EL REPORTAJE RADIAL.
Herb Morrison, reportero de la NBC, fue a cubrir la llegada a New Jersey del famoso dirigible alemán,
el Hindenburg, que venía repleto de pasajeros desde el otro lado del Atlántico. Era el 6 de mayo de
1937. Morrison montó en su auto la pesada grabadora de acetatos y se dirigió al descampado donde
descendería el zeppelín. A pesar de la lluvia fina, muchísimos amigos, familiares y curiosos esperaban
impacientes la aparición de aquel gigante inflado con hidrógeno. Pasaban las horas y nada. Al fin, a lo
lejos, se divisó el Hindenburg. Morrison activó sus equipos y comenzó a relatar el maravilloso
espectáculo. La grabación de aquel momento se conserva íntegra. Se puede escuchar a Morrison
describiendo la muchedumbre que lo rodea, que aplaude, una anciana que se abre paso para no perderse
ni un detalle del descenso, el inmenso globo plateado que ya se acerca… De pronto, en la grabación se
escuchan alaridos. En medio del griterío ensordecedor, se alcanza a oír la voz angustiada del reportero:
¡Santo Dios… Oh, no, no, es horrible…! Lenguas de fuego están saliendo del casco de aluminio del
zeppelín, ya suficientemente próximo para distinguir los rostros despavoridos de sus tripulantes que
piden auxilio. Los de abajo, consternados, no saben qué hacer ni cómo ayudarlos. Las llamaradas
continúan. Morrison no descuida el micrófono un instante y durante más de una hora, con voz
entrecortada por los sollozos, narra aquel infierno que se cierne sobre sus cabezas. Al fin, la
muchedumbre horrorizada ve cómo la crepitante bola de fuego, con 36 personas carbonizadas adentro,
se precipita a tierra.
Este reportaje, tal vez el más famoso de la historia de la radiodifusión, nos da una de las claves
fundamentales del formato: la narración en vivo y en directo. El reportero se convierte en los ojos del
oyente, haciéndole sentir que él está ahí presente.
Se puede decir que el reportaje, tal como ha evolucionado desde los tiempos de Morrison, constituye el
formato rey, la síntesis del género periodístico. En él, caben todos los demás formatos radiofónicos,
desde los informativos hasta los de opinión, incluso los dramatizados y musicales. Pero, a diferencia de
la revista o magazine, el reportaje trata un solo tema en profundidad, constituyendo, si cabe el término,
una monografía radiofónica.
El radio-reportaje no es una breve exposición sobre un tema como lo es, por ejemplo una charla, sino
que es una presentación relativamente completa del tema. Suele durar media hora, o por lo menos
quince o veinte minutos. A veces hay reportajes tan interesantes y tan variados en recursos que duran
cuarenta o cuarenta y cinco minutos sin que resulten pesados ni largos. Pero para tratar un tema con esa
extensión no podemos hacer una conferencia o poner un locutor o dos hablando todo el tiempo, sino
que necesitamos desplegar una variada gama de recursos y formatos, que cumplirán a lo largo de la
exposición el mismo papel que cumplen las fotografías y los dibujos en un artículo ilustrado.
Un buen reportaje incluye entrevistas, testimonios, encuestas, estadísticas, comentarios, ruidos reales
grabados en terreno, pequeñas escenas que reconstruyen los hechos, recursos literarios, estrofas
musicales… Todos esos elementos se van incorporando armónicamente en torno a la narración central
El reportaje es lo más cercano del periodismo al género dramático. Como éste, irá creando en el oyente
una atmósfera de suspense, de intriga creciente, hasta llegar a un desenlace, de preferencia sorpresivo.
Es como una novela, sólo que no de ficción, sino real, que informa sobre hechos verídicos,
documentada.
El reportaje requiere de mucha investigación. Se trata de brindar toda la información posible sobre un
hecho, hacia atrás y hacia adelante, en su contexto y en sus previsibles consecuencias.
Hoy en día, por las posibilidades técnicas, la mayoría de los reportajes no se hacen en vivo ni con un
solo reportero, sino en cabina, con bastante trabajo de edición, con un equipo responsable y un libreto
muy elaborado de antemano. No importa. En directo o pregrabado, para prensa escrita o audiovisual,
no hay que perder el espíritu original de la narración de Morrison: trasladar al lector o al oyente al lugar
de los hechos, hacerle vivir la situación, como si fuera aquí y ahora.
Pasos para producir un reportaje.
1. Definir el tema. La temática es inagotable: temas de actualidad local y nacional (el alza de los
precios, el éxodo campesino a la ciudad, la escasez de viviendas); de la actualidad internacional
(la crisis del petróleo, la OPEP, el antagonismo sino-soviético, la proliferación de armas
nucleares); reportajes históricos (el sueño de Bolívar de una América confederada, la vida
cotidiana en el Imperio de los Incas); biografías (Einstein, Artigas, Bartolomé de las Casas, Ho-
Chi-Min); reportajes sobre una región, un país, una ciudad, una aldea; sobre un plan de
gobierno o sobre una nueva ley; sobre un problema educativo (la deserción escolar) o sanitario
(la desnutrición infantil). De hecho, pues, casi no hay tema que no pueda ser enfocado a través
de un radio-reportaje. Es cuestión de permanecer bien informados, de estar atentos a lo que pasa
en nuestro país y/o en el mundo y tener sensibilidad y olfato para encontrar asuntos que
respondan al interés general.
Un consejo, sin embargo: de temas "importantes", grandes, complejos, abstractos, no siempre salen los
mejores reportajes. Conviene evitar las intelectualizaciones y reducir el alcance del tema, delimitarlo,
concretarlo, ponerlo a "escala humana".
2. La investigación. Una vez determinado el tema, hay que acudir a expertos que puedan
asesorarnos, a lecturas, a consultas; reunir muchas fichas. Hay que procurar no sólo los datos un
tanto fríos, abstractos, conceptuales, que puedan proporcionar los especialistas (economistas,
sociólogos, médicos, ingenieros, agrónomos, estadígrafos), sino también los aspectos
periodísticos, los ejemplos ilustrativos, las referencias humanas del asunto.
Muchas veces, hay que ir a documentarse sobre el terreno: visitar las cárceles si nuestro tema es el
régimen penitenciario, los hospitales si vamos a ocuparnos de la asistencia sanitaria, los barrios
marginales si nos proponemos abordar la crisis de la vivienda popular. Irnos al campo si vamos a
enfocar el problema del minifundio y de las tierras agotadas por la excesiva explotación.
3. la grabación de entrevistas. Un reportaje en base a entrevistas es un montaje. Por lo tanto el
guión se escribe al final, sólo después de que el material de notas que se va a incluir
(entrevistas, declaraciones, testimonios, etc.) ha sido grabado y seleccionado. Antes de producir
el material, se puede —y se debe— hacer un primer esquema, un primer esbozo provisional de
la emisión; pero el guión definitivo sólo puede ser escrito a posteriori, con los fragmentos
grabados ya en la mano.
4. La edición. Una vez reunido el material grabado (entrevistas, declaraciones), hay que
seleccionarlo. La edición constituye parte fundamental de la realización de un reportaje. Este
toma su forma cuando lo editamos. Esto es, cuando escogemos los trozos mejores de las
distintas grabaciones efectuadas y eliminamos lo irrelevante, lo confuso. Y no sólo descartamos
"lo que no sirve": muchas veces tenemos que sacrificar también partes buenas e interesantes,
pero que no caben dentro del tiempo de que disponemos o que nos apartarían demasiado del
tema central.
Editar es también decidir en qué orden vamos a presentar el material seleccionado. El desarrollo del
tema debe ser sumamente claro, pedagógico, ordenado. Tenemos que disponerlos fragmentos escogidos
en el orden más didáctico y a la vez, el que dé lugar a una progresión más interesante. Por supuesto, no
tendremos en cuenta para nada el orden cronológico en que grabamos las entrevistas: puede que, al
ordenar los fragmentos, la entrevista o declaración que grabamos primero sea la que vaya última. A
veces, de una entrevista seleccionamos un solo fragmento; otras veces tomamos tres o cuatro pasajes
significativos. Y esos tres o cuatro pasajes los editamos todos juntos, formando un solo bloque, o bien
los distribuimos en distintos momentos de la emisión. En esa distribución tampoco seguimos
necesariamente el orden original de la entrevista grabada: tal vez lo que el entrevistado dijo al
principio, a nosotros nos convenga ponerlo en la tercera o en la cuarta de sus sucesivas intervenciones a
lo largo de la emisión. También tenemos el recurso de repetir algún breve pasaje significativo: una
frase muy elocuente, por ejemplo, puede aparecer dos o tres veces en el curso del reportaje, reiterando,
subrayando o contraponiéndose, creando un contraste con otras declaraciones.
Lo importante, pues, es proceder con una gran libertad al "armar" los pasajes seleccionados;
reordenados en función de la eficacia didáctica y del ritmo periodístico de la exposición.