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El documento aborda la violencia política en el Perú, destacando su historia desde la invasión española hasta el conflicto interno de 1980 a 2000, donde se evidencian violaciones sistemáticas de derechos humanos por parte de grupos subversivos y fuerzas del Estado. Se menciona que el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) documenta más de 69,280 muertes, atribuyendo la mayoría a Sendero Luminoso y un porcentaje significativo a las fuerzas del orden. La violencia estructural y la represión política son identificadas como causas profundas de este conflicto, que dejó una huella duradera en la sociedad peruana.
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El documento aborda la violencia política en el Perú, destacando su historia desde la invasión española hasta el conflicto interno de 1980 a 2000, donde se evidencian violaciones sistemáticas de derechos humanos por parte de grupos subversivos y fuerzas del Estado. Se menciona que el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) documenta más de 69,280 muertes, atribuyendo la mayoría a Sendero Luminoso y un porcentaje significativo a las fuerzas del orden. La violencia estructural y la represión política son identificadas como causas profundas de este conflicto, que dejó una huella duradera en la sociedad peruana.
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Constitución y Derechos Humanos

MATERIAL INFORMATIVO
Programa de Estudios/Programa Programa de Formación Humanística Sesión N°12
Experiencia Curricular: Constitución y Derechos Humanos Semestre 2022_2
Contenido temático: Violencia política en el Perú y DDHH en el marco de la CVR.
Docente: Equipo de docentes
Tipo de Material Informativo Lectura
VIOLENCIA POLÍTICA EN EL PERÚ Y DDHH EN EL MARCO DE LA CVR.
1. VIOLENCIA POLÍTICA
Lo constituyen aquellas acciones de fuerza que son empleados en contra de personas o
grupos de personas, por razones de orden político, ya sea en medio de una disputa por el
poder, o en el contexto de un conjunto de luchas iniciadas por la población, con el fin de lograr
el respeto de sus más elementales derechos. La violencia política es ejercida y puesta en
práctica, por grupos organizados, ya sea por grupos alzados en armas, o por las fuerzas que
representan al Estado, como es el caso de las fuerzas armadas y policiales.

2. VIOLENCIA POLÍTICA EN EL PERÚ


La violencia política en el Perú, tiene todo un proceso de desarrollo histórico, pues los
episodios más importantes y transcendentales de nuestra historia, están signados justamente
por la violencia.

La invasión de América, y específicamente la invasión del territorio peruano, fue un


episodio de excesiva crueldad, signado por el asesinato, la tortura, la discriminación y por
innumerables tipos de vejación hacia los pobladores nativos que encontraron los invasores al
llegar a estas tierras. La toma de Cajamarca, que constituye el episodio simbólico con el que se
inicia la invasión del territorio incaico y la destrucción de tan grandioso imperio, fue en
realidad una masacre, en donde los españoles tomando como pretexto un hecho por demás
comprensible por la diferenciación cultural (Atahualpa arroja la Biblia católica al suelo), dieron
inicio al asesinato de miles de indígenas, los mismos que fueron despedazados literalmente
por las “santas” espadas de los invasores españoles. Este acontecimiento sería replicado en los
diferentes lugares en donde los invasores fueron imponiendo su dominio.

En todo el proceso colonial, las muestras de violencia en contra los pobladores nativos son
indescriptibles, pues alcanzaron elevados niveles de crueldad.

Con el logro de la independencia del yugo español, y el establecimiento de la república


peruana, la violencia política podríamos decir que se institucionaliza, pues esta va a ser una
constante en nuestra vida política, como consecuencia de las disputas por el poder, y de la
inexistencia de una clase gobernante fuerte y consolidada que hubiera podido asumir la
conducción de nuestro país. Es así, que, solamente apenas iniciada nuestra vida republicana,
los militares integrantes del primer militarismo, iniciaron una violenta disputa por el poder que
duró largos años, y en las cuales las traiciones, los asesinatos y las agresiones de toda índole,
fueron la característica principal.

En los años posteriores del siglo XIX y mayor parte del siglo XX, si bien hubo gobiernos
democráticos elegidos por la voluntad popular, lo que primó fueron los gobiernos dictatoriales
salidos de los constantes golpes de estado, y para los cuales la única de forma de consolidarse
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en el poder, fue haciendo uso del asesinato y la persecución en contra de los que se oponía a
estos procesos políticos. La comisión de la verdad, en su informe final, señala que, en los 50
años anteriores al inicio de la guerra interna, es decir antes de 1980, solo durante 14 años
tuvimos gobiernos democráticos, los demás corresponde a periodos de regímenes
dictatoriales.

Todo este largo periodo histórico de nuestra vida republicana, principalmente, signado por
la intolerancia, la violencia y los gobiernos nacidos de la fuerza de las armas, van a ser una de
las causas que va a desencadenar uno de los procesos de violencia política más sangrientos de
nuestra historia republicana. La pobreza, la exclusión social y el olvido por parte del estado de
los pueblos y gentes alejados de la capital, confluirían para dar origen al periodo de guerra
interna que nuestro país vivió entre el año de 1980 y 2000.

En 1980 irrumpe violentamente en la escena política, el Partido Comunista del Perú,


Sendero Luminoso, para dar inicio a un periodo de confrontaciones, con el fin de intentar
tomar el poder político del Estado Peruano, y edificar un estado de corte socialista según sus
planteamientos de orden marxista. Dentro de las principales acciones violentistas que
desarrollo el PCP- SL, se encuentra los aniquilamientos selectivos de autoridades, dirigentes
vecinales y miembros de las fuerzas armadas, sabotajes con coches bombas, derribamiento de
torres eléctricas de alta tensión, emboscada a las fuerzas del orden, etc. Dichas acciones
pusieron a nuestro país al borde del caos y la anarquía, por lo que el gobierno peruano se vio
en la necesidad de enviar a las fuerzas armadas para combatir esta amenaza a la seguridad
nacional. Pero las condiciones en que se desarrolló este enfrentamiento, caracterizado
básicamente por una acción guerrillera por parte de los miembros del PCP- SL, dio como
resultado que en el desarrollo del conflicto se ponga en práctica, una sistemática violación de
los derechos más elementales del ser humano, como es el caso del derecho a la vida. Las
fuerzas armadas con el fin de contrarrestar el accionar guerrillero de las fuerzas subversivas,
recurrió a detenciones arbitrarias, torturas de inculpados, ejecuciones extrajudiciales,
asesinatos masivos de pobladores de las zonas andinas, etc.; acciones por las que aún hoy en
día, muchos de los autores de tan execrables crímenes aún son procesados.

La violación de los derechos humanos, fue puesta en práctica tanto por las fuerzas
subversivas del PCP – SL, como por las fuerzas del orden, así lo recoge el informe final de la
CVR , el mismo que establece, por ejemplo, que de los 69 280 muertos, el 54% es
responsabilidad del PCP – SL y el 1.5% del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA),
por lo que se deduce que el restante 44.5% sería responsabilidad de las fuerzas del orden del
Estado peruano, junto a los denominados Comités de Autodefensa.

Según Johan Galtungl (citado por Rubio, 1990) -cuyas tesis han sido muy populares a la
hora de explicar las causas profundas de los problemas peruanos- los motivos de la "violencia
estructural" provienen básicamente:

a) De una estructura socio-económica injusta que genera miseria colectiva.


b) De la represión política que produce relaciones asimétricas con respecto al poder.

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c) De la pervivencia de fenómenos de alienación, los que harían imposible una paz


duradera.

3. VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS


Durante los 20 años de este conflicto interno, se puso en práctica una sistemática violación
de los derechos humanos, por parte de los actores involucrados en dicho conflicto, es decir, las
fuerzas subversivas, la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas y los denominados Comités de
Autodefensa. Veamos a continuación, como es que fueron violentados algunos de los derechos
más elementales del ser humano.

3.1 El derecho a la vida


Por increíble que parezca, este elemental y principal derecho del ser humano, fue
constantemente vulnerado, prueba de ello lo son las 69 280 víctimas mortales que dicho
conflicto generó según el informe de la CVR.

Por el lado del PCP-SL, este recurrió a la ejecución de autoridades políticas, dirigentes
vecinales, miembros de las fuerzas armadas; mostrando en dichos actos una extrema de
crueldad, con el supuesto fin de dar escarmiento a quienes no estaban con ellos o se oponían a
su proyecto político. De igual forma, llevaron a cabo ejecuciones masivas de poblaciones
campesinas que se atrevieron a oponerse a sus planes políticos y militares, o que
sencillamente se negaron a colaborar con ellos o que fueron obligados a prestar a poyo a las
fuerzas armadas. En aquellos casos, procedieron a la eliminación de hombres, mujeres y niños
de dichas comunidades campesinas, práctica que se llevó a cabo de la manera más cruel, pues
en la mayor parte de casos, las eliminaciones de las personas, se hizo haciendo uso de arma
blanca o de piedras. Tal es el caso, por ejemplo, de la masacre de sesenta y nueve comuneros
de la comunidad de Lucanamarca ocurrida el 03 de abril de 1983, como represalia del PCP – SL,
por la muerte de uno de sus mandos a manos de estos mismos comuneros. Lucanamarca es un
caso emblemático, pero las masacres de comunidades campesinas fueron numerosas.

Por el lado de las fuerzas del orden, en su afán de combatir a los miembros del PCP- SL,
recurrieron de igual forma a una práctica sistemática de violación de los [Link]. A las
detenciones arbitrarias, le siguieron las ejecuciones extrajudiciales de dirigentes, estudiantes y
comuneros, acusados de ser miembros o colaboradores del PCP-SL; hecho que no pudo ser
demostrado, porque los acusados terminaron ejecutados y enterrados en fosas comunes
clandestinas, las mismas que muchos años después han sido localizadas y destapadas por las
autoridades del Estado. Las fuerzas del orden, también cometieron numerosas matanzas de
miembros de las comunidades campesinas, acusadas de colaborar con SL.

Son emblemáticos los casos de detención arbitraria y posterior eliminación, de los


estudiantes de la Universidad la Cantuta y de los campesinos de la Localidad del Santa en
Ancash. Dichas acciones atentatorias en contra del derecho más elemental, el de la vida,
fueron cometidas por el Grupo COLINA, escuadrón paramilitar conformado por miembros
activos de las FF. AA y con la anuencia y complicidad del poder político de entonces. Los
miembros del grupo Colina fueron también responsables de la matanza de Barrios Altos, y se le
atribuye también otras ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo en el centro del país.

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En las alturas de la sierra sur, las fuerzas del ejército y la policía, cometieron asesinatos
masivos, tal es el caso de los treinta y dos comuneros de la comunidad de Soccos, que en
noviembre de 1983 fueron ejecutados por miembros de la ex Guardia Civil; así sucedió
también en la zona del alto Huallaga, en donde efectivos de la marina allí destacados, llevaron
a cabo detenciones arbitrarias y posteriores ejecuciones de pobladores de la zona. Prueba de
esto, lo constituye la fosa clandestina desenterrada en de 50 personas ejecutadas luego de
haber sido sometidos a prácticas de tortura.

3.2 El derecho a la seguridad e integridad personal


Este es otro de los derechos que fue sistemáticamente violentado durante el proceso de
guerra interna de nuestro país:

La tortura. “Nadie será sometido a tortura ni a penas o tratos crueles, inhumanos o


degradantes” reza el artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el mismo
que también es recogido por nuestra constitución política. Sin embargo, durante el conflicto
interno de nuestro país, la tortura fue puesta en práctica principalmente por miembros de las
fuerzas del orden, con el fin de lograr declaraciones inculpatorias o en interrogatorios que
buscaban obtener información que les permitiera la captura de cuadros dirigentes y militantes
del PCP – SL. Los testimonios recogidos por la CVR, dan cuenta de prácticas aberrantes,
contrarias a nuestra condición de seres humanos, en los cuales hombres y mujeres eran
sometidos a largos procesos de tortura que en muchos casos terminaba con la muerte de las
víctimas.

La Comisión ha recibido miles de denuncias sobre actos de tortura y otros tratos o penas
crueles, inhumanas o degradantes producidos durante el período bajo investigación. Sobre
6,443 actos de tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes registrados
por la CVR, el porcentaje más alto (75%) corresponde a acciones atribuidas a funcionarios del
estado o personas que actuaron bajo su autorización y/o aquiescencia1, el segundo lugar, 23%,
corresponde al grupo subversivo PCP-SL, el tercero con un porcentaje bastante bajo lo
constituyen las acciones imputadas al grupo subversivo MRTA, 1% y el 2% a elementos no
determinados”.

“La Comisión tiene evidencias que le permiten concluir que la tortura, así como otros
tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, fueron perpetrados en forma generalizada
por miembros del PCP-SL contra personas que eran consideradas hostiles o insumisas, así
como contra sus familiares o allegados. Esta práctica ocurría como paso previo al asesinato de
dichas personas en el contexto de masacres; incursiones armadas en poblados andinos y
amazónicos; en los pseudo procesos denominados «juicios populares»; y en los campamentos
o «retiradas» que constituyeron sobre la base del desplazamiento forzoso de poblaciones.

Por su magnitud, esta práctica no podía ser ignorada por la dirigencia responsable del PCP-
SL. La Comisión considera que no hubo tan sólo tolerancia hacia esta conducta, sino que
incluso se la consideró necesaria para atemorizar a la población y desalentar a quienes no
aceptaban las órdenes y la política del PCP-SL.”

Las desapariciones forzadas. Otra de las prácticas contrarias a los DD. HH, que los actores de
la guerra interna pusieron en marcha, fue el de las desapariciones forzadas. Cientos de
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hombres y mujeres fueron detenidos por las fuerzas del orden según testimonios recogidos
por la CVR, recluidos en establecimientos militares o policiales, pero nunca más se volvió a
saber de ellos. Entre los desaparecidos, figuran estudiantes, dirigentes sindicales y campesinos
y pobladores en general. Estos, fueron muchas veces sacados de sus propios domicilios y
conducidos a centros de reclusión de la policía nacional y de las fuerzas armadas. De muchos
de estos desaparecidos, fueron posteriormente encontrados sus cadáveres, constatándose la
ejecución extrajudicial de la que fueron víctimas. La CVR ha registrado la desaparición de 10,
917 compatriotas nuestros que ya no están y que figuran como desaparecidos, hoy, todos
forman parte de una lista que confeccionada por la CVR y que puede ser consultada por
Internet.

3.3 El derecho a la libertad personal


Al amparo del Estado de Emergencia al que fue sometido gran parte del territorio
nacional, miles de personas fueron detenidas arbitrariamente y encarceladas, en algunos casos
sin motivo alguno, y en otros como consecuencia de la expresión de sus ideas o
consideraciones políticas, o por el simple hecho de protestar por abusos cometidos por
autoridades del estado o por el reclamo de derechos laborales o de otra índole. Por esta causa,
muchos ciudadanos tuvieron que huir del país, y vivir en calidad de asilados políticos en países
principalmente de Europa. Muchas personas fueron detenidas injustamente y privados de su
libertad, por el simple hecho de haber coincidido en el lugar y hora en que se produjeron
acciones subversivas; otras, fueron detenidas como consecuencia de supuestos testimonio de
“arrepentidos”, que con el fin de acogerse a beneficios que otorgaba una ley expresa dada
para el caso, no dudaron en señalar como miembros de los aparatos subversivos a ciudadanos
que nada tenían que ver con dichos actos.

Esta práctica atentatoria en contra de la libertad personal llegó a extremos tan altos, que
el propio gobierno de Alberto Fujimori se vio en la necesidad de reconocer dichos “excesos” y
nombrar una comisión especial para que investigue dichos casos, y de ser el caso ordenar su
libertad inmediata. Durante el trabajo realizado por la comisión presidida por el padre Huber
Lancier, se determinó la detención injustificada de cientos de personas, a quienes se ordenó su
inmediata libertad. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Muchas de estas personas
perdieron sus empleos, vieron truncados sus estudios y planes personales, y les fue muy difícil
retomar su vida con normalidad. Aun hoy en día, se presume de la existencia de personas que
aun padecen carcelería, sin haberse demostrado su culpabilidad en los hechos que se les
imputa.

3.4 Derecho al debido proceso


Con el fin de combatir de manera “eficiente” los delitos de terrorismo, como fueron
tipificados por nuestra legislación aquellos actos derivados de la práctica de los grupos alzados
en armas, el Estado recurrió a la realización de una serie de modificaciones en nuestra
legislación vigente, las mismas que por no estar sujetas a la naturaleza de la normatividad para
tal fin creada, se constituyeron en atentatorias del derecho al debido proceso. Entre estas
acciones tomadas por el estado, tenemos:

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 La penalización de los actos de colaboración para la comisión de delitos de terrorismo,


de esa manera termina calificando como delitos lo que constituyen según la doctrina
actos preparatorios del mismo.
 Las excesivas atribuciones otorgadas a la policía, para investigar e incluso encausar a
los detenidos, hecho que no podía ser revisado por la autoridad judicial.
 La Ley 25651 determinó que “los condenados por terrorismo no tendrán derecho a
libertad condicional, semilibertad, libertad vigilada, redención de la pena por el trabajo
o el estudio o conmutación. Se eliminaron así los beneficios penitenciarios.
 La recurrencia al derecho penal premial. Por la cual se le reducía la pena o se le podía
otorgar la libertad a quienes, estando en las filas subversivas, decidiera abandonarlo
voluntariamente y delatara a los miembros de esta.
 La detención por sospecha, sin que medie una orden del juez o existencia de flagrante
delito.
 La incomunicación absoluta de los detenidos, por periodos que la policía considere
necesarios.
 La limitación del derecho al defensa consagrado en nuestra constitución y en la
legislación internacional, al establecer que, en los delitos de terrorismo, el acusado
podía nombrar su abogado defensor, pero que solo podía intervenir a partir del
momento en que el detenido rindiera su manifestación ante el Ministerio Público. La
Constitución Política de 1979 y la de 1993, así como la Convención Americana sobre
Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos consagran el
derecho a la defensa desde el momento en que una persona es intervenida o detenida
por la autoridad policial, por lo tanto, ninguna norma legal puede establecer expresa o
implícitamente una restricción al ejercicio de ese derecho en las condiciones
establecidas.
 La ampliación de los plazos de detención hasta por un periodo de treinta días, situación
que, según la norma, era determinado por la propia policía y no por alguna autoridad
judicial.
 El juzgamiento de civiles en tribunales militares en procesos sumarios, hecho que a su
vez violaba el derecho a un tribunal independiente e imparcial.
 Los tribunales sin rostro: la violación del derecho a ser juzgado por un tribunal
competente, independiente e imparcial
 El derecho a obtener la comparecencia de testigos y a interrogarlos.
La norma antiterrorista dictada para tal efecto, declara que “en la instrucción y en el
juicio oral no se podrán ofrecer como testigos a quienes intervinieron por razón de sus
funciones en la elaboración del atestado policial”. Un elemento fundamental del
principio de igualdad de condiciones y del derecho a la defensa, es el derecho que le
asiste al acusado a hacer comparecer a testigos y a interrogarlos. Esto, a decir del
Comité de Derechos Humanos, tiene por objeto garantizar al acusado las mismas
facultades jurídicas para obligar a comparecer a testigos e interrogarlos.
 El derecho a obtener la comparecencia de testigos y a interrogarlos garantiza a la
defensa la oportunidad de hacer preguntas a los testigos que prestan declaración a
favor del acusado y a refutar el testimonio de los que lo hacen en contra.
 El derecho a hallarse presente en el proceso. No cabe duda que una de los dispositivos
legales más violatorios de las garantías del debido proceso fue el Decreto Ley
25728109, por el cual se estableció la facultad de los órganos jurisdiccionales para
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condenar en ausencia al establecer que “para el juzgamiento de los delitos de


terrorismo y traición a la patria previstos en los Decretos Leyes 25475 y 25659, dada la
naturaleza de éstos y el grave daño que causen al país, los órganos jurisdiccionales
correspondientes están facultados para condenar en ausencia a quienes sean
responsables de la comisión de estos ilícitos penales”.
Estos y otros ilícitos cometidos por el mismo estado en contra del derecho al
debido proceso, dio como resultado que una vez restablecido el Estado de Derecho
(pues las prácticas descritas determinaron el quebrantamiento de este), la mayor parte
de lo actuado en los procesos contra los acusados por terrorismo, fue anulado y sus
procesos volvieron a reiniciarse dentro de un clima de respeto al debido proceso. Las
sentencias dadas por los tribunales sin rostro y los tribunales militares fueron
anuladas, y los acusados fueron nuevamente procesados. Quienes resultaron culpables,
fueron drásticamente sancionados, pero dentro del respeto del Estado de Derecho,
demostrando de esta manera, que se puede impartir justicia sin atropellas los derechos
elementales de las personas.

4. LA COMISIÓN DE LA VERDAD Y LA RECONCILIACIÓN

La Comisión de la Verdad y de la Reconciliación (CVR) fue una comisión peruana encargada


principalmente de elaborar un informe sobre la violencia armada interna, vivida en el Perú
durante el periodo entre los años 1980 y 2000. Fue creada en junio de 2001 por el presidente
provisional Valentín Paniagua, convocando a diferentes miembros de la sociedad civil. Fue
presidida por Salomón Lerner Febres, entonces rector de la Pontificia Universidad Católica del
Perú. Además de la investigación de la violencia terrorista de Sendero Luminoso y el
Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), intentó profundizar en las causas de esa
violencia y en la dura represión militar contra estos movimientos terroristas, que cobró
principalmente víctimas civiles en este fuego cruzado. Para ello, recogió el testimonio de
16985 personas y organizó 21 audiencias con las víctimas de la violencia, a las que asistieron
más de 9500 personas. El Informe Final se hizo público el 28 de agosto del 2003, ante el
presidente peruano Alejandro Toledo.

Resumen del informe final

"La historia que aquí se cuenta habla de nosotros, de lo que fuimos y de lo que debemos
dejar de ser. Esta historia habla de nuestras tareas. Esta historia comienza hoy", dijo el
presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Salomón Lerner, al presentar el
informe final de su grupo que reveló cifras de muerte y violencia de una guerra interna que
azotó al Perú. Cifras que nadie quería escuchar, pero que se deben asumir para que nunca más
esos hechos vuelvan a ocurrir.

El informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación es, ante todo, una invitación a
la reconstrucción social que tenemos que hacer de la historia vivida. Un destacado especialista
ha señalado en reiteradas ocasiones que a lo que aspiran las Comisiones de la Verdad es -
apenas- a establecer las fronteras de lo que no puede en ningún caso ser negado. No se puede
ni se podrá negar que hubo miles de muertos a causa de las acciones de un grupo dogmático y
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terrorista, por un lado, y de respuestas desmesuradas del Estado, por otro. Tampoco se podrá
negar que el proceso vivido tuvo que ver con profundas brechas y exclusiones.

a. Las víctimas: Prueba de este abandono y exclusión social es que el 79% de las más de
69 mil víctimas fatales del terrorismo vivían en las zonas rurales y el 75 por ciento
tenían el quechua y otras lenguas nativas como su idioma materno.
Si bien la CVR recibió reportes sobre 23,969 peruanos muertos y desaparecidos, sobre
esta cifra se aplicó la Estimación de Múltiples Sistemas. Dicha metodología de cálculo y
estimación estadística -que se utilizó en casos recientes como los de Guatemala y
Yugoslavia- permite afirmar que la cifra total de víctimas fatales del conflicto sería 2,9
veces más esa cantidad: 69,280 personas.

b. Las responsabilidades: Gastón Garatea, miembro de la Comisión de la Verdad y


Reconciliación (CVR), manifestó que el gran pecado del Perú ha sido la indiferencia
frente a los hechos de violencia que vivimos en las últimas dos décadas.
"El informe final de la CVR reclama que todos los peruanos nos preguntemos dónde
estuvimos y qué hicimos cuando esos hermanos morían", comentó. Debemos señalar
que la CVR ha hecho bien en rechazar las versiones que señalaban que ambos lados
(militares - terroristas) eran igualmente responsables de la guerra sucia, ya que ambos
habían cometido por igual atrocidades.
Esta versión inexacta de lo que ocurrió ha quedado denunciada por las investigaciones
de la CVR, que asignan al senderismo la responsabilidad del 54 por ciento de las
violaciones de derechos humanos acaecidas en la guerra interna.
Esto no quiere decir que se exonere de culpa a las fuerzas militares por la violencia que
emplearon contra el terror, pero sí las colocan en su real dimensión y también las
condenan. A los militares se les atribuye casi la tercera parte del total de las víctimas
reportadas a la CVR.

c. Los ataques: Las voces que trataron de empañar el trabajo de la Comisión de la Verdad,
calificándola de “prosenderista” y acusándola de dividir al país con su labor no se
hicieron esperar, ganando espacio en las portadas de algunos diarios locales. Pero al
final, incluso antes del 28 de agosto, los mismos miembros de la CVR se encargaron de
desmentir aquellas acusaciones, dejando en claro las responsabilidades del terrorismo.
"Ante todo, es necesario ratificar que el conflicto armado fue provocado por el Partido
Comunista del Perú Sendero Luminoso, pese a que había entonces condiciones
democráticas abiertas. En el contexto del conflicto armado interno que se desarrolló
mediante un uso creciente del terror por parte de PCP-SL, el Estado democrático tenía
la obligación de defenderse y de recurrir a las fuerzas del orden", dijo Salmón Lerner en
la presentación del Informe Final.

d. Reparaciones y reconciliación: El país se enfrenta ahora una segunda etapa del


proceso, que pasa antes por la verdad y luego por la justicia. Por tal motivo, resultan
importantísimos esos 73 casos que la CVR deja en manos de la Defensoría del Pueblo
para su denuncia ante el Ministerio Público.

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A raíz del informe final de la CVR el gobierno peruano de aquel entonces se pronunció
sobre el Informe Final de la CVR e hizo un anuncio de reparaciones a las víctimas de la
violencia mediante el Plan de Paz y Desarrollo.
A través de este programa se destinará 2,845 millones de nuevos soles a las zonas más
afectadas por la violencia.
Más allá de reparaciones económicas, lo que necesitan hoy más que nunca miles de
peruanos víctimas del terrorismo es encontrar las respuestas para entender por qué les
tocó vivir toda esa barbarie. A todos los peruanos nos toca asumir algo de
responsabilidad por el dolor y el sufrimiento de esos veinte años. Y es que la verdad es
una sola para todos.

Conclusiones de la CVR

La CVR concluye que dentro de las principales secuelas o consecuencias del conflicto
interno en el periodo 1980 – 2000, se tiene.

 Masiva destrucción de la infraestructura productiva y pérdida de capital social y


oportunidades económicas, especialmente en los departamentos que sufrieron con
mayor intensidad el conflicto como es el caso de Ayacucho, Huancavelica, Apurímac,
Lima, etc.
 Destrucción y desorganización de la vida social local, especialmente por el asesinato
de dirigentes y autoridades tradicionales como estatales; todo lo cual, produjo un
profundo debilitamiento de la sociedad civil, de los partidos políticos y de la misma
estructura del estado.
 Desplazamiento masivo de poblaciones desde las zonas de conflicto hacia otras zonas
del país, al cual la CVR lo considera como un “doloroso proceso de desarraigo y
empobrecimiento de miles de peruanos y peruanas”. Los desplazados, como lo señala
la CVR, fueron en muchos casos estigmatizados y discriminados en escuelas, barrios y
centros de trabajo. En las ciudades, durante las redadas que realizaba el ejército o la
policía con el fin de contrarrestar el accionar subversivo, bastaba con que te
identificaran como ciudadano procedente de Ayacucho o Huancavelica, para que seas
catalogado como un potencial “terrorista”, la cual muchas veces fue la única razón
para detener torturar e incluso desaparecer a estas personas. Posteriormente estas
poblaciones fueron retornadas a sus zonas de origen, pero al regresar tuvieron que
enfrentar graves problemas de tierras y ausencia de apoyo suficiente para
reorganizarse y sostener a sus familias.
 Miles de niños y jóvenes vieron truncadas o empobrecidas su formación escolar y
universitaria como resultado del conflicto. Recordemos que los grupos terroristas

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tomares instituciones escolares y universidades y los convirtieron en centros de


adoctrinamiento. Numerosos estudiantes de educación secundaria y universitaria
abandonaron sus estudios para incorporarse a las filas de estos grupos armados,
terminando la mayoría de ellos detenidos, muertos o desaparecidos.
 Intensificación de los niveles de violencia social, proceso al que aún hoy asistimos de
forma preocupante, pues dicha violencia ha rebasado al propio estado, el cual no
puede controlarlo. La violencia vivida por varios años, llevó a las nuevas generaciones
a considerar, incluso inconscientemente, que la única forma de solucionar los
conflictos o controversias era la violencia. Muchos de los integrantes de los grupos
subversivos que quedaron la libertad se lumpenizaron y pasaron a integrar los grupos
delincuenciales actuales, muchas de las armas pasaron también a manos de
narcoterroristas u otras organizaciones al margen de la ley, incluso métodos de
accionar antes utilizados por grupos subversivos, son utilizados en la actualidad por
las bandas delincuenciales.
 Secuelas en la salud mental que afecta, aun hoy, a amplios sectores de la población
que padecieron el conflicto, lo cual debilita sus capacidades de desarrollarse y superar
las heridas del pasado. Personas que presenciaron ejecuciones, que perdieron a sus
familiares cercanos en masacres realizadas por Sendero Luminoso o las fuerzas
armadas, policías y militares que participaron en la lucha contrasubversiva,
ciudadanos que fueron torturados y encarcelados injustamente, difícilmente podrán
olvidar tan dolorosos episodios.
 Favoreció la descomposición moral en la que se hundió el país durante los últimos
años de la dictadura de Alberto Fujimori, lo cual se expresó en la indiferencia y
tolerancia hacia las violaciones de los derechos humanos por parte de las fuerzas del
estado, motivo por el cual actualmente purgan condena militar y autoridades
estatales de aquella época, entre los cuales se encuentra el propio ex presidente
Alberto Fujimori.
 Destrucción de la democracia tomando como pretexto la lucha contra la amenaza
terrorista lo cual se concretó el 05 de abril de 1992 con el autogolpe de Fujimori y
marcando el inicio de largos años de dictadura y de un gobierno corrupto que terminó
por copar o desarticular las instituciones democráticas y haciendo pedazos el estado
de derecho. En muchas oportunidades los miembros del gobierno de Fujimori,
levantaron la “amenaza terrorista” como pretexto o justificación de su dictadura
corrupta y violadora de derechos humanos.

REFERENCIA
PROGRAMA DE FORMACIÓN HUMANÍSTICA
SEMESTRE 2022 – 2
Constitución y Derechos Humanos

Comisión de la Verdad y Reconciliación. (2003). Informe final. Conclusiones. Lima:


Quebecor World.
Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Página web
[Link]
Degregori C. (1996). Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso.
IEP ediciones. Recuperado de:
[Link]
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PROGRAMA DE FORMACIÓN HUMANÍSTICA


SEMESTRE 2022 – 2

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