Respuestas de la entrevista
1. ¿Cómo ha sido tu proceso de adaptación al entorno universitario?
Estudiante 1: Al principio fue duro. Me sentía perdido y abrumado por
todo lo nuevo. Con el tiempo fui aprendiendo a organizarme mejor y a
pedir ayuda cuando la necesitaba.
Estudiante 2: Me costó bastante adaptarme. Extrañaba el colegio, donde
todo era más guiado. Aquí sentí que estaba solo/a, pero poco a poco fui
entendiendo cómo moverme.
Estudiante 3: Fue un proceso lento. Tuve que aprender a gestionar mi
tiempo y a confiar más en mí. Al principio sentía mucha inseguridad.
Estudiante 4: La universidad fue un choque. Todo era más exigente. Me
costó mucho adaptarme emocionalmente, pero encontrar un grupo de
apoyo me ayudó bastante.
Estudiante 5: Al principio me sentía fuera de lugar, como si no
perteneciera. Pero con el tiempo me fui acostumbrando, sobre todo
cuando empecé a participar más en clases.
Estudiante 6: Me adapté mejor de lo que pensaba, pero igual hay
momentos de mucha presión. La clave ha sido organizarme y apoyarme
en mis compañeros.
Estudiante 7: Me sentí desbordado los primeros meses. No entendía bien
cómo funcionaban las materias ni los profesores. Ahora ya manejo mejor
el ritmo.
Estudiante 8: Ha sido un proceso con subidas y bajadas. Hubo días en
los que quise renunciar, pero también encontré espacios que me
motivaron a seguir.
Estudiante 9: Sentí un gran cambio respecto al colegio. Al principio me
sentía sola y me costaba relacionarme. Después aprendí a salir de mi
zona de confort.
Estudiante 10: Me adapté poco a poco. La universidad es muy exigente,
pero también me ha ayudado a crecer y conocerme mejor.
Estudiante 11: Fue difícil al principio. Me sentía presionado por destacar,
pero aprendí que lo más importante era mantener la salud mental.
Estudiante 12: Me llevó tiempo acostumbrarme a la libertad que hay. No
tener a alguien que me controle me desordenó, pero también me enseñó
a ser responsable.
Estudiante 13: Tuve miedo los primeros días. Pensaba que no iba a poder
con todo. Hoy me doy cuenta de que estoy aprendiendo a mi ritmo.
Estudiante 14: Aún me cuesta un poco adaptarme al entorno
universitario, pero he mejorado bastante gracias a los consejos de otros
estudiantes.
Estudiante 15: El proceso no ha sido fácil, pero ha sido una etapa de
mucho crecimiento. He tenido que aprender a cuidarme mientras
estudio.
2. ¿Qué situaciones académicas te generan mayor presión o tensión?
Estudiante 1: Lo que más me estresa es cuando se acumulan varias
entregas al mismo tiempo. Siento que no tengo espacio para respirar ni
para organizarme bien. Todo se vuelve urgente y me desborda.
Estudiante 2: Me genera mucha presión tener que exponer frente a toda
la clase. Me da miedo equivocarme o quedarme en blanco. Me paraliza
el temor a ser juzgada.
Estudiante 3: Las evaluaciones sorpresa o los trabajos grupales donde
nadie se organiza bien me estresan mucho. Termino cargando con todo y
eso me frustra.
Estudiante 4: Lo que más tensión me genera es no entender lo que pide
el docente. A veces las instrucciones no son claras y eso me hace dudar,
aunque estudie.
Estudiante 5: Me pone muy nervioso cuando tengo exámenes
acumulados. Aunque estudie, mi cabeza no logra concentrarse en varios
temas a la vez.
Estudiante 6: El mayor estrés lo siento cuando no sé si estoy cumpliendo
bien con las expectativas. Me esfuerzo, pero el miedo a fallar siempre
está.
Estudiante 7: Cuando los docentes son muy exigentes y poco empáticos.
Esa actitud me pone en alerta constante y no me deja relajarme ni
aprender con tranquilidad.
Estudiante 8: Me genera tensión cuando no puedo equilibrar lo
académico con lo personal. Siento que si rindo bien en la universidad,
descuido mi salud o mi familia.
Estudiante 9: Las fechas de entrega muy seguidas me bloquean. Me
angustia saber que tengo tantas cosas que hacer y tan poco tiempo para
hacerlas bien.
Estudiante 10: Siento mucha presión cuando hay que competir por
calificaciones. Me comparo con otros y empiezo a sentir que no soy
suficiente.
Estudiante 11: Me tensa cuando tengo que estudiar contenidos muy
extensos en poco tiempo. Siento que no lo voy a lograr y entro en crisis.
Estudiante 12: Lo más estresante para mí es cuando no me va bien a
pesar de haberme esforzado. Esa sensación de injusticia me genera
mucha impotencia.
Estudiante 13: Me cuesta mucho cuando tengo que hacer trabajos en
grupo y no todos se comprometen. Me da rabia y me hace sentir sola.
Estudiante 14: Me pongo muy nerviosa cuando no entiendo una materia
desde el principio. Luego se acumula todo y me da miedo no poder
recuperar.
Estudiante 15: Las materias que tienen exámenes orales me generan
mucha ansiedad. Siento que tengo que actuar más que demostrar lo que
sé, y eso me bloquea.
3. ¿Sientes que la presión por obtener buenas calificaciones afecta tu
bienestar?
Estudiante 1: Sí, totalmente. Me obsesiono con la idea de sacar buena
nota, y cuando no lo logro, me siento fracasado, aunque haya aprendido.
Esa presión constante me agota.
Estudiante 2: Me ha pasado que por querer tener buenas calificaciones
descuido mi salud. No duermo bien, me salto comidas y vivo pensando
en los resultados.
Estudiante 3: Sí, porque siento que mi valor como estudiante depende
de una cifra. Cuando no alcanzo lo esperado, me entra una tristeza que
me dura días.
Estudiante 4: A veces me exijo tanto que me olvido de disfrutar el
aprendizaje. La calificación se vuelve más importante que el proceso, y
eso me hace sentir vacía.
Estudiante 5: La presión por las notas me genera ansiedad. Me cuesta
concentrarme porque estoy más pendiente del resultado que del
contenido.
Estudiante 6: Sí, especialmente cuando tengo miedo de decepcionar a
mi familia. Ellos tienen muchas expectativas y eso me pesa
emocionalmente.
Estudiante 7: Me comparo mucho con otros. Aunque saque buena nota,
si alguien saca más, siento que no fue suficiente. Esa mentalidad me
desgasta.
Estudiante 8: Me frustro cuando no veo reflejado mi esfuerzo. Hay veces
que estudio mucho, y la nota no lo muestra. Eso me desanima
profundamente.
Estudiante 9: Me enfermo por el estrés. Me duele la cabeza, tengo
insomnio y me siento agotada solo por pensar en la nota final.
Estudiante 10: Sí. La calificación me afecta a nivel emocional. Si no es
alta, empiezo a dudar de mis capacidades. Me afecta la autoestima.
Estudiante 11: Me siento culpable si no saco buena nota. Esa culpa me
persigue, incluso si sé que hice lo mejor que pude.
Estudiante 12: La presión por destacar académicamente me aleja de
otras cosas que también son importantes, como mi bienestar mental.
Estudiante 13: A veces prefiero no revisar la nota enseguida. Necesito
prepararme emocionalmente por si no fue lo que esperaba.
Estudiante 14: Me he sentido muy frustrada por las calificaciones. Me ha
hecho llorar más de una vez, sobre todo cuando me esfuerzo y no es
suficiente.
Estudiante 15: Sí, siento que si bajo mis calificaciones, pierdo
oportunidades. Esa idea me estresa demasiado y no me deja disfrutar el
proceso de aprender.
4. ¿Cómo influyen tus docentes en tu nivel de estrés?
Estudiante 1: Mucho. Cuando el docente es comprensivo y claro, me
siento más segura. Pero si es distante o muy exigente sin explicar, me
siento confundida y estresada.
Estudiante 2: Algunos profesores aumentan mi ansiedad porque dan
muchas tareas sin considerar nuestra carga académica general. Me
siento ahogado.
Estudiante 3: Hay docentes que explican bien y eso me da tranquilidad,
pero otros generan miedo. A veces me estreso más por su actitud que
por el contenido.
Estudiante 4: Cuando el profesor no resuelve dudas o responde de forma
cortante, me cuesta concentrarme. Me siento sola frente al aprendizaje.
Estudiante 5: Me afecta mucho cuando un docente es muy autoritario o
no permite errores. Me bloquea el miedo a equivocarme delante de él.
Estudiante 6: Siento que algunos docentes no toman en cuenta nuestra
salud mental. Eso me frustra, porque parece que solo importa el
resultado.
Estudiante 7: Me estresa que algunos cambian las reglas de evaluación
sin previo aviso. Esa falta de claridad me genera mucha tensión.
Estudiante 8: Cuando el docente es cercano, incluso en materias difíciles
me siento capaz. Pero si es frío o distante, me paralizo.
Estudiante 9: He tenido docentes que gritan o hacen comentarios
despectivos. Eso me ha hecho dudar de mis capacidades.
Estudiante 10: Algunos docentes no se dan cuenta del impacto que
tienen sus palabras. Una crítica mal hecha me puede afectar por días.
Estudiante 11: Me siento más tranquila cuando sé que puedo preguntar
sin miedo a ser juzgada. Eso depende mucho del ambiente que crea el
docente.
Estudiante 12: Hay docentes que motivan incluso en medio del estrés.
Esos hacen la diferencia. Otros solo aumentan la presión.
Estudiante 13: Me genera mucha ansiedad que no entreguen las
calificaciones a tiempo. Me quedo con la incertidumbre y eso me altera.
Estudiante 14: Me cuesta mucho cuando un docente no acepta
sugerencias o ignora nuestras dificultades. Eso me hace sentir invisible.
Estudiante 15: El trato del docente influye directamente en cómo me
siento. Si hay respeto y empatía, puedo aprender mejor, incluso con
estrés.
5. ¿Te afecta el rendimiento académico de tus compañeros?
Estudiante 1: Sí, me comparo mucho. Cuando veo que a otros les va
mejor, aunque yo me esfuerce, siento que no soy suficiente.
Estudiante 2: Me afecta cuando todos parecen entender rápido y yo no.
Me hace dudar de mis capacidades, como si yo estuviera atrasado.
Estudiante 3: Siento presión cuando los demás destacan. No me gusta
competir, pero inevitablemente me comparo.
Estudiante 4: Cuando un compañero expone algo muy bien, me siento
insegura de lo que yo podría hacer. A veces prefiero callar.
Estudiante 5: Sí, sobre todo cuando sacan muy buenas notas. Me
esfuerzo, pero no llego a eso, y me frustro.
Estudiante 6: Me motiva a veces, pero también me genera ansiedad. No
quiero quedarme atrás, pero siento que no avanzo igual.
Estudiante 7: Me duele ver que a otros les va mejor cuando sé que yo
también me esfuerzo. Me pregunto qué estoy haciendo mal.
Estudiante 8: Me hace sentir que tengo que demostrar más. Como si mi
rendimiento fuera menos válido.
Estudiante 9: Me afecta cuando hay competencia desleal o comparación
constante. Prefiero enfocarme en mi propio proceso, aunque no siempre
es fácil.
Estudiante 10: Sí, especialmente cuando los demás terminan sus tareas
con facilidad. Me hace sentir lenta y torpe.
Estudiante 11: Me afecta más en lo emocional. Me hace sentir que no
encajo o que no soy tan buena como los demás.
Estudiante 12: Me esfuerzo por no compararme, pero en épocas de
evaluaciones, siempre termino haciéndolo.
Estudiante 13: Cuando veo que mis compañeros avanzan más rápido,
me frustro. A veces pienso que la universidad no es para mí.
Estudiante 14: Me siento presionada a dar más de lo que puedo. Esa
presión no siempre viene de mí, sino del entorno competitivo.
Estudiante 15: Trato de mantenerme enfocada en mi progreso, pero sí
me afecta ver que a otros les resulta todo más fácil.
6. ¿Cómo te sientes emocionalmente durante los exámenes?
Estudiante 1: Me siento muy tenso. Incluso si estudié, me invade el
miedo de no recordar nada o de equivocarme. Es como si todo lo que
soy se pusiera a prueba en ese momento.
Estudiante 2: Los exámenes me generan una mezcla de ansiedad y
vacío. Entro al aula con un nudo en el estómago y a veces siento que no
valgo lo suficiente, aunque me haya preparado.
Estudiante 3: Me siento insegura. Por más que estudie, tengo esa
vocecita que me dice que no lo lograré. Esa presión me hace dudar de
mí misma.
Estudiante 4: Entro en modo alerta total. Me cuesta respirar con
normalidad y me sudan las manos. Todo mi cuerpo refleja el miedo a
fallar.
Estudiante 5: Me invade el estrés desde el día anterior. Me cuesta dormir
y pienso en cada posibilidad de error. Durante el examen, mi mente se
queda en blanco por momentos.
Estudiante 6: Emocionalmente estoy muy vulnerable en los exámenes.
Un mal resultado me puede hundir emocionalmente por varios días.
Estudiante 7: Siento angustia. No es solo miedo a no saber, es miedo a
decepcionar a los demás y a mí mismo. Todo eso me carga
emocionalmente.
Estudiante 8: Me dan taquicardias. A veces siento que me ahogo, incluso
antes de comenzar. Es una presión que me supera.
Estudiante 9: Me invade una tristeza silenciosa. Aunque estoy en silencio
resolviendo, por dentro estoy luchando contra pensamientos negativos
todo el tiempo.
Estudiante 10: Me siento atrapada entre la necesidad de rendir bien y el
temor de no estar a la altura. Me frustra pensar que en una hoja se
define tanto.
Estudiante 11: Hay una sensación de soledad. En ese momento estás
solo con tus conocimientos y tus miedos, y eso me hace sentir frágil.
Estudiante 12: Me he quebrado en medio de un examen. No por el
contenido, sino por la acumulación de cansancio y emociones.
Estudiante 13: Me paralizo emocionalmente. Incluso cuando sé la
respuesta, me cuesta escribir porque tengo miedo a no hacerlo bien.
Estudiante 14: Me siento al límite. Es como si en ese momento se
pusiera en juego todo mi esfuerzo, y no puedo fallar. Esa idea me hace
sufrir.
Estudiante 15: El examen no solo me estresa, me carga emocionalmente
por lo que representa: expectativas, miedo, frustración. A veces termino
llorando en silencio después.
7. ¿Sueles tener ansiedad antes de una evaluación? ¿Cómo la
experimentas?
Estudiante 1: Sí, casi siempre. La noche anterior no puedo dormir bien.
Me despierto muchas veces pensando en que voy a olvidar todo. Siento
un peso en el pecho que no se va hasta después del examen.
Estudiante 2: La ansiedad me acompaña desde que sé la fecha del
examen. Me sudan las manos, me cuesta respirar con normalidad y
tengo pensamientos negativos como “no voy a poder”.
Estudiante 3: Sí, y lo peor es que me bloquea. Me preparo bien, pero al
llegar el momento, mi mente se nubla y empiezo a dudar de todo lo que
estudié.
Estudiante 4: Siento ansiedad desde días antes. Me cuesta comer, tengo
dolores de estómago y mucha tensión en el cuerpo. Hasta mis músculos
se sienten duros del estrés.
Estudiante 5: La vivo con mucho nerviosismo. Me repito las cosas una y
otra vez para tratar de tranquilizarme, pero eso a veces empeora mi
ansiedad.
Estudiante 6: Antes de la evaluación siento que el tiempo no me
alcanza. Esa presión me hace sentir que nunca estoy lista, y me genera
angustia constante.
Estudiante 7: Me pasa que empiezo a imaginar escenarios catastróficos:
que me voy a quedar en blanco, que me va a ir mal, que todos me van a
juzgar. Esa anticipación me consume.
Estudiante 8: Sí, y se manifiesta físicamente. Me duele la cabeza, me
tiemblan las manos y tengo náuseas. La ansiedad toma el control de mi
cuerpo.
Estudiante 9: La vivo en silencio. Nadie lo nota, pero por dentro estoy
acelerada, tensa, con el corazón latiendo fuerte. Son horas de lucha
interna.
Estudiante 10: Sí, me da una sensación de descontrol. Incluso cosas
pequeñas, como preparar mi mochila, me ponen muy nervioso/a. Todo
se vuelve más difícil.
Estudiante 11: Me desconecto emocionalmente. Siento que mi cuerpo va
solo, como si estuviera en piloto automático por el miedo a enfrentar la
evaluación.
Estudiante 12: La ansiedad me hace revisar el contenido hasta el último
segundo. Es como si nunca fuera suficiente. Eso me agota antes de
empezar.
Estudiante 13: Siento un nudo en la garganta y un vacío en el estómago.
Me cuesta hasta hablar con mis compañeros ese día.
Estudiante 14: La vivo con mucha tensión muscular. Me duele el cuello,
la espalda y termino con dolor físico después del examen.
Estudiante 15: Sí, cada evaluación es como un juicio. Me pongo muy
nerviosa, a veces lloro en casa antes de salir porque no quiero fallar.
8. ¿Te has sentido desmotivado/a a continuar con la carrera?
Estudiante 1: Sí, varias veces. Hay momentos en los que me siento
agotado física y mentalmente, y me pregunto si realmente estoy hecho
para esto.
Estudiante 2: Me he sentido muy desanimada cuando siento que no
avanzo o cuando los resultados no reflejan mi esfuerzo. Me hace pensar
si elegí bien.
Estudiante 3: Sí, sobre todo cuando me siento sola o cuando el estrés se
acumula. Me cuesta ver el sentido de tanto sacrificio si no me siento
bien.
Estudiante 4: He tenido días en los que he querido dejar todo. Me sentía
sobrecargada, sin fuerzas para seguir, y la presión me superaba.
Estudiante 5: En más de una ocasión. Cuando me fue mal en varias
materias, sentí que tal vez esta carrera no era para mí. Me llené de
dudas.
Estudiante 6: Sí, pero no porque no me guste lo que estudio, sino porque
emocionalmente me siento muy drenada y sin apoyo suficiente.
Estudiante 7: Me ha pasado que no veo resultados, y eso me frustra.
Pienso: “¿valdrá la pena todo este esfuerzo si no me siento feliz?”.
Estudiante 8: Me sentí desmotivado cuando vi que todo giraba en torno
a notas, entregas y competencia. Perdí el entusiasmo por aprender.
Estudiante 9: A veces me parece que estoy sobreviviendo, no
estudiando. Me desconecto tanto emocionalmente que ni siquiera
disfruto lo que antes me gustaba.
Estudiante 10: Sí, he pensado en dejar cuando siento que no puedo con
todo. La presión es tan grande que olvido por qué empecé.
Estudiante 11: Lo pensé seriamente después de una crisis de ansiedad.
Me dije: “no puedo seguir así, esto me está haciendo daño”.
Estudiante 12: Cuando no me siento acompañada por los docentes ni la
universidad, pierdo las ganas. Me siento como un número más.
Estudiante 13: Sí, cuando me comparo con otros y siento que todos
avanzan menos yo. Me entra una tristeza que me hace querer
abandonar.
Estudiante 14: Me frustra no tener tiempo para mí, para mi familia o
para descansar. Esa vida tan sacrificada me hace pensar si elegí bien.
Estudiante 15: Lo he pensado en silencio. Me da vergüenza decirlo, pero
hay momentos en que siento que no soy lo suficientemente fuerte para
seguir.
9. ¿Has tenido síntomas físicos relacionados con el estrés, como
dolores o insomnio?
Estudiante 1: Sí, he tenido insomnio por semanas. Me acuesto agotada,
pero no puedo dejar de pensar en tareas pendientes. Despierto cansada,
con dolor de cabeza.
Estudiante 2: El estrés me da dolor en el estómago. Hay semanas en las
que no puedo comer bien, y eso termina afectando también mi energía
para estudiar.
Estudiante 3: Tengo contracturas en la espalda. El cuerpo me avisa
cuando estoy saturado. Llego a casa y no puedo ni moverme del dolor.
Estudiante 4: He tenido crisis de migraña. Es como si mi cuerpo
colapsara cuando ya no puedo sostener más tensión mental.
Estudiante 5: El insomnio se ha vuelto algo frecuente. Me despierto a
medianoche y no puedo volver a dormir. Siento el corazón acelerado y
un nudo en la garganta.
Estudiante 6: Me han salido erupciones en la piel. El médico me dijo que
era por estrés. No lo creía hasta que noté que aparecen en época de
exámenes.
Estudiante 7: Se me cae mucho el cabello. Me asustó al principio, pero
después entendí que es una reacción a la ansiedad constante.
Estudiante 8: Siento un dolor persistente en el pecho cuando estoy muy
estresado. Fui al médico, y me dijeron que era ansiedad acumulada.
Estudiante 9: Me da diarrea los días previos a una entrega o examen
importante. Es difícil concentrarse cuando tu cuerpo también reacciona.
Estudiante 10: He perdido peso sin querer. El estrés me cierra el apetito,
y a veces paso el día entero sin darme cuenta de que no he comido.
Estudiante 11: Me dan mareos cuando estoy bajo presión. Me ha pasado
en plena clase y he tenido que salir para no desmayarme.
Estudiante 12: Me cuesta respirar con normalidad. En momentos de
mucho estrés siento que me falta el aire, como si algo me apretara el
pecho.
Estudiante 13: Me duelen las piernas y los brazos aunque no haga
actividad física. Es como si el cuerpo estuviera constantemente tenso.
Estudiante 14: Me dan temblores en las manos cuando tengo que
exponer o dar un examen. El cuerpo se me escapa del control.
Estudiante 15: He tenido ataques de pánico en silencio. Nadie lo nota,
pero por dentro mi cuerpo entra en crisis. Es una experiencia muy dura.
10. ¿Cómo te afecta emocionalmente recibir una mala
calificación?
Estudiante 1: Me frustro profundamente. Es como si todo mi esfuerzo no
valiera nada. Aunque sé que una nota no me define, en ese momento
me siento inútil.
Estudiante 2: Me afecta más de lo que debería. Empiezo a dudar de mis
capacidades, de si realmente sirvo para esta carrera. Me invade la
tristeza.
Estudiante 3: Me siento decepcionado/a conmigo mismo/a. Me digo
cosas muy duras internamente, como si todo el valor personal se
midiera por esa calificación.
Estudiante 4: Lloro. A veces en silencio, a veces en casa. No es solo por
la nota, es por todo lo que puse emocionalmente en ese trabajo.
Estudiante 5: Me cuesta levantarme anímicamente. Después de una
mala nota, paso días desmotivado, sin ganas de seguir estudiando.
Estudiante 6: Me afecta el orgullo. Me esfuerzo tanto que no recibir el
resultado que esperaba me hace sentir inútil y agotado
emocionalmente.
Estudiante 7: Me invade una mezcla de vergüenza y enojo. Vergüenza
porque siento que fallé, y enojo porque a veces siento que no se
reconoce mi esfuerzo.
Estudiante 8: La nota baja me hace pensar que no estoy a la altura, que
soy inferior a mis compañeros. Esa idea me lastima mucho por dentro.
Estudiante 9: Me afecta porque me recuerda todo el sacrificio que hice.
Horas sin dormir, sin ver a mi familia, y aun así no fue suficiente.
Estudiante 10: Me encierro. No quiero hablar con nadie. Me da miedo
que los demás me juzguen, incluso aunque no digan nada.
Estudiante 11: Lo vivo con mucha presión interna. Siento que
decepcioné a todos, incluso si nadie me dice nada. La culpa me pesa.
Estudiante 12: Me afecta hasta físicamente. Después de ver una mala
nota, se me cierra el estómago, me duele la cabeza.
Estudiante 13: A veces me enojo conmigo misma. Me repito todo lo que
hice mal, como si eso pudiera cambiar el resultado. Pero solo me castigo
más.
Estudiante 14: Me hace sentir invisible. Como si el docente solo viera un
número y no todo el esfuerzo y las emociones que hay detrás.
Estudiante 15: Me paraliza. Después de una mala calificación, siento que
todo se me viene abajo y pierdo la motivación por completo.
11. ¿Qué haces normalmente para manejar tu estrés académico?
Estudiante 1: Trato de organizar mis tareas en una lista. Al ver todo
escrito, siento que tengo más control y me ayuda a calmar la ansiedad.
Estudiante 2: Escucho música tranquila, especialmente instrumental. Me
ayuda a bajar el ritmo de mi mente y enfocarme en lo que realmente
puedo hacer.
Estudiante 3: Hablo conmigo mismo en voz alta. Me digo que todo va a
pasar, que puedo con esto. Es como mi propia terapia emocional.
Estudiante 4: Me tomo pausas aunque sienta que no tengo tiempo. He
aprendido que seguir estudiando con la mente saturada solo me
desgasta más.
Estudiante 5: Llamo a alguien de confianza, como mi mamá o una
amiga. Hablar de lo que siento me ayuda a descargar el peso.
Estudiante 6: Escribo lo que me estresa en una libreta. Es una forma de
vaciar mi mente para poder continuar con más claridad.
Estudiante 7: Salgo a caminar sin rumbo. A veces solo necesito cambiar
de aire y ver otras cosas para recuperar fuerzas.
Estudiante 8: Respiro profundamente. Me detengo por unos minutos y
me enfoco en mi respiración. Parece simple, pero me calma mucho.
Estudiante 9: Me preparo un té y me desconecto del celular. Trato de
crear un espacio sin ruido ni comparaciones.
Estudiante 10: Lloro. No siempre, pero cuando me siento al límite, llorar
me libera. Después me siento más liviana.
Estudiante 11: A veces hago ejercicios de estiramiento. Siento que mi
cuerpo guarda tensión, y moverme me da alivio.
Estudiante 12: Escucho canciones que me motivan o que me hacen
sentir acompañada. Me conecto emocionalmente con la música.
Estudiante 13: Intento hablar con mis compañeros. Saber que no estoy
sola, que a ellos también les pasa, me da tranquilidad.
Estudiante 14: Ordeno mi espacio de estudio. Cuando hay caos afuera,
lo siento adentro también. Tener todo en su lugar me da calma.
Estudiante 15: Me recuerdo que no todo depende de mí. Que puedo dar
lo mejor, pero no puedo controllo todo. Esa idea me relaja.
11. ¿Realizas alguna actividad física o deportiva para
despejarte? ¿Cuál?
Estudiante 1: Sí, salgo a caminar sola. No lo hago como ejercicio físico,
sino como un momento para pensar o simplemente estar en silencio. Es
mi espacio de paz.
Estudiante 2: Hago yoga en casa. Me ayuda no solo físicamente, sino
emocionalmente. Me conecta con mi cuerpo y me da una sensación de
equilibrio.
Estudiante 3: Juego fútbol con mis amigos los fines de semana. Es el
único momento donde me siento libre, sin presión académica ni
preocupaciones.
Estudiante 4: Bailo en mi habitación. Pongo música que me guste y dejo
que el cuerpo se exprese. Me ayuda a soltar emociones que no sé cómo
decir.
Estudiante 5: Voy al gimnasio cuando puedo. Siento que al liberar
energía física, también descargo tensiones mentales.
Estudiante 6: Salgo a correr por la mañana. Me ayuda a comenzar el día
con más claridad y me da fuerza para enfrentar la jornada académica.
Estudiante 7: Practico natación. Cuando estoy en el agua siento que me
desconecto del mundo. Es como si el estrés se disolviera por un rato.
Estudiante 8: No practico deporte de manera formal, pero camino
mucho. Me gusta caminar sin audífonos, prestando atención al entorno.
Me tranquiliza.
Estudiante 9: Hago ejercicios de estiramiento en mi cuarto cuando me
siento saturada. Aunque sea poco, me cambia el ánimo.
Estudiante 10: Juego vóley con mi familia. No solo me ayuda
físicamente, sino que también me conecta con ellos, y eso me reconforta
emocionalmente.
Estudiante 11: Practico boxeo como hobby. Me permite canalizar la
tensión acumulada de forma sana y me ayuda a dormir mejor después.
Estudiante 12: Me gusta andar en bicicleta por las tardes. Sentir el
viento en la cara me da una sensación de libertad que me ayuda a
despejarme.
Estudiante 13: Hago caminatas largas escuchando música que me haga
sentir bien. Es como una terapia personal.
Estudiante 14: No practico deporte como tal, pero subo y bajo escaleras
de forma consciente para mover el cuerpo. Me doy cuenta de que hasta
eso me ayuda a liberar tensión.
Estudiante 15: Participo en talleres de danza contemporánea. Es más
que ejercicio: es una forma de expresión emocional que me permite
liberar lo que a veces no puedo decir con palabras.
12. ¿Qué estrategias personales te han resultado efectivas?
Estudiante 1: Aprendí a dividir las tareas grandes en pasos pequeños.
Antes me abrumaba ver todo junto. Ahora me concentro en un paso a la
vez y eso me da calma.
Estudiante 2: Me funciona poner horarios para estudiar y también para
descansar. Aprendí que descansar no es perder tiempo, sino recargarme
para rendir mejor.
Estudiante 3: Hablo conmigo misma con más compasión. Cuando algo
no sale bien, intento no culparme, sino reconocer mi esfuerzo. Eso me
ha ayudado a mantenerme emocionalmente más estable.
Estudiante 4: Hacer pausas activas me ayuda mucho. Cada cierto
tiempo dejo lo que estoy haciendo, me estiro, respiro profundo, me
despejo. Luego vuelvo con otra energía.
Estudiante 5: Escribir lo que siento. Tener un diario me permite
descargar la ansiedad, organizar mis emociones y entender por qué me
siento así.
Estudiante 6: Hacer listas con prioridades. Así no me pierdo en el
montón de cosas que tengo que hacer. Me ayuda a enfocarme y a no
entrar en pánico.
Estudiante 7: Apagar el celular por unas horas. Me distraigo mucho con
las redes y eso me estresa más. Cuando desconecto, me concentro y
rindo mejor.
Estudiante 8: Me ha ayudado mucho aceptar que no puedo con todo.
Aprender a decir “esto no lo voy a hacer hoy” fue liberador para mí.
Estudiante 9: Visualizarme resolviendo una situación con calma me
ayuda a tranquilizarme. Imaginar que puedo manejarlo, aunque sea en
mi mente, reduce mi ansiedad.
Estudiante 10: Dormir bien. Parece simple, pero cuando no duermo, todo
me afecta más. Priorizar mi sueño cambió mi manera de enfrentar el
estrés.
Estudiante 11: Hacer cosas pequeñas que me gustan, como ver una
serie o cocinar algo rico. Me recuerdan que hay vida más allá del
estudio.
Estudiante 12: Usar colores o materiales lindos para organizar mis
apuntes. Transformar el estudio en algo visualmente agradable me
motiva.
Estudiante 13: Repetirme afirmaciones positivas. Me digo frases como
“puedo hacerlo” o “esto va a pasar”, y eso me da fuerza para seguir.
Estudiante 14: Compararme menos. Me repito que cada quien tiene su
proceso y eso me alivia. Ya no me exijo tanto como antes.
Estudiante 15: Pedir ayuda a tiempo. Antes me guardaba todo, ahora sé
que compartir lo que siento es una forma de cuidarme.
13. ¿Buscas apoyo emocional cuando estás estresado/a? ¿En
quién?
Estudiante 1: Sí, suelo hablar con mi mamá. A veces no entiende todos
los detalles de lo académico, pero su voz me tranquiliza y me hace
sentir contenida.
Estudiante 2: Busco a mi mejor amigo. Es la persona que no me juzga y
me escucha incluso cuando no sé cómo explicar lo que me pasa.
Estudiante 3: Sí, recurro a una amiga de la universidad. Como está
pasando por lo mismo, entiende perfectamente lo que estoy sintiendo.
Estudiante 4: A veces recurro a mi hermana mayor. Ella ya pasó por esta
etapa y me da consejos que me ayudan a calmarme.
Estudiante 5: Cuando me siento muy estresada, hablo con mi pareja. Me
da paz solo saber que alguien está ahí para mí, aunque no diga mucho.
Estudiante 6: No siempre lo hago, pero cuando me animo, le cuento a
una amiga. Me cuesta abrirme, pero después me siento mucho mejor.
Estudiante 7: Hablo con mi papá. Él no me da soluciones, pero me hace
sentir que todo va a estar bien. Eso me calma más que cualquier cosa.
Estudiante 8: Busco apoyo en mi grupo de estudio. A veces entre todos
nos damos ánimo y eso me recuerda que no estoy sola.
Estudiante 9: Me apoyo en una profesora que siempre fue empática.
Siento que puedo confiar en ella sin temor a ser juzgada.
Estudiante 10: Hablo con un primo que también está en la universidad.
Entiende mis frustraciones y me ayuda a ver las cosas con más claridad.
Estudiante 11: Sí, acudo a terapia. Fue la mejor decisión que tomé. Me
ayuda a entender mis emociones y a gestionarlas sin sentir culpa.
Estudiante 12: A veces le escribo a una amiga del colegio. Aunque no
nos veamos seguido, sabe cómo hacerme sentir mejor con sus palabras.
Estudiante 13: Me cuesta pedir ayuda, pero cuando ya no puedo más,
escribo en grupos de confianza. Solo saber que me leen me alivia.
Estudiante 14: Cuando no quiero hablar con nadie, escribo una carta a
alguien cercano, aunque no se la entregue. Eso me ayuda a liberar lo
que siento.
Estudiante 15: Sí, recurro a mi abuela. No entiende del todo lo
académico, pero me escucha con paciencia y amor. Su presencia me
calma.
14. ¿Qué rol cumple tu familia en la gestión de tu estrés?
Estudiante 1: Mi familia es mi base. Aunque no siempre entienden lo que
vivo en la universidad, su apoyo emocional me sostiene. Saber que
están ahí me da fuerza para seguir.
Estudiante 2: Mi mamá es mi refugio. A veces con solo abrazarme o
cocinarme algo rico me transmite calma. Me ayuda a bajar a tierra
cuando siento que todo me sobrepasa.
Estudiante 3: Cumplen un rol importante, pero a veces también son
parte del estrés. Las expectativas que tienen sobre mí me presionan,
aunque sé que lo hacen con amor.
Estudiante 4: En mi caso, son mi red de contención. Cuando me siento
mal, mi papá me lleva a dar una vuelta o me habla de cosas simples
para que me distraiga.
Estudiante 5: Son mi motor. Me recuerdan por qué estoy estudiando y
me animan a seguir, incluso cuando yo ya no tengo ganas.
Estudiante 6: Mi familia no siempre entiende lo que paso, pero hacen lo
posible por estar presentes. Me preguntan cómo me fue, me escuchan, y
eso me alivia.
Estudiante 7: Mi mamá siempre me dice “no estás sola”. Esa frase me
acompaña incluso cuando estoy rindiendo. Me hace sentir segura.
Estudiante 8: Mi familia me ayuda con lo práctico: comida, silencio para
estudiar, o simplemente compañía. Ese cuidado cotidiano me baja el
nivel de estrés.
Estudiante 9: A veces no saben qué hacer con mi estrés, pero su
intención de estar es suficiente. No busco que me resuelvan todo, solo
que me acompañen.
Estudiante 10: El rol de mi familia ha sido clave. Cuando me quiebro,
ellos me recuerdan que mi valor no depende de una nota. Me abrazan
con sus palabras.
Estudiante 11: Mi hermano es mi cable a tierra. Siempre me hace reír
cuando me ve tensa. Él no me habla de estudio, me habla de la vida, y
eso me equilibra.
Estudiante 12: Vivo lejos de mi familia, pero sus mensajes me levantan
el ánimo. Saber que piensan en mí me reconecta con mi propósito.
Estudiante 13: Cumplen un rol emocional muy importante. A veces solo
me siento en el sillón con ellos sin hablar, y ese silencio compartido me
calma más que cualquier terapia.
Estudiante 14: Aunque no lo digan abiertamente, su apoyo se nota. Me
respetan mis tiempos, no me exigen resultados inmediatos, y eso me da
libertad para aprender a mi manera.
Estudiante 15: Mi familia ha sido clave para no abandonar. Cuando quise
rendirme, fueron ellos quienes me recordaron todo lo que ya había
logrado y me ayudaron a volver a creer en mí.
15. ¿Cómo describirías tu estado emocional general desde que
iniciaste la universidad?
Estudiante 1: Ha sido un sube y baja constante. Hay momentos de
entusiasmo, pero también etapas muy oscuras en las que me he sentido
perdido y agotado emocionalmente.
Estudiante 2: Me siento más inestable que antes. La universidad me ha
puesto a prueba en muchos niveles. A veces estoy bien, y otras veces
colapso por dentro.
Estudiante 3: Desde que empecé, siento que vivo bajo presión. Aunque
también he crecido, el estrés ha sido un compañero constante y difícil de
manejar.
Estudiante 4: Ha sido un proceso duro. Al principio estaba motivada,
pero con el tiempo empecé a sentirme emocionalmente drenada. Me
esfuerzo, pero la carga pesa.
Estudiante 5: Inicié con entusiasmo, pero ese entusiasmo se fue
debilitando con cada semestre. Ahora siento más cansancio que
motivación.
Estudiante 6: Me siento emocionalmente frágil. Intento ser fuerte, pero
muchas veces me derrumbo en silencio. La exigencia supera mis
fuerzas.
Estudiante 7: He tenido que aprender a convivir con la ansiedad. No la
tenía antes, pero la universidad me la despertó. Ahora trato de
entenderla y controlarla.
Estudiante 8: Mi estado emocional ha sido muy cambiante. Algunos días
me siento capaz y feliz, y otros no quiero levantarme de la cama.
Estudiante 9: Me siento saturado. No solo por lo académico, sino por la
presión de rendir, de cumplir y de no fallar. A veces me siento en una
competencia que no pedí.
Estudiante 10: Ha sido desgastante. No puedo decir que estoy mal todo
el tiempo, pero nunca estoy del todo bien. Hay una tensión emocional
que siempre me acompaña.
Estudiante 11: Me siento más consciente de mí misma, pero también
más cansada. He conocido emociones que no había sentido antes:
frustración, impotencia, agotamiento emocional.
Estudiante 12: He sentido tristeza, inseguridad y también momentos de
orgullo. Es una montaña rusa emocional que no siempre sé cómo
manejar.
Estudiante 13: Me ha costado mantenerme emocionalmente estable. Los
desafíos académicos también despiertan conflictos internos que arrastro
fuera del aula.
Estudiante 14: Me siento constantemente desbordada. Trato de no
mostrarlo, pero por dentro muchas veces estoy al límite.
Estudiante 15: Desde que empecé, mi estado emocional ha sido
vulnerable. La universidad me ha enseñado mucho, pero también me ha
hecho llorar como nunca antes
16. ¿Sientes que puedes equilibrar tu vida académica con tu
vida personal?
Estudiante 1: Me cuesta mucho. Siento que cuando priorizo lo
académico, abandono lo personal, y cuando me dedico a mí, descuido
los estudios. Es una lucha constante.
Estudiante 2: No siempre. Hay semanas en las que todo gira en torno a
entregas y exámenes, y no me queda tiempo ni para descansar ni para
compartir con mi familia.
Estudiante 3: Trato de equilibrarlo, pero la universidad se lleva casi toda
mi energía. A veces llego tan agotado que no tengo ánimo ni para ver a
mis seres queridos.
Estudiante 4: Me esfuerzo en organizarme, pero siento que el sistema no
está diseñado para que podamos tener vida fuera de lo académico.
Estudiante 5: No. Me he perdido cumpleaños, reuniones, y hasta
momentos importantes de mi vida por estudiar. Eso me genera culpa y
frustración.
Estudiante 6: Hay épocas del semestre en las que el equilibrio es
imposible. Siento que mi vida personal queda en pausa por semanas.
Estudiante 7: Trato de darme espacios para mí, pero muchas veces
estudio con culpa por no estar con mi familia, o salgo con culpa por no
estudiar.
Estudiante 8: Me cuesta desconectarme. Incluso cuando no estoy
estudiando, mi mente sigue pensando en lo que debo hacer. Eso afecta
mis relaciones personales.
Estudiante 9: A veces logro pequeños equilibrios, como salir a caminar o
ver una película. Pero en general, la universidad ocupa la mayor parte
de mi tiempo y energía.
Estudiante 10: No me siento equilibrado. Hay momentos en los que solo
sobrevivo: como mal, duermo mal, y no tengo vida más allá de las
obligaciones.
Estudiante 11: Intento hacer pausas conscientes, aunque sean breves.
Sé que necesito cuidar mi salud mental, pero el ritmo universitario lo
dificulta.
Estudiante 12: Siento que sacrifico mucho de mi vida personal. Quisiera
tener más tiempo para mi familia y para mí, pero no siempre es posible.
Estudiante 13: Es muy difícil. La universidad exige tanto que apenas me
queda tiempo para cosas que antes me hacían bien. Me siento
desconectada de mí misma.
Estudiante 14: Me frustra sentir que no tengo control sobre mi tiempo.
Cuando quiero equilibrar mi vida, el estudio vuelve a ocupar todo el
espacio.
Estudiante 15: No he logrado un equilibrio real. Lo intento, pero la
presión es tanta que mi vida personal se resiente, y eso me duele.
17. ¿Sientes que el estrés académico ha afectado tu autoestima?
Estudiante 1: Sí, porque cuando me esfuerzo mucho y no obtengo los
resultados esperados, empiezo a pensar que no soy lo suficientemente
capaz. Eso me duele profundamente.
Estudiante 2: Bastante. Antes de entrar a la universidad me sentía
segura, pero ahora dudo de mí en muchas situaciones. El estrés me ha
hecho cuestionar mi valor.
Estudiante 3: Me comparo mucho con otros y eso me hace sentir menos.
Aunque sé que tengo capacidades, el estrés me hace olvidar mis logros.
Estudiante 4: El estrés constante me ha hecho pensar que todo lo que
hago está mal. Me siento insuficiente, aunque haya dado lo mejor de mí.
Estudiante 5: Me ha afectado porque cada vez que tengo un mal
resultado me juzgo con dureza. Siento que mi valor se mide por mis
notas, y eso me hace daño.
Estudiante 6: Sí, me ha hecho sentir que nunca soy suficiente. Siempre
hay algo que falta, algo que podría haber hecho mejor. Esa exigencia me
desgasta.
Estudiante 7: Mi autoestima ha bajado. Me veo frente al espejo y me
siento agotada, con ojeras, sin brillo… siento que ya no soy la misma
persona.
Estudiante 8: Antes me sentía capaz. Ahora me cuesta reconocer mis
fortalezas. El estrés me nubla y me hace enfocarme solo en lo que no
hice bien.
Estudiante 9: Me ha hecho desconfiar de mí. Incluso cuando otros
reconocen mi esfuerzo, yo no logro verlo porque estoy atrapada en la
presión.
Estudiante 10: Me ha hecho sentir como si siempre estuviera fallando. A
veces una mala calificación me hace sentir que soy un fracaso.
Estudiante 11: El estrés me afecta tanto que ya no creo que sea buena
en lo que estudio. Y eso me da miedo, porque era algo que amaba.
Estudiante 12: Me cuesta valorarme. Siento que todo lo que hago tiene
que ser perfecto, y si no lo es, me castigo internamente.
Estudiante 13: Me comparo con mis compañeros que parecen manejar
todo con facilidad. Eso me hace sentir inferior, aunque sé que cada uno
tiene sus luchas.
Estudiante 14: El estrés ha deteriorado mi confianza. Me ha hecho más
insegura, más silenciosa, más temerosa de equivocarme.
Estudiante 15: Sí, porque a veces pienso que si no logro ciertas cosas en
la universidad, no sirvo. Esa idea es cruel, pero aparece en los
momentos más duros.
19. ¿Cómo influye el ambiente de tu aula en tu estado emocional?
Estudiante 1: Muchísimo. Si el ambiente es tenso o competitivo, me
siento insegura y prefiero callar. En cambio, si hay compañerismo, me
animo a participar más y me siento acompañada.
Estudiante 2: Cuando el grupo se apoya y hay respeto, me siento más
relajado y motivado para aprender. Pero si hay críticas o indiferencia, me
cierro completamente.
Estudiante 3: Me afecta si siento que todos compiten entre sí. En esos
ambientes me entra ansiedad, porque siento que no puedo fallar.
Estudiante 4: Si el aula es fría o si los docentes no generan confianza,
me siento desconectada emocionalmente. Me cuesta aprender si no me
siento bienvenida.
Estudiante 5: El ambiente influye en todo. Si hay apoyo entre
compañeros, siento que no estoy sola. Eso cambia por completo mi
forma de vivir las clases.
Estudiante 6: Me afecta cuando veo que los demás no se respetan, o
cuando hay grupos cerrados. Me hace sentir aislado, aunque quiera
integrarme.
Estudiante 7: Cuando el grupo es unido, hasta las materias más difíciles
se vuelven llevaderas. Pero si hay indiferencia, me siento invisible.
Estudiante 8: Si los demás están tensos o estresados, lo absorbo. Me
cuesta mantener la calma si el ambiente general está cargado de
presión.
Estudiante 9: Cuando los docentes gritan o no valoran nuestras
participaciones, se crea un ambiente negativo. Me voy con ansiedad en
el cuerpo.
Estudiante 10: El aula para mí es un reflejo emocional. Si me siento
aceptado y escuchado, estoy más tranquilo. Si no, entro en modo
defensa.
Estudiante 11: El silencio o la apatía me afectan. Me siento sola, como si
nadie quisiera estar allí. Eso baja mucho mi energía.
Estudiante 12: Me genera seguridad saber que puedo equivocarme sin
ser juzgada. Cuando eso no está, vivo las clases con miedo.
Estudiante 13: Cuando los docentes fomentan el respeto y la
participación, todos estamos más tranquilos. La emoción del grupo
cambia completamente.
Estudiante 14: Me afecta cuando hay favoritismos o desigualdades. Eso
genera malestar entre los compañeros y me hace dudar de mí misma.
Estudiante 15: El aula puede ser un espacio de alivio o de presión. Todo
depende de cómo nos tratamos entre nosotros y de qué tan humanos
sean los profesores.
20. ¿Has considerado abandonar la carrera por sentirte emocionalmente
sobrecargado/a?
Estudiante 1: Sí. Ha habido momentos en los que el peso emocional fue
tan grande que pensé seriamente en dejar todo. Sentía que no podía
más, que mi salud estaba en juego.
Estudiante 2: Lo he pensado varias veces. Cuando me sentía agotado y
sin motivación, llegué a preguntarme si realmente valía la pena seguir
sufriendo tanto.
Estudiante 3: Sí, especialmente después de crisis de ansiedad o cuando
sentía que todo se me venía encima. Me preguntaba si no era mejor
priorizar mi bienestar.
Estudiante 4: En épocas de exámenes me he sentido tan sobrepasada
que lloraba todos los días. Me dije: “si esto es estudiar, no sé si quiero
seguir”.
Estudiante 5: Lo consideré en silencio. Me daba miedo decepcionar a mi
familia, pero emocionalmente estaba quebrado. No sabía cómo seguir
adelante.
Estudiante 6: Sí. Cuando sentí que no importaba cuánto me esforzara,
todo seguía siendo demasiado. Pensé que tal vez la universidad no era
para mí.
Estudiante 7: Lo pensé cuando empecé a sentirme triste todos los días.
Nada me motivaba, y sentía que había perdido la alegría de vivir.
Estudiante 8: Me pasó una vez que me encerré a llorar por horas. En ese
momento decidí que si seguía así, tendría que dejar la carrera por mi
salud mental.
Estudiante 9: Lo consideré cuando me sentí sola, sin apoyo y sin
recursos emocionales para seguir enfrentando tanta presión.
Estudiante 10: Sí, porque me sentía vacío. No era solo el cansancio
físico, era el agotamiento emocional que me apagaba por dentro.
Estudiante 11: Me lo cuestioné cuando sentí que lo académico se había
comido todo lo demás en mi vida: mi tiempo, mis relaciones, incluso mi
identidad.
Estudiante 12: Pensé en dejar cuando sentí que ya no estaba
aprendiendo, solo sobreviviendo. Ya no disfrutaba nada, ni siquiera lo
que me gustaba de la carrera.
Estudiante 13: Sí, cuando sentí que cada día era una batalla emocional
para levantarme y asistir a clases. No podía sostenerlo más.
Estudiante 14: Me lo planteé después de una mala racha de
calificaciones. Sentí que, aunque me esforzara, nunca sería suficiente.
Estudiante 15: Lo pensé seriamente, pero no lo dije a nadie. Es una
decisión que me dio miedo, pero que apareció como opción cuando sentí
que perdía el control de mi salud emocional.