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Dades Marianas

La espiritualidad mariana es fundamental para la vida cristiana, ya que María ocupa un lugar privilegiado en el plan de salvación. Su figura materna proporciona protección, amor y un modelo de vida en la fe, siendo esencial para el desarrollo espiritual de los creyentes. La maternidad divina de María, como madre de Jesús, resalta su importancia en la historia del cristianismo y su cercanía con los fieles.
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Dades Marianas

La espiritualidad mariana es fundamental para la vida cristiana, ya que María ocupa un lugar privilegiado en el plan de salvación. Su figura materna proporciona protección, amor y un modelo de vida en la fe, siendo esencial para el desarrollo espiritual de los creyentes. La maternidad divina de María, como madre de Jesús, resalta su importancia en la historia del cristianismo y su cercanía con los fieles.
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dades marianas.

A lo largo de la historia de la Iglesia numerosas Or-denes Religiosas,


Congregaciones y otras asociaciones de creyentes han escogido ponerse bajo el
amparo particular de María, Madre de Dios, para que les ayude a caminar por el
camino de la salvación cris-tiana. Por eso se habla de una espiritualidad mariana
servita21, espiri-tualidad mariana vicenciana22, espiritualidad mariana del Carmelo
(recordemos su famoso escapulario), etc.

Si estamos convencidos que la espiritualidad mariana es parte esencial de la


espiritualidad cristiana, entonces es necesaria para todo cristiano. Ahondemos esta
afirmación en el punto siguiente.

5. POR QUÉ ES NECESARIA LA ESPIRITUALIDAD

MARIANA PARA EL CRISTIANO

A muchos de ustedes no tengo que convencerlos de que es ne-cesaria la espiritualidad


mariana para su vida cristiana. La viven es-pontáneamente. En México, la respiramos
desde el vientre materno. Estamos inmersos en su recuerdo, en su presencia viva y en
la espe-ranza de participar de su asunción al cielo.

Lo que podemos hacer es quizá recordar cosas esenciales, quizá fundamentar nuestra
espiritualidad mariana o quizá, si es nece-sario, purificarla. Es bueno pasar de una fe
espontánea a una fe más reflexionada y comprometida.

Cuando entendemos el lugar que ocupa María en el plan divi-no, descubrimos la


necesidad de la espiritualidad mariana para el cris-tiano. El lugar de María en la historia
de la salvación y en el plan de Dios es tan privilegiado que el concilio Vaticano II, al
referirse a ella, dice: ―aquella que, después de Cristo, ocupa en la santa Iglesia el lugar
más alto y a la vez el más próximo a nosotros‖ (LG 54). No cabe duda

21 C. MA. SANTANA SANTANA, La espiritualidad mariana servita, en [Link]


[Link]/gview?a=v&q=cache%3AnwgsOd9TShwJ%[Link]%
2Fservitas%2Fpdf%[Link]+Carmelo+Ma.+Santana+Santana
%2C+Espiritualidad+mariana+servita&hl=es&gl=es&pli=1 (Consulta 13 agosto 2009).

22 Cf. C. DELEGADO, Espiritualidad mariana y carisma vicenciano.

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que ―María es en el cristianismo la persona más importante después de Cristo‖23.

María es tan necesaria en nuestra espiritualidad como es nece-sario tener una madre.
En los últimos años se ha dicho que Dios tam-bién es madre. Pero no basta.
Necesitamos una madre humana. Dios se ha hecho hombre en Jesús de Nazaret,
nuestro Señor, Amigo, Pas-tor, Esposo... Pero seguimos necesitando una madre. Y
María de Na-zaret es el rostro materno de Dios24.
Uno de los grandes atractivos de la espiritualidad guadalupana -también clave de
lectura de su mensaje- es precisamente este: Santa María de Guadalupe es madre
tierna y amorosa. Cuando Juan Diego quiso evitar el encuentro con la Señora del cielo
para poder atender a su tío enfermo, la Virgen le salió al encuentro y le dijo: ―¿No
estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás tú bajo mi sombra protectora, bajo mi
amparo? ¿No soy yo tu fuente de vida? ¿No te hallas protegido bajo mi manto, bajo
mis brazos? ¿Qué más necesitas?‖ (Nican mo-pohua 76). Las preguntas están
formuladas a partir del arquetipo ma-terno del azteca. Para el azteca la figura materna
tenía las siguientes características:

1ª. La madre ocupa un lugar central. Lo más importante para el azte-ca es tener una
madre propia. El que tiene una madre lo tiene to-do. Por eso la pregunta: ―¿Qué más
necesitas?‖.

2ª. La madre es la que está aquí, donde están las angustias y las nece-sidades. Nunca
abandona.

3ª. La madre es la que da la vida, la fuente de la vida.

4ª La madre es la que cobija bajo su sombra, es decir, es la que tiene autoridad.

5ª. La madre es el regazo tierno y protector donde se está seguro.

En resumen, el que tiene una madre tiene protección y cuidado, unos brazos amorosos
en donde descansar, un lugar seguro. Por eso, las palabras insistentes de la Madre del
cielo: ―Nada te asuste, nada te haga desmayar‖ (Nican mopohua 75), ―No te aflijas
por nada. Nada te

23 Cf. J.I. GONZÁLEZ FAUS, ―María de Nazaret. El ser creyente como acogida‖, en Sal
Terrae 10 (1987), p. 711; cf. E. SCHILLEBEECKX, María, Madre de la reden-ción, p. 15.

24 Cf. L. BOFF, El rostro materno de Dios, Madrid 1980.

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llene de amargura‖ (Nican mopohua 77). El pueblo ha encontrado en María de


Guadalupe la madre amorosa.

Ahora bien, María ―no es sólo una madre en cuyo corazón uno se refugia, sino
también un modelo de vida en el camino de la fe, en la respuesta total a Dios, en la
disponibilidad y colaboración al plan de salvación‖25.

La maternidad amorosa de María es un argumento no solamen-te de tipo afectivo -y no


es nada despreciable, puesto que lo afectivo es más profundo que lo racional- para
mostrar la grandeza y la belleza de la Virgen, sino también una verdad hondamente
enraizada en la fe y el pensamiento cristiano. Veámoslo a partir de uno de los dogmas
centrales: María Madre de Dios, y como consecuencia, madre nuestra.
6. MARÍA MADRE DE DIOS

Aunque de ordinario nos referimos a María de Nazaret como la Virgen, la


trascendencia le viene no por ser virgen, sino por ser madre. Imaginemos por un
momento qué hubiera sido de ella si no hubiera sido madre de Jesús. Quizá estuviera
en el anonimato más grande o en una larga lista de vírgenes santas.

La maternidad divina de María tiene raíces bíblicas profundas. San Pablo escribe: ―Al
llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la
ley‖ (Gal 4,4). Pablo está ha-blando aquí del Hijo de Dios preexistente. Jesús no es
solamente un hombre particularmente bueno y amado por Dios, el predilecto entre los
hermanos. No es tampoco un ser humano que empezó a existir en el momento de la
encarnación. Este hijo ―nacido de una mujer‖ es Dios mismo, participa de la divinidad
del Padre. Es lo que afirma san Juan: la Palabra preexistente desde toda la eternidad se
ha hecho hom-bre (cf. Jn 1). Este hijo de María es el Verbo de Dios que se despojó de
su gloria, de sus prerrogativas divinas y asumió la fragilidad y la pobreza de la condición
humana -de todos aquellos que han nacido de una mujer- y se alimentó de la sangre,
los afectos y cuidados de la Virgen de Nazaret.

25 S. DE FIORES, Maria nella teología contemporánea, p. 297

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