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de Órganos
¿Qué es?
La Ley General de Salud (LGS) indica que la
donación es el consentimiento de una persona para
que, en vida o después de su muerte, cualquier
órgano o tejido de su cuerpo sea utilizado para
trasplantes.
La mayoría de las donaciones de órganos y tejido
ocurre cuando el donante fallece. Pero algunos
pueden ser donados en vida
¿Cómo puedes ser un donador?
En la LGS se contempla que todos los mexicanos somos donadores de órganos o
tejidos (consentimiento tácito), por lo que si decides dar vida después de la muerte y
convertirte en un donador, lo más importante es que tu familia lo sepa, para que en
ese momento en que un familiar fallece, que es el más difícil para cualquier persona,
tomar esta decisión y autorizar la donación no le resulte tan doloroso.
También puedes manifestar tu voluntad firmando tu tarjeta de donador voluntario, o
el consentimiento expreso que emite el Centro Nacional de Trasplantes; sin embargo
aun teniendo estos documentos tu familia es la que tiene la última palabra para
autorizar la donación, por lo que es sumamente importante que ellos estén enterados.
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¿Qué tipo de donaciones hay?
En vida: Las personas entre 18 y 65 años, después de pasar una serie de estudios
médicos y psicológicos, pueden donar un riñón, un segmento del hígado y
médula ósea, con la finalidad de no poner en riesgo su salud. Además de
cumplir con los siguientes requisitos que indica la Ley:
• Tener compatibilidad con el receptor del trasplante
• Recibir información completa sobre los riesgos de la operación y las
consecuencias de la extracción del órgano o tejido
• Haber otorgado su consentimiento por escrito
• Los trasplantes se realizarán de preferencia, entre familiares; en caso contrario
deberá otorgar su consentimiento ante Notario Público en un documento en el
que manifieste que donará de manera gratuita, altruista, libre y consiente.
Después de la muerte: Pueden ser donantes los pacientes entre 2 y 70 años que
hayan perdido la vida por muerte encefálica, de quienes se obtienen órganos
(corazón, pulmones, hígado, páncreas, intestino, riñones) o tejidos (córneas,
músculo, hueso y piel); también podrán donar tejidos aquellos pacientes que
murieron por un paro cardiaco irreversible; en ambos casos se realizan los
estudios necesarios para asegurarse de que los órganos y tejidos son viables
para beneficiar a los receptores, ya que no todas las personas que fallecen
pueden ser donadores y hay que cerciorarse de que no transmitan infecciones
o cáncer.
La muerte encefálica es la pérdida irreversible de las funciones del cerebro, lo
que significa que un ser humano muere; sin embargo, sus órganos y tejidos
pueden mantenerse funcionando mediante ventilación mecánica artificial y
medicamentos para que puedan ser donados.
La LGS indica que una vez certificada la pérdida de la vida, algún familiar
(esposo, hijos, padres o hermanos) deberá autorizar por escrito la donación, y
que en aquellos casos en donde la muerte se encuentre relacionada con un
delito, se solicitará la autorización del Ministerio Público.
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Bioética
La bioética es un instrumento de conocimiento que nos ayuda a sortear todo
tipo de cuestiones, a analizarlas en profundidad, reflexionando sobre ellas, y
buscar auténticas salidas morales que, por serlo, nunca son definitivas ni
únicas, sino variables y plurales. La bioética intenta conseguir este objetivo
mediante la reflexión moral, esto es, mediante un análisis que pretende la
comprensión libre de prejuicios de una cuestión, de sus condiciones o de sus
consecuencias, la evaluación de las acciones posibles y de las que no lo
son, la deliberación y la decisión, provistas de sus justificaciones a veces
plurales, a veces incompletas.
El marco ético para analizar estas cuestiones se fundamenta en tres pilares
básicos que deben impregnar tanto la práctica sanitaria como su análisis
ético:
1. La idea que mantiene que las personas no somos sólo medios sino que
también somos fines en nosotros mismos y que por ello tenemos
dignidad y no precio.
2. La convicción de que el fin no justifica los medios sino que, al revés,
muchas veces son los medios los que justifican y hacen buenos los
fines.
3. La defensa de que todos los seres capaces de comunicación
lingüística deben ser reconocidos como personas, puesto que en
todas sus acciones y expresiones son interlocutores virtuales y la
justificación ilimitada del pensamiento no puede renunciar a ningún
interlocutor y a ninguna de sus aportaciones virtuales a la
deliberación.
Para el análisis de los problemas éticos se propone seguir la metodología
que aplica los cuatro principios ya clásicos de la bioética: a) la justicia, esto
es, la distribución equitativa de las cargas y los beneficios de nuestras
acciones; b) la no maleficencia, la obligación de no hacer daño o, si éste
es necesario, que sea el mínimo necesario para conseguir el fin propuesto,
que debe ser siempre un bien superior al daño causado; c) la autonomía, el
obligatorio respeto de las decisiones nacidas de la libre voluntad de las
personas, y d) la beneficencia, el compromiso de hacer el bien.
Hay algo muy claro y que resulta llamativo en el mundo del trasplante. Es
precisamente la necesidad que los ciudadanos han sentido de promulgar
leyes que lo regulen. No ocurre lo mismo con la casi totalidad del resto de
las intervenciones sanitarias o los actos médicos que están sujetos a las leyes
generales de las relaciones interpersonales en sociedad, pero no a leyes
especialmente referidas a ellos. Esta necesidad se deriva del hecho
fundamental de que la consecución de un órgano para trasplante a un
receptor es mediante la extracción de dicho órgano de otra persona, el
donante, esté éste vivo o muerto. La existencia de dos personas
contrapuestas para la posibilidad de realización del trasplante es el motivo
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que da origen a dicha legislación. Y es la razón por la que surgen cuestiones
morales alrededor del trasplante. Porque el donante vivo tiene intereses
legítimos que deben ser respetados escrupulosamente, y aunque el donante
cadáver no tiene intereses, nosotros sí tenemos obligaciones de respeto
hacia ellos.
Partiendo de la existencia de niveles entre principios, debemos asegurar de
entrada que la práctica del trasplante respeta estrictamente el principio de
justicia. Esto es, que no habrá discriminación injusta alguna, que se
garantizará la igualdad de oportunidades entre las personas a la hora de
determinar quién es o quién puede ser donante, y exactamente igual, quién
es o quién puede ser receptor. Para ello se debe redactar y consensuar
protocolos y guías clínicas que recojan las cuestiones médicas y sociales
necesarias para especificar con claridad las características de los donantes
y el proceso de su selección, así como las de los receptores y su proceso de
selección y, finalmente, las de la distribución de órganos.
Para respetar el otro principio del primer nivel, el de no maleficencia, en el
caso de que el donante sea un donante cadáver, se debe especificar con
claridad y concisión el proceso de determinación diagnóstica de la muerte
encefálica y vigilar su estricto cumplimiento. Se debe asegurar, además, que
la donación respeta la voluntad expresada en vida por el paciente y parece
aconsejable éticamente preguntar a sus familiares al respecto (aunque una
lectura estricta de la ley permitiría la extracción de los órganos si el fallecido
no hubiera hecho constar lo contrario de manera fehaciente en vida). Esta
indagación, que de alguna forma se puede entender como solicitud de
consentimiento, está moralmente indicada porque, a pesar de que a veces
los familiares deniegan el permiso para la extracción y no se consiguen todos
los órganos, su realización refuerza los valores comunitarios de la solidaridad
y el altruismo y ayuda a las familias a superar el dolor de la pérdida de un ser
querido. En el caso de donante vivo, se debe asegurar que la donación es
fruto de una voluntad libre, consciente, conocedora de los riesgos en que
incurre por el hecho de donar y no presionada ni económica ni socialmente.
No hacerlo así sería maleficente para el donante, además de injusto.
Respetar el principio de justicia obliga también a no hacer publicidad de la
necesidad del trasplante concreto. Esto es, a no difundir la necesidad que
una persona tiene de un órgano concreto, cuestión que ha de mantenerse
en el anonimato y la confidencialidad. Como anónimo y confidencial debe
ser también el nombre del donante y el del receptor, para evitar, entre otras
cuestiones, la posibilidad de presiones indebidas desde la familia del
donante hacia el receptor. En la donación de vivo, casi por definición, o al
menos por sus propias características casi siempre, este carácter de
confidencialidad y anonimato no existe.
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de Órganos
¿Qué es?
El tráfico de órganos es una de las actividades
criminales más lucrativas. Consiste en la
extracción, venta y compra ilícita de órganos,
tejidos y componentes de personas vivas o
cadáveres.
¿En qué consiste?
El tráfico de órganos consiste en la venta, donación y transporte de
órganos con el fin de obtener un beneficio económico, ya sea que el
pago sea realizado por la persona a quien se le realizará el trasplante o
el beneficio que se obtenga por parte de miembros de las organizaciones
delictivas que estén bien estructuradas para la obtención ilegal de los
órganos que serán vendidos a hospitales o médicos que realizan los
trasplantes clandestinamente.
La definición que presenta el gobierno mexicano establece dos tipos de
tráfico de órganos:
• El primero es producto del hurto de los órganos por parte de
organizaciones criminales, mientras que
• El segundo hace referencia a la disposición de una persona a
vender sus órganos a cambio de un beneficio económico.
Respecto a este último, cabe mencionar que algunas regiones del
mundo tienen una mayor cantidad de personas que participan
voluntariamente de ese tráfico, de tal manera que en estos lugares se
promueve el conocido turismo de órganos.
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Descargado por Mayra Cuenca (
[email protected])
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de la Enfermedad
La historia natural de la enfermedad describe la evolución de la misma,
sin intervención médica, desde antes de que ésta se inicie (interacción
entre el individuo y su ambiente biopsicosocial), hasta su resolución en
recuperación, cronicidad o muerte.
En la historia natural se distinguen los períodos pre-patogénico (o período
de riesgo) y patogénico; este último se inicia con una etapa preclínica,
caracterizada por cambios bioquímicos y tisulares, sin síntomas ni signos
propios de la condición patológica. Le sigue la etapa clínica que es
aquella con la cual el médico clínico habitualmente se contacta.
Desde el punto de vista de la salud colectiva, se ha demostrado que
mientras más precozmente se aborden los problemas a lo largo de esta
historia natural, más efectivas y de menor costo serán las intervenciones
a nivel colectivo. Una forma de ordenar las intervenciones colectivas, útil
para la mayor parte de los problema de salud, es vincularlas a la historia
natural de la enfermedad.
Clásicamente se han descrito 3 niveles de prevención (Leavell y Clark),
cada uno con estrategias de intervención propias: primario (asociado al
período pre-patogénico), secundario y terciario (correspondientes al
período patogénico).
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Niveles de Prevención
1.-Nivel de prevención primario (periodo pre-patogénico): Acciones
individuales o comunitarias orientadas a la población con el fin de reducir
la incidencia de cierta enfermedad, para esto se debe actuar en
disminuir los factores de riesgo.
• Promoción de la salud: control de los determinantes en población
presuntamente sana.
• Protección específica o prevención de la enfermedad: también en
población presuntamente sana pero orientada a evitar problemas
específicos de salud.
2.-Nivel de prevención secundario (periodo patogénico): dirigida a la
población presuntamente sana y/o en etapas iniciales de enfermedad,
incluye:
• Diagnóstico precoz y tratamiento oportuno: búsqueda
intencionada en población general presuntamente sana o en
grupos de alto riesgo y consecuente tratamiento. IMPORTANTE: no
modifica la incidencia real de la enfermedad.
• Limitación de la incapacidad: tratamiento de la enfermedad en
sintomáticos para acortar la enfermedad y evitar complicaciones y
secuelas.
3.-Nivel de prevención terciario (periodo patogénico):Medidas
destinadas a reducir en el largo plazo las consecuencias de la
enfermedad, dirigida a enfermos avanzado, convalecientes o
discapacitados. Incluye:
• Tratamiento
• Rehabilitación
• Prevención de la discapacidad
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