CHRISTOPHER:
¡Ea! ¿Hay algo más propio de una inglesa? Los cumplidos siempre las azoran. Las europeas se
toman los cumplidos como algo natural, pero las inglesas se quedan sin espíritu femenino por culpa
de sus maridos. (Se vuelve y mira a Giles.) Los maridos ingleses tienen un no sé qué que resulta
muy grosero.
MOLLIE:
(Apresuradamente.) Suba a ver su habitación. (Se dirige a la salida de la izquierda.)
CHRISTOPHER:
¿Subo?
MOLLIE:
(Dirigiéndose a Giles.) ¿Podrías cargar la caldera del agua caliente? Mollie y Christopher se dirigen
a la escalera. Giles pone cara de malhumor y se acerca al centro de la estancia. Suena el timbre. Hay
una pausa, luego el timbre vuelve a sonar varias veces con impaciencia. Giles se encamina hacia la
puerta de la calle con pasos rápidos. Durante unos instantes se oye el ruido del viento y de la
nieve.
MRS. BOYLE:
(En off.) Esto será Monkswell Manor, digo yo. ¿No?
GILES:
(En off.) Sí...
Mistress Boyle penetra en la sala. En una mano lleva una maleta y en la otra varias revistas y los
guantes. Es una mujer corpulenta, imperiosa y con cara de estar de muy mal humor.