0% encontró este documento útil (0 votos)
37 vistas7 páginas

Schulz

El documento analiza la crisis sistémica del orden mundial contemporáneo, destacando las tensiones geopolíticas y la transición hacia una multipolaridad, con un enfoque en el ascenso de nuevos actores globales y su impacto en las relaciones de poder. Se discuten transformaciones estructurales en el capitalismo y la reconfiguración de la territorialidad del poder, así como el debilitamiento del Estado-nación frente a la globalización y la emergencia de corporaciones transnacionales. Finalmente, se plantea la necesidad de repensar el concepto de soberanía y el papel del Estado en un contexto de creciente interdependencia global.

Cargado por

Agustinaa Suarez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
37 vistas7 páginas

Schulz

El documento analiza la crisis sistémica del orden mundial contemporáneo, destacando las tensiones geopolíticas y la transición hacia una multipolaridad, con un enfoque en el ascenso de nuevos actores globales y su impacto en las relaciones de poder. Se discuten transformaciones estructurales en el capitalismo y la reconfiguración de la territorialidad del poder, así como el debilitamiento del Estado-nación frente a la globalización y la emergencia de corporaciones transnacionales. Finalmente, se plantea la necesidad de repensar el concepto de soberanía y el papel del Estado en un contexto de creciente interdependencia global.

Cargado por

Agustinaa Suarez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Schulz, Juan Sebastián -Crisis sistémica del orden mundial, transición hegemónica y nuevos actores en el

escenario global

Resumen Los primeros 20 años del presente siglo nos muestran una agudización de las tensiones y disputas
geopolíticas que han convulsionado el escenario internacional, y en donde se vislumbran cambios tectónicos que
pueden implicar desplazamientos y reconfiguraciones geoeconómicas y geopolíticas a nivel global. En este marco, el
presente trabajo se propone analizar las transformaciones estructurales en el capitalismo contemporáneo,
describiendo los nuevos actores que aparecen en el escenario internacional y cómo su ascenso impacta en la
territorialidad del poder y en la forma dominante de Estado. Finalmente, se analizará el proceso actual de crisis y
transición hegemónica, especialmente el proceso de transición hacia una multipolaridad relativa y el dinamismo del
Asia Pacífico como centro de gravedad del poder mundial.

Introducción Varios autores señalan la existencia de una crisis de grandes magnitudes en el sistema mundial
contemporáneo. Una crisis que expresa que un determinado orden mundial ha dejado de expresar la correlación de
fuerzas que le dio origen. Ramonet señala que no atravesamos una sola crisis, sino que existe una suma de crisis
interrelacionadas, que abarcan lo tecnológico, lo económico, lo comercial, lo político, lo social, lo climático, lo
cultural, lo ético, lo moral, lo sanitario, etc., y en donde los efectos de unas son las causas de otras, hasta formar
un verdadero sistema; es decir, que nos encontraríamos ante una crisis sistémica del orden mundial configurado
luego de la Segunda Guerra Mundial. Esta situación donde se observan conflictos, tensiones y realineamientos
geopolíticos a gran escala, es definida como “caos global, “caos sistémico” o “un mundo en estado de
desorden”. El presente trabajo se propone analizar las transformaciones estructurales en el capitalismo
contemporáneo, describiendo los nuevos actores que aparecen en el escenario internacional y cómo su ascenso
impacta en la territorialidad del poder y en la forma dominante de Estado. Finalmente, se analizará el proceso actual
de crisis y transición hegemónica, especialmente el proceso de transición hacia una multipolaridad relativa y el
dinamismo del Asia Pacífico como centro de gravedad del poder mundial.

Transformaciones estructurales en el capitalismo contemporáneo y nuevos actores en el escenario global


Una de las características centrales de este proceso es la aparición de nuevos actores que contribuyeron a
desencadenar una triple crisis: de las relaciones sociales de producción fordistas, en el sistema interestatal de orden
mundial y en la potencia hegemónica que había ordenado el mundo luego de la caída de la Unión Soviética, los EE
UU. Recuperando los aportes de Gramsci, Cox señala que los órdenes mundiales están fundamentados en
relaciones sociales de producción, por lo que un cambio en las relaciones sociales conlleva necesariamente un
cambio estructural significativo en la forma de organización mundial. La revolución tecnológica de la década del 70
tuvo varios impactos no solo económicos, sino también políticos y sociales.
-Económicos: estas transformaciones permitieron iniciar un proceso de relocalización de la inversión que conllevó
una descentralización de parte de la industria, utilizando las ventajas competitivas de la fuerza de trabajo en el mundo
para redireccionar los flujos de inversión productiva, produciendo una reestructuración radical de las relaciones
económicas internacionales. El modelo de producción “fordista”, caracterizado por la estandarización y la
integración vertical de la planta productiva, el espectacular incremento de la productividad generado por la cadena de
montaje y la organización taylorista del trabajo, dio paso a un modelo de organización “posfordista” o
“toyotista”, caracterizado por basarse en la segmentación productiva y el desarrollo de cadenas de valor. Arrighi,
señala el pasaje de General Motors a Wal-Mart como “modelo empresarial” estadounidense, es decir, de una
corporación industrial verticalmente integrada, que establecía instalaciones de producción en todo el mundo pero
permanecía profundamente enraizada en la economía estadounidense, a un intermediario comercial entre
subcontratistas extranjeros. Estas transformaciones contribuyeron a redefinir la relación social fundamental que
define la matriz de desarrollo capitalistas, es decir, la “forma-valor”.
Estos procesos tuvieron un doble efecto: por un lado, aumentó fuertemente la tasa de ganancia de las compañías y
grupos financieros transnacionales y, por el otro, se redujo la tasa de inversión en las potencias centrales, que
comenzaron un proceso de estancamiento de su PBI, mientras que la mudanza de fábricas redituó en un aumento de
su desempleo. Es en este contexto que comienza a desarrollarse una nueva forma de organizar la producción
social en el capitalismo, a partir de un salto en la escala del capital, un salto tecnológico, un cambio en su
composición y en su forma de organización. Este salto en la productividad del capital permitió inaugurar un proceso
de transnacionalización del capital que dio lugar a la deslocalización de sus estructuras estratégicas de los países
centrales hacia lo “global”, junto con la nueva centralidad adquirida por las finanzas y los servicios en la acumulación
de capital.
A diferencia de las compañías multinacionales, las cuales tienen un anclaje en el Estado-Nacional en el cual se
originaron, las corporaciones transnacionales se extienden a lo largo de múltiples países con diferentes
operaciones en cada uno de ellos y no tienen una casa matriz nacional en un Estado al que respondan. La
reestructuración de la producción global y la generación de las cadenas globales de valor, las tecnologías de la
información y la comunicación, la globalización financiera y la transnacionalización economía han acelerado la
formación de actores corporativos globales. Estos procesos son descriptos de manera gráfica por Sanahuja, quien
muestra la nueva composición de los flujos del comercio internacional a partir de la generalización del comercio
“intrafirma”, es decir, que se producen en el seno de las corporaciones transnacionales y entre estas y sus
subsidiarias. El desarrollo de las corporaciones transnacionales a partir de la década de 1970, apuntaló el proceso de
globalización y contribuyó a impulsar la liberalización económica y la transnacionalización, incluso en contraposición
o por encima de los intereses de los Estados y de la soberanía nacional.
Estos procesos contribuyeron a generar un desplazamiento del eje de poder en la división internacional del trabajo,
que se reflejó en una pérdida de competitividad de las potencias centrales producto de la reducción de su
participación relativa en las exportaciones mundiales y fuerte déficit comercial. De este modo, el llamado “proceso
de globalización” es entendido como proceso de expansión del capital transnacional, que “globaliza” las relaciones
de producción convirtiendo al planeta entero en un único mercado mundial. A partir de esto, este proceso se
caracteriza por un intento de “supresión” progresiva de las fronteras nacionales, que actuaban como barreras que
fragmentaban el mercado mundial y ponían obstáculos al flujo de la reproducción de capital, principalmente en lo que
refiere a las estructuras de producción, circulación y consumo de bienes y servicios.
En este marco, las corporaciones transnacionales rompen con el “cordón umbilical” que las unían al Estado-nación en
las que se habían originado desde el punto de vista de la composición tanto de los accionistas como del cuerpo de
empleados.
Turzi va a señalar seis características de la globalización, que son de utilidad para entender la situación internacional
actual; tres de ellas se refieren a un plano estrictamente económico, mientras que las otras tres se refieren a
transformaciones en los planos político, ideológico y cultural. En términos económicos, observamos procesos
simultáneos de internacionalización comercia (disponibilidad de los mismos productos en distintas partes del mundo),
liberalización financiera (libre circulación del dinero a través de las fronteras) y convergencia económica
(estandarización de normas y regulaciones a nivel global). Por otro lado, estos procesos se articulan con una
pretensión de universalidad de los valores (democracia liberal, derechos humanos en su sentido occidental, libre
mercado, etc.), homogenización cultural (uniformización de los consumos y de los consumidores, ruptura de los lazos
de identificación comunitaria y nacional) y desterritorialización política (reducción de la capacidad y de los ámbitos de
exclusiva acción y autoridad de los Estados-nación).

Nueva territorialidad del poder global


La conformación de una nueva forma de capital dominante (y, consecuentemente, de un nuevo actor en el escenario
internacional) transforma cualitativamente las relaciones sociales de producción. Como todo nuevo actor de
poder, necesitó desarrollar tendencialmente una nueva territorialidad dominante del poder mundial que supere la del
Estado-nacional, un modo de territorialidad que se forjó sobre la base del desarrollo de las relaciones capitalistas
emergentes, poniendo en crisis las relaciones de producción feudales, así como su organización espacial. En este
marco, la burguesía naciente necesitaba al Estado-nación como forma político-institucional de control de un territorio
“nacional”, a través de una estructura administrativa y el monopolio de la violencia legítima. Los nuevos actores
transnacionales, al posicionarse como los más dinámicos en el plano económico, comienzan a proyectar una lógica
supranacional sobre el espacio, tendiente a la conformación de una territorialidad global.
Este proceso de transformación de la territorialidad dominante no es nuevo, sino podemos rastrearlo en todos los
cambios de ciclos sistémicos de acumulación, por lo menos a partir del siglo XVI, a partir del Estado protonacional de
las Provincias Unidas,etc. Arrighi vincula estas nuevas territorialidades (que denomina “contenedores de poder”) a
determinadas fracciones de clase que se posicionaron como dominante en cada ciclo sistémico, y que configuraron
ese modo de territorialidad específico.
Las corporaciones transnacionales van a impulsar la globalización financiera como proceso general. En este
marco, van a cobrar relevancia las “ciudades globales” ,las cuales concentran los recursos humanos y materiales
más importantes y ejercen las funciones más complejas de la economía mundial. Estas ciudades,(ej Nueva York o
Londres)son líderes en la producción y exportación de servicios financieros, servicios corporativos, legales, etc., y
funcionan en muchas ocasiones desvinculadas del Estado nacional.
La globalización es como una transformación lenta, posrevolucionaria y epocal del sistema nacional e internacional
de equilibrio de poder, en donde las corporaciones transnacionales escapan de la “jaula del juego” del poder territorial
organizado conforme al Estado Nacional. Este proceso se conceptualiza como de “desterritorialización” y
“reterritorialización” de los espacios sociales, económicos y políticos del poder, que no coinciden con las fronteras
y las jurisdicciones estatales. Además de sus consecuencias en la configuración del orden internacional, este proceso
nos demanda trascender el “nacionalismo metodológico” centrado en el Estado-nación como unidad de análisis
central del análisis geopolítico contemporáneo.
Cox,por su parte, va a criticar el concepto de “sistema interestatal” u “orden internacional”, que pone en el centro
la idea de “Estado” y de “Nación” para abordar los fenómenos globales, y va a utilizar el término “orden mundial”, en
tanto que Gullo hablará de “sistema transnacional” o “sistema global”.

Esta nueva territorialidad del poder mundial está conceptualizada por Kenichi Ohmae, quien afirma que los valores
esenciales que servían de fundamento a un orden mundial de Estados-Nación independientes y soberanos han
mostrado síntomas de que necesitan una sustitución por un mundo sin fronteras de la economía globalizada, en el
cual cuatro “íes” definen los flujos de esta economía globalizada: Inversión, Industria, Información, Individuos.
Zbigniew Brzezinski sostiene que, para interpretar el orden mundial actual, ya no debemos partir de qué parte de la
geografía es el punto de partida para el dominio continental, ni tampoco sobre si el poder marítimo es más
significativo que el poder terrestre o viceversa, problemas que generaron (y aún generan) grandes debates en los
teóricos geopolíticos clásicos. La novedad geopolítica es que el poder se ha desplazado desde la dimensión regional
a la global.

La nueva forma de Estado


Al Estado hay que entenderlo en tanto estructura de relaciones políticas territorializadas, un flujo de interrelaciones y
de materializaciones pasadas de esas interrelaciones. Los Estados, no pueden ser considerados entes reales, como
si pudieran actuar por sí mismos, como si pudieran tener una voluntad y una inteligencia independientemente de las
fuerzas sociales que se posicionan como dominantes en su interior.(Gullo)
Cox , establece una relación entre Estado, fuerzas sociales e instituciones, la cual resulta fundamental para abordar
las relaciones de fuerzas mundial. En este sentido, las fuerzas sociales serían los actores clave de las relaciones
internacionales, en tanto son los agentes con intereses, con un plan estratégico y que toman las decisiones. Sin
embargo, las fuerzas sociales no pueden pensarse como algo existente exclusivamente dentro de los Estados o
limitadas a los mismos, en tanto pueden desbordar los límites del Estado.
Estas conceptualizaciones nos permiten discutir la idea del Estado-nacional moderno westfaliano como ente
primordial de los análisis geopolí[Link] primer lugar, si consideramos que la caracterís- tica principal de esta forma
de Estado es la capacidad de velar por sus propios intereses y seguridad, es decir, la soberanía, nos encontramos
con que ya no es suficiente con la escala Estatal-nacional para ser una unidad soberana. La visión liberal de las
relaciones internacionales reconoce la existencia de unidades políticas con iguales derechos y obligaciones, pero
oculta la manifiesta desigualdad de poder y desarrollo en términos reales
Los momentos de “transición” de una estructura de relaciones políticas de dominación y legitimación a otra tendrá
que ver, entonces, con la pérdida de anclaje de una relación social (y de la pérdida de correlación de fuerzas del
actor o grupos sociales que la sostenían) y con el ascenso de un nuevo actor y una nueva correlación de fuerzas.
Estas miradas nos permiten, a su vez, interpretar a los sistemas económicos, políticos y sociales como sistemas
finitos en el tiempo, que son transformados ni bien dejan de responder a las correlaciones de fuerzas dominants
El concepto de Estado Global, en este sentido, indica la delegación de poderes y legitimidad para la toma de
decisiones a un conjunto de instituciones globales y actores de escala global, lo que conlleva la imposición de nuevas
formas de soberanía
Méndez señala una curiosidad del actual estado de situación mundial: en los últimos 50 años hemos asistido a una
multiplicación de los Estados nacionales supuestamente soberanos. Esto es una muestra del debilitamiento de
Estado, en tanto el nacimiento de nuevos Estados estaría mediado por la eventual conformación de unidades
políticas débiles, inviables económicamente y que caen rápidamente en la esfera de influencia de los grandes
jugadores del poder mundial. Estos nuevos actores promueven una mirada cosmopolita neokantiana del orden
internacional, que predica una particular forma de “gobernación sin gobierno”, diluyendo el carácter “nacional” y
pone en cuestión el concepto tradicional del Estado-nació[Link] de las dimensiones donde esto se ve expresado es
en el plano militar. El desplazamiento del poder desde el Estado hacia actores no estatales, y desde el espacio
público hacia los actores privados, desestatalizó y privatizó muchos de los instrumentos de ejercicio de la violencia
que tradicionalmente pertenecían al Estado-nacional. Lo que habla de una profunda relación entre el Estado y el
sector privado conceptualizado como “complejo industrial-militar”.
Pero, además, Sanahuja señala cómo con la globalización la guerra se privatiza y se torna “asimétrica”,
concepto que refiere tanto a la desigualdad de recursos como la naturaleza diversa de los actores intervinientes.
Además, otra característica de las guerras de cuarta y quinta generación es su “baja intensidad”, es decir, no son
grandes confrontaciones armadas en simultáneo y en un mismo campo de batalla, sino una suma de pequeñas
acciones aisladas que dejan grandes devastaciones. A partir de esto, las nuevas guerras toman un carácter
híbrido y fragmentado, que pone en tela de juicio la capacidad de los Estados de ejercer su soberanía.
En este sentido, Cox señala al Estado como una categoría necesaria pero insuficiente para explicar las
configuraciones geopolíticas y las relaciones de poder a nivel mundial, señalando el peligro de reificar al Estado, a las
instituciones o a las estructuras en sí, cuando estas son en realidad constricciones a las acciones, pero no actores en
sí. Cuando se produce un cambio en las relaciones de producción, que generan nuevas fuerzas sociales, se produce
un desajuste de la hegemonía. La aparición de un nuevo actor de alcance global no sólo va a generar una puesta en
cuestión del Estado-nación como contenedor de poder o “umbral de poder” dominante, sino que va a plantear un
cuestionamiento a los Estados Unidos. En este sentido, asistimos a una contradicción entre los intereses de una
nueva elite mundial transnacionalizada y los intereses de las fracciones continentalistas norteamericanas
(sustentadas en el Estado-nación estadounidense), en tanto la fracción transnacionaliza, al promover la globalización
de las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales, generó una crisis del aparato industrial estadounidense.

Crisis y transición hegemónica


En este marco estamos atravesando un proceso de crisis terminal de la hegemonía norteamericana.
Para sostener esta afirmación, Arrighi recupera la noción gramsciana de hegemonía:el poder adicional del que goza
un grupo dominante en virtud de su capacidad de impulsar la sociedad en una dirección que no sólo sirve a sus
propios intereses, sino que también es entendida como provechosa por los grupos subordinados.
En el contexto internacional, Arrighi sostiene que un actor es hegemónico cuando tiene la capacidad de impulsar el
sistema interestatal en la dirección que desea.
Cox también plantea la posibilidad de pensar la hegemonía como un proceso que puede ser llevado adelante no sólo
por Estados-nacionales, sino también por fuerzas sociales en un sentido más general, mediante un consentimiento
de base amplia a través de la aceptación de una ideología y de instituciones consistentes con la estructura.
La crisis de hegemonía se produce cuando el Estado hegemónico vigente carece de los medios o de la
voluntad para seguir impulsando el sistema interestatal en una dirección que sea ampliamente percibida
como favorable, no sólo para su propio poder, sino para el poder colectivo de los grupos dominantes del
sistema.
En este sentido, cuando una “estrategia de acumulación” específica, definida como modelo de crecimiento económico
específico con sus diferentes precondiciones extraeconómicas con una estrategia general adecuada para su
realización, deja de expresar y favorecer a las fracciones más dinámicas del capital, ocurre una crisis de hegemonía
económica, que acentúa el papel de la dominación económica en el proceso de acumulación
En este marco, la crisis tendencial de la hegemonía estadounidense se dio a partir de dos procesos simultáneos:
1)La configuración de las corporaciones transnacionales globales como nuevo actor de poder en el sistema mundial,
las cuales dejaron de estar “contenidas” por el Esta-do-nación norteamericano.
2)Por el proceso de insubordinación relativa en las periferias del sistema mundo occidental moderno, que
comenzaron a criticar activamente la configuración del orden mundial contemporáneo y a articularse para conformar
propuestas alternativas
Arrighi señala que la fallida incursión estadounidense en Irak podría significar la “crisis terminal” de la hegemonía
norteamericana, en tanto manifestación de la incapacidad para imponer su voluntad contra las resistencias en el
tercer mundo y de la imposibilidad de ejercer el control sobre el grifo global de petróleo y, por lo tanto, de la economía
global por los próximos años.
Otros autores, a su vez, caracterizan este proceso como de decadencia del poder [Link] decadencia,
sin embargo, es relativa, en tanto significa una disminución del poder en algunas de las dimensiones, pero no en
todas.
Por su parte, Cox señala un elemento importante para conceptualizar la crisis de hegemonía: para convertirse en
hegemónico, un Estado debe fundar y proteger un orden mundial que fuera universal en su concepción, donde la
mayoría de los otros Estados puedan encontrarlo compatibles con sus intereses. En este sentido, la hegemonía a
nivel internacional no es simplemente un orden entre estados, sino que incluye un modelo de producción dominante
que penetra todos los estados y los vincula a otros modelos de producción subordinados, es también un complejo de
relaciones internacionales que conectan las clases sociales de los diferentes países, y se expresa en normal
universales, instituciones y mecanismos que establecen reglas generales de comportamiento para los Estados y para
aquellas fuerzas sociales que actúan más allá de las fronteras nacionales.
En este marco, la crisis de hegemonía del actor dominante implica necesariamente la crisis de hegemonía de
todo el andamiaje social, económico, político e institucional que ese actor montó para reproducir su
condición de actor hegemónico.
Martins va a referirse a la existencia de una crisis general de la hegemonía atlantista, es decir, de las potencias
occidentales, entendiendo por “occidente” a los actores dominante de países pertenecientes al núcleo histórico de la
OTAN.
Una de las dimensiones principales de la crisis de la hegemonía atlantista es el creciente proceso de financiarización
de su economía, que se complementó con la caída de las tasas de inversión, el aumento de la deuda pública, el
desplazamiento de las inversiones productivas hacia el exterior, la pérdida de competitividad a escala internacional, la
pérdida de autonomía de la política monetaria, el alto nivel de desempleo, la contención o reducción de los salarios
reales, el aumento de la desigualdad, el aumento de las asimetrías regionales y la sustitución del liberalismo por el
neoliberalismo como doctrina económica, política y social. Esto genera un proceso de desplazamiento de la
centralidad del capital productivo hacia el capital financiero en donde el Estado, como instancia política, queda
subordinado al capital financiero. En este marco, al igual que en procesos anteriores de cambios en los ciclos
sistémicos de acumulación, el acelerado proceso de financiarización de la economía norteamericana puede ser el
preludio de una transferencia del poder hacia nuevos actores
Martins destaca las razones internas que contribuyeron a iniciar la crisis de la hegemonía atlantista: Hacia fines de la
década de 60 y principios de los 70, el “pacto keynesiano” y la política de pleno empleo impulsada por la
administración norteamericana, en un contexto de Guerra Fría, comenzaron a amenazar estructuralmente la tasa de
ganancia de las corporaciones económicas. En este marco, se acelera la confrontación con su clase trabajadora. A
su vez, Martins señala que el surgimiento de la revolución científico-técnica como nueva estructura de fuerzas
productivas que impulsa cada vez más el desarrollo material de la economía mundial tiende a producir una crisis
civilizatoria del modo de producción capitalista.
Ceceña, por su parte,señala que el proceso geopolítico actual puede significar la crisis terminal del neoliberalismo,
en tanto la desposesión que provoca obliga a los pueblos a irrumpir en la escena política mundial. En la misma línea,
Dussel señala que con la generalización del neoliberalismo y la revolución científico-tecnológica la humanidad se
enfrenta al peligro de la extinción de la vida en el planeta, en tanto la sobreproducción y búsqueda irracional de
ganancia capitalista suponen la destrucción de los recursos no renovables y el mal uso de los renovables, lo que
acelera la contingencia ecológica.

La crisis de hegemonía de la potencia dominante, señala Arrighi, debe ir acompañada del surgimiento de un
nuevo liderazgo global dispuesto y capaz de asumir la tarea de ofrecer soluciones a escala sistémica a los
problemas sistémicos que deja la hegemonía en declive.
Partiendo de estas transformaciones, se conceptualiza a el momento geopolítico actual como un proceso de
“transición” que tiene diferentes escalas, características y posibles devenires. Sanahuja afirma que esta transición
está relacionada con los cambios de naturaleza estructural del orden mundial, así como de las fuentes del poder y en
los actores que operan en el sistema. El creciente peso económico de las potencias emergentes, haalentado un
cambio de la configuración de fuerzas en el escenario internacional, que ha hecho que el centro de gravedad
mundial ya no esté en los países del centro capitalista
Estas “zonas de transición” se caracterizan por presentar estructuras no hegemónicas definidas, y en donde las
capacidades materiales, ideas e instituciones no están en sintonía, por lo que Arrighi denomina este periodo de
transición como uno de “turbulencia”.

Turzi afirma que nos encontramos ante un proceso de cambio estructural en el que se superponen cinco grandes
transiciones.
1er lugar: un proceso de caracterizado por un desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial desde las
transición económica potencias centrales hacia las economías emergentes y en desarrollo
2do lugar: un proceso de donde el peso de lo virtual adquiere una preponderancia por lo real, y en donde la pugna por
transición tecnológica encabezar la revolución tecnológica desempeña un papel fundamental
3ero; un proceso de transición vinculado con el ascenso del protagonismo de los países del Sur global en la discusión de los
política temas de agenda global
4to lugar; proceso de donde el centro de gravedad de la geopolítica mundial se desplaza del Atlántico al Pacífico
transición geopolítica
5to lugar; un proceso de a partir de la crisis del sistema mundo moderno occidental y un (re) ascenso del sistema de
transición en clave cultural o valores e ideas orientales
civilizatoria

Serbin señala la existencia de un progresivo desplazamiento del centro del dinamismo económico mundial del
Atlántico hacia el Asia Pacífico. Algo similar sugiere Harvey, cuando afirma que estamos en el medio de una
transición fundamental hacia la constitución de Asia como el centro hegemónico del poder global.
Schweller y Pu afirman que se están produciendo dos procesos simultáneos: de desconcentración de poder y de
deslegitimación de la potencia hegemónica. Yuan, por otra parte, sostiene que las transformaciones geopolíticas y
geoeconómicas en curso deberían entenderse como un proceso de “difusión” del poder, a partir del creciente
protagonismo de nuevos actores supraestatales como las corporaciones transnacionales, ONG, etc., que “difuminan”
el poder del Estado-nación.

Martins afirma que actualmente atravesamos un proceso de “bifurcación de poder”, mientras que Moure, por su
parte, incorpora la distinción entre “transición de poder” y “sucesión hegemónica”. Mientras que la primera supone el
incremento relativo del poder material por parte de un actor determinado, entramos en un proceso de sucesión
hegemónica cuando existe una aceptación generalizada de otros actores del sistema internacional en el nuevo
ordenamiento mundial propuesto. Brzezinski se refiere a estas transformaciones como “desplazamientos tectónicos
en los asuntos mundiales”.
Lesznova caracteriza el momento actual como una “reconfiguración geopolítica” entendida como un cambio en la
correlación de fuerzas a nivel global entre los centros de poder tradicionales y los centros emergentes, y en donde las
reglas del juego no solo se dictan por estados nacionales sino, en buena medida, por actores trans y
supranacionales.
Schweller y Pu proponen un conjunto de “fases” para caracterizar el proceso de transición hegemónica. Los autores
parten de 1) un orden “estable”, que es seguido por 2) una crisis de legitimidad; a partir de ello, sobreviene una 3)
desconcentración del poder y deslegitimación de la potencia hegemónica. Esto provoca 4) una carrera
armamentística y formación de alianzas, que desemboca en 5) la resolución de la crisis internacional y 6) la
renovación del sistema.
Sin embargo, Sanahuja señala que explicar el orden mundial contemporáneo solamente en términos de
“difusión” o “transición” de poder es simplista y errado, ya que lo que estaríamos atravesando es un cambio de
ciclo histórico, marcado no solo por la crisis de la potencia dominante (Estados Unidos), sino también por la crisis de
la globalización financiera neoliberal. Dussel se refiere a este proceso como “transición agónica”, caracterizada por
la crisis terminal de un orden hegemónico y el proceso avanzado de sucesión hacia uno nuevo.

La transición hacia una multipolaridad relativa y un nuevo orden mundial


El orden internacional contemporáneo se encuentra atravesando un conjunto de transformaciones y transiciones que
nos demandan complejizar los marcos interpretativos con los que analizamos la situación mundial. Transformaciones
que se refieren a los actores que pugnan en el tablero geopolítico mundial y a los factores de poder con los que
debemos analizar el peso relativo de cada uno; y transiciones múltiples, simultaneas y combinadas, que refieren a
cambios del centro de gravedad económico, geográfico, histórico, civilizacional y estratégico.
En este proceso, Estados Unidos dejó de ser el centro económico y tecnológico más dinámico del sistema
mundial, y esto puede llevar a una desmoralización ideológica que ponga en jaque su primacía unipolar a
nivel global.
Según Arrighi, estamos atravesando el final del ciclo sistémico de acumulación estadounidense, que comenzó a
fines del siglo XIX y que estaría viviendo su “otoño” a partir del proceso de financiarización de su economía que
comenzó en la década de 1970 y que se profundizó luego de 1999 con la derogación de la Ley Glass Steagal
Sin embargo, no existe una linealidad respecto al próximo ciclo sistémico de acumulación, sino que
observamos una disputa entre una tendencia hacia la globalización financiera, impulsada por las transnacionales
globales, y que proyectan un multilateralismo unipolar, y una multipolaridad relativa, impulsada por los estados
emergentes, que proyectan un multipolarismo multilateral y pluriversal. Brzezisnki señala que la geopolítica global
tenderá a ser cada vez más incompatible con la concentración de poder hegemónico en manos de un único
Estado. En este marco, es improbable que el declive del poder norteamericano conlleve la preminencia global de otra
gran potencia, y esto es así no sólo porque los Estados nacionales están volviéndose más permeables, sino porque
el poder económico se encuentra aún más disperso.

En este proceso, el centro más dinámico de la economía mundial se ha trasladado hacia la República Popular China.
China tiene un impresionante despegue del PBI y además, como es el mayor exportador mundial de mercancías y
también ocupa también el primer lugar como importador de mercancías. Es decir, China es el país que más le
compra y más le vende al mundo. A su vez, China es desde 2011 el motor industrial del mundo.
Sin embargo, como señala Merino, para los actores transnacionales globalizados no es un problema que el
centro del dinamismo económico se desplace hacia China o el Asia Pacífico, siempre y cuando continúen
subordinadas a la estrategia de acumulación del capital transnacional. El problema real es que China está
ganando cada vez más capacidad de actuar soberanamente y está tendiendo cada vez más poder de decisión
sobre sus políticas de desarrollo.
En este marco, China se ha constituido como un polo de poder en actual sistema mundial, sobre la base de un activo
papel del Estado empresario, propietario de las principales empresas estratégicas e impulsor del complejo científico-
tecnológico, la impresionante tasa de formación bruta de capital, la importancia de su mercado interno y en la mejora
de los indicadores sociales
A su vez, China ha avanzado en la adquisición de empresas en extranjero y ha desarrollado inversiones en áreas
críticas para sus necesidades de desarrollo, ha comenzado a impulsar la internacionalización de su moneda nacio-
nal (el yuan-renminbi) y ha avanzado hacia la complejidad económica en las áreas clave de alta tecnología y
servicios intensivos en conocimiento

Baru señala que el ascenso del protagonismo de China se realizó de manera diferente a cómo lo habían hecho Gran
Bretaña y los Estados Unidos en el [Link] potencias crecieron sobre la base de la adquisición de colonias
(formales o informales) y el establecimiento de un imperio global mediante el despliegue del poder militar, mientras
que China no tiene colonias, ni una Doctrina Monroe para su región lindante ni una red de cientos de bases militares
por el mundo.
En este marco, la particular constitución de China como polo de poder mundial modifica las relaciones de poder
existentes, cuestiona las instituciones surgidas en la posguerra y es visto como amenaza por las fuerzas dominantes
del viejo orden global. China, además, busca romper las reglas económicas impuestas por el centro del sistema
capitalista (tanto global transnacional como unipolar conservador) y busca encontrar nuevas vías alternativas de
acumulación que impliquen una desconexión de la globalización financiera neoliberal.
Yuan afirma que uno de los principios clave de la política exterior china es la de construir una comunidad de destino
compartido para la humanidad, la cual sustenta un “nuevo tipo de relaciones internacionales” basado en el respeto
mutuo, la igualdad y la consulta. A su vez, China se ha dedicado a construir los cimientos de este nuevo andamiaje
institucional.
Un componente clave de la estrategia china es la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS), la cual
contribuye a los crecientes intereses de China en materia de seguridad energética, además promover la estabilidad
en la región. Otra herramienta es la nueva Ruta de la Seda (rebautizada como “Iniciativa de la Franja y la Ruta”), un
ambicioso proyecto que se propone conectar a China con más de 100 países de los cinco continentes en materia
económica, comercial, financiera, social, cultural, digital, ambiental, etc.
Por otro lado, China se ha dedicado a construir distintos Foros de diálogo multilateral a nivel mundial, como el Foro
China-CELAC, el Foro China-África, el Foro 17+1 con Europa del Este, etc. En este sentido, otro de los Foros que ha
adquirido mayor protagonismo es el denominado “BRICS”, que nuclea a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
Boykova señala que el BRICS es una herramienta clave en la transición a la multipolaridad, mientras que Hu sugiere
la existencia de un “espíritu del BRICS” basado en el desarrollo abierto, colaborativo, inclusivo e innovador. A su vez,
afirma que mediante el BRICS China no aspira a desafiar abiertamente el régimen de Bretton Woods, sino que
su objetivo es ajustar el régimen internacional de una manera no confrontativa, tratando de reformar
gradualmente, e incorporando a otras potencias emergentes, el sistema de gobernanza global.
En este sentido, Gandásegui señala que estas propuestas se enmarcarían en un proceso de “desconexión” de los
países emergentes de la globalización financiera neoliberal, una desconexión que no implica construir unidades
políticas autárquicas, sino que representa más bien una estrategia de reacomodo, de fortalecimiento interno y de
planteo de nuevas estrategias nacionales o regionales, tendiente a la conformación de un mundo “policéntrico”.
Otras de las propuestas estratégicas impulsadas por China es el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura
(BAII), una institución de financiamiento multilateral y que se propone financiar proyectos de infraestructura alrededor
del mundo, con bajas tasas de interés y sin reclamar políticas de ajuste a los estados tomadores de préstamos.

Sin embargo, reducir el proceso de reconfiguración geopolítica solo a un aumento del protagonismo de
China implica desconocer la dinámica general que está tomando la transición histórico-espacial en curso. A
la par de China, otras potencias, quizás con menor dinamismo, pero no por ello con menos impulso, se han ido
posicionando como actores protagónicos del escenario internacional. Entre estos casos podemos mencionar a Rusia,
la India, Irán, Turquía, Sudáfrica, Brasil,etc. Y, los viejos polos de poder como Estados Unidos, Japón o la Unión
Europea conservan cuotas de poder importantes, aunque en este contexto los dos últimos intentan también salirse de
la tutela norteamericana.
Brzezinski plantea la existencia de números pivotes geográficos y jugadores con pretensiones estratégicas a nivel
global, y principalmente en el continente euroasiático. En este marco, el Brzezinski señala, que dentro del continente
euroasiático había importantes aliados de Estados Unidos (por aliados, entiéndase estados en situación de
subordinación) y, además, que el continente euroasiático se encontraba en una situación de fragmentación política
que hacía difícil disputarle la primacía a los Estados Unidos.
La principal amenaza de Brzezinski consistía en un fortalecimiento de la alianza estratégica entre China y Rusia, un
acercamiento cada vez mayor a la India, una fuerte cooperación estratégica con Azerbaiyán, Irán, Ucrania, Turquía,
Corea del Sur y, lo fundamental, un acuerdo estratégico de cooperación entre el eje China-Rusia y los dos únicos
jugadores geoestratégicos del subcontinente europeo: Alemania y Francia. Todo esto parece estar produciéndose en
la segunda década del siglo XXI.
Esto sería mucho más grave si estos estados conformasen una “coalición antihegemónica”, algo que a la luz de los
acontecimientos recientes parece estar produciéndose a partir de la consolidación de la Iniciativa de la Franja y la
Ruta, el bloque BRICS, el acuerdo de asociación estratégica entre China e Irán, la firma del Asociación Económica
Integral Regional (RCEP) que reúne a China con Japón, Corea del Sur, Australia y diez países de la ASEAN, y las
negociaciones para firmar un acuerdo bilateral de inversiones entre la Unión Europea y China.
En este contexto, una característica del escenario de crisis de hegemonía de los Estados Unidos y de una tendencia
relativa hacia la multipolaridad señalada por Rang es que ningún país tendría el poder hegemónico, por lo que
podría pensarse en una configuración no hegemónica de bloques de poder, en el sentido que ninguno de los
múltiples polos de la multipolaridad estaría en condiciones de proyectar un orden internacional por encima de los
otros polos. Sanahuja se posiciona en un sentido similar al señalar que la etapa actual puede caracterizarse como
de cambio estructural hacia formas no hegemónicas, en donde se entrecruzan los procesos de cambio de poder
generados por la propia globalización, el agotamiento del ciclo económico y tecnológico de la transnacionalización
productiva, los límites sociales y ecológicos del modelo y su crisis de gobernanza, tanto en el ámbito nacional, como
en el plano internacional. Sin embargo, retomando los planteos de Cox, podríamos hablar de que los múltiples polos
de poder emergentes están construyendo un andamiaje institucional multilateral, multipolar y pluriversal con vocación
hegemónica, es decir, que sea visto por la mayor parte de los actores del sistema internacional como provechoso
para sus intereses colectivos.
El proceso de transnacionalización económica y de deslocalización productiva produjo la reubicación de
gran parte de la producción manufacturera y de las finanzas globales en países y regiones “emergentes”.
Esto generó que vastas zonas “centrales” del capitalismo se desindustrialicen y pierdan competitividad, proceso
expresado en el descenso del PBI relativo de las potencias industriales del G7 en los últimos 40 años. Este proceso
es conceptualizado por Sanahuja como de redivisión internacional del trabajo y el capital, lo que pone en crisis
conceptos clásicos como “centro”, “periferia”,“norte” y “sur”. Álvarez, a su vez, afirma que el proceso globalizador
impulsado por las elites financieras transnacionales sume a los Estados nacionales en un proceso de crisis,
desintegración y pérdida de competencias, y esto afecta tanto las viejas potencias centrales como a la periferia
global. En este marco, encontramos zonas centrales de acumulación de capital en la periferia global (aquellos
eslabones de las cadenas globales de valor y las ciudades financieras globales) así como también zonas excluidas y
marginadas del capitalismo globalizado en el norte global.
Estas transformaciones son indicativas de un cambio de época, el cual podría significar el cierre del ciclo
productivo posfordista iniciado en la década de 70 y 80 y que apuntarían a una etapa de “posglobalización”
Zheng Yu señala que a partir de la primera década del siglo XXI estamos atravesando una tendencia hacia el
fortalecimiento de la multipolarización”, mientras que Savin afirma que estamos atravesando el pasaje de un
“momento multipolar”, de carácter coyuntural, a una “era multipolar”, de carácter estructural. La multipolaridad
contemporánea se caracteriza por la convivencia de “Estados nucleares civilizatorios”, que le añade el componente
muticivilizacional a la multipolaridad. Estas formas estatales se estructuran en torno a diversos y heterogéneos
“núcleos mítico-ontológicos”, definidos como valores fundamentales que son las estructuras de los contenidos
intencionales últimos de la comunidad. Estos “Estados nucleares civilizatorios”, a su vez, necesitarían un
“núcleo básico de aglutinación, entendido como el actor más dinámico y con mayor capacidad de síntesis del polo de
poder.
Aunque se destaquen los casos de China y Rusia, la tendencia hacia la multipolaridad debe ser leída como un
proceso general del sistema mundial, pudiéndose incorporar también los casos de India, Irán, Turquía, Sudáfrica y
Latinoamérica. En todo caso, una novedad importante es que la tendencia a la multipolaridad supone la
“desoccidentalización” del sistema mundial. Serbin también lo afirma en el mismo sentido, señalando la
emergencia de polos no-atlanticistas y no-occidentales como los nuevos referentes sistema internacional en
transició[Link] proceso de desoccidentalización en curso es caracterizado por Gullo como el surgimiento de un
pensamiento contrahegemónico que lleva adelante una insubordinación ideológica, lo cual es la primera etapa de
todo proceso emancipatorio exitoso. En este marco, nos encontramos con abordajes teóricos que afirman el
advenimiento de un nuevo proceso civilizatorio alternativo a la modernidad y caracterizado como “trans-moderno”.
Una nueva episteme capaz de incluir ecúmenes diversas a los que se reconozca como sujetos sociales y políticos
legítimos e independientes.
Las relaciones internacionales desde la cosmovisión china: en donde la evolución de la sociedad internacional se
produce a través de la armonía y no a través de la confrontación, y en donde culturas, normas e instituciones del
mundo oriental y occidental podrían encontrarse en una dialéctica integradora y armoniosa para dar lugar a nuevas
formas de gobernanza más inclusivas y sólidas. Moure, a su vez, recupera la teoría del Tiānxià (todo lo que está bajo
el cielo), afirmando que la misma pretende construir una comunidad global de futuro compartido, en donde
“países con diferentes sistemas sociales, ideologías, historias, culturas y niveles de desarrollo alineen sus metas e
intereses, disfruten de los mismos derechos y compartan todas las responsabilidades en las actividades
internacionales para el progreso de la humanidad en su conjunto” Según Moure, el Tiānxià no es una teoría de las
Relaciones Internacionales al estilo occidental, sino un “teoría del mundo”.
Reflexiones finales NO IMPORTANTE
El orden mundial contemporáneo atraviesa cambios de carácter cuantitativo, referidos a la cantidad de actores protagónicos en el
escenario global, y de carácter cualitativo, que tienen que ver con la forma que han tomado tanto los actores estatales como los
no estatales a nivel internacional. Atravesamos un cambio estructural en el escenario internacional, que no puede reducirse sólo
a una mudanza del centro de gravedad de la economía mundial desde el Atlántico al Pacífico, proceso que sin duda se está
produciendo, sino que debemos interpretarlo como una verdadera transición histórica-espacial, que nos demanda actualizar los
marcos interpretativos de análisis, para no cometer errores que conlleven hacer lecturas distorsionadas y, lo más peligrosos, a
actuar de manera equivocada.
Al análisis de la naturaleza, la forma y los objetivos de los Estados (nacionales, continentales y globales), que han ocupado el
centro de la escena en los análisis geopolíticos clásicos y contemporáneos, debemos incorporar una mirada sobre las fuerzas
sociales impulsoras de proyectos estratégicos en pugna y de la estructura que ha tomado la economía y la política global. Lo que
está claro,es que ni la forma que ha tomado el Estado a partir de principios de 1900 ni el sistema histórico dominante luego de la
segunda guerra mundial pueden responder adecuadamente a sus contradicciones inherentes, que hoy afloran con toda su fuerza
Los Estados Unidos atraviesan una etapa de declive hegemónico; el Estado-nación industrial imperialista de país central
atraviesa una crisis como contenedor de poder de las fuerzas más dinámicas del capitalismo global; y el occidente anglosajón (en
tanto sistema de ideas, valores y cosmovisiones con pretensión universal) atraviesa una crisis de legitimidad. Estas crisis no
tienen una única salida sino dos: o se profundiza la globalización financiera neoliberal, con sus instituciones políticas, económicas
y financieras globales, sus cadenas globales de valor transfronterizas y su sistema de valores posmodernos, o se consolidan los
polos de poder emergentes, con su reivindicación protagónica del Estado, su defensa del pluriversalismo y de la coexistencia
pacífica de las civilizaciones a nivel mundial.
Al igual que en otras etapas de la historia, las crisis en el centro del capitalismo mundial y la agudización de las disputas entre
polos de poder habilitan las condiciones para el desarrollo de proyectos alternativos en nuestra región. Es una nueva oportunidad
histórica de reconstruir la dignidad histórica para América Latina y el Caribe a través de proyectos estratégicos que reclamen
mayor autonomía relativa, distribución de la renta y complejización de los sistemas productivos.
Una región con mayor igualdad, soberanía política, independencia económica y justicia social.

También podría gustarte