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Boletin 215

El documento incluye una oración de abandono a Dios, expresando la disposición total a aceptar Su voluntad. Además, presenta un boletín trimestral que reflexiona sobre la búsqueda de la verdad y la libertad en la vida de Carlos de Foucauld, destacando la importancia de la oración y la docilidad al Espíritu Santo. Se incluyen testimonios y colaboraciones sobre la vida y espiritualidad del Hermano Carlos, así como detalles administrativos sobre suscripciones al boletín.

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Boletin 215

El documento incluye una oración de abandono a Dios, expresando la disposición total a aceptar Su voluntad. Además, presenta un boletín trimestral que reflexiona sobre la búsqueda de la verdad y la libertad en la vida de Carlos de Foucauld, destacando la importancia de la oración y la docilidad al Espíritu Santo. Se incluyen testimonios y colaboraciones sobre la vida y espiritualidad del Hermano Carlos, así como detalles administrativos sobre suscripciones al boletín.

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ORACIÓN DE

ABANDONO
Padre mío,
me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí
te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.

Con tal que tu voluntad


se haga en mí
y en todas Tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en Tus manos.


Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí
amarte es darme,
entregarme en Tus manos
sin medida,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.

2
Boletín Trimestral Octubre – Diciembre 2022
Asociación C. ÉPOCA IX – nº. 215
(2022)

DIRECCIÓN
Manuel Pozo Oller
Parroquia Ntra. Sra. de Montserrat
C/ Juan Pablo II, 1 04006 – Almería
[Link]@[Link];
y redaccion@[Link]
SECRETARIA DE DIRECCIÓN
María del Carmen Picón Salvador
C/ Lopán 47, 4º, H. 04008 – Almería
maikaps73@[Link]
ADMINISTRACIÓN Y SUSCRIPCIONES
Josep Valls: jvalls@[Link];
y administracion@[Link]
REDACCIÓN
André Berger: andrebeni@[Link]
Vicent Comes Iglesia: vicoigle@[Link]
Hta. Josefa Falgueras: josefagermaneta@[Link]
Antonio Marco Pérez: amarco929@[Link]
Aurelio Sanz Baeza: asanz@[Link]
José Luis Vázquez Borau: [Link]@[Link]
COLABORADORES
Gabriel Leal Salazar, Aurelio Sanz Baeza,
Ana Mª Ramos Campos, Antonio Rodríguez Carmona.

IMPRIME
Imprenta Úbeda, S.L. Industria Gráfica
La Rueda, 18. Polígono Industrial san Rafael
04230 – Huércal de Almería (Almería)
c.e: administracion@[Link]
DEPÓSITO LEGAL: AL 4-2010
El Boletín en formato papel no se vende. Se sufraga gracias a los
donativos y colaboraciones económicas de sus lectores y amigos.

3
NOTA PARA RECIBIR EL BOLETÍN
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Administración Boletín C/ Joan Blanques, 10 08012 – Barcelona
o bien a c.e.: administracion@[Link]

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Caritas”», entidad bancaria La Caixa, cuenta IBAN ES53 2100 3012
8022 0046 2278.
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de Foucauld en España. Boletín “Iesus Caritas”, entidad bancaria La
Caixa, cuenta IBAN ES53 2100 3012 8022 0046 2278 BIC (Código
Internacional de Identificación Bancaria en el sistema SWIFT):
CAIXESBBXXX - Divisa: Euros.

4
EDITORIAL
BUSCAR PARA HALLAR A DIOS
Me agrada el título que hemos escogido en el Consejo de
Redacción para este número de nuestro BOLETÍN: Carlos de
Foucauld: La búsqueda de la verdad, itinerario para la libertad. La
vida del Hermano Carlos, en efecto, está hilvanada por ese deseo
vital de búsqueda de la verdad como medio para encontrar la
libertad. Viene a mi mente las clases de filosofía de un eminente
profesor, discípulo de Enmanuel Lévinas, donde se nos enseñaba
que la verdadera libertad «no es la del pájaro sino la de la flor»
y en esa sujeción, cultural, psicológica y espiritual, hemos de
madurar y crecer buscando alcanzar las estrellas.
Cuando se pensó en este número alguien del Consejo de
Redacción creyó que sería interesante reflexionar sobre, por así
llamarlo, una psicobiografia del Hermano Carlos en la que se
rastreara su vida y su concreta realidad como condicionante y al
tiempo impulso para la búsqueda de la verdad y la libertad. En
verdad, contamos con muchas biografías del Hermano Carlos y,
en general, muy bien documentadas, pero se echa en falta
ahondar en el alma de este peregrino de la verdad para leer en
sus frecuentes fracasos y en su insatisfacción permanente la
suave mano de la Providencia que recorría junto a él los
desiertos de la vida para llevarle al oasis donde, a modo de agua
fresca, se puede vislumbrar la verdadera libertad. La vida de
Carlos de Jesús se parece a la arena movediza del desierto que
no encuentra descanso llevada de un lugar a otro por el viento
en un anhelo insaciable de libertad.
La Hermanita Annie nos recuerda la importancia de la
oración para atravesar el desierto de la vida. Ella escribe con
acentos ignacianos que «para conocer un camino no hay otra
manera que adentrarse en él». Ciertamente que el Espíritu
Santo es el soplo constante que anima el alma en la búsqueda de
la plenitud y es maestro que todo recrea y enamora.

5
La trayectoria vital del Hermano Carlos en las etapas de
la Trapa y Nazaret es presentada al lector en este número por
Mª. Carmen Picón. El artículo que nos ofrece se fija en las
etapas inmediatamente posteriores a su conversión. La sección
se cierra con una sencilla glosa a los textos del Hermano Carlos
que hablan del deseo y la búsqueda de Dios. Son textos
espléndidos del peregrino de la verdad.
En la sección de Testimonios y Experiencias ofrecemos
a los lectores dos testimonios, un laico de la Fraternidad secular
y un Hermano del Evangelio. Josemari Romero dirá del
Hermano Carlos: «En estas mediaciones junto a mí ha estado
permanentemente, como inspiración y como salvaguarda, un
tronco viejo y seco, sin oropeles ni brillos, sin aureolas, pero que
me ha salvado del naufragio». El diario del Hermano Roger
Brégeon es una historia de enamoramiento con el Señor de la
Vida que le lleva a vivir en sencillez intentando seguir y
configurarse con el Maestro.
En la sección de Ideas y Orientaciones contamos con la
valiosa colaboración del P. Andrea Mandonico, vicepostulador
de la causa de canonización del Hermano Carlos, que nos
presenta a el hermano universal como el buscador de la verdad
de la mano del Espíritu Santo que «solo Él conoce en
profundidad el corazón humano». Su colaboración es un lujo
para nuestro BOLETÍN. Aurelio Sanz, gran conocedor del
carisma foucauldiano, con imaginación creativa y escritura
cercana bucea en el alma del Hermano Carlos con un estilo
cercano, novedoso y valiente.
La sección Paginas para la Oración nos trae el ejemplo
luminoso de Edith Stein, buscadora de la verdad en el mundo
contemporáneo, junto a las oraciones de san Próspero de
Aquitania y san Agustín que preceden a la memoria de la
canonización con un ramillete de testimonios escogidos.

MANUEL POZO OLLER


Director

6
Desde
la Palabra

Luis Cañadas Fernández (1928 – 2013)


Detalle del fresco de María Reina. Escuela indaliana

7
«¿Por qué entré en la Trapa? Por amor, por puro
amor… Amo a nuestro Señor Jesucristo, aunque con
un corazón que querría amar más y mejor, pero, en
fin, le amo, y no puedo soportar llevar una vida
distinta a la suya, una vida tranquila y honorable
cuando la suya fue la más dura y la más despreciada
que haya existido… no quiero recorrer la vida en
primera clase mientras que Aquél a quien amo la ha
recorrido en la última».
Carta a Henry Duveyrier, 1890

8
CAMINO DE ORACIÓN CON
EL HERMANO CARLOS DE JESÚS

«Me hacía sentir un vacío doloroso, una tristeza


que jamás sentí... Esa tristeza, esa inquietud era un
regalo suyo... ¡Qué lejos estaba de pensarlo...!»
(Hermano Carlos)
Para conocer un camino no hay otra manera que
adentrarse en él. Y si es un camino nuevo, no muy bien
trazado, necesitamos un guía para avanzar. Pensé que no
podíamos encontrar mejor guía que el Hermano Carlos, no
tanto por lo que él dijo o escribió de la oración sino, sobre
todo, porque fue un hombre de oración, alguien cuya
existencia fue totalmente trastornada por el encuentro con
Dios bajo los rasgos de Jesús de Nazaret, alguien que, a fuerza
de vivir de la Eucaristía, llegó a ser él mismo. Eucaristía para
sus hermanos, hasta dar su vida por ellos...
Vamos a buscar los rasgos característicos de la oración
en Carlos de Foucauld, de esta intimidad con Dios encontrado
en el camino de Nazaret, a través de las grandes etapas de su
itinerario espiritual:
Antes de su conversión, el Hermano. Carlos presintió
que no se prueba la existencia de Dios, sino que se le
encuentra... y que, para encontrarlo, hay que buscarlo, tener
“hambre de El”, “necesidad de El” como un pobre. Podemos,
casi, decir que el Hermano. Carlos rezó antes de creer: «Dios
mío si existís, hace que te conozca»
De adolescente había rechazado una cierta imagen de
Dios. Creyó que había perdido definitivamente la fe. Pero
después de ir a Marruecos sacudido por el testimonio de la
oración musulmana, presiente que Dios está más allá de las
posibilidades del conocimiento humano y que entonces,
solamente se le puede llamar para que venga a nuestro
encuentro y desearlo de todo corazón.
En el fondo, lo que pide, sin saberlo, es el don de Dios:
el Espíritu Santo, el que nos enseña a decir ¡Abba! (Rom 8,15).
9
Sin este Espíritu no podemos hacer nada. Las Constituciones
de las Hermanitas de Jesús lo recuerdan en el capítulo sobre
la oración. Solo Él podrá hacerles penetrar en el misterio de
Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, modelándoles un corazón
filial con el cual podrán decir en verdad con Jesús ¡Abba!
(Const. cap.12 art. 78).
Con las novicias, ¿no habría que empezar por ahí?
Porque el Espíritu Santo, muchas veces en la oración, es el
gran olvidado.
Invocar este Espíritu que ha dado vida al primer
hombre (Gen 2,7) y que tiene el poder de “re-crearnos”, de
darnos un corazón nuevo, un espíritu nuevo (Ez 36,26-27)
capaz de recibir a Dios. ¡Toda la vida del Hermano. Carlos
estuvo marcada por una gran docilidad al Espíritu Santo!
Dejémonos llevar por la gracia... dejémonos dirigir por el
Espíritu Santo. No dirijamos nuestra oración sino cuando Él
nos la pone en las manos.
El Hermano. Carlos repetía fielmente tres veces por
día y muchas veces en medio de la noche, la oración del
Espíritu de Amor que él nos dejó. Es un medio muy simple
que no debemos dejar de lado. Con la condición de que no se
convierta en rutina, sino que sea verdaderamente un clamor,
porque nos sentimos radicalmente impotentes.
Sería bueno releer la conversación de Jesús con
Nicodemo (Jn 3, 1-21) quien consciente de ser un maestro en
religión va a Jesús diciéndole: «Nosotros sabemos» ... y a lo
largo de la conversación Jesús se empeñará en demostrarle
que, justamente, no sabe... porque «para ver el Reino de Dios
hay que nacer de nuevo, nacer del Espíritu» Nos recuerda: «Si
no vuelven a ser como niños no entrarán en el Reino de los
Cielos» (Mt.18,34). Reencontramos la infancia espiritual
como fundamento de la oración.
El Hermano. Carlos, en busca de la luz tiene plena
conciencia de que no sabe. Busca como un pobre y como un
niño. Y nosotros, ¿buscamos a Dios? (Mt11,25-26) ¿como
pobres o como sabios? Creo que ahí hay un primer punto
10
fundamental: no podemos alcanzar a Dios por nuestras
propias fuerzas. Solo podemos recibirlo en una actitud de
pobres y de pecadores en la conversión del corazón. El
Evangelio es muy claro al respecto: El Hijo pródigo (Lc
15,11-32); la oración del publicano (Lc 18,9-14); la mujer
perdonada a los pies de Jesús en casa de Simón el fariseo
(Lc7,36-50) y muchos otros pasajes.
Llama la atención, también, en el Evangelio, que
muchas veces Jesús manda anunciar la Buena Nueva a los que
acaba de curar o perdonar: el endemoniado de Gerasa (Mc
5,18-20) y, sobre todo, Pedro que necesita, él también,
reencontrar a Dios como un pecador perdonado, antes de
poder confirmar a sus hermanos en la fe (Mt 22,31-34).
Es importante durante el noviciado que las novicias
puedan releer la historia de su vida, su historia humana. Y
quizá es bueno hacerlo bajo esta luz: la vida de un Dios que
perdona y que nos abre sus brazos, un Dios que recibe siempre
al que se reconoce pobre y pecador para darle un corazón
nuevo. Es tan importante descubrir en nuestra vida que Dios
viene siempre a nuestro encuentro a través de nuestra
debilidad y de nuestra miseria... Lo que puede impedir que
Dios venga a nosotros no es nuestra miseria sino nuestra
suficiencia. El no viene a nosotros por aquello que nos causa
orgullo sino por aquello que nos falta, porque vino, no para
los sanos, sino para los enfermos ... no para llamar a los justos
sino a los pecadores (Mt 9,12-12). Es bueno releer el
Evangelio preguntándonos: ¿Dónde nos ubicamos para ser
encontrados por Jesús? No es tan seguro que estemos del
buen lado para ser encontradas y curadas por Él... ¿Estamos
del lado de los enfermos o del lado de los sanos? ¿En el camino
de la gente bien instalada en su casa o con esa pobre mujer
que miran con desprecio los invitados, en la salida de fiesta?
¿Estamos del lado del hijo pródigo o del lado del hijo mayor?
HERMANITA ANNIE

11
DULCE LUZ
I
¿Quién eres tú, dulce luz que me llena
e ilumina la oscuridad de mi corazón?
Me conduces igual que una mano materna
y si me soltaras, no sabría ni dar un paso.
Tú eres el espacio que envuelve todo mi ser y lo encierra en sí,
abandonado de tí caería en el abismo de la nada,
de donde tú lo elevas al Ser.
Tú, más cercano a mí que yo misma
y más íntimo que mi intimidad,
y, sin embargo, inalcanzable e incomprensible,
y que todo nombre haces explotar:
¡Espíritu Santo – Amor Eterno!
II
¿No eres Tú el dulce maná
que del corazón del Hijo en el mío fluye,
alimento de los ángeles y de los bienaventurados?
Él, que de la muerte a la vida se elevó,
Él me ha despertado también a mí a nueva vida,
del sueño de la muerte.
Y nueva vida me da, día tras día.
Y un día su abundancia me colmará,
vida de tu vida, sí, Tú mismo:
¡Espíritu Santo – Vida Eterna!
III
¿Eres Tú el rayo que desde el Trono del Juez eterno cae
e irrumpe en la noche del alma,
que nunca se ha conocido a sí misma?
Misericordioso e inexorable penetra en los escondidos pliegues.
Se asusta al verse a sí misma,
Concede lugar al santo temor,
principio de toda sabiduría que viene de lo alto,
y en lo alto con firmeza nos amarra a tu obra,
que nos hace nuevos,
¡Espíritu Santo – Rayo penetrante!
STA. TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ
12
En las huellas del
Hermano Carlos

Luis Cañadas Fernández (1928 – 2013)


Detalle del fresco de María Reina. Escuela indaliana

13
«¿Qué son el Magnificat y el Benedictus sino
maravillosas alabanzas?... La admiración forma
parte fundamental de todo amor verdadero: es su
fundamento, su causa; el motivo del verdadero amor
es el bien, la perfección que hay en el ser amado; ese
bien, esa perfección suscitan la admiración; tras la
admiración y como algo apenas distinto de ella,
viene el amor».
Meditaciones sobre el Antiguo Testamento.
Salmo 46. Roma, 1896

14
CARLOS DE FOUCAULD: BUSCADOR DE LA VERDAD
LA TRAPA Y NAZARET (1ª Etapa)

La vida de Carlos de Foucauld está marcada por una


constante peregrinación de un lugar a otro. La búsqueda de la
verdad le hace continuamente dejarlo todo para comenzar
proyectos nuevos. En este capítulo vamos a estudiar las grandes
etapas de su vida posteriores a su conversión haciéndolas
coincidir con los lugares en los que vivió1.
1. La Trapa (1890-1897)
El vizconde de Foucauld entra en la Trapa el 15 de enero
de 18902. Carlos vive en comunidad durante siete años. Fueron
años de formación religiosa, espiritual, y teológica practicando
la obediencia, no siempre fácil para un espíritu inquieto como el
suyo, a sus superiores. Fue un tiempo de trabajo manual y
oración al estilo de la vida de Nazaret. Fue también un tiempo
de vida comunitaria, la única experiencia de su vida.
Para llegar a la Trapa Carlos ha ido progresivamente,
despojándose de todas sus seguridades: El día 24 de octubre de
1890, envía su dimisión a la Sociedad de Geografía que le había
reconocido por sus meritorios trabajos de exploración en
Marruecos y por su excelente material cartográfico; el día 3 de
enero de 1891, lega a su hermana todos sus bienes; el día 9 de
julio del mismo año, envía su dimisión de oficial de la reserva y
pide pasar, sin grado alguno, al ejército territorial; el día 2 de

1
Cf. R. QUESNEL, Carlos de Foucauld. Las etapas de una búsqueda
(Bilbao 1967).
2
El P. Huvelin orienta a Carlos hacia el monasterio de Aiguebelle, el
más alto de Francia. Esta abadía, bajo el patrocinio de Ntra. Sra. de las
Nieves, se hallaba situada en una región árida con fríos inviernos. A
los seis meses pide el traslado a un monasterio de la misma orden más
pobre en Siria. Llega a éste el 9 de julio de 1890. Después, ante sus
constantes inquietudes de mayor austeridad, se le envía a la trapa de
Staouéli, cerca de Argel. De allí saldrá para Roma a estudiar teología
para preparase a la ordenación de presbítero.
15
febrero de 1892, pronuncia sus votos simples de pobreza,
castidad y obediencia, y recibe la tonsura. Todo un itinerario de
desprendimiento. Sin embargo, a pesar de tanto desasimiento,
no encuentra la paz en su alma. No encuentra tampoco la
pobreza y la abyección que había ido a buscar al convento como
comentará lamentándose:
«¡No! Nosotros somos pobres para los ricos, pero no pobres
como lo era Nuestro Señor; pobres como yo lo era en
Marruecos, no lo somos como lo fue san Francisco.
Se me ha enviado a orar junto a un pobre obrero indígena
católico, muerto en una choza vecina. ¡Qué diferencia entre
esa casucha y nuestras celdas! ¡Suspiro en pos de Nazaret!
Se ama tan poco la pobreza en torno a mí, se ama tan poco la
austeridad, somos tan poco deseosos de seguir a Jesús... que a
veces temo perder también la estima por esas virtudes»3.
En tal situación comienza a criticar el modo de vida de
los trapenses que han convertido el convento en una verdadera
industria en la que trabajan obreros asalariados y donde los
monjes ocupan puestos relevantes de gobierno e, incluso,
dirigen la empresa. Según su parecer, en la Trapa se tiene el
deseo de vivir pobremente, pero no el de ser pobre como la
familia de Nazaret o como las familias obreras que viven en
torno a la abadía. Busca una vida en pobreza radical y no se
contenta con una penitencia artificial y prudentemente limitada,
como la que vive en el monasterio, con posesiones, riquezas e
inmuebles. Por el contrario, considera que la pobreza de
Nazaret, de los hogares indígenas, de las familias obreras, es una
pobreza real, ilimitada, sin seguridad alguna. Y el Hno. Marie
Albéric reprocha también a la vida monástica que los monjes
abandonen el trabajo matinal tres horas al día para dedicar este
tiempo al estudio. Con ingenuidad evangélica ante esta situación
de la vida monástica propone el ejemplo de san José que llegó a
gran santo sin haber estudiado teología.

3
OE 72. Carta a la Sra. de Bondy, Trapa de Akbès, 10 abril 1894
16
Parecida crítica hace a la liturgia. Siente malestar por la
recitación y canto del Oficio divino en lengua latina, aunque
reconoce que es hermoso, porque advierte que los pobres no
saben orar de ese modo. Se plantea la cuestión de posibles
vocaciones auténticas que se detienen en el umbral del
monasterio por falta de cultura clásica. Presiente ahí el ardiente
problema de las vocaciones sacerdotales que chocan con cierto
estilo de seminario, con un modo de ser de los estudios
eclesiásticos. Desea que la liturgia se celebre en una lengua más
accesible a la gente sencilla evitando así que ésta esté reservada
solamente para una aristocracia intelectual de iniciados. Y, ante
tal estado de cosas, surge espontáneamente en su corazón la idea
de fundar una nueva Orden en la Iglesia, una Orden en la que
las personas sin letras encuentren su puesto en igualdad
absoluta con otras personas cultivadas viviendo en comunidad
en una casa semejante a las de los pobres y donde cada uno se
gane su sustento con el trabajo manual viviendo con los más
excluidos y necesitados de la sociedad. En la nueva Orden se
oraría día y noche, de manera ininterrumpida, por la salvación
de todos los hombres, en un lenguaje comprensible a todos,
sobre todo a los menos cultos. De este modo, aquellos a quienes
Jesús más ama, los más pobres, podrían llegar a una vida
contemplativa.
El Hno. Maria Albéric se siente extraño con el ritmo y
vida de la comunidad trapense. Son años interminables donde
va concretando su ideal de Nazaret en la redacción de una Regla
para la Orden que pretende fundar. Pero la crisis llega a su
desenlace. La salida de la vida monástica está decidida. El Hno.
Marie Albéric pregunta al P. Huvelin los pasos que debe dar
para dejar la Orden y no cometer imprudencias. Se le aconseja
que vaya a la abadía de Staouéli (cerca de Argel) y se someta a
las decisiones del padre abad de aquella Trapa. Tres semanas
después le comunican que debe estudiar teología por dos años,
luego se alargarían a tres, en la Universidad Gregoriana de
Roma.

17
La noche del 23 de enero de 1897 le despierta
bruscamente el padre abad, que le anuncia la noticia de que tiene
permiso para abandonar la Trapa. En este ambiente monástico
ha pasado siete años y dos meses.
Al salir de la Trapa, el Hno. Marie Albéric, recupera su
nombre de bautismo y ante su confesor pronuncia los votos de
castidad y pobreza y se viste de seglar. En unos días se embarca
para Tierra Santa, el 14 de febrero de 1897. Tenía en este
momento 39 años4.
Ciertamente que su salida de la Trapa en enero de 1897,
lo mismo que lo fuera su entrada y estancia en ésta, fueron
llevados por el deseo de imitar radicalmente la vida del Jesús
terreno. Su situación preocupa y ocupa a muchos:
«Nuestro buen padre general me atiende, examina mis
sentimientos, reflexiona sobre mi vocación, reza, reúne a su
consejo, y todos, por unanimidad, declaran que la voluntad de
Dios es que yo siga este camino de abyección, de pobreza, de
humilde trabajo manual, esa vida de obrero de Nazaret que Él
mismo me enseña desde hace tanto tiempo […] Pero donde
yo he tenido necesidad de obediencia, es que, antes de que él
hubiera tomado esta decisión, yo había prometido a Dios
hacer todo lo que me dijese mi padre […] Pues no buscando
nada en absoluto, más que la voluntad de Dios, y teniendo
unos superiores que también la buscan exclusivamente, era
imposible que Dios no diese a conocer su voluntad»5.
Sus años de vida comunitaria sujeto a la Regla trapense
enseñará al Hno. Marie Albéric el sentido y la estabilidad de la
vida religiosa, la vida comunitaria, el valor del trabajo manual y
de la obediencia a los superiores al tiempo que constataba que
su lugar no estaba en el recinto del monasterio trapense6. Carlos

4 Cf. M. CORNELIS, o.c., 79.


5 R. QUESNEL,o.c., 84-85. Carta del 24 enero 1897 a Raimundo de Blic.
6 Cf. A. CHATELARD, Carlos de Foucauld. El camino de Tamanrasset

(Madrid 2003) 61-70.


18
de Foucauld, sin mirar hacia atrás, comienza una nueva etapa de
vida espiritual viajando a Tierra Santa.
2. Nazaret (1897 a 1900)
La vida en Nazaret abarca desde los años de 1897 a
[Link] comienzo de su nuevo estilo de vida se pone bajo el
amparo de la Virgen y san José:
«Virgen Santa, San José, acogedme con vosotros a los pies de
Nuestro Señor. Permitidme que lleve vuestra vida de Nazaret,
es decir Su vida de Nazaret. Esa vida tan impregnada de Dios,
con tanto recogimiento. Toda la vida de Jesús estuvo inmersa
en Dios, fue una vida de recogimiento que siempre estuvo en
presencia de su Padre al que miraba constantemente para
adorarle y hacer su voluntad: “Mi alimento es hacer la
voluntad de mi Padre […] Concédeme, oh Jesús, vivir en esta
vida interior de oración […]me has concedido una vida de
oración, de lectura, un trabajo humilde en el que hablo un
poco, pero muy poco y donde como, pero poco, pobremente,
sencillamente: es tu vida de Nazaret, recogida, silenciosa,
pobre, oculta, laboriosa»8.
Al llegar a Nazaret, se hace llamar hermano Carlos.
Piensa que ha encontrado el lugar que busca para imitar de
manera radical la vida de Jesús en Nazaret. Acogido por la
comunidad de religiosas Clarisas, pretende ser un servidor
anónimo, sin llegar a conseguirlo pues las religiosas saben quién
es. Pocos días después de establecer en Nazaret escribe a su
primo Luis:

7 A su llegada a Jaffa, el 24 de febrero de 1897, el Hno. Carlos compra


el vestido propio de los pobres de Oriente Medio: una larga blusa a
rayas blancas y azules, un pantalón de algodón, un birrete blanco que
le hace de turbante, unas sandalias. El día 5 de marzo llega a Jerusalén
y hace a pie los 175 kms. Que lo separan de Nazaret. Nadie le acoge
hasta que en el monte Tabor se confiesa con el capellán de las
religiosas Clarisas y por su mediación es acogido como criado en el
convento.
8 OE 114-116. Consideraciones sobre las fiestas del año.20 de julio de

1898, en Nazaret.
19
«Me he establecido en Nazaret […] El Buen Dios me ha
hecho hallar aquí, del modo más perfecto posible, lo que
andaba buscando: pobreza, soledad, abyección, trabajo
humilde, oscuridad completa, imitación perfecta, en la medida
de lo posible, de lo que fue la vida de Nuestro Señor en esta
misma Nazaret […] Aquí he abrazado la existencia humilde
y oscura de Dios, trabajador de Nazaret”9.
En Nazaret permanece tres años. Durante este tiempo
su estilo de vida está en contradicción completa con su
personalidad y su dinamismo natural. Vive como un ermitaño y
al estilo de un ermitaño. Dedica la mayor parte de su día a la
oración y a la práctica de ejercicios piadosos, consagrando, cada
día, largos momentos a la meditación, poniendo por escrito
comentarios, principalmente del Evangelio y de las fiestas
religiosas. Se siente satisfecho:
«En mi cabaña de tablas, junto al sagrario de las clarisas, en
mis jornadas de trabajo y en mis noches de oración, poseo
perfectamente cuanto he buscado y deseado durante ocho
años, y me resulta evidente que el buen Dios me había
preparado este lugar, y que mi existencia en su Nazaret, que
desde hace mucho brillaba ante mis ojos, consiste
precisamente en la imitación de la vida oculta de Nuestro
Señor, en su oscuridad y pobreza […]»10.
El período de Nazaret está lleno de contradicciones. El
P. Huvelin encuentra dificultad para seguir y orientar a una
personalidad tan propensa a proponer iniciativas y proyectos
descabellados, entre otros, su proyecto de comprar el Monte de
las Bienaventuranzas. De todos sus deseos y proyectos de este
tiempo de Nazaret, el único que se queda como definitivo será el
sacerdocio.
En este momento su vida y su espiritualidad dan un paso
hacia adelante. Él que se trasladó a Nazaret para imitar, estar
como Jesús y seguirle en los callejones de Nazaret, ahora le

9 L. BORRIELLO, El mensaje espiritual de Carlos de Foucauld (Santander


1979) 46. Carta de 12 de abril de 1897.
10 Ibídem, 47. Carta al P. Huvelin, 16 enero de 1898.

20
encuentra en la presencia real y misteriosa de la Eucaristía.
Descubre que ha de imitar a Jesús, no solamente en su vida
escondida en Nazaret y en su retiro en el desierto sino también
en su vida pública y sobretodo en su pasión, muerte y
resurrección, ofreciendo el sacrificio pascual en cada Misa. Y su
pensamiento va más allá vislumbrando con claridad que el
banquete de la Eucaristía le exige ser su servidor para llevarlo
a los más alejados. Aparece en su espiritualidad dos ejes
fundamentales que ocuparán toda su vida, a saber, la Eucaristía
y el servicio a los más pobres como hermano universal.
Por consiguiente, en Nazaret toma conciencia de la
importancia del sacerdocio en su proyecto apostólico11. Una
larga carta del 27 de enero de 1897 dirigida al P. Jerónimo12,
cuando se prepara para su ordenación sacerdotal, presenta esta
visión misionera de la eucaristía que ha de llevarse a los más
lejanos y desfavorecidos.
Ha comprendido que puede vivir la humildad del
abajamiento siendo sacerdote, practicándola como la practicó
Jesús. Embarca desde Jaffa para Francia para ordenarse
sacerdote quedando incardinado en la diócesis de Viviers13.
Mª DEL CARMEN PICÓN SALVADOR

En el próximo número del BOLETÍN continuará el artículo en las


etapas de búsqueda del Hermano Carlos en los lugares de Béni
Abbès (1901 – 1903 y Tamanrasset. (1905 – 1916)

11 El Hno. Carlos se levanta a orar todos los días a las dos de la mañana
y compagina la oración con el trabajo manual hasta la caída de la
tarde.
12 Religioso trapense. Cf. OE, o.c., 80-82.
13 Cf. J. RIBON, «Charles de Foucauld et le diocèse de Viviers», Actes

Colloque historique et spirituel Charles de Foucauld pêtre (2001) 53-65.


21
LA BÚSQUEDA DE DIOS
EN CARLOS DE FOUCAULD

«Dios mío, si existes, haz que te conozca». Esa extraña oración


de Carlos de Foucauld antes de su conversión manifiesta cómo,
en su búsqueda de Dios, ya buscaba ansiosamente a alguien. A
pesar de su formación intelectual y científica no estaba inquieto
por encontrar solamente una verdad o un principio explicativo
del universo que pudiera satisfacer una inquietud intelectual.
Más bien buscaba a alguien que le diera un sentido a su vida,
alguien a quien pudiera amar de verdad. Así es como dirá
después de su conversión: «Apenas descubrí que Dios existía,
entendí que no podía hacer otra cosa sino vivir sólo para él».
Ese cambio radical surgió en realidad de un encuentro con
alguien que irrumpe en su vida y a quien trata ahora de
entregarse totalmente. Pronto, al leer el Evangelio, ese alguien
tomará un nombre concreto: Jesús. Esa relación de persona a
persona se vuelve ahora el centro de su existencia de manera
imborrable hasta su muerte.
«El Evangelio me mostró que el primer mandamiento era amar
a Dios con todo mi corazón y que tenía que encerrar todo en el
amor». Amar a Jesús, mirarlo, vivir en amistad con él y por eso
buscar en el Evangelio sus palabras y sus gestos, conformarse a
él será en adelante toda la dinámica de su vida. «Por mi parte,
no puedo entender el amor sin una necesidad, una necesidad
imperiosa de conformidad, de similitud, y sobre todo de
compartir todas las penas, las dificultades y las asperezas de la
vida». Así, a ese Jesús que descubrió en el Evangelio y que
vislumbró en las calles de Nazaret como un pobre artesano, uno
de tantos, a ese Jesús a quien ama y quiere entregar su vida, el
hermano Carlos intenta ahora seguirlo e imitarlo en su vida de
Nazaret. Tal es el objeto y la luz de toda su búsqueda, el anhelo
central de su vida. Por eso, todo lo que descubrirá en Nazaret
tendrá un rostro concreto: el de Jesús. Es la persona de Jesús
que lo cautiva y el motivo de todas sus opciones profundas.
EMÉRITO DE BARIA
22
Testimonios
y Experiencias

Luis Cañadas Fernández (1928 – 2013)


Detalle del fresco de María Reina. Escuela indaliana

23
UN TRONCO SECO Y ENORME
HA ACOMPAÑADO MI VIDA

Al ponerme a reflexionar sobre “Carlos de Foucauld, la


búsqueda de la verdad como itinerario de libertad” me surge una
imagen, una imagen nada usual de lo que representa para
muchos el Hermano Carlos, menos ahora que ha sido elevado a
los altares. Ante mí, la imagen que me lo representa es un viejo
y seco tronco de proporciones inmensas. Esto puede sorprender
a muchos, como a mí me sorprendió en un primer momento;
pero sí, después de pensarlo y de repensarlo queda esa imagen
del Hermano Universal en mi vida. Eso ha significado y eso
significa. No encuentro mejor metáfora: un tronco enorme,
tremendamente enorme y seco, que flota. La importancia de esta
imagen depende de donde la encontremos: si la encontramos en
medio del campo puede pasar desapercibida, pero si es en el mar
puede ser el gran encuentro de la vida, y si es en un mar
embravecido puede ser la salvación de la vida misma.
Tuve la primera referencia de Carlos de Foucauld a
través de un libro de Carlos Carretto, cuando yo era un
adolescente. Casi enseguida me enfrasqué en la lectura del
Itinerario Espiritual de Francois Six. Después leí todo lo que iba
cayendo en mis manos o que yo iba buscando a trompicones. Fue
años más tarde cuando conocí a los Hermanitos en aquella calle
sevillana de la Carretera de “Suminencia”; allí conocí a Miguel.
Tengo que decir que sin la familia espiritual del Hermano
Carlos no sé hasta qué punto el impacto que produjo en mí su
figura hubiese sido perdurable en el tiempo e iluminador para
mi vida.
El contacto con Miguel era frecuente, pero nada sujeto a
ambientes de encuentros religiosos o espirituales. Al trabajar
los dos en la calle nos encontrábamos por casualidad, él como
taxista y yo como guardia urbano. Yo con apenas 23 años,
llevando el uniforme y la cabeza llena de lucha por la liberación
de mi pueblo, de los trabajadores, de militancia antimilitarista,
25
de oposición radical a la OTAN, todas esas cosas y muchas más.
Nuestras charlas, intrascendentes aparentemente, me llenaban
de luz, me indicaban una forma, un camino; estoy seguro que no
había intención alguna de aleccionar ni de indicar itinerarios,
pero lo hacía, lo hacía con su charla intranscendente, con su
sentido del humor y, sobre todo, con su estar. Mi vida iba
envuelta en ideas, luchas, obligaciones, divagaciones, dudas,
retrocesos, ambigüedades… Pero el tronco seco y enorme
estaba ahí, no me soltaba de él; volvía una y otra vez a los pocos
escritos originales que tenía y a ese rostro de hombre mayor, un
poco hippie, que guardaba permanentemente.
Los años seguían y la vida igual. Llegan momentos de
dureza. Aun siendo joven viví una fuerte situación familiar, con
un padre que de la noche a la mañana queda en situación de coma
postraumática a consecuencia de un accidente. Todo se
tambalea, todo parece derretirse bajo mis pies, pero ahí sigue mi
tronco seco y enorme, sabiendo que el “Señor de lo imposible”
estaba caminando junto a mis dudas y mi impotencia.
La opción por mi pueblo y mi convencimiento
nacionalista -entendido esto como liberación de las estructuras
de poder- me llevó a ocupar cargos públicos, presentarme a
elecciones, y también aquí el tronco permanecía a mi lado
imperturbable, y resonaba en mí: “En todo como Jesús en
Nazaret”. Los vaivenes políticos, las luchas fratricidas internas
en la organización, las invenciones, las zancadillas,…Y seguía
esa referencia imperturbable, serena, sin imposiciones de ningún
tipo; era esa invitación a caminar por caminos que nadie antes
había caminado, pero atento a los que caminaban cerca. Ante
cada propuesta, ante cada elección para ocupar cargos en la
organización me surgía la plegaria que me inspiró el Hermano
Carlos: “Sigo adelante porque creo que puedo hacer algo bueno;
si no es tu voluntad, recondúceme tú al lugar donde puedo ser
más fiel al Evangelio y a Ti”.
Ya con dos hijos, allá por el año 96, una llamada al
teléfono fijo de la casa de mi madre me sorprendió. Desde

26
Málaga, Antonio Calderón y Mari Paz deciden iniciar una
Fraternidad Secular en Sevilla. Miguel, que por entonces ya
vivía en Málaga, había guardado el teléfono durante más de una
década y se lo había facilitado a Antonio. Desde entonces inicio
torpemente la vida en una fraternidad Secular, a tientas,
aprendiendo, a veces dudando, pero han pasado más de
veinticinco años y aquí seguimos en este camino de búsqueda y
de libertad, aprendiendo de las personas que permanecen,
también de las que pasaron y prosiguieron por otro camino.
Haciendo de la debilidad fortaleza, confiando que la escasez de
medios humanos hará brillar con más fuerza la sobreabundancia
del Evangelio.
Durante todos estos años, me ha servido enormemente
la búsqueda a tientas del camino de seguimiento del “Modelo
Único”: “¿Que haría Jesús en mi lugar?” No siempre he
acertado. Es más, he tenido grandes confusiones, intentos,
retrocesos, he transitado por caminos nada ortodoxos, he
frecuentado ambientes dispares, pero el tronco que flota estaba
junto a mí, he aprendido a ver en las personas hermanos,
amigos, por compartir la vida, ni siquiera el pensamiento o la fe,
sino sencillamente la vida.
En los años de profesión han sido muchas las vivencias,
y la inspiración del Hermano Carlos y su seguimiento de Jesús
me ha enseñado a ver en toda persona un hermano, una hermana
querida, independientemente de la situación en la que se
encuentre. No es fácil expresar esto, pero podría contar casos
como el de un detenido que al final terminamos confiándonos
situaciones familiares y con un apretón de manos.
En este recorrido por el mar de mi vida, no solo ha sido
vivir en un trabajo como funcionario público defensor a ultranza
de los Derechos Humanos, con grandes fallos y grandes
momentos de cobardía. No solo militante de una organización
política durante años y años, con lo que esto conlleva de
prosaico y de utopías y de pragmatismo. También he hecho
títeres, y he adquirido compromisos por defender el medio
ambiente y lo público en los momentos de cierto peligro. La
27
fuerza la busqué en el “Señor de lo Imposible” que diría
Madelaine. He transitado por muchos caminos, he tanteado
muchas realidades, tal vez demasiadas, pero ahora miro para
atrás y veo que junto a mí ha estado permanente esa inspiración
de Carlos de Foucauld y su búsqueda de la voluntad del Único
Modelo, voluntad que para mí personalmente es sinónimo de
libertad, libertad de la buena, de la que nos hace crecer y crecer
con los demás y las demás.
Ahora, ya jubilado, viviendo en el campo prácticamente,
cuidando encinas y alcornoques que riego y cuido cada día dada
su pequeñez, mirando los pájaros, las plantas, dejando que
crezcan en libertad, cuidándolas y sintiendo que no me queda
por escribir muchos renglones, que aún no sé ni cómo los
escribiré ni de qué tratarán, pero mirando junto a mí a ese
tronco que ha impedido, hasta ahora, que naufrague en las aguas
de la vida por las que he navegado.
Doy gracias a Dios por esta vida, vivida en las búsquedas
de la utopía y bregando con el día a día en organizaciones
populares y en un partido político. En estas mediaciones junto a
mí ha estado permanentemente, como inspiración y como
salvaguarda, un tronco viejo y seco, sin oropeles ni brillos, sin
aureolas, pero que me ha salvado del naufragio. Seguimos
navegando hacia el puerto de la utopía humana y del Reino.
Espero solamente, y eso ruego, que al menos no sea yo un
obstáculo en la instauración del Reino de la Justicia y la Libertad
Salú y libertá.
JOSEMARI ROMERO
Fraternidad Secular de Sevilla

28
DIARIO DE ROGER BRÉGEON (Nyons)

Durante mucho tiempo, daba vueltas sin resultado y


sentía que ya no vivía de manera normal. El peso de los años,
con hermanos sufrientes, se hizo sentir y perdía la paz interior.
La caída de Jean, luego de Philippe y de Charlie en unas semanas
terminaron por afectarme el ánimo. Además, fue la muerte de
Jean en mayo 2021, de mi hermana religiosa una semana
después y de Michel en julio. Philippe se unió a ellos en
diciembre, después de mi partida. Todos estos acontecimientos,
y el cansancio posterior, me hicieron descubrir una vez más que
la fraternidad no es una palabra vana. Renuevo mi
agradecimiento a todos los hermanos que respondieron a mi
llamada haciéndose disponibles durante una semana o más; y a
ti Alain, que viniste por un tiempo que el confinamiento
transformó en fraternidad permanente en Nyons.
Cuando yo pedía un mes en un monasterio, resulta que
me concedieron seis, más el Capítulo. Y debo decir que es un
tiempo bendito. Aquí estoy en Spello, cincuenta años después de
mi entrada al noviciado. No es necesario volver a empezar como
antes. Además, el maestro de novicios (Pierre Queinnec) está en
su nueva fraternidad en el cielo, con tres de mis connovicios:
Giovanni, Xavier Habig y Vishvas. Quedamos dos, Max y yo.
Los pocos vecinos que conocimos ahora tienen el pelo blanco
(yo también, pero no los veo, así que creo que sigo siendo
joven...) El campo, antes tan bonito, con sus olivos bien
cuidados, también cambió. Nuestro sistema económico hizo que
el trabajo agrícola se modernizara y las montañas difíciles de
cultivar son abandonadas progresivamente igual que en
Francia.
Durante las caminatas, me di cuenta de los daños
causados por el terremoto. Cuántas casas abandonadas y en
ruinas en el campo, y cuántas fueron renovadas gracias a las
ayudas obtenidas. Spello se ha convertido en una joyita.
También vi una casa enorme y un anciano solo que me miraba
sin responder a mi saludo. ¡Cuánta soledad detrás de esas
29
puertas seguras! Eso me recuerda una cita grabada a lo largo del
acueducto que desciende de la fraternidad hacia Spello: «se pasa
la mitad de la vida destruyendo la salud, y la otra mitad tratando
de recuperarla» ¿Qué puedo decir de esta estancia? En primer
lugar, gracias a mis hermanos Ivo, Gabriele, Franco y Alberto
por su discreta acogida. Su ritmo de vida: trabajo / oración casi
monástica es un excelente reconstituyente. Evidentemente, el
contexto de Covid y el invierno, cuando las visitas son escasas,
no dicen lo que los hermanos viven normalmente.
No fueron las grandes lecturas las que me alimentaron.
Me contenté con el libro de Jean-Claude Boulanger: El camino
de Nazaret y con la meditación diaria de los textos litúrgicos.
«Tu Palabra es lámpara para mis pasos, luz en mi sendero» y
para algunas estancias en la ermita también me inspiré en Orar
15 días con la Hermanita Magdeleine de Jesús. ¡Qué maravilla de
sencillez! Y ahora, para una estancia prolongada en una ermita,
me dejo llevar por la meditación y la oración de los Salmos,
ayudado por Salmos noche y día de Paul Beauchamp; y para
ayudar a la reflexión, leo La solicitud de Ignace Bertin.
He aquí algunas notas recogidas aquí y allá.
Comenzamos con el Perdón. «Las personas que no llegan a
perdonar no dañan al otro, sino a sí mismas, se envenenan». Una
oración encontrada en el campo de Ravensbrück donde
murieron 92000 mujeres y niños. Estaba garabateada en un
papel de regalo junto a un niño muerto: «Señor, no te acuerdes
sólo de los sufrimientos que nos hicieron pasar, sino también de
los frutos que dimos como resultado de ese sufrimiento: nuestra
amistad, nuestra lealtad, nuestra humildad. Acuérdate del valor,
de la generosidad y de la grandeza de alma que surgió de todo
ello. Y cuando llegue la hora del Juicio, permite que todos esos
frutos, que dimos, les lleguen a ellos en Perdón». El Perdón
- Es la mirada amorosa del Padre sobre nosotros la que
nos reconcilia con nosotros mismos
- La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino
en querer lo que se hace.
30
¿Qué recordar de estos 13 años pasados en Nyons?
Cuando Jean Bian y yo llegamos (procedentes de África), nos
hicieron comprender que la Francia que habíamos conocido era
cosa del pasado, ahora ya no es así. Teníamos que aprender esta
nueva cultura. Así que aquí estamos, eternos aprendices.
Primer contacto en la agencia de empleo. Una señora me
recibe: ¿cuántos años tiene? Sesenta años (en 2008) - Pero señor,
¿todavía sigue pensando en ello (en trabajar)? ¡Primer choque
cultural! Sentirse inútil, eso duele mucho. Pero, en
contrapartida, el Estado se encarga de nosotros mayores
proporcionándonos unos ingresos mínimos, una ayuda para la
vivienda y un seguro médico. Y ahí hay que agradecer
verdaderamente a todos los que han luchado por más justicia y
solidaridad. A pesar de todo, falta salvar la dignidad de la
persona, que se expresa a través del trabajo. Luego encontré un
trabajo a tiempo parcial hasta que me jubilé a los 65 años.
Otro choque cultural: Jean y yo habíamos crecido en un
entorno católico practicante. Cuando volvimos, ya no era así. En
Nyons, quedaba un sacerdote residente, y otro a 30 km. Ambos
atendían a 101 pueblos, la mitad de ellos en las montañas muy
poco pobladas, y un sacerdote jubilado les ayudaba los
domingos. Durante año y medio no me pidieron nada, además
no era muy bien visto en la fraternidad porque no es nuestro
papel estar en una parroquia. Está bien, pero díganme, nosotros
que queremos la Eucaristía varias veces por semana, ¿por qué se
la rechazaríamos a las comunidades rurales que la tienen una
vez al mes?
Entonces, un día, uno de los dos sacerdotes tuvo un
accidente, así que me pidieron ir a los pueblos a 50 km. Allí
iniciamos un grupo para compartir el Evangelio. Luego se
nombró a otro sacerdote, pero este grupo continúa hasta hoy.
Cada año me encargan la Semana Santa en su sector y me
acogen en las familias de los pueblos.
Continúo en otro sector de 37 pueblos. Son comunidades
de entre 4 y 17 personas en invierno. Pueden ser 35 en verano.
31
La mayoría de ellos conocieron los movimientos de Acción
Católica y tuvieron compromisos sociales. Formamos una
familia que mantiene la fe a pesar de una transmisión difícil.
Algunos acontecimientos relevantes: el entierro del
alcalde de un pueblo de 85 habitantes. El cura me llama en el
último momento para sustituirle. No conozco a nadie, es la
primera vez que vengo a este pueblo. El teniente de alcalde vino
a verme y me dijo: ¿podemos celebrar la ceremonia delante del
ayuntamiento en lugar de junto a la iglesia, que está en
reparación y también es demasiado pequeña? Aprovecho para
hacer una petición yo mismo: no conozco al alcalde y voy a ir
solo a recibir el cuerpo. ¿Y si los concejales vinieran conmigo y
usted llevara el cuerpo? De acuerdo. Así pudimos marcar lo que
significa ser servidores de los demás. Desde ese día, nuestra
amistad permanece. Lo mismo ocurrió con el entierro de una
secretaria de 6 ayuntamientos (incluido el más pequeño de
Francia: sólo 1 habitante...). Allí, son los alcaldes los que
llevaron a su secretario.
¿Cuál es nuestra esperanza?
- Una pareja joven que conocí en la capellanía del
instituto se fue a vivir unos años a los barrios del norte de
Marsella para dar testimonio de su fe. Una joven también está
allí en contacto con una nueva comunidad.
- El acompañamiento en el catecumenado a tres adultos,
dos de los cuales son kabileños (de origen argelino y que viven
en Francia desde hace mucho tiempo). Son momentos que
ayudan a crecer tanto a los acompañantes como a los candidatos
al bautismo. Todavía nos queda mucho que hacer para que
nuestras comunidades cristianas sean más abiertas a los recién
llegados.
En lo que se refiere a nuestra vida fraterna. Nos
recibieron Michel Tenet y Pierre Queinnec. Poco después,
Pierre fue a la residencia de ancianos. Alain Gaschard estaba en
una residencia. También allí el choque cultural fue grande. Con
los años pasados en otro continente, habíamos olvidado el reloj
32
y el ritmo frenético de Europa. Perdón a aquellos que hicimos
sufrir. Se encontró una solución cuando cambiamos de piso
cinco años después. Teníamos dos pisos, uno para Michel, que
era muy cercano a nosotros, y el otro para nosotros, hermanos
llegados de África. Así podíamos compartir nuestra oración
diaria, y las comidas frecuentes juntos: el café de la mañana y
muy a menudo por la noche, manteniendo un espacio de libertad.
Gracias a los hermanos de la Fraternidad Central que nos
ayudaron en este proceso.
Más tarde, Charlie y luego Philippe se unieron a
nosotros. Al estar la casa adaptada a la minusvalía, nos permitió
mantenerlos hasta el final, gracias también a la asistencia
médica asumida por los seguros, así como a las ayudas a
domicilio. ¿Cómo podemos agradecérselo?
Casi me olvido de otro hermano: Bruno, el sacerdote de
la parroquia. Forma parte de la fraternidad sacerdotal y fue un
verdadero compañero de camino. Estando su piso arriba del
nuestro, siempre tenía su plato cuando estaba allí. Su presencia
era una apertura al mundo, preciosa para los hermanos que ya
no pueden desplazarse.
Como nuestro piso está unido a la parroquia, tenemos
muchas visitas que permitieron a nuestros mayores permanecer
en contacto diario con el mundo. Admitamos que a veces podía
ser un poco excesivo. Pero recibimos mucho. Cuando yo me iba
a los pueblos, siempre podías contar con una persona o una
pareja que viniera a prepararles una comida y compartirla con
ellos. El contexto de Covid lo frenó un poco. Pero la puerta
siempre permanecía abierta.
Nuestro hermano Alain Gaschard nos dejó como
herencia su atención a la gente de la calle (los sdf: sin domicilio
fijo), Pierre su presencia contemplativa, Jean hablando de Jesús
a todo aquel que quisiera escuchar y su expresión: Es formidable.
Michael, su atención a los enfermos y a las personas solas. No
teniendo siempre las palabras para decirlo, traía una flor o una
ensalada de su huerta, un plato preparado. Philippe, su sonrisa,
33
sus brazos levantados: Es maravilloso (aunque sufría mucho)
admiré su sencillez, su reserva y su acogida de cada día.
Hoy, la fraternidad toma un nuevo rostro con Alain
Ragueneau y Christian Bopp, que llegaron el pasado mes de
septiembre. Los dos tuvieron que asumir la partida de Philippe,
y ahora están cuidando a Charlie. ¿Y mañana? Dios proveerá.
Ayúdenme a creer en ello con todo mi corazón. En cualquier
caso, me voy descansado y disponible para una nueva aventura
con ustedes, guiado por este hermoso diálogo dado por un
jesuita durante un retiro. No tengo el texto exacto:
María y José huyen a Egipto.
- ¿A dónde van ustedes con este bebé?
- A donde Dios nos envíe.
- ¿Y piensan quedarse allí mucho tiempo?
- El tiempo que Dios quiera.
- ¿Y ustedes piensan regresar a su patria?
- Nuestra patria será allí donde estemos.
Como mi texto aún no ha sido enviado, añado que
tuvimos la alegría, al igual que ustedes, de celebrar al hermano
Carlos de forma discreta. Dos laicos de la fraternidad seglar nos
representaron en Roma.
Después, ayer, 22 de mayo, la Iglesia de Lyon celebró la
beatificación de Pauline Jaricot, una laica preocupada por dar a
conocer la Buena Noticia suscitando grupitos de oración
compartiendo el Evangelio y el rosario. Ella también quería
mejorar la condición de los trabajadores y también ayudar a las
misiones, lo que hoy se convirtió en las OMP (Obras Misionales
Pontificias). Lo menciono porque teníamos un gran amigo,
Henri Couston, que dio un fuerte testimonio de fe en la
fraternidad de Nyons y en su entorno. Era un poeta campesino
y vivió en una gran pobreza porque lo daba todo para las obras
de caridad y para las misiones.
DIARIO HERMANITOS DEL EVANGELIO, n. 313
Spello, 14 de marzo 2022
34
Ideas
y
Orientaciones

Luis Cañadas Fernández (1928 – 2013)


Detalle del fresco de María Reina. Escuela indaliana

35
LA VERDAD EN CARLOS DE FOUCAULD
A menudo nos mortificamos porque parecemos vivir
fuera del proyecto o ideal emprendido, fuera del horizonte
cristiano aceptado: sentimos que hay algo que nos detiene, como
si estuviéramos impedidos de ser auténticamente nosotros
mismos, según esa originalidad que Dios nos ha dado y puesto
en los corazones de cada uno. Quisiéramos hacer algo más, pero
siempre quedamos pasivos, casi prisioneros de nosotros mismos,
de nuestro ideal, incapaces de liberarnos de tantas ataduras más
o menos reales. Sin embargo, estamos seguros de que «hemos
sido llamados a la liberta», que «Cristo nos liberó para que
siguiéramos siendo libres». ¿Por qué, entonces, nos dejamos
volver a imponer en el juego de la prisión? ¿Por qué nosotros,
que hemos sido redimidos por la sangre de Cristo, volvemos tan
fácilmente a la esclavitud? Ya no somos esclavos, sino hijos.
¿Por qué entonces abandonamos la libertad de los hijos de Dios
para volver a caer bajo las múltiples formas del miedo, la
necesidad, el chantaje, el espejismo, la ansiedad?
«Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn
8,31). Para hacerse libre, para permanecer en la libertad y para
producir la libertad, es necesario dejarse iluminar por la luz de
la verdad. La línea divisoria entre la libertad y la esclavitud
comienza aquí mismo: aceptar y seguir a Jesús o no; caminar en
su luz o preferir las tinieblas de nuestro corazón. A medida que
permitimos que la luz de la verdad llegue a todos los rincones
de nuestro hogar, las vendas que nos atan y nos ocultan se
disuelven y, como Lázaro, experimentamos una segunda vida,
la vida nueva de los resucitados….
Cómo san Carlos de Foucauld encontró y luego siguió
este camino de verdad liberadora, de ser no esclavo sino libre,
de esa libertad que lo condujo por caminos impensables, pero
abiertos a horizontes siempre nuevos. Trazo brevemente
algunas líneas.
1. El hermano Carlos buscó la verdad
Las cartas escritas a H. de Castries y H. Duveyrier dan
testimonio de esto. Su investigación que pasó por el islam y
floreció en la conversión de 1886. Un viaje lento y paciente
comenzó durante la exploración marroquí, descubriendo al Dios
“totalmente Otro” del islam. La fe islámica le revela que: “Allah
Akbar”. Dios es lo más grande, lo más grande de todas las cosas
que podemos enumerar; sólo que, después de todo, Él merece
nuestros pensamientos y palabras”1. Sólo Él merece ser servido
y adorado en todo y todo hombre está llamado a vivir bajo su
absoluta y benéfica Grandeza: "nuestro destino es perdernos en
el gozo de que Dios es Dios, darle gracias por su gran gloria y
hundirnos en su adoración y en su amor”2.
La belleza del desierto, las experiencias argelinas y
marroquíes, pero sobre todo los contactos que tuvo con los
musulmanes, habían despertado en él el sentido de Dios. El
mismo Carlos de Foucauld le confesó a Henri de Castries que el
islam con la grandeza de Dios lo cambió por hacerle entender
que fuimos creados, nacimos para “grandes cosas”:
«Sí, tienes razón, el islam ha producido en mí una profunda
conmoción... La visión de esta fe, de estos hombres en la
presencia constante de Dios, me hizo vislumbrar algo más
grande y más verdadero que las ocupaciones mundanas: “ad
majora nati sumus”…»3
Más aún, el islam lo sedujo: «L’Islam est extrêmement
séduisant: il m’a séduit à l’excès»4. Una religión que «me
gustaba mucho, con su sencillez, sencillez de dogma, sencillez
de jerarquía, sencillez de moralidad»5.

1 Carta a H. de Castries, 66
2 Ibid., 132
3
Ibid., 53
4
Ibid., 57
5
En la misma carta a Henri de Castries sostendrá que el islam no es una
religión verdadera: «Vi claramente que era sin fundamento divino y que
no había verdad en ello». La razón por la que ya le había escrito en una
38
Cuando está en París para escribir la Reconnaissance au
Maroc intuye que la verdad no estaba en el islam6, ni en los
antiguos filósofos, sino que la encuentra en el ejemplo de las
almas cristianas de su familia que le hicieron redescubrir que la
verdad era en la fe católica. Le confesó a su amigo Duveyrier:
«Primero me enamoré de la virtud y dirigí mis lecturas en
esta dirección, estudiando de buena gana a los moralistas de
la antigüedad, estaba muy lejos de cualquier religión, y sólo
la virtud antigua me atraía ... Encontré a estos filósofos menos
cálidos y menos nutridos de lo que esperaba... por casualidad
leí unas páginas de un libro de Bossuet en el que encontré
mucho más de lo que había hecho con mis antiguos
moralistas... Continué leyendo este volumen y poco a poco
llegué a pensar que la fe de un espíritu tan grande, la que veía
cada día tan cerca de mí en mentes tan bellas, en mi propia
familia, tal vez no era tan incompatible con el sentido común
como me había parecido hasta entonces.
Era finales de 1886. En ese momento sentí una profunda
necesidad de recogimiento. Me pregunté en lo más profundo de
mi alma si verdaderamente la verdad era conocida por los
hombres... Hice entonces esta extraña oración, pedí a Dios en
quien aún no creía, que se me diera a conocer si existía... me
pareció que lo más prudente, en la duda que me nacía, era
estudiar esta fe católica. Yo la conocí muy poco, recurrí para
conocerla a un sacerdote instruido al que conocía un poco por

carta anterior: «El fundamento del amor, de la adoración, es perderse,


sumergirse en el que se ama y mirar todo lo demás como nada: el Islam
no tiene bastante desprecio por las criaturas para poder enseñar el amor
de Dios digno de Dios: sin castidad y pobreza, amor y la adoración
permanece siempre muy imperfecta; porque cuando amamos
apasionadamente, nos separamos de todo lo que podemos
distrayéndote aunque sea por un minuto de ser amado y lanzarte a ello y
perderte totalmente en él...». Castries, 57.
6
Aunque él siempre dice en la carta del 15 de julio de 1901 a de Castries
que puede haber algo de verdad en algunas partes del islam. Esto le
permitirá en su relación con los tuaregs, y en particular con Moussa,
reflexionar sobre la 'religión natural' que querrá presente como base de
la oración y de la vida moral.
39
haberlo visto con mi tía, este sacerdote es el l'Abbé Huvelin.
Tuvo la bondad de responder a mis preguntas, la paciencia de
recibirme cuando yo quisiera. Me convencí de la verdad de la
religión católica. Desde entonces, el Sr. Huvelin se ha convertido
en un padre para mí y he vivido de manera cristiana7.
2. La verdad permanece en Jesucristo
El Dios de Jesucristo, que el Abbé Huvelin le hace
descubrir es, sí, el Totalmente Otro, pero el abismo entre el
Creador y la criatura ha sido colmado por la encarnación de
Jesucristo y ser hijos de Dios es posible en Cristo porque él, el
Hijo de Dios, se hizo hombre como nosotros y compartió su vida
con nosotros (Fil 2, 6-11).
El Abbé Huvelin sabe que para comprometerse en la vida
religiosa hay que hacer un trabajo previo: vaciarse de sí mismo
y de su mundo para dejarse obrar por la gracia, dejarse habitar
por Jesucristo, conocerlo, poder seguirlo e imitarlo, para
convertirse en un hombre nuevo:
«Si quieres convertirte en mi discípulo, llénate de mi espíritu,
tienes que renovarte completamente, convertirte
completamente, convertirte en un hombre completamente
nuevo, no conservar nada del viejo hombre, viejas
imperfecciones, viejos malos hábitos en ti, hazlo desaparecer
hasta la última migaja de esta vida imperfecta y haciéndose todo
nuevo por medio de una conversión completa y perfecta. [...]

7
Carta a Henry Duveyrier, 21 de febrero de 1982, en archivos de
postulación. Debemos recalcar que en nuestro idioma, tiene
como trasfondo de la cultura greco-latina, el término “verdad” indica la
conformidad de un discurso con la realidad. En la Biblia, sin embargo,
encontramos la palabra hebrea emet que, en un contexto ético-religioso,
se refiere a una cualidad de acción y equivale a fidelidad. Está
referido sobre todo a Dios, cuya verdad se experimenta concretamente
en la historia como fidelidad a las propias promesas y mantenimiento de
los compromisos asumidos con la alianza, en los que manifiesta la
constancia de su favor hacia quienes seguir y su inexorable justicia para
los infieles).

40
No se convierte por la mitad; ... destruye, destruye todo lo que
es levadura vieja, vacía totalmente los restos del hombre viejo,
no dejes que nada quede, déjalo morir completamente, para que
mi vida en ti pueda reemplazar la suya, llenarte completamente
y que ya no seas tú que vives, sino yo que vivo en vosotros»8.
De hecho, en la escuela del abate Huvelin aprende que en
el NT la verdad se refiere casi exclusivamente a la revelación de
la salvación en Jesucristo. La verdad es ante todo Evangelio,
anuncio del acontecimiento pascual y germen vital comunicado
al creyente en el bautismo. La verdad es, pues, sinónimo de
revelación del plan de Dios, que alcanza su cumbre en la obra y
en la persona de Jesús. Él resume en sí mismo los diversos
sentidos de la verdad, como cumplimiento de las promesas,
sabiduría encarnada y revelación personal del Padre. El Espíritu
de verdad, interiorizando y testimoniando a Jesucristo en los
creyentes, les introduce progresivamente en toda la verdad,
haciéndoles experimentar la fidelidad de Dios a las promesas y
manifestando la revelación del amor de Dios en Jesucristo.
De aquí se comprende cómo es importante para el
hermano Carlos conocer a Jesús, amarlo e imitarlo lo más
posible, llevando en el corazón la certeza de que él es «el
Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). ). Un Camino que
conduce a la Verdad y una Verdad que se convierte en Vida. No
una vida cualquiera sino la vida divina, de hijos amados del
Padre e inserta en la misma Historia de Amor de la Trinidad.
3. La verdad es una virtud que hay que cultivar
Además, la verdad, para el hermano Carlos, forma parte
de las virtudes que descubre en Jesús, y en "El Modelo Único"
las resume así:
“Verdad”
No jures, sino di: Sí, sí, no, no [cf. Mt 5,36-
37].
Sed sencillos como palomas [cf. Mt 10,16].

8 CDF, Commentaire de Saint Matthieu, 333


41
El que se avergüence de mí en este mundo, yo
me avergonzaré de él ante mi Padre. A quien
me reconozca en este mundo, yo lo reconoceré
ante mi Padre [cf. Mt 10, 32-33].
Id por toda la tierra para predicar el Evangelio
a toda criatura [cf. Mc 16,15].
He venido al mundo para dar testimonio de la
verdad [cf. Juan 18,37].
Yo soy el camino, la verdad y la vida [Jn
14,6].
¿Eres entonces el Hijo de Dios? - Tú lo dices, yo soy
[cfr. Lc 22,70]9.

Lo medita en el retiro de Nazaret en octubre de 1887


bajo el título de “Veracidad”, otro nombre de “Verdad”. Meditar
y amar la verdad significa buscar la unión, la unión común con
Dios “que es Verdad por esencia”. He aquí, pues, el compromiso
de ser sinceros, «veraces en pensamientos, palabras y
acciones»10 . Al final de esta larga meditación lo resume así en
las “resoluciones”: veracidad: «Ser verdaderos en los
pensamientos echando fuera todos los pensamientos inútiles y
9
CDF, El modelo único, Suplemento a Jesús Caritas n.144, abril
2009. 35.
10
La lista (y el comentario de cada virtud) se encuentra en A la
dernière place, 128-247. Este es un retiro que está haciendo del
5 al 15 de noviembre de 1897, muy importante porque nos
muestra el camino espiritual de Carlos de Foucauld. Al final de
cada meditación elabora los propósitos necesarios para su vida
cristiana.
Los primeros 3 días meditar en Dios y la vida de Jesús;
El 8 de noviembre repasa su vida pasada (aquí relata su infancia,
adolescencia y conversión) y su futuro de imitación y
conformación a Jesús;
Del 9 al 12 analiza las 15 virtudes de Jesús
El 13 de noviembre recapitula las resoluciones;
El día 15 la Elección.
42
examinando todos los pensamientos útiles para conocer su
verdad: por eso nos dedicamos a los necesarios estudios de la
Sagrada Escritura y de las obras recomendadas por la Iglesia,
y aprender quienes nos puedan iluminar... ser humildes y
escuchar la conciencia. La verdad en las palabras y en los
hechos: huir de toda duplicidad, de toda astucia, de toda
hipocresía, de toda política y de toda diplomacia... ser paloma,
ser pequeño... «Libéranos de los caminos tortuosos», decía
Santo Tomás de Aquino. ... ir con sencillez y no con sutilezas...
mirar al cielo y no preocuparnos por la tierra»11.
4. La verdad es un don del Espíritu
«Cuando venga el Espíritu, os guiará a toda la verdad»
(Jn 16,13). Verdad que encontrará, como ya hemos dicho, en el
Evangelio. Comentando Mt 24,35 «El cielo y la tierra pasarán,
pero mis palabras no pasarán», escribe:
«Tus palabras, Dios mío, son divinas... Son la verdad eterna...
son infinitamente verdaderas, así como infinitamente
perfectas... Debemos, por tanto, 1° creerlas con una firmeza
invencible, 2° conformarnos a ellas con fidelidad escrupulosa,
3° poner todo en ellos su cuidado en conocerlas, ya que te
dignas pronunciarlas por nosotros y 4° poner todo nuestro
celo en entender su significado…»
Y luego explica que, además de creer, es necesario
«conformarse a ellas, ya que son la verdad, la perfección, la
voluntad de Dios; es evidente que el bien, la perfección, el deber,
el amor de Dios consisten para nosotros en conformarnos a él
sin medida... nuestra vida, nuestra aspiración, nuestra necesidad,
nuestro único descanso y nuestra única felicidad debe ser
conformarnos con perfección y en cada momento a la palabra de
nuestro Amado, de nuestro Salvador, de nuestro Todo, de
nuestro Dios... Ella debe regular todos nuestros pensamientos,
todas nuestras palabras, todas nuestras acciones, todos los
instantes de nuestra vida … Es deber y es amor». Amor que

11
La meditación sobre la veracidad se encuentra en La dernière
place, 165-169.
43
encuentra su fuente en la "palabra divina" que "resumen todo,
repiten todo, explican todo... toda la Escritura contiene tesoros
infinitos...". De ahí el compromiso de "dedicar regularmente
tiempo a esta lectura y hacernos conocerla bien para
conformarnos bien a ella primero y luego a imitación de nuestro
Amado y por respeto a su palabra"12 .
5. La verdad se hace caridad
Un último aspecto, pero no menos importante, vinculado
a la verdad es la caridad. Comentando Jn 10,40 - 11,35, después
de subrayar «que todo hombre es materia cercana o lejana del
cuerpo místico», escribe: «Dios es perfecto, solo él conoce toda
la verdad, solo él conoce el bien que hay en las almas».
«Debemos amar a cada hombre según el bien que hay en él... y
debemos amarlos a todos por igual como los ve Dios»13.
Sólo Dios conoce la profundidad del corazón humano;
plantó allí el germen de las virtudes teologales que nutren y
regulan la vida cristiana en su íntima relación con Dios y con
los hermanos y nos hacen comprender la Verdad sobre Jesús: es
el Hijo amado (cf. Mc 1,11) que ama el Padre: «Yo amo al Padre»
(14,31), que ama al mundo como el Padre, no lo condena sino
que lo quiere salvo (cf. 3,16-17), que ama a los discípulos como
el Padre lo ama a él : «Como el Padre me amó, así también yo
os he amado» (15,9), hasta el final: «Habiendo amado a los
suyos... los amó hasta el extremo» (13,1). Finalmente, la verdad
sobre el hombre implicada en este fluir del amor: amado es su
nombre, amar como amada es su tarea (cf. 13,34), constituyó un
lugar histórico a través del cual el Padre sigue extendiendo su
mirada de ternura aparecida en el Hijo sobre el mundo14.

12
CDF, En vue de Dieu seul, 122-123.
13
CDF, “Stabilirci nell’amore di Dio…”. Meditazioni sul vangelo di
Giovanni, Glossa, (Milano 2009) 122-127.
14
Cf. Schede bibliche, “Verità”, s.i.p.

44
«En su relación con el Dios de Jesucristo, San Carlos conocía
la verdad. Habitando en esta verdad y purificado por ella, se
encuentra con cada uno de sus interlocutores como hermanos
y hermanas en Jesús, hijos del mismo Padre, para ser amados
con singular atención, en virtud de la singularidad de cada
persona»15.
Mirando a san Carlos de Foucauld comprendemos cómo
ser libre es gracia e implica una investigación cuidadosa y
prolongada. Es una experiencia estimulante e incomparable que
se da paso a paso, con el sudor de la frente y con la sangre, tal
como nos lo mostró nuestro Maestro. El camino para llegar a
ser libres es el de Jesús, ayudados por su Espíritu debemos
caminar resueltamente en el yo continuo: superación, apertura,
acogida, encomendarse a la Verdad que sale a nuestro encuentro
en las experiencias y situaciones de la vida, en la realidad. y, más
allá de lo dado, en el Espíritu.
Termino haciendo mío un pensamiento de Gregorio
Magno: «Cada miembro del pueblo de Dios, si obedece a la
Palabra, es “órgano de la verdad” para sus hermanos en la fe.
Por cuantos, llenos de fe, nos esforzamos por hacer resonar a
Dios, somos órganos de la verdad; y está en poder de la verdad
que se manifieste a través de mí a los demás o que me llegue a
través de los demás».
ANDREA MANDONICO
Miembro de la Sociedad de Misiones Africanas (SMA), doctor
en Teología. Vicepostulador de la causa de canonización de Carlos de
Foucauld; y postulador de la causa de canonización de la hermanita
Magdalena de Jesús. Autor, entre otros muchos trabajos, de Nazaret
nella spiritualità di Charles de Foucauld. Encargado de la traducción y
edición italiana de la biografía del centenario de la muerte de Carlos
de Foucauld escrita por Pierre Sourisseau, Charles de Foucauld.
Biografia 1858-1916.

15
A. FRACCARO – M. VIGHESSO, Charles de Foucauld e la forza dei
legami, Effatà Editrice, (Cantalupa 2022) 26

45
EL HERMANO CARLOS
VA AL PSICOANALISTA

- Bonjour, monsieur l’abbé.


- Bonjour, monsieur le psychanaliyste.
- Bien, póngase cómodo y relajado. Si quiere estar en el diván,
lo tiene a su disposición. Si prefiere estar sentado, tome asiento
y comenzamos enseguida.
- Pues sentado, aunque las sillas no son muebles de mi interés,
acostumbrado a estar por tierra en una estera o en la arena
sahariana. Las sedes quedan para la gente importante, como
obispos, abades, señores párrocos o el santo padre. Me siento en
esta silla, que seguro ha sido recalentada muchas veces por
gente con problemas, reales o imaginarios.
- Muy bien, monsieur l’abbé. Vamos a empezar. Lo primero,
cuénteme de usted, de su persona en los comienzos de su vida;
lo que usted recuerde, monsieur l’abbé.
- Bueno, no me llame así, de monsieur l’abbé, me suena raro.
Mejor hermano Carlos, o hermanito, siempre que no me
confunda con un fenómeno frailuno de novela piadosa.
- Pues muy bien, hermano Carlos. Volvamos a la pregunta que
le he hecho. Comience a hablar, tómese el tiempo que quiera.
- Muchas gracias. Además, es que últimamente me han dado el
reconocimiento de santo, y me suena más raro todavía. He
tenido varios títulos, aunque me vea así, que llevo una sola
sandalia. Cuando me pegaron el tiro por equivocación debió
quedarse por allí, y la otra sandalia la recogieron años después,
y la tienen las hermanitas de Jesús en Tre Fontane en Roma.
Uno de esos títulos era el de vizconde, al que nunca le di
importancia, si bien cuando me enterraron en El Golea, al cabo
de un tiempo, mi familia se empeñó en poner la distinción en el
epitafio, y en las estampas o recordatorios en Francia de mi
muerte también lo pusieron. Creo que deberían haberme
46
preguntado a mí primero, ¿no opina lo mismo? Nunca creí en
los títulos. Sólo en el de Dios Misericordioso, de entrañas de
misericordia, como aprendí de los musulmanes en Marruecos
cuando hice un trabajito de geografía de aquel país, y los veía
rezar con verdadera fe, y me llamaba la atención que...
- Hermano Carlos, no se vaya en detalles de ese tipo. Cíñase a
mi primera pregunta, gracias,
- Disculpe. Es que pasé mucho tiempo solo, sin hablar apenas
con nadie, y me encanta la comunicación. Ya le hablaré de todo
lo que escribía, que no fue poco. Bueno, yo nací en Estrasburgo,
en 1858, que para la historia de la Tierra eso no es nada. Tenga
en cuenta que son unos tres mil quinientos millones de años los
que tiene este planeta, digamos ya un tanto enfriado y con
montañas, que antes no había ni agua ni oxígeno, que la arena
del desierto fue roca en su momento, que… Vaya, perdone, me
voy de nuevo a otra historia. Lo siento. A los tres años nació mi
hermana María, con quien siempre estuve muy unido. Pero en
1864 murieron mis padres, y, aunque mi familia era rica y no
nos faltaba de nada, perdí el amor de unos seres maravillosos
para mí. Perdí la sonrisa. Así que mi hermana y yo nos fuimos
con el abuelo Morlet, papá de mi mamá, militar importante, que
nos trataba estupendamente, aunque era coronel, pero, a pesar
del cariño que recibí, yo creo que no era un niño feliz. Echaba
en falta al padre y a la madre. No estaba a gusto con nada, y,
además, a los seis años de este cambio en mi vida, cuando acabó
la guerra con Alemania, nuestra región pasó a su poder, y nos
fuimos a Nancy, como buenos franceses que éramos. Allí estudié
hasta que fui a hacer el bachillerato en París, con los jesuitas,
pero todo me parecía aburrido y nunca encontraba mi sitio,
pasando de una cosa a otra sin sentir que, de verdad, me gustaba
lo que estaba haciendo, un trasto, vamos. Mi familia era muy
religiosa y tenía confianza en que Dios me trabajara a fondo para
llegar a ser feliz. Tardé muchos años en llegar a esa situación, y
nunca me quedé mucho tiempo en ningún sitio, siempre
buscando algo nuevo. Después, para agradar al abuelo Morlet,
entré en el curso de preparación militar en la Escuela de Saint
47
Cyr. Un desastre. No daba ni golpe, no aceptaba que nadie me
dijera lo que tenía que hacer, me aburría… En fin, un
adolescente insoportable. ¿Tiene usted hijos adolescentes?
Comprenderá mejor lo que le digo.
- Disculpe, hermano Carlos. Soy yo quien hace las preguntas.
Continúe.
- Discúlpeme usted a mí. Tiene razón. El caso es que yo, de
formación cristiana familiar, llegué a no creer en nada, ni en
Dios ni en mí mismo. Había un vacío que intentaba ocupar
haciendo mi santa voluntad. Así estuve años. Yo creo que todo
esto fue la tierra preparatoria para que, cuando llegó mi
conversión al verdadero Dios crecieran unas raíces que
sustentaron el árbol de mi fe, y aquello sí que fue nuevo para mí.
Me di cuenta de que Dios me estaba buscando, y yo salía
huyendo. Cuando me confesé con el abbé Huvelin y éste me puso
de rodillas -no para humillarme, sino para reconocer mi
pequeñez- Jesús, mi bienamado amigo, me mostró un corazón
misericordioso para perdonarme, para aceptarme a pesar de
todos mis fallos, manías, egoísmos… Seguía teniendo de todo
materialmente, pero allí me convencí que no hacía falta títulos
ni dinero para seguir a Jesús y darlo todo por él. Luego me fui a
la Trapa, después a otra Trapa aún más pobre, en Siria, y acabé
siendo ordenado sacerdote en Viviers. Una cosa muy atípica,
pues la idea era ir a Argelia, a llevar a Jesús, no a predicar y
bautizar negritos, sino a hacer presencia de Jesús, sin hacer
ruido, siendo buena persona y amigo del vecindario. Antes de
eso mi superior de la Trapa me mandó a Roma a estudiar, cosa
que no me costaba mucho, aunque tampoco era mi sitio. Bueno,
como era un desastre de persona, seguro que sacaba de quicio a
todo el mundo, y la gente se preguntaría: ¿“Pero éste qué
quiere? A mí no me importaba qué pensaran de mí. Yo estaba
centrado en qué pensaba y qué quería Dios de mí. Dejé de ser
trapense y me fui a Nazaret, como criado y jardinero de las
Clarisas. Nazaret siempre había sido un sueño, una manera de
enfocar la vida como persona, como creyente, como Iglesia,

48
entrando en esos primeros años de Jesús, desconocido,
trabajador, buen vecino.
- Hermano Carlos, vaya más despacio. Entre ese momento y
Saint Cyr pasaron muchas cosas, tengo entendido.
- Cierto. Es que me voy acelerando, y he dejado en paréntesis la
parte más difícil de mi vida. Sigo. Mi paso por Saint Cyr, desde
1876, fue un círculo de errores, porque no me adaptaba a nada.
Pero le digo sinceramente que eso me daba igual, ya que no
estaba motivado por ningún objetivo. No tenía empatía. La
gente que no tiene empatía tampoco tiene capacidad de perdonar
o sentirse perdonado. ¿Qué pensaba? Pues pensaba en la luna,
en las chicas, en otros mundos donde no tuviera
responsabilidades…Y mi fe en Dios quedó como una anécdota
del pasado.
A los dos años murió mi abuelo, y heredé una gran fortuna que
me dio la seguridad personal de poder, de ser alguien por el
dinero. Y entré en la escuela de caballería de Saumur hasta 1879,
de donde salí gloriosamente calificado el 87 de 87 que éramos.
De fiesta en fiesta, invitando a todo el mundo, era un desastre
en disciplina. Alcohol, tabaco, mujeres objeto… Y muy poca
responsabilidad pero, al contrario del hijo pródigo de la
parábola, no me faltaban las algarrobas. Eso sí, escribía y leía
mucho, cosa que siempre me gustó. Cuando estaba en Argelia
no paraba de escribir. Se me acababa el papel y aprovechaba
hasta los sobres que recibía dándoles la vuelta. Los soldados
franceses me daban libretas, pero me duraban poco. Yo creo que
escribí más cartas que las de todos los niños del mundo a los
Reyes Magos. Bueno, en Francia no éramos de Reyes Magos,
pues habíamos tenido serios problemas con la monarquía. En
fin, que yo deseaba comunicar y comunicar lo que me pasaba por
el corazón.
- Disculpe, hermano Carlos. Vaya ordenadamente, por favor.
- Sí, claro. Vuelvo a mi etapa militar. 1879, conozco a Mimi, que
me roba el corazón. Yo estaba en Port-à-Mousson. De allí
fuimos a Argelia al año siguiente, y me llevé a la novia a pesar
49
del régimen militar. Decíamos que éramos marido y mujer, pero
se dieron cuenta, y como era vizconde, me ofrecieron salir
airosamente del ejército, si bien mi hoja de servicios era un
compendio de todo lo que un militar no debe hacer. Regresamos
a Francia y al año dije adiós a Mimi y volví a Argelia como
militar. ¿Qué pasaba por mi cabeza? Pues de todo. Mis
aventuras mentales no me dejaban instalado nunca. No pensaba
en Dios y lo que él me tenía preparado. Pero la verdad es que en
esa época tan corta me porté muy bien y no hice ninguna locura,
mas, como me cansaba de todo, me fui del ejército y empecé a
preparar la “conquista” de Marruecos. Vuelvo a tener novia en
Argelia, pero mi familia se opuso a nuestra relación. No me sentí
derrotado por eso.
Cada vez el mundo árabe me atraía más, así que aprendí el árabe
-siempre me gustaron los idiomas- y disfrazado de judío rabino,
con otro verdadero rabino, el buen Mardoqueo, recorrimos
Marruecos dibujando los paisajes, las aldeas, todo. Yo estaba
encantado con mi faceta de científico. Como geógrafo no lo hacía
mal, aunque esto no llenaba mi ego. Me dieron un premio en
Francia por mi trabajo al año siguiente. Ya empezaba yo a
tomarme las cosas en serio, aunque no a las personas. Como era
rico, pasé un año por Argelia y Túnez, empapándome del sentir
de la gente. Ahí empiezo a madurar. Me doy cuenta de que hay
gente sencilla y que cree en Dios. Volví a Francia, escribo el
libro sobre Marruecos y mi vida da un giro: no necesito de las
cosas materiales ni las diversiones. He descubierto que la gente
pobre es feliz sin nada de eso. Iba a la iglesia y le decía a Dios:
“Dios mío, si existes, haz que yo te conozca”. ¡Y vaya si se me dio a
conocer! Por cierto, ¿es usted católico?
- Le recuerdo que soy yo quien hace las preguntas, hermano
Carlos, y que hasta ahora sólo he podido formularle una.
- Perdone, es verdad. Más o menos, después de un año, y
animado por mi prima María, fui a confesarme en Saint
Augustin en París con el abbé Huvelin, que era un hombre santo,
y con el que tuve confianza toda mi vida, como director
espiritual. No sé cómo me aceptaba con lo raro que era. Yo ya
50
llevaba bastante lío en mi cabeza, pero aquel encuentro, como
he dicho al principio, fue mi conversión. Me di cuenta que Dios
siempre había estado ahí, en mi interior, que lo había
abandonado yo, y esto fue una llamada para ir luego a los más
abandonados del mundo, para profundizar en el abandono de
Jesús en la cruz, en las manos de su Padre, que es el mío y el de
usted también. Bueno, ya le he contado antes qué fue pasando
en mi vida, después de cuatro años en Nazaret, como trabajador
intentando imitar a ese Jesús que me llenaba el corazón. El abbé
Huvelin y las propias monjas me animaron a ordenarme
sacerdote y seguir viviendo mi vocación de evangelizador desde
el silencio y la presencia entre los seres humanos, fuesen quienes
fuesen. Mi espíritu soñador e inquieto me llevan de nuevo a
Argelia, a Béni-Abbès, en 1901, con la idea de fundar algo, no
un maravilloso templo, que no hacía falta, sino una comunidad
religiosa cuyo carisma fuera algo así como yo lo había vivido en
Nazaret. Yo sólo quería hacer la voluntad de Dios, y así se lo
pedía ante el Santísimo y en el desierto.
Todo lo que fundé fue una ermita, que decoré yo mismo con mis
dibujos. Por cierto, en honor a mi autoestima, dibujaba muy
bien. Pasaron los años, escribí mucho, soñé aún más, conocí a
mucha gente: me llevó mi personalidad inquieta, y creo que la
voluntad de Dios, a ir más abajo, a Tamanrasset, donde ningún
sacerdote había estado antes, donde iban y venían los tuaregs.
Con ellos iba arriba y abajo. Compartía el té, los dátiles, sus
fiestas. ¿Le gusta el té moruno, señor, a base de hierbabuena?
- Hermano Carlos, siga, por favor. El psicoanalista empieza a
removerse en su asiento -.
- Disculpe. Con 47 años aprendí el tuareg y llegué a traducir el
evangelio y hacer un diccionario básico. El caso es que en 1907
me quedo en Tamanrasset, lo más perdido del mundo, sin poder
celebrar la misa porque no había nadie cristiano, sin
Santísimo… En fin, abandonado yo también. Pero mi cabeza
seguía soñando. No tenía a nadie de mi cultura al lado. A veces
venían los soldados franceses y compartía con ellos el francés, el
tabaco y alguna copa, para recordar viejos tiempos; el señor
51
Laperrine y yo hacíamos buenas migas, como dicen los
españoles. Cierto es que luego me dieron permiso para celebrar
la eucaristía, pero no tener un sagrario. Apartado de
Tamanrasset, en el Assekrem, allí tenía mi eremitorio con un
paisaje espectacular, ante un macizo de basalto en medio del
desierto que quita el hipo a quien lo ve. Dios me hablaba al
corazón desde esas rocas, desde la gente que pasaba, caminando
o en camello, desde el corazón y el tiempo sin medida de amigos
tuaregs con quienes llegué a profundizar en sus vidas y en la
mía… Es lo que llamaba la pastoral de la amistad. Era Nazaret.
Fui a Francia unas pocas veces, para ver a la familia y establecer
una asociación en la línea de lo que había soñado en Béni-Abbès,
en torno a la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús. Pero
la verdad es que nunca fundé nada.
Hubo un momento en que, por el escorbuto, me puse
gravemente enfermo. La gente se movió para alimentarme, para
conseguir leche de cabra, que era un lujo, por la terrible sequía
que había, y todo ello me enseñó a depender de los demás y ser
menos yo mismo, menos europeo. La humildad la aprendí de los
humildes. ¿Qué más le puedo decir?
Que fui feliz en esos años de mi vida, que estaba enamorado de
Jesús, que, como sacerdote, no fui ningún ejemplo de éxito
misionero, que sólo bauticé a dos personas y que no di ningún
retiro espiritual a nadie ni prediqué en ninguna iglesia. Ya ve,
poquita cosa.
- Muy bien, hermano Carlos. Ha sido una buena sesión. Uffff…
Muchas gracias, de verdad: gracias por ser como fue y como es.
Le aseguro que el próximo domingo voy a ir a misa. Pocas veces
he vuelto desde mi primera comunión.
AURELIO SANZ BAEZA

52
Páginas para la
Oración

Luis Cañadas Fernández (1928 – 2013)


Detalle del fresco de María Reina. Escuela indaliana

53
LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD
EN EDITH STEIN

Cuando Edith Stein, después de su conversión al


catolicismo, se puso a repensar su historia pasada, llegó a
afirmar que «la búsqueda de la verdad fue mi única oración». No
es de extrañar, pues, que se haya convertido en un común
calificativo de su personalidad el designarla como buscadora de
la verdad. La vida de Edith se desarrolla en el ámbito de una
Europa que va a experimentar profundos cambios, además de
sufrir en su seno el desarrollo de las dos guerras mundiales. Los
años que limitan la vida de Edith son 1891 y 1942, apenas
cincuenta y un años.
La búsqueda de la verdad de Edith no es ni algo
abstracto, ni algo simplemente ideal. A Edith le inquietan
muchas cosas en al ámbito social en el que vive, pero la raíz de
todas ellas es la necesidad urgente que siente por desvelar cuál
es el sentido de su existencia, el porqué de su vida, la razón y el
sentido del ser humano y de su estructura. La búsqueda de una
respuesta a todo ello será el motor de su vida, incluso después
de su conversión. Ella no es una mujer conformista. Necesita
respuestas para vivir con sentido.
Atraída por la Escuela fenomenológica, Edith Stein
decide continuar su formación en la Universidad de Göttingen,
donde Husserl es profesor. Era una forma diferente de
enfrentarse con la realidad: desde la observación directa y a
través de la experiencia, dejar que la esencia de lo contemplado
aparezca, el ser mismo, que sólo se deja captar a través de una
mirada espiritual pura. Lo que Edmund Husserl bautizó con el
nombre de intuición. Este modo de abrirse a la realidad tiene
mucho en común con la mirada contemplativa del místico. El
místico, para alcanzar a Dios, sabe que tiene que purificarse,
desnudarse del hombre viejo para revestirse de Cristo, el
hombre nuevo, y así contemplar el auténtico rostro de Dios.
Descubre en Jesucristo como verdad, como dador de sentido de

55
la vida, como expresión del anhelo profundo del ser humano de
alcanzar la plenitud y la felicidad.
El proyecto de vida de Edith Stein fue la búsqueda de la
verdad. Para ella, esta búsqueda no puede reducirse única y
exclusivamente al ámbito de lo racional y de lo empírico, porque
entonces la persona estaría renunciando a encontrarse
verdaderamente con la verdad. La razón por sí sola no es capaz
de desvelarnos el misterio de todo lo real, el misterio de la vida
del ser humano.
Esa misma búsqueda, ese mismo amor a la verdad,
conlleva dar un salto a una realidad que no está por debajo de la
razón, sino que está más allá de la razón, que es la misma
dinámica de la fe y lo que ella descubre precisamente en
Jesucristo como verdad, como dador de sentido de la vida, como
expresión del anhelo profundo del ser humano de alcanzar la
plenitud y la felicidad.
J. L.VÁZQUEZ BORAU

SIN TI, ¿QUÉ HARÉ?


Si hacemos el bien, Señor,
es con tu ayuda.
Es de ti de quien procede
el movimiento de nuestros corazones.
Todo lo que hay en los santos
de puro y de fuerte,
saca de ti su vigor.
Es decir que sin ti
la voluntad parece no hacer nada ya
cuando eres tú quien hace todo.
Sin ti, ¿qué haré,
sino experimentar mi exilio?
SAN PRÓSPERO DE AQUITANIA

56
LA MORADA DE MI DIOS
Busqué a mi Dios,
a fin de probar si podría no solamente creer,
sino incluso ver algo.
Veo, en efecto, las obras de Dios,
y no al Dios que las ha hecho ( ... ).
Consideraba la tierra ( ... ).
Contemplo los cielos,
la belleza de los astros ( ... )
todo esto es digno de elogio,
todo esto nos cautiva;
pero mi sed no se apaga nunca;
admiro todo esto,
lo canto,
pero tengo siempre sed del que lo ha hecho todo (…)
Finalmente, es por encima de mi alma
donde está la morada de mi Dios.
Es allá donde habita,
es desde allá de donde me mira,
desde allá me creó,
desde allá me dirige,
desde allá me aconseja,
desde allá me estimula,
desde allá me llama,
desde allá me corrige,
desde allá me conduce,
desde allá me lleva a buen término.
Pero él,
que tiene en lo secreto una casa infinitamente elevada,
tiene también su tabernáculo en la tierra;
y este tabernáculo es su Iglesia,
aun extranjera.
Es allá donde hay que buscar a Dios,
porque en este tabernáculo se encuentra el
camino que conduce a su palacio.

SAN AGUSTÍN, Comentario del Salmo 41


57
GUSTANDO LA CANONIZACIÓN
DEL HERMANO CARLOS

Del Diario de los Hermanitos del Evangelio,


número 313
(I)
«Lo que me impresionó muy positivamente en las
celebraciones vividas en Roma fue el encuentro entre los
miembros de los diferentes grupos de espiritualidad de Carlos
de F. Realmente experimenté la fraternidad universal, me sentí
unido a todos para vivir algo que nos pertenece a todos, que no
es la exclusividad de nadie, sino una herencia indivisible que
pertenece igualmente a tal o cual grupo.
El contraste entre la fiesta de la Basílica de San Pedro y
la de la Iglesia de San Juan (de Letrán) era muy grande. En esta
fiesta tan hermosa, muy internacional, experimentamos la
alegría y la sencillez que nos caracterizan. Fue la gran fiesta
común: hermanitas y hermanos de diferentes grupos, laicos y
mujeres consagradas, sacerdotes y obispos, todos juntos para
vivir la fiesta, “fratelli tutti”, discípulos, hombres y mujeres,
teniendo a Carlos de Foucauld como denominador común. La
otra gran alegría para mí fue el encuentro con hermanos y
hermanas a los que hacía años que no veía, algunos y algunas
desde mis primeros años de fraternidad. Qué agradable fue
sentirse universalmente juntos en las huellas de aquel que fue
definido como el Hermano Universal. El amor borra todas las
barreras» [Mario Sábato]
(II)
«Con motivo de la canonización de Carlos de Foucauld,
había decidido participar en la peregrinación organizada por
nuestra diócesis de Nanterre. Éramos unos cincuenta, entre
ellos dos mujeres togolesas de nuestra parroquia, una familia
con cinco hijos y tres sacerdotes de la Fraternidad Jesús Cáritas.
En Roma, participamos en las principales concentraciones.
Aprecié la vigilia de oración en Sant'Andrea della Valle dirigida
por un equipo de Viviers: una hermosa intervención de Mons.
58
Aveline (arzobispo de Marsella) que nos mostró cómo los
lugares de la vida de Jesús, Nazaret, Betania y Getsemaní,
inspiraron a Carlos de Foucauld. La universalidad de Carlos de
Foucauld brilló en la Plaza de San Pedro con la diversidad de
participantes de todos los países. El camino de la santidad se
ofrece a cada uno de nosotros, dijo el Papa Francisco, a través
de palabras y gestos en la sencillez de la vida cotidiana. La noche
del 15 de mayo, nuestro grupo tuvo la oportunidad de
intercambiar con Pierre Sourisseau, uno de los mejores
biógrafos de Carlos de Foucauld y miembro de nuestra diócesis.
Al día siguiente, nosotros los peregrinos de Nanterre
celebramos una misa de acción de gracias en San Pablo
extramuros, presidida por nuestro obispo Matthieu Rougé; en
el altar se colocó un sobre con las intenciones confiadas por los
miembros de nuestra parroquia. Que el Señor sea alabado por
este acontecimiento de la Iglesia universal, por el entusiasmo de
los participantes, por Carlos de Foucauld, un “faro” para nuestro
tiempo». [Paul André Goffart] «En cuanto a la canonización,
les puedo decir que fui porque mi hermano (que trabaja en la
Embajada de México en Roma) me dio los boletos y eso me llevó
a Roma. Yo estaba un poco dividido: conocer la gran pobreza
que había vivido el hermano Carlos y el contraste con esta gran
y costosa ceremonia me hacía sentir un poco dividido, pero ya
estaba en Roma y traté de vivir la ceremonia en la Plaza de San
Pedro lo mejor posible. Como tenía prohibido estar al sol debido
a mi salud, fui a sentarme en uno de los pasillos. Pero había tanta
gente y tanto ruido que no pude oír la voz del Papa. No sé por
qué no mostraban el rostro del Papa, por lo que parecía un poco
caótico. La persona responsable de las pantallas me dijo que
hubiera sido mejor estar en casa y en la televisión, podría haber
escuchado y visto mejor al Papa. Pero esa era la realidad: mucha
gente mucho ruido con gente cantando y gritando oraciones. En
eso vi a un Dios que se alegraba con todos nosotros y eso me
pareció muy bueno. Lo que verdaderamente aprecié fue el lunes
la misa en San Juan de Letrán. Había poca gente y se podía
aprovechar mejor de todo, ver y oír mejor. Y así mismo, poder
encontrar hermanos en ese lugar fue un gran regalo que llenó
59
mi corazón. Doy gracias a Dios por el hermano Carlos (me
cuesta llamarlo santo), por toda su herencia y todo su mensaje y
el testimonio de esta vida auténtica que llevó. Y también doy
gracias a Dios por haber estado en Roma ese día» [Chema García
de Alba]
(III)
«Algunos de ustedes ya saben que en principio no tenía
la intención de participar en los tres días oficiales de la fiesta de
la canonización, pensando que no estaría a gusto en las grandes
celebraciones vaticanas y las grandes muchedumbres…
Después una llamada telefónica de las Hermanas “Discepole del
Vangelo” me pilló en una trampa: ellas buscaban un testimonio
para un grupo de jóvenes que siguiera al de Zahra (la actual
guardiana del bordj de Tam) y al de dos discepole que llevaban
unos meses viviendo en Argel. Puesto que en el grupo también
habría hombres, querían una voz masculina de otra rama para
dar una idea de la diversidad dentro de la familia espiritual.
Estábamos de acuerdo para un grupo de 30, máximo 40...: me
dije: aún está bien, todavía podemos arreglárnoslas para tener
un poco de diálogo de preguntas y respuestas....
Cuando llegué a Roma el sábado 14 por la tarde, en una
sala muy grande prestada por la comunidad de Sant'Egidio en
el Trastevere, me dijeron que el número de participantes era un
poco más alto de lo que había imaginado, había mucho interés y
participación de varios grupos de 18 a 30 años que venían de
diferentes partes del norte de Italia, y también de Francia
(especialmente de Viviers y Marsella).
Así que me encontré ante más de un centenar de jóvenes,
detrás de un micrófono y después de dos testimonios bien
escritos (cuya hoja ya había sido entregada de antemano a otros
dos discepole que hacían la traducción francés-italiano o
viceversa). Yo ni siquiera tenía una hoja de borrador....
Afortunadamente, consiguieron crear un ambiente relajado
(¡son realmente buenos dirigiendo grupos!).

60
Para no decir demasiadas tonterías, conté un poco de mi vida,
esperando que tuviera algunos puntos de contacto con la
experiencia de Carlos de Foucauld.
Los testimonios anteriores insistieron mucho sobre el
encuentro con el otro, diferente por su religión, su cultura, su
lengua.... y sobre la paciencia y el aprendizaje que esto requiere.
¿Y yo, que soy un italiano que vive en Italia y trabaja en un
centro muy católico...?
Me salvé diciendo que el trabajo con los discapacitados
múltiples del Seráfico nos invita a intentar escuchar el lenguaje
de los que no hablan, el misterio de su vida, y a experimentar el
poder del contacto físico que es un signo del lenguaje universal
del encuentro». [Alberto Grimandi]

(IV)
«A Roma sin etiqueta. Como la mayoría de nosotros, no
pensaba ir a Roma para la canonización, pero finalmente me dejé
convencer por dos de mis hermanas que viven en Roma (y una
tercera que se unió a nosotros). Y aquí estoy, alojado en casa de
Laura, cerca del Vaticano: desde la terraza de la casa se ve la
cúpula. Mi condición de "sin etiqueta", fuera de los grupos
constituidos, me hizo temer que me penalizaran en relación al
desarrollo del programa, pero al final pude participar en todos
los actos que había elegido. No conseguí entrar en el ambiente
de la vigilia de Santa Andrea del Valle, que me pareció
convencional y "anticuado" a pesar de las intervenciones de
personas cualificadas. Con un grupito de Hermanitas del
Sagrado Corazón nos fuimos antes del final, y nos
reconfortamos con un paseo nocturno a pie por la ciudad. Se
alojaban a pocos pasos de nuestra casa.
Por supuesto, compartí la emoción de toda la multitud
por vivir en directo la celebración de la canonización, olvidando
las largas horas de cola y casi insensibles al calor agobiante. Al
igual que los demás hermanos y hermanas, tenía un asiento en
la zona de reserva. Pero al mismo tiempo estábamos dispersos
entre la multitud, dándonos cuenta así de que de ahora en
61
adelante Carlos de Foucauld pertenecía a la Iglesia universal;
con un ideal de santidad al alcance de todos, con los "pies en el
polvo" como dijo el Papa Francisco en su homilía.
Por otra parte, viví la verdadera "fiesta de familia" al día
siguiente en la celebración de acción de gracias en San Juan de
Letrán, animada con expresiones de diversos continentes, y al
final con muchos encuentros cálidos con hermanos y hermanas,
religiosos y laicos, algunos de los cuales no veía desde hacía
décadas. Con la alegría de haberlo compartido con todos, Carlos
siguió siendo el elemento unificador de la Familia». [Tullio
Boninsegna]

Del retiro de la Fraternidad Sacerdotal,


21-27 de agosto 2022, Galapagar (Madrid)

A la caída de la tarde, después de un día de retiro


dedicado a la contemplación del Bienamado y Señor Jesús,
Modelo único, nos reunimos para recordar la canonización de
Carlos de Foucauld. Hermano universal. Cinco de los sacerdotes
presentes estuvieron en los actos y celebraciones en Roma –
Aquilino Martínez, responsable nacional, Fernando Enrique
Ramón Casas, Gabriel Leal Salazar, Juan Manuel Ucieda y
Antonio Lasheras-.
La comunicación fluye sin orden llevados de la alegría de
haber sido testigos de un gran acontecimiento eclesial. Juan
Manuel ofrece a los presentes su reflexión sobre estos días a
manera de crónica. Es oportuna para situar a los presentes en el
ambiente de las celebraciones y mostrar los lugares singulares
y sus protagonistas.
Aquilino comienza su testimonio diciendo que “en
términos generales, las familias no se han sentido implicadas en
la canonización” aunque matiza que “ciertamente lo han estado
más que en el momento de la beatificación”. A pesar de lo
expuesto, la canonización ha supuesto, a su parecer, un
movimiento de acción de gracias por el Hermano Carlos y el
espíritu evangélico de hermano universal con la consiguiente
difusión del carisma. Señala que “es de mucho agradecer al Papa
62
Francisco la valoración pública del carisma del Hermano Carlos
al que propuso como modelo de hermano universal en la carta
encíclica Fratelli tutti (2020). Añade que “todo el conjunto de
celebraciones ha sido un reto que hemos de saber aprovechar y
a nosotros nos corresponde aterrizar y traducir lo vivido a
nuestros compañeros sacerdotes”. Termina su intervención
invitando a leer la homilía del obispo John Mac William, obispo
del Sahara, en la misa de acción de gracias presidida por el
cardenal vicario de la ciudad de Roma. Angelo Donati y, al
tiempo, a escuchar el oratorio sagrado con el título Como un
viajero en la noche y anuncia que ofrecerá mayor información
sobre el encuentro de responsables europeos y mundiales
celebrado el martes, día 17 de mayo.
Gabriel recuerda, en sus primeras palabras, que estuvo
presente en la beatificación y coincide que en aquel momento no
hubo gran ambiente. Señala que en esta ocasión quiso
prepararse leyendo y orando y tuve la alegría de concelebrar
cosa que no pudimos hacer en el momento de la beatificación.
Me llamó la atención el Oratorio sagrado y la posibilidad de
poder encontrarme con muchas Hermanitas conocidas y
felicitarnos por la asistencia de tantas religiosas y, muchas de
ellas, jóvenes que le recordaron la estrecha unión de esta
congregación con el Seminario de Málaga donde se les tenía
como modelos de referencia de vida y compromiso evangélico.
La ocasión, comenta, me “facilitó dar gracias a Dios por la
fidelidad de las Hermanitas”. Prosigue diciendo que “también
gocé y me impresionó la mayor comunión, visible y efectiva, de
las distintas fraternidades españolas. Se nota que vamos
creciendo en comunión tanto entre nosotros como en relación
con la Iglesia universal”. En verdad, termina diciendo, “fue una
alegría encontrarnos con sacerdotes del mundo entero para
vivir esta parábola de fraternidad y encontrarnos con
hermanitas jóvenes que disiparon el temor de que el carisma se
encuentra en declive”.
Antonio Lasheras coincide con lo que se viene
exponiendo y dice que puede resumir su experiencia en cuatro
palabras: “mesa, misa, alegría y gozo” y remite a que se su
63
experiencia ya fue publicada en nuestro BOLETÍN en el número
de julio-septiembre pasado. Insiste, no obstante, en la gran
participación de jóvenes y el clima de alegría y fraternidad.
Fernando comenta en sus primeras palabras que “la
canonización era un momento deseado y esperado. Disfrute en
todos los actos, celebraciones y encuentros con amigos y
conocidos”. La celebración de la canonización, dice, “hubiera
preferido que hubiera sido exclusiva para Carlos de Foucauld”
pero, presentadas de este modo las cosas, “fue bueno para
constatar el mosaico plural de la Iglesia y su diversidad”.
Momento inolvidable fue el encuentro y los saludos al
finalizar la santa Misa en la basílica de san Juan de Letrán.
Ahora, termina diciendo, “después de estas vivencias, de esta
riqueza recibida, surge la necesidad de comunicar a otros lo que
hemos tenido la suerte de vivir. Doy gracias a Dios por la
canonización del Hermano Carlos y por lo mucho que he
disfrutado en estos días”.
Aquilino pone las palabras finales a este coloquio
insistiendo en la vivencia especial de la universalidad de la
Iglesia en los días de estancia en Roma y subraya que el Papa,
en su línea, “estuvo genial con claridad expositiva, sencillez y
profundidad” junto a la belleza plástica del ofertorio de la misa
de Acción de gracias e insiste en la importancia del encuentro
de responsables que tendrá su continuación en el próximo año.
Termina diciendo que “visualizar y encontrarse con hermanos
del mundo entero ayuda a tomar conciencia de la universalidad
del carisma foucauldiano como medio de potenciar nuestro
sacerdocio en el compromiso de nuestras diócesis”.
Queda en el aire la cuestión de cómo hemos de traducir
este impulso y trasmitirlo a nuestros hermanos sacerdotes y, en
general, a todos los bautizados. José Vidal apostillas que
“ciertamente es un hermoso carisma evangélico que enriquece
al conjunto de la Iglesia y, en verdad, es un don para la Iglesia
universal”.
REDACCIÓN

64
TEMAS PARA LOS
PRÓXIMOS NÚMEROS
El equipo de redacción del Boletín, recuperando una antigua tradición, irá
publicando con antelación los números previstos para que puedan colaborar
quienes lo deseen, ajustándose al tema y al formato del Boletín. Las
colaboraciones pueden hacerse llegar a las siguientes direcciones de correo:
(redaccion@[Link]) o (maikaps73@[Link]).
La dirección del Boletín se reserva el derecho de publicar o no el artículo
enviado así como de adaptarlo, con el visto bueno del interesado, al momento
más oportuno y conveniente.

Año 2023
Enero- Marzo n. 216
LA IGLESIA, HOGAR DE COMUNIÓN
«Jesús en persona se acercó
y se puso a caminar con ellos» (Lc 24, 15)
Un número del BOLETÍN para impulsar nuestro camino con la
Iglesia universal aportando nuestro carisma propio. Sería muy
hermoso que nuestras aportaciones fueran expresión y respuesta de
lo que vivimos y soñamos:
1. ¿Cómo se realiza hoy este “caminar juntos” en nuestras
fraternidades?
2. ¿Cuáles son nuestras aportaciones a la Iglesia particular y
universal?
3. ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro
“caminar juntos”?
4. ¿Cuáles son nuestros compañeros de camino?
5. ¿Cuáles “nuestras estaciones”, nuestras metas, nuestros
sueños?
6. ¿Qué aportamos humildemente al conjunto del pueblo de
Dios desde nuestro carisma particular?
Abril – Junio n. 217
RETIRO DE VERANO DE UNA DE NUESTRAS FRATERNIDADES
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UN LIBRO… UN AMIGO
AUTOR: Fraternidad Secular Carlos de
Foucauld de España
TÍTULO: Vida que florece en desierto. Una
pequeña historia (1962 – 2012)
EDITORIAL: Kadmos
FECHA DE EDICIÓN: 2022
LUGAR: Salamanca (España)
El Papa san Juan Pablo II publicó en su
día una larga entrevista en formato libro
que tituló Memoria e identidad (2005) y
traigo aquí su referencia por la
importancia que supone para la Fraternidad Secular hacer
memoria para agradecer a Dios los sesenta años que ahora se
cumplen de su implantación en los diversos pueblos de España.
Rostros amados, unos ya con el Padre y otros peregrinos en este
mundo, que en encuentros de oración y programación, en la
medida de lo posible, han ido construyendo el reinado de Dios
desde el último lugar. Verdaderamente elogiable y digno de
imitación la iniciativa de hacer memoria para avivar la identidad de
la fraternidad secular en un clima de absoluta confianza en Dios
nuestro Padre.
El título es atinado porque en verdad la vida cristiana
florece en el desierto de la existencia. Ya lo anunciaba Carlos de
Foucauld en las meditaciones en torno al grano de trigo (Jn 12, 24)
y es la experiencia de san Pablo al aconsejar hacer lo que
verdaderamente se puede con la confianza de que es Dios quien da
el crecimiento (1 Cor 3, 6). En consecuencia, lo que ha sido y hoy
es la Fraternidad secular es un milagro patente por el que
bendecimos a Dios (Ps 117).
El libro se presenta en dos grandes secciones que recogen
la historia día a día (primera parte) y la titulada “a corazón abierto”
(segunda parte), arropadas con un glosario de términos citados en
el texto, unos extraordinarios anexos que cierran el libro.
Agradecemos la referencia a este Boletín en las pp.189-190.

Mª CARMEN PICÓN SALVADOR


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FRATERNIDADES DEL HERMANO
CARLOS DE JESÚS. ESPAÑA
Redacción Boletín Iesus caritas
c.e: redaccion@[Link]
Administración Boletín Iesus caritas
c.e: administración@[Link]
Asociación C. Familia de Foucauld en España
c.e: asociación@[Link]
Comisión de difusión
c.e: difusion@[Link]
Fraternidad Secular “Carlos de Foucauld”
c.e: fraternidadsecular@[Link]
Fraternidad Carlos de Foucauld
c.e: fraternidadcarlosdefoucauld@[Link]
Fraternidad Iesus caritas (Instituto Secular Femenino)
c.e: fraternidadiesuscaritas@[Link]
Fraternidad sacerdotal “Iesus caritas”
c.e: fraternidadsacerdotal@[Link]
Comunitat de Jesús (Asociación privada de fieles)
c.e: comunidaddejesus@[Link]
Hermanos de Jesús
c.e: hermanosdejesus@[Link]
Hermanitas de Jesús
c.e: hermanitasdejesus@[Link]
Hermanitas del Sagrado Corazón
c.e: hermanitasdelsagradocorazon@[Link]
Hermanos del Evangelio
c.e: hermanosdelevangelio@[Link]
Unión-sodalicio Carlos de Foucauld
c.e: union@[Link].
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld
c.e: [Link]@[Link]

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