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Sem 14 08

En la lección del seminario de 1966-1967, se profundiza en el concepto de alienación en relación con la obra de Freud y la función del Otro en el psicoanálisis. Se argumenta que el pensamiento inconsciente no sigue las reglas de la lógica y que la experiencia freudiana revela la complejidad del sujeto en su relación con lo real. Además, se critica la confusión entre el Otro nutricio y el Otro sexual, enfatizando la necesidad de restablecer el estatuto del Otro como lugar de la palabra para una comprensión adecuada del deseo y la verdad en el análisis.

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En la lección del seminario de 1966-1967, se profundiza en el concepto de alienación en relación con la obra de Freud y la función del Otro en el psicoanálisis. Se argumenta que el pensamiento inconsciente no sigue las reglas de la lógica y que la experiencia freudiana revela la complejidad del sujeto en su relación con lo real. Además, se critica la confusión entre el Otro nutricio y el Otro sexual, enfatizando la necesidad de restablecer el estatuto del Otro como lugar de la palabra para una comprensión adecuada del deseo y la verdad en el análisis.

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La lógica del fantasma, seminario de 1966-1967

LECCIÓN 8
18 de enero de 1967

Hoy volveré sobre la operación que introduje la última vez bajo el término de alienación,
para articularla una vez más y con mayor insistencia.
En lo que les expongo, la alienación es el punto pivote y, primeramente, en el sentido en
que ese término transforma el uso que se le ha dado hasta aquí. Es el punto pivote gracias al cual
puede y debe mantenerse para nosotros el valor de lo que, bajo la perspectiva del sujeto, puede
llamarse la INSTAURACIÓN FREUDIANA, el paso decisivo que el pensamiento de Freud y,
más aún, la praxis que se mantiene bajo su patronato con el nombre de psicoanálisis aportaron de
decisivo una vez, a nuestra consideración.
Hablaremos de un pensamiento que no es yo: 1 tal es, desde un primer abordaje impreciso,
la manera como se presenta lo inconsciente. La fórmula es ciertamente insuficiente. Tiene el
valor de introducir, en el pivote de lo que Freud produce para nosotros como decisivo, ese
término de yo. Por supuesto, esto no debe permitirnos, sin embargo, contentarnos con esta
fórmula tan vaga aún cuando poética (que además sólo se la extrae de su contexto poético con un
poquito de abuso siempre): no es decirlo todo adelantar que “Yo es otro”. 2 Por eso es necesario
dar al respecto una articulación lógica más precisa.
Ya lo saben, la función del Otro (tal como lo escribo con esa A mayúscula ubicada en la
esquina, arriba, a la izquierda de nuestro tablero, hoy) es su función determinante.
No solamente es imposible articular justamente la lógica del pensamiento tal como la
experiencia freudiana la establece, sino que es igualmente imposible comprender cualquier cosa
de lo que ha representado en la tradición filosófica, tal como ha llegado a nosotros hasta Freud,
es imposible situar justamente lo que representó ese paso que pone en el centro de la reflexión la
función del sujeto como tal, si no hacemos entrar en juego esta función del Otro tal como la

1
Como en el capítulo anterior, se señalarán únicamente las ocasiones en que “yo” es “moi”; en los demás casos ha
de suponerse “je”[T.]
2
Arthur Rimbaud; Cartas a Izambard del 13 de mayo y a Demeny del 15 de mayo de 1871, Œuvres complètes,
Bibliothèque de la Pléiade, p. 248 y 250.

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defino cuando la marco con esa A mayúscula, si no nos acordamos que yo llamo Otro marcado
así, lo que toma función de ser el LUGAR DE LA PALABRA.
¿Qué quiere decir esto? Nunca volveremos suficientemente sobre esto aún cuando crea yo
haberlo remachado un poco:
Cuando Freud nos habla de este pensamiento que no es yo, por ejemplo, a nivel de lo que
él llama los pensamientos del sueño, los Traumgedanken, parece decirnos que este pensamiento
queda singularmente independiente de toda lógica. 3 Subraya primero que, así mismo, su sistema
no carga con la contradicción. Otra vez, se articula más de un rasgo: los que dicen, a primera
vista, que la negación como tal no podría representarse allí y que igualmente la articulación
causal, la subordinación, el condicionamiento, parecen huir de lo que aparentemente se
encadena de esos pensamientos y no puede ser vuelto a hallar en su hilo más que por las vías de
la más libre asociación. Ahí hay algo que sólo recuerdo porque para muchos allí se encuentra aún
la idea que se admite sobre lo que concierne al orden de lo inconsciente. Pero, de hecho, hablar
del vínculo desanudado que presentarían los pensamientos que localizamos a nivel de lo
inconsciente, que son en efecto los de un sujeto, o deben serlo, decir que esos pensamientos no
siguen las leyes de la lógica no es más que un abordaje primero, el cual supone algo que es más
bien una antinomia con un real preconcebido o, más bien, una preconcepción de lo que deberían
ser las relaciones de todo pensamiento con lo real.
Lo real, pensamos nosotros (aquí está el buen y justo orden de toda eficacia del
pensamiento), debería imponerse al pensamiento. A decir verdad, esto resulta en demasía del
presupuesto de una lógica pedagógica que se funda en un esquema de la adaptación, para no
justificar al mismo tiempo que Freud, al hablarle a mentes que no se habían formado más que
como podrían estarlo sus oyentes habituales, se refiera a ello, pero que así mismo, para toda
reflexión que dé cuenta de la diferencia que hay respecto a la relación de un sujeto cualquiera
con lo real (por el hecho de que éste, sujeto, sólo se funda, sólo se establece en la medida en que
están ya, en ese real y ejerciéndose como tal, los poderes del lenguaje), nos obliga a llevar
nuestro interrogante más lejos.
El paso que nos hace dar Freud no es ciertamente menos sorprendente; a decir verdad, sólo
adquiere el valor que funda la sorpresa que conviene que experimentemos al escucharlo, si

3
Freud S., La interpretación de los sueños [1900], cfr. pág. 285 y ss.: [VI. El trabajo del sueño], Buenos Aires,
Amorrortu, 2005.

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articulamos más precisamente lo que él renueva de las relaciones del pensamiento con el ser.
Tema seguramente de actualidad en ese momento por el discurso de tal de los filósofos
contemporáneos, Heidegger en primer plano, pero seguramente en el ruido que se hace en torno
a lo que él articula, esa sería la forma más ingenua de traducir lo que él llama, como ese no sé
qué llamamiento que debería, en ese giro en que nos hallamos, venir del Ser mismo al
pensamiento, para que éste último resulte renovado, para que rompa con lo que lo ha llevado, al
hilo de lo que le ha sucedido desde hace unos tres mil años, a no sé qué sin salida donde ya no se
captaría a sí mismo en su esencia, y donde se podría interrogar, como lo hace Heidegger, Was
heisst Denken? ¿Qué quiere decir pensar?, no esperar la renovación del sentido de esa palabra
pensar más que de no sé qué accidente trans-metafísico, que llevaría a un vuelco total todo lo
que el pensamiento ha trazado. Seguramente, ese no es el sentido del texto de Heidegger y, para
quienes se detengan allí, se podría evocar la humorística e irrisoria metáfora que sería la de la
muchacha que no conoce otra forma de ofrecerse más que la de extenderse sobe una cama con
los miembros de par en par, esperando que la iniciativa llegue de aquel a quien ella piensa
ofrecerse de esta manera, no es una aventura tan rara en un tiempo de mediocre civilización y
todo el mundo sabe que el personaje que se encuentra confrontado allí ¡no por ello se siente
especialmente estimulado a intervenir! Convendría que el pensamiento no tenga una imagen del
mismo tipo pero que consienta en recordar que, no sin algo de dificultad tienen lugar las
verdaderas conjugaciones.
De hecho, se trata en efecto de algo que ha de contribuir a ese problema del ser, que nos
aporta el camino que trazó Freud. Pero –volveré sobre esto– no sin calibrar la juntura, las
consecuencias resultantes para el pensamiento de ese decisivo paso, de ese paso zanjado que es
el que hemos llamado, por una especie de convención históricamente fundada, el paso cartesiano,
a saber, el que limita la instauración del ser como tal al del yo soy que implica el puro
funcionamiento del sujeto del yo pienso como tal, por cuanto da esa apariencia (pues no es más
que una apariencia) de ser transparente a sí mismo, de ser lo que podríamos llamar un soy-
pensamiento. Permítanme con ese neologismo traducir o soportar de manera caricatural lo que
habitualmente es llamado “conciencia de sí”, término que resuena mal e insuficiente ante el uso
que le permite la composición alemana de Selbst-bewuβtsein. Pero, así mismo, a nivel de
Descartes y del cogito, se trata propiamente de un soy-pensamiento, de ese yo pienso, que sólo se
sitúa en el momento en que ya sólo se soporta al articular “yo pienso”.

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Es de la continuación de la consecuencia de esto, en tanto que está ahí, proceder decisivo,


que se trata; quiero decir, que es en un pensamiento determinado por ese paso primero que se
inscribe el descubrimiento de Freud.
Hablé del Otro… Es claro que a nivel del cogito cartesiano hay un poner a cargo del Otro
las consecuencias de ese paso. Si el cogito ergo sum no implica lo que Descartes escribe con
todas sus letras en sus Regulae (donde se leen tan bien las condiciones que las determinaron a
todas en tanto pensamiento), si el cogito no se completa con un sum, ergo Deus est (lo que
seguramente hace las cosas más fáciles), no es sostenible. Y, sin embargo, si no es sostenible
como articulación (quiero decir, filosófica) no quita que el beneficio se ha obtenido; del proceder
que reduce a este estrecho margen del ser pensante, en la medida en que piensa poderse fundar, a
partir de este único pensamiento, como yo soy, queda que algo se ha obtenido, cuyas
consecuencias se leen, de hecho muy pronto, en una serie de contradicciones. Porque es
justamente el lugar para señalar, por ejemplo, que el pretendido fundamento de la simple
intuición que vería distinguidos radicalmente la cosa extensa de la cosa pensante (la primera
como la que se funda en una exterioridad de una a otra de sus partes, en el fundamento partes
extra partes, como característica de lo extenso) es, con poco detalle, aniquilado por el
descubrimiento newtoniano, del cual creo que no se subraya lo suficiente que la característica
que le da a lo extenso es precisamente que en cada uno de sus puntos, si puedo decirlo, ninguna
masa ignora lo que sucede en el mismo instante en todos los demás puntos. Paradoja ciertamente
evidente y que dio a los contemporáneos, y muy especialmente a los cartesianos, muchas
dificultades para admitirla, reticencia que no cesó y donde se demuestra algo que para nosotros
se completa ciertamente con lo siguiente: que la cosa pensante se nos impone, precisamente por
la experiencia freudiana, como siendo, ELLA 4 , no ya esta cosa siempre señalada por una
unificación indefectible sino, muy al contrario, como marcada, caracterizada por estar
despedazada, hasta ser despedazante, por llevar en sí esa misma marca, que se desarrolla y en
cierta forma se demuestra en todo el desarrollo de la lógica moderna. A saber, que lo que
llamamos la máquina, en su funcionamiento esencial, es lo más parecido a una combinatoria de
notaciones y que esta combinatoria de notaciones es para nosotros el más preciado fruto, lo más
indicativo del desarrollo del pensamiento.

4
Este “ella” no se requiere como tal en la traducción. Se trata aquí de la cosa, y cuando más podría trasvasarse como
“…siendo ésta no ya una cosa…” Se incluye tal cual porque aparece enteramente en mayúsculas en el texto francés.

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Aquí Freud aporta su contribución al demostrar lo que resulta del funcionamiento


EFECTIVO de esta faceta del pensamiento. Quiero decir, de sus relaciones no ya con el sujeto de
la demostración matemática, del que recordaremos enseguida cuál es su esencia, sino con un
sujeto que es el que Kant llamaría sujeto patológico, es decir, con el sujeto en tanto puede
padecer este tipo de pensamiento. El sujeto sufre del pensamiento en tanto, dice Freud, lo
reprime. El carácter despedazado y despedazante de este pensamiento reprimido es lo que nos
enseña nuestra experiencia diaria en el psicoanálisis.
Por eso, hacer presente como fondo de nuestra experiencia no sé qué nostalgia de una
unidad primitiva, de una pura y simple pulsación de la satisfacción en una relación con el Otro,
que es aquí el único que cuenta y al que se lo imagina, se lo representa como el Otro de una
relación nutricia, es una mitología burda y deshonesta. El paso siguiente, más escandaloso, si
puedo decirlo, aun cuando primero, que se vuelve necesariamente lo que sucede, lo que se
articula en la teoría psicoanalítica moderna a lo largo y a lo ancho: ¡la confusión de este Otro
nutricio con el Otro sexual!
No hay en verdad salvación – si puedo decirlo – del pensamiento, preservación posible de
la verdad introducida por Freud (pero también honestidad técnica) que no pueda, que no deba
fundarse en la distancia con esa burda engañifa, con ese escandaloso abuso que representa, con
una especie de pedagogía a contrapelo; uso deliberado de una captura por una especie de ilusión
especialmente insostenible ante quienquiera eche un ojo directamente sobre lo que es la
experiencia psicoanalítica.
Restablecer al Otro en el único estatuto que vale, que es para él el del lugar de la palabra,
es el punto de partida necesario desde donde cada cosa puede retomar su justo lugar en nuestra
experiencia analítica.
Definir al Otro como lugar de la palabra es decir que no hay más que el lugar donde la
aserción se plantea como verídica. Es decir, asimismo, que él no tiene NINGUNA OTRA
ESPECIE DE EXISTENCIA. Pero, como decirlo es aún hacer un llamado a él, para situar esta
verdad, es hacerlo resurgir cada vez que yo hablo. Y por eso ese decir “que no hay ninguna
especie de existencia” no lo puedo decir pero lo puedo escribir. Y por eso escribo S, significante
del A mayúscula tachado, S(A/ ), como constituyendo uno de los puntos nodales de esa red en
torno a la cual se articula toda la dialéctica del deseo por cuanto esta se cava desde el intervalo
entre el enunciado y la enunciación.

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No hay insuficiencia alguna, reducción alguna, a no sé qué gesto gratuito en ese hecho de
afirmar que la escritura S(A/) juega aquí un rol pivote esencial para nuestro pensamiento. Pues no
hay ningún otro fundamento para lo que se llama verdad matemática sino que el recurso al Otro,
en la medida en que a aquellos a quienes hablo se les ruega referirse a éste (quiero decir, en tanto
gran Otro), para ver allí inscribirse los signos de nuestras convenciones iniciales en lo que
corresponde a lo que yo manipulo en matemáticas, que es, muy exactamente, lo que el señor
Bertrand Russell, experto en la materia, llegará hasta a atreverse a designar con estos términos:
que “no sabemos de qué hablamos ni si lo que decimos contiene allí la mínima verdad”. Y, en
efecto ¿y por qué no? Simplemente el recurso al Otro –en la medida en que, en un cierto campo
que corresponde a un uso limitado de ciertos signos, es incontestable que, habiendo hablado,
puedo escribir y mantener lo que escribí. Si no puedo, en cada tiempo del razonamiento
matemático, hacer ese movimiento de vaivén entre lo que articulo con mi discurso y lo que
inscribo como estando establecido, no hay ninguna progresión posible de lo que se llama verdad
matemática, y ahí está toda la esencia de lo que se llama, en matemática, demostración. Es,
precisamente del mismo tipo que aquello de lo que aquí se trata– el recurso al Otro es, en todo
efecto del pensamiento, absolutamente determinante.
El soy del pienso cartesiano no solamente no lo evita sino que se funda en él. Allí se funda
aún antes de que se vea forzado a ubicar a este Otro en un nivel de esencia divina. Ya
únicamente para obtener del interlocutor lo que sigue – el luego del soy –, este Otro es llamado
muy directamente. Es a él, a la referencia a ese lugar, como lugar de la palabra, que Descartes se
remite, para un discurso que llama al consentimiento a hacer lo que estoy haciendo ante ustedes:
al exhortarme a la duda no negarán que soy. El argumento es ontológico desde esta etapa y,
seguramente, si no tiene el filo del argumento de San Anselmo, si es más sobrio, no por ello deja
de conllevar consecuencias que son aquellas que veremos ahora llegar y que son precisamente
las que resultan de tener que escribir, con un significante, que este Otro no es otra cosa.
Les había rogado que durante estas vacaciones se remitieran a cierto capítulo de San
Anselmo… y para que la cosa no quede en el aire recordaré aquí de qué tipo es ese famoso
argumento, que es injustamente menospreciado y que está bien hecho para darle todo su énfasis a
la función de este Otro. El argumento no recae, de ninguna manera, como se lo dice en los
manuales, sobre el hecho de que la esencia más perfecta implicaría la existencia. El capítulo II

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del Fides quaerens intellectum articula el argumento de dirigirse a lo que él llama lo “insensato”;
lo insensato que, dice la Escritura, dijo en su coro: “no hay Dios”.
El argumento consiste en decir: “¡Insensato! Todo depende de lo que usted llama Dios, y
como está claro que usted llamó “Dios” al Ser más perfecto, no sabe usted lo que dice. Porque,
dice San Anselmo, yo sé bien, yo San Anselmo, yo sé que no basta con que la idea del Ser más
perfecto exista como idea, para que este Ser exista. Pero si usted considera que está en el derecho
de tener esta idea, que usted dice, que este Ser no existe, ¿qué sería usted si por azar Él existe?
Pues, usted demuestra entonces que al concebir la idea del Ser más perfecto, forma una idea
inadecuada puesto que se halla separada de esto: que este Ser puede existir y que, en tanto
existente, es más perfecto que una idea que no implique la existencia.”
Es una demostración de la impotencia del pensamiento en aquel que la articula, por un
cierto sesgo de crítica que concierne a la inoperancia del pensamiento mismo. Es demostrarle
que al articular algo sobre el pensamiento, él mismo no sabe lo que dice. Por eso, lo que hay que
revisar está en otra parte y, muy precisamente, a nivel del estatuto de este Otro, donde no
solamente puedo sino donde no puedo hacer otra cosa que establecerme, cada vez que algo se
articula que corresponde al campo de la palabra.
En este Otro, como lo escribió recientemente uno de mis amigos, nadie cree. En nuestra
época, todo el mundo es ateo, desde los más devotos hasta los más libertinos, si acaso ese
término tiene aún algún sentido. Filosóficamente es insostenible todo lo que se funde en una
forma de existencia cualquiera de este Otro.
Por eso, todo se reduce en el alcance del yo soy que sigue al yo pienso, a lo siguiente: que
ese yo pienso tiene sentido, pero exactamente de la misma manera que tiene sentido cualquier
no-sentido. Todo lo que articulan ustedes con la única condición, ya se los señalé, de que se
mantenga una cierta forma gramatical (¿acaso necesito volver sobre los green colourless
ideas…, etc.?), todo lo que sencillamente tiene forma gramatical, tiene sentido. Y esto quiere
decir únicamente que, a partir de ahí, no puedo ir más lejos. En otras palabras, que la estricta
consideración del alcance lógico que implica toda operación del lenguaje se afirma en lo que es
el efecto fundamental y seguro de aquello que se llama alienación, y que de ninguna manera
quiere decir que nos ponemos en manos del Otro sino, al contrario, que nos damos cuenta de la
caducidad de todo lo que se funde únicamente sobre ese recurso al Otro, del cual sólo puede
subsistir lo que funde el curso de la demostración matemática de un razonamiento por

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recurrencia; cuyo tipo es que si podemos demostrar que algo que es verdadero para n, lo es
también para n+1 5 , basta con que sepamos qué sucede para n=1 para poder afirmar que lo mismo
es verdadero para toda la serie de los números enteros. ¿Y luego?…
Esto no implica en sí ninguna otra consecuencia más que la naturaleza de una verdad que
es la que hace poco indiqué con la apreciación de Bertrand Russell: para nosotros, debemos
plantear, puesto que algo viene a revelarnos la verdad que se oculta tras esta consecuencia,
puesto que no tenemos de ninguna manera razón para retroceder ante esto que es esencial: que el
estatuto del pensamiento, en cuanto que se realiza allí la alienación como caída del Otro, está
compuesta de lo siguiente: a saber, de ese espacio en blanco que está a la izquierda del Es 6 y que
corresponde a ese estatuto del yo que es el del yo tal como reina, y aquí, indiscutiblemente, sobre
la mayor parte de nuestros contemporáneos y que se articula con un yo no pienso, ¡no solamente
orgulloso sino también glorioso por esta afirmación! Por medio de lo cual lo que lo completa es
lo que ahí designé como Es y que la última vez articulé como siendo un complemento, es cierto,
pero complemento que le viene de la parte caída de esta alienación, a saber, de lo que le viene de
ese lugar del Otro desaparecido en lo que queda como siendo el no-yo y que llamé –porque es así
como hay que designarla, sencillamente así– la ESTRUCTURA GRAMATICAL.
Ciertamente, no es privilegio de un freudiano el concebir la cosa así, lean al señor
Wittgenstein: Tractatus logico-philosophicus… No crean que porque toda una escuela, que se
llama lógico-positivista, nos machaca las orejas con una serie de consideraciones antifilosóficas
de las más insípidas y de las más mediocres, que el paso del señor Wittgenstein no sea nada. Este
intento por articular lo que resulta de una consideración de la lógica tal que pueda obviar toda
existencia del sujeto, vale bien ser seguida en todos sus detalles y les recomiendo su lectura.
En cambio, para nosotros freudianos, lo que esta estructura gramatical del lenguaje
representa es exactamente lo mismo que lo que hace que cuando Freud quiere articular la
pulsión, no puede hacer otra cosa sino pasar por la estructura gramatical que es la única que da
su campo completo y ordenado a lo que, de hecho, cuando Freud tiene que hablar de la pulsión,
viene a dominar, quiero decir, a constituir los dos únicos ejemplos QUE FUNCIONAN, de
pulsiones como tales, a saber, la pulsión escoptofílica y la pulsión sadomasoquista.

5
“lo es también para n – 1” [Sizaret].
6
Arriba a la izquierda de la figura VII-2. Sizaret escucha “S” en lugar de “Es”.

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Solamente en un mundo de lenguaje puede tomar su función dominante el yo quiero ver,


dejando abierto el saber desde dónde y por qué soy mirado.
Solamente en un mundo de lenguaje, como ya lo dije la última vez para señalarlo
únicamente de paso, un niño es golpeado adquiere su valor pivote.
Solamente en un mundo de lenguaje el sujeto de la acción puede hacer surgir la pregunta
que lo soporta, a saber, ¿para QUIÉN actúa él?
Sin duda, nada se puede DECIR sobre lo que concierne a esas estructuras. Sin embargo,
nuestra experiencia nos afirma que éstas son las que dominan (y no lo que ronda en no sé qué
corredor de la Asamblea analítica, a saber, una pulsión “genital” que cualquiera estaría en la
incapacidad de definir como tal), que son éstas las que le dan su ley a la función del deseo. Pero
esto no puede ser dicho sino al repetir las articulaciones gramaticales en las que se constituyen;
es decir, al exhibir en las frases que las fundan lo que podrá deducirse de las diversas maneras
como el sujeto habrá de alojarse allí. Nada, digo, puede ser dicho salvo lo que escuchamos de
hecho, a saber, el sujeto en su queja.
A saber, en la medida en que él no se halla allí, en que el deseo que él funda allí, tiene para
él este ambiguo valor de ser un deseo que él no asume, que él no quiere 7 más que a pesar suyo.
Es justamente para volver sobre ese punto que articulamos todo lo que hemos de desarrollar aquí
ante ustedes. Es justamente porque es de esta manera y porque se ha osado decirlo, que hay que
examinar DE DÓNDE pudo partir ese discurso.
Pudo partir de lo siguiente: que hay un punto de experiencia desde donde podemos ver lo
que concierne a la verdad de lo que llamaré como quieran: oscurecimiento, estrangulamiento, sin
salida de la situación subjetiva, bajo esta incidencia extraña cuyo resorte último ha de fundarse
en el estatuto del lenguaje.
Está al nivel donde el pensamiento existe como: no es YO quien piensa.

Este pensamiento –tal como está ahí soportado por esta navecilla (abajo, a la derecha del
esquema) que lleva la I mayúscula–, este pensamiento, que tiene el estatuto de los pensamientos
de lo inconsciente, implica lo siguiente: que este pensamiento NO PUEDE DECIR –y ese es el
estatuto que le es propio– ni luego soy ni tampoco el luego no soy que sin embargo lo completa y
que es su estatuto virtual a nivel del Otro.

7
“puede”[Sizaret].

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Pues es ahí donde este Otro, y solamente ahí, mantiene su instancia. Es ahí donde el yo
como tal sólo llega a inscribirse efectivamente con un no soy –con un no soy que está soportado
por el hecho de que se soporte en tantos otros como hay para constituir un sueño, que el sueño,
nos dice Freud, es esencialmente egoístico 8 –, que en todo lo que nos presenta el sueño hemos de
reconocer la instancia del Ich bajo una máscara; pero, así mismo, que es en la medida en que no
se articula ahí como Ich que allí se enmascara, que allí está presente.
Por eso, el lugar de todos los pensamientos del sueño está marcado aquí, en su parte
derecha, por esta área blanca donde se designa que el Ich como tal se nos recomienda desde
luego encontrarlo en cada uno de los pensamientos del sueño, pero lo que constituirá lo que
Freud llama Trauminhalt es, a saber, muy precisamente, este conjunto de significantes de los que
está constituido un sueño por los diversos mecanismos que son los de lo inconsciente:
condensación, desplazamiento, Verdichtung, Verschiebung. Si el yo, el Ich, el ego, está allí
presente en todos, es muy precisamente por el hecho de que allí está EN TODOS, es decir, que
allí está ABSOLUTAMENTE DISEMINADO.
¿Qué quiere decir y qué estatuto queda a los pensamientos que constituyen este
inconsciente sino el de ser lo que nos dice Freud, a saber, esos signos por los cuales las cosas (en
el sentido en que la última vez dije Sache, “asuntos”, “cosas de encuentro”), tienen las unas
respecto a las otras, esta función de remisión que hace que en la operación psicoanalítica
perdamos un tiempo acopiándolas, como en un mundo sin ordenamiento? 9
Pero, ¿cuál va a ser la operación que realiza Freud, y especialmente en esta parte de la
Traumdeutung que se llama el trabajo del sueño, die Traumarbeit? Será la de mostrarnos lo que
él articula, lo que articula al comienzo de ese capítulo de la manera más clara y EN TODAS
LETRAS (digan lo que digan los personajes que me leen en este tiempo por primera vez y que se
sorprenden), que articulo yo desde hace tantos años: ¡que el inconsciente está estructurado como
un lenguaje! “Der Trauminhalt, el contenido del sueño está dado, gleichsam, tal como en una
escritura hecha de imágenes (lo cual designa los jeroglíficos, cuyos signos son únicamente zu
übertragen, para traducir, in die Sprache, en la LENGUA de los pensamientos del sueño”; y toda
la serie sobre los Zeichenbeziehung, sobre la comparación con un rébus, sobre el hecho de que
un rébus sólo se puede comprender si se lo lee y se lo articula, pues, de otra manera, es absurdo

8
Cfr. S. Freud, Ibid., p. 258 [D.]
9
inordonné

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ver una imagen, nos dice, compuesta por una casa sobre la cual hay un navío o una persona que
está tratando de correr con una coma en el lugar de su cabeza, que todo esto no tiene sentido sino
en una LENGUA, y después de habernos dicho que el mundo de los pensamientos del sueño es
de naturaleza ilógica…
Les ruego remitirse al texto de Freud; esto no es simplemente para que den fe de lo que es
verdaderamente patente y está toscamente ilustrado en cada página, a saber, que nunca se habla
más que del lenguaje, sino para que vean que lo que Freud articula, son TODAS LAS
MANERAS que existen para que en ese mundo –de las cosas, sin duda, pero, ¿qué quiere decir
eso? Eso quiere decir las Bedeutungen. ¿Qué hace Freud con aquello a lo cual se remite ese
sentido del sueño y aquello a lo cual se remite[n], es decir, en efecto, las imágenes que lo
constituyen? Pues mostrar cómo, en una cierta manera justamente de alterar esas imágenes, por
ejemplo, se puede designar el índice gracias al cual, en lo que sigue, hallamos todas las funciones
gramaticales eliminadas antes, y mostrarnos cómo se expresa la relación de un subordinado con
un principal (lean todo ese enorme capítulo VI de la Traumdeutung), cómo una relación causal
puede expresarse, cómo también hace su entrada la forma de la negación. Y, muy precisamente,
hallarán allí cosas cuyo parentesco con los esquemas que les he dado, que les he entregado aquí,
les parecerá evidente, como de la función del o … o…, dice él, que sirve para expresar, ya que no
se lo puede hacer de otra manera, una conjunción. Y cuando miran de más cerca hallarán allí
exactamente lo que les dije: es decir, que en el o… o… suspendido entre dos negaciones
encuentran justamente el mismo valor que en la negación de esta conjunción.
Seguramente, esas… cosas, si puedo decirlo, les parecerán un tanto más adelantadas en sus
resultados que lo que les entrega Freud, pero Freud les entrega lo suficiente como para incitarlos
a ir por el mismo camino, es decir que cuando toman el sueño Sezerno (o el sueño en que hay
que cerrar o un ojo o dos ojos) se darán cuenta de lo que eso significa, al ver lo que quiere decir:
que no se puede al mismo tiempo tener un ojo abierto o dos ojos abiertos, que no es la misma
cosa.
En resumen, la legitimidad de la lógica del fantasma es precisamente ese algo para lo cual
nos prepara todo el capítulo de Freud para no hablar sino de éste. Nos prepara mostrándonos que
aquello de lo que Freud traza la vía es de una lógica de esos pensamientos, a saber, esto que

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quiere decir: ella exige ese soporte del lugar del Otro, que precisamente no puede aquí articularse
salvo como un luego yo no soy. 10
Así, henos aquí suspendidos al nivel de esta función en un tú no eres, luego yo no soy.
¿Acaso esto no les excita sus oídos de cierta manera? ¿No es este el lenguaje, quiero decir, el
más inoportuno, del amor mismo?
¿Qué significa esto? ¿Hay que llevar más lejos su sentido? Que de hecho entrega su
verdad: tú no eres sino lo que yo soy. Todo el mundo sabe y puede reconocer que si, justamente,
en efecto, es esta fórmula la que da el sentido del amor, el amor igualmente, en su emoción, en
su ingenuo impulso, como en muchos de sus discursos, no se recomienda como función del
pensamiento…
Quiero decir que, si de tal fórmula, tú no eres, luego yo no soy, sale el monstruo cuyos
efectos en la vida diaria conocemos tan bien, es precisamente en la medida en que esta verdad (la
del tú no eres, luego yo no soy) es, en el amor, rechazada, verworfen. Las manifestaciones del
amor en lo real son precisamente la característica que yo enuncio de toda Verwerfung, a saber,
los más incómodos efectos y los más deprimentes. Esta es, justamente, una ilustración de más
¡donde las vías del amor no han de designarse en ninguna parte como trazadas tan fácilmente!
Seguramente en la época de Descartes esas vías no eran ignoradas, por supuesto, por nadie.
Estábamos en la época de Angelus Silesius, quien se atrevía a decirle a Dios: “Si yo no estuviera
aquí, pues bien, sería sencillo: Tú, Dios, en tanto Dios existente, Tú tampoco estarías allí”. 11 En
tal época se puede hablar de los problemas de la nuestra; más exactamente, uno puede volverse a
ubicar allí para determinar qué nos hace obstáculo.
¿Qué nos dice Freud si llevamos más lejos el examen de su lógica? Si aún les queda la
mínima duda respecto a la naturaleza de esta subversión, que hace de la Bedeutung (por cuanto
que la volvemos a captar en el momento de su alteración, de su torsión como tal, de su
amputación, hasta de su ablación) el resorte que puede permitirnos reconocer allí la función
restablecida de la lógica… Si aún les queda la mínima duda, verán desvanecerse las dudas al ver
cómo Freud, en el sueño, reintegra todo lo que aparece allí como juicios, ya sean internos esos
juicios en la vivencia de ese sueño, pero más aún si se presentan como juicios –en apariencia– al
despertar.

10
Aquí podría traducirse luego yo no estoy, puesto que Lacan habla de lugar (del Otro) [T.]
11
Angelus Silesius, Lacan parafrasea El errante querubínico, I-106, por ejemplo.

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La lógica del fantasma, seminario de 1966-1967

Cuando, nos dice él respecto al sueño, algo, en el relato del soñante, se indica como siendo
un momento de vacilación, de interrupción, una laguna (como yo decía en otra ocasión donde
daba cuenta de las lagunas), Lücken, una Unterbrechung, una ruptura, en el relato que yo, en
tanto soñante puedo dar, eso mismo ha de restablecerse, nos dice Freud, como haciendo parte del
texto del sueño. ¿Y qué es lo que designa esto? Me bastará con remitirme en alguna parte a lo
que Freud nos da a manera de ejemplo: “Voy –dice uno de sus soñantes–, con Fraülein K., in das
Volksgartenrestaurant, en el restaurante del Volksgarten…”, y ahí, es el dunkle Stelle, es el
pasaje del que ya nada se puede decir, él ya no sabe, y luego retoma: “Entonces, me hallo en el
salón de un burdel, in dem ich zwei oder drei Frauen sehe, donde veo dos o tres mujeres, una en
camisa y en calzoncitos”.
Análisis: la Fraülein K. es la hija de su patrón de antes, y lo característico es la
circunstancia en que él tuvo que hablarle y que él designa en estos términos: “Nos reconocimos,
man sich erkannte, gleichsam, en una especie de igualdad, in seiner Geschlechtigkeit, en su
apreciación de sexo, como si se quisiera decir: yo soy un hombre –Ich bin ein Mann, und du ein
Weib– y tú una mujer”.
He ahí, muy precisamente, por qué se escoge a la Fraülein K.: para constituir la entrada del
sueño, pero también, sin duda, para determinar la síncopa. Lo que seguirá en el sueño demostrará
ser, muy precisamente, lo que viene a perturbar esa hermosa relación plena de certeza entre el
hombre y la mujer. A saber, que los tres personajes que están relacionados para él con el
recuerdo de ese restaurante y que representan también a las que él encuentra en el salón del
burdel son, respectivamente, su hermana, la mujer de su cuñado y una amiga de ésta (¡o de éste,
no importa!), en todo caso tres mujeres con las cuales no se puede decir que sus relaciones estén
marcadas por un abordaje sexual franco y directo.
En otras palabras, lo que Freud nos demuestra como siendo SIEMPRE y estrictamente
correlativo de esta síncopa del Trauminhalt, de la carencia de los significantes, está desde que,
precisamente, es abordado lo que sea que EN EL LENGUAJE (y no simplemente los espejismos
de mirarse los ojos en los ojos) cuestione lo que concierne a las relaciones del sexo como tal.
El sentido lógico original de la castración, en tanto que el análisis descubrió su invención,
descansa en esto: que a nivel de las Bedeutungen, de las significaciones, el lenguaje (en la
medida en que es éste el que estructura al sujeto como tal), matemáticamente hablando, hace
falta, quiero decir, reduce lo que concierne a la relación entre los sexos a lo que designamos

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La lógica del fantasma, seminario de 1966-1967

como podemos con ese algo a lo cual el lenguaje reduce la polaridad sexual, a saber, un tener o
no tener la connotación fálica.
Es, muy precisamente, lo que representa (y solamente representa) el efecto del análisis.
Ningún abordaje de la castración como tal es posible para un sujeto humano salvo en una
renovación –en otro piso (separado enteramente de la altura de ese rectángulo que dibujé ahí)–
de esta función, que hace poco llamé alienación, a saber, donde interviene como tal la función
del Otro en tanto que debemos marcarla como tachada.
Es justamente en la medida en que el análisis, a través de su trabajo, viene a INVERTIR
esa relación, que hacía de todo lo que era del orden del estatuto del sujeto en su yo no soy un
campo vacío –sujeto no identificable–, es por cuanto ese campo viene a llenarse (aquí, en la
esquina de abajo a la izquierda), que aparecerá inversamente aquí el -φ del fracaso de la
articulación de la Bedeutung sexual. Die Bedeutung des Phallus titulé (puesto que la pronuncié
en alemán), esa conferencia que di sobre “La significación del falo”… Es desde ahí que debe
plantearse la pregunta de lo que concierne a lo que DISTANCIA esas dos operaciones
igualmente alienantes: la de la alienación pura y simple, lógica, y la de la RELECTURA de la
misma necesidad alienante en la Bedeutung de los pensamientos inconscientes. Con, en ambos
casos, como lo ven, un resultado diferente (puesto que hasta parecen, al mirarlos tal como están
ahí, sombreados, oponerse estrictamente el uno al otro).
Es que toda la distancia entre una y otra de esas operaciones consiste, en su campo de
partida, en que el uno es aquel (reconstruido) a partir del cual yo designo el fundamento de toda
la operación lógica, a saber, la elección ofrecida del o no pienso o no soy como siendo el sentido
verídico del cogito cartesiano; ese desemboca en un no pienso y en el fundamento de todo lo que,
del sujeto humano, constituye un sujeto sometido especialmente a las dos pulsiones que designé
como escoptofílica y sadomasoquista.
Que si algo DIFERENTE 12 , que tiene relación con la sexualidad, se manifiesta a partir de
los pensamientos de lo inconsciente, es muy precisamente el sentido del descubrimiento de
Freud, pero también ESTO con lo que se designa LA RADICAL INADECUACIÓN DEL
PENSAMIENTO CON LA REALIDAD DEL SEXO.

12
quelque chose d’AUTRE: ¿algo Otro? [T.]

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La lógica del fantasma, seminario de 1966-1967

El asunto no es franquear lo que esto tiene de impensable (de impensable y, sin embargo,
de salutífero) puesto que ahí está toda la nervadura de por qué Freud se aferraba tan
esencialmente a la teoría sexual de la libido.
Hay que leer, en la pluma verdaderamente… chamánica, inspirada –¡sabe Dios! no sé
cómo calificarla– de Jung, su estupor, su indignación, al recoger de la boca de Freud algo que le
parece constituir no sé qué toma de partido estrictamente anticientífica cuando Freud le dice: “Y
sobre todo, además, ¿ah? usted, Jung, no lo olvide, hay que aferrarse a esta teoría. –¿Pero por
qué?, le dice Jung. –Para evitar, dice Freud, la Schlammflut ¡la marejada de fango! –¿Cuál? –
Del ocultismo”, le dice Freud, sabiendo muy bien todo lo que implica el hecho de no haber
tocado este límite precisamente designado; porque, sin duda, constituye la esencia del lenguaje,
en el hecho de que el lenguaje no domina (por ese fundamento del sexo en tanto que está lo más
profundamente vinculado con la esencia de la muerte), no domina lo que concierne a la realidad
sexual.
Tal es la enseñanza de sobriedad que nos da Freud.

Pero, entonces, ¿por qué hay así dos vías y dos accesos? Sin duda, hay algo que merece un
nombre en la operación de la que no hemos hablado, aquella que nos hace pasar del nivel del
pensamiento inconsciente a ese estatuto lógico, teórico. Inversamente, la que puede hacernos
pasar de ese estatuto del sujeto, en tanto sujeto de las pulsiones escoptofílica y masoquista, al
estatuto del sujeto analizado, por cuanto que para éste tiene un sentido la función de castración.
Esto, que llamaremos operación verdad –porque, al igual que la verdad misma, resopla y se
realiza donde quiere, cuando habla– esto, que está ligado con el descubrimiento, con la irrupción
de lo inconsciente, con el retorno de lo reprimido, nos permite concebir por qué podemos volver
a hallar la instancia de la castración en el objeto núcleo, en el objeto-core (c-o-r-e), para decirlo
en inglés, en el objeto en torno al cual gira el estatuto del sujeto gramatical, esto puede ser
designado y traducido a partir de esa esquina obtenida por el hecho de que el lenguaje es, por su
estatuto mismo, “antipático” (si puedo decirlo) a la realidad sexual.
Esto no es más que el lugar de la operación en torno a la cual vamos a poder definir, en su
estatuto lógico, la función del objeto a.

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