¿QUÉ ES LA POLÍTICA?
La palabra política es utilizada en la vida cotidiana de diversas formas y suele tener distintas
valoraciones. Se la puede relacionar con algo bueno o malo, con algo cotidiano o alejado.
La política atraviesa la vida de las personas aun antes de que reflexionen sobre ella o
piensen cómo y por qué las atraviesa.
En este capítulo se abordarán aspectos y dimensiones de lo político, incluyendo visiones y
posturas opuestas sobre lo que es la política y lo que puede llegar a ser.
¿Qué es la política? En una primera aproximación, se puede pensar la política como un
conjunto de actividades sociales orientadas a tomar decisiones para satisfacer necesidades
y alcanzar objetivos en común. También puede definirse como el ejercicio del poder para la
resolución de conflictos de intereses entre diferentes sectores o miembros de una sociedad.
El término política proviene del griego y deriva de polis, es decir, la ciudadEstado de la
antigua Grecia. ¿Cómo es que aquella palabra griega tiene tanta vigencia? En términos
históricos podemos considerar que la política se inició en el período neolítico, cuando las
sociedades comenzaron a organizarse en sistemas jerárquicos y algunos individuos
adquieren poder sobre los demás. Inicialmente, quien ejercía el poder era el más fuerte o el
más sabio de un grupo, pero luego se fueron estableciendo reglas de sucesión, por las
cuales el hijo u otro pariente del jefe eran los únicos que podían reemplazarlo.
En su mayoría, los sistemas de gobierno de la Antigüedad eran ejercidos por una única
persona: el monarca, quien concentraba el poder y decidía por sí mismo. También contaba
con el asesoramiento permanente o eventual de algunos sabios consejeros. El proceso de
toma de decisiones administrativas y estratégicas tenía poco que ver con lo que hoy
denominamos política.
En Grecia, en cambio, algunas polis iniciaron una experiencia de gobierno a través de
asambleas que reunían a unos cuantos habitantes, considerados ciudadanos. Dicha
organización institucional de las ciudades implicaba la participación de varios cientos de
personas en el gobierno, aunque excluía a la mayoría de la población.
La búsqueda de criterios comunes para tomar decisiones dio origen a prácticas de
deliberación, presentación de alternativas contrapuestas, búsqueda de consensos y
adopción de mecanismos para decidir colectivamente. A todas esas prácticas aludía
inicialmente el término politikė, el arte de la política.
Varios pensadores trataron de sistematizar desafíos y criterios más adecuados para
gobernar la ciudad. Podemos mencionar, por ejemplo, a Platón en su libro denominado
República y también a su discípulo Aristóteles, quien desarrolló una obra titulada Política,
que le dio mayor difusión al término.
La política como vida en común
Desde sus orígenes hasta la actualidad, la palabra política oscila entre dos significados
diferentes y hasta contrapuestos, aunque relacionados entre sí.
Cuando se utiliza de modo restringido, el término política sirve para nombrar un tipo
particular de relaciones sociales. En este caso, se considera que la política es un ámbito de
la vida humana relacionado con el poder, el gobierno y la vida en común.
En cambio, el modo genérico o ampliado de la palabra política alude a rasgos que están
presentes en todas las relaciones sociales. Por ello, se considera que la vida humana es
básicamente política, porque todos los aspectos de la vida están atravesados por el poder,
el gobierno y lo común.
Con mucha frecuencia, ambos sentidos se intercambian, se confunden o entran en tensión.
¿De qué hablamos cuando hablamos de política?
Presentar los distintos significados de la palabra política no tiene como objetivo afirmar cuál
sería la concepción verdadera o falsa, sino comprender que aluden a diferentes
dimensiones de lo político: como algo circunscrito a un ámbito acotado o como algo que
alcanza a la vida humana en su [Link] una persona dice "esto no es políti
ca" o "no mezclemos la política en esto", está restringiendo el campo de lo político y
despolitiza otros ámbitos. Por el contrario, cuando alguien afirma "todo es política", intenta
generalizar al máximo esta noción y trata de repolitizar aquellos campos de la experiencia
que se han despolitizado. También, se pueden escuchar frases como "no mezclemos la
política con la salud", "la política no tiene nada que ver en la escuela" o "separemos la
política de la religión". Otras personas, en cambio, podrían decir sobre el mismo tema: "El
problema de la salud es fundamentalmente
político", "lo que ocurre en el aula forma parte de una política educativa" o "toda religión
expresa una visión política".
En todos los casos, con sus palabras y sus acciones, quienes dicen estas frases están
realizando una actividad política, ya sea para restringir o para generalizar lo político en una
situación determinada. En este sentido, podemos decir que hablar de política es hacer
política.
La política como profesión
La ciencia política es la disciplina encargada del estudio de la actividad política y los
profesionales de esta ciencia reciben el título de politólogos. Por su parte, las personas que
ocupan cargos profesionales en la estructura del Estado o aspiran a ellos se definen como
políticos. Políticos y politólogos se aproximan a la política como un trabajo del cual viven;
entonces, podríamos decir que se ocupan de la política en sentido estricto. En cambio, los
ciudadanos de una sociedad determinada participan de la política en sentido genérico y,
ocasionalmente, se ocupan de lo político en sentido estricto.
La posibilidad de generalizar el acceso a la deliberación política es una conquista histórica o
una sucesión de conquistas, que se consolida cuando un sector amplio de la sociedad se
hace cargo de las responsabilidades de gobernarse a sí misma. La política es la
herramienta a través de la cual cada uno puede involucrar sus deseos, sus ideas y sus
propuestas en la resolución de las necesidades y los desafíos de la vida en común. Y la
política es también el resultado de lo que una sociedad ha hecho con esa herramienta, es
decir, el efecto que han tenido sus decisiones colectivas.
Como herramienta de construcción colectiva, hacer política es participar en la vida en
común. Por eso, la política es la actividad social por excelencia, ya que permite a una
persona comprometerse consigo misma y con los demás en la búsqueda de soluciones a
problemasi compartidos. Dejar de lado la política, entonces, es renunciar a gobernarse y,
por lo tanto, a ser libre.
El ser humano como sujeto político
En el siglo 1 a. C., el filósofo griego Aristóteles consideró que los seres humanos somos
animales políticos. Según este autor, la primera unión entre los seres humanos es la familia,
que surge de la necesidad de subsistencia de la especie humana, a través de la
procreación. Así como la familia es una organización espontánea e inevitable, luego, en
segunda instancia, se forma la aldea o pueblo como agrupación necesaria para satisfacer
las necesidades básicas que cada grupo familiar no puede satisfacer por sí solo. Por último,
se encuentra la polis, ciudadEstado, como culminación de este proceso de interrelación
social. Su finalidad es la vida plena, en vez de la subsistencia, ya que el desafio de la polis
no es vivir, sino vivir bien, y procurar la felicidad a todos sus miembros. La existencia de la
ciudad es, entonces, consecuencia de un rasgo inherente al hombre. Según Aristóteles, los
seres humanos no podemos lograr la felicidad, que es nuestro fin, aisladamente;
necesitamos de la comunidad para conseguirlo y, por eso, somos animales políticos (zoon
politikón).
El lenguaje en la construcción de la política
Para Aristóteles, el carácter político del hombre se fundamenta en su capacidad de
lenguaje. El autor entiende que la sociedad es una gran red de discursos, de memoria
compartida, de leyes y costumbres que moldean a las personas y, a su vez, estas le van
dando forma también. Por ejemplo, cuando intervienen en los intercambios verbales
producen ideas y proyectos que comunican a los demás. Esa red de relaciones sociales
está hecha de lenguaje y solo a través del lenguaje se puede diferenciar lo bueno de lo
malo, lo permitido de lo prohibido.
En la búsqueda colectiva del vivir bien, las personas pueden, a través del lenguaje, deliberar
sobre lo justo y lo injusto y establecer leyes que impongan derechos y obligaciones. Se
pueden definir como sujetos políticos en tanto tienen la capacidad para hablar y escuchar, y
porque pueden proponer y argumentar ideas. En el pensamiento de Aristóteles, la política
es un rasgo específicamente humano y ningún ser humano puede considerarse al margen
de la política, que está en su naturaleza.
La política como posibilidad de creación y recreación
¿Para qué sirve la política? La política consiste en la posibilidad de elegir en qué mundo
queremos vivir y construirlo. Los seres humanos podemos entender el mundo como un
conjunto de ideas, condiciones, valores y costumbres que caracterizan la vida en un
momento histórico determinado.
En ese sentido, se habla del "mundo de Colón" para referirse a la época y las circunstancias
de aquel personaje histórico. También por este motivo, se puede decir que Colón encontró
un "mundo nuevo", no porque hubiera llegado a otro planeta, sino porque inició la relación
entre ámbitos culturales que se habían desarrollado en forma independiente, paralela y
desconociéndose mutuamente.
Todos los hombres y las mujeres son producto de la época en la que nacen y aprenden a
vivir en ella. Sin embargo, encontramos aspectos que nos gustan y otros que nos disgustan.
Para mejorar los aspectos negativos que observamos cotidianamente, podemos
imaginarnos ideas e, incluso, encontramos que otras personas tienen sueños semejantes a
los nuestros. Los deseos y las expectativas, los proyectos y la búsqueda de caminos para
hacerlos realidad también forman parte del mundo en el que vivimos, tanto en el nivel
personal como en nuestras relaciones con los demás.
Y así como el mundo en que vivimos enlaza a cada persona con las que están a su
alrededor, también tiene lazos de continuidad y de ruptura con lo que han hecho nuestros
antepasados. El mundo actual es producto de los sueños, las luchas y los ensayos de las
generaciones anteriores. Por ello, es un legado muy valioso y, al mismo tiempo, maleable:
las nuevas generaciones deciden qué hacer con ese legado.
La política es, entonces, la herramienta que ha creado el mundo en el cual vivimos y que
permite recrearlo. Sin embargo, también podríamos reproducirlo tal como se encuentra y no
modificarlo. Esa discusión ya forma parte de la política y establece distinciones entre los
sectores conservadores y progresistas. En líneas generales, el primer sector postula
mantener la sociedad tal como ha sido hasta ahora (o incluso volver a un estado anterior) y
el segundo valora el cambio y las posibilidades de progresar hacia una sociedad mejor.
La política como resolución de conflictos
Desde el pensamiento griego clásico se ha planteado que el objetivo de la política es el bien
común. ¿De qué se trata? El bien común puede ser entendido como un conjunto de
condiciones generales que benefician a todos; como un sistema de relaciones sociales,
redes institucionales y mecanismos socioeconómicos que funcionan en beneficio de toda la
población. En esta caracterización, el bien común funciona como punto de referencia de
todas las discusiones políticas. Sin embargo, no es fácil establecer cuál es el bien común en
cada contexto específico y frecuentemente se plantean posiciones discordantes que dicen
buscarlo por vias opuestas o que lo conciben de maneras muy dispares.
En toda sociedad existen grupos sociales que tienen intereses divergentes. Cada uno de
ellos quiere satisfacer sus necesidades y sus expectativas. Sin embargo, puede haber
múltiples intereses que probablemente no sea posible responder al mismo tiempo, por lo
cual se torna necesario establecer prioridades. En muchas ocasiones, también ocurre que
los intereses de un sector son opuestos al de los otros sectores. En consecuencia, se
generan conflictos sociales.
Existen distintos tipos de conflictos, por ejemplo, cuando se discute en qué se gasta el
dinero del Estado, para qué se utiliza el espa cio público o qué urgencias se atienden pri
mero. A veces, un sector propone sus deseos intereses como el bien común a la sociedad
entra en conflicto con otros grupos que no w sienten representados en sus demandas,
Los conflictos son un elemento constitus vo de la realidad social y es impensable una
sociedad sin ellos. En consecuencia, la acti vidad política trata de resolver los conflic. tos del
modo más justo posible, a través de l confrontación de argumentos, la evaluación de
necesidades divergentes y la búsqueda de consensos.
El conflicto es una de las condiciones de lo político y, por ello, se articula con los acuer dos
y las reglas. Si el conflicto instaura la di ferencia entre un "nosotros" y un "los otros, el
acuerdo vuelve a unir a través de la negociación y la integración de las diferencias a los
oponentes en un "nosotros". Por su parte, el pasaje del acuerdo a las reglas, a través de le
yes u otro tipo de normativas, permite insti tuir un orden común, obligatorio y duradero,
dentro del cual la vida de los distintos miembros de ese "nosotros" puede desenvolverse de
forma más o menos segura y rutinaria.
El proceso entre los conflictos, los acuerdos y las reglas expresa la dinámica de despolitiza
ción y repolitización de diferentes aspectos de la vida social, es decir, de restricción y de ge
neralización de lo político. Cuando un aspec to de la vida social funciona de manera
rutinaria, según reglas aceptadas por todos, parecería perderse de vista su relación con lo
político. Si se produce algún conflicto, a través del cual algún sector cuestiona la regla
habitual y propo ne modificarla para satisfacer intereses que no estaban contemplados en
ella, ese aspecto de la vida social se repolitiza, o sea, vuelve a ocu par un espacio en la
política en sentido restrin gido. Allí se inician procesos de deliberación y de acuerdo que
permitirán pasar a una nueva regla.
Podríamos decir, entonces, que el bien común es un destino al que nunca llegamos, pero
que orienta la caminata de la sociedad en la resolución de numerosos conflictos. Y la
búsqueda del bien común exige que cada sector de la sociedad se mantenga dispuesto a
evaluar sus propias aspiraciones con las de otros sectores, sin imponer su visión al resto ni
monopolizar el esfuerzo de todos para beneficiar a unos pocos. La búsqueda del bien
común, así entendido, es un contrato implicito, un requisito compartido entre quienes
integran una sociedad y hacen política en ella.
EL BIEN COMÚNY LA LIBERTAD
La sociedad no puede hacer felices a sus individuos; todos los intentos (o promesas)
históricos de hacerlo han generado más desdicha que felicidad. Pero una buena sociedad
puede -y debe- hacer libres a sus miembros, no solo libres negativamente, en el sentido de
no obligarlos a hacer lo que preferirían no hacer, sino en el sentido positivo, el de poder
hacer algo con su libertad, el de poder hacer cosas [...]. Y eso implica primordialmente la
capacidad de influir sobre las circunstancias de su propia vida, formular el significado del
"bien común" y hacer que las instituciones sociales cumplan con ese significado.
Zygmunt Bauman. En busco de la política. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica,
2001
La política como lucha
La política reúne un conjunto de activida des sociales orientadas a tomar decisiones en la
búsqueda y la construcción del bien común para la sociedad en su conjunto. En esa
variedad de prácticas podemos reconocer diferentes dimensiones, una de las cuales es la
lucha por el poder. En la política se manifiestan las disputas que libran personas y grupos
con la finalidad de conquistar el poder o, al menos, algunos espacios de decisión que les
permitan imponer sus proyectos e ideas, entonces, la política adquiere un sentido agonal.
Si nos detenemos en el origen etimológico de la palabra agonía, encontramos, desde la
época de la antigua Grecia, que significa lucha. También de la palabra agonía se derivan los
conceptos "protagonista", el que lucha, y "antagonista", contra el cual se lucha.
En consecuencia, puede pensarse que la actividad política lleva usualmente a delinear
posiciones antagónicas: quienes están a favor de una idea o proyecto y quienes están en
contra. También los diferentes candidatos que se postulan para un cargo se presentan como
antagonistas ante el electorado y eso forma parte de la dinámica política habitual.
La continuidad de las luchas políticas promueve la formación de frentes, bandos,
tendencias, movimientos o partidos que se enfrentan públicamente y contrastan sus ideales,
sus opiniones y sus proyectos. Esas divisiones no son estables, porque el desarrollo
histórico permite reagrupamientos, transformación de las ideas originales y configuración de
nuevas corrientes de pensamiento y opinión.
CONCILIAR Y COMBINAR
Casi ha llegado a ser un lugar común en política que un partido de orden o estabilidad y un
partido de progreso o reforma son elementos necesarios de una vida política en estado de
salud; hasta que uno u otro hayan extendido tanto su poder intelectual que puedan ser a la
vez un partido de orden y de pro-greso, distinguiendo lo que merece ser conservado de lo
que debe ser barrido. Cada uno de estos mo-dos de pensar deriva su utilidad de las
deficiencias del otro, pero es, en gran medida, esta oposición la que mantiene a cada uno
dentro de los límites de la razón y la prudencia. [...] La verdad, en los grandes intereses
prácticos de la vida, es tanto una cuestión de conciliar y combinar contrarios, que muy
pocos tienen inteligencia suficientemente capaz e imparcial para hacer un ajuste
aproximadamente correcto, y tiene que ser conseguido por el duro procedimien-to de una
lucha entre combatientes peleando bajo banderas hostiles.
-John Stuart Mil, Sobre la libertod, Buenos Aires, Alianza Editoral, 1993.
Características de la dimensión agonal
Para algunos pensadores, la dimensión agonal es el aspecto principal de la política. El
jurista alemán Carl Schmitt (18881985), por ejemplo, buscó alguna distinción de fondo a la
cual pudiera remitirse toda la actividad politica en sentido específico. Así como en la moral
existen lo bueno y lo malo o en el plano estético, la belleza y la fealdad, Schmitt entiende
que lo central de la política es la distinción amigoenemigo. Según su pensamiento, la
verdadera especificidad de lo político no se funda en ninguna otra distinción. Mucho tiempo
antes, el militar Carl von Clausewitz (17801831) había planteado que la guerra es la
continuación de la política por otros medios, enfatizando también este aspecto agonal de la
política.
En esa línea, se puede afirmar que la lucha es necesaria en tanto expresa la vitalidad de
una sociedad. En ese sentido, se produce una restricción absoluta de lo político cuando las
reglas de convivencia social son inmutables e indiscutibles. Eso significaría la muerte de la
convivencia humana tal como la conocemos, y su sustitución por una organización funcional
de autómatas. Por el contrario, también es necesario advertir que, si entraran en conflicto
todos los campos de la vida humana, se daría una generalización absoluta de lo político,
una guerra de todos contra todos, por todo.
En definitiva, la dimensión agonal de la po
litica no necesariamente define amigos y enemigos para provocar la guerra entre unos y
otros, sino que puede entenderse como una fase o etapa del proceso político: aquella en
que se abren las posiciones para someterlas a juicio, para confrontarlas, para debatir y
escoger la mejor de ellas. La deliberación política puede ser concebida, entonces, como una
herramienta para evitar la guerra, la violencia y la imposición de unas voluntades sobre
otras. La fase agonal puede considerarse como una oportunidad para presentar las
posiciones divergentes, como paso previo a la búsqueda de consensos, de alternativas
intermedias o superadoras. En cambio, cuando la dinámica política queda instalada en la
fase agonal es dificil llevar adelante una construcción colectiva y, en muchos casos,
mantener vigentes las reglas de convivencia política entre diferentes sectores.
La política como programa de acción
La dimensión de la política denominada arquitectónica se manifiesta en la elaboración y
promoción de proyectos sobre diferentes aspectos económicos, culturales y sociales. Si la
dimensión agonal enfatiza los rasgos confrontativos y deliberativos de la militancia política,
la dimensión arquitectónica reúne los aspectos organizativos y administrativos, que
permiten traducir las ideas en acciones concretas.
En algún aspecto, la dimensión agonal parece ser más visible que la arquitectónica porque
las disputas y los enfrentamientos entre antagonistas se publican en los diarios y aparecen
en los programas de televisión. La dimensión arquitectónica, sin embargo, suele tener
mayores efectos en la vida cotidiana de la sociedad, porque en ella se concretan los
proyectos y se hacen efectivos los cambios en las instituciones. Aquí el ejercicio del poder
político es una actividad creadora, constructora e integradora, que ofrece conducción a la
sociedad, posibilitando su autocreación y renovación.
Un buen dirigente necesita formarse en ambas dimensiones, que son complementarias.
Cuando un dirigente político es muy capaz en una de las dimensiones e incompetente en la
otra, encuentra fuertes limitaciones. Suele ocurrir que algún dirigente se destaca en la fase
agonal, discutiendo con otros o construyendo alianzas, pero luego no logra llevar adelante
la conducción de los proyectos públicos. Con frecuencia se escucha la idea de que "un buen
politico es un estadista" cuando se destaca en esta fase arquitectónica,
cuando puede tomar decisiones en la gestión pública pensando no solo en su conveniencia
politica, sino en los intereses del país que gobierna. No obstante, es imposible demostrar
esos rasgos de estadista sin haber transitado antes la lucha por el acceso al poder. En esa
etapa, los dirigentes presentan su visión a la sociedad, anticipan lo que critican de la
situación actual y lo que aspiran a construir cuando tengan oportunidad de hacerlo. La
política requiere la integración entre las dimensiones agonal y arquitectónica en un sucesivo
proceso de equilibro. La articulación entre ambas dimensiones permite reunir los contrastes
de la actividad política: el movimiento y el orden, la estabilidad y el cambio, el conflicto y el
consenso.
Las formas actuales de la política
Los modos de hacer política se han modificado a lo largo de la historia, así como las
valoraciones que la sociedad tiene sobre la política en sentido estricto. En la sociedad se da
un proceso por el cual se amplía la cantidad de gente que participa en la toma de
decisiones y aumenta la brecha que separa a los dirigentes políticos de sus bases.
Las prácticas actuales de participación en la política son bastante variadas. Entre ellas pode
mos mencionar algunos ejemplos:
Algunas personas se contentan con delegar su voluntad, a través del voto, a los dirigentes,
desentendiéndose de lo que ocurre luego. En muchos casos, ese voto se define por
costumbre personal o tradición familiar, y, en consecuencia, se vota siempre a los
candidatos de un partido o re
presentantes de las mismas tendencias políticas. Otras personas intervienen en la discusión
politica a través de los medios masivos de comunicación, como oyentes de radio,
televidentes o lectores de Internet. Le dan mayor relevancia a la actividad política, pero lo
hacen desde su hogar y mantienen poca interacción con otros.
Finalmente, quienes más se interesan por la vida politica intervienen en organizaciones de
distintos sectores de la sociedad, por ejemplo, organizaciones de trabajadores, movimientos
sociales, asociaciones vecinales, instituciones deportivas o culturales, organizaciones no
gubernamentales (ONG), como afiliados o simpati. zantes de partidos políticos o en grupos
de acción pública globalizados o vinculados por Internet.
Las campañas y propagandas políticas
Los medios masivos de comunicación y las redes sociales transformaron la relación entre
los líderes políticos y sus seguidores. Un componente clave de la actividad política es la
movilización de voluntades mediante la persuasión y la propaganda. Esta tarea, que antes
demandaba un intenso intercambio "cara a cara" del político con el electorado, se
reemplaza cada vez más por publicidades mediáticas, presencia de los dirigentes en
programas de radio y televisión y por el intercambio a través de redes informáticas.
Sin embargo, los recorridos de los dirigentes
políticos por los barrios siguen resultando indispensables, incluso para quienes tienen un
menor acceso a los medios o no los convence la comunicación mediatizada. Por ello, la
actividad politica sigue exigiendo la presencia de los dirigentes en las plazas y en actos
públicos y la existencia de líderes barriales y entidades que medien entre la población y
quienes aspiran a gobernarla.
Las modalidades de participación dan cuenta de que la vida política se ha ampliado y se
puede intervenir en ella de formas diferentes. Existen valoraciones diversas de lo político y,
por lo tanto, lo que para algunas personas es central y cotidiano, para muchas otras es
superficial y esporádico. En consecuencia, se han generado en diferentes regiones del
mundo movimientos de rechazo a los sectores dirigentes, como producto de las sospechas
y la desconfianza hacia la actividad política. Pero cuando esos movimientos no promueven
algún modo de reemplazo de las prácticas que critican, se agotan en sí mismos sin producir
transformaciones relevantes.
En definitiva, los habitantes de las sociedades actuales se acercan a la política de modo
diverso, pero todas esas voluntades intervienen de algún modo, por acción u omisión, en lo
que finalmente se resuelva para el conjunto.
Discursos y enunciados sobre la política
La actividad política ha merecido distintos juicios de valor a lo largo de la historia. Muchas
veces se generan tendencias de rechazo hacia dirigentes políticos que se concentran en
grupos o movimientos. Así, es posible escuchar frases como "son todos corruptos", "la
política es sucia", "todos mienten y roban", etc. En la Argentina, desde 1999 se produjo un
importante rechazo a la política como el que expresaba el Movimiento 501, que proponía a
los ciudadanos trasladarse a más de 500 kilómetros del domicilio para quedar exceptuados
de la obligación de votar en las elecciones presidenciales. Luego de la crisis social y política
de diciembre de 2001, la consigna más frecuente de grandes manifestaciones de protesta
fue: "Que se vayan todos".
En ambos casos, la decisión de no votar y una consigna tan genérica admiten diferentes
lecturas e interpretaciones. Sin embargo, quedaba claro que se habían roto las expectativas
abiertas en 1983. En ese momento, la Argentina ingresó a la primera etapa democrática de
su historia que duró más de veinte años, aceptó la alternancia de tendencias en el gobierno
e incluyó el voto masculino y femenino. Estas tres características no se habían dado nunca
antes en forma simultánea. Sin embargo, hacia el final del siglo xx el resultado logrado fue
una gran decepción.
¿Por qué los ciudadanos no confian en los políticos y en las formas actuales de hacer
política? En paralelo al crecimiento de la inversión en publicidad política en los medios de
comunicación, parte de la población desconfía de las promesas electorales y de la entereza
de los candidatos. Los dirigentes enfrentan sospechas sobre su respetabilidad y pierden
credibilidad ante sus propios seguidores. Si tradicionalmente la politica ha sido una acción
ejercida por dirigentes y agrupaciones, la antipolítica es una actitud de reacción de la
sociedad desencantada con las contradicciones y traiciones de sus gobernantes.
Según diferentes investigaciones, los jóvenes, particularmente, se sienten defraudados y
con pocas expectativas hacia la política, en tanto encuentran condiciones poco propicias
para su desarrollo personal y su inserción social. También puede apreciarse que, bajo un
discurso de rechazo a la política, han emergido nuevos espacios de reunión y formas de
participación, algunas de las cuales tienen rasgos de expresión política.
En definitiva, el discurso de rechazo frontal a la política no lleva a ningún lado, porque solo
la política ofrece un camino que permitiría corregir su propio rumbo. El reclamo de la
sociedad hacia sus dirigentes es el resultado de sus propias decisiones o es producto del
desinterés por seguir dialogando sobre lo público y participando en la elaboración de
propuestas.
Hay varias concepciones erradas que suponen que el repliegue a la vida privada o al trabajo
implica quedar protegido de la política. Esta idea de renuncia a la participación y el
aislamiento social deriva en que otros tomarán las decisiones que afectarán la vida de
todos. La práctica política es siempre imperfecta y perfectible, pero solo puede mejorarse en
la marcha lenta y constante de la historia.
Cultura y politica
En cada país se hace política de forma diferente, y en cada uno de ellos las personas
pueden pensar que su forma es el único modo posible. Algunas sociedades están
habituadas al disenso y a la negociación argumentativa, mientras que otras están más
acostumbradas a resolver violentamente las diferencias; en ciertas sociedades los
ciudadanos están acostumbrados a respetar y cumplir las leyes, en cambio, en otras, la ley
escrita parece no tener importancia. Tam. bién, existen países en los que se protesta a viva
voz y otros donde el conflicto es poco visible. Las formas y modalidades de hacer política en
una sociedad generan tradicio. nes que se tornan luego casi imperceptibles, ya que se
incorporan al sentido común y pasan a formar parte de la cultura.
Podemos entender la cultura como un conjunto de creencias, costumbres, normas,
símbolos, mitos y rituales transmitidos de generación en generación que otorgan identidad a
los miembros de una comunidad y los orientan en sus quehaceres sociales. Dentro de ella,
la cultura política de una nación alude a las creencias, los modelos de actuación,
sentimientos y valores que ponen de manifiesto cómo el sistema político es comprendido y
ejercido por la población. Es decir que la cultura política expresa cómo se resuelven en una
sociedad determinada los asuntos del poder, las influencias reciprocas, las relaciones entre
quien manda y quien obedece, y las modalidades de resistencia o de aceptación de las
reglas. Por eso, quien viaja de un país a otro puede ver que hay leyes parecidas,
instituciones semejantes, pero modos muy disímiles de hacer y pensar la política.
Visiones sobre la cultura política
La cultura política de una sociedad reúne pautas consolidadas a lo largo del tiempo, aunque
admite cambios progresivos o abruptos, según los procesos históricos que esa sociedad
atraviesa. A pesar de las crisis, la cultura política está en movimiento, aunque no siempre se
note. En general, perduran en ella las marcas, los senti
dos o los elementos del pasado reciente y lejano.
En la cultura política argentina, según el investigador estadounidense Nicolás Shumway, se
encuentran marcas de intolerancia y dificultades de diálogo cuyo origen atribuye a los
primeros momentos de actividad política independiente. En este caso, la mirada del
extranjero advierte lo que la propia mirada ha naturalizado e invisibilizado, porque no es fácil
observar la cultura en la que uno está inmerso. ¿Es reprochable negociar? ¿Es una virtud
ser intransigente? Diferentes movimientos políticos de la historia argentina han ido
construyendo valoraciones positivas y negativas acerca de los modos de militar y gobernar
que se expresan en estos términos.
Por su parte, el escritor y político argentino Arturo Jauretche estableció una fuerte relación
entre la estructura económica del país, que depende del exterior, y los modos de pensar la
realidad que también se importan de otras tradiciones culturales e impiden ver lo propio de
la realidad local. En este caso, la mirada de los extranjeros parecería reemplazar la mirada
nacional e impedir que observemos la realidad cercana tal como es, en tanto la analizamos
"con lentes importados". ¿En qué medida es útil comparar la realidad local con la de otros
países? ¿En qué medida las teorías y los conceptos elaborados en otras regiones del
planeta permiten entender los procesos que se dan en la Argentina? Probablemente estas
preguntas requieran un análisis de matices que tengan en cuenta la cultura política nacional
y, al mismo tiempo, atiendan a sus posibilidades de transformación.
La cultura política es un componente básico del juego político cotidiano porque establece lo
que la sociedad puede ver y creer, y lo que se permite querer y buscar. A su vez, orienta a
los dirigentes sobre cómo hablar y qué decir, influye en las formas de comunicar de los
medios y circula en los comentarios entre vecinos.
Ética y politica
Si la politica es el arte de gobernar a los pueblos, la ética es el arte de gobernarse a sí
mismo. La ética es una disciplina filosófica que fundamenta los criterios para actuar en
relación con uno mismo y con los demás. Buena parte de las discusiones sobre la ética
teórica también se presentan en las decisiones cotidianas, cuando una persona tiene que
escoger cómo orientarse y tomar decisiones en la vida. Ahora bien, ¿cómo se relaciona la
ética personal con la ética pública?
Para los antiguos griegos, el campo de la política se vinculaba directamente con la reflexión
ética, pues la vida pública tenía dimensiones mucho más amplias que hoy, en tanto el
individuo no se había recluido en el ámbito de su vida privada. La felicidad de cada
ciudadano estaba asociada a la felicidad de la polis y, por eso, en el pensamiento de
Aristóteles, la ética desembocaba en la política y se subordinaba a ella, en la medida en que
la voluntad individual tenía que subordinarse a la voluntad de toda una comunidad.
Al mismo tiempo, la política permitiría que el Estado educara a los hombres en las
diferentes virtudes y, particularmente, en la justicia. En este sentido, la educación de los
gobernantes resultaba imprescindible para evitar que cometieran actos indebidos. Esta
conducta no se lograría solo a través de controles externos en la función pública, sino que
se fomentaría principalmente a través de la sensibilización y el desarrollo de la conciencia,
es decir, de principios éticos asumidos concientemente por las personas que se ocupan de
los asuntos públicos.
Esta relación estrecha entre ética y política se continuó en el período del medioevo, durante
el cual el pensamiento cristiano deducía los mandatos morales de la fe religiosa y
subordinaba la política a esos mandatos. En el siglo XVI, Nicolás Maquiavelo planteó un
pensamiento provocador al proponer una diferencia tajante entre la política y la moral.
Desarrolló su pensamiento en el contexto de un proceso histórico en el que las metas
religiosas iban perdiendo centralidad en la vida de cada hombre y eran reemplazadas por la
búsqueda de progresos materiales. De ese modo, los desafios de la sociedad se volcaban
cada vez más a alcanzar riqueza, gloria, poder y conocimiento.
En su obra El Principe, Maquiavelo valora la fuerza y la astucia como virtudes principales de
un gobernante que conoce la naturaleza competitiva e interesada de quienes lo rodean.
Maquiavelo deja de lado la pureza y la bondad que pregonaba la moral cristiana, y
considera que es preferible ser temido a ser amado, y que ser bueno políticamente es saber
escoger cuándo conviene apegarse a las normas éticas y cuándo alejarse de ellas. En
consecuencia, Maquiavelo considera que un buen fin, una intención valiosa, podría justificar
la adopción de medios éticamente reprochables: robar para hacer justicia, mentir para lograr
la libertad o matar para garantizar la paz.
La ética de los gobernantes y de los ciudadanos
Las reflexiones de Aristóteles y Maquiavelo establecieron algunas orientaciones que pueden
ser utilizadas para ver las relaciones actuales entre ética y política. A veces la eficiencia de
los dirigentes políticos puede entrar en conflicto con su entereza moral. ¿Qué rasgos son
preferibles?
Cuando escuchamos comentarios de la gente que valora a un gobernante porque "roba,
pero hace o que afirma que "corrupción hubo siempre", observamos la renuncia a exigir
ética pública. En el otro extremo encontramos que hay sociedades en las que se evalúa
también la ética privada de los gobernantes y se espera que no haya mentiras o falsedades
en su vida cotidiana.
Esta mirada sobre la ética de los gobernantes requiere pensar también la ética de los
ciudadanos, pues hay modalidades de corrupción en todos los estratos. Cuando una
persona antepone su interés al de todos los demás, cuando se apropia de lo que es público,
cuando soborna a una autoridad o miente ante los representantes de la ley, también puede
ser cuestionada éticamente.
Las responsabilidades de los gobernantes son mayores, porque sus decisiones afectan a
toda la sociedad y acceden a información que no tienen derecho a usar en beneficio propio.
Por eso la ética de los líderes políticos es una cuestión relevante a la hora de depositar la
confianza en ellos. Sin embargo, es conveniente advertir que muchos dirigentes expresan,
en sus actos y opiniones, la moral media de la sociedad que integran. En consecuencia,
promover actitudes justas y solidarias en la sociedad es también una forma para mejorar la
ética de los gobernantes.