0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas3 páginas

Identidad

La identidad personal es un rompecabezas en constante cambio, influenciado por pasatiempos, emociones y roles sociales, lo que dificulta su definición. La verdadera identidad se encuentra en conocer a Dios, quien nos define y da propósito, en lugar de permitir que otros nos definan. Reconocer nuestra identidad en Cristo es esencial para vivir plenamente y desarrollar nuestras capacidades según Su voluntad.

Cargado por

Alem Pinturas
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas3 páginas

Identidad

La identidad personal es un rompecabezas en constante cambio, influenciado por pasatiempos, emociones y roles sociales, lo que dificulta su definición. La verdadera identidad se encuentra en conocer a Dios, quien nos define y da propósito, en lugar de permitir que otros nos definan. Reconocer nuestra identidad en Cristo es esencial para vivir plenamente y desarrollar nuestras capacidades según Su voluntad.

Cargado por

Alem Pinturas
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

En pocas ocasiones me he puesto a reflexionar sobre mi identidad.

Cuando lo
hago, suelo pensar primeramente en mis pasatiempos, mi lugar de nacimiento, o
las actividades y la carrera que desempeño. ¿Qué hago? ¿De dónde vengo?
¿Qué me gusta? Y a veces llego a pensar que el conglomerado de todo esto
puede formar la respuesta completa de quién soy.

El problema radica en que este rompecabezas nunca llega a completarse, y por


mucho que trate de armarlo, siempre estará cambiando. Aquello que me guste hoy
no será necesariamente lo que me agrade mañana. Lo que siento, lo que realizo
día a día cambia tan rápido como la cultura en donde me desenvuelvo.

Si somos sinceras, podremos ver que de una u otra manera tratamos de saber
quiénes somos. Las voces que nos rodean nos dicen que si tuviéramos la
respuesta, podríamos entonces obtener la tranquilidad, la paz, y la felicidad que
anhelamos.

Sócrates decía que el “conocerse a uno mismo es el principio fundamental de la


verdadera sabiduría humana”. ¿Será esto cierto? Si lo fuera, ¿cómo podríamos
definir todo lo que somos en la vida? ¿Analizando los diferentes roles que jugamos
día a día? Si en un contado número de horas podemos ser amigas, hermanas,
madres, enfermeras, maestras, doctoras, consoladoras, etc. ¿O deberíamos
buscar nuestra identidad en lo que sentimos? Nuestros sentimientos suelen ser
tan opuestos de un momento a otro; cambiamos de tristeza a alegría, de enojo a
calma en cuestión de instantes.

Con puntos de referencia tan volátiles, ¿cómo será posible llegar a una definición
que nos provea un punto donde centrar nuestra identidad y que esta se traduzca
en la paz que tanto anhelamos?

Nuestra identidad no está en “uno mismo”, como decía el pensador griego, sino en
conocer quién nos creó. Dios es quien te conoce por nombre. Es en Él donde
nuestra identidad empieza, y en Él donde nuestro verdadero propósito y futuro
están guardados. Solo en el Señor la ansiedad y el temor se repliegan, y la
certidumbre y la esperanza comienzan.

II El valor de la identidad
- Nuestra identidad es algo muy valioso, si no sabemos quiénes somos, entonces
no sabremos a dónde vamos.
-Pero nuestro enemigo se ha encargado de distorsionar esa identidad con sus
mentiras y falsas creencias,
anulando así, toda efectividad y poder en nuestra vida.
-Vemos en Génesis 3:3-5 como engaño a la mujer distorsionando su identidad
-Satanás continúa atacando esa área de la vida del creyente porque sabe que
mientras más lejos estemos de nuestra identidad, más cerca estaremos del
fracaso.
No cedas a las presiones: Alguien que sabe quién es, no cede a las provocaciones
de los demás, no se deja arrastrar y no deja de ser quien es para complacer a
otros.
El trabajo de querer complacer a otros es una carga muy pesada de llevar,
siempre habrá presiones en el entorno, pero es difícil que alguien que reconoce
quién es, se deje llevar
CONCLUSIÓN: El conocer nuestra identidad en Cristo es muy importante, porque
si no lo conoces vas a dejar que otros te definan, y nunca sabrás tu verdadero
valor ni propósito. Conocer nuestra identidad nos impulsa a desarrollar todas las
capacidades que Dios nos ha entregado para cumplir su propósito y hacer de
nuestro transitar en esta tierra un tiempo fructífero, feliz y pleno. Lo primero para
recibir la identidad en Cristo es dejándolo entrar a tu corazón
La identidad de una persona es el conjunto de características propias y la
concepción que tiene de sí misma que la permiten distinguirla de otras personas.
Nuestra identidad muchas veces está edificada en lo que queremos ser o lo que
queremos que otras personas vean de nosotros. Nuestra identidad verdadera
tiene que estar edificada en lo que Dios dice que somos; somos hijos de Dios.
La mayoría de las personas buscan tener una identidad haciendo cosas o
identificándose con ciertas personas o actividades, en vez de identificarse con la
identidad dada por Dios y desde ahí obrar a través de Él. Estamos en este mundo
para vivir para lo que fuimos creados. Fuimos creados para anhelar la
presencia de Dios obrando en nuestras vidas. SOMOS HIJOS DE DIOS Y
ESTA ES NUESTRA IDENTIDAD.
“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación
de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable
y perfecta” – Romanos 12:2.
Salmos 139:13 “Tu creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre”.
Salmos 139:15-16 “Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más
recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo
entretejido. Tus ojos vieron mi gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos
mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos”.
Para renovar nuestra identidad, tenemos que comenzar por renovar nuestra mente
y creer lo que Dios dice de nosotras. Nosotras somos escogidas por Cristo,
amadas, santas, dignas, libre de condenación a través de la muerte de Cristo,
tenemos la mente de Cristo y podemos hacer todas las cosas a través de Él.
Filipenses 4:13 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
Nunca dejemos que nadie nos haga pensar que valemos menos. Decidamos
creerle al Creador del universo y vivir a través de la identidad que Dios nos dio.
Aprendamos a reemplazar los mensajes abusivos de desprecio y falta de respeto
por el mensaje de Dios en nuestras vidas y así podremos restaurar nuestro valor e
identidad.

SARA CONORS (LUCHARÉ)

También podría gustarte