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Ju An E. P IV El D Evoto: E La Leyenda Negra Al Culto Artiguista

La obra 'De la Leyenda Negra al Culto Artiguista' del Profesor Juan E. Pivel Devoto compila una serie de artículos sobre la figura de Artigas, analizando la leyenda negra y el surgimiento del culto artiguista en Uruguay. Publicada en el contexto de la Biblioteca Artigas, esta edición rinde homenaje a la contribución del autor a la historiografía nacional y su labor en la reivindicación de Artigas como un símbolo de la identidad uruguaya. El libro destaca la evolución del pensamiento sobre Artigas y su impacto en la construcción de la nacionalidad uruguaya entre 1850 y 1920.

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Ju An E. P IV El D Evoto: E La Leyenda Negra Al Culto Artiguista

La obra 'De la Leyenda Negra al Culto Artiguista' del Profesor Juan E. Pivel Devoto compila una serie de artículos sobre la figura de Artigas, analizando la leyenda negra y el surgimiento del culto artiguista en Uruguay. Publicada en el contexto de la Biblioteca Artigas, esta edición rinde homenaje a la contribución del autor a la historiografía nacional y su labor en la reivindicación de Artigas como un símbolo de la identidad uruguaya. El libro destaca la evolución del pensamiento sobre Artigas y su impacto en la construcción de la nacionalidad uruguaya entre 1850 y 1920.

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BIBLIOTECA ARTIGAS

COLECCIÓN de CLÁSICOS URUGUAYOS


VOLUMEN 171

Juan E. P iv el D evoto

E LA LEYENDA NEGRA
AL CULTO ARTIGUISTA

I
t

Autor
Goífredo Sommavilla
Titulo
La noche de la inauguración del
monumento a Artigas en la Plaza
Independencia de Montevideo 1923
Fragmento.
técnica
Óleo sobre tela.
Dimensiones
110 x 70 cm
Colección
Presidencia de la República. Museo de
la Casa de Gobierno Edificio
Independencia.
. f
DE LA LEYENDA NEGRA
AL
CULTO ARTIGUISTA

I
PRESID EN TE DE LA REPÚBLICA
JORGE BATLLEIBAÑEZ

M inisterio de E ducación y C ultura

BIBLIOTECA ARTIGAS
Art. 14 de la Ley de 10 de agosto de 1950

COMISIÓN EDITORA

JOSÉ AMORÍN BATLLE


Ministro de Educación y Cultura

ABELARDO M. GARCÍA VIERA


Director del Archivo General de la Nación
Centro de Difusión del Libro

RAÚL VALLARINO
Director de la Biblioteca Nacional

ENRIQUE MENA SEGARRA


Director del Museo Histórico Nacional

COLECCIÓN DE CLÁSICOS URUGUAYOS


Vol. 171
Juan E. Pivel Devoto
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA
CENTRO DE DIFUSIÓN DEL LIBRO
Director de División: Alfredo Coirolo
Diagramación. composición y
corrección de textos: César Dodino Osvaldo Buruzangaray
María Julia Ardao Ma. Beatriz Eguren de Olió
Fernando Parodi Jorge Ardao
Cuidado de la edición: A. M. García Viera
%
JU A N E. P IV E L DEVOTO

DE LA LEYENDA NEGRA
AL
CULTO ARTIGUISTA

Prólogo de
GONZALO AGUIRRE

MONTEVIDEO
2004
PRÓlJOGO

La edición de esta obra del Profesor Juan E. Pivel


Devoto, intitulada “De la Leyenda Negra al Culto
Artiguista ”, viene a llenar una doble y elevada finalidad.
En primer lugar, reúne y da forma definitiva a una larga
serie de artículos que, con el título referido, su autor
publicó en el semanario “M archa”, desde junio de 1950
a febrero de 1951.

El Profesor Pivel Devoto nunca había unificado


estos artículos tras su publicación en aquellas páginas
periodísticas de medio siglo atrás, porque, en verdad, se
trata de un estudio inconcluso. En él está bien perfilada
-y casi exhaustivamente documentada- la leyenda negra
sobre nuestro Procer. Pero el nacimiento y el desarrollo
del culto artiguista recién se está gestando y afianzando,
cuando el historiador interrumpió su formidable investi­
gación al principiar la década de 1880, que alumbró la
notable reivindicación de Artigas por Carlos María
Ramírez.

Era intención de Pivel Devoto, sin embargo, com­


pletar su tarea y analizar la consolidación del culto
artiguista en las primeras tres décadas del siglo XX,
reuniendo luego en un volumen todos sus artículos, pues
su secuencia lógica y cronológica permitía hacerlo. Sus

IX
Prólogo

múltiples afanes y trabajos le impidieron concretar su


propósito. Ahora, con la publicación de esta edición, se
cumple parcialmente la voluntad del esclarecido ciuda­
dano.

En segundo término, con este volumen, el centési-


mo septuagésimo primero de la "Biblioteca Artigas. Co­
lección de Clásicos Uruguayos”, se rinde homenaje a
quien fuera el creador de esta colección, que constituye
una de sus contribuciones más importantes a la cultura
nacional.

"De la Leyenda Negra al Culto Artiguista” es,


como todas las obras de su autor, el fruto de una ímproba
labor de investigación, que la constituye en fuente obje­
tiva e insuperable de conocimiento de nuestro pasado, en
el área y en el tiempo que el libro exhuma y estudia. Revela,
además, al gran escritor que Pivel sin duda fue, condición
aún no valorada.

Su estilo es diáfano y directo, despojado de ampu­


losidades y de palabras flamígeras. No es el suyo el tono
apocalíptico. Domina con soltura, al decir de Aníbal
Barbagelata, el difícil lenguaje fácil. En sus frases, gene­
ralmente breves, los conceptos fluyen claros, de los
sustantivos y verbos apropiados. Le huye, en cambio, a los
adjetivos, muchas veces innecesarios. En consecuencia,
su lectura resulta amena, a pesar de la erudición y de la
hondura conceptual que rezuman en ésta como en todas
sus obras.

X
Prólogo

El libro que prologamos no es solamente un exhaus­


tivo repaso de cuantas opiniones se vertieron sobre Artigas
desde la aparición del libelo de Cavia, en 1818, hasta 1882.
No es únicamente la insaciable curiosidad del investigador
lo que determinó a Pivel escribir este ensayo. Es que, a
través del debate sobre la personalidad y la ejecutoria de
Artigas, el historiador va descubriendo la creación y la
consolidación de la conciencia nacional durante las
primeras siete décadas de nuestra vida institucional.

Ello se advierte, nítidamente, en la exposición que


en esta obra se realiza respecto a la evolución del pensa­
miento de José Pedro Ramírez sobre A rtigas y las razones
que determinaron el surgimiento de nuestra nacionali­
dad. En 1863, el joven redactor del El Siglo veía al
personaje con bastantes más sombras que luces, domina­
do por la deformante influencia familiar -Ramírez era
nieto del porteñísimo Julián Alvarez- y por la versión
unitaria y bonaerense de la historia rioplatense. En 1879,
el apasionado polemista del Ateneo ya había comprendi­
do la grandeza de Artigas y dominaba las claves de su
pensamiento independentista y republicano. Sus accio­
nes, pues, las enfoca correctamente, a través de esa óptica.

"De la Leyenda Negra al Culto Artiguista" tiene,


entonces, una virtud inestimable: la de hacernos entender
que la veneración por Artigas, en la que nos criamos y
educamos los uruguayos del siglo pasado, no es el fruto
de una discutible idolatría patriotera sino la consecuen­
cia ineludible de los múltiples esfuerzos que nuestros
antepasados hicieron exitosamente, entre 1850 y 1920,

XI
Prólogo

por conocer el glorioso pasado del que emergió el Uru­


guay como nación independiente.

Del conocimiento de dicho pasado, que Pivel De­


voto tanto nos enseñó, es que inexorablemente surgió la
grandeza de Artigas y la formidable proyección histórica
de su figura y de su pensamiento.

Era intención de Pivel, según ya hemos expresado,


completar su estudio, que quedó interrumpido con el
análisis del “Juicio crítico del Bosquejo Histórico de la
República Oriental del Uruguay por el Dr. D. Francisco
A. Berra ” por Carlos María Ramírez. publicado en Bue­
nos Aires, en enero de 1882,. Consiguientemente. Pivel no
completó el estudio de la reivindicación del procer por
este gran polemista y escritor, principiada con palabras
que enaltecen la honestidad intelectual del autor: "No
pertenezco a la secta de los idólatras del General Artigas ",
a lo que añadió: "Estoy ligado por mis tradiciones de
familia a los enemigos del soberbio caudillo. "

Como es sabido, Carlos María Ramírez agregó


luego, a su primer aporte sobre Artigas, los artículos
periodísticos en lo que refutó magistralmente -en 1884-
los desaforados ataques del diario bonaerense "Sud
América " al procer, debidos a la pluma galana de Vicente
Fidel López. A todo ese material le dioforma de libro, bajo
un título que, en su laconismo, lo dice todo: "Artigas". La
importancia capital de esta obra fue justipreciada por
Pivel al reeditarla como el primer volumen de esta Colec­
ción de Clásicos Uruguayos.

XII
Prólogo

Al presente estudio sobre lo leyenda negra


artiguista, Pivel pensaba agregar -entre otros materiales
que contribuyeron a cimentar el culto del procer-, un
análisis relativo a las opiniones vertidas por Francisco
Bauza sobre Artigas, continuando con el examen de la
obra de Héctor Miranda relativa a las Instrucciones del
año XIII, de los estudios de Pablo Blanco Acevedo parti­
cularizando en “El Federalismo de Artigas ”, así como del
"Alegato Histórico” del Dr. Eduardo Acevedo y de "La
Epopeya de Artigas ”, obra que el gobierno del Presidente
Williman encomendara al “Poeta de la Patria ” don Juan
Zorrilla de San Martín.

Todo ello quedó en proyecto, cuyas huellas se


pueden apreciar en diversos y enjundiosos estudios dis­
persos sobre los autores citados, que Pivel realizara en
distintas oportunidades.

Era su propósito, también, acompañar esta obra


con notas de referencias bibliográficas que, por fortuna,
se agregan en la presente edición, realizadas bajo las
directivas del Director del Archivo General de la Nación
A. M. García Viera, sobre indicaciones que le hiciera el
propio Prof Pivel, contando con un selecto equipo de
colaboradores, además del invalorable apoyo de la Prof.
María Julia Ardao.

La presente obra, que podemos considerar como


maestra de la historiografía nacional, se suma al tríptico
de sus obras ya clásicas, "Raíces Coloniales de la Revo­
lución Oriental de 1811”, "Historia de los Partidos Po-

XIII
Prólogo

líticos en el Uruguay ” y su ensayo sobre Francisco


Bauza.

Como culminación del proceso de reivindicación


de A rtigas, no puede faltar la mención a la obra que en este
sentido realizó el propio Profesor Pivel Devoto, puesta de
manifiesto en sus clases magistrales, en diversos ensayos,
discursos y conferencias, y desde los diversos cargos en
que le tocó actuar, como Director del Museo Histórico
Nacional, como miembro del Concejo Departamental de
Montevideo y su invalorable labor en el Archivo Artigas.

La actuación docente de Pivel estuvo signada por


medio siglo de dictar clases a diario, en diversos Institutos
públicos y privados de Enseñanza Secundaria, en el
Instituto de Profesores Artigas y en Academias Militares
desde la década de 1930 hasta comienzos de la década de
1980, trasmitiendo en el curso de Historia Nacional su
devoción a nuestro héroe como fundador de la Naciona­
lidad Oriental y procer de la Independencia Americana.

Medio siglo dedicó también a su labor en el Archi­


vo Artigas, obra monumental que culmina en forma defi­
nitiva el proceso de reividicación de la memoria del
caudillo. Por iniciativa del Senador Gustavo Gallinal, se
promulgó la ley que creó la Comisión Nacional Archivo
Artigas, en el año 1944. Pivel pasó a integrar esta Comi­
sión. en su carácter de Director del Museo Histórico
Nacional, desde sus mismos inicios. Y mas tarde presidió
la misma, por espacio de más de dos décadas. Él fue quien

XIV
Prólogo

estructuró el plan en series de la publicación y a su


sabiduría, tenacidad e infatigable capacidad de trabajo
se ha debido la continuidad de esta obra. Son de su
autoría enjundiosos estudios incluidos como "Adverten­
cias" en numerosos tomos.

"Raíces Coloniales de la Revolución Oriental de


1811", publicada en 1952, es, precisamente, la versión del
estudio que prologa el volumen 111 del Archivo Artigas.
Y que culmina con la siguiente semblanza del procer: "Por
su austera sencillez, su devoción por los fueros y las
exigencias locales, que encontraban eco en su aldeano
corazón aragonés, Artigas se nos aparece en el ocaso del
régimen colonial como el último español. Y por el amor a
la tierra en que había modelado su alma taciturna, su
irrefrenable y selvática ansia de libertad, como el primer
criollo del pago en que nació".

Pivel llevaba muy dentro de sí una sólida convic­


ción: reivindicar al caudillo y al caudillismo como expre­
sión social y política trascendental en la historia de
nuestra sociedad. Años más tarde, al prologar en 1966 la
polémica sostenida entre el Ministro del Gobierno de la
Defensa, Manuel Herrera y Obes, y el Ministro de Gobier­
no del Cerrito, Bernardo Prudencio Berro, sobre "El
caudillismo v la Revolución Americana", seleccionada v
9/ *

cuidadosamente publicada por él en esta Colección de


Clásicos Uruguayos, Pivel expresaba al respecto:

"El caudillismo aparece en América como expre­


sión social y política en la etapa postrera del régimen de

XV
Prólogo

Indias, al producirse la crisis originada por la acefalía de


la Corona española. La revolución se inició, salvo excep­
ciones, en las ciudades, en los centros urbanos en los que
residía la autoridad delegada del monarca. En ese esce­
nariofue donde los dirigentes e ideólogos del movimiento,
comenzaron a difundir nociones sobre la soberanía popu­
lar y el derecho de los pueblos a gozar de su libertad.
Cuando la reacción, protagonizada por los absolutistas
del viejo régimen, opuso vallas al impulso renovador y
obligó a improvisar ejércitos para la lucha; cuando fue
necesario crear una pasión colectiva; cuando los concep­
tos políticos comenzaron a prender en el seno de la
opinión inexperiente; cuando las masas irrupieron en la
escena pública manejando esos conceptos sin noción
cabal de su contenido, apareció en el proceso revolucio­
nario, como intérprete y orientador de los sentimiento
populares, la figura dominante del caudillo. Muchas de
las manifestaciones más típicas y representativas de la
vida de los pueblos de América tienen definida y clara raíz
hispánica. El tipo de caudillo de la revolución americana,
el de las guerras civiles que fueron su secuela, el que
precipitó la formación del espíritu nacional, reconoce su
antecesor en el caudillo español de la conquista. Por la
acción de intrépidos caudillos América fue incorporada
a la Corona de Castilla. Tres siglos después, por la
militando de personajes de rasgos muy semejantes, porta
influencia de los caudillos criollos, los reinos de Indias
fueron segregados del dominio español y convertidos en
repúblicas independientes. La figura del caudillo emerge
en la escena de la más remota tradición hispánica. Sus
deberes y cometidos y las circunstancias particulares en

XVI
Prólogo

que debía llenarlos fueron determinados por Alfonso el


Sabio. En distintos pasajes, que trasladamos al castellano
de nuestros días, las Partidas tratan del caudillo y de su
misión tuteladora."

Luego de analizar la etimología de la voz caudillo


y las características del caudillismo en España y en
América, agrega:

"La revolución puso en libertad energías vitales


contenidas en el seno de un sociedad embrionaria y de una
naturaleza pródiga. El caudillo de masas, llamado a
sublevar pueblos y a comandar ejércitos, a unificar esas
energías y sentimientos, apareció en nuestra historia, con
todos sus atributos, el día en que Artigas furproclamado
Jefe de los Orientales "para el orden militar que necesi­
tábamos", valga la expresión de la época. El día en que
fue ratificado el tratado de pacificación suscrito entre el
gobernador Elío y las autoridades de Buenos Aires, el
pueblo oriental librado a su destino por obra de esas
estipulaciones, celebró el pacto de su organización social
*

y se lanzó a la aventura del Exodo conducido por Artigas. "

"Desde el momento de su elevación al primer plano


de la lucha para darle a la revolución del Río de la Plata
un carácter popular y un contenido social y político, se
cierne sobre Artigas el juicio de una temprana "leyenda
negra": se le pinta como un rebelde, rodeado de indios, de
gauchos y de gente perdida, para sembrar la anarquía. La
clase dirigente, que había entrado a la revolución consi­
derándose heredera de derechos provenientes del viejo

XVII
Prólogo

régimen sobre el destino de los pueblos, decretó el des­


prestigio de Artigas desde 1812. El envolvía también el
desprestigio de la revolución popular y democrática, el
juicio condenatorio sobre la persona del caudillo, su
descalificación política y moral. El Bando expedido con­
tra Artigas por el Director Gervasio A. Posadas el 11 de
febrero de 1814 y el panfleto de Pedro Feliciano de Cavia
auspiciado por el Director Juan Martín de Pueyrredón en
1818, señalan ¡as etapas de esa propaganda con la que se
intentó formar una conciencia intelectual contra Artigas
y su sistema."
"En 1815, cuando Bartolomé Hidalgo en sus Octa­
vas Orientales evoca los sacrificios del pueblo en los días
*

del Exodo, dice: "Su caudillo lo guía animoso". La voz


caudillo está aplicada aquí en su acepción tradicional.
Pero ya en esa época se la usaba con intención peyorativa
cuando se quería distinguir con ella al jefe de un movi­
miento popular. La reacción española, los propios diri­
gentes directorialistas y el unitarismo que recogió su
ideario después de 1820, difundieron la expresión caudi­
llo y caudillismo con un sentido condenatorio".

El Profesor Juan E. Pivel Devoto fue figura


notabilísima del quehacer nacional. Su enorme aporte a
nuestra sociedad tiene una triple dimensión, de sen ’idor
del Estado, historiador de relevantes facetas y político de
principio insobornables.

Como sen idor del Estado lo hemos calificado y


bien que se ganó, como nadie, ese juicio sobriamente

XVIII
Prólogo

encomiástico. Sesenta y dos años pasaron desde su modes­


ta iniciación administrativa, en 1928, hasta su retiro de
la Presidencia del CODICEN, en 1990, cargo, este último,
qur había aceptado en 1985 a pedido del Presidente de
la República Julio María Sanguinettiy de Wilson Ferreira
Aldunate.

El gesto definió al hombre y al patriota. En la hora


en que la nieve de los años había tenido sobrado tiempo
para agostar sus energías y en que las inevitables amar­
guras de la vida, lo mismo en el orden político que en el
privado, le hubieran indicado a otros el camino del
reposo, él prefirió servir al país, jugar una vez niás su
destino de combate y penetrar sin hesitaciones al campo
de Agramante que en aquella años todavía cercanos era
la enseñanza pública.

Y todo ello con el aditamento casi asombroso de


que, retirado formalmente de la función pública en dicho
año de 1990, a la que había servido sin un día de tregua
desde que -designado en modestísimo cargo por el Presi­
dente Campisteguy- comenzara a ordenar el archivo del
Libertador Lavalleja, privado ya de toda posición oficial,
octogenario y debilitado por múltiples achaques, seguía
concurriendo a diario al Archivo General de la Nación,
sin importarle un ardite que abrasaren los soles ardientes
del verano ni que azotaren los gélidos vientos invernales.

Allí, en cumplimiento, de una vocación irrenuncia-


ble y hasta que en agosto de 1994 sufrió un quebranto
mayor de salud, continuaba realizando tareas de investi-

XIX
Prólogo

gación y con el grupo de sus colaboradores preparaba


nuevos tomos del Archivo Artigas.

Había nacido en Paysandú el 22 de marzo de 1910.


Confidente y consejero de Caudillos y Presidentes, supo
dialogar con hijos de guerreros de la independencia -
como Eugenio Garzón-, con revolucionarios del Quebra­
cho y hasta con la eterna novia de Julio Herrera y Obes,
Elvira Reyes. Atesoraba así, un cúmulo inigualable de
recuerdos y conocimientos, que volcaba en una conversa­
ción cautivante.

Fijó como una de sus principales metas la conso­


lidación y defensa de nuestra identidad nacional, enca­
minando en este sentido su labor docente, su actuación
pública y su obra histórica.

En siete décadas de incesante batallar, no acumu­


ló riquezas. A él le sobraba con sus galas espirituales, por
cierto esplendorosas. Quienes tuvimos el previlegio de su
trato señorial y recibimos, por fuera de la docencia formal,
-que fue otra de sus nobles pasiones-, sus fecundas ense­
ñanzas, jamás lo olvidaremos.

Gonzalo Aguirre Ramírez

XX
BIOGRAFÍA DE
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Nació en Paysandú el 22 de marzo de 1910, hijo de


Juan Pivel y Laura Devoto. En 1919 se radicó con su
familiaen Montevideo. Interrumpió sus estudios univer­
sitarios en la Facultad de Derecho para dedicarse a la
investigación histórica. En 1942 contrajo matrimonio con
Alcira Ranieri. Tuvo dos hijos: Juan Pablo y Laura y
cuatro nietos Florencia Pivel Fernández, Cecilia, Andrés
y María Alejandra Gómez Pivel.-

A los veintidós años inició la publicación de sus estu­


dios históricos.

En 1932 apareció «La Misión de Nicolás Herrera a Río de


Janeiro».

En 1933: Contribución documental sobre nuestras rela­


ciones diplomáticas y comerciales con la Gran Bretaña;
«Los Corsarios de Artigas en nuestros anales deplomáticos»;
«La misión de Francisco J. Muñoza Bolivia»; «Biografía de

XXI
Prólogo

los Ministros de Relaciones Exteriores»: «General Fructuo­


so Rivera»: «Juan Giró». En 1937 «El CongresoCisplatino»
y «El Instituro Histórico y Geográfico Nacional». «Las
Imprentas Históricas que estuvieran al servicio de la causa
de la Independencia» (1940). «El proceso de la Independen­
cia Nacional» (1941). «Historia de los Partidos Políticos en
el Uruguay 1828-1897» (1942). «La Diplomacia de la Patria
Vieja» en colaboración con Rodolfo Fonseca Muñoz (1943).
«Historia de la República Oriental del Uruguay 1830-1930»
en colaboración con Alcira Ranieri de Pi vel Devoto» (1945).
«Uruguay Independiente» (1949). «Las ideas políticas de
Bernardo P. Berro» (1951). «Raíces Coloniales de la Revolu­
ción Oriental de 1811»(1952). «El fin de la Guerra Grande»
(1953). «Historiade los límitesdel Río Uruguay» (1953). «Las
ideas constitucionalesdel Doctor José Ellauri» (1955). «His­
toria de los Partidos Políticos y de las Ideas Políticas 1828-
1838» (1956). «La casa del Cabildo de Montevideo y la
tradición de la ciudad» (1959). «Semblanza de Manuel Ori­
be» (1963). «La Junta Montevideana de 1808» (1963). «La
conservación de los Monumentos Históricos Nacionales»
(1967). «Francisco Bauza, Adal id de la Nacionalidad» ( 1968).
«La Isla Martín García» (1969). «La colonización en el
Uruguay 1830-1876» (1972). «Ladelimitación del Ríodela
Plata» (1972). En ese año realizó una exposición en el Senado

XXII
Prólogo

de la República sobre la «Jurisdicción Internacional de las


aguas del Río de la Plata», en 1973. «La Isla Martín García y
Timoteo Domínguez» (1973). «La Epopeya Nacional» en
colaboración con Alcira Ranieri de Pi vel Devoto( 1975). «La
Revista Histórica, su aporte a la Cultura Nacional» (1978).
«Los Bancos, Contribución al estudiode la Historia Econó­
mica del Uruguay» (Tomo I, 1976; Tomo II, 1979). «La
Amnistía Políticaen laTradición Nacional» en colaboración
con Alcira Renieri de Pivel Devoto (1984).

Numerosos estudios fueron publicados en la prensa


periódica: Semanario «Marcha», «Cuadernos de Marcha»
desde la pri mera época; la Revista Económica; prólogos a los
volúmenes de la Colección de Clásicos Uruguayos, al Archi­
vo Histórico Diplomático, a la Colección de Documentos
para la Historia Económica y Financiera de la República
Oriental del Uruguay, a los tomos del Archivo Artigas, a
obras diversas, muchos de los cuales revisten singular
importancia por su agudo sentido interpretativo o por las
noticias que aportan para el esclarecimiento de aspectos
desconocidos de nuestro proceso histórico: Destacamos
«De la Leyenda Negra al Culto Artiguista», «La Revolución
Tricolor», «Las Invasiones Inglesas», «La Independencia
Nacional», «El Parnaso Oriental», «Los poetas del Parnaso»,

XXIII
Prólogo

«El Exodo del Pueblo Oriental y la tradición nacional», «La


evolución del juicio histórico sobre el pensamiento de
Artigas», «El caudillismo y la revolución americana».-

A ésta labor historiográfica se suma la de editor de


importantí-simas publicaciones, la Revista Histórica, la Co­
lección de Autores Clásicos Uruguayos, la Colección de
Clásicos de la Literatura Universal y el Archivo Artigas.-

ParalelamenteaestaLabordeinvestigadory publicista,
desempeñó importantes cargos públicos: Director del Mu-
seo Histórico Nacional 1940-1982; Concejal de Montevideo
1955-1959;PresidentedelSODRE 1959-1963; Ministro de
Instrucción Pública y Previsión Social 1963-1967; Presiden­
te de la Administración Nacional de Enseñanza Pública
(ANEP) 1985-1990.

Agente Confidencial con rango de Embajador ante el


Gobiemodel Paraguay,(1960). Embajadoranteel Vaticano
en ocasión del Concilio Ecumérico, (1962), Embajador Ex-
traordinarioy Ministro Plenipotenciarioen Misión Especial
ante el Gobiemodel Perú (1963), Presidente de la Delegación
del Uruguay a la Conferencia General de la UNESCO (Paris,
1964), Delegación que ya había ¡ntegradoen 1960, Presiden-

XXIV
Prólogo

te de la Delegación del Uruguay a la Conferencia de Minis­


tros de Educación (Bogotá, 1963), Presidente de la Delega­
ción del Uruguay a la Conferencia con vocada por la UNESCO
y la CEPAL sobre problemas de la educación en América
(Buenos Aires, 1966), Invitado a la Mesa Redonda sobre el
Movimiento Emancipador de Hispano-América, organizado
por la Comisión de Historia del Instituto Panamericano de
Geografía e Historia (IPGH) (Caracas, 1960). Fue convocado
al Senadode la República en varias oportunidades declinan­
do al cargo.-

En el transcurso de su larga trayectoria actuó en


numerosísimas Comisiones en el ámbito Nacional como
Municipal.-

Promovió la restauración de numerosos edificios histó­


ricos, obras que impulsó desde el Ministerioen 1967,ycomo
integrante de la Comisión del Patrimonio Histórico Artístico
y Cultural de la Nación de la que fué su segundo Presidente
1970.-

Por su obra histórica obtuvo en 1934 el Premio del


Ministeriode Instrucción Pública. En 1940 le fue discernido
el Premio «Pablo Blanco Acevedo» por su obra «Historia de

XXV
Prólogo

los Partidos Políticos en el Uruguay. En 1969 le fue otorgado


el Premio Nacional de Literatura y en 1993 el Gran Premio
Nacional a la Labor Intelectual.- Fue Profesor de Historia
Nacional y Americana en el Instituto de Profesores «Artigas»,
en el Instituto «José Batlle y Ordoñez», en el Instituto
«Alfredo Vázquez Acevedo», en el Instituto de Estudios
Superiores en la Escuela Militar y en diversos Institutos
privados. En la Escuela Naval dictócursos sobre la Historia
Internacional del Uruguay. Profesoren los cursos de verano
de la Universidad de la República en Montevideo y en las
Semanas Universitarias organizado por la Universidad
t
de la
República en el interior del país. En 1959 dictó un curso de
Post Grado en la Universidad de la Plata (República Argen-
ti na). Dictó numerosas conferencias en el país y en el exterior
tanto en América como en Europa.

Falleció en Montevideo, el 11 de febrero de 1997.-

XXVI
CRITERIODELA EDICIÓN

Para la presente edición De La Leyenda Negra al Culto


Artiguista nos hemos valido de la versión publicada en el
semanario "Marcha", editado en Montevideo, Año XII;
23 y 30 de junio, 7,21 y 28dejuIio, 8, 15 y 23 de setiembre,
6 de setiembre [correspondiendo a 6 octubre] 13 y 27 de
octubre, 17 de noviembre, Io y 8 de 1950, Año XII; 2 de
febrero de 1951, Nos. 532,533,534,536,537,543,544,545,
547,548,550,553,555,556, y 563.

Se realizó la corrección délos errores tipográficos como


asi mismo el cotejo de fuentes y se le han agregado notas
al pie de página individualizando dichas fuentes de
acuerdo a las directivas dadas por el Prof. Pi vel Devoto al
suscrito. Contando con la colaboración de María Beatriz
Eguren de Oliú y Femando Parodi.

La presente edición contiene un Apéndice con dos


trabajos del autor vinculados al tema: «Mitre y Artigas, Un
documento inédito», publicado en el semanario "Marcha"

XXVII
Prólogo

y el Prólogo a «La Epopeya de Artigas» de Juan Zorrilla de


San Martín, publicadoen la «Biblioteca Artigas - Colección
de Clásicos Uruguayos»-, volumen N° 37, Montevideo,
1963.

Junto al comentario que el Prof. Pivel Devoto realizara


del documento de Mitre, se publicad mismo cotejado con
los originales existentes en el Museo Mitre de Buenos
Aires.

Abelardo M. García Viera

xxvm
DE LA LEYENDA NEGRA
AL
CULTO ARTIGUISTA
I

Cuando Artigas se retiró del Río de la Plata en el que


dejó triunfante el ideal de la organización republicana y
de la soberanía particular de los pueblos, dominaban en el
escenario de sus luchas las palabras estridentes del panfle­
to de Pedro Feliciano Cavia, "El Protector Nominal de los
Pueblos Libres".1
Vencedor en el terreno ideológico. Artigas vio eclipsar
su hegemonía política ante el reclamo de sus tenientes que
con las provincias que acaudillaban, se creyeron en un
grado de madurez reñido con el Protectorado, al tiempo
que los últimos hechos de armas en la resistencia contra
la invasión portuguesa, señalaban el ocaso del poderío
militar del jefe de los orientales.
Desde ese momento, todos aquellos motivos de pasión
personal y colectiva que la lucha había engendrado, servi­
rían para nutrir los juicios de la "leyenda negra anti-

1. "El Prolector Nominal de los Pueblos Libres D. José Artigas


clasificado por El Amigo del Orden", Buenos-Ayres, Imprenta de
los expósitos, 1818.

I3 |
JUAN E PIVEL DEVOTO

artiguista". La clase culta del Río de la Plata que, salvo


excepciones, entró a la revolución de 1810 sin sospechar
las alteraciones del orden social que ella traería, así como
los otrora ricos hacendados de la campaña oriental que
auspiciaron la gran protesta rural de 1811, a la que Artigas
dio un contenido ideológico contrario a sus intereses, no
perdonarían por largo tiempo al "caudillo tumultuario", que
al declarar a estos pueblos "en el goce de sus derechos
primitivos" los iniciara en la verdadera revolución, cuyas
inevitables manifestaciones anárquicas fueron desde en­
tonces señaladas como sello característico de lo que se dio
en llamar "los tiempos de Artigas".
La brusca irrupción de las multitudes en la vida pública,
mediante los renovados ensayos de Artigas para arraigar el
sistema representativo; la aplicación efectiva del principio
de la igualdad entre los hombres; la aparición de los caudi­
llos, fruto natural de una revolución que al exaltar los
valores humanos no podía sustraerse al influjo de las
individualidades poderosas, así como los quebrantos ma­
teriales inherentes a una tan radical mudanza, fueron otros
tantos motivos de que se valieron los "hombres del orden"
para deformar los verdaderos rasgos de una época que la
crónica de los documentos palaciegos se empeñó en des­
cribir con tintes sombríos.
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

"Mis paisanos no saben leer", había respondido Arti­


gas a un viajero que le preguntó acerca de si contestaría la
tremenda requisitoria de Cavia con que el Gobierno de
Fueyrredón se propuso infructuosamente crear una pasión
colectiva contra su persona. En el ejercicio de su infatigable
docencia política, Artigas, que había adoctrinado a los
pueblos con hechos, no contó con el auxilio invalorable de
la imprenta de que se sirvieron sus adversarios, sino para
quebrantar su influencia entre las multitudes del litoral
"que no sabían leer", para envenenar las fuentes de la his­
toria que habían de escribir los letrados o para satisfacer la
avidez de los incautos viajeros que excepcionalmente pe­
netraban más allá de las ciudades donde el antiartiguis-
mo tuvo su baluarte.
En los documentos oficiales de Montevideo, ca­
racterizados desde 1817 por un tono cortesano de que
estuvo por cierto exenta la literatura artiguista, comenzó
a hablarse de la "tiranía doméstica" que habían soportado
estos pueblos durante el período de la Patria Vieja.
En 1822 un núcleo de dirigentes de Montevideo, apro­
vechando la coyuntura que se creyó ofrecería la indepen­
dencia del Brasil para que la Provincia Oriental pusiese
término a la dominación portuguesa, salió de la penumbra
de las logias para lanzarse en busca de la libertad.
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Los partidarios de la anexión al Imperio, empeñados en


que no se avivase la llama revolucionaria de otros tiempos,
se propusieron demostrar cuán funesta había sido esa
libertad, a la que con intención difamatoria asociaban el
nombre de Artigas. Para desnaturalizar los hechos y el
carácter de la revolución oriental usaron de todos los
recursos que les prestaba la dialéctica. Haciéndose intér­
pretes de sentimientos que atribuían a hombres del pueblo,
circularon entre otros impresos el "Cielito" de un "blan­
dengue retirado" cuyas lamentaciones decían:

"Sarratea me hizo cabo


Con Artigas juí Sargento,
El uno me dio cien palos
Y el otro me arrimó ciento."

"Cielito cielo que sí


Cielito del corazón
Para no pagarme sueldo
Era güeña la ración".

"A Blasito hei conocido


Y también á Encamación
Que eran Feges alentados
Para una degollación", etc.-2

2. Biblioteca Nacional, Montevideo. Materiales Especiales,


Carpeta: "Documentos Históricos. 1821-1823", Armario N° l.

[6 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Igualmente distantes de lo más esencial del pensa­


miento artiguista estaban en 1822 y 1823 los "Caballeros
Orientales" y los que junto a Lecor formaron parte de la
"Logia Imperial" de Canelones. Mientras estos últimos
esparcían por los campos "cielitos" difamatorios y
expresaban que la Provincia Oriental nunca había sido
"menos feliz que en la época de su desgraciada independen­
cia"3, Santiago Vázquez publicaba en uno de los periódicos
que desde Montevideo alentaban la revolución, un ensayo
interpretativo de los sucesos de 1811 en el que presentaba
a Artigas con tintas que decoraban al personaje con si­
niestra grandeza.
Se refiere el cronista a los acontecimientos originados
por el tratado de pacificación del 20 de octubre de 1811 y
expresa a propósito del Regimiento de Blandengues: "José
Artigas, coronel de aquel regimiento, gefe de las milicias,
héroe de la brillante jomada de Las Piedras, oriental entu­
siasta, declarado protector de la emigración, se considera­
ba generalmente como el asilo de la esperanza, y el go­
bierno de Buenos Aires le dio un título de legitimidad que él
se había resuelto a no necesitar. Mientras cada patriota

3. C arta de Fructuoso R ivera a l Cabi Ido de Montevideo, 19 de ju n io


dé 1823. M iseoH istórioo N acional, Montevideo, Archivo y B ib lio teca
" P ab lo B lanco A cevedo", C o le c c ió n d e M a n u sc rito s, L ib ro 39.
JUAN E. PIVEL DEVOTO

luchando con el infortunio dirigía la ansiosa vista hacia el


gefe de los orientales, como el náufrago a la tabla, mien­
tras sus virtudes y crédito parecían un garante seguro de
la confianza pública. Artigas fraguaba en su imaginación
ardiente los rayos que habían de lanzarse desde las inme­
diaciones del Río negro y encender el fuego destructor
que iba a asolar a la desgraciada Banda Oriental".4
"Desde aquella época fatal, -agrega Vázquez- fue que el
caudillo se propuso sacar provecho del conflicto de los
orientales, para asentar no los sólidos cimientos que la
fortuna pródiga le presentaba para el edificio de su eleva­
ción , no para organizar una fuerza precursora de la Iibertad
de la provincia, no para servir de columna a la adminis­
tración de la capital que amenaza con su ruina la de la causa
pública, sino para desmoralizar a la multitud, romper todos
los vínculos sociales, destruir las fortunas, atacar todos los
principios de la civilización, autorizar todos los crímenes y
hacerse dueño de los hombres rebajándolos, hasta el último
grado de la corrupción y la ignorancia; bajo y tímido por la
conciencia de su pequenez para elevarse al primer rango en
el sistema de las luces, quiso apartarles de ella, humillarlos,
separarlos del resto del universo para que distantes de la

4. Publicado en "El Ciudadano", Tomo I. N° 8. Montevideo.


20 de julio de 1823. pág. 34, cois. 1 y 2.
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

esfera de la sociabilidad perteneciesen a un círculo exclu­


sivamente suyo; destrucción de propiedades, protección
de toda licencia eran los exes de esta máquina maravillosa
que parece exceder los límites de la naturaleza."5
Narra luego el episodio de la emigración de 1811 hasta
entonces no recogido en crónica alguna, al que presenta
como resultado del terror con que los satélites de Artigas
presionaron a los pobladores de la Banda Oriental. "Arti­
gas, en medio de los blandengues y de los patriotas más
ardientes o menos embarazados supo elegir con perspi­
cacia a los que acaso dotados de un corazón sencillo, eran
más capaces de llevar al extremo el fanatismo político y
cometer toda clase de excesos por el bien de la Patria
y a los que de mucho tiempo estaban embriagados en la
corrupción y enfurecidos en el crimen, y, oído de todos
como un oráculo, nombró sus procónsules o visires y los
derramó en todas direcciones con escogidas escoltas a dar
cumplimiento a sus feroces instrucciones".6 Fue entonces,
según la crónica apasionada de Vázquez, que Artigas se
dirigió a sus Tenientes para expresarles: "Id,-les dijo en
su idioma- convidad a los pueblos a que me si-gan, auxiliad
a la emigración, y haced todo el mal posible a los que no

5. Publicado en "El Ciudadano", cit. en llamada N° 4.


6. Idem. pág. 34, col. 2.

I9 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

quieren adoptarla; traed quanto podáis, y acabad el resto;


talad, destruid, quemad, porque quanto queda atrás de mi
es mi enemigo, es decir, no sólo los hombres, si-no los
ancianos, los niños, las mugeres, las haciendas, las casas y
hasta los pastos y las aguas, todo es vuestro y la Patria
fugitiva os manda gozarlo, o destruirlo"7. "Tal fueel decreto
de exterminio que tantas lágrimas y sangre y luto ha
costado a la Banda Oriental; como los lobos o tigres
hambrientos a la vista de la presa así se lanzaron aquellos
caudillos sobre los pueblos y campañas; la violencia, el
robo, la muerte los acompañaba, la sangre, la desolación y
el terror marcaban sus pisadas, así al volver ellos de su
comisión Artigas se vio rodeado de diez mil almas".89
Artigas, "el viejo de la montaña" "se vio rodeado de diez
milalmas"g,diceelapasionadocronistadel Exodoquien, no
obstante la deformación de los hechos en que incurre,
aporta en la propia pasión que sella sus palabras, rasgos y
detalles que permiten restaurar la prístina grandeza del
episodio.
Al linaje de estos escritores públicos pertenecían tam­
bién los letrados de la época que cuando redactaban alega­
tos, para dar fuerza a sus razones decían de la pasada

7. Publicado en "El Ciudadano", cit. en llamada N° 4.


8. Idem. pág. 34, col. 2.
9. Idem.

I 10 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

historia de esta tierra que ninguna había "sido más penosa,


ni más triste, ni más acerba ni llena de sobresaltos que
aquella en que los prosélitos de Artigas armados de teas y
puñales paseaban el terror y la muerte de un extremo a
otro de la campaña".10
El quietismo alcanzado por los pacificadores fue roto
por los cruzados de 1825 con la insurrección de la campaña
oriental que vino a restaurar la libertad fundada por
Artigas. Sin embargo de la clara raíz artiguista del
movimiento, sus jefes silenciaron prudentemente en los
documentos públicos el nombre de aquel caudillo para no
alarmar a los dirigentes de Buenos Aires temerosos de que
la "patriada" lavallejista reavivase lallamanoextinguidade
los ideales autonomistas. Los personajes que habían tenido
señalada actuación en el período de la Patria Vieja, unos
andaban errantes como Monterroso; otros como Miguel
Barreiro viviendo en la soledad, yen tanto que aOtorgués
no se le llegó a incorporara las filas libertadoras, se dio en
ellas un lugar menos que secundario, al bravo Andrés
Latorre. La consigna de la hora fue si no desterrar en lo
íntimo el recuerdo de una época, evitar que se encendiera la
lucha en tomo a un nombre que encamaba tantas rebeldías,

10. Oficio de Maciel da Costa a Juan Severiano. Museo Histórico


Nacional, Archivo y Biblioteca "Pablo Blanco Acevedo", libro N°
133. año 1824-1825. folio 76.

í 11 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

cuando era necesario el concurso de quienes lo habían


combatido, y abrigaban aún contra él indisimulada
adversión. De esa animosidad volvió a hacerse eco precisa­
mente en estos momentos Don Antonio Díaz, quien al recordar
el pasado de la Provincia Oriental, afirmó en la prensa de
Buenos Aires que había sido gobernada por "un caudillo
inepto, sin más sentimientos que el de la ambición".11
En plena campaña libertadora contra el Brasil mientras
algún jefe oriental anima las ruedas del vivac hablando
"sobre los tiempos desastrosos de Artigas"12, según el
testimonio de Brito del Pi no, Carlos de Al vear, avanzada del
unitarismo que revivía en estos momentos las prácticas del
Directorio, advertía a Lavalleja que su gobierno estaría
alerta, "en precaución de los síntomas que prepararon la
anarquía desde el año 12 bajo el caudillo Artigas, y que
trajeron una cadena de desgracias no sólo para la Banda
Oriental sino para la Nación entera"13. Siempre presentes
en la idea de estos hombres el personaje y su época para
exhibirlos sistemáticamente como expresiones de la
arbitrariedad personal y como la etapa más desdichada de

11. "El Piloto", Buenos Aires, 8 de junio de 1825. pág. 5.


12. José Brito del Pino: "Diario de la Guerra del Brasil". Revista
Histórica. Montevideo. 1910, Tomo III, pág. 59.
13. Publicado en "Boletín Histórico del Estado Mayor General
del Ejército", Nro. 37. Montevideo. 1949. pág. 39.

I 12 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

la vida de estos pueblos. Del mismo recurso se valieron en


1827 los componentes de una asamblea que aprobó en la
Provincia Oriental la constitución unitaria, quienes, en
trance de justificar su actitud, se dirigieron a la opinión para
recordarle que habíamos sido "el escándalo de los pueblos"
y que la anarquía nos había "hecho gemir bajo el yugo
de la tiranía doméstica".14
En la Asamblea Constituyente argentina de 1826, al
discutirse la forma de gobierno que debían adoptar las Pro­
vincias Unidas, resonó también con frecuencia el nombre
de Artigas. Unas veces por la voluntad de quienes
recordaron su ensayo federalista para combatir el sistema;
otras traído al debate por los defensores de la idea federal
para sostener con Gorriti que Artigas "no entendía lo que
ella quería decir"15o para expresar por la palabra de Cavia
que si los pueblos no habían adherido a aquel sistema, fue
por "que se vio en boca de ese hombre tan triste"16.
En esta ocasión Santiago Vázquez retrotrajo una vez
más sus reflexiones a los sucesos del pasado, recordando
con espíritu más comprensivo el hecho social que había

14. Sin cotejo de fuente.


15. Emilio Ravignani: "Asambleas Constituyentes Argentinas
1826-1827". Talleres S.A. Casa Jacobo Peuser. Tomo III. Buenos
Aires, 1937, pág. 948.
16. Idem, pág. 801.
JUAN E. PIVEL DEVOTO

sido la emigración de los orientales en 1811. "En esa época,


dice, un caudillo quedó encargado de prepararles un asilo y
una esperanza: todos los que están en actitud de marchar
fuera de la provincia y, todos los que, aunque hubiesen de
pasar por encima de grandes obstáculos, tenían bastante
alma y firmeza para hacerlo, siguieron la dirección del cau­
dillo primero entre los anarquistas: ya se ve de que prestigio
iba cercado y cómo la angustia de los que emigraban, pesa­
ba sobre el gobierno, su desgracia y las que arrastraba; ¡era
el hombre de la época!"17. Pero el mismo Vázquez agrega a
continuación que después del abandono de Montevideo
por las fuerzas de Buenos Aires, en 1815, los habitantes de
la Provincia Oriental "se vieron entregados cruelmente
a las garras del caudillo".
"¿No se sabe -dice- que era dueño de todo, y puede
decirse que hasta de los pensamientos?"18.
Mientras Dorrego, que atribuyó en el seno de la misma
Asamblea, la usurpación de la Provincia Oriental a un
tratado celebrado con el pretexto "de acabar con la anarquía
de Artigas"l9, negaba que éste hubiera sido el promotor del
movimiento federalista para él surgido en Córdoba, otros

17. Emilio Ravignani: "Asambleas Constituyentes Argentinas


1826-1827", cil., pág. 954.
18. Idem. pág. 954.
19. Idem. pág. 816.

[ 14 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

como Silvestre Blanco declaraban haber recogido la


versión de que la idea federal le había sido sugerida a
Artigas "por algunos individuos"20, "para cohonestar
ideas particulares a su fortuna o engrandecimiento"21. "El
Sr. Artigas no siguió el sistema de federación, sino el de la
anarquía y el desorden"22, afirmó a su vez el Dr. Mateo Vidal,
uno de los diputados orientales de 1813...
A través de las referencias acerca del hombre y de su
tiempo vertidas en estos debates o de las expresiones con­
tenidas en los escritos públicos y privados de la época,
surge como una realidad la atracción poderosa del nombre
de Artigas después de su alejamiento del escenario del Río
de la Plata.
En los precisos momentos en que algunos le suponían
muerto, cuando ya comenzaba a ser un personaje de leyen­
da, Artigas revive en el anhelo autonomista de los pueblos,
en el espíritu de los pactos interprovinciales y aun en las
acusaciones de sus propios detractores. Estos bajo la in­
fluencia de los intereses inmediatos atendían tan solo a lo
superficial, a lo externo del movimiento artiguista para re-

20. Emilio Ravignani: "Asambleas Constituyentes Argen­


tinas 1826-1827", cit.. pág. 871.
21. Idem, pág. 872.
22. Idem, pág. 872.

í 15 ]
JUAN E. PIVEL DEVOTO

parar únicamente en sus manifestaciones anárquicas, sin


llegar a penetrar en la esencia y menos aún en las
proyecciones de aquel fenómeno que sólo la perspectiva
histórica vendría a clarificar.
Para los doctores que al ser reconocida la independen­
cia del país en 1828 aspiraron a regir sus destinos, el
artiguismo tenía, además, vigencia a través de una de sus
secuelas más discutidas: el caudillismo. En aquel momento
Lavalleja y Rivera personificaban esa forma de expresión
de la voluntad popular, la única que permitía el grado de
cultura política del país. La Asamblea Constituyente de
1830. en cuyas determinaciones iniciales predominó el
espíritu de la reacción antiartiguista.confióelgobiemodel
nuevo Estado a Rondeau antes que depositarlo en las ma­
nos de aquellos caudillos. El mismo cuerpo al adoptar los
colores para los símbolos nacionales desechó los que la
tradición oriental identificaba con la resistencia contra
Portugal y la campaña del Brasil, en las que los represen­
tantes de la ciudad no habían tenido parte. No obstante
esta táctica que pretendía desconocer la realidad, los
caudillos quedaron dominando la escena política para pro­
mover los hechos que forman nuestra historia, en tanto
que los que aspiraban a interpretar aquellos acontecimien­
tos más cercanos se mostraron iracundos o reticentes para
juzgar a Artigas el "inventor del sistema", en tomo a quien

1 16 1
\

DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

se había formado ya y se acrecería aún la "leyenda negra"


sobre la que ahorramos en esta oportunidad más abundan­
tes transcripciones.
La reiterada frecuencia de esas opiniones condenato­
rias no impidió que se alzaran algunas voces, las primeras,
en demanda de justicia. La del Pbro. Manuel Barreiro, quien
en las páginas sobre las campañas militares de Artigas lla­
mó a éste "el anciano de la libertad", afirmando que "la ca­
lumnia y el error se han cebado en esa desgracia, como
siempre acontece, persiguiéndola hasta en su último asi­
lo"23; la de su hermano Miguel Barreiro, invariable en su fe
artiguista,para reclamar en su banca de Senador que fueran
recompensados antes que los advenedizos, los servidores
de la calumniada Patria Vieja24, o para recordar, como un

23. Esta cita figura integrando el "Discurso de don Miguel


Barreiro sobre la invasión portuguesa" publicado por primera vez
trunco en la "Revista Histórica" editada por el Archivo y Museo
Histórico Nacional. Montevideo, Imprenta "El Siglo Ilustrado",
Tomo VI, N" 16, 4o Trimestre de 1912, págs. 192 y 193. Con
posterioridad fue dado a conocer nuevamente en versión mas
extensa atribuido al Presbítero Manuel José Máximo Barreiro en
la "Revista Nacional. Literatura-Arte-Ciencia", publicación del
Ministerio de Instrucción Pública, Montevideo, año XI, N° 111,
Tomo XXXVII, marzo de 1948, págs. 436 a 445.
24. Intervención de Miguel Barreiro en la Sesión 47 y 44
Ordinaria del 5 de marzo de 1831. publicada en "Diario de
Sesiones de la Cámara de Senadores de la República Oriental del
Uruguay. Primera Legislatura". Tomo I, Montevideo. Tipogra­
fía a vapor de La España, 25 de Mayo 142, 1882. pág. 171.

I 17 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

título de honor para esa época, que una vez desaparecido


Artigas, por espacio de diez años, se había tolerado en
el país el tráfico de esclavos. Estos primeros asomos de
interpretación justiciera se tradujeron en la iniciativa reco­
gida por la prensa en 1832 en el sentido de obtener el
regreso de Artigas a su país, intento frustrado que dio lugar
a que se dijera del caudillo que había sido "uno de los
primeros Campeones de la Independencia, y aunque no sea
más que por esta circunstancia uno de los hombres más
beneméritos de la revolución"25. Revolución cuya historia
deformada ya en las noticias y crónicas de los viajeros, se
propuso poner en claro con respecto a Artigas quien fuera
su secretario, el fraile José G. Monterroso. En 1835 a la vez
que reclamaba para el artiguismo la paternidad de ciertas
concepciones políticas, Monterroso pedía a Miguel Barreiro
los papeles e informes necesarios para escribir sobre los
años iniciales de la Patria Vieja. La hora de la reparación se
hallaba todavía muy distante. Por eso es que "El Universal"
podía decir todavía impunemente en 1835 que Artigas era
un "desgraciado que ha 20 años desapareció de la escena
política de este país"26. Es que, a diferencia de aquellos cuya

25. "El Recopilador". Montevideo. 20 de marzo de 1832. pág. 2, col. 2.


26. "El Universal", Montevideo. 24 de setiembre de 1835, pág.
2, cois. 1 y 2.

í 18 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL ' CULTO ARTIGUISTA

gravitación pública cesa con la muerte física o con el aleja­


miento de la escena. Artigas, cautivo de Francia, seguía
siendo un personaje militante, un hombre-idea. Lo era tanto
para el Dictador que en el Paraguay lo tenía a buen recaudo,
como para los habitantes del Río de la Plata donde su nombre
seguiría concitando la pasión de sus contemporáneos o el
justificado interés de los románticos de la nueva generación
que al asomarse al campo de la historia experimentaron
también la extraña sugestión de su figura.

II

Los acontecimientos políticos del Río de la Plata y en


particular el cese de la incomunicación en que el Dictador
Francia mantuvo al Paraguay hasta su muerte ocurrida en
1840, contribuyeron a renovar el interés y la curiosidad en
tomo a la persona de Artigas. Después de veinte años de
silencio, de un silencio resonante como una fecunda voz
humana, la prensa de Montevideo volvió a acoger su nom­
bre, que en 1837 había sido sugerido como digno de recor­
darlo en la nomenclatura de la ciudad. En 1841, cuando se
pensaba que Artigas habría desaparecido ya de entre los
vivos, comenzaron a reunirse los elementos de juicio que
servirían para escribir la historia de su vida. Dos de lo más
cercanos testigos de ella, Otorgués y Monterroso ya

I 19 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

habían muerto; aun quedaba el melancólico Miguel


Barreiro para esgrimir la pluma en su defensa.
Ciertas apreciaciones vertidas en "El Nacional" en
mayo de 1841 fueron rectificadas de inmediato por "El
Constitucional" de Montevideo, cuyo articulista, sin pro­
ponerse hacer "la apología de la época en que gobernó en
este país el viejo general Artigas", sostuvo que éste fue el
primero que dio "ese grito sagrado que inflamó los corazones
todos y aterrorizó a los enemigos de nuestra independencia".
"Sin él. agrega, ¿quién hubiera dado aquel primer paso
para la libertad de esta Provincia?" Todo ello sin perjuicio
de reconocer respecto de la época de Artigas "los
defectos de que adoleció como consecuencia forzosa de
un estado nuevo de cosas, de una revolución apenas na­
cida, incompleta, sin un sistema fijo y de la inesperiencia
de los hombres"27.
Estas y otras manifestaciones periodísticas de la época,
en especial las de "El Constitucional", cuyo redactor D.
Isidoro de María se hallaba ligado por parentesco político
con José María Artigas, se concretaron en la idea de
restituir a Artigas al país con motivo de haberse permitido
la salida de los orientales que residían en Asunción. El

27. "El Constitucional”, Monievidco, 6 y 7 de mayo de 1841,


pág. 1. cois. 1, 2 y 3.

I 20 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

propósito se anunció al principio en términos vagos desde


que no se tenía la certeza de que Artigas viviera aún; en caso
de haber muerto proponía "El Contitucional" que fueran
repatriadas sus cenizas. "El general Artigas esta exento de
las prevenciones de los partidos. Muerto o vivo, su patria
lo reclama, y sus conciudadanos deben rendir este último
tributo en holo-causto del prim er soldado de su
independencia. La historia lo recordará siempre como un
testimonio inequívoco de sus virtudes"28. Las dudas sobre
la persona de Artigas se disiparon en setiembre de 1841 al
regresar del Paraguay N. Méndez Caldeira quien dió
noticia de la existencia de Artigas, la que a juicio de "El
Constitucional" sería recibida "con agrado por los
Orientales que no han olvidado los servicios distinguidos
que debemos a aquel antiguo soldado de nuestra
Independencia y que conservan la esperanza de verlo
restituir al seno de su patria"29.
El gobierno de la época se hizo eco de estos sen­
timientos y acordó el envío de comisionados al Paraguay
para que gestionasen el regreso de Artigas. Conocido es
el resultado de ese intento que no nos corresponde rela-

28. "El Constitucional", Montevideo, Io de setiembre de 1841,


pág. 2. cois. I, 2 y 3.
29. "El Constitucional", Montevideo. 20 de setiembre de 1841,
pág. 2. col. I.

I 21 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

tar aquí. Artigas no quiso regresar al país cuyo gobierno


en un momento de crisis, en que la República se hallaba
dividida en dos bandos y envuelta en una guerra in­
ternacional, se propuso reintegrarlo al seno de la sociedad
oriental a la que según su propia expresión de 1811 había
dado "vida política". Cuando esa nacionalidad podía
considerarse seriamente amenazada por las intromisiones
externas y por las luchas civiles; cuando el sentimiento
localista se rebelaba contra el proyecto de entregar a
extranjeros el monopolio para navegar nuestros ríos, la
tradición oriental, lo más auténtico de ella, identificada con
la tradición artiguista, levantaba el nombre del viejo caudi­
llo. Y así es como "Un soldado" expresaba en un remitido
publicado en aquellos días: "Cuando era preciso voltear la
tiranía de España fue su brazo el primero que la hirió.
Cuando era necesario resistir a las injustas pretensiones
de Buenos Aires, fue su voz la primera que clamó contra
ellas.Cuandoera preciso combatir la invasión portuguesa,
fue su lanza la que brilló a vanguardia de nuestras hileras...
Suyo fue el pensamiento de la Nacionalidad Oriental; no
suyas las desgracias que antes de realizarlo hemos sufrido,
no suyo los males y excesos que marcaron el azaroso tiempo
de su protectorado"30.

30. "El Nacional", Montevideo, 22 de setiembre de 1841,


pág. 2. cois. 4 y 5.

I 22 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

ARTIGAS NO QUISO VOLVER

¿Por qué Artigas no quiso volver a la patria? ¿Fue por


cansancio de la lucha, por no querer vincularse a ninguna
otra querella política? ¿Fue por escepticismo, por
desengaño de hombres y cosas? No es posible aceptar
tales explicaciones. Hombre de acción y de fe, tenía una
robusta contextura moral incapaz de amainar lanzas ante
una duda o un desgano. Acaso, creyó que sus altas ense­
ñanzas políticas ya no podían prolongarse; comprendió
que la hora de su acción personal había pasado, con ese
certero instinto de los hombres que han estado mucho en
contacto con la tierra y han mirado de frente largo tiempo
las estrellas.
¿No habrá interpretado Artigas que aquel regreso tenía
más acento de perdón que de reconocimiento? ¿No habrá
querido esperar la hora de la justicia y de la gloria? Como
Dante expatriado, ¿no habrá creído que desde cualquier
parte se puede mirar el cielo, y gozar de la compañía de las
dulces verdades?
Envuelto en el recuerdo de una época embrionaria que
se asociaba a los más duros sacrificios del pueblo oriental,
rodeado de leyendas, el nombre de Artigas hacia 1840
suscitaba la opinión favorable, pero con reservas, de al-

1 23 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

gunos; y la curiosidad científica de quienes se interesaban


ya por el estudio del pasado nacional, sin que ello hubiese
llegado a traducirse entonces en un juicio cabal acerca de
su actuación apenas entrevista por los hombres de esta
época. Las apreciaciones aisladas de "El Constitucional"
y de "El Nacional" trasuntan simplemente un sentimiento
de respeto, todo el que se puede sentir por la persona de
un anciano venerable con largos servicios. "El general
Artigas no puede terminar su vida desterrado. ¿Quién tiene
derecho para condenarlo a este doloroso castigo? ¿Quién
lo ha juzgado? ¿Quién podría ser su acusador?
El plantó la semilla del árbol de la libertad y tiene el
derecho de reposar bajo su sombra. El fuéel primer caudillo
de los Orientales; y lajusticia le marca un lugar distinguido
entre,sus notabilidades militares. El fue el primero que gritó
Patria, y cuando este sublime voto está cumplido ¿qué
buen Oriental querría privarlo de la patria, prohibirle que
vuelva a su hogar, negarle un sepulcro en la tierra que
ilustró con sus hazañas, que regó con su sangre?". Todo
esto expresaba "El Nacional", pero sin comprometer una
opinión absoluta sobre el personaje histórico. “No
acusemos -agregaba- ni justifiquemos la vida revolu­
cionaria del general Artigas, nuestros nietos serán más
imparciales jueces que nosotros. Demos a la época, a las
circunstancias, a la tendencia irresistible de las revolu-

124]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

ciones lo que es suyo; y acojamos con honor al glorioso


vencedor de Las Piedras"31.
Estas consideraciones en tomo al nombre de Artigas
contribuyeron a avivar el interés que el personaje ofrecía
a quienes en este momento se ocupaban en reunir
antecedentes sobre el pasado rioplatense. Bartolomé
Mitre radicado en Montevideo, joven de poco más de
veinte años, consiguió en 1841 del General Nicolás de Ve-
dia los apuntes que habría de utilizar de inmediato en la
redacción de su ensayo biográfico de Artigas, figura que
atrajo antes que ninguna otra su atención, para cuyo
estudio reunió valiosos antecedentes documentales. A
tres fuentes podía acudir el historiador que en estos
momentos interesara estudiar la personalidad de Artigas;
al testimonio de los contemporáneos, a las obras impresas
en el Río de la Plata y en Europa y a los documentos de
la época dispersos entonces en su mayor parte.
Las obras publicadas en el Río de la Plata que trataban
acerca de Artigas eran el folleto de Cavia, impreso en
1818 y el "Ensayode la Historia Civil", del Dean Gregorio
Funes en cuyo tercer tomo editado en 1817 al hacerse
mención del Bandoexpedidopor Posadasen 1814conel
que se inició la leyenda negra, se decía que "los

31. "El Nacional". Montevideo, 22 de setiembre de 1841, pág.


2, col. 5 y pág. 3, col. 1.
JUAN E. PIVEL DEVOTO

orientales tenían levantados tronos en sus pechos al


general Artigas"32.
En Londres se había dado a conocer en 1820 el "Viaje a
Sud América" por H.M. Brackenridge, en el cual se ofrecía
una visión de Artigas a través de referencias del general
José Miguel Carrera y del retrato trazado por Cavia que el
viajero tuvo muy en cuenta.33 En el "Ensayo Histórico sobre
la revolución del Paraguay" publicado en 1827 en París por
Rengger y Longchamp, se describía al personaje con carac­
teres siniestros, rodeado de "salteadores, asesinos, piratas,
ladrones, desertores"34. Las "Memorias del General Miller",
impresas en Londres en 182935 contenían también varias

32. "Ensayos de la Historia Civil del Paraguay, Buenos Aires


y Tucumán. Escrita por el Doctor D. Gregorio Funes. Dean de la
Santa Iglesia Catedral de Cordova". Tomo Tercero. Buenos-
Ayres: Imprenta de Benavente y Compañía. (1817), pág. 523.
33. "Voyage to South America, performed By order of the American
Government in the years 1817 and 1818, in the Frigate Congress. By
H. M. Brackenridge, Esq. Secretary to the Mission. In two volumes."
Vol. I. London: Pnnted for John Miller. Burlington Arcade. 1820.
34. "Essai Historique sur la Révolution du Paraguay et le
Gouvemement Dictatorial du Docteur Francia par M. M. (Johann
R.J Rengger et (Marcelin] Longchamp Docteurs en Medicine,
membres de la Société Helvétique des Sciences Naturelles". París.
Héctor Bossange. Quai Voltaire. N° 11. 1827, pág. 40.
35. "Memorias del General (William) Miller al servicio de La
República del Perú. Escritas en inglés por Mr. John Miller: y
traducidas al castellano por el General Torrijos, amigo de ambos."
Primer tomo. Londres: publicadas por los Srs. Longman. Ross,
Orme. Brown y Green, Paternóster Row. en la Imprenta de los Srs.
Carlos Wood e hijo, Poppin's Court. Fleel Street. 1829.

[26J
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

páginas sobre Artigas inspiradas en el panfleto de Cavia,


páginas que la "Revue Britanique" de París reprodujo en
febrero de 1830, en las que expresaba que el personaje motivo
de las mismas, había muerto en 1826. A estas obras deben
agregarse las "Cartas" de Robertson dadas a la estampa en
1839, en cuyo tomo tercero se relataba la entre vista con Artigas
a quien el viajero describe con simpatía.36

LOS ESTUDIOS SOBRE ARTIGAS EN 1841

Para la redacción de la biografía de Artigas, Mitre no


utilizó el folleto de Cavia, cuyo texto desconocía aún, ni el
libro de Brackenridge, ni el "Ensayo" de Rengger y
Longchamp; consultó sí el "Ensayo" de Funes y las
"Memorias de Miller", pero fundamentalmente se informó
en los "Apuntes" que le proporcionóel Gral. Vediaescritos
en 1841 y en los documentos de la época que había llegado
a coleccionar en número considerable, como lo prueba el
hecho de haber reunido más de cuatrocientas cartas de
Artigas a Rivera.
El Gral. Vedia escribió sus recuerdos sobre Artigas
cuando se ignoraba si éste vivía aún o si había muerto;

36. "Francia’s Reign of Terror, being the continuation of Letlers


on Paraguay. By J. P. and W. P. Robertson. In Three Volumes." Vol.
III. London: John Murray, Albemarlc Street. 1839.

I 27 1
JUAN E PIVEL DEVOTO

lo evoca con serenidad, casi diríamos con simpatía que se


trasunta en las líneas en que perfila su retrato. "Era o es
Artigas de regular estatura, algo recio y ancho de pecho,
su rostro era agradable, su conversación afable y siempre
decente; comía parcamente, bebía con frecuencia pero a
sorbos, jamás se empinaba los vasos. No tenía modales
agauchados, sin embargo de haber vivido siempre en el
campo. Cuando manifestaba su resentimiento contra
Buenos Aires o contra los de Buenos Aires como el decía,
era exacto en sus relatos, y a veces elocuente. En los sitios
se le vió siempre montaren silla y vestirde levita azul sobre
la cual ceñía su sable"37. Lo calificaba de "hombre fuerte"
y le llama "nuestro caudillo o conductor del pueblo orien­
ta r.
Mitre trazó su ensayo sobre Artigas sugestionado por
la vida del hombre que había encendido tan grandes
pasiones no extinguidas aún en el momento en que el
historiador se aprestaba a bosquejar los hechos más
importantes de su vida. El autor presenta a Artigas en los
años de su juventud con los rasgos vigorosos que
anticipan al caudillo de la revolución como a un "hombre
de hierro" que cuando "concebía un proyecto no había

37. Mariano de Vedia y Mitre: "El Manuscrito de Mitre


sobre Artigas". Librería y Editorial "La Facultad". Bernabé y
Cía. Florida 359. Buenos Aires. 1937, págs. 100-101.

128]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

nada que lo detuviese en su ejecución, su voluntad


poderosa era del temple de su alma". "Original en sus
pensamientos como en sus maneras, su individualidad
marcada hería de un modo profundo la mente del pueblo"38.
Estas páginas juveniles de Mitre escritas con altura narran
los episodios iniciales d éla revolución oriental, el éxodo
de 1811 quejuzgacomo la "emigración más completa" de la
historia y los esfuerzos de Artigas, "nuevo Moisés", para
dar bienestar a un pueblo constituido en el Ayuí "en
asamblea permanente"39. Su autor atribuye a Artigas la
intención de independizar la Provincia Oriental de Buenos
Airesen 1814,si bien lopresentaal mismotiempoen conni­
vencia con los españoles por noticias que le proporcionó
D. Francisco Acuña de Figueroa; sostiene que la federación
tal como la concibió Artigas fue tan sólo una liga militar
dominada por un jefe y narra en términos elogiosos respec­
to de la capacidad militar del caudillo oriental la resistencia
contra los portugueses a la que califica de lucha de titanes.
Artigas, dice Mitre,"estaba dotadode un gran discernimien­
to para las operaciones militares y su cabeza era fecunda
en modos de hostilizar al enemigo"40. "Para juzgarlo, apunta
ffnntmeTrte, debemos remontamos a aquellos tiempos de
38. Mariano de Vedia y Mitre: "El Manuscrito de Mitre
sobre Artigas", cit.. pág. 61.
39. Idem, págs. 66, 67 y 68.
40. Idem, pág. 85.

I 29 J
JUAN E. PIVEL DEVOTO

anarquía y disolución en que se necesitaban fuertes


sacudidas para restablecer el movimiento social"41.
Mitre no dió a publicidad estas páginas que como los
apuntes del general Vedia fueron conservadas inéditas
por su autor, quien en 1842 al estudiar a Artigas con pres-
cindencia de toda preocupación política o nacionalista,
estaba muy distante por cierto del historiador que años
después, al trazar la vida de Belgrano modificaría la opinión
vertida en las páginas del manuscrito juvenil. Estos
estudios sobre Artigas al no darse a conocer en la época
en que fueron escritos, no pudieron contribuir a modificar
el juicio sobre el personaje; documentan de manera
expresiva el interés que la vida y hazañas del mismo
provocaban. Constituye también una prueba de ello las
noticias biográficas de Artigas bastante completas
difundidas en los diccionarios europeos de la época.

DURANTE ELSITIO GRANDE

Los términos en que se planteó la lucha durante la


Guerra Grande desde 1843; las intervenciones europeas; el
choque de los que creían personificar la causa principista,
el partido de la civilización, con los caudillos populares

41. Mariano de Vedia y Mitre: "El Manuscrito de Mitre


sobre Artigas", cit., pág. 90.

130 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

considerados por los primeros como representantes de la


barbarie, prestaron de nuevo actualidad a la figura de
Artigas. En medio de aquella lucha entre la clase doctoral
y los caudillos, la condenación que éstos arrancaban a los
doctrinarios alcanzaba también al fundador del sistema.
Cuando menos, el silencio.
En 1843 Andrés Lamas al formular el plan para la
nomenclatura de lascalles de Montevideo, incluyó éntrelos
hechos dignos de ser rememorados la batalla de Las
Piedras,4243pero no señaló como merecedor de igual recuerdo
el nombre de Artigas; en tanto que Melchor Pacheco y
Obes, entonces contrario a las intervenciones europeas,
invocaba el ejemplo de Artigas expresando "me gusta mucho
el viejo Artigas cuando apurado por todas partes, sólo apeló
a sus gauchos, sólo confió en sus chuzas"41, Manuel Oribe
daba el nombre de Artigas a una batería que desde el campo
sitiador dirigía sus fuegos sobre la plaza44. Los dirigentes
que en ella actuaban, enemigos del caudillo, los autores del

42. "Nueva Nomenclatura de las Calles de Montevideo.


Publicada el 25 de Mayo de 1843". Imprenta de la Caridad
extractada de "El Nacional", Epoca Segunda, N° 1337 de
21 de mayo del mismo año.
43. Sin cotejo de fuente.
44. Figura en el "Plano Topográfico de la ciudad y cercanías
de Montevideo. En el que se demuestra las posiciones de las
fuerzas de la plaza y las del ejército citiador. Levantado por el
Agrimensor D. Pedro Pico". 1846.

I 31 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

destierro de Rivera, así como los escritores que en aquel


sentido orientaban la opinión pública, acogieron con
entusiasmo las páginas del "Facundo" que Sarmiento enviaba
desde Chile, en las que condenaba al eterno oprobio a todos
los caudillos.
Al recogerlas en los folletines de los periódicos lo
hicieron sin salvedad alguna respecto de las opiniones en
ellas vertidas sobre Artigas4'. En la misma época Florencio
Varela había publicado en uno de los volúmenes de su
"Biblioteca del Comercio del Plata" la traducción del
"Ensayo Histórico" de Rengger y Longchamp4546 en que se
expresaban juicios tan arbitrarios sobre Artigas, sin la
menor anotación para rebatirlos. Sarmiento, cuya posición
respecto de Artigas habremos de Fijar bien en estos apun­
tes, al referirse al caudillo oriental en su "Facundo" lo hizo
como si se tratara de un personaje que militara en aquel
momento; asocia su nombre al de la montonera para decir;

45. Domingo F. Sarmiento: "Estudios Americanos", publica­


dos en la Sección "Folletín" de "El Nacional”. Época 2o, Año 7o,
Nros. 2041 a 2107. 4 de octubre a 24 de diciembre de 1845.
46. "Ensayo Histórico sobre La Revolución del Paraguay y El
Gobierno Dictatorial del Doctor Francia por Los SS. Rengger y
Longchamp. Doctores en medicina, miembros de la Sociedad
Helvética de la Ciencias Naturales. Traducido del Francés por
Florencio Varela". Publicado en "Biblioteca del Comercio del
Plata". Montevideo, 1846. Tomo III, págs. 133-233.

I 32 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

"Este era el elemento qe el célebre Artigas ponía en


movimiento; instrumento ciego, pero lleno de vida, de
instintosostilesalacivilizacioneuropea i a toda organización
regular; adverso a la monarqía como a la república, porque
ámbas venían de la ciudad, i traían aparejado un orden i la
consagración de la autoridad. De este instrumento se
sirvieron los partidos diversos de las ciudades cultas, i
principalmente el ménos revolucionario, asta qe andando
el tiempo, los mismos qe lo llamaron en su ausilio,
sucumbieron, i con ellos la CIUDAD, sus ideas, su literatura,
sus colejios, sus tribunales, su civilización!"... "La fuerza qe
sostenía a Artigas en Entre R íos -dice- era la misma qe en
Santa Fe a López, en Santiago a ¡barra, en los Llanos a
Facundo"... "La montonera-insiste-tal como aparecióen los
primeros días de la República bajo las órdenes de Artigas,
presentó ya ese carácter de ferocidad brutal, i ese espíritu
terrorista qe al inmortal bandido, al estanciero de Buenos
Aires estaba reservado convertir en un sistema de
lejislacion aplicado a la sociedad culta, i presentarlo en
nombre de la América avergonzada, a la contemplación de
la Europa. Rosas no a inventado nada; su talento a
consistido solo en plajiar a sus antecesores, i acer de los
instintos brutales de las masas ignorantes un sistema
meditado i cordinado fríamente. La correa de cuero sacada
al Coronel Maciel i de qe Rosas se a hecho una manea

1 33 )
J U A N E P I V E L D E V O T O

qe enseña a los Ajentes estranjeros, tiene sus antecedentes


en Artigas i los demas caudillos bárbaros, tártaros. La
montonera de Artigas enchalecaba a sus enemigos; esto
es, los cosía dentro de un retobo de cuero fresco, i los dejaba
así abandonados en los campos"47. En los mismos días
en que estas páginas de "Facundo" impregnadas de pasión
se difundían en Montevideo. Mitre desde las columnas de
"La Nueva Era",efímero baluarte levantado en 1846contra
el caudillismode Rivera, hacía la historia de la "Montonera",
para prevenir a los pueblos que consideraba amenzados de
ser devorados por ella. En este ensayo escrito para las
columnas de un periódico que respondía a una tendencia
política. Mitre se aleja de los juicios hechos en las páginas
del ya olvidado manuscrito. Bajo la sugestión del libro de
Sarmiento, con propósito militante, en vísperasde la batalla
que la "Asociación Nacional", por inspiración de Santiago
Vázquez se aprestaba a librar contra Rivera. Mitre escribe:
"El ojo de Halcón de Cooper es la personificación más
completa de esa tendencia, encamada en Artigas, tipo del
caudillo americano. Artigas fue el primeroen su género y de

47. "Civilización i Barbarie. Vida de Juan Facundo Qiroga. I


Aspecto Físico. Costumbres, i Abitos de la República Arjentina.
On ne tue point les idees. F ortoul. A los hombres se degüella : a
las ideas no. Por Domingo F. Sarmiento. Miembro de la Univer­
sidad de Chile, i Director de la Escuela Normal". Santiago.
Imprenta del Progreso. 1845. págs. 72 y 73.

I 34 I
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

él data una nueva época de caudillaje, como después de


Rosas comenzará una nueva época de principios. Artigas
tenía la sagacidad del hombre primitivo y las vistas
mediocres del genio sin cultivo; los instintos feroces y los
rasgos sobresalientes de una voluntad firme; el desprecio
de las reglas militares y la aplicación imperfecta de los
recursos del terreno, el valor y la fuerza muscular, la
hipocresía solapada del gaucho malo, y el orgullo
exagerado de sus facultades bajo las apariencias más
humildes, prendas que constituyen en estos países el
caudillo porexcelencia. Esas calidades hacían de Artigas el
ídolo de la multitud ignorante, cuyos vagos deseos de
independencia venían a concretarse en su persona, lo que
daba por resultado el caciazgo, tal cual lo ejercían las tribus
a que habían reemplazado"48
En las páginas en que se combatía a los caudillos por
considerarlos incompatibles con los principios del orden y
del buen gobierno, estos vigorosos actores de nuestra
historia deformados en su esencia van adquiriendo ya el
carácter de personajes literarios. El ambiente en que
actuaban, sus costumbres, métodos de combate, la
"montonera", eran elementos de que no podían prescindir

48. "La Nueva Era" N°l. Montevideo, 11 de febrero de 1846,


págs. 7 a 10, cois. I a 2 y 1 a 3.

í 35 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

al trazar el cuadro de la naturaleza los autores de las apasio­


nadas interpretaciones históricas y sociológicas que
comentamos.
A los personajes se les deformaba por falta de perspec­
tiva y por animosidad política: a los que habían desapare­
cido de la escena como Artigas por considerarlos la
encamación del sistema; a los que militaban en aquel mo­
mento, por que eran su personificación viva. El medio geo­
gráfico era descripto sin conocérsele desde el ambiente de
la ciudad por quienes consideraban la rústica sobriedad del
escenario campesino como unaexpresión de la barbarie. En
esas apreciaciones históricas sobre Artigas y su época, se
percibe cómo el interés político, la intención de explicar un
fenómeno contemporáneo, trasciende el propósito de reali­
zar una interpretación rigurosamente histórica, sin duda
porque el personaje aunque retirado hacía veinticinco años
de la escena gravitaba aún en ella en forma demasiado
poderosa. Por ello es que toda vez que se quería concitar la
voluntad nacional frente a lo extranjero surgía entre el
pueblo con acento mágico el nombre de Artigas y su fama;
pero la leyenda negra que mantenían viva los escritores
graves volvía entonces a cubrirlo de dicterios o a rodearlo
de un silencio que parecía afectar un generoso perdón.
Ajeno a la controversia promovida en tomo a su
nombre, de la que posiblemente jamás se enteró, "el viejo de

[36]
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

la montaña", rodeado de tan grande porción de misterio


para los hombres de la época, era el personaje más vivo de
la historia del Rio de la Plata.
Si la imaginación popular hubiera sido más cándida y
fecunda. Artigas habría podido servir entonces para tema
de un vigoroso mitode lajoven América. Peroel misteriose
nutrió con esos motivos de temor que han servido para
inventar ogros y prefirió hablar de "sus crímenes" y de la
sangre de justos que habían salpicado sus manos. Mantú­
vose así la leyenda negra que no encontraba más respues­
ta a lo lejos que el rumor de la selva.

III

Don Juan Manuel de la Sota fue quien escribió


la primera crónica de la revolución oriental. La segunda
parte de sus "Cuadros Históricos", datada en 1849,
comprende el relato de los acontecimientos ocurridos
desde 1810 hasta 1828, relato hecho con la ayuda de
frecuentes transcripciones de documentos, animado en
algunos pasajes por recuerdos no siempre personales.
Hombre de la ciudad, apegado a los sentimientos e
impresiones que en ella habían predominado y aún
subsistían sobre Artigas, de la Sota narró el proceso
histórico de la Patria Vieja con prolijidad de archivero,

í 37 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

pero sin penetrar en el espíritu de aquel movimiento. Se


detuvo en la superficie de los hechos. Así es que al
ocuparse de la acción política de Artigas en el litoral, dice
que el caudillo propagó en aquellos pueblos "el sistema
de sustracción y provincialismo que había adoptado
bajo el dorado pretexto de federación".
De consiguiente no podía juzgar sino como una
tremenda subversión el predominio alcanzado por las
fuerzas campesinas en 1815 cuando la ciudad de
Montevideo debió subordinarse a los dictados políticos
de Artigas. Al trazar el cuadro que a través de sus
lejanas referencias debió ofrecer entonces la ciudad
humillada por los gauchos, escribió de la Sota en 1849
sobre A rtigas y su época, páginas com o ésta:
"Montevideoentre tanto noera un pueblo, ni un desierto,
ni un presidio, ni un punto de comercio. Todo era
destruido: la moralidad atacada en sus fundamentos, los
hombres perseguidos, las mujeres gimiendo, la
civilización insultada y el barbarismo aplaudido: el
lenguaje viciado por el abuso de los equívocos y frases
groseras, inventadas por Artigas de sacar a pasear y por
Otorgués de tocar el violín, para deshacerse de los
hombres, después de haberlos despojado de su dignidad;
el traje mismo de la decencia urbana estaba proscripto,
como signo de porteñaje; era preciso vestir la chaqueta

l 38 J
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

y el chiripá y hablar el grosero y servil idioma de las


Estancias para tener un asiento en las reuniones que
presidía el G obernador".
"Pero ni esta docilidad, hija en unos del terror, y
de la adulación en otros, pudo vencer la rústica
indiferencia de estos hombres que, desconfiando
siempre y siempre revolviendo la memoria del tiempo
en que los políticos castigaban a los pobres, buscaban
m ed io s p ara d e s p ic a r sin a f r e n ta s " 49. E stas
im presiones no fueron dadas a publicidad por de la
Sota en la época en que ordenó sus "C uadros
H istóricos" hasta hoy inéditos; reflejan la opinión de
una clase de la sociedad a la que había correspon­
dido la suerte menos favorable dentro del proceso
revolucionario que por aquellos mismos días el genio
inquieto de Melchor Pacheco y Obes había hecho revivir
en un libro de combate escrito en tierras lejanas50.

49. Juan Manuel de la Sota: "Cuadros Históricos". Año 1849.


2‘ parte. Cuadros 3 al 6 (1815-1818). Museo Histórico Nacional.
Montevideo. Colección de Manuscritos. Tomo 1372 , págs. 157 y 158.
50. Véase llamada N° 51.

1 3 9 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

EL JUICIO SOBRE ARTIGAS EN 1850

En "Montevideo o una Nueva Troya”, publicado en


París en 1850, Alejandro Dumas, en páginas no desprovis­
tas de animación dictadas por Pacheco y Obes , perfiló
también los rasgos de Artigas con caracteres vigorosos al
presentarlo como "al hombre de la campaña", como "el
representante del partido nacional"51, recibido por los pue­
blos con alegría cuando se lanzó a la revolución. Nos lo
describe en su juventud en la lucha con la autoridad hasta
que Don Jorge Pacheco lo señala como el único capaz de
combatir el contrabando. "La España aceptó, dice, y como
un bandido romano hecha la sumisión al Papa pasea
admirado la ciudad de que antes era el terror. Artigas entró
%

triunfalmente en Montevideo a seguir la obra de exterminio


que dejaba su predecesor"52. En el relato novelado de
Dumas, Artigas "hombre bello, valeroso y fuertísimo",
aparece como el prototipo de una época; "valiente como un
viejo español, sutil como un Charrúa, vivo como un gaucho,
tenía -dice- algo de las tres razas, sino en la sangre en el
entendimiento"53.

51. Alexandre Dumas: "Montevideo ou une nouvelle Troie".


Imp. Céntrale de Napoléon - Choix et Cié. Paris, 1850. pág. 12.
52. Idem. pág. 41.
53. Idem. pág. 10.

I 40 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

En lucha contra Buenos Aires, abandonóen 1814 el sitio


de Montevideo: "como Aquiles -escribe-, se retiró en su
propia tienda, o mejor dicho, llevándosela con él buscó un
asilo en aquellas llanuras bien conocidas desde su
juventud en que hizo el oficio de contrabandista"54. A la
cabeza de sus gauchos que por primera vez se organizaban
bajo las ordenes de un general, Artigas llegó después al
poder. "En Montevideo sucedió entonces el imperio de los
hombres de pies desnudos, de los anchos calzoncillos del
chiripá escocés, del pesado poncho, y del sombrero caído
sobre la oreja y sujeto por el barbijo".
"Escenas inauditas, singulares, a veces terribles,
entristecieron a la ciudad imponiendo a las primeras clases
de la sociedad la más absoluta impotencia. Artigas, dice
Dumas, fué entonces, sin tanta ferocidad, y con más coraje,
lo que es Rosas actualmente". Agrega que "su dictadura
aún cuando fuese una calamidad, fue sin embargo brillante
y nacional"55, por sus victorias contra Buenos Aires, por la
heroica resitencia que opuso a los portugueses. Dumas
considera a Artigas como a un representante de la barbarie,
sin ideales políticos, ni la más elemental concepción del
gobierno organizado; como una fuerza poderosa de la

54. Alexandre Dumas: "Montevideo ou une Nouvelie Troie"


cit., pág. 16.
55. Idem, págs. 22 y 23.

(41 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

naturaleza que dejó tras de sí la desolación y ruina. En pá­


ginas militantes escritas para exaltar la historia romántica
de una ciudad europeizada que en nombre de la civiliza­
ción había luchado y combatía aún contra los caudillos,
Artigas no podía ser visto de otra manera. El retrato hecho
en 1850 bajo la sugestión de Pacheco y Obes no se ajusta
ya al modelo de Cavia y aún cuando dista mucho del
personaje real, en algunos de sus trazos revela indismulada
simpatía por Artigas.
La obra de Alejandro Dumas, difundida en el Río de la
Plata desde junio de 1850, motivó entre otros un detenido
comentario publicadoen "El Defensor de la Independencia
Americana", dirigido a contestar las afirmaciones históricas
y juicios políticos cuya paternidad se atribuyó por entero a
Melchor Pacheco y Obes. El autor del comentario escrito
en el Cerrito, consideró inexactas las apreciaciones que se
hacían sobre Artigas en las páginas impugnadas.
"Es por cierto bien mezquina la ¡dea que el novelista da
respecto al General D. José Artigas, de quien debiera hablar
con más mesura, no sólo en obsequio de la verdad histórica,
sino en consideración cuando menos al respeto con que en todos
las países del mundo es debido tratar a los hombres grandes".
"El nombre del ínclito General D. José Artigas es
cono-cido mucho más allá de la América Meridional, no

( 42 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

sólo por su bravura y denuedo, sino por los sagrados


intereses que defendió y los sanos principios que guiaron
su carrera pública. Su país fue siempre para él amado: el
orden fue la religión de sus soldados, y la felicidad de todos
sus conciudadanos fue para él una necesidad de su
existencia".
"En demanda de tanta justicia y de tan caros intereses,
fue que él acaudilló las masas de la campaña y proclamó el
primero de todos, entre todos los Orientales, la Inde­
pendencia de la Banda Oriental"56.
Estas apreciaciones, publicadasen el Cerritoen Octubre
de 1850, inspiradas por un propósito polémico, aplicado en
el caso contra la glorificación de la defensa de
Montevideo, no respondieron a un deliberado intento de
reivindicación de Artigas por respetuosas que fueran. Una
vez más su nombre era traído al debate, como punto de
referencia de una época, como expresión de una tendencia
política que él seguía encamando con la grandeza de un
viejo patriarca.
Como tal lo presentaban las distintas noticias acerca de
su persona trasm itidas en los últim os años. Las
proporcionadas porel general Paz a su regreso del Paraguay

56. "El Defensor de la Independencia Americana". N°530.


Miguelele, 28 de octubre de 1850. pág. 4, col. 1.

( 43 J
J U A N E. P I V E L D E V O T O

en 1846;57 las que refirió su hijo José María, quien le visitóen


igual fecha, recogidas años más tarde por Isidoro de María;58
las de Beaurepaire Rohan, recogidas en la "Revista del
Instituto Histórico Brasileño"59 y actualizadas en 1850 por
Alfred de Brossard en sus "Consideraciones históricas y
políticas sobre las Repúblicas del Plata", nada favorables,
por cierto, respecto de Artigas.60
Todas las versiones lo describían rodeado de una
austera pobreza. "Uno de nuestros amigos asegura haberlo
visto recién dos años, teniendo, como hemos dicho antes,
de 93 a 94 años, gozando de todas sus facultades intelec-

57. "Memoria Póstumas dei Brigadier General D. José M. Paz.


Comprenden sus campañas, servicios y padecimientos, desde la
guerra de la Independencia, hasta su muerte, con variedad de otros
documentos inéditos de alta importancia". Buenos Aires. Im­
prenta de la Revista. 1855. Tomo I, pág. 288. Tomo II, pág. 35.
58. Véase llamada 83.
59. "Viagem De Cuyabá ao Rio de Janeiro, pelo Paraguay,
Corrientes, Rio Grande do Sul e Santa Catharina, em 1846, por
Henrique de Beaurepaire Rohan, major do imperial corpo de
engenheiros, e membro correspondente do Instituto". Publicado
en "Revista Trimestral de Historia e Geographia ou Journal do
Instituto Histórico e Geographico Brasileño”. Rio de Janeiro.
1857. T. IX. 2a. edición, 1869, págs. 376 a 397.
60. "Considcrations historiques et politiques sur les Républiques de
la Plata dans leurs rapports avec la Frunce et l'Angletenre par M. Alfred
de Brossard Ancien attaché a la Mission extraordinaire de Frunce dans
la Plata en 1847”. Paris. Librare de Guillaumin et Cié. Editeurs du Journal
des Economistes, de la Collection des pnncipaux Economistes, du Dictionnairc
du Commerce et des Marchandises. etc. Rué Richelieu, 14. 1850.

[44 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

tuales y casi todas sus fuerzas", expresaba un pasaje de


"Montevideo o una Nueva Troya"61. "Viejo y pobre pero
lleno de reminiscencias y de glorias", lo había encontrado
el geógrafo paulista que, atraído por la fama de sus haza­
ñas de que había oído hablar desde niño, llegó en 1847
hasta su humilde morada. Ajeno a todo cuanto se había
escrito ya sobre su persona. Artigas preguntó sonriendo
al visitante, que años después lo evocaría como la "imagen
de un monumento en ruinas", si su nombre era aún por
alguien recordado62. El mismoancianode "mirarcentellante"
que entonces vivía de limosnas, había dicho poco antes a
su hijo: "yo no debo salir de aquí sino con dignidad"63.

LA MUERTE Y EL REGRESO

En "El Paraguayo Independiente" del 28 de setiembre


de 1850 se informó de la muerte de Artigas, ocurrida cinco
días antes. "El fué uno de los fundadores de la independen­
cia del Estado Oriental, su Patria", decía. "Su ascendiente
dominaba al indio Charrúa, al peón de las estancia, a los
oficiales instruidos, a los elementos de la guerra".

61. Alexandrc Dumas: "Montevideo ou une nouvelle Troie",


cil., pág. 24.
62. Henrique de Beaurépaire Rohan: "Viagem ..." cit. en
llamada 53, pág. 387.
63. Isidoro de María: "Vida..." cit. en llamada 83.

í 45 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

"El general Artigas no amaba las ciudades; aún en su


vejez quería la libertad de los campos, la espansión de los
orizontes, la vida de su juventud". "Pueden sus amigos y
parientes, agregaba, tener el consuelo de que nada le
faltó"64.
El "Jornal do Comercio" de Río de Janeiro recogió
escuetamente la noticia en sus columnas el 13 de enero de
1851. De allí la tomó "El Porvenir" de Montevideo para
expresar: "La historia del general Artigas es muy conocida
en nuestro país y aún existen compañeros de armas,
hombres que lo conocieron y observaron". "La historia
imparcial juzgará algún día esa época, porque es una
propiedad suya. La revolución, las pasiones, todavía no
han acabado, están en pie, y difícilmente podríamos
ocupamos hoy de trazar los pasos, la vida del general
Artigas, porque sería un trabajo incompleto y hasta
extemporáneo".
"Recordémosle en la mansión del silencio y la tierra
extranjera que ha recibido sus restos mortales, le sea leve:
mientras tanto que ellos no queden olvidados, y que la
República, cuando asegure la paz, pueda transportarlos
para que reposen en el suelo de su nacimiento y en el lugar

64. "El Paraguayo Independiente". Asunción . 28 de setiembre


de 1850, pág. 6, cois. 1 y 2.

(46J
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

destinado a eternizar la memoria de los hombres que, como


él, llegaron a presidir los destinos de un país, al que con­
sagró su vida, peleando por su independencia y libertad
como su primer guerrero".65
Por su parte Doña Josefa De María de Artigas se
presentó al gobierno en febrero de 1851 para expresar que
"siendo de notoriedad pública la muerte de su desgraciado
suegro el general D. José Gervasio Artigas", se le
so co rriese para p ro p o rcio n arse el luto que le
correspondía llevar, y para "mandar hacer algunos
sufragios por su alma". No nos consta que haya sido
atendida en su petitorio inspirado, según sus palabras,
en el deseodecum plircon un deberde "Religióncomode
honor a su memoria".66
La política de fusión iniciada después de la paz de oc­
tubre de 1851 como medio de consolidar la independencia
y hacer respetar nuestra soberanía, puso en juego todos
los recursos de la tradición nacional. Proclamó la restau­
ración del "orientalismo" en oposición a la influencia de lo
extranjero que durante tantos años habia predominado. Y
en ese retomo a las fuentes originarias de sentimiento pa­
trio sacó del olvido en que había vuelto a caer el nombre de

65. "El Porvenir". N° 29. Montevideo, 5 de febrero de I85l.pág. 2.


66. Archivo General de la Nación. Montevideo. Fondo: Minis­
terio de Guerra y Marina, caja 1430.

[ 47 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

Artigas, que resurgía asociado siempre a todo intento de


restauración nacionalista.
En aquellos días tan llenos de esperanzas del gobierno
de Giró, cuando se pugnaba por quebrar la influencia del
Imperio y contener su gravitación en la zona fronteriza, el
Senador Dionisio Coronel, caudillo de Cerro Largo, pro­
puso que se denominara "Villa de Artigas" al pueblo que
espontáneamente se había formado con el nombre de
Arredondo sobre la orilla del río Yaguarón. El nombre de
Artigas puesto "como un monumento de gratitud" a una
villa en la que se deseaba nuclear a todos los vecinos del
lugar que hablasen español, era como un símbolo de la
resistencia nacional y de las fuerzas históricas que la
sustentaban. En la sesión celebrada por la Cámara de
Senadores el 21 de abril de 1853 al aprobarse el proyecto, D.
Antonio Domingo Costa "demostró que los hechos que
tanto aquí como en Europa, se atribuían al General, en
nada absolutamente le pertenecían, no sólo porque era fal­
so arrancasen de él, o fuesen órdenes suyas, sino también
porque eran contrarios a su carácter franco y humano de
que dió muchas pruebas". "Entre otras cosas se ha dicho
-expresó aludiendo a las versiones divulgadas en "Facun­
do"- que enchalecaba a los hombres con cuero fresco, de­
jándolos al sol, para que el cuero secándose al sol rompiese
el cuerpo y brazos". "Yo desmiento estos hechos: yo de-

148 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

safio que se me cite un solo ejemplo". El Senador Ramón


Massini. que ofreció una espada de Artigas para ser colo­
cada en la sala de sesiones, sugirió en la misma sesión que
los restos de aquel fueran trasladados al país67.
Fue en esa ocasión que Leandro Gómez se propuso,
también, hacer entrega al Estado de la espada que la Pro­
vincia de Córdoba había ofrendado a Artigas en 1815, que
él había rescatado en 1842.
Los sucesos políticos ocurridos en julio de 1853, que
poco después determinaron la caída del gobierno de Giró,
impidieron que Leandro Gómez pudieracumplirel propósito
de que estaba animado, a juzgar por los términos de una nota
de su puño y letra que hubo de elevar a la Cámara de
Senadores. "Como monumento histórico, decía, me ha pa­
recido digna de ser ofrecido al augusto Cuerpo en donde
ha resonado con el debido honor el nombre de uno de los
primeros guerreros de la Independencia Sud Americana".
"La historia después de medio siglo, y cuando las ce­
nizas de este esclarecido Ciudadano reposan aún lejos de
su Patria, en la República Paraguaya, encontrará no sólo
tradiciones honoríficas sino hasta monumentos, que no ha

67. "Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores de la


República Oriental del Uruguay". 2" y 3" período de la sexta
Legislatura. Tomo V. Años 1853-54. Tipografía a vapor de La
España. 25 de Mayo 142. Montevideo. 1883, págs. 100, 101 y 102.

1 4 9 ]
J U A N E. P I V E L D E V O T O

podido destruir la mano del tiempo, y que serán siempre al­


tos homenajes tributados a su valor, por el más acrisolado
Patriotismo"68.
Al finalizar el año 1854 Pedro P. Bermúdez, el olvidado
autor de "El Charrúa", inició la publicación del "El Oriental",
drama histórico cuyos personajes se expresan sobre el
"afamado Artigas" en forma encomiástica, al que siguió "La
República Oriental del Uruguay", crónica en la que también
se exalta la figura de Artigas. Uno de los personajes del
drama. Malterio, asocia en un brindis el nombre de Artigas
al de Francisco Miranda, cuya biografía escribió el propio
Bermúdez:

"Defiero: voy a brindar


A los ilustres hombres,
Y como ilustres hombres desgraciados;
Y más que ilustres hombres
Americanos héroes olvidados.

El uno á la República Francesa


Acompañó en sus glorias,
Y en la prisión murió, y en la pobreza,
Después de sus victorias.

68. Museo Histórico Nacional, Montevideo. Colección de


Manuscritos. Tomo 204, Archivo del Gral. Leandro Gómez,
Papeles de Don José Artigas, 1807-1853. folios 8 y 8v.

I 50 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

El otro abrió camino


Del Cerrito famoso al Uruguay.
El unode Valencia la muralla
Trepóse un día

Para vencer en desigual batalla


AI Rey que la oprimía,
El otro, también fiero,
Juróle aquese Rey tenaz venganza

Y en su bridón lijero
Fué a San José y las Piedras con su lanza
Los dos, de libertad la propaganda
Dejaron en espigas...
Es el uno Francisco de Miranda
Y el otro, José Artigas"69

En las columnas de "La Nación", Juan Joaquín


Barboza y José P Pintos publicaron a su vez en 1854 y 1855
varios artículos polémicos sobre cuestiones históricas y
políticas con referencias favorables a Artigas y a los caudi líos
de la revolución, que revelan un interés desusado entonces

69. Escena 8.\ Acto Segundo de "Un Oriental. Drama en dos


épocas y cuatro actos, en verso, por el Sargento Mayor de caballería
de linea. P. P. Bermúdez. Dedicado á su Señora madre D. Francisca
Campaña de Bermúdez". publicado en "La Nación", Montevideo,
Año I. Nros. 3 a 58, del 10 de diciembre de 1854 al 28 de febrero de
1855.

I 51 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

por aclarar aspectos de nuestro pasado70. Este ensayo de


movimiento reivindicatorío iniciado por escritores modestos
que militaban en la tendencia política sujeta a la orientación
de los caudillos, influyó en el ánimo del gobernante de la
época Gral. D. Venancio Flores. Combatido por los
principistas de ambos partidos, en el deseo de vigorizar la
situación que presidía, de rodearla de mayor prestigio y calor
popular, Flores envió al Paraguay al decano del tribunal de
justicia, Dr. Estanislao Vega-que en 1846 ya había asumido
la defensa de Rivera- con el cometido de exhumar los restos
de Artigas y traerlos al país. Cumplida la primera parte de esa
misión en el cementerio de la Recoleta, los restos fueron
conducidos en el vapor "Uruguay" hasta Buenos Aires,
desde donde se les trasladó en el "Menay" a Montevideo,
a cuyo puerto llegó el Dr. Vega el 19 de setiembre de 1855.
Pocos días antes había tenido lugar el desenlace de la
lucha entre D. Venancio Flores y los principistas de la
"Unión Liberal", con el abandono del poder hecho por el
caudillo, quien el 11 de noviembre celebró con D. Manuel
Oribe el pacto de la Unión.

70. "La Nación". 31 de diciembre de 1854; 8. 9 y 21 de enero.


2. 3, 5, 6, 7. 8 y 12 de mayo 1855.

152 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

LOS HONORES OFICIALES DE 1856

La renuncia de Flores que desbarató los planes de los


liberales, y la tercera revolución conservadora de noviembre
de 1855 contra el gobierno de Bustamante, episodios de la
apasionada disputa que se desarrollaba entonces entre el
caudillismoy latendenciadoctoral, desplazaron laatención
pública y la oficial respecto de los restos de Artigas,
depositados desde el 20 de setiembre de 1855 en la isla
Libertad.
Cuando Artigas rehusó volver al país en las distintas
oportunidades en que fue instado a hacerlo después de
1840, puso de manifiesto que la intuición seguía siendo el
rasgo dominante de su personalidad. En 1855 su nombre
tenía todavía un sentido de cosa presente para quienes
combatían el poder político de los caudillos y el velo de la
leyenda negra alcanzaba aún a sus restos, como para que
éstos fueran considerados dignos de que la tierra oriental
los recibiera con honores.
En ocasión de las exequias de Artigas, D. José María
Roo reconstruyó la bandera tricolor enarbolada en
Montevideoen 1815;LeandroGómezentregóal Presidente

[53J
J U A N E. P I V E L D E V O T O

Pereira la histórica espada que custodiaba; Carlos Anaya,


copia de la requisitoria dirigida por Artigas a Pueyrredón en
1817. "Patriarcade nuestra independencia", le llamó Pereira71;
"grande e ilustre oriental", los documentos oficiales72;
"grande hombre de la independencia de la República", el
caudi 1lo de tierra adentro Francisco Caraba! lo73. D J uan José
Aguiar, ex secretario de Otorgués, expresó en una reseña
escrita para ser leída en las exequias: "No era el general D.
José Artigas un hombre eminente, pero poseía lo que es más
útil a la prosperidad de los Pueblos -un patriotismo el más
puro- así es que su nombre fué el más popular que se ha
conocido, y que en vano pretendieron aniqui lar los enemigos
de su época, por el cambio que la revolución de América
había producido, aunque en algunas circunstancias se
pusieron de su parte, para hacerlo parecer despreciable ante
el Mundo, aquellos mismos que se habían manifestado sus
más ardientes admiradores, cuando tenían algo que esperar,
o temer de sus virtudes cívicas"74. Estas expresiones, la de

71. Carta del Presidente del Estado Oriental Gabriel Antonio


Pereira a Leandro Gómez, Montevideo, noviembre 17 de 1856.
Museo Histórico Nacional, Colección de Manuscritos, Archivo de
Leandro Gómez, Tomo 199, folio 35.
72. Sin cotejo de fuente.
73. Sin cotejo de fuente.
74. Publicado en "La Nación", Montevideo, noviembre 21 y 22
de 1856, püg. 2, cois. 3 a 5.

[ 54 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

"Fundador de la Nacionalidad Oriental", que Pereira mandó


grabaren su tumba75, el interés con que algunos volvían la
mirada hacia el pasado oriental ¿significaban que se había
desbrozado ya el camino de la verdad sobre la vida de
Artigas? ¿Traducían acaso el asentimiento de toda la clase
culta, la opinión Universitaria, de los hombre de pensamiento
o eran tan sólo reflejo de adhesiones familiares, de juicios
aislados, noblemente inspirados pero desposeídos aún de
la fuerza dialéctica y de los elementos de prueba
indispensables para destruir una leyenda adversa, para
crear una adhesión nacional? -J.Pivel Devoto.

IV

Los homenajes oficiales tributados a Artigas en


1856 por el gobierno de Pereira, no suponen que desde
aquel momento se hubiese formado en el país un
concepto nuevo acerca del personaje. Las opiniones y
juicios favorables vertidos en esa ocasión reflejaban el
parecer de una minoría compuesta por personas que
no perte-necían a lo que se consideraba entonces como
la clase ilustrada. Entre los escritores modestos que

75. Decreto del Ministerio de Guerra y Marina. Montevideo,


noviembre 15 de 1856. Artículo 9o.

[55 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

asumieron en esta época la defensa de Artigas


debemos recordar en primer término a José Pedro
Pintos, redactor de "La N ación”, quien al refutar en
1856 algunas apreciaciones de "La Tribuna" de Buenos
Aires, que había calificado a los soldados artiguistas
de "pillaje con galones", atribuyó a este diario "un
empeño sistem atizado en denigrar la memo-ria del
general Artigas, faltando a la verdad histórica, y
atribuyendo a ese ilustre libertador hechos odiosos
y ten-dencias reaccionarias sobre la independencia
de las antiguas provincias del Río de la Plata."76 El
m ism o e s c r ito r se la m e n ta b a en 1857 del
desconocim iento en que se vivía sobre el pasado del
país, de la ignorancia de los escolares sobre aspectos
fundam entales de nuestra historia. "Nadie ha escrito
aún -expresaba Pintos- la vida de Artigas, y no es
posible decir que la falta de documentos ha sido la
causa, porque muchos que lo habían conocido y
acompañado en sus campañas, vivieron después de
su espatriación , y algunos viven aún."77

76. "La Nación". Montevideo, 22 de agosto de 1856, pág. 1,


cois. 1 a 5.
77. "Nuestra Historia". Publicado en: "El Eco Uruguayo.
Periódico Politico, Literario. Crítico y Noticioso". N° 6. Mon­
tevideo. 8 de febrero de 1857, pág. 42.

[56 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

Pintos reunió elem entos para escribir esa vida de


A rti-gas, aspiración que no pudo cum plir por su
muerte prem a-tura; en su estudio biográfico sobre
Oribe publicado en 1859 se refiere en distintos
pasajes, no siem pre con precisión, al jefe oriental.
Cita el discurso pronunciado por A rtigas en el
congreso de abril de 1813 de cuyo contenido deduce
cuál debió serel sentido del movimiento revolucionario
de 1811. "No han determ inado aún los hombres de
aquella época que viven todavía, de qué modo
entendieron la libertad los hijos de este país; -
expresa- no sabem os si luchaban en favor de los
derechos del hombre con las doctrinas de Voltaire y
de Rousseau, porque nada han precisado aún para la
historia los actores del brillante drama que nos ocupa;
pero debemos creer que Artigas entendía así la libertad,
cuando le vieron convocar a los pueblos que iba a
libertar, reunir en congreso a sus diputados, y hablarles
como a una Nación soberana."78

78. José Pedro Pintos: "El Brigadier Gral. Don Manuel Oribe".
Imprenta del Comercio del Plata. Montevideo. 1859. pág. 10.

1 57 1
J U A N E P I V E L D E V O T O

LA OPINIÓN DE MITRE EN 1859

En ese mismo año 1859elGraI. Bartolomé Mitre dio a


la estampa su "Historia de Belgrano", en cuyo prólogo
explicó cómo había desistido de continuar el estudio
biográfico sobre Artigas iniciado en 1841, para escribir
la vida de Belgrano que originariamente se propusiera
tratar el Dr. Andrés Lamas. En la "Galería de celebridades
Argentinas", había publicado Mitre en 1857 su primer
ensayo biográfico de Belgrano en el que aludía de
manera incidental a Artigas, cuya vida consideraba
entonces como la de uno de los exponentes del mal.
En el prólogo de la "Galeria" Mitre incluye a Artigas,
aquien llama "Atila del caudillaje"79, entre los hombres
notables en la historia de la revolución, pero por
su capacidad destructiva, junto a Ramírez, López,
Quiroga, Aldao e Ibarra. Figura prominente del partido

79. "Galería de Celebridades Argentinas. Biografías de los


Personages más Notables del Río de la Plata. Por los Señores
Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento. Juan M. Gutiérrez, Félix
Frías. Luis Domínguez, General Ignacio Alvarez y Thomas y otros
más. Con retratos litografiados por Narciso Desmadryl”. Buenos
Aires. Ledoux y Vignale. editores. Librería de La Victoria, calle del
Perú número 20. Imprenta Americana, Calle Santa Clara 62.
MDCCCLVI1. La "Biografía del General Belgrano" se encuentra
inserta en las págs. 37 a 116.

158 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

unitario. M inistro del G obierno de Alsina que regía


los d estin o s de la P ro v in cia de Buenos A ires
segregada de la confederación, jefe de sus ejércitos
en luchacontra Urquiza. Mitre al escribir la historia de
Belgrano y de la revolución adaptó los sucesos y los
hom bres que debía estudiar como historiador al
carácter de los acontecim ientos contem poráneos de
los que era actor. Al interrum pir la vida de Belgrano
para ponerse al frente de los ejércitos que iban a
com batir contra Urquiza en los campos de Cepeda, el
biógrafo se consideraba un continuador del personaje
porél biografiado, otrora en lucha contra el caudillaje
personificado en Artigas y sus secuaces.
Así, en el "Corolario" de la "Historia del General Bel­
grano", Sarmiento señalaba en 1859 que el autor de la obra
era el mismo general que iba "a contener la última tentativa
de gobierno vitalicio, y arrancar de la frente de los pueblos
la vergonzosa divisa que Artigas solo impuso a sus chus­
mas de campesinos alzados"80. La opinión sobre Artigas

80. Domingo Faustino Sarmiento: "Historia del General


Belgrano por el General Mitre". Buenos Aires, Julio 4 de 1859.
Inserto como "Corolario" en "Historia de Belgrano, por Bartolomé
Mitre". Tomo II. Buenos Aires. Imprenta de Mayo, calle del Perú
170. 1859. págs. 519-546; la cita del texto se encuentra en pág. 525.

1 59 1
J U A N E P I V E L D E V O T O

vertida por Mitre en la segunda edición de su famosa


"Historia" no podía pues, responder ya a los estudios
y juicios recogidos durante su juventud, sino a la
manera como enfocaba la vida de Belgrano. En 1859
Artigas se le aparecía a Mitre como "el caudillo del
bandalaje y de la fe-deración sem i-bárbara" o como
"la personificación genuina de los instintos brutales
de las multitudes", "el represen-tante del movimiento
sem ibárbaro de las masas em anci-padoras." "Esta
federación -dice Mitre refiriéndose a la organizada
por el caudillo oriental-, sin más base que la fuerza, y
sin más vinculo que el de los instintos comunes de las
masas agitadas, no era en realidad sino una liga de
m andones, dueños de vidas y haciendas, que
explotaban las aspiraciones de las m ultitudes;
sometidas más o menos estos mismos a la dominación
despótica y absoluta de Artigas, según era menor o
mayor la distancia a que se hallaban del aduar del
nuevo Atila."81

81. "Historia de Belgrano por Bartolomé Mitre" Tomo II cit.,


págs. 352 y 353.

[60|
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

LOS ESTUDIOS DE ISIDORO DE MARIA

En 1860 Isidoro de María publicó en Gualeguaychú


su "Vida del Brigadier General José Gervasio Artigas,
fundador de la nacionalidad oriental", primer ensayo
biográfico que se daba a conocer sobre el personaje.
Después de una actuación periodística que inició en
planos modestos siendo casi un niño y prolongó al frente
de la dirección de "El Constitucional" hasta 1846, de María
se había radicado en Entre Ríos donde permaneció alejado
de nuestras luchas políticas, ejerciendo el cargo de Vice
Cónsul del Uruguay.
El 30 de julio de 1859 de María escribió al Presidente
Pereira para exteriorizarle su anhelo de regresar al país a fin
de continuar los estudios históricos que durante aquel
tiempo había realizado, así como para efectuar la publica­
ción de algunos de esos trabajos. En una época en que los
estudios nacionales provocaban interés sólo por excep­
ción entre algunos espíritus cultos, resulta muy meritorio el
esfuerzo por acopiar noticias y documentos realizados sin
alardes por Isidoro de María, del cual nos informa en la
referida carta al Presidente Pereira.
"En el retiro en que vivo en este país, expresaba
de María al Presidente Pereira. buscando la tranquilidad

(61 |
J U A N E. P I V E L D E V O T O

del espíritu, me he dedicado tiempo há á tomar datos,


hacer apuntaciones, reunir documentos y consultas
referentes a publicaciones y manuscritos inéditos que
había adquirido en esa desde el año 1801, y que he
continuado obteniendo y arreglando aquí, para la Historia
de la República."
"Con ellos, con apuntes que conservaba de
hombres com petentes de nuestra revolución, que me
proporcionaron cuando escribí las cartas del Amigo
del País, yo y con mis propios recuerdos he logrado
a fuerza de trabajo y de paciencia formar una especie
de Ensayo Histórico de la República desde los tiempos
prim itivos hasta el año 1851, con el propósito de
adelantarlo hasta donde lo permita mi salud, ajeno a
todo espíritu de partido."
"Tengo además, otros trabajos curiosos y estadísticos
de la República, así como una colección de tratados, y
apuntes biográficos de hombres notables de nuestro país,
empezando por el General Artigas que conservo la esperan­
za de poder completar, el día que me sea dado volver a mi
Patria, y merecer del Gobierno el permiso para consultar
algunos documentos del Archivo."
"Por humilde é imperfecto que sea este trabajo fruto de
larga tarea y de un estudio concienzudo de nuestras cosas
y de nuestros hombres creo que podrán ser tal vez de algu-

162 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

na utilidad para la juventud Oriental; de luz, de ejemplo, y


de gloria también para los venideros."
"Hecho por pura afición para el conocimiento de mis
hijos, y en memoria de mi querida Patria no dudo se
disculparían los defectos de que pueda adolecer."
"En este concepto, estoy Sr. Exmo, en el proyecto de
emprender su publicación, pero como ella sería larga y
costosa, necesitaría impetrar la protección del Gobierno de
la República para efectuarla."
"Podría empezarla aquí, por la circunstancia de tener
imprenta, pero mi deseo es verificarlo en Montevideo, en
el seno de esa Patria natal que hé querido tanto, y que
no puedo recordar sin emoción, ya fuese haciendo una
p u b licació n su e lta , o ya fu n d an d o un D iario
espresamente para este objeto, con una biblioteca
especial."
"No sé si habría algún inconveniente en ello, y si podría
contaren tal caso, con la protección del Gobierno. En esta
duda, hecreidode mi deber, consultar primeramente a V.E.
por medio de esta carta, que me tomo la libertad de dirijirle,
confiando en que V.E. se dignará recibirla con bondad y
disculpar el paso que me permito dar con ella."*282

82. Archivo de Gabriel Antonio Pereira. Biblioteca Nacional,


Montevideo, Sección Materiales Especiales, Colección de Ma­
nuscritos, Tomo XXII, 1859, folio 7162.

(63|
J U A N E. P I V E L D E V O T O

Poco después realizó de María su propósito de dar


a conocer los hechos más im portantes de la vida de
Artigas. La publicación de este ensayo histórico, así
como los ho-nores decretados por Pereira, tenían
mucho de homenaje fam iliar a la figura de Artigas, a
quien de María estaba liga-do por doble parentesco
político. En las páginas del folleto que recogieron
la primera visión de conjunto sobre la vida de Artigas,
que al decir del autor "refleja la gloria y los dolores de
la p rim era época de n u e stra re v o lu c ió n " , se
entrem ezclan las referencias exactas con los datos
aún im precisos, la inform ación docum ental con
noticias y recuerdos trasm itidos por actores y
contem poráneos, narrado todo sin pretensión, con
sencillez de cronista y elevado espíritu de justicia.
Revisten particular interés las referencias sobre los
últimos años de Artigas proporcionadas a de María
por José María Artigas, en especial aquellas que
trasuntan el grado de pobreza en que llegó a
encontrarse Artigas. "Su menaje era tan pobre -dice-
que una canilla de pájaro con un envoltorio de cerda
al pie le servía de bombilla para tomar el mate. Los
domingos solía alquilar lo mejor de su ropa raída a los
industriales del lugar a cambio de maíz, mandioca y
miel, sirviéndose de esta última para endulzar el agua

164 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

conque cebaba el mate a falta de azúcar"83 El folleto


encontró eco favorable en la prensa del litoral y
de M ontevideo. "Las infam antes calum nias que sobre
el titulado caudillo Artigas, han divulgado y siguen
propalando los escritores de Buenos Aires, son
destruidas con la verdad de los hechos referidos en ese
fo lleto "ex p resab a "La R epública", al sugerir al
gobierno que la publicación en que se narraba "la
parte menos conocida de la historia nacional", fuese
difundida en las escuelas del país.84
La aparición en 1860 del prospecto sobre la obra
del Dr. Luis Nascimbene, que debía titularse "Historia de
la América Meridional, antes colonias de España",
• *

significó un anuncio de que la vida y época de Artigas


tan mal conocidas serían ampliamente estudiadas por el
autor en el tomo tercero, simple anuncio en verdad,
puesto que esta obra nunca llegó a editarse. Según
resulta del detallado prospecto, Nascimbene había

83. Isidoro de María: "Vida del Brigadier General D. José


Gervasio Artigas. Fundador de la Nacionalidad oriental". Publi­
cado en "El Nacional Argentino". 6ta época. Año XI. N °II8 6 .
Paraná. 22 de marzo de 1860.
84. "Vida del fundador de la nacionalidad Oriental", artículo
publicado en "La República", Montevideo, Año VII, número
1274, abril II de 1860, pág. 2. col. 6.
4

J U A N E. P I V E L D E V O T O

llegado a reunir una completa información sobre Artigas,


de quien no tenía una opinión muy favorable a juzgar
por algunas expresiones del prospecto mencionado que
circuló entre nosotros85, al tiempo también que se
difundían por la prensa las escuetas referencias sobre
Artigas consignadas en los "Apuntes Históricos" de
Larrañaga y Guerra publicados en 1861. La publicación
de esta narración cronológica aportó dos opiniones
relacionadas con Artigas que revestían para aquel
momento singular importancia. Al concretar un juicio
sobre cuáles habían sido los propósitos del caudillo
en 1813, expresan los cronistas mencionados: "Artigas
nunca quizo reconocer absoluta dependencia: exijia
ser reconocido y considerado Gefe Supremo de los
Orientales y que sus tropas fuesen reputadas de
Ejército unido y confederado."
"En una palabra, sostuvo la independencia y unión
de esta Banda con las demás Provincias, según la

85. "Memoria y prospecto sobre la Historia de la América


Meridional, antes colonias de España, por D. Luis Nascimbene,
Doctor en Filosofía y Matemáticas, ingeniero arquitecto hidráu­
lico, miembro de la dirección de construcciones públicas de Milán,
socio del Instituto Histórico de Francia, etc. etc." Cuatro volú­
menes en 8o con mapas y grabados. París, Imprenta de J. Claye,
Rué Sant-Benoit. 7. 1860.

[66]
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

Constitución de los Norte-Americanos"86, opinión que


contrastaba con la generalizada entonces acerca de las
ideas políticas del caudillo oriental. Larrañaga y Guerra
formulan, además, una observación ajustada a la verdad
cuando se refieren a los juicios divulgados acerca de
Artigas. "Se han escrito de Artigas, por esta razón cosas
que horrorizan, tratando de describirle por meras
anécdotas, pero no se puede dudar que este caudillo,
ecónomo del papel y aisladoen el peculiarconsejo de su
mente, es estraordinario yorijinalen todos respectos."87
Acertaban estos cronistas cuando atribuían al hecho
de que Artigas hubiera sido "ecónomo del papel", reservado,
reacio en ensayar la defensa o la explicación de sus
actos, la causa por la cual prosperasen sobre su vida
juicios y opiniones tan condenatorias. La crónica, el
ensayo de interpretación histórica impregnado de sentido
político, la obra literariacon descripciones del ambiente
rioplatense, habían sido escritas hasta entonces, salvo
excepciones, por los representantes de una clase que se

86. Dámaso Antonio Larrañaga y José Raymundo Guerra:


"Apuntes históricos sobre la Banda Oriental del Río de la Plata.
Desde el descubrimiento de este territorio hasta el año de 1818".
La Prensa Oriental. Montevideo. 1861. pág. 42.
87. Dámaso Antonio Larrañaga y José Raymundo Guerra:
"Apuntes históricos..." cit., pág. 53.

167 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

consideraba heredera de la tradición de Mayo, que


aborrecía la memoria de los caudillos, la que podría
ser reivindicada solamente cuando las multitudes que
en otro tiempo habían formado las "montoneras",
volviesen a predom inar en el escenario político.
Entre tanto la "leyenda negra" fué reforzada en
1861 al publicarse la "Historia Argentina" por Luis L.
D o m ín g u ez, obra d esde en to n ces v astam en te
difundida en los centros de enseñanza del Uruguay
en los que se utilizó como texto de consulta hasta
fines del siglo pasado. Cavia, M illery Mitre fueron las
fuentes en que se informó el autor para escribir las
páginas dedicadas a la época de Artigas, sobre la que
trazó un cuadro de tonos sombríos. "Su habitación,
dice,era una carreta, su comida un pedazo de carne
cortado del asador. En estos hábitos se había criado
desde su juventud, y no le gustaban ni podía
adoptar otros."
"Siendo joven, -agrega- se escapó de la casa de su
padre, que era un honrado hacendado, y se dedicó al
contrabando que en el siglo pasado se hacía por las
fronteras portuguesas. Los grupos de merodeadores
entre quienes vivía, se llamaban m ontones, y de allí
viene el nom bre de m o n to n e ro s, con que se
designaban las masas de caballería que lo seguía. El

I 68 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

Virrey O laguer lo sacó de aquella vida para hacerlo


oficial del Cuerpo de Blandengues, destinado a la
guarda de la frontera; em pleo que Artigas desem peñó
muy bien, como que nadie mejor que él conocía los
lugares de refujio y los puntos débiles de sus antiguos
camaradas. En esa situación loencontró la revolución;
y a las calidades adquiridas en esas dos fases de su
vida -de bandolero y de guarda costa- debió el
p restig io que tuvo después sobre los g a u ch o s,
nombre que no cuadra bien a todo hombre de campo;
sino a aquellos que no tienen hogar, ni apego al
trabajo, que viven siem pre sobre el caballo y que
toman su bien donde loencuentran. Artigas, taciturno,
silencioso, era mirado por ellos como un ser de
naturaleza superior. Su legislación era absoluta y
sencilla; su código penal estaba reducido al cepo de
lazo, y a la decapitación á cuchillo. Su Consejero de
estado, era D. Manuel Barreiro, y su Secretario, un
fraile apóstata llam ado M onterroso, hombre de alma
atravesada, pero que sabía poner bien una nota ó
redactar una proclam a salpicada con las palabras de
lib e rta d , in d e p e n d e n c ia y d e re c h o s. Este era,
naturalm ente, el hombre de principios que había en el
cam pam ento del famoso Don Pepe; la República del
Norte era el bello ideal de su política; y la constitución

í 69 J
J U A N E. P I V E L D E V O T O

de Massachusetts, la más digna de imitarse como la más


democrática de la confederación americana."88

JUICIOS SOBRE ARTIGAS FORMULADOS


EN LAS CÁMARAS DE 1862

Las páginas dispersas escritas sin brillo literario por


Pedro P. Bermúdez y por José Pedro Pintos; la modesta
biografía publicada por Isidoro de María no eran bastantes
para modificar una opinión arraigada entre la clase ilustra­
da, para destruir la leyenda tradicional cuyos asertos eran
ratificados cada vez que los escritores de renombre se re­
ferían a la persona y a la época de Artigas. En vano podían
extenderse decretos ordenando homenaje oficiales o
proyectarse leyes que dispusieran la erección de un mo­
numento, como ocurrió en 1862. Esos homenajes oficiales
no eran el resultado de una revisión histórica documentada
y seria. Tampoco era más documentada la historia que so­
bre Artigas habían narrado algunos cronistas apasiona­
dos, los viajeros desaprensivos o escritores militantes
%

como Sarmiento, Mitre y Domínguez.

88. Luis L. Domínguez: "Historia Argentina". Imprenta del


Orden, Victoria 144. Buenos Aires. 1861, págs. 413-416.

I 70]
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

El antiartiguismo no era en 1860 la resultante de una la­


bor científica, el saldo que pudiera haber arrojado una
investigación serena, sino una posición política en la misma
forma en que el artiguismoera un sentimiento instintivo que
anidaba en las capas populares del Río de la Plata y que
revivía entre nosotros cada vez que alguien se proponía
exaltar los fundamentos de la nacionalidad. Así se explica
que, salvo excepciones, los mismos que proponían home­
najes a Artigas en 1862 desconocieran los rasgos
fundamentales de su vida. Varios documentos oficiales de
esta época expresan que Artigas había muerto el 18 de
setiembre de 1848. En el "Diario de Sesiones de la Cámara de
Representantes" de la novena legislatura que corresponde
al gobierno de Berro, el lector encontrará, alternando con la
discusión de los variados temas que se ofrecen a la labor
legislativa, las arengas histórico-patrióticas que solía
pronunciar en sala el anciano constituyente de 1830 D.
Tomás Diago, que junto con el Prbro. Lázaro Gadea revi­
vían en aquella Cámara la tradición de la Patria Vieja.
Si a través de la palabra de D. Tomás Diago el relato
histórico no resulta siempre coherente, en cambio aparece
diáfano el sentimiento patriótico y tradicionalista que
inspiraba al anciano que las pronunciaba.
Una de esas exposiciones fué hecha por Diago el 19 de
mayo de 1862, al presentar un proyecto de ley por el que se

( 71 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

mandaba erigir una estatua ecuestre al "Padre de la Patria


D. José Gervasio Artigas". La lectura y discusión de este
proyecto que no llegó a merecer sanción legislativa, dió
ocasión para que se vertiesen en el parlamento referencias
y opiniones que ilustran acerca de la evolución del juicio
histórico sobre Artigas. Extraeremos de estas páginas de
los anales legislativo, junto a la anécdota que perfila los
rasgos de un hombre y de una época, narrada por D. Pedro
Díaz, la interpretación de las luchas de Artigas con Buenos
Aires hecha con mucho acierto por el Dr. Antonio de las
Carreras.
"Cuando después de los esfuerzos que hizo para fundar
la nacionalidad Oriental fué desgraciado -refirió D.Pedro
Díaz respecto de Artigas- reunió á todos los hombres que
lo acompañaban, de quienes se despidió para sepultarse en
una República ignorada entonces del mundo civilizado,
y les dijo: señores, no olvidemos que tenemos compatriotas
nuestros prisioneros de nuestros enemigos en el Brasil,
(entonces se hallaba el General Lavalleja y una porción
de patriotas confinados en la Isla das Convras89 en Rio
Janeiro) vamos a reunir todo el dinero que nos queda y
remitírselo á estos individuos."

89. Se refiere a la Isla das Covras.

I 7 2 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

"Efectivamente, la tesorería entonces del ejército era


como en aquellos tiempos podiaser, para iniciar una cruzada
como aquella, no tenía más que 4,000 patacones: se reunie­
ron estos 4,000 patacones y les dijo: es preciso que alguno
de ustedes lleve esa plata y vea algún medio de conducirla
para los prisioneros que están en Rio Janeiro, que disfruten
de ella como el único resto de la libertad que nos queda."
"Efectivamente, uno de ellos que no sabía el camino, un
D. Francisco de los Santos -sargento, me parece,- dijo: - yo
me animo:- se le acomodó el dinero en la carona y se dirijió
como Dios le ayudó por esas campañas hasta poder dar
con Río Janeiro."
"Allí se supo por la autoridad, por el Gefe que escolta­
ba á los prisioneros, que ese individuo llevaba dinero,
porque el mismo se aventuró á decir al Gefe de la Fortaleza
que quería ir á ver á sus compañeros y llevarles un dinero
que D. Gervacio Artigas les mandaba."
"Este individuo interesado puso preso á D. Francisco
de los Santos, le robó el dinero y fué conducido á la fortale­
za junto con los demás prisioneros en donde estaba espe-
randoel General Lavalleja."
"Pero andando el tiempo Ies dijo lo que le sucedía, y un
día que el jeneral Lavalleja estaba muy triste en la Sala, le
preguntó el Conde de Viana que por casualidad me parece
se encontraba allí -cuál era la causa de su tristeza: señor (le
J U A N E. P I V E L D E V O T O

dijo el General Lavalleja) somos tan desgraciados que hasta


un socorro que nos han mandado para llenar nuestras
necesidades, no lo hemos podido obtener: y la energía del
Conde de Viana, sus deseos humanitarios, hicieron que
diera parte á la autoridad; y puso los medios para la
averiguación de aquel hecho."
"Se hizoefectivamente la averiguación, fué presoel Ge-
fe de la Isla en que estaban prisioneros, y para honra del
Brasil y sus autoridades, la cantidad que había sido robada
por el Gefe de la Fortaleza, fue distribuida personalmente
con arreglo a la voluntad del General D. Gervacio Artigas."
"Este hecho, señor Presidente, me permito recordarlo a
la H. Cámara con el fin de que la Comisión se interese en el
despacho de este asunto, que sin duda, es el primero en
cuanto á Glorias Nacionales, para proceder á conmemorar
hechos tan gloriosos."
"Esto no lo sabia yo, señor Presidente, pero un amigo
íntimo mió y entusiasta ciudadano, interesado por la líber-
tad del pais y por los hechos gloriosos -principalmente del
General Artigas-contemporáneo de él -el señor D. Andrés
Vázquez,- me lo refirió: y ese señor ha llegado a tanto su
patriotismo, que hasta ha recojido las últimas palabras que
dijo el General Artigas al despedirse de sus conciudadanos
y las tiene apuntadas, porque las sabía de boca de aquellos
que lo habían acompañado; y ha recogido todos los pape-

l 74 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

les que ha podido referentes á la historia del General Arti­


gas, y desgraciadamente no ha podido eso tener efecto,
porque encomendada esa obra á nuestro compatriota el
desgraciado Pintos, la estaba escribiendo cuando aconte­
ció su muerte."
"Me hago á la vez un deber en manifestar esto, para que
la Comisión tenga presentes las virtudes del ciudadano
D. Andrés Vázquez que ha hecho conocer al C. Lejislativo
y a todos los hombres que se interesan por el orijen de
nuestra nacionalidad, hechos nobles y gloriosos como el
que hizo el General Artigas en obsequio de su país."
"He dicho el último hecho de gloria y patriotismo del
General Artigas, porque fué el último hecho que en obsequio
á su país pudo hacer en beneficio de los prisioneros:
porque después, como ha dicho muy bien el señor Diputa­
do por Soriano, él solo se acordaba en el destierro de su
Patria, y leia la Constitución que los que después le suce­
dieron en la empresa gloriosa que emprendió, formaron para
que la República Oriental fuese libre é independiente".
"Y he dicho que apoyo y considero oportuno este
negocio porque, -como también lo ha dicho el autor
del proyecto- se trata de m onarquizar la América y
desgraciadam ente yo creo que entre nosotros hay
hom bres que propenden á ese fin; y esa estatua que
se vá á colocar puede servir para recordara los Orientales

í 75 ]
J U A N E. P I V E L D E V O T O

que tienen el deber de sostener las tradiciones del General


Artigas."90
El Dr. Antonio de las Carreras, anticipándose en mu­
chos años al juicio de la historia encarada con criterio
científico, hizo en la sesión del 9 de junio de 1862 un enfo­
que certero sobre el sentido de las luchas de Artigas contra
las fuerzas que dentro del proceso revolucionario se habían
considerado herederas del poder virreinal.
"...la razón de una ley de esta naturaleza -expresó Anto­
nio de las Carreras al referirse en primer término al proyecto
de monumento- no es otra que la de engrandecer, agrandar
por decirlo así, una tradición que ha podido perderse en el
olvido, y que sin embargo es uno de tantos medios de
educación popular para estimular las virtudes que adorna­
ban al padre de los Orientales."
"Yo, al apoyar el pensamiento no he miradoen el Gene­
ral Artigas al hombre con sus inclinaciones, con sus de­
fectos, efecto mas que todo de la época, de las circunstancias
y del aislamiento en que lo colocaron muchos de los hom­
bres que debieron rodearle para salvar la independencia de

90. "Diario de Sesiones de la Honorable Cámara de Representan­


tes". 2° período de la 9o Legislatura. Imprenta Oriental. 25 de mayo
N°. 50. Tomo V. Montevideo, 1864. págs. 106 y 107. Segunda
Edición, Tip. Oriental a gas, calle Treinta y Tres núm. 112, Tomo
V. Montevideo, 1886, págs. 156 y 157. Entre el texto de la I.* y 2.J
edición existen ligeras variantes.

I 76]
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

la Patria, y evitar la invasión de las fuerzas portuguesas y


brasileras."
"Cuando la historia se escriba imparcialmente; cuando
se analicen los hechos de esa época, ha de justificarse aun
en los actos que hayan podido parecer criminales ante la
humanidad: ha de justificarse, digo, al General Artigas,
hombre sin educación y luchando con circunstancias
dificilísimas en que pocos hombres se han hallado frente
a frente; supo sin embargo desarrollar el espíritu de
Patria, el espíritu de independencia y largar una idea que
ha venido a triunfar más tarde en la Confederación
Argentina."
"La razón porque el General Artigas fué combatido
y fué abandonado de ciertas entidades que debieron
ayudarle, fué porque pensó que para constituir una
nación de lo que había form ado antes el V irreinato de
Buenos Aires, era preciso constituirla reconociéndole
la personalidad á cada Provincia en la reunión de
todas para form ar una Nación poderosa."
"El espíritu de descentralización fué un obstáculo
á ella: el General Artigas no pudo menos que separarse
y entregarse á los azares de una lucha extraordinaria
en que había salido todo de quicio por razón de la
revolución misma que había echado por tierra las
bases del antiguo régim en, para ir á establecer uno

í 77 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

nuevo que vendría á formar la Nacionalidad Oriental


en los fastos dem ocráticos."
"De consiguiente, mirado el hombre tal cual está,
desprendido de su condición individual, de su
condición humana; mirado el hombre por las virtudes
que representaba como patriota, no hay inconveniente
en que el pueblo mas dem ocrático atienda y venere la
memoria de ese hombre y salude como se saluda sobre
la tierra el nombre de los hombres superiores que han
encabezado grandes em presas."91
Poco antes de discutirse este proyecto de ley que
disponía la erección de un monumento a Artigas en
M ontevideo, el Dr. Fermín Ferreira y Artigas había
llamado la atención en la prensa sobre el hecho de que
las cenizas del procer yacían aún en ajeno sepulcro,
"sin que la patria le haya concedido como propia una
vara de terreno, al que conquistó palmo a palmo un
hermoso territorio."92 Por disposición oficial los
restos de Artigas y Rondeau fueron trasladados al
panteón de la Rotonda, en el Cementerio Central,

91. Diario de Sesiones de la Honorable Cámara de Represen­


tantes. 2o período de la 9o legislatura. Tomo V. Edición de 1864.
cit. pag. 460. Segunda edición de 1886. cit. págs. 640 y 641.
92. Publicado en "Comercio del Plata". Año I. N° 155. Viernes
14 de marzo de 1862. pág. 3, col. 1.

I 7 8 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

celebrándose con tal motivo cerem onias durante los


días 2 y 3 de setiem bre de 1862 que Isidoro de M aría,
siem pre atento a toda m anifestación artig u ista,
com entó en la prensa periódica93.

EL RETRATO DE ARTIGAS

Un detalle que contribuye a poner de m anifiestoel


interés y la curiosidad que suscitaba el personaje, en­
contram os en los com entarios formulados con motivo
de darse a conocer en M ontevideo el único retrato de
A rtigas llegado al presente hasta nosotros. Don
Andrés Vázquez, cuya fervorosa adhesión a la causa
a r tig u is ta h ab ía re c o rd a d o en la C ám ara de
R epresentantes D. Pedro Díaz, recibió en noviem bre
de 1862 un ejem plar del retrato de Artigas hecho al
natural por A lfredo D em ersay en el Paraguay,
litografiado en París por C. Sauvageot en la misma
lámina en que aparece el retrato de Gaspar Rodríguez
Francia, perteneciente al atlas que ilustraba la obra
del e x p re sa d o D em ersay in titu la d a "H isto ire

93. Isidoro de María: "Los restos de Artigas y Rondeau",


publicado en "La Prensa Oriental". Montevideo. 4 de noviembre
de 1862, pág. 2. cois. 4 y 5.

1 79 ]
J U A N E. P I V E L D E V O T O

Physique, Economique et Politique du Paraguay et


des établissements des Jésuites", cuyos dos únicos
volúmenes impresos se publicaron en París en 1860 y
186494.
En 1910 D. Juan Zorrilla de San Martin se adelantó ya a
reivindicar para Demersay la paternidad del retrato de
Artigas. "Toda la iconografía que poseemos se reduce al
apunte del viajero que generalmente se atribuye al sabio
francés Bompland. y que figura en el atlas de la obra de De­
mersay "El Paraguay". "Es a éste a quien debe atribuirse,
pues", expresó en "La Epopeya de Artigas"95.
No tiene fundamento la suposición de que Demersay
haya realizado el retrato de Artigas por la simpatía que le
inspirabael personaje. Antes porel contrario, lasexpresio-
nes y el juicio que sobre el mismo vertió al pasaren su obra,
no pueden ser más desfavorables. No eran resultado de
estudios personales, ni siquiera reflejo de opiniones
recogidas durante su viaje. Se trata, en realidad, de una
página escrita bajo la influencia de la obra de Rengger y

94. L. Alfred Demersay: "Histoire Physique, Economique et


Politique du Paraguay et des Etablissements du Jesuites." Libraire de
L. Hachette et Cíe. Rué Pierre Sarrazin. Tomo I. París, 1860.
95. Juan Zorrilla de San Martín: "La Epopeya de Artigas.
Historia de los tiempos heroicos del Uruguay". Barreiro y Ramos.
Editor. Librería Nacional. Montevideo. 1910. Tomo I, pág. 161.

1 80]
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

Longchamp publicada en 1827 a la cual ya nos hemos


referido en estos apuntes.
"Este contraste -expresa Demersay refiriéndose a la
anarquía de las provincias- se hizo más vivo cuando el ge­
neral Artigas, jefe de bandidos de la especie más temible,
puesto que usaban la política como máscara y pretexto,
después de haber arrasado la Banda Oriental y atacado
Buenos Aires, lanzó sus hordas desvastadoras a través de
las Misiones de Entre Ríos y la Provincia de Corrientes. El
foco del incendio que ellos desataban a su paso se fué
acercando cada vez más al Paraguay hasta amenazar sus
fronteras. Sus tropas habían vadeado ya el Paraná cuando
el muy gran protector de la América del Sur, el Patriar­
ca de los pueblos libres, fue a su vez obligado a buscar allí
un asilo. La discordia había estallado en sus filas. Aban­
donado por la fortuna, derrotado y perseguido por Ramírez
su lugarteniente, el autor de esas crueldades inauditas
encontró un refugio en el Paraguay" (Setiembre de 1820).
"Sin embargo, Francia, juzgando que estaba por encima
de su dignidad el admitir en su presencia a un hombre
perdido en crímenes, rehusó verlo; pero queriendo respe­
tar, como lo decía él mismo, los derechos sagrados de la
hospitalidad para con un enemigo, lo internó en el pueblo
de Curuguaty, cuyo comandante recibió la orden de pro­
veerlo de lo necesario, lo que fue pronto suprimido por ra-

í 8 1 ]
J U A N E. P I V E L D E V O T O

zones de economía. Artigas pasó en este retiro largos años


que consagró a trabajos agrícolas. Después de la muerte del
Dictador se le permitió radicarse en los alrededores de
Asunción. Es allí donde lo hemos encontrado viviendo, co­
mo lo decía él mismo, de las limosnas del Presidente López,
alojado en Ibiray en una de sus casas, todavía erguido y
vigoroso a pesar de su avanzada edad. Allí fue donde se
extinguió en 1850."96
Si bien estas apreciaciones, coincidentes con la versión
difamatoria de otros viajeros indocumentados, no agrega­
ban nada que pudiera servir a la rehabilitación del perso­
naje, el reconocimiento del retrato de Artigas hecho por
Demersay significó, en cambio, una aportación valiosísima
desde el punto de vista de las reacciones sentimentales
que suscitaría, puesto que el recuerdo legendario del per­
sonaje pudo desde 1862 asociarse a la idea de su imagen
física.
"Entre los papeles del célebre Bompland, informaba "La
Nación" de Montevideo, que como todos sabemos viajó
mucho por el Paraguay y se hallaba en ese país cuando
Artigas sufría allí el ostracismo, se ha encontrado el retrato

96. L. Alfred Demersay: "Histoire Physique, Économique et


Polilique du Paraguay el des Établissements du Jesuites". Tomo
I, cit., págs. 365 y 366.

[ 8 2 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

del héroe. Desde París han remitido ya una copia de él que


tuvimos el placer de ver el sábado."
"Artigas, agregaba el articulista, está exactam ente
representado a la edad de ochenta y tantos años, y
decim os exactam ente por que todos los hombres
ancianos a quienes se les puso delante el retrato al
instante lo reconocieron sin la menor indicación."97
Viejos guerreros certificaron en efecto el parecido
de la litografía con la persona de Artigas; Mege y
W illem s h iciero n en M ontevideo en 1863 una
reproducción de la lámina de París y Eduardo D.
Carbajal anunció ya el propósito de pintar un lienzo
que presentase a A rtigas en el Paraguay, obra que
ejecutó en 1865.
La divulgación de esta litografía en la que el
caudillo ya serenado por los años "cuando estaba
preso en el Paraguay" se m uestra aún con los rasgos
de su dom inante personalidad, contribuyó a acentuar
la curiosidad y el interés científico sobre "el bueno o
malo de Artigas", como se decía en 1863, y a presentarlo
a los ojos de la imaginación popular con los caracteres
de un venerable patriarca.

97. "La Nación". Montevideo. 27 de agosto de 1884, pág. 1,


cois. I a 5.

í 8 3 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

El movimiento revolucionario iniciado en 1863 por el


Gral. Venancio Flores contra el gobierno de D. Bernardo
Berro dió lugar a que se renovaran las opiniones y las con­
troversias apasionadas sobre el caudillismo. Los jovenes
liberales del Partido Colorado, que en un principio no
adhirieron a la revolución, encendieron la polémica desde
las columnas de "El Siglo". El 19 de abril de 1863, en un
artículo publicadoen este periódico, dirigido por el Dr. José
P. Ramírez, al aludirse al pensamiento inicial de la revo­
lución de Mayo, se había expresado que la unidad del
mismo “había sido quebrada por los esfuerzos heroicos
pero inoportunos y fatales de los caudillos de la primitiva
federación."98
Semanas después, en las mismas columnas, se pu­
blicaron, el 17 y 18 de junio, algunas reflexiones sobre la
independencia nacional, a propósito de la intención
anexionista que se atribuía a determinados círculos políti­
cos. Luego de afirmar que no había partido, ni círculo, ni
siquiera cuatro orientales capaces de suscribir la idea de

98. "El Siglo". Montevideo. 19 de abril de 1863, pág. 1, col. 1.

[ 8 4 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

que la nación, después de haber tremolado su propia ban­


dera, pudiera abdicar su soberanía, expresaba el Dr. Ramí­
rez: "Dos tradiciones dividen las opiniones de estos pue­
blos, la tradición de Mayo en toda la unidad de su
pensamiento, y la tradición de los primitivos caudillos de la
federación en toda su tendencia al localismo y al na­
cionalismo de Francia, Artigas, López y Ramírez".
"Para nosotros la tradición de Mayo, es la tradición
gloriosa y civilizadora".
"Para nosotros la tradición de los caudillos, es la tra­
dición inmoral y salvage de estos países."
"Mientras aquella llevaba la libertad al Perú y a Chile,
ésta entregaba el Paraguay á la más obscura tiranía, Mon­
tevideo á la dominación extrangera, ponía en conflicto la
revolución y echaba los gérmenes de la anarquía, que ha
devorado desde la emancipación, á estas Repúblicas de Sud
América".99
El Dr. Ramírez completó su interpretación sobre el
movimiento revolucionario del Ríode la Plata, al expresaren
el segundo artículo sobre "La nacionalidad Oriental":
"Desde el primer momento de la revolución de Mayo, hubo
dos tendencias en los pueblos: la unidad y la federación.

99. "Esplotación" por José Pedro Ramírez, publicado en "El Siglo",


Montevideo. 17 de junio de 1863, pág. 1, cois. 1 y 2.

I 8 5 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

que no envolvían entonces una cuestión de sistema de


gobierno, sino de integridad y desmembración, de orden y
anarquía, de civilización y barbarie".
"La unidad entonces, no era un programa, no era un
principio, era un hecho del cual era preciso partir, para
llevar a cabo el gran pensamiento de los prohombres de la
revolución".
"La federación era el pretexto de la reacción a la anar­
quía, a la insubordinación y a la barbarie".
"Los pueblos no estaban preparados, ni educados para
la gran revolución política y social que se había iniciado, y
los elementos sobraron a esa reacción para poner a la
revolución en la necesidad de transar -con el Dr. Francia en
el Paraguay, con la dominación Extranjera en Montevideo,
con la anarquía en Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes".
"Esos precedentes fatales, sin duda, imprimieron su
carácter a los sucesos posteriores, y aún hoy mismo se
descubre la influencia de esos sucesos en las causas que
estorban el progreso de estas repúblicas".
"Como la unidad era el hecho del cual debió partir la
revolución y que debió conservarse mientras la revolución
no se hubiera consumado y las necesidades y las con­
secuencias no decretaren otra cosa, la desmembración del
antiguo virreinato tuvo que ser más tarde el hecho de que
partieron las provincias del antiguo virreinato para

[86J
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

constituirse una vez emancipados del poder de la madre


patria".
Uno de esos hechos, expresaba el Dr. Ram írez, fue la
independencia de la Provincia Oriental, reconocida en
1828. aun cuando, a su juicio, ya se la podía considerar
"decretada desde que la propaganda federal le hizo
verter las primeras gotas de su sangre, en las guerras de
Artigas".
"Nosotros, pues, como es natural, agregaba el Dr.
Ramírez, aceptamos, veneramos, y a nada sacrificaremos
esa independencia; pero consecuentes con nuestros prin­
cipios, condenamos las tradiciones impuras que la pro­
dujeron; y de esa distinción justa, moral y necesaria ha
tomado más de una vez asidero la malevolencia y la pasión
política para enrostramos los más infames propósitos".
"Y nosotros condenamos aquellas tradiciones, porque
no queremos apostatar de la revolución de Mayo, y renun­
ciar a las glorias que son el patrimonio de todas las repú­
blicas del antiguo virreinato".
¿Cuáles eran esas tradiciones? La tradición de los
caudillos, la de Artigas, López y Ramírez que por instinto y
sin ideas habían adherido a la revolución de Mayo para
combatirla luego, según "El Siglo", cuando tomó forma
regulare impuso a los pueblos vínculos sagrados, "siempre
insoportables a los caudillos". "Compárese -decía- la

I 8 7 ]
J U A N E. P I V E L D E V O T O

política de esos caudillos y de esos pueblos (el Paraguay,


Entre Ríos, la Provincia Oriental) bajo aquella fatal
inspiración, con la de los hombres de Mayo, que luchan 15
años por no dejar un solo palmo del antiguo Virreinato por
vil precio del triunfo y de la conquista; que hacen la peno­
sa campaña del Paraguay con Belgrano, escalan los Andes
con San Martín para libertar a Chile y al Perú, y envían un
ejército sobre otro ejército a nuestra patria, centro y núcleo
del Poder Español".
¿Qué hacían entre tanto los caudillos?, se preguntaba el
Dr. Ramírez. "Echaban en la fértil tierra de América, los
gérmenes de la anarquía, que más tarde ardió en todas las
provincias del Plata, paralizando absolutamente la revo­
lución por los años 15 y 16 y preparando las derrotas que
por aquella época sufrieron los ejércitos de la revolución".
"Desde 1813 empieza una serie de sublevaciones que no
terminan sinocon el aislamientode la Provincia Oriental, de
Entre Ríos, Corrientes y Santa Fé".
i
"Tales hechos, finalizó el Dr. Ramírez, no era más que
resistencias de la barbarie, a la idea política, social y pro­
gresista de la revolución; y esa tradición impura no debe ni
puede enaltecerse por los que aspiran a fundar institucio­
nes, libertad y progreso".100

1(X). "El Siglo". Montevideo. 18 de junio de 1863, pág. 1 cois. 1, 2 y 3.

I 88 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

Estas opiniones trasunto de la concepción histórica


profesada por el núcleo principista al que pertenecía el
Dr. José Pedro Ramírez, desconocían la influencia
fecunda del caudillismo en el Río de la Plata, al que
rechazaban como exponente de la barbarie, pero sin
atribuir a Artigas los rasgos sombríos con que lo habían
presentado los escritores unitarios, fundadores de aquella
corriente histórica.
Sin apartarse en lo fundamental de esa corriente,
inspirada en la tradición de Mayo, el Dr. Ramírez
modificaría años después su juicio sobre Artigas.
José Manuel Sienra y Carranza fue quien, en 1863,
opuso a la gloria de Mayo, la tradición oriental y artiguista
al refutar desde "La Reforma Pacífica" los artículos de José
Pedro Ramírez. "Los esfuerzos hechos inmediatamente
después de la Revolución de Mayo por las Provincias del
Río de la Plata, para rechazar la supremacía de que sobre
ellas pretendió revestirse Buenos Aires, no pueden
racionalmente considerarse como resistencias de la
barbarie a la idea política y civilizadora de la revolución
del año 10", escribió el Dr. Sienra y Carranza.
"Por el contrario. Proclam ar los principios es
com prom eterse a practicarlos, y los revolucionarios
habían levantado la bandera del derecho, de la
libertad, de la igualdad".

[ 8 9 )
J U A N E. P I V E L D E V O T O

"Arligas no era un salvaje que luchaba por el oscu­


rantismo y la barbarie contra la ilustración y el progreso".
"Artigas, aunque necesariamente ha tenido que re­
sentirse del espíritu y de las costumbres de su época, era un
soldado de la causa de la igualdad".
"Artigas había concebido la idea, y quería realizarla".
"Cambiar una dominación por otra hubiera sido una co­
sa a que los pueblos se hubieran resistido; por inútil".
"Por eso la provincia de Montevideo como la de Santa
Fe, Entre Ríos y Comentes rechazó, con Artigas a la cabe­
za, la dominación de los unitarios".
"El General Artigas -expresaba luego de referirse a los
términos en que se planteó la guerra con la capital- luchan­
do contra Buenos Aires no hizo más que aplicar las ideas
de la revolución a la situación creada por el exclusivismo
unitario".
Sienra y Carranza había llegado en 1863 a formarse un
juicio certero sobre cuál fue el carácter que tuvo aquel
movimiento promovido por Artigas y los caudillos, al que
el Dr. Ramírez calificó de "subrevolución", que al tiempo
que combatió contra el yugo español rechazó el que
Buenos Aires pretendía imponerle.
Y planteando las cosas a la manera del Dr. Ramírez,
preguntaba: "¿Se trataba de que una sola provincia ad­
quiriera dominio sobre todas las otras, o de que, entre todas

[90]
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

unidas y ayudándose mutuamente alcanzarán la inde­


pendencia a que aspiraban?"
"El sistema federal con la unidad por base, pudo hacer
una gran república en el Río de la Plata; pero el sistema
unitariocon el exclusivismo porcimiento, necesariamente
ha tenido que engendrar: primero la desmembración
del gran cuerpo, y luego un monstruo que se llama nación
argentina, fatalmente condenado a la anarquía que le
devora".
"Artigas tentava lo primero, el directorio de Buenos
Aires optó por lo segundo".
"¿Quién buscaba la civilización?, ¿quién la barbarie?",
terminaba preguntando Sienrra y Carranza101.
No existían en el país muchas personas con información
histórica que las capacitase para responder al interrogante
formulado en 1863 por D. José M. Sierra y Carranza. Si
exceptuamos a Isidoro de María, cuya dedicación a los
estudios históricos sobre la personalidad de Artigas ya
comentamos, a Andrés Lamas, entonces radicado en Bue­
nos Aires, con conocimientos profundos sobre la época
colonial pero que nunca reveló mayor interés por el perío­
do artiguista. sólo pueden mencionarse los nombres de

101. "Nuestra independencia y los sistemas unitario y federal",


artículo comunicado con la firma J.S.C., publicado en "La Reforma
Pacífica", Montevideo, junio 20 de 1863. 2o época, pág. 2, col. 5.

[ 9 1 ]
J U A N E. P I V E L D E V O T O

algunos aficionados como Agustín de Vedia, Gregorio


Pérez Gomar, Laurentino Ximénez. Ramón de Santiago, con
inquietud por estudiar el pasado nacional. No es extraño
pues, que la información documental y tradicional que
entonces se allegaba sobre el discutido personaje en
estudios de diversa índole, apareciera en libros escritos por
autores extranjeros, o que comoen el caso de Carlos Calvo,
de oriental podían aducir tan sólo el hecho de haber nacido
en el país. En 1864 y 1865 llegaron a nuestro medio pro­
cedentes del exterior, tres obras históricas de distinto
mérito cuya información ilustró considerablemente un
aspecto de la época de Artigas poco conocido.
Nos referimos a los "Apuntes para la Historia de la
República Oriental del Uruguay", por Antonio Deodoro de
Pascual, a los "Anales Históricos de la Revolución de la
América Latina", por Carlos Calvo, y a la "Historia de la
fundación del Imperio Brasilero", porJ.M.Pereira da Silva.
Erael primero un español, funcionario de lacanci 1lería i mperial,
locual le valióunrelativoaccesoalosarchivos brasileños, encuya
obra, nodesprovistade interés, sejuzgacon severidad al "precursor
de la revolución y azote de la República Oriental". De Pascual
presenta a Artigas rodeado de"vi 1lanos e intrigantes"l0\ entre102

102. Antonio Deodoro de Pascual: "Apuntes para la Historia de


la República Oriental del Uruguay". Th. Ducessois, Editor. Tomo I.
París 1864, págs. 64-65.

( 92 1
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

loscuales menciona.enprimertérmino,comoinspiradoresde
sus excesos a Monterroso y a Barreiro.
Carlos Calvo, que en 1861 había reunidoen Montevideo
por encargo de Mitre noticias sobre Artigas, dedicó mu­
chas decenas de páginas de su colección a estudiar con
notable información documental los antecedentes de la
invasión portuguesa de 1816, la resistencia oriental y la im­
portancia que en ella le cupo al corso artiguista103104,materiales
que uti lizó Pereira da Sil va para escribir los extensos capítulos
que a esos temas consagró en su ya mencionada"Historia"l(>4.
El Artigas real no surgió de estas obras para desterrar al
de la leyenda, pero es indudable que desde entonces

103. "Anales Históricos de la Revolución de la América Latina;


Acompañados de los documentos en su apoyo. Desde el Año 1808
Hasta el Reconocimiento de la Independencia de ese Extenso Conti­
nente. Por Carlos Calvo Miembro Corresponsal del Instituto Histó­
rico. Miembro de la Sociedad de Geografía de Francia, de la Sociedad
de Economistas de París, y del Instituto Histórico y Geográfico del
Río de la Plata". París, en las librerías de A. Durand. Rué des Gres 7;
de Garnier Hermanos, Rué des Saints-Péres 6; de L. Hachette y Cia.
Boulevard Saint Germain 77. España en la Librería de Bailly-Bailliére.
Madrid. Plaza del Príncipe Don Alfonso, 8. Tomo Primero, 1864.
Tomo Segundo, 1864. Tomo Tercero, 1864. Tomo Cuarto, 1865.
Tomo Quinto. 1867.
104. "Historia da Funda^ao do Imperio Brazileiro por J. M. Pereira
da Silva". Tomo Primeiro. Rio de Janeiro, B. L. Garnier, Editor. 69,
Rúa do Ouvidor, 69. Pariz. Garnier Irmaos, Livreiros, Rúa des Saints-
Peres, 6. 1864. Tomo Segurfdo, Rio de Janeiro... Pariz, Augusto
Durand. Livreiro, Rúa des Grés. 7, 1865. Tomo Tcrceiro, idem. Tomo
Quarto, idem.

I 93 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

quedaron ya definidos los contornos de la titánica lucha


sostenida por Artigas en defensa de su patria contra la
invasión lusitana. El conocimiento hasta la época no
completado de esa etapa, en la que se perfilaron los rasgos
más vigorosos de su personalidad guerrera, se difundió
entre nosotros, según veremos, en circunstancias políticas
que acordaron a las hazañas de Artigas una trascendental
significación en aquel momento de la vida del país.

LA OPINION DE ALBERDI

En tanto que en obras publicadas en Europa se


descubrían y aclaraban panoramas confusos de la vida
de Artigas, la literatura histórica del Río de la Plata,
a juzgar por los trabajos de la "Revista de Buenos
Aires", publicados contemporáneamente, parecía seguir
la trayectoria señalada por Mitre en su libro sobre
Belgrano. Por entonces un hombre de agudo talento se
aplicó a escribir desde su obligado retiro un estudio
crítico sobre los historiadores de Belgrano. Nos referimos
a Juan Bautista Alberdi, el más profundo pensador
argentino de su tiempo, quien antes de esta fecha había
dado a conocer algunas reflexiones sobre Artigas, que
amplió en 1865 a propósito de la personal idad de Belgrano
y de las ideas de su biógrafo, el Gral Mitre.

(94]
D E L A L E Y E N D A N E G R A A L C U L T O A R T I G U I S T A

En el estudio sobre la integridad de la República Ar­


gentina publicado en 1855, Alberdi había responsabilizado
a los dirigentes centralistas por la segregación de la Pro­
vincia Oriental, cuya autonomía defendió Artigas, porque
"no quería salir de los españoles para entrar debajo de los
de Buenos Aires".
"Capitán de Blandengues de un cuerpo veterano, -de­
cía- hijo de una de las principales familias de Montevideo,
Artigas fue presentado sin embargo como un malhechor.
Si mereció este título por sus violencias, a la historia le to­
ca darse cuenta del principio o tendencia que le puso en
acción: los excesos suelen acompañar a todas las causas,
buenas y malas: porque son hijos de la lucha."105
En las páginas sobre Belgrano y sus historiadores,
escritas sin plan, al correr de la pluma, a manera de desaho­
go íntimo, páginas no publicadas hasta 1897, después de
muerto su autor, Alberdi definió su posición frente a Arti­
gas expresando: "No somos de los denigrantes sistemáticos
de Artigas, por que sabemos de quien emanan las tenden­
cias que a él se adjudican."106

105. Juan Bautista Alberdi: "De la integridad de la República


Argentina bajo todos sus gobiernos". Imprenta y Librería de
Mercurio. Valparaíso, 1855, pág. 77.
106. Juan Bautista Alberdi: "Belgrano y sus historiadores. Facundo
y su biógrafo" Imprenta Alberto Morkes. Leina 456 .Tomo V.
Buenos Aires, 1897, pág. 233.

195 1
J U A N E. P I V E L D E V O T O

Alberdi, para quien Artigas había pasado "como un


meteoro"l07, reconocía en este escrito que los caudillos y los
pueblos al combatir a Buenos Aires resistieron no la li­
bertad sino el despotismo que se les ofrecía junto con
aquella. "Artigas como el Dr. Francia, Güemes como
Artigas, López como Güemes, Ramírez como López,
decían:-ni españoles ni porteños por amos y señores. La
autoridad de todos y para todos por igual."108
En estas páginas, visiblemente inspiradas en un pro­
pósito de crítica de las concepciones históricas y políticas
de Mitre, Alberdi ensayó una explicación de los caudillos,
tan combatidos y denigrados por aquél. En su manera de
ver, los caudillos habían nacido en América con la revo­
lución democrática de 1810.
"Artigas, López, Güemes, Quiroga, Rosas, Peñaloza.
como gefes, como cabezas y autoridades, son -decía- obra
del pueblo, su personificación más expontánea y genero­
sa. Sin más título que ese, sin finanzas, sin recursos, ellos
han arrastrado, guiando al pueblo con más poder que los
gobiernos. Aparecen con la revolución Americana: son
sus primeros soldados. Fueron los jefes que el pueblo eligió
para sustituir a aquellos nombrados por los monarcas".

107. Juan Bautista Alberdi: "Belgrano y sus historiadores. Facundo


y su Biógrafo", cit., pág. 98.
108. Idem, pág. 198.

[% l
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

"¿Porque tienen mala fama? ¿Á qué deben su des­


crédito? ", se preguntaba Alberdi109. Sus violencias y su
arbitrariedad innegables fueron el pretexto. "Vastagos e
instrumentos de una revolución fundamental, no podían
ser dechados de disciplina; no lo son en ninguna parte los
jefes de una democracia que no se ha constituido defini­
tivamente."
"Veamos a Artigas, su prototipo. Artigas figura entre los
primeros que dan el grito de libertad y es el brazo fuerte que
sustrae la Banda Oriental al poder español. ¿Qué quiere en
seguida? Lo mismo que Buenos Aires ha concedido al
doctor Francia, jefe del Paraguay, sin haber hecho lo que la
Banda Oriental y Artigas por la libertad: la autonomía de la
provincia, en virtud del nuevo principio formulado por
Moreno sobre la soberanía inmediata del pueblo. ¿Qué
hace Buenos Aires? Lo pone fuera de la ley. De ahí la lucha,
y, al favor de ella, la patria arrancada por Artigas a los
españoles, cae de nuevo en manos de los portugueses.
Colocad en el puesto de Artigas al más noble corazón del
mundo, y su nobleza misma lo hará feroz, al verse sin patria,
bajo tres enemigos que se disputan su dominación. En
efecto, ¿qué quería Artigas? Ni portugueses, ni españoles,

109. Juan Bautista Alberdi: "Belgrano y sus historiadores. Facundo


y sus biógrafos", cit., pág. 195

[97 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

ni porteños. ¿Era eso un crimen? Eso es lo que hoy existe,


inspirado más tarde por la libre Inglaterra y sostenido hoy
por todo el mundo culto. No es ese el único triunfo de
civilización de los caudillos."110
Buenos Aires, sus políticos, sus panfletistas, sus es­
critores con pretensiones de sociólogos, eran en definitiva
quienes habían creado la mala fama de los caudillos, la de
Artigas el primero. A ella habían adherido los hombres de
pensamiento de nuestro país educados en la tradición de
Mayo. Los autores españoles que estudiaron la revolución
hispanoamericana habían hecho también su parte para
lograr esa desfama. Pero reaccionando contra una inter­
pretación ya incorporada a las páginas de la historia, Al-
berdi insistía en que los caudillos eran la expresión más
natural de la democracia americana, de la democracia llamada
bárbara porque era la "del pueblo más numeroso y menos
instruido y rico, antítesis de la democracia del ejército de
línea y del pueblo instruido y rico, que es minoría en Amé­
rica, más que en Europa."111 Recordaba Alberdi cómo
Belgrano había querido salvar a su modo la democracia
americana monarquizándola, oponiendo a "los pueblos de
origen español, que estaban gobernados por jefes del tipo

110. Juan Bautista Alberdi: ' Belgrano y sus historiadores. Facundo


y sus biógrafos", cit., pág. 1%.
111. Idem. pág. 203.

198 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

de Artigas, un gobierno comoel que se ha dado la revolución


americana del Brasil."112 Por su parte Mitre y Sarmiento y
demás dirigentes de la escuela liberal querían reemplazar a
los caudillos de poncho por los caudillos de frac, a la
democracia de las multitudes de las campañas por el pueblo
decente de las ciudades, a la democracia de las mayorías
populares por la oligarquía culta. Suprimir, en una palabra,
el caudillismo, sin excluir de entre los métodos utilizados
para ello, la violencia. Alberdi, más humano, encaraba el
problema con mayor amplitud, remitía la solución del mismo
a la evolución social del país, de sus costumbres y de sus
métodos políticos. La realidad del caudillismo no podía ser
desconocida y sus exponentes no podían ser suprimidos
por la violencia."Si la república es buena, si se está con
ella, es preciso ser lógicos: -expresaba Alberdi- se debe
admitir su resultado, que son los caudillos, es decir, los je­
fes republicanos elegidos por la mayoría popular entre los
de su tipo, de su gusto, de su confianza."
"Pedir que la parte inculta del pueblo, que es tan soberana
como la culta, se dé por jefes, hombres de su mérito que ella no
comprende ni conoce es una insensatez absoluta."113

112. Juan Bautista Alberdi: "Belgrano y sus historiadores. Facundo


y sus biógrafos", cit., pág. 205.
113. Idem, pág. 206.
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Alberdi creía descubrir analogías entre la política de


tendencia localista seguida por Mitre desde 1853, con la
política feudal de Artigas. "Ignoro - decía con indisimulada
intención- si Mitre, hoy jefe de Buenos Aires, publicaría la
vida de Artigas tal cual la escribió siendo ciudadano y ofi­
cial de Montevideo."114 Luego de señalar la analogía entre
la conducta de uno y otro personaje, aclaraba: "Si al comparar
a Mitre con Artigas, no es mi ánimo ofender al primero,
tampoco lo es ofender al último. Se sabe que hay dos
Artigas: el de la leyenda, creado por el odio de Buenos Ai­
res, y el de la verdad histórica. Si Mitre tendría derecho a
ofenderse de ser comparado con el primero, el segundo lo
tendría por verse comparado con Mitre."
"Este último Artigases un héroe, y Mitre aun naciendocon
su coraje, habría necesitado su época para ser lo que él fue."115

EL ARTIGUISMO EN 1865

La reclamación diplomática del Imperio ante el Estado


Oriental, producida en 1864, y la inmediata intervención
armada en favor del movimiento acaudillado por Flores,
provocaron una vigorosa reacción del sentimiento nacio-

114. Juan Bautista Alberdi: "Belgrano y sus historiadores. Facundo


y sus biógrafos", cit., pág. 233.
115. Idem. pág. 237.

I 100 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

nal contra aquella actitud expansionista que retrotajo la


memoria de los orientales a los días de la invasión por­
tuguesa. Cuando la guerra adquirió para muchos el carácter
de una lucha por la independencia nacional, en la prensa
periódica que atacaba la política del Imperio, en los ma­
nifiestos, en las proclamas, en las poesías patrióticas, se
invocó como un recurso heroico la tradición de Artigas. En
los momentos en que Saraiva presentó el ultimátum al
Gobierno de Aguirre, la juventud de Montevideo puso su
prédica nacionalista bajo la advocación del caudillo en las
columnas del periódico "Artigas"; los escritores públicos
recordaron la aguerrida conducta de este jefe durante la
resistencia de 1816, cuyas hazañas señalaron también a
Leandro Gómez el caminodel deber en defensa de "la patria
del inmortal Artigas", como lo expresara en sus proclamas116.
Miguel Navarro Viola, en su alegato "¡Atrás el Im­
perio!", recordó a quienes apoyaban la política brasileña,
que puesto fuera de ley por Posadas, Artigas fue en vano
motivo de proposiciones por los portugueses, "como si
aquel criollo de estirpe guerrera y leal .pudiese prestarse ja­
más á vengar sus animosidades pormediode la traición"117;

116. Leandro Gómez: "La espada de Artigas". Publicado en


"Artigas". Montevideo. 1U de noviembre de 1864, pág. 3, col. 1.
117. Miguel Navarro Viola: "Atrás el Imperio". Imprenta de Mayo.
Buenos Aires. 1865. pág. 60.

í 101 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

en tanto que Alberdi, en igual circunstancia trajo, una vez


más a colación, "la idea nacional" M8de Artigas formulada
en 1816 por el lema siguiente: "Ni portugueses, ni espa­
ñoles, ni brasileros, ni porteños."11819
El "bárbaro Artigas", el "terrible Artigas" 120condenado
por la mayoría de los autores extranjeros que de él se habían
ocupado, apenas estudiado entre nosotros, proscripto aún
de los centros de enseñanza donde para expresar el grado
de inconducta de un niño se decía que era "más malo que
Artigas"121, era para el pueblo oriental libre de aquellas in­
fluencias, la raíz y síntesis de la nacionalidad. En la medida
que ésta fue consolidándose, superada la etapa de las in­
tervenciones extranjeras, de los planes de protectorados,
de las mediatizaciones internacionales, la personalidad de
Artigas quedaría cada vez más identificada con aquel
sentimiento. El instinto popular, nutrido por los impon­
derables valores de la tradición, levantaría su nombre toda
vez que anhelara concretarse en un gran movimiento
colectivo.

118. Juan Bautista Alberdi: "Belgrano y sus historiadores. Facundo


y sus biógrafos", cit. pág. 12.
119. Idem. pág. 196.
120. "La Razón". Montevideo. 13 de agosto de 1882 .pág.2. col. 1.
121. Luis Melián Lafinur: "Semblanzas del pasado. Juan Carlos
Gómez". El Anticuario. Brignole y Cía. 25 de mayo, N°. 551.
Montevideo, 1915. pág. 412.

1 102 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ART1GUISTA

Tal el fenómeno ocurrido en 1864. Al iniciarse la pu­


blicación del periódico "Artigas" sus redactores tradujeron
así ese sentimiento: "Cuando la independencia de la patria
peligra" -decían- "¿qué nombre pudiéramos poner al frente de
nuestro diario como símbolo del pensamiento que preside a su
fundacion;comoprogramasintéticodelasdoctnnasque propagaría,
sino el venerado nombre del vencedor de Las Piedras. padre
glorioso déla independencia de esta tierra que tanto amamos?"
"El nombre de Artigas resume la primera y más gloriosa
tradición del pueblo Oriental. Evoca recuerdos de la edad
heroica de nuestros mayores, que hacen pensar con justo
orgulloen la inestimable herencia que nos legaron, a la vezque
impone el deber e inspira el valor necesario para defender
inmaculado tan sacrosanto depósito."
"Artigas es la personificación de la Patria. Su grande alma
se adelantaba a los tiempos y es admirable oírle hablar de la
patria de los Orientales como de una nacionalidad ya
reconocida,cuandosóloeraunaaspiraeión generosay noexistía
más que en su gran corazón y en el alma de los patriotas."122
Las noticias y documentos publicados por autores
extranjeros en 1864 y 1865 acerca de la lucha sostenida contra
los portugueses por Artigas, si bien acompañados de juicios
apasionados contra éste, así como el recuerdo reiterado que

122. "¡Artigas!". Montevideo, 24 de agosto de 1864. pág. 1, cois.


2 y 3.

I 103 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

entonces se hizo de esa resistencia en defensa del territorio


patrio, de sus aspiraciones autónomas frente a Buenos
Aires, contribuyeron a arraigaren la opinión nacional, la idea
de un Artigas heroico, que había luchado contra todos a la
vez por conservar la independencia de su patria.
Después de 1865 permaneció aún por muchos años
desconocida y deformada su personalidad en distintos
aspectos; pero desde entonces quedó incorporado a la
conciencia colectiva el concepto de que la patria había
nacido con él, concebida como ideal primario, en forma aun
imprecisa para el juicio de las nuevas generaciones, y que
la derrota que en 1820 lo alejó de la escena había sido el
resultado de una gran conspiración.
Así lo reconoció en 1864 el Dr. Manuel Herrera y Obes
quien, en defensa de las actitudes de su padre, al aludir a la
prédica federalista, expresó: "El alma de aquella propaganda
desorganizadora y anárquica, estaba en la Banda Oriental y la
experiencia de dos años había probado que intentar su
aniquilamiento por la acción y la fuerza de las Provincias Unidas
era difícil sino imposible." "Para mí, agregó, es un hecho
indudableque laocupación portuguesa fué la obra de convenios
y pactos entre los gobiernos de Janeiro y Buenos Aires."123

123. Manuel Herrera y Obes: "Rectificación". Carta dirigida al


Dr. Federico de la Barra. Publicada en " El País". N°. 533. Montevi­
deo. 3 de setiembre de 1864. pág. 1. cois. 1 a 6.

[ 104 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

En medio de las pasiones y turbulencias desatadas


en el Río de la Plata por los sucesos políticos e internaciona­
les que precedieron a la formación de la Triple Alianza, el
recuerdo de Artigas enfervorizó a los defensores del go­
bierno de Aguirre, a la vez que arrancó acentos patrióticos
entre los partidarios de Flores. Heraclio Fajardo124y Bonifa­
cio Martínez125levantaron su voz para condenarcon energía
las expresiones del unitario Luis Domínguez, quien en una
poesía tendenciosa publicada en 1864 había propuesto
que en la Mesa de Artigas se alzase una capilla expiatoria.126
Contestóle Fajardo:

"Mas esa que ora ves Mesa de Artigas


una estatua alzará - no un campanario."127

124. Heraclio C. Fajardo: "La Mesa de Artigas. Al poeta argentino


Luis Domínguez", publicado en "Artigas", N° 22, Montevideo,
noviembre 13 de 1864, pág. 2, col. 3, pág. 3, col. 1. Reproducido en
"El País", Montevideo, noviembre 19 de 1864, pág. 2, cois. 4 y 5.
125. "El General Artigas (Procesado en unos versos)" por B. M.,
publicado en "La Tribuna", Buenos Aires, año 12, N° 3245, noviembre
7 y 8 de 1864. Reproducido en "Artigas", Montevideo, noviembre 13
de 1864, pág. 1. cois. 2 y 3 y pág. 2, cois. 1 y 2.
126. "Uruguay. Impresiones de un viaje hasta la Concordia, poesía
de Luis L. Domínguez publicada bajo el título "Una joya poética" en
"La Tribuna". Buenos Aires, año 12, N° 3242, noviembre 5 de 1864,
pág. 2, col. 3.
127. "La Mesa de Artigas. Al poeta argentino Luis Domínguez",
publicado en "Artigas". Montevideo, N° 22, 13 de noviembre de 1864,
pág. 2, col. 3 y pág. 3. col. 1. Reproducido en "El País", Montevideo,
noviembre 19 de 1864, pág. 2, cois 4 y 5.

I 105 J
JUAN E. PIVEL DEVOTO

En síntesis, en 1865 dos grandes certidumbres habían


pasado ya a la conciencia colectiva: primero, que Artigas
había sido el defensor heroico del pueblo y de la tierra fren­
te a la conquista portuguesa; segundo, que Artigas había
sido el sostenedor gallardo de los fueros de la orientalidad
frente al virreinalismo de Buenos Aires. Aparecía ya claro
el sentido de su obra. Pero en cuanto a su persona misma,
¿era interpretado como una verdadera fuerza histórica
reflexiva o se le suponía simplemente un instinto incons­
ciente y aun brutal?

VI
t |

En los centros de enseñanza de la República se


utilizaban en esta época dos obras didácticas para el
estudio de la historia nacional: el "Compendio de
Historia de la República Oriental del Uruguay", de
Isidoro de María, publicado en 1864, que comprendía
el estudio del descubrim iento, conquista y población
del país, y el "Bosquejo Histórico de la República
Oriental del Uruguay, desde su descubrim iento
hasta el año 1830", por Francisco J.A. Berra, cuya
primera edición se efectuó en 1866. A estas obras
co rresp o n d ería agregar aún el "C om pendio de
Geografía Universal" por el Dr. Juan B. Guim, con

( 106 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

algunas som eras nociones de h isto ria nacional


referidas a la época de A rtigas, com o ésta que
transcribim os del capítulo que trata de la República:
"¿Cuáles son los principales sucesos históricos desde
la em ancipación de este país de la m etrópoli?",
expresaba una pregunta del Catecism o en cuestión,
que debía ser contestada así por el alumno: "Después
de haber sido regido durante nueve años por el feroz
y cruel Artigas, que atacó a Buenos Aires, invadió
Entre Ríos, sublevó a Santa Fé, armó a los Indios del
gran Chaco y asoló a Paraguay con actos inauditos de
barbarie, fue invadido por los portugueses en 1822 y
reu n id o al B rasil bajo el títu lo de P ro v in cia
C isp latin a."128
Don Eugenio Garzón nos refirió en 1934 cómó,
siendo escolar, se había apartado del texto de Guim
para contestar la pregunta relacionada con Artigas de
acuerdo a las enseñanzas e indicaciones que le habían
sido im partidas por personas de su fam ilia. "Artigas

128. "Compendio de Geografía Universal arreglada y extendida


considerablemente con especialidad en la nociones preliminares y
descripción de las Américas por el Dr. Juan B. Guim Catedrático que
Jué en la Real Universidad de Cervera. Décima Edición Con la Ultima
división que se hizo en varios estados de Europa y America hasta el
año 1866". Librería de Rosa y Bourel 23. Calle Visconti, 23. París,
1866. pág. 306.

í 107 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

fué un denodado patriota," respondió el alumno al ser


interrogado, lo cual le valió severa penitencia de la
que lo eximió el Rector de la Universidad Dr. Fermín
Ferreira.
El manual del Dr. Berra estaba destinado a influir
de manera poderosa para conservar viva y difundir en
el país la tradición anti-artiguista durante el largo
período de treinta años comprendido entre la primera
y última edición efectuada en 1895, en que la obra fue
utilizada como texto de consulta en nuestros centros
de enseñanza.

EL "BOSQUEJO HISTORICO"
DE BERRA EN 1866

Hemos de referimos hoy a las ideas sobre Artigas,


vertidas por Berra en la primera edición de su discutido
"Bosquejo"1-9, obra que ampliada de manera considerable,
encierra valores positivos sin perjuicio del intransigente
antiartiguismo de su autor, uno de los más eminentes
pedagogos que haya tenido el país. El manual, de modestas129

129. "Bosquejo Histórico de lu República Oriental del Uruguay


Desde su descubrimiento hasta el año 1830 por Francisco J. A. Berra",
Montevideo. Imp. Oriental, Calle 25 de Mayo Núm. 50. 1866.

( 108 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

proporciones, fue publicado cuando Berra no tenía veinte


años de edad. "Eramos muchachos aún"130, diría en el
prólogo de la segunda edición. Para formar juicio sobre
Artigas y su época siguió la orientación de Bartolomé
Mitre, Luis Domínguez y la opinión de Gregorio Pérez
Gomar. Berra se adhirió sin reservas a las ideas de esos
autores, así como al concepto entonces generalizado de
que la independencia del país era un hecho puramente acci­
dental, sólo atribuible a las combinaciones diplomáticas.
"Artigas -decía a manera de preámbulo al capítulo sobre
"La Libertad"- combatió la dominación española, pero no
para hacer a su país, una nación independiente de
todo poder extraño, sino para entregarla al gobierno
que le dió armas y soldados con qué vengar el insulto
recibido de M uesas."
"Es verdad que muy pronto volvió su espada
contra este gobierno; pero ¿porqué la volvió? Porque
su libertad individual peligraba; porque la ambición
del mando ocupó su mente y por que el sistem a
centralista adoptado entonces se oponía abiertam ente
a esta am bición. Entonces vió la necesidad de otro
régimen más adaptado á sus miras, lo halló en Norte-

130. Francisco A. Berra: "Bosquejo Histórico Segunda Edición


de 1874, pág. 5. Op. cit. en llamada 150.

í 109 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

América y gritó ¡Abajo el sistema centralista! ¡Viva la


federación que me permite el mando! y desde ese
punto empezó a derribar la columna que sostenía la
independencia Sur Americana."
"Artigas declaró al Estado Oriental libre de la
dependencia del Gobierno bonarense y nada le hubiera
costado el mantener después esta independencia, si tal
hubiera sido su pensamiento; pero lejos de esto, tan pronto
como la revolución de Alvarez puso en el poder a los
hombres que se habían adherido a su propaganda, propuso
la incorporación de su patria a las provincias Argentinas."
"En todo esto no se vé al hombre que pelea por la
independencia sino al caudillo que quiere ser libre. Así,
pues, no podemos aceptar el pomposo título de
“Fundador de la nacionalidad Oriental” con que lo distinguió
el Decreto del 15 de noviembre de 1856."131
La personalidad de Artigas que surge de estas páginas
es la de un caudi lio de carácter altivo, con la astucia y el arro­
jo adquiridos en su carrera de contrabandista, y dotes de
guerrillero experimentado "en la persecución de sus
anteriores colegas."132 Al instinto de su independencia in-

131. Francisco A. Berra: "Bosquejo Histórico de la República


Oriental del Uruguay...", 1.* edición. Montevideo, 1866. Op. cit. en
llamada N° 129, págs. 54 y 55.
132. Idem, pág. 58.

í no 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

di vidual que lo alejaba de la civilización, atribuía Berra sus


diferenciasconSarrateaen 1813, su alejamiento del sitio en
1814; al carácter agreste de nuestros campos se debía que
sus habitantes y los del litoral hubieran adherido a los
principios del federalismo disolvente proclamados por el
caudillo.
"Artigas, apunta, podía tener un buen deseo hacía su
país, pero para no cometer las graves faltas de que le acu­
sa la severidad de la historia, le faltaba inteligencia y quizá
también la necesaria elevación de sentimientos".133
Berra acepta, apoyándose en la opinión juvenil de Pérez
Gomar, la leyenda de sangre y de tormentos que acom­
pañaba al nombre de Purificación. Alude a un bando de
Otorgués y expresa "A consecuencia de este bando, cen­
tenares de españoles y americanos caían en sus manos y
los mandaba al Hervidero en donde se les aplicaba el tor­
mento del chaleco o se decretaba que, conducidos a la mesa
de Artigas, se les separase la cabeza del cuerpo".134
De la resistencia contra la invasión portuguesa el
personaje sale a través de estas páginas sin el heroísmo y
la grandeza que ya en 1865 no se discutía entre nosotros.

133. Francisco Berra: "Bosquejo Histórico de la Républica Oriental


del Uruguay...”. 1J edición, Montevideo. 1866, Op. cit^ en llamada N°
129, pág. 67.
134. Idem. págs. 73 y 74.

( 111 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Un sen tim ien to de piedad anim a al autor del


"Bosquejo" cuando dice que "Artigas fue tan digno
de lástima en su ostracism o como funesto en su vida
pública, y no parece sino que en el resto de sus días
se consagró a purificarse de las negras e indelebles
manchas de que le acusa la historia."
"Empero, en honor a la justicia debe confesarse
que sin los pérfidos consejos de su secretario el Padre
M onterroso, Artigas hubiera podido oponer a sus
censores las obras de un alma débil pero inclinada
muchas veces al bien."
"Es indudable que para ser hombre recto se necesita
el talento, y mucho más en política. Artigas percibió
en su mente el calor de una chispa que encerraba una
idea que no supo explotarla ni aún com prenderla. No
tenía talento: obraba por un instinto inculto y no hizo
más que sumir en la desgracia a su país."
"Criado en la soledad del desierto, cuando el
destino lo introdujo en la pesada atmósfera de la
civilización sintió al-go que le oprimía; su carácter
ardiente le pintó a todos los hombres del mismo modo,
y desde entonces luchó contra su opresor, sin saber
que luchaba contra sí y contra su patria. Conoció al
fin su error, pero ya era demasiado tarde: las puertas

l 112 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

de su destierro se abrieron y se cerraron para no


abrirse ja m á s."135
El "Bosquejo" de Berra, única obra en su género
que se refería a la época de Artigas, a "falta de otro
mejor" según la modesta opinión de su autor, se
difundió en la escuela y en la Universidad, donde muy
poco tiempo se destinaba al estudio de la historia
nacional. Esa difusión que desde 1866 tuvo la obra del
Dr. Berra, el hecho de que hubiese sido aceptada sin
reservas hasta 1881, deben también ser considerados
como un reflejo del prestigio de su autor, a quien
acordaban indiscutible autoridad los im portantes
trabajos pedagógicos publicados en nuestro medio y
su vinculación al m ovim iento de la reforma escolar
desde 1868.

135. Francisco A. Berra: "Bosquejo Histórico de la República


Oriental del Uruguay...", I* edición. Montevideo, 1866. Op. cit. en
llamada N° 129, pág. 85.

[ H3 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

EL ARTIGAS DE CARBAJAL

C uando se p u b licó la p rim era edición del


"Bosquejo" de Berra, era Inspector General de Escuelas
D. Isidoro de María, primer biógrafo de Artigas,
quien ya en 1841 en "El Constitucional", se había
pronunciado en términos justicieros sobre el discutido
personaje136. Ello no impidió que en el ambiente de la
enseñanza oficial continuase predom inando un
espíritu an tiartig u ista, cuando no una absoluta
indiferencia sobre el prim er período de nuestra
revolución. Esto último lo confirman entre otros
elementos de juicio, el detalle de que habiéndose
designado a las escuelas públicas de la capital con el
nombre de personajes de significación histórica, como
Solís , Zabala, Lamas, Larrañaga, Pérez Castellano,
etc, a ninguno de esos colegios se le dio el nombre de
Artigas. En cuanto a la enseñanza superior bastaría
recordar que las cátedras de la Facultad de Derecho
eran entonces desem peñadas entre otros ciudadanos.

136. "El General Artigas y su Epoca" por Isidoro de María,


publicado en "El Constitucional", Montevideo. 6 y 7 de mayo de 1841.
pág. I, cois. 1 a 3.

I H 4 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

por G regorio Pérez Gom ar y Pedro Bustamante,


decididam ente antiartiguistas y que en 1866 entró a
regentear la cátedra de H istoria en la Universidad el
Dr. Luis D estéffanis, por tantos conceptos em inente,
quien im presionado por los ju icios de Mitre y López
sobre la personalidad de Artigas, tampoco se decidiría,
según veremos, por una actitud laudatoria.
Al muy limitado o ningún interés que se acordaba
entonces al estudio de la historia nacional, sólo traída a co­
lación en los debates sobre el origen y trayectoria de los
partidos políticos, se sumaba para determinar ese vacío en
nuestra enseñanza acerca del estudio de la época de Arti­
gas y en general sobre el período anterior a 1830, las
divergencias de criterio, las dudas y aun diríamos el des­
conocimiento que existía sobre los factores que habían
determinado la independencia nacional.
Pasados los momentos de conmoción popular como el
de 1864, en que el nombre y la figura de Artigas resurgían
con acento épico, el silencio volvía a rodear a aquella figu­
ra histórica que por excepción despertaba el interés de al­
gún estudiosoode algún periodista que por razones particulares
se sentía impulsado a sacudir la indiferencia oficial.
Tal el casodel Dr. Fermín Ferreira y Artigas, director de
"El Siglo", quien en las columnas de este diario, luego de
señalar la indiferencia del Estado, exhortó a la opinión

I 115 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

pública en el sentido de que cooperase para adquirir, con


destino al Museo Nacional, el retrato al óleo de Artigas que
en aquellos días daba a conocer el pintor Eduardo D.
Carbajal, "sabiendo, decía, que hay muchos de los
ciudadanos más respetables del país que veneran la me­
moria del ilustre caudillo." Calificaba a éste, de "la figura
histórica más prominente entre los sostenedores de la
independencia nacional".137
Esa vejez de Artigas, sus años de cautiverio y de mise­
rias vividos oscuramente, eran algo que al margen de todo
juicio sobre su actuación, impresionaba hondamente el
espíritu de quienes escribían sobre su figura. Mientras
algunos daban a esos treinta años el carácter de una ex­
piación. otros se sentían inclinados a mostrar al indomable
caudillo con los rasgos de la vejez siempre respetable, más
aún cuando está acompañada por la soledad y la pobreza.
Los defensores de la personalidad de Artigas destacaban
de su vida, por encima de aquella resistencia heroica contra
los enemigos del suelo patrio que podía ser discutible, esas
circunstancias que rodearon su vejez, que suscitaban un
sentimiento de respeto.

137. Fermín Ferreira y Artigas: "Retrato del Gral. Artigas".


Publicado en "El Siglo", Montevideo, 7 de agosto de 1866,
pág. 1. col. 1.

I 116|
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

TalfueelespírituqueanimóelpinceldeCarbajalen 1865
-inspiradoen el dibujode Demersay, en el relatode de María-
y la pluma de los escritores que en el Río de la Plata aludían
a Artigas en sus estudios. Entre los diversos artículos
relacionados con Artigas que en esta época se publicaron
en "La Revista de Buenos Aires", "periódico dedicado a la
República Argentina, la Oriental del Uruguay y la del
Paraguay", cabe citar el de Juan R. Muñoz sobre Felipe
Ibarra. uno de cuyos pasajes confirma cuanto expresamos.
"El fin verdaderamente novelesco que tuvo el general
Artigas, uno de los hombres que más figura hicieron en los
primeros diez años de la revolución -escribe- nos induce a
consagrarle algunas palabras con el propósito también de
darle a conocer a nuestros lectores." Y luego de trazar una
t

esquemática biografía en la que lo presenta altivo y orgu­


lloso, en la que destaca la miseria en que vivió sus últimos
años, expresa: "Alguno de sus biógrafos lo ha presentado
como a un héroe, comparable a los hombres grandes de
Plutarco;otroscomoalprimerbandidodel Ríode la Plata.
Nosotros respetando sus cenizas y tomando en cuenta
su voluntario retiro de 30 años, que fueron otros tantos
años de sufrimiento y sacrificios, nada diremos que no sea
para excusar sus errores y perdonarlos."138

138. "La Revista de Buenos Aires". T. XIX. Nm. 75 y 76, págs.


410 a 436. T. XX. N°\ 77 y 78, págs. 95 a 105. Buenos Aires, 1869.

( U 7 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

En tanto que así se expresaba Juan R. Muñoz, Juan


Carlos Gómez, enemigo implacable de los caudillos, al
clausuraren 1869 su polémica con el general M itre, en la que
condenó la alianza con el Brasil en la guerra contra el
Paraguay, levantaba su voz para exclamar: "Artigas es el
padre legítimo de Rosas..."139

vn

Entre los hombres de su generación, Francisco Bauzá


fue sin duda el que primero entrevio con claridad el proce­
so de la formación nacional a cuyo estudio se aplicó tem­
pranamente en forma seria y metódica.
En 1870, apenas traspuestos los veinte años, dió a co­
nocer los primeros ensayos fruto de sus reflexiones juveni­
les, que acusan ya los rasgos que caracterizarían toda su
obra.
La generación a que pertenecía Bauzá, de cuya inquie­
tud son muestra el programa de la "Sociedad de Amigos de
la Educación Popular" y la preocupación por los problemas

139. "La cuestión del Paraguay. La revolución oriental" por Juan


Carlos Gómez, publicado en "El Siglo". Montevideo, 23 de diciembre
de 1869.

( 118J
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

de la cultura del "Club Universitario", ambas entidades


fundadas en 1868, sufrió hondamente la sacudida que
produjo en nuestro medio la irrupción de las nuevas co­
rrientes filosóficas. Las controversias sobre problemas de
esta índole con sus derivaciones en el campo de la
política y de las cuestiones pedagógicas, dominaron
las aulas, las veladas del club y las páginas de la
revista sin dejar mayor lugar a las especulaciones de
carácter histórico. Por otra parte, a través del tem ario
de las reuniones del Club U niversitario se percibe
claram ente la tendencia de la época a considerar que
la historia del país com enzaba en 1825. El estudio de
la Am érica indígena, la glosa de la revolución de
Mayo, la exaltación de la cruzada de los Treinta y
Tres, fueron las cuestiones que, al margen de los
temas de historia universal, suscitaron el interés de
los asociados.
Entre los conferencistas de aquel cenáculo, dos
jóvenes hubo llamados a tener merecida fama literaria
y prestigio político, que se distinguieron entonces
por sus opiniones sobre Artigas: el ya nombrado
Francisco Bauzá, que bien pronto habría de alejarse
del Club una vez que éste se convirtió en un baluarte
racionalista, y Eduardo Acevedo Díaz.

I H9 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

A comienzos de 1870 Bauzá leyó en la tribuna del


Club Universitario un trabajo sobre la "Influencia de
la República Oriental en la América del Sur", ambicioso
tema para su corta experiencia y limitada información,
en el que asoman, sin embargo, algunos juicios
certeros sobre la revolución en el Río de la Plata.
El movimiento de Mayo, sostenía Bauzá, fue un mo­
vimiento municipal. "Su carácter no era democrático. Sus
propósitos eran los mismos que tenían las Juntas españo­
las combatiendo a Napoleón en favor de los derechos de
Femando". Artigas fue quien después de 1811, según la
interpretación expuesta por Bauzá, dio a la revolución de
Mayo un sentido universal al proclamar el principio de la
soberanía de los pueblos.
"El vencedor de Las Piedras, declara entonces a Buenos
Aires, que caducado el coloniaje, los diversos gobiernos
que habían formado el virreinato tenían iguales derechos, y
que si bien estaban unidos y eran solidarios en la guerra de
la independencia, no por eso abdicaban su parte de
soberanía."
El concepto de un Artigas heroico y sacrificado se
completa a través de las apreciaciones mediante las cuales
Bauzá desentraña las ideas políticas del personaje a quien
presenta como al más decidido defensor del republicanis­
mo opuesto a los planes monárquicos del Directorio.

I 120 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

"Artigas en aquel instante tuvo la intuición del porve­


nir, y su actitud, seguida por los pueblos, nos detuvo al
borde del abismo. Rechazando la idea del gobierno general,
se separa completamente de su política. Declara de una ma­
nera terminante que él no admite reyes, y que ha entrado en
las filas de la revolución para combatirlos".140
Complemento de este ensayo puede considerarse el
estudio biográfico sobre Artigas publicado por Bauzá po­
cos meses después, en setiembre de 1870. En él señala, a
manera de exordio, las dificultades que debe superar quien
aspire a estudiar la historia del país.
"A pesar de la confusión extraordinaria que nos rodea -
dice- algunos rayos de luz iluminan el pasado".
"Las figuras más respetables de la revolución han em­
pezado a delinearse en toda su pureza, y medio siglo de
separación nos las muestra colosales".
"Examinemos la más notable de todas", expresa al co­
mienzo de la síntesis biográfica en la cual, si bien pueden
señalarse lagunas y deficiencias de información, se percibe
un juicio fírme y ya maduro sobre el personaje cuya valora­
ción hace de inmediato en un tono polémico que no

140. "Influencia de la República Orienial en la América del Sur.


Estudio histórico presentado al "Club Universitario" por Francisco
Bauzá. Publicado en "El Siglo". Montevideo. 15 de febrero de 1870,
púg. 1. cois. 5, 6. 7 y pág. 2 col. 2.

I 121 )
JUAN E. PIVEL DEVOTO

caracterizó los escritos históricos de Bauzá el que, en este


caso, debe atribuirse a la juventud del autor y lo controver­
tido del tema.
"Medio siglo hace que Artigas abandonó nuestra es­
cena política. No tenemos para su persona, ni los rencores
absurdos de sus enemigos ni la adoración fanática de los
partidarios", dice.
"Como todos los personajes de la historia oriental.
Artigas es un tipo. Al presentarse en escena, seduce desde
el primer instante, porque se comprende que en su mente hay
una idea fija, y la ambición de rendir un gran servicio."
"Desde que él toma parte en la revolución, la revolución
marcha con una rapidez pasmosa, venciendo todos los
obstáculos que los intereses y las pasiones le suscitan. No
hay ya un término medio, la cuestión es excluyeme: Amé­
rica o España".
"Artigas, al enarbolar un pabellón distinto en sus filas,
y al proclamar la independencia, desde que libra la primera
acción de guerra en San José, ha conquistado para la
América del Sud un título de gloria, y ha dado a la
revolución el único carácter que podría ennoblecerla y la
única bandera para morir con honor."
Reacciona luego contra el juicio difamatorio de los
escritores antiartiguistas, a quienes refuta así:

I 122 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

"Por una mezquindad particular, se le negó la influencia


que había ejercido en los pueblos del Plata, pero se le
imputaron todos los males transitorios que resultaban ine­
vitablemente del cambio político que se operaba bajo su
dirección. Ningún cargo se despreció para hundir su per­
sonalidad política, depurada en un destierro de treinta años,
que sólo selló la muerte,y la historia misma ha recogido
esos cargos, haciéndose partícipe de las pasiones de una
época lejana".
"Para juzgar a Artigas, como a todo trascendental en la
historia, es necesario poner en la balanza, de un lado los
hechos, de otro los resultados conseguidos". Los grandes
principios que el artiguismo legó a la revolución del Río de
la Plata, fueron, según Bauzá, el principio de la soberanía
de los pueblos, la independencia, y el ideal republicano.
"Artigas, dice, es el primero que proclamó la inde­
pendencia. Artigas es el primero que emite la idea de un
Congreso donde esté representado el pueblo. Artigas es el
pri mero que está siempre dispuesto a olvidar las ofensas que
el Gobierno de Buenos Aires le hace, en holocausto al
triunfo de la revolución".
Examinada su actuación con referencia exclusiva a
nuestro país, Bauzá expresaba que los orientales, adeuda­
ban a Artigas:" 1.° La independencia de su patria, por la cual
se batió constantemente contra España, contra Portugal y

1 123 J
JUAN E. PIVEL DEVOTO

contra Buenos Aires. 2.° El sistema republicano que sos­


tuvo a pesar del desencanto de todos, impidiendo que
la Confederación tuviera rey, y que la Banda Oriental fuese
entregada á un Rey. 3.° El respeto más cumplido al derecho
de gentes, porque nunca pisaron sus tropas sino allídonde
los pueblos le proclamaron su Protector".
No escapó a la penetración de Bauzá la influencia que
tenía en la valoración general de Artigas, el punto re­
lacionado con los medios y recursos políticos de que aquél
se valió en los cuales insistían los escritores que atribuían
al personaje la total responsabilidad de los males que son
consiguientes a un movimientocomo la revolución oriental
de 1811. cuyo carácter popular Bauzá señaló para explicar
esos hechos. "Se comprende que para sostener una lucha
tan encarnizada -tan especial, que quizas no tiene la historia
ejemplo de otra semejante- Artigas necesitaba valerse de
todos los elementos que le ofrecieran su concurso en
aquella obra gigantesca".
"Es necesario ponerse en la situación del caudillo Orien­
tal, para apreciar los inconvenientes de su posición".
"Artigas no era el General de un ejército. Era el Gefe de
un pueblo que había sublevado con la mágica palabra de
independencia, y que se batía con él. porque él llenaba sus
ambiciones con las promesas que le hacía".

I 124 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

"De ahí que en sus filas hubieran hombres como Otor-


gués, Gay, Encamación y Blasito, que Artigas no podía
desechar porque eran elementos que con todos sus
defectos, se unían al movimiento general y personificaban
la parte ignorante y brutal que siempre existe entre las masas.
Pero, en cambio, militaban con él, todo lo que el país tenía
de másdistinguido, porsu posición social, porsu inteligencia,
porsu fortuna. Pagóla. Rivera, Bauzá, García de Zúñiga,
Vázquez, Pacheco, Barreiro, mandaban los cuerpos más
brillantes del Ejército y ocupaban los puestos más brillantes
en la administración".
No podía omitir Bauzá una referencia a los excesos
atribuidos a Artigas. "Se habla -dice- de crímenes cometi­
dos por Artigas, pero no se cita un nombre que justifique
esos cargos. Es cierto que Perugorría fue fusilado, pero era
un traidor", agrega, para sintetizar así su juicio sobre Artigas:
"En el Río de la Plata, él es la figura más culminante de la
revolución".141
Este estudio de Bauzá, publicado en plena revolución
de Timoteo Aparicio, no pasó inadvertido a los sostenedo­
res del antiartiguismo. Uno de sus exponentes lo refutó con

141. Francisco Bauza: "José Artigas (Estudio histórico)". Publi­


cado en "El Siglo", Montevideo. 4 de setiembre de 1870, pág. 2, cois.
I. 2 y 3.

1 1 2 5 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

un artículo que, suscrito por "Veritas", se publicó en "La


Tribuna" de Montevideo, en el que se reeditan los ca­
lificativos ya conocidos y se reclama para los hombres de
Mayo la acción directriz del movimiento revolucionario.
Bauza no eludió la respuesta al artículo de "Veritas", que
reproducía las "vulgaridades y pequeneces que antes que
él han explotado otros con mayor fortuna, para hacer de la
figura venerada de José Artigas, un contrabandista prime­
ro y luego un bandido lleno de mezquindad". En su réplica
Bauzá insiste en sostener que no fue en Buenos Aires don­
de se inició la revolución sino en las Provincias: "Mal que
pese al Sr. Veritas -dice- la revolución de Buenos Aires fué
un movimiento puramente local. Para conocer sus
tendencias, no tengo que leer a Calvo ni a Alberdi -agrega-,
basta pasar la vista por las actas del Cabildo, leer el diario
oficial de aquel tiempo, las órdenes á los generales
prohibiéndoles levantar otra ban-dera que la de S. M. el Rey
don Femando VII, y sobre todo el programa del movimiento,
para conocer que no solo la vista de la revolución no se
extendía más allá de los Andes y más acá del Plata, pero
que ni siquiera llegaba á San José de Flores".
Al contestar la observación de que Artigas no
había proclamado la independencia nacional que
hacía "Veritas", a través de cuyos argumentos y de otros
detalles creemos identificar al autor del artículo con el Dr.

1 126]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIG UISTA

Berra, Bauza insiste en que el caudillo oriental proclamó la


independencia general y larepública: "...el movimientode
Mayo y los gobiernos que suceden a sus iniciadores, son
-dice- pobre cosa, comparados con el libertador del Río de
la Plata, con el severo republicano que se bate contra tres
naciones poderosas, para rechazar indignado los reyes y
ceñir la corona de la libertad en la frente de los pueblos".
A la versión que aún imperaba sobre la emigración de
1811, reeditada por "Veritas", Bauza opuso este juicio
intuitivo: "Las familias que huyeron con Artigas huyeron
voluntariamente. Era el patriotismo que les inspiraba aque-
11a acción. Sabían perfectamente que despoblando al país
con su ausencia, derrotaban al enemigo, que se veía en la
precisión de huir, perseguido por el hambre". Idéntica
espontaneidad había tenido para Bauzá el pronunciamien­
to de los pueblos del litoral en favor de Artigas, a quien se
insistía en presentar como a un intruso en aquella región.
"Veritas" extrajo de la "Relación de los asesinatos"
publicada por Pedro F. Cavia al Final de su folleto, los
nombres de supuestas victimas de Artigas, para satisfacer
de tal modo el requisito exigido por Bauzá, cuya mención
acompañó de patéticas exclamaciones.
"Hablando de los crím enes de Artigas -replicó
Bauzá-, me interpela Vd. con acentos dignos de
Madama Ristori, y exclama en su vehemencia: «¡Ah!...

I 127 j
JUAN E. PIVEL DEVOTO

¡Y vd. pide nombres propios! ¡Si aquellas bocas


hablasen! ¡Si aquellas aguas le descubrieran a vd. su
seno!... etc., etc., etc.» Y en seguida me presenta vd.
una lista de hombres muertos quien sabe por quién.
En esa curiosa lista hay datos luminosos como el
siguiente: Un Teniente Coronel Brasilero, en Yapeyú
- ¿Quién era? - Vd. no lo sabe y yo tampoco".
"Los Oficiales Lucas Ramírez y José Fonteneta, Vd. los
hace aparecer como asesinados, y yo tengo apuntes de
aquel tiempo, en que esos dos individuos perecieron en
una acción, en las puntas de Santa Lucía Chico".
"La lista de Vd. es un documento bastante inútil, y un
tanto impertinente en pretender los honores de com­
probante contra Artigas".
"En valde Vd. se afana por hecemos creer que se han
sustraído los documentos que probaban crímenes cometi­
dos por Artigas. No amigo mío, esos documentos los han
buscado los historiadores argentinos, y cansados y con­
vencidos, han comprendido que su pretensión era absurda
porque los crímenes sólo existían en la imaginación de los
que querían erigir en reinode D.“Carlota, las Provincias del
Plata".142

142. "Cuestión histórica. El Sr. Bauza nos remite el siguiente


artículo: La refutación del Sr. Veritas". Publicado en "El Siglo",
Montevideo. 21 de octubre de 1870. pág .1, cois. 4. 5 y 6.

I 128 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Puede afirmarse que en 1870 Bauzá dejó ya planteados


los términos en que debía desarrollarse la polémica históri­
ca sobre Artigas, adelantándose a reivindicar para el guerrero
infatigable en la lucha contra españoles y portugueses,
también, el mérito de haber bregado por darle a la revolución
del Río de la Plata un carácter popular republicano e
independiente.
La polémica no pudo tener lugar entonces porque la
guerra civil de 1870 y las controversias que promovió ab­
sorbieron toda la atención del país; los escritores públicos
orientaron sus esfuerzos durante los años 1870 y 1871 a
buscar fórmulas políticas que asegurasen el porvenir y
aún cuando en esas especulaciones no perdieran de vista
el examen del pasado, lo concretaban exclusivamente a la
historia y exégesis de los partidos en la que el caudillismo
tradicional, personificado en aquellos días por Timoteo
Aparicio y José Gregorio Suárez, no fue muy bien tratado
que digamos. Al propio Bauzá, que aparecía como el más
dispuesto a sostener esa polémica, lo dominaban entonces
las preocupaciones de orden político. Sus opiniones muy
personales le alejaron de las veladas del Club Universitario
así como de las columnas de "El Siglo" y de "La Bandera
Radical” para formar tienda aparte en "Los Debates".
El 27 deagostode 1872, después de pacificadoel país,
en pleno "vuelo de la idea", Eduardo Acevedo Díaz, uno

I 129 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

de los componentes del Club Universitario con mayor


inclinación por las cuestiones históricas, remitió al editor
del periódico de aquella institución un estudio escrito
"en el virgen ardor de los diez y ocho años", sobre "Los
Orientales", exaltación grandilocuente de las luchas de
la independencia en la que se perfila ya el tribuno y el
futuro novelista de "Ismael". "Los párrafos extensos
que le faltan -expresa-, versaban sobre Artigas: los he
separado para darles lectura en el Club Universitario, por
ofrecer vasto campo a la controversia". No obstante esa
mutilación, al desarrollare! tema, en el que con frecuencia
se menciona a "las viejas caballerías de Artigas", Acevedo
Díaz levanta su voz contra el juicio emitido por Mitre.
"Artigas -dice-, ha hallado en la potestad un anatema de
parte de aquellos que en él encuentran la impura fuente
del caudillaje. El general Mitre, decía en su historia de
Belgrano: "es el prototipo de la democracia bárbara y de
la segregación funesta". ¡He ahí lo que es el sentimiento
nacional! Mitre no podía conceder grandeza patriótica a
Artigas, porque el caudillo oriental, proclamaba la
independencia de los pueblos litorales, fundaba un
Congreso de los libres, y no hacía más que convertir en
hecho aquella decisión brillante de la autoridad de Ma­
yo, que daba a las colonias el derecho de emancipación

[ 130 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

de la metrópoli y de constituirse en la forma de gobierno


más adaptable a sus intereses colectivos".
El creador de caracteres que sería más tarde Acevedo
Díaz, anticipa en esas páginas escritas en plena guerra
de Aparicio un boceto con los rasgos fundamentales del
caudillo. "Artigas, descendiente de un sargento de
Zaragoza, era uno de esos orientales fundidos en el
molde de Marte, que tanto podrá admirar en la leyenda
el cronista de las guerras. Alentaban en él el espíritu del
contrabandista y el genio agreste del guerrillero; la
astucia del hombre-centauro daba á ese espíritu la
espontaneidad de desarrollo bélico y á ese genio la
iniciativa sangrienta. Tenía la nariz de Galba y la frente de
Mario"143.
A su vez, Juan Zorrilla de San Martín, que entonces
completaba sus estudios en Santiago de Chile se sintió
también atraído por el personaje cuyos rasgos fundamentales
supo descubrir entre la información imprecisa y la confusa
madeja de los juicios contradictorios.

143. Carta enviada por Eduardo Acevedo y Díaz a la Dirección


de la "Revista del Club Universitario. Periódico Científico Literario"
con fecha 27 de agosto de 1872 acompañando el trabajo: "Los
Orientales (Fragmento de una Leyenda) La aurora de la libertad”.
La carta y el trabajo fueron publicados en la mencionada revista,
Montevideo. Año II. N.os 64. 65 y 66. 8 y 15 de setiembre de 1872,
págs. 34-38. 103-109 y 152-158 respectivamente.

í 131 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

En la narración "El Angel de Guabiyú", cuya acción


se desarrolla en Purificación y sus cercanías, la figura de
Artigas, "padre de la independencia", se muestra como
la de un hombre de conducta generosa sólo desviada por
la influencia del P. Solano García144.
En "Algunos rasgos característicos de la vida del
Dictador Don Gaspar Rodríguez Francia", publicados
también en Chile en 1875, Zorrilla de San Martín narra el
episodio de la frustrada entrevista de Artigas con Francia
a poco de internarse aquél en el Paraguay. Anima el
relato una gran simpatía por el personaje en quien se
reconoce un alma generosa pero que pudo cometer
hechos bárbaros para los que le habían ganado un justo
perdón la resignada humildad con que el vencido
sobrellevó su destierro.
"Entre todos los hombres de la independencia del
Plata -escribe Zorrilla- quizá no haya una figura más
notable. El directorio de Buenos Aires más de una vez
puso a precio la cabeza de Artigas. No pudiendo ni aún
por ese medio doblegarlo, se rebajó hasta el punto de
enviarle algunos de sus enemigos que se habían
entregado al directorio para que Artigas acabase con

144. Juan Zorrilla de San Martín: "El Angel de Guabiyú". Publicado


en "La Estrella de Chile”, Santiago de Chile, 5 de julio de 1874.

I 132 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

ellos su venganza; pero nuestro héroe tenía el alma


mucho más grande y rechazó indignado tan miserable
propuesta. Este hecho caracteriza al directorio y al
hombre tan injustamente calumniado, que no tuvo otra
culpa que amar y defender la independencia de su patria,
rech azar siem pre las ten d en cias ab sorventes y
centralistas de Buenos Aires y algunos hechos, que si
son bárbaros ante el tribunal de la civilización, no lo son
tanto, visto la poca cultura de los caudillos de entonces".
"Si comparamos a Artigas con los demás hombres de
su tiempo tales como Borges en Tucumán, Güemes en
Salta, Ramírez en Entre Ríos, Estanislao López en Santa
Fe, se ve claramente que está mucho más alto que casi
todos los hombres de su época, y que los cargos contra
él dirigidos son injustos".
"Pero si Artigas fue grande en sus triunfos no lo fue
menos en su humillación. En Curuguatí, convertido en
humi Ide labrador regando la tierra con su sudor, formó su
corazón en el crisol del infortunio. Era de ver aquel
anciano de setenta años edificar con su ejemplo a los
pobres lugareños y convertirse en padre del desvalido,
repartir entre ellos el fruto de su trabajo y muchas veces
lo más necesario para su subsistencia, compartir sus
alegrías y sus desdichas, y, en una palabra, ser el ángel

I 1 3 3 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

tutelar de aquellos infelices que veían retratada su


providencia en su venerable y rugosa frente".145
En tanto que la figura de Artigas animaba los ensayos
juveniles de Zorrilla de San Martin en Chile y los estudios
históricos de Bauzá e inflamaba el credo nacionalista de
Eduardo Acevedo Díaz, y la actuación del caudillo era te­
ma de controversia entre los iniciados de la Sociedad Filo -
Histórica fundada en mayo de 1874, su bandera de guerra
serviría de divisa común a los principistas de todos los
partidos que en 1875 se lanzaron a la revolución tricolor.
"He pensado -escribió entonces el Dr. Manuel Herrera y
Obes-, que la divisa nuestra sea la que trajeron los Treinta
y Tres cuando desembarcaron en nuestro territorio -azul,
blanca y punzó- que eran los colores de la bandera de
Artigas, cuando proclamó la independencia del país".146

145 Juan Zorrilla de San Martín: "Algunos rasgos característicos


de la vida del Dictador Don Gaspar R. de Francia", publicado en "La
Estrella de Chile. Revista Literaria Semanal". Santiago de Chile,
Tomo VIH. 1874-1875, págs. 580 a 587 y 634 a 644.
146. Carta de Manuel Herrera y Obes a José María Muñoz de 24
de mayo de 1875. Original en el "Archivo de la Revolución Tricolor"
en poder del Profesor Juan E. Pivel Devoto; citada además en su obra
"Uruguay Independiente”, Salval Editores S.A.. España. 1949. pág.
591.

I 134 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Vffl

En julio de 1874 al inaugurar los trabajos de la Sociedad


Filo - Histórica, el Dr.José M. Sienra y Carranza había
expresado: "la historia patria presenta larga extensión
inexplorada todavía."147 En aquel mismo año D. Isidoro de
María y el Dr. Francisco Berra, conscientes de la verdad
que encerraba esta afirmación, publicaron la segunda parte
del "Compendio" y una nueva edición del "Bosquejo
Histórico", respectivamente, en cuyas páginas, de acuerdo
al criterio personal de cada autor, se perfilaba la silueta del
Artigas patriota y del Artigas funesto para la suerte de es­
te país: el héroe nacional y el promotor de la anarquía.
En su "Compendio" dedicado al estudio de los primeros
quince años del siglo XIX, de María al afirmar sus cono­
cimientos sobre el período de la revolución, completó la
crónica de los hechos con el auxilio de las memorias de
Pagóla, de los apuntes de Barreiro y el testimonio de otros

147. José M. Sierra y Carranza: "La Sociedad Filo-Histórica",publicado


en "La Idea”. Imprenta a Vapor, calle Florida 61. Año I, N° 93.
Montevideo, 28 de julio de 1874, pág. 1, cois. 3 a 5.

( 135 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

actores.148Sin profundizar el análisis de ese período histórico,


lo cual escapaba al carácter de la obra, de María contribuyó
a completar la noción de las luchas de Artigas contra los
españoles y contra Buenos Aires así como la versión que se
tenía de los congresos orientales reunidos después de la
emigración de 1811, episodio que en estas páginas se ofrece
aún desdibujado y sin grandeza. La figura del Artigas
montonero aparece con caracteres mejor definidos en la
segunda edición del "Bosquejo" publicada en noviembre de
1874.149
A las ventajas que resultan de una exposición más or­
denada y reflexiva de los hechos se suma la intencionada
interpretación que el autor hacía de los mismos a través de
la cual Artigas surgía como la personificación de un instin­
to salvaje de libertad y de anarquía. Berra dio a los capítulos
ya bien trabados de su "Bosquejo" un mayor desarrollo;
completó su información sobre otros períodos históricos,
como el iniciado en 1825, que fue el primero en tratar, pero
mantuvosobre Artigasy suépocaeljuicioexpuestoen 1866

148. "Compendio de la Historia de la República Oriental del Uruguay


por Isidoro De-María Miembro del Instituto de Instrucción Pública.
Libro segundo.Comprende los principales acontecimientos de la
época desde el año 1801". Montevideo. Imp. de "El Telégrafo
Marítimo". Piedras 59, 1873.
149. Op. cit. en llamada 150.

1 136 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

reforzado aun por la autoridad y el prestigio que desde


entonces su autor había ido ganando en la opinión. En el
mismo año 1874 Berra había disputado con brillo, exponien­
do ideas muy avanzadas, la cátedra de Derecho Cons­
titucional al Dr. Justino Jiménez de Aréchaga.

LA OPINION DE BERRA EN 1874

El Artigas bueno pero de contornos imprecisos que


surgía de las páginas incoloras de de María, no podía en 1874
desplazar al de la leyenda negra retratado por el espíritu
analítico de Berra, cuyas páginas afirmativas y escritas en
estilo geométrico conquistaron el ambiente de los centros
de enseñanzas del país. El Dr. Berra intentó explicar el
fenómeno configurado por el antagonismo tan radical que
ofrecían los juicios históricos sobre Artigas. "Las
generaciones que le siguieron lo han juzgado de muy
opuesta manera; unos lo creen el tipo de patriota virtuoso,
del hombre esclarecido; el autor de la independencia de la
República, unaespeciedeGuillermoTell. Lo colocan atanta
o mayor altura que a San Martín o a Bolívar."
"Otros piensan de él que no fue sino un hombre nulo
intelectualmente de ideas morales depravadas, cruel,
sanguinario,ambicioso, enemigodelacivilización, bárbaro
y déspota".

[ 137 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

"Otros, en fin, ocupando un término medio, lojuzgan un


caudillo dotado de inteligencia y de sagacidad; cruel con
sus enemigos, generoso con sus amigos, especialmente con
la clase militar que lo seguía; tolerante en sumo grado con
la oficialidad sanguinaria y bandolera que componía su
división; apasionado por su independencia personal, cuyo
sentimiento fue la causa de sus rebeliones contra la autori­
dad de Sarratea, de Rondeau y de los Gobiernos de la
Unión. Estos, como los anteriores, no le reconocen a Arti­
gas pensamiento alguno favorable a la emancipación de la
Provincia Oriental. Se malquistó con los gobiernos centrales,
se rebeló contra ellos, pero nada más."
"¿De dónde provienen opiniones tan diversas respecto
de un hombre como Artigas, que figuró hace apenas medio
siglo?"
"El fenómeno, curioso sin duda, tiene una explicación
sencilla."
"Es notorio que no hay obras que den conocimiento
de la historia de la República, que son rarísimos los muy
pocos opúsculos que en años anteriores se han publicado
sobre los hechos y personas de este país; y que los
documentos aún los pocos que han escapado a la
indiferencia y abandono de sus poseedores, están en
manos de uno que otro individuo que los conserva como
un secreto."

1 138 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

"Así, pues, aparece como hecho natural y necesario, la


ignorancia completa en que está la generalidad respecto de
las cosas antecontemporáneas de este país."
"Si se habla de Artigas, de Otorguéz, de Blasito, de
Basualdo, etc., es porque la tradición oral va conservando
esos nombres, trasmitiéndolos de padres a hijos, en una
forma más o menos legendaria."
"Esa tradición, que todo lo confunde, que nada de­
termina, trasmite más que noticias, sentimientos."
"Entre los contemporáneos de Artigas, la mayoría era su
enemigo apasionado pero había una minoría que era su
defensor no menos apasionado. Ya hemos dicho que en
aquel tiempo es cuando el pueblo Oriental se dividió en dos
bandos irreconciliables."
"El fanatismo, pues, de aquellos partidarios opuestos se
trasmitió a sus hijos, y de éstos a los nietos."
"La pasión se manifiesta siempre como pasión: sin
raciocinio, sin análisis reflexivo de sus causas. Se ha admi­
rado a Artigas o se le ha deprimido, descuidando sus
hechos, su historia. De aquí que todos sientan actualmen­
te de aquel hombre, sin que nadie o muy pocos puedan
justificar su sentimiento con una exposición y crítica de los
acontecimientos."
"Esta es la razón, según pensamos, porque hay quienes
crean a Artigas un genio, extraordinario por sus ideas y por

í 139 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

sus virtudes; y quienes lo consideren el ser más


monstruoso y execrable que nunca haya aparecido en
el mundo."
"La primera opinión es falsa com pletam ente; la
segunda es exagerada. A rtigas ordenó m uchas
atrocidades; es incuestionable; pero es mayor su
d e lito por h ab er co m p u esto sus fu e rz a s con
facinerosos en su mayor parte, y por haberconsentido
que estos asesinasen, robasen y esparcieran el
espanto por todas partes, sin ser sometidos a la menor
responsabilidad".
El más grave cargo que podía hacérsele a Artigas,
en la opinión de Berra, era haber formado sus fuerzas
"por facinerosos"; sus errores derivaban de no haber
conocido principios políticos. Como militar había sido
el inventor de la táctica eficaz de los "montoneros",
pero había engen d rad o tam bién el "cau d illaje
i

desenfrenado" que llenó la hisoria de estos pueblos


"de inm oralidades, de anarquía, de crímenes y de
barbarie", encarnando el personalismo como sistema
político. Dando a su juicio un sentido militante,
referido a los problemas de aquellos días en que era
trazado, cuando los caciques de la campaña, expresión
del caudillism o decadente, sembraban la anarquía en
el país tímidam ente gobernado por Ellauri. escribió

l 140 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Berra a manera de conclusión: "Artigas y sus secuaces


primero; los discípulos de su escuela después, son
los enem igos más poderosos que ha tenido y tiene hasta
ahora la civilización del Río de la Plata."150
Berra y quienes participaban de este juicio apreciaban
los sucesos históricos de la revolución, con la mentalidad
de ciudadanos enamorados de las ideas avanzadas de 1874,
para quienes la paz y el progreso en todas sus formas
seguía siendo aún el supremo anhelo. Trasladaban al año
1815 las aspiraciones de su tiempo, sin percibir aún que la
pasión de libertad que Artigas había suscitadoen 1811 entre
los pueblos y las luchas sostenidas por la defensa de su
soberanía, habían servido para modelar la nacionalidad
oriental. Si exceptuamos a Sienra y Carranza, a Bauzá, a
Acevedo Díaz y a algún otro, los integrantes de esta gene­
ración creían en su gran mayoría que la historia nacional
tenía sus raíces en la tradición de Mayo y que recién se
perfilaba con rasgos propios después de la cruzada de 1825
que había culminado en la organización institucional del
%
país.

150. "Bosquejo Histórico de la República Oriental del Uruguay.


Desde su descubrimiento hasta el año 1831. escrito por el Dr. Francisco
A. Berra. Segunda Edición aumentada y notablemente mejorada por
el autor”. Montevideo, Establecimiento Tipográfico á vapor de La
Idea, Florida 61, Montevideo, 1874, págs. 74. 75, 76 y 77.

I 141 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

La orientación con que se intentaba realizar entre


no-sotros tím idam ente el estudio de la historia
nacional venía aún de la otra margen del Río de la
Plata, dictada por Mitre a pesar de algunos esfuerzos
inteligentes para rebelarse contra ella como el de
Bauzá. En carta dirigida por éste a José A .T avolarael
10 de agosto de 1876, en la que se refería a la pobreza
del acervo literario y científico oriental, recordaba
que solamente se habían escrito hasta entonces tres
obras históricas debidas a Lamas, de la Sota, y de
María y que todo acusaba en el país una falta de
sentido nacional.
"Nuestra prensa, -decía- exceptuando algún diario
de la Capital y un par de ellos en campaña, está
redactada por extranjeros, nuestras iglesias están
se rv id a s casi en su to ta lid a d por sa c e rd o te s
extranjeros y en las filas de nues-tros ejércitos la
mayoría de la tropa es extranjera."151

151. Carta de Francisco Bauzá a José A. Tavolara. de 10 de agosto


de 1876. Publicada en "El Siglo". Montevideo. 31 de agosto de 1876.

1 142 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

REACCIÓN QUE PROVOCA


EL JU ICIO DE MITRE EN 1876

Cuando Bauzá así se expresaba, las macizas columnas


de "El Siglo" en las que había callado la prédica principista,
reproducían bajo el título de "Páginas Históricas de la
Independencia Argentina"152, los nuevos capítulos de la
"Historia de Belgrano" que Mitre daba entonces a conocer
en "La Nación" antes de recogerlas en las páginas del libro.
Esos once capítulos con los cuales el autor continuaba el
desarrollo de su obra interrumpida en 1859, luego de cum­
plida la etapa más importante de su vida pública de la que
esta obra histórica era un complemento, se iniciaban con el
relativo a Sipe-Sipe y alcanzaban hasta el dedicado a la
diplomacia de los años 1817 y 1818, llenarían casi las pá-
ginasdel tomosegundode laedición publicadaen 1876. "El
Siglo" los divulgó en Montevideo durante el segundo
semestre de aquel año alternando en sus columnas con la
polémica que entonces sostenían José Pedro Varela y Car­
los María Ramírez y con el texto del Reglamento de las

152. "El Siglo". Montevideo, 18 de julio a 15 de diciembre de 1876.

í 143 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Policías Rurales, que bien podían simbolizar aquel momento


de la vida del país.
Al estudiar la política de Portugal en el Río de la Plata, la
invasión de 1816y laguerradel litoral, el Gral. Mitre desarrolla
su interpretación del personaje de acuerdo al planteamien­
to hecho en 1859 presentándolo como al fundador de la
democracia bárbara. En el plan de la "Historia de Belgrano"
escrita para exaltar la tradición del patriciado no podía caber
la vida real de Artigas que Mitre había entrevisto en 1841;
para proyectar las figuras de la revolución en el Río de la
Plata tal cual como Mitre las concebía, era indispensable que
Artigas fuese caracterizado con los rasgos con que lo re­
trató en su obra: como un hombre sin ideas, sin principios,
sin grandeza, aún cuando del propio desarrollo de los
hechos surgieran sobrados elementos de juicio para evi­
denciar la personalidad del caudillo en su real dimensión.
Ante los hechos que ofrecen una faz favorable del perso­
naje, la interpretación de Mitre siempre encuentra argu­
mentos para disminuirlos. Reconoce el acierto con que
Artigas concibió el plan de ataque al enemigo para prevenir
la invasión de 1816. Pero lo considera incapaz de llevarlo a
la práctica. "Este plan -dice- era nada menos que el de
Scipión el Africano, buscando la salvación de Roma en
Cartago; pero las bandas Artigueñas no eran las legiones

I 144]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

romanas, y Artigas como jefe de partidarios no llegaba ni al


tobillo de Güemes, según va a verse."
Narra los pormenores de la invasión y la resistencia,
con el auxilio de los materiales históricos que había reunido
en su juventud para escribir sobre la vida de Artigas; se
detiene a caracterizar la época trazando con el dudoso
testimonio de algunos contemporáneos, el cuadro sobre el
gobierno de Otorgués y entreteje la historia de las luchas
con Pueyrredón así como sobre la conducta de éste frente
a la invasión.
"Refleja un siniestro colorido sobre esta situación
equívoca -llega a expresar- la circunstancia de que mientras
los Orientales peleaban y morían defendiendo el territorio
argentino, el gobierno de las Provincias Unidas mantenía
sus relaciones políticas y comerciales con la nación inva-
sora y la más cordial inteligencia, con el General invasor."
No obstante la parcialidad que las inspiró, Artigas sale
de estas páginas más identificado con los intereses de la
revolución que el propio Directoro de Buenos Aires. Pero
cuando Mitre tiene que reconocer los fundamentos de la
requisitoria con que el jefe oriental emplazó por sus actos a
ese gobierno, la califica de "extravagante y terrible".
Su autor el Padre José B. Monterroso no pasaba de ser
un "fraile apóstata y depravado de vulgar instrucción, que

l 145 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

poseía el arte de traducir los odios de su jefe halagando su


vanidad con frases resonantes y sin sentido".153
Aquellas dos certidumbres que desde 1866 habían que­
dado incorporadas a la opinión en el sentido de que Artigas
había sido el defensor heroico de su tierra y de su pueblo, y que
en la invasión de 1816 le había correspondido al Directorio
porteño una indudable responsabilidad, queda-ron demostradas,
de manera incontrovertible después de la publicación de estos
capítulos en los que el relato de los hechos permitía abarcar en su
magnitud el desarrollo de la invasión portuguesa y la
documentación aportada proba-ba aquella complicidad.
Resulta de ello que a pesar del menguado espíritu de justicia
histórica que presidió las opiniones de Mitre sobre Artigas,
estos pasajes de la "Historia de Belgrano", inclinaban la
opinión en su favor. Razón tenía años más tarde el Dr. José
Pedro Ramírez al escribir "Mi conversión en favor de Artigas
laacabódehacerel general Mitre con su historiade Belgrano."154

153. Los nuevos capítulos originariamente publicados en "La


Nación" de Buenos Aires y recogidos por el "El Siglo" de Montevideo
-véase llamada 152- fueron publicados como anticipo de la edición
definitiva de la obra de Bartolomé Mitre: "Historia de Belgrano y la
Independencia Argentina". 3* edición. Imprenta y Librería de
Mayo. Tomo I. Buenos Aires, 1876, caps. XXXIV y XXXVII.
154. "Conferencia Leída en el Ateneo del Uruguay. Por el Dr.
D. José P. Ramírez (Réplica a la defensa del Dr. Juan Carlos Gómez
hecha por el Dr. Pedro Bustamante)". Publicada en "Anales del
Ateneo del Uruguay", Año I. Tomo I. Número 6. Montevideo. 5 de
febrero de 1882, pág. 436.

( 146 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

En el momento de su publicación las afirmaciones ex­


puestas por Mitre en los capítulos adicionales impulsaron
tan sólo el ánimo de Eduardo Acevedo Díaz radicado
entonces en Dolores, Provincia de Buenos Aires, a asumir
la defensa y la justificación de Artigas.
En 1877, recogidos ya esos capítulos en los volúmenes
de la tercera edición, D. Antonio N. Pereira, hijo del ex
presidente Pereira que había decretado los primeros
homenajes a Artigas, refutó también al Gral. Mitre con un
estudio por cierto no desdeñable.
"La vida de este célebre caudi 1lo -escribió Acevedo Díaz-
indudablemente se presta a muy serias e interesantes
reflexiones. Bien o mal inspirado, se le encuentra en la
corriente de la Revolución luchando siempre, temible,
despechado, iracundo, como un verdadero representante
de elementos extraviados, o como tipo forzado de la causa
americana. Refleja todas las aspiraciones y tendencias de las
campañas, conmovidas de súbito sin preparatoria prédica,
y liga su nombre formidable a sucesos de alta trascenden­
cia histórica."
Acevedo Díaz pone de relieve en su artículo el error de
Mitre al juzgar los hechos con prescindencia del estado
social del país al producirse la revolución y luego del cam­
bio operado con motivo de ella; "en mucho atribuye al
caudillo, dice, lo que debiera en rigor atribuir al estado so-

I 147 j
JUAN E PIVEL DEVOTO

cial y político de la época." Al abarcar el enfoque de la


personalidad de Artigas con un sentido más amplio que el
de Mitre, concede a éste que Artigas no hubiera sido un
militaracadémico.
"Era algo más que un general instruido para su época y
sus instintos: -dice- era un caudillo prepotente." "Tenía en
su táctica especial, su originalidad en la ofensiva y defen­
siva, su educación suigéneris para la guerra." Y recordan­
do sus triunfos en Las Piedras y Güirapitá dice que "D. José
Artigas no era un militar estratégico; pero sabía abrirse el
camino de la victoria."
Después de exaltar la resistencia contra la invasión
opuesta por los representantes de la democracia gaucha
y el contraste, señalado por el propio Mitre, que había ofre­
cido esa conducta heroica con la actitud de Pueyrredón, se
preguntaba Acevedo Díaz: "¿Puede ponerse en duda que
entonces D. José Artigas servía bien y fielmente a la causa
%

am ericana ? . " 155

D. Antonio N. Pereira en su precitado folleto demostró


con vehemencia el distinto criterio con que el Gral.Mitre
apreciaba la conducta del gobierno de Bueno Aires y las

155. Eduardo Acevedo Díaz: "Artigas en las páginas históricas de


la Independencia Argentina. Juicio crítico del General Mitre".
Publicado en " El Siglo", Año XIII. 2.* Época. N° 3548. Montevideo,
10 de noviembre de 1876. pág. 1. cois. 3. 4 y 5.

í 148 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

actitudes de Artigas; probó que éste no había sido un jefe


destituido de ideas políticas, reivindicando para él la
paternidad de la organización federalista; narró hechos que
ponían de relieve su levantada conducta moral e insistió en
destacar la pasividad del Directorio ante la invasión de 1816
que no llegaba a merecer una condena radical por parte del
historiador de Belgrano. Las conclusiones a que llegaba el
autor en 1877 se aproximan bastante a la idea del Artigas real,
descorrido ya en parte el velo de imposturas que lo cubrían.
Pereira insistió en demostrar el carácter sistemático que
tenían los ataques calumniosos dirigidos contra Artigas; al
romper el silencio y aparente asentimiento que había
acompañado a las opiniones del Gral. Mitre, ante cuya
autoridad parecían anonadarse los hombres de pensamiento
de nuestro país, contribuyó a formar la opinión que poco
después acom pañaría el m ovimiento reivindicatorío.
D. Antonio N. Pereira supo deslindar también qué parte
de responsabilidad podía caberle a Artigas por errores y
desmanes que son propios de todos los grandes movi­
mientos revolucionarios, que Mitre cargaba implacable
en la cuenta de aquél. "Podríamos en este caso, expresó
con intencionado propósito, y con mucho más razón,
hacer fuertes cargos a muchos de los gobernadores de
Buenos Aires -incluso al general D. Bartolomé Mitre, y
aun responsabilizándolos con mayor justicia, pues los

í 149 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

tiempos eran otros,- por haber empleado algunos


bandoleros, cuya historia llena de crímenes estremece y
no sólo emplearlos sino autorizarlos a llenar comisiones
que están impresas en la sangre y en las lágrimas de las
víctimas que fueron inmoladas por esos bárbaros".
¿Aludía acaso D. Antonio N. Pereira a los fusilamientos
de Villamayor, decretados por el Gral. Mitre, el mismo que
condenaba inflexible supuestas violencias atribuidas a
Artigas? Los representantes de las élites intelectuales
del Río de la Plata disimulaban el hecho de que un general
fusilase a los vencidos siempre que lo hiciese en nombre
de la civilización y vistiendo uniforme a la francesa; pero
eran implacables en cambio cuando un episodio análogo
tenía lugaren un ejércitosin auditor de guerra, cuyojefe
lucía por atavío un poncho criollo. Entonces tejían en
tomo a lo ocurrido, aún cuando fuera de dudosa veracidad,
los más encendidos y vivos comentarios para condenar
los excesos del "caudillismo montonero."156

156. "El General D. José Artigas Ante la Historia. Por un


Oriental". Imprenta de La Democracia. Calle del Cerrito 84,
Montevideo, 1877, pág. 54. En ese mismo año se hizo otro tiraje
de la obra, variando únicamente la portada en la cual figura el nombre
del autor: "Antonio (N.| Pereira".

I 150 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

IX

El concepto de un Artigas con ideas políticas, con


principios y nociones sobre cual debiera ser la orientación
institucional de la revolución expuesto por D. Antonio N.
Pereira, ante las afirmaciones tan rotundas de Mitre y de
Berra que lo presentaban totalmente desprovisto de
pensamiento, fue reforzado al comenzar el año 1878 cuando
Mariano A. Pelliza dio a conocer el texto de las Instruccio­
nes del Año XIII.

EL TEXTO DE LAS INSTRUCCIONES

En el Apéndice de su obra "Dorrego en la historia de los


partidos Unitario y Federal", fue por primera vez publicado
ese documento que obligó, aunque no de inmediato, a
modificar laopinión sobre el caudillo. La idea de un personaje
de carácter cerril y bárbaro iba cediendo paso a la de un
conductor reflexivo y humano. "Artigas es en aquellos días
[del año 1813] -escribe Pelliza-, la piedra del escándalo. La
asamblea rechaza los diputados orientales, y la censura mas
animosa es lanzada contra el titulado Protector de los
pueblos libres".

( 151 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

"¿Qué había hecho Artigas?"..........


"Las instrucciones que dió a los diputados, se sienta que
eran criminales".
"¿Dónde existen esas instrucciones, nos dijimos?"
"No estaban publicadas, y el misterio aparecía indes­
cifrable; no obstante, á fuerza de investigar y de inquirir
las encontramos. Artigas habíalas pasado en copia al doc-
tor Francia dictador del Paraguay, y del archivo privado de
este vinieron á nuestras manos"157.
D. Mariano A. Pelliza estaba muy lejos de ser un ad-
mirador del jefe de los orientales; participaba él también de
la creencia de que su vida estaba manchada por crímenes y
actos de despotismo, pero no podía menos que reconocer
la trascendental significación encerrada por el documento
que los accidentes de la guerra del Paraguay habían pues­
to en sus manos.
"Muchas veces -dice Pelliza- se ha preguntado, quien
fue el primero que trató de organizar la nación ligando las
provincias por un pacto federativo. Las instrucciones pa­
sadas por el jefe de la campaña oriental don José Artigas, a
los diputados electos, aclaran este punto de una manera

157. "Dorrego en la Historia de los partidos unitario y federal


por Mariano A. Pelliza". Buenos Aires, Carlos Casavalle. Editor.
Imprenta y Librerías de Mayo. Moreno 337 y Potosí 189. 1878.
pág. 9.

í 152 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

completa, que basta la lectura de aquel documento clásico


para desvanecer toda incertidumbre al respecto".
Y agrega: "Sin hacer la apología de Artigas, debemos
consignar en elogio de aquel documento que lleva su firma
autógrafa, que una definición más acertada y completa del
sistema federal democrático no puede concebirse en aque­
llos tiempos de rudo aprendizaje marcial".158
Estas apreciaciones hechas poco después de haber
ratificado el Gral Mitre su juicio sobre el fundador de la
"democracia bárbara", tenían indudable importancia muy
especialmente si se repara en que eran enunciadas con
motivo de un estudio sobre federalismo argentino a cuyos
orígenes se asoció desde entonces a Artigas; bajo un con­
cepto distinto de aquel que lo había presentado como el
exponente de un regionalismo instintivo y salvaje.
Los intentos de reivindicación a que nos hemos refe­
rido, los conatos de polémica, los estudios de conjunto
sobre su época, aún los que exponían juicios adversos, las
páginas fragmentarias, habían aportado ya suficientes
elementos como para fijar la real dimensión histórica de
Artigas, cuyos rasgos y modalidad personal eran, también
por esta época, captados en el retrato literario.

158. Mariano A. Pelliza: "Dorrego en la Historia de los partidos


unitario y federal", cit., págs. 79 y 80.

I 153 |
JUAN E. FIVEL DEVOTO

Hasta 1879 la imagen física que se tenía del personaje era


la que se había formado a través de la litografía de Williams
o mejor aún de la telade Eduardo D. Carbajal exhibida desde
1873 en el Museo Nacional, que lo mostraba anciano y
solitario. Acevedo Díaz y Zorrilla de San Martín habían
esbozado algunos débiles rasgos que no llegaban a
configurar todavía un retrato literario. Fue D. Antonio Díaz
hijo, quien lo trazó en 1879 con pinceladas de las que resulta
un personaje taciturno, de exterior poco atrayente.
"La figura del General Artigas -expresa Don Antonio Díaz-
no era vulgar, a pesar de cierto aire adquirido en sus maneras
en el largo trato con gentes rudas en sus primeros años, y un
tinteensufisonomíacaracterizadocomoenladel marino, por
la frecuente impresión del sol, el aire y el agua, y cierto toque
en la mirada verdosa cruzada de líneas convergentes a la órbita
como la del águila avezada a investigar los espacios. Sus
facciones, sin acercarse en nada a la decrepitud, denunciaban
a la edad de 30 años la presencia severa de los padecimientos
Físicos que habían dejado en ellas surcos imborrables; su
cabeza era bien desarrol lada particularmente en su conj unción
con la columna vertebral, sobre la que descansaba recta y
flexible. Su pelo era de un castaño claro, aproximándose a
rubio; lo usaba largo, y caía en rizos sobre su cuello".
"Escasos pelos de bigote y barba aparecían en su ros­
tro, que tomaba con tal motivo un aspecto pobre y bilioso.

( 154 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

complementado por sus pómulos saltantes, la reunión de


su entrecejo y un aire cauteloso rara vez risueño. Su nariz
era aguileña, su boca más bien grande, se contraía im­
perceptiblemente en sus extremidades, su cuerpo era bien
desarrollado sin ser grueso; su estatura regular, y sin ser
cargado de espaldas tenía una inclinación pronunciada
hacia adelante, defecto sin duda adquirido en sus largas
marchas a caballo."1'9

EL MONUMENTO
A LA INDEPENDENCIA NACIONAL

La inauguración del monumento a la Independencia


erigido en Florida, el 18 de Mayo de 1879 fue un hecho
que influyóen la formación del sentimiento nacional. No
sólo porque con él se ratificó de manera solemne nuestra
voluntad de existir como pueblo soberano, sino por que
las exteriorizaciones a que dio lugar demostraron que en
el país se había formado ya una conciencia histórica
sobre su pasado.159

159. La biografía de José G. Artigas se halla incluida en la "Galería


Contemporánea de Hombres Célebres de las Repúblicas del Plata por
Antonio Díaz", publicada en el Tomo XIII de la "Historia de las
Repúblicas del Plata", Montevideo. Imprenta de El Siglo. Calle 25
de Mayo número 58, 1879, pág. 71.

( 155 ]
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Afianzada nuestra nacionalidad, disipadas las


sombras que sobre su destino habían proyectado
las intervenciones extranjeras, los desfallecimientos
y las incertidumbres acerca de nuestro porvenir como
estado soberano; consolidado el principio de la
autoridad y del orden y unificado el país, su
su p erv iv en cia libre e independiente fue desde
entonces aceptada como un hecho irreversible con la
excepción de algunos espíritus pesim istas. Los
episodios de ese pasado evocado en 1879 porel verbo
de los oradores y el estro de los poetas, pasado que
com enzó recién entonces a valorarse como una
ejecutoria, acreditaban nuestro derecho a sobrevivir
como nación libre y soberana. Juan Carlos Gómez,
juez tan severo siempre como indocumentado de
nuestra historia, fue quien contribuyó con su actitud
a que se hiciera la exégesis del período revolucionario
y al suscitar la controversia en torno a Artigas, creó
la oportunidad para que se reafirmaran los conceptos
sobre su influencia en la formación de la nacionalidad
oriental. Para Juan C. Gómez nuestra independencia
era un "presente griego", un hecho impuesto por el
Emperador del Brasil D. Pedro Primero y el Gobernador
de Buenos Aires D. Manuel Dorrego; Artigas no

( 156 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

pasaba de ser un "gaucho enchalecador erigido en


Wáshington por la idolatría de algunos escritores".160
"El país entero, sin necesidad de ir a la Florida -le
respondió Alejandro Magariños Cervantes-, le contesta
a usted en este momento que lejos de ser una falsedad
histórica, una mentira imprudente, el Monumento alzado a
la Independencia Oriental es un sentimiento y una idea
encamados en el corazón y en el alma de todos los hijos
de la patria de Artigas, Lavalleja y Rivera. Venga usted a
arrancarlos de allí, ¡si puede!"161
Las columnas de la prensa recogieron en aquellos días
encendidas réplicas contra el Dr. Gómez, entre otras la
formuladas por Angel Floro Costa al pie del discutido
monumento;162 pero ninguna palabra se pronunció entonces

160. "Los Plebiscitos orientales", carta de Juan Carlos Gómez a


Alejandro Magariños Cervantes, Buenos Aires, mayo 15 de 1879,
publicada en "El Siglo", Montevideo, 2 ‘ Época, Año XVI, N° 4288,
pág. 2, cois. 2, 3 y 4.
161. Artículo publicado en la Sección "Solicitadas" de "El Siglo",
*
2.* Epoca, Año XVI, N° 4283, pág. 1, col. 3, contestando una carta
de Juan Carlos Gómez publicada originariamente en "La Tribuna" de
Buenos Aires y transcripta por "La Tribuna" de Montevideo de 12
de mayo de ese mismo año con el título "La Independencia Oriental".
162. "Discurso pronunciado en el acto de entrega del primer premio
por el miembro del Jurado Dr. D. Angel Floro Costa", publicado en "El
Siglo", Montevideo, 18 de mayo de 1879. 2.a Época, Año XVI, N° 4285,
pág. 1. cois. 3 y 4. Los discursos pronunciados en aquella oportunidad
. incluyendo el de referencia, fueron reunidos en un folleto intitulado:
"Inauguración del Monumento a la Independencia. 18 de mayo de 1879"
Montevideo. Imprenta de la Reforma, Calle Rincón núm. 2, 1879.

í 157 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

con más altura y elocuencia que la del Dr. José Pedro Ramírez,
recién convertido al artiguismo, quien el l°de Octubre de 1879
pronunció en la tribuna del Ateneo una conferencia sobre las
ideas históricas de Juan Carlos Gómez.
"Es necesario que empecemos a preocupamos se­
riamente de estudiar las tradiciones de la independencia y de
levantar las que mejor hayan entrañado las legítimas
aspiraciones de estos pueblos, emancipándonos de la in­
fluencia que han ejercido en nuestro espíritu el brillo de las
glorias argentinas, el ascendiente de su política y de su
literatura", exclamaba el Dr. Ramírez, liberado ya de la
influencia sugestionados de la tradición de Mayo. El Dr.
Ramírez reivindicó entonces para el Artiguismo el carácter
de raíz histórica de la nacionalidad; para el caudillo oriental
el título de heroico defensor de nuestro suelo; para los
cruzados de 1825 el más alto homenaje por haberlo
reconquistado dándole organización institucional163.
El Dr. Pedro Bustamante asumió la defensa de las ideas
anexionistas de Juan Carlos Gómez desde la misma tribuna
del Ateneo trayendo a colación, como era natural, los
hechos del pasado.

163. Conferencia publicada en "El Siglo", Montevideo. 2.a Epoca.


Año XVI, N° 4396, 3 de octubre de 1879, pág. 4. cois. 2 a 6.

I 158 ]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Su juicio sobre Artigas aparece imbuido de las ideas


tradicionalistas de la clase culta falta de sentido histórico
para apreciar los fenómenos de un proceso revolucionario.
No es extraño pues que hubiera reeditado la versión
sobre los excesos atribuidos a Fernando Otorgués, Blas
Basualdo y Encarnación Benítez.
"La especie de que Artigas fue el fundador de la
nacionalidad oriental, expresóel Dr. Bustamante, carácter
que jamás le habían atribuido sus más decididos adeptos,
es un solemne anacronismo y una descomunal impostura,
forjada recién en 1856 por el espíritu cortesano, con el
propósito manifestado de lisonjear la vanidad de un go­
bernante su pariente. Artigas jamás proclamó a la Banda
Oriental independiente de las Provincias Argentinas, y
el hecho mismo de federarse con algunas de ellas durante
la guerra con Buenos Aires, es la más acabada
comprobación de lo que afirmo”164.
Lamentando tener que hacerlo ("porque jamas fui
artiguista") el Dr. Bustamente, con esa salvedad que
muestra su ausencia de criterio científico, reconocía que

164. "El derecho de la libre discusión y la propaganda unionista del


Dr. Don Juan C. Gómez . Por el Dr. D. Pedro Bustamante". Publicado
en "Anales del Ateneo del Uruguay", Montevideo, 5 de enero de 1882,
Año 1, Tomo 1, N° 5, pág. 362.

I 159 J
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Artigas, "fundador tan sólo del federalismo montonero


y progenitor de los caudillos del Ríode la Plata"165, tenía
un título de gloria: haber proclamado francamente nuestra
emancipación de la corona española. El Dr. José P.
Ramírez, que por dos veces más usó de la palabra en el
Ateneo para levantar las tradiciones del país y defender
el ideal de su independencia, completó la afirmación de
su oponente expresando que Artigas desplegando esa
bandera había creado una entidad con prescindencia de
lo que ocurría en la antigua capital del Virreinato.
"Artigas -dijo- tenía su autoridad propia que no sub­
ordinaba a nadie, y hablaba al director supremo y al
general en jefe de sus ejércitos como un aliado, tan
dispuesto á aunar sus esfuerzos en pro de la causa
común, según él la entendía, como á batirse por los
fueros é independencia de su país natal, si eran
desconocidos ó agredidos en lo mínimo".
"A rtig a s se hizo el re p re s e n ta n te de una
agrupación que quedaba desligada de todo vínculo
preexistente, y que reasumía el derecho de disponer
de sus destinos".

165. "El derecho de la libre discusión cit. en llamada N°


164 , pág. 364.

1 160 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

"A rtigas quiso que su país natal reivindicase su


soberanía, y que, ejerciéndola, concurriera á fundar
una na-cionalidad sobre la base de la igualdad más
a b s o lu ta " 166.
Sus p a la b ra s o v a c io n a d a s por q u ie n e s las
escucharon le m erecieron el reproche de que no
siem pre había tenido la misma opinión sobre Artigas,
con lo cual se quería aludir al juicio em itido en "El
S ig lo " en 1863 que ya h em o s c o m e n ta d o .
Com prensibles y reveladoras fueron las explicaciones
que entonces dio el Dr. Ramírez para ju stificar esa
evolución de sus ideas, que podía ser idéntica a la de
cualquier otro ciudadano de su generación al que
h u b ie s e n ro d e a d o en su ju v e n tu d a n á lo g a s
circunstancias que aquellas recordadas en las
sinceras m anifestaciones que reproducim os en lo
sustancial.

166. Conferencia Leída en el Ateneo del Uruguay por el Dr. D.


José P. Ramírez: "Réplica a la defensa del Dr. Juan Carlos Gómez
hecha por el Dr. Pedro Bustamante". Publicada en "Anales del
Ateneo del Uruguay". Montevideo. 5 de febrero de 1882, Año I,
Tomo 1, N°. 6, págs. 433 y 434.

[ 161 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

LA GENERACIÓN PRINCIPISTA Y ARTIGAS

"Nadie ha sido -dijo el Dr. Ramírez- más enemigo


de Artigas que yoen los primeros años de mi juventud.
Mis vinculaciones de fam ilia y mis vinculaciones
políticas, influyeron de tal modo en mis primeras
impresiones que á los quince ó diez y seis años yo no
veía en Artigas más que un salteador de caminos,
bastante audaz y bastante afortunado para imponerse
a las multitudes extraviadas y envilecidas por sus
propios excesos. Esa fué la idea que imprimieron en
mi ánimo las in-fluencias dom inantes en el hogar en
que discurrieron los primeros años de mi niñez, y esa
la idea dominante en el escenario político en que
discurrieron los primeros años de mi juventud".
"Es notorio que la tiranía de Rosas confundió a los
partidos argentinos, con los partidos orientales, y
que en M ontevideo se asilaron los prohombres del
partido unitario, que si errores cometieron en las
revoluciones de la Independencia americana, los
borraron con su consagración a la causa de la libertad
y se inmortalizaron en los anales de la historia patria".

1 162 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

"De las influencias naturales que ejercían los pro­


hombres argentinos sobre los partidos orientales, resultó
que en Montevideo se popularizó la tradición unitaria has­
ta el punto de considerarla como el símbolo de toda resisten­
cia a la tiranía y al caudillaje, mientras que fuera de
Montevideo, se ensalzó la tradición federal y se la identifi­
có con la causa que allí se defendía".
"Educadoenesas idease iniciadoconellasen la vida
pública quebré lanzas en la primera oportunidad que se
me presentó por defender mi ideal; pero a medida que mi
razón se desarrolló y maduró y que fui estudiando por mi
mismo las tradiciones de la independencia de estos
pueblos, fui reaccionando hasta llegar a formular
definitivamente y con plena conciencia las ideas que he
expresado en las últimas conferencias que he leído en
esta tribuna".
"La reacción que se ha operado en mi espíritu respecto
de Artigas y su época y lo que representa en el movimiento
revolucinario de la independencia -agregó-, se ha operado
en la gran mayoría de nuestros conciudadanos, a tal ex­
tremo, que se reciben hoy con aplausos las apreciaciones
que a su respecto habrían sido objeto de burla y de escar­
nio ahora 25 años."
"Yo he seguido la corriente de la reacción que se ha
operado en todos los hombres pensadores de mi país,

í 163 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

respecto de Artigas y entre ellos y yo no existe más que una


diferencia: que la transformación operada en mi espíritu
se refleja en las páginas de El Siglo y está ahí para que todos
puedan darse cuenta de ella, mientras que los que no
han sido periodistas y no han abierto día a día su alma a todas
las miradas, no tienen más testigo de esas trans-formaciones
que su propia conciencia. No es tampoco una transformación
del espíritu, una modificación de opiniones que acuse
versatilidad de carácter, pues que ha necesitado 20 años
para hacerse y se ha hecho con el sacrificio de muchas y muy
respetables preocupaciones y por efecto de la sinceridad y
del entusiasmo con que persigo la verdad, me inclino ante
ella y la proclamo aún cuando me sea necesario confesar y
proclamar un error o que pague el inexcusable tributo de la
falibilidad humanay de la irreflexiónjuvenil"167.
Los integrantes de la tendencia principista a la que
pertenecía el Dr. José P. Ramírez, educados en la
escuela contraria a la tradición de los caudillos, fueron
a n tia rtig u ista s no sólo por efecto de aquellas
influencias tradicionales sino por que el liberalismo
político que profesaban mal podía avenirse con la
escuela personalista cuya fundación se atribuía a

167. Publicado en ”La Razón". Montevideo. 13 de mayo de 1880,


pág. 1, cois. 2 y 3.

I 164 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

A rtig as. El día en que co m p ren d ieran que al


sentim iento de la nacionalidad había que darle un
contenido histórico com enzaron a valorar la raíz
tradicional del artiguism o como la expresión gallarda
de una sociedad em brionaria, a identificarlo luego con
el ideal de una existencia propia hasta que la aparición
de ciertos docum entos fundam entales que trasuntaban
la adhesión de A rtigas al sistem a dem ocrático y
representativo, así como su acendrado republicanismo,
habrían de determinar bien pronto la total reconciliación
no sólo con las actitudes heroicas de Artigas sino con
sus ideas políticas. El artiguismo y los principistas,
tenían -por lo menos en la doctrina- el mismo concepto
plebiscitario del poder, la misma devoción por la libertad,
aun cuando no valoraran de igual manera al elemento
humano; a la idea igualitaria que anima todo el
pensamiento de Artigas, se oponian ciertas concepciones
aristocráticas del principismo.
De la interpretación acertada del Dr. Ramírez, al im­
pugnar las opiniones de Juan Carlos Gómez y Pedro Bus-
tamante. Artigas surgía en 1880 como la expresión del
sentimiento de los pueblos en el momento en que, lanzados
a la revolución, definieron su personalidad.
Por eso es que, conscientes o no de esa realidad his­
tórica, en el momento de consagrarse en la Florida una pie-

í 165 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

dra en homenaje a las tradiciones patrias, el nombre de


Artigas, exaltado por unos, negado por otros, enigma aún
para muchos, era invocado como una fuerza catalítica has­
ta por aquellos que participaban de las grandes reservas
opuestas por la crítica, como si al conjuro de su fama
pudieran congregarse todas las fuerzas vivificadoras de la
nacionalidad.
El Dr. Carlos María de Pena, en cuyo ánimo pesaban
todavía mucho de los razonamientos históricos de su ami­
go el Dr. Berra, al hablar en nombre de la juventud al pie del
monumento, exclamó a la manera de Sarmiento cuando
evocaba la sombra de Facundo: "¡Sombra de Artigas!
caudillo el más osado y turbulento de los caudillos en las
risueñas márgenes del Uruguay, en las riberas del Plata y en
las pintorescas orillas del Paraná: esforzado paladín de la
primera epopeya de nuestra emancipación política: tú, que
frente a los bravos orientales y de los patricios de la heroica
Buenos Aires supistes coronar con las palmas de la
victoria, las armas de la Revolución naciente -regocíjate
desde la región donde reposas, de las rudas y cruentas
fatigas del soldado; consuélate de las infinitas amarguras
del destierro y de las injusticias del tiempo-, porque tus hijos
vienen hoy a consagrar en este Monumento la realidad
de aquel sueño que llenó toda tu vida, agitando siempre tu
espíritu gigante- Infunde en el corazón de los orientales

I 166 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

aquel valor indomado con que rechazastes siempre la agre­


sión del extranjero, y arma nuestro brazo para las grandes
luchas de la democracia y de la industria, en el presente como
en el porvenir, de aquella pujanza heroica con que hacías
tremolar sobre las almenas del opresor, el pabellón glorioso
que cubria a tus gauchos denodados"168.

La influencia del artiguismo en la organización política


de la República Argentina manifestada en las soluciones
propuestas en 1820, en los debates de la Constituyente de
1826, reflejada en los pactos interprovinciales y en la
Constitución de 1853, señalada como un hecho histórico
por Pelliza al publicar el texto de las Instrucciones del año
XIII, se exteriorizó aún en 1880 en la Cámara de Diputados
de la Provincia de Buenos Aires. AI discutirse la "cuestión
Capital" se trajo a colación las ideas de Artigas sobre el
punto para exaltar la personalidad del caudillo unas veces,
para negarla otras. El 19 de noviembre de 1880 José Hernán­
dez defensor en este caso de los títulos de Buenos Aires,

168. Discurso de Carlos María de Pena publicado en "El Siglo".


Monievidco. 2.dí Época. Año XVI. N° 4239. 22 de mayo de 1879. pág.
I, cois. 3 y 4. Incorporado en: Inauguración del Monumento a la
Independencia |...J", Op. cit. en llamada N° 162, págs. 44 y 45.

I 167 J
JUAN E. PIVEL DEVOTO

expresó: "Nuestros opositores de hoy, los que en la prensa


levantan la palabra contra nosotros, los que dicen que
vamos a sacrificar las libertades públicas, no están con
Dorrego, no están con las tradiciones liberales que
representaba Alsina: están con un héroe desgraciado de
lejanos tiempos, están con Artigas".
"Sólo Artigas ha protestado contra la capital en Buenos
Aires; fueron los diputados de Artigas los que en la Asam­
blea del año 13, se presentaron trayendo en las instruc­
ciones dadas por el caudillo oriental, estas cláusulas
ineludibles: primero se declarará la independencia de la
república, cosa que no hizo la Asamblea del año 13, porque
no lo creyó oportuno.
2o Que se constituyera una confederación, y esa es la
primera vez que en nuestra historia se habla de federación.
3oQue se dividiera el poder público en las tres ramas de
legislativo, ejecutivo y judicial, y el art. 19 de las instruccio­
nes de esos diputados presentadas a la Asamblea del año
13, decía terminantemente estas palabras: "Que precisa e
indispensablemente sea fuera de Buenos Aires el sitio
donde resida el gobierno de las Provincias Unidas."
"Así, pues, el apóstol de esta resistencia es Artigas; no
es Dorrego. no es Alsina, no son los federales."
"¿Y por qué, señor Presidente? ¿Es acaso porque
Artigas fuera celoso de las libertades de Buenos

l 168 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Aires? ¿Es acaso porque Artigas estuviera más interesado


en las libertades públicas y en el progreso de este país
que Moreno, López y Vieytes? No, señor, es porque
Artigas comprendía que el poder, el prestigio y la
influencia, debían acompañar a la declaración de capital,
y él quería la capital de las Provincias Unidas en
M ontevideo."
"Otra hubiera sido la suerte de este país; agregaba,
otras hubieran sido sus terribles condiciones, y su estado
actual de atraso, si la capital de la República se hubiera
constituido en Montevideo bajo los auspicios de Artigas,
porque, por terribles y sangrientas que hayan sido
nuestras guerras civiles, nunca han llegado al carácter
de aquellas, pues la civilización y el progreso han hecho
su camino entre nosotros, humanizando las guerras que
allí son exageradas todavía". Estos juicios que no
reflejaban de manera rigurosa la verdad histórica fueron
acompañados por la opinión del diputado Rodríguez
quien calificó a Artigas y a los caudillos del artiguismo
de "genio de la barbarie" y de "luctuosa" a la época en
que habían actuado. Por su parte D. Pascual Beracochea
interpretó también a su leal entender el alcance de las
ideas de A rtigas y su influencia en la Asamblea de
1813.

í 169 J
JUAN E PIVEL DEVOTO

Recordó como en el seno de ésta los desastres de la re­


volución venezolana habían causado desazón y alejado
para mejor oportunidad la idea de declarar la independencia
y organizar el Estado.
"En esta situación, -dijo- se presentaban los Diputados
de Artigas armados con un pliego de instrucciones que por
más que se diga, no eran otra cosa que la Constitución que
hoy nos rige, delineada ya en aquella época de continuas
zozobras por ese gaucho taimado, díscolo, Artigas el
execrado".
"Como hacia parte de esas instrucciones la exigencia de
constituir el país bajo el sistema federal de gobierno y como
por el artículo 19 se establecía, con condición indeclinable
que la Capital no sería en Buenos Aires, la Asamblea firme
en su resolución de no ocuparse a la sazón de la organiza­
ción del país, y por parte obligada a guardar el secreto
del desastre de Miranda, al cerrar la puerta a aquellos
diputados tuvo que forjar un pretexto que cohonestaba tal
proceder. Así, se adujo como causa de los vicios de la
elección, pero los historiadores todos están acordes en
que fué la necesidad de evitar la discusión sobre la
independencia del país".
"Y no es cierto, señor Presidente, como se ha dicho en
esta Cámara que se rechazaron esos Diputados por que
con su exigencia respecto de la Capital querían llevarla
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

a Montevideo para establecer la base de una nueva con­


federación; la historia no lo demuestra, y si para sentar esa
afirmación se quiere penetraren las intenciones de Artigas,
yo les diré a los SS. Diputados que las intenciones están
fuera del alcance del historiador y que si por ello hubié­
semos de escribir la historia mucho podríamos decir".
"Artigas -prosiguió en su relato el diputado Beraco-
chea- sabedor de que sus Diputados eran rechazados a
causa de las instrucciones que traían, lo comunicó a los
Cabildos. ¿Sabe el Sr. Diputado Hernández, tan versado en
nuestra historia, cual era la importancia entonces de los
Cabildos?, pues que para moderar sus pretensiones, la
Asamblea tuvoque abolirel mandato imperati voque daban
a los Diputados".
Recordó luego cómo Artigas y las provincias del litoral
se sublevaron contra Buenos Aires promoviendo la reac­
ción del año 1815, rechazando la Constitución de 1819
y, al aludir a los sucesos de 1820, expresó: "Artigas renovó
las exigencias del año 1815, y no se diga que sólo Artigas,
porque a Artigas lo seguían las masas, señor Presidente,
que si bien en esos momentos que no podían penetrarse de
lo que sería esta Nación, querían removerlo todo,
destruyéndolo todo, luchaban sin embargo, contra los
pensadores de los centros urbanos que, contrariando la
Índole genial de este pueblo, querían también poner reme-

í 171 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

dio a sus males, es decir remover todos los inconvenien­


tes". "Esas masas -agregó- que seguían a Artigas, levan­
taron la bandera de la disolución simplemente porque se
quería persistir en la Capital histórica, como se le llamó en
esos tiempos, por los que no hace mucho pensaban de otra
manera". Ante ciertas manifestaciones del diputado José
Hernández, D. Pascual Beracochea, acusado por aquel de
constituirse "en defensor de Artigas", expresó: "La historia
se ha encargado de decir quien era Artigas. Yo no he
defendido a Artigas, he defendido la idea. Ese gaucho
taimado y díscolo fue el primero que formuló los principios
federales que hoy están escritos en nuestra Constitución".
"Puede verlo esto el señor Diputado en el apéndice de
la obra: "Biografía de Dorrego” por Pelliza"169.
Después de más de medio siglo de formuladas, las Ins­
trucciones dadas a los diputados orientales que debieron
incorporarse a la Asamblea de 1813, eran actual izadas en los
debates de la legislatura de Buenos Aires. Allí donde
no se pudo escuchar la voz de los diputados artiguistas,
sesenta y siete años después se invocaba, bien que con
opinión confusa sobre el caudillo, el mensaje de que habían

169. ' Diario de Sesiones Complementarias de la Cámara de


Diputados de Buenos Aires”. Quinta Sesión Extraordinaria, 19 de
noviembre de 1880. Buenos Aires. "La República". Imprenta Especial
de Obras, calle de Belgrano número 189. 1881. págs. 167. 168 y 169.

( 1 7 2 ]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

sido portadores sus representantes. Ligadas estrechamen­


te a los primeros intentos de organización institucional de
la República Argentina, esas Instrucciones parecían seguir
teniendo vigencia en 1880 cuando se epilogaba precisa­
mente aquel agitado proceso histórico.
Pocos meses antes de los debates parlamentarios a que
nos referimos se publicó en Buenos Aires un extenso
alegato dirigido al Dr. Juan Carlos Gómez, redactor de "El
Nacional", recogidoen las páginas de un folleto bajoel título
"El General D. José Artigas. Rectificaciones y juicio crítico
sobre la vida pública de dicho personaje, á propósito de las
conferencias promovidas por el Doctor J. P. Ramírez, en el
Ateneo de Montevideo, y dedicado al distinguido publi­
cista Doctor D. Juan C. Gómez por un Viejo Oriental".170
El autor de este escrito que simula ser un sobreviviente
de la época de Artigas por lo cual -dada su avanzada edad-
dice valerse de otra persona para exponer sus ideas, habría
sido D. Tomás García de Zúñiga, hijo del Barón de la Calera,
lo que parece confirmarlo algunos de los documentos de
época traídos a colación en el decurso del alegato, cuya
fuente principal no es sin embargo esa papelería, ni los
recuerdos del autor, sinoel folletode Pedro FelicianoCavia

170. Buenos Aires. Imprenta de Pablo E. Coni, especial para obras.


60 - calle Alsina - 60. 1880.

I 173 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

cuya información venía de esta manera a reeditarse como


réplica al intento reivindicatorío promovido porel Dr. José
P. Ramírez en la tribuna del Ateneo.
El "Viejo Oriental" sigue en lo fundamental las líneas
trazadas por Cavia, deforma en igual sentido los rasgos del
personaje, cita como prueba de sus juicios los mismos
supuestos crímenes atribuidos a Artigas y a sus secuaces.
El relato carece de orden, el estilo, de aquel vigor que
convirtió en arma tan eficaz las páginas de Cavia. Estas
trazadas bajo su inspiración en 1880 porel "Viejo Oriental"
no podían ya encontrar eco en la opinión. Solamente un
escritor de la garra de Sarmiento o de Vicente López sería
capaz de dar nuevas y atrayentes formas a los gastados
argumentos de la leyenda negra.
En 1881 el Dr. Vicente Fidel López recogió en cuatro
volúmenes las 1935 páginas que sobre "La revolución
Argentina, su origen, sus guerras y su desarrollo político
hasta 1830" había publicado en las sucesivas entregas de la
"Revista del Río de la Plata". En páginas seductoras por la
animación del relato, el brillo del estilo y el retrato siempre
intencionado de los personajes, López reavivó los trazos
siniestros con que la leyenda negra había presentado al
discutido personaje. La vida de éste no aparece como un
relato aislado; el actor se mueve en el gran escenario de la
revolución enfocada por López para exaltar al patriciado de

( 174 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Mayo frente al cual las masas incultas y sus caudillos


eran presentadas como la expresión de la barbarie.
La crítica histórica ha demostrado ya la falta de
seriedad de la información de este autor, evidenciada en
lo que atañe a la época de Artigas en las caprichosas
referencias que hace acerca de Fernando Otorgués, de
Miguel Barreiroy del Padre Monterroso, muerto en 1838,
al que no obstante, asevera haber conocido en Chile en
1843; así como la parcialidad de sus juicios que, en lo
referente a Artigas está abonada por una manifiesta
deformación de los hechos.
Pero en el momento de su publicación, en que conser­
vaba aún todo su prestigio la historia romántica, esta obra
de Vicente F. López ejerció gran influencia en la corriente de
opinión empeñada en hacer perdurar el juicio tradicional
sobre Artigas, reavivado en esta ocasión en particular por
los trazos siniestros con que López retrató al personaje. En
las páginas indocumentadas pero vivas dedicadas al perfil
de Artigas, la figura del caudillo aparece en lo físico y en lo
moral como la de un personaje atrabiliario al que recónditas
inclinaciones predisponían para las pasiones más mez­
quinas.
"Artigas -dice- era un hombre de figura aventajada. Se
le conocía que era hijo de una familia decente. Tenía un
conjunto de formas y de fisonomía, (permítaseme decirlo)

[ 1 7 5 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

trabajado admirablemente por las fuerzas artísticas de nues­


tro clima y de nuestro suelo".
"El escultor Pampero le había dado su tipo más acabado.
Así es, que, de la cabeza a los pies, era un criollo gaucho
admirable y perfecto. Habían dejado rastros, burilados en
su cara y en su mirar, los desórdenes, los vicios, y las
azarosas aventuras en que había pasado la vida desde su
juventud. Padecía de esos males infandos y crónicos, que
afectan las formas reumáticas, y que exacerban el ánimo
de los pacientes, inspirándoles rabias desesperadas, ex­
plosiones desiguales de pasión con esos crueles des­
fallecimientos del desaliento, que estas enfermedades
engendran en la moral".
"Tenía, quizás por esto, la horrible necesidad de hacer
sufrir a los demás, menospreciando la sensibilidad ajena (por
lo mismo que sufre tanto la propia) en la medida de los
esfuerzos que se hacen para disimularlo, bajo la influencia
de las duras obligaciones que impone el Poder".
"Las luces de su inteligencia, aunque muy vivas, muy
penetrantes, no excedían jamás las órbitas de su egoísmo;
eran, como la de los relámpagos, que iluminan sólo por un
instante, las tinieblas de la noche, sin alumbraren el terreno
otra cosa que lo que se halla inmediato a la vista ofuscada
del caminante. Sus ojos eran de un azul que tiraba a verdoso.
Sin ser grandes eran muy regulares, la pupila era profunda;

l 176 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

el iris se hallaba rodeado de líneas oblicuas y convergentes,


del color negro, que parecían una corona de clavos o de
espinas rectas, cuyas puntas quisieran reunirse en el cen­
tro, como las que tiene el ojo de los gatos; y también como
la de éstos, parecía dotada de la facultad de concentrarse
oexpanderse bajóla influencia de la idea que le preocupaba.
Rosas tiene también esta peculiaridad. Jamás lleva erguida
la cabeza sino siempre oblicua como la mirada. El pelo era
rubio, pero no claro, era sedoso y ondulante: lo llevaba lar­
go, y por lo general bastante desgreñado. Era escaso de
patillas y de barbas como lo son casi siempre los hombres
de temperamento bilioso y de sangre pobre, pocas veces se
vio las afeitase o que las recortara. Era indolente en su traje.
La penetración de la mirada se atenuaba con un disimulo
natural, que a veces afectaba una atención lisonjera aunque
retenida, y a veces era sombría e inquisidora, gracias a un
movimiento peculiar, que, en uno u otro caso, sabía dar a
las cejas, trayéndolas o retirándolas, con una flexibilidad
tan grande que apenas se podía percibir el cambio de su
fisonomía habitual. Las cejas eran bien pobladas, lisas, y
rectas; pero al reunirse formaban un pequeño remolino, que
aumentabael carácterenérgicode la fisonomía. Era nariagui leño,
tenía los carrillos enjutos (pero no enteramente secos) y de un
color pálido, disimulado, por el tostado natural que les había
dado el sol y la intemperie de los campos. El óvalo de la cara

í 177 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

era perfecto, tirando a ser agudo, aunque no mucho, pero lo


bastante para ser pronunciado".
"La cabeza muy regular, bastante desenvuelta: y en­
teramente conforme al mejor tipo de la raza caucásica por el
frente y por detrás: así es que su pe rfi Iera sumamente acentuado
y clásico. Llevaba siempre sombrero americano de paja, y un
poncho más o menos abrigado según la estación".
"Caído en el vasto desorden de una revolución de­
m ocrática, inorgánica, y tan borrascosa como la
nuestra, éste Teniente de Blandengues tuvo la fortuna
de ser bien inspirado por su astucia y por su arrojo.
Vaciló al principio sobre lo que le aconsejaban sus
conveniencias en el choque de las autoridades nuevas
con la autoridades co lo n iales que ocupaban a
M ontevideo; pero su inteligencia suspicaz le hizo
com prender al momento que la causa americana, le
ofrecía la ocasión segura de surgir, y de hacerse el jefe
de una de esas derivaciones fatales y fecundas, con
que el instinto de las masas cambia repentinamente el
cauce de las grandes revoluciones".
El Dr. López completó este prolijo retrato en el que no
faltan los menores y más caprichosos detalles, frutos de su
imaginación los más de ellos, sin excluir la veracidad parcial
de algunos, como ser los que se refieren a la afección artríti­
ca padecida por Artigas, con otros rasgos que lo perfilan

I 178 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

en el plano moral y político, tomados del panfleto de


Cavia cuya autoridad López cita varias veces. "Tomado
como gaucho -dice- Artigas era indudablemente un
hombre de cierta superioridad, aunque muy malo. Tenía
talentos naturales y muchísima agudeza de espíritu,
unida con un tino práctico tan rápido como certero. Pero,
con todo eso, jamás, habría llegado a ser en el orden
civilizado de nuestros negocios, no digo un hombre
como Bolívar, pero ni siquiera como Rosas, el centro de
un partido político poderoso, reatado con vínculos
administrativos y con las formas (aparentes al menos) de
un gobierno regular y urbano."
"Artigas no era más que un gaucho travieso y porfiado.
Le faltaba fondo y elevación moral. Carecía de una con­
ciencia bastante fuerte y templada, para campear en las
regiones ideales del pensamiento, donde viven las verda­
des profundas y también los grandes errores. No era
capaz de altos hechos ni de luminosas inspiraciones,
sino de esas pequeñas miserias que se arrastran por la
tierra. Era, como caudillo, loque había sido toda su vida,
un pilludo lleno de talento y un contrabandista lleno de
astucia; atrabiliario y cruel cuando se enfurecía; manso é
indolente en las horas ordinarias. Bravo en la pelea,
resuelto y terco, más bien que firme en sus opiniones;
caprichoso y desigual en los móviles, y voluntarioso más

[ 179 j
JUAN E. PIVEL DEVOTO

bien que previsor. Su temple era demasiado incompleto y de


muy baja ley, para que la Revolución de Mayo, con sus
nobles fines, u otra grande causa cualquiera, pudieran
encamarse en su persona. Tomarlo por fundador de la
Federación Argentina es incurrir en un error crasísimo, que
se disipa con sólo ver que fueron precisamente los federales
los que le arrojaron de la tierra argentina obligándole a
sepultarse en los bosques del Paraguay. Tanto valdría
condecorar a Rosas con el mismo nombre, a la luz de las
mismas contradicciones. Pero había entre ellos una grande
diferencia: a Artigas no se le habría ocunidojamás retirarse
a vivir a Inglaterra; ni habría cambiado, por Southampton
su cabaña agreste, como su alma, puesta en medio de la
barbarie social y del desierto; al paso que el otro vicho se
habría guardado muy bien de trocar los papeles; porque era
hombre de otros alcances y de otras necesidades"171.

171. Vicente Fidel López : "La Revolución, sus orígenes, sus gue­
rras y su desarrollo político hasta 1830". Buenos Aires. 1913 Tomo
V. págs. 95 a 104.

I 180 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

XI

El Dr. Vicente Fidel López había residido durante varios


años en Montevideo. Tuvo aquí grandes amistades, pres­
tigio e influencia en el ambiente cultural del país. Sus vin­
culaciones con aquellos elementos de la sociedad mon-
tevideana que mantenían vivo el sentido de la tradición an-
tiartiguista, contribuyeron poderosamente a fijar su opi­
nión sobre el personaje, en la cual López tradujo toda la
animosidad que la clase culta del Río de la Plata sentía por
los caudillos montoneros. Su obra no estaba, pues, res­
paldada por una labor de investigación ni presidida por
un criterio rigurosamente histórico. López escribió sobre
Artigas y los demás caudillos de la revolución, con la mi-
litancia que correspondía a un integrante del patriciado;
puso en sus juicios un acento polémico con desprecio por
la verdad, la que deformó, inclusive,- en este caso el hecho
es menos grave - para lograr efectos de contraste o dar
notas de color a sus animadas descripciones. Daniel Mu­
ñoz, que fue su Secretario, ha recordado al respecto más de
un episodio que confirma cuanto expresamos172.

172. Sin cotejo de fuente.

1 181 J
JUAN E. PIVEL DEVOTO

EL ' BOSQUEJO HISTORICO”


DEL DR. BERRA EN 1881.

En el mismo año 1881 en que López recogió los capítu­


los sobre la revolución en el Río de la Plata, de los que
extractamos lo más saliente de sus juicios sobre Artigas, el
Dr. Francisco A. Berra publicó en Montevideo la tercera
edición del "Bosquejo Histórico del Uruguay". Hemos
estudiado ya las ideas de Berra al comentar la primera y
segunda edición de su obra publicadas en 1866 y 1874.
Durante los años transcurridos desde esta última fecha
hasta 1881, Berra había adquirido gran autoridad como pe­
dagogo y estimación general por sus empeños en el triunfo
de la causa de la reforma escolar, había enriquecido su in­
formación en materia histórica, para lo cual acudió, más de
una vez a las fuentes e indicaciones que le proporcionaba
el Gral. Mitre, llegandoa reunir unacolección particular de
manuscritos formada principalmente por documentos que
procedían del Archivo de D. Miguel Barreiro.
En la edición del "Bosquejo" publicada en 1881, Berra
ratificó sus anteriores juicios a los que dio un desarrollo más
amplio; completó su valoración de la época de Artigas con
el estudio de aspectos que no habían merecido antes su

[ 182 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

atención, a través de los cuales mantenía en pie su con­


denación del personaje. En términos correctos siempre
ajustados, sin caer en las imprecaciones de los románticos,
fría y metódicamente, persiguiendo siempre una finalidad
de orden moral, luego de analizar las distintas facetas de la
personalidad de Artigas, Berra llegaba a la conclusión de
que éste no era digno de exhibírsele como una gran figura.
"La historia - escribió - le consagrará pocas palabras que
fueran capaces de halagarle si viviera; en cambio, condena­
rá severamente el papel que hizo en los sucesos que se
desenlazaron en el aciago año de mil ochocientos veinte, y
lo condenará, no en nombre de los particulares intereses
orientales o argentinos, sino en nombre de la moral y del
derecho, cuyos principios son universales"173. Olvidaba
Berra, y en ello radica la falla esencial de sus juicios, que si
los principios del derecho y de la moral son universales, no
lo son en cambio las circunstancias en las cuales aquellos
deben aplicarse. El otro grave error de Berra, muy
generalizado por cierto, es el de juzgar las revoluciones con
el mismo criterio y exigencias que se tiene para las
circunstancias normales, desconociendo que, de su

173. "Bosquejo Histórico de la República O. del Uruguay por


el Dr. F. A. Berra. Tercera Edición completamente renovada y
correjida". Montevideo. Librería Argentina de Francisco Ibarra
- Editor. 84 - Calle Cámaras - 84. 1881, págs. 222 y 223.

I 183 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

aparente caos, puede surgir la estabilidad de un orden


social más justo.
En el génesis de toda revolución se esconde siempre
una fuerza conservadora, interesada por alguna causa en
alterar el orden existente, pero siempre ocurre que la fuerza
genuinamente revolucionaria, la sobrepasa y la aniquila.
Entonces aquella, herida en su interés y en su prestigio, no
tiene más recurso que revestirse con la forma de la reac­
ción, esta vez mucho más sincera y con una acritud y
virulencia, tanto más grande cuanto que se siente defraudada
por su aliado accidental.
De ahí que las fuerzas que en un momento determinado
colaboran en una revolución, sean las que al separarse
por la diversidad de sus densidades resulten las más
implacables en juzgarse recíprocamente. Mitre y López,
causahabientes del directorialismo porteño, y quienes
como Berra seguían sus orientaciones históricas,
persistían en desconocer la realidad de aquella nueva
forma de vida que el caudillismo encarnaba con tanta
eficacia porque era lo único que estaba cerca de la tierra
y de los hombres.
La obra del Dr. Berra suscitó algunos comentarios lau­
datorios. pero bien pronto se hizo sentir la reacción que ya
se había manifestado con motivo de los juicios de Juan
C. Gómez y de los proyectos anexionistas. Carlos María

l 184 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Ramírez fue quien, esta vez, se hizo intérprete de esa co­


rriente nacionalista. Alejado del país por causas políticas,
luego de haber participado en el movimiento del que
surgióel PartidoConstitucional, Ramírez se había radicado
en 1881 en el pueblo de Las Conchas, provincia de
Buenos Aires.
Allí dio forma a los capítulos del folleto en el cual se
propuso rebatir las opiniones históricas vertidas por
Berra en su "Bosquejo", en particular las que se referían
a Artigas.
Su disposición de ánimo al respecto puede apreciarse
en el siguiente pasaje de una carta dirigida a Clemente L.
Fregeiro el 24 de octubre de 1881: "Como a todos los
orientales-escribía Ramírez - me preocupa sumamente la
personalidad de Artigas. Acerca deél, noencuentrosino
ciegas apologías, como los escritos de De María, Bauzá,
etc., o diatribas sistemáticas e irritadas, como las páginas
de López y del mismo Mitre."
"Prescindo de los escritos contem poráneos a
nuestro caudillo, porque creo que son malos guías
para juzgar a un hombre que desapareció en una serie
de lastim osos desastres. La opinión del día es siempre
severísim a con los hombres desgraciados en la guerra
o en la política."

{ 185 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

"Yo tendría mucho placeren ponerme al hablacon


Ud. para cam biar ideas sobre Artigas. Mi residencia
durante algunos meses, será este pueblito, pero iré,
de tiempo en tiempo, a la ciudad, de modo que nos será
fácil vernos oportunamente"174.
Meses después, en enero de 1882, dio a la estampa en
Buenos Aires el "Juicio crítico del Bosquejo Histórico de
la República Oriental del Uruguay por el Dr. D. Francisco
A. Berra". Comienza Ramírez por Fijar su posición personal
respecto del autor, con el que había compartido anhelos
comunes y horas de lucha. "Tengo la más alta estimación
-decía- por el talento y el carácter del Dr. Berra. Es un
utilitario, en el más noble sentido de la palabra, como
pudiera aceptarla Franklin o Stwart Mili; emplea sus
disciplinadas facultades en objetos esencialmente serios,
y nuestra sociedad le debe numerosos e importantes ser­
vicios. Pero la inteligencia del autor del Bosquejo es una
inteligencia exclusivamente analítica, de catálogos y ca­
sillas, que si puede dar excelentes resultados en las tareas
del legista o del pedagogo, difícilmente se adapta a las

174. Cana de Carlos María Ramírez a Clemente L. Fregeiro. Las


Conchas, Octubre 24. 1881. Manuscrito original en el Archivo
General de la Nación. Montevideo. Fondo: Archivos Particulares.
Archivo de Clemente L. Fregeiro, Caja 153. Carpeta 3.

{ 186 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

instituciones vivaces y creadoras del verdadero his­


toriador."
"Faltan en su narración los músculos y los nervios que
animan la reproducción del pasado; y falta sobre todo esa
Fi losofía superior que la condensa en fórmulas generales de
profunda enseñanza. En vez de apreciar los sucesos y los
personajes en el conjunto de la acción, en el mismo medio
en que se agitan, con el criterio que resulta de las ideas,
pasiones y necesidades de cada época, hace correr cada
suceso por cuerda separada, en un orden mental admira­
ble, y forma a cada personaje un expediente para fallar su
causa según el efecto retroactivo de las ideas morales y
políticas que ocupan actualmente las casillas de la inte­
ligencia del juez".
"Ese criterio formalista - agrega - explica muchos errores
del Bosquejo, y en ninguno es tan evidente su influencia
como en el que se refiere a las fuerzas republicanas y anti­
republicanas de la revolución de Mayo. Las masas incul­
tas de las campañas y de los suburbios tuvieron la intui­
ción y la pasión de la república aún sin comprenderla, y sin
ser capaces de realizarla"17'.

175. Carlos María Ramírez: "Juicio Crítico del Bosquejo Histórico


de la República Oriental del Uruguay por el Dr. Francisco A. Berra”.
Imprenta del Porvenir Buenos Aires. 1882. págs. 9 y 10.

I 187 )
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Carlos María Ramírez confiesa no tener aún formada una


opinión definitiva sobre Artigas; pero los conocimientos
logrados hasta aquel momento y más que nada su fino
sentido histórico, le decían que el juicio de Berra sobre
Artigas no se ajustaba a la verdad de los hechos.

LA RÉPLICA DE CARLOS M. RAMÍREZ

"No pertenezco - aclara - a la secta de los idólatras del


General Artigas. Nieto de uno de los personajes de
segunda fila en el patriciado porteño de 1810, que redactó
la Gaceta de Buenos Aires en el más largo período de la
terrible lucha con la insurrección del Litoral (el Dr. Julián
Alvarez) estoy ligado por mis tradiciones de familia a los
enemigos del soberbio caudillo; pero el amor a mi país
y una tendencia ingénita a revisar severamente los legados
de la tradición me permiten encarar con imparcialidad esa
extraña personalidad histórica que se levanta como una
esfinge m isteriosa en las sendas oscuras de la
Revolución."
"Todos los historiadores argentinos, porteños mejor
dicho, se han detenido ante ella para maldecirla y lapidar­
la. En contraposición tres escritores orientales (De María,
Bauzáy Pereira) le han arrojado incienso a manos llenas,
en páginas de carácter puramente apologético. Sé que,

l 188 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

en estos momentos, ese problema histórico preocupa


vivamente, entre los viejos, a D. Andrés Lamas y a D.
Juan Carlos Gómez, entre los jóvenes a Eduardo Acevedo
Díaz y Clemente L. Fregeiro. Por mi parte no he formado
todavía una opinión definitiva; me dedico con ahínco
a estudiar los hechos, para dar base a mi juicio; y es por
consiguiente sólo en el terreno de ciertos hechos
culminantes, con su filosofía relativa, que examinaré la
obra del Dr. Berra, en los siguientes capítulos de este
opúsculo.”
"Una declaración, ante todo. Como lo dejo indicado,
creo que hay en los orígenes y en el desenvolvimiento de
la sociabilidad oriental elementosque le dieron fisonomía
propia en la comunidad del Río de la Plata, y una
individualidad poderosa, destinada en el curso de acon­
tecimientos que fatalmente se complicaron con las am­
biciones luso-brasileras a transformarse en sentimientos
y propósitos de nacionalidad; pero creo también que el
Dr. Berra tiene de su parte la rigurosa verdad histórica
cuando afirma, en oposición a los apologistas orientales
y a los detractores argentinos de Artigas, que Artigas
jamás preconizó la independencia absoluta de la Banda
O riental; que jam ás se consideró com pletam ente
desligado de la comunidad argentina, y que, al contrario,
pugnó constantemente por traer a su sistema o sujetar a

I 189 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

sus ambiciones a las demás provincias del antiguo


Virreinato terminando su carrera bajo los golpes
combinados de los conquistadores que esclavizaron
su provincia natal y de otros caudillos que lo
desconocieron en el trance supremo para expulsarlo de
las provincias vecinas, en cuyo territorio también él creía
tener derecho de soberanía como caudillo protector de la
patria común"17617.
En las páginas del "Juicio". Ramírez, al refutar las ase­
veraciones de Berra sobre las crueldades de Artigas, inició
la crítica del panfleto de Cavia, fuente principal de esas
versiones; destacó su humanitaria actitud con los pri­
sioneros que le fueron remitidos después de la revolución
de Abril de 1815; rechazó los cargos de intransigente que
se hacían al caudillo oriental con motivo de la reunión de
los congresos celebrados en 1813, admitiendo que su ale­
jamiento del sitio de Montevideo en 1814 era un "crimen"
del que jamás podrían eximirlo sus idólatras, así como que
los "hombres más o menos cultos de la Banda Oriental
tenían que ser hostiles al caudillaje de Artigas"'77. Con el
auxiliode Fregeiroestudió luego las negociaciones de 1816
en tomoala Provincia de Santa Fé.al PactodeSantoTomé,

176. Carlos María Ramírez: "Juicio crítico del Bosquejo Histórico


de la República Oriental del Uruguay", cit.. págs. 23, 24 y 25.
177. Idem. pág. 40.

I 190 j
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

la misión del Corro, formulandocon tal motivoeste acerta­


do comentario: "La burguesía de Santa Fe era localista y
federal como la burguesía oriental del Congreso del
Miguelete; pero, como esta también sentíase poco incli­
nada á aceptar el yugo de los caudillos y entrar en las
aventuras de la guerra civil"178.
Pero al referirse a los antecedentes de la invasión
portuguesa de 1816 que Mitre había puesto en claro según
ya lo hemos recordado, es donde Ramírez levantó el tono
de su alegato, señalando la responsabilidad del Directorio
y la forma cómo Artigas llegó a identificarse entonces con
el destinode la revolución rioplatense. Con las apreciacio­
nes que clausuran su escrito, que es todo una vehemente
incitación a la polémica, Ramírez se anticipó a formular
una valoración de la influencia de Artigas en la historia
de estos pueblos.
"En esta última faz de la historia argentina, se destaca,
imponente y prestigiosa, la figura del caudillo oriental,
con su perfil calcado sobre las medallas de Galba. Es el
iniciador y el precursor de las descomposiciones sociales
que van a transformar en democracia federativa, vivaz,
incontrastable, los órganos atrofiados de un vasto imperio

178. Carlos María Ramírez: "Juicio crítico del Bosquejo


Histórico de la República Oriental del Uruguay", cit., pág. 49

í 191 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

colonial. Es el primero que enrola y unifica a las masas


campesinas del Plata bajo las banderas de la Revolución; el
primero que les enseña á pelear y morir por una idea en
aquel combate heroico de Las Piedras, que el Himno
Argentino conmemora y que es una gloria indisputable
de Artigas. Bajo su influjo audaz y poderoso, se agrupan en
organismos de provincia las poblaciones de la Banda Ori­
ental, que eran elementos dispersos e inorgánicos de la
antigua Provincia de Buenos Aires, como Entre - R íos , como
Corrientes, como Santa Fé, que. bajo el mismo influjo,
sienten palpitar su respectivo organismo, á tan altas
funciones destinado. La vieja colonia suministraba el
elemento democrático de la representación municipal; el
acta de 25 de Mayo de 1810, suscita un elemento nuevo; la
representación nacional; pero hay algo que no estaba en la
organización de la colonia ni en el programa esplícito de
la Revolución de Mayo; la representación provincial. Es
Artigas quien crea ese elemento perdurable, esa base angu-
lardelasociabilidad argentina,con las Asambleas de Abril
y Diciembre de 1813."
"La federación había cruzado sólo como un relámpago
por la cabeza inspirada de Mariano Moreno, y como una
argucia falaz por los doctos labios de Gaspar de Francia.
Para penetrar en el corazón de los pueblos, para hacerse
carne en los acontecimientos, era menester que, inscrita

1 192 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

en las banderolas de las lanzas artiguistas, pasease


triunfante por las llanuras que bañan el Uruguay y el
Paraná. Régimen federal, igualdad de comercio y de
navegación fluvial, capitalismo argentino: problemas
sociales y políticos que alimentan la historia de más de
medio siglo! Artigas, sin comprender tal vez su misma obra,
los arroja a la fragua revolucionaria desde los albores de
1813, y la fragua amenaza estal lar y sepultar bajo sus ruinas
tanto a los obreros que pretenden contenerla como a los que
imprudentemente agravan su tarea y aceleran su marcha."
"¡Cuán grande responsabilidad para Artigas en esas
tremendas complicaciones, suscitadas a la Colonia que
todavía lucha brazo a brazo con la Metrópoli vencedora del
dominador del mundo!"
"¡Qué inmensos dolores! ¡Cuántos peligros y zozo­
bras! El año veinte es el caos, y de las entrañas de ese
caos surgen los destinos inmortales de la Nación Argen­
tina."
"Pero Artigas fue el representante de la barbarie indi-
jena, dice el autor del Bosquejo. Quand méme! La barbarie
también tiene su misión y sus glorias en el mundo"179.

179. Carlos María Ramírez: "Juicio crítico del Bosquejo Histórico


de la República Oriental del Uruguay", cit., págs. 100, 101 y 102.

í 193 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Si algún reparo pueden merecer las páginas vibrantes


del "Juicio Crítico" que promovió ya en 1882 la gran
polémica en torno a Artigas, es debido a ciertas
apreciaciones acerca del origen que según Ramírez
podrían reconocer las opiniones de Berra sobre
acontecimientos del pasado oriental.
Esas opiniones de Berra no podían atribuirse a su
nacionalidad argentina como pretendía Ramírez; eran hijas
de una concepción de la historia en laque habían participado
y participaban entonces,como lo explicó con sinceridad
José Pedro Ramírez, hombres de pensamiento que habían
nacido en una y otra margen del Plata.
En el capítulo inicial de su opúsculo escrito con finalidad
tan elevada, Ramírez llegaba a admitir que "la idea de la
reconstrución del Virreinato - no hay que dudarlo - decía,
gana terreno en los espíritus cultos de la República Orien­
tal"180. La ausencia de sentido nacional y la frialdad que
se advierten en la obra de Berra, deben atribuirse al hecho de
que, en las clases cultas, aquel sentimiento recién se había
manifestado como una corriente colectiva hacía muy poco
tiempo, no a la circunstancia de que Berra hubiera nacido en

180. Carlos María Ramírez: "Juicio crítico del Bosquejo


Histórico de la República Oriental del Uruguay", cit.. pág. 13.

[ 194]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

la Argentina. "El Dr. Berra es argentino -escribió Agustín


de Vedia en esta ocasión-, es cierto. Pero no conocemos que
haya tenido ocasión de rendir a su propio país los servicios
desinteresados que ha prestado al nuestro"181.

181. "La Democracia". Montevideo. 21 de enero de 1882,


pág. 54. col. 1.
APÉNDICE
M IT R E Y A R T IG A S
U N D O C U M E N T O IN É D IT O

La personalidad de Artigas fue el tema de los


primeros ensayos históricos de Mitre. En 1841 escri­
bió un boceto biográfico a través del cual se advierte
su preocupación por el personaje así como su afán por
explicar los factores sociales que engendraron el
caudillismo. Mitre conservó inédito ese ensayo escri­
to cuando recién comenzaba a disiparse el misterio
que durante veinte años había rodeado a Artigas.
Mariano de Vedia dio a conocer este trabajojuvenil de
Mitre en 1937. En 1846 en su artículo sobre "La
Montonera y la guerra Regular", al referirse a los
orígenes del caudillismo y a su influencia en el Río de
la Plata, Mitre dijo de Artigas: "Artigas tenía la saga­
cidad del hombre primitivo y las vistas mediocres del
genio sin cultivo; los instintos feroces y los rasgos
sobresalientes de una voluntad firme; el desprecio de
las reglas militares y la aplicación imperfecta de los
recursos del terreno, el valor y la fuerza muscular, la
hipocresía solapada del gaucho malo, y el orgullo
exagerado desús facultades bajo las apariencias más

1 199 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

humildes, prendas que constituyen en estos países al


caudillo por excelencia. Esas calidades hacían de
Artigas el ídolo de la multitud ignorante, cuyos vagos
deseos de independencia venían a concretarse en su
persona, lo que daba por resultado el cacicazgo, tal
cual lo ejercían las tribus a que habían reemplazado.
Esta escuela ha tenido sus sectarios y lo extraño es
que nacida en la campaña, ha llegado a ramificarse y
dominar en la ciudad donde ha encontrado fanáticos
que predican la ventaja de vivir bajo el yugo de un
amo, dueño de vidas y haciendas, ya despliegue la
ferocidad de Rosas, o se revista de algunas formas
como Santa Cruz. Pero volvamos a Artigas. Por la
época de que hablamos no se apreció esa nueva
entidad como un retroceso y fue llamada para prestar
su apoyo al orden público, como si pudiese prestár­
selo la misma fuerza que tendía nada menos que a su
total extirpación. Desde entonces el caudillaje empe­
zó a ejercer su influencia en las Provincias del Río de
la Plata, y la revolución encontró la montonera hecha,
pronta a cursar los medios de la guerra regular contra
el enemigocomún y desgarrarel interior de la familia
después del triunfo". Continuó luego su afanosa
tarea de reunir manuscritos con el propósito de escri­
bir la vida de Artigas.

[ 200 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

El propio Mitre explicó las circunstancias que en


1857 lo impulsaron a dejar de lado este propósito para
trazar la biografía de Belgrano publicada en la "Galería de
Celebridades Argentinas". Al bosquejar el plan de esta
obra Mitre mencionó a Artigas a quien calificó de "Atila
del caudillaje". En la biografía de Belgrano escrita en 1857
Mitre se refirió a Artigas al pasar, solo cuando lo requería
el desarrollo del relato. Al dar a la estampa en 1859 la
segunda edición de la "Historia de Belgrano" -tema
entonces central de sus estudios históricos- Mitre pre­
sentó a Artigas, "caudillo del bandalaje y de la federa­
ción semi-bárbara", como a un enemigo del orden, de la
libertad y de la unidad nacional. En los artículos publi­
cados en "Marcha" en 1950 explicamos las circunstan­
cias políticas del momento que influyeron en las opinio­
nes históricas de Mitre sobre Artigas, personaje sobre el
cual continuó reuniendocopiosa información documen­
tal así como las referencias que se publicaron en la prensa
de la época según los revelan los recortes conservados
en el Museo Mitre. Su opinión definitiva sobre Artigas
laexpresóen la tercera edición de la "Historia de Belgrano"
editada en 1876-1877. "Artigas como jefe de partidarios
-dijo- no llegaba ni al tobillo de Guemes". Ya hemos
señalado la influencia que este libro ejerció en la evolu­
ción del juicio histórico sobre Artigas; las reacciones

1201 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

que suscitó entre algunos escritores orientales: Bauzá,


Acevedo Díaz, Pereyra, José Pedro Ramírez.
En la tercera Edición de su "Historia" Mitre desa­
rrolló el período comprendido entre los años 1816 y
1820 no estudiado en las anteriores.
En esos capítulos es donde se ocupa de Artigas
más extensamente. Pero interesa señalar que hasta
1875 Mitre había pensado estudiar esa etapa de la
historia del Río de la Plata en otro libro, independiente
de la "Historia de Belgrano". Así lo refirió en la famosa
carta a Barros Arana datada el 20 de Octubre de aquel
año. "En el plan de mis trabajos históricos -dice- había
pensado prescindir en la Historia de Belgrano del
período de la guerra civil comprendido entre 1816 y
1820, para hacerlo entrar en otro libro que tengo en
borrador y cuyo título es Artigas. He visto después
estudiando los documentos, que ese período puede y
debe complementarse en ambos libros. Es la historia
de la revolución interna y de la descomposición social
y del régimen colonial simbolizada porel caudillaje y
explicada por la anarquía y la guerra civil desde 1810
en que las masas se despiertan al soplo revolucionario
hasta que el sistema colonial se descompone y se disuel­
ve, siendo reemplazado por una república orgánica en
embrión, con las fuerzas sociales casi aniquiladas, en

I 202 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

que el instinto popular, obedeciendo a su índole, resuel­


ve de hecho los problemas políticos con más aciertos que
los sabios, aunque comprometiendo en otro sentido la
existencia de la comunidad, mientras que la revolución
americana (es decir la independencia) triunfa por las
armas y por las ideas en otro campo y por otros medios.
Será, un libro nuevo, y aun pienso que también original
por su significado y por su alcance, estando fundado en
documentos completamente inéditos, estudiados a la luz
del criterio histórico que he indicado en mis 'Estudios
sobre la revolución argentina'."
"Antes de emprenderla con Artigas -agrega- es mi
ánimo terminar la 'Historia del General San Martín'."
Mitre modificó luego este propósito expuesto en la
carta a Barros Arana incluyendo el desarrollo del período
1816-1820, en la edición definitiva de su obra publicada
poco después. No es nuestra intención referirnos a los
motivos que determinaron al Gral. Mitre a dejar de lado
definitivamente la publicación de su proyectado estudio
sobre Artigas. Como anticipo de nuestro libro "De la
leyenda negra al culto Artiguista", queremos destacar
tan solo, en ocasión de conmemorarse el cincuentenario
de la muertede Mitre,queel propósitodeescribiren 1875
una obra de conjunto sobre "Artigas" se tradujo en la
redacción por parte de Mitre de un plan orgánico según

( 203 J
JUAN E. PIVEL DEVOTO

lo testimonia el manuscrito inédito que brindamos a los


lectores de "Marcha". Mitre trazóeneste manuscritoque
comentaremos en un próximo artículo, el plan para el
desarrollo completo de su libro sobre "Artigas", el orden
y contenido de los capítulos que lo formarían; bosquejó
en las páginas siguientes el cuadro de la época y anticipó
a grandes trazos sus puntos de vista para la valoración
del personaje. Algunas de sus apreciaciones al respecto,
el juicio sobre el caudillaje consignado en las páginas del
plan para la biografía de "Artigas", fueron más tarde
recogidas con variantes por Mitre, una vez que desistió
de su proyectado libro sobre Artigas, en el capítulo
XXVIII de la edición definitiva de la "Historia de
Belgrano" en el que desarrolla su "Teoría de la Anarquía
argentina".
Al publicar este manuscrito inédito de Mitre que
extraemos del Apéndice de nuestro libro, dejamos cons­
tancia de nuestro reconocimiento al Director del Museo
Mitre D. Juan A. Farini quien nos facilitó gentilmente la
consulta del original.

Juan E. Pivel Devoto

[204]
"H is to ria
de

D. José A rtig a s " *

Introducción
Antecedentes de la revolución. Revolución De­
mocracia civilizada - Democracia bárbara - Nuevo
elemento - Federación de Moreno y Artigas - Guerra
civil - Vida Nacional - Disolución del mandocolonial -
Disolución social - Disolución política-Conclusiones.

Capítulo I o
Aspecto físico del Estado oriental - Antecedentes
históricos - Fundación de Montevideo - Familias pobla­
doras - Indios - Contrabandistas - Changadores y
gauderios - Primeros años de Artigas - Artigas bando­
lero - Oficial de milicias - De Línea - Guardagral.de
Campaña.

* El manuscrito original de este plan de Bartolomé Mitre para una


obra sobre Artigas se encuentra en el Museo Mitre. Buenos Aires,
República Argentina. Archivo de Bartolomé Mitre, Armario 8,
Cajón 1, Carpeta 4. Documento N1’ 1868. En la transcripción se ha
respetado la ortografía del original.

1 205 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Capítulo II
Revolución de Mayo - Repercusión en la Banda
Oriental - Primeros movimientos - Belgrano- Rondeau
- Artigas en la Banda Oriental - Primeros hechos de
armas - Asomo de la rivalidad de Artigas y Rondeau,
de Porteños y Orientales.

Capítulo III
Primera campaña de Artigas - Batalla de las Piedras
- Resultados - Operaciones posteriores.

Capítulo IV
Primer sitio de Montevideo - Portugueses - Nego­
ciaciones - Opinión de Artigas - Armisticio - Retroce­
so - {Emigración...) Combates con los Portugueses
- ([Campaña de Buenos Ayres - Organización mili­
tar]).

Capítulo V
([Segundo sitio de Montevideo]) Artigas en el
Uruguay - Organización militar - Negociaciones con
el Paraguay - Correspondencia con Buenos Ayres
- Las Misiones - Hostilidades con los portugue­
ses.

I 206 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Capítulo VI
Segundo sitio de Montevideo - Batalla del Cerrito -
Desinteligencia con Sarratea - Conducta de Artigas -
Revolución de Vedia - Incorporación de Artigas al
Exto- 1er. Congreso oriental.

Capítulo VII
Operaciones del sitio - Negociaciones con Vi-
godet - Deserción - Retirada a Tacuarembó- Conducta
de Artigas con porteños y españoles - Decreto de
Posadas.

Capítulo VIII
Alvear y Artigas - Rendición de Montevideo -
Otorgués - Lucha con Alvear - Dorrego - Los Guaya­
bos - Soler - Exigencias de Artigas - Abandono de
Montevideo - ([Entrada de los de Artigas a Montevi­
deo!).

Capítulo IX
Artigas toma posesión de Montevideo - Otorgués
de Gobernador - Barbarie en la Ciudad - El Cabildo gober­
nador- Disidenciasconel Cabildo- Degüellos - El Hervi­
dero - Barreyro de Delegado - Persecusión de Españo-

1 207 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

les y Porteños - Rivera en Montevideo - ¿Congreso en


Paisandú?

Capítulo X
Purificación la capital federal - Sistema federal de
Artigas - Acción sobre Corrientes (1814) y Entre Ríos -
([Santa Fé-Córdoba]) - Caudillos - Retratos de sus
Tenientes - Barbarie.

Capítulo XI
Año de 1815 - Protectorado - Apogeo de Artigas -
Espedición sobre Sta. Fe - Revolución de Fontezuelas -
Tratados con B.s Ayres - Congreso de Paysandú -
Nuevas hostilidades.

Capítulo XII
Congreso de Tucumán - Negociaciones del Con­
greso con Artigas - Declaratoria de la independencia -
Aspecto político de las Provincias.

Capítulo XIII
Guerra con los Portugueses - Invasión al Río Gran­
de - Retorno de Artigas - Batalla.

[ 208 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Capítulo XIV
Guerra con los Portugueses - Campaña de Misio­
nes - Batalla de San Borja.

Capítulo XV
Guerra con los Portugueses - Batalla del Catalán -
Operaciones artiguistas - Los caudillos de Artigas -
Estado de la Banda oriental - Montevideo Portugués.

Capítulo XVI
Los Portugueses en Mont.0 - Actitud de Buenos
Ayres - Barón de la Laguna - Resistencia del país -
1817-.

Capítulo XVII
Negociaciones diplomáticas - Proyectos de Mo­
narquía - Política del Brasil y de B.5Ayres respecto de
Mont.°

Capítulo XIX
Lucha con los Portugueses - El Gral. Rivera -
Asedio de Montevideo.

[ 209 )
JUAN E PIVEL DEVOTO

Capítulo XX
Intrigas diplomáticas - Carreras en Mont.° -
Desinteligencias entre B.s Ayres y el Barón de la
Laguna.

Capítulo XXI
Operaciones de Artigas - División de Curado -
Derrota de Artigas.

Capítulo XXII
Tratados con B.s Ayres - Diplomacia del caudillo.

Capítulo XXIII
Ruptura de hostilidades - Espedición a Córdoba -
López y Ramírez - La Herradura.

Capítulo XXIV
Regreso de la Expedición - Artigas en Corrientes -
Diferencias con Ramírez - Arreglo entre los caudi­
llos.

Capítulo XXV
Regreso de Artigas a la B.O. - Plan de Campaña -
Campaña de 1819 - Derrota por el Marques de Figueras -

( 210 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Retroceso de Artigas - Disolución de su poder en la


Banda Oriental.

Capítulo XXVI
Año de 1820 - Invasiones vandálicas - López,
Carreras y Ramírez - Tratado del Pilar - Desaprobación
de Artigas - Ruptura.

Capítulo XXVII
Lucha entre Artigas y Ramírez - Diversos encuen­
tros - Emigración de Artigas - Recibimiento en el
Paraguay - La crisis posterior.

Capítulo X X V III
Artigas en el Paraguay - Su vida - El caudillo caído -
La muerte - Relato - Consideraciones generales -
Conclusión.

I 211 1
Apuntes de Bartolomé Mitre
p a ra una o b ra sobre Artigas *

(F. 1]/ _ /La revolución tiene dos faces, una culta, europea,
q.e mira siempre al esterior y aparece grave y formal en
2 faces de la sus guerras esteriores, en su política esterna, en las
revolución
manifestaciones de la vida civil, y otra barbara, ame­
ricana, que presenta un ceño adusto y sombrío en la
guerra civil, en la política interna, en las manifestacio­
nes de la guerra en medio de la borrasca de las pasio­
nes desenfrenadas de las masas, aguijoneadas por los
caudillos q.e se han levantado a la superficie como la
espuma.
La flojedad de los vínculos de la asociación rural
facilitó la obra disolvente de los caudillos: Artigas es
Sociedad rural imposible en una población agrícola, es el producto
natural de una asociación pastoril, con todos sus
vicios y todas calidades viriles. Lleva aún en parte el
sello de la predestinación de todo un pueblo o raza.

* Manuscrito original en el Museo Mitre. Buenos Aires. República


Argentina. Archivo de Bartolomé Mitre. Armario 8. Cajón l.
Carpeta 4. Documento 10868. En la transcripción se ha respetado
la ortografía del original.

I 212 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Hay en el fondo de la lucha de Artigas una cues­


tión de razas. Hubiera sido Tell en Suiza.
Artigas odió a los porteños, á los españoles y á los
portugueses porque los tres eran obstáculos al desa­
rrollo de sus proyectos ambiciosos, y odió más a los
porteños, porque eran el obstáculo más inmediato.
Cuando desaparecieron los españoles dejó de odiar­
los: pero murió odiando á los dos últimos.
Artigas fue la 3a entidad de la revolución, q.e se
subdividió para continuar la lucha por su cuenta,
incluso contra los que se oponían a su modo de ver.
El conocía q.e era inoportuna la época (V. la carta de
Rondeau) pero sus ([pasos]) instintos lo arrastraban
a despecho de su raza.
Artigas se servia del terrorismo sin predicarlo, sin
practicarlo personalmente, le bastaba qe lo creyesen
capaz de todo para llegar a sus fines, y por lo demás
toleraba los hechos atroces de sus tenientes qe prac­
ticaban lo qc su jefe presentaba como un fantasma
aterrador - El no hizo del terror un sistema de legisla­
ción, pero echó los fundamentos de ese codigo san­
griento, con el cual se han degollado después pue­
blos enteros por espacio de años y años.
Artigas como militar es el general baqueano, gefe
en este sentido de una escuela militar q.c ha muerto
JUAN E. PIVEL DEVOTO

con Rivera, y que ha dado días de luto y gloria á su


patria.
------ La vida política de Artigas empieza con una revo­
lución y termina con una gran catástrofe social, atra­
vesando por masas agitadas del populacho qe inva­
den á caballo las ciudades.
[F. l v.]/------ /Condición de unidad de toda obra: en esta narra­
ción hay un héroe, qe tiene un objeto, qe cae con el, y
que vencido lega un espíritu al pais por el cual no
pudo hacer ni mas mal, ni mas bien.
------ Su gran error (como el Carlos IV Duque de Lorena,
qc no supo elegir entre la Francia y el Austria) fué no
saber elegir entre los Argentinos y los Portugueses -
Por huir de los argentinos entregó su país á los
portugueses - y lo convirtió en palenque de sus
cuestiones.
------ Para emitir opiniones, consulto los hechos y los
hechos los saco de los documentos: nada de genera­
lidades ni de paralelos qc no se relacionan á hechos
documentados porque para conocer y describir una
época históricamente es necesario tratar la historia,
como se presenta, estudiar y explicar los sucesos
contemporáneos.

[214J
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTÓ ARTIGUISTA

/La revolución brotó como un torrente: luego se


dividió en dos brazos, como un río q.'se divide y cada
brazo siguió su curso. Con la misma energía marcha­
ron en sentido opuesto. Cada cual buscaba su nivel.
El drama histórico, drama colectivo en qe se agitan
multitudes ([armadas]) con la espada ([de A ti la]) y la
tea, haciendo en torno del caudillo las veces del coro
antiguo, haciendo oir su voz fatídica en los momentos
solemnes en qc traduce en un cántico bárbaro las
emociones qe agitan a su representante, nuevo Atila
qe rige sus hordas con la fe de un hecho fatal, inevi­
table.
La democracia bárbara entidad nueva qe surge con
la revolución, qe gusta de verse representada, q.e se
encarna en un hombre, y qc por la primera vez adora
esa hechura suya, ve en el gobierno algo de lo qc se
asemeja por primera vez.
La revolución de Bs. Ayres empezó en la Capital
- la de Mont.° en la campaña - fue una revolución
democrática, que encabezó el instinto popular, a qe
respondieron todas las masas, q 'e m p e z ó e n lacampa-
ña, en las aldeas a lo último, en Belen, primero, y luego
en un pueblito qc se llamaba la Capilla Nueva qe hoy
es Mercedes.
JUAN E. PIVEL DEVOTO

(F. 2 v .]/ ------ /No hay personalidad mas fácil ( [qJ) de concretar­
se en un tipo qe la de Artigas - su fisonomía histórica
es por decirlo asi, inmóvil - Su acción es uniforme y
continuada sobre un mismo punto, enun mismo sen­
tido- es un demoledor de la sociabilidad qe obedece á
sus instintos mas qe á sus propósitos deliberados - Su
obra de disolución no tiene (más q) una sola faz, su
sistema no tiene nada de complexo - hay, pues, unidad
en su vida, como la hay en su acción y en su desorden
- Es la epopeya del bandalaje elevado al gobierno, la
disolución de lo viejo y de lo bueno todo junto, qe
empieza como el gusano roedor el año 10 y acaba el
año 20 al caer a tierra el tronco añoso oprimiendo á los
qe se cobijaban á su sombra. Lo qe sucede en pocos
caracteres historíeos: - el rol activo y el rol póstumo
de Artigas está en perfecta armonía, porque obedeció
á una lógica, brutal es cierto, pero al fin perservó en
°j° una idea, barbara, absurda, sangrienta, rencorosa,
desesperada, todo lo qe se quiera, idea que abrió una
honda huella, en la cual inició marcha la sociedad
actual, todavía pugna por salir de ella, sin poderlo
conseguir del todo.
------ Estudiando la lógica que presidió á la política del
hombre, todas las contradicciones aparentes se armo­
nizan, los sucesos incoherentes se encadenan naturalmen-

(216 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

te y la oscurdidad que rodeaba al personaje se disipa,


mostrándose el hombre politico tal como fué. Artigas com­
batiendo á los porteños, á los españoles, á los portugueses,
á los tenientes sublevados, es siempre el mismo: el caudillo
qe trabaja por la independencia de su patria de todo poder,
para ser él el único mandatario, siempre la misma inspira­
ción, siempre el mismo tipo. Sus vicios y sus calidades, sus
triunfos y sus reveses, todo servía igualmente á su objeto,
porque la lógica estaba no solo en el carácter del hombre
sino en el carácter de los hombres y del movimiento disol­
vente qe Artigas acaudillaba, como su mas alta espresión.
Esto es lo qe se ha llamado la antorcha de la historia.

(F. 3J/ /Durante el dominio de Artigas la gran entidad de


la opinión publica está suprimida, lo que es al parecer
una contradición en un gobierno esencialmente
La opinión y democrático, pero no lo es si se fija qc es una demo­
democracia
barbaras cracia bárbara, en qc los instintos populares de las
masas ignorantes se subordinan prácticamente a una
voluntad mas poderosa, qc así sabiéndose con fuerza
oprime la inteligencia de los pocos qe pueden ver
claro. Así ([que 1) es qc las manifestaciones de la única
opinión pública, de lo qc simbolizan las masas en
acción, se manifiesta por la fuerza brutal qe mata i

[217 J
JUAN E. PIVEL DEVOTO

destruye, y qe puesta al servicio de las pasiones,


encuentra la libertad en la satisfacción de apetitos
([...]) groseros, sin comprender las aspiraciones ra­
cionales del hombre en sociedad - En este sentido es
una escuela desmoralizadora de la moral publica la de
Artigas - Esto hace difícil la tarea del historiador -
No queriendo vivir en las ciudades qc por instinto
odiaba, fundó un pueblo á su imagen y semejanza; su
campamento militar fué convertido en pueblo, es decir
La Purifica­ una tribu ambulante ([levantó]) clavó sus tiendas en
ción (pueblo
a su imagen) el desierto: ([del]) ese pueblo desapareció con Artigas,
poque no era %sino una toldería de indios, una colonia
militar perdida en el caudillage y la montonera, una
sociedad sin mas vínculos, ni mas leyes qe la voluntad
del fundador qe arrastro consigo a su caída las obras
efimeras de lo qe quiso edificar y solo dejo estable las
ruinas qe señalan su marcha desoladora, como otras
tantas piedras miliares de la guerra social.
Artigas se creía un hombre predestinado, como
todos los hombres primitivos qe se gobiernan mas por
sus instintos qc por su razón: se creía llamado a fundar
la independencia de su patria, tendencia que se armo­
Se creía nizaba perfectamente con su sed de mando. Vease la
predestinado
carta qe Rondeau mandó al Gobierno de B.s Ayres.
Creía en si, y creía que sin él nada podrían hacer sus

[218]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

paisanos. Sucede asi á todos los gobiernos qc no


ponen entre la obra qe levantan y el porvenir mas
obstáculo qe su persona. Es el vicio de los gobiernos
personales, de qe Artigas fué el fundador.- Por eso fué
la revolución americana.-
El significado histórico y político de Artigas ha
sido mal comprendido porque el hombre ha sido mal
ojo
estudiado, ó mas bien, porque no ha sido estudiado
absolutamente.

ÍF. 4]/ /La guerra, el caudillaje, la federación i descentra­


lización, la montonera, concretado todo en Artigas es
la teoría chocando con los hechos existentes, o mas
bien un orden de cosas no bien cimentado en el
Moreno y recinto de las ciudades detenido en su aspiración por
Artigas
(federación) las multitudes q.e traducían á su manera brutal las
reformas qe pasaban ante sus ojos - Lo que era asocia­
ción pa Moreno era disolución para Artigas; lo qc la
inteligencia pretendía organizar para dominar eran
otras tantas armas qe se volvían contra ellos según las
usaban o manejaban los ([q.e]) qc les daban distinta
aplicación.
La revolución fue popularen las campañas porque
fue un movimiento contra la autoridad, como dice

(219]
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Sarmiento. Esto prueba qc la revolución si bien pudo


ser prematura por el desborde de pasiones qe produjo,
no lo fue desde qe existia oculto ese resorte poderoso
qe bastó pa destruir á la revolución misma qc, había
triunfado de la España.
Llamado el pueblo a tomar parte en el gobierno lo
tomó de hecho elevando sobre el escudo a sus repre­
sentantes natos, como los ([que]) pretorianos eleva­
ban a sus emperadores. El gobierno de ellos fue tan
bárbaro como el pueblo.
La revolución fue obra de una minoría de las ciu­
dades, aun cuando su idea estaba en todas las cabe­
zas y germinaba en los instintos populares - La ma­
yoría, como fuego subterráneo, le dio otra dirección.
La marcha de la revolución, debe estudiarse no en
la propaganda de nuestras armas, ni en el cambio de
decoraciones de los gobiernos qe se han sucedido,
sino en el juego de las pasiones colectivas puestas en
movimiento, chocándose, en la guerra social en fin -
En este sentido Artigas es la espresion de un pode­
roso movimiento revolucionario, aunque disolvente,
qe caracterizó perfectamente la época qe atravesó
como un fantasma aterrador con la tea de la
discordia en la mano y la espada ensangrentada en
la otra.

(220)
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Artigas es hoy una especie de mito, de qe todos


hablan a quien nadie conoce, y cuyo significado
histórico es más complexo de lo qe á primera vista
parece. Problemas por resolver.

(F. 5J/ ____ /La guerra social tiene dos faces: Ia guerra de los
caudillos contra las ciudades, 2.a guerra de los caudi­
llos entre si - La última qe es posterior a la desapari­
ción de Artigas, es guerra de los hombres de princi­
pios contra los caudillos.
____ Es imposible ([que]) ver un partido desorganizador,
exibiendo todos sus vicios con mas ingenuidad qe el
de los caudillos, porque incapaces de comprender la
belleza moral no veían la deformidad, porque no te­
nían la conciencia del bien, ni del mal. Artigas, pael qe
no conoce los secretos de nuestra sociabilidad
heterogénea, aparecería un cínico, sino fuese la
espresión genuina de ese elemento heterogéneo á la
sociedad, que procuraba asimilar á si lo qc no le era
idéntico, y destruyendo lo que encontraba pa animar­
lo. Por eso decide al pueblo, ingles qc solo por el
nombre debe ¡gozar 1 de declararle la guerra.
____ La gloria s in iestra de Artigas es la de la
desvastación.

1 221 ]
JUAN E PIVEL DEVOTO

Los sacudimientos qe imprimió aquella mano pode­


rosa al cuerpo político aun se hacen sentir, como el
estremecimiento de las olas después de la tempestad.
ojo Su nombre simboliza todavía un hecho vivo.
----- El Artigas de la historia, es el Artigas de la tradición
? El uno se esplica por el otro.
----- Los monumentos escritos de la vida de Artigas
son la mentira oficial, el ropaje prestado con qe otros
lo vestían, lo único qe le pertenece, y por lo cual puede
juzgarse y apreciársele son sus hechos, porque por lo
general hasta sus palabras son las de un hipócrita.
----- Si los personajes accesorios del caudillage, si los
apóstoles del sistema de la disolución hicieron lo qc
hicieron, qe no hubiese podido hacer el gran caudillo,
el maestro del sistema!
----- Ningún hecho anterior á la revolución revela la
existencia de esa fuerza oculta de las campañas, sino
en el bandalage de la Banda Oriental. Las conmocio­
nes habían sido en las ciudades, recorriendo Nueva
Granada y otras partes de América donde los movi­
mientos revolucionarios se habían extendido hasta
las campañas, incluso en el Paraguay.

[ 222]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

/La revolución reveló una nueva entidad, ó mas


bien la puso de relieve: esa entidad fué el pueblo de
las campañas, elemento qc hasta entonces no había
figurado, y qe apenas se conocía-
AI frente de este elemento se ([colocaron]) pusie­
ron caracteres viriles, templados en las fatigas cam­
pestres, habituados al desorden y á la sangre, qe
acaudillaron aquellos instintos enérgicos y brutales,
que rayaban en el fanatismo - Artigas fué el primero,
fué la encarnación del pueblo ignorante y muchas
inteligencias se prostituyeron á la barbarie.
Artigas fué el aposto! armado de la federación,
como Moreno fué el aposto! pacífico. El sistema fede­
ral de Artigas es la federación de los tiempos primiti­
vos en qc la fuerza domina.- La federación es el semi­
llero de todos los caudillos qe fueron temidos, desde
Artigas hasta Rosas y Urquiza.
¿Meditó atacar el Paraguay?
Sin Artigas, ó más bien, sin los elementos
disolventes cuyos instintos acaudilló él, tal vez no se
hubiese descompuesto tan pronto la sociedad vieja,
tal vez su disolución total no se hubiese operado en
1820, tal vez se hubiesen prolongado los ensayos de
república sobre la base del antiguo regimen; la nueva
fuerza revelada por la revolución qc pusieron enjuego

( 2 2 3 ]
JUAN E PIVEL DEVOTO

los caudillos disolvieron la sociedad ([artificial]) ci­


vil, tal como lo había hecho la colonia, y apuraron el
([sistema repj) establecimiento del sistema represen­
tativo. Ellos hicieron qc la transición fuese mas vio­
lenta. ¿Fué un bien? ¿fué un mal?. Según los hechos
posteriores fué un mal, pero tal vez sus hechos no
fueran tan lógicos y fatales como lo fué la acción
disolvente de las montoneras.
Quitad á Artigas de la escena y el elemento
indígena desaparece de la escena revolucionaria: nues­
tra historia se convierte en una historia clásica, sin
pasiones, sin vitalidad interna.
Artigas es el primero qe dió el grito y levantó el
estandarte de la guerra civil, de la guerra social, qe es
en la qe han prosperado los caudillos. En la guerra
exterior se debatía una cuestión de hecho: la indepen­
dencia y en la guerra civil una cuestión de principios:
la organización nacional. En este sentido la guerra
civil es un drama lleno de emociones.

1 224)
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

(F.7J/ ____ /Artigas es el tipo del caudillo - gefe de la escuela


del caudillage - representa un sistema y un poder - Es
el Rómulo del E.O., el fundador de su independencia
como su familia lo fué de la Ia población.
------ Ramirez se declaró contra Artigas no solo por las
diferencias de los tratados del Pilar sino pa impedir qe
Ramírez con ese pretexto lo atacaran los portugueses, y ademas
porque era bastante fuerte para no soportar un amo;
el aguilucho había fortificado sus alas, y el león viejo
ya no tenía garras- Estos dos hombres no cabían en
el Entre Ríos - (V. el tratado del Pilar: no se le da el
título de Protector).
____ Artigas como gaucho qc desprecia las ciudades
abandonó á los portugueses la plaza fortificada de
Mont°, y con ella la llave del territorio - No sabía lo que
valía esa ciudad.
____ Artigas fue el representante de la disolución so­
cial que desde 1810 hasta 1820 trabajó á los pueblos
del Río de la Plata- Cuando la obra de disolución
estuvo consumada desapareció entre ([los]) el cata­
clismo del año 20, y sus ([te]) discípulos coronaron su
obra - De allí salió la organización.
____ El Entre-Ríos, Corrientes, la Banda oriental y las
Misiones deben á Artigas su ruina.

[225 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

------ Artigas es el malo de la historia Argentina - Es el


autor de todas las desgracias qe por 10 años aquejaron
á la República Argentina- Fué el representante de lo
único nuevo o revolucionario que surgió de la revo­
lución de Mayo - de la plebe - del pueblo - de la
democracia (barbara como era el mismo pueblo).
------ No fué cruel porque era frío, pero la cueldad era un
Su crueldad medio q.e permitía; qe aceptaba pero qe no profesaba -
No mató un hombre pero asoló pueblos enteros -
Mató, pero no sistemáticamente.
------ Dos odios llenaron su vida: el de los portugueses
Sus odios y los porteños - Dos pasiones le dirigieron: la del
mando y la de la independencia de su país.
------ Nunca quiso el poder qe nace de la ley, porque
([nunca]) (despre)ciaba las formas y aspiraba á la
realidad, como ([aquel romano]) (Corbulon qr) [..... ]
de q.e dice Tácito &a - Nunca definió su poder y le dió
títulos caprichosos pühacerlo ([y]) mas estenso. Este
es un rasgo de su política suspicaz por no decir
profunda - Así se revestía con la apariencia de la
moderación y del republicanismo.

[ 226]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

(F.8J/ ------ /Artigas empuñó a su vez el cetro de la supremacía


política (en el Río de la Plata) representando la Banda
Oriental - Sucesivamente ese cetro ha ido pasando á
otras provincias representadas por otros caudillos de la
misma escuela.
____ Artigas inventó los ejércitos populares convirtiendo
los ejércitos en tribus ambulantes cargadas de familias
como las masas de barbaros qe invadieron á Roma. Así
retuvo siempre al pueblo armado bajo sus banderas y
consolidó su poder militar sobre las afecciones domés­
ticas cuyo hogar destruía - Rivera es su discípulo, y á
esto debe su larga influencia hasta qe su Exto fué pasado
á cuchillo y sus familias prisioneras.
____ Artigas tenía la suficiente firmeza pJ hacerse respetar, la
bastante energía pa imponer su voluntad, pero no tenía la
idea clara del orden, ni el espíritu metódico de la disciplina,
así es q.e su Exto ([rep]) reflejaba perfectamente el estado
embrollado de las ideas de su cabeza. Los tenientes hacían
lo que querían en el estado del desorden porque el Gefe no
reprimía lo q.e no comprendía ser desorden.
------ Los dos Congresos, el de Maciel ([¿Mercedes'!]), q.e
fue centralista y el (¿Mercedes!) de Paysandú, q.e fué
Artiguista, fueron eliminados por él como ([máquinas])
(ruedas) complicadas ([complicadas]) en máquina
política,cuyo juego no comprendía.

[ 227 ]
JUAN E. PIVEL DEVOTO

____ La ley agraria es el sistema de la espoliación para


Tierras levantar á la democracia, especie de Graco q.c buscaba
el bien del pueblo dominándole.

------ La organización de la campaña es una fuerza pues-


Organización ta al servicio de la fuerza militar, un medio de contar
cic campana < l * ■• i • • ■■
el rebano, no un medio de arreglar al pueblo.
------ En la vida de Artigas es difícil valorar los perfiles
del cuadro, darle colorido, desarrollar caracteres, dar
interés dramático á la historia, porque falta la revela­
ción de la vida íntima q.e el poeta puede interpretar,
pero q.e el historiador de conciencia no debe tocar
sino con mano segura, es decir, fundada en documentos.
[F. 8 v.]/------ /Fué popular donde nadie le conocía, y el mismo se
desdeñaba de cultivar personalmente esa populari­
dad - había, pues, afinidades secretas entre el caudillo
y los pueblos, q.e al solo eco de su nombre se suble­
vaban, y q.c invocando su protección levantaban su
estandarte y establecían sin instrucciones el mismo
sistema q.e Artigas.

[ 228 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

(F. 9]/ /Lo arduo de la época q.e voy á historiar consiste


en la falta de documentos escritos qe marquen los
pasos del caudillo. Era un poder de hecho, sin formas
de gobierno regular, sin prensa en qc se escribia poco
y se obraba por instinto, en qc la voluntad de un solo
hombre empujaba á los pueblos en el camino en qe
marchaban. Los enemigos, qe no comprendieron bien
el movimiento social qe se operaba bajo aquel hormi­
gueo de las masas y qcestaban preocupados o por los
hechos esteriores o por las formas interiores y qc por
otra parte tenían interés en ocultar sus desastres con
las montoneras, pocos restos han dejado de aquella
acción disolvente - Los Archivos públicos, deposito
de comunicaciones regulares, no responden á las
épocas de disolución en qe el orden de las oficinas
estaba interrumpido, y apenas transpiran los hechos
cuando chocándose las pasiones revelan algunos
hechos qe el historiador puede recoger. Las disiden­
cias de los caudillos, los hechos de sus Tenientes,
son sucesos oscuros ó insignificantes pJ la población
culta de las ciudades, esta nocomprende, ni da impor­
tancia á aquellos hombres barbaros y desnudos que
le hacen frente.
El inventó la divisa colorada (?) - La bandera le
agregó la lista colorada.

( 229 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

------ No hay una vida política más llena de unidad qe la


de Artigas: aparece su soberbia figura en medio de los
primeros movimientos del pueblo y desaparece en
medio de sus convulsiones, cuando el incendio cundia
por todas partes; el solo llena la agitación interna de
la ([...]) ( la . ) decada (revolucionaria) qe media entre
1810 y 1820, y logico consigo mismo marcha á su solo
(al fin) objeto, persevera en su proposito, lega al Río de la
Plata la anarquía y muere politicamente encerrándose
en la tumba del Paraguay, desde [donde] no se vuelve
áoirsu vozsinocuandoexalael último suspiro. Desde
entonces no supo ni lo qe había pasado en el mundo,
para él el mundo no había andado desde qc el lo dejó.
Conversar con Artigas en el Paraguay era como hablar
con un habitante de la región de los muertos.

1 230 1
PRÓLOGO
A
"LA EPOPEYA DE ARTIGAS”
DE
JUAN ZORRILLA DESANMARTÍN

En la noche del 3 de noviembre de 1931, el cuerpo


del poeta Juan Zorrila de San Martín fue velado en la
Plaza Independencia, en el túmulo levantado al pie del
monumento a Artigas. Allí permaneció rodeado por el
pueblo y las autoridades de la República hasta el
momento en que se lo condujo a reposar en el Panteón
Nacional, juntoa lascenizas del vencedor de Las Piedras.
Zorrilla de San Martín se había hecho acreedor a
este homenaje excepcional entre nosotros, que
rememoraba a la distancia las exequias de Víctor Hugo
bajo el Arco del Triunfo. Para decretar la apoteosis al
poeta que con La Leyenda Patria había fortalecido la
conciencia nacional, al autor que había incorporado
a la memoria del pueblo el recuerdo idealizado de la
raza aborigen, al tribuno que había interpretado durante
más de medio siglo los sentimientos colectivos, predo-

I 231 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

minó, por sobre esos y tantos otros títulos y méritos


indiscutidos, un hecho fundamental: con su pluma Zorrilla
de San Martín había contribuido a erigir el monumento a
Artigas. El era quien había devuelto al pueblo oriental la
imagen fiel del caudillofundador. Antes deque lacrítica
lo reivindicara de los cargos con que lo había deformado
la calumnia, anticipándose a la labor de los eruditos y a
las pruebas surgidas de las contribuciones documenta­
les, Zorrilla de San Martín había intuido a Artigas como
la figura central de nuestra historia.
La Epopeya de Artigas es, de las obras nacidas
de su pluma la que trasunta su máximo esfuerzo para
rescatar el perfil del héroe. Hay que reconocer que el
Presidente Claudio Williman y sus ministros Jacobo
Varela Acevedoy Alvaro Guillot al extender el decreto
por el que se encomendó a Zorrilla de San Martín la
redacción de este libro, procedieron con feliz acierto.
Para cumplir tan honroso cometido, Zorrilla de San
Martín notuvoque improvisar una opinión. "Se me ha
elegido por que he creído", dijo el poeta en 1910. El
artiguismo tenía lejanas raíces en su espíritu. No fue
un sentimiento heredado de la tradición familiar, ni
una noción adquirida en el medio social y universita­
rio en que se educó.

I 232 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

El artiguismo fue en Zorrilla de San Martín una


convicción intuitiva que lo acompañó desde los años
juveniles en que dio a conocer los primeros ensayos
literarios publicados en La Estrella de C hile, que
precedieron a su libro inicial de poesías líricas Notas
de un H im no, editado en Santiago de Chile en 1877.
Tenía Zorrilla de San Martín dieciocho años cuando
publicó en las páginas de la expresada revista El
Angel de Guabiyú leyenda nacional en la que se
evoca el período de la resistencia opuesta por los
orientales acaudillados por Artigas, "padre de su
independencia", a la invasión portuguesa. En la costa
del río Uruguay, en el paraje denominado la meseta de
Artigas en cuyas cercanías estuvo ubicado el pueblo
de Purificación, se desarrolla la drámatica escena en
la que Artigas lucha infructuosamente para imponer
su decisión humanitaria contra la crueldad de sus
hombres que querían sacrificar la vida de algunos
prisioneros. Uno de estos desdichados es ejecutado
contra la voluntad de Artigas, en presencia de su hija,
una niña, el Angel de Guabiyú, y de su mujer que
enloquece ante la tragedia y se echa a correr por el
bosque. "Artigas, dice el relato, de pie en la cumbre
de la meseta, con las manos caídas la una sobre la otra
y la barba sobre el pecho, la siguió con la vista hasta

I 233 )
JUAN E. PIVEL DEVOTO

que la perdió, no permitióque nadie la siguiese, y dio


orden de detener la ejecución y dejar en libertad a los
prisioneros. El rastro de una lágrima se notaba en la
mejilla del generoso caudillo, cuyo nombre se quiere
deprimir muchas veces con más severidad que justicia".
En un ensayo histórico publicado en 1875, A lgu­
nos rasgos característicos de la vida del Dictador
don Gaspar Rodríguez de Francia, volvió a referirse
a Artigas en el momento en que se iniciaba para el
caudillo la drámatica etapa del cautiverio.
"Con más severidad que justicia expresa, reiteran­
do expresiones anteriores, se ha juzgado al primer
hombre, al precursor de la independencia uruguaya,
y se ha pretendido, aunque no conseguido entre sus
conciudadanos, denigrar su memoria; pero quizá con
poca detención se habrán estudiado las circunstan­
cias que rodearon su vida. Algunos hechos aislados
de crueldad, unidos a la importancia de Artigas, ha­
brán originado falsas ideas acerca de él".
"Entre todos los hombres de la independencia del
Plataquizá no haya una figura más noble. El directorio
de Buenos Aires más de una vez puso a precio la
cabeza de Artigas y no pudiendo ni aún porese medio
doblegarlo se rebajó hasta el punto de enviarle algu­
nos de sus enemigos que se habían entregado al

( 234 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

directorio, para que Artigas cebase en ellos su ven­


ganza; pero nuestro héroe tenía el alma mucho más
grande y rechazó indignado tan miserable propuesta.
Este hecho caracteriza al directorio y al hombre tan
injustamente calumniado, que no tuvo otra culpa que
amar y defender la independencia de su patria, recha­
zar siempre las tendencias absorbentes y centralistas
de Buenos Aires, y algunos hechos, que si son bár­
baros ante el tribunal de la civilización, no lo son
tanto, vista la pocaculturade loscaudillosdeentonces".
"Si comparamos a Artigas con los demás hombres
de su tiempo, tales como Borges en Tucumán, Güemes
en Salta, Ramírez en Entre Ríos. Estanislao López en
Santa Fe, se ve claramente que está mucho más alto
que casi todos los hombres de su época, y que los
cargos contra él dirigidos son injustos".
"Pero si Artigas fue grande en sus triunfos no lo
fue menos en su humillación. En Curuguatí, converti­
do en humilde labrador, regando la tierra con su
sudor, formó su corazón en el crisol del infortunio. Era
de ver a aquel anciano de setenta años edificar con su
ejemplo a los pobres lugareños y convertirse en padre
del desvalido, repartir entre ellos el fruto de su trabajo
y muchas veces lo más necesario para su subsisten­
cia, compartir sus alegrías y sus desdichas, y, en una

( 235 )
JUAN E. PIVEL DEVOTO

palabra, ser el ángel tutelar de aquellos infelices que


veían retratada su providencia en su venerable y rugosa
frente".
"Así se deslizó oscura y silenciosa la vejez de Artigas.
La independencia de su patria hizo latir de júbilo su
corazón y bajóal supulcrosin haberquerido volveraesa
»

patria que ya libre e independiente le tendía los brazos.


Su último suspiro fue su última grandeza".
Cuando Zorrilla de San Martín escribió esta pági­
nas la única biografía de Artigas conocida era el muy
meritorio esbozo trazado por Isidoro de María, publi­
cado en Gualeguaychú en 1860. El estudio de De
María no había destruido la leyenda creada en torno
a Artigas por el panfleto de Cavia. José Pedro Pintos
en 1856, Francisco Bauzáen 1870, y. más recientemen­
te, Eduardo Acevedo Díaz, habían intentado desco­
rrer el velo de impostura que presentaba a Artigas con
carácteres siniestros. Zorrilla de San Martín como
Bauzá y Acevedo Díaz, sintió la atracción de su figura
y se rebeló contra el juicio irregular que lo había
condenado, proclamándolo "primer hombre" y "Pre­
cursor de la Independencia Uruguaya". Escasa era su
información sobre el personaje cuyos rasgos morales
e influencia histórica intuye y presiente acertando en
la determinación de las etapas culminantes de su vida.

I 236 )
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

En el mismo año dio a conocer un tercer ensayo


relacionado con la figura de Artigas. Fue publicado en
las columnas de La Democracia de Montevideo, el 7
de abril de 1875. Ubica el relato en otra etapa trascen­
dental de la existencia de Artigas, como fue la de
Purificación en 1815 o la iniciada en 1820 al internarse
en el Paraguay. Es el momento en que decide abando­
nar la vida de aventuras en la que había trascurrido su
inquieta mocedad, para abrazar la causa de la autori­
dad y del orden. El episodio novelado por Zorrilla de
San Martín ocurre en un atardecer tormentoso de 1796
en las costas de Maldonado, en un lugar cercano a las
Sierras de las Animas, en el que una partida de con­
trabandistas asalta a un jinete de avanzada edad que
por allí pasaba llevando a un pequeño en brazos y en
la grupa de su caballo a una niña a la que intentan
ultrajar. Los atacantes se disponen a ultimar al jinete
al que habían apresado, cuando de entre los árboles
un hombre montado en un caballo tordo Ies gritó:
"¡Nadie los toque! ¡Nadie los toque! ¡Miserables!"
"Este era un hombre prosigue, como de treinta y cinco
años, de estatura mediana, de porte varonil, de frente
espaciosa, barba y ojos fijos y penetrantes, un alma
al par que fiera generosa". Y al mismo tiempo que
dirigía a sus compañeros una mirada de fuego seguíales

I 237 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

gritando: "¡Miserables, yo capitaneaba contraban­


distas, y no asesinos cobardes que os ensañáis en un
hombre indefenso; de hoy más vuestro capitán ya no
lo soy". "La fama de vuestro valor, agregó el capitán,
llena la providencia; el gobierno no puede con noso­
tros, y el Gobernador Bustamante nos ofrece su indul­
to. He resuelto ser soldado del Rey. Mañana parto
para Montevideo. Los que me sigan serán mis amigos;
los que no, tendrán en su antiguo capitán, su más
asiduo perseguidor; ahora son todos libres para ele­
gir, seguros de que no les haré traición".
El personaje que así hablaba en este episodio
imaginado por Zorrilla de San Martín, era José Artigas
cuya defensa asume de inmediato. "Artigas, que como
dice un escritor contemporáneo es una de las primeras
figuras históricas de la Revolución Americana en la
parte del continente en que figuró, y que según otros
fue el Atila americano, era, indudablemente, un gran­
de hombre, sin las virtudes que unos le atribuyen, ni
los crímenes que otros le imputan".
"Nació en la provincia de Montevideo en 1758
(recoge el error de De María) de una distinguida
familia de Zaragoza. Desde sus primeros años reveló
ese carácter altanero e independiente al parque gene­
roso que distingue al gaucho de las riberas del Plata.

I 238 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

No pudo cumplir los veinte años concretado al recinto


del hogar, y determinó satisfacer las aspiraciones de
su alma capitaneando una partida de contrabandis­
tas, comercio que sino se justifica, se explica en vista
de la opresión que en aquel tiempo sufría el legítimo".
"Poco después del hecho que hemos presenciado,
sien d o G o b e r n a d o r de M o n t e v i d e o Don José
Bustamante y Guerra, se creó el famoso cuerpo de
Caballería llamado de "Los Blandengues". El 17 de
mayo de 1797 desfilaba por la plaza de Montevideo
ese escuadrón en el que figuraba como Ayudante
Mayor el valiente Capitán de contrabandistas". "Así
comenzó su carrera el Precursor de la Independencia
de la República Oriental del Uruguay Don José
Gervasio Artigas". En este relato Zorrilla de San Martín
no rehuyó tratar el tema de la azarosa juventud de
Artigas, de la época en que, dejándose llevar por su
espíritu de aventura, compartió la vida incierta de los
hombres sueltos que en el medio rural se habían
rebelado contra las limitaciones del sistema económi­
co viviendo "del trajín del contrabando". En 1884
Carlos María Ramírez, en una polémica que ha inmor­
talizado su nombre, al destruir los cargos acumulados
contra Artigas demostró, cómo lo había anticipado
Zorrilla en su crónica novelada, que la práctica del

[ 239 ]
JUAN E. PIVEL DEVOTO

contrabando, condenable en principio, era una impo­


sición, una resultante, del sistema económico y de la
estructura social del coloniaje.

II

En páginas que ya son clásicas Daniel Muñoz y


Gustavo Gal 1i nal han narrado el nacimiento de La
Leyenda Patria. La ceremonia inaugural del monu­
mento a la Declaratoria del 25 de Agosto de 1825
erigidoen laciudad de Floridaen la tarde el 19de mayo
de 1879 en la que Zorrilla de San Martín dijo por vez
primera el poema que exaltaba la tradición de la Inde­
pendencia Nacional. La figura y la época de Artigas
apenas asoman en los versos de Zorrilla; la hazaña de
los Treinta y Tres Orientales y la cruzada libertadora
que culminó en la organización institucional, son los
motivos históricos fundamentales del poema en el
que Zorrilla recogió los ecos del sentimiento que dio
vida a la nación independiente. Artigas distaba mu­
cho de que el consenso general le considerara en 1879
un héroe nacional. Por otra parte Zorrilla de San
Martín en su poema no se propuso trazar una crónica.
Lo ha observado con agudeza el Dr. Eustaquio Tomé,
cuando expresa: "el poema no es una crónica ni debe

I 240 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

serlo nunca y su percepción de los acontecimientos


puede ser fragmentaria al igual que un cuadro o una
sinfonía sólo expresan la faz de las cosas y de los
acontecimientos que han impresionado el tempera­
mento pecualiar del artista". El propio Dr. Tomé
recuerda que Zorrilla de San Martín treintaiocho
años después de compuesta La Leyenda Patria
explicó el porqué de su silencio sobre Artigas en
1879.
"Este pueblo, (el uruguayo) mis amigos, ha ido
penetrando en su historia y descubriéndose a sí mis­
mo, en sentido inverso al orden cronológico; de los
Treinta y Tres a Artigas; de Artigas a la reconquista
de Buenos Aires; de la Reconquista al significado de
Montevideo, como metrópoli colonial. Yo mismo, con
toda mi generación de la segunda mitad del pasado
siglo, abrimos el alma al sentimiento patrio en aquel
período que llamaremos de los Treinta y Tres e
Ituzaingó, Artigas se oía, como se siente, entre dos
ráfagas de viento, las voces que éste apaga; pero
cuando, tras el olvido casi imperceptible, se ensayaba
dar el otro paso, el de la renuncia del pasado, que
Artigas encarnaba para hacer aceptar a los orientales
el carácter de recién nacidos ... entonces, un largo
toque de clarín o de remota campana llamaba a silencio

[ 241 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

en nuestra conciencia, y los secretos a medio revelar


se encendían como remordimientos".
"Esta es la razón, amigos porque La Leyenda Pa­
tria tomó forma musical en el alma del poeta antes que
La Epopeya de A rtigas, sólo esbozada, pero firme­
mente confesada en las estrofas ingenuas de aque­
lla".
"Este silencio fue interrumpido por la palabra au­
torizada de Francisco Bauzá, de Clemente Fregeiro y
de Carlos María Ramírez quienes en sus estudios
sobre la época de Artigas, el Exodo del Pueblo Orien­
tal y la réplica al Bosquejo Histórico del Dr. Francisco
Berra, dados a conocer entre los años 1880 y 1883,
formaron la opinión de la que se hizo eco el gobierno
de Máximo Santos al decretaren 1884 el gran homena­
je nacional a la memoria de Artigas. Zorrilla de San
Martín dirigía entonces El Bien Público. En sus
columnas publicó el 23 de setiembre de aquel año un
artículo editorial en el que, al referirse a la personali­
dad de Artigas, dio a conocer sus ideas medulares
sobre la concepción de nuestra historia que desarro­
llaría años más tarde.
"Se ha pronunciado su nombre, dice, y él solo
resuena en este momento en nuestros oídos; se
vana mover sus cenizas veneradas y en pos de ellas

I 242 )
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

irá nuestra alma, toda nuestra alma, con todos


sus grandes amores y sus grandes entusias­
mos".
"El nombre de Artigas suena en nuestro oído como
una evocación solemne, y si él se pronuncia en con­
memoración de su muerte, de aquella su muerte acae­
cida en la memorable aldea de Ibiray; si se nos recuer­
da a nuestro Héroe decrépito, solo, olvidado, rodeado
de algunos infelices de los que fue providencia en la
tierra, y sacudido por una de esas agonías grandes
como el silencio de una tempestad que nace; entonces
una lágrima se desprende de nuestros ojos, un grito
de patriotismo brota de nuestros labios y nuestra
cabeza se inclina poseída de veneración ante la som­
bra gigante que se levanta en medio de las desiertas
soledades del Paraguay".
"Artigas es un símbolo; es la encarnación genuina
de nuestra patria; es la condensación de todas nues­
tras tradiciones y nuestras glorias".
"Sin él no se concibe la patria uruguaya, porque él
es la personificación de nuestra genealogía nacional,
que se pierde quizás en los esfuerzos instintivos y
salvajes de nuestros indomables aborígenes".
"Con él, la obra de los Treinta y Tres es la conse­
cuencia natural y necesaria de una ley providencial

l 243 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

escrita por Dios en nuestro suelo y en las almas de


todos los que en ese suelo vieron la luz".
A continuación expone Zorrilla de San Martín las
ideas a que antes aludimos. Las nacionalidades son
consecuencia de una ley providencial decretada por
Dios. El héroe es el instrumento que ejecuta esa
voluntad. "Esa y sólo esa es la ley, el verbo que crea
las nacionalidades independientes y soberanas. Nada
importa la forma en que esa ley se cumpla; debe
cumplirse. Instrumento evidente de quien esa ley
divina grabó en nuestro suelo se presenta Artigas,
como el Moisés del libro sagrado guiando al pueblo
uruguayo a través del desierto, guiándolo por vías
providenciales a la consecución de la tierra prometi­
da".
"No vemos en la historia sudamericana una figura
más grande que la del hombre de Las Piedras y Gua­
yabos".
"Y esta afirmación la formula nuestro corazón; la
formula nuestra cabeza que ha examinado tranquila­
mente la gran figura de nuestra historia nacional".
"¿Quién examina detalles para formaresos juicios?".
"¿Quién examina el proceso de la "guerra a muerte"
declarada por Bolívar cuando, como Artigas en mar­
cha hacia el Hervidero, arrastraba en pos de sí cuando

I 244 ]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

marchaba hacia Carabobo, los hombres, las mujeres,


los viejos y los niños, el pueblo colombiano entero, en
una palabra?".
"Artigas llevaba consigo al pueblo uruguayo tal
cual era, tal cual debía ser la levadura de nuestra
nacionalidad, la materia prima de nuestro ser caracte­
rístico, la era de transición entre la barbarie y la
civilización".
"Eso debía ser nuestra patria; era la arcilla, el barro
groseramente modelado sobre el cual debía caer la
palabra que habría de infundirle espíritu, personali­
dad".
"Artigas, sólo Artigas, que había modelado ese
barro, podía infundirle el espíritu de nuestra patria,
porque sólo él tenía la clarividencia de sus grandes
destinos, porque sólo a él le había sido revelado que
en aquello estaba el germen de un gran pueblo".
"Allí en aquel campamento se refundían las razas
para formarse la raza nueva; allí el último indio entre­
gaba, sin darse cuenta de ello, su espíritu indomable,
su instinto salvaje de libertad, a los que debían suce-
derlo en la tierra en que clavó sus toldos y encendió
sus fuegos, ya apagados para siempre".
"Había llegado el momento de cambiarse los ins­
tintos por la idea, sin solución de continuidad; había

I 2 4 5 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

sonado la hora de cambiar la fórmula ¡L ibertad! por


otra palabra, hija de esa fórmula, pero más inspirada,
más comprensiva: ¡Independencia'.".
"Artigas pronunció la palabra; la consagró con la
sangre, la sostuvo sin cejar jamás, la inoculó en aquel
organismo informe congregado a su alrededor. Era el
espíritu".
"El germen estaba fecundado".
"Artigas ya podía morir; la patria, nuestra patria,
había nacido. Entonces el gran hombre murió: murió
durante treinta años en el Paraguay. Sus últimos años
parecen un desierto plantado de laureles". "¿Porque
pronunció Artigas la palabra creadora?".
"¿Por ambición personal, él, que desterrado en
Curuguaty vivió miserablemente bajo el poder de un
tirano sombrío, y murió después de realizada la com­
pleta independencia de su país; él, que rechazó toda
clase de proposiciones que lo hubieran encumbrado
al primer puesto del Río de la Plata?"
"¿Por instinto salvaje, él, que supo encontrar la
única fórmula, la que hace brotar los pueblos en medio
del caos, y que sólo puede ser encontrada por la
meditación o el genio?".
"Eso es absurdo: con las doctrinas que se han
hecho valer para denigrar a nuestro héroe inmortal, no

I 246 ]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

quedaría en pie una sola de las grandes glorias de la


humanidad".
"No puede mirarse la figura de nuestro Artigas con
la cabeza inclinada por las mezquinas preocupacio­
nes; es necesario levantarla, levantarla mucho, por­
que sin levantar la cabeza no pueden verse las mon­
tañas".
"Un pueblo que cuenta entre sus tradiciones de
gloria con un nombre como el de Artigas, debe
conceptuarse un pueblo feliz. Ese solo nombre es un
sello indeleble de inmortalidad".
"El simboliza nuestras cuatro independencias; y si
en el cielo de las glorias americanas se quisiera esco­
ger tres estrellas de primera magnitud para formar la
constelación gloriosa de nuestro continente, una de
esas estrellas brillaría necesariamente en la frente de
Artigas, en esa frente formada por la gloria para llevar
los laureles de nuestra patria".
"Fue el espíritu de Artigas el que llevaron al ostra­
cismo después de nuestra caída los hombres que
habían de componer más tarde la cifra inmortal de la
Agraciada; sin ese espíritu nuestra gran cruzada
libertadora no hubiera tenido significado ni consis­
tencia; nuestra patria no tendría ejecutoria, nuestra
independencia sería un simple accidente de la guerra,

I 247 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

hijo de circunstancias o de conveniencias transito­


rias".
"Por eso el pabellón sostenido por Lavalleja era el
pabellón de Artigas, la misma bandera tricolor que
algunos años antes había guiado a los orientales a la
victoria en los campos de Guayabos, bandera de un
pueblo y no de una provincia, símbolo de autonomía,
de independencia absoluta, de gloria oriental, pura­
mente oriental".
"Con ese pabellón de los Guayabos fuimos a
Sarandí; también con él fuimos a Ituzaingó. A la sobre
de esa bandera sostenida por Artigas amamantó la
gloria a los lugartenientes del Héroe que más tarde
habían de invocar su nombre y hacer sentir el soplo
de su espíritu a los soldados de Sarandí y las Misio­
nes, de la Agraciada y del Rincón".
"Esa es nuestra gloriosa genealogía; esas nues­
tras tradiciones integras, inseparables, indivisibles,
que es necesario vigorizar en el alma del pueblo
uruguayo".
"De esos recuerdos viven los pueblos grandes, y
si se quiere buscar en nuestra patria un nombre que
los condense a todos, el patriotismo no puede, no
debe vacilar: Artigas ha sido y será siempre el primero
en el tiempo, en el pensamiento y en la gloria".

I 248 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

"Toda la patria vivió en su cabeza, la patria toda


tiene que inclinarse reverente ante su sepulcro, y
levantar su plegaria cristiana por el Héroe que, en un
día como hoy, entregó su espíritu al Dios en que
siempre creyó; a quien siempre amó y de quien fue
instrumento para cumplir el mandato divino que trajo
a nuestra patria querida a la vida de los pueblos
independientes".
En esta bella página periodística, que Benjamín
Fernández y Medina incorporó con mucho acierto a
su Antología Uruguaya publicada en 1894, Zorrilla
de San Martín anticipó lo fundamental de su pensa­
miento sobre Artigas. En ella está el germen de La
Epopeya escrita un cuarto de siglo después. Su incli­
nación a idealizar al personaje sin deformar la verdad,
a arraigar la figura del héroe en la conciencia popular,
le inspiraron poco depués, en 1886, el poema El sueño
de A rtig a s, emocionada evocación del caudillo
proscripto, cuyo espíritu avivaba a la distancia el
ansia de libertad del pueblo oriental:

"El viejo duerme, el de la frente cana.


El de una edad de piedra,
El de la frente que formó la patria
Para llevar laureles en la tierra.

í 249 ]
JUAN E. PIVEL DEVOTO

La noche del destierro duerme, ARTIGAS...


Duerme sonriendo ... sueña!
A su lado, la frente entre las manos,
Está la Gloria que, velando espera.

Espera, cuenta las calladas horas,


Y, al fin, se alza serena,
Sacude al viejo y, señalando al cielo,
"Ya es la hora" le dice, "alza, despierta!"

III

El 12 de octubre de 1902 fue inaugurada en la


ciudad de Minas la estatua ecuestre al Gral. Juan
Antonio Lavalleja, Jefe de los Treinta y Tres. A cargo
de Zorrilla de San Martín estuvo el discurso con que
el poeta nacional se asociaba a la consagración del
bronce.
La figura de Lavalleja surge esplendente de
las frases del tribuno que lo presenta como
ejecutor del pensamiento y la voluntad de Artigas,
personaje central de esta oración en la que
Zorrilla de San Martín desarrolló sus ideas, ya
enunciadas en 1884, sobre el origen de las n a ­
cionalidades.

( 250 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ART1GUISTA

Las patrias, como los mundos, nacen del fondo de


los nublados y de las tempestades. Son primeramente
una materia cósmica luminosa, un instinto que brota
de leyes misteriosas, leyes étnicas, geológicas, so­
ciológicas, históricas, todas elllas emanadas del Su­
premo Legislador. Son después un hombre, brotado
de las entrañas del pueblo y arraigado en ellas, que
concentra y que acudilla esos instintos; son, por fin,
una multitud que, empujada por una ley superior a su
voluntad, ajusta el ritmo de su alma colectiva al del
alma del héroe, afinada a su vez con la divina armonía
%

universal, realiza hazañas legendarias, e impone al fin


por la fuerza su voluntad, órgano inconsciente de la
voluntad de Dios".
"Nuestra patria, señores, la república atlántica
subtropical arranca quizá del instinto innato de liber­
tad salvaje de nuestros primitivos aborígenes. Trozo
del continente separado de la región tropical por el
clima, y segregado también de la región andina por la
formación geológica, tenía que ser el núcleo de una
nacionalidad idependiente. Esa es la armonía".
Artigas fue el ejecutor de esa voluntad.
"El fueel primeroque sintió la ley providencial que
decretaba la existencia de una patria independiente en
este territorio que bañan el Uruguay, el Plata y el

í 251 1
JUAN E. P1VEL DEVOTO

Atlántico; una patria que, siendo subtropical, era al


mismo tiempo atlántica. El fueel primeroque viócon
la clarividencia del que cierra fuertemente los ojos
para ver, cómo se desprenden los grandes ríos meri­
dionales de las entrañas de la América, para venir a
desembocar en el Plata, formando dos regiones dis­
tintas, dos patrias, hermanas pero diferentes, a ambos
lados de esos ríos. El comprendió, o más bien dicho,
sintió en el fondo de su ser, cómo, por una ley, no sólo
sociológica, sino también geológica y etnológica,
este pedazo de suelo americano tenía que ser el terri­
torio de una Patria independiente. Porque si según las
leyes sociológicas, estábamos unidos, por la lengua
y las tradiciones españolas, a nuestros hermanos de
allende el Plata, que tienen por núcleo geológico el
levantamiento de los Andes, según las leyes
étnicas pertenecíamos a la formación atlántica del
Brasil".
"Y si estas nos unían etnológicamente a las anti­
guas posesiones portuguesas, de ellas nos separa­
ban, no sólo las tradiciones de lengua y de
constumbres. no sólo la rivalidad secular de los dos
pueblos descrubridores, sino también nuestra posi­
ción geográfica que nos separa de los dominios del
trópico, y nos marca como el núcleo inconmovible de

( 252 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

los pueblos atlánticos subtropicales de la América


Meridional".
"Si así como los orientales, señores, amamos fie­
ramente nuestra ¡dependencia, dejáramos de amarla
algún día, tendríamos que sobrellevarla. Seríamos
independientes con nuestra voluntad, sin nuestra
voluntad, y aun contra nuestra voluntad. Y el oriental
que renegara de la independencia de su patria, iría a
ocupar el sitio más lóbrego del infierno del Dante:
aquel en que residen los que "non hanno speranza di
morte", los que no tienen ni la esperanza de morir".
"Así sintío a nuestra patria el viejo Artigas: recibió
una revelación de lo alto; oyó y cumplió un decreto de
Dios".
El origen y la formación de las nacionalidades
aparece en el pensamiento de Zorrilla de San Martín
como una idea permanente sobre la que insiste en la
oportunidad en que pronuncia sus discursos y con­
ferencias fundamentales. En la dedicada a la persona­
lidad de León XIII. dictada en el mismo año 1902,
también se había referido al tema al que asoció como
es natural la figura de Artigas.
Las nacionalidades, los estado de conciencias
colectivos, surgían según Hegel de una idea; para
Taine ese fenómeno estaba sujeto a la influencia del

í 253 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

medio; Cari y le lo asociaba a un sentimiento encarna­


do en el Héroe. Zorrilla de San Martín, después de
enumerar, resumir y refutar en parte estas teorías,
expresa: "El héroe, dice Carlyle, sostiene y representa
la civilización en que está compendiado. El pensador
inglés resume, pues, en un hombre todos los elemen­
tos dispersos que Hegel pretende concentrar en una
Ley, y Goethe en una imagen. Aquellos viejos reyes
del mar, dice Carlyle, silenciosos y sombríos, que, con
los dientes apretados, desafiaban al Océano embra­
vecido y a sus monstruos, y a todos los hombres, y a
todas las cosas, ignorando que fuesen especialmente
valerosos, son los abuelos de nuestros Blakes, y de
nuestros Nelson".
"Yo no acepto, señores, filosóficamente hablan­
do, esas teorías sobre la influencia del medio, como
creadora de una conciencia colectiva. Yo no creo que,
haya lo que haya en el medio ambiente, concurran más
o menos eficazmente las cosas y los hechos concomi­
tantes a formar una grande idea, ésta ha de presentar­
se la primera vez en una conciencia. Y no hay más
conciencia que la de los hombres, la de un hombre.
Pero diciendo transeat a aquellas interesantes hipó­
tesis, y hasta aceptando la parte de verdad que ellas
contienen, y que es la que puede conciliarse con la

[ 2 5 4 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

personalidad y la libertad humanas, y con la absoluta


imputabilidad de los actos del ser inteligente y libre,
concentrad, señores en un héroe, la idea o fórmula de
Hegel, la visión de Goethe, oel sentimiento heroicode
Carlyle o de Taine, para formar la idea, el héroe, la
imagen o el personaje reinante de la revolución ame­
ricana; elegid en nuestra América el equivalente de
aquellos viejos reyes del mar, abuelos de Nelson, que
glorifica el inglés contemporáneo, y que, según él,
tienen parte en el gobierno actual de la Inglaterra,
buscad el personaje original, clarividente, sin preocu­
paciones extrañas, en contacto sólo con las madres
ajeno por completo a la influencia de las grandezas
cesaristas, la quinta esencia de estos pueblos recién
nacidos a la libertad y no hallaréis en la historia del
continente una figura más clásica ni más homérica,
que la que ofrece nuestra historia patria. Ese hombre
es Artigas, el primer jefe de los orientales; el más
calumniado, sin embargo, el más escarnecido de los
héroes americanos".
"Examinad, señores, los rasgos fisonómicos de
esa genial figura que proyecta, inmóvil como un mito,
sobre el primer resplandor de nuestro patrio sol, y que
es, para nosotros, mucho más ciertamente de lo que
pueden ser para los ingleses aquellos viejos reyes del

I 2 5 5 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

mar, que enaltece Carlyle como los abuelos de Nelson


y como el Genio de Inglaterra. El viejo Artigas, aunque
de origen urbano y patricio, aunque de posición so­
cial in d e p e n d ie n te y de educación y cultura
descollantes en su época, fue al pueblo, sólo al pue­
blo; creyó en él. no desconfió jamás de sus energías,
ni de sus virtudes, tuvo fe en la democracia nativa".
"El rechazó las dádivas y promesas de los poderosos,
porque ningún honor, según él mismo lo decía, podía
superar al de ser caudillo y conductor de su pueblo
heroicamente indigente; él, que pudo haber ocupado las
más encumbradas posiciones, obtenido los más altos
grados militares, conseguido el mayor predominio, y
formado una fortuna personal, fue siempre inaccesible al
soborno; se alzó con el pueblo y cayó con el pueblo;
vivió libre, en compañía de su visión profética, y murió
mendigo, en compañía de un negro soldado de su ejército
sacrificado. El, como el Fausto de la leyenda estuvo en
contacto con las causas, las visitó en las cavernas
oscuras de los sueños, recibió de ellas la llave fantástica;
él, acusado y perseguido, no sólo por los extraños, sino
también por aquellos de los propios que renegaban del
evangelio democrático republicano, huye como la fiera
herida que lleva entre los dientes a sus cachorros; huye
con todo su pueblo, con sus familias, con su miserable

I 256 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

patrimonio; huye con la patria a cuestas, hasta ponerla


en lugar seguro, hasta salvarla para la democracia".
"¡Extraña figura, señores, extraña figura! No en
balde ese genial personaje ha desorientado a tantos
sociólogos de segunda mano, que sólo han podido
distinguir en él las apariencias que lo confunden con
los caudillos anárquicos y sangrientos. Es necesario
mucho silencio, señores, para entrar en el secreto de
los héroes. En nuestra América, no se ha hecho bas­
tante silencio todavía en el sagrado de la historia en
que los héroes habitan".
"Artigas es la lucha del hombre que tiene el pen­
samiento fijo en la real esencia de las cosas, contra los
que lo tienen puesto en las apariencias, como lo dice
el mismo Carlyle. Transformar lo accidental en esen­
cial; creer en las viejas fórmulas de organización
social como en el único medio de formar la patria,
medio sin el cual sólo podía haber desquicio y anar­
quía interminables, eso fue lo que hicieron los hom­
bres de la revolución que, aunque fueron grandes no
fueron genios. Artigas no fue de esos; fue una intui­
ción, una fe, una fuerza nueva: la fuerza que al fin ha
triunfado: la democracia nativa. Por eso no podía
fundirse ni confundirse con los demás; describían
órbitas distintas. Artigas era centro de nuevo sistema

I 257 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

planetario; los otros eran astros, pero astros del


antiguo; no concebían más sol que el sol: el rey
europeo o incásico. Artigas creyó en el pueblo, en la
materia cósmica, más o menos caótica, pero capaz de
ser fecundada por la palabra creadora. El la fecundó,
y de su aliento brotó la patria nueva, la patria
republicana de nacimiento".
En el pensamiento de Zorrilla de San Martín las
patrias eran un instinto nacido de leyes históricas y
sociológicas emanadas de una voluntad suprema; un
hombre surgido de la entraña del pueblo acaudillaba
esos instintos y luego era la multitud la que, identifi­
cando su alma colecti va con el alma del héroe, imponía
al fin su voluntad. La revolución americana había
tenido un carácter propio. "No fue el desarrollo de una
teoría; dice Zorrilla, fue un hechode dinamismo popu­
lar", protagonizado por las multitudes y por los cau­
dillos como Artigas en quien veía la encarnación más
pura del héroe americano.

IV

Raúl Montero Bustamante en El Parnaso Oriental


publicado en 1905, en la breve noticia biográfica de
Zorrilla de San Martín, informó que éste tenía enton-

l 258 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

ces "en preparación su Gran Poema Artigas". En 1929


refirió Zorrilla: "Me pasó con La Leyenda lo que con
La Epopeya de A rtigas. Yo siempre soñé con escribir
ésta, y hasta bosquejé algunos versos iniciales; y al
fin la escribí en prosa. Tenía que ser". En armoniosa
prosa poética, como lo señaló oportunamente Miguel
de Unamuno. De las mejor logradas en nuestra litera­
tura nacional. La Epopeya de Artigas fue escrita por
encargo del Gobierno de la República entre 1907 y
1909 para ilustrar a los artistas llamados a realizar el
Monumento a Artigas que debería erigirse en la ciu­
dad de Montevideo.
Cuando miramos la obra de Zanelli, aunque no lo
hubiéramos sabido, habríamos adivinado, junto al
escultor, a un poeta invisible, sugiriendo el golpe de
buril sobre el bronce inerte.
Alguien, pensaríamos, inspiró la fuerza histórica
de ese gesto arrogante, de esa alma sin dobleces,
poseedora, a la vez, del secreto de la acción y de los
sueños.
Sí, seguramente lo habríamos adivinado. Una do­
cumentación fría jamás habría bastado para poner a
un artista, y a un artista extranjero, en posesión de
tantos secretos, de tantos matices de nuestro ser y de
nuestra historia. Era necesario que alguien le diese

1 259 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

conceptos envueltos en palabras musicales. Alguien


que fuese, a la vez, patriota y poeta, capaz de sentir y
trasmitir emociones. Una voz cordial y humana. Al­
guien, en fin, como Juan Zorrilla de San Martín.
Para llenar su misión Zorrilla de San Martín se
valió de los estudios realizados en el siglo pasado por
De María, Bauzá, Fregeiro, Ramírez, Maeso, de los
materiales recopilados por Eduardo Acevedo en los
dos primeros tomos de su Alegato Histórico, de los
trabajos publicados por Lorenzo Barbagelata, de to­
das las contribuciones documentales a su alcance, de
las memorias y relatos de viajeros. Desechó la idea de
escribir una obra de erudición respaldada por apéndi­
ces documentales, empresa para la cual no le faltaban,
por cierto, aptitudes. Después de someter el copioso
material reunido a una severa crítica en busca de "la
verdad histórica más auténtica y depurada", posó su
mirada en los hechos esenciales, en los rasgos
definitorios de los personajes y, para que esa verdad
no permaneciera "inerte", y sin temor a que su obra
fuese calificada obra de ficción -tales sus palabras- se
propuso transformar la verdad "en imagen". Y para
que los hechos conservaran su frescura originaria los
narró y sublimó en el marco maravilloso de la Epopeya
formada por "los tiempos heroicos de la República

1 260 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Oriental del Uruguay". Zorrilla de San Martín conci­


bió los capítulos de esta obra a la manera de conferen­
cias o lecciones que tienen la espontánea fluidez de
una conversación o el tono grandilocuente de un
discurso, ya sea cuando refiere los hechos y analiza
sus causas, o cuando, al exaltar los valores del perso­
naje y del puebloque le rodea, quiere llegar al alma del
artista cuya presencia imaginaria parece que animara
su palabra. Se propuso, dice, por ese medio, hacer
llegar la verdad, al corazón de los hombres, valiéndo­
se no tanto de lo que sabía, sino de lo que sentía sobre
el personaje histórico al que recreó con el "celeste
poder de la belleza".
"Las conferencias de Carlyle Sobre los Héroes y el
Culto del Héroe fueron para Zorrilla de San Martín un
libro de cabecera", ha escrito en su magistral estudio
sobre el poeta el Dr. Osvaldo Crispo Acosta. "En ellas
-agrega- alimentó y confortó su idealismo trascen­
dental. Estaba ya hecho por su catolicismo a la ¡dea de
una acción continua de Dios sobre las cosas huma­
nas; Carlyle con su concepción del heroísmo como
actividad superior y reveladora de nuevos destinos
en el desenvolvimiento de la humanidad precisó en
forma definida y viviente lo que era principio abstrac­
to en Zorrilla de San Martín. El héroe se convirtió a sus

I 261 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

ojos en enviado providencial. Por eso no quiere darle


explicación humana, histórica, etiológica. Por eso
arranca a Artigas a toda influencia de las circunstan­
cias y lo sublima sobre lo pasajero y lo contingente y
hace de él un milagro verdadero".
En La Epopeya de Artigas insiste Zorrilla de San
Martín en su idea sobre la formación de las patrias, de
la nuestra subtropical y atlántica, nacida de un prin­
cipio vital en un pedazo de tierra "capaz de imponer
diferencias étnicas a los seres humanos que en él
constituyeron un pueblo"; analiza la opinión de
Unamuno que a su tesis del origen divino de las
patrias había opuesto la idea de que en América éstas
habían surgido del poder hegemónico de las ciuda­
des. "No nació el Uruguay -expresa- porque existía
Montevideo; sino que existió Montevideo, y se desa­
rrolló, con las condiciones requeridas para ser nú­
cleo de civilización, porque existía el Uruguay, por­
que el principio vital, complejo, indescifrable, hijode
la madre naturaleza, preexistía en aquella región atlán­
tica subtropical, cuyos habitantes, desde los aboríge­
nes hasta nosotros, han estado y están bajo el influjo
misterioso de la tierra, del factor étnico". "Montevi­
deo no fue el principio vital, agrega, hondo complejo

1262]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

de nuestra patria; pero fue, no hay lugar a duda, uno


de sus productos; acaso el más importante".
El Uruguay no fue un "don de la ganadería", ni un
"hijo del puerto de Montevideo", agregamos noso­
tros, sino la resultante de la conjunción de factores
geográficos, sociales, económicos y políticos. Zorrilla
de San Martín demuestra cómo por Artigas llegamos
los orientales a la "causa generatriz de nuestra pa­
tria"; el caudillo fue "la revelación, en carne de hom­
bre en una conciencia humana, de una misión divina,
confiada, por alguna razón recóndita, a este nuestro
pueblo atlántico"; el caudillo fue quien modeló el
sentimiento colectivo de nuestro pueblo y su con­
ciencia orientalista, "amasando la patriacon el limo de
la tierra, con el sagrado fango" infundiéndole un
espíritu y una fe inextinguible en su destino.
La interpretación que Zorrilla de San Martín hace
del caudillismo se confunde con sus certeras aprecia­
ciones sobre el carácter del movimiento emancipador
de 1810 y del sentimiento autonomista. "La revolu­
ción de América no fue remedo de ninguna otra",
expresa; "fue completamente original en su esencia.
Si la influencia en ella de los letrados o profesionales
no hubiera sido accidental, el movimiento de 1810
hubiera sido humo de pajas". La revolución la hicie-

[263 ]
JUAN E. PIVEL DEVOTO

ron las masas populares calificadas de anarquistas


por los representantes de las clases cultas. "Cuando
esta nuestra historia americana -dice Zorrilla de San
Martín en uno de los pasajes de esta obra- deje de ser
una crónica documentada y cobre el carácter que le
corresponde de biología sociológica, el menos avisa­
do advertirá en ella la repetición de los fenómenos de
todas las grandes revoluciones; el de la inglesa de
1688; el de la francesa de 1789; el que ofrecerá la
económica o social que va a presenciar el siglo XX: la
resistencia a reconocer el nuevo agente de vida, a
despreciarlo".
Su alta y madura capacidad de comprensión de los
fenómenos históricos le permite explicar la actitud de
los "togados o no togados", que combatieron con
malas armas a los caudillos. "Lo que ellos creían
parecía verdad, dice, y acaso nosotros mismos, los
académicos de hoy, lo hubiéramos juzgado así; acaso
hubiéramos negado a Artigas, nuestra fe". Zorrilla de
San Martín describe los rasgos y los sentimientos de
esas masas populares que despertarán la adversión
de los dirigentes ideológicos. "Sí, estoy conforme: el
pueblo americano de nuestros campos (y casi todo era
campo en nuestra América) era una masa caótica, un
embrión que, como todos los embriones, ofrecía mu-

1264]
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

chos aspectos repulsivos; era un pueblo casi nómada


en su gran parte; la idea de propiedad parecía inci­
piente; el hombre se emancipaba de sus padres en la
adolescencia; montaba su caballo sin domar y comía
la res salvaje sin dueño; la familia, unidad social, era
rudimentaria; el vínculo político muy frágil; el hombre
se hacía justicia por su propia mano; la idea de libertad
se asemejaba al instinto del avestruz o del pájaro; el
barro y la paja de las cañadas eran los solos materiales
de construcción. La falta de centros urbanos tornaba
difícil la acción de la autoridad: el hombre no dependía
sino de Dios y de su lanza, en aquellos inmensos
horizontes; parecía casi insensible al padecimiento;
luchaba con las fieras; se ocultaba en los bosques y
cañaverales; aguzaba sus sentidos, el oído, la vista;
atisbaba desde la copa del ombú; moría sin sorpresa.
La descripción de este cuadro se ha hecho muchas
veces, con los colores más vivos, por los sociólogos
enemigos de nuestros campeones primitivos princi­
palmente. El Facundo de Sarmiento, inspirado en esa
idea, ha sido el libro clásico del Río de la Plata. En él,
frente al cuadro de la barbarie, se nos presenta el de
la civilización simbolizada en "el frac de corte fran­
cés" que se vestía en Buenos Aires, como un supremo
contraste".

I 265 ]
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Pero a continuación subraya: "Nada hay más bru­


tal que un hecho, y el hecho es que eso, que parecía
la verdad, no era la verdad; el hecho brutal es que esa
masa caótica con defectos étnicos y atávicos, y todo
lo que queráis; ese pueblo que parecía incapaz de ser
núcleo cósmico, no era incapaz de serlo; estaban allí
los filam entos de la nueva piel que sólo el genio
autóctono percibía y apreciaba".
Si tuviéramos, que no tenemos, ciertamente, el
derecho a cambiar el título, diríamos que esta obra
inspiradora no debiera llamarse La Epopeya de
Artigas, sino La Epopeya del Pueblo Oriental. Por­
que, en esencia, el trozo de historia que Zorrilla narra
en ella y que los artistas hicieron vivir en bronce, se
refiere a esto: cómo un conglomerado disperso se
transformó en un colectividad consciente de su ser,
cómo se afirmó en gestos inolvidables y originales bajo
la palabra de un taumaturgo que formó su conciencia
política; en fin, cómo nació la Nacionalidad Oriental.
En La Epopeya de Artigas pueden discernirse
planos diferentes. Diríase a manera de una pirámide,
coronada en lo alto por la figura del héroe, tal como
nos la da la visión de la obra plástica.
Hay, en primer lugar un suelo patrio, un escenario
natural; después, un protagonista individual; luego.

( 266 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

un puebloenteroy porencima. Artigas, jefe y conduc­


tor, el que, según sus propias expresiones, vino a
"infundir vida política" a su pueblo.
La evocación del solar nativo tiene una dulzura
virgiliana. Como el gran poeta paduano cuyos versos
cita, Zorrilla de San Martín siente "las lágrimas en las
cosas". "Sunt lacrimae in rerum". Por que el medio
ambiente, para nuestro poeta, no tiene, de ningún
modo, el carácter determinista tan estéril y tan frío, de
Taine. No es una explicación lo que nos da Zorrilla de
San Martín, al enseñarnos el marco natural de nuestra
historia. Es simplemente mostrar el escenario en que
transcurre, que puede influir, pero no en forma deci­
siva y mensurable, como lo pretende el positivismo.
Sin majestuosidades, sin pavores, el suelo patrio,
invitación al goce inconmensurable del espacio, ha
sido seguramente el más apropiado para un ser que,
como el gaucho, tenía ansia congénita de libertad. A
ambos, a la patria y al hombre, los une el poeta en un
cálido homenaje de amor en esta hermosa página:
"Ese hijo de la naturaleza, con ser un primitivo, un
inconsciente, no fue la plebe antigua, el siervo de la
gleba poseído por la tierra; no fue el vasallo que debía
tributo a su señor; por eso la esclavitud, en la América
española, desapareció con la dominación colonial.

í 267 1
JUAN E. PIVEL DEVOTO

Sus defectos, porque no pudo menos de tenerlos,


fueron los inherentes a su excelsa cualidad. Seguirá al
caudillo; pero no como la mesnada a los ricos hombres
o señores feudales; no porque le da el pan o librea con
escudo señorial, sino como soldado voluntario, por­
que ofrece un empleo a su prurito de libertad y hasta
le hace sentir la dignidad de una vaga misión surgente
en su nebulosa s u b c o n c i e n c i a . Y es en esta
subconciencia de los pueblos donde, como las semi­
llasen el misterio de la tierra, germinan las apariciones
de la historia".
"Hoy, al ascender Artigas en la historia heroica,
sale con él por la puerta de las visiones estéticas, esa
su primitiva guardia de caballeros, vestida de sus
harapos. Glorificado y transfigurado por la muerte,
aparece aquel hijo ambulante y sin codicias de la
soledad y del desierto, pan ácimo de sangre que comió
nuestra victoria y vino nuevo que bebió para ser
diosa; soldado, holocausto, desnudo y altivo corte­
sano del rey futuro".
"Yo quiero que sintáis y que améis y que saludéis
conmigo, mis buenos artistas, a ese pobre gaucho de
mi tierra".
Y estos gauchos sueltos, que vivían dispersos,
sin sentido de unidad política, ni siquiera de ley ni de

( 268 |
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

orden, se convirtieron, en la jornada memorable del


Exodo en un pueblo, en una nación, es decir, en una
conciencia colectiva, con sentido de solidaridad futu­
ra. Artigas hizo posible ese milagro.
Zorrilla de San Martín comprendió e hizo compren­
der muy bien la influencia del pueblo y la obra del
caudillo. Allí donde no le alcanzó la erudición histó­
rica compensó esta carencia con la intuición poética,
con ese don de algunos seres, de compenetrarse con
los que aman y, más aún, si los aman en la alta zona de
la creación estética.
Sin duda, estudios posteriores han alterado algo
los rasgos esenciales del personaje. Hoy valoramos
mucho más, el entronque hispánico del pensamiento
y, sobre todo, del espíritu de Artigas, de quien Zorrilla
se adelantó a decir que era "el más español de los
héroes americanos". Lo ubicamos como un personaje
del medioevo español, o, para ser más exactos, del
medioevo aragonés. Su sentido de los pactos, de los
fueros; la insistencia en buscar garantías políticas; la
arrogancia con que defiende la libertad en el cruce de
todos los caminos; el sentimiento de amparo que tiene
frente a todos los que buscan su doctrina, todo nos
hace ver en él algo así como un Justicia Mayor tras­
plantado a suelo americano. Por supuesto que estas

í 269 J
JUAN E. PIVEL DEVOTO

reservas no quitan mérito a la visión de Zorrilla de San


Martín. El consiguió dar como nadie, la estatura del
personaje y las fases esenciales de su trascendental
misión.
Pero, hizo algo más aún: el empezar la obra, el poeta
nos indica que la visión de Artigas va a quedar
inconclusa, dice: "Os equivocarías si vieráis en el, un
soldado, una batalla, un grito, un ejecutor. Artigas,
oh hermanos, ha sido un enigma, fue un silencio, un
enorme silencio. Se ha dicho que el silencio y el
reposo son el estado divino, porque toda palabra y
todo gesto son pasajeros".
Y, efectivamente, así lo sentimos todos.
Hay en Artigas algo que no se deja apresar, una
porción de su ser recóndita e inalcanzable.
Quizas el silencio del campo que lo rodeó, quizás
la porción de soledad a que quedan condenados
irremisiblemente los que se han adelantado a su tiem­
po, cortaron la exuberancia de su gesto y de su
palabra.
Esta sugestión con que Zorrilla de San Martín no
invita a entrar en su obra, ¡y qué acierto de estética y
de verdad histórica es!, ya no nos abandona. Cerra­
mos el libro y ante nosotros tenemos un rostro de
hombre que avista la lejanía, solitario e insatisfecho.

[ 270 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

Desde luego, el escultor no puede expresar este


gran silencio, este espacio vacío. ¡Ventaja suprema de
la poesía, sólo compartida por la música, ventaja de la
palabra alada y sin límites, que puede tender entre el
poeta y el lector la magia infinita de la sugestión y del
ensueño!
El artista plástico sólo podría representar a Artigas
como lo hizo: enhiesto, seguro, en la hora de la pleni­
tud y de la gloria, mostrando el camino al pueblo en
armas que lo seguía y lo amaba.
No de otro modo creó Miguel Angel su Moisés.
Ante nuestros ojos lo representó como jefe de pere­
grinaje, legislador, profeta, conductor de celo y exi­
gencia. Pero no pudo ponerle en los ojos, junto con
todo eso, la nostalgia de la Tierra Prometida, que
había perdido para siempre. La nostalgia que un día
otro poeta del dolor, Alfredo de Vigny, habría de
recoger en versos inmortales.

Desde 1910. año en que fue publicada La Epopeya


de Artigas, hasta su muerte, diríase que Juan Zorrilla
de San Martín vivió para velar por la gloria de Artigas,
para exaltaren todas las conmemoraciones el culto de

[ 2 7 1 ]
JUAN E. PIVEL DEVOTO

las grandes tradiciones nacionales. A cada una de


ellas dejó asociado su nombre en oportunidad de
erigirse las piedras o el bronce recordatorio. En 1879
había recitado en Florida La Leyenda Patria al pie del
monumento a la Declaratoria de la Independencia: en
1902, luego de inspirar al escultor, que modeló la
estatua, había dicho en Minas el panegírico a
La val leja; su elocuencia vibró en 1911 al descubrirse
el obelisco a la batalla de Las Piedras.
Con persuasivo acento polémico escribió entre
1915 y 1916, mientras preparaba la segunda y defini­
tiva edición de La Epopeya de Artigas, sesudas y
hermosas páginas en defensa del procer que recogió
luego en su libro Detalles de la Historia R ioplatense.
Zorrilla de San Martín tuvo una noción muy clara de
su altísimo cometido de poeta historiador y guardián
de los valores morales del pasado. Al prologar Las
Instrucciones del Año XIII de Héctor Miranda había
dichoqueel objetode la Historia era formar el patrio­
tismo, el sentimiento racional de amor a la patria.
"Debe entenderse por Patria, ante todo y sobre todo
-expresó- una comunidad de imágenes, de recuerdos,
de emociones entre los habitantes de una región
determinada de la tierra, que constituye una pasión o
pujante sentimiento, gérmen de virtudes. Y es esa la

l 272 1
DE LA LEYENDA NEGRA AL CULTO ARTIGUISTA

misión del historiador, o no tiene ninguna. No es


tanto la de enseñar, cuanto la de infundir ese senti­
miento racional. Si logra llenar esa misión, el historia­
dor artista será incluido, como el poeta, entre los
fundadores de la Patria. Se ha dicho que la lactancia
es la continuación de la obra de la generación. La
Historia hermana de la Poesía, es la lactancia de los
pueblos; continúa la obra generatriz de los héroes".
Pudo considerar coronada la misión que le había
ganado el título de uno de los fundadores, el 28 de
febrero de 1923 día en el que, sobre "el alto promon­
torio" en que estuvo asentada la Ciudadela de Mon­
tevideo, fue inaugurado el monumento a Artigas. Ese
día memorable, el poeta llamado alguna vez candoro­
so, dijo con la fe de un antiguo creyente: "Soy el viejo
rapsoda que recitaba al pueblo griego los poemas
homéricos mediante el salario de un cordero. La gloria
es la tradición, la permanencia del yo nacional a través
del tiempo. La tradición es la conversación de un viejo
con un niño a la sombra de un árbol... Estamos a la del
que tiene cien años; estamos a la sombra. Sigo mi dios
interior... entusiasmo ... en theos. Todos lo tenéis en
vuestras entrañas, señores, todos, el dios descono­
cido. Sólo Dios lo llena todo, y lo compenetra, y lo
sostiene. Yo no os diría la verdad, toda mi verdad, que

í 273 |
JUAN E. PIVEL DEVOTO

os debo en esta hora de sol, si no os dijera que es eso


lo que está vibrando en mi alma, en mi silencio, en las
lejanías a que os he conducido; en las infinitas leja­
nías: mi acción de gracias a Dios, porque me ha
permitido ver llegar este día, que he esperado la vida
entera; toda ella, lo mejor de mis horas y de mi sangre
está fundido en ese bronce sacro, y quisiera ahora
resonar, como bronce, en las palabras de mi boca".

Juan E. Pivel Devoto

1 274 1
ÍNDICE

Prólogo........................................................................... IX
Biografía......................................................................... XXI
Criteriode la Edición................................................... XXVII

De la Leyenda Negra al Culto Artiguista

I ...............................................................................................3
II .........................................................................................19
III .......................................................................................37
IV .......................................................................................55
V .......................................................................................84
VI ..................................................................................... 106
VII .................................................................................... 118
VIII ................................................................................... 135
IX ................................................................................... 151
X ......................................................................................167
XI ..................................................................................... 181

Apéndice

Mitre y Artigas. Un documento inédito.............................. 199


"Historia de D. José Artigas".............................................205
Apuntes de Bartolomé Mitre para una obra sobre Artigas ... 212
Prólogo a "La Epopeya de Artigas" de
Juan Zorrilla de San Martín................................................231
VOLÚM ENES P U B L IC A D O S

1. -Carlos María Ramírez: A rtigas.


2. -Carlos Vaz Ferreira: F ermentario.
3. -Carlos Reyles: El T erruño y Primitivo.
4. -Eduardo Acevedo Díaz: Ismael.
5. -Carlos Vaz Ferreira: Sobre los problemas sociales.
6 . - Carlos Vaz Ferreira: Sobre la propiedadde de la tierra.
7. - José María Reyes: D escipción G eográfica del del territorio
R epública O. del Uruguay. (T omo I).
de la
8. - José María Reyes:. D escripción G eográfica del T erritorio de
la R epública O riental del U ruguay. (T omo II)
9 . - Francisco Bauzá: E studios L iterarios.
10. - Sansón Carrasco: A rtículos .
11. - Francisco Bauzá: Estudios C onstitucionales.
12. - José P. Massera: E studios F ilosóficos.
13. - El Viejo Pancho: Paja B rava .
14. - José Pedro Bellán: D oña R am ona .
15. - Eduardo Acevedo Díaz: Soledad y el C ombate de la T apera.
16. - Alvaro Armando Vasseur: T odos los cantos.
17. - Manuel Bernárdez: N arraciones.
18. - Juan Zorrilla de San Martín: T abaré .
19. - Javier de Viana: G aucha .
20. - María Eugenia Vaz Ferreira: L a I sla de los C ánticos.
21. - José Enrique Rodó: Motivos de P roteo. (T omo I).
22. - José Enrique Rodó: Motivos de Proteo. (T omo II).
23. - Isidoro de María: M ontevideo A ntiguo. (T omo I).
24. - Isidoro de María: M ontevideo A ntiguo. (T omo II).
25. - Daniel Granada: Vocabulario rioplatense razonado. (T omo I).
26. - Daniel Granada: V ocabulario rioplatense razonado . (T om o II).
27. - Francisco Xavier de Viana: D iario de viaje. (T omo I).
28. - Francisco Xavier de Viana: D iario de viaje. (T omo II).
29. - León de Palleja: D iario de la campaña de las fuerzas aliadas
CONTRA EL PARAGUAY. (TOM O I).
3 0 . - León de Palleja: D iario de la campaña de las fuerzas aliadas
CONTRA EL PARAGUAY. (TOM O II).
31. - Pedro Figari: A rte, E stética, Ideal. (T omo I).
3 2 . - Pedro Figari: A rte, E stética, Ideal. (T omo II).
3 3 . - Pedro Figari: A rte, Estética, Ideal. (T omo III).
3 4 . - Santiago Maciel: Nativos.
35. - Alejandro Magariños Cervantes: E studios H istóricos, políti­
cos Y SOCIALES SOBRE EL RÍO DE LA PLATA. (TOMO I).
36. - Alejandro Magariños Cervantes: E studios H istóricos, políti­
cos Y SOCIALES SOBRE EL RÍO DE LA PLATA. (TOM O II).
37. - Juan Zorrilla de San Martín: L a E popeya de Artigas. (T omo I).
38. - Juan Zorrilla de San Martín: L a E popeya de A rtigas. (T omo II).
39. - Juan Zorrilla de San Martín: L a E popeya de A rtigas. (Tomo III).
40. - Juan Zorrilla de San Martín: L a E popeya de A rtigas. (Tomo
IV).-
4 1 . - Juan Zorrilla de San Martín. La E popeya de A rtigas. (T omo V).
42. - Juana de Ibarbourou: Las lenguas de diamante.
43. - Eduardo Dieste: Teseo - Los problemas del arte .
44. - José Enrique Rodó: A riel y L iberalismo y J acobinismo.
45. - Mateo Magariños Solsona: Pasar .
46. - Héctor Miranda: L as Instrucciones del año XIII. (T omo I).
47. - Héctor Miranda: L as I nstrucciones del año XIII. (T omo II).
48. - Martín C. Martínez: A nte la nueva C onstitución.
49. - José P. Várela: Obras Pedagógicas. La educación del pueblo.
(Tomo I).
5 0 . - José P. Várela: O bras P edagógicas. L a educación del pueblo.
(T omo II).
51. - José P. Várela: O bras Pedagógicas. L a legislación escolar.
(T omo I).
52. - José P. Varela: O bras P edagógicas. La legislación escolar.
( T omo II).
53. - Eduardo Acevedo Díaz: N a tiv a .
54. - Eduardo Acevedo Díaz: G rito de G loria.
5 5 . - Carlos Roxlo: S elección de Poesías.
56. - Antonio D. Lussich: Los tres gauchos orientales .
5 7 . - Elias Regules: V ersos criollos.
58. - Osvaldo Crispo Acosta: Motivos de crítica. (Tomo I).
59. - Osvaldo Crispo Acosta: Motivos de crítica. (Tomo II).
60. - Osvaldo Crispo Acosta: Motivos de crítica. (T omo III).
61. - Osvaldo Crispo Acosta: Motivos de crítica. (T omo IV).
62. - Carlos Reyles: B eba .
6 3 . - Eduardo Ace vedo Díaz: Lanza y S able.
6 4 . - Juan Zorrilla de San Martín: C onferencias y D iscursos. (T omo
I).
6 5 . - Juan Zorrilla de San Martín: Conferencias y D iscursos. (Tomo II).
6 6 . - Juan Zorrilla de San Maratín: C onferencias y D iscursos. (T omo
III).
67. - José P. Várela - Carlos María Ramírez: EL Destino Nacional
y la Universidad - Polémica. (Tomo I).
68. - José P. Varela - Carlos María Ramírez: E l D estino N acional
y la U niversidad - P olémica. (T omo II).
69. - Delmira Agustini: A ntología.
70. - Javier de Viana: S elección de C uentos. ( T omo I).
71. - Javier de Viana: S elección de C uentos. ( T omo II).
72. - Juan Manuel de la Sota: Historia del T erritorio O riental del
U ruguay. (T omo I).
7 3 . - Juan Manuel de la Sota: H istoria del T erritorio O riental del
U ruguay. ( T omo II).
74. - Benjamín Fernández y Median: C uentos.
75. - Joaquín Torres García: La Recuperación del O bjeto. ( T omo I).
76. - Joaquín Torres García: L a R ecuperación del O bjeto. ( T omo II).
77. - Agustín de Vedia: L a D eportación a la Habana.
78. - Martín C. Maratínez: E scritos Sociológicos (1881-1885).
79. - José E. Rodó: El M irador de P rospéro.(Tomo I).
80. - José E. Rodó: El M irador de P rospéro. (T omo II).
81. - Pedro Figari: E ducación y A rte.
82. - Francisco Acuña de Figueroa: A ntología .
83. - Romildo Risso: Poesías.
84. - Carlos Reyles: E nsayos. (T omo I).
85. - Carlos Reyles: Ensayos. (T omo II).
86. - Carlos Reyles: E nsayos. (T omo III).
87. - Ernesto Herrera: T eatro C ompleto. (T omo I).
88. - Ernesto Herrera: T eatro C ompleto. (T omo II).
89. - Víctor Pérez Petit: Los Modernistas. (T omo I).
90. - Víctor Pérez Petit: Los M odernistas. ( T omo II).
91. - Luis Melián Lafinur: L as mujeres de S hakespeare.
92. - Dámaso Larrañaga: Selección de escritos.
93. - Prudencio Vázquez y Vega: E scritos F ilosóficos.
94. - Carlos Reyles: L a raza de C aín.
95.- Francisco Bauzá: Historia de la dominación española en el
U ruguay. (Tomo I - Primera Parte).
95. - Francisco Bauzá: H istoria de la Dominación Española en la
U ruguay. (T omo I - Segunda P arte).
96. - Francisco Bauzá: H istoria de la Dominación E spañola en el
U ruguay. (T omo II).
9 7 . - Francisco Bauzá: Historia de la Dominación Española en el
U ruguay. (T omo III).
98. - Francisco Bauzá: H istoria de la Dominación E spañola en el
U ruguay. (T omo IV).
99. - Francisco Bauzá: H istoria de la Dominación E spañola en el
U ruguay. (T omo V).
100 - Francisco Bauza: H istoria de la Dominación E spañola en el
U ruguay. (T omo VI).
101. - Horacio Quiroga: S elección de C uentos. (T omo I).
102. - Horacio Quiroga: S elección de C uentos. (T omo II).
103. - Carlos María Ramírez: C onferencias de Derecho Constitucional.
104. - Fernán Silva Valdés: A ntología .
105. - Yamandú Rodríguez: S elección de C uentos. (T omo I).
106. - Yamandú Rodríguez: S elección de C uentos. (T omo II).
107. - Justino Zabala Muniz: C rónica de un crimen.
108. - Ramón Píriz Coelho: A necdotario del uruguayo Santiago
M arcos.
109. - Otto Miguel Cione: L auracha.
110. - Manuel Herrera y Obes -B ernardo Prudencio Berro: E l C audi-
LLISMO Y LA REVOLUCIÓN AMERICANA - POLÉMICA.
111. - Bernardo Prudencio Berro: Escritos Selectos.
112. - Lorenzo Barbagelata: Estudios Históricos.
113. - Julio Herrera y Reissig: O bras Poéticas.
114. - Gregorio Pérez Gomar: C onferencias sobre el Derecho N atural
como Introducción al C urso de D erecho de G entes.
115. - Gregorio Pérez Gomar: C urso Elemental de Derecho de G entes.
(T omo I).
116. - Gregorio Pérez Gomar: C urso Elemental de Derecho de G entes.
(T omo II).
117. - Francisco Espinóla: Raza C iega y otros C uentos.
118 - Juan Andrés Ramírez: Dos E nsayos Constitucionales.
119.- Rafael Barrett: C artas Intimas con notas de su viuda, F rancisca
L ópez M aíz de B arrett .
120. - Andrés Héctor Lerena Acevedo: Praderas S oleadas y otros
Poemas .
121. - Florencio Sánchez: T eatro . ( T omo I).
122. - Florencio Sánchez: T eatro . ( T omo II).
123. - Juana de Ibarbourou: A ntología .
124. - Gustavo Gallinal: C rítica y arte - T ierra E spañola.
125. - Gustavo Gallinal: L etras uruguayas .
126. - Horacio Quiroga: H istoria de un amor T urbio.
127.- Pedro Leandro Ipuche: S elección de Prosas. ( T omo I).
128.- Pedro Leandro Ipuche: Selección de Prosas. ( T omo II).
129. - César Díaz: M emorias.
130. - José M. Pérez Catellano: C rónicas H istóricas.
131. - José M. Pérez Castellano: O bservaciones sobre A gricultura.
( T omo I).
132. - José M. Pérez Castellano: O bservaciones sobre A gricultura.
( T omo II).
133. - Roberto Sienra: Paráfrasis.
134. - Emilio Oribe: Poética y Plástica . ( T omo I).
135. - Emilio Oribe: Poética y P lástica. (T omo II).
136. - JoséG. Antuña: Un Panorama del E spíritu. El “A riel” de Rodó .
( T omo I).
137. - José G. Antuña: Un Panorama del Espíritu. E l “A riel” de Rodó.
( T omo II).
138 - Adolfo Montiel Ballesteros: S elección de C uentos .
139. - Antología de los P oetas M odernistas M enores.
140. - Francisco Bauzá: E studios Sociales y Económicos. (T omo I).
141. - Francisco Bauzá: E studios S ociales y Económicos. (T omo II).
142. - Francisco Soca: S elección de D iscursos. (T omo I).
143. - Francisco Soca: Selección de D iscursos. ( T omo II).
144. - Francisco Soca: Selección de D iscursos. ( T omo III).
145. - Francisco Bauzá, José Pedro Ramírez, Agustín de Vedia, José
Espalter, Gustavo Gallinal. Juan Zorrilla de San Martín,
Felipe Ferreiro: L a Independencia N acional . ( T omo I).
14 6 . - Pablo Blanco Acevedo: L a Independencia N acional. (T omo II)
147. - Carlos Ferrés: E poca C olonial. L a C ompañía de J esús de en
M ontevideo.
148 - Mariano B. Berro: L a Agricultura C olonial.
149. - Pablo Blanco Acevedo: E l Gobierno C olonial en el Uruguay y
los O rígenes de la Nacionalidad. (T omo I).
150. - Pablo Blanco Acevedo: EL G obierno C olonial en el Uruguay
y los O rígenes de la Nacionalidad. (Tomo II)
151. - Luis Arcos Ferrand: La C ruzada de los T reinta y T res.
152. - Carlos María Ramírez: P áginas de historia.
153. - Valentín García Sáiz: El Narrador Gaucho. Selección de cuentos.
154. - Juan Zorrilla de San Martín: E nsayos. E l S ermón de la P az.
(T omo I).
155. - Juan Zorrilla de San Martín: E nsayos. E l L ibro de Ruth. (T omo
II) .
156. - Juan Zorrilla de San Martín: E nsayos. Huerto C errado. (T omo
III) .
157. - Francisco Acuña de Figueroa: D iario Histórico del sitio de
Montevideo en los a Nos 1812-13-14 (T omo I).
158. - Francisco Acuña de Figueroa: D iario Histórico del sitio de
Montevideo en los aNos 1812-13-14. (T omo II)
159. - Luciano Lira: E l Parnaso O riental o G uirnalda Poética de la
R epública uruguaya. (T omo I).
160. - Luciano Lira: E l parnaso oriental o guirnalda poética de la
R epública uruguaya. (T omo II).
161. - Luaciano Lira: E l parnaso oriental o guirnalda poética de la
R epública uruguaya. (Tomo III).
162. - Mario Falcao Espalter: E ntre dos siglos.
163. - Juan Antonio Rebella: Purificación. S ede del Protectorado de
“Los P ueblos Libres” (1815 -1818).
164. - Juan Zorrilla de San Martín: L a Leyenda Patria.
165. - Carlos Sabat Ercasty: Antología (T omo I).
166. - Carlos Sabat Ercasty: Antología (T omo II).
167. - Serafín J. García: T acuruses.
168. - Serafín J. García: A ntología (T omo I).
169. - Serafín J. García: Antología (T omo II).
170. - Bartolomé Hidalgo: O bra Completa.
171. - J uanE. Pivel Devoto: De la Leyenda Negra al Culto Artiguista
172. - E nrique Amorim: L a C arreta
173. - MiltonStelardo:C uentosSelectos
174. - M aría de M ontserrat: E l país S ecreto
175. - F rancisco Espínola: Sombras Sobre la T ierra
El presente volumen centesimo septuagésimo primero
de la Biblioteca Artigas-Colección de Clásicos
Uruguayos se terminó de imprimir en Montevideo
en los Talleres de Multigráfica S.A.
el 31 de diciembre del año 2004.

Edición amparada en el Art. 79 de la Ley 13.349


ISBN: 9974-36-089-7
Depósito Legal N° 334944

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ARCHIVOGENERAL DE LA NACIÓN
Centro de Difusión del Libro

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