0% encontró este documento útil (0 votos)
9 vistas23 páginas

Ezequiel - Rebeca

El documento detalla el período babilónico en la historia de Judá, destacando la independencia babilónica bajo Nabopolasar y el reinado de Nabucodonosor, que culminó en la destrucción de Jerusalén y la deportación del pueblo judío. Se mencionan profetas como Sofonías, Nahum, Habacuc y Jeremías, quienes vivieron estos eventos críticos. Además, se describe la vida y misión del profeta Ezequiel, quien desempeñó un papel crucial durante el exilio babilónico.

Cargado por

marceljpuertar
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
9 vistas23 páginas

Ezequiel - Rebeca

El documento detalla el período babilónico en la historia de Judá, destacando la independencia babilónica bajo Nabopolasar y el reinado de Nabucodonosor, que culminó en la destrucción de Jerusalén y la deportación del pueblo judío. Se mencionan profetas como Sofonías, Nahum, Habacuc y Jeremías, quienes vivieron estos eventos críticos. Además, se describe la vida y misión del profeta Ezequiel, quien desempeñó un papel crucial durante el exilio babilónico.

Cargado por

marceljpuertar
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

SEGUNDA PARTE: LOS PROFETAS DEL PERÍODO BABILÓNICO

INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

En el alío 612 a. C. fue tomado Nínive, aunque hacía tiempo que Asiria había perdido su
dominio, después de haber alcanzado su máximo esplendor en el siglo VIII, como ya hemos visto.

La independencia de los babilónicos había venido de la mano de un poderoso soberano, llamado


NABUPOLASAR en el 625 a. C. Unidos a los medos, los babilonios se alzaron contra los asirios
y lograron destruir su capital, que había perdurado casi cinco siglos. La hegemonía dei imperio
babilonio, de origen semita, duró aproximadamente un siglo: del 625 al 539 a. C., año en que cedió
paso al imperio persa.

El imperio babilónico llegó a su máximo poderío con el hijo de NABUPOLASAR, el rey


NABUCODO'OR, tan presente en la Biblia, que gobernó del 605-562, casi medio siglo.
Engrandeció Babilonia y ensanchó los límites creados por su padre.

Su poderío fue fatal para el reino de Judá, que quiso sacudir el yugo babilonio y aliarse con
Egipto para conseguirlo:
· Un primer saqueo de Jerusalén y una primera deportación con el rey Jeconías a la cabeza,
ocurrió el año 597 (2Re 24, 8-17).
· La ciudad fue totalmente arrasada y destruida, el templo reducido a escombros y los vasos
sagrados requisados y profanados y el pueblo más representativo deportado en casi su
totalidad en el 587. El desastre total se había consumado.

En este período convulso y tan decisivo para la historia posterior del pueblo judío podemos situar
otros cuatro profetas: SOFONÍAS, NAHUM, HABACUC y, sobre todo, el gran JEREMÍAS, que
vivió la terrible hora de la destrucción de Jerusalén y la deportación de su pueblo.

Conviene mencionar, para acabar, los reyes de Judá de esta época:


• Ajaz (734-727).
• Ezequías (727- 698).
• Manasés (698-643).
• Amón (643-640).
• Josías (640-609).
• Joacaz (609).

y los más implicados en los acontecimientos finales, que hemos mencionado:


Joaquín, segundo hijo de Josías, que reinó del 609-598 (2 Re 23, 36ss).
- Jeconías, que comenzó a reinar a los dieciocho años y reinó tres meses y fue deportado por
Nabulonosor a Babilonia (598-597).
- Sedecías, hermano de Josías y tío de Jeconías, que reinó por deseo de Nabucodonosor del 597-
587. Tenía 21 años cuando empezó su desastroso reinado. También fue desterrado a
Babilonia.

Sería muy aconsejable leer de primera mano los hechos históricos de este tiempo, tal como son
contemplados en la historia bíblica, para ello recurrir a:
· 2 Re cap. 21-25 y
· 2 Cron cap. 33-36.
(Desde el reinado de Manasés).

EZEQUIEL
1
Muchos consideran a Ezequiel como el "padre del judaísmo", es decir: la historia del pueblo
judío después de la cautividad de Babilonia. Antes de nada reseñamos los datos más
significativos de su vida, el contexto histórico en que se desarrolló si misión y los rasgos
fundamentales de su actividad literaria r.

Datos significativos de la vida

"Cuando en su William Shakespeare hace Víctor Hugo el recuento de los más altos genios de la
humanidad, no se olvida de Ezequiel: le consagra un breve canto que, si no del todo atinado, es
al menos fervoroso. En la pluma de Víctor Hugo son reahnente incisivos los encomios a ese
adivino montaraz, genio de caverna —así le llama-, que se ruge para anunciar el progreso y que
`declara la paz como otros declaran la guerra'. No es Víctor Hugo solo; Schiller hubiera querido
aprender el hebreo nada más que para leer a Ezequiel" 2. No hay por qué ocultarlo: Ezequiel fue
lo que hoy llamamos "un tipo original". Su mímica, sus gesticulaciones, sus extrañas posturas,
sus atormentadas actitudes, sus largos períodos de mutismo e irunovilidad, e incluso sus éxtasis y
sus experiencias sobrenaturales, sorprenden y desconciertan al lector.

1El texto de este apartado está tomado de J. LAMELAS MÍGUEZ, Ezequiel. Texto y comentario. El
mensaje del Antiguo Testamentol4. Madrid 1993, p. 11-19.
2 Tomado del prólogo del libro de P. AUVRAY, Ezequiel, Cartagena 1960, p. 9.

2
A lo largo de la historia, Ezequiel siempre ha sido considerado como un profeta enigmático y
misterioso. Tanto su personalidad como sus diversas acciones simbólicas han hecho de él un
personaje de tremenda actualidad no sólo para exegetas y teólogos, sino para estudiosos de la
psiquiatría y del psicoanálisis: personalidad enfermiza y esquizofrénica para estos (véase Ez 3, 15;
4, 4-6; 24, 27; 33, 22) y una de las mayores figuras espirituales de todos los tiempos para aquellos.
Todos, sin embargo, subrayan el carácter insólito de su vida y de su misión más que sus aspectos
anormales.

Aunque tenemos pocos datos biográficos sobre el profeta, se conoce al menos el tiempo y el lugar
de su actuación a través de su libro.

Era hijo del sacerdote Buzi, por lo tanto de familia sacerdotal. Es probable por lo que se lee en su
libro que él ejerciese el ministerio sacerdotal en Jerusalén antes de que la ciudad fuera tomada por
los babilonios. No conocemos la fecha de su nacimiento ni de su muerte, pero se supone, a partir
de los acontecimientos que nos cuenta su libro, que nació en la segunda mitad del siglo VII a. C.,
sin embargo, aparece sólo en escena desde el momento en que recibe su vocación profética. Como
sacerdote y profeta, poeta y teólogo, organizador religioso y predicador, vivió e interpretó la época
más trágica y más dura de la historia de Israel: el exilio.

Fue deportado a Babilonia juntamente con otros muchos judíos en el año 597 a. C. y allí residió
en la población de Tel-abib, junto al río Quebar, probablemente un canal que va de Babilonia a
Uruk (véase Ez 1, 3; 3, 15). Su ministerio profético duró alrededor de veinte años, desde el 593 al
571 a. C. y su mensaje va dirigido especialmente a los exiliados, aunque también le preocupa la
situación y la suerte de su patria y de Jerusalén, a la que por varias veces visitó en visiones
extáticas (véase Ez 8-11; 40ss).

Contexto histórico:

Gracias a un texto procedente de la corte de Babilonia llamado "La Crónica Babilónica" y a


numerosos datos que se encuentran en el segundo libro de los Reyes, en el libro de Jeremías y en
el del propio Ezequiel, podemos reconstruir a grandes rasgos la historia de la época en que vivió
Ezequiel.

Para empezar, debemos remontamos al 722 a. C., año en el que Samaria, capital del reino de
Israel, es sitiada por el ejército asirio. Con su caída desaparece el reino de Norte. En Asiria reina
Sargón II (722-705 a. C.) y en Judá (también llamado reino del Sur) Ezequías (727-698 a. C.).
Asiria se convierte en una potencia que ejercerá su dominio en todo el Oriente próximo, mientras
que Babilonia con Merodac Baladán trata de independizarse de Asiria. Sin embargo, Judá
quedará sometida al imperio asirio durante veinte años en los que vive relativamente tranquila
pagando sin protestas de ninguna clase tributo a Asiria, a pesar de haber intentado emanciparse en
diversas ocasiones, pero sin resultado.

Cuando Ezequías alcanza su mayoría de edad y sube al trono en el año 714 a. C., la situación se
complica. Movido por sus deseos de reforma religiosa y de independencia política, el nuevo rey
intentará mostrar su desacuerdo con Asiria y mezclarse en diversas revueltas. Babilonia y Egipto
también eran partidarias de una rebelión en contra de Asiria. Pero de hecho solamente la pequeña
ciudad de Asdod se rebela creyendo contar con el apoyo de los egipcios, que nunca aparecieron
en la batalla. La reacción de Sargón II fue contundente. Realizó una rápida campaña contra
Asdod, Gaza y Asdudinunu, con su hijo Senaquerib como general del ejército. Judá queda
sometida y Ezequías se apresura a pagar tributo para evitar el castigo (véase 2 Re 18, 13).

Siguieron unos años de calma hasta la muerte de Sargón II en el 705 a. C. De nuevo los judíos se
confabularon con los egipcios para rebelarse contra Asiria. Sin embargo, la ayuda de estos

3
no les sirvió de nada pues Senaquerib, sucesor de Saigón II (704-681), invadió de nuevo Judá y
asedió Jerusalén. Pero antes de que la ciudad fuese tomada, Senaquerib y su ejército, diezmado
por la peste, tuvieron que retirarse (véase 2 Re 18-19). Estarnos en el año 701 a. C. A partir de
este año, Asiria empieza a perder prestigio y dominio.

Según 2 Re 19, 37, Is 37, 28 y los anales sirios, Senaquerib fue asesinado por dos de sus hijos en
Nínive y le sucede su hijo más joven. Asaradón (680-669), que hacia el año 671 se apodera de
Egipto. En Judá reina el impío Manasés (698-643 a. C.) que sigue sometido a Asiria, con
Asaradón, primero, y luego con Asurbanipal III, también rey asirio (669-639 a. C.). A Manasés le
sucede en el trono su hijo Anión (643-640 a. C.) que siguió en todos los pasos a su padre (véase 2
Re 21, 19-26; 2 Cr 33; 21-25).

Solamente con Josías cambiará la situación religiosa y política del país. Determinadas tensiones
internas y externas fueron produciendo en el imperio asirio un gran deterioro y un enorme vacío
político. Fue entonces cuando, con fuerza y habilidad política, Josías extendió la esfera de su
poder a los territorios del antiguo reino del Norte. Uno de los logros más importantes de su
reinado (640-609 a. C.) fue la reforma religiosa llevada a cabo alrededor del año 622 en
conformidad con la ideología y las normas prácticas encontradas en el libro del Deuteronomio.
Las indicaciones referentes a las medidas del Templo, así como la idea de ser éste el lugar de la
presencia de Dios sobre la tierra, serán retomadas por Ezequiel en sus oráculos y en sus visiones
sobre la restauración definitiva (véase Ez 40-48) y sobre la gloria de Dios que se va del Templo
(Ez 11, 23), para retornar luego definitivamente (Ez 47, 5-7a).

La caída de Nínive, en el año 622 a. C. significó el derrumbamiento definitivo del imperio asirio.
Es ahora Babilonia, su vecina, la que va adquiriendo protagonismo y dominio sobre el noroeste de
Judá. Por otra parte, Egipto va también consolidando su fuerza; bajo el gobierno del faraón Necao
II (610-595 a. C.) se hace presente en toda al Asia Occidental y entra en confrontación con
Babilonia debido a su poder e influencia sobre algunos pequeños estados de Siria y Palestina.
Egipto no ve con buenos ojos los progresos de los babilonios que quieren acabar con Asiria y
paradójicamente Egipto intenta salvar lo que queda del imperio asirio. Es esta lucha la que
dificulta la tranquilidad del rey Josías y la que acaba definitivamente con la paz de Judá. En
efecto, en el año 609 a. C., en Megido territorio del antiguo Israel, Josías intenta detener a los
egipcios que suben hacia Mesopotamia para ayudar al último rey asirio, pero es denotado por el
ejército de Necao II y Josías muere en la batalla (véase 2Re 24, 28-30).

El rey que le sucede, Joacaz de Judá (609 a. C.), reina poco tiempo. Depuesto a los tres meses
por Necao, es llevado prisionero a Egipto y allí muere cautivo. Su sucesor, su hermano mayor
Joaquín, es colocado sobre el trono de Judá por mandato imperioso de Necao. Su reinado dura
alrededor de diez años (609-598 a. C.). Ezequiel no habla de él, pero sí Jeremías, uno de sus más
temibles adversarios. Judá sigue bajo el poder egipcio hasta que surge Nabucodonosor (605-562 a.
C.), rey de Babilonia y derrota a Necao en Carquemis en el año 605 a. C. A partir de este
momento los babilonios se convierten en los nuevos señores y dominadores de todo Oriente
Medio.

En Judá, después de los tiempos gloriosos de Josías y el entusiasmo por la ley deuteronomística,
las costumbres se relajan y el pueblo comienza a perder la fe. Políticamente, como consecuencia
de la victoria de Nabucodonosor en Carquemis, el reino de Judá pasa a depender de Babilonia y
durante algún tiempo el rey Joaquín paga el correspondiente tributo a Nabudonosor. Pero después
de tres años de fidelidad a Babilonia, se niega a seguir pagándolo lo que acarrea la fulminante
invasión militar de Judá por parte del ejército de Nabucodonosor. Parece que durante la campaña
militar, probablemente asesinado por sus adversarios, muere el rey Joaquín en el año 598 a. C. Le
sucede su hijo Jeconías que apenas tiene ocasión de reinar unos meses pues el ejército babilónico
pone sitio a la ciudad de Jerusalén y la conquista. Estamos en el año 587 a. C. y es el momento de
la primera deportación a Babilonia: un grupo

4
importante de judíos, sobre todo jerosolimitanos, entre ellos el rey, los notables de la ciudad, los
trabajadores especializados, y también el mismo Ezequiel, son llevados al destierro.
Nabucodonosor quiere demostrar claramente su autoridad y coloca en el trono a Matatías (tercer
hijo de Josías y tío, por tanto, del deportado Jeconías). En señal de dominio Nabucodonosor le
cambió el nombre y le puso el de Sedecías. Su reinado se prolongó durante diez años (597-587 a.
C.).

Los primeros años de Sedecías, desde el 597 a 594/3 a. C., transcurren en calina y en plena
obediencia al poder babilonio. Pero en el 588 a. C. el rey se niega a pagar tributo a
Nabucodonosor. Este le declara la guerra inmediatamente y asedia Jerusalén el 5 de enero del 587
a. C. Tras año y medio de resistencia, la capital se rinde el 19 de julio del 586 a. C. Sedecías y los
jefes militares huyen, pero son capturados cerca de Jericó y conducidos a Nabucodonosor, que
manda ejecutar a los hijos de Sedecías y a éste lo deja ciego y lo destierra a Babilonia (2 Re 25, 1-
7). Un mes más tarde tiene lugar el incendio del Templo, del palacio real y de las casas; las
murallas son derruidas y se produce la segunda y más famosa deportación. Esto sucede en el año
586 a. C. En la región devastada se nombra un gobernador llamado Godolías.

El profeta Ezequiel y sus oyentes permanecieron contemplando, como desde una ventana, las
dolorosas vicisitudes de su patria. Los deportados a Babilonia en este segundo momento traían
ahora noticias frescas de la patria que había quedado vacía y desolada, y de su organización bajo
Godolías. Estaban más interesados, sin duda, por la situación de aquella su tierra lejana, que por las
cosas que sucedían en la tierra del exilio y en su vida cotidiana. Desde aquí Ezequiel dirige su
mensaje a los hombres de su pueblo que permanecen en Jerusalén y en toda la tierra santa, y al
mismo tiempo ejerce su ministerio entre los deportados con los que vive (Ez 1, 2.3; 11, 24.25).

Ezequiel pertenecía, como sabemos, a la clase sacerdotal. Muchos de sus intereses y


preocupaciones, y de las características de su personalidad y de su mensaje dependen de este
hecho. Así se explica, por ejemplo, que con frecuencia se sirva de la casuística para sus preceptos y
enseñanzas morales y religiosas, y que su mayor preocupación sean el culto y el templo. El influjo
de Ezequiel sobre los deportados y sobre aquellos que luego retornaron del exilio fue decisivo y
determinante: a los primeros infundió ánimo y esperanza; a los segundos les aseguró la fundación
no de un nuevo estado político, sino de una nueva comunidad, cuyo fundamento estaría en el
templo de la nueva Jerusalén.

3. Actividad literaria del profeta

Aunque la redacción actual del libro pueda no ser del profeta, la sustancia del libro sí es
considerada como de Ezequiel. Todo ello porque sustancial mente su actividad profética es oral,
encaminada sobre todo a la recitación, y conservada en la memoria y en la repetición oral,
transmitida por el profeta y sus discípulos, y por lo tanto con muchas adiciones, con frecuencia
poco felices.

Parece indudable que Ezequiel consignó por escrito gran parte de su predicación: sus
experiencia extáticas, sus acciones simbólicas, sus oráculos; pero lo primero fine la transmisión
oral de enseñanzas y mensajes que luego sus discípulos o redactores agruparon y estructuraron,
sirviéndose como criterio para ello del mismo carácter del escrito (acciones simbólicas,
experiencias extáticas, visiones), de las palabras o temas de enlace (espada, ídolo,
abominaciones...) y del contenido de los oráculos.

En relación con las peculiaridades literarias de Ezequiel cabe destacar los siguientes elementos:

5
1) La fórmula en la que se destaca la presencia de la palabra de Dios: recibí esta palabra del
Señor, que manifiesta una particular concepción de la revelación de divina y de su concretización
histórica.

Siempre en relación con la fase de la recepción del mensaje, se narra frecuentemente la orden de
profetizar: dí, habla, canta una lamentación, entona una elegía.

En cuanto a la fase de transmisión del mensaje es muy frecuente la fórmula de anuncio: esto
dice el Señor, muy antigua y ya utilizada por los embajadores de los reyes de Oriente, el referir
mensajes a los soberanos. Tal fórmula da autoridad al mensaje y en ella está implícita la
referencia a una experiencia interior precedente de la que proviene del mensaje profético.

A veces el mensaje divino aparece reforzado ulteriormente por la expresión oráculo del Señor,
normalmente al final de cada unidad literaria. Otra fórmula para expresar este refuerzo es el
juramento: por mi vida.

La conclusión de los oráculos se realiza con toda solemnidad a través de otra expresión muy
corriente en el lenguaje profético: yo, el Señor he dicho o he hablado. Pero la conclusión más
frecuente es: reconocerán que yo soy el Señor, la llamada fórmula de "reconocimiento".

2) Una amplia gama de géneros literarios entre los que sobresalen los oráculos de acusación y
condena (Ez 5, 5 - 11, 13; 13; 21-22; 31, 1-18), los discursos jurídicos (Ez 3, 17-21; 14, 1-11; 18;
33, 10-20; 22, 1-16), las disputas y controversias con ciertas características tomadas de la praxis
procesual (Ez 11, 3; 12, 27; 20, 32; 25, 3; 26, 2; 28, 2; 29, 39; 33, 10; 36, 2.13; 37),
lamentaciones o elegías (Ez 19; 26, 17-18; 27; 28, 11-19; 32, 2-16), algunas secciones poéticas
sobre un determinado tema (Ez 7; 30; 34; 35-35), pasajes homiléticos según las distintas
categorías de la población (Ez 13; 22, 23-31) secciones legislativas (Ez 43, 18-27; 44, 17-51; 45,
18 — 46, 12), descripciones geográficas (Ez 45, 1-8; 47, 15-20; 48) y el llamado sermón
penitencial (Ez 20). Todos estos géneros parecen característicos de la instrucción o torá impartida
por los sacerdotes y levitas a los fieles.

3) El material narrativo de Ezequiel está constituido sobre todo por acciones simbólicas y
visiones.

En cuanto a las acciones simbólicas notemos que no se puede separar de los gestos simbólicos,
como el volver la cara hacia ciertos lugares o personas, el batir palmas... y ciertas pantomimas.

Las visiones, por su parte, se encuentran en los momentos clave de la actividad del profeta. Las
principales son cuatro narradas en Ez 1, 1-3, 15; 8-11; 37, 1-14; 40-48 y sirven para marcar las
distintas fases de su predicación.

El estilo literario del profeta se caracteriza sobre todo por la frecuencia de las imágenes utilizadas
(véase Ez 15; 16; 17; 19; 22, 17-22; 23; 29, 1-6. 17-20). Son imágenes más elaboradas que las de
los profetas anteriores y las de su contemporáneo Jeremías, del que depende en algunos temas.

La riqueza de su cultura y el contacto con otras, especialmente con la de Babilonia es notable.


Es el primer profeta que se sirve de tradiciones extrabíblicas, muchas de ellas de carácter
mitológico, debido a su situación de deportado en Babilonia donde descubre nuevos elementos
culturales que le sirven para elaborar su pensamiento. No sólo recoge material fenicio-cananeo
(Ez 17; 23; 26; 29;), Sino también motivos, imágenes y prácticas cultuales mesopotámicos (Ez 1-
3; 9, lss; 14,21; 16, 23-24; 17, 3-4; 31; 32), sobre todo cuando habla de idolatría. De la historia y
de la literatura de Israel toma sobre todo motivos legendarios (Ez 14, 12ss; 21, 13ss), la
bendición de Jacob (Gn 49; véase Ez 15; 17, 1-10) y alude con frecuencia a Amós, Oseas,

6
Isaías, y Miqueas. Tiene puntos de contacto con su contemporáneo Jeremías y presenta una
cierta dependencia del Código de Santidad (Lev 17-26) y de la teología deuteronomística.

Pero a pesar de la insuperable riqueza de las imágenes, de la amplitud de la realidad que evoca y
de la profundidad y novedad de su mensaje, Ezequiel es un profeta difícil de leer, porque su estilo
es generalmente monótono, gris, frío y pobre respecto la pureza vigorosa de Jeremías.

4) La estructura del libro de Ezequiel es bastante clara, a grandes rasgos, y responde a las
distintas etapas de su actividad: mensaje de severa invitación a la conversión, hasta la caída de
Jerusalén (caps. 1-24), con la interesante introducción de vocación (Ez 1, 1 — 3,15); oráculos
contra las naciones cómplices en la infidelidad del pueblo (caps 25-32); después de la caída de
Jerusalén, mensaje de consuelo dirigido al pueblo, al que le promete un futu ro mejor (caps. 3339);
y finalmente evocación de la comunidad renovada, por medio de la visión sobre el templo y la
tierra (Ez 40-48).

Todo el materia] estructurado de esta manera ofrece el esquema ideal de amenaza-promesa,


tragedia-restauración, muerte-resurrección de un pueblo".

1. INTRODUCCIÓN
1) Ezequiel (E) es un riguroso contemporáneo de Jeremías, aunque ninguno de los dos se
mencionan en su actividad profética. La profecía de Jeremías no habla de E y la de éste no cita la
de aquel. Esta constatación está en línea con un hecho verificable entre profetas contemporáneos,
anteriores y posteriores a estas dos grandes figuras de la espiritualidad bíblica. Tampoco se
mencionan mutuamente Oseas y Amós, ni Ageo y Zacarías, que son contemporáneos.

2) es considerado normalmente como el padre del judaísmo. Llamamos judaísmo" a la historia


del pueblo judío después de la cautividad de Babilonia. E vivió con los deportados de Babilonia.
Con sus críticas al pueblo judío antes del cautiverio y, sobre todo, con su esperanza para el futuro
y su organización de la vida de fe y culto en el período del destierro, influyó poderosamente en la
gestación, formación, desarrollo y destino del judaísmo, como tendremos ocasión de comprobar
más adelante. Todos los datos de su vida los conocemos por su profecía. No poseemos más
fuentes para adentramos en su vida y en la significación de su obra.

3) E está muy próximo a la corriente sacerdotal de su época, que dio como resultado el llamado
"Priester codex" (o "Código sacerdotal"), uno de los cuatro documentos que integran el
Pentateuco. Ambos se condicionan y fecundan mutuamente, aunque resulta difícil clarificar más
su mutua relación. Sucede en la consideración de esto hecho lo mismo que en el caso de Jeremías,
que está próximo a la corriente deuteronomista, sin que sepamos aclarar más su relación mutua.

4) La influencia de Ezequiel en la posteridad y el ámbito de su misión no puede reducirse a su


actividad profética. Ezequiel también fue sacerdote y se comportó como un guía providencial de
los suyos. No puede separarse al profeta del sacerdote y pastor de su pueblo. Se mostró como un
observador atento de la realidad y abrigó un profundo interés pastoral para los suyos. Como
profeta su cometido es más escrito que hablado. Hay que considerarlo también como un visionario
excepcional, convirtiéndose también en el padre de la literatura apocalíptica tan influyente y
decisiva en la historia del judaísmo sobre todo entre los siglos II, 1 a. C. y 1 d. C. Sus visiones,
imaginería y contenidos influyeron poderosamente en esa literatura, que tiene como punto de
partida la realidad profética, aunque contenga también claros elementos sapienciales.

7
5. E presenta una personalidad desconcertante y compleja por muchos motivos. No pocos
interpretan sus continuos éxtasis y sus abundantes signos proféticos como los propios de alguien
que estuvo reprimido, lleno de delirios de grandeza y de una cierta manía persecutoria. Se ha
hablado mucho de una posible enfermedad mental en su estructura anímica, hasta el punto de que su
libro ha sido denominado "diario de un enfermo" '. KLOSTERMANN la califica de catalepsia,
JASPERS de personalidad esquizofrénica, BROOME de esquizofrenia catatónica. Sus visiones y la
descripción de sus estados de ánimo llevan a algunos a sacar consecuencias de este tipo. Con todo,
hay que ser sobrios en la consideración de tales extremos.

A veces, llevado de una gran emoción e impulsado por una vehemencia inusitada, se muestra
extremista, como aparece en los oráculos contra las naciones, especialmente contra Tiro y Egipto (26-
32). Pero en otras ocasiones, se manifiesta mucho más moderado y equilibrado, como en la
exposición de su doctrina sobre la retribución (cap. 18).

6) Entre los profetas mayores el Libro de E es el que presenta una mayor unidad, aunque también
estuvo sometido a revisiones constantes, a redacciones complejas posteriores y a enojosas
interpolaciones, que a veces dificultan su lectura. Presenta varios duplicados (3, 16-21 y 33, 1-8; 18,
21-25 y 33, 10-20). Con todo, es visible una cierta unidad y puede ser subdividido en tres partes:
La primera parte integraría los capítulos 1 al 24:
a) En primer lugar nos encontramos con su vocación y misión, que abarca los tres primeros
capítulos.
b) Viene, a continuación, una serie de acciones simbólicas, que continuará en otras partes del libro
(cap. 4 y 5).
c) Le sigue una larga sección de oráculos, casi todos de amenaza, contra Judá, Jerusalén y su
Templo, también contra capas significativas del pueblo judío. (Abarca del capítulo 6 hasta el
24).
La segunda parte estaría formada por el libro de los oráculos contra las naciones extranjeras (cap.
25-32).
La tercera parte concluye con un mensaje de esperanza y el anuncio de la restauración (33-48). Es
precisamente aquí donde se encuentran los textos más socorridos de E:
· La profecía sobre el Buen Pastor y el futuro pastor (cap. 34);
· La promesa del corazón nuevo y Espíritu nuevo para Israel (36, 22ss);
· La visión de los huesos secos (cap. 37);
· La restauración del Templo (cap. 40-44).
· El nuevo Israel (cap. 45-48).
Los cap. 40-48 constituyen una cerrada unidad, que se conoce como "la Thorá de E".

7) E es el profeta que más acciones simbólicas ofrece en su libro:


a) las primeras las encontramos en los capítulos 4 y 5. Algunas no dejan de sorprendernos por su
extravagancia, complicación y hasta suciedad repugnante.
b) Tenemos más acciones simbólicas en:
· 12, 1-20: preparación del equipaje a pleno día a pleno día y huida nocturna; comida de
pan con temor y bebida con inquietud;

Cf. C. KLOSTERMANN, Ezechiel. Ein Beitrag zu besserer Würdigung seiner Person und seiner Schrift.
ThStKr 50 (1887), p. 391-493. R. H. PFEIFFER asegura que es el primer profeta fanático de la Biblia,
que muestra rasgos de oscura y salvaje ferocidad mental. Pero son muchos más los que valoran su
personalidad muy positivamente afamando de él, y creo que con toda la razón, que es una de las mayores
figuras espirituales de todos los tiempos, a pesar de su tendencia a una cierta "anormalidad". Como
sostiene W. F. ALBRIGHT la genialidad de los profetas hebreos estriba en que no eran personas
"normales". Desde luego su vida y misión les separan del resto de los hombres de su tiempo y les
convierten en personalidades únicas con ciertas tendencias de dificil clasificación.

8
• 21, 11-12. 23-29: el gemido ante una aciaga noticia; el trazado de una encrucijada
de caminos.
• 24, 1-14: la olla llena de herrumbre;
• 24, 15-27: el luto por la muerte de su mujer;
• 37, 15-28: los dos trozos de madera para formar una sola vara.
Su sentido suele ser bastante claro, ya que explica con detalle su significado.

8) E es un profeta que en la expresión de la fe busca la racionalidad y quiere que los suyos


participen de ella. El pueblo judío tiene que saber que Yahveh obra con sabiduría y coherencia. Si
el castigo del destierro ha tenido lugar, si ha sido asolado Jerusalén y destruido el Templo, estos
hechos se han debido al terrible pecado de la nación elegida y a su falta de voluntad por la vuelta
sincera al Dios de los padres mediante una auténtica conversión. En este convencimiento
teológico coincide de lleno con Jeremías.

Dios ha puesto al profeta como "mofet" para Israel; esto es: como símbolo o señal de lo que va a
suceder al pueblo en el futuro, dado que Dios en sus designios ha fijado ya su suerte. Así aparece
en 12, 6: "serás un símbolo para el pueblo de Israel" y 24, 27: "serás para ellos un símbolo
y sabrán que yo soy el Señor". Su propia persona es el mayor presagio, que Dios envía a su
pueblo, para anunciarles el duro castigo por sus numerosas y graves infidelidades, pero también la
necesaria restauración, cuando haya pasado el tiempo de la purificación. El profeta asume el
destierro en solidaridad con los suyos como requisito necesario para la vuelta a la tierra de los
padres con revovada esperanza y frutos de santidad.

Su prosa está marcada por un cierto talante sacerdotal, propio de su condición. Es notable el
hecho de que Yahweh se dirige al profeta llamándole "hVo de hombre" (en hebreo "ben'adam).
La expresión se repite con gran frecuencia y constituye el precedente literario de "el hijo del
Hombre" de Dn 7, 13: (en arameo "bar- `anasha"), que luego aparece con gran significación en la
literatura apocalíptica y del título cristológico de igual expresión, que en los Evangelios sólo se
encuentra en boca de Jesús.

El SER DEL PROFETA

1. Nombre.

"Ezequiel" en hebreo "Yejezque'el" significa "Dios es duro" o lo que es lo mismo "Dios es fuerte
o hace fuerte" (1, 3); algunos lo traducen como: "Dios conforta o fortalece", que sería una
derivación de la significación anterior y estaría en perfecta consonancia con el hecho, visible en su
obra, de que es el profeta que más insiste en la esperanza.

2. Vida y personalidad

Los tres primeros versículos de su libro nos proporcionan no pocos detalles significativos en la
biografía del profeta. En 1, 2 se especifica su vocación "en el año quinto de la deportación de
Joaquín" y en el 1, 1 "el día cinco del cuarto mes ", datos que coinciden con el 31 de julio del
593 a. C. Si consideramos la expresión "el año treinta", con que se abre el libro, como la edad
del profeta, entonces tendríamos que pensar que nació el año 622, fecha esta bien conocida por
haber empezado la famosa reforma religiosa de Josías. Todo un presagio de gran trascendencia.
El último oráculo (29, 17) se produjo "el año vigésimoséptinao" de su cautividad, "el día uno
del primer mes", es decir, el 26 de abril del 571 a. C. Su profecía se alargó, por lo tanto, al
menos durante 22 años: desde julio del 593 a abril del 571 a. C.

Nuestro profeta tiene la experiencia de la mudez (3, 26; 24, 27; 33, 22). En la fecha fatídica de la
muerte de su querida esposa se queda mudo, coincidiendo con la destrucción del Templo y

9
este estado le durará durante casi un año, hasta el 5 de enero del 585 a. C. Recupera el habla al
ser informado por un testigo directo ("el fugitivo" de 24, 27; 33, 32) de la caída de la ciudad y
la destrucción del Templo. Es la hora de anunciar de nuevo el mensaje en el nombre de Yahweh.

Era hijo del sacerdote sadoquita Buzi (1, 3). Ya hemos señalado que su pertenencia a la casta
sacerdotal es muy visible en su profecía. Vivió, como Jeremías, los primeros honores cometidos
por los babilonios en su primera entrada en Jerusalén al mando de Nabucodonosor. Es uno de los
primeros deportados a Babilonia en el año 598/597 a. C, juntamente con el rey Jeconías y la
inmensa mayoría de la nobleza judía. En Babilonia poseía su propia casa (3, 24; 8, 1; 14, 1; 20, 1)
en una localidad llamada Tell Abib (3, 15), junto al río Quebar donde vivía tranquilamente con su
familia, aunque participando de la penalidades y nostalgias de los desterrados. Es precisamente
"junto al río Quebar" (l, 3) donde tiene ladecisiva experiencia de su vocación.

Estos dos hechos: el sacerdocio y el exilio determinarán profundamente su actividad y


conformarán también su recia espiritualidad. El lenguaje, las preocupaciones, el afán pastoral de E
son los propios de un sacerdote alejado del Templo y de su comunidad, que por voluntad divina
debe encontrar consuelo y fortalecer su esperanza a muchos kilómetros de su tierra en la puesta en
práctica de su misión.

Tuvo una excelente y selecta formación intelectual marcada por un profundo conocimiento de la
Thorá. Esto nos lleva a pensar que posiblemente perteneció a una condición social elevada. Los
indicios nos indican que debió pertenecer al sacerdocio en su clase alta, a pesar de que en
Babilonia no pudo ejercer la función inherente a su condición. Poseyó una fina sensibilidad,
acompañada de una profunda agudeza de espíritu.

En este sentido conviene destacar como se merecen sus dotes de poeta visionario y narrador
deslumbrante. "Tú eres para ellos como un trovador de voz hermosa que sabe cantar", le
asegura Yahweh en 33, 32. Entre sus creaciones cabe destacar la bellísima parábola de la vid del
cap. 15, la enigmática alegoría del águila del cap. 17, las sobrecogedoras elegías sobre Tiro y su
rey de los cap. 26 al 28, el juicio contra los pastores de Israel del cap. 34 y la impresionante visión
de los huesos secos del cap. 37.

También presenta dotes de gran predicador con visiones contrapuestas: a veces es abierto y
cosmopolita, conocedor de otras culturas y civilizaciones, a las que pasa por el tamiz de su fe.
Entre ellas destacan las de Egipto y Babilonia (32, 17-32; 30, 13-18). Pero con frecuencia se
muestra como un patriota, que ama con pasión a su pueblo, conoce su situación y le transmite toda
la ilusión de que es capaz, para que no decaiga su fe y se fortalezca su esperanza en un nuevo
comienzo en la tierra de sus mayores.

Sabemos que estaba casado, pero no consta que tuviera hijos. En los años 588-587 la paz
familiar quedó truncada con la muerte de su amada esposa, "la que hace sus delicias" (24, 16ss),
que se convierte en un signo de las muchas muertes trágicas que suceden en Jerusalén, con la
caída definitiva de la ciudad a manos de las tropas de Nabudonosor.

En Babilonia, en el pueblo donde habitaba, Tell Abib, recibió la llamada profética que con
seguridad, y como ya hemos justificado con datos fehacientes, tuvo lugar el año 593.
Indudablemente constituyó un acontecimiento mayor en su vida y el inicio de su actividad
profética que se extendió durante el largo período de veintidós años. Del resto de su vida no
podemos afirmar nada seguro. No sabemos ni dónde, ni cuándo, ni cómo murió. El
Pseudoepifanio (PG 43, 401) en "Vitae prophetorum" afirma que fue martirizado por orden de un
juez, que había sido reprendido severamente por el profeta.

10
3. La descripción de la vocación.

La vocación de Ezequiel la encontramos en 1, 1 - 3, 15. Podernos diferenciar dos experiencias:


· La primera se narra en 1, 4-28a + 3, 13-15. La teofanía o visión de la trascendencia divina.
· La segunda en 1, 2-3 + 1, 28b-3, 12. Lo propio de la vocación.
Cronológicamente tenemos que poner en primer lugar lo propio de la vocación.

Es bien llamativo que el lugar donde tiene lugar la vocación sea "entre los deportados junto al
río Quebar" en la Babilonia de los desterrados. En una tierra profana, extranjera y hasta enemiga,
por lo tanto.

El hecho no deja de tener una enorme trascendencia: Dios ya no se encuentra en el Templo de


Jerusalén, sino que habita en medio de la comunidad de los desterrados. Allí donde están sus
fieles allí se encuentra Yahweh. No hay que buscarlo en la distancia, está vivo y presente donde
surge la fe y florece la esperanza.

¿Cómo vivió el profeta este acontecimiento decisivo para su vida y actividad posterior? Lo
tenemos consignado con todo lujo de detalles en una impresionante narración, en la que se
conjugan la visión y las palabras. La transcribimos en su totalidad, dada su significatividad.
Introducción

1 1Fl año treinta, el mes cuarto, el día cinco del mes, me encontraba yo entre los deportados
junto al río Quebar, cuando se abrieron los cielos y contemplé visiones divinas. 2 El día cinco
del mes -era ya el año quinto de la deportación del rey Jeconías- 3 fue dirigida la palabra del
Señor a Ezequiel, hijo de Buzi, sacerdote, en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar. Y allí el
Señor puso su mano sobre él.

Visión inaugural de la gloria del Señor


4Yo veía un viento huracanado que venía del norte, una gran nube con resplandores en torno, un
fuego que despedía relámpagos y en su centro como el fulgor del electro, en el centro del fuego.
SEn el medio aparecía la figura de cuatro seres, cuyo aspecto era el siguiente: presentaban forma
humana, 6 pero cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. 7Sus piernas eran rectas y sus pies
semejantes a las pezuñas de un toro, relucientes como bronce bruñido. 8Debajo de las alas, en los
cuatro lados, salían manos humanas; los cuatro tenían el mismo aspecto y las alas de iguales
dimensiones. 9Sus alas estaban juntas unas con otras; al andar no se volvían de espaldas, sino
que cada uno caminaba de frente. IOEn cuanto a su semblante, presentaban cara humana, pero
los cuatro tenían cara de león a la derecha, cara de toro a la izquierda y los cuatro también cara
de águila. TI Así estaban sus alas desplegadas hacia lo alto: cada uno tenía dos alas que se
tocaban mutuamente, y otras dos que le cubrían el cuerpo. 12Cada cual marchaba de frente. Iban
donde el espíritu los impulsaba, sin volverse de espaldas en su marcha. 13En medio de estos
cuatro seres se veían como brazos incandescentes a modo de antorchas que se agitaban de acá
para allá entre ellos. Resplandecía el fuego, y del fuego se desprendían fulgores. 14Los seres iban
y venían lo mismo que el relámpago. ISMe fijé en el suelo, y vi una rueda al lado de cada uno de
los cuatro seres. 16E1 aspecto de las ruedas, su estructura, resplandecía como el crisólito. Tenían
las cuatro la misma forma y parecían dispuestas como si una estuviese en medio de la otra. 17A1
rodar iban en las cuatro direcciones, sin volverse en su movimiento. 18 Su circunferencia era de
gran altura, y las llantas de las cuatro estaban cuajadas de ojos todo al rededor. 19Cuando los
seres se movían, iban también las ruedas junto a ellos; y cuando aquéllos se elevaban de la tierra,
se levantaban también las ruedas. 201ban hacia donde los impulsaba el espíritu; y las ruedas
también se elevaban, porque el espíritu de los seres estaba en las ruedas. 21Cuando andaban

11
ellos, andaban las ruedas; y cuando se paraban ellos, se paraban también las ruedas; cuando
ellos se elevaban de la tierra, se elevaban también ellas, porque el espíritu de los seres estaba en
las ruedas. 22Sobre los seres había una especie de firmamento, esplendoroso como un cristal
extendido por encima de sus cabezas, 23y bajo el firmamento estaban extendidas sus alas una
junto a otra, mientras que las otras dos alas de cada uno de los cuatro seres les cubrían el cuerpo.
24Sentí el rumor de las alas mientras se movían; pa recía el rumor de aguas ingentes, semejante a
la voz del todopoderoso; un ruido tumultuoso como el de un ejército. Y cuando se pararon,
replegaron sus alas. 25Entonces resonó una voz desde el firmamento que había sobre sus cabezas.
26Por encima del firmamento que se extendía sobre sus cabezas apa reció como una piedra de
zafiro en forma de trono; y sobre esta especie de trono, una figu ra de aspecto semejante al de un
hombre, que se erguía sobre él. 2 7Desde lo que pa recían sus caderas hacia arriba vi que era
como un bronce resplandeciente, algo que parecía fuego, dentro y alrededor de él; y desde lo que
parecían sus caderas para abajo vi también algo así como un fuego, refulgente todo en torno,
28semejante al arco iris que aparece en las nubes en un día de lluvia; tal era el fulgor que
despedía. Esta visión era como la imagen de la gloria del Señor. A su vista yo caí rostro en tierra
y oí una voz que hablaba.

Vocación del profeta

2 ¡La voz me dijo: «Hijo de hombre, levántate, que voy a habla rte». 2 Al decirme esto, el espíritu
entró en mí, me hizo tenerme en pie y pude escucha r a aquel que me hablaba. 3É1 me dijo: «Hijo
de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes, que se han rebelado contra mí,
ellos y sus padres, hasta este mismo día, 4Hjos de cara dura y corazón de piedra son aquellos a
quienes yo te envío. Les dirás: Esto dice el Señor Dios. 5Escuchen o no escuchen -puesto que son
una raza de rebeldes-, sabrán que en medio de ellos se encuentra un profeta. 6Y tú, hijo de
hombre, no los temas ni tengas miedo de sus palabras. No temas, aunque te encuentres entre
cardos y zarzas y habites en medio de escorpiones. No temas sus palabras ni te asustes de sus
miradas, porque no son más que una raza de rebeldes. 7Les comunica rás mis palabras, escuchen
o no, porque son una raza de rebeldes. Pero tú, hijo de hombre, escucha lo que te digo; no seas
rebelde como esta raza de rebeldes; abre la boca y come lo que te doy». 9Yo miré y vi una mano
tendida hacia mí con un libro enrollado. 10 Lo desenrolló ante mi vista. Estaba escrito por
dentro y por fuera, y contenía lamentaciones, gemidos y ayes.

3 1Y me dijo: «Hijo de hombre, cómelo; come este libro y vete a habla r a la casa de Israel». 2Yo
abrí la boca, y me hizo tragar el libro. 3Entonces me dijo: «H ijo de hombre, aliméntate y sáciate
de este libro que yo te doy». Yo lo conni, y fue en mi boca dulce como la miel. 4Después me dijo:
«Hijo de hombre, anda, dirígete a la casa de Israel y comunícales mis palabras. Porque eres
enviado no a un pueblo de lengua oscura e incomprensible, sino a la casa de Israel; óno a
pueblos numerosos de lengua oscura e incomprensible, cuyas palabras no entenderías; si a ellos
te enviara, te escucharían. 7-Pero la casa de Israel no querrá escucharte a ti, como no quiere
escucharme a mí, porque toda la casa de Israel es de cabeza dura y corazón de piedra. 8Pero
mira, yo te doy una cara dura como la suya, una frente dura como la suya; 9he hecho tu frente
dura como el diamante, más dura que la roca. No los temas ni te asustes de ellos. Son una raza
de rebeldes». 1OMe dijo también: «Hilo de hombre, todas las palabras que yo te diga
consérvalas en tu corazón, escúchalas con la mayor atención; 11y anda, llégate a los
deportados, a los hijos de tu pueblo, y diles: Así habla el Señor Dios, escuchen o no escuchen».
12Entonces el espíritu me arrebató y oí detrás de mí el ruido de una gran trepidación, mientras
la gloria del Señor se levantaba de su sitio; 13era el rumor de las alas de aquellos seres al batir
una con otra y el ruido de las ruedas como el ruido de gran terremoto. 14E1 espíritu me levantó
y me arrebató; iba yo amargado, con el ánimo llena de excitación, mientras la mano del Señor
pesaba fuertemente sobre mí. 15Llegué a Tel-abib, junto a los deportados que habitaban a lo
largo del río Quebar, allí donde ellos habitaban, y permanecí como aturdido siete días en medio
de ellos.

12
a) Lo propio de la vocación

Se trata aquí de una experiencia acústica, llena de grandiosidad y emoción: "y oí una voz que
me hablaba" (1, 28b) Es la voz de Yahweh, que dada su trascendencia no se hace visible pero sí
es audible para el que está transido de fe y abierto a los mensajes divinos.

• La palabra

1. La llamada se introduce con un vocativo que se repite machaconamente a lo largo del relato:
"hijo de hombre" (2, 1. 8; 3, 1. 3. 4. 10). La expresión está cargada de significación: indica la
pecaminosidad, fragilidad, precariedad e impotencia del profeta en su condición mortal, en
contraposición con el que habla que es santo, todopoderoso, omnipotente e inmortal. Pero el
profeta, aunque es débil va a ser fortalecido con la asistencia divina.

2. Precisamente esa asistencia divina posibilita al postrado oyente de la palabra adquirir la fuerza
necesaria para ponerse en pie en disposición de escuchar la voluntad divina y cumplir la misión
encomendada (2, 2). El aliento de Yahweh penetra en la humanidad y debilidad de la frágil
naturaleza del profeta. Este queda facultado para llevar a cabo una tarea difícil, pero posible, ya
que el espíritu divino le acompañará a lo largo de su existencia.

3. Un vez fortalecido con el espíritu de Yahveh que le hace recobrar el empuje vital, recibe el
enojoso encargo de ir a los hijos de Israel, al "pueblo de rebeldes", que se ha levantado contra
Dios. Estos hijos de Israel son ahora los exiliados de Babilonia. Elegido por Yahweh y revestido
con autoridad se presentará E como profeta ante ellos, "hijos de cara dura y de corazón de
piedra". Les recordará que son amados de Dios, aunque forman un pueblo rebelde, de rostro duro,
de corazón empedernido, de difíciles entendederas que no han sabido corresponder al amor divino
y han seguido la tradición de rebeldía iniciada por sus padres. Yahweh le recalca el hecho de que
son obstinados (2, 3-4), como tiempos atrás le confiara también a Isaías este mismo hecho.

4. El profeta se va a convertir en "la boca de Dios ", ya que ha de hablar en su nombre, de su


parte y en su lugar; y el pueblo rebelde va a saber que "en medio de ellos se encuentra un
profeta" (2, 5), un mensajero, que les transmite los deseos divinos. Ya no podrán quejarse de no
conocer la Palabra con mayúscula. Yahweh advierte a E que la reacción de los suyos va a ser
hostil, como la de los escorpiones, afrentándole con sus calumnias y rebeldías. Pero no debe de
desistir por los posibles ataques o fracasos aparentes. En el desempeño de su misión el profeta no
tiene nada de qué asustarse. Por tres veces le recalca "no temas" (2, 6). No debe temer la maldad
de sus destinatarios, ni sus palabras, ni sus miradas

5. Pero E debe abrir sus oídos, para escuchar la palabra de Yahweh, no siendo rebelde como los
suyos y para anunciar la palabra divina, cumpliendo puntualmente la voluntad, que le viene de lo
alto (2, 7-8).

• El gesto

La palabra divina va seguida de un gesto simbólico, perecido, pero más realista, al que
encontramos en la vocación de otros grandes profetas, Isaías y Jeremías. Este gesto constituye la
plena consagración del profeta. A la audición, le sigue ahora una visión (2, 9-10).

El profeta contempla una mano tendida hacia él "con un libro enrrollado ". Una vez abierto
comprueba que está escrito "por dentro y por fuera". Su contenido es estremecedor, ya que está
plagado de "lamentaciones, gemidos y ayes". Son la expresión del pecado del pueblo. Ese
pecado, que produce el mal y causa el dolor por doquier.

13
• La comida del libro

Después de la visión, vuelve de nuevo la audición. Yahweh invita a Ezequiel para que coma el
libro que ha contemplado en la visión. Ese "comer el libro" es una imagen bien gráfica de lo
afirmado anteriormente: "escucha lo que te digo". El profeta debe saber perfectamente lo que
Dios quiere de él y la palabras que tiene que dirigir a los suyos. Inexorablemente el profeta come
el rollo de la Palabra, ante la apremiante invitación de la voz de Dios para que lo haga.

Le sabe a miel, porque así se percibe la Palabra, que siempre supone un íntimo fortalecimiento
interno. Cuando se habla de parte de Dios por ingratas y fuertes que sean las palabras a transmitir,
el mensajero experimenta la dulzura del encargo, ya que se siente partícipe con la obra de Dios,
convirtiéndose en su portavoz. Lo que constituye una experiencia gratificante para todo emisario
divino.

Pero su misión va a revestir una especial dureza, ya que el pueblo, toda una "raza de rebeldes",
con el que el profeta se muestra solidario, no le va a escuchar, como tampoco escucha al mismo
Dios. Pero él tiene que cumplir con su obligación de anunciar la Palabra, después de haberla
conservado en el corazón y escuchado con atención.

b) La teofanía inaugural

Estructuramos esta narración con gran poder evocador y cuidada significación en cuatro
secciones:

• Visión de los cuatro vivientes (1, 4-14)

Estamos claramente ante una visión apocalíptica, que integra todo un Hundo hermético dificil de
descifrar y comprender. Interviene más la imaginación desbordada que la lógica de pensamiento.
Con todo no pudiera decirse que esta visión no tenga un sentido, ¡lo tiene! Y es lo que aquí vamos
a tratar de desentrañar.

Con los cuatro vivientes el profeta ha creado un imaginativo trono de Yahweh. En ellos están
representadas las criaturas más nobles de la creación:
En primer lugar, el hombre, que es el rey de la creación, con una inteligencia que le sitúa por
encima de todos los demás seres.
En segundo lugar, el león y el toro, que son símbolos perfectos de la fuerza que existe en ]a
creación y pueden considerarse como los reyes de los animales terrestres: en la selva, el
primero; en el ámbito doméstico, el segundo.
En tercer lugar, el águila, que con su vuelo elevado y veloz es la reina de la aves y la que se
remonta como ninguna.

En la mitología babilónica, el hombre y los animales más nobles estaban destinados a representar
diversas divinidades. Pues bien, todos esos seres no son sino el trono de Dios, están muy por
debajo de Yahweh y puestos a su entero servicio. La desmitologización es clara: esos seres no
pueden considerarse como Dios.

Con ese conjunto de imágenes se quiere resaltar al Dios trascendente de los judíos que es el
auténtico Soberano y el único Señor de la creación, a quien todos los seres de la creación,
empezando por los más nobles, le rinden pleitesía. Toda una concepción teológica de gran
efectividad.

14
• Descripción de las ruedas (1, 15-21)

Con la descripción de semejantes artefactos, que ciertamente son producto de una imaginación
desbordada, se quiere significar la movilidad de la creación, inspirada por el espíritu divino y
animada por su aliento creador. Se habla de las llantas de las ruedas "cuajadas de ojos" (1, 18),
quizá para significar la perfección de la omnisciencia divina a quien nada de cuanto sucede se le
escapa. Todo lo ve y observa con omnipotente poder de percepción.

• Descripción de la plataforma y escucha de la voz (1, 22-25)

La plataforma se corresponde con la base del trono divino. Tiene el sentido de mostrar que la
presencia de Dios no está condicionada a Jerusalén y circunscrita al Templo. Yahweh también
puede estar presente y de hecho lo está en medio de los exiliados. La voz es la del Señor
omnipotente. Las imágenes apuntan a la magnificencia de Yahweh puesta al servicio de los
desterrados, para que sean conscientes de su presencia y perciban su poder.

• La gloria del Señor (1, 26-28).

La gloria se manifiesta en forma visible. El profeta contempla "una figura de aspecto


semejante al de un hombre" (1, 26). No es Dios mismo quien se da a conocer, sino lo accesible
de su divinidad, que puede percibir el hombre, como si Dios fuera un hombre. Se presenta esa
gloria por doquier, llena de majestuosidad y luminosidad. Lo que demuestra claramente que la
presencia divina no conoce límites ni admite fronteras. Es visible y actuante también en Babilonia
con toda su fuerza, movilidad, omnipotencia y belleza.

Si tuviéramos que intentar precisar el sentido de toda esta escena, nos atreveríamos a presentarla
de este modo: todo el simbolismo tiene una significación bien definida: asegurar la Buena Noticia
de la presencia de Yahweh entre los desterrados en Babilonia. ¡Dios está entre ellos con toda su
grandeza y el pueblo tiene que ser consciente de ello!

Aunque la gloria de Yahveh estuvo en su momento en Jerusalén y sobre todo en el Templo,


aquella no les ha abandonado, después de la terrible destrucción. Su omnipotencia, descrita bajo la
forma de una impresionante visita, permanece con ellos y está muy por encima de todos los ídolos
babilónicos. Yahveh es el Señor absoluto de toda la creación, quien da fuerza, belleza y vitalidad a
los seres creados. Toda la creación es una noble manifestación del poder omnipotente divino y no
puede ser divinizada.

En todas las partes se siente el dominio del Dios del pueblo judío. Con esta grandiosa visión E
quiere infundir esperanza a los desterrados cautivos. El Dios Todopoderoso está con ellos y, por lo
tanto, no cabe el desaliento y menos el derrotismo. La providencia de Yahveh, con cuanto
conlleva, alcanza a los desterrados, sigue contemplándolos en sus necesidades, preocupándose de
ellos y protegiéndolos con la fuerza de su poder. Al ser destruidos Jerusalén y el Templo, la gloria
de Dios se aposenta entre los desterrados como núcleo privilegiado de la futura restauración de
Israel.

EL QUEHACER DEL PROFETA

A. Misión profética

Toda ella se desarrolla en Babilonia, lejos de su querida tierra y podemos distinguir dos claros
períodos con mensajes bien diferentes entre sí:

15
PREVIERA ETAPA: Corresponde a los años, que transcurren entre el 593, cuando recibió su
vocación y el año 587, fecha de la destrucción definitiva de Jerusalén, algo más de un lustro.
Durante este período E trata de disipar en el pueblo judío las esperanzas vanas albergadas de la
supervivencia de Jerusalén. A lo largo de este tiempo se mantiene y muestra como un profeta
de denuncia y condenación. Su mensaje podría resumirse en esta fi-ase desoladora: "Jerusalem
delenda est" (= Jerusalén debe ser destruida), por la terribilidad de sus pecados y la
persistencia de sus crímenes. Desde Babilonia el profeta insiste en el mismo mensaje que
machaconamente Jeremías transmite desde Jerusalén.

Así lo hace patente con sus numerosas acciones simbólicas, que van niás allá de las palabras
duras:
El ladrillo con el diseño del asedio a la ciudad de Jerusalén, que prefigura la suerte del pueblo
elegido (4, 1-7).
- El pan tasado y el agua racionada, que hace relación a las privaciones angustiosas de los
habitantes de Jerusalén (4, 9-11. 16-17).
- La cebada cocida entre excrementos humanos (4, 12-15), que se refiere a lo mal que lo van a
pasar en la cautividad. Esta acción simbólica de la cebada constata la situación miserable de
los judíos desterrados en el exilio.
- La cabeza y la barba afeitadas, que anuncian los castigos divinos (5, 1).
Conviene constatar que las profecías exterminadoras se cumplieron.

SEGUNDA ETAPA: Se alarga desde la destrucción de Jerusalén (587) hasta el 571, en que
termina su actividad conocida. Durante este tiempo trata por todos los medios de sostener la fe
de los desterrados, elevar su espíritu desesperanzado y encaminarlos por la vía de la
reconstrucción en el amor. Ante tanta desolación nacional a partir de ese momento cesa su
mensaje de destrucción transformándolo en Buena Noticia de reconstrucción: "Jerusalenm
restauran da est" (= Jerusalén debe ser restaurada). De la misma manera que anteriormente se
había sentido obligado a disiparir falsas expectativas, ahora se siente igualmente impelido a
alentar una nueva esperanza, mostrándose como un padre espiritual compasivo. Como Jeremías
consuela al pueblo con la visión de una nuena experiencia:
- del desierto, durante la que Yahveh los purificará de sus muchas infidelidades; de
un pueblo aceptable y bien dispuesto, que cumple la voluntad divina;
del restablecimiento en la tierra prometida, considerada como un nuevo hogar (33, 1-39, 29).

Al mismo tiempo E se dedica a forjar el alma del Nuevo Israel, cuya restauración anuncia en una
serie de visiones, bajo distintas formas:
Yahveh mismo será su pastor y suscitará en el futuro un pastor ideal (c. 34).
- Israel volverá a habitar la Palestina renovada (c. 36) con un "corazón nuevo" y un "espíritu
nuevo" (36, 24-29).
- Israel será restaurada y vivificada (37, 1-14: la famosa visión de los huesos secos, que
recobran la vida).
- Unificación del Reino bajo un nuevo David (37, 15-28).

Al finalizar su actividad profética Ezequiel recibe una grandiosa visión, en la que describe
legislando:
- El nuevo Templo (40, 1 - 43, 17).
- El culto divino, que se celebrará en él (43, 18 - 46, 24).
- La tierra santa (47, 1 - 48, 29).
- Las puertas de la nueva Jerusalén (48, 30-35), en la que habita Yahveh: "Yahveh jannna ":
(= Yahrmeh está aquí" (48, 35). Por cierto, éstas son las últimas palabras del libro.

De esta segunda época son, también, los oráculos contra las naciones limítrofes a Israel (25-32).

16
El grito profético de E pasa, por lo tanto, a través de tonalidades contrapuestas. En un primer
momento tiene que ser muy duro con los suyos y anunciarles la pérdida de la tierra de sus
antepasados por sus muchos pecados, pasados y presentes, de los que son incapaces de
arrepentirse. Además debe luchar contra el fatalismo, el derrotismo, las dudas de fe y la falta de
esperanza de muchos de los dester rados, incapaces de reaccionar debidamente y superar la
situación creada mediante el arrepentimiento y la conversión.

En segundo lugar se ve forzado a anunciar a su pueblo, que tiene futuro y que Dios desea su
restauración, si se convierte sinceramente de su pecado. Han de purificarse, dejar toda forma de
idolatría y estar dispuestos a desechar para siempre las malas acciones. Sin una renovación
espiritual resulta imposible la restauración religiosa y la reorganización política.

E se convierte así en el hombre providencial que necesitaban—aquellos tiempos de gran


tribulación. Como sacerdote, profeta, pastor y visionario alienta la fe yavista e infunde esperanza
cierta en un futuro inmediato mejor, siempre intentando ser leal con su pueblo y recordándoles
cosas que algunos no querían oir. Anuncia una teocracia nueva, en la que se cumplirán los ideales
individuales y las más íntimas aspiraciones colectivas de los hijos de Israel, tanto religiosas como
políticas.

B. El anuncio 1.

La teología

Como el Priestercodex, es decir: El Código sacerdotal, el sacerdote E es un decidido


representante de la santidad divina. Aunque el título "el Santo de Israel" aparece raramente en su
profecía (Ez 39, 7), la realidad está presente desde la primera a la última página, hasta el punto que
unifica todos los demás temas teológicos, antropológicos y mesiánicos.

1. La trascendencia: la santidad de Dios

Como afinnamos al comentar la teología de Isaías, también en E santidad y trascendencia


constituyen dos conceptos intercambiables, así podemos comprobarlo en las siguientes

a) La escena de la visión inaugural y la vocación

Es claramente trascendente, como ya hemos mostrado anteriormente. Centrándonos ahora en el


relato de la vocación, la impresión de trascendencia se acentúa aún más con la primera expresión
dirigida por la voz de Yahweh al profeta "hijo del hombre" (2, 1.3; 3, 1.3.10. Aparece 87 veces
en el libro). Ben- `adam, es decir: hijo de hombre significa tanto como perteneciente a la
condición humana pecadora en contraposición con el que está detrás de la voz, que no es otro
que el Santo con mayúscula, el inmortal, resistente, fuerte, omnipotente.

A Dios, el ser trascendente por antonomasia, no se le puede contemplar, sólo "la imagen visible
de la gloria del Señor" es posible captarla con los sentidos (1, 28a): su voz (1, 28b; 2, íss) y
mano extendida (2, 9).

b) Lo inaccesible de Dios se hace accesible en su gloria

E habla con frecuencia de la gloria de Dios. El "kabod" (_ "gloria") describe lo accesible del
Dios inaccesible. Yahweh, inabarcable en sí mismo, como ya hemos indicado, está presente en el
mundo y, de modo especial, en medio de su pueblo a través de su gloria. Su realidad
incomparable no puede ser percibida directamente, sólo descrita con imágenes y sugerida entre
halhurene T n nue cc.. enr entra A0tráQ de la alnri 1-penan imnncihle de evnreear Rern ',i, tevtnc

17
de origen sacerdotal y, sobre todo según nuestro profeta, la gloria de Yahveh está ligada a la tierra
prometida, especialmente a Jerusalén y de modo particularísimo al Templo. Con todo el Altísimo
nunca se deja condicionar por la geografía. Y así tenemos que, según los tiempos, la gloria del
Señor abandona el Templo (10, 18-22) y Jerusalén (11, 22-25), pero regresa de nuevo al Templo
(43, 1-12), cuando los designios divinos lo consideran conveniente. En su momento la gloria de
Dios llega a Babilonia para acompañar a los desterrados, trasladándose con los suyos al extranjero
(Ez 1 , 1 - 3 , 5).

La presencia de Dios, generalmente reside y se objetiva en el Templo, lugar privilegiado de la


gloria de Dios, aunque no se restringe a él. Según la visión de nuestro profeta la gloria del Señor
puede manifestarse en la nube, el relámpago, el fitego, el viento. Y en ocasiones excepcionales
llega a adoptar una forma humana resplandeciente (1, 26-28).

e) La presentación de los atributos divinos

Aquí Ezequiel sigue las líneas generales de sus predecesores Amós, Isaías, Jeremías, destacando
la universalidad, omnipotencia, omnisciencia y justicia de Yahweh sobre todo. E es claramente
monoteísta y contempla a Yahweh como el único Dios de la humanidad y de la creación.

Y ese único Dios es Todopoderoso como nadie puede imaginárselo. Los pujnates vivientes, que
aparecen formando el trono de la gloria divina, giran siempre en torno al Altísimo y dependen de
El. En la mitología religiosa mesopotámica el león, el toro, el águila simbolizaban a determinadas
divinidades. E los sitúa a todos como escabel de Yahweh, a lo sumo como la corte del Dios de los
israelitas, que sigue amorosamente la tragedia y la suerte pésima de los exiliados.

2. La inmanencia divina: la redención graciosa

El Dios trascendente, es por lo tanto, el Dios que acompaña a su pueblo y es misericordioso y


justo. Se vuelve inmanente por amor al pueblo elegido. Se muestra como el redentor de Israel. No
salva a los suyos, porque éstos se arrepientan sino por pura gracia. De hecho es resultado de su
Santo Nombre, de su modo de ser y actuar. El amor divino no está condicionado en absoluto por
las acciones humanas, es tan excelso que se eleva por encima de cualquier clase de
comportamiento creado.

Israel es su hijo predilecto (19, 5; 16, 1-14) a pesar de las abominaciones de Jerusalén (16, 2).
La elección es totalmente gratuita, sin méritos por parte del pueblo judío (20, 5ss). La promesa
divina recrea el destino de los desterrados: "Os acogeré con benevolencia como suave aroma,
cuando os haya sacado de entre los pueblos y os haya reunido de los países en los que os había
dispersado. Manifestaré mi santidad en vosotros ante las naciones paganas; y sabréis que yo soy
el Señor, cuando os haya llevado a Israel, a la tierra que solemnemente juré dar a vuestros
antepasados...Ysabréis que yo soy el Señor, cuando por el honor de n7i nombre y, sin tener en
cuenta vuestra conducta y vuestras acciones detestables, haga todo esto con vosotros, pueblo de
Israel" (20, 41s. 44). El amor de Dios para con los suyos queda de manifiesto, de manera
meridiana, en el mensaje de esperanza, que aparece una y otra vez entre los capítulos 33-39.

3. La nueva teocracia (40-48)

Este esperanzado período se abre con una fecha, el año 571, que corresponde a la última etapa
de la actividad del profeta, como ya hemos indicado. Coincide con "el año vigésimo octavo" del
cautiverio (40, 1). Tiene la forma literaria de visiones tenidas en "la tierra de Israel" (40, 2). En el
centro se alza el nuevo Templo restaurado con una magnificencia sin igual (40, 4ss). De
trascendental importancia resulta constatar que la gloria de Yahwe regresa a él (43, lss).

18
En esta visión, muy semejante a la que tuvo a orillas del Quebar en el acontecimiento de la
vocación, percibe que "la gloria del Señor entraba en el templo por el pórtico oriental" (40,
4), haciéndose posible así la consagración del altar de los sacrificios (43, 13-27). A la vista de la
gloria de Yahweh, que llena de esplendor el santuario, el profeta, purificado de toda maldad,
recibe de labios del mismo Dios las normas reguladoras del nuevo culto referentes a:

· los "servicios auxiliares" a cargo exclusivo de los levitas, que no volverán a ejercer
funciones sacerdotales por sus pecados de idolatría (44, 10-14).
· el servicio sacerdotal, reservado a los descendientes de Sadoq (44, 15-31);
· la distribución por sorteo de la tierra: el territorio consagrado al Templo corno "porción
santa de la tierra reservada a los sacerdotes que ofician en el Templo y se encargan del
servicio del Señor" (45, 1-4), el reservado a los levitas (45, 5-6), al príncipe (45, 7-8).
· los deberes del príncipe con relación al culto (45, 9 - 46, 16) y al reparto de los bienes (45,
16-18).

Hay un apéndice sobre las cocinas del Templo (46, 19-24). Se detalla una asombrosa descripción
de la fuente maravillosa, cuya "agua descendía por el lado derecho del Templo hasta la parte
sur del altar" (47, 1; cf. Jr 47) y una minuciosa relación de la distribución de la tierra nueva de
Canaán entre el príncipe y las doce tribus (48, 1-29).

Concluye la narración con la localización de las puertas de Jerusalén (48, 30-35), doce en total
con "los nombres de las tribus de Israel" (48, 31). El nombre teológico de la ciudad es "El Señor
está aquí" (48, 35).

En resumen: Constituye un indudable mérito de E el que sea el profeta, que tiene una visión más
sublime de la gloria y majestad de Dios. Además es el gran cantor del papel que Yahweh juega
como "goel", es decir defensor de su pueblo y destinatario privilegiado de su amor. Nuestro autor
rompe con el esquema establecido por la historia deuteronomista, cuya estructura es: pecado,
castigo, arrepentimiento y gracia.

Ahora E cambia el orden y afirma que responde a esta dinámica, más en consonancia con el obrar
divino: pecado, castigo, gracia redentiva, arrepentimiento. El amor de Dios hace trizas incluso los
pecados humanos. Ante el comportamiento divino al pueblo, y dentro de él a cada uno de sus
miembros, no les queda otro remedio que avergonzarse, arrepentirse y cambiar, siempre teniendo
muy claro que la iniciativa de la salvación proviene de Yahweh, "el Santo de Israel". Su majestad
y santidad están al servicio de la salvación humana por pura gracia.

H. La antropología

Contiene dos temas de gran trascendencia: la responsabilidad personal y el mesianismo con las
implicaciones inherentes a cada cuestión.

1. La responsabilidad personal

Una de las ideas nuevas más fecundas, que introduce la teología de E, es la de la valorización del
individuo, de la persona concreta, en sus relaciones con Dios. Lo abordamos con toda su
complejidad.

a) La doctrina tradicional

Hasta E en la teología profética prevalecía la idea de la solidaridad, de forma que los miembros
del pueblo israelita eran considerados más como personas integrantes de una colectividad, con
todo lo que este hecho comporta, que como personas individuales con derecho y destino

19
propios. Como en la mayoría de los pueblos orientales estaban muy extendidas la creencia y
vivencia de la persona corporativa. Sobre todo se contemplaba la comunidad en sí y el individuo
sólo era considerado dentro de ella, en función de su vida e intereses.

Los profetas, corno otros autores bíblicos de su tiempo, consideran casi exclusivamente las
relaciones entre Dios y la colectividad como tal. De hecho la Alianza del Sinaí, que centra su
interés teológico, se hizo entre Dios y la comunidad en su totalidad y esta constatación es decisiva
durante mucho tiempo. Según esto, las generaciones humanas son solidarias en sus pecados y en
sus méritos. Los hijos pueden pagar los pecados cometidos por sus padres o abuelos, así como
también se les puede aplicar sus buenas obras.

b) El cambio en la posición tradicional

Con el paso del tiempo y la adquisición de nuevas experiencias esta posición no satisface a las
personalidades bíblicas más autorizadas. Ya en el Deuteronomio se expresa una solución
innovadora, que varía substancialmente la doctrina tradicional: "no morirán los padres por
culpa de los hijos, ni los hijos morirán por culpa de los padres; cada uno morirá por su
propio pecado" (Dt 24, 16). Influenciado por esta enseñanza, Jeremías también se adhiere a la
nueva postura: "entonces no se dirá más: `los padres comieron los agraces y los hijos
sufren la dentera', sino que cada cual morirá por su propia maldad, y sólo el que coma
agraces sufrirá la dentera" (Jer 31, 29s).

Pero es sobre todo E el verdadero "campeón" y "teorizante del individuoi5 (entendido éste,
claro está, de un modo positivo). Todo hombre es plenamente responsable ante Dios de sus propios
actos y no tiene por qué pagar las faltas y los pecados de otro. Cada cual debe responder de sus
acciones, independientemente de la solidaridad con los suyos. Pero hay algo más la
responsabilidad individual se asienta en el presupuesto del amor universal de Yahweh, que aparece
ya en profetas anteriores. Aquel no se limita al pueblo elegido, se extiende a todos los hombres sin
excepción. Porque todos son objeto del amor divino, también son responsables de sus actos ante el
Dios de Israel. La enseñanza renovada alcanza así a la totalidad de los humanos.

e) El cambio psicológico después de la destrucción de Jerusalén

No cabe duda que la catástrofe del 587 a. C. supuso un corte radical con las posiciones
tradicionales de los judíos. El pueblo en su conjunto, la comunidad elegida parecía desaparecer, así
como las ilusiones nacionales, para dar paso a una conciencia nueva, más orientada hacia el
destino individual y hacía los intereses propios de cada uno.

E patrocina decididamente este cambio, se hace eco del estado psicológico descrito y formula con
precisión el principio de la responsabilidad individual (14, 12-23). Los exiliados se quejaban
amargamente de que ellos, que no eran culpables, estaban pagando los pecados de sus antepasados.
Esto parecía sangrantemente injusto. Retomando el principio expuesto por Jeremías, Ezequiel
anuncia un nuevo estado de cosas con una gran claridad conceptual. Es sobre todo en el cap. 18,
donde expone el justo proceder de Dios, que no hace cargar a nadie con culpas ajenas.

La formulación de esta doctrina con toda valentía y lucidez en E hará que se replantee con
crudeza la validez de las tesis tradicionales sobre la ecuación entre la virtud y el premio en esta
vida. De esta manera, nuestro profeta que aún no ha llegado a dar con la solución definitiva del
problema, ha puesto las bases de la retribución individual en la atenta consideración de las mutuas
relaciones existentes entre Dios y el hombre.

P. AUVRAY, Ezequiel, o. c., pág. 16.

20
2. El tema mesiánico

La gloria de Yahweh está íntimamente unida a la nueva teocracia, vinculada a la restauración de


Israel como nación. En el contexto de la nueva teocracia E sitúa su doctrina sobre el Mesías, que
aparece ahora como una figura individual con trascendentales repercusiones en el pueblo.
Podemos afirmar que en todas las encrucijadas críticas de la historia de Israel se presenta la
esperanza mesiánica como norte de la vida nacional. He aquí los dos pasajes más significativos,
que nos hablan del Ungido:

a) La alegoría del águila (cap. 17)

En el marco de esta alegoría surge la promesa de la venida del rey Mesías con palabras cargadas
de simbolismo: "Esto dice el Señor: También yo tomaré la copa de un cedro, de sus ramas
cimeras tomaré an tallo, y lo plantaré en un monte muy alto; lo plantaré en un monte alto de
Israel; y echará ramas y dará frutos, y se hará un cedro magnífico. Toda clase de pájaros
anidarán en él, y habitarán a la sombra de sus ramas (17, 22s).

En este sentido E quiere infundir esperanza a los suyos en unos momentos especialmente
críticos. Les hace ver a los exiliados que no tienen fundamento sus vanas ilusiones de la
permanencia de Jerusalén como capital de un reino corrompido, sepultado en cenizas por sus
muchos pecados. La ira de la justicia divina ha de venir inexorablemente y Jerusalén va a ser
destruida. En esta situación extrema la dinastía davídica se eclipsará de momento al ser deportados
sus representantes a Babilonia.

Pero este estado de cosas no será la palabra definitiva de Dios. La promesa divina, visible en los
profetas anteriores, de suscitar a un Mesías se mantiene en el tiempo y en su momento se cumplirá,
aunque parezca difícil de creer ante los acontecimientos sucedidos. De acuerdo con los designios
de lo alto llegará el día en que se inaugure la era mesiánica presidida, conforme la promesa de
Natán, por un vástago de la dinastía davídica, esa dinastía que ahora se encuentra en post ración por
sus muchos pecados.

En el tiempo oportuno Yahweh tomará de la copa del cedro, de uno de sus principales renuevos,
un tallo y lo plantará en un monte nwy alto (v. 22). La transmisión de esperanza es bien patente: a
pesar de la tragedia que viven los judíos, deben confiar por entero en Dios, ya que la historia está
en manos de Dios. El suscitará al Mesías y con la asistencia divina, el pueblo judío, dirigido por su
Ungido, triunfará sobre el invasor babilónico.

b) La alegoría del pastor (cap. 34)

Esta alegoría constituye uno de los textos más bellos de nuestro autor. Yahweh va a juzgar a los
malos pastores de Israel (34, 1-10) y promete alzarse él mismo como verdadero Pastor de su
pueblo (34, 11-23). En el marco de esta promesa afirma con toda solemnidad la presencia y
actuación de un mediador divino en ese pastoreo: "Yo suscitaré un pastor que las apaciente; mi
siervo David las apacentará y será su pastor. Yo el Señor seré su Dios, y mi siervo David será
príncipe en medio de ellos: Yo, el Señor, he hablado" (34 23s).

Las palabras son claras y necesitan más de esperanzada acogida que de explicación. En ellas se
anuncia la llegada de un 'nuevo pastor con las dotes mismas de David. Será el encargado de
pastorear la grey reunida con mimo por el mismo Yahweh.

En resumen: los dos oráculos comentados hay que situarlos en la línea de la profecías
mesiánicas anteriores, en las que se anuncia un príncipe al servicio del pueblo elegido, que
inaugurará un reinado de paz, justicia y derecho. E participa del convencimiento de que ese
Ungido vendrá de la familia de David y apacentará en nombre de Dios a las ovejas de Israel.

21
C) Denuncia

La denuncia de E, en lo que se refiere al pueblo de Israel, está en la línea de la presentada por los
grandes profetas anteriores, sobre todo la de Jeremías. Por eso no necesitamos explicitarla, ya que
no añade ningún pensamiento nuevo digno de ser mencionado aquí. Los cap. 4 al 24 contienen
impresionantes oráculos contra Jerusalén, su clase dirigente y sus habitantes. En este contexto
resulta impresionante la alegoría sobre la historia pecadora de la ciudad santa (cap. 16).

Especia] significación en la profecía de Ezequiel tienen, en cambio, sus oráculos contra las
naciones. Son siete en total. La colección empieza con los países limítrofes a Judá: Amén. Moab,
Edom y Filistea (cap. 25), continúa con un largo oráculo contra Tiro y una famosa elegía sobre esta
misma ciudad (cap. 26 y 27) y contra su rey (cap. 28), prosigue un oráculo breve contra Sidón y
concluye con referencias terribles contra Egipto (cap. 29-31) y dos elegías sobre el faraón (cap.
32).

Sobre todo los extensos textos referentes a Tiro y Egipto poseen gran calidad poética y se
encuentran entre los más impresionantes oráculos proféticos (cf. Am 1-2; Is 13-23; Jer 47-51).
Muy famosa es la descripción de Tiro, comparada con una nave cargada de preciosas mercancías,
sacudida por las olas. También la caricatura relativa a su rey, que ha caído del estado paradisíaco
en que se encontraba.

"Incluso el lector con prisa, que en otros libros puede saltarse los oráculos contra las naciones,
no puede perderse los de Ezequiel. Además de un alto valor estético tienen, como siempre en este
profeta, una fuerte coherencia temática. Los cuatros primeros pueblos son advertidos por el Señor de
que no dejará sin castigo la revancha que han tomado de Judá burlándose de él en el momento de
su caída, aprovechando su destrucción para abalanzarse sobre él. Dios no soporta la falta de
reflexión sobre la seriedad de su obrar.

Tiro y Egipto son objeto del escarnio sobre todo por su "hybris": se creían dotados de poderes
divinos y por esto Dios las ha humillado por medio de Babilonia. Sin embargo, resulta agradable
constatar que Ezequiel señala, después de haber anunciado su destrucción, que Tiro, tras doce
años de asedio, no ha caído y que, como contrapartida por los esfuerzos realizados en vano con
ella, Dios ha puesto a Egipto en manos de Babilonia (29, 28). Pero la visión más importante es la
del capítulo 32, cuando el faraón baja a los inflemos y encuentra allí a todos los personajes más
destacados desde Asiria hasta Sidón, muertos a espada. Allí los verá y se consolará, porque al
igual que él habían sembrado el terror en la tierra y ahora han muerto por voluntad de Señor. La
constatación de la debilidad e impotencia de los poderosos rebosa por la capacidad de resistencia
y esperanza que el pueblo judío ha sabido aportar a toda la historia humana" 6.

La mayoría de estos oráculos están compuestos en los años en torno a la destrucción de


Jerusalén. En ellos existen alusiones más o menos explícitas, a la campaña de Nabucodonosor,
que se extendió incluso hasta Egipto, quedando también amenazado por su formidable poder.

D) Esperanza

Conviene notar aquí que todo el eje de la profecía y misión de E gira siempre en torno a
Jerusalén, que fue la gran pasión de su vida. En medio de la catástrofe, que anuncia sin paliativos,
sabe encontrar impulsos vitales y transmitir esperanza tanto para ella como para su Templo. En el
destino de Jerusalén resplandece el destino del pueblo judío.

6 R. CAVEDO, profetas. Madrid 1996, P. I63s.

22
auténtico hombre, que desgasta su vida por los demás hasta el punto de ser literalmente destrozado
por ellos.

En ese Siervo Doliente se complace Dios, no porque le guste regodearse en el sufrimiento de su


elegido, algo que sería impropio de El e incluso blasfemo sólo pensarlo, sino porque en ese Siervo
postrado resplandece la fidelidad de un hombre por los cuatro costados, que no retrocede en la
entrega hacia los demás, aunque éste le llegue a costar un sufrimiento sin cuento y la muerte. Ese
sufrimiento encuentra su identificación total en la figura mesiánica del Crucificado, que lo dió
todo y no se quedó con nada en su muerte horrenda y afrentosa. ¡He aquí al hombre de verdad, al
prototipo humano!

Pero ese sufrimiento mesiánico no acaba con Él, se prolonga en la historia, de modo que todos
los que son deshonrados por la defensa de la justicia, participan de la entrega mesiánica del
Siervo Crucificado. Y así, "el encuentro con el Señor se da, sobre todo, en aquellos a quienes la
opresión, el despojo y la alienación han desfigurado el rostro humano y no tienen ni `apariencia
ni presencia' y don `desecho de hombres'(Is 53, 2-3)" '95

c) Acerca de la salvación:

Los cantos nos transmiten una novedad, que es Buena Noticia para todos: el sufrimiento y la
muerte del Siervo produce vida abundante para la humanidad entera. En la muerte redentora del
Siervo está su exaltación, que es, al mismo tiempo, la nuestra, la de todos los hombres. El
Siervo, que participa de la condición humana, ha destruido la condición pecadora del hombre,
conforme a los designios divinos, mediante su misión redentora.

No son los actos espectaculares y llamativos los más efectivos; tampoco los que se imponen por
la fuerza, sino los provenientes de la entrega generosa a los demás, asumiendo voluntariamente el
dolor redentivo, que puede llegar incluso a la muerte, siempre que se haga con la
intencionalidad, al menos implícita, concorde con los designios divinos de salvación, de que otros
vivan. Así aparece, de manera ejemplar, en el Crucificado Resucitado.

23

También podría gustarte