ESCUELA NORMAL SUPERIOR DEL ESTADO DE HIDALGO S.C.
LICENCIATURA EN ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE EN LA EDUCACIÓN.
SECUNDARIA CON ESPECIALIDAD EN BIOLOGÍA.
ASIGNATURA:
“DESARROLLO SOCIOEMOCIONAL DEL APRENDIZAJE”.
DOCENTE:
EDUARDO GARCÍA.
OXITOCINA.
SEMESTRE: SEGUNDO.
ALUMNO (A) NORMALISTA:
JOSE CONCEPCIÓN ESCAMILLA VELÁZQUEZ.
INTRODUCIÓN:
La oxitocina, a menudo llamada "la hormona del amor", despierta fascinación por su notable
capacidad para influir en aspectos esenciales de la salud física y emocional. ¿Sabías que esta
molécula, esencial en la regulación del comportamiento social y en los procesos clave del
parto y la lactancia, se convierte en un puente vital entre la biología y las relaciones
interpersonales? En las últimas décadas, la investigación en neurociencia ha revelado cómo
la oxitocina se sintetiza y expresa en el organismo, abriendo una ventana hacia la
comprensión de sus múltiples funciones y sus implicaciones en la salud mental. Desde los
mecanismos celulares que determinan su producción hasta la forma en que las deficiencias
pueden desencadenar alteraciones en el comportamiento y las emociones, cada aspecto de
esta hormona nos invita a explorar un terreno en el que la biología se entrelaza con la
experiencia humana.
Tras su descubrimiento en 1906, se pensaba que la oxitocina era una hormona exclusiva de
las hembras debido a su relación con el embarazo, parto y lactancia, pero se ha ido
demostrando que sus funciones van más allá de las funciones reproductivas y la barrera de
su acción entre sexos ha ido diluyéndose.
El nombre de oxitocina, que proviene del griego, sugiere que estimula el parto, reflejando mal
sus propiedades terapéuticas. Bajo condiciones normales, solo pequeñas cantidades de la
hormona son necesarias para iniciar el parto o la lactancia. Por otro lado, el término
"neuropsina" denota la existencia de una actividad biológica de los péptidos en el sistema
nervioso. Las similitudes entre la oxitocina y la vasopresina, y por su acción sobre las glándulas
endocrinas o para-inoparicriordinadora de la conducta moral, social y sexual, han querido ver
a la oxitocina como precursora de los comportamientos humanitarios e incluso del éxtasis
religioso.
DEFINICIÓN DE LA OXITOCINA:
La oxitocina se conoce popularmente como "la hormona del amor" o "la hormona del parto".
Se libera en ambos procesos y acciones vinculadas. El término "oxitocina" deriva del griego,
donde se une la palabra "oxis", que significa "agudo", y "tokos", que se traduce como "parto".
Toda esta información nos ofrece un gran representante de las conexiones mente-cuerpo. En
este caso, la oxitocina cumple un papel clave en la fisiología y la psicología del ser humano.
Su papel principal es el de fomentar tanto las contracciones uterinas como el conductor del
impulso nervioso en la fase de secreción láctea, que coincide con el "reflejo de expulsión
láctea". Es imprescindible para que se produzcan tanto un parto sin problemas (una buena
expulsión de la placenta, ya que las contracciones uterinas evitarán pérdidas sanguíneas)
como la "bajada de la leche" o "subida de la leche" con facilidad y sin dolor. Aún se están
investigando otros aspectos, como sus funciones conductuales y cognitivas, que, si bien no
están todavía establecidas, sí parece que son importantes en el proceso de apego entre
madre y bebé y también en su papel en las relaciones humanas en general. De ahí que, a
finales de los 90, se acuñara el término de "hormona de la tregua", referido a la aparente
disminución de agresividad entre personas que conviven. Por tanto, la oxitocina tiene un claro
papel sobre el comportamiento, aunque su mecanismo de acción exacto sigue sin estar claro.
PRODUCCIÓN DE LA OXITOCINA:
La oxitocina es una hormona natural producida por el hipotálamo del cerebro, vinculada a los
sentimientos maternales, el placer del orgasmo y la fidelidad sexual en humanos y otras
especies animales. La oxitocina está presente en otros niveles del organismo, todo gracias a
los avances significativos en neurofisiología. Una vez formada en el núcleo supraóptico de la
neurohipófisis, pasa a la neurohipófisis y desde allí se secreta al torrente sanguíneo hacia los
órganos diana donde provocará sus efectos.
Desde que en 1906 se enunció la existencia de las "hormonas liberadoras" en el hipotálamo,
se ha iniciado un esfuerzo largo y costoso para su identificación, caracterización y síntesis, con
el fin de esclarecer el papel que desempeñan en la regulación neurovegetativa del organismo.
El objetivo de este trabajo es informar sobre el estado actual del conocimiento respecto al
núcleo productor y los mecanismos reguladores de la síntesis y liberación de la oxitocina y la
vasopresina. Existen tres formas distintas a través de las cuales se produce y, por ende, se
libera la oxitocina. A partir de la estimulación del clítoris, la vagina y el cuello uterino, se
activan las terminaciones nerviosas de la médula espinal, desde donde sale por la raíz torácica
para posteriormente alcanzar el núcleo de los cuerpos vertebrales de las fibras que estimulan
la liberación de oxitocina y la neurohipófisis.
UBICACIÓN EN EL CUERPO:
En el hombre, la oxitocina se produce en los núcleos supraóptico y paraventricular del
hipotálamo, y se almacena de manera diferenciada en la hipófisis, en la neurohipófisis o en el
lóbulo posterior. En la mujer, durante el trabajo de parto, se segrega oxitocina en grandes
cantidades en respuesta al estiramiento del cuello uterino o a la dilatación. La acción de la
oxitocina en las células musculares uterinas puede activar en ellas la síntesis y secreción del
propio factor, con lo que se origina un proceso autoinmune.
Una vez iniciado el trabajo de parto, existe un feedforward positivo; dio lugar a un reducido
incremento en la concentración intracelular de calcio, el encargado de desencadenar la
actividad contráctil. Durante la lactancia, existe un mayor número de receptores de oxitocina
complementarios del sistema adrenérgico miometrial, con lo cual la contracción es más
fuerte, se produce una rápida intoxicación de los miocitos y están inhibidos los mecanismos
de reparación tisular. El hombre también posee células secretoras de oxitocina, las cuales se
almacenan en la neurohipófisis y seleccionan este órgano como mecanismo de liberación. Los
núcleos magnocelulares proyectan por sus axones a la neurohipófisis, donde realizan sinapsis
con las terminales nerviosas.
PROCESO DE SÍNTESIS:
La oxitocina es una hormona y neurotransmisor esencial en procesos como el parto, la
lactancia y el establecimiento de vínculos sociales. Su producción se lleva a cabo
principalmente en el hipotálamo, desde donde es transportada hacia la neurohipófisis (parte
posterior de la hipófisis) para su posterior liberación al torrente sanguíneo.
El proceso comienza con la transcripción del gen de la oxitocina, ubicado en el cromosoma 20
en humanos. Este gen se convierte en ARN mensajero (ARNm), el cual viaja al retículo
endoplásmico rugoso (RER) para dirigir la síntesis de una proteína precursora llamada
preprooxitocina. Esta molécula contiene una secuencia señal que guía su transporte, la
estructura de la oxitocina (un péptido de nueve aminoácidos) y una proteína auxiliar llamada
neurofisina I.
Una vez en el RER, la preprooxitocina pierde su péptido señal y se convierte en prooxitocina.
Posteriormente, en el aparato de Golgi, esta molécula es procesada para separar la oxitocina
de la neurofisina I. Ambas se empaquetan en vesículas secretoras y son transportadas a través
de los axones de las neuronas hipotalámicas hasta la neurohipófisis, donde se almacenan
hasta que sean necesarias.
La liberación de oxitocina ocurre en respuesta a estímulos específicos, como la succión del
pezón durante la lactancia o la dilatación del cuello uterino en el parto. Estos estímulos
activan señales nerviosas que desencadenan la exocitosis de las vesículas, liberando oxitocina
a la sangre. Además, su secreción puede ser modulada por factores emocionales y sociales,
lo que explica su papel en comportamientos como el apego y la confianza.
La síntesis de oxitocina es un proceso altamente regulado que involucra la expresión génica,
el procesamiento proteico y la secreción controlada, siendo fundamental para funciones
fisiológicas y conductuales en los seres humanos y otros mamíferos.
FUNCIONES DE LA OXITOCINA:
A diferencia de otras hormonas con funciones específicas, la oxitocina tiene un impacto
multidimensional en nuestra biología y comportamiento. Vamos a explorar sus cuatro roles
principales:
1. El Papel Biológico Fundamental
La oxitocina se produce principalmente en el hipotálamo y viaja hasta la hipófisis, desde
donde se libera al torrente sanguíneo. Actúa como un mensajero químico que coordina
diferentes sistemas del organismo, regulando desde funciones reproductivas hasta
respuestas emocionales. Su versatilidad le permite actuar tanto en órganos periféricos como
en el cerebro, donde modula circuitos neuronales complejos.
2. Su Rol Crucial en la Maternidad
Durante el parto:
• Provoca contracciones rítmicas del útero
• Ayuda a dilatar el cuello uterino
• Reduce el sangrado postparto
• Desencadena el instinto maternal
En la lactancia, cuando el bebé succiona, se libera oxitocina que:
• Hace contraer los conductos lácteos
• Permite la salida de la leche
• Crea un círculo virtuoso de estímulo-respuesta
• Fortalece el apego mediante la liberación simultánea en el cerebro de ambos
3. La Arquitecta de Nuestras Relaciones
La oxitocina opera como el "pegamento social" en nuestro cerebro:
• Nos hace más empáticos y perceptivos a las emociones ajenas
• Disminuye nuestra desconfianza natural hacia los demás
• Refuerza los lazos de pareja (se libera durante el contacto íntimo)
• Promueve comportamientos de cuidado y protección
• Nos ayuda a "leer" las expresiones faciales con mayor precisión
4. El Antídoto Natural Contra el Estrés
Frente a situaciones tensionantes, la oxitocina:
• Contrarresta los efectos del cortisol (hormona del estrés)
• Disminuye la activación de la amígdala (centro del miedo)
• Promueve la calma sin causar somnolencia
• Facilita la recuperación emocional después de eventos estresantes
• Crea una sensación de seguridad y conexión
Curiosamente, esta "hormona del amor" tiene un lado menos conocido: en ciertos contextos,
puede aumentar la susceptibilidad emocional y la reactividad a experiencias sociales
negativas. Esto revela que su función no es simplemente hacernos "sentir bien", sino más bien
aumentar la relevancia emocional de nuestras interacciones sociales, sean positivas o
negativas.
La oxitocina es mucho más que una simple hormona: es un sistema de conexión integral que
vincula nuestros procesos corporales con nuestra vida emocional y social. Desde el milagro
del nacimiento hasta la complejidad de nuestras relaciones, la oxitocina actúa como un
regulador maestro que nos permite conectar, cuidar y sobrevivir como seres sociales. Su
estudio continúa revelando sorprendentes facetas sobre cómo nuestra biología moldea
nuestra experiencia humana más profunda.
EXPRESIÓN DE LA OXITOCINA:
La oxitocina, conocida como la hormona de la conexión, presenta un fascinante patrón de
expresión que varía significativamente a través de las diferentes etapas de la vida y en
respuesta a diversos factores ambientales y emocionales. Su producción comienza en las
neuronas del hipotálamo, donde el gen OXT se activa mediante complejos mecanismos
regulatorios que incluyen factores de transcripción y modificaciones epigenéticas.
Desde el momento del nacimiento, la oxitocina juega un papel crucial. Los bebés nacidos por
parto vaginal muestran niveles más elevados que aquellos por cesárea, estableciendo los
cimientos para el vínculo madre-hijo. Durante la infancia, el contacto físico constante y las
interacciones sociales positivas estimulan su liberación, moldeando la capacidad futura para
formar relaciones saludables. En la adolescencia, los cambios hormonales de la pubertad
aumentan su producción, especialmente en mujeres, influyendo en el desarrollo de las
primeras relaciones románticas y la gestión emocional.
En la edad adulta, la oxitocina alcanza su máxima expresión durante eventos reproductivos
como el parto y la lactancia, donde desencadena contracciones uterinas y facilita la eyección
láctea. Pero su influencia va más allá: regula nuestras interacciones sociales diarias, desde el
placer de un abrazo hasta la confianza en nuestras relaciones. Curiosamente, factores como
el estrés agudo pueden aumentar temporalmente sus niveles, mientras que el estrés crónico
los disminuye, mostrando la compleja relación entre esta hormona y nuestras experiencias
emocionales.
A medida que envejecemos, el sistema de oxitocina experimenta un declive natural, lo que
puede contribuir a la menor sociabilidad observada en algunos adultos mayores. Sin embargo,
este proceso no es uniforme: factores como una vida social activa, el contacto físico regular y
una actitud positiva pueden ayudar a mantener niveles saludables.
La expresión de oxitocina también varía significativamente entre individuos debido a
diferencias genéticas, experiencias tempranas de vida y patrones de personalidad. Algunas
personas parecen tener un "sistema de oxitocina" más sensible, lo que se traduce en mayor
empatía y capacidad de conexión emocional. Estas variaciones explican por qué respondemos
de manera diferente a situaciones sociales similares y por qué algunas personas se recuperan
más fácilmente del estrés o la adversidad.
Lo más notable es la plasticidad de este sistema: aunque nuestras experiencias tempranas
pueden establecer ciertos patrones, nuestra capacidad para producir y responder a la
oxitocina puede modificarse a lo largo de la vida. Terapias basadas en contacto físico,
relaciones significativas e incluso ciertas prácticas como la meditación pueden estimular
positivamente este sistema, ofreciendo esperanza para mejorar nuestro bienestar emocional
y social en cualquier etapa de la vida.
CARENCIAS DE OXITOCINA:
Causas de la Deficiencia de Oxitocina
1. Factores genéticos: Algunas personas tienen variaciones en el gen que codifica la
oxitocina, lo que reduce su producción.
2. Estrés crónico: El cortisol (hormona del estrés) inhibe la liberación de oxitocina,
afectando su disponibilidad.
3. Traumas emocionales: Experiencias adversas en la infancia (abandono, maltrato)
pueden alterar el desarrollo del sistema oxitocinérgico.
4. Aislamiento social: La falta de contacto físico y relaciones significativas disminuye su
liberación natural.
5. Parto por cesárea o falta de lactancia: Estas situaciones reducen los picos naturales de
oxitocina en la maternidad.
6. Envejecimiento: Con la edad, el cuerpo produce menos oxitocina, lo que puede afectar
las conexiones sociales.
7. Condiciones médicas: Diabetes, autismo, esquizofrenia y trastornos de ansiedad se
han asociado con alteraciones en este sistema.
Efectos de la Carencia de Oxitocina
• Dificultad para formar vínculos afectivos: Problemas en relaciones de pareja,
amistades o conexión con hijos.
• Mayor ansiedad y estrés: Menor capacidad para manejar emociones negativas.
• Reducción de la empatía: Dificultad para entender o conectar con las emociones
ajenas.
• Problemas sexuales: Menor satisfacción íntima y disminución del deseo.
• Complicaciones en el parto y lactancia: Contracciones uterinas débiles y dificultad para
la eyección láctea.
• Mayor tendencia al aislamiento: Falta de motivación para buscar interacciones
sociales.
• Riesgo de depresión: La falta de oxitocina puede exacerbar síntomas de tristeza y
desconexión emocional.
OXITOCINA Y SALUD MENTAL:
En el intrincado laberinto de la mente humana la oxitocina emerge como un faro de conexión
emocional tejida en los rincones más profundos de nuestro cerebro esta hormona singular
actúa como un puente entre lo físico y lo emocional moldeando nuestra capacidad de amar
confiar y sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos
Cuando la oxitocina fluye en armonía nuestra salud mental encuentra un equilibrio delicado
como un río que alimenta los campos de nuestras emociones esta sustancia promueve
sensaciones de calma bienestar y pertenencia sin embargo cuando sus niveles descienden el
paisaje emocional puede volverse árido y hostil dejándonos vulnerables ante los embates de
la ansiedad y la depresión
La relación entre oxitocina y ansiedad es como un péndulo que oscila entre el miedo y la
seguridad cuando esta hormona está presente en cantidades adecuadas actúa como un
amortiguador natural contra la ansiedad suavizando la respuesta de nuestra amígdala ese
centinela cerebral que nos alerta del peligro, pero cuando falta la ansiedad crece como maleza
entre las grietas de nuestra tranquilidad transformando preocupaciones cotidianas en
monstruos que acechan en la sombra
En el terreno de la depresión la oxitocina juega un papel aún más profundo su ausencia
prolongada puede crear un vacío emocional donde las conexiones humanas pierden su color
donde el mundo parece visto a través de un cristal empañado las personas con depresión
suelen presentar alteraciones en este sistema oxitocinérgico lo que explica en parte esa
sensación de desconexión y ese dolor sordo de sentirse aislado incluso entre multitudes
Pero la magia de la oxitocina reside en su capacidad de regeneración cada abrazo genuino
cada momento de intimidad emocional cada risa compartida son oportunidades para
reactivar este sistema las relaciones humanas auténticas se convierten así en medicina para
el alma estimulando la producción natural de esta hormona que a su vez fortalece los lazos
que nos curan en un círculo virtuoso de sanación emocional
El contacto físico consciente las interacciones sociales significativas e incluso la conexión con
animales pueden ser poderosos estimulantes de esta hormona del bienestar en un mundo
cada vez más digitalizado y acelerado cultivar estos momentos de conexión auténtica se
convierte en un acto revolucionario de cuidado mental
La oxitocina nos recuerda que la salud mental no es solo una cuestión de químicos cerebrales
sino también de relaciones significativas de contacto humano de pertenencia en su danza
molecular lleva inscrito un mensaje ancestral estamos diseñados para conectarnos para
cuidarnos para sanar juntos y en esa conexión reside quizás el antídoto más poderoso contra
la ansiedad la depresión y ese vacío existencial que a veces nos visita en la noche del alma.
CONCLUSIÓN:
La oxitocina representa un fascinante punto de convergencia entre lo fisiológico y lo
psicológico, entre los mecanismos biológicos más ancestrales y las complejas dinámicas
sociales humanas. Más allá de sus funciones clásicas en el parto y la lactancia -esenciales para
la supervivencia de nuestra especie-, esta pequeña molécula neuroendocrina ha emergido
como un modulador clave de nuestra capacidad para conectar, confiar y crear vínculos
significativos.
Lo verdaderamente revelador de la investigación actual es cómo la oxitocina parece actuar
como un puente bioquímico entre nuestros procesos corporales y nuestras experiencias
emocionales. Cuando una madre amamanta, la misma hormona que facilita la eyección láctea
está simultáneamente fortaleciendo el vínculo afectivo con su hijo a nivel cerebral. Este doble
mecanismo periférico-central ilustra la elegante economía de la evolución, donde un mismo
mensajero químico coordina respuestas tanto físicas como emocionales para garantizar la
continuidad de la especie.
Sin embargo, el panorama completo de la oxitocina dista mucho de ser simple. Los estudios
más recientes nos muestran que sus efectos son profundamente contextuales y matizados.
Lejos de ser una "hormona del amor" universal como a veces se simplifica, su acción depende
críticamente de factores como el ambiente social previo, el estado emocional del individuo e
incluso las diferencias genéticas en sus receptores. Puede promover la confianza en un
contexto seguro, pero también exacerbar la desconfianza en entornos percibidos como
amenazantes. Esta plasticidad funcional la convierte en un sistema de adaptación social
sumamente sofisticado.
Las implicaciones clínicas de estos hallazgos son enormes, pero requieren cautela. Mientras
exploramos su potencial terapéutico en condiciones como el autismo, la depresión postparto
o los trastornos de ansiedad social, debemos evitar visiones reduccionistas. La oxitocina no
es una "panacea social", sino parte de un sistema neuroquímico complejo que interactúa con
nuestras experiencias de vida, nuestra fisiología y nuestro ambiente.
Quizás lo más trascendente de la investigación sobre la oxitocina es cómo está redefiniendo
nuestra comprensión de la naturaleza humana. Al demostrar que procesos biológicos
fundamentales están íntimamente ligados a nuestra capacidad de conexión social, esta
molécula nos obliga a superar falsas dicotomías entre lo "natural" y lo "cultural". En última
instancia, el estudio de la oxitocina nos revela que, como seres humanos, somos el producto
de una intrincada danza entre nuestra biología y nuestras relaciones, entre moléculas y
significados, entre mecanismos fisiológicos y la búsqueda profunda de vínculos que dan
sentido a nuestra existencia.
El futuro de esta investigación promete no solo avances terapéuticos, sino también una
comprensión más profunda y matizada de lo que nos hace humanos -no como individuos
aislados, sino como seres fundamentalmente sociales, cuya salud física y mental está
indisolublemente ligada a nuestra capacidad de conectar con los demás. En este sentido, la
oxitocina podría ser considerada no solo una molécula biológica, sino un verdadero puente
científico entre la naturaleza de nuestros cuerpos y la esencia de nuestras relaciones.