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Viuda
La historia narra la leyenda de 'La Viuda', un espíritu vengativo que persigue a hombres infieles en la llanura bonaerense. Se dice que aquellos que la encuentran sufren su ira, especialmente si han traicionado a sus esposas. Don Vargas, un personaje escéptico, se encuentra con la Viuda una noche y experimenta su poder aterrador.
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Viuda
La historia narra la leyenda de 'La Viuda', un espíritu vengativo que persigue a hombres infieles en la llanura bonaerense. Se dice que aquellos que la encuentran sufren su ira, especialmente si han traicionado a sus esposas. Don Vargas, un personaje escéptico, se encuentra con la Viuda una noche y experimenta su poder aterrador.
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56 Iris Rivera
En los campos de la llanura bonaerense, lejos de las lu.
ces de las ciudades, la noche se hace oscura y profunda,
Por eso, tal vez, abundan las historias de aparecidos que
andan dando vueltas, a Ja espera de reparar un dafio para
poder descansar en paz. Pero dicen también que algunos
hicieron un pacto con el diablo y que, por eso, nunca de-
jan de andar por ahi, que nunca tendrdn descanso ni en-
contrarén ninguna paz. De esas almas en pena hay una
que se ha hecho muy famosa. Le dicen “Ia Viuda’. Mejor
no quieran saber lo que les pasa a los paisanos que s¢
arriesgan a encontrarse con ella, cuando vuelven a su casa
muy de noche por quedarse “entretenidos” por ahi.La Viuda 57
LA VIUDA
—Y, NO creo en esas cosas — dijo don Var-
gas empindndose el vaso de ginebra.
—Y eso, a la Viuda, équé le importa? ;O usted
Piensa que ella se les aparece a los que creen, nomads?
Asi le contesté Rosendo, el duefio del bar.
—No, si ya sé —dijo don Vargas—. No me va
a querer contar de nuevo la historia del gaucho
que iba por la quebrada.
—ZY qué? Aunque no se la cuente, el gaucho
iba. Y la Viuda se le subié en ancas’.
.7 St, claro... mientras que galopaba se le su-
bio. ;Por favor!
—Y si. 20 se piensa que la viuda saca la mano
como quien para el colectivo? Cuando se quiso
acordar, la tenia atrds. Toda de negro y la cabeza
tapada. Toda huesuda como es... jHasta el caballo
tembl6!Iris Rivera
—Bah... bah..
_pasadas las d ;
y cémo la vio el gaucho a la Viuda, Ciga? To,
-t . ? To.
noche cerrada. ,O a la quebra fi
da de neg ahora? ale
usieron alumbrado,
P' _Noche cerrada, no. Noche de luna debja sex
_pebfa ser... debia ser... Ya est inventando
ave? Y mas que eso habra inventado el que se |,
. gNo era pasada la Medianoche»
loce, si.
conté a usted.
—El que me la conté es el propio gaucho,
—Ah, bueno... Asi que el hombre vivi6 para
contarla. No me diga! ‘
—Y aunque no le diga, vivid.
—4Y cémo hizo, a ver?
—4Cémo hizo? Vivid porque sabia.
—ZY qué es lo que sabia ese gaucho mentiroso?
—Que la tenfa que entretener. Que si queria sal-
varse la tenia que entretener.
—cEntretener a la Viuda? jCaray!... Y ges facil?
—iQué va a ser facil! Bien dificil, es. El que la ve
no para de temblar. Y, al final, no cuenta el cuento.
—jJua, jua! Temblando la entretuvo, el gaucho,
entonces....
vivo y No sé como. La cosa es que lleg6La Viuda 59
—No sabe cémo. Ve? Repite lo que no sabe.
Rosendo estaba ya con ganas de mandar al
otro a frefr tortas.
—A usted no hay cosa que le venga, amigo
—dijo—. Sino sé... porque no sé, Y si sé... porque
invento. Pagueme la ginebra y buenas noches.
—jEpa, epa! Se puso nervioso, ahora. Pongale
que le acepto que el gaucho vivié hasta el alba. Y
con eso, gqué?
—4Cémo qué? Con el alba, la Viuda desaparece.
—Ah, bueno... {Solo eso me faltaba oir!
Don. Vargas [Link] billete sobre el mostrador,
le dio la espalda al Rosendo y, cuando llegé a la
puerta, solt6 tal:carcajada que desperté al borra-
cho de Ja ‘mesa ‘del fondo. Rosendo lo maldijo en-
tre dientes, mientras don Vargas subia a su auto
viejo y:se iba.
Que la Viuda persigue a los hombres, a ciertos
hombres; eso es lo que se dice. Y también, que disfru-
ta de espeluznarlos” hasta que los mata de espanto.
2Cauearlee hacer_
60. Iris Rivera
Que los espera en los caminoss en los puentes, Can,
do wuelven a deshoras porque se quedaron Por aby
chupando alcohol y engafiando a la mujer,
La Viuda es una esposa muerta, pero no cual.
quier esposa: Tiene que ser que haya muerto go
odio y dolor por traicion de su hombre. Y que haya
firmado contrato con el diablo.
Su venganza empieza por el marido, apenas ve
que se vaa vivir con la otra. Lo persigue y lo horro-
rizahasta que lo enferma. Hasta que la otra Jo
abandona. Y después se le sigue apareciendo y lo
va secando; lo seca a fuerza de espantarlo. Y queda
seco ahi. Seco.
Después se empieza a dedicar a otros infieles, a
los maridos de otras engafiadas. Busca a una victi-
ma y ya no la deja, Porque el contrato con el diablo
dice que la Viuda no se satisface nunca. Que no se
acaba nunca de vengar.
~Esta noche vuelvo tarde —le dijo don Vargas
asu mujer—.No me esperés despierta, no hace fal-
3En ‘
un momento inoportuno; muy tarde.LaViuda 61
ta. Dorm{ tranquila noms,
Lo que no le dijo fue lo de la chinita de la es-
tancia de Barbosa, que desde hacia unos meses iba
hasta la tranquera cuando habia luria. No le dijo
que lo estaba esperando con el ofdo largo para
pescar el ruido del motor. Eso no se lo dijo, pero
fue. Y estuvo con la chinita y a la vuelta paré en el
bar de Rosendo a tomarse unas cafias y a fumar. A
fumar solo, sin hablar con nadie, y con media son-
tisa debajo del bigote, por la forma tan fresca de
enganar a las dos.
Hacia rato ya que unas nubes espesas habian
tapado la luna y, por momentos, rodaban truenos
lejanos.
Eran pasadas las doce cuando don Vargas se
levanto. Le hizo un saludo a Rosendo tocandose el
sombrero y rumbeé para el auto estacionado en la
puerta. Rosendo le respondié con una mueca.
Don Vargas tenia que atravesar todo el valle pa-
ta llegar a su casa, donde la esposa dormia “tran-
quila només”. Dio arranque al auto y partid.
Y alld iba, entonadito‘ y contento de si mismo,
cuando ve un bulto oscuro al costado de la ruta.
4 Un poco borracho.62 Iris Rivera
Encorvado iba el bulto, caminando. A la luz de los
faros, don Vargas pudo ver que aquello debia so,
una viejita. Y él no era hombre sin alma, no Seftor,
Le dio léstima, a semejantes horas y con la Iluvia a]
caer. Pensarlo y parar el auto fue todo uno,
—Suba, abuelita, que la acerco.
Pero la viejita no contest y siguiéd andando a
pasos cortos.
—Mire, abuela, que se viene la tormenta...
Pero la viejita seguia, cabeza gacha, pasito a pa-
so. Y don Vargas pens: “Bueno, sera cieguita... y
sordita también”. Entonces alzé la voz.
—jEh, abuela! ;La llevo el pueblo! jSe va a mojar!
Pero Ja anciana, nada.
“A la fuerza no Ja puedo llevar’, pens6 don
Vargas, porque él si que sabia tratar a las damas.
“iQue Dios te ayude, vieja loca!” Puso primera y
hasta la vista.
Relampagos cruzados iluminaban los. arboles.
El redoble de truenos ya se ofa sobre las copas. Don
Vargas mir6 atrds por el espejo y pis6 el acelerador.
Cuando volvié a mirar, dud6 de sus ojos. Ahi, aga-
Tada del parante de la ventanilla, estaba la abueli-
a. Se sostenia a duras penas; sabe Dios dénde esta-
ta apoyando los pies. El ancho vestido negro le fla-64 Iris Rivera
meaba hacia atrés. El mantén le cubria |g cabeza,
la cara. .
Si don Vargas hubiera crefdo en la Viuda, no
paraba el auto. Pero no crefa. Cuando pig e fre.
no, la vieja trastabill6 y estuvo a punto casi de ro.
dar por la banquina.
Don Vargas se bajé rapidamente, caballeroso,
y apenas tuvo tiempo de recibirla en brazos cuan.
do ella se solt6. El ropén’ sobre la cara se corrié un
poco, pero no lo bastante.
— Vamos hasta esos eucaliptos —le oy6 decir a
ella con una voz més dulce que uva madura.
Era una voz joven. Don Vargas, al ofrla, co-
menzé a tiritar. No de frio, no de miedo. Tiritaba,
EI monte de eucaliptos estaba ahi, a unos pasos,
Cafan las primeras gotas cuando empezé a cami-
nar conella en brazos. Iba hechizado por esa voz.
Y temblaba sin poder contenerse. No de miedo, no
de frio, Temblaba como las hojas de los eucaliptos.
—Hay un tesoro oculto entre esos arboles... y
&8 para vos —le oy6 decir, melosa, mientras sentia
que le rodeaba el cuello en lo que parecia casi un
abrazo,
5 .
Ropa larga que ca mest.La Viuda 65
Bajo los eucaliptos lo abrazé con mds ternura.
Con més miel fue ajustando el abrazo, Un poco.
Un poco més. Llovia. El mantén se le fue deslizan-
do y dejé al descubierto, a la luz de los faros, laca-
beza.
Don Vargas traté de zafarse. Quiso desviar la
vista o cerrar los ojos. Pero Ja mano firme de la
Viuda lo tom6é del mentén, le levant6é la cabeza
que él agachaba. Y lo obligé a mirarla cara a cara.
Bien de frente.