EL MUNDO SEGÚN MONSANTO
A lo largo de nuestras vidas hemos consumido una gran variedad de productos agrícolas
cuya procedencia resulta desconocida para muchos; compramos e ingerimos alimentos
que aparentemente presentan un buen aspecto, sin golpes, de buen tamaño y color, pero,
¿La apariencia es lo único que importa?
Pues bien, las acciones de grandes Monopolios biotecnológicos han generado múltiples
debates referentes a dicha problemática; tanto políticos, científicos y campesinos han
sido partícipes de discusiones acerca de los problemas que genera la modificación
genética de productos alimenticios, los mismos que tienen efectos perjudiciales,
especialmente en el campo ambiental y de la salud.
Como representante de estas organizaciones líderes en la producción de semillas se
encuentra MONSANTO, empresa fundada en Estados Unidos en 1901, cuyo objetivo
principal es forjar dependencia obligatoria en los grandes productores para la utilización
de semillas modificadas genéticamente que requieran de la posterior adquisición de un
“paquete tecnológico” constituido principalmente por fertilizantes y pesticidas químicos
que alteran el ecosistema a cambio de un “mejor desarrollo” y productividad.
Muchos estudios realizados sobre la composición de los alimentos que se producen por
la germinación de semillas transgénicas y cosecha de las plantas resultantes, demuestran
irrefutablemente que existen excesivos niveles de químicos, nocivos para las personas y
que pueden llegar a alterar a otras especies contiguas a éstas por medio de la dispersión
de polen.
Pero finalmente, a pesar de que MONSANTO ha sido y sigue siendo el mayor
responsable de la propagación de semillas transgénicas, fertilizantes y pesticidas
químicos; productos que sin duda alguna llevan generando problemas desde hace varias
décadas, aún no se han tomado las debidas acciones para la clausura y sanción de la
misma, así que, ¿Cuántos años más deben transcurrir para que se tome conciencia de
los daños ocasionados?, ¿Por cuánto tiempo tendremos que permitirnos tener miedo de
los productos que compremos? o es que acaso ¿Jamás acabará esta cadena viciosa de
adquisición lucrativa sin la debida preocupación ambiental?.
“El mundo según Monsanto”, es el nombre con el que Marie Monique Robin titula al
documental que revela gran parte los misterios que rebozan en la controversial
Multinacional Agricultora.
Muchos de los entrevistados se han visto directa e indirectamente afectados por los
daños que repercuten alrededor de los controversiales productos que ha venido
fabricando la empresa y con recelo, señalan a la corporación como responsable de la
condición mundial actual.
El documental deja una pista acerca de sobornos gubernamentales, comercialización de
productos sin la respectiva documentación sobre los efectos en el organismo, supuesta
persecución contra los pequeños agricultores, quienes luchan por conservar sus
costumbres ancestrales en la práctica agrícola, entre otros. Pero al concluir el video,
surge una interrogante ¿puede esta empresa ser capaz de llegar a la deslealtad,
persecución, engaños, manipulación, estafas, sobornos, daños ambientales
incuantificables, e incluso la muerte, con tal llevar sus productos químicos y
transgénicos al mercado?
Monsanto se muestra al mundo como una empresa agricultora cuyo objetivo es
desarrollar nuevas tecnologías amigables con el ambiente con el fin de mejorar el
proceso de producción. Sin embargo muchos de sus productos llegan al mercado con
información incompleta, causando incertidumbre en quienes conforman la comunidad
científica.
Desde sus inicios con la sacarina en la industria química, Monsanto ha garantizado a su
clientela la total seguridad industrial y los carentes efectos sobre la salud con los que
están dotados sus productos. Actualmente dentro de sus productos más vendidos se
encuentra el glifosato, bajo la marca “Roundup Ready”.
El “Roundup Ready” es el nombre comercial con el cual Monsanto comercializa el
glifosato, un herbicida desarrollado para eliminación de hierbas y de arbustos, en
especial los perennes, suprimiendo su capacidad para generar aminoácidos aromáticos.
El líquido es absorbido por las hojas o puede ser inyectado directamente a los troncos y
tallos.
En el transcurso de esta práctica, algunos cultivos fueron manipulados genéticamente
para no ser afectados por esta sustancia, como la soja. Científicos notaron que algunos
microorganismos tenían una resistencia a la inhibición por glifosato.
Es así que, la inhibición a este producto se logró mediante el aislamiento de la cepa
“Agrobacterium CP4 (CP4 EPSPS)”, resistente a glifosato. Este gen fue clonado y
transferido a la soja, y en 1996 se comenzó la comercialización de la soja transgénica.
De esta manera se dio inicio a la comercialización de los Transgénicos, organismos
genéticamente modificados.
Ambos productos han sido llevados a juicio. El glifosato “Roundup Ready” fue acusado
por causar efectos endocrinológicos, toxicidad, fraude científico, publicidad engañosa,
entre otros. Y los transgénicos han sido acusados por daños a la salud humana, impacto
medioambiental, impacto económico y persecución agrícola. Pero ¿Cómo es que un
producto tan controversial y dudoso pudo burlar fácilmente las normas de salud y
alimentación y en consecuencia a la FDA?
La respuesta puede ser algo perturbadora para quien considere que en el mundo de los
negocios es necesario trabajar con ética, pues resulta que, MONSANTO ha sido
catalogado como una empresa corrupta capaz de alterar datos de investigaciones
científicas con el fin de mantener la poca integridad que posee, aunque eso signifique
despedir a trabajadores que no posean la disposición de generar ingresos económicos sin
pensar en el daño provocado a la naturaleza.
Otro de los temas al que es necesario brindarle la debida importancia es el denominado
“principio de equivalencia sustancial”, el mismo que se define como un tratamiento
aplicable a un nuevo producto en caso de que éste sea sustancialmente equivalente a un
producto ya existente. He aquí el punto de debate en todo el asunto. Por un lado se
encuentra la multinacional defendiendo los derechos de sus productos con bases
científicas de poca credibilidad y por otro lado, un grupo de científicos y el resto del
mundo, quienes exigen a la empresa comprobar sus hipótesis de equivalencia sustancial.
Pero si la adición de un gen es considerado como un aditivo nutricional, ¿Por qué no se
han llevado a cabo las pruebas toxicológicas correspondientes? Así el producto estaría
sujeto a limitaciones legales sobre su consumo seguro y nivel de admisión.
Con base a lo mencionado previamente, y considerando las manipulaciones en
reglamentos e investigaciones científicas es que los transgénicos han podido eludir los
requisitos reglamentarios y llegar al mercado con la menor injerencia gubernamental.
Cabe recalcar que muchos funcionarios que ejercían cargos determinantes en el apogeo
de los transgénicos, confiesan haber recibido presión por parte de altos funcionarios
para acelerar el proceso de legitimación para la venta y consumo de estos productos.
Algunos defienden sus decisiones afirmando que el país se encontraba en pleno
desarrollo biotecnológico y como pioneros en esta práctica ante el mundo, cualquier
intento por frenar este proceso, hubiese traído serias consecuencias para ellos.
Como conclusión, MONSANTO ha sido y es considerado como el causante de
incontables e impactantes daños al ambiente, el punto de partida del problema se
encuentra en la mentalidad del alto mando en la empresa cuyo objetivo primordial es
generar ingresos monetarios a través de un sistema engañoso de obligatoriedad firmado
por agricultores para la compra permanente de semillas modificadas genéticamente,
logrando así, mantener clientes fijos, y, por lo tanto ganancias aseguradas.
Ya se demostró desde hace algunas décadas que, el uso de transgénicos para consumo
humano tiene efectos nocivos en la salud; sumado a ello la excesiva aplicación de
fertilizantes y pesticidas químicos hacia las plantas cultivadas, generan alteraciones de
carácter ambiental y toxicológico.
Ahora bien, el uso y consumo de estos productos depende de cada individuo, a
diferencia de los agricultores firmantes de un convenio con MONSANTO, los demás
tienen toda la libertad de elegir o no la compra e ingesta de los mismos, aun sabiendo
los riesgos que ellos representan.
Para culminar, es menester mencionar que en la actualidad existe concientización sobre
los problemas que MONSANTO ocasiona con sus productos, muchos grupos de
científicos, campesinos y unos cuantos políticos luchan por la prohibición de los
transgénicos y el uso sostenible de fertilizantes y pesticidas químicos (usándolos sólo en
caso de ser necesario).Sin embargo, aunque algunas personas se preocupen por eso,
mientras siga permitiéndose la libre actuación de este Monopolio biotecnológico, los
problemas seguirán ocurriendo, hasta tal punto de que los daños generados puedan
llegar a ser irremediables.