Boletin 215
Boletin 215
ABANDONO
Padre mío,
me abandono a Ti.
Lo que hagas de mí
te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.
2
Boletín Trimestral Octubre – Diciembre 2022
Asociación C. ÉPOCA IX – nº. 215
(2022)
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Manuel Pozo Oller
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3
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Iesus Caritas de acuerdo con los datos que figuran arriba.
Fecha: ___ de __________ de 202__ Firma
4
EDITORIAL
BUSCAR PARA HALLAR A DIOS
Me agrada el título que hemos escogido en el Consejo de
Redacción para este número de nuestro BOLETÍN: Carlos de
Foucauld: La búsqueda de la verdad, itinerario para la libertad. La
vida del Hermano Carlos, en efecto, está hilvanada por ese deseo
vital de búsqueda de la verdad como medio para encontrar la
libertad. Viene a mi mente las clases de filosofía de un eminente
profesor, discípulo de Enmanuel Lévinas, donde se nos enseñaba
que la verdadera libertad «no es la del pájaro sino la de la flor»
y en esa sujeción, cultural, psicológica y espiritual, hemos de
madurar y crecer buscando alcanzar las estrellas.
Cuando se pensó en este número alguien del Consejo de
Redacción creyó que sería interesante reflexionar sobre, por así
llamarlo, una psicobiografia del Hermano Carlos en la que se
rastreara su vida y su concreta realidad como condicionante y al
tiempo impulso para la búsqueda de la verdad y la libertad. En
verdad, contamos con muchas biografías del Hermano Carlos y,
en general, muy bien documentadas, pero se echa en falta
ahondar en el alma de este peregrino de la verdad para leer en
sus frecuentes fracasos y en su insatisfacción permanente la
suave mano de la Providencia que recorría junto a él los
desiertos de la vida para llevarle al oasis donde, a modo de agua
fresca, se puede vislumbrar la verdadera libertad. La vida de
Carlos de Jesús se parece a la arena movediza del desierto que
no encuentra descanso llevada de un lugar a otro por el viento
en un anhelo insaciable de libertad.
La Hermanita Annie nos recuerda la importancia de la
oración para atravesar el desierto de la vida. Ella escribe con
acentos ignacianos que «para conocer un camino no hay otra
manera que adentrarse en él». Ciertamente que el Espíritu
Santo es el soplo constante que anima el alma en la búsqueda de
la plenitud y es maestro que todo recrea y enamora.
5
La trayectoria vital del Hermano Carlos en las etapas de
la Trapa y Nazaret es presentada al lector en este número por
Mª. Carmen Picón. El artículo que nos ofrece se fija en las
etapas inmediatamente posteriores a su conversión. La sección
se cierra con una sencilla glosa a los textos del Hermano Carlos
que hablan del deseo y la búsqueda de Dios. Son textos
espléndidos del peregrino de la verdad.
En la sección de Testimonios y Experiencias ofrecemos
a los lectores dos testimonios, un laico de la Fraternidad secular
y un Hermano del Evangelio. Josemari Romero dirá del
Hermano Carlos: «En estas mediaciones junto a mí ha estado
permanentemente, como inspiración y como salvaguarda, un
tronco viejo y seco, sin oropeles ni brillos, sin aureolas, pero que
me ha salvado del naufragio». El diario del Hermano Roger
Brégeon es una historia de enamoramiento con el Señor de la
Vida que le lleva a vivir en sencillez intentando seguir y
configurarse con el Maestro.
En la sección de Ideas y Orientaciones contamos con la
valiosa colaboración del P. Andrea Mandonico, vicepostulador
de la causa de canonización del Hermano Carlos, que nos
presenta a el hermano universal como el buscador de la verdad
de la mano del Espíritu Santo que «solo Él conoce en
profundidad el corazón humano». Su colaboración es un lujo
para nuestro BOLETÍN. Aurelio Sanz, gran conocedor del
carisma foucauldiano, con imaginación creativa y escritura
cercana bucea en el alma del Hermano Carlos con un estilo
cercano, novedoso y valiente.
La sección Paginas para la Oración nos trae el ejemplo
luminoso de Edith Stein, buscadora de la verdad en el mundo
contemporáneo, junto a las oraciones de san Próspero de
Aquitania y san Agustín que preceden a la memoria de la
canonización con un ramillete de testimonios escogidos.
6
Desde
la Palabra
7
«¿Por qué entré en la Trapa? Por amor, por puro
amor… Amo a nuestro Señor Jesucristo, aunque con
un corazón que querría amar más y mejor, pero, en
fin, le amo, y no puedo soportar llevar una vida
distinta a la suya, una vida tranquila y honorable
cuando la suya fue la más dura y la más despreciada
que haya existido… no quiero recorrer la vida en
primera clase mientras que Aquél a quien amo la ha
recorrido en la última».
Carta a Henry Duveyrier, 1890
8
CAMINO DE ORACIÓN CON
EL HERMANO CARLOS DE JESÚS
11
DULCE LUZ
I
¿Quién eres tú, dulce luz que me llena
e ilumina la oscuridad de mi corazón?
Me conduces igual que una mano materna
y si me soltaras, no sabría ni dar un paso.
Tú eres el espacio que envuelve todo mi ser y lo encierra en sí,
abandonado de tí caería en el abismo de la nada,
de donde tú lo elevas al Ser.
Tú, más cercano a mí que yo misma
y más íntimo que mi intimidad,
y, sin embargo, inalcanzable e incomprensible,
y que todo nombre haces explotar:
¡Espíritu Santo – Amor Eterno!
II
¿No eres Tú el dulce maná
que del corazón del Hijo en el mío fluye,
alimento de los ángeles y de los bienaventurados?
Él, que de la muerte a la vida se elevó,
Él me ha despertado también a mí a nueva vida,
del sueño de la muerte.
Y nueva vida me da, día tras día.
Y un día su abundancia me colmará,
vida de tu vida, sí, Tú mismo:
¡Espíritu Santo – Vida Eterna!
III
¿Eres Tú el rayo que desde el Trono del Juez eterno cae
e irrumpe en la noche del alma,
que nunca se ha conocido a sí misma?
Misericordioso e inexorable penetra en los escondidos pliegues.
Se asusta al verse a sí misma,
Concede lugar al santo temor,
principio de toda sabiduría que viene de lo alto,
y en lo alto con firmeza nos amarra a tu obra,
que nos hace nuevos,
¡Espíritu Santo – Rayo penetrante!
STA. TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ
12
En las huellas del
Hermano Carlos
13
«¿Qué son el Magnificat y el Benedictus sino
maravillosas alabanzas?... La admiración forma
parte fundamental de todo amor verdadero: es su
fundamento, su causa; el motivo del verdadero amor
es el bien, la perfección que hay en el ser amado; ese
bien, esa perfección suscitan la admiración; tras la
admiración y como algo apenas distinto de ella,
viene el amor».
Meditaciones sobre el Antiguo Testamento.
Salmo 46. Roma, 1896
14
CARLOS DE FOUCAULD: BUSCADOR DE LA VERDAD
LA TRAPA Y NAZARET (1ª Etapa)
1
Cf. R. QUESNEL, Carlos de Foucauld. Las etapas de una búsqueda
(Bilbao 1967).
2
El P. Huvelin orienta a Carlos hacia el monasterio de Aiguebelle, el
más alto de Francia. Esta abadía, bajo el patrocinio de Ntra. Sra. de las
Nieves, se hallaba situada en una región árida con fríos inviernos. A
los seis meses pide el traslado a un monasterio de la misma orden más
pobre en Siria. Llega a éste el 9 de julio de 1890. Después, ante sus
constantes inquietudes de mayor austeridad, se le envía a la trapa de
Staouéli, cerca de Argel. De allí saldrá para Roma a estudiar teología
para preparase a la ordenación de presbítero.
15
febrero de 1892, pronuncia sus votos simples de pobreza,
castidad y obediencia, y recibe la tonsura. Todo un itinerario de
desprendimiento. Sin embargo, a pesar de tanto desasimiento,
no encuentra la paz en su alma. No encuentra tampoco la
pobreza y la abyección que había ido a buscar al convento como
comentará lamentándose:
«¡No! Nosotros somos pobres para los ricos, pero no pobres
como lo era Nuestro Señor; pobres como yo lo era en
Marruecos, no lo somos como lo fue san Francisco.
Se me ha enviado a orar junto a un pobre obrero indígena
católico, muerto en una choza vecina. ¡Qué diferencia entre
esa casucha y nuestras celdas! ¡Suspiro en pos de Nazaret!
Se ama tan poco la pobreza en torno a mí, se ama tan poco la
austeridad, somos tan poco deseosos de seguir a Jesús... que a
veces temo perder también la estima por esas virtudes»3.
En tal situación comienza a criticar el modo de vida de
los trapenses que han convertido el convento en una verdadera
industria en la que trabajan obreros asalariados y donde los
monjes ocupan puestos relevantes de gobierno e, incluso,
dirigen la empresa. Según su parecer, en la Trapa se tiene el
deseo de vivir pobremente, pero no el de ser pobre como la
familia de Nazaret o como las familias obreras que viven en
torno a la abadía. Busca una vida en pobreza radical y no se
contenta con una penitencia artificial y prudentemente limitada,
como la que vive en el monasterio, con posesiones, riquezas e
inmuebles. Por el contrario, considera que la pobreza de
Nazaret, de los hogares indígenas, de las familias obreras, es una
pobreza real, ilimitada, sin seguridad alguna. Y el Hno. Marie
Albéric reprocha también a la vida monástica que los monjes
abandonen el trabajo matinal tres horas al día para dedicar este
tiempo al estudio. Con ingenuidad evangélica ante esta situación
de la vida monástica propone el ejemplo de san José que llegó a
gran santo sin haber estudiado teología.
3
OE 72. Carta a la Sra. de Bondy, Trapa de Akbès, 10 abril 1894
16
Parecida crítica hace a la liturgia. Siente malestar por la
recitación y canto del Oficio divino en lengua latina, aunque
reconoce que es hermoso, porque advierte que los pobres no
saben orar de ese modo. Se plantea la cuestión de posibles
vocaciones auténticas que se detienen en el umbral del
monasterio por falta de cultura clásica. Presiente ahí el ardiente
problema de las vocaciones sacerdotales que chocan con cierto
estilo de seminario, con un modo de ser de los estudios
eclesiásticos. Desea que la liturgia se celebre en una lengua más
accesible a la gente sencilla evitando así que ésta esté reservada
solamente para una aristocracia intelectual de iniciados. Y, ante
tal estado de cosas, surge espontáneamente en su corazón la idea
de fundar una nueva Orden en la Iglesia, una Orden en la que
las personas sin letras encuentren su puesto en igualdad
absoluta con otras personas cultivadas viviendo en comunidad
en una casa semejante a las de los pobres y donde cada uno se
gane su sustento con el trabajo manual viviendo con los más
excluidos y necesitados de la sociedad. En la nueva Orden se
oraría día y noche, de manera ininterrumpida, por la salvación
de todos los hombres, en un lenguaje comprensible a todos,
sobre todo a los menos cultos. De este modo, aquellos a quienes
Jesús más ama, los más pobres, podrían llegar a una vida
contemplativa.
El Hno. Maria Albéric se siente extraño con el ritmo y
vida de la comunidad trapense. Son años interminables donde
va concretando su ideal de Nazaret en la redacción de una Regla
para la Orden que pretende fundar. Pero la crisis llega a su
desenlace. La salida de la vida monástica está decidida. El Hno.
Marie Albéric pregunta al P. Huvelin los pasos que debe dar
para dejar la Orden y no cometer imprudencias. Se le aconseja
que vaya a la abadía de Staouéli (cerca de Argel) y se someta a
las decisiones del padre abad de aquella Trapa. Tres semanas
después le comunican que debe estudiar teología por dos años,
luego se alargarían a tres, en la Universidad Gregoriana de
Roma.
17
La noche del 23 de enero de 1897 le despierta
bruscamente el padre abad, que le anuncia la noticia de que tiene
permiso para abandonar la Trapa. En este ambiente monástico
ha pasado siete años y dos meses.
Al salir de la Trapa, el Hno. Marie Albéric, recupera su
nombre de bautismo y ante su confesor pronuncia los votos de
castidad y pobreza y se viste de seglar. En unos días se embarca
para Tierra Santa, el 14 de febrero de 1897. Tenía en este
momento 39 años4.
Ciertamente que su salida de la Trapa en enero de 1897,
lo mismo que lo fuera su entrada y estancia en ésta, fueron
llevados por el deseo de imitar radicalmente la vida del Jesús
terreno. Su situación preocupa y ocupa a muchos:
«Nuestro buen padre general me atiende, examina mis
sentimientos, reflexiona sobre mi vocación, reza, reúne a su
consejo, y todos, por unanimidad, declaran que la voluntad de
Dios es que yo siga este camino de abyección, de pobreza, de
humilde trabajo manual, esa vida de obrero de Nazaret que Él
mismo me enseña desde hace tanto tiempo […] Pero donde
yo he tenido necesidad de obediencia, es que, antes de que él
hubiera tomado esta decisión, yo había prometido a Dios
hacer todo lo que me dijese mi padre […] Pues no buscando
nada en absoluto, más que la voluntad de Dios, y teniendo
unos superiores que también la buscan exclusivamente, era
imposible que Dios no diese a conocer su voluntad»5.
Sus años de vida comunitaria sujeto a la Regla trapense
enseñará al Hno. Marie Albéric el sentido y la estabilidad de la
vida religiosa, la vida comunitaria, el valor del trabajo manual y
de la obediencia a los superiores al tiempo que constataba que
su lugar no estaba en el recinto del monasterio trapense6. Carlos
1898, en Nazaret.
19
«Me he establecido en Nazaret […] El Buen Dios me ha
hecho hallar aquí, del modo más perfecto posible, lo que
andaba buscando: pobreza, soledad, abyección, trabajo
humilde, oscuridad completa, imitación perfecta, en la medida
de lo posible, de lo que fue la vida de Nuestro Señor en esta
misma Nazaret […] Aquí he abrazado la existencia humilde
y oscura de Dios, trabajador de Nazaret”9.
En Nazaret permanece tres años. Durante este tiempo
su estilo de vida está en contradicción completa con su
personalidad y su dinamismo natural. Vive como un ermitaño y
al estilo de un ermitaño. Dedica la mayor parte de su día a la
oración y a la práctica de ejercicios piadosos, consagrando, cada
día, largos momentos a la meditación, poniendo por escrito
comentarios, principalmente del Evangelio y de las fiestas
religiosas. Se siente satisfecho:
«En mi cabaña de tablas, junto al sagrario de las clarisas, en
mis jornadas de trabajo y en mis noches de oración, poseo
perfectamente cuanto he buscado y deseado durante ocho
años, y me resulta evidente que el buen Dios me había
preparado este lugar, y que mi existencia en su Nazaret, que
desde hace mucho brillaba ante mis ojos, consiste
precisamente en la imitación de la vida oculta de Nuestro
Señor, en su oscuridad y pobreza […]»10.
El período de Nazaret está lleno de contradicciones. El
P. Huvelin encuentra dificultad para seguir y orientar a una
personalidad tan propensa a proponer iniciativas y proyectos
descabellados, entre otros, su proyecto de comprar el Monte de
las Bienaventuranzas. De todos sus deseos y proyectos de este
tiempo de Nazaret, el único que se queda como definitivo será el
sacerdocio.
En este momento su vida y su espiritualidad dan un paso
hacia adelante. Él que se trasladó a Nazaret para imitar, estar
como Jesús y seguirle en los callejones de Nazaret, ahora le
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encuentra en la presencia real y misteriosa de la Eucaristía.
Descubre que ha de imitar a Jesús, no solamente en su vida
escondida en Nazaret y en su retiro en el desierto sino también
en su vida pública y sobretodo en su pasión, muerte y
resurrección, ofreciendo el sacrificio pascual en cada Misa. Y su
pensamiento va más allá vislumbrando con claridad que el
banquete de la Eucaristía le exige ser su servidor para llevarlo
a los más alejados. Aparece en su espiritualidad dos ejes
fundamentales que ocuparán toda su vida, a saber, la Eucaristía
y el servicio a los más pobres como hermano universal.
Por consiguiente, en Nazaret toma conciencia de la
importancia del sacerdocio en su proyecto apostólico11. Una
larga carta del 27 de enero de 1897 dirigida al P. Jerónimo12,
cuando se prepara para su ordenación sacerdotal, presenta esta
visión misionera de la eucaristía que ha de llevarse a los más
lejanos y desfavorecidos.
Ha comprendido que puede vivir la humildad del
abajamiento siendo sacerdote, practicándola como la practicó
Jesús. Embarca desde Jaffa para Francia para ordenarse
sacerdote quedando incardinado en la diócesis de Viviers13.
Mª DEL CARMEN PICÓN SALVADOR
11 El Hno. Carlos se levanta a orar todos los días a las dos de la mañana
y compagina la oración con el trabajo manual hasta la caída de la
tarde.
12 Religioso trapense. Cf. OE, o.c., 80-82.
13 Cf. J. RIBON, «Charles de Foucauld et le diocèse de Viviers», Actes
23
UN TRONCO SECO Y ENORME
HA ACOMPAÑADO MI VIDA
26
Málaga, Antonio Calderón y Mari Paz deciden iniciar una
Fraternidad Secular en Sevilla. Miguel, que por entonces ya
vivía en Málaga, había guardado el teléfono durante más de una
década y se lo había facilitado a Antonio. Desde entonces inicio
torpemente la vida en una fraternidad Secular, a tientas,
aprendiendo, a veces dudando, pero han pasado más de
veinticinco años y aquí seguimos en este camino de búsqueda y
de libertad, aprendiendo de las personas que permanecen,
también de las que pasaron y prosiguieron por otro camino.
Haciendo de la debilidad fortaleza, confiando que la escasez de
medios humanos hará brillar con más fuerza la sobreabundancia
del Evangelio.
Durante todos estos años, me ha servido enormemente
la búsqueda a tientas del camino de seguimiento del “Modelo
Único”: “¿Que haría Jesús en mi lugar?” No siempre he
acertado. Es más, he tenido grandes confusiones, intentos,
retrocesos, he transitado por caminos nada ortodoxos, he
frecuentado ambientes dispares, pero el tronco que flota estaba
junto a mí, he aprendido a ver en las personas hermanos,
amigos, por compartir la vida, ni siquiera el pensamiento o la fe,
sino sencillamente la vida.
En los años de profesión han sido muchas las vivencias,
y la inspiración del Hermano Carlos y su seguimiento de Jesús
me ha enseñado a ver en toda persona un hermano, una hermana
querida, independientemente de la situación en la que se
encuentre. No es fácil expresar esto, pero podría contar casos
como el de un detenido que al final terminamos confiándonos
situaciones familiares y con un apretón de manos.
En este recorrido por el mar de mi vida, no solo ha sido
vivir en un trabajo como funcionario público defensor a ultranza
de los Derechos Humanos, con grandes fallos y grandes
momentos de cobardía. No solo militante de una organización
política durante años y años, con lo que esto conlleva de
prosaico y de utopías y de pragmatismo. También he hecho
títeres, y he adquirido compromisos por defender el medio
ambiente y lo público en los momentos de cierto peligro. La
27
fuerza la busqué en el “Señor de lo Imposible” que diría
Madelaine. He transitado por muchos caminos, he tanteado
muchas realidades, tal vez demasiadas, pero ahora miro para
atrás y veo que junto a mí ha estado permanente esa inspiración
de Carlos de Foucauld y su búsqueda de la voluntad del Único
Modelo, voluntad que para mí personalmente es sinónimo de
libertad, libertad de la buena, de la que nos hace crecer y crecer
con los demás y las demás.
Ahora, ya jubilado, viviendo en el campo prácticamente,
cuidando encinas y alcornoques que riego y cuido cada día dada
su pequeñez, mirando los pájaros, las plantas, dejando que
crezcan en libertad, cuidándolas y sintiendo que no me queda
por escribir muchos renglones, que aún no sé ni cómo los
escribiré ni de qué tratarán, pero mirando junto a mí a ese
tronco que ha impedido, hasta ahora, que naufrague en las aguas
de la vida por las que he navegado.
Doy gracias a Dios por esta vida, vivida en las búsquedas
de la utopía y bregando con el día a día en organizaciones
populares y en un partido político. En estas mediaciones junto a
mí ha estado permanentemente, como inspiración y como
salvaguarda, un tronco viejo y seco, sin oropeles ni brillos, sin
aureolas, pero que me ha salvado del naufragio. Seguimos
navegando hacia el puerto de la utopía humana y del Reino.
Espero solamente, y eso ruego, que al menos no sea yo un
obstáculo en la instauración del Reino de la Justicia y la Libertad
Salú y libertá.
JOSEMARI ROMERO
Fraternidad Secular de Sevilla
28
DIARIO DE ROGER BRÉGEON (Nyons)
35
LA VERDAD EN CARLOS DE FOUCAULD
A menudo nos mortificamos porque parecemos vivir
fuera del proyecto o ideal emprendido, fuera del horizonte
cristiano aceptado: sentimos que hay algo que nos detiene, como
si estuviéramos impedidos de ser auténticamente nosotros
mismos, según esa originalidad que Dios nos ha dado y puesto
en los corazones de cada uno. Quisiéramos hacer algo más, pero
siempre quedamos pasivos, casi prisioneros de nosotros mismos,
de nuestro ideal, incapaces de liberarnos de tantas ataduras más
o menos reales. Sin embargo, estamos seguros de que «hemos
sido llamados a la liberta», que «Cristo nos liberó para que
siguiéramos siendo libres». ¿Por qué, entonces, nos dejamos
volver a imponer en el juego de la prisión? ¿Por qué nosotros,
que hemos sido redimidos por la sangre de Cristo, volvemos tan
fácilmente a la esclavitud? Ya no somos esclavos, sino hijos.
¿Por qué entonces abandonamos la libertad de los hijos de Dios
para volver a caer bajo las múltiples formas del miedo, la
necesidad, el chantaje, el espejismo, la ansiedad?
«Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn
8,31). Para hacerse libre, para permanecer en la libertad y para
producir la libertad, es necesario dejarse iluminar por la luz de
la verdad. La línea divisoria entre la libertad y la esclavitud
comienza aquí mismo: aceptar y seguir a Jesús o no; caminar en
su luz o preferir las tinieblas de nuestro corazón. A medida que
permitimos que la luz de la verdad llegue a todos los rincones
de nuestro hogar, las vendas que nos atan y nos ocultan se
disuelven y, como Lázaro, experimentamos una segunda vida,
la vida nueva de los resucitados….
Cómo san Carlos de Foucauld encontró y luego siguió
este camino de verdad liberadora, de ser no esclavo sino libre,
de esa libertad que lo condujo por caminos impensables, pero
abiertos a horizontes siempre nuevos. Trazo brevemente
algunas líneas.
1. El hermano Carlos buscó la verdad
Las cartas escritas a H. de Castries y H. Duveyrier dan
testimonio de esto. Su investigación que pasó por el islam y
floreció en la conversión de 1886. Un viaje lento y paciente
comenzó durante la exploración marroquí, descubriendo al Dios
“totalmente Otro” del islam. La fe islámica le revela que: “Allah
Akbar”. Dios es lo más grande, lo más grande de todas las cosas
que podemos enumerar; sólo que, después de todo, Él merece
nuestros pensamientos y palabras”1. Sólo Él merece ser servido
y adorado en todo y todo hombre está llamado a vivir bajo su
absoluta y benéfica Grandeza: "nuestro destino es perdernos en
el gozo de que Dios es Dios, darle gracias por su gran gloria y
hundirnos en su adoración y en su amor”2.
La belleza del desierto, las experiencias argelinas y
marroquíes, pero sobre todo los contactos que tuvo con los
musulmanes, habían despertado en él el sentido de Dios. El
mismo Carlos de Foucauld le confesó a Henri de Castries que el
islam con la grandeza de Dios lo cambió por hacerle entender
que fuimos creados, nacimos para “grandes cosas”:
«Sí, tienes razón, el islam ha producido en mí una profunda
conmoción... La visión de esta fe, de estos hombres en la
presencia constante de Dios, me hizo vislumbrar algo más
grande y más verdadero que las ocupaciones mundanas: “ad
majora nati sumus”…»3
Más aún, el islam lo sedujo: «L’Islam est extrêmement
séduisant: il m’a séduit à l’excès»4. Una religión que «me
gustaba mucho, con su sencillez, sencillez de dogma, sencillez
de jerarquía, sencillez de moralidad»5.
1 Carta a H. de Castries, 66
2 Ibid., 132
3
Ibid., 53
4
Ibid., 57
5
En la misma carta a Henri de Castries sostendrá que el islam no es una
religión verdadera: «Vi claramente que era sin fundamento divino y que
no había verdad en ello». La razón por la que ya le había escrito en una
38
Cuando está en París para escribir la Reconnaissance au
Maroc intuye que la verdad no estaba en el islam6, ni en los
antiguos filósofos, sino que la encuentra en el ejemplo de las
almas cristianas de su familia que le hicieron redescubrir que la
verdad era en la fe católica. Le confesó a su amigo Duveyrier:
«Primero me enamoré de la virtud y dirigí mis lecturas en
esta dirección, estudiando de buena gana a los moralistas de
la antigüedad, estaba muy lejos de cualquier religión, y sólo
la virtud antigua me atraía ... Encontré a estos filósofos menos
cálidos y menos nutridos de lo que esperaba... por casualidad
leí unas páginas de un libro de Bossuet en el que encontré
mucho más de lo que había hecho con mis antiguos
moralistas... Continué leyendo este volumen y poco a poco
llegué a pensar que la fe de un espíritu tan grande, la que veía
cada día tan cerca de mí en mentes tan bellas, en mi propia
familia, tal vez no era tan incompatible con el sentido común
como me había parecido hasta entonces.
Era finales de 1886. En ese momento sentí una profunda
necesidad de recogimiento. Me pregunté en lo más profundo de
mi alma si verdaderamente la verdad era conocida por los
hombres... Hice entonces esta extraña oración, pedí a Dios en
quien aún no creía, que se me diera a conocer si existía... me
pareció que lo más prudente, en la duda que me nacía, era
estudiar esta fe católica. Yo la conocí muy poco, recurrí para
conocerla a un sacerdote instruido al que conocía un poco por
7
Carta a Henry Duveyrier, 21 de febrero de 1982, en archivos de
postulación. Debemos recalcar que en nuestro idioma, tiene
como trasfondo de la cultura greco-latina, el término “verdad” indica la
conformidad de un discurso con la realidad. En la Biblia, sin embargo,
encontramos la palabra hebrea emet que, en un contexto ético-religioso,
se refiere a una cualidad de acción y equivale a fidelidad. Está
referido sobre todo a Dios, cuya verdad se experimenta concretamente
en la historia como fidelidad a las propias promesas y mantenimiento de
los compromisos asumidos con la alianza, en los que manifiesta la
constancia de su favor hacia quienes seguir y su inexorable justicia para
los infieles).
40
No se convierte por la mitad; ... destruye, destruye todo lo que
es levadura vieja, vacía totalmente los restos del hombre viejo,
no dejes que nada quede, déjalo morir completamente, para que
mi vida en ti pueda reemplazar la suya, llenarte completamente
y que ya no seas tú que vives, sino yo que vivo en vosotros»8.
De hecho, en la escuela del abate Huvelin aprende que en
el NT la verdad se refiere casi exclusivamente a la revelación de
la salvación en Jesucristo. La verdad es ante todo Evangelio,
anuncio del acontecimiento pascual y germen vital comunicado
al creyente en el bautismo. La verdad es, pues, sinónimo de
revelación del plan de Dios, que alcanza su cumbre en la obra y
en la persona de Jesús. Él resume en sí mismo los diversos
sentidos de la verdad, como cumplimiento de las promesas,
sabiduría encarnada y revelación personal del Padre. El Espíritu
de verdad, interiorizando y testimoniando a Jesucristo en los
creyentes, les introduce progresivamente en toda la verdad,
haciéndoles experimentar la fidelidad de Dios a las promesas y
manifestando la revelación del amor de Dios en Jesucristo.
De aquí se comprende cómo es importante para el
hermano Carlos conocer a Jesús, amarlo e imitarlo lo más
posible, llevando en el corazón la certeza de que él es «el
Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). ). Un Camino que
conduce a la Verdad y una Verdad que se convierte en Vida. No
una vida cualquiera sino la vida divina, de hijos amados del
Padre e inserta en la misma Historia de Amor de la Trinidad.
3. La verdad es una virtud que hay que cultivar
Además, la verdad, para el hermano Carlos, forma parte
de las virtudes que descubre en Jesús, y en "El Modelo Único"
las resume así:
“Verdad”
No jures, sino di: Sí, sí, no, no [cf. Mt 5,36-
37].
Sed sencillos como palomas [cf. Mt 10,16].
11
La meditación sobre la veracidad se encuentra en La dernière
place, 165-169.
43
encuentra su fuente en la "palabra divina" que "resumen todo,
repiten todo, explican todo... toda la Escritura contiene tesoros
infinitos...". De ahí el compromiso de "dedicar regularmente
tiempo a esta lectura y hacernos conocerla bien para
conformarnos bien a ella primero y luego a imitación de nuestro
Amado y por respeto a su palabra"12 .
5. La verdad se hace caridad
Un último aspecto, pero no menos importante, vinculado
a la verdad es la caridad. Comentando Jn 10,40 - 11,35, después
de subrayar «que todo hombre es materia cercana o lejana del
cuerpo místico», escribe: «Dios es perfecto, solo él conoce toda
la verdad, solo él conoce el bien que hay en las almas».
«Debemos amar a cada hombre según el bien que hay en él... y
debemos amarlos a todos por igual como los ve Dios»13.
Sólo Dios conoce la profundidad del corazón humano;
plantó allí el germen de las virtudes teologales que nutren y
regulan la vida cristiana en su íntima relación con Dios y con
los hermanos y nos hacen comprender la Verdad sobre Jesús: es
el Hijo amado (cf. Mc 1,11) que ama el Padre: «Yo amo al Padre»
(14,31), que ama al mundo como el Padre, no lo condena sino
que lo quiere salvo (cf. 3,16-17), que ama a los discípulos como
el Padre lo ama a él : «Como el Padre me amó, así también yo
os he amado» (15,9), hasta el final: «Habiendo amado a los
suyos... los amó hasta el extremo» (13,1). Finalmente, la verdad
sobre el hombre implicada en este fluir del amor: amado es su
nombre, amar como amada es su tarea (cf. 13,34), constituyó un
lugar histórico a través del cual el Padre sigue extendiendo su
mirada de ternura aparecida en el Hijo sobre el mundo14.
12
CDF, En vue de Dieu seul, 122-123.
13
CDF, “Stabilirci nell’amore di Dio…”. Meditazioni sul vangelo di
Giovanni, Glossa, (Milano 2009) 122-127.
14
Cf. Schede bibliche, “Verità”, s.i.p.
44
«En su relación con el Dios de Jesucristo, San Carlos conocía
la verdad. Habitando en esta verdad y purificado por ella, se
encuentra con cada uno de sus interlocutores como hermanos
y hermanas en Jesús, hijos del mismo Padre, para ser amados
con singular atención, en virtud de la singularidad de cada
persona»15.
Mirando a san Carlos de Foucauld comprendemos cómo
ser libre es gracia e implica una investigación cuidadosa y
prolongada. Es una experiencia estimulante e incomparable que
se da paso a paso, con el sudor de la frente y con la sangre, tal
como nos lo mostró nuestro Maestro. El camino para llegar a
ser libres es el de Jesús, ayudados por su Espíritu debemos
caminar resueltamente en el yo continuo: superación, apertura,
acogida, encomendarse a la Verdad que sale a nuestro encuentro
en las experiencias y situaciones de la vida, en la realidad. y, más
allá de lo dado, en el Espíritu.
Termino haciendo mío un pensamiento de Gregorio
Magno: «Cada miembro del pueblo de Dios, si obedece a la
Palabra, es “órgano de la verdad” para sus hermanos en la fe.
Por cuantos, llenos de fe, nos esforzamos por hacer resonar a
Dios, somos órganos de la verdad; y está en poder de la verdad
que se manifieste a través de mí a los demás o que me llegue a
través de los demás».
ANDREA MANDONICO
Miembro de la Sociedad de Misiones Africanas (SMA), doctor
en Teología. Vicepostulador de la causa de canonización de Carlos de
Foucauld; y postulador de la causa de canonización de la hermanita
Magdalena de Jesús. Autor, entre otros muchos trabajos, de Nazaret
nella spiritualità di Charles de Foucauld. Encargado de la traducción y
edición italiana de la biografía del centenario de la muerte de Carlos
de Foucauld escrita por Pierre Sourisseau, Charles de Foucauld.
Biografia 1858-1916.
15
A. FRACCARO – M. VIGHESSO, Charles de Foucauld e la forza dei
legami, Effatà Editrice, (Cantalupa 2022) 26
45
EL HERMANO CARLOS
VA AL PSICOANALISTA
48
entrando en esos primeros años de Jesús, desconocido,
trabajador, buen vecino.
- Hermano Carlos, vaya más despacio. Entre ese momento y
Saint Cyr pasaron muchas cosas, tengo entendido.
- Cierto. Es que me voy acelerando, y he dejado en paréntesis la
parte más difícil de mi vida. Sigo. Mi paso por Saint Cyr, desde
1876, fue un círculo de errores, porque no me adaptaba a nada.
Pero le digo sinceramente que eso me daba igual, ya que no
estaba motivado por ningún objetivo. No tenía empatía. La
gente que no tiene empatía tampoco tiene capacidad de perdonar
o sentirse perdonado. ¿Qué pensaba? Pues pensaba en la luna,
en las chicas, en otros mundos donde no tuviera
responsabilidades…Y mi fe en Dios quedó como una anécdota
del pasado.
A los dos años murió mi abuelo, y heredé una gran fortuna que
me dio la seguridad personal de poder, de ser alguien por el
dinero. Y entré en la escuela de caballería de Saumur hasta 1879,
de donde salí gloriosamente calificado el 87 de 87 que éramos.
De fiesta en fiesta, invitando a todo el mundo, era un desastre
en disciplina. Alcohol, tabaco, mujeres objeto… Y muy poca
responsabilidad pero, al contrario del hijo pródigo de la
parábola, no me faltaban las algarrobas. Eso sí, escribía y leía
mucho, cosa que siempre me gustó. Cuando estaba en Argelia
no paraba de escribir. Se me acababa el papel y aprovechaba
hasta los sobres que recibía dándoles la vuelta. Los soldados
franceses me daban libretas, pero me duraban poco. Yo creo que
escribí más cartas que las de todos los niños del mundo a los
Reyes Magos. Bueno, en Francia no éramos de Reyes Magos,
pues habíamos tenido serios problemas con la monarquía. En
fin, que yo deseaba comunicar y comunicar lo que me pasaba por
el corazón.
- Disculpe, hermano Carlos. Vaya ordenadamente, por favor.
- Sí, claro. Vuelvo a mi etapa militar. 1879, conozco a Mimi, que
me roba el corazón. Yo estaba en Port-à-Mousson. De allí
fuimos a Argelia al año siguiente, y me llevé a la novia a pesar
49
del régimen militar. Decíamos que éramos marido y mujer, pero
se dieron cuenta, y como era vizconde, me ofrecieron salir
airosamente del ejército, si bien mi hoja de servicios era un
compendio de todo lo que un militar no debe hacer. Regresamos
a Francia y al año dije adiós a Mimi y volví a Argelia como
militar. ¿Qué pasaba por mi cabeza? Pues de todo. Mis
aventuras mentales no me dejaban instalado nunca. No pensaba
en Dios y lo que él me tenía preparado. Pero la verdad es que en
esa época tan corta me porté muy bien y no hice ninguna locura,
mas, como me cansaba de todo, me fui del ejército y empecé a
preparar la “conquista” de Marruecos. Vuelvo a tener novia en
Argelia, pero mi familia se opuso a nuestra relación. No me sentí
derrotado por eso.
Cada vez el mundo árabe me atraía más, así que aprendí el árabe
-siempre me gustaron los idiomas- y disfrazado de judío rabino,
con otro verdadero rabino, el buen Mardoqueo, recorrimos
Marruecos dibujando los paisajes, las aldeas, todo. Yo estaba
encantado con mi faceta de científico. Como geógrafo no lo hacía
mal, aunque esto no llenaba mi ego. Me dieron un premio en
Francia por mi trabajo al año siguiente. Ya empezaba yo a
tomarme las cosas en serio, aunque no a las personas. Como era
rico, pasé un año por Argelia y Túnez, empapándome del sentir
de la gente. Ahí empiezo a madurar. Me doy cuenta de que hay
gente sencilla y que cree en Dios. Volví a Francia, escribo el
libro sobre Marruecos y mi vida da un giro: no necesito de las
cosas materiales ni las diversiones. He descubierto que la gente
pobre es feliz sin nada de eso. Iba a la iglesia y le decía a Dios:
“Dios mío, si existes, haz que yo te conozca”. ¡Y vaya si se me dio a
conocer! Por cierto, ¿es usted católico?
- Le recuerdo que soy yo quien hace las preguntas, hermano
Carlos, y que hasta ahora sólo he podido formularle una.
- Perdone, es verdad. Más o menos, después de un año, y
animado por mi prima María, fui a confesarme en Saint
Augustin en París con el abbé Huvelin, que era un hombre santo,
y con el que tuve confianza toda mi vida, como director
espiritual. No sé cómo me aceptaba con lo raro que era. Yo ya
50
llevaba bastante lío en mi cabeza, pero aquel encuentro, como
he dicho al principio, fue mi conversión. Me di cuenta que Dios
siempre había estado ahí, en mi interior, que lo había
abandonado yo, y esto fue una llamada para ir luego a los más
abandonados del mundo, para profundizar en el abandono de
Jesús en la cruz, en las manos de su Padre, que es el mío y el de
usted también. Bueno, ya le he contado antes qué fue pasando
en mi vida, después de cuatro años en Nazaret, como trabajador
intentando imitar a ese Jesús que me llenaba el corazón. El abbé
Huvelin y las propias monjas me animaron a ordenarme
sacerdote y seguir viviendo mi vocación de evangelizador desde
el silencio y la presencia entre los seres humanos, fuesen quienes
fuesen. Mi espíritu soñador e inquieto me llevan de nuevo a
Argelia, a Béni-Abbès, en 1901, con la idea de fundar algo, no
un maravilloso templo, que no hacía falta, sino una comunidad
religiosa cuyo carisma fuera algo así como yo lo había vivido en
Nazaret. Yo sólo quería hacer la voluntad de Dios, y así se lo
pedía ante el Santísimo y en el desierto.
Todo lo que fundé fue una ermita, que decoré yo mismo con mis
dibujos. Por cierto, en honor a mi autoestima, dibujaba muy
bien. Pasaron los años, escribí mucho, soñé aún más, conocí a
mucha gente: me llevó mi personalidad inquieta, y creo que la
voluntad de Dios, a ir más abajo, a Tamanrasset, donde ningún
sacerdote había estado antes, donde iban y venían los tuaregs.
Con ellos iba arriba y abajo. Compartía el té, los dátiles, sus
fiestas. ¿Le gusta el té moruno, señor, a base de hierbabuena?
- Hermano Carlos, siga, por favor. El psicoanalista empieza a
removerse en su asiento -.
- Disculpe. Con 47 años aprendí el tuareg y llegué a traducir el
evangelio y hacer un diccionario básico. El caso es que en 1907
me quedo en Tamanrasset, lo más perdido del mundo, sin poder
celebrar la misa porque no había nadie cristiano, sin
Santísimo… En fin, abandonado yo también. Pero mi cabeza
seguía soñando. No tenía a nadie de mi cultura al lado. A veces
venían los soldados franceses y compartía con ellos el francés, el
tabaco y alguna copa, para recordar viejos tiempos; el señor
51
Laperrine y yo hacíamos buenas migas, como dicen los
españoles. Cierto es que luego me dieron permiso para celebrar
la eucaristía, pero no tener un sagrario. Apartado de
Tamanrasset, en el Assekrem, allí tenía mi eremitorio con un
paisaje espectacular, ante un macizo de basalto en medio del
desierto que quita el hipo a quien lo ve. Dios me hablaba al
corazón desde esas rocas, desde la gente que pasaba, caminando
o en camello, desde el corazón y el tiempo sin medida de amigos
tuaregs con quienes llegué a profundizar en sus vidas y en la
mía… Es lo que llamaba la pastoral de la amistad. Era Nazaret.
Fui a Francia unas pocas veces, para ver a la familia y establecer
una asociación en la línea de lo que había soñado en Béni-Abbès,
en torno a la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús. Pero
la verdad es que nunca fundé nada.
Hubo un momento en que, por el escorbuto, me puse
gravemente enfermo. La gente se movió para alimentarme, para
conseguir leche de cabra, que era un lujo, por la terrible sequía
que había, y todo ello me enseñó a depender de los demás y ser
menos yo mismo, menos europeo. La humildad la aprendí de los
humildes. ¿Qué más le puedo decir?
Que fui feliz en esos años de mi vida, que estaba enamorado de
Jesús, que, como sacerdote, no fui ningún ejemplo de éxito
misionero, que sólo bauticé a dos personas y que no di ningún
retiro espiritual a nadie ni prediqué en ninguna iglesia. Ya ve,
poquita cosa.
- Muy bien, hermano Carlos. Ha sido una buena sesión. Uffff…
Muchas gracias, de verdad: gracias por ser como fue y como es.
Le aseguro que el próximo domingo voy a ir a misa. Pocas veces
he vuelto desde mi primera comunión.
AURELIO SANZ BAEZA
52
Páginas para la
Oración
53
LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD
EN EDITH STEIN
55
la vida, como expresión del anhelo profundo del ser humano de
alcanzar la plenitud y la felicidad.
El proyecto de vida de Edith Stein fue la búsqueda de la
verdad. Para ella, esta búsqueda no puede reducirse única y
exclusivamente al ámbito de lo racional y de lo empírico, porque
entonces la persona estaría renunciando a encontrarse
verdaderamente con la verdad. La razón por sí sola no es capaz
de desvelarnos el misterio de todo lo real, el misterio de la vida
del ser humano.
Esa misma búsqueda, ese mismo amor a la verdad,
conlleva dar un salto a una realidad que no está por debajo de la
razón, sino que está más allá de la razón, que es la misma
dinámica de la fe y lo que ella descubre precisamente en
Jesucristo como verdad, como dador de sentido de la vida, como
expresión del anhelo profundo del ser humano de alcanzar la
plenitud y la felicidad.
J. L.VÁZQUEZ BORAU
56
LA MORADA DE MI DIOS
Busqué a mi Dios,
a fin de probar si podría no solamente creer,
sino incluso ver algo.
Veo, en efecto, las obras de Dios,
y no al Dios que las ha hecho ( ... ).
Consideraba la tierra ( ... ).
Contemplo los cielos,
la belleza de los astros ( ... )
todo esto es digno de elogio,
todo esto nos cautiva;
pero mi sed no se apaga nunca;
admiro todo esto,
lo canto,
pero tengo siempre sed del que lo ha hecho todo (…)
Finalmente, es por encima de mi alma
donde está la morada de mi Dios.
Es allá donde habita,
es desde allá de donde me mira,
desde allá me creó,
desde allá me dirige,
desde allá me aconseja,
desde allá me estimula,
desde allá me llama,
desde allá me corrige,
desde allá me conduce,
desde allá me lleva a buen término.
Pero él,
que tiene en lo secreto una casa infinitamente elevada,
tiene también su tabernáculo en la tierra;
y este tabernáculo es su Iglesia,
aun extranjera.
Es allá donde hay que buscar a Dios,
porque en este tabernáculo se encuentra el
camino que conduce a su palacio.
60
Para no decir demasiadas tonterías, conté un poco de mi vida,
esperando que tuviera algunos puntos de contacto con la
experiencia de Carlos de Foucauld.
Los testimonios anteriores insistieron mucho sobre el
encuentro con el otro, diferente por su religión, su cultura, su
lengua.... y sobre la paciencia y el aprendizaje que esto requiere.
¿Y yo, que soy un italiano que vive en Italia y trabaja en un
centro muy católico...?
Me salvé diciendo que el trabajo con los discapacitados
múltiples del Seráfico nos invita a intentar escuchar el lenguaje
de los que no hablan, el misterio de su vida, y a experimentar el
poder del contacto físico que es un signo del lenguaje universal
del encuentro». [Alberto Grimandi]
(IV)
«A Roma sin etiqueta. Como la mayoría de nosotros, no
pensaba ir a Roma para la canonización, pero finalmente me dejé
convencer por dos de mis hermanas que viven en Roma (y una
tercera que se unió a nosotros). Y aquí estoy, alojado en casa de
Laura, cerca del Vaticano: desde la terraza de la casa se ve la
cúpula. Mi condición de "sin etiqueta", fuera de los grupos
constituidos, me hizo temer que me penalizaran en relación al
desarrollo del programa, pero al final pude participar en todos
los actos que había elegido. No conseguí entrar en el ambiente
de la vigilia de Santa Andrea del Valle, que me pareció
convencional y "anticuado" a pesar de las intervenciones de
personas cualificadas. Con un grupito de Hermanitas del
Sagrado Corazón nos fuimos antes del final, y nos
reconfortamos con un paseo nocturno a pie por la ciudad. Se
alojaban a pocos pasos de nuestra casa.
Por supuesto, compartí la emoción de toda la multitud
por vivir en directo la celebración de la canonización, olvidando
las largas horas de cola y casi insensibles al calor agobiante. Al
igual que los demás hermanos y hermanas, tenía un asiento en
la zona de reserva. Pero al mismo tiempo estábamos dispersos
entre la multitud, dándonos cuenta así de que de ahora en
61
adelante Carlos de Foucauld pertenecía a la Iglesia universal;
con un ideal de santidad al alcance de todos, con los "pies en el
polvo" como dijo el Papa Francisco en su homilía.
Por otra parte, viví la verdadera "fiesta de familia" al día
siguiente en la celebración de acción de gracias en San Juan de
Letrán, animada con expresiones de diversos continentes, y al
final con muchos encuentros cálidos con hermanos y hermanas,
religiosos y laicos, algunos de los cuales no veía desde hacía
décadas. Con la alegría de haberlo compartido con todos, Carlos
siguió siendo el elemento unificador de la Familia». [Tullio
Boninsegna]
64
TEMAS PARA LOS
PRÓXIMOS NÚMEROS
El equipo de redacción del Boletín, recuperando una antigua tradición, irá
publicando con antelación los números previstos para que puedan colaborar
quienes lo deseen, ajustándose al tema y al formato del Boletín. Las
colaboraciones pueden hacerse llegar a las siguientes direcciones de correo:
(redaccion@[Link]) o (maikaps73@[Link]).
La dirección del Boletín se reserva el derecho de publicar o no el artículo
enviado así como de adaptarlo, con el visto bueno del interesado, al momento
más oportuno y conveniente.
Año 2023
Enero- Marzo n. 216
LA IGLESIA, HOGAR DE COMUNIÓN
«Jesús en persona se acercó
y se puso a caminar con ellos» (Lc 24, 15)
Un número del BOLETÍN para impulsar nuestro camino con la
Iglesia universal aportando nuestro carisma propio. Sería muy
hermoso que nuestras aportaciones fueran expresión y respuesta de
lo que vivimos y soñamos:
1. ¿Cómo se realiza hoy este “caminar juntos” en nuestras
fraternidades?
2. ¿Cuáles son nuestras aportaciones a la Iglesia particular y
universal?
3. ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro
“caminar juntos”?
4. ¿Cuáles son nuestros compañeros de camino?
5. ¿Cuáles “nuestras estaciones”, nuestras metas, nuestros
sueños?
6. ¿Qué aportamos humildemente al conjunto del pueblo de
Dios desde nuestro carisma particular?
Abril – Junio n. 217
RETIRO DE VERANO DE UNA DE NUESTRAS FRATERNIDADES
65
UN LIBRO… UN AMIGO
AUTOR: Fraternidad Secular Carlos de
Foucauld de España
TÍTULO: Vida que florece en desierto. Una
pequeña historia (1962 – 2012)
EDITORIAL: Kadmos
FECHA DE EDICIÓN: 2022
LUGAR: Salamanca (España)
El Papa san Juan Pablo II publicó en su
día una larga entrevista en formato libro
que tituló Memoria e identidad (2005) y
traigo aquí su referencia por la
importancia que supone para la Fraternidad Secular hacer
memoria para agradecer a Dios los sesenta años que ahora se
cumplen de su implantación en los diversos pueblos de España.
Rostros amados, unos ya con el Padre y otros peregrinos en este
mundo, que en encuentros de oración y programación, en la
medida de lo posible, han ido construyendo el reinado de Dios
desde el último lugar. Verdaderamente elogiable y digno de
imitación la iniciativa de hacer memoria para avivar la identidad de
la fraternidad secular en un clima de absoluta confianza en Dios
nuestro Padre.
El título es atinado porque en verdad la vida cristiana
florece en el desierto de la existencia. Ya lo anunciaba Carlos de
Foucauld en las meditaciones en torno al grano de trigo (Jn 12, 24)
y es la experiencia de san Pablo al aconsejar hacer lo que
verdaderamente se puede con la confianza de que es Dios quien da
el crecimiento (1 Cor 3, 6). En consecuencia, lo que ha sido y hoy
es la Fraternidad secular es un milagro patente por el que
bendecimos a Dios (Ps 117).
El libro se presenta en dos grandes secciones que recogen
la historia día a día (primera parte) y la titulada “a corazón abierto”
(segunda parte), arropadas con un glosario de términos citados en
el texto, unos extraordinarios anexos que cierran el libro.
Agradecemos la referencia a este Boletín en las pp.189-190.
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