- DÉCADA INFAME-
GOBIERNO DE AGUSTÍN PEDRO JUSTO(1932-1938)
LA REPÚBLICA CONSERVADORA
Tras 14 años de gobierno radical, laxo y favorable a la espontánea expresión
de las diversas fuerzas que coexistían en la sociedad argentina, había quedado al
descubierto un hecho decisivo: el país criollo se desvanecía poco a poco y por
sobre él se constituía una nueva Argentina, cuya fisonomía esbozaba la cambiante
composición de la sociedad. Poco a poco se había constituido una vigorosa clase
media de empleados, de pequeños propietarios y comerciantes, de profesionales
que, concentrada en las ciudades imponía cada vez más al país su propio carácter
ignorando a las nostálgicas minorías tradicionales. Esa clase media era la que
había ascendido al poder con el radicalismo y proponía una nueva orientación
para la vida argentina. Precisamente contra ella se dirigió la política de los
sectores conservadores de nuevo y viejo cuño, que se apoderaron del gobierno en
septiembre de 1930, en pleno desarrollo de la crisis mundial.
La crisis amenazaba fuertemente a los sectores ganaderos, representados por
los grupos políticos de los conservadores que habían sido desalojados del poder
en 1916.
Signo revelador de la orientación política conservadora fue la resolución de
cerrar el país a la inmigración. Ante la crisis que amenazaba a la crisis
agropecuaria, la preocupación principal fue contener todas las manifestaciones de
la desordenada expansión que intentaba espontáneamente el país para reducirlo a
los viejos esquemas. Para salir de las primeras dificultades se recurrió a
empréstitos internos y externos, pero de inmediato se emprendió el reajuste total
de la economía nacional con la mirada puesta en la defensa de los grandes
productores.
La situación se hizo más crítica, a partir de 1932 cuando Gran Bretaña
acordó en la Conferencia de Otawa dar preferencia en las adquisiciones a sus
propios dominios, lo que constituía una amenaza para las exportaciones
argentinas. La respuesta fue una gestión diplomática que dio como resultado
la firma del tratado Roca-Runciman, por el que se establecía un régimen de
exportaciones de carnes argentinas compensadas con importantes ventajas
concedidas al capital inglés invertido en el país. Entre ellas la más importante
y la más resistida fue la concesión del monopolio de los transportes de la
ciudad de Buenos Aires a un consorcio inglés para prevenir la competencia
del capital norteamericano que procuraba intensificar su acción en el país. El
gobierno de Justo había iniciado la construcción de una importante red
caminera de la que el país carecía: muy pronto Mar del Plata, Córdoba, Bahía
Blanca quedarían unidas a Buenos Aires por rutas pavimentadas que
estimularían el uso de ómnibus y camiones con grave riesgo para los
ferrocarriles ingleses. En cierto modo, la Corporación de Transporte de
Buenos Aires debía compensar a los inversores ingleses: pero la medida,
como las otras que incluía el tratado, dejaron al país la sensación de una
disminución de la soberanía.
El problema de la carne repercutió en el Senado, donde Lisandro de la Torre,
Alfredo Palacios y Mario Bravo denunciaron los extravíos de la política oficial. En
debates memorables-como el que Palacios había suscitado sobre las torturas a
presos políticos o el que Bravo desencadenara sobre la adquisición de
armamentos-Lisandro de la Torre interpeló al gobierno sobre la política seguida
con los pequeños productores en relación con los intereses de los frigoríficos
ingleses y norteamericanos. El asesinato del Senador Bordabehere por un
guardaespaldas de uno de los ministros interpelados acentuó la violencia del
debate en el que quedó de manifiesto la determinación del gobierno de ajustar sus
actos a los intereses del capital extranjero.
Romero, José Luis
Agustin P Justo asumió como Presidente el 20 de febrero de 1932. Debido a la
proscripción del radicalismo y el uso abierto de la represión y el fraude electoral.
Asume en medio de una gran crisis a nivel mundial, con caída de las
exportaciones, escasez de dinero, desocupación y falta de inversión. Las grandes
potencias entraban en un programa extremadamente proteccionista, con el fin de
salvar sus industrias y su comercio. La oligarquía ganadera argentina veía
desplomarse los precios y las exportaciones de carnes, por eso no dudó un
momento y decidió entregar el país a manos de los ingleses, con tal de salvar su
estilo de vida y su derroche.
PACTO ROCA-RUNCIMAN
En julio de 1932 Inglaterra instrumenta sus políticas proteccionistas a gran escala.
Y así, reunidos en Ottawa los representantes, deciden gravar con altos impuestos
a los productos extranjeros y a toda producción que viniera de fuera de los límites
del Imperio (ésta política se aplicaría no solo en la Isla, sino en todas las colonias
británicas). Con este plan, los países que mantenían comercio con Inglaterra en
calidad de proveedores de materias primas, pasarían a un segundo plano y verían
reducidas sus ventas. De igual manera, Australia y Canadá decidieron proteger su
producción y venta de carnes (y su trigo). Argentina sentiría el impacto de estas
decisiones. Fue así que el vicepresidente Julio A. Roca (hijo) viajó a Inglaterra
para cerrar un acuerdo comercial que le daba aire a la oligarquía ganadera a
cambio de entregar la soberanía económica del país. La comitiva argentina se
completaba con “representantes” de nuestro país que en realidad eran empleados
de las grandes compañías inglesas (ferrocarriles, bancos, etc.). El tratado
contemplaba el mantenimiento de la cuota de carne (es decir: la cantidad de carne
que Inglaterra compraría a Argentina), pero entregaba el manejo financiero y el
crédito a manos inglesas.
Las trampas electorales recibirían el nombre de “fraude patriótico”, porque
evitaba la llegada de los radicales al poder, tal el caradurismo de los
conservadores y sus socios, que disfrazaban de patriotismo una corrupción
anti democrática. El fraude tenía sus variantes. Por un lado estaba el viejo
recurso de apretar a los votantes que se sabían que eran adversarios de los
conservadores. Esto se hacía en plena calle o en cercanías de las mesas,
revólver en mano. Pero había otro método: cambiar los votos. Esto se hacía
en el correo central, que era adonde iban las urnas. Allí los empleados
sacaban los votos de las urnas y los reemplazaban por boletas de los
conservadores. Falta mencionar el “acaparamiento de libretas”. Los
patrones de estancia les quitaban sus libretas de enrolamiento a los peones
y empleados del campo, se los llevaban y hacían firmar en las mesas
electorales, todos esos votos iban para los conservadores. De allí viene el
famoso “ya votaste”, cuando alguien se presentaba a votar y se le
comunicaba que su voto ya había sido emitido por él.
En 1935 un grupo de radicales yrigoyenistas decidió oponerse al fraude, naciendo
entonces F.O.R.J.A(Fuerza de Orientación Radical para la Joven Argentina),
quienes dieron batalla al régimen, impugnando sus políticas entreguistas, sus
fraudes y denunciando su corrupción y su entrega ante el imperialismo.
La Concordancia les opuso la candidatura del radical antipersonalista Roberto M.
Ortiz y el conservador Ramón Castillo. En septiembre se realizaron las elecciones,
en las que hubo incidentes con muertos y heridos, así como la intervención policial
contra los fiscales de la oposición, fueron frecuentes; varias provincias estaban
intervenidas, entre ellas Catamarca, al frente de la cual Justo había colocado al
ultranacionalista y filonazi Gustavo Martinez Zuviria. Aun así, la victoria fue para
los radicales en la ciudad de Buenos Aires, Córdoba, La Rioja y Tucumán, pero las
cruciales provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza quedaron en manos de
la Concordancia, que finalmente consagró a Ortiz.
En el aspecto político contaba con el control del Congreso y de las provincias ya
que el conjunto de partidos que lo apoyo (la Concordancia) agrupaba a la mayoría
de las provincias, excepto Santa Fe y Entre Ríos, y de los parlamentarios. Este
hecho se vio reforzado en julio de 1932 con la concordancia parlamentaria que
allanó cualquier oposición en el Congreso.
El radicalismo promovió levantamientos en diciembre de 1932 y en enero y
diciembre de 1933 pero fueron reprimidos mediante la implantación del estado de
sitio y la detención y deportación de sus dirigentes. Alvear, Ricardo Rojas,
Pueyrredón e Yrigoyen estuvieron entre ellos.
Dentro del propio radicalismo surgió un grupo de disidentes a la dirección
alvearista. Criticaban su escaso empeño en defender la independencia económica
frente a lo que llamaron "el coloniaje británico" que soportaba la República.
Propiciaban un retorno a los ideales Yrigoyenistas y alzaron sus voces de protesta
criticando las reformas financieras y de la Joven Argentina.
En el plano económico, durante la gestión de Justo se pueden distinguir dos
etapas, correspondientes a la gestión de dos ministros distintos. La primera, de
1932 a 1933 con el ministro Ernesto Hueyo en Hacienda y Antonio De Tomaso en
Agricultura, la segunda, de 1933 a 1935 con Federico Pinedo y Luis Duhau en los
ministerios respectivos. Estos últimos, bajo la dirección de Pinedo llevaron
adelante el llamado "Plan Económico Nacional" con el que se logró conciliar el
reclamo de distintos sectores sociales asumiendo el Estado un rol dirigista,
especialmente en el plano económico.
El debate de las carnes
El tratado Roca - Runciman dio protección a los grandes ganaderos e
invernadores asociados a los frigoríficos extranjeros en perjuicio de los pequeños
productores. Esta situación dio origen al famoso debate parlamentario conocido
como "debate de las carnes". Se inició en septiembre de 1934 cuando el senador
Lisandro de la Torre propuso la creación de una comisión investigadora para
establecer cual era la situación del comercio de exportación de carnes argentinas
y verificar si los precios pagados por los frigoríficos a los productores guardaban
relación con sus precios de venta en el exterior.
La comisión investigadora presentó dos despachos, uno por mayoría en el que se
afirmaba que los precios pagados eran justos y uno por minoría que presentó de la
Torre el 18 de junio de 1935. En él probaba que la exportación de carnes
argentinas producía ganancias solo a los intermediarios. Los frigoríficos
extranjeros evadían impuestos llevando una doble contabilidad (el Anglo) y
también evadían los controles cambiarios reservando divisas para negociarlas en
el mercado libre, que era más alto que el oficial, con lo cual compensaba las
pérdidas producidas en sus dominios.
También acusó a los ministros Pinedo y Duhau de tergiversar la información y
recibir prebendas.
Juntas Reguladoras
El gobierno creó entes reguladores: la Junta Nacional de Granos, la de Carnes, la
del Algodón, la de la Yerba Mate, la de leche, la del Vino, la Corporación
Argentina de Productores de Carnes (CAP), etc. Su función era estabilizar el
mercado, controlando el impacto de la crisis sobre los sectores productores.
Intervenían en las actividades productivas en beneficio de los principales y más
poderosos grupos agropecuarios, asegurándoles precios beneficiosos. El objetivo
es lograr un clima propicio para la producción y sostener al sector económico
primario. El Estado intervenía dando créditos para financiar la producción, fijando
un precio mínimo y comprando lo que no se vendía.
Obras públicas
Para reactivar la economía, el gobierno de Justo encaró un programa de obras
públicas, tanto de grandes edificios para la administración pública como de la
infraestructura necesaria para el transporte y comercialización agropecuaria: rutas,
para el creciente tráfico automotor, la Avda. Gral. Paz y 9 de Julio en Buenos
Aires, y elevadores de granos.. Se construyó el Colegio Militar de El Palomar, el
Hospital Militar de Campo de Mayo, la Escuelas de Aviación de Córdoba y demás
edificios militares, confirmando a su vez el papel de las Fuerzas Armadas en la
sociedad.
Surgimiento del Modelo económico de industrialización por sustitución de
importaciones
El Pacto Roca-Runciman no logró resolver los problemas económicos. La
Argentina tenía desarrollado su sector primario (ganadería-agricultura) que servía
para exportación a la vez que importaba entre otras cosas, industria. La crisis
produce la caída de esta estructura de comercio. La suspensión de las
importaciones (compra del exterior de bienes industriales) por la crisis
promovió su sustitución (reemplazo) por las industrias locales, o sea la
producción de bienes terminados, industriales.
Poco a poco grandes terratenientes y comerciantes exportadores —nucleados en
la Sociedad Rural Argentina (SRA)— terminaron por coincidir en sus orientaciones
económicas con los grupos industrialistas —nucleados en la Unión Industrial
Argentina (UIA)—: ambos aceptaron el desarrollo de la actividad industrial como
una solución para los problemas de la economía nacional. Estos grupos
económicos impulsan a sus socios políticos del gobierno para iniciar un proceso
de sustitución de importaciones de manufacturas industriales.
Tipo de Industria predominante
Se desarrolla la industria alimenticia: panificación, envasados y conservas en
general: (harina, aceite, cerveza, vinos, azúcar, molinos harineros y envasadoras y
empacadoras de frutas y conservas importadas,etc.)
La industria textil comenzó su desarrollo. La expansión de la industria textil se vio
favorecida también porque nuestro país contaba con las materias primas
agropecuarias necesarias como insumos: lana y algodón.
Esta industrialización se localizó sólo en determinadas áreas: la zona
metropolitana de Buenos Aires (integrada por la Capital Federal y alrededores),
Rosario y Córdoba. En otras regiones no hubo desarrollo industrial.
La industria local proveyó en definitiva los bienes industriales de con-
sumo necesarios, pero con falencias. Una de las falencias fue la ausencia de una
industria pesada: aquella que produce los bienes indispensables para el
funcionamiento de otras industrias -por ejemplo, bienes de capital, siderurgia,
petroquímica. Las maquinarias para que funcionen nuestras fábricas tuvieron que
ser importadas. Existe además un proceso de concentración de las indus-
trias. Las grandes empresas eran la mayoría. Las fábricas estaban principalmente
en manos de extranjeros o hijos de extranjeros.
La industria demanda mano de obra. A partir de 1935, la desocupación en los
grandes centros urbanos bajó notablemente debido al empleo de una gran
cantidad de mano de obra por parte de las industrias que comenzaron a
desarrollarse. La mano de obra era abundante y también barata. Se incorpora
fuerza laboral en condiciones de transitoriedad, inestabilidad. Si bien a partir de
1935 los capitalistas lograron una creciente acumulación de ganancias, para los
trabajadores no hubo redistribución de ingresos ni estabilidad laboral.
Repercusiones de la crisis en la sociedad
Los primeros años de la década del '30 estuvieron marcados por el desempleo, la
miseria, la reducción de los salarios y la disminución del consumo
familiar, secuelas de la crisis económica.
La crisis afectó tanto a los trabajadores rurales como a los industriales que fueron
despedidos o vieron disminuir sensiblemente sus salarios. En los grandes centros
urbanos, como Buenos Aires y Rosario se formaron grandes villas de viviendas
precarias, construidas con latas y cartón, en las que se asentaron muchas
familias empobrecidas, provenientes del campo y de la misma ciudad.
Migraciones internas
Se comenzó a despoblar el campo. Muchos pobladores rurales de la región
pampeana y de otras provincias interiores abandonaron sus lugares de
residencia ante la falta de trabajo o la reducción de los salarios para
trasladarse a la ciudad. Además, la ciudad (conocida desde el campo por medio
de la radio), con su gran actividad, atraía como un imán. Vivir en la ciudad
podía ser mucho más excitante y se podía elegir entre gran variedad de oficios.
Se instalaban en Rosario, Córdoba, pero sobre todo en Buenos Aires, ciudades
donde se concentrarían las industrias con la consecuente demanda de mano de
obra. Este fenómeno alteró la vida y el espacio urbanos de ciudades no
preparadas para recibir un aumento explosivo de población. A la ciudad tradicional
la fue rodeando un cinturón cada vez más espeso de viviendas precarias,
muchas veces apenas de chapa y cartón donde los recién llegados se iban
mezclando con los antiguos trabajadores empobrecidos por la crisis, ya más
arraigados. En las villas de emergencia las condiciones de hacinamiento eran
graves, los servicios públicos (luz, transporte, agua corriente, pavimento) tampoco
estuvieron a la altura de las necesidades de los nuevos contingentes urbanos.
- PRESIDENCIA DE ROBERTO ORTIZ Y RAMÓN CASTILLO -
Al finalizar la presidencia de Justo, la Concordancia lanzó como candidato a
Roberto Ortiz, radical antipersonalista, que ocupaba desde hacía poco tiempo la
cartera de Hacienda en reemplazo de Pinedo, y que había sido ministro de Alvear.
Además estaba ligado al capital extranjero, especialmente a los ferrocarriles, de
quién era abogado. Como vice se optó por el demócrata nacional Ramón Castillo,
senador por Catamarca, que había tenido una larga carrera en la justicia y en la
universidad. La oposición no pudo unirse, y se presentaron Alvear por la UCR y
Nicolás Repeto por el socialismo.
La victoria de Ortiz fue fraudulenta, sobre todo en la provincia de Buenos Aires,
donde el gobernador Manuel Fresco (1936-1940) tenía a las urnas. Ortiz intentó
desde el poder, cambiar las cosas y terminar con la era del fraude. Estaba
motivado por un deseo de regeneración, pero al mismo tiempo era inevitable darse
cuenta de que se acumulaban las fuerzas de protesta, desde todos los rincones
ideológicos y de que en algún momento podían explotar en un movimiento
armado, con apoyo popular o sin él.
Para evitarlo había que abrir las compuertas electorales, estrategia ésta ya
ensayada en otras oportunidades de nuestra historia por otros gobiernos que se
sentían inseguros. Por otra parte el haber obstaculizado mediante un fraude muy
evidente el acceso al poder de una figura tan respetable como la de Alvear, había
irritado a un amplio sector de la opinión pública moderada, que no veía ningún
peligro en ese recambio de autoridades.
Su programa se vió afectado, primero por la segunda Guerra Mundial,
declarada en septiembre de 1939, y luego por su enfermedad, que lo obligaría a
alejarse del mando muy pronto.
Presidencia de Roberto María Ortiz 1938-1942
Presidente Roberto María Ortiz
En setiembre de 1937 se realizan las elecciones en medio de gran
convulsión. Los comicios presidenciales resultan un enorme escándalo con
tiroteos, muertos y heridos. Resulta elegido Roberto María Ortiz que asume la
primera magistratura el 20 de febrero de 1938. En España está en plena
ebullición la Guerra Civil que ocasiona la emigración de muchos españoles a la
Argentina.
A instancias de Estados Unidos, el presidente ordena investigar las actividades
de los grupos fascistas en Argentina. El Presidente, enfermo, renuncia a su cargo
por considerar comprometida su investidura pero la Asamblea Legislativa rechaza
la dimisión por unanimidad.
Los triunfos alemanes en la Segunda Guerra Mundial prestan nuevas energías
a los nacionalistas argentinos. Para contrarrestar su acción se funda Acción
Argentina, una organización que reúne a personalidades democráticas sin
distinción partidaria y cuyo Presidente será Marcelo T. de Alvear. El hundimiento
del buque argentino Uruguay por un submarino alemán agita aún más las aguas.
En 1940, el Ministro de Hacienda lanza un plan económico para reactivar la
economía pero crea una encendida polémica. Se funda la Flota Mercante del
Estado, con 16 barcos de países invadidos por las fuerzas del Eje que se han
refugiado en puertos argentinos y se firma un acuerdo comercial con Estados
Unidos. Para paliar la escasez de productos importados de Europa debido a la
guerra mundial, se crean pequeñas industrias de muy mala calidad pero que
permiten satisfacer la demanda interna.
En abril, el gobierno propone una "no beligerancia" con el propósito de
abandonar la neutralidad absoluta que mantenía Argentina, pero Roosevelt,
mediante el Departamento de Estado, denegó la propuesta. En junio de 1940
llegó a Buenos Aires una delegación militar estadounidense que propuso a la
Argentina participar en los planes de defensa continental elaborados por el
Pentágono, que incluían la posibilidad de instalar bases en las islas
Malvinas. Pero entonces fue la Argentina la que denegó la propuesta.
Para entonces, el presidente Ortiz se encuentra afectado por una enfermedad
que le puede hacer perder la vista. Solicitó que el Senado aceptara su renuncia
pero le fue denegada. El renombrado oftalmólogo español Ramón Castroviejo
viaja a Buenos Aires para atender al presidente en un último intento de devolverle
la visión. Castroviejo anuncia que el mal que sufre el presidente es
irreversible. Semanas después renuncia Ortiz a la presidencia y finalmente muere
a mediados de julio de ese año.
ESCÁNDALO EN EL PALOMAR
En 1937 se inauguraron las obras del Colegio Militar de la Nación, que
integraba el ambicioso plan de obra pública desarrollada por el presidente Agustín
P. Justo.
El año anterior, se presentaron ante las autoridades del Ejército las hermanas
María Antonia y María Luisa Pereyra Iraola de Herrera Vegas, propietarias de 222
hectáreas aledañas a dicha institución. Realizaron una oferta de 10.000 pesos la
hectárea. En noviembre de 1936 la tasación realizada por la Dirección General de
Ingenieros arrojó un valor de 2000 pesos, aduciendo que eran terrenos inundables
y poco productivos.
En el medio de la negociación apareció un intermediario, llamado Néstor Luis
Casás, quien le ofreció a las hermanas venderles los terrenos a 6.500 pesos,
quedándose él con la diferencia que pudiera obtener. Cerraron el trato.
Ya en 1937, siguiendo las indicaciones del Ministro de Guerra general
Basilio Pertiné, el Ejército ofertó 1.900 pesos la hectárea, pero las
propietarias comunicaron que retiraban la oferta. Lo que los militares entonces
ignoraban que un apoderado de Casás, llamado Jacinto Baldassarre Torres, había
comenzado a entrevistarse con miembros de la comisión de Presupuesto y
Hacienda de la Cámara de Diputados, que estaban estudiando el presupuesto
para el año 1938. Baldassarre Torres ofreció las tierras a 11.000 pesos la
hectárea.
El 20 de febrero de 1938 asumió la presidencia Roberto M. Ortiz. Y como
Ministro de Guerra fue nombrado el General de Brigada Carlos Márquez.
En el proyecto de ley de Presupuesto para 1938, diputados y senadores
aprobaron un artículo que facultaba al presidente a comprar las tierras en cuestión
a un precio no superior a 11.000 pesos la hectárea. Algo debió sospechar el
presidente Ortiz, ya que recién autorizó la compra los últimos días de diciembre de
ese año.
En febrero de 1939 el gobierno ordenó librar el pago y en marzo el general
Márquez estableció firmar el boleto de compra venta que contemplaba el valor de
la hectárea a 11.000 pesos, aún sabiendo que la Dirección de Ingenieros de
Ejército sostenía que el valor no debía superar los 1.900 pesos aunque por gastos
de expropiación y otros podría llegar a abonarse hasta 4000 pesos.
En resumidas cuentas, las tierras se compran con títulos públicos. Las
propietarias consiguieron 7.500 pesos por hectárea, embolsando 1.447.000 pesos,
mientras que el intermediario Néstor Casás se llevó un millón de pesos.
Como la Comisión investigadora aludiese a la responsabilidad del general
Márquez, ministro de guerra, se sintió en la obligación de dimitir el cargo, y el
propio presidente Ortiz, disgustado por las conclusiones de la comisión
investigadora, elevó el 23 de agosto de 1940 al Congreso la renuncia a su
investidura.
Reunido el Congreso bajo la presidencia de Robustiano Patrón Costas,
rechazó la renuncia de Ortiz, a quien oficialistas y opositores defendieron contra
toda sospecha. El único voto en disidencia fue el de Matías G. Sánchez Sorondo.
El asunto de El Palomar dio origen a un primer enfrentamiento de los altos
mandos del ejército con el vicepresidente Castillo. Al prolongarse la enfermedad
de Ortiz, que le impedía ejercer sus funciones, en una entrevista con el
vicepresidente le pidió que asumiera provisionalmente el mando, y así comenzó
éste a ejercer las funciones presidenciales. Ante tal situación, en la que todo
indicaba que el carácter provisional del ejercicio de la presidencia duraría bastante
tiempo, los ministros de Ortiz, con su conformidad, elevaron sus renuncias para
dejar a Ramón S. Castillo en libertad de acción para constituir su propio ministerio.
Las renuncias fueron aceptadas,, menos la del ministro de guerra, general
Márquez.
Carlos Ibarguren describe este panorama:
"El ámbito político y administrativo estaba desprestigiado por episodios que
tuvieron repercusión en la opinión pública y mostraron la corrupción difundida;
sobre compras de tierras en El Palomar para el ejército, en el que se defraudaron
al Estado importantes sumas de dinero, en cuya operación aparecieron
complicados legisladores radicales y conservadores, como las trapisondas
denunciadas en la lotería nacional, y otros hechos que mostraban la crisis moral
dominante en las esferas políticas".
El pago se realizó en orden inverso: el Ministerio abonó en títulos al
"intermediario", a $ 1,10. Este entregó parte de los mismos a las propietarias, que
con ellos cancelaron la hipoteca al Banco Nación. Los tres actos tuvieron lugar en
el Banco Central, sin que llamasen la atención de ninguno de los funcionarios
presentes: el representante del Ministerio de Guerra, el escribano del Banco de la
Nación, el escribano mayor de Gobierno y el presidente de la Contaduría de la
Nación. El misterioso "intermediario" se ha quedado con una importante suma de
dinero, que no es toda para él: retiene una parte de los títulos —que vende por su
cuenta— y el resto los entrega al presidente de la Cámara de Diputados, al
presidente de la Comisión de Presupuesto y a tres diputados (dos radicales y un
antipersonalista) responsables de la aprobación del presupuesto. Las
conclusiones de la comisión fueron dadas a conocer el 8 de agosto. Eran graves y
el presidente Ortiz, desde su lecho de enfermo, reclamó que la investigación
llegara "hasta el fondo, caiga quien caiga".
La Neutralidad Argentina
Al estallar la Segunda Mundial el gobierno de Ortiz declaró la neutralidad argentina
ante el conflicto y Castillo, pese a las presiones inglesas, la mantuvo.
Alemania se proponía evitar el aprovisionamiento de víveres de su enemigo.
Buques argentinos fueron agredidos por aquella nación y Ortiz hizo los reclamos
correspondientes que obtuvieron satisfacción.
Enrique Ruíz Guiñazú, canciller argentino, defendió la posición del país frente a
Estados Unidos en la conferencia de Río de Janeiro en 1942.
La declaración de neutralidad que dictó fue acompañada por intentos de
acercamiento con el gobierno norteamericano, expresión de los cuales fueron
también los planes económicos diseñados por el ministro de hacienda, Federico
Pinedo, que buscaban lograr una mayor cooperación con Estados Unidos.
La “neutralidad” se transformaría en una política insuficiente. La exigencia de
ruptura de relaciones con las potencias del Eje crecía entre amplios sectores de la
“opinión pública” argentina en la medida que aumentaban también las presiones
de los sectores nacionalistas, particularmente del Ejército, contrarios a la ruptura.
En la Conferencia Panamericana realizada en Río de Janeiro, en enero de 1942,
la diplomacia argentina obstaculizó la ofensiva norteamericana por alcanzar la
cooperación de los países latinoamericanos luego del ataque japonés de Pearl
Harbor que desatara la intervención abierta de este país en la guerra. Como
respuesta, EEUU impuso a la Argentina un embargo total de armas, la suspensión
de los créditos y la reducción en el suministro de petróleo y maquinaria.
La neutralidad argentina no fue sólo desafiada por Estados Unidos, el 17 de abril
de 1942 el petrolero Victoria cargado con lino fue atacado por submarinos
alemanes a 300 millas de la costa estadounidense mientras navegaba hacia el
puerto de Nueva York. Sin embargo, el gobierno de Castillo recibió el apoyo de los
ingleses a quienes la neutralidad argentina ofrecía mayores posibilidades para
garantizar el suministro de carnes al mercado británico y evitaba además una
completa alineación argentina con Estados Unidos.
Las direcciones del movimiento obrero frente a la guerra
En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, el proletariado industrial fortalecido
en los años previos volvió a dar un importante salto numérico. El inicio de la guerra
asfixiaba aún más el mercado local obligando a un nuevo crecimiento de la
industria en nuestro país. La necesidad de sustituir las importaciones bloqueadas
por el quiebre del mercado mundial fue llevando, ya desde el año 1937, a un
crecimiento de la producción industrial que por primera vez en la historia aportaba
mayor valor que el sector agropecuario; los obreros industriales ocupados
ascendieron a 900 mil.
Meses antes de la declaración de neutralidad de Ortiz se realizó el primer
Congreso ordinario de la CGT. En ese momento, la central contaba con 280.000
afiliados, aunque los cotizantes eran unos 166.000; los sindicatos industriales
dirigidos por los comunistas habían incrementado su fuerza y representaban cerca
del 30% de estos cotizantes, mientras que el resto, on eje en los sindicatos
ferroviarios y de servicios, pertenecía a gremios con conducción socialista o
sindicalista.
Alicia
Rojo.
&-Sin embargo, para comienzos de 1943, Ramón Castillo ya irritaba a todos los
sectores del ejército: germanófilos, aliadófilos e indiferentes. Existían dos razones
fundamentales: En primer lugar, el lanzamiento de la candidatura del conservador
Robustiano Patrón Costas para la sucesión de Castillo. El aval del presidente, al
muy impopular candidato, era sinónimo de «éxito» electoral al amparo del fraude.
En segundo lugar, los oficiales estaban cada vez más molestos por la utilización
política del ejército, lo que lo colocaba como un cómplice necesario del aparato de
fraude sistemático.
Con respecto a la guerra, Patrón Costas era una caja de sorpresas, pero estaba
más cerca de los ingleses, intereses a los cuales había servido durante su vida…
El G.O.U. no comenzó a reclutar adeptos sino hasta a fines de 1942, y recién se
terminó de conformar como organización en el mes de marzo de 1943; apenas
tres meses antes del golpe. El Grupo central era integrado por tres coroneles,
algunos tenientes coroneles, mayores y un capitán. Prácticamente ninguno de los
integrantes tenía mando de tropa (apenas dos), por eso, dentro de sus planes
originales, una revolución apenas parecía posibles para fines de ese año 1943.
La posición del logiado capitán Filipi (secretario y yerno del ministro Ramírez)
favoreció rápidamente a los intereses del G.O.U. Oficiales adherentes comenzaron
a ser trasladados a posiciones en Buenos Aires.
Colectivos de la Corporación de Transportes de la ciudad de Buenos Aires
incendiados con motivo de los sucesos del 4 de junio de 1943 - Archivo General
de la Nación. Departamento Documentos Fotográficos. Inventario 24443.
La situación finalmente eclosionó a finales del mes de mayo de 1943. El aroma a
golpe podía olerse en el aire porteño. Los radicales, con Juan Cook a la cabeza,
no tuvieron mejor idea que ofrecer la candidatura presidencial al ministro Ramírez,
quien en un principio parecía bastante entusiasmado. Pero Castillo se anotició de
la jugada de su ministro nacionalista y pronto entraron en conflicto. Como Ramírez
resistía en su puesto, Castillo lo echó por decreto y nombró al almirante Fincati en
su lugar.
Entonces Ramírez comenzó a moverse en las sombras.
El coronel Enrique P. González, del G.O.U., como en tantas otras oportunidades,
tomó la iniciativa. Ramírez dio libertad a la logia que integraba su yerno y
recomendó que hallaran a un general con mando de tropa que les permitiera
montar la revolución. Pronto hallaron dispuesto al general Arturo Rawson, quien
siempre dijo que tenía a su propio grupo de insurrectos, y se sumó al almirante
Sueyro y a la Armada.
La noche del 3 de junio, todos los conjurados más importantes se reunieron en
Campo de Mayo para ultimar detalles y coordinar el golpe que el día siguiente
derrocaría a Castillo. Pronto se unieron los comandantes de tropas (regimientos).
Esa fría noche había catorce líderes militares; solo tres eran oficiales del G.O.U.:
El mencionado coronel Gonzalez, Indalesio Sosa y Emilio Ramírez. Perón estaba
citado a Campo de Mayo, pero no apareció en todo el día o esa noche. Y el día 4
solo hizo su aparición cuando era un hecho que la revolución había triunfado.
- PRESIDENCIA DE ROBERTO ORTIZ Y RAMÓN CASTILLO -
Al finalizar la presidencia de Justo, la Concordancia lanzó como candidato a
Roberto Ortiz, radical antipersonalista, que ocupaba desde hacía poco tiempo la
cartera de Hacienda en reemplazo de Pinedo, y que había sido ministro de Alvear.
Además estaba estaba ligado al capital extranjero, especialmente a los
ferrocarriles, de quién era abogado. Como vice se optó por el demócrata nacional
Ramón Castillo, senador por Catamarca, que había tenido una larga carrera en la
justicia y en la universidad. La oposición no pudo unirse, y se presentaron Alvear
por la UCR y Nicolás Repeto por el socialismo.
La victoria de Ortiz fue fraudulenta, sobre todo en la provincia de Buenos Aires,
donde el gobernador Manuel Fresco (1936-1940) tenía a las urnas. Ortiz intentó
desde el poder, cambiar las cosas y terminar con la era del fraude. Estaba
motivado por un deseo de regeneración, pero al mismo tiempo era inevitable darse
cuenta de que se acumulaban las fuerzas de protesta, desde todos los rincones
ideológicos y de que en algún momento podían explotar en un movimiento
armado, con apoyo popular o sin él.
Para evitarlo había que abrir las compuertas electorales, estrategia ésta ya
ensayada en otras oportunidades de nuestra historia por otros gobiernos que se
sentían inseguros. Por otra parte el haber obstaculizado mediante un fraude muy
evidente el acceso al poder de una figura tan respetable como la de Alvear, había
irritado a un amplio sector de la opinión pública moderada, que no veía ningún
peligro en ese recambio de autoridades.
Su programa se vió afectado, primero por la segunda Guerra Mundial,
declarada en septiembre de 1939, y luego por su enfermedad, que lo obligaría a
alejarse del mando muy pronto.
Presidencia de Roberto María Ortiz 1938-1942
Presidente Roberto María Ortiz
En setiembre de 1937 se realizan las elecciones en medio de gran
convulsión. Los comicios presidenciales resultan un enorme escándalo con
tiroteos, muertos y heridos. Resulta elegido Roberto María Ortiz que asume la
primera magistratura el 20 de febrero de 1938. En España está en plena
ebullición la Guerra Civil que ocasiona la emigración de muchos españoles a la
Argentina.
A instancias de Estados Unidos, el presidente ordena investigar las actividades
de los grupos fascistas en Argentina. El Presidente, enfermo, renuncia a su cargo
por considerar comprometida su investidura pero la Asamblea Legislativa rechaza
la dimisión por unanimidad.
Los triunfos alemanes en la Segunda Guerra Mundial prestan nuevas energías
a los nacionalistas argentinos. Para contrarrestar su acción se funda Acción
Argentina, una organización que reúne a personalidades democráticas sin
distinción partidaria y cuyo Presidente será Marcelo T. de Alvear. El hundimiento
del buque argentino Uruguay por un submarino alemán agita aún más las aguas.
En 1940, el Ministro de Hacienda lanza un plan económico para reactivar la
economía pero crea una encendida polémica. Se funda la Flota Mercante del
Estado, con 16 barcos de países invadidos por las fuerzas del Eje que se han
refugiado en puertos argentinos y se firma un acuerdo comercial con Estados
Unidos. Para paliar la escasez de productos importados de Europa debido a la
guerra mundial, se crean pequeñas industrias de muy mala calidad pero que
permiten satisfacer la demanda interna.
En abril, el gobierno propone una "no beligerancia" con el propósito de
abandonar la neutralidad absoluta que mantenía Argentina, pero Roosevelt,
mediante el Departamento de Estado, denegó la propuesta. En junio de 1940
llegó a Buenos Aires una delegación militar estadounidense que propuso a la
Argentina participar en los planes de defensa continental elaborados por el
Pentágono, que incluían la posibilidad de instalar bases en las islas
Malvinas. Pero entonces fue la Argentina la que denegó la propuesta.
Para entonces, el presidente Ortiz se encuentra afectado por una enfermedad
que le puede hacer perder la vista. Solicitó que el Senado aceptara su renuncia
pero le fue denegada. El renombrado oftalmólogo español Ramón Castroviejo
viaja a Buenos Aires para atender al presidente en un último intento de devolverle
la visión. Castroviejo anuncia que el mal que sufre el presidente es
irreversible. Semanas después renuncia Ortiz a la presidencia y finalmente muere
a mediados de julio de ese año.
ESCÁNDALO EN EL PALOMAR
En 1937 se inauguraron las obras del Colegio Militar de la Nación, que
integraba el ambicioso plan de obra pública desarrollada por el presidente Agustín
P. Justo.
El año anterior, se presentaron ante las autoridades del Ejército las hermanas
María Antonia y María Luisa Pereyra Iraola de Herrera Vegas, propietarias de 222
hectáreas aledañas a dicha institución. Realizaron una oferta de 10.000 pesos la
hectárea. En noviembre de 1936 la tasación realizada por la Dirección General de
Ingenieros arrojó un valor de 2000 pesos, aduciendo que eran terrenos inundables
y poco productivos.
En el medio de la negociación apareció un intermediario, llamado Néstor Luis
Casás, quien le ofreció a las hermanas venderles los terrenos a 6.500 pesos,
quedándose él con la diferencia que pudiera obtener. Cerraron el trato.
Ya en 1937, siguiendo las indicaciones del Ministro de Guerra general
Basilio Pertiné, el Ejército ofertó 1.900 pesos la hectárea, pero las
propietarias comunicaron que retiraban la oferta. Lo que los militares entonces
ignoraban que un apoderado de Casás, llamado Jacinto Baldassarre Torres, había
comenzado a entrevistarse con miembros de la comisión de Presupuesto y
Hacienda de la Cámara de Diputados, que estaban estudiando el presupuesto
para el año 1938. Baldassarre Torres ofreció las tierras a 11.000 pesos la
hectárea.
El 20 de febrero de 1938 asumió la presidencia Roberto M. Ortiz. Y como
Ministro de Guerra fue nombrado el General de Brigada Carlos Márquez.
En el proyecto de ley de Presupuesto para 1938, diputados y senadores
aprobaron un artículo que facultaba al presidente a comprar las tierras en cuestión
a un precio no superior a 11.000 pesos la hectárea. Algo debió sospechar el
presidente Ortiz, ya que recién autorizó la compra los últimos días de diciembre de
ese año.
En febrero de 1939 el gobierno ordenó librar el pago y en marzo el general
Márquez estableció firmar el boleto de compra venta que contemplaba el valor de
la hectárea a 11.000 pesos, aun sabiendo que la Dirección de Ingenieros de
Ejército sostenía que el valor no debía superar los 1.900 pesos aunque por gastos
de expropiación y otros podría llegar a abonarse hasta 4000 pesos.
En resumidas cuentas, las tierras se compran con títulos públicos. Las
propietarias consiguieron 7.500 pesos por hectárea, embolsando 1.447.000 pesos,
mientras que el intermediario Néstor Casás se llevó un millón de pesos.
Como la Comisión investigadora aludiese a la responsabilidad del general
Márquez, ministro de guerra, se sintió en la obligación de dimitir el cargo, y el
propio presidente Ortiz, disgustado por las conclusiones de la comisión
investigadora, elevó el 23 de agosto de 1940 al Congreso la renuncia a su
investidura.
Reunido el Congreso bajo la presidencia de Robustiano Patrón Costas,
rechazó la renuncia de Ortiz, a quien oficialistas y opositores defendieron contra
toda sospecha. El único voto en disidencia fue el de Matías G. Sánchez Sorondo.
El asunto de El Palomar dio origen a un primer enfrentamiento de los altos
mandos del ejército con el vicepresidente Castillo. Al prolongarse la enfermedad
de Ortiz, que le impedía ejercer sus funciones, en una entrevista con el
vicepresidente le pidió que asumiera provisionalmente el mando, y así comenzó
éste a ejercer las funciones presidenciales. Ante tal situación, en la que todo
indicaba que el carácter provisional del ejercicio de la presidencia duraría bastante
tiempo, los ministros de Ortiz, con su conformidad, elevaron sus renuncias para
dejar a Ramón S. Castillo en libertad de acción para constituir su propio ministerio.
Las renuncias fueron aceptadas,, menos la del ministro de guerra, general
Márquez.
Carlos Ibarguren describe este panorama:
"El ámbito político y administrativo estaba desprestigiado por episodios que
tuvieron repercusión en la opinión pública y mostraron la corrupción difundida;
sobre compras de tierras en El Palomar para el ejército, en el que se defraudaron
al Estado importantes sumas de dinero, en cuya operación aparecieron
complicados legisladores radicales y conservadores, como las trapisondas
denunciadas en la lotería nacional, y otros hechos que mostraban la crisis moral
dominante en las esferas políticas".
El pago se realizó en orden inverso: el Ministerio abonó en títulos al
"intermediario", a $ 1,10. Este entregó parte de los mismos a las propietarias, que
con ellos cancelaron la hipoteca al Banco Nación. Los tres actos tuvieron lugar en
el Banco Central, sin que llamasen la atención de ninguno de los funcionarios
presentes: el representante del Ministerio de Guerra, el escribano del Banco de la
Nación, el escribano mayor de Gobierno y el presidente de la Contaduría de la
Nación. El misterioso "intermediario" se ha quedado con una importante suma de
dinero, que no es toda para él: retiene una parte de los títulos —que vende por su
cuenta— y el resto los entrega al presidente de la Cámara de Diputados, al
presidente de la Comisión de Presupuesto y a tres diputados (dos radicales y un
antipersonalista) responsables de la aprobación del presupuesto. Las
conclusiones de la comisión fueron dadas a conocer el 8 de agosto. Eran graves y
el presidente Ortiz, desde su lecho de enfermo, reclamó que la investigación
llegara "hasta el fondo, caiga quien caiga".
La Neutralidad Argentina
Al estallar la Segunda Mundial el gobierno de Ortiz declaró la neutralidad argentina
ante el conflicto y Castillo, pese a las presiones inglesas, la mantuvo.
Alemania se proponía evitar el aprovisionamiento de víveres de su enemigo.
Buques argentinos fueron agredidos por aquella nación y Ortiz hizo los reclamos
correspondientes que obtuvieron satisfacción.
Enrique Ruíz Guiñazú, canciller argentino, defendió la posición del país frente a
Estados Unidos en la conferencia de Río de Janeiro en 1942.
La declaración de neutralidad que dictó fue acompañada por intentos de
acercamiento con el gobierno norteamericano, expresión de los cuales fueron
también los planes económicos diseñados por el ministro de hacienda, Federico
Pinedo, que buscaban lograr una mayor cooperación con Estados Unidos.
La “neutralidad” se transformaría en una política insuficiente. La exigencia de
ruptura de relaciones con las potencias del Eje crecía entre amplios sectores de la
“opinión pública” argentina en la medida que aumentaban también las presiones
de los sectores nacionalistas, particularmente del Ejército, contrarios a la ruptura.
En la Conferencia Panamericana realizada en Río de Janeiro, en enero de 1942,
la diplomacia argentina obstaculizó la ofensiva norteamericana por alcanzar la
cooperación de los países latinoamericanos luego del ataque japonés de Pearl
Harbor que desatara la intervención abierta de este país en la guerra. Como
respuesta, EEUU impuso a la Argentina un embargo total de armas, la suspensión
de los créditos y la reducción en el suministro de petróleo y maquinaria.
La neutralidad argentina no fue sólo desafiada por Estados Unidos, el 17 de abril
de 1942 el petrolero Victoria cargado con lino fue atacado por submarinos
alemanes a 300 millas de la costa estadounidense mientras navegaba hacia el
puerto de Nueva York. Sin embargo, el gobierno de Castillo recibió el apoyo de los
ingleses a quienes la neutralidad argentina ofrecía mayores posibilidades para
garantizar el suministro de carnes al mercado británico y evitaba además una
completa alineación argentina con Estados Unidos.
Las direcciones del movimiento obrero frente a la guerra
En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, el proletariado industrial fortalecido
en los años previos volvió a dar un importante salto numérico. El inicio de la guerra
asfixiaba aún más el mercado local obligando a un nuevo crecimiento de la
industria en nuestro país. La necesidad de sustituir las importaciones bloqueadas
por el quiebre del mercado mundial fue llevando, ya desde el año 1937, a un
crecimiento de la producción industrial que por primera vez en la historia aportaba
mayor valor que el sector agropecuario; los obreros industriales ocupados
ascendieron a 900 mil.
Meses antes de la declaración de neutralidad de Ortiz se realizó el primer
Congreso ordinario de la CGT. En ese momento, la central contaba con 280.000
afiliados, aunque los cotizantes eran unos 166.000; los sindicatos industriales
dirigidos por los comunistas habían incrementado su fuerza y representaban cerca
del 30% de estos cotizantes, mientras que el resto, con eje en los sindicatos
ferroviarios y de servicios, pertenecía a gremios con conducción socialista o
sindicalista.
Alicia Rojo.
&-Sin embargo, para comienzos de 1943, Ramón Castillo ya irritaba a todos los
sectores del ejército: germanófilos, aliadófilos e indiferentes. Existían dos razones
fundamentales: En primer lugar, el lanzamiento de la candidatura del conservador
Robustiano Patrón Costas para la sucesión de Castillo. El aval del presidente, al
muy impopular candidato, era sinónimo de «éxito» electoral al amparo del fraude.
En segundo lugar, los oficiales estaban cada vez más molestos por la utilización
política del ejército, lo que lo colocaba como un cómplice necesario del aparato de
fraude sistemático.
Con respecto a la guerra, Patrón Costas era una caja de sorpresas, pero estaba
más cerca de los ingleses, intereses a los cuales había servido durante su vida…
El G.O.U. no comenzó a reclutar adeptos sino hasta a fines de 1942, y recién se
terminó de conformar como organización en el mes de marzo de 1943; apenas
tres meses antes del golpe. El Grupo central era integrado por tres coroneles,
algunos tenientes coroneles, mayores y un capitán. Prácticamente ninguno de los
integrantes tenía mando de tropa (apenas dos), por eso, dentro de sus planes
originales, una revolución apenas parecía posibles para fines de ese año 1943.
La posición del logiado capitán Filipi (secretario y yerno del ministro Ramírez)
favoreció rápidamente a los intereses del G.O.U. Oficiales adherentes comenzaron
a ser trasladados a posiciones en Buenos Aires.
Colectivos de la Corporación de Transportes de la ciudad de Buenos Aires
incendiados con motivo de los sucesos del 4 de junio de 1943 - Archivo General
de la Nación. Departamento Documentos Fotográficos. Inventario 24443.
La situación finalmente eclosionó a finales del mes de mayo de 1943. El aroma a
golpe podía olerse en el aire porteño. Los radicales, con Juan Cook a la cabeza,
no tuvieron mejor idea que ofrecer la candidatura presidencial al ministro Ramírez,
quien en un principio parecía bastante entusiasmado. Pero Castillo se anotició de
la jugada de su ministro nacionalista y pronto entraron en conflicto. Como Ramírez
resistía en su puesto, Castillo lo echó por decreto y nombró al almirante Fincati en
su lugar.
Entonces Ramírez comenzó a moverse en las sombras.
El coronel Enrique P. González, del G.O.U., como en tantas otras oportunidades,
tomó la iniciativa. Ramírez dio libertad a la logia que integraba su yerno y
recomendó que hallaran a un general con mando de tropa que les permitiera
montar la revolución. Pronto hallaron dispuesto al general Arturo Rawson, quien
siempre dijo que tenía a su propio grupo de insurrectos, y se sumó al almirante
Sueyro y a la Armada.
La noche del 3 de junio, todos los conjurados más importantes se reunieron en
Campo de Mayo para ultimar detalles y coordinar el golpe que el día siguiente
derrocaría a Castillo. Pronto se unieron los comandantes de tropas (regimientos).
Esa fría noche había catorce líderes militares; solo tres eran oficiales del G.O.U.:
El mencionado coronel Gonzalez, Indalesio Sosa y Emilio Ramírez. Perón estaba
citado a Campo de Mayo, pero no apareció en todo el día o esa noche. Y el día 4
solo hizo su aparición cuando era un hecho que la revolución había triunfado.