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Derechos Sociales en Honduras Contenido Grupo 1

Los derechos sociales en Honduras han evolucionado desde un enfoque liberal en el siglo XIX hacia un reconocimiento más integral en la Constitución de 1982, que busca garantizar derechos fundamentales como educación, salud y trabajo digno. Sin embargo, la implementación efectiva de estos derechos enfrenta desafíos significativos, incluyendo la falta de políticas públicas sostenidas y la limitada justiciabilidad en los tribunales. La participación ciudadana y el fortalecimiento del Estado son cruciales para transformar estos derechos en realidades concretas y abordar las desigualdades persistentes en el país.

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Los derechos sociales en Honduras han evolucionado desde un enfoque liberal en el siglo XIX hacia un reconocimiento más integral en la Constitución de 1982, que busca garantizar derechos fundamentales como educación, salud y trabajo digno. Sin embargo, la implementación efectiva de estos derechos enfrenta desafíos significativos, incluyendo la falta de políticas públicas sostenidas y la limitada justiciabilidad en los tribunales. La participación ciudadana y el fortalecimiento del Estado son cruciales para transformar estos derechos en realidades concretas y abordar las desigualdades persistentes en el país.

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DERECHOS SOCIALES EN HONDURAS

Orígenes históricos de los derechos sociales en Honduras

En el siglo XIX, las primeras constituciones de Honduras respondieron a una lógica


liberal que prioriza el reconocimiento de los derechos civiles y políticos, como la libertad
individual, la propiedad privada y la participación política. Estas cartas constitucionales,
heredadas de la tradición europea ilustrada y del pensamiento liberal, concebían al
Estado más como un garante del orden que como un agente activo de justicia social.

Sin embargo, a medida que las desigualdades sociales se profundizaban y que surgían
nuevos movimientos sociales en América Latina como el sindicalismo y los
movimientos campesinos se hizo evidente la necesidad de transformar el papel del
Estado. La Revolución Mexicana (1910) y la Constitución de Weimar (1919) influyeron
profundamente en el pensamiento constitucional latinoamericano, introduciendo la idea
de los "derechos sociales" como una obligación del Estado de promover el bienestar
colectivo.

esta transformación se vio reflejada más tardíamente. Fue en la segunda mitad del
siglo XX cuando comenzaron a consolidarse ciertas nociones de justicia social en el
ámbito jurídico, motivadas por presiones internacionales, movimientos obreros, y el
surgimiento del Estado benefactor.

La evolución normativa y constitucional

La Constitución de la República de 1982 es el documento más importante en la


consagración de los derechos sociales en Honduras. Esta carta magna incorpora
disposiciones que no solo reconocen, sino que también intentan garantizar, derechos
fundamentales como el acceso universal a la educación, la salud pública gratuita, el
trabajo digno y la seguridad social.

Uno de los avances más significativos fue el reconocimiento del principio de


progresividad, implícito en los compromisos internacionales, que obliga al Estado a
avanzar de forma continua en la realización de estos derechos y prohíbe retrocesos
injustificados. A ello se suma el principio de universalidad, que reconoce estos
derechos como inherentes a todas las personas sin discriminación.

Sin embargo, el desarrollo normativo no ha estado acompañado de una


implementación efectiva. El reconocimiento constitucional ha sido muchas veces
simbólico. La falta de políticas públicas sostenidas, la escasez de recursos asignados y
la inestabilidad política han debilitado la capacidad del Estado para traducir estos
derechos en realidades concretas.

La exigibilidad y justiciabilidad de los derechos sociales

Un reto central para la realización efectiva de los derechos sociales en Honduras es su


limitada justiciabilidad. En otras palabras, aunque están reconocidos legalmente, no
todos pueden ser exigidos ante tribunales con la misma fuerza que los derechos civiles
y políticos.

En la práctica judicial, los tribunales tienden a interpretar los derechos sociales como
mandatos programáticos, lo que significa que su cumplimiento depende de la
disponibilidad presupuestaria y de decisiones políticas. Esto ha generado una situación
de desigualdad jurídica, donde ciertos derechos, como el derecho a la propiedad,
gozan de protección inmediata, mientras que otros, como el derecho a una vivienda
digna o a servicios de salud de calidad, son relegados a promesas de largo plazo.

A pesar de ello, existe un marco jurídico internacional que respalda su exigibilidad. El


Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ratificado por
Honduras, establece obligaciones concretas para los Estados en materia de derechos
sociales. Este instrumento internacional, junto con la jurisprudencia del sistema
interamericano de derechos humanos, puede ser utilizado como base para fortalecer la
defensa jurídica de estos derechos.

Reforzar la justiciabilidad implica también fortalecer los mecanismos internos, como el


recurso de amparo, las acciones populares o colectivas, y el rol del Comisionado
Nacional de los Derechos Humanos , para que funcionen como verdaderos medios de
protección frente a la omisión estatal.
El papel del Estado y la política pública en la garantía de los derechos sociales

El cumplimiento de los derechos sociales en Honduras no puede entenderse sin


analizar el rol del Estado como garante activo de estas obligaciones. La realización de
estos derechos exige más que simples enunciados constitucionales requiere una
arquitectura institucional sólida, planificación estratégica y políticas públicas con
enfoque de derechos humanos.

Lamentablemente, en la realidad muchas de las políticas sociales han estado


marcadas por el asistencialismo, con escasa continuidad y poca evaluación de impacto.

La rotación política, el clientelismo y la falta de coordinación interinstitucional


obstaculizan la efectividad de programas que deberían ser universales y sostenibles.

Una política pública orientada a los derechos sociales debe ser transversal, basada en
diagnósticos sociales y económicos, e impulsada con participación ciudadana.
Asimismo, requiere de un sistema tributario progresivo que permita financiar programas
sociales de manera justa y equitativa. El fortalecimiento de la institucionalidad, junto
con la transparencia y rendición de cuentas, es clave para transformar los derechos
sociales en realidades cotidianas.

La participación ciudadana y el control social como herramientas para la


exigibilidad

Una democracia sólida no puede construirse sin la participación activa de la


ciudadanía, especialmente en la defensa de los derechos sociales. La población
hondureña, aunque históricamente excluida de muchos espacios de decisión, ha
demostrado en diversas ocasiones su capacidad de organización y movilización frente
a la injusticia.

La participación ciudadana no debe reducirse al ejercicio del voto cada cuatro años.
Implica la vigilancia constante de las políticas públicas, la exigencia de transparencia, la
denuncia de abusos, y la organización comunitaria para exigir la materialización de los
derechos fundamentales.
En ese sentido, el control social como mecanismo de auditoría ciudadana permite que
los ciudadanos sean parte activa del monitoreo del gasto público, la ejecución de
programas sociales y la protección del interés colectivo. Existen herramientas como los
cabildos abiertos, las veedurías sociales y las instancias de participación en planes
municipales que pueden y deben fortalecerse.

Fomentar una ciudadanía informada, crítica y organizada es indispensable para que los
derechos sociales no sean concesiones del poder político, sino conquistas sostenidas
por una sociedad consciente de su dignidad.

Los desafíos contemporáneos frente a los derechos sociales

En la sociedad hondureña actual, la garantía de los derechos sociales enfrenta


obstáculos estructurales y coyunturales. Entre los más significativos están la pobreza
extrema, la corrupción sistémica, la fragmentación institucional, y el desplazamiento
forzado por razones económicas, políticas y ambientales.

La debilidad del sistema de salud se hizo evidente durante la pandemia de COVID-19,


cuando miles de personas no pudieron acceder a servicios básicos de atención médica.
Lo mismo ocurre en el ámbito educativo, donde la brecha entre las zonas urbanas y
rurales sigue siendo abismal, y el abandono escolar es una problemática persistente.

Además, la crisis ambiental y los efectos del cambio climático como las inundaciones
provocadas por huracanes han afectado a las poblaciones más vulnerables,
evidenciando la ausencia de una política pública integral que garantice derechos como
el acceso a una vivienda digna y a servicios básicos seguros.

En este contexto, los derechos sociales no pueden verse como una carga financiera,
sino como una estrategia de desarrollo nacional. Su protección efectiva es clave para la
construcción de un Estado más equitativo, resiliente y democrático.

Importancia jurídica y social de los derechos sociales


Desde el punto de vista jurídico, los derechos sociales representan el contenido
sustancial del principio de igualdad material. Permiten equilibrar las condiciones de
partida entre individuos, garantizando que las libertades no sean meramente formales,
sino efectivas. En un país con profundas brechas sociales, su cumplimiento no solo
fortalece el sistema democrático, sino que también evita el estallido de conflictos
sociales.

Desde lo social, los derechos sociales constituyen el punto de encuentro entre la


dignidad humana y la acción estatal. Son la vía por la cual se puede erradicar la
pobreza, promover la inclusión, y construir una ciudadanía activa y consciente de sus
derechos. No puede hablarse de desarrollo sostenible ni de paz social en ausencia de
salud, educación, empleo digno y seguridad social para la mayoría de la población.

El fortalecimiento de estos derechos, por tanto, no es solo una tarea jurídica, sino un
compromiso ético y político. Obliga a repensar el rol del Estado, la distribución del
poder económico y el lugar de la ciudadanía en la toma de decisiones públicas.

Conclusión

Los derechos sociales en Honduras constituyen una base esencial para la justicia
social y la democracia sustantiva. Su desarrollo histórico muestra avances importantes
en el plano legal, pero también evidencia profundas carencias en su implementación
práctica. A medida que el país enfrenta nuevos desafíos sociales, económicos y
ambientales, se vuelve más urgente que estos derechos dejen de ser promesas
constitucionales y se conviertan en políticas públicas efectivas, sostenidas y
participativas.

Garantizar los derechos sociales es reconocer que la dignidad humana no puede


limitarse a la libertad individual, sino que exige condiciones materiales mínimas que
hagan posible una vida digna. Por eso, el futuro de Honduras no puede pensarse sin
una transformación estructural que coloque a los derechos sociales en el centro de su
proyecto nacional.
Los derechos humanos son los derechos que tenemos básicamente por existir como
seres humanos; no están garantizados por ningún estado. Estos derechos universales
son inherentes a todos nosotros, con independencia de la nacionalidad, género, origen
étnico o nacional, color, religión, idioma o cualquier otra condición. Varían desde los
más fundamentales (el derecho a la vida) hasta los que dan valor a nuestra vida, como
los derechos a la alimentación, a la educación, al trabajo, a la salud y a la libertad.

La Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General


de las Naciones Unidas en 1948, fue el primer documento legal en establecer la
protección universal de los derechos humanos fundamentales. cumplió 70 años en
2018, sigue siendo la base de toda ley internacional de derechos humanos. Sus 30
artículos ofrecen los principios y los bloques de las convenciones de derechos
humanos, tratados y otros instrumentos jurídicos actuales y futuros.

Podemos encontrar los principales derechos sociales en nuestra carta magna, en la


constitución de la república. Algunos de los artículos sobre los derechos sociales en
diferentes áreas de la vida son los siguientes:

Familia, maternidad e infancia

 Artículo 111: La familia, el matrimonio, la maternidad y la infancia están bajo la


protección del Estado.

 Artículo 112: Se reconoce el derecho del hombre y de la mujer a contraer


matrimonio, así como la igualdad jurídica de los cónyuges.

 Artículo 113: Se reconoce el divorcio como medio de disolución del vínculo


matrimonial.

 Artículo 114: Todos los hijos tienen los mismos derechos y deberes, sin importar
su filiación.

 Artículo 117: Los ancianos merecen la protección especial del Estado.

Derechos de la niñez
 Artículo 119: El Estado tiene la obligación de proteger a la infancia. Los niños
gozarán de la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan por
sus derechos.

Salud

 Artículo 145: El Estado conservará el medio ambiente adecuado para proteger


la salud de las personas. Se declara el acceso al agua y saneamiento como un
derecho humano.

Educación

 Artículo 151: La educación es función esencial del Estado para la conservación,


el desarrollo y la difusión de la cultura; debe orientarse hacia el desarrollo
integral de la persona humana.

 Artículo 152: La educación básica es gratuita y obligatoria.

Trabajo y seguridad social

 Artículo 128: Se reconoce el derecho al trabajo y a condiciones laborales justas.

 Artículo 129: Se garantiza el derecho de sindicalización y huelga.

 Artículo 130: El Estado fomentará políticas para el empleo pleno y productivo.

Situación actual de los derechos humanos en honduras

En febrero, el Congreso nombró a los 15 magistrados de la Corte Suprema que


ejercerán sus funciones por un periodo de siete años. Aunque los congresistas
mantuvieron la práctica de repartir las vacantes proporcionalmente entre los partidos
políticos, esta vez seleccionaron de una lista preparada por una junta nominadora en
base al mérito, lo que supuso un avance en comparación con procesos anteriores. El
Congreso también cumplió con el requisito legal de paridad de género y seleccionó al
primer magistrado afrohondureño en la historia del tribunal.
El gobierno y el secretario general de la ONU se encontraban negociando la creación
de una comisión internacional contra la corrupción y la impunidad, en el marco de un
memorando firmado en diciembre de 2022. Entre julio y octubre, un grupo de expertos
de las Naciones Unidas visitó Honduras en tres ocasiones para evaluar la viabilidad y el
marco jurídico de una comisión.

En julio, el Congreso derogó el decreto 57-2020, que obstaculizaba la obtención de


documentos clave por parte de fiscales en investigaciones por corrupción, y modificó el
decreto 93-2021, que dificultaba la persecución por lavado de activos. En agosto, el
Congreso derogó el decreto 116-2019, que impedía al Ministerio Público investigar el
uso indebido de fondos públicos por parte de congresistas por hasta siete años, a la
espera de una auditoría administrativa.

Gabriela Castellanos, directora del Consejo Nacional Anticorrupción, una organización


independiente creada por ley en 2005 para luchar contra la corrupción, salió de
Honduras en junio tras recibir amenazas luego de publicar un informe sobre nepotismo
en el gobierno. Castellanos regresó al cabo de un mes y continuó denunciando
prácticas corruptas.

En 2018, Óscar Chinchilla fue elegido fiscal general a pesar de no encontrarse incluido
en la lista preparada por una junta proponente, lo que constituyó una violación de la
Constitución. El mandato de Chinchilla finalizó el 31 de agosto de 2023. Una junta
proponente seleccionó a cinco candidatos para sustituir a Chinchilla en un proceso que,
según algunas organizaciones de la sociedad civil, estuvo influido por intereses
políticos. La disputa política continuó en el Congreso, que a octubre no había podido
seleccionar a un nuevo fiscal general.

Defensores de derechos humanos

Entre enero y agosto, 236 defensores de derechos humanos sufrieron hostigamientos,


amenazas o ataques. Al menos 13 fueron asesinados en ese período—mientras que 11
fueron asesinados en todo el 2022—, informó la Oficina del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) en Honduras. El 75 % de
los defensores que sufrieron ataques y más del 90 % de los defensores asesinados
eran defensores del medioambiente y de la tierra.

En enero, los defensores del medioambiente Jairo Bonilla y Aly Domínguez fueron
asesinados en Guapinol, departamento de Colón. Habían recibido amenazas por sus
actividades en defensa de los ríos Guapinol y San Pedro. En junio, Oquelí Domínguez,
hermano de Aly y quien también era defensor del medioambiente, fue asesinado en
Guapinol.

El mecanismo creado por Honduras en 2015 para proteger a periodistas, defensores de


derechos humanos y profesionales del sistema de justicia tiene graves falencias. El
mecanismo carece de autonomía financiera, de personal calificado con experiencia en
derechos humanos y de la confianza de los defensores, quienes temen dar información
personal que pueda acabar en manos de quienes los atacan.

Derechos económicos y sociales

Según los últimos datos oficiales de 2021, cerca del 80 % de los hondureños de las
zonas rurales vivían en condiciones de pobreza, con ingresos inferiores a 7 dólares
diarios, y casi todos ellos en la pobreza extrema, con ingresos inferiores a 4 dólares
diarios.

En marzo de 2023, datos oficiales mostraban que el 14 % de los hondureños no sabía


leer ni escribir. Esta tasa alcanzaba al 31 % entre los mayores de 60 años. Sólo el 56 %
de los niños y niñas de entre 12 y 14 años, y el 29 % de entre 15 y 17, asistía a la
escuela.

Las remesas representaron casi el 8 % de la fuente total de ingresos de los


hondureños, según datos oficiales de marzo de 2023, y el 27 % del Producto Interno
Bruto (PIB) del país, la tasa más alta de América Latina y el Caribe, según datos de
2022 del Banco Mundial.

Seguridad pública y condiciones en centros de detención


Honduras es uno de los países más violentos del mundo, con 3.661 homicidios
reportados por la policía en 2022, una tasa de 38 homicidios por cada 100.000
habitantes. Según Insight Crime, un centro de estudios y medio de comunicación
especializado en crimen y seguridad, Honduras tiene la segunda tasa de homicidios
más alta de América Latina y el Caribe, tras Jamaica. Datos preliminares de la policía
reportan 2.341 homicidios entre enero y septiembre de 2023, un descenso del 16 % en
comparación con el mismo periodo de 2022.

Desde diciembre de 2022, la presidenta Castro decretó el estado de excepción en


distintas áreas del país, incluyendo el distrito central, lo que permite la suspensión de
los derechos a la libertad de asociación y reunión, y a ser informado del motivo de una
detención, entre otros. La OACNUDH en Honduras expresó su preocupación por el uso
recurrente del estado de excepción sin una política integral de seguridad pública
basada en los derechos humanos. El gobierno justificó el estado de excepción sobre la
base de un aumento del crimen organizado.

En junio, se desataron hechos de violencia entre pandillas en una cárcel de mujeres,


con el resultado de al menos 46 muertas. En respuesta, el gobierno de Castro puso las
prisiones bajo control militar, una medida habitual en Honduras sin resultados claros y
que puede incrementar las violaciones de derechos humanos.

En septiembre, las prisiones albergaban a casi 19.000 reclusos, un 72 % más que su


capacidad. Casi la mitad de las personas detenidas se encontraban en prisión
preventiva, según estadísticas oficiales.

Derechos de mujeres y niñas

Según datos de 2021 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe


(CEPAL), Honduras tiene la tasa más alta de femicidios—definido como “el hombre que
mata a una mujer en el marco de relaciones desiguales de poder entre hombres y
mujeres”—de América Latina. El Centro de Derechos de Mujeres, una organización no
gubernamental hondureña que monitorea informes de medios, contabilizó 317
femicidios entre enero y septiembre de 2023.
El aborto es ilegal en Honduras en todas las circunstancias, y se prevén penas de
hasta seis años de prisión para quienes se sometan a abortos y para quienes los
practiquen. En marzo, los recién nombrados magistrados de la Corte Suprema
confirmaron una sentencia anterior que rechazaba el argumento de que la prohibición
era inconstitucional.

En marzo, el Congreso aprobó una ley que promovía y garantizaba la educación sexual
integral para prevenir los embarazos adolescentes. Tras una fuerte reacción de grupos
conservadores, la presidenta Castro anunció en julio que había vetado la ley.

En marzo, la presidenta Castro firmó un decreto ejecutivo que puso fin a la prohibición
en el país del uso y la venta de anticoncepción de emergencia.

Migración, asilo y desplazamiento interno

Entre enero y septiembre, el gobierno mexicano reportó que 31.055 hondureños


solicitaron asilo en México, sólo superados por los haitianos. Muchas más personas
continúan el trayecto hacia los Estados Unidos. Los migrantes enfrentan serios riesgos
durante el viaje, incluyendo secuestros, robos y discriminación.

Según el gobierno de Honduras, entre enero y julio 32.727 hondureños, de los cuales
un 12 % eran niños y niñas, fueron repatriados de forma forzosa, más de la mitad de
ellos desde los Estados Unidos y más de un tercio desde México.

Entre enero y septiembre, 340.611 migrantes ingresaron a Honduras sin la


documentación adecuada o sin seguir los procedimientos establecidos, más que en
todo 2022. Más del 45 % de ellos eran venezolanos, seguidos de cubanos,
ecuatorianos y haitianos, cada uno representando más del 10 % del total.

En marzo, la presidenta Castro promulgó una ley para reforzar la ayuda gubernamental
a las comunidades e individuos víctimas de desplazamiento interno. La violencia de
pandillas y las violaciones de derechos humanos causaron el desplazamiento interno
de unas 191.000 personas entre 2004 y 2018, según los últimos datos más completos
del gobierno.
Orientación sexual e identidad de género

Las personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT) en Honduras


continúan sufriendo un alto grado de violencia y discriminación en todos los aspectos
de su vida, lo que empuja a algunas a abandonar el país. Cattrachas, una organización
hondureña que monitorea información publicada por medios de comunicación,
contabilizó 40 asesinatos por orientación sexual e identidad de género entre enero y
octubre de 2023.

Honduras ha incumplido medidas clave que la Corte Interamericana de Derechos


Humanos ordenó en un fallo de 2021 por el asesinato durante el golpe militar de 2009
de Vicky Hernández, una mujer transgénero. Las medidas incluían la creación de un
protocolo de investigación penal para casos motivados por prejuicios anti-LGBT y de un
procedimiento mediante el cual las personas trans pudieran cambiar su nombre y
género en documentos oficiales para reflejar su identidad de género. A octubre de
2023, ni el protocolo ni el procedimiento se habían creado.

Derechos de personas con discapacidad

Las deficiencias en la infraestructura pública, las dificultades para acceder a un puesto


de trabajo, el maltrato en los servicios de transporte público y el escaso acceso a
información forman parte de las barreras a las que se enfrentan las personas con
discapacidad en Honduras, según un informe de la Defensoría del Pueblo de 2022, que
estima que el 14 % de los hondureños tiene algún tipo de discapacidad física,
sensorial, intelectual o psicosocial.
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10. Naciones Unidas – Comité DESC. (2000). Observación General Nº 14: El
derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud. Recuperado de:
https://www.refworld.org/docid/47c9b0202.html

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