Artículos de EMM para la Sesión 1.
(He puesto estos 4, mirar cuáles añadir)
37. Somos evangelizadores del mundo, viviendo en medio del mundo. Como sal en
la comida, manifestamos la profundidad que se esconde en la vida cotidiana, e
inmersos en ella, testimoniamos las tres dimensiones de la misión de Cristo:
consagrar el mundo a Dios, ser profeta de un futuro distinto y estar al servicio
de los demás.
39. Atentos a los signos de los tiempos y encarnados en la realidad con
nuestras relaciones y el servicio. Mostraremos el rostro amoroso de Dios.
42. Esta es nuestra misión: contribuir a que las nuevas generaciones descubran el
rostro de Dios y tengan vida en abundanciai. Siguiendo las huellas de Champagnat,
también nosotros debemos responder al grito de los Montagneii que tenemos
alrededor. No podemos ver un niño sin amarle y decirle cuánto le ama Dios iii.
- Consagramos el mundo ayudando a los jóvenes a descubrir el sentido de su
existencia y a ser capaces de tomar la vida en sus manos, a la luz de la fe.
- Somos profetas con los jóvenes anunciándoles que la vida en sí misma es
maravillosa, que vale la pena luchar por construir un mundo mejor. Les animamos a
ser críticos con la sociedad que les rodea y les invitamos a comprometerse a
transformar ese sueño en realidad.
Somos también servidores de los jóvenes, estando junto a ellos y siendo referencia
para sus vidas, permaneciendo atentos a sus necesidades y acompañándoles en
sus aciertos y errores, en sus dudas y aspiraciones
43. La misión marista es única, realizada a través de una diversidad de tareas, ya
sea el ejercicio de la profesión, la dedicación voluntaria, la familia o la oración. La
pluralidad laical hace que las labores sean muy múltiples. Podemos compartir la
misión marista en cualquier trabajo, vivido desde la fe.
i Jn. 10,10
ii Jean-Baptiste Montagne era un adolescente pobre, sin ningún conocimiento de Dios, que vivía en la parroquia
de La Valla, y que fue atendido por Marcelino horas antes de su muerte. Se ha convertido en el arquetipo de todos
aquellos niños y jóvenes a los que debe dirigirse la misión marista. (Cf. Jean Coste, SM, Origines Maristes, IV, p. 120)
iii Cf. H. Juan Bautista, Vida de José-Benito-Marcelino Champagnat. Ed. del Bicentenario, Edelvives, 1989, p. 504.
Artículos EMM Sesión 2 para pegarlos o imprimirlos debajo de los manteles. (Revisar, añadir, quitar... )
69. El espíritu de familia es una forma de ser que nos sana como personas y nos
transforma. Nos hace confiar en el otro, aceptar los propios límites y sacar a la luz lo
mejor que Dios nos ha dado. Cuando no hay nada que aparentar, sólo queda disfrutar del
encuentro con el otro.
70. De este espíritu, nacen los detalles con los demás, que nos caracterizan. Como
Marcelino, cultivamos entre nosotros las pequeñas virtudes: perdonar las ofensas diarias,
comprender las razones del otro y ponerse en su lugar, estar alegres, prever las
necesidades de los demás y ser solícitos en el servicio con sencillez, ser pacientes y
afables, saber dejar paso a los otros cuando les toca actuar… De esta manera se nutre
nuestra vida diaria y va ganando en profundidad.
72. Como María, salimos al encuentro de quien nos necesite, vamos a visitar a Isabel,
nos gozamos en la mutua compañía y creamos familia juntos. Estamos atentos a los
novios en Caná, ofrecemos nuestra ayuda con sencillez y nos unimos en la celebración
del vino bueno. Oramos unos por otros en Jerusalén, vivimos la fraternidad y
engendramos así una comunidad en el Espíritu.
79 La comunión entre laicos y hermanos complementa y enriquece nuestras vocaciones
específicas y diferentes estados de vida. No sólo hay lugar para unos y otros en la mesa, sino
que nos necesitamos mutuamente al lado.
80. Este compartir requiere tiempos en común. En torno a la mesa se reúnen las
personas para hablar, para reír, para estar juntos.
92. En bastantes lugares, los laicos experimentan la vida de comunidad en diferentes
estructuras y obras del Instituto (comunidades educativas en escuelas y obras sociales,
comisiones provinciales, equipos de animación) y en otros grupos maristas, aportando su
propio color al arco iris de expresiones del carisma.
93. La vida compartida laical, animada por el Espíritu, está creciendo y adquirirá nuevos
estilos en el futuro. Si estamos abiertos a aprender unos de otros, fortaleceremos juntos
la misión y la espiritualidad maristas.
porque me siento marista y laico por vocación, o sea, corresponsable de lo que significa
ser maristas, como iguales, partícipe de una misma espiritualidad y misión desde un
estado de vida diferente. (España)
95. La corresponsabilidad en la misión ha dado impulso a asambleas, capítulos,
comisiones y equipos provinciales donde laicos y hermanos trabajan codo a codo. En
otros lugares, se han creado estructuras donde se comparte la gestión y animación
provincial. Los laicos no sólo se implican en la misión sino que participan en su
planificación conjunta. También se han instituido consejos provinciales ampliados, en
los que se trabaja unidos para responder mejor a las necesidades actuales.
96. Las comunidades maristas laicales ofrecen un escenario renovado de vida marista,
un marco de referencia para el carisma que puede dar un nuevo impulso a la misión
aunque, en estos momentos, el número de hermanos disminuya.
97. La comunión va más allá de la misión. Jesús nos llama a beber juntos del agua
viva, a reunirnos para orar, a compartir la espiritualidad desde el corazón.
Necesitamos seguir desarrollando estructuras que impulsen esta dimensión, como
retiros de laicos y hermanos, experiencias de formación conjunta y vitalidad
carismática, u otros apoyos.
Artículos EMM de Espiritualidad para la oración con María. (Creo que sería mejor
elaborar un folio por delante y por detrás y dárselo al entrar en el oratorio)
100. Espiritualidad es vivir en y desde Dios. La espiritualidad es como la savia del
árbol. No está a la vista, pero sostiene, hace crecer y da fruto. De igual manera,
los cristianos experimentan que la fuerza del Espíritu da sentido a su existencia,
alimenta sus convicciones e impulsa sus acciones.
101. Espiritualidad es querer vivir desde la raíz, no sólo en la superficie. El ser
humano abierto a la espiritualidad descubre que cada instante es un tiempo de
oportunidad. Es capaz de mantener la esperanza en la alegría y el dolor, apuesta
por vivir a fondo cada instante de esta existencia maravillosa y difícil. Esto no se
confunde con una religiosidad ritualista, sino que conduce a un cambio real de
vida.
“La espiritualidad abarca todo lo que somos, los elementos que configuran nuestra vida, nuestras
relaciones, nuestros dones, las alegrías y las penas, nuestros sueños y estados de ánimo, las luchas y los
fracasos... todo. Como cristianos que somos, vemos el rostro, la mano, la palabra, el aliento de Dios en cada
uno de los aspectos de la vida humana, de la creación y de lo que está más allá de lo que vemos y
palpamos.
El regalo más grande que hemos recibido es el don del amor, un amor incondicional. En esa experiencia
personal de sentirse amado, de saberse querido por Dios encontramos la vida. Este sentimiento es básico
para los cristianos. Cada uno necesita verse proyectado a la vida por el amor, y entonces nuestro itinerario
existencial se torna hondamente afectivo a la vez que efectivo apostólicamente.
Esto lo vemos diáfano en la persona de Champagnat, siempre tan sensible a las necesidades que contempla
alrededor”.
110. María es nuestro modelo de seguimiento de Jesús. Ella abre su vida para que
Dios la modele como arcilla entre sus manos: Hágase en mí, según tu palabra.
Primera discípula, guardaba todas las cosas, meditándolas en su corazón.
Escucha, acoge y da fruto. Hacemos presente a Jesús a través de los rasgos de
María.
111. María, mujer laica, es también para nosotros modelo de vida sencilla y laboriosa.
Junto a ella y a José, Jesús aprende a relacionarse, a ver el mundo y a descubrir
su vocación. Como ella, evangelizamos y educamos con la presencia. En
nuestras familias, en los lugares de trabajo, en el encuentro con los amigos y
vecinos, hacemos visible el rostro materno de la Iglesia al estilo de María.
112. Comprometidos en los procesos de liberación de los excluidos, proclamamos el
Magníficat de María, sabiendo que Dios es el que impulsa y sostiene nuestros
esfuerzos por conseguir un mundo en el que los hambrientos son colmados de bienes.
113. La imagen de María que Marcelino eligió para sus hermanos es también nuestro
símbolo: la Buena Madre. Queremos que nuestras relaciones estén impregnadas de su
ternura y cercanía. Con esas entrañas de misericordia, presentamos al mundo el gran
don de Dios hecho niño.
114. Sentimos una confianza especial en María. Como Marcelino, confesamos que ella lo
ha hecho todo entre nosotros, y es nuestra costumbre ir a Cristo a través de su amor
de Madre. La devoción a María nos centra en Jesús y nos sostiene en el camino del
evangelio.
Las frases para las cartulinas que hay que poner alrededor de María serían:
Hágase en mi según tu palabra.
Guardaba y meditaba todas estas cosas en su corazón.
Primera discípula.
Evangelizamos y educamos con la presencia.
Hacemos visible el rostro materno de Dios.
Proclamamos el Magnificat.
Nuestras relaciones están impregnadas de su ternura y cercanía.
Como Marcelino confesamos que Ella lo ha hecho todo entre nosotros.
Para las “tareas” al final de la oración:
Para el Tercer encuentro: