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Perspectiva de Genero

En México, la implementación de la perspectiva de género en el sistema de justicia ha sido impulsada por sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que condenaron al Estado por violaciones a los derechos humanos de mujeres. Estas sentencias establecieron la obligación de capacitar a operadores de justicia y aplicar esta perspectiva en investigaciones y juzgamientos, lo que ha llevado a un cambio significativo en la legislación y jurisprudencia. A pesar de los avances, persisten desafíos en su aplicación debido a la resistencia cultural y la falta de capacitación.

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Perspectiva de Genero

En México, la implementación de la perspectiva de género en el sistema de justicia ha sido impulsada por sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que condenaron al Estado por violaciones a los derechos humanos de mujeres. Estas sentencias establecieron la obligación de capacitar a operadores de justicia y aplicar esta perspectiva en investigaciones y juzgamientos, lo que ha llevado a un cambio significativo en la legislación y jurisprudencia. A pesar de los avances, persisten desafíos en su aplicación debido a la resistencia cultural y la falta de capacitación.

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En México, el gran empeño por juzgar con Perspectiva de Género ha sido

motivado principalmente por una serie de sentencias de la Corte Interamericana


de Derechos Humanos (Corte IDH) que condenaron al Estado mexicano por
graves violaciones a los derechos humanos de mujeres, particularmente en casos
de violencia extrema y feminicidio. Estas sentencias no solo reconocieron la
responsabilidad del Estado, sino que también ordenaron medidas de reparación
integral que incluían la obligación de capacitar a operadores de justicia y de aplicar
la perspectiva de género en las investigaciones y juzgamientos.

Las sentencias más emblemáticas que impulsaron esta transformación son:

1. Caso González y otras ("Campo Algodonero") vs. México (Sentencia


de 16 de noviembre de 2009): Este es, sin duda, el caso más influyente.
Se refiere a la desaparición y asesinato de Claudia Ivette González,
Esmeralda Herrera Monreal y Laura Berenice Ramos Monárrez en Ciudad
Juárez, Chihuahua. La Corte IDH encontró al Estado mexicano responsable
por la falta de diligencia en la investigación de los hechos y por la existencia
de un patrón de violencia contra las mujeres en la región. La sentencia
ordenó, entre otras cosas, la implementación de un protocolo de
investigación de feminicidios con perspectiva de género, así como
programas de capacitación para funcionarios judiciales y policiales. Esta
sentencia fue un parteaguas, pues visibilizó la grave problemática del
feminicidio y la necesidad de una respuesta estatal integral y diferenciada.
2. Caso Fernández Ortega y otros vs. México (Sentencia de 30 de agosto
de 2010): Este caso involucró la violación sexual y tortura de Inés
Fernández Ortega por parte de militares en el estado de Guerrero. La Corte
IDH determinó la responsabilidad del Estado y enfatizó la necesidad de
juzgar con perspectiva de género, especialmente en casos de violencia
sexual, para evitar la revictimización y garantizar el acceso a la justicia. La
sentencia subrayó que la discriminación contra las mujeres en el acceso a
la justicia es una forma de violencia de género que debe ser erradicada.
3. Caso Rosendo Cantú y otra vs. México (Sentencia de 31 de agosto de
2010): Similar al caso Fernández Ortega, este también se refirió a la
violación sexual y tortura de Valentina Rosendo Cantú por parte de militares
en Guerrero. La Corte IDH reiteró la obligación del Estado de juzgar estos
casos en la jurisdicción civil y con perspectiva de género, considerando la
especial vulnerabilidad de las mujeres indígenas y las asimetrías de poder.

Estas sentencias sentaron un precedente vinculante para México, obligando al


Estado a adoptar medidas concretas para incorporar la perspectiva de género en
el sistema de justicia. La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de
México, en respuesta a estas condenas y a la reforma constitucional en materia de
derechos humanos de 2011, adoptó la "perspectiva de género" como un principio
rector en la impartición de justicia.

Evolución del término "Perspectiva de Género" en México


El término "Perspectiva de Género" ha experimentado una evolución significativa
en México, pasando de ser un concepto incipiente en el ámbito académico y
feminista a una obligación legal y metodológica en la impartición de justicia.

1. Primeras aproximaciones (décadas de 1980 y 1990): Inicialmente, el


concepto de género, y posteriormente la perspectiva de género, comenzó a
emerger en el ámbito académico y en los movimientos feministas. Se
entendía como una herramienta para analizar las construcciones sociales y
culturales de las diferencias entre hombres y mujeres, así como las
relaciones de poder que de ellas se derivan. En esta etapa, su aplicación en
el ámbito jurídico era escasa y limitada a algunas iniciativas aisladas.
2. Influencia de instrumentos internacionales (años 2000): La ratificación
por parte de México de instrumentos internacionales de derechos humanos,
como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y la Convención de Belém do
Pará, comenzó a sentar las bases para la incorporación de la perspectiva
de género en la legislación. Estos tratados obligaban al Estado a tomar
medidas para garantizar la igualdad y prevenir la violencia contra las
mujeres. Sin embargo, su aplicación en la práctica judicial aún era
deficiente.
3. El punto de inflexión: Sentencias de la Corte IDH y Reforma
Constitucional de 2011: Como se mencionó, las sentencias de la Corte
IDH, especialmente "Campo Algodonero", fueron cruciales. Estas
sentencias no solo expusieron las fallas estructurales del sistema de justicia
mexicano, sino que también establecieron la obligación de juzgar con
perspectiva de género como una medida de no repetición y de reparación
integral. La reforma constitucional de 2011, que elevó los tratados
internacionales de derechos humanos a rango constitucional y estableció la
obligación de interpretar las normas pro persona, consolidó la base jurídica
para la aplicación de esta perspectiva.
4. Desarrollo jurisprudencial y normativo (a partir de 2011):
o Protocolo para Juzgar con Perspectiva de Género: La SCJN, en
respuesta a las condenas internacionales y a la reforma
constitucional, publicó el "Protocolo para Juzgar con Perspectiva de
Género" (primera edición en 2013, con actualizaciones posteriores).
Este documento se convirtió en una guía fundamental para los
operadores de justicia, explicando qué significa juzgar con
perspectiva de género, cómo identificar los estereotipos y asimetrías
de poder, y cómo aplicar esta herramienta metodológica en cada
etapa del proceso judicial.
o Multiplicación de sentencias con perspectiva de género: A partir
del Protocolo y la sensibilización creciente, la jurisprudencia de los
tribunales mexicanos ha ido incorporando la perspectiva de género
en diversas materias (civil, familiar, penal, laboral, administrativa),
reconociendo desigualdades y discriminación antes invisibilizadas.
Ejemplos incluyen el reconocimiento de la violencia vicaria, la
valoración de la violencia de género en casos de custodia de
menores, la desestimación de estereotipos en delitos sexuales, y la
consideración del trabajo de cuidados no remunerado.
o Legislación específica: La perspectiva de género también ha
permeado la legislación interna, con la expedición de leyes como la
Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia
(2007) y reformas a diversos códigos y leyes para incorporar la
perspectiva de género en su redacción y aplicación.
5. Desafíos y consolidación: A pesar de los avances, la aplicación de la
perspectiva de género sigue enfrentando desafíos, como la resistencia
cultural, la falta de capacitación generalizada y la necesidad de una mayor
comprensión de su alcance. Sin embargo, el término ha pasado de ser una
noción abstracta a una metodología indispensable para la impartición de
justicia en México, buscando garantizar la igualdad sustantiva y el acceso a
la justicia para todas las personas, especialmente para aquellas que han
sido históricamente discriminadas por razones de género.

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