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Carta

La estudiante expresa su descontento y malentendidos en la clase de la profesora Cecilia Zalazar, mencionando su entusiasmo por la materia y su sensación de exclusión. A pesar de su deseo de continuar, ha decidido no seguir cursando la asignatura debido a la angustia que le genera la situación actual. La estudiante también comparte su experiencia personal y académica, resaltando su esfuerzo y dedicación al estudio.

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Carta

La estudiante expresa su descontento y malentendidos en la clase de la profesora Cecilia Zalazar, mencionando su entusiasmo por la materia y su sensación de exclusión. A pesar de su deseo de continuar, ha decidido no seguir cursando la asignatura debido a la angustia que le genera la situación actual. La estudiante también comparte su experiencia personal y académica, resaltando su esfuerzo y dedicación al estudio.

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Buenos tardes, profesora Cecilia Zalazar:

No sé por dónde empezar… han sido varios los malentendidos y, sinceramente, me


cuesta encontrar las palabras justas. Sin embargo, creo necesario expresarme con
respeto y claridad.

Espero no estar equivocada, pero en más de una oportunidad le manifesté mi entusiasmo


por su asignatura. Creí que mis participaciones —aunque esporádicas— y mis
acercamientos personales lo dejaban en evidencia. Siempre sentí afinidad con el
contenido de la materia, y valoro su rol como docente.

Me gustaría volver brevemente a aquel lunes de abril, cuando debíamos presentar la


guía del primer trabajo práctico. Ese día, al finalizar su exposición, me acerqué a su
escritorio y le comenté: “El trabajo lo hice, pero no lo tengo impreso porque entendí
que debía enviarse por mail”. Usted llamó entonces a tres compañeras que suelen estar
en clase desde el inicio (yo, por razones laborales, siempre llego alrededor de las 18:50).
Evidentemente, algo se había comunicado o decidido en el tramo inicial de la clase, y
toda la comisión estaba al tanto... menos yo.

Al reunirnos, se hicieron comentarios como: “¡No nos dejen afuera!”, “¡Queremos


saber!”, “¡Nos interesa el chisme!”, entre risas, lo que me hizo sentir profundamente
incómoda. Una de las compañeras le entregó un trabajo hecho por ella misma, pero
presentado como si fuera grupal. Sin embargo, como grupo nunca nos reunimos ni
existió intento alguno de organización. Lo único compartido fue un audio preguntando:
“¿Para cuándo es el trabajo de filosofía?”

Así llegué aquel lunes: con mi trabajo hecho, pero no impreso, y con una sensación de
exclusión que, desde entonces, me acompaña.

Usted probablemente haya notado el cambio en la disposición general del aula. En el


centro se conformó una especie de "isla" de unas ocho personas, mientras el resto
quedamos dispersos hacia el fondo. Es una situación que también genera cierta distancia
dentro del grupo.

Este último lunes, me presenté en clase con mi trabajo práctico terminado. Es cierto que
no lo expuse porque, debido a un cuadro de congestión, no tenía voz. Usted se acercó
amablemente a preguntarme por mi ausencia en clases anteriores. En ese momento solo
le di una respuesta breve, pero me gustaría compartirle algo más.

Durante la semana previa a las mesas de examen, decidí no asistir porque me estaba
replanteando seriamente si continuar o no este año. Le mencioné que había consultado
en mesa de entrada para hablar con la Sra. Gabriela Segura sobre mi regularidad como
alumna. También que debía acercarme a SOTAP, aunque no lo hacía porque no deseaba
hablar con el Prof. Muñoz al respecto, confío plenamente en su equidad y asertividad,
pero como me evalúa junto a la profesora Amad en otra asignatura. Por mi parte elegí
no exponerme más de lo que ya me sentía expuesta. Mi intención era retirarme en
silencio, de manera lo menos conflictiva posible, porque sentí que para mí era lo más
sano.
Sin embargo, nuevamente se generó un malentendido. Nunca le dije que el profesor
Muñoz me había habilitado a cambiarme de comisión. Lamento profundamente si eso
fue lo que usted interpretó. Una compañera incluso se comunicó de su parte para
sugerirme hablar con la coordinación de la carrera, y además envió al grupo un mensaje
que usted le compartió, el cual decía:

"Como grupo, intenten llevarse bien en general. Son un curso diverso en cuanto a
edades y trayectorias, pero no creo que eso sea un impedimento para compartir la
experiencia de enseñanza-aprendizaje que nos convoca. Saludos."

Comprendo el espíritu del mensaje, apelo a su empatía —que me consta—, pero si una
alumna recibe un mensaje dirigido a mí y luego comparte al grupo éste contenido,
inevitablemente se genera una situación que vuelve a dejarme expuesta.

Ayer, el profesor Muñoz se acercó a consultarme si había tenido con él una charla en la
que me autorizaba a cambiar de comisión. Y, como ya dije, no fue eso lo que le comenté
a usted. Esta situación terminó por agotar mis fuerzas. Para alguien que venía haciendo
el esfuerzo de continuar con dignidad, ese momento fue el límite.

Con mucho respeto, le comunico que no estoy en condiciones de sostener más


malentendidos. Le agradezco sinceramente su buena voluntad, pero he decidido, de
manera indeclinable, no continuar este año con la cursada de su asignatura.

Para mí es una verdadera pena, porque es una de las materias que más me gustan. En
más de una ocasión compartí con usted, aunque sea en conversaciones informales, mis
experiencias con grupos de lectura y filosofía. Pero hoy por hoy, cursar con angustia no
me hace bien, y no me hace feliz.

No quiero ni necesito asumir el lugar de víctima, no lo elijo para mí. Muy por el
contrario: intento ser resolutiva, y también lo soy en esta ocasión.

Por este motivo, no me presentaré al trabajo en grupo de integración final de su materia.


Le pido, con todo respeto, que no se preocupe ni se ocupe por mí. Trataré de resolver mi
angustia en el plano personal, y veré cómo encaminar mi situación académica respecto a
la regularidad. Si todo va bien, retomaré el año próximo.

No deseo más comentarios, ni dimes ni diretes. No busqué exponerme, pero no dejo de


sentirme expuesta. Por mi parte, agradecida, pero he llegado a mi punto límite con esta
situación.

También se lo había comentado en otra ocasión, pero considero oportuno reiterarlo: soy
disléxica, lo que me implica una mayor demanda de tiempo y esfuerzo a la hora de leer
y procesar textos, pero no me imposibilita lograrlo. Aun así, siempre intento resolverlo
de la mejor manera posible, sin ser ni sentirme una carga para nadie.

Además de trabajar como docente de apoyo, tengo un emprendimiento de enoturismo


orientado a turistas extranjeros, lo cual me exige organizar y optimizar muy bien mis
tiempos para poder cumplir, con responsabilidad, con todo los compromisos que asumo.
No es esta la primera carrera que curso —tal vez no lo recuerde, y está bien—, pero
considero que es oportuno mencionarlo: finalicé la carrera de Enología y Licenciatura
en Turismo en la UNC, también la Tecnicatura en Recursos Humanos en la UCH, y
actualmente adeudo la tesis final de Licenciatura en Psicología en la UNSL. Siempre he
estudiado con entusiasmo, por elección y por convicción, no solo por la formación
académica sino por las herramientas que el estudio me brinda para la vida en general.
Ud no me conoce pero a mí el estudiar me salvo.

Por primera vez me encuentro transitando un proceso de aprendizaje con tanta angustia.
Por primera vez me siento frente a una pared. Y eso me desdibuja, porque el estudio
siempre fue para mí un espacio de crecimiento y de motivación.

Le envío un cordial saludo.


Tal vez nos vemos el año próximo,

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