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Escuela Nueva

El documento analiza la propuesta educativa de José Antonio Encinas, quien enfatiza la importancia de la relación entre el maestro, la escuela y el estudiante en la educación. Encinas critica la educación tradicional que descontextualiza al niño indígena y aboga por una escuela que se integre a la comunidad, fomente la libertad y el aprendizaje activo, y que considere las necesidades sociales del alumno. Además, sostiene que la formación de profesores debe ir más allá de lo técnico, incluyendo un entendimiento profundo del contexto social del niño.
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Escuela Nueva

El documento analiza la propuesta educativa de José Antonio Encinas, quien enfatiza la importancia de la relación entre el maestro, la escuela y el estudiante en la educación. Encinas critica la educación tradicional que descontextualiza al niño indígena y aboga por una escuela que se integre a la comunidad, fomente la libertad y el aprendizaje activo, y que considere las necesidades sociales del alumno. Además, sostiene que la formación de profesores debe ir más allá de lo técnico, incluyendo un entendimiento profundo del contexto social del niño.
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JOSE ANTONIO ENCINAS

ESCUELA NUEVA
Se trata, de un balance pedagógico que analizaba los tres factores que Encinas juzgaba
como fundamentales en toda política educativa: el maestro, la escuela y el estudiante.
Aconsejó al maestro «conocer la historia de su país» y «colaborar en la solución de
cuestiones que agitan la vida nacional». Por supuesto, se refería al problema de la
educación del niño indígena, pues la escuela tradicional no le ofrecía un contenido acorde a
su realidad: «Arrancar al indio del medio en que vive, apartarlo de sus diarias ocupaciones,
limitar su actividad cerrándolo dentro de los cuatro muros de una sala destartalada,
poniéndole ante los ojos las 24 letras del alfabeto que nada significan para él, es a todas
luces un absurdo». Por esa razón, consideró que la escuela rural debía organizarse
socialmente, fomentando la mejora en la agricultura y la domesticación de animales, la
higiene y el deporte, la protección a la infancia, a la vejez y a los enfermos. Así, cuando la
institución educativa no sea un elemento hostil a su manera de vivir, sino que, por el
contrario, enriquezca su realidad, el indígena se iría involucrando con mayor empeño en las
actividades de aprendizaje.
El maestro
Encinas firma que: El propósito que un maestro debe perseguir no es enseñar sino edificar,
construir con los materiales que el estudiante aporte. Solo cuando este material es deficiente
o inservible el maestro proporciona el suyo. Tal concepto de enseñar está de acuerdo con el
dinamismo que caracteriza al estudiante. Una pura y exclusiva transmisión de
conocimientos sometiendo al niño a una quietud mental, es tanto o más dañosa que el
magíster dicte o el uso de textos.
La escuela
Encinas propugna una escuela con espíritu de igualdad social y de solidaridad, lo cual
implica conceder a los estudiantes la mayor libertad posible en el desarrollo de su acción y
su pensamiento. Libertad de acción porque se debe cambiar el régimen disciplinario.
Libertad de pensamiento porque la enseñanza exige una nueva orientación. No se puede
hablar que existe libertad en la escuela donde los profesores y alumnos están separados por
un odioso prejuicio jerárquico, con la consecuente intolerante tiranía implantada por los
primeros. Fustiga a los profesores que, al actuar como hoscos y celosos custodios de los
niños establecen una inaceptable tiranía, en vez de crear formas afectivas de trato con sus
alumnos. ''Así la escuela es para el niño una prisión donde está mecánicamente sometido a
las exigencias de los maestros o a las disposiciones de leyes y reglamentos, donde se le
impone una serie de obligaciones, sin reconocerle derechos". La escuela que postula debe ir
hacia el pueblo, confundirse con sus necesidades y aspiraciones, comprender su cultura. No
acepta que la escuela se dedique simplemente a enseñar a leer y escribir, desempeñando
una función meramente administrativa. Propugna en cambio una escuela que participe
como elemento de primer orden en la vida social, que diga su voz, que transforme la vida
pasiva del pueblo en permanente actividad, que tenga derecho a intervenir en obras de
beneficio colectivo. Así, el maestro es el consejero y guía, no el que impone y manda. "La
clase es un laboratorio, un museo o un taller donde se experimenta, se observa y se trabaja;
ya no es la sala destartalada donde pontifica el maestro. Desaparece la tortura de las
lecciones y de los exámenes, puesto que no hay enseñanza clasificada, sino enseñanza
utilizada. La mejor lección es un proyecto de trabajo, y el mejor examen su ejecución. Pero
su enfoque no es economicista o de un simple y frío utilitarismo. En efecto, el arte y la
ambientación general de la escuela no fueron omitidas en sus preocupaciones. Pensaba que
una escuela sin música y sin flores, donde solo se escucha la voz autoritaria del profesor,
tiene mucho de similitud con una cárcel.
Los estudiantes
Los mayores esfuerzos del educador puneño estuvieron dirigidos al niño y al indio.
Sostiene que el niño es el ser más incomprendido de todos los tiempos. y exige la
preparación idónea de los profesores para que conozcan y eduquen al niño científica y
técnicamente, comenzando por un diagnóstico. Según su observación, el niño es visto como
un sujeto pasivo, sometido a los gustos del padre y a las absurdas exigencias del reglamento
escolar. La escuela no comprende al niño, éste vive dentro de aquélla erróneamente
juzgado, empíricamente clasificado, sujeto a arbitrarios y artificiales impulsos, lo cual
podría despertar vicios, no virtudes. Fue partidario de crear para el estudiante un ambiente
sin cohibiciones, de amplia libertad, en el cual se discipline, limitando por propia voluntad
sus impulsos y tendencias. Se opuso a toda vigilancia permanente, a la reglamentación
minuciosa que prescribe prohibiciones y obligaciones y que, por lo tanto, mantiene el
castigo como la única forma de hacer respetar el orden. Cuando el niño es abrumado por las
imposiciones del profesor, las lecciones y los exámenes, se aniquila su espíritu, y cae en
una anemia psíquica. Generalmente, los profesores entienden como actos opuestos a su
autoridad los realizados libremente por el niño, hasta un pequeño movimiento dentro del
aula. Una escuela llena de prohibiciones, no hace otra cosa que crear serios obstáculos al
desenvolvimiento de las energías infantiles. Por tal razón, durante el ejercicio directoral de
Encinas en Puna, los niños disfrutaban de un ambiente de libertad. Sostiene que en el Perú
no se ha intentado dirigir la escuela por el camino de la libertad y del diagnóstico de los
problemas del alumno. Por ende, el niño es juzgado como un sujeto pasivo, que debe
adecuarse a las exigencias normativas, a los gustos del padre y la absurda homogeneidad de
la escuela. A esto se suma las divisiones arbitrarias y artificiales de los planes de estudio y
la prioridad de los exámenes sobre cualquier otra apreciación o evaluación. Así, el niño
vive torturado en el ambiente escolar. Condenó el recargo de trabajo a los niños en la
escuela que, bajo el pretexto de cumplir el plan de estudios. Igualmente consideró erróneo
dejar tareas a domicilio, por ser trabajos excesivos después de haber estado el alumno
sometido a la fatiga y tiránica disciplina de la escuela. En contraste, postula la formación de
hábitos de estudio con orden, precisión y belleza, de acuerdo a la capacidad adquisitiva de
los alumnos y sus propios deseos. Cuando el niño trabaja de acuerdo con sus aptitudes lo
hace con placer. La educación para Encinas, no se queda en el plano pedagógico. También
es un problema social. Está íntimamente vinculada con la alimentación, la salud, la
vivienda, el vestido del niño. Si tales factores no son satisfechos de modo integral, la
formación del alumno será deficitaria. Por consiguiente, la formación de profesores no
puede reducirse a cuestiones técnicas. Es indispensable que conozca al niño y a su contexto
social.

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