Módulo 1
Origen y evolución histórica de Psicología y
Psicopedagogía
Psicopatología: los grandes modelos teóricos
(Coleman)
La demonología entre los antiguos
El tratamiento más primitivo de la enfermedad mental fue el que practicó el
hombre de las cavernas en la Edad de piedra. Ciertas formas de trastornos
mentales en las que el paciente sufría fuertes dolores de cabeza con ataques
compulsivo, el antiguo hechicero o curandero trataba el trastorno con una
operación conocida ahora como la trepanación. Esta operación se realizaba con
instrumentos toscos de piedra y consistía en cortar una sección del cráneo en
forma de círculo hasta perforarlo. Este orificio, creían que permitiría sacar al mal
espíritu causante de todos los malestares.
Los primeros escritos atribuían estos trastornos a los demonios que habían
tomado posesión de esa persona. Los síntomas del paciente determinaban por
lo común el juicio sobre la clase de espíritus, buenos o malos, que actuaban en
la “posesión”. Si su lenguaje o su conducta parecían tener un sentido religioso o
místico, se aceptaba que había sido poseído por un buen espíritu o un dios. Por
lo que, casi siempre se los trataba con admiración y respeto.
La mayor parte de las posesiones se consideraban la obra de espíritus malos,
en especial cuando la persona se excitaba mucho, se volvía muy hiperactiva, o
se comportaba de modo contrario a las enseñanzas de los sacerdotes y de los
adoradores del templo.
El exorcismo era el modo principal de tratar la posesión demoníaca, comprendía
ciertas técnicas que se ejecutaban para arrojar al mal espíritu fuera del cuerpo.
Estas variaban, pero en los casos típicos se recurría a la oración, al conjuro, a
rituales ruidosos y al empleo de ciertos brebajes de sabor horripilante. En casos
extremos se tomaban medidas más duras, como los azotes, ayuno.
Este tratamiento estaba al comienzo en manos de hechiceros, pero con
posterioridad fue transferido, en Grecia, China y Egipto, a los sacerdotes,
quienes eran una curiosa mescolanza de sacerdote, médico, psicólogo y mago.
Ellos comenzaron un tratamiento más humano y científico de perturbaciones
psíquicas. Más tarde, los sacerdotes complementaban la oración y los conjuros
corrientes con la amabilidad y medidas recreativas.
Primeros conceptos filosóficos y médicos
Durante la Edad de Oro de Grecia se realizó un gran progreso en la comprensión
y tratamiento de las enfermedades mentales. Al principio, ser miembro del
sacerdocio médico era hereditario, pero poco a poco se admitió gente externa y
se fueron formando las diferentes “escuelas”.
Hipócrates→ “padre de la medicina moderna”. Insistió en que los trastornos
mentales tenían causas naturales y requerían un tratamiento como cualquier otra
enfermedad. Como explicación básica de la enfermedad mental, su opinión era
que el cerebro era el órgano central de la actividad presente y de que la
enfermedad mental se debía a una patología cerebral. Comprendió la
importancia de los sueños para explicar la personalidad del paciente. La histeria
se creía reservada para las mujeres, entonces recomendaba el matrimonio como
el mejor remedio. Además, aceptaba la influencia del ambiente y, con bastante
frecuencia, separó a sus pacientes de sus propias familias. Él sabía muy poco
de filosofía. Con su noción de los “cuatro humores” (sangre, bilis negra, bilis
amarilla y flema) concibió en apariencia la idea del equilibrio de los procesos
fisiológicos tan esenciales para la función cerebral y la salud mental.
Platón→ estudió el problema de cómo tratar a las personas mentalmente
perturbadas que cometen actos criminales. Estableció que tales personas no son
evidentemente responsables de sus actos y que no deben recibir un castigo
similar al de las normales. “Si alguien está loco, no debe ser visto públicamente
en la ciudad; sino que sus familiares han de cuidar de él del mejor modo posible”.
El hombre está motivado por necesidades fisiológicas o “apetitos naturales”. En
los sueños el deseo se satisface al no existir la inhibición de las “pasiones” por
parte de las facultades superiores.
Aristóteles→ creía que la bilis muy caliente producía deseos amorosos,
locuacidad y era responsable de las pulsiones suicidas. La aceptación de estos
criterios retardó el desarrollo de la psicopatología moderna.
El pensamiento posterior de los griegos y de los romanos trabajaron con
Hipócrates. Unos alrededores agradables se consideraban de gran valor
terapéutico para la enfermedad mental y a los pacientes se los distraía con
ocupaciones constantes, pasatiempos y ejercicios (fiestas, bailes, caminatas por
los jardines del templo, paseos a remo por el Nilo y conciertos de música).
También estos médicos utilizaban otros recursos como hacer dieta, masajes,
hidroterapia, gimnasia, hipnotismo y educación; y otras medidas poco aceptables
como sangrías, purgas y medios mecánicos de construcción
Asclepíades→ fue el primero en observar la diferencia entre la enfermedad
mental aguda y la crónica, y distinguir entre ilusiones, delirios y alucinaciones.
Inventó instrumentos ingeniosos para poner a los pacientes más cómodos.
Areteo→ fue el primero en sugerir que ciertos trastornos mentales no eran sino
una prolongación de procesos psicológicos normales. Fue el primero en describir
las diversas fases de la manía y la melancolía y a considerar estos dos estados
patológicos como manifestaciones de la misma enfermedad.
Galeno→ hizo descubrimientos originales respecto de la anatomía del sistema
nervioso y mantuvo un enfoque científico en relación con la enfermedad mental.
Dividió las causas de la enfermedad mental en orgánicas y mentales. Algunas:
lesiones de la cabeza, los excesos del alcohol, conmociones, temores, la
adolescencia, cambios por la menstruación, contratiempos económicos y
desengaños amorosos.
Durante la Edad Media fue solo en Arabia que los aspectos más científicos de la
medicina griega sobrevivieron. En los hospitales, los perturbados mentales
recibían un tratamiento más humano del que recibían en sus territorios cristianos.
La figura más sobresaliente de la medicina árabe fue Avicena, hizo alusiones a
la histeria, la epilepsia, las reacciones maníacas y la melancolía.
Demonología en la Edad Media
El hombre se convirtió en el campo de batalla de demonios y espíritus que
emprendían una guerra eterna por la posesión de su alma.
Locura masiva
En la última mitad de la Edad Media se observó una tendencia peculiar respecto
de la conducta anormal: sobrevinieron casos de trastornos mentales grupales,
ocurrencias de histeria. Manías danzantes, que tomaban la forma de epidemias
de delirios frenéticos, saltos, bailes y convulsiones. Esta conducta era muy
semejante a los antiguos ritos orgiásticos con los cuales el pueblo griego había
adorado a sus dioses. Estos habían sido prohibidos con el advenimiento del
cristianismo. Con el paso del tiempo el significado de las danzas cambió y los
antiguos ritos aparecieron como síntomas de enfermedades. Como el tarantismo
en Italia, se la denominó el baile de San Vito.
Ciertas áreas fueron afectadas por ataques de licantropía, un tipo de desorden
psíquico por el cual el enfermo se imagina que es un lobo e imita sus
movimientos.
Estas epidemias continuaron durante el siglo XVII, pero alcanzaron su mayor
auge en los siglos XV XVI. Europa fue arrasada por “la muerte negra”. Muchas
de las manifestaciones especiales de esa época se relacionaban con la
depresión, el miedo y el misticismo descabellado originados por los terribles
acontecimientos históricos.
La terapia en la Época Medieval
Los monasterios servían de refugio y lugares de internación. En algunos
monasterios y santuarios el exorcismo era ejecutado “imponiendo las manos”.
Estos métodos se mezclaban a menudo con nociones vagas de terapia médica
derivadas de Galeno.
Al desarrollarse técnicas de exorcismo más complejas, se subrayó la idea de que
la causa de la caída original de Satanás fue debida a su orgullo. De ahí que, al
tratar a personas poseídas por el diablo, lo primero que se hacia era fingir un
golpe mortal al orgullo de éste, insultarlo.
Este procedimiento se consideró muy exitoso. En general, se creyó que la
crueldad para con los “locos” era un castigo del demonio que habitaba en su
interior y cuando el “castigo” resultaba ineficaz, las autoridades se creían
justificado echar a los demonios con métodos menos agradables.
Brujería
En la última parte del siglo XV se empezó a aceptar la creencia de que las
posesiones diabólicas se presentaban de dos formas:
1) El demonio se apoderaba de la víctima contra su voluntad, como un
castigo divino por sus pecados.
2) El poseso estaba de hecho aliado con el demonio, habían contraído un
pacto diabólico. Eran brujos.
Al final del siglo XV, los enfermos mentales eran considerados por lo general,
herejes y brujos. En las instituciones oficiales se notaba una mayor preocupación
por la gran cantidad de brujas merodeando por todas partes y por el grave daño
que causaban con pestes, tormentas, perversiones sexuales y otros crímenes
nefandos.
Sprenger y Kraemer→ manual: Malleus Maleficarium. Según el manual el camino
más aceptable para conseguir una prueba segura de la brujería era torturas a
una persona hasta que se obtuviera la confesión. Se dividía en tres partes:
- Primera: admitía la existencia de brujas y señalaba que quienes no
creían estaban en un graso error o inficionados de herejía.
- Segunda: describía los síntomas clínicos por los cuales las brujas
podrían ser detectadas.
- Tercera: trataba de las formas legales para examinar y condenar a
una bruja.
Ser condenado por brujería era un asunto muy grave. La pena por lo común
tomaba una de estas tres modalidades:
• La de aquellos que eran decapitados o asfixiados antes de ser quemados.
• La de los que eran quemados vivos.
• La de quienes eran mutilados antes de ser quemados.
Reaparición de la problemática científica en Europa
Paracelso→la “manía danzante” no era una posesión, sino un tipo de
enfermedad y que se debía tratar como tal. Afirmo que existía un conflicto entre
la naturaleza instintiva y la espiritual del hombre. Patrocinó un tratamiento por
“magnetismo físico”, más tarde denominado hipnosis. Paracelso rechazó la
demonología, su opinión de la conducta anormal estaba matizada con la creencia
en influencias astrales. Mantuvo una clara posición desafiadora contra la
tradición tanto médica como teológica; por esta razón fue buscado y perseguido
hasta su muerte.
Weyer→ médico y literato, quedó tan profundamente impresionado con las
escenas de aprisionamiento, tortura y quema de personas acusadas de brujería,
que realizó un cuidadoso estudio de todo el problema de la brujería y luego
escribió un libro sobre el tema. En él, decía que una gran cantidad de aquellos
que habían sido apresados, torturados y quemados por brujería eran en realidad
enfermos psíquicos u orgánicos y, se estaban cometiendo graves injusticias
contra gente inocente. Weyer recibió la aprobación de unos pocos médicos y
teólogos importantes, pero la gran mayoría, lo reprobó. Fue uno de los primeros
médicos que se especializó en trastornos mentales y su amplia experiencia y
opiniones progresivas sobre ellos justifican que sea considerado el fundador de
la psicopatología moderna. Sus trabajos fueron prohibidos por la iglesia y
permanecieron censurados hasta el siglo XX.
Establecimiento de los primeros asilos y santuarios
Desde el siglo XVI en adelante los monasterios y las cárceles cedieron
gradualmente el cuidado de los dementes a instituciones especiales que se
establecieron de modo creciente.
Los primeros asilos, en 1547, el monasterio de Santa María de Belén de Londres
fue transformado oficialmente por Enrique VIII en un hospital mental. Se hizo
célebre por las condiciones deplorables y los métodos que prevalecieron. Los
pacientes más violentos eran exhibidos ante el público por un penique y los
internos menos peligrosos eran obligados a pedir limosna por las calles de
Londres.
Estos hospitales o “asilos” como fueron llamados, se establecieron pronto en
otros países. Los médicos y “guardianes” vivían en ellas, en tanto que los
pacientes eran confinados a los espacios entre las paredes de dichos cuartos y
en la parte de afuera de la torre. Los enfermos eran exhibidos al público por una
pequeña cantidad de dinero y tratados, como animales y criminales.
Todavía en 1830 los nuevos pacientes debían llevar el pelo cortado al ras, vestir
una camisa de fuerza, someterse a una dieta disminuida, tomar ciertos purgantes
activos y ser ubicados en celdas oscuras. Si estas medidas no ayudaban a
calmar a los enfermos incontrolables o excitados, se empleaban otras más
severas, como régimen de hambre, confinamiento solitario, baños fríos y otros
métodos de tortura parecidos.
Santuario de Geel→ dentro de toda esta situación trágica, existieron algunos
lugares lucidos. Surgieron algunos santuarios donde el tratamiento por medio del
amor y la bondad prevaleció en notable contraste con las condiciones vigentes
generales.
En 1960 más de 2000 pacientes mentales registrados Vivían en hogares
particulares, trabajaban con los lugareños y se les imponían muy pocas
limitaciones, excepto beber alcohol y visitar lugares públicos.
Reforma humanitaria
La mayor parte de los primeros albergues no eran mucho mejores que campos
de concentración. Los infelices internados vivían y morían en medio de unas
condiciones de increíble inmundicia y crueldad. La reforma humanitaria de los
hospitales mentales recibió su primer gran impulso con el trabajo de Philippe
Pinel.
Experimento de Pinel→ en 1792 Pinel fue nombrado director de el hospital de
insanos de Paris (Bicêtre). En este puesto se le concedió de mala gana el
permiso por parte de la comuna revolucionaria para sacar las cadenas de
algunos de los hospitalizados como un experimento para probar su opinión de
que los enfermos mentales debían ser tratados con bondad y consideración.
Resultó un gran éxito. Se removieron las cadenas; habitaciones soleadas fueron
provistas para todos en lugar de las mazmorras; se permitió a los pacientes hacer
ejercicios en el predio del hospital y la delicadeza se aplicó a todos estos pobres
seres, algunos de los cuales habían permanecido encadenados por más de 30
años. Pinel mas tarde ocupó la dirección del hospital Salpêtri ère, donde se
organizó el tratamiento de la misma manera descrita antes y con los mismos resultados
favorables, convirtiéndose en los primeros hospitales modernos para el cuidado de
insanos. El sucesor de Pinel, Jean Esquirol colaboró en el establecimiento de unos 10
nuevos hospitales, que llevaron a Francia a ocupar el primer puesto en el tratamiento
humano de los perturbados mentales.
El trabajo de Tuke en Inglaterra→ alrededor del mismo tiempo en que Pinel reformaba
el hospital, un cuáquero inglés llamado William Tuke fundó el “York Hetreat” una
agradable casa de campo en donde los enfermos mentales vivían, trabajaban y
descansaban en una apacible atmósfera religiosa. Ello representó la culminación de una
noble batalla contra la brutalidad, la ignorancia y la indiferencia de esa época.
Rush y Dix en Estados Unidos→ en los EE.UU se reflejó en el trabajo de
Benjamín Rush “el padre de la psiquiatría norteamericana”. Rush estimuló un
trato más humano para los pacientes, escribió el primer tratado sistemático de
psiquiatría de los EE.UU. fue el primer norteamericano que organizó un curso de
psiquiatría. Pero aún así, no pudo escapar del todo de las creencias aceptadas
de su tiempo. Además, inventó y empleó un aparato semitorturador llamado “el
tranquilizador”.
Terapia moral→ este criterio surgió en gran medida del trabajo de Pinel y Tuke
y se basó en la opinión de que la mayoría de los insanos eran esencialmente
personas normales que podían beneficiarse de un medio favorable y recibir
asistencia en sus problemas personales. No parece existir ninguna duda de que
la terapia moral resultó muy eficaz. La terapia moral decayó en la segunda mitad
del siglo XIX, paradójicamente, a causa de la aceptación universal de considerar
a los insanos como enfermos. Aunque quienes sufrían trastornos mentales no
eran ya tenidos por “posesos”, tampoco se los juzgaba aptos para hacer frente
al futuro, desempeñar tareas o tomar decisiones. Se presupuso entonces que
eran seres impotentes y que la aplicación de poderosas técnicas nuevas de
medicina orgánica tendría efectos más “científicos” que cualquier terapia
psicológica. Este criterio alcanzó una fuerza cada vez mayor a medida que la
dirección de los hospitales mentales era sustraída de las manos de guardianes
y capataces y era puesta bajo de auspicio de médicos. Las estadísticas de los
hospitales prueban que los índices de recuperación y de los dados de alta
declinaron cuando la terapia moral cedió paso al enfoque médico.
Comienzos del movimiento de la salud mental → en la segunda mitad del siglo
xix el asilo, “la gran casa de la colina”, con sus altas torres y su aspecto de
fortaleza, se convirtió en un punto de referencia familiar en la panorámica de los
EE.UU. En él los enfermos mentales vivían bajo condiciones más o menos
adecuadas de comodidad y libre de abusos. Sin embargo, para el público en
general el asilo era un lugar espantoso y sus ocupantes un grupo extraño y
aterrador. Poco hicieron los psiquiatras residentes para educar a la gente de
modo que se redujeran el temor y el horror a la demencia. Beers, ex graduado
de Yale, describió su propia crisis mental, relató los malos tratos que había
recibido en tres instituciones típicas por aquel entonces y la recuperación
posterior en el hogar de un ayudante amigo. Aunque las cadenas y otros
instrumentos de tortura ya hacía un tiempo que se habían abandonado, la camisa
de fuerza era todavía muy usada como medio para “aquietar” a los pacientes
excitados. Comenzó una campaña para conseguir que todo el mundo tomara
conciencia de que ése no era el modo de tratar a los enfermos, logrando el
interés y el apoyo de mucha gente de espíritu magnánimo como el psicólogo
William James y el “decano de la psiquiatría norteamericana” Adolf Meyer.
Evolución del criterio orgánico y del modelo médico
Médicos de vanguardia en la comprensión de los trastornos mentales
Albrecht von Haller→ en 1757 acentuó la importancia de las funciones psíquicas
del cerebro y abogó por un estudio de éste en los insanos por medio de disección
de cadáveres.
William Griesinger→ en su libro “la patología y terapia de los trastornos
psíquicos” insistió en que la psiquiatría debía valerse de medios fisiológicos y
clínicos, y subrayó su creencia de que todos los trastornos mentales podían ser
explicados con los conceptos de la patología cerebral.
Kraepelin y la clasificación→ no solo acentuó la importancia de la patología
cerebral en la enfermedad mental, sino que además realizó otros aportes
conexos que contribuyeron a establecer ese criterio. El mas importante de ellos
fue su sistema de clasificación. Kraepelin observó que ciertos grupos de
síntomas del trastorno psíquico ocurrían juntos con la suficiente regularidad
como para considerarse tipos específicos de enfermedad mental. Entonces
procedió a describir y clasificar estos tipos de trastornos mentales, elaborando
un sistema de clasificación que es la base de las actuales categorías. Kraepelin
juzgó cada tipo de enfermedad mental como diferente y distinto de los demás, y
creyó que su curso estaba determinado y resultaban pronosticable como el de la
rubéola.
Triunfo sobre la parálisis general→ la secuencia de acontecimientos en esta
larga búsqueda muestra gráficamente el camino cómo los científicos, trabajando
cada uno por su cuenta, pueden utilizar la investigación de otros en su mismo
campo para hacer progresar poco a poco la ciencia y crear un modelo donde
encajen todos los datos conocidos. Los pasos principales que se sucedieron en
la lucha contra la parálisis general y el desarrollo de una terapia adecuada
fueron:
1. La diferenciación de la parálisis general como un tipo específico de
enfermedad mental por Bayle, proporcionó una descripción
completa y precisa del cuadro clínico de la parálisis puso de un
modo convincente las razones para aceptar esta enfermedad como
un trastorno diferente.
2. La presentación en 1857 de un informe realizado por Esmarch y
Jessen sobre casos de parálisis.
3. La descripción hecha por Argyll-Robertson de Escocia en 1869 de
la falta de reflejo pupilar como indicación de que el sistema nervioso
central está implicado en sífilis.
4. El experimento del psiquiatra vienés Richard Krafft-Ebing en 1897
el que inoculó líquido extraído de llagas sifilíticas a pacientes
paréticos. Este fue un experimento crucial para establecer
definitivamente la relación entre la parálisis general y la sífilis.
5. El descubrimiento de la Spirochaeta pallida por Schauddin en 1905
como causa de la sífilis.
6. La creación de una prueba de sangre ideada por von Wassermann
en 1906 para la sífilis. Así se hizo posible chequear la presencia de
las mortales espiroquetas en la circulación sanguínea y detectar la
infección, incluso cuando era imposible saberlo por cualquier otro
medio.
7. La aplicación por Plant en 1908 de la reacción de Wassermann al
líquido cefalorraquídeo para indicar si las espiroquetas han invadido
el sistema nervioso central del enfermo o no.
8. El hallazgo de Paul Ehrlich en 1909, después de 606 ensayos, de
la arsfenamina para el tratamiento de la sífilis en la circulación
sanguínea, no lo fue contra las espiroquetas que ya habían
penetrado en el sistema nervioso central.
9. La verificación de Noguchi y Moore en 1913 de la espiroqueta de la
sífilis como el agente nocivo del cerebro de la parálisis general.
10. La introducción de 1917 del tratamiento de la fiebre palúdica de la
sífilis y de la parálisis, presentada por Julius Wagner- Jauregg,
director. Inoculó sangre de un soldado que estaba enfermo de
malaria a nuevas pacientes paréticos de su clínica, de los cuales
tres mejoraron y otro tres se recuperaron del todo.
Progresos alcanzados por el modelo médico
1. Los antiguos conceptos sobre demonología fueron por fin destruidos y se,
estableció con firmeza el criterio orgánico de la enfermedad mental,
basado en la patología del cerebro.
2. Se encontró una patología cerebral precisa subyacente a la parálisis
general y a algunos otros trastornos mentales, se desarrollaron métodos
de tratamiento adecuados.
3. Se formulo una clasificación aceptable, aunque todavía no satisfactoria
del todo.
4. La enfermedad mental se colocó en el mismo nivel de la enfermedad
orgánica, al menos en los círculos médicos, y por primera vez los
enfermos mentales recibieron un trato humano fundado en resultados
científicos.
5. Se realizó un gran número de investigaciones científicas en anatomía,
fisiología, bioquímica y otras ciencias relacionadas con la medicina
tratando de hallar la patología cerebral.
El sentido de la palabra – Universitas –
El carácter semieclesiástico, semilaico de la Universidad. La organización
interior (Nacionales y Facultades)
Universidad→ resultado de una evolución tan continua, tan ininterrumpida, que
no es posible decir con precisión en qué momento aparece, fijar la fecha en que
comenzó a existir.
La Universidad pues, comenzó siendo únicamente una corporación de maestros
distintos. Hoy se concibe a la Universidad como un establecimiento escolar como
una Escuela única donde los maestros enseñan la universalidad del saber
humano. En la Edad Media no había ningún edificio especial dedicado a los
servicios comunes. La Universidad medieval desprovista de todo patrimonio
estaba exclusivamente constituida por un grupo de personas sin activo común.
Universitas→ este término está tomado del lenguaje jurídico y tiene únicamente
el sentido de una asociación dotada de una cierta unidad, de corporación.
Universita no solamente significa corporación cuando se trata de la sociedad de
los maestros, sino que la encontramos igualmente empleada para designar a las
corporaciones industriales e incluso a toda agrupación de cierta consistencia,
dotada de cierta unidad moral, como el todo formado por el conjunto de los
cristianos.
Universitas puede significar universalidad del saber, totalidad de los
conocimientos humanos que, se empleaba para designar solamente una fracción
de lo que se llamaba más propiamente Universidad. Más de una Universidad
sólo daba una enseñanza limitada a una disciplina. Mientras la palabra
Universidad implica para nosotros ante todo la idea de un grupo de maestros
asociados en una misma obra de enseñanza, hubo, en la Edad Media,
Universidades sin maestros. De este modo la Universidad comenzó siendo una
agrupación de individuos y no es una agrupación de enseñanzas. Esta
concentración de disciplinas y que ha sido la verdadera función útil de las
Universidades en el pasado y en el presente, sería una consecuencia
inesperada, imprevista, en parte tardía, de accidentes históricos, de
particularidades contingentes que se encontraron reunidas en un lugar y en un
tiempo determinados.
Es la idea de que la enseñanza no debe estar dispersa si se quiere ejercer una
acción educativa, de que todas las disciplinas enseñadas deben estar
estrechamente agrupadas con vistas a un objetivo común y con un mismo
espíritu. Esta vez, no se trata solamente de algunos maestros asociados en una
misma obra pedagógica, como era el caso de las escuelas catedrales, sino de
cientos de profesores que se conciertan para organizar en común una
enseñanza que se dirige a miles de estudiantes.
En Universitas no estaba implicada la necesidad de una enseñanza
enciclopédica. Tendían por sí mismas, espontáneamente a adquirirla. En efecto,
aunque se encontraban con que sólo comprendían un orden de enseñanza,
instintivamente aspiraban a ser más comprehensivas.
El modo en que nació la Universidad apenas permite suponer que haya podido
ser un cuerpo propiamente eclesiástico. Nació, en efecto, fuera de los medios
religiosos; sólo fue posible desde el momento en que se establecieron las
Escuelas fuera de la catedral. Desde que comenzó a existir, encontró en el clero,
secular y regular, dos adversarios irreductibles. Primero fue la gran lucha contra
el canciller, que por otra parte estuvo coronada por el éxito. Hacia 1250, hubo
otra lucha, menos larga y además menos feliz, contra dos órdenes regulares, la
de los franciscanos y la de los dominicos, quienes, subrepticiamente, tendían a
acaparar la enseñanza teológica pretendiendo sustraerse a los reglamentos y
usos de la Universidad.
La Universidad no sólo tenía espíritu clerical, sino que además comprendía un
número mas o menos considerable de laicos. Los Laicos eran admitidos a todas
las enseñanzas, salvo a la teología, y la teología era una muy pequeña minoría
en el conjunto de la Universidad. Hubo un momento en que sólo había ocho
maestros de teología. Había al menos una enseñanza de la cual todo religioso
estaba excluido, y otra dos, una de las cuales era la más importante de toda la
Universidad, que no podían dar los regulares: eran Derecho y las Artes liberales.
Aunque la universidad se opusiera a la Iglesia, procedía de ella. Aunque se
constituyó fuera de la catedral, permaneció durante mucho tiempo a su sombra.
Era, imposible que no estuviera aún fuertemente penetrado por el espíritu que
hasta entonces había reinado, de forma exclusiva, en los medios escolares.
Como fueron a ampararse bajo el poder, papal, se hicieron sus subordinados.
No dejaban de convertirse en un órgano de la Iglesia universal. Además, tanto
los maestros como los estudiantes no tenían interés en romper completamente
los lazos que les unían a la Iglesia; porque la Iglesia y todos los que formaban
parte de ella, gozaban de importantes privilegios.
La Universidad estaba formada por laicos que conservaban en parte de la
fisonomía del clero y por clérigos que se habían laicizado. Frente al cuerpo
eclesiástico, va a existir un cuerpo diferente, pero que está parcialmente formado
a la imagen de aquel al que se opone. De este modo entendemos la diversidad
de apreciaciones sobre la Universidad que son, aunque contradictorias,
igualmente verdaderas e igualmente falsas. La Universidad fue el órgano de esta
filosofía especial que se llamó filosofía escolástica es la interpenetración mutua
de razón y fe en un mismo sistema de ideas donde una y otra son inseparables.
Universidad, a partir del siglo XVI, y sobre todo del XVII, estará considerada
como un cuerpo laico. Pero podemos preguntarnos si esta determinación mayor
no fue, en realidad, un empobrecimiento; porque sólo fue obtenida por una
lamentable limitación del campo de actividad de la Universidad. Si la Universidad
se hizo más puramente laica, fue porque se sustrajeron a su apreciación de las
cosas espirituales para reservarlas a la Iglesia. Era un cuerpo complejo formado
por partes dispuestas en un mismo organismo.
La universidad comprende una doble organización. Por una parte, estudiantes y
maestros formaban cuatro grupos distintos, que gozaban de una cierta
autonomía, según la naturaleza de sus estudios: son las cuatro Facultades:
teología, derecho o decreto, medicina y artes liberales. Pero opuestamente a
esta división de la población universitaria, había otra que reposaba sobre una
base muy distinta. En ella, los maestros y estudiantes estaban agrupados según
su nacionalidad, según sus afinidades étnicas y lingüísticas. Era lo que se
llamaban las cuatro Naciones cuyos nombres son: los franceses, los picardos,
los normandos y los ingleses. Cada una de estas rúbricas comprendía además
una pluralidad de nacionalidades diferentes. Francia, países de lengua latina;
Inglaterra todos los países germánicos, aunque hacia mediados del siglo Xv la
palabra Germania reemplazó a la de Inglaterra; a Picardía, los Países Bajos.
Dos modos de organización, el primero abarcaba la Universidad entera, el
segundo solo comprendía a la Facultad de artes y dejaba fuera de su marco a
los teólogos, juristas y médicos. Durante mucho tiempo se creyó que estas dos
organizaciones correspondían a dos fases sucesivas de la historia de la
Universidad. En principio, la Facultad de artes habría existido sola. Tenían que
soportar más que los demás la supremacía del canciller; estaban más
interesados en unirse para luchar. Por otro lado, eran muy numerosos. En
seguida se habría subdividido en subgrupos según la nacionalidad de sus
miembros de las demás Facultades, los maestros de las demás enseñanzas,
habrían seguido el ejemplo que así se les había dado. Y de ese modo, la
Universidad entera habría resultado no de un gran movimiento de concentración
que abarcaba en un único y el mismo sistema todas las enseñanzas que se
daban en el interior de la isla, todas las especialidades que se enseñaban, sino
de un movimiento de federación entre corporaciones distintas, previamente
constituidas.
Es bien cierto que las Facultades no se constituyeron aparte unas de otras para
federarse después. La palabra facultas, en el sentido de grupo escolar dedicado
a una enseñanza especial, sólo aparece a lo largo del siglo XIII. Por el contrario,
la corporación de maestros data de la segunda mitad del siglo XII.
Lo que existió al principio fue una vasta sociedad que comprendía a todos los
maestros enseñantes, cualquiera que fuera su especialidad. Después, poco a
poco, se formaron, en el seno de esta organización, grupos más restringidos,
según las afinidades que resultaban de la comunidad de estudios. Con el tiempo,
estos grupos restringidos tomaron consistencia, adquiriendo una autonomía
cada vez mayor en el seno del grupo total; así se formaron las Facultades, son
el resultado de una diferenciación que se produjo en la comunidad primitiva de
maestros de todo tipo.
La Facultad de artes no tenía sello especial, mientras que cada nación tenía el
suyo. Un día en que se vio obligada a sellar un acta que había hecho por
separado del resto de la Universidad, empleó los sellos de las cuatro naciones,
pero con su consentimiento. Cada una de ellas tenían una función diferente. La
facultad estaba constituida con vistas a administrar la vida propiamente escolar,
organizar la enseñanza, defenderla contra los intrusismos de Notre Dame, etc.
Sin embargo, fuera de sus lecciones, el escolar necesitaba estar enmarcado,
sostenido, vigilado; tenía que encontrar un alojamiento conveniente, no debía ser
explotado, tenía que estar protegido contra todos los riesgos de la vida de París.
A esto respondía la organización en naciones.
La Facultad de Artes
Organización interior. Los colegios
Únicamente, la Facultad de artes era un órgano de cultura general,
desinteresada, completamente análoga a la que dan hoy nuestros liceos. El
estudiante debía tener en ella una permanencia de cierta duración antes de
seguir los cursos de teología, derecho o medicina.
Para poder ser admitido en ella, se necesitaba previamente haber aprendido
lectura, escritura y los rudimentos de la lengua latina. El niño recibía estos
conocimientos muy primarios en pequeñas escuelas llamadas de gramática, y
que, estaban completamente fuera de la Universidad. La Universidad, al
construirse, las había destronado, había arrasado en el gran movimiento de
concentración y organización del cual ella misma era resultado, todas las partes
elevadas de la enseñanza; pero había dejado fuera de sí todas las partes
inferiores que conservaron la forma que tenían antes. Permanecieron bajo la
dependencia de la autoridad religiosa. Fuera de la escuela, había otras pequeñas
escuelas del mismo tipo, vinculadas a ciertas Iglesias colegiales de Paris.
También las había en provincias.
Los conocimientos gramaticales exigidos eran muy reducidos; de este modo, la
enseñanza de la gramática continuaba en la Facultad. Por eso, podemos decir
que la Facultad de artes correspondía a las clases superiores de nuestros
institutos. En efecto, la edad corriente eran los trece años.
Puesto que tenía por función principal capacitar a las inteligencias para iniciarse
en disciplinas que ella misma no enseñaba, debía estar considerada como un
medio con vistas a fines que la rebasaban, en consecuencia, ocupar sólo un
lugar bastante inferior en la jerarquía de las enseñanzas. Más tarde, el derecho
y la medicina fueron promovidos a la misma dignidad y estas tres Facultades se
llamaron superiores. En las ceremonias, en las posesiones, iban delante de la
Facultad de artes, como pasa hoy.
Lo que muestra la superioridad que la Facultad de artes termino por conquistar
es que el jefe de la Universidad era obligatoriamente un artista elegido solamente
por los artistas, con exclusión de las demás Facultades. La Facultad de teología
sobre todo se rehusó a ello durante mucho tiempo; pero finalmente se vio
obligada a ceder. Mientras que la Facultad de artes iba la última después de
todas las demás, su representante, el rector, marchaba, por el contrario, en
cabeza, a la par con los más altos dignatarios del reino.
Para explicar la rareza, se han invocado dos razones diferentes. Primero, se ha
alegado la superioridad numérica de la Facultad de artes sobre las demás. Pero
otra cosa, la acción de la precedente. Después de finales del siglo XIII los
candidatos a la licenciatura en artes, debían prestar ante el rector un juramento.
El que faltara a él podía ser denunciado a la autoridad eclesiástica por perjurio.
Los maestros que se habían comprometido en los términos que acabamos de
referir se encontraban vinculados a la Facultad de artes de por vida. Además, los
maestros de las Facultades superiores habían pasado por la Facultad de artes,
puesto que servía de introducción y preparación para las demás.
La Facultad de artes, abusando de la fuerza que les daba su número, los artistas
habrían acabado poniéndose en cabeza de la Universidad. La forma de votación
era por Facultades. Incluso al principio, una propuesta sólo pasaba si había
obtenido la mayoría en cada Facultad consultada por separado; más tarde, se
contentaron con la mayoría de votantes en la mayoría de Facultades. Pero,
cualquiera que fuera el efectivo de sus maestros, era igual que las demás; cada
una disponía de una voz y solamente una. La enseñanza de los maestros de
artes se consideraba la enseñanza por excelencia. Y se decía de ella que era la
base, el principio, la fuente de todas las ciencias.
En el sistema complejo y confuso que era la Universidad de Paris, que abarcaba
todos los grados de enseñanza, con la Facultad de artes, ocupaba el primer
lugar, era el centro de la vida escolar, que constituía la pieza maestra del
sistema. Debía esta situación a que respondía mejor que ningún otro a las
necesidades de la población estudiosa.
París, siglo XIII→ la Facultad de artes era sólo una asociación de maestros que
enseñaban a la vez en locales diferentes, alquilados por ellos. El niño va a tener
que elegir un maestro entre los varios centenares que enseñan paralelamente y
unirse a él; le necesita no sólo para recibir la enseñanza que viene buscando,
sino también para tener un responsable con respecto a la autoridad laica. En
efecto, es preciso que, si llegara a ser arrestado por los hombres del preboste,
pudiera ser reclamado por un maestro regular de la Universidad que garantizase
su condición de estudiante y le sustrajera a la justicia secular reivindicando las
prerrogativas vinculadas a esta condición.
Las comunidades tenían por cabeza un principal, elegido por todos los miembros
del grupo y que no tenía más autoridad que la que le delegaba el grupo. El
principal debería ser un maestro; durante mucho tiempo, esta no fue una regla
expresamente obligatoria.
Los ricos tenían un apartamento para ellos donde vivían con un preceptor, y los
pobres que no tenían medios para subvenir a los gastos de un hospitium. Otros
mendigaban, al no tener entonces la mendicidad nada de deshonroso por haber
sido consagrada. Para los estudiantes pobres era un gran aprieto comer,
alojarse, tener velas y libros. Para remediar estos males, personas caritativas
tuvieron la idea de fundar establecimientos, donde una cierta cantidad de
estudiantes pobres estuvieran alojados y mantenidos gratuitamente, gracias a
una dotación perpetua vinculada a la institución. Estos hospitia dotados, son los
primeros colegios. Hacia mediados del siglo XIII, y sobre todo en el siglo XIV,
aparecieron las grandes fundaciones.
En los colegios primitivos, el jefe principal, entonces director, no era simplemente
un estudiante elegido; era un maestro que recibía su investidura de la
Universidad, que dependía de ella, a la vez que, de ciertas autoridades
eclesiásticas, a las que el fundador había entregado un derecho de control sobre
la vida interior del establecimiento. Sin embargo, los alumnos tenían un papel en
la administración de la casa.
El becario del colegio tenia sobre los demás estudiantes, externos o habitantes
de hospitia privados, importantes ventajas. Estaba sometido a una disciplina más
regular. Después, además del maestro público cuyas lecciones seguía en la calle
de Fouarre, tenía una especie de repetidor, de tutor privado. Este debía asistir a
los cursos que seguían los alumnos, responder a las preguntas que le
planteaban, debían leer con ellos algún libro de lógica, de gramática o de
matemática, elegido por la mayoría de los escolares y esto además de los que
se explicaban en las escuelas públicas. Los ejercicios en común eran más fáciles
y estaban mejor dirigidos. Además, los colegios podían tener bibliotecas que un
particular o una comunidad. Estas ventajas eran tales que, alumnos ricos o
acomodados, intentaron hacerse admitir en los colegios, pagando los gastos de
su pensión. Se llamaron huéspedes del colegio, porque pagaban el alquiler de
sus habitaciones, porque solo pagaban en ese caso su parte de los gastos de
comida. La población de los colegios aumentó en proporciones considerables.
La Psicología académica en Argentina. Trayectoria de
la Gestión privada y Protagonismo de la Universidad
del Salvador
La primera Carrera de Psicología- de gestión estatal- nace en Rosario =
Universidad Nacional del Litoral”; la segunda- de gestión privada- lo hace en
Buenos Aires a los pocos meses, y se constituye la primera Facultad de
Psicología de la Argentina, es decir, la Facultad de Psicología de la Universidad
del Salvador, hoy denominada Facultad de Psicología y Psicopedagogía (USAL).
El sesgo en la lectura de los hechos que entraman la trayectoria de la Psicología
académica en nuestro país, no solo implica un reduccionismo y la consiguiente
discriminación de lo que se deja afuera, sino también una distorsión, por cuanto
toda universidad es, por naturaleza, “pública” y “nacional”.
El derrotero de la Psicología en la Argentina se inicia alrededor de 1820, época
en que las ideologías europeas acerca del hombre y del mundo comienzan a
tener representantes entre los pensadores más conspicuos del país. Los
estudiosos de la época tratan de demostrar la compatibilidad entre la ciencia y la
fe, pero las discusiones filosóficas en torno a este propósito comienzan a dividir
las aguas entre materialistas e idealistas. Estas posturas se van reciclando a
través del tiempo, y sus vicisitudes influyen de manera directa en la historia de
la Psicología.
Como producto de tal influencia, Víctor Mercante crea el primer laboratorio de
Psicología Experimental en San Juan, casi por la misma época, Horacio Piñero
hace lo propio en Buenos Aires, así, la llamada “Psicología de Bronce”, la cual
se interesa particularmente por las tareas de investigación experimental, se lo
identifica como el “antecedente remoto” de la Psicología Argentina.
Gradualmente las posiciones en torno a la Psicología van rotando de los planteos
biológicos- sociales del positivismo. Como consecuencia de ello, en los años 30
y 40, vuelven a instalarse los debates entre materialistas, idealistas y realistas.
A mediados del siglo, se crea en Buenos Aires la Asociación Psicoanalítica
Argentina y, sobre los 50, la Psicología se caracteriza por su compromiso social
y la orientación filosófica en que se sustenta. Esto contribuye a reactivar los
“institutos” de docencia e investigación en vistas a brindar no solo una formación
psicotécnica, sino también humanística.
La “Psicología académica” como tal sienta sus bases en el Primer Congreso
Argentino de Psicología que se realiza en Tucumán en 1954. Magno evento en
el que se promueve la creación de Carreras de Psicología universitarias,
asumiendo la necesidad de concebir a esta como un conjunto de saberes que
merece gozar de la plena autonomía disciplinar.
Al año siguiente, hombres preclaros y de diversa ideología tienen la decisión y el
poder de convocatoria necesarios para crear las primeras Carreras de
Psicología. En el marco de este “espacio- tiempo funcional”, la iniciativa privada
se abre paso de la mano de Juan Rodriguez Leonardi, quien toma la antorcha
encendida en el Primer Congreso Argentino de Psicología casi en paralelo con
Jaime Bernstein para gestar la primera “Facultad de Psicología” del país (USAL).
Poco después, se crea el Departamento de Psicología en la Universidad de
Buenos Aires, y se abre la carrera.
Con respecto a la historia de la Facultad de Psicología, en primer lugar, se
desprende que a consecuencia de la puesta en marcha de las Carreras de
Psicología universitarias y de todos los desafíos que esto implicó para las
pioneras, apenas iniciada la década de los 60, surgen los primeros psicólogos
graduador en Argentina, lo que pone fin a la etapa de la llamada “Psicología sin
psicólogos”. Se consolida el perfil de la Psicología como profesión. El DR.
Eduardo Rolla, organiza y preside una Mesa Redonda sobre El Perfil y el
Ejercicio Profesional del Psicólogo en la Universidad del Museo Social Argentino.
Rolla logra reunir a graduados recientes y a estudiantes del último año de las
Carreras de Psicología que sustentan titulaciones a efectos de exponer y debatir
acerca de un tema ideológica y políticamente controversial. El evento resulta
pionero en su género porque inaugura un espacio académico necesario para
“legitimar” el debate acerca de la identidad e incumbencias profesionales del
psicólogo.
Convocados aun sin estar recibidos, una identidad autogenerada por la fuerza
del deseo y una búsqueda de la verdad. Por otro lado, el haberlo sido en épocas
en que la tendencia era fuertemente “estatista” y oficialista contribuyó a legitimar
el status de la formación recibida en una universidad privada, así como el
derecho a participar activamente en la construcción y desarrollo de la profesión.
Inaugurado el espacio académico referido a la formación y ejercicio profesional
del psicólogo, la progresión de las iniciativas privadas a partir de la creación de
la Carrera de Psicología de la Usal es la siguiente:
➢ En el segundo lustro de los años 50, se crean las dos primeras Carreras
de Psicología de gestión privada, ambas católicas.
➢ En los años 60, se crean nueve Carreras de Psicología.
➢ En la década de los 80 se crea solo una carrera, y es en la Universidad
Católica de La Plata.
➢ En los años 90, se abre la Carrera en otras diez universidades.
➢ En los que va de los años 2000, se crean otras cinco Carreras de
Psicología.
➢ De las Carreras de Psicología creadas por iniciativa privada, la Argentina
de hoy cuenta con 25 unidades académicas de universidades reconocidas
y acreditada, o en vías de serlo.
Pueden diferenciarse tres períodos:
I. El período fundacional: es impulsado por la Compañía de Jesús,
concreta la creación de las dos primeras Carreras de Psicología de
gestión privada. Se trata de un período de gran movilización en el cual,
tras la caída del peronismo, se lucha con tesón de superar la controversia
entre la educación laica y la libre en pos de lograr que las universidades
privadas pudieran otorgar títulos oficiales en profesiones liberales.
Despejada la sesgada y errónea identificación de la educación libre con
la católica, otras iniciativas privadas se abren paso con importantes
propuestas.
II. El período de latencia de los años 70: llamado por no haber generado
nuevas propuestas académicas, encuentra su explicación en dos
circunstancias: por un lado, se constituye en período de consolidación de
aquellas Carreras que tienen que lograr el reconocimiento oficial y la
validez nacional de sus títulos. Por otro, la marginalidad jurídica a que se
ve sometido el profesional psicólogo hacia fines de los 60, al ser
considerado enfáticamente como ilegítimo e ilegal.
III. El período de reactivación de los 90: se debe a la consolidación de los
cambios que posibilitaron legalizar el ejercicio profesional del psicólogo y
legitimaron su inserción laboral. Por otro lado, se debe al interjuego de las
nuevas demandas con el desarrollo disciplinar, así como al cambio de
paradigmas que, hacia fines del siglo, se fue acelerando conforme a la
complejidad que signaría el Tercer Milenio. Se toma conciencia de la
necesidad de generar especializaciones y comienzan a abrirse paso los
proyectos académicos de posgrados.
En el marco de las alternativas planteadas por la Ley de Educación Superior
(LES), se generan discusiones en torno a la formación de grado requerida para
asegurar las competencias básicas que los futuros psicólogos necesitan para
ejercer la profesión con responsabilidad a partir de la convocatoria realizada por
el Ministerio de Educación de la Nación en 2002. Esta convocatoria es para todos
los directivos de universidades de gestión estatal y privada, a efectos de abrir un
debate disciplinar sobre la pertinencia de tal consideración, así como la de su
posible inclusión.
La Asociación de Unidades Académicas de Psicología lleva algo más de diez
años de trayectoria trabajando sobre la formación del psicólogo.
A través del Programa de Formación de Especialistas de Innovación Curricular
elabora un diagnóstico de la situación actual de la enseñanza de la Psicología
en Argentina y Uruguay en su conjunto y en cada una de las carreras de
Psicología de las universidades públicas de ambos. El hecho de que las
unidades académicas de gestión privada no hayan sido invitadas a participar
activamente en esta asociación y red también una forma de exclusión que señala
a todas las luces que tal representatividad nacional no es genuina.
Es así como, en parte por fuerza de la necesidad, pero fundamentalmente por
requerimiento del Consejo de Rectores de Universidades Privadas, surge la
primera agrupación conformada por la mayoría de los directivos y responsables
de las Carreras de Psicología de las universidades de gestión privada de todo el
país, pasa luego a denominarse Unidad de Vinculación Académica de Psicología
de Gestión Privada.
El hecho de que en las altas esferas ministeriales se haya tomado conciencia de
que la formación del psicólogo resulta de interés y riesgo público, remite a un
posicionamiento que produce verdaderas innovaciones:
• Jurídica
• Académicas
• Institucionales
Ciclos evolutivos: identidad personal y ocupacional.
Investigación focalizada en la orientación para toda la
vida
Introducción
En las sociedades cerradas, con culturas más estructuradas que la nuestra, ser
niño, ingresar a la adultez, trabajar, formar familia, envejecer y morir son etapas
que se viven dentro de un modelo semejante al de los padres, al de los abuelos
y a los demás ancestros. Todos los miembros tienen y mantienen una fuerte
identidad comunitaria y sus roles están demarcados por la religión, los mitos y
las leyes.
En nuestra sociedad occidental actual, el modelo que parece imponerse
jerarquiza el cambio y lo nuevo, con un análisis no solamente crítico, sino
desvalorizante del pasado. Se entroniza lo joven, como belleza, potencialidad
para sobrevivir y crear, en la movilidad de ese mundo donde los modelos de vida
son cada vez más complejos y resultan, no pocas veces, contradictorios y
paradojales.
En cada persona se deposita el peso del éxito o del fracaso del modelo que ella
misma debe construir, no siempre advertida que en el se combinan lo que otros
esperan que sea, lo que aprendió a desear en su cultura de referencia y a la que
quiera, o no, pertenecer por adhesión, comisión, convicción, oposición o
sumisión.
Si se entiende el sentido de la vida como el conjunto de valores para ser y hacer,
configurados en la representación de uno mismo en relación con el mundo, en
esa intersubjetividad que Mead planteó como los interlocutores internos, el Yo,
el Mi y el Otro, la identidad resulta ser una construcción continua, necesaria para
elaborar un proyecto de vida.
La elección de vida está condicionada a las posibilidades que cada uno tiene en
su propia familia, clase social y patrones de su cultura que en el orden económico
hoy aumenta aun más la brecha entre ricos y pobres.
Entre las representaciones y valoraciones de nuestra civilización que han
cambiado en los últimos cuarenta años, podemos, a efectos de enmarcar este
trabajo señalar las que siguen:
• El valor que se le otorgaba el crecimiento y a la madurez. Actualmente,
ser mayor es un problema de atención y manutención en todo el mundo.
Los condicionamientos que se exigen para el trabajo.
• El valor de la estabilidad de la pareja y de la organización familiar, que
tenia espacios y tiempos para atender y entender a los más jóvenes y a
los más viejos.
• El valor de elegir el campo laboral de acuerdo a los intereses y a las
preferencias: desempleo, cambios de competencias requeridas limitan las
elecciones individuales. Esto provoca crisis en los de mediana edad.
• El valor del tiempo para la comunicación de la intimidad y la reflexión
• El valor de la distensión. Lo excitante es buscado, al punto de llegar a
daños irreversibles causados por la ansiedad y el distress.
• La disociación entre ser y hacer.
En ese clima de revisión, las dudas y los miedos afectan a todos los ciclos
evolutivos. Los jóvenes saben que al salir de la adolescencia se encuentran ante
la demanda de elegir su futuro. El adulto se debate tratando de compatibilizar su
mundo interno y la representación que tienen de la sociedad acerca de ellos.
De ahí explorar los procesos de desarrollo y crisis de la identidad personal,
ocupacional y social, los imaginarios con los que se constituyen, sean necesarios
para preparar estrategias preventivas y de intervención psicosocial que
impliquen, tal como define la Ecología Social.
Otros antecedentes de esta investigación ubicados en el proceso de
elección vocacional ocupacional
En abril de 1998 en la USAL comenzó una investigación exploratoria a efectos
de saber cómo percibían el futuro, a diez años, los jóvenes que cursaban su ciclo
secundario en la ciudad de Buenos Aires. Esta se continuó con adultos docentes,
luego adultos padres, y finalmente, alcanzo a mayores de 60 a 2002.
El peor pronostico lo portaban los docentes y que los alumnos y los mayores de
60 eran los que reclamaban condiciones para un proyecto ocupacional con cierta
seguridad. El 80% no querían estar fuera del sistema laboral.
En un 75%, la educación se consideraba obsoleta, la familia disgregada y se
desconfiaba de la acción política.
La falta de oportunidades para traducir y canalizar potencialidades obliga a vivir
en un “como si fuera” y lo que no se es.
Para lograr vínculos intergeneracionales duraderos, constitutivos de la trama
social, es necesario lograr las intersecciones de sus identidades en la dimensión
de ser y hacer con otros.
Fue así como un año después comenzó la investigación que hoy se presenta
como la primera parte de la triada incluida en la meta más amplia de: Ciclos
evolutivos e identidad personal y ocupacional.
Resultados, tomando como genéricas las respuestas al 70% de cada grupo
(17 sujetos)
Yo soy diferente y me defino por:
➢ Niñez→ rasgos físicos y/o comportamientos señalados por el medio.
➢ Pubertad y adolescencia→ rasgos ligados a comportamientos
considerados como independientes. En los más jóvenes continua el
espejo de la familia y la escuela. Aparece la comparación.
➢ Jóvenes→ rasgos ligados a rasgos físicos, psicológicos, éxito social, o
proyecto profesional. Se pondera el hacer y el vinculo social.
➢ Adultos→ rasgos ligados a logros sociales o familiares. Se pondera el
tener y la posición laboral.
➢ Mayores→ rasgos ligados a afectos y secundariamente a competencias.
Recordatorio de lo adquirido y se pondera el logro actual, sobre todo el
potencial social.
Mi lugar en el mundo:
Niñez→ familia, club, no hay respuesta del espacio escolar.
Pubertad y adolescencia→ prevalece la relación con os amigos y los espacios
futuros.
Jóvenes→ el mundo y el lugar de reconocimiento personal y profesional.
Adultos→ es el logrado y poder sostenerlo o mejorarlo.
Mayores→ hogar, familia, amigos.
Mi espacio propio en la casa es:
Niñez→ mi cuarto.
Pubertad y adolescencia→ mi cuarto.
Jóvenes→ mi cuarto o nuestro dormitorio (casados).
Adultos→ mi cuarto o nuestro dormitorio (casados). Puede darse un espacio de
acción específico: cocina, taller.
Mayores→ la sala, la cocina, el jardín. Toda la casa (se alude en estas
respuestas a la soledad).
Me vinculo con y prefiero a la gente que es:
Niñez→ los buenos.
Pubertad y adolescencia→ los sinceros y divertidos.
Jóvenes→ los sinceros y compañeros.
Adultos→ los sinceros, afectivos y leales.
Mayores→ los buenos y cariñosos (sinceros aparece en pocos casos).
Pasado:
Niñez→ gratificaciones del medio familiar.
Pubertad y adolescencia→ que fue bueno o regular (depende de la vivencia
experimentada).
Jóvenes→ tuvo cosas buenas y malas.
Adultos→ con etapas buenas y malas.
Mayores→ la época en que vivía con mis hijos o cuando trabajaba en.
Presente:
Niñez→ ligados a la potencia personal o recepción de objetos gratificantes.
Pubertad y adolescencia→ ligados a libertad y decisión propias, incluso creyendo
que se recibe por gestión personal.
Jóvenes→ ligado a proyectos de posiciones profesionales, pareja y familia.
Adultos→ ligados a sostén de funciones y posiciones. Elaboración de sueños no
realizados.
Mayores→ la conservación de funciones y potencialidad.
Futuro:
Niñez→ relacionado con potencialidades físicas y laborales. Importancia de tener
y ser.
Pubertad y adolescencia→ relacionado con potencialidades físicas, económicas
laborales. Importancia del hacer y el reconocimiento.
Jóvenes→ relacionado con potencialidades físicas, económicas laborales y
familiares. Importancia del éxito.
Adultos→ relacionado con potencialidades físicas, económicas laborales y
familiares. Importancia de la seguridad y del cambio. Ambivalencias.
Mayores→ relacionado con no perder potencialidades físicas, afectivas y
económicas. Importancia del amor y la salud. Indicadores de tristeza o depresión.
Los orígenes de la Psicopedagogía: el concepto y el
término
Contexto histórico- científico
La primera síntesis del discurso psicopedagógico contemporáneo se produce
como consecuencia de los procesos. Son dos los acontecimientos determinantes
en tales procesos: en primero lugar, la irresistible generalización de las corrientes
del biologismo que favorecieron un espectacular desarrollo de la física y la
química, fortaleciendo las corrientes del materialismo y el evolucionismo. En
segundo lugar, la doctrina del positivismo comtiano vino a constituirse en el
fundamento teórico tanto de materialistas como de evolucionistas. Se
consolidaba así una fértil simbiosis que daría lugar al método científico positivo.
Confusionismo terminológico en las fronteras de la pedagogía, la
psicología y la medicina
La conciencia de estar asistiendo a la configuración de nuevos espacios en el
espectro científico animó a muchos autores a nombrarlos mediante nuevas
palabras. Los filósofos del lenguaje afirman que poner nombre a las cosas es
perpetuarlas, infundirles vida, inscribirlas en la realidad y darles oportunidad de
desarrollarse.
Como afirmaba Wittgenstein, incluso una cualidad sensorial resulta elusiva si no
ocupa un lugar en el lenguaje público. El nombre ha de ser público y sirve
mientras se utiliza en el intercambio social de la acción comunicativa. Pero los
mismos factores de cambio que son generadores de nuevas palabras, son los
que relegan a muchas ya existentes a un olvido del que son rescatadas como
elementos con posibilidades de volver a nombrar produciéndose un efecto de
guadianización en su evolución.
Los nombres de la psicopedagogía
Las propuestas para dar nombre a los nuevos espacios del entorno
psicopedagógico fueron bien abundantes ya desde finales del siglo XIX. La
utilización del prefijo psico para formar palabras compuestas, que se encuentra
ya en la antigua Grecia y también en Roma, fue algo habitual durante el período.
Es así que, junto a psicopedagogía, comenzaron a circular en estos años de
entresiglos toda una serie de términos que comienzan con dicho prefijo.
El interés de la psicagogía
La idea de psicagogía según es descrita por Platón, haciendo referencia a la idea
de la conducción o guía del alma. La psicagogía en la antigüedad clásica griega,
aparece frecuentemente relacionada con la educación, la retórica y el arte. Esta
idea de conducción del alma del platonismo será recuperada en los inicios del
siglo XX ponía en práctica métodos educativos que favoreciesen la evolución de
la persona sin imposiciones ni coacciones.
En España se utilizó el término psicogogía para identificar una forma de
psicoterapia espontánea.
La aparición del término psicopedagogía
La aproximación a la aparición de estos términos en torno a cinco tradiciones
pedagógicas: la alemana, la anglosajona, la francófona, la italiana y la española.
Los ámbitos alemán y anglosajón
La tradición alemana, cuna de la pedagogía moderna y de la psicología
experimental, y lugar en que se sitúa uno de los núcleos más activos de la
experimentación psicopedagógica. Sin embargo, no se encontró un compuesto
que pueda traducirse con rigor por psicopedagogía.
La tradición anglosajona, unas doscientas universidades del área
angloamericana programaron cursos de pedagogía hasta la primera década del
siglo XX, pero ya en el entresiglo será sustituida por education. En el área
anglosajona no aparecerá el termino en estudio hasta muy tarde y con carácter
excepcional.
En las áreas geográficas en que se ha seguido utilizando el término pedagogía,
la psicología educativa ha tenido por lo general un desarrollo similar al
anglosajón. Pero a partir del momento en que se pretende la institucionalización
de la psicopedagogía como especialidad, surge el conflicto epistemológico y el
enfrentamiento entre los estamentos de la pedagogía y la psicología.
Las primeras apariciones del término psicopedagogía: ámbito francófono
El ámbito francófono (Francia, Bélgica y la escuela de Ginebra en Suiza) se
observan las experiencias psicopedagógicas más tempranas en psicometría y
en educación de disminuidos psíquicos.
El termino, en forma de sustantivo aparece por primera vez en 1908. La
definición en cuestión dice que Paidotecnia es psicopedagogía experimental. El
término psicopedagogía aparece pues asociado a las técnicas psicométricas
destinadas a la clasificación de los escolares.
A pesar de estas referencias de 1908, no parece que se pueda afirmar que
durante este período se haya introducido el término de manera fluida. Si que
resulta interesante el contexto en que aparecen: por un lado, el de las relaciones
entre el médico y el maestro, y por otro, en el entorno de la paidología.
La psicopedagogía en Italia
En Italia, también hemos encontrado un uso temprano de este término en un
texto de Emilio Galli, donde se describe con precisión cómo debe ser un examen
psicopedagógico, y donde aparece, por primera vez que nosotros sepamos, la
figura del profesional encargado de la realización de dicho examen, nombrado
ya como psicopedagogo. Galli contribuyó notablemente a la fundamentación de
la psicopedagogía, complementando la tarea de los médicos psicofisiólogos
alemanes y la de los pedagogos francófonos.
La aparición del término en España
En España, la primera vez del término ha sido en un texto poco conocido de la
pedagoga Francisca Rovira, describe y propone un método psicopedagógico
para el tratamiento de la sordera, en una clara llamada a los usos terapéuticos
de la pedagogía y utilizando con cierta fluidez el adjetivo psicopedagógico/a
El psicopedagogo y médico Anselmo Gonzáles Fernández ha de ser
considerado como el introductor y máximo representante de la psicometría en la
España de este período.
Normalización en el uso del término y ampliación conceptual del entorno
psicopedagógico
La utilización de los términos psicopedagogía, psicopedagogo y
psicopedagógico comienzan a detectarse en Francia a partir de 1908. Los datos
que aportan estas primeras referencias terminológicas se producen en el ámbito
de la educación de los deficientes, intentando definir una zona de actuación
interprofesional entre el maestro y el médico, o entre el maestro, el médico y el
psicólogo.
En las décadas de los años veinte y treinta, la utilización del termino es mucho
más fluida. Pedagogos, psicólogos, médicos y juristas, principalmente, utilizan
las técnicas y los discursos que se dicen psicopedagógicos, con lo que lo
psicopedagógico se extiende desde los primitivos usos en educación especial a
otros ámbitos relacionados con la medicina, la jurisprudencia, la orientación
profesional, etc.
En 1923, el Museo Pedagógico Nacional organizó un Curso de Técnica
Psicopedagógica. El curso, con una duración de cuatri meses, estaba dirigido a
maestros en ejercicio, estudiantes de magisterio y otros profesores interesados.
Los contenidos hacían referencia a técnicas en educación de anormales,
psicotecnia y orientación profesional, fonética experimental, psicoanálisis
aplicado a la educación etc.
Desde el ámbito de la medicina, Amador Pereira Redondo, hijo del mítico pionero
de la psicopedagogía Francisco Pereira, publicada en 1924, expone las
referencias tanto médicas como psicológicas, pedagógicas y psicoanalíticas, del
método psicopedagógico que aplicaba en el Instituto Psiquiátrico Pedagógico.