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La Escuela

El documento explora la complejidad de la escuela como institución educativa, destacando su evolución en respuesta a cambios sociales, culturales y tecnológicos. Se enfatiza la necesidad de adaptar la enseñanza a las realidades contemporáneas y de fomentar un ambiente inclusivo y equitativo que reconozca la diversidad de los estudiantes. Además, se plantea que la educación debe ir más allá de la transmisión de conocimientos, promoviendo el pensamiento crítico y el desarrollo integral de los alumnos.

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La Escuela

El documento explora la complejidad de la escuela como institución educativa, destacando su evolución en respuesta a cambios sociales, culturales y tecnológicos. Se enfatiza la necesidad de adaptar la enseñanza a las realidades contemporáneas y de fomentar un ambiente inclusivo y equitativo que reconozca la diversidad de los estudiantes. Además, se plantea que la educación debe ir más allá de la transmisión de conocimientos, promoviendo el pensamiento crítico y el desarrollo integral de los alumnos.

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La escuela.

Hablar de la escuela como escenario institucional, la escuela como encuentro


comunitario, como encuentro con el otro/a, como espacio educativo, como encuentro
entre iguales, como espacio de enseñanza y aprendizaje y tantos otros modos de ver
a la escuela, no es tarea fácil.
Si bien son muchos los modos de ver a la escuela, partimos de la idea que es un todo
y mucho más de lo que dije al principio y, por lo tanto, siempre quedarás cuestiones
abiertas.
Cada uno de los abordajes que hagamos, siempre hay un algo más.
Y hablar de la escuela y como su fundamento primordial es la educación, es un tema
que está, desde sus inicios, en constantes cambios.
Como el mundo cambia, las sociedades cambian, las familias también cambian. .no
hay motivos para que a escuela no cambie
El escenario de la escuela cambia porque, aunque la escuela siga siendo la misma,
cambia porque ha cambiado el contexto del mundo de la cultura, de la familia, el
mundo de la producción. Si las cosas cambian en la sociedad, es decir, el contexto
social, cambia también la relación que tiene la escuela con el contexto.
Aunque la escuela aparentemente siga siendo la misma (Tiza o fibrón, pizarrón, los
mismos horarios, mismas materias, el mismo tipo de perfil docente, etc.), ya es otra
cosa, ya que aquellas cosas con las cuales las escuelas se relacionaban, ya han
cambiado, puesto todo ha cambiado en el mundo social, por ejemplo, las estructuras
familiares, sociales, culturales, cambios políticos, globalización.
La escuela, aunque aparentemente siga siendo la misma, ya no es la misma de antes,
porque todo lo que sucede fuera de la escuela, se siente y repercute dentro de ella.
Es muy difícil entender que es lo que pasa dentro de la escuela, sino se mira que pasa
a fuera de la misma.
No es mi intención comparar si la escuela de ayer es mejor que la hoy, hoy se
plantean mitos como que escuela del pasado era mejor que la hoy. En realidad, son
incomparables, son situaciones totalmente diferentes, contextos y realidades
diferentes.
La desgracia es que tenemos la misma palabra para hablar de la escuela, le decimos
la escuela de Sarmiento, la escuela tradicional, escuela nueva, pero como realidades
sociales, sociológicas que, como objetos, son diferentes.
Los/las docentes de hoy no son mejores ni peores que los de ayer, son diferentes,
porque las realidades son diferentes (lo que sí podemos decir si son o no
satisfactorias).
La acción educativa es fundamentalmente una tarea de comunicación, las tecnologías
son modos de comunicación, no incorporar esto último sería un error.
Debemos recordar que los/las niñas/niños son grandes consumidores de culturas
(Extraescolar), es decir que se aprenden muchas cosas fuera de la escuela, el tiempo
en que los chicos pasan en internet, en YouTube, viendo películas, en la televisión, es
igual o mayor del tiempo que pasan en las escuelas.
Ahora bien, creo que no debemos negar estas realidades y trabajar con esas
experiencias, para muchos quizás nuevas, (hoy en día ya no tan nuevas), no debemos
ponerlas en distancia, creo que debemos trabajarlas, no creo que tengan que ir en
paralelo, hay que comunicar y conectar estas dos experiencias.
Recordemos que todo lo que sucede en la sociedad, en el campo de la economía, en
la distribución del ingreso, cambios en la familia, etc., todo se siente o repercute en la
escuela y para ser más específico, en el aula.
Los temas de inclusión-exclusión, los que tienen más, los que tienen menos, los que
tienen ingresos más elevados los que tienen menos o no tienen ningún ingreso, entre
los que tienen propiedades y los que no la tienen. Todo esto tiene un gran impacto
dentro de la escuela, todas estas cosas se sienten en la escuela.
Algunos tienden a creer, con una linda visión optimista, que la escuela es una de las
instituciones, como uno de los grandes recursos que tienen las sociedades modernas
para construir una sociedad menos desigual o con más igualdades. Sin embargo,
muchas de estas expectativas no son realizables.
Cada vez tenemos más niños, niñas, jóvenes y adultos en las escuelas y, sin embargo,
la sociedad sigue sufriendo desigualdades. Pero también tenemos muchísima
deserción escolar, esto es debido a múltiples factores, sobre todo, el económico. Esto
lo vemos sobre todo en la educación de jóvenes y adultos y se pone sobre las
espadas de las escuelas, estas pesadas cargas de dar soluciones y de reinsértalos al
ámbito educativo, sin herramientas, sin la posibilidad de darles la contención mínima a
cada persona para volver a la escuela.
Creo que se le está dando a la escuela una responsabilidad que no le pertenece
exclusivamente a ella, creo que es un eslabón importante, unido a otros eslabones
para formar una cadena y lograr una gran cadena de la inclusión, la igualdad y la
equidad. Si bien la escuela cumple su rol, su papel igualador, pero se deben dar las
condiciones adecuadas socialmente para que se vea verdaderamente el trabajo de la
escuela.
La escuela no es un compartimiento estanco aislada de la sociedad, necesita de las
condiciones sociales adecuadas para la construcción real de una sociedad sin grietas
de inclusión.
Ahora bien, ¿Por qué suceden cosas más interesantes fuera de la escuela que dentro
de ella?
Entendemos o nos han enseñado, que a escuela es un lugar donde se nos prepara
para el futuro, la escuela también es el presente, no debemos olvidar eso; pero
además la escuela debe ser esencialmente, el lugar, donde se enseña a pensar.
Si la escuela no enseña a pensar, no es una escuela, será otra cosa, pero no es una
escuela.
La escuela del siglo XXI, ¿es una escuela que enseña a pensar? ¿es una escuela que
está preparando para el futuro de estos jóvenes que están en las aulas? ¿es una
escuela que prepara para la ciudadanía, en el ámbito digital del siglo XXI que es el
siglo más conectado? ¿es una escuela que entiende y comprende cuales son todas
las ventajas que tiene que incorporar las tecnologías a los procesos de enseñanza-
aprendizaje para mejorar la educación? ¿es una escuela que comprende cuales son
los nuevos consumos culturales de los jóvenes de hoy que son estudiantes y están
sentados en nuestras aulas? En mi opinión, creo que no. ¿porqué? Porque la escuela
hoy no se está preguntando, no se está haciendo estas preguntas.
Fuera del aula también suceden cosas, sobre todo en los hogares.
Muchas veces escuchamos a los padres decir, el mayor de mis hijos es muy
aplicado/a, el otro, no estudia, no presta atención, no quiere hacer los deberes, etc.
Otros dicen mis hijos tuvieron suerte, les toco una docente que los ayuda mucho, está
presente con cada uno de ellos, etc.
No se trata de suerte, no se trata de niños/as que son más o menos aplicados/as,
necesitamos que la educación sea una garantía.
La construcción educativa de los maestros debería ser coherente con el modelo
educativo con lo que estos maestros deben desarrollar.
La construcción educativa-profesional de los docentes siguen siendo en aulas en
donde los futuros maestros/as, escuchan profesores/as tomando notas, porque en el
examen tendrán que repetir lo que el profesor ha dicho con sus palabras o lo que dice
exactamente el texto. Esto, si sigue así, significa que no va a cambiar nada.
Una de las preguntas que debemos hacernos es: ¿Cuál es nuestra comprensión de
acto de enseñar? Y, ¿cuál es nuestra comprensión del acto de aprender?
Se nos ha enseñado, con mucho atino, que “la educación es un acto de amor”, esto es
verdad. Ahora bien, el/la que elige ser docente, elige amar, es una opción, es algo que
uno quiere hacer y el amor, no solamente es un verbo (acción) es algo que está en
movimiento constante, no se queda quieto, no espera, sale a buscar porque el amor
significa buscar el bien del otro/a. Buscar el bien es un acto de amor y se busca el
bien, permitiendo de nuestros/as estudiantes sean libres, dándoles la oportunidad de
expresarse, de significar sus saberes previos y resignificarlos con nuevos saberes.
Cada docente debería ocuparse no solo en tratar de llegar a fin de año viendo y dando
todos los contenidos de la materia. Deberían ocuparse de conectarse con ellos/as, de
ocuparse que el aula sea un espacio de encuentros seductores, que los estudiantes
tengan el deseo de aprender, de probar, de alimentarse y no solo de aprobar una
materia, sino de conocer de saber y saborear ese banquete que tenemos que traer en
cada encuentro.
El docente necesita de los/as estudiantes, así como los/as estudiantes necesitan de
los/as docentes. Ambos se educan.
Aunque la tarea de ambos es específica, el educador no es igual al estudiante (en
cuanto a las responsabilidades), el profesor tiene que enseñar y el estudiante tiene
que aprender. la cuestión es saber cómo se dan estas relaciones de tal manera que es
una práctica democrática.
Los problemas relacionados con la educación, no son solamente problemas
pedagógicos. Son problemas políticos y éticos.

Educación y escuela
¿Qué es la educación?
El verbo educar quiere decir sacar de dentro, no meter desde afuera, no somos
recipientes vacíos que hay que llenar, somos fuegos que hay que encender. Entonces,
¿qué es lo que hay dentro? ¿qué es lo que hay que sacar?: recursos, talentos,
posibilidades, capacidades, que nunca, pero nunca los encontraremos, si
primeramente no creemos que existen.
Estamos en un mundo de una complejidad extraordinaria, con una interconectividad
impresionante. Estamos en la era digital y no debemos luchar contra ella, debemos
adaptarnos, utilizarlas, los chicos saben más que nosotros de tecnologías,
seguramente es necesario guiarlos para que sepa que contenido utilizar.
Si el mundo ha cambiado no podemos seguir enseñando de la misma forma. Darwin
decía: “No es la especie más fuerte la que sobrevive, sino la que mejor se adapta”.
Tenemos que enseñar otras cosas, el trabajar en equipo, la creatividad, el cooperar, no
podemos vivir esta situación asustados. Debemos estar convencidos que podemos
salir fortalecidos. Lo que generamos adentro lo traspasamos siempre afuera.
Lo más importante no es construir cosas, no es construir edificios, es construir
confianza.
El elemento clave de la educación no es enseñar todo el continente europeo, aunque
tenga su importancia. El elemento clave, es ayudar a la gente a que crea en sí misma.
Eso es el liderazgo y eso es la educación.
Ver primero las semillas de las grandezas de un ser humano y, luego, ayudarlo a
albergar la convicción que puede alcanzar cosas que no le parecía posible. Esta es la
esencia del proceso educativo.
La educación no es solo intelecto y mucho menos pensar que lo que diga una persona
porque está en un nivel elevado, esa es la verdad.
Lo que queremos favorecer es un pensamiento crítico, que todos reflexionemos ideas,
que analicemos y que nos preguntemos ¿qué me dice esto a mí? Y exploremos ideas.
No nos quedemos sentados y esperando que nos digan lo que debemos aprender,
debemos debatir desde el respeto, desde la consideración, desde la verdadera
escucha.
Y cuando hablamos de educación no podemos dejar de lado la parte física, mente
sana cuerpo sano. Muchos de nosotros no nos movemos o nos movemos pocos.
Necesitamos también recuperar el valor de las artes, la pintura, la música, la danza
porque son entrenamientos directo del hemisferio derecho del cerebro, que es la clave
del diseño, el hemisferio izquierdo el análisis, el derecho el diseño, es el que conecta
puntos. ¿el más importante? NO. Es la unión entre ambos.
El juego también es importante. por ejemplo, los felinos cuando son pequeños y se les
impide jugar, luego no saben cazar. Hay que recuperar el sentido del juego.
Parece que si te estas divirtiendo, no estás trabajando enserio.
El juego es algo muy serio.
Sabemos muy bien que cuando una persona que está enferma, internada y se ríe con
sus médicos, con los enfermeros, o los paya médicos, necesitan menos analgésicos y
se curan antes o tienen una mejor calidad de vida.
Pero parece que no, hay que estar serios/as cuanto más serios/as parece mejor,
parece que así sería más importante la materia. Esto es totalmente ridículo.
Debemos saber que la mente humana solo crece con el encuentro de otra mente de
otro ser humano.
Ese otro, la palabra del otro/a es importante, hay que escucharlos/as. Ese otro/a, en
esa diversidad que suma. Pero para que la diversidad sume, hay que hacer cosas, no
es por generación espontánea, no es solamente sentarse al lado de un estudiante que
piense distinto y uno dice, estamos sumando diversidad.
Venimos de una escuela homogénea, una escuela de la generación del 80, donde,
supuestamente había un objetivo claro, el de homogeneizar a los inmigrantes, pero era
una escuela en donde la diversidad heterogeneidad no fue incluida. El reconocer un
alumno diverso, era un alumno problema y claramente, si quiero homogeneizar y
quiero “Normalizar”, necesito estudiantes homogéneos, necesito estudiantes iguales.
Incluir a todos, significa incluirnos a todos los que estamos en esta aula y a todo el
instituto, de todas las carreras.
Aquí, en este espacio, con el mismo fin, pero con modos e intereses diversos, con
nuestros modos de aprender diferentes, con nuestras trayectorias de vidas y escolares
diferentes, es decir con nuestros contextos.
Pero mirado desde ahí, uno podría creer que esta posibilidad, está solamente
instalado mirando al sujeto que aprende. Creo que además de mirar al sujeto que
aprende, tenemos que mirar en qué condiciones pedagógicas y en qué contextos
aprenden estos sujetos, ya que tenemos mucha diversidad de contextos, mucha
diversidad de escuelas, muchas brechas, entre una escuela y otra, entre un contexto y
otro. Con lo cual, esta diversidad no depende solo de las subjetividades, sino también,
en qué contextos se desarrollan estas subjetividades.
La preocupación hoy, no es homogeneizar, sino que preocupan dos cuestiones a la
hora de tomar decisiones en políticas públicas:
Una es la idea de equidad y la otra es de la justicia educativa, justicia curricular.
Tenemos estudiantes que necesitan cosas diferentes y la respuesta no es darles lo
mismo a todos.
Venimos de un modelo educativo único y si quieren, el ejemplo más claro es la clase
expositiva, donde uno se para y les habla a todos o a un promedio. Podemos
preguntarnos ¿promedio de qué? ¿a quién le estoy hablando?
Ese tránsito del modelo único a un modelo de múltiples caminos, con múltiples puertas
de entrada que, no se hace de un día para el otro. Obviamente tiene que ver con la
construcción como docentes (formación) y que accedan a esta manera de mirar, que
es compleja y no es lineal y puedo decir que refiere a aprendizajes complejos.
Está claro que no hay dos estudiantes iguales y todos pueden decir obvio. La pregunta
es ¿qué hacemos con esta obviedad?
Como encaramos la enseñanza, reconociendo que todos nuestros estudiantes son
diferentes. No estoy hablando de una educación personalizada, ya que la cantidad de
estudiantes que tenemos en un curso no lo permitiría hablar de enseñanza
personalizada.
Entonces ¿cómo salimos de este modelo único, donde el diverso es un problema, a un
modelo donde alojemos a todos en el aula. En el instituto. Y al mismo tiempo, es
interesante y sé que esto está en pleno debate de ¿cómo definimos la inclusión, como
definimos la integración?
Referido a ese estudiante intermedio, que no es mal estudiante ni excelente y que
queda perdido también cuando hablamos de la diversidad, porque nos ocupamos
mucho y de diferentes maneras con el que tiene dificultades, un poquito del medio en
su conjunto y casi nada del muy talentoso en algunas disciplinas o áreas en particular;
con viejos resabios de la escuela homogénea, como que él no molesta, entonces si no
molesta, no hace falta ocuparse.
Hay por lo menos tres líneas teóricas diferentes:
Tenemos la línea europea: que allí se llama pedagogía diferenciada con autores como
(Phillippe Perrenoud; Jean Pierre Astolfi y Ángel Pérez Gómez)
Tenemos la línea americana, que se llama instrucción diferenciada con (Carol
Tomlinson y Diane Heacox.
Tememos también, muchos especialistas Latinoamericanos, argentinos (Graciela
Frigerio; Flavia Terigi; Jason Beech), que, por supuesto no hablan de lo mismo, pero
comparten la preocupación de cómo hacer cada vez una escuela más inclusiva.
A mí me gusta pensar como todo esto lo llevamos al aula.
Cuando pensamos en como diversificar adentro del aula, se piensa en diversificar los
contextos, considerar la diversidad del contexto y del sujeto. También diversificar los
contenidos. También las estrategias de enseñanza y los recursos.
También los criterios de agrupamientos.
También la evaluación, porque si decimos que hay que diversificar en la enseñanza y
después, vamos y tomamos la misma prueba para todos, ¿de qué diversidad estamos
hablando?
Y otra cosa importante es la diversidad de los tiempos.
Sabemos que todos los estudiantes no aprenden al mismo ritmo.
No se trata de adaptar la clase a cada estudiante.
No hay un diseño curricular para cada estudiante y mucho menos voy a pensar una
clase para cada uno de mis estudiantes. Sino que, voy a pensar una clase, lo
suficientemente flexible, para que me permita, que todos los estudiantes puedan
ingresar a esa clase, con un grado de flexibilidad, que permita incluir a los que les
gusta trabajar de una manera más individual, a los que les gusta trabajar con otros, a
los que les gusta escribir, a los que les gusta dibujar y a los que les gusta trabajar con
imágenes.
Cuando hablamos de contenidos, sabemos que tenemos contenidos comunes,
obligatorios, que los podemos llamar no negociables, ya que estamos construyendo
estudiantes y, en esa construcción van creciendo como futuros docentes.
Ahora bien, ¿Cómo combino lo no negociable, con los intereses de los estudiantes?
No es una combinación fácil, porque seguimos discutiendo hoy, desde la época de
Comenio, que una de las tantas discusiones que se daban era la diferencia entre
profundidad y extensión, que hoy, algunos autores definen que menos (-) es más (+)
Más en profundidad y menos en cantidad. Y hoy en día, hay sábanas de contenidos.
Escuchamos muchas veces a los/as docentes, uhhh, no llego con los tiempos, tantos
feriados no llego a dar todo, lo tengo que dar. Y yo pregunto ¿hasta ahora, lo que
dieron, los estudiantes aprendieron? Y algunos dicen, en el parcial a la mayoría les fue
bien (pero ¿aprendieron?), a veces eso no importa, lo importante, según ellos es dar
los contenidos del programa. Y todos sabemos, que este modo de enseñar construye
conocimiento frágil.
Como lo definió Perkins: “Aprendido, aprobado y olvidado”.

Según él, una de las respuestas más importantes tiene que ver, no solo como
enseñamos, sino qué enseñamos. ¿enseñamos ideas, conceptos y capacidades que
van a contribuir realmente a la vida que probablemente vivirán los estudiantes?
Odio decir esto, pero creo que gran parte de lo que solemos enseñar, realmente no es
útil para la vida de los estudiantes, se pierde, se olvida en dos o tres meses y nunca
vuelve a salir a la superficie.
Sin embargo, las disciplinas sobre las que enseñamos, cada una de las materias,
todas ellas están llenas de conceptos muy ricos, que pueden y son útiles para la vida
de los estudiantes, pero sólo si las impartimos así y solo si las seleccionamos, son las
que son las realmente generativas. Si nuestra propuesta académica es solo dar
contenidos, es solo que, a la hora de un examen, todos los estudiantes aprueben, solo
por el hecho de aprobar y si lo hacen, el/la docente se siente satisfecho/a ya que
considera que dio bien su materia. Pero se olvida que los7as estudiantes estudian
para aprobar la materia, pero ¿aprendió? Si aprobó, pero al poco tiempo de olvidó.

La idea de este autor de EE. UU, es que los estudiantes aprendan a pensar y a decidir
qué hacer con el conocimiento ya adquirido. Destaca también que se deben enseñar
los “grandes conocimientos”, es decir, habilidades amplias de comprensión y
pensamiento, que algunos han llamado las “habilidades del siglo XXI”.
Pero si no tomamos la decisión alguna vez y obviamente, no es una decisión solo de
los docentes, tiene que ser también de las políticas públicas, de bajar los contenidos.
Hoy la información está accesible. Cualquier estudiante puede encontrar información
en internet sin venir a la clase a escuchar que yo le de esa información. Esto es para
discutir, para debatir y pregunto ¿qué se perdió un estudiante que faltó hoy a mi clase?
¿y si lo que se perdió lo encuentra en internet? Valdría la pena que se quede en su
casa y lo busque en internet.
Ahora bien, si en el aula pasan cosas como aprender a pensar, aprender a dialogar
con otro que piensa distinto, aprender a mirar de distintas perspectivas, aprender a
analizar críticamente, entonces, mi clase valió la pena.
El docente también debe buscar la manera o entender a los estudiantes de qué modo
quieren aprender ellos, no solo el modo en que yo quiero enseñarles.
El aula es un todo, compuesta por docente y estudiantes, no es solo el o la docente.
El docente no debe tener el protagonismo, no tiene que tener la primacía, no debe
intimidar, no debe propagar el temor, no debe ser autoritario/a. el aula no es del/la
docente. El aula es el conjunto, lo múltiple, lo diferente, el docente también es un/a
diferente, entonces debe incluirse, el docente también es diverso, entonces trabajemos
con mi diversidad, con mi inclusión, con ser parte de ese todo.
Volviendo s lo dicho en líneas anteriores, los estudiantes no aprenden todos al mismo
tiempo y del mismo modo.
A nosotros nos pasa lo mismo, no todos entendemos del mismo modo, no todos
aprendemos al mismo tiempo, no todos pensamos iguales, nuestro modo de enseñar
está cargado de culturas individuales, de posiciones políticas particulares (eso no
quiere decir que ideologicemos el aula), estamos cargados de emotividad, nuestro
contexto personal también influye.
Ahora bien, si los estudiantes y nosotros, somos tan diferentes, ¿por qué a la hora de
evaluar usamos el mismo método para todos iguales?
¿no tendríamos que analizar un poco más el aula? Eso quiere decir a los/as
estudiantes. ¿No tendríamos que ver el modo en que ellos mejor se expresan?
Para algunos les sienta mejor, por ejemplo, un parcial escrito, para otros/as un parcial
oral y otros/as contextualizan el texto o los textos a estudiar, con ejemplos de la vida
cotidiana, hechos históricos o cosas que les han sucedido en la vida.
Pero a veces los docentes, entendiendo la diversidad áulica, la multiplicidad de modos
de ser y entender, damos las mismas consignas para todos y la gran mayoría hacen
un gran esfuerzo para estudiar y aprender para poder aprobar un parcial o un final.
Cuando en realidad, no digo que los/as estudiantes vayan felices a esas instancias, no
me refiero a eso, lo que quiero significar es que vayan sabiendo los contenidos y que
tengan la libertad de decidir como exponerlos, como expresar lo que aprendieron, eso
les daría confianza y no sentir la presión de estudiar para aprobar y no para aprender.
En los momentos comunes de evaluaciones, debemos garantizar un contenido común
en la evaluación y les estoy ofreciendo una respuesta y les estoy ofreciendo, a la
pregunta ¿Cómo cada uno de ellos demuestra mejor lo que aprendió? y le sumaría, yo
como docente, debería definir, un único, el que los estudiantes demuestren lo
aprendido si sabemos que ellos aprenden e maneras diferentes ¿porque, yo debería
decirles a todos, contesten cinco preguntas, cuando tengo otras opciones para mostrar
evidencias y evaluar o valorar a los/as estudiantes.
Los y las docentes, somos diseñadores y constructores de espacios con nuestros
estudiantes.
Estamos muy habituados a entrar a un aula y damos clases como los bancos están
dispuestos y están habitual eso, que cuando alguien quiere mover los bancos, es todo
muy ruidoso, es todo muy complejo y decimos, bueno, lo dejamos así. Pero tenemos
muchas posibilidades de mover los bancos para mostrar otros modos de espacios, no
solo dentro del aula, sino también abrir el aula al afuera, a que, si alguien se acerca,
quiera compartir nuestras clases porque las considera interesante, en principio, con el
modo de ubicación áulica.
Pero volvamos al modo de aprender y de exponer lo aprendido.
Debemos, como docentes, estar atentos en ese mundo diverso de los aprendizajes.
Así como hay muchos modos de enseñar, hay también muchos modos de aprender,
como dijimos, no todos somos iguales al momento de aprender (¿hay igualdad en el
aula? Sí, pero no todos aprendemos iguales. Entonces, en esa desigualdad y
diferencia que nos lleva a pensar distintas estrategias para poder enseñar, también
hay distintas estrategias de evaluación. A mi criterio, lo mejor es que cada uno de
los /as estudiantes vayan probando y descubriendo distintos modos de mostrar sus
aprendizajes, ya sea oral, escrito, con PowerPoint, videos, en dupla o grupal.
Estos, entre otros modos de enseñanza y aprendizajes, serían un modo de evaluar o
valorar lo aprendido, pero también serviría para que ellos vayan buscando la manera
de sentirse más seguros, sobre todo en los primeros años de la carrera.
Debemos recordar siempre que la diversidad suma, la multiplicidad enriquece, en lo
múltiple, que sería la totalidad, que es en todo lo áulico, en donde nadie queda afuera,
es ahí donde está la riqueza. De esa riqueza debemos nutrir y nutrirnos.
Creo, desde mi humildad, que ahí está la inclusión verdadera.
Porque cuando hablamos de inclusión, (tema maravilloso), no se trata solo de incluir,
de que entren a un aula como uno más, que entre al aula como cualquiera. Creo que
es más profundo. Si solo pensamos que inclusión es que todos estén adentro,
podemos car en el error de solo hacer un amontonamiento, juntar y juntar.
La inclusión debe ir acompañada de la igualdad.
Entonces, tenemos estudiantes incluidos e iguales, ahora bien, faltan cosas todavía.
Cuando decimos iguales, nos referimos a la igualdad de derechos, pero ¿son iguales
en el modo de aprender? ¿Somos todos iguales? o ¿somos diferentes? Somos
diferentes, somos diversos, somos distintos, es decir somos iguales y diversos.
Esto no es una complejidad, esto es una tarea permanente, de trabajo constante, de
atención global e individual, de mirada amena, de mirar lo diferente sin discriminación,
muy por el contrario, ver al otro en su otredad, debe ser un espejo para mí en donde
me reflejo. En quien, al mirarlo, me miro, me veo, me comprendo, me incluyo, nos
incluimos.
Es en el aula donde vemos también diferencias sociales, culturales.
Es en el aula donde estas cosas hay que poner en valor, personas con trabajo, sin
trabajo, los que tiene una casa, los que no la tienen porque alquilan, los que tienen
hijos y los que no los tienen. Estas son cosas, bagajes, mochilas que levan nuestros
estudiantes a nuestras aulas y, seguramente son cosas que les preocupan, no les
permiten concentrarse, estar en un aquí y ahora. Pueden estar en un aquí (el aula)
pero pueden que no estén en un ahora (el aula). Pueden estar presentes físicamente,
están en un aquí, pero mentalmente, por sus preocupaciones y sus bagajes
personales, esas mochilas, muchas veces pesadas, no están en un ahora.
Esas cuestiones también debemos mirar, atender, escuchar, estar atentos.
Si queremos una verdadera inclusión, con igualdad y equidad, que son tres eslabones
que no pueden separarse, que si se separan se rompe esa cadena y si se rompe, ya
no sería inclusión, sería un rejunte, un amontonamiento de gente.
Por eso el aula es compleja.
La enseñanza y el aprendizaje son complejos y es tarea de los/as docentes mirar y
actuar en este contexto.
Si queremos que aprendan contenidos, experiencias y prácticas, debemos a tender
muchas cosas, ya que el aula es un ámbito social, un ámbito de sociabilidad.
En todo esto de los aprendizajes, también y no debemos olvidarnos de lo emocional.
Todos sabemos que los seres humanos sentimos emociones. Pero, ¿desde cuándo
sentimos emociones?
Las investigaciones han demostrado que, cuando estamos en el vientre de nuestra
madre, ya sentimos emociones, a partir del 5t o/6to mes de embarazo de nuestras
madres.
Al principio, son emociones contagiadas por la madre, pero más tarde, cuando ya
nuestro cerebro, responsable de procesamientos emocionales, está totalmente
constituido, empezamos a ser autónomos y empezamos a hacer cosas diferentes a las
que siente nuestra madre.
Venimos en el ADN, con un código emocional básico. Hay una serie de emociones que
traemos, porque nos van a servir a lo largo de la vida, para muchísimas funciones.
La alegría, la tristeza, miedo, enojo, sorpresa, asco.
Primero tenemos que darnos cuenta que somos seres que sentimos y luego, seres
que pensamos.
Ahora bien, ¿Qué es una emoción?
Generalmente decimos que es algo que sentimos y estaría bien. Pero la definición a
veces se nos escapa.
Una emoción es una reacción, que se vivencia como una fuerte conmoción del estado
de ánimo interior. Suele ser provocado por un estímulo externo (algo que me hacen,
una palabra, un objeto, una persona). Pero también puede ser provocada, esa
emoción, por un estímulo interno (un recuerdo, un pensamiento, que sin que los
demás sepan, a mí me mueve algo por dentro y hace cambiar mi estado interior.
Como sabemos, la familia es la primera escuela de educación emocional.
Evidentemente, la escuela luego, tendrá su función de enseñar a los niños a convivir
con los demás y a desarrollar una buena gestión de sus emociones.
Pero os padres debemos ser los primeros modelos de gestión emocional, ¿Cómo?
Compartiendo las emociones con los hijos, enseñándoles a poner nombre a sus
emociones, compartiendo sus alegrías, ayudándoles y consolándolos cuando se
sienten tristes, protegiéndolos también cuando tienen miedo. y, sobre todo,
enseñándoles, que todas las emociones son legítimas, que todas tienen un potencial y
algo positivo que aportar.
Primero debemos conocer como padres lo que sentimos en distintos momentos y
también saber lo que sienten nuestros hijos.
Como docentes en construcción, pero sobre todo como personas, no debemos olvidar
que tenemos emociones, eso se ve en el aula, eso se siente, se nota, se percibe y no
es malo que esto suceda. Pero debemos recordar siempre, sobre todo en el ejercicio
docente, lo que hemos vivenciado no solo en la vida, sino también en el aula. Porque
un docente no es alguien inmune a las emociones, un docente no solamente enseña,
comunica, acompaña, etc., sino que también es un ser emocional. Y en el aula se van
a encontrar con una multiplicidad de emociones.
Vale decir, que la tarea del docente, tiene un plus, el de acompañar las emociones, de
crear un ambiente adecuado para que los/las niñas/niños puedan desarrollarse
emocionalmente, en este desarrollo, también acompañar, consolar, motivar, con una
mirada que abrace a todos y cada uno de los/as niños/as.
Con todo esto antes dicho, podemos darnos cuenta que las emociones son muy
importantes porque en ellas hay, lo mejor y lo peor de nuestras vidas.
Como sabemos, en las emociones está el miedo, la ansiedad, la angustia, el estrés, la
depresión, la tristeza, la rabia, la ira, la furia, la indignación, la predisposición a la
violencia, etc.
Los grandes problemas de la humanidad, en gran medida, tienen un fondo emocional.
Pero, en las emociones también está lo mejor de nuestras vidas, porque las
emociones también son alegrías, el amor, la comprensión, la compasión, la
solidaridad, el equilibrio, la armonía, la paz interior, en definitiva y la felicidad.
Algo que la mayoría de las personas más desean en la vida.
Algo que creo fundamental en las emociones. Las personas no van a hacer los que se
le diga, sobre todo nuestros hijos, las personas van a hacer lo que vean.
Si en mi casa digo una cosa y hago otra, esa incoherencia, las va a ver mis hijos y,
probablemente van a ser incoherentes como yo.
Las emociones en el ser humano, es como una montaña rusa, un día estamos en la
cima, a la tarde estamos abajo o en una curva ascendente o descendente, en un
desequilibrio constante.
Es normal que tengamos momentos de ilusión, momentos de tristezas, momentos de
confianza y momentos de desconfianza, momentos de júbilo, de miedos, momentos de
frustración. No hay que ocultar esas emociones, porque si no, estamos enseñando
que no se puede hablar de emociones y si se habla de emociones, solo se puede
hablar de emociones positivas. Nadie está siempre maravillosamente bien.
Lo primero, es no tener vergüenzas de expresar ese mundo emocional tan variable.
Y, número dos, transmitir, que somos capaces de vivir, en base a nuestras decisiones
y no en base a nuestras emociones. ¿a qué me refiero? Por ejemplo, si viene una
época muy dura, que nos genera tristeza y miedo, no hay que tener vergüenzas de
hablarlo, sí, hablarlo y no quedar se ahí, con esos temores.
Hay que transmitir desde la propia vida y ver, desde mi propia vida, como actúo.
La familia es un espejo de los/as niñas, en las familias, ellos crecen, evolucionan,
aumentan esas capacidades humanas. Tenemos que entender que los hijos no
esperan padres perfectos, los hijos, lo que quieren, es encontrar en la figura paterna, a
alguien que les enseñe, en principio, que el amor no es un trueque, yo te doy tal o cual
cosa, si te portas bien, si haces lo que yo te pido. Los hijos esperan un mayor nivel de
escucha y un menos nivel de dogmatismos (reglas, prohibiciones, solo mandatos) (te o
digo yo porque soy tu padre, te los digo yo porque soy tu madre). Muchas veces
aprendemos más, queriendo entender el mundo de una persona, que diciéndole como
tendría que ser ese mundo.
En estos temas, debemos recordar siempre, que la educación es un proceso largo y
complejo y no querer soluciones rápidas y a la vez, confiar el proceso.
La confianza es muy importante, porque hacen que las cosas sucedan.
Todos debemos pasar por momentos frustración (los niños/as y adolescentes) y
también por momentos de miedos, para aprender a superarlos.
Ahí, en el aula, en nuestros encuentros, también viviremos momentos totalmente
distintos, primero, porque todos/as somos distintos/as. Porque cada uno tiene una
vida, en esa vida, una realidad personal y esa realidad personal, la llevamos a todos
lados y también la traemos al aula.
Habrá días que vengan con muchas ganas, descansados, optimistas, con ganas de
compartir experiencias. Pero muchos otros días, serán totalmente lo contrario. Esa es
nuestra realidad, nuestra vivencia, ese es nuestro contexto, no solo un macro
contexto, sino también un micro contexto, algo individual.
Es en esos momentos, donde las emociones están a flor de piel que, hasta son
incontrolables, es cuando debemos hablarlo, ponerlo en común (sin entrar en detalles
personales íntimos, va ¿por qué no?)
El aula es un punto de encuentro, un espacio no solo de aprendizajes de contenidos,
sino también un espacio de contención y un espacio para no contener lo contenido.
Para lograr esto, es el/la docente quien debe crear estos espacios, estos momentos,
brindar confianza, es un espacio donde los/as estudiantes puedan ser escuchados/as
y no solo escuchados recitando el o los textos que se les dio para estudiar, sino
también escuchar, lo que les pasa, lo que sienten, lo que piensan.
Esto creo importante, ya que somos educadores, constructores, animadores,
motivadores de futuros/as docentes que, ellos/as, a la vez, en algún momento, tendrán
que replicar estas situaciones en sus aulas
El ser humano tiene distintas dimensiones, podemos hablar, de las emociones o la
emoción que muchas veces sentimos cuando damos un salto al vacío. ¿A que le llamo
un salto al vacío?, cuando no tenemos ni idea de cómo lo vamos a hacer para resolver
un problema o tomar una decisión.
Pueden existir dos tipos de saltos al vacío: el alto insensato y el salto confiado, la
pasamos igual de mal en los dos, pero no sucede lo mismo en los dos.
El salto insensato es cuando te lanzas desde un sitio sin tener un QUE y un PORQUÉ
en tu vida, no tiene u n qué, hacia donde quieres ir. Esto sería un salto insensato.
Muchas personas dicen yo no quiero estar acá, no quiero esto para mí, mejor hago
otra cosa, etc., y cuando le preguntamos que quieren hacer, generalmente responden
que todavía no lo saben, es decir, saben lo que no quieren, pero muchas veces no
saben lo que quieren, esto es peligroso, ya que la cantidad de energías que tiene que
utilizar el ser humano para salir adelante, es decir, necesita de un tono emocional
determinado. No es suficiente el saber lo que no quieres. Tenemos que saber lo que
queremos y porque lo queremos. Saltar sin un qué y un porqué, me parece insensato,
la insensatez no es valentía.
Cuando no tenemos un COMO y tenemos un QUÉ y un PORQUÉ, da igual de miedo,
la misma sensación de vacío, pero pasan cosas que desafían a todo lo que nuestra
imaginación es capaz de intuir o prever.
Hay algo muy profundo en el ser humano que, cuando sale, nos deja sorprendidos,
nos deja asombrados, hasta descolocados. Hay algo que yo llamaría, mágico.
Todo ser humano sin excepción, tiene magia.
Esta parte quiero hablar, esto es lo que quiero que se agite en vuestros interiores. Lo
digo porque muchas veces encontramos delante de nosotros, grandes muros que nos
parecen tan altos e imposibles de pasar. Muros de salud, de vitalidad, económicos,
muros de relaciones, de conseguir cosas en la vida, grandes muros en nuestro
proceso educativo que consideramos como gigantes.
Me gustaría comunicarles que esos muros pueden convertirse en fronteras y que mi
intención es acompañarlos en este camino, por lo menos desde la educación, desde
nuestros encuentros. No digo que el cruzar una frontera sea fácil, pero romper un
muro, sobre todo de esos que crean muestras mentes, eso sí que es difícil.
Debemos recordad, que toda magia se encuentra fuera de nuestro estado de confort.
Al salir de la zona de confort, no vemos una zona de descubrimiento, no vemos lo que
intentamos realizar, es decir el producto terminado, lo que sí vemos, es que estamos
en el medio de la nada, porque dejamos lo conocido y entramos a un lugar donde
todavía no aparece lo nuevo. En esos momentos tenemos muy claro lo que hemos
perdido o dejado, sin darnos cuenta lo que vamos a ganar.
Hay una zona de confort que es la más dura en el ser humano, que es como nos
hemos definido a nosotros mismos, en cómo somos y como nos definimos quienes
somos.
Los procesos mentales son los que nos hacen pensar que no podemos ir más allá,
que hay ciertos obstáculos que son demasiado grandes para nosotros o que somos
demasiado pequeños para ese proyecto de vida.
Muchas veces pasa, que no nos animamos a salir, a aventurarnos a nuevas ideas,
nuevos proyectos, aventurarnos a una nueva vida, porque, ya sea que nos enseñaron,
ya sea que nos llenaron la cabeza de que no podemos, que solos no podemos y el
gran problema sería que hayamos creído en eso, lo que creemos, lo creamos.
Si creemos que no podemos, vamos a crear eso, no solamente en nuestra mente, sino
también en nuestras realidades, porque lo vivimos como una certeza incuestionable.
Esto es totalmente limitante, nos frena, nos hace creer que hay esa gran muralla y ahí
aparece el no puedo o no me lo merezco, no soy tan inteligente, no me creo capaz.
No me importa si no puedo derribar un muro, no me importa si es gigante, no se trata
de derribar muros, los muros se caen cuando creemos en nosotros y nos damos la
oportunidad. Lo que verdaderamente me importa es hacer ciertos desafíos en mi vida.
¿Por qué tengo que sentirme bloqueado, incapaz, incompetente, inseguro, cuando
dentro de mí tengo herramientas, recursos para hacer frente a estos obstáculos?
Porque le hago caso a la narrativa, con narrativa me quiero referir a lo que nos han
dicho siempre o a lo que nosotros mismos escribimos en nuestras mentes. Pero no
solo está esa narrativa que nos contamos. Lo importante es lo que esa narrativa tapa,
oculta, oscurece.

Continuará!!

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