TEMA: DECLARACIÓN DE PARTE - Novedad introducida por el Código General del Proceso que no
se pide con fines de lograr una confesión, sino de aclarar o adicionar las respuestas frente preguntas
realizadas por el juez o las del apoderado de la contraparte.
TESIS: “Si bien sobre el punto no existe unanimidad frente a la posibilidad que se tiene de citar a
interrogatorio no sólo a la contraparte, sino a la propia parte, conforme los preceptos del canon 198
del Código General del Proceso inciso primero, que establece que, de oficio o a petición de parte, el
juez ordenará la citación de “las partes”, resulta viable la interpretación de que resulta viable la
citación de la propia parte o de la coparte. (…) Es claro que el interés en la causa permea el
testimonio de la parte de principio a fin, radicando en esto la razón de la máxima tradicional que lo
desconoce, por cuanto ese interés menoscaba su credibilidad. Empero, este factor, hoy en día, en
vez de mirarse como un motivo de rechazo o de inadmisibilidad del medio, porque nada tiene de
ilícito, ni mucho menos de ilegal, en tanto no hay norma que lo prohíba, y si muchas que le dan vida
y vigencia, (…) debe simplemente considerarse como uno de los elementos a tener en cuenta en la
apreciación racional de la prueba, porque parece axiomático afirmar que la apreciación del
testimonio de la parte debe someterse a un tamiz bastante rígido y exigente, si se quiere mayor al
del testimonio común, especialmente en aspectos relacionados con la moralidad, la espontaneidad
y el comportamiento exposicional, porque es en estos campos donde debe visualizarse o
manifestarse las mínimas garantías de credibilidad y sinceridad, ya que no es posible exigir
independencia de quien fue protagonista de los hechos y está interesado en los resultados del
proceso” (…) La petición de declaración de parte del codemandante, o la posibilidad de que su
mismo apoderado lo interrogue, a la luz de la anterior pauta doctrinal no resulta descabellada ni
mucho menos improcedente como lo adujo el juez de conocimiento, teniendo en cuenta que se
trata de una novedad introducida por el Código General del Proceso, en tanto, no se pide con fines
de lograr una confesión, sino de aclarar o adicionar las respuestas frente preguntas realizadas por
el juez o las del apoderado de la contraparte.
MP. JUAN CARLOS SOSA LONDOÑO
FECHA: 24/05/2023
PROVIDENCIA: AUTO
Proceso Verbal
Demandante Yovan Alexis Múnera Puerta en nombre
propio y en representación de sus hijos
Samuel Múnera Molina y Dulce María
Múnera Peña
Demandado Harold Duván Zapata Sánchez y Andrés
Guerrero Fernández
Radicado 05360 31 03 001 2020 00241 01
Procedencia Juzgado Primero Civil del Circuito de
Oralidad de Itagüí
Instancia Segunda
Ponente Juan Carlos Sosa Londoño
Asunto Auto No. 032
Decisión Revoca
Tema Declaración de parte, como novedad
introducida por el Código General del
Proceso y prueba testimonial.
Subtema “Es claro que el interés en la causa
permea el testimonio de la parte de
principio a fin, radicando en esto la razón
de la máxima tradicional que lo
desconoce, por cuanto ese interés
menoscaba su credibilidad. Empero, este
factor, hoy en día, en vez de mirarse como
un motivo de rechazo o de inadmisibilidad
del medio, porque nada tiene de ilícito, ni
mucho menos de ilegal, en tanto no hay
norma que lo prohíba, y si muchas que le
dan vida y vigencia, como se ha explicado
en este trabajo, debe simplemente
considerarse como uno de los elementos
a tener en cuenta en la apreciación
racional de la prueba, porque parece
axiomático afirmar que la apreciación del
testimonio de la parte debe someterse a
un tamiz bastante rígido y exigente, si se
quiere mayor al del testimonio común,
especialmente en aspectos relacionados
con la moralidad, la espontaneidad y el
comportamiento exposicional, porque es
en estos campos donde debe visualizarse
o manifestarse las mínimas garantías de
credibilidad y sinceridad, ya que no es
posible exigir independencia de quien fue
protagonista de los hechos y está
interesado en los resultados del proceso”
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TRIBUNAL SUPERIOR DE MEDELLÍN
2023-033
SALA UNITARIA CIVIL DE DECISIÓN
Medellín, veinticuatro (24) de mayo de dos mil veintitrés (2023)
Se decide por el Tribunal los recursos de apelación interpuestos por
los apoderados de ambas partes frente a lo decidido en la audiencia
del 14 de abril del año en curso proferida por el Juzgado Primero
Civil del Circuito de Oralidad de Itagüí, dentro del proceso verbal de
Yovan Alexis Múnera Puerta en nombre propio y en representación
de sus hijos Samuel Múnera Molina y Dulce María Múnera Peña en
contra de Harold Duván Zapata Sánchez y Andrés Guerrero
Fernández, que negó el decreto de declaración de parte y prueba
testimonial pedidas por la parte actora y demandada
respectivamente.
I. ANTECEDENTES
1. Ante el juzgado Primero Civil del Circuito de Oralidad de Itagüí, se
presentó demanda verbal instaurada por Yovan Alexis Múnera
Puerta quien actúa en nombre propio y en representación de sus
hijos Samuel Múnera Molina y Dulce María Múnera Peña en contra
de Harold Duván Zapata Sánchez y Andrés Guerrero Fernández.
2. Durante la audiencia inicial en la fase de decreto de pruebas el
despacho negó la declaración de parte de Yovan Alexis Múnera
Puerta y la prueba testimonial tendiente a demostrar que el
codemandado Harold Duván Zapata Sánchez se había desprendido
de la guarda material del vehículo causante del accidente que
generó la acción.
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3. La decisión fue recurrida por los apoderados peticionarios así:
3.1. El apoderado de la parte actora solicitante de la declaración de
parte esencialmente porque
“..sobre el tópico ya se ha pronunciado la Corte Suprema de Justicia en
sentencia reciente, lo anterior teniendo en cuenta que el Código General
del Proceso cambió la connotación del interrogatorio de parte, pues ya no
lo es con fines exclusivos de confesión y por citación exclusiva de la
contraparte, sino que al legislador del CGP le interesa se escuche la
versión que de los hechos tiene la misma parte. Así se desprende de los
artículos 165, 191 último inciso y 198 de dicha codificación, que en su
orden señalan la declaración departe como medio de prueba y que el
decreto de interrogatorio de las partes a solicitud de oficio o de parte. Así
la sentencia del 19 de julio de 2022, STC-9197 de 2022 dispuso lo
siguiente:
“Queda claro, entonces, que la versión de la parte sí tiene relevancia en
el proceso civil no solo en lo que la perjudique, sino también en cuanto le
favorezca o en tanto le resulte neutra a sus intereses. Es tan relevante,
pertinente y necesaria la declaración de la parte en el proceso
jurisdiccional, que el Código General del Proceso, expedido en
coherencia con los postulados y principios que sirven de faro al Estado
Constitucional y Social de Derecho, democrático, participativo y pluralista
implementado en la Carta Política de 1991, la positivizó, y lo hizo cuando
autorizó a cada litigante para brindar al proceso su versión de los hechos
y previno al juez para que la valore en comunión con las demás pruebas”
Otorgado el traslado de la impugnación a la parte contraria, se
opuso a su prosperidad indicando que el doctor Ramiro Bejarano
dice que la declaración de parte no fue contemplada ni en la
exposición de motivos ni en las actas de la comisión redactora del
Código General del Proceso del Código, por lo que no está
autorizada y que efectuado interrogatorio exhaustivo al demandante
por parte del juez, manifestó, al finalizar el mismo, que no tenía
nada que agregar.
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3.2. El apoderado de la parte demandada, solicitante del testimonio
de coparte, indicó que
“…la Corte Suprema de Justicia ha venido deprecando que existen
situaciones en las cuales el dueño del vehículo no puede ser responsable
de todos los accidentes que se causan –sic-, es decir, cuando no tiene la
guarda material sobre el vehículo, entonces precisamente los testimonios
van encaminados a demostrar que para el momento del accidente no
existía una guarda material ni jurídica, por parte del señor Harold, toda
vez que se había desprendido de dicha guarda, a través del préstamo del
vehículo o hablando de una forma jurídica de un préstamo de uso, en esa
medida se configura una de las causales para que se exima de
responsabilidad a la parte demandada, en consecuencia para poder
probar dicha afirmación se requiere de la prueba testimonial, quienes lo
harán sobre los hechos de la demanda y en espacial sobre la guarda
marial o jurídica que existe en cabeza del demandante –sic., como es si
se prestó el vehículo, si estaba generando utilidad o no, o si el señor
Andrés era trabajador o no de mi cliente, en aspectos que necesitan ser
aclarados en ese aspecto, entonces quien mejor que los testigos para
declarar sobre ese aspecto, por lo que solicita se reponga la decisión” .
Haciendo uso del traslado la parte actora señaló que lo pretendido
se probaba con medio más conducente “la prueba documental, con
la cual se ha acreditado que el señor es el propietario y por ende
tiene la guarda material y jurídica del bien inmueble –sic al momento
del accidente, por lo que es claro que la decisión del despacho es
conforme a derecho”.
4. Los recursos fueron despachados desfavorablemente por el a quo
así:
4.1. Frente al recurso de la parte actora señaló que la declaración
de parte, citó algunos apartes de la sentencia del Consejo de Estado
del 25 de junio de 2019, radicado 20073300A y STC-21575 del 15
de diciembre de 2017, concluyendo que si bien frente a la
declaración de parte existen posturas jurisprudenciales encontradas,
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la misma no hizo parte del proyecto del Código General del Proceso
como lo adujo el apoderado de la parte demandada, y que por ello el
juzgado es de la posición de que no es procedente que la propia
parte solicite la versión de su poderdante, toda vez que ya el
demandante tuvo la oportunidad de expresar según su saber y
entender todo lo alusivo a los hechos de la demandada y dentro de
esos hechos se pueden verificar lo atinente a las circunstancias del
accidente y a todos los aspectos que están relacionados con las
pretensiones de la demanda, por lo que concedió el recurso de
alzada.
4.2. La impugnación de la parte accionada fue negada por
considerar que la prueba sigue siendo inconducente, toda vez que,
para acreditar la propiedad del vehículo involucrado en el accidente,
el ordenamiento jurídico prevé claramente cuál es el medio de
convicción que acredita dicha circunstancia, siendo totalmente
irrelevante las manifestaciones que puedan hacer terceras personas
ajenas a los hechos del proceso, razón por la que no repuso la
decisión y concedió el recurso de alzada.
II. CONSIDERACIONES
1. El ordenamiento jurídico da especial importancia al derecho de
probar, reconociendo a las partes de un proceso, el de “presentar
pruebas y controvertir las que se alleguen en su contra” (inc. 4º,
artículo 29 Constitución Política) e imponiéndoles la carga (onus
probandi) de acreditar los supuestos fácticos de las normas jurídicas
invocadas para deducir el bien controvertido (artículos 1757 Código
Civil y 167 del C. General del Proceso).
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2. Los medios probatorios se constituyen entonces como uno de los
pilares esenciales para garantizar el acceso eficaz e idóneo a la
administración de justicia, garantizar el debido proceso, la
prevalencia del interés general y del derecho sustancial y, de
manera especial, para solucionar los conflictos con la justicia,
además, el legislador, disciplina la búsqueda u obtención de la
verdad real, material y objetiva en los asuntos confiados a la
decisión judicial, cuanto compromiso ineludible del juzgador en el
ejercicio de la jurisdicción (Sent. de 24 de noviembre de 1999; exp.
5339), dejando “de ser un espectador del proceso para convertirse
en su gran director, y a su vez, promotor de decisiones justas” (Sent.
de 7 de marzo de 1997, cas. civ. de 25 de febrero de 2002; exp.
6623) basadas en los preceptos normativos y en “la verdad material
enfrente de los intereses en pugna” (CXCII, p. 233. cas. civ. de 24
de noviembre de 1999, exp. 5339).
El artículo 168 del Código General del Proceso, estipula que las
pruebas deben ceñirse al asunto materia del proceso, y faculta a su
vez al juez para que rechace de plano las pruebas que estén
prohibidas, o que sean ineficaces, es decir, que sólo puede aceptar
aquéllas que sean conducentes, pertinentes y útiles.
3. Como son dos las providencias que por vía de impugnación
llegaron a conocimiento del Tribunal se resolverán en su orden
como pasa a expresarse.
3.1. Frente a la declaración de parte, el Tribunal en auto No. 048
del 8 de julio de 2021 dentro del proceso verbal de responsabilidad
civil extracontractual instaurada por Luis Javier Bran Alcaraz,
Hildebranda Vidales Vargas, Andrés Felipe Bran Vidales, Luis
Fernando Bran Vidales, Caterine Bran Vidales, Ledy Astrid Bran
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Alcaraz, y Luz Adela Bran Alcaraz en contra de Centro Médico y
Naturista los Olivos y la Previsora Compañía de Seguro S.A,
radicado No. 05001 31 03 016 2019 00474 01, había señalado:
“1. El derogado artículo 203 del Código de Procedimiento Civil tenía una
postura tradicional frente a la declaración de parte, que consagraba que
cada parte podía citar a la otra a interrogatorio, a efectos de lograr
exclusivamente su confesión; postura que implicaba entender igualmente
que aquellas manifestaciones que no fueran confesión no debían ser
tenidas en cuenta por el juez, pues ya las partes habían fijado su posición
en los correspondientes actos introductorios.
“Ahora, con la introducción del Código General del Proceso, en su canon
191 inciso final, se estableció que “La simple declaración de parte se
valorará por el juez de acuerdo con las reglas generales de apreciación
de las pruebas”, y es partir de esta disposición que se ha concluido que el
actual Código General del Proceso, efectivamente consagró la
declaración de parte como medio probatorio autónomo. En tal sentido,
actualmente, todas aquellas manifestaciones de la parte, que no sean
confesión, deberán ser tenidas en cuenta por el juez a la hora de adoptar
la decisión final.
“2. Luego, dado que la declaración de parte se diferencia de la confesión,
en que aquella no implica reconocer hechos que favorezcan a la
contraparte o perjudiquen al declarante, debe concluirse que tal medio de
prueba debe valorarse como un relato sobre las circunstancias atinentes
a la situación problemática que se busca resolver con el proceso. En tal
sentido, este medio guarda gran similitud con el testimonio, y así debería
ser analizado, en cuanto a la coherencia, precisión y claridad de lo
narrado.
“3. De otro lado, y si bien sobre el punto no existe unanimidad frente a la
posibilidad que se tiene de citar a interrogatorio no sólo a la contraparte,
sino a la propia parte, conforme los preceptos del canon 198 del Código
General del Proceso inciso primero, que establece que, de oficio o a
petición de parte, el juez ordenará la citación de “las partes”, resulta
viable la interpretación de que resulta viable la citación de la propia parte
o de la coparte.
“Frente a la controversia que se presenta respecto a la solicitud de
declaración de parte, y como novedad introducida por el Código General
del Proceso, el Dr. José Fernando Ramírez Gómez en un artículo
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denominado “Tendencia Jurisprudencial de la Sala de Casación Civil, de
noviembre de 2017 adujo:
“… Desde cuando se expidió el Código General del Proceso (Ley 1564 del 12 de
julio de 2012), se originó en los medios académicos, judiciales y profesionales
del derecho, una significativa controversia sobre la procedencia de la
declaración voluntaria de las partes en el proceso.
En concreto se discute si el nuevo código procesal consagró como novedoso
medio de prueba la declaración de parte a petición del apoderado que la
representa. Ésta, la cuestión que intentaré responder con el estudio que
acometo.
A decir verdad, la jurisprudencia y la doctrina colombianas, antes de la
expedición del Código General del Proceso, poco se había interesado en el
tema. Para decirlo más claramente, nadie seriamente se había inquietado por el
examen de la conducencia del medio de prueba mencionado. Contrariamente,
en otras latitudes desde tiempo atrás se venía discutiendo y planteando el tema,
inclusive dando cabida al medio de prueba, bien por disposición legal, ora por
virtud de la práctica judicial.
Así lo explica Taruffo en la edición de 2008 de su obra La Prueba:
“Durante muchos siglos, la máxima tradicional ´nemo testis in causa propria´
evitó que las partes fueran interrogadas como testigos: ésta era una manera de
resolver negativamente, y a priori, el problema de si las partes merecen o no ser
consideradas como testigos fiables (…) en algunos sistemas se ha abandonado
la prohibición tradicional de interrogar a las partes como testigos. Este es el
caso actualmente de los sistemas de common law como consecuencia de
importantes cambios ocurridos durante el siglo XIX, cuando se derogaron viejas
reglas acerca de la descalificación como testigos de las partes (…).
El resultado de esta transformación es que la regla actual de que ´toda persona
es competente para ser testigo´ incluye también a las partes. Por lo tanto, las
partes son interrogadas de acuerdo con la regulación acerca del interrogatorio
de testigos"33
Así, cuando el mismo abogado que representaba a una parte, y cuando alguno
de ellos se atrevía a formular tal solicitud sin más se calificaba como error
craso, originando el aborto del debate. Este mismo criterio imperaba cuando se
trataba de apreciar la declaración de parte, pues algunos jueces bajo el
entendimiento que el interrogatorio era un procedimiento que fundamentalmente
tenía como finalidad “provocar” la confesión judicial de la parte que lo absolvía
(art. 194 del Código de Procedimiento Civil), hacían caso omiso de todas las
manifestaciones del interrogado que no constituyeran confesión, es decir, de
todas las declaraciones de la parte que no le fueren adversas o que no
beneficiaran a la parte contraria, que es el primer elemento que la ley exige
para empezar a configurar la confesión (art. 195 núm. 1 del Código de
Procedimiento Civil).
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(Taruffo Michele, La Prueba, Ed. Marcial Pons, Madrid, 2008, Pág. 67.)
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Hasta la expedición del Código General del Proceso tanto la doctrina como la
jurisprudencia nacional, descartaban la conducencia del testimonio de parte
porque el Código de Procedimiento Civil no lo autorizaba, que es una primera
conclusión de este análisis, pues como ha quedado explicado lo consagrado
expresamente era el interrogatorio a instancia de la parte “contraria”, a lo cual
se sumaba la concepción del testimonio como declaración de un tercero.
Entonces, ¿Cuáles fueron los cambios jurídicos que introdujo el Código General
del Proceso, para que se originara la controversia y aparecieran los exponentes
de la tesis del testimonio de la parte? Aunque el Código General del Proceso
tampoco hace una reglamentación detallada de la declaración voluntaria de la
parte, lo cierto es que este si trae algunos novedosos elementos normativos
que dan idea de este nuevo medio de prueba.
Concretamente el art. 165 del Código General del Proceso, al enunciar los
medios de prueba, al contrario de lo que ocurría con el art. 175 del Código de
Procedimiento Civil, establece como tales la declaración de parte y la confesión,
esto es, distingue la mera declaración de parte de aquella que contiene una
confesión, lo cual no lo hacía el Código de Procedimiento Civil, porque bajo su
concepción, como atrás se explicó, la declaración de parte era un instrumento
para provocar la confesión judicial mediante el interrogatorio que a instancia de
parte o de oficio se formulaba. Esta idea, como hasta ahora la hemos llamado,
la ratifica el art. 191 del Código General del Proceso, cuando declara que, “La
simple declaración de parte se valorará por el juez de acuerdo con las reglas
generales de apreciación de las pruebas”. En otras palabras, la declaración de
parte puede ser “simple declaración de parte”, como lo indica la norma, o
constituir confesión, caso en el cual da origen al otro medio que enuncia el art.
165 y que en detalle reglamenta el código en los artículos 191 a 197.
Mientras que el art. 203 del Código de Procedimiento Civil, consagraba
claramente que “cualquiera de las partes podrá pedir la citación de la contraria,
a fin de interrogarla sobre los hechos relacionados con el proceso”, el Código
General del Proceso eliminó cualquier referencia a la parte “contraria” al hacer
la reglamentación del interrogatorio dentro del proceso, pues tal acepción como
“contraparte”, solo aparece mencionada en el art. 184, que se ocupa de la
definición del interrogatorio de parte extraprocesal.
Las anteriores normas configuran un principio de diferencia entre la declaración
de parte que diseñaba y reglamentaba el Código de Procedimiento Civil y la
declaración de parte que desarrolla el Código General del Proceso, pues
mientras que en el primero este era un medio para obtener la confesión de la
parte, en el segundo puede llegar a originar confesión o constituir “simple
declaración de parte”, como lo establece el art. 191 del Código General del
Proceso.
Esta fórmula legal en el marco de la declaración de parte rendida por decisión
oficiosa del juez o como respuesta al interrogatorio de la contraparte, permite
superar el déficit de apreciación que anteriormente se explicaba como práctica
judicial, porque bajo el régimen del Código General del Proceso, el juez,
magistrado o árbitro tiene el deber de evaluar a plenitud la declaración de la
parte, como confesión lo adverso al declarante o favorable a la parte contraria, y
como “simple declaración de parte”, toda manifestación que no constituya el
medio de la confesión.
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Empero, esa distinción no resulta suficiente para dar respuesta a la cuestión de
fondo, es decir, el testimonio de la parte, entendido por tal, la deposición de
esta como respuesta al interrogatorio que le propone su propio apoderado, y
que obviamente no constituye confesión.
A esta altura del análisis, oportuno parece llegar a una segunda conclusión: el
Código General del Proceso a pesar de los cambios que introdujo al régimen de
la declaración de parte en el Código de Procedimiento Civil, no hizo una
reglamentación expresa e in extenso del medio probatorio del testimonio de
parte. Sin embargo, esta deficiencia legislativa no implica que el medio no tenga
cabida en el régimen procesal colombiano y específicamente en el del Código
General del Proceso, porque como se ha venido explicando los escollos han
sido removidos: el sistema escrito dio paso a la oralidad y a un proceso por
audiencias; fue abolida la condición legal de que el interrogatorio a instancia de
parte debía ser formulado por “la contraria”, pues esta exigencia en el Código
General del Proceso solo la consagra el art. 184 para el interrogatorio
extraprocesal o por fuera del proceso como prueba anticipada.
Según esto, las trabas legales han desaparecido, para solo quedar imperando
como obstáculo para dar apertura al medio del testimonio de parte, la máxima
tradicional “nemo testis in causa propria”; que por sí sola es insuficiente para
impedir el medio, cuando existe una norma abierta, o si se quiere en blanco,
como lo es el art. 165, que se limita a enunciar algunos medios, para luego abrir
la esclusa y permitir la llegada de “cualesquiera otros medios que sean útiles
para la formación del convencimiento del juez”, entre los cuales, sin duda
alguna, puede estar el testimonio de la parte, porque el único límite que impide
la aparición y aceptación de medios probatorios distintos a los enunciados
legalmente, es el de los derechos constitucionales fundamentales que
procesalmente quedan omnicomprendidos por el debido proceso, conforme lo
establece el inciso final del art. 29 de la Constitución Política y lo ratifican los
arts. 14 y 164 del Código General del Proceso.
Tamiz de control constitucional que indudablemente supera el medio que se
investiga, porque además de que la ley en manera alguna lo proscribe, las
trabas, como ya se dijo, fueron abolidas por el Código General del Proceso, y la
máxima que tradicionalmente se ha antepuesto para desconocer esta
posibilidad probatoria, a la cual se suma el dogma de que a nadie le está
permitido crearse su propia prueba, resulta demeritada por la propia ley cuando
establece en el inciso final del art. 191 del citado código, que la simple
declaración de parte, es decir, aquella que no constituye confesión, debe ser
valorada “por el juez de acuerdo con las reglas generales de apreciación de las
pruebas” o sea, en conjunto con los demás medios de prueba y de acuerdo con
las reglas de la sana crítica (art. 176 ibídem).
El silencio de la jurisprudencia y doctrina colombianas tenía múltiples
explicaciones que iban desde la influencia del principio “nemo testis in causa
propria”, pasando por el texto legal que en el art. 203 del Código de
Procedimiento Civil, establecía que el interrogatorio a instancia de parte se
originaba en la petición “de la contraria”, hasta llegar a la vigencia plena de un
sistema escrito que solo veía como instrumentos adecuados para la exposición
de la posición de las partes, los actos de introducción en el proceso, llámense
demandas o contestaciones.
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Todo en conjunto constituía muro infranqueable para que la parte en acto
procesal distinto expusiera voluntariamente su concepción fáctica. Esta
perspectiva jurídica, aunada a la ausencia de una reglamentación expresa del
medio, condujo a los jueces a rechazar de plano y sin mayor consideración la
práctica de la declaración de parte pedida por el mismo abogado que la
representaba, y cuando alguno de ellos se atrevía a formular tal solicitud sin
más se calificaba como error craso, originando el aborto del debate. Este mismo
criterio imperaba cuando se trataba de apreciar la declaración de parte, pues
algunos jueces bajo el entendimiento que el interrogatorio era un procedimiento
que fundamentalmente tenía como finalidad “provocar” la confesión judicial de
la parte que lo absolvía (art. 194 del Código de Procedimiento Civil), hacían
caso omiso de todas las manifestaciones del interrogado que no constituyeran
confesión, es decir, de todas las declaraciones de la parte que no le fueren
adversas o que no beneficiaran a la parte contraria, que es el primer elemento
que la ley exige para empezar a configurar la confesión (art. 195 núm. 1 del
Código de Procedimiento Civil).
(…)
Ahora, como el medio del testimonio de la parte no fue reglamentado
expresamente por el Código General del Proceso, según conclusión anterior,
cabe entrar a averiguar por el procedimiento que debe aplicarse a su práctica, o
sea cuando su apoderado solicita la citación de su representado para que rinda
la declaración de parte. Para ese caso, tratándose de una prueba no prevista
por el Código General del Proceso, debe empezarse por acudir a lo
preceptuado por el inciso 2º del art. 165 del citado código, en tanto establece
que las pruebas no determinadas por el mismo deben practicarse “de acuerdo
con las disposiciones que regulen medios semejantes o según su prudente
juicio (el del juez, árbitro o magistrado).
Preservando los principios y garantías constitucionales”. Conforme a este
artículo para llenar el vacío legislativo el operador tiene dos opciones: acudir a
la reglamentación de “medios semejantes” o aplicar “su prudente juicio”, en uno
y otro caso dejando a salvo los principios y garantías constitucionales, que en
materia procesal resultan comprendidos por el debido proceso, el derecho de
defensa y la igualdad de las partes, como bien se colige de lo consagrado por
los arts. 11 y 12 del Código General del Proceso, cuando se ocupan de los
regímenes de interpretación e integración de las normas que constituyen el
estatuto procesal. Si se acude a la regulación de los medios semejantes que es
la primera de las opciones que la norma ofrece, aunque no la prevalente porque
la norma no establece esa prelación, hallamos dos alternativas de
procedimiento: la del interrogatorio de parte, diseñado por el art. 203, y la del
interrogatorio del testigo, regulado por el art. 221. Cada uno con sus alcances y
limitaciones. Escoger uno u otro procedimiento no es cuestión aleatoria porque
la norma invocada exige hacer una ponderación en torno a los principios y
garantías constitucionales, como antes se anotó. Pero además debe
examinarse la reglamentación legal con el fin de buscar signos de compromiso
con alguno de los distintos procedimientos. Si se piensa en el interrogatorio que
para la parte regulan los arts. 202 y 203 del Código General del Proceso, el cual
resulta viable porque ya la ley no exige que este sea formulado por la parte
“contraria”, pues esta referencia solo aparece en el art. 184 para el
interrogatorio de parte extraprocesal, se encuentran las siguientes condiciones
legales: i) veinte (20) preguntas formuladas por el apoderado de la misma parte,
como máximo, ii) derecho de objetar preguntas por la contraparte por los
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motivos previstos en el inciso tercero del art. 202, pero sin derecho a contra
preguntar, iii) cada pregunta debe referirse a un solo hecho, pudiendo ser o no
asertivas, iv) si la pregunta es asertiva el interrogado deberá limitarse a negar o
a afirmar la existencia del hecho preguntado, pero pudiendo agregarse las
explicaciones que el interrogado considere necesarias, y v) la parte interrogada
puede hacer dibujos, gráficas o representaciones con el fin de ilustrar su
testimonio, y reconocer documentos que obren en el expediente.
Si se opta por el procedimiento que para el interrogatorio de testigos consagra
el art. 221 del código, las condiciones legales son: i) no hay límite de preguntas
para el apoderado que solicita la prueba, ii) la contraparte, también, sin límite de
preguntas, tiene derecho a interrogar, iii) una y otra parte tiene derecho a
interrogar nuevamente con fines de aclaración o refutación, iv) el declarante
podrá hacer dibujos, gráficas o representaciones con el fin de ilustrar su
testimonio, así como aportar y reconocer documentos relacionados con su
declaración, v) se admite el derecho de objetar preguntas de la contraparte.
Parangonados los dos métodos con el fin de hacer la ponderación
constitucional que el art. 165 exige para la escogencia frente a la alternativa, se
halla que la gran diferencia entre uno y otro, estriba en la facultad de interrogar,
pues esta en el caso del interrogatorio de parte solo la tiene el apoderado
solicitante de la prueba con un límite de veinte preguntas, en tanto que en el
interrogatorio del testigo la facultad es para ambas partes sin límite de
preguntas. Esta simple comparación deja al descubierto que es el
procedimiento del testimonio el que más preserva las garantías
constitucionales, pues la facultad que se le otorga a la parte contraria para
contrainterrogar no solo garantiza el principio de contradicción dando eficacia al
derecho de defensa, sino que hace realidad la igualdad entre las partes, que es
garantía que se vería menoscabada si se aplicará el régimen del interrogatorio
de parte, pues, en ese caso, como ya se anotó, el derecho a formular preguntas
solo se le otorga a 12 quien solicitó la prueba, con independencia de la facultad
que se le confiere al director del proceso.
(…)
Desde luego que si el procedimiento que se aplica es el del interrogatorio del
testigo, y no el del interrogatorio de parte, pues se trata del testimonio de parte,
cuyo fin no es provocar la confesión, descartadas quedan las sanciones y
consecuencias probatorias que los arts. 203 y 205 del Código General del
Proceso, establecen en consideración al comportamiento observado por la
parte absolvente del mismo.
Igualmente, deben entenderse excluidas, por la misma razón de no estar frente
a instrumento para provocar confesión, las preguntas asertivas cuya respuesta
está limitada a negar o afirmar la existencia del hecho preguntado, sin perjuicio
de las explicaciones a que hubiere lugar, como lo expresa el inciso 4 del art.
203 del código, porque precisamente el número 5 del art. 221, las veda para el
interrogatorio del testigo, cuando prevé que no son admisibles las respuestas
que se limiten a aceptar como cierto el contenido de la pregunta o a reproducir
el texto de ella, porque en todo caso el testigo está siempre obligado a exponer
la razón de la ciencia de su dicho, a lo cual el juez debe ponerle todo su
empeño.
Es entonces el procedimiento de la práctica del testimonio el que debe aplicarse
cuando se trate de recibir el testimonio de la declaración de parte, pues a esa
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conclusión llevan las normas del Código General del Proceso que han sido
invocadas, interpretadas conforme a la Constitución Política, según lo manda el
art. 165 del estatuto procesal. Procedimiento que es el que se utiliza en el
sistema anglosajón, bastante experimentado en el campo, y por el que aboga
Michele Taruffo cuando dice: “Por lo tanto, las partes son interrogadas de
acuerdo con la regulación acerca del interrogatorio de testigos”34 .
Además, de alguna manera ese es el tratamiento que insinúa el inciso final del
art. 191, cuando señala que la simple declaración de parte, es decir, la que no
contiene confesión, debe ser evaluada por el juez “de acuerdo con las reglas
generales de apreciación de las pruebas”.
Es claro que el interés en la causa permea el testimonio de la parte de principio
a fin, radicando en esto la razón de la máxima tradicional que lo desconoce, por
cuanto ese interés menoscaba su credibilidad. Empero, este factor, hoy en día,
en vez de mirarse como un motivo de rechazo o de inadmisibilidad del medio,
porque nada tiene de ilícito, ni mucho menos de ilegal, en tanto no hay norma
que lo prohíba, y si muchas que le dan vida y vigencia, como se ha explicado en
este trabajo, debe simplemente considerarse como uno de los elementos a
tener en cuenta en la apreciación racional de la prueba, porque parece
axiomático afirmar que la apreciación del testimonio de la parte debe someterse
a un tamiz bastante rígido y exigente, si se quiere mayor al del testimonio
común, especialmente en aspectos relacionados con la moralidad, la
espontaneidad y el comportamiento exposicional, porque es en estos campos
donde debe visualizarse o manifestarse las mínimas garantías de credibilidad y
sinceridad, ya que no es posible exigir independencia de quien fue protagonista
de los hechos y está interesado en los resultados del proceso”.
El extenso prolegómeno doctrinario anterior para concluir que la
petición de declaración de parte del codemandante Yovan Alexis
Múnera Puerta, o la posibilidad de que su mismo apoderado lo
interrogue, a la luz de la anterior pauta doctrinal no resulta
descabellada ni mucho menos improcedente como lo adujo el juez
de conocimiento, teniendo en cuenta que se trata de una novedad
introducida por el Código General del Proceso, en tanto, no se pide
con fines de lograr una confesión, sino de aclarar o adicionar las
respuestas frente preguntas realizadas por el juez o las del
apoderado de la contraparte.
Obviamente, la valoración de tal declaración, como se dice por el
doctrinante y ex magistrado de la Sala de Casación Civil, exige
34
Taruffo Michelle, Opus cit., pág. 67
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mayor rigidez, incluso diferente al de un testimonio común,
especialmente en aspectos relacionados con la moralidad, la
espontaneidad y el comportamiento exposicional, porque es en
estos campos donde debe visualizarse o manifestarse las mínimas
garantías de credibilidad y sinceridad, ya que no es posible exigir
independencia de quien fue protagonista de los hechos y está
interesado en las resultas del proceso.
3.2. En cuanto a la prueba testimonial solicitada por la parte
demandada, es claro que la misma reunía los requisitos del artículo
212 del C. General del Proceso, puesto que, no siempre la guarda
material está en cabeza del propietario inscrito. Ha señalado la
Corte:
“b) "y sobre este particular, propicio al caso ventilado, la jurisprudencia
colombiana, de antaño, acuñó la concepción del guardián del bien con el
que se cumple dicha actividad, planteando que es la persona "(....) física
o moral que, al momento del percance, tuviere sobre el instrumento
generador del daño un poder efectivo e independiente de dirección,
gobierno o control, sea o no dueño, y siempre que en virtud de alguna
circunstancia de hecho no se encontrare imposibilitado para ejercitar ese
poder" (G.J. T. CXLII, pág. 188).
“Tendencia que, así mismo, dejó reseñada en el siguiente texto: "Desde
luego haya que advertir que al momento de verificar contra quién se
dirige la demanda de responsabilidad derivada del ejercicio de las
actividades peligrosas, la cuestión debe ser examinada según quienes
sean sus guardianes, perspectiva desde la cual se comprenden por
pasiva todas aquellas personas naturales o jurídicas de quienes se pueda
predicar potestad, uso, mando, control o aprovechamiento efectivo del
instrumento mediante el cual se realizan aquellas actividades" -hace notar
la Sala- (Sent. nov. 26/99, Exp. 5220).
Luego, como la calidad de propietario por sí sola no hace presumir
la calidad de guardián, la solicitud de prueba resultaba conducente.
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4. En este orden de ideas, procede la REVOCATORIA de la
decisión recurrida, para en su lugar decretar como prueba la
declaración de parte del codemandante Yovan Alexis Múnera
Puerta, como también la de los testimonios de la parte demandada,
para lo cual el juez de instancia procederá a señalar fecha y hora
para su recepción.
III. DECISION
Por lo expuesto el Tribunal Superior de Medellín en Sala
Unitaria Civil de Decisión, REVOCA la decisión del 14 de abril
último, proferido por el Juzgado Primero Civil del Circuito de
Oralidad de Itagüí, y en su lugar decreta como prueba la declaración
de parte del codemandante Yovan Alexis Múnera Puerta, como
también la de los testimonios de la parte demandada. El juez de
instancia procederá a señalar fecha y hora de la audiencia para la
práctica de las pruebas. Sin costas por no haberse causado.
NOTIFIQUESE
JUAN CARLOS SOSA LONDOÑO
Magistrado
Firmado Por:
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Juan Carlos Sosa Londono
Magistrado Tribunal O Consejo Seccional
Sala 001 Civil
Tribunal Superior De Medellin - Antioquia
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conforme a lo dispuesto en la Ley 527/99 y el decreto reglamentario 2364/12
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