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Ficha de Cátedra 1

El documento aborda la necesidad de actualizar el concepto de 'lo rural', desafiando visiones simplificadas que lo oponen a lo urbano y promoviendo una comprensión más compleja y heterogénea de los espacios rurales. Se propone ofrecer herramientas teóricas a docentes para revisar y enriquecer sus ideas sobre la ruralidad, considerando las transformaciones y vínculos con lo urbano. Además, se enfatiza la importancia de reconocer la diversidad de actividades y actores en los espacios rurales, así como la necesidad de políticas públicas que reflejen esta complejidad.

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Ficha de Cátedra 1

El documento aborda la necesidad de actualizar el concepto de 'lo rural', desafiando visiones simplificadas que lo oponen a lo urbano y promoviendo una comprensión más compleja y heterogénea de los espacios rurales. Se propone ofrecer herramientas teóricas a docentes para revisar y enriquecer sus ideas sobre la ruralidad, considerando las transformaciones y vínculos con lo urbano. Además, se enfatiza la importancia de reconocer la diversidad de actividades y actores en los espacios rurales, así como la necesidad de políticas públicas que reflejen esta complejidad.

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Concepciones actualizadas sobre las ruralidades

Ficha de Cátedra Nº1

La propuesta para esta clase es poner en tensión el concepto de “lo rural”. Actualizar el
análisis de los espacios sociales rurales a partir de distintos enfoques, de modo de
habilitar la discusión en torno a las visiones simplificadas sobre lo urbano y lo rural y
propiciar la reflexión sobre la heterogeneidad de las múltiples situaciones y la
complejidad de las interacciones y vínculos.

¿Qué nos proponemos?


Brindar a los y las docentes herramientas teóricas que les permitan revisar las ideas
adquiridas acerca de “lo rural”, confirmarlas, enriquecerlas o alcanzar nuevas miradas.

Contenidos
● La heterogeneidad de los espacios sociales rurales.
● Cambios y permanencias en los espacios sociales rurales y sus vínculos con los
espacios urbanos.
● Distintos enfoques para la definición de la ruralidad

Presentación
En esta primera clase discutiremos alrededor de las miradas sobre “el campo y la ciudad”
que definen a estos espacios como territorios con dinámicas opuestas, separadas y
excluyentes, y que en tanto dicotómicas, establecen dos polos -lo urbano y lo rural-,
desconociendo las múltiples situaciones que se dan entre estos.

SI aceptáramos la existencia de esos dos extremos, podríamos considerar dos tipos de


escuelas: las urbanas localizadas en los espacios urbanos, las rurales, localizadas en los
espacios rurales. Una escuela de ciudad, otra del campo. En cambio, la sola observación
de unas cuantas instituciones pone en evidencia la insuficiencia de la perspectiva
polarizada.

Definir “lo rural” como opuesto a “lo urbano'', no permite advertir otros fenómenos que
acontecen en los espacios rurales ni da cuenta de los vínculos existentes con los espacios
urbanos. Lo mismo sucede con las escuelas.

Algunos autores sostienen que la dicotomía urbano - rural puede ser explicada desde el
proceso mismo de constitución de las ciencias sociales a fines del siglo XIX. Teniendo en
cuenta el contexto de transformaciones políticas, económicas, sociales y tecnológicas
propias de la Revolución Industrial se expresa una necesidad desde el campo científico
de dar respuestas distintas a los problemas que presenta la realidad. De esta manera
surgen campos definidos de conocimiento dentro de las ciencias sociales. Siguiendo a
Bernardo (2019), la Sociología toma como objeto de estudio a la sociedad de la gran
ciudad asociada a la modernidad, mientras que como contracara, el interés por las
comunidades rurales se constituye en el objeto de estudio de la Antropología. Desde la
perspectiva de la autora, esta distribución de campos de estudio contribuye a explicar
el origen de la oposición entre lo urbano y lo rural, y cómo esto fue configurando desde
el inicio no sólo la agenda de las Ciencias Sociales sino también las categorías utilizadas
desde los estados para clasificar a la población y los territorios.

De esta manera, en extremos opuestos se fueron naturalizando las concepciones de


estos espacios sociales de manera homogénea. Como si todos los espacios urbanos
fueran iguales entre sí, y todo el contexto rural uno y único. Igualmente naturalizada
está la mirada sobre las escuelas: en las ciudades la escuela es urbana y así se expresa
como si fuera suficiente contener a todas las escuelas en esa expresión y en el campo la
escuela es rural.

Entonces, en primer lugar, resulta imperioso revisar los criterios tradicionales utilizados
para caracterizar estos espacios ya que consideramos que hoy resultan insuficientes
para dar cuenta de la diversidad de actividades económicas, sociales y culturales que se
desarrollan y la multiplicidad de actores que entran en juego.
El análisis de lo rural implica tener en cuenta distintos imaginarios, unos más arraigados
y otros más recientes.

En el primer caso se ubica lo rural en oposición a lo moderno y desarrollado,


características que se atribuyen a los espacios urbanos. En el otro extremo encontramos
las miradas idílicas que asocian lo rural a la tranquilidad, el silencio y la protección frente
a los ritmos vertiginosos de la vida en las ciudades.

Entre ambos imaginarios, adherimos a una visión más compleja que entiende a lo rural
como un espacio atravesado por profundas transformaciones y caracterizado por
vínculos cada vez más estrechos con las ciudades (económicos, sociales, culturales) y
por el despliegue progresivo de diversas actividades que no siempre son agropecuarias.

Considerar esta manera estática en que se ha entendido lo rural es relevante,


especialmente por las consecuencias que dicha comprensión tiene en las decisiones
sobre esos espacios. Por un lado las de política pública en general y las políticas
educativas en particular, y también en las disposiciones de las personas que configuran
sus proyectos de vida con base en lo que creen que es posible o no en el lugar donde
habitan.

Aquí radica la importancia de discutir con estas posturas ya que ocultan la riqueza de lo
diverso y limitan las decisiones que contemplan las particularidades de cada territorio y
por ende de cada escuela.

De la dicotomía a la interacción.

Para comenzar a desarmar esta idea homogeneizadora de lo rural y evitar el riesgo de


ignorar las diferencias y particularidades de cada espacio, siguiendo a Cragnolino (2004)
utilizaremos el concepto de espacio social rural. La perspectiva que contempla tal
concepto reconoce las particularidades del ámbito social en que los actores e
instituciones -entre ellos la escuela- se inscriben y las relaciones que se establecen. La
mirada de los espacios hace referencia al cambio más que a la permanencia, a la
discontinuidad y a las posibles fracturas más que a la continuidad.
La autora define al espacio social rural como:
“...el sistema de posiciones constituidas históricamente, definidas a partir
de los recursos que disponen los actores, en tanto sujetos sociales, que
suponen relaciones entre esas posiciones. Se trata de una sociedad
diferenciada, que no forma una totalidad única integrada por funciones
sistemáticas y una única cultura común. Por el contrario, se reconoce la
diferencia, la desigualdad y la lucha por el control de los recursos
individuales y sociales…” (Cragnolino,2004)

En esta línea es posible afirmar que los espacios rurales y urbanos, en tanto
construcciones sociales, han estado sujetos a transformaciones, constituyéndose en las
tramas que permiten comprender las prácticas y las representaciones de los sujetos, las
relaciones entre estos y con las instituciones. Estos procesos afectan a la escuela como
constituyente de esa misma realidad y se actualizan en los sujetos que viven y actúan en
estos ámbitos, en las relaciones que mantienen entre sí y con el conjunto de las
instituciones, entre ellas las educativas, y las organizaciones locales.

“Las imágenes e ideas acerca del campo que se ofrecen hoy en muchas
propuestas de enseñanza no se diferencian demasiado de aquellas que los
textos escolares mostraban unas cuantas décadas atrás. Sin embargo, ese
campo, que se presenta de un modo genérico y estático, tienen poco que
ver con las realidades de los mundos rurales, diversos, desiguales y en
transformación” (Villa y Zenobi; 2012)

Como venimos señalando, las versiones tradicionales de la ruralidad definen a lo rural


“por defecto”, por lo que expresa de menos, en relación con lo urbano y plantean una
fuerte dicotomía entre ambos contextos. Según estos planteos, lo rural se caracterizaba
por un escaso desarrollo tecnológico, por el mundo del trabajo ligado exclusivamente a
lo agropecuario, por sectores de baja densidad de población relativamente aislados, por
grupos sociales homogéneos en sus aspectos culturales, por disponer de bajas
condiciones de bienestar. Desde esta mirada, se desvalorizaba lo rural, quedando lo
urbano del lado del progreso. Este enfoque de lo rural como opuesto a lo urbano no da
cuenta de otros fenómenos que definen a los espacios rurales y vuelven borrosos los
límites entre ambos contextos. La emergencia de nuevos escenarios territoriales pone
en jaque la polaridad campo/ciudad. Ejemplo de ello es la multiplicidad de actividades
que se desarrollan en espacios rurales hoy en día, que explican en gran medida el
aumento de la demanda y la valoración de estos espacios, así como del intercambio
entre quienes viven allí y los pobladores que habitan los espacios urbanos.

El análisis de las dinámicas económico-productivas de los últimos años propone también


deconstruir las concepciones que vinculan al desarrollo con el crecimiento económico y
que tiende a emparentarse con la idea de un progreso desde los espacios rurales
“atrasados”, hacia la urbanización y la modernización (Gómez, 2001).

El desarrollo de actividades no agropecuarias como industrias y servicios; la creciente


diversidad de ocupaciones de la población rural, incluso en actividades no agrarias como
por ejemplo en la prestación de servicios informáticos, en la producción de artesanías,
en la construcción, en turismo; la revalorización del campo como un lugar de residencia
permanente o temporaria; la creciente preocupación por el tema ambiental y el
desarrollo de prácticas orientadas a la sostenibilidad ambiental; el avance de la
biotecnología en materia de productos agrarios; la mayor integración de la cadena agro
productiva y comercial con organizaciones instaladas tanto en el ámbito rural como en
las ciudades y pueblos, e incluso en el extranjero; la extensión de las comunicaciones en
sectores aislados geográficamente… son solo algunas de las características de muchos
espacios sociales rurales que, actualmente, evidencian las transformaciones de las
últimas décadas.

Otra de las posturas tradicionales para la definición de estos espacios es aquella que
intenta caracterizar a “lo rural” como un espacio homogéneo donde se desarrollan
actividades ligadas exclusivamente a la producción primaria. Frente a esta visión
sectorial de lo rural, es posible identificar diferentes territorios, algunos en los que las
actividades primarias se sostuvieron o han sufrido distintas transformaciones, así como
otros en los que las actividades secundarias y de servicios han cobrado un importante
papel.

A modo de ratificación, compartimos el caso planteado por Villa y Zenobi (2012) que se
plantea a modo de ejemplo para avanzar en el análisis
Hace una década, la Colonia Carlos Pellegrini era una pequeña localidad rural conocida
por unos pocos. Actualmente, se ha transformado en un centro de atracción turística
tanto nacional como extranjera. Las revistas especializadas le dedican anualmente
algunas páginas e incluso programas de televisión han abordado sus bellezas
naturales, así como los conflictos entre los actores vinculados al turismo y aquellos
dedicados a la producción arrocera.

En este nuevo contexto, desde hace aproximadamente diez años, se observa cómo año
tras año se amplía la oferta hotelera y de servicios turísticos en Pellegrini, al tiempo
que se mejoran aquellos dirigidos a la población local, como la creación de una escuela
de nivel medio y la mejora de la Sala de Primeros Auxilios. Inicialmente, los inversores
eran externos, provenientes de ciudades como Corrientes, Córdoba y Buenos Aires, con
emprendimientos orientados principalmente al turismo extranjero. En los últimos años,
algunos pobladores locales han construido hosterías económicas destinadas al turismo
nacional, gracias al apoyo municipal. La comunidad ha observado el aumento de
turistas que llegan a la Colonia y, como consecuencia, la diversificación de las
oportunidades laborales. Además, el gobierno municipal ha comenzado a orientar y
regular la actividad turística, creando reglamentaciones para la construcción de
viviendas e infraestructura hotelera, y capacitando a los pobladores para aumentar el
número de guardaparques y guías de turismo.

Esta descripción que pone de manifiesto la convivencia de muy diversas situaciones,


implica una visión ampliada de “lo rural” que no desconoce la importante incidencia que
siguen teniendo las actividades productivas vinculadas a la agricultura, la ganadería, la
forestación, la pesca y la minería; pero al mismo tiempo evidencia el progresivo avance,
en algunos territorios, de otras actividades -como en este caso el turismo-, generadoras
de empleo y que resultan estructurantes de la vida en el campo.

La comprensión de esta realidad compleja y heterogénea obliga a repensar también a


los múltiples actores (habitantes, organizaciones, instituciones, empresas, etc.) que viven y
se vinculan en dichos espacios. En los últimos años el desarrollo en los espacios rurales
de nuevas actividades productivas -a la vez que se intensificaron algunas que en el
pasado eran consideradas marginales- produjo cambios en los mercados laborales
rurales y urbanos. Los trabajadores rurales siempre tuvieron un alto nivel de
movimiento por la estacionalidad de las producciones agropecuarias lo que los lleva
generalmente a combinar distintos trabajos a lo largo del año, desarrollando lo que se
conoce como multi-ocupación.
Como venimos planteando hasta aquí, los espacios sociales rurales no son homogéneos,
ni estáticos, sino que son construcciones sociales y que es posible “estudiarlos”
utilizando un conjunto de categorías o variables teóricas.

Para pensar…

¿Qué característica reconocen como singularidad del espacio social rural


en el que trabajan? ¿Qué imagen o imágenes elegirían para “mostrarla” a
los colegas?

Una aproximación a la definición de los espacios rurales


Siguiendo a Bernardo (2019) planteamos que existen diversas definiciones de los
espacios rurales y urbanos. Algunas de ellas responden a los criterios establecidos por

os organismos de estadística de cada país – en nuestro país, actualmente el Instituto


Nacional de Estadística y Censos (INDEC)-. La autora distingue entre las definiciones que
se basan en criterios cualitativos y aquellas que prefieren utilizar criterios cuantitativos.
En este sentido, entre los criterios cualitativos utilizados para definir estos espacios se
incluyen: la existencia de funciones administrativas; la provisión de determinados
servicios; el estatus jurídico de ciudad o la presencia de “características urbanas”.
Mientras que, entre los criterios cuantitativos, se destacan el número de habitantes por
localización y la densidad de población.

Acerca de los enfoques vigentes

Revisemos, en nuestro país, cuáles son algunos de los enfoques cuantitativos y


cualitativos que se utilizan -con sus ventajas y limitaciones- y que aportan herramientas
para definir y analizar los espacios rurales.

● Enfoque demográfico
● Enfoque sectorial
● Enfoque territorial
En línea con lo expuesto hasta aquí y a los fines de construir visiones más
amplias de lo rural nos adelantamos a decir que: definir a los espacios
sociales rurales tanto desde el enfoque demográfico como desde el enfoque
sectorial presenta ciertas limitaciones para comprender las dinámicas y
transformaciones propias de cada contexto.

En la Argentina, el criterio demográfico se ha utilizado históricamente y es el empleado


actualmente por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) para la definición
de los espacios rurales. Dicho criterio establece la cantidad de población como pauta
para definir la condición de ruralidad: aquellas poblaciones que no superan los 2000
habitantes son rurales, mientras que los asentamientos con una población mayor a ese
límite se definen como urbanos. Adicionalmente, plantea una diferenciación según la
localización: la población rural agrupada es aquella que habita en localidades, pueblos y
parajes con menos de 2.000 habitantes, mientras que la población rural dispersa está
conformada por las personas que residen en campo abierto, sin constituir centros
poblados.

Por otra parte, el enfoque sectorial se limita a caracterizar los espacios rurales casi
exclusivamente en función de las actividades económicas y se reducen a las que se
desarrollan en el sector agrario. En este sentido, define a los espacios rurales como
aquellos donde se realizan principal (y casi exclusivamente) actividades de producción
primaria, ligadas a lo agropecuario.

Estos dos enfoques resultan insuficientes para comprender las muy distintas situaciones
que tienen lugar y para identificar las particularidades de las poblaciones que habitan
en los muy diversos espacios sociales rurales de nuestro país. Para llegar a reconocerlas
amerita que sea posible aproximarse a las dimensiones ambientales, culturales,
políticas, históricas que convergen en cada espacio rural y que le otorgan especificidad.
Es decir, son enfoques que carecen de capacidad explicativa para abordar integralmente
los espacios rurales desde las distintas dimensiones que se ponen en juego. El contexto
rural es un espacio polisémico, donde se desarrollan múltiples actividades, donde
habitan grupos sociales diversos, con estrategias de vida o de supervivencia variadas. De
allí que, en este marco y actualmente, resulta pertinente referir a estas múltiples y
diversas realidades en plural, como “ruralidades”.

Por ello, en la próxima clase presentaremos una alternativa diferencial para el análisis
de los espacios rurales, se trata de considerar el enfoque territorial profundizando la
mirada sobre la noción de territorio y los principales rasgos y dimensiones para
explicarlo.

En síntesis, una definición universal de “lo rural” parece poco adecuada; la


caracterización de lo rural como categoría residual de lo urbano
desvaloriza el desarrollo del propio contexto; la remisión a lo natural, sano,
ausente de tensiones plantea una mirada reduccionista y bucólica del
ámbito rural. Es necesario entonces renovar la interpretación de la
ruralidad teniendo en cuenta las variadas dinámicas que se desarrollan en
los diferentes territorios atendiendo a las particularidades históricas,
sociales, culturales, ambientales e institucionales.
Bibliografía

● BERARDO, M. (2019); “Más allá de la dicotomía rural-urbano”. Quid 16 Nº11


Revista del Área de Estudios Urbanos del Instituto de Investigaciones Gino
Germani de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
ps://[Link]/bitstream/handle/11336/122831/CONICET_Digital_Nr
o.f5c0adbe-17bd-4574-a572-b6c30019d7ae_A.pdf?sequence=2&isAllowed=y

● CRAGNOLINO, E; LORENZATTI, Ma. del C. (2002) “Formación Docente y Escuela


Rural. Dimensiones para abordar analíticamente esta problemática”. En la
revista Páginas, Año 2, Nº 2 y 3, Escuela de Ciencias de la Educación, Facultad
de filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba, Narvaja Editor,
Córdoba. Págs. 63-76.
[Link]

Bibliografía de Referencia

● CRAGNOLINO, E. (2004). “Escuela, maestros y familias en el espacio social rural


tulumbano”. En Revista ETNIA, nº 46-47 -Instituto de Investigaciones
Antropológicas, Olavarría.

● GOMEZ, Sergio (2001): “¿Nueva ruralidad? Un aporte al debate” Trabajo


publicado en Estudos Sociedade e Agricultura, v. 9, n. 2 año 2013.
[Link]

● Villa, A. y Zenobi, V. (2012) “Enseñar sobre los mundos rurales hoy:


complejidad, cambios y simultaneidades,” Sociales y escuela.
[Link]

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