Fallo
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proveía las herramientas, sino que GARCÍA utilizaba herramientas
propias para ejecutar sus tareas. Asevera que el pretensor tampoco
cumplía una determinada jornada de trabajo -circunstancia que, según
dice, incluso fue referida por sus propios testigos-, ni se le impartían
órdenes ni instrucciones de labor, a la vez que asumía en forma
personal su riesgo empresario, de modo que actuaba de manera
independiente, sin exclusividad y siempre inscripto impositivamente
como trabajador autónomo o monotributista. Alega que el demandante
nunca dirigió reclamo alguno referido a la supuesta naturaleza laboral
del vínculo habido, ni acerca del carácter salarial de los importes que
facturaba, ni en procura de diferencias en vacaciones o salarios, a la
par que enfatiza que si GARCÍA no aceptaba el servicio encomendado,
o las partes no se ponían de acuerdo sobre el monto que estipulaba el
propio actor, la empresa contrataba los servicios a otro proveedor,
circunstancia que, según aduce, demuestra a las claras la inexistencia
de un contrato de trabajo. Transcribe los testimonios prestados a
propuesta de su mandante y sostiene que lo único demostrado en
autos es que existió un vínculo de carácter netamente comercial, que
finalizó en 2018 como consecuencia de la improcedente intención del
actor de poner en crisis toda su actividad y de tergiversar los hechos,
forzando el derecho. Vierte otras consideraciones a fin de dar sustento
a su postura sobre la inexistencia del vínculo dependiente invocado y
cita opiniones doctrinarias y precedentes jurisprudenciales que, según
entiende, dan aval a su tesitura.
Desde otra arista, objeta el decisorio en cuanto consideró
justificado el despido indirecto notificado por el actor y,
consecuentemente, derivó a condena las indemnizaciones previstas en
los arts. 232, 233 y 245, L.C.T., así como el agravamiento que
establece el art. 2º de la ley 25.323. Señala, respecto de este último,
que más allá de la inexistencia de la relación laboral invocada, lo cierto
es que el rubro no resulta admisible por cuanto no existía un crédito
exigible, ni a su respecto se configuró mora alguna.
También dice agraviarse porque se admitió la duplicación
indemnizatoria prevista en el art. 15 de la ley 24.013 y, en su relación,
alega que el pretensor no remitió una intimación válida, ni a su
representada ni a la A.F.I.P., conforme lo exige el art. 11 de la ley
24.013. Peticiona, sin perjuicio de ello y a todo evento, que se aplique
la morigeración que instituye el art. 16 del mismo plexo legal.
De igual modo, cuestiona la condena impuesta a su
mandante de hacer entrega al actor de los certificados establecidos en
el art. 80 de la L.C.T., así como la procedencia de la indemnización
Fecha de firma: 29/04/2024
Firmado por: MARIA DORA GONZALEZ, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MONICA B QUISPE, SECRETARIA DE CAMARA
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que dispone dicho precepto legal, esta última en tanto que, según
refiere, el actor omitió satisfacer el requisito formal que estatuye la
norma y su decreto reglamentario.
En su sexto agravio, sostiene que es erróneo y elevado el
cálculo practicado en la sentencia a fin de establecer el promedio de
remuneraciones, en función de la facturación del actor correspondiente
al período comprendido entre febrero y julio de 2017.
Seguidamente, objeta lo decidido en la sentencia en materia
de intereses, particularmente, con referencia al Acta de esta Cámara
Nro. 2764, cuya aplicación fue ordenada por el Magistrado de origen.
Precisa que el sistema de capitalización dispuesto en el Acta de
mención impone un resultado a todas luces desproporcionado y
arbitrario, motivo por el cual plantea su ilegalidad e inconstitucionalidad.
Aduce que es improcedente la aplicación retroactiva del Acta y que la
forma en la que esta Cámara interpretó el art. 770 del Código Civil y
Comercial no guarda relación con lo dispuesto en la norma, a lo cual
agrega que –según su tesis- la capitalización de una tasa de interés
efectiva implica un doble anatocismo. Peticiona, en consecuencia, que
se elimine la capitalización ordenada o, en su defecto, que se proceda
a su morigeración o reducción, conforme a las facultades previstas en
el art. 771 del Código Civil y Comercial.
Por último, apela lo resuelto en materia de costas, así como
los honorarios regulados a los profesionales intervinientes en autos, por
estimarlos elevados.
Por su parte, el actor se agravia porque el Judicante de
grado desestimó la indemnización peticionada en los términos que
prescribe el art. 8º de la ley 24.013. Argumenta que, contrariamente a
lo expuesto por el Sentenciante, su parte satisfizo la totalidad de los
requisitos previstos en el art. 11 del referido cuerpo legal, puesto que
cursó en tiempo y forma el despacho a la A.F.I.P. que establece la
norma, la que, conforme aduce, no exige que se demuestre la efectiva
recepción de la pieza telegráfica en cuestión. Señala que lo decidido,
en cuanto se sustenta en la falta de identificación de la pieza por parte
del Correo Oficial, configura un exceso de rigorismo formal que no se
condice con el fin perseguido por el dispositivo legal.
También cuestiona el rechazo de la acción promovida contra
el codemandado Pablo María Pedro OEYEN. Sostiene que el
nombrado, en su calidad de presidente del directorio de la sociedad
codemandada, no podía ignorar su presencia diaria en la empresa, de
modo que consintió y utilizó la figura societaria de una manera
fraudulenta, en perjuicio de su parte. Alega que, en ese contexto,
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OEYEN debe ser responsabilizado a título personal, conforme a lo
dispuesto en los arts. 54, 59 y concordantes de la Ley de Sociedades
Comerciales.
II. Reseñados sucintamente los planteos recursivos, anticipo
que los agravios que expresa la codemandada LIQUIGAS S.A., en
cuanto cuestionan el carácter laboral que se asignó en la sentencia
apelada al vínculo invocado en la demanda, no habrán de recibir, por
mi intermedio, favorable resolución, pues a mi juicio en el
pronunciamiento de la instancia anterior se han analizado
adecuadamente todos los elementos fácticos y jurídicos de la causa
que hacen a este punto y no veo que en el memorial de agravios se
hayan aportado datos o argumentos que resulten eficaces para revertir
la resolución.
Sobre el particular y en orden a los agravios vertidos, en
primer lugar señalaré que, en mi opinión –y contrariamente a lo
alegado por la recurrente-, en el presente caso resulta de aplicación la
presunción prevista en el art. 23 de la L.C.T. (“El hecho de la prestación
de servicios hace presumir la existencia de un contrato de trabajo,
salvo que por las circunstancias, las relaciones o causas que lo
motiven se demostrase lo contrario”), pues es un hecho admitido que el
accionante fue contratado por LIQUIGAS S.A. para prestar servicios
propios de su oficio de mecánico, en la reparación de los vehículos que
la demandada utilizaba para desarrollar su actividad de transporte y de
distribución de gas licuado (“…Fue en virtud de la actividad comercial
realizada por el actor, que mi mandante a partir del año 2008 -su primer
factura fue el 12/05/2008- […], contrató en forma esporádica y sin
ningún tipo de continuidad u obligación en el tiempo, los servicios
referidos brindados por la organización del actor…”, v. fs. 109vta.).
Dejo aclarado que, al menos desde mi perspectiva, la
operatividad de la presunción antes aludida no puede ser supeditada a
la demostración de servicios prestados en relación de dependencia, en
tanto que tal tesitura, a mi modo de ver, neutraliza el propósito de la
norma. Es que, en mi opinión, el concepto de dependencia laboral se
confunde con el de contrato de trabajo, al punto que, si existe
dependencia, seguramente habrá contrato laboral y resulta frecuente el
uso doctrinario de ambas expresiones como sinónimas. En ese marco,
afirmar que la presunción legal solo resulta aplicable cuando se
demuestra la dependencia equivale a sostener que la presunción del
contrato de trabajo requiere la previa prueba del contrato mismo (cfr.
C.N.A.Tr., Sala III, 28 de junio de 1996, “Dursi, Ariel A. c/ La Franco
Argentina Cia. de Seguros”, DT, 1997 – A, pág. 60), lo cual, en mi
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óptica, no se ajusta a la finalidad perseguida por el dispositivo, el cual
opera como un mecanismo de garantía y está orientado a prevenir
situaciones de fraude.
Ahora bien, como es sabido, la presunción aludida admite
prueba en contrario y, en tal sentido y en lo que aquí interesa,
condiciona su alcance a la demostración, por parte de quien las alega,
de circunstancias, relaciones o causas que acrediten un vínculo de
naturaleza distinta a la que es propia de un contrato de trabajo y “…en
tanto que por las circunstancias no sea dado calificar de empresario a
quien presta el servicio…”, expresión ésta que hace alusión, en mi
criterio, a la noción de trabajador autónomo quien, por oposición a lo
que sucede con un trabajador dependiente, no se incorpora a la
organización de un tercero y, por consiguiente, asume los riesgos de su
actividad organizando su propio trabajo. Desde mi enfoque, la figura del
empresario que menciona el referido art. 23, remite a la asunción del
riesgo comercial y, en mi opinión, para determinar cuándo se está o no
en presencia de una empresa, debe recurrirse a la caracterización que
brinda el art. 5º de aquel cuerpo legal, es decir, a la organización
instrumental de bienes materiales e inmateriales ordenados bajo una
dirección y orientados al logro de fines económicos.
Sin embargo, en el caso y tal como fue considerado por el
Magistrado que intervino en la anterior sede, no advierto que la
apelante haya aportado pruebas hábiles que acrediten que el actor
hubiese desempeñado sus tareas a través de una organización propia
o que corrió con los riesgos económicos usuales de un trabajador en su
desempeño autónomo, aportando capital propio para soportar pérdidas
u obtener ganancias, de modo que, desde ya lo adelanto, no encuentro
desactivada la presunción en comentario.
Al respecto, he de precisar en primer término que, al menos
desde mi enfoque, los dichos de los testigos que declararon a
propuesta de la ahora apelante deben ser valorados en forma rigurosa,
puesto que todos ellos, según surge de sus declaraciones, se
desempeñaban como dependientes de la empresa accionada al tiempo
de prestar su declaración, en tanto que algunos de ellos, incluso, lo
hacían con cargos jerárquicos –vbg., Gabriel Nicolás BARCE era jefe
de taller-, circunstancia que, en mi opinión, los incluye en las
previsiones del art. 441 inc. 5º del C.P.C.C.N., es decir, dentro de las
generales de la ley y que, de alguna manera, tiñe de cierta subjetividad
sus declaraciones y los coloca en una situación que, según creo,
impone valorar sus dichos restrictivamente (“…la relación del
dependiente, además de los factores emocionales que corresponden
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ya sea por respeto, temor, consideración, odio o rencor […] está
considerada como un elemento que obliga a que la sentencia juzgue
con debido rigor sus dichos. Sobre todo si el dependiente puede tener
responsabilidad en el hecho que está sometido a juzgamiento, u
obtener alguna ventaja de su resultado. No debe olvidarse que el
testimonio del dependiente puede mejorar su situación (ascensos,
trato, etc.) o exponerlo a perder su trabajo o a consecuencias
adversas…” (FALCÓN, Enrique M., Tratado de la Prueba, 2003,
Buenos Aires: Astrea, Tomo 2, págs. 324/325).
Desde ese enfoque, los dichos de los deponentes, en cuanto
refieren a que el actor no contaba con horarios fijos, que no integraba
el plantel de la empresa y solo era llamado circunstancialmente para
reparar algún camión cuando se presentaba un desperfecto, a mi juicio,
carecen de la entidad suasoria que la apelante pretende otorgarles, no
solo porque sus afirmaciones, como dije, deben ser valoradas con
mayor estrictez a la usual por tratarse de personal perteneciente a la
empresa, sino también porque en la causa obran diversos elementos
de juicio que contradicen lo aseverado por los testigos. Así, se advierte
que los deponentes señalaron que la actividad que el actor
desarrollaba en la empresa carecía de continuidad, ya que podía ser
convocado para ejecutar un trabajo y luego no ser llamado por varios
días o semanas; sin embargo, la facturación obrante en el sobre anexo
Nro. B-3744 –la que fue relevada por la experta contable en su informe
de fs. 214/218- evidencia que los trabajos mantenían una habitualidad
casi diaria, en tanto que GARCÍA facturaba a razón de cinco o seis
trabajos quincenales, cada uno de los cuales, seguramente y en
función del detalle que se observa en las facturas, demandaba más de
un día para su ejecución. Esta asiduidad también se desprende de las
órdenes de trabajo que fueron acompañadas en el sobre anteriormente
mencionado, varias de las cuales fueron reconocidas por el testigo
Marcelo Sebastián MARTÍNEZ PAROLIN (v. fs. 386 de la foliatura
digital).
A lo anterior se añade que los deponentes, conforme resulta
de la transcripción que vierte la propia apelante en su recurso,
manifestaron desconocer datos relevantes de la vinculación, lo cual, en
mi óptica, quita a sus manifestaciones su fuerza de convicción, máxime
si se repara en que tal desconocimiento recae incluso sobre cuestiones
que la apelante sostiene haber acreditado con los dichos de los
deponentes –y que serían hábiles para desvirtuar la presunción
prevista en el art. 23 de la L.C.T.-, como las que refieren a que el
accionante podía rechazar trabajos y a que fijaba el importe de sus
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servicios, circunstancias que, a mi juicio y contrariamente a lo alegado,
en modo alguno surgen demostradas con los testimonios (“…no sabe
quién decidía o no hacer el servicio…no sabe quién establece los
montos de los servicios…desconoce quién se hacía cargo de los
gastos…en la época del actor desconoce cuántos camiones o tanques
se reparaban por día…no sabe qué herramientas usaba el actor para
hacer su trabajo…”, testigo CAMMAROTTA; “…el actor hacía de lo que
es elásticos, suspensión de camiones y semi remolques…no sabe si
tenía un horario marcado…no sabe dentro de una semanas cuántas
veces lo veía…si el actor no quería prestar un servicio desconoce qué
pasaba…por semana no recuerda cuántos camiones reparaba el
actor…no sabe cuántos se reparaban…no recuerda cuántas facturas
supervisaba semanalmente del actor…no sabe cuántos camiones y
semis había en Liquigas…”, testigo DE AMORIN CAMPOS; “…no sabe
cómo le pagaban los arreglos que realizaba el actor…no recuerda la
fecha en la que el actor trabajó…no sabe quién establecía el monto de
los servicios del actor a pagar…no sabe quién lavaba los camiones…
no sabe quién pagaba los servicios que alguna vez se realizaron en
ruta…”, testigo DOGLIOLO; “…las reparaciones podían ser en
cualquier momento…no sabe cómo le pagaban al actor por sus
trabajos realizados…no sabe cada cuánto le pagaban…no sabe
cuándo comenzó el actor realizar las reparaciones…tampoco recuerda
hasta cuándo estuvo trabajando…”, testigo BARCE).
Por lo demás, no puedo dejar de señalar que, con
independencia de las cuestiones que refieren los testigos vinculadas a
la inexistencia de horarios fijos y acerca de la ajenidad del actor
respecto de la empresa accionada, lo cierto es que las manifestaciones
de los declarantes dan clara cuenta que GARCÍA se desempeñó en
tareas propias del objeto de LIQUIGAS S.A., en beneficio de dicha
empresa, en sus instalaciones y en permanente disposición a sus
requerimientos y necesidades, relacionadas con la reparación de los
vehículos (“…los trabajos se los asignaba el jefe de taller…el actor
trabajaba dentro de la empresa en el predio y a veces hacía trabajos
fuera de la empresa hacía auxilios muy de vez en cuando…el conteiner
con las herramientas estaba en el taller…el taller estaba dentro de la
empresa…aclara que el conteiner estaba cerca del taller…”, testigo
CAMMAROTTA; “…el actor cuando informó al principio era reparador
de elástico y suspensión…el jefe de taller decidía si se hacía o no el
servicio…estos servicios se hacían en la playa de estacionamiento…lo
vio también fuera del predio y entiende que en alguna oportunidad
pudo haber prestado servicio en ruta…si se rompía un camión fuera de
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ese horario entiende que debían llamarlo si podían auxiliar, coordinar la
urgencia y ver si coordinaban la reparación…”, testigo DE AMORIN
CAMPOS; “…las reparaciones podían ser en cualquier momento, así
que al actor se lo llamaba en cualquier momento, cualquier día…
cuando iba el actor un domingo para hacer una reparación era porque
Héctor Calichio lo llamaba…”, testigo BARCE).
A todo evento, juzgo que en el caso no huelga recordar que -
como es sabido- la ausencia de sujeción a un horario determinado, por
sí sola, no obsta a la existencia de una relación laboral, por cuanto la
obligación de cumplir un horario fijo no es un elemento estructural del
contrato de trabajo y, en ese marco, si se demuestra -como en el caso-
que el actor dispuso de su fuerza laboral a favor de la empleadora, a
cambio de una retribución y sujeto a sus órdenes y directivas, cabe
concluir sobre el carácter laboral de la vinculación, aun cuando no haya
habido un horario fijo ni una cantidad fija de tareas a cumplir.
Por otra parte, las testificales rendidas a propuesta del actor,
desde mi perspectiva, dan clara cuenta que las tareas desempeñadas
por GARCÍA se hallaron insertas en el núcleo de las actividades
específicas de la receptora del trabajo –LIQUIGAS S.A.-, quien fijaba
los horarios de labor, impartía las órdenes, estipulaba los precios de los
servicios, suministraba una parte de las herramientas, fijaba las
condiciones y los lugares en los que se prestaban las tareas -en su
mayoría, en el mismo predio de la empresa-, sin que pueda
vislumbrarse que el actor, para la ejecución de los servicios, hubiese
asumido riesgo alguno (“…el actor hacía trabajos de mecánica, tanto
en los camiones como en los semi remolques, todo lo que tenía que ver
con la movilidad de los camiones, la parte de abajo, la alineación, hacía
los elásticos, de eso se acuerda y no sabe qué otros componentes
tiene la parte de movilidad de debajo de los camiones…el actor hacía
un horario fijo de 9 a 18 y según la necesidad venía antes o también
hacía trabajos fuera cuando tenía que ir y solucionar para que el
camión continuara viajes…el actor facturaba, el actor hacía los
trabajos, eso tenía un costo, hacía las facturas y las pasaba para que le
abonaran a través de un cheque, las órdenes se emitían en “Liquigas
Campana” y se mandaban a administración central….siempre desde
que el actor entró cobró de esta forma o eso es lo que él sabe, no es
algo que el dicente manejara….si un camión se rompía fuera del
horario laboral y era muy urgente, tenía que cargar las cosas en su
camioneta y tenía que ir…los camiones eran de LIQUIGAS…el actor
reparaba los elásticos de las 80 y pico de unidades, no sabe si
tercerizaban algo afuera…las otras reparaciones las hacían en el taller
Fecha de firma: 29/04/2024
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también de LIQUIGAS, con mecánicos de distintas especialidades,
hacían la parte de frenos, motores, etc…”, testigo Alejandro
PIZZOLEO, fs. 220 de la foliatura digital; “…el actor era el responsable
de los trenes rodantes de los camiones y los remolques, también se
encargaba del lavado de los vehículos, pero comenzó con los trenes
rodantes, el trabajo era elastiquero, los elásticos son unos flejes de
acero que llevan los remolques, parte de la suspensión…el actor
trabajaba de 9 a 18 de lunes a sábados, pero tenía que estar disponible
permanentemente, el mantenimiento de los trenes delanteros de los
camiones, los semi remolques, él tenía que estar disponible para
reparar los camiones y mientras el chofer se iba a descansar Mario
GARCÍA se encargaba de repararlo…llamaban al actor para reparar un
camión si el en ese momento no se encontraba, y el actor iba a
repararlo…el actor si no iba perdía el trabajo porque dejaría de trabajar
para la empresa, sería reemplazado…el actor debía responder
siempre, sin importar día y horario porque si no perdía el trabajo…al
principio el actor cobraba en negro, después se lo obligó a facturar
primero como monotributista y después como inscripto…el actor
realizaba las tareas dentro del predio de LIQUIGAS, con todas las
herramientas y tenía llaves para poder sacar las herramientas y hacer
los arreglos, como el actor tenía que estar disponible las 24hs tenía
acceso a las herramientas…la empresa se hacía cargo de los gastos
cuando salía hacer reparaciones a la ruta…”, testigo Marcelo Luis
ZIZZI, fs. 220 de la foliatura digital; “…el actor entraba a las 9 de la
mañana hasta las 18hs y si se necesitaba terminar algún trabajo él se
quedaba después de hora…si había algún problema antes del horario
de entrada del actor, lo llamaban y el actor siempre tenía que ir…si el
actor no iba el señor CALICHIO le decía que no entraba más a
trabajar…si el problema era cuando los camiones estaban afuera
también tenía que ir el actor sin importar el horario…al señor GARCÍA
le daban un trabajo, cuando terminaba se lo pasaba al señor
CALICHIO y él le decía lo que tenía que facturar…las herramientas
eran de todas LIQUIGAS…en esos viajes, cuando tenía que ir a
arreglar un camión afuera, lo pagaba el actor y después la empresa se
lo pagaba…los camiones que el actor reparaba eran de la empresa
LIQUIGAS…el actor trabajaba de lunes a sábados, el horario de los
sábados era de 9 hasta terminar el trabajo sin horario fijo, cuando
terminaba se marchaba…sabe que el señor CALICHIO le decía al actor
lo que tenía que poner en las facturas…”, testigo Jorge Adalberto
JAIME, fs. 221 de la foliatura digital; “…el actor trabaja de lunes a
viernes de 9 a 18hs…en cuanto lo autorizaban podía ir un sábado,
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domingo o feriado, pero siempre autorizado por el señor que tenía a
cargo, sino no entraba…si el actor tenía que ir fuera de su horario,
LIQUIGAS se las dejaba preparadas las herramientas para que él fuera
y las utilizara…era muy frecuente que lo llamaran fuera de su horario
porque el camión descansa de noche y estaba en la playa, para poder
salir todo el día…el actor era elastiquero…los arreglos los hacía dentro
del depósito y sino donde se rompió el camión, eso lo determinaba el
jefe de él…”, testigo Oscar Eduardo BADARACCO, fs. 334 de la
foliatura digital; “….el actor entraba igual que ellos pero a veces antes
si había algún trabajo y lo mismo a la tarde a veces él se iba y el actor
se quedaba…el horario era de 9 a 18 pero para el actor esto dependía
de los trabajos que tenía…el actor siempre tenía que ir porque era
empleado y si no el señor Héctor CALICHIO, lo despedía…la mayoría
de los arreglos se hacían dentro del predio, tenían tres bocas y una de
ella era donde el actor reparaba…no sabe cómo hacia el actor cuando
lo llamaban fuera de su horario con las herramientas, pero si sabe que
el actor tenía siempre las herramientas en el predio para utilizarlas…al
actor le pagaban mensualmente con cheques que se los daba Héctor
CALICHIO…los costos de las reparaciones los ponía el señor
CALICHIO que era el encargado, por lo general lo de los elásticos eran
cuatro mil pesos…durante el periodo que trabajo el dicente el actor iba
todos los días al trabajo…si estaba enfermo, no sabe que pasaba, cree
que presentaba el certificado como cualquier empleado y no iba el
actor reparaba los bujes, elásticos, mantenimiento…las solicitudes de
trabajo, eran una hoja como una orden de lo que tenía que hacer las
reparaciones, decía LIQUIGAS (no recuerda por donde) orden de
trabajo y abajo se firmaba…”, testigo Marcelo Sebastián MARTINEZ,
fs. 334 de la foliatura digital).
Hago constar que, según mi opinión, los testimonios
reseñados se presentan suficientemente convincentes para acreditar
los extremos apuntados, desde que se exhiben serios, objetivos y
coincidentes entre sí, en tanto que los deponentes han explicado en
forma satisfactoria la razón de sus dichos, la que revela que
presenciaron personalmente los hechos que relataron, de modo que,
en mi ver, corresponde otorgarles plena eficacia probatoria (cfr. art.
386, C.P.C.C.N), máxime si se advierte que valoración que al respecto
se llevó a cabo en la sentencia apelada, no ha sido objeto de un
puntual cuestionamiento por parte de la accionada en su presentación
recursiva.
No dejo de advertir que –como se señala en la sentencia
recurrida- los testigos PIZZOLEO y ZIZZI, además de mantener juicio
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pendiente contra la accionada, fueron denunciados penalmente por la
firma, circunstancias que, claramente, los incluyen en las generales de
la ley. Sin embargo, en el caso y aun desde una perspectiva estricta de
valoración, lo cierto es que los dichos de los referidos declarantes se
presentan coincidentes con los de los restantes testigos que no se
hallan en igual situación, de modo que no advierto que las
circunstancias referidas se presenten idóneas para desacreditar el
valor probatorio de las respectivas declaraciones, en tanto que no se
trata de testigos excluidos y no puede soslayarse que los sucesos
laborales se dan en una comunidad de trabajo y, por eso, quienes
participan de ella son los que pueden aportar datos al respecto y, en
muchas ocasiones, la prueba testimonial constituye el único elemento
de convicción del cual depende el magistrado para esclarecer la
cuestión en debate (cfr. art. 386 y 456, C.PC.C.N.).
Ante el panorama descripto, no encuentro que las
manifestaciones vertidas por el testigo Gabriel Nicolás BARCE –v. fs.
380 de la foliatura digital-, en cuanto aseveran que “…en algunas
ocasiones si el actor no podía ir, lo mandaba al sobrino o algún otro
muchacho que le ayudaba para que vaya…”, como así también que “…
los camiones en un tiempo los lavaba la hija de Mario y después en
otro momento el hijo con otras personas también…” y que “…las
reparaciones las hacía el actor, otras veces venía con el sobrino o el
cuñado para realizarlas…”, resulten hábiles para que pueda
descartarse la existencia de una prestación de servicios in tuitu
personae en subordinación jurídica, pues no surge evidenciado con
prueba alguna que los servicios no hubiesen sido prestados en forma
personal e infungible, en los términos que prescribe el art. 37 de la
L.C.T. –nótese que, de los propios términos del responde, surge
admitido que el actor fue contratado en virtud de su condición de
mecánico de automotores-, de modo que la circunstancia apuntada por
el testigo, a mi juicio y a la luz de lo dispuesto en el art. 28 del plexo
legal citado, por sí sola resulta insuficiente para demostrar que el
accionante se desempeñó de forma autónoma y menos aún para
comprobar que tuvo empleados a su cargo, de un modo que desvirtúe
la ya aludida presunción que regula el art. 23 de la L.C.T., en tanto que
–por lo ya expuesto- no obra en el litigio ningún elemento de juicio que
demuestre que GARCÍA hubiese contado con una estructura propia, ni
que hubiese asumido los riesgos de su trabajo.
Similares consideraciones merece la cuestión de las
herramientas pues, aun si se tuviese por demostrado que las que
GARCÍA utilizaba eran de su propiedad, tal circunstancia no evidencia
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que haya sido el beneficiario de las ganancias generadas por su
trabajo, ni tampoco que poseía una organización propia, en tanto que,
contrariamente, las pruebas producidas y previamente examinadas a
mi juicio dan clara cuenta que estaba inserto en una organización ajena
para el cumplimiento de servicios personales en funciones y
actividades normales de la empresa de la que la codemandada
resultaba ser titular y, en ese marco, las herramientas se presentan
como un medio necesario para posibilitar el desarrollo de la actividad
remunerada en beneficio del empresario quien, por esa vía, obtuvo los
frutos de su negocio.
Tampoco luce relevante, desde mi punto de vista, que el
actor debiera emitir facturas para percibir sus retribuciones, ni que se
hubiese inscripto como monotributista o responsable inscripto, puesto
que se trata de meras formalidades que resultan irrelevantes frente al
denominado “principio de primacía de la realidad” y de lo dispuesto por
el art. 21 de la L.C.T., que define los caracteres del contrato de trabajo
“…cualquiera sea su forma o denominación…” y que impone, para
determinar la naturaleza del vínculo que liga a las partes, estar a la
verdadera situación creada en los hechos, más que a los aspectos
formales a los que aquellas pudieron haber acudido. En ese marco y a
partir de las constancias previamente examinadas, a mi juicio, bien
puede concluirse que tales formalidades constituyeron una exigencia
de la empleadora para que el trabajador percibiese sus retribuciones,
máxime si se advierte que, según se ha admitido, el origen de la
mencionada facturación se relacionaba con las tareas prestadas en las
condiciones descriptas precedentemente.
Y con referencia a las consideraciones que vierte la
accionada con sustento en lo señalado por el actor en su escrito de
inicio, en el que expuso que “…resulta ser un prestigioso y muy
reconocido mecánico de automotores y camiones en la localidad Zárate
– Campana…” y que “…se disponía a realizar las reparaciones de tipo
mecánicas que algún vecino le solicitara…” (v. fs. 8vta.), pongo de
relieve que tales asertos no dan respaldo a la tesitura de la recurrente,
pues en modo alguno demuestran que GARCÍA hubiese admitido que
prestaba servicios para otros clientes al mismo tiempo que cumplía sus
trabajos para LIQUIGAS S.A. Nótese que el texto transcripto por la
apelante luce totalmente descontextualizado, a poco que se advierta
que el accionante, a continuación, refirió que “…ese buen desempeño y
dedicación trascendió de manera que en el mes de 2008 […] fue
convocado [...] a los fines de ser empleado y encargado y responsable
del taller, lavado y reparación de camiones de LIQUIGAS S.A…”, de
Fecha de firma: 29/04/2024
Firmado por: MARIA DORA GONZALEZ, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MONICA B QUISPE, SECRETARIA DE CAMARA
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modo que resulta claro que lo referido por el actor en los párrafos que
resalta la recurrente alude a una época anterior a la de su contratación
por la accionada, quien –de acuerdo a lo dicho en la demanda- habría
decidido su contratación, precisamente, en razón del aludido prestigio
de GARCÍA como mecánico.
A ello se agrega que en el caso no solo no está demostrado
que, como se pretende en el memorial de agravios, la accionada
hubiese contratado los servicios de otro “proveedor” cuando no llegaba
a un acuerdo con el actor (“…si luego el actor no aceptaba la
realización de los servicios, o las partes no se ponían de acuerdo con
el monto de los mismos que estipulaba el propio GARCIA, mi mandante
simplemente contrataba los mismos con otro proveedor…”), sino que,
además, se advierte que la facturación expedida por GARCÍA fue
emitida únicamente a favor de LIQUIGAS S.A. y de manera correlativa,
lo cual, desde mi óptica, refuerza la idea de la exclusividad en la
prestación.
En cuanto a la defensa intentada por la accionada con apoyo
en la ausencia de reclamos por parte del demandante durante la
vigencia del vínculo, destaco que, a mi juicio, tampoco resulta hábil
para modificar el temperamento expuesto pues, como es sabido, la
posición de inferioridad de la persona trabajadora le impide negociar en
un pie de igualdad con el empleador las condiciones en las que habrá
de desempeñarse –circunstancia en la que, vale destacarlo, se
sustenta la finalidad esencial del Derecho del Trabajo, esto es, la
protección del trabajador- y, en tal marco, surge claro que esas
condiciones resultan una decisión unilateral del empleador quien, por
razones personales o económicas, las impone. Por otra parte, no es
ocioso recordar que la clara directriz fijada en el art. 58 de la ley de
contrato de trabajo impide que se valore como presunción en contra del
trabajador la ausencia de reclamos oportunos durante la vigencia del
vínculo y, en ese marco, la aplicación de la teoría de los actos propios
en el ámbito laboral debe atender al principio de irrenunciabilidad,
establecido en el art. 12 de la L.C.T.
Por las consideraciones hasta aquí vertidas y en tanto que
no encuentro que los restantes argumentos recursivos resulten hábiles
para alterar el resultado alcanzado en la instancia de origen, propongo
que se desestimen los agravios vertidos y que se confirme lo resuelto
por el Sentenciante a quo, en cuanto tuvo por acreditado el carácter
laboral de la vinculación habida entre las partes, en los términos de lo
normado en los arts. 21 y 22 de la L.C.T. y, consecuentemente,
consideró legitima la denuncia contractual materializada por el actor,
Fecha de firma: 29/04/2024
Firmado por: MARIA DORA GONZALEZ, JUEZ DE CAMARA
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frente a la resistencia evidenciada por la accionada a reconocer la
relación laboral habida –cfr. arts. 242 y 246 de la L.C.T.-, circunstancia
que torna admisibles las indemnizaciones previstas en los art. 232, 233
y 245 de citado plexo legal.
III. También he de proponer que se mantenga lo resuelto en
la sentencia de grado en cuanto hizo lugar al reclamo sustentado en el
art. 2º de la ley 25.323 –cuestión que llega apelada por la accionada-,
habida cuenta que en estos autos no se advierte controvertido que el
accionante satisfizo oportunamente el requisito formal que exige el
precepto, a lo cual se añade que luce configurada la situación prevista
en la norma, en tanto que surge demostrado que el actor actuó
legítimamente cuando denunció el contrato de trabajo y la obligada,
pese a la intimación cursada, no alegó ni mucho menos acreditó el
pago oportuno de las indemnizaciones legales, de modo que, en mi
óptica y contrariamente a lo aseverado en el recurso, la mora se
produjo en la forma y oportunidad que surge del juego armónico de lo
dispuesto en los arts. 128, 137 y 149 de la L.C.T.
En ese marco, en mi opinión, no resulta adecuada la
aplicación de un criterio restrictivo –como el que postula la recurrente-
para evaluar la procedencia de la indemnización establecida en el art.
2º de la ley 25.323, pues si tal criterio se sustenta en la limitación del
derecho de defensa que sufrirían quienes estarían obligados a resignar
el debate judicial ante el riesgo de un incremento de las
indemnizaciones, es útil recordar que tanto la actividad empresarial
como todo proceso judicial, se apoyan en algún grado inevitable de
asunción de riesgos, a lo que cabe agregar que la determinación de la
existencia de una justa causa de despido, resulta, en última instancia,
judicial, de modo que esta decisión es, en cierta forma, retroactiva al
momento de la desvinculación, circunstancia que justifica, por ejemplo,
el cómputo de intereses.
En definitiva, sugiero que se confirme la sentencia apelada,
en cuanto admitió el rubro previsto en el art. 2º de la ley 25.323.
No correrá mejor suerte, según mi propuesta, el quinto
agravio que formula la codemandada LIQUIGAS S.A. y a través del
cual pretende que se deje sin efecto la indemnización derivada a
condena en los términos que establece el art. 80 de la L.C.T.
Ello así porque a esta Alzada no llega controvertido que el
pretensor impetró la entrega de los certificados a los que alude el
citado precepto, a través del mismo telegrama resolutorio -v., CD Nro.
899663971, acompañada por la accionada a fs. 99-, en tanto que,
según mi criterio, la indemnización prevista en el art. 80 de la L.C.T.
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resulta procedente aún en aquellos casos en los que, como ocurrió en
la especie, la intimación fehaciente que exige el dispositivo es cursada
ante tempus -esto es, antes del transcurso del plazo que contempla el
art. 3º del decreto Nro. 146/01-, puesto que, en todo caso, el
emplazamiento solo surtirá efectos a partir del vencimiento del plazo
previsto en la norma citada, en tanto que la parte obligada no puede,
válidamente, utilizar el argumento de la intimación previa al vencimiento
del plazo con el objeto de eludir el cumplimiento de la obligación legal.
Además, según mi parecer, la espera de treinta días que dispone el
precepto citado solo encuentra justificación en aquellos casos en los
que es de suponer que la empleadora dará cumplimiento a su
obligación de entregar los certificados, circunstancia que no se verifica,
en mi criterio, cuando la requerida, como en el presente caso, niega la
existencia de la relación laboral. Desde esta perspectiva, estimo que la
intimación anteriormente indicada resultó suficiente para que se pueda
tener por satisfecha la exigencia legal, en tanto que, en mi criterio, la
espera de treinta días resulta inoficiosa ante la negativa del carácter
dependiente de la vinculación.
En ese marco y habida cuenta que –por los fundamentos ya
expuestos- a mi juicio se ha demostrado el carácter laboral del vínculo
habido, he de concluir que la indemnización en análisis en la especie
resulta procedente, de modo que propicio que se rechace el recurso y
que se confirme la solución adoptada en origen sobre este punto, así
como también la que impuso a la accionada la obligación de hacer
entrega al actor de los certificados de trabajo, en tanto que no surge
demostrado que la obligación legal hubiese sido cumplida.
De igual modo, he de propiciar que se desestimen los
agravios articulados por la demandada y a través de los cuales
cuestiona la procedencia de la indemnización prevista en el art. 15 de
la ley 24.013. Es que, con independencia de la resolución que pueda
adoptarse en orden al agravio que vierte la parte actora y que
cuestiona el rechazo de la indemnización que establece el art. 8º de la
ley 24.013 -cuestión que analizaré infra-, lo cierto y concreto es que el
recurso interpuesto por la accionada carece de todo asidero, puesto
que la intimación cursada por el actor, con fecha 23 de marzo de 2018
y en los términos del inciso a) del art. 11 del plexo legal citado, luce en
autos acompañada por la propia recurrente –v. fs. 96-, en tanto que la
admisibilidad de la duplicación que estatuye el aludido art. 15 de la
L.N.E. no está supeditada a la satisfacción del requisito que prescribe
el inciso b) de la norma precitada, exigencia que solo está referida a las
indemnizaciones previstas en los arts. 8º, 9º y 10 del referido cuero
Fecha de firma: 29/04/2024
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normativo, pero no comprende al citado art. 15. Así lo ha entendido la
Corte Suprema de Justicia de la Nación, quien expresó que la remisión
dispuesta en el art. 11, inc. b), “...solamente resultaría exigible para la
indemnización reclamada en el marco del art. 8º [...] pero no hace a la
procedencia de la multa establecida en el art. 15, ley 24013, ya que
ésta no se encuentra comprendida en la enumeración introducida por el
art. 47, ley 25.345, que [...] solamente alcanza a las multas previstas en
los arts. 8º, 9º y 10, ley 24.013, pero en modo alguno obsta a la
duplicación a que alude el mencionado art. 15, siempre y cuando –
como ocurrió en el caso de autos- se hubiere cursado la intimación
dirigida al empleador, de manera plenamente justificada...” (cfr.
C.S.J.N., 31 de mayo de 2005, "De Mauro, José s. C/ Ferrocarriles
Metropolitanos S.A.E.L. y otro").
Y con referencia a la petición articulada con sustento en lo
dispuesto en el art. 16 de la ley 24.013 –el cual, en cuanto aquí
interesa, autoriza al juez o tribunal a reducir la duplicación del
mencionado art. 15, cuando las características de la relación generaran
en el empleador una duda razonable acerca de la existencia de una
relación laboral o de un trabajo autónomo-, destaco que, desde mi
óptica, en la especie no luce admisible, puesto que se trata de una
facultad que requiere ser utilizada prudencial y excepcionalmente por
los magistrados, por cuanto constituye una excepción al principio que
establece que el incumplimiento debe ser sancionado, de modo que la
admisibilidad de la reducción mencionada exige un detenido análisis
que conduzca a tener por comprobada la posibilidad cierta de una
“duda razonable” en el empleador acerca de la naturaleza jurídica de la
relación contractual, extremo que, por las consideraciones ya
expuestas, no hallo cumplido en autos.
IV. El sexto agravio que formula la codemandada, en cuanto
cuestiona por erróneo y elevado el promedio al que se hace referencia
en la sentencia para establecer la base de cálculo de los rubros objeto
de condena, desde mi óptica, tampoco puede recibir favorable
resolución, pues no satisface siquiera mínimamente los requisitos que
establece el art. 116 de la L.O., en tanto que los argumentos expuestos
no trasuntan más que una mera disconformidad con lo decidido, sin
que se observe una crítica concreta y razonada de las partes de la
decisión que se consideran erróneas.
Nótese que la demandada, en este segmento de su
memorial, únicamente señala que no pudo corroborar los montos
mensuales de facturación que se tomaron en cuenta en la sentencia
recurrida para establecer el promedio de mención, correspondiente al
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período comprendido entre febrero y julio de 2017, sin exponer los
fundamentos por los cuales alega que el importe resultante resulta
elevado e incorrecto, sin hacerse cargo del detalle brindado por la
perito contadora a fs. 205/213 –sobre cuya base se dictó la resolución
recurrida- y sin señalar tampoco cuál sería la base salarial que, en su
versión, sería la correcta, de modo que el agravio tampoco completa la
medida del interés de la quejosa, pese a que se halla cerrado el
proceso de conocimiento y las partes cuentan con todos los elementos
necesarios para sostener sus respectivas tesituras y la medida de su
interés en la Alzada, motivo por el cual su invocación deviene una
carga inexcusable al expresar agravios.
En tales términos, no encuentro que los argumentos
expuestos en el escrito de recurso presenten habilidad para revertir lo
resuelto, motivo por el cual juzgo que corresponde confirmar la
sentencia de grado también en este aspecto.
V. A esta altura del análisis, estimo oportuno examinar los
agravios expresados por la parte actora, comenzando por aquel que
objeta el rechazo decidido en grado respecto de la indemnización
prevista en el art. 8° de la ley 24.013.
Y bien, anticipo que, por mi intermedio, la queja ha de
prosperar, pues si bien es cierto que en autos no se observa producida
la prueba informativa al Correo Argentino, a fin de verificar la
autenticidad de la CD 899667939 dirigida a la A.F.I.P. -obrante en el
sobre anexo B-3744-, no lo es menos que el telegrama en cuestión se
observa redactado en el formulario de estilo, lleva el sello y la
certificación de la oficina postal y reúne todos los demás recaudos
formales, de modo que, en mi criterio, debe razonablemente
entenderse que lleva ínsita la prueba de su autenticidad, pues su
respecto se ha sostenido la calidad de instrumento público (cfr. arg.
C.N.A.Tr., Sala II, 21 de noviembre de 2006, “Porto, Jorge Eduardo c/
Unión Obrera Metalúrgica de la República Argentina s/ despido”),
motivo por el cual juzgo que cabe tenerlo por auténtico. Es que, de
acuerdo con la doctrina plenaria sentada por la Cámara Civil, en la
causa “López, Atilio c/Cabrera, José” del 25/10/62 (L.L. 108-809), “…no
es al remitente que ha acompañado las constancias de la remisión y
recepción de la carta documento a quien incumbe acreditar su
autenticidad y recepción, sino a quien la niega…”. Por ello, si la
comunicación aportada por la persona trabajadora está redactada en el
formulario de estilo, lleva el sello de la oficina postal y reúne los demás
recaudos formales, debe razonablemente entenderse que lleva ínsita la
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prueba de su autenticidad y, en consecuencia, de su remisión, único
requisito que exige el inciso b) del art. 11 de la L.N.E.
En consecuencia y dado que –como ya dije- surge
demostrada en autos la satisfacción del requisito formal que estatuye el
inciso a) del citado art. 11 de la L.N.E. –v. fs. 96-, en tanto que, frente a
la falta de registro de la relación laboral, cabe tener configurada la
situación que contempla el art. 8° de dicho plexo legal, he de propiciar
que se revoque la sentencia en crisis en este punto y, por ende, que se
admita la pretensión promovida con base en lo dispuesto en la norma
referida.
VI. La parte actora también apela el rechazo de la acción
incoada contra el codemandado Pablo María Pedro OEYEN, que fue
fundada en lo dispuesto en los arts. 54 y 59 de la ley de sociedades
comerciales (v. fs. 33/34).
Sobre este punto, en primer lugar señalaré que, a mi modo
de ver y por las razones ya expuestas en el presente voto, en el caso
se ha demostrado la naturaleza laboral del vínculo que unió a las
partes, no obstante lo cual se ha pretendido que se trató de un vínculo
independiente y autónomo, lo cual, en mi apreciación y tal como se
adujo al demandar, indica la clara existencia de un fraude a la ley, de
acuerdo a lo normado en el art. 14 de la L.C.T. Al respecto, cabe
recordar que la doctrina y la jurisprudencia han señalado
reiteradamente, con criterio que comparto, que para la configuración
del supuesto contemplado en la norma citada, no es necesario probar
el dolo de los involucrados o un propósito fraudulento, dado que no se
exige una intención subjetiva de evasión de las normas laborales,
bastando para cumplir la exigencia normativa que la conducta
empresarial se traduzca en una sustracción a esas normas laborales,
con intenciones o sin ellas (cfr. LÓPEZ, Justo, Ley de Contrato de
Trabajo Comentada, en colaboración con Centeno y Fernández Madrid,
2ª ed. actualizada, T. I, p. 379; C.N.A.Tr., Sala II, 10 de marzo de 1984,
en L. T. T. XXXII-B- pág. 657; 18 de octubre de 1993, “Aliano, Liliana
Haydée c/ Fábrica de Artículos eléctricos INFAR S.A. y otro s/ despido”,
del registro de esta Sala).
Y bien, como dije, en el caso que me ocupa y por los
motivos ya expuestos, he tenido por acreditado que la empleadora del
reclamante mantuvo el vínculo que la unió con el trabajador de un
modo por demás irregular desde el punto de vista registral. Dicha
conducta, a mi modo de ver, constituye un típico fraude laboral y
previsional, ya que tal maniobra, prohibida por las leyes, tiene
normalmente por objeto y efecto el perjuicio del trabajador, que se ve
Fecha de firma: 29/04/2024
Firmado por: MARIA DORA GONZALEZ, JUEZ DE CAMARA
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privado de los derechos que el plexo laboral le reconoce y también
contribuyen a frustrar derechos de terceros. El pago en negro perjudica
al sector pasivo, que es víctima de la evasión y a la comunidad
comercial en cuanto, al disminuir los costos laborales, ponen al autor
de la maniobra en mejor condición para competir en el mercado, que la
reservada a otros empleadores respetuosos de la ley. Y si bien y tal
como reiteradamente se ha dicho, con criterio al que adhiero, no podría
decirse que estas prácticas encubren en este caso la consecución de
fines extrasocietarios, puesto que el principal fin de una sociedad
comercial es el lucro, lo cierto es que constituyen un recurso para violar
la ley, el orden público, la buena fe que obliga al empresario a ajustar
su conducta a lo que es propio de un buen hombre de negocios y de un
buen empleador (arts. 59 de la ley 19.550 y 63, L.C.T.) y para frustrar
derechos de terceros: a saber, el trabajador, el sistema previsional, los
integrantes del sector pasivo y la comunidad empresarial.
En ese marco y habida cuenta que, en su responde, el
accionado Pablo María Pedro OEYEN admitió que desde 2014 fue
vicepresidente del directorio de la sociedad accionada, en tanto que,
del sitio web del Boletín Oficial, se desprende que en junio de 2017
pasó a desempeñarse como director titular del ente societario
(https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/segunda/A664456/20170
630), a lo cual cabe añadir que los testigos de la propia demandada lo
identificaron como el “dueño” de la empresa –v. testifical prestada por
Fabricio CAMMAROTTA-, en mi criterio, resulta procedente su condena
en forma solidaria, tal como se pide, ya que, aún si se prescindiese de
la denominada teoría de la “penetración en la personalidad jurídica”, no
puede soslayarse que, en virtud de lo normado en el art. 274 de la Ley
de Sociedades Comerciales, el mantenimiento de la relación laboral sin
su legal y regular registro genera la responsabilidad inmediata y directa
de las personas humanas que dirigen la sociedad y, en el caso, a mi
modo de ver, las constancias de la causa dejan claramente en
evidencia que el nombrado, por las funciones, responsabilidades y
cargo que desempeñaba, no pudo ignorar la seria irregularidad ocurrida
dentro del ámbito de su responsabilidad y esa conducta personal, en mi
opinión, justifica la extensión de condena respecto de las obligaciones
del ente societario codemandado en autos.
No modifica lo expuesto –desde mi punto de vista- la
circunstancia referida a que Marcelo Luis ZIZZI era quien
desempeñaba el cargo de director titular en la fecha en la que se
concretó la irregular contratación del actor, ni tampoco que OEYEN no
hubiese tenido participación en la administración y representación
Fecha de firma: 29/04/2024
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societaria hasta que, como lo señalé, fue designado vicepresidente de
la firma, puesto que tales circunstancias no obstan a que este último
pueda ser considerado responsable, en tanto que, a partir de su
designación como director titular, es claro que no podía desconocer la
irregularidad cometida en el ámbito de su administración, más aún si se
tiene en cuenta que fue el propio OEYEN quien suscribió las misivas en
las que se negó al actor el correcto registro del vínculo y que finalmente
derivó en su despido.
Por todo lo expuesto, he de postular que también se
modifique este aspecto del decisorio y que se condene al
codemandado Pablo María Pedro OEYEN, en forma solidaria y
conforme a lo peticionado.
VII. De acuerdo a lo hasta aquí expuesto y según mi
propuesta, el monto del capital nominal por el que progresa la acción
promovida deberá elevarse a la suma de $8.721.361,85, la que resulta
de adicionar al importe determinado en la sentencia de grado
($4.298.816,60), la indemnización prevista en el art. 8° de la ley 24.013
($143.822,61 x 123 periodos / 4 = $4.422.545,25).
Ahora bien, la accionada cuestiona lo decidido en grado en
materia de intereses y, sobre el particular, anticipo que el recurso
interpuesto, en la medida que pretende que se deje sin efecto la
capitalización ordenada en grado conforme a las pautas establecidas
por la mayoría de esta Cámara en el acuerdo general del 7 de
septiembre de 2022 y que se plasmó en el Acta Nro. 2764, a mi juicio,
se presenta admisible.
Digo esto porque la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
en el reciente fallo dictado el 29 de febrero del corriente en autos
“Oliva, Fabio Omar c/ Coma S.A. s/ despido”, consideró inadecuada la
capitalización periódica ordenada en el pronunciamiento apelado con
sustento en el Acta Nro. 2764 y con base en la interpretación del inciso
b) del art. 770 del Código Civil y Comercial, en tanto que, al respecto, el
Alto Tribunal precisó que “…la capitalización periódica y sucesiva
ordenada con base en el acta 2764/2022 de la CNAT no encuentra
sustento en las disposiciones del Código Civil y Comercial de la Nación
que el a quo dijo aplicar […] El artículo 770 de dicho código establece
una regla clara según la cual ‘no se deben intereses de los intereses’ y,
por consiguiente, las excepciones que el mismo artículo contempla son
taxativas y de interpretación restrictiva. La excepción contemplada en
el inciso ‘b’ alude a una única capitalización para el supuesto de que
una obligación de dar dinero se demande judicialmente, y en tal sentido
aclara literalmente que, ‘en este caso, la acumulación opera desde la
Fecha de firma: 29/04/2024
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fecha de la notificación de la demanda’. De modo que no puede ser
invocada, como hace el acta aplicada, para imponer capitalizaciones
periódicas sucesivas durante la tramitación el juicio. A su vez, si bien el
inciso ‘a’ del artículo 770 admite la estipulación convencional de
capitalizaciones periódicas, es claro que se refiere exclusivamente a
capitalizaciones que fueron expresamente pactadas…”. Por todo ello,
concluyó que “…En definitiva, la decisión impugnada y el acta que la
sustenta dejan de lado el principio general fijado por el legislador y
crean una excepción que no está legalmente contemplada…”.
En consecuencia y por elementales razones de seguridad
jurídica y economía procesal, estimo pertinente seguir las directrices
consagradas por el Máximo Tribunal al expedirse en la referida causa
“Oliva”, conforme a la reiterada doctrina que dimana de sus fallos y
según la cual “...los jueces inferiores tiene el deber de conformar sus
decisiones a aquélla (cfr. doctrina de Fallos: 25:364 y muchos otros),
en tanto que “…carecen de fundamento las sentencias de los tribunales
inferiores que se apartan de tales precedentes sin aportar nuevos
argumentos que justifiquen modificar la posición sentada por la Corte,
en carácter de intérprete supremo de la Constitución Nacional y de las
leyes dictadas en su consecuencia...” (“Autolatina Argentina S.A. (TF
11.358-I) -incidente- c/Dirección General Impositiva”, Fallos T. 330, P.
704).
Ahora bien, sin perjuicio de lo expuesto, estimo de interés
recordar que es deber de los jueces conjurar la merma que el valor de
los créditos sufre por la demora del deudor y aún más por la mora en
su reconocimiento y pago y, desde este enfoque, sabido es que la tasa
de interés tiene como objetivo mantener incólume el contenido de la
sentencia y la integridad del crédito de naturaleza alimentaria, a efectos
de evitar que el transcurso del tiempo lo convierta en irrisorio. Por ello,
ante la conducta del deudor moroso que no permitió que la parte
acreedora utilizara su dinero libremente, es criterio jurisprudencial
reiterado que la tasa de interés compense el deterioro del crédito
laboral y el lógico avatar que implica un juicio tendiente a recuperar el
capital indebidamente retenido. Y, en el contexto descripto, aplicar un
interés ajeno a la realidad social y política, notoriamente inferior al
imperante en el mercado financiero, sin establecer pautas correctoras
de la conducta antijurídica y sin contemplar la verdadera dimensión del
perjuicio sufrido, significaría premiar al deudor que no cumplió
oportunamente sus obligaciones.
En ese marco, juzgo que en el caso no puede soslayarse
que, frente a los ajustes y variaciones económicas y financieras por
Fecha de firma: 29/04/2024
Firmado por: MARIA DORA GONZALEZ, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MONICA B QUISPE, SECRETARIA DE CAMARA
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todos conocidos que surgen de los datos del INDEC, las tasas de
interés previstas en las Actas de esta Cámara Nros. 2601, 2630 y
2658, tal como venían siendo aplicadas hasta la adopción del sistema
de capitalización establecido en el Acta Nro. 2764, quedaron
desajustadas y sin posibilidades de compensar en forma suficiente la
variación de los precios internos y la privación del capital que sufre la
parte damnificada desde el origen de la deuda, motivo por el cual
considero que en la especie debe adoptarse algún mecanismo que
compense a la parte acreedora de los efectos de la privación del capital
por demora de la deudora, así como para resarcir los daños derivados
de dicha mora y mantener el valor del crédito frente al deterioro del
signo monetario provocado por la grave inflación que aqueja a la
economía del país.
Así las cosas, estimo justo y equitativo dejar sin efecto lo
resuelto en grado sobre este tópico y, en su reemplazo, disponer que
se aplique al caso el criterio sentado por esta Cámara en el acuerdo
general del 13 de marzo del corriente y que se plasmó en el Acta Nro.
2783, de modo que he de sugerir la adecuación del crédito de autos de
acuerdo a la tasa CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia),
reglamentada por el BCRA, con más una tasa pura del 6% anual,
desde la fecha de su exigibilidad y hasta la del efectivo pago.
Asimismo, postulo que la única capitalización prevista en el inciso b)
del art. 770 del Código Civil y Comercial de la Nación se produzca en la
fecha de la última notificación positiva de la demanda -26 de marzo de
2019, v. cédula de fs. 128/129vta.-, sobre la tasa pura del 6% anual.
Ello, con sustento en los fundamentos que surgen de la
Resolución de Cámara Nro. 3 del 14 de marzo del corriente y que
transcribo a continuación:
“VISTO Y CONSIDERANDO:
I.- Que, por Acta Nro. 2764, fechada el 07.09.2022, esta Cámara
Nacional de Apelaciones del Trabajo recomendó -por mayoría- mantener
la aplicación de las tasas de interés fijadas a través de las Actas CNAT
Nro. 2601/2014, 2630/2016 y 2658/2017 en todos aquellos créditos de
naturaleza laboral a los que no se les aplicara una tasa legal. Asimismo,
el Tribunal dispuso en esa oportunidad, con fundamento en lo normado
por el artículo 770 inciso b del Código Civil y Comercial de la Nación, que
los intereses se capitalizaran con frecuencia anual desde la fecha de
notificación de traslado de la demanda, con aplicación en “las causas sin
sentencia firme sobre el punto”.
II.- Que la Corte Suprema de Justicia de la Nación, al dictar
sentencia el 29.02.2024 en la causa: “Recurso Queja Nº 1 - OLIVA,
FABIO OMAR c/ COMA S.A. s/despido”, Expediente CNT
023403/2016/1/RH001 (Fallos: 347:100), interpretó que la capitalización
Fecha de firma: 29/04/2024
Firmado por: MARIA DORA GONZALEZ, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MONICA B QUISPE, SECRETARIA DE CAMARA
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periódica y sucesiva ordenada con base en el acta 2764/2022 de la
Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo no encuentra sustento en
las disposiciones del Código Civil y Comercial de la Nación.
III.- Que, asimismo, la Corte Federal ha sostenido en el
precedente “Massolo” del 20.04.2010 (Fallos: 333:447), a propósito de la
prohibición de indexar instituida por el artículo 7° de la ley 23.928, con
rumbo seguido por la ley 25.561 (artículo 4°), que la ventaja, acierto o
desacierto de la medida legislativa de mantenimiento de la prohibición de
toda clase de actualización monetaria escapa al control de
constitucionalidad pues la conveniencia del criterio elegido por el
legislador no está sujeta a revisión judicial (considerando 13).
Que la citada doctrina fue reiterada por la CSJN en los casos:
“Puente Olivera, Mariano c/ Tizado Patagonia Bienes Raíces del Sur
SRL s/ despido”, del 08.11.2016 (Fallos: 339:1583) y “Romero, Juan
Antonio y otros c/ EN -Ministerio de Economía- y otro s/ proceso de
conocimiento”, sentencia del 08.12.2018 (Fallos: 341:1975) y, a juzgar
por el pronunciamiento que emitiera el 20.02.2024 en el expediente
“Recurso Queja Nº 5 - G., S.M. Y OTRO c/ K., M.E.A. s/alimentos” (CI-V
083609/2017/5/RH003), Fallos: 347:51, pareciera no haber sido
abandonada.
IV.- Que, asimismo, el Máximo Tribunal, en la sentencia dictada el
07.03.2023 - en el caso “García, Javier Omar y otro c/ UGOFE S.A. y
otros s/ daños y perjuicios” (Fallos: 346:143), descalificó una sentencia
de la Cámara Nacional en lo Civil que había ordenado aplicar una tasa
de interés multiplicada (“doble tasa activa”), aseverando que la tasa así
aplicada no se ajustaba a los criterios previstos por el legislador en el
artículo 768 del Código Civil y Comercial de la Nación. Esa norma, bajo
el título “Intereses moratorios”, dispone: “A partir de su mora el deudor
debe los intereses correspondientes. La tasa se determina: a) por lo que
acuerden las partes; b) por lo que dispongan las leyes especiales; c) en
subsidio, por tasas que se fijen según las reglamentaciones del Banco
Central”.
V.- Que la inflación significativa y la pérdida del poder adquisitivo
del peso -hechos notorios- exigen la revisión de lo resuelto por esta
CNAT en torno a las tasas de interés aplicables a los créditos laborales,
todos ellos de naturaleza alimentaria, con el propósito de mantener
incólume el contenido de la prestación debida y no pagada en tiempo
oportuno. Es que, se exige concretar, en los hechos, el principio de
reparación integral de raigambre constitucional, en orden a resarcir el
daño derivado de la mora. Ello así, pues, de conservarse la
recomendación de las tasas de interés de las Actas 2601/2014,
2630/2016 y 2658/2017, todas ellas negativas -al menos aplicadas de
manera plana-, se produciría la pulverización de los créditos y, en
consecuencia, la afectación de la garantía de propiedad (artículo 17, CN)
de acreedores/as que, por otro lado, resultan sujetos de preferente tutela
(artículo 14 bis, CN).
VI.- Que es jurisprudencia reiterada del Máximo Tribunal que la
declaración de inconstitucionalidad constituye la más delicada de las
funciones a encomendar a un tribunal de justicia, configurando un acto
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de suma gravedad que debe ser considerado la última ratio del orden
jurídico; habiéndose puntualizado que no cabe formularla sino cuando un
acabado examen del precepto conduce a la convicción cierta de que su
aplicación conculca la garantía constitucional invocada y, además,
cuando no existe otro modo de salvaguardar el derecho o garantía
amparado por la Constitución Nacional (Conf., Fallos: 343:264;
339:1583; 333:447; 330:855, entre muchos otros).
VII.- Que, como lo ha postulado en tiempo reciente la más
autorizada doctrina: “vigente la prohibición de indexar por vía directa, que
emerge claramente del artículo 7° de la ley 23.928 (texto según ley
25.561)…en supuestos de inflación o deterioro monetario, se recurrirá a
las obligaciones de valor, o a los intereses impuros (que contemplan la
compensación del uso del dinero más el deterioro monetario)”
(LORENZETTI, Ricardo Luis, “El derecho constitucional frente a las crisis
económicas”, en Derecho monetario, director LORENZETTI, Ricardo
Luis, coordinadores/as Fernando A. SAGARNA y María Paula
PONTORIERO, Editorial Rubinzal – Culzoni, Santa Fe,2023, p.53).
VIII.- Que, el análisis integral del derecho vigente permite advertir
la presencia de herramientas jurídicas que prima facie permiten
sobrellevar el impacto nocivo que provoca la inflación sobre la sustancia
de los créditos, ya sea que se ubique el razonamiento en el ámbito de las
deudas dinerarias como en el plano de las deudas de valor. Desde la
primera formulación, a través de la confluencia de intereses
compensatorios y moratorios (arts.767 y 768, CCyCN) y, desde la
segunda, echando mano de la valorización del crédito a través de
mecanismos de adecuación que reflejen el valor intrínseco del salario el
que, como predicaba Norberto Centeno: “entraña siempre una exigencia
de valor mínimo, que se relaciona más con las necesidades que debe
atender, que con el valor del trabajo como relación de intercambio” (“El
salario como deuda de valor (aproximación al tema)”, Revista Legislación
del Trabajo, Tomo XX-B, p.598 y ss.).
IX.- Que, por las razones expuestas en los considerandos
anteriores y luego del intercambio de opiniones que se llevara a cabo
durante el Acuerdo General celebrado el 13.03.2024, esta Cámara
Nacional del Trabajo considera pertinente reemplazar el Acta Nro. 2764
del 07.09.2022 por la que se dicta a través de la presente, mediante la
cual recomienda la adecuación de los créditos laborales sin tasa legal,
de acuerdo a la tasa CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia)
más una tasa pura del 6% anual, en ambos casos, calculadas desde la
fecha de exigibilidad del crédito diferido a condena hasta la fecha del
efectivo pago.
En sintonía con lo que postuló la Sala VIII de esta CNAT en el
caso “Nasilowski, José Timoteo c/Arauco Argentina S.A. y otros
s/accidente - acción civil”, sentencia del 04.03.2024, es posible calificar
al CER como tasa admitida por el CCyCN, al estar reglamentada por el
Banco Central de la República Argentina y reflejar, como lo dispuso el
artículo 1° de la ley 25.713: “la tasa de variación diaria obtenido de la
evolución mensual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) publicado
por el Instituto Nacional de Estadística y Censos”, de manera que
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permite compensar el deterioro del signo monetario. Luego, corresponde
destacar que el añadido de una tasa moratoria pura en un porcentaje del
6%, orientada a resarcir estrictamente la privación oportuna del capital
adeudado, ha sido desde antaño calificado como razonable por los
tribunales argentinos.
X.- Finalmente, ante la imperatividad de lo establecido por el
artículo 770 inciso b del CCyCN, este Tribunal estima conveniente dejar
sentado, en sintonía con lo resuelto el 29.02.2024 por la Corte Federal
en el caso “Oliva”, que la única capitalización establecida por ese
precepto se produce a la fecha de notificación de la demanda y se
computa exclusivamente sobre la tasa pura del 6% anual.
Por los argumentos expuestos, y los demás fundamentos que
cada Magistrado/a pueda esgrimir, esta CÁMARA NACIONAL DEL
APELACIONES DEL TRABAJO RESUELVE: 1) Reemplazar lo dispuesto
por el Acta Nro. 2764 del 07.09.2022 y disponer, como recomendación,
que se adecuen los créditos laborales sin tasa legal, de acuerdo a la tasa
CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia) reglamentada por el
BCRA más una tasa pura del 6% anual, en ambos casos, desde la fecha
de exigibilidad del crédito hasta la fecha del efectivo pago; 2) Disponer
que la única capitalización del artículo 770 inciso b del Código Civil y
Comercial de la Nación se produce a la fecha de notificación de la
demanda exclusivamente sobre la tasa pura del 6% anual y 3)
Regístrese y comuníquese”.
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En este orden de ideas, sugiero que las costas de ambas
instancias se impongan a cargo de los codemandados, en forma
solidaria, puesto que ello se compadece con el principio rector en la
materia, plasmado en el art. 68 del C.P.C.C.N., que encuentra su razón
de ser en el hecho objetivo de la derrota.
De acuerdo al mérito, importancia, calidad, naturaleza y
extensión de las tareas profesionales desempeñadas, así como al
resultado alcanzado y a las etapas procesales cumplidas, en virtud de
lo normado en los arts. 16, 21, 22, 24, 51 y 52 de la ley 27.423 y sobre
la base del monto de condena con más sus intereses, sugiero que se
regulen los honorarios de la representación y patrocinio letrado de la
parte actora, los de la demandada LIQUIGAS S.A., los del
codemandado Pablo María Pedro OEYEN y los que corresponden a la
perito contadora Silvina Lorena RODRÍGUEZ, por los trabajos
cumplidos en la instancia anterior, en las respectivas sumas de
$54.528.000.-, equivalente a 1200 UMA; $47.712.000.-, equivalente a
1050 UMA; $47.712.000.-, equivalente a 1050 UMA y $27.264.000.-,
equivalente a 600 UMA.
IX. Finalmente, postulo que se regulen los honorarios de la
representación y patrocinio letrado de las partes actora y codemandada
LIQUIGAS S.A., por la labor profesional cumplida en esta instancia, en
los siguientes porcentajes: 33% (treinta y tres por ciento) y 30% (treinta
por ciento), respectivamente, del importe que en definitiva les
corresponda percibir por su actuación en origen (cfr. arts. 16 y 30, ley
27.423).
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A mérito del resultado del precedente acuerdo, el Tribunal
RESUELVE: 1) Modificar la sentencia apelada y elevar el importe del
capital nominal de condena a la suma de PESOS OCHO MILLONES
SETECIENTOS VEINTIÚN MIL TRESCIENTOS SESENTA Y UNO
CON 85/100 ($8.721.361,85), a la que deberán adicionarse los
intereses de acuerdo a las tasas y demás pautas que se señalan en el
Considerando VII del compartido primer voto de la presente. 2) Imponer
las costas de ambas instancias a cargo de los codemandados, en
forma solidaria. 3) Regular los honorarios de la representación y
patrocinio letrado de la parte actora, los de la demandada LIQUIGAS
S.A., los del codemandado Pablo María Pedro OEYEN y los que
corresponden a la perito contadora Silvina Lorena RODRÍGUEZ, por
los trabajos cumplidos en la instancia anterior, en las respectivas
sumas de $54.528.000.-, equivalente a 1200 UMA; $47.712.000.-,
equivalente a 1050 UMA; $47.712.000.-, equivalente a 1050 UMA y
$27.264.000.-, equivalente a 600 UMA. 4) Confirmar el
pronunciamiento en todo lo demás que decide y resultó materia de
recurso y agravios. 5) Regular los honorarios de la representación y
patrocinio letrado de las partes actora y codemandada LIQUIGAS S.A.,
por la labor profesional cumplida en esta instancia, en los siguientes
porcentajes: 33% (treinta y tres por ciento) y 30% (treinta por ciento),
respectivamente, del importe que en definitiva les corresponda percibir
por su actuación en origen. 6) Oportunamente, cúmplase con lo
dispuesto en el art. 1º de la ley 26.856 y con la Acordada de la CSJN
nro. 15/2013.
Regístrese, notifíquese y devuélvase. -
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