Resumen detallado - Historia de la
Argentina 1955-2010 (Capítulos 1 al 5)
Capítulo 1: La Revolución Libertadora: el fracaso de la restauración
conservadora
Tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955, se abre una etapa de profunda
inestabilidad institucional.
La Revolución Libertadora no fue solo un intento de sustituir al peronismo, sino de refundar
el orden político y social.
Novaro sostiene que el conflicto central giró en torno a dos dilemas persistentes en la
historia argentina: ¿integrar o erradicar al peronismo?,
y ¿restablecer el orden social o ampliar la libertad política?
El nuevo régimen militar liderado por Pedro Eugenio Aramburu no logró una legitimidad
sólida. Intentó imponer un marco político restrictivo,
proscribiendo al peronismo, anulando la Constitución de 1949 e interviniendo los
sindicatos. Sin embargo, lejos de desaparecer,
el peronismo se replegó a la clandestinidad y fortaleció su base obrera mediante la
Resistencia peronista.
La fragmentación del radicalismo (en UCRP y UCRI) fue un obstáculo clave para lograr un
sistema democrático funcional.
Mientras tanto, la incapacidad del nuevo régimen para institucionalizar una alternativa
estable dio lugar a una sucesión de gobiernos provisorios
y elecciones condicionadas. El Estado comenzó a experimentar una crisis de autoridad que
se arrastraría durante las décadas siguientes.
Capítulo 2: Frondizi, entre la proscripción y la integración
La elección de Arturo Frondizi en 1958, a partir del pacto con Perón que permitió el voto
masivo del peronismo,
marcó un nuevo intento de reconciliación nacional. Frondizi impulsó un proyecto
modernizador basado en el desarrollismo,
la industrialización y la apertura a capitales extranjeros.
Durante su presidencia, se destacaron logros en infraestructura, producción energética y
automotriz.
Sin embargo, el gobierno debió enfrentarse al rechazo simultáneo de los militares, la
oposición política y los sectores sindicales.
Su estrategia de integración fracasó porque no logró el respaldo de los factores de poder ni
resolver la tensión entre legalidad y efectividad.
La modernización tuvo un efecto ambivalente: surgieron nuevos sectores medios ("los
ejecutivos") pero también creció la marginalidad urbana ("las villas").
El crecimiento sin inclusión plena fue una marca de época. La creciente presión militar llevó
a su derrocamiento en 1962,
tras el triunfo peronista en elecciones provinciales.
Capítulo 3: Arturo Illia: un gobierno moderado en la escena de la
revolución
Arturo Illia asumió en 1963 en un contexto de apertura democrática parcial. Su figura
encarnaba la política tradicional,
basada en la austeridad, el legalismo y el respeto institucional. Pero su gobierno fue
percibido por muchos como débil o ineficaz frente al clima de agitación.
Durante su mandato se anularon contratos petroleros firmados por Frondizi, se sancionó la
Ley Oñativia sobre medicamentos
y se impulsaron políticas sociales moderadas. Sin embargo, fue objeto de una campaña de
desprestigio mediático que ridiculizaba su figura.
También enfrentó una oposición sindical liderada por el vandorismo, que comenzaba a
romper con la lógica verticalista del peronismo clásico.
La emergencia de sectores juveniles radicalizados (socialistas, católicos tercermundistas,
peronistas de izquierda) cuestionaba tanto al orden oligárquico
como al reformismo moderado. Illia fue derrocado en 1966 sin resistencia significativa, lo
que reflejaba la falta de apoyo efectivo a su gestión.
Capítulo 4: La Revolución Argentina: de la suma del poder a la impotencia
El golpe de Onganía en 1966 marcó el inicio de la autodenominada “Revolución Argentina”.
El régimen propuso eliminar la política partidaria
y reemplazarla por una conducción técnica y ordenada desde el Estado. Su ideología era
corporativa, autoritaria y antidemocrática.
Se planteó una secuencia de “tres tiempos”: primero el económico (reformas estructurales),
luego el social (consenso), y finalmente el político.
Sin embargo, este modelo fracasó rápidamente. La represión a movimientos sociales y
estudiantiles, especialmente tras el Cordobazo en 1969,
debilitó al régimen. Onganía fue reemplazado por Levingston, y luego por Lanusse, en un
contexto de creciente crisis de legitimidad.
La fragmentación interna del propio régimen, la violencia política en ascenso y la
imposibilidad de institucionalizar una salida ordenada
llevaron a la conclusión de que el autoritarismo no era una solución viable, sino un
agravante del conflicto social y político argentino.
Capítulo 5: De la “primavera de los pueblos” al imperio del terror
Con el regreso del peronismo en 1973 y la presidencia de Héctor Cámpora, se vivió una
etapa de movilización popular intensa,
que Novaro denomina una “primavera de los pueblos”. El entusiasmo por el retorno de
Perón encarnaba la esperanza de unidad y justicia social.
Sin embargo, esta etapa derivó rápidamente en una feroz interna peronista entre la
izquierda (Tendencia Revolucionaria, Montoneros)
y la derecha (burocracia sindical, sectores conservadores). Tras la renuncia de Cámpora y la
asunción de Perón, se intentó imponer orden,
pero las tensiones internas continuaron. La muerte de Perón en 1974 dejó a Isabel Martínez
al frente de un gobierno incapaz de contener la violencia
ni controlar el aparato estatal.
La Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) desató el terrorismo paraestatal. Las
organizaciones armadas intensificaron sus acciones.
La violencia política fue usada tanto desde arriba como desde abajo. Esta situación sentó las
bases para el golpe de 1976,
que fue percibido como inevitable por amplios sectores del poder y parte de la sociedad.
Capítulo 6: 1976-1979 - La hybris procesista, el fin de una época
La dictadura iniciada en 1976 se presentó como una "reorganización nacional" que debía
purgar al país de la subversión y refundar el Estado. La Junta Militar —Videla, Massera y
Agosti— implementó un plan sistemático de aniquilación de enemigos políticos, tanto
armados como civiles, dentro y fuera del país. Este proceso incluyó secuestros, torturas,
desapariciones forzadas y asesinatos, en el marco de lo que los militares llamaban una
"guerra antisubversiva".
Sin embargo, mientras había consenso dentro de las Fuerzas Armadas respecto al uso del
terror, el rumbo económico generó tensiones. El ministro José Alfredo Martínez de Hoz
impulsó una liberalización financiera y apertura externa, con recortes sociales y pérdida
salarial, pero encontró resistencia a sus intentos de privatización y reforma sindical.
La política exterior también dividió a la cúpula: Videla intentaba moderar el perfil del
régimen para evitar sanciones internacionales, mientras que Massera promovía una
posición nacionalista agresiva. El resultado fue un gobierno contradictorio, que ejercía el
poder con arbitrariedad, sin una dirección coherente ni institucionalización efectiva.
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Capítulo 7: 1979-1983 - Némesis y transición
Con la visita de la CIDH en 1979 y el creciente aislamiento internacional, el régimen militar
comenzó a perder legitimidad. La economía se deterioró rápidamente: la deuda externa se
disparó, la industria se desmanteló y la inflación resurgió. A pesar del fracaso evidente, los
militares intentaron prolongar su mandato con una "apertura controlada" que no convenció
a la sociedad.
En 1982, el intento de recuperar las Islas Malvinas fue un último intento de recuperar apoyo
popular. La guerra desató una efímera euforia nacionalista, pero la derrota frente al Reino
Unido desmoronó al régimen. La descomposición fue rápida. Los militares cedieron el poder
en 1983 en medio del descrédito absoluto, lo que abrió paso a una transición democrática
encabezada por Raúl Alfonsín.
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Capítulo 8: La conquista de la democracia y el agravamiento de la crisis
Alfonsín llegó al poder con un fuerte compromiso democrático. Impulsó el juicio a las Juntas
Militares y la creación de la CONADEP. Pero pronto surgieron obstáculos:
Levantamientos militares (Semana Santa, Monte Caseros).
Huelgas generales y oposición sindical peronista.
Inflación creciente y pérdida del control económico.
El Plan Austral fue exitoso al principio, pero su sostenibilidad se vio afectada por el
endeudamiento, la falta de inversiones y el déficit fiscal. En 1989, la hiperinflación, los
saqueos y la pérdida de autoridad lo forzaron a entregar el poder seis meses antes de lo
previsto. Aunque la democracia había sido defendida con firmeza, el deterioro económico
dejó una sensación de fracaso social y político.
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Capítulo 9: Menemismo y reformas de mercado
Carlos Menem asumió el poder en 1989 y dio un giro ideológico drástico respecto a su
campaña. Adoptó políticas neoliberales orientadas a:
Privatización de empresas estatales (YPF, ENTEL, ferrocarriles).
Reforma del Estado y reducción del gasto público.
Estabilidad monetaria mediante la Convertibilidad.
El ministro Domingo Cavallo fue clave en la implementación del “uno a uno” entre peso y
dólar, que logró frenar la hiperinflación. Sin embargo, el modelo se basó en endeudamiento,
desregulación laboral y concentración económica.
La estabilidad trajo crecimiento, consumo y modernización, pero también desempleo
estructural, aumento de la pobreza y exclusión social. El sistema democrático se mantuvo,
pero el presidencialismo fuerte, la corrupción y la falta de institucionalidad fueron rasgos
marcados del período.
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Capítulo 10: Declive y derrumbe de la Convertibilidad
Desde fines de los ’90, el modelo menemista comenzó a agotarse. La recesión, el cierre de
empresas y el desempleo alimentaron el descontento social. El gobierno de la Alianza,
encabezado por Fernando de la Rúa, heredó una economía estancada y un Estado
debilitado.
Intentó sostener la Convertibilidad con ajuste fiscal y endeudamiento.
Designó a Cavallo como ministro en 2001, quien implementó el "corralito", provocando una
reacción masiva.
La combinación de recesión, congelamiento de depósitos y represión llevó al estallido social
de diciembre de 2001.
De la Rúa renunció tras una crisis sin precedentes. La Convertibilidad cayó, y con ella, un
modelo económico y político. La Argentina entró en una etapa de transición traumática,
marcada por una sucesión presidencial caótica y una crisis de representación política.
Resumen del Capítulo 11: “Argentina en el nuevo siglo: un inesperado renacimiento”
1. Cambio de ciclo tras la crisis de 2001 Tras el colapso de la Convertibilidad y la crisis
institucional de 2001-2002, la Argentina ingresó en una nueva etapa política y económica
que tomó por sorpresa a muchos analistas. Lo que parecía una situación terminal se
transformó en un inesperado proceso de recuperación económica, política y social.
2. El gobierno de Duhalde y la figura de Lavagna Eduardo Duhalde asumió la presidencia en
2002 con baja legitimidad, pero logró estabilizar el país con la ayuda clave de Roberto
Lavagna como ministro de Economía. Este período fue clave en la reestructuración de la
deuda externa y el control de la inflación, y sentó las bases para el crecimiento posterior.
3. Kirchnerismo: de la emergencia a la consolidación Néstor Kirchner, electo en 2003 con
escaso respaldo electoral (22%), asumió un rol protagónico y reformista. Su gobierno
profundizó políticas de inclusión social, reactivó el aparato productivo mediante un tipo de
cambio competitivo, y tomó distancia del FMI. También impuso una agenda de derechos
humanos con el impulso a los juicios por crímenes de lesa humanidad cometidos en la
dictadura.
4. El crecimiento económico Desde 2003 hasta 2007, la economía argentina creció a tasas
muy altas. Este “boom” se explicó por varios factores: el bajo tipo de cambio, el aumento del
precio de las exportaciones, el superávit fiscal y comercial, y la mejora en el consumo
interno. Sin embargo, el capítulo señala que ese crecimiento no resolvió problemas
estructurales como la pobreza persistente, el clientelismo y la baja calidad institucional.
5. Concentración de poder y tensiones institucionales Durante el kirchnerismo se evidenció
una tendencia a la concentración del poder, debilitando controles institucionales como la
justicia o los medios independientes. Esta deriva se acentuó con la presidencia de Cristina
Fernández de Kirchner (desde 2007), quien acentuó la confrontación con sectores
empresariales y mediáticos.
6. Continuidades y desafíos El capítulo destaca que, pese a las rupturas que introdujo el
kirchnerismo, también hubo notables continuidades: el modelo económico dependiente de
exportaciones y la debilidad de las instituciones republicanas. El principal desafío hacia
adelante era consolidar la democracia en un marco de mayor igualdad y calidad
institucional.