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Espiritualidad Dominicana

La espiritualidad dominicana se fundamenta en la identidad personal y la relación con la divinidad, destacando la importancia de la predicación como su carisma esencial. A través del camino espiritual de Santo Domingo, se delinean etapas clave que incluyen su formación familiar, experiencias de estudio y compasión, y la fundación de la Orden de Predicadores. La vida espiritual dominicana se caracteriza por la integración de la vida común, la oración, el estudio y la predicación, formando un todo armónico que busca la gloria de Dios y la salvación de los hombres.
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Espiritualidad Dominicana

La espiritualidad dominicana se fundamenta en la identidad personal y la relación con la divinidad, destacando la importancia de la predicación como su carisma esencial. A través del camino espiritual de Santo Domingo, se delinean etapas clave que incluyen su formación familiar, experiencias de estudio y compasión, y la fundación de la Orden de Predicadores. La vida espiritual dominicana se caracteriza por la integración de la vida común, la oración, el estudio y la predicación, formando un todo armónico que busca la gloria de Dios y la salvación de los hombres.
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Para una reflexión en Torno a la Espiritualidad Dominicana

La pregunta por la espiritualidad es la


pregunta por la identidad, porque la
pregunta “quién soy” posiblemente
sólo pueda ser respondida desde la
interioridad individual de quien se la
formula. Todas las ciencias humanas
ofrecen sólo respuestas fragmentadas
y fragmentarias sobre el hombre.
Posiblemente sólo sea la espiritualidad
la única capaz de ofrecer una visión
integral e integradora sobre la
identidad más profunda de cada ser humano.
La espiritualidad o una vida espiritual no se agota en la religión. La vida espiritual
tiene un alcance que trasciende todo fenómeno religioso. Posiblemente sean muchos
los fenómenos religiosos que carezcan de una espiritualidad. Pero el fin de toda
religión debe ser la espiritualidad. La religión nos une a la divinidad y nos abre al
sentido de la trascendencia. Unión con la divinidad y apertura al sentido de la
trascendencia es lo que caracteriza una actitud espiritual, una espiritualidad.
La espiritualidad cristiana es la expresión de la acción del Espíritu Santo en la vida de
una persona. Esta acción del Espíritu de Dios en cada uno hace posible, por un lado, la
unión con Dios y la apertura a su misterio. Y, por otro lado, la acción del Espíritu Santo
en una persona hace posible en ella la filiación (ser y sentirse hijo de Dios) y la
fraternidad (ser y sentirse hermano de todos) como las dos expresiones
fundamentales de una vida auténticamente espiritual, de una vida en el Espíritu de
Dios. Filiación y fraternidad, en el marco de una espiritualidad cristiana, deben ser
vividas en y por Hijo Jesús. Jesús es Hijo de Dios por naturaleza. Nosotros somos hijos
de Dios por gracia, pues hemos sido adoptados en el Hijo Jesús.
No es posible plantear una espiritualidad dominicana al margen de una espiritualidad
cristiana. La espiritualidad dominicana siempre estará llamada a ser una forma de
espiritualidad cristiana con una especificidad concreta. Esta especificidad no es otra
que el carisma y la gracia de la predicación. Dicho de otro modo, la espiritualidad
dominicana nace de la gracia de la predicación.
La gracia y el carisma de la predicación le fueron dados a Santo Domingo. De ahí que
toda espiritualidad dominicana debe tener como punto de partida el camino espiritual
recorrido por Santo Domingo. Este camino espiritual de Santo Domingo es lo que
podríamos llamar “el tronco común” cuya savia alimenta todas las manifestaciones
posibles de espiritualidad dominicana como espiritualidad de la predicación.
Los primeros biógrafos de Santo Domingo –de una manera especial el Maestro Jordán
de Sajonia- nos trazaron un perfil biográfico de Santo Domingo desde el que nos es
posible seguir el camino espiritual de Santo Domingo. Este camino espiritual
tiene varias etapas que podríamos esquematizar de la siguiente manera:

1. Nacimiento y núcleo familiar: primer contacto de Santo Domingo con Dios.


Su familia fue su primera escuela de espiritualidad y de santidad.
2. La experiencia de Gumiel de Izán: Santo Domingo, siendo todavía un niño,
es confiado a su tío, el arcipreste de Gumiel de Izán. Es el primer contacto con
el mundo eclesiástico desde dentro.
3. La experiencia de Palencia: el descubrimiento del valor del estudio como
apertura al conocimiento y el descubrimiento de la compasión y de la
misericordia como actitudes que unen a Dios. Ante la miseria con la que se
topa, Santo Domingo vende sus libros –libros que al ser escritos en pergamino
son costosísimos- y de esa manera socorre a los pobres.
4. La experiencia del Cabildo de Osma: en este contexto Santo Domingo
experimenta las bondades de la vida regular, de una vida normada por una
regla que es un proyecto de vida. En ese proyecto de vida profundiza su vida de
oración y de unión con Dios a través de la lectura de la Sagrada Escritura y de
los Padres del desierto, principalmente el libro de las Instituciones y de
las Colaciones de Juan Casiano. Según el Maestro Jordán, a través de este
ejercicio de lectura orante Santo Domingo alcanza la pureza de corazón.
5. La experiencia del viaje con el Obispo Diego: en el Cabildo de Osma, a
través del silencio, de la oración y del estudio, Santo Domingo adquiere la
sensibilidad suficiente para percibir las grandes necesidades de la Iglesia de su
tiempo. Al cruzar el sur de Francia y el norte de Italia, Santo Domingo descubre
que la gran necesidad de la Iglesia es la predicación. Desde ese momento
concibe la idea de fundar una Orden que se llamase y fuese de predicadores.
6. La fundación de la Orden de Predicadores: el camino espiritual de Santo
Domingo alcanza su punto culminante en la fundación de la Orden. Santo
Domingo se sabe enviado a vivir la gracia de la predicación según el modelo de
la vida apostólica. El éxtasis en San Juan de Letrán, en el que San Pedro le
entrega un báculo y San Pablo le entrega un libro, al tiempo que le dicen ve y
predica porque para esto te ha escogido el Señor, es el punto culminante del
camino espiritual de Santo Domingo.
7. La dispersión de los primeros frailes: después de la fundación de la Orden
Santo Domingo envía a sus frailes con un proyecto bien definido: predicar,
estudiar y fundar conventos. Santo Domingo muere antes de que la Orden
cumpla cinco años de fundada. Este dato es especialmente significativo y da de
sí para pensar que la Orden de Predicadores es el fruto del camino espiritual
recorrido por Santo Domingo.

La síntesis de la espiritualidad dominicana se encuentra en el parágrafo IV de la


Constitución Fundamental de la Orden de Predicadores, pues en ella se explicitan los
elementos fundamentales que integran esta espiritualidad: § IV.– Y, puesto que nos
hacemos partícipes de la misión de los Apóstoles, imitamos también su vida según el
modo ideado por Santo Domingo, manteniéndonos unánimes en la vida común, fieles
a la profesión de los consejos evangélicos, fervorosos en la celebración de la liturgia,
principalmente de la Eucaristía y del oficio divino, y en la oración, asiduos en el
estudio, perseverantes en la observancia regular. Todas estas cosas no sólo
contribuyen a la gloria de Dios y a nuestra propia santificación, sino que sirven
también directamente a la salvación de los hombres, puesto que conjuntamente
preparan e impulsan la predicación, la informan y, a su vez, son informadas por ella.
Estos elementos, sólidamente trabados entre sí, equilibrados armoniosamente y
fecundándose los unos a los otros, constituyen en su síntesis la vida propia de la
Orden: una vida apostólica en sentido pleno, en la cual la predicación y la enseñanza
deben emanar de la abundancia de la contemplación.
De este modo, los elementos que conforman la vida de la Orden –y la espiritualidad es
esencialmente una vida, un modo de ser- son; la vida común, la profesión de los
consejos evangélicos, la sagrada liturgia y oración, el estudio y la predicación. Estos
elementos tienen que estar sólidamente trabados entre sí, equilibrados
armoniosamente y fecundándose los unos a los otros. Sólo así constituyen en su
síntesis la vida propia de la Orden.
La espiritualidad dominicana nace del carisma y de la gracia de la predicación. En el
suelo fértil de la vida común, armónicamente vivida a través de la observancia de los
consejos evangélicos, CONTEMPLAMOS la Palabra en el estudio y la oración,
CELEBRAMOS esta Palabra en la liturgia, principalmente en la Eucaristía y el Oficio
Divino, y PREDICAMOS la Palabra a través de las distintas formas que nos ofrece el
amplio abanico de posibilidades de predicación en la Orden.
Palabra contemplada, Palabra celebrada y Palabra predicada es el corazón mismo de
la espiritualidad dominicana.
Fr. Angel Villasmil, OP

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