir los textos
adecuados, l texto de las oraciones se propone siempre en singular, es decir, por un solo
difunto; asistir a los enfermos y moribundos, como se indica en la sección correspondiente
del Ritual Romano, catequizar sobre el sentido de la muerte cristiana, consolar con bondad a
la familia del difunto, aliviar la angustia de su dolor y, en cuanto sea posible, ayudarla
generosamente y preparar con ella la celebración adecuada de las exequias.
Valoración personal
La iglesia católica siempre se ha caracterizado por ser ordenada en su desempeño pastoral.
Ha determinado un rito para cada circunstancia; el rito de exequias no es la excepción. En las
prenotandas he podido apreciar el orden que llevan los ritos y las formas de celebrar las
exequias. Este ritual corresponde a presentar los conjuntos de ritos y oraciones que se
realizan para acompañar a los difuntos y encomendarlos a Dios.
Ha sido tan importante y necesario este acompañamiento que la iglesia da a los difuntos y a
las familias dolientes por medio de sus ministros. Como bien sabemos, la muerte humana es
una de las realidades más dolorosas que el ser humano experimenta, sin embargo, no estamos
exentos a vivir ese momento doloroso y a vivir la misma realidad como el la muerte.
Por otra parte, la iglesia le confía a sus ministros (presbíteros, diáconos) la misión de
acompañar a sus hijos. Ante este encargo, es preciso procurar ser lo más fiel posible en el
acompañamiento a las familias que necesitan de la acogida y una palabra de esperanza por
parte de los pastores. Se ha visto en los últimos tiempos que se cae en una tibieza espiritual y
muchos pastores de almas se vuelven ajenos al dolor de otro, existe una falta de sensibilidad
y se ha perdido la capacidad de llorar y sufrir con el otro. Es cierto que ante esta realidad, a
veces nuestras palabras de quedan cortas, pero con la sola presencia alienta a las familias. así
pues, las celebraciones de exequias es un modo de acompañar a las familias dolientes y
manifestarles por medio de nuestra compañía el amor de Jesús.