El texto bíblico
Tema I: PALABRA Y LENGUAJE
A) Palabra
Dabar en hebreo indica el fondo de las cosas, su contenido. “Hablar significa
expresar lo que se encuentra dentro de las cosas, hacer operativo lo que hay tras ellas en
su profunda realidad dinámica, en su vocación” (E. Bianchi, Pregare la Parola, p.19). El
signo lingüístico (dabar) es fruto del significante (palabra) y del significado (cosa).
Palabra y cosa no pueden separarse en la mentalidad hebrea, mientras que en nuestra
cultura, la palabra tiene un fuerte déficit de confianza: Parole, parole, parole…
La palabra bíblica es eficaz, creadora, alcanza el fin para la que ha sido enviada,
corre veloz (Is 55, 8-11; Sal 147,15).
La palabra ilumina los acontecimientos. “La revelación se realiza con palabras y
obras intrínsecamente relacionados, de forma que las obras realizadas por Dios en la
historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados
por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el
misterio contenido en ellas” (DV 2).
La palabra divina se da en el contexto de un diálogo de amistad. “Por esta revelación
Dios invisible (cf. Col 1,15; 1 Tm 1,17) habla a los hombres como amigo, movido por
su gran amor (cf. Ex 33,11; Jn 15,14-15) y mora en ellos (cf. Ba 3,38) para invitarlos a
la comunicación consigo y recibirlos en su compañía” (DV 2).
B) Tres funciones del lenguaje: (Manucci 19-21)
La palabra divina cumple las tres funciones del lenguaje según la división clásica de
K. Bühler:
* Informa: aporta datos, narra hechos. El modo preferido es el indicativo, la tercera
persona. Procura ante todo la objetividad. Es la función exclusiva de la ciencia, y la
principal de la didáctica y de la historia. En el campo bíblico esta función informativa
presenta una serie de contenidos doctrinales o verdades reveladas.
* Expresa: comunica algo de la interioridad del sujeto que habla, de sus sentimientos
y emociones, de sus actitudes. Prefiere la primera persona, y desempeña una función
subjetiva. Aun cuando narramos hechos objetivos siempre en esa comunicación
dejamos traslucir algo de nuestra interioridad. No con cara de póquer. Aun para
informar el hombre arriesga algo de su interioridad, desenmascara algo de su intimidad,
y por ello debe salir de sí mismo.
En su dimensión más pura, la función expresiva se da en la interjección que
acompaña al grito, el suspiro, la risa, el llanto… Aparece en las confesiones, los
recuerdos, la lírica…
* Interpela: intenta influir sobre el oyente, invitándole a una respuesta. Busca un tú
capaz de responder a nuestra llamada, un tú que le sea semejante. El hombre puede dar
nombre a los animales, pero no encuentra en ellos una respuesta semejante. Esta función
apelativa usa sobre todo la segunda persona y el modo imperativo en una función
intersubjetiva. Es propia de la oratoria, la oración, la predicación. O simplemente se
trata de mantener un contacto auditivo entre dos personas que están presentes la una a la
otra mediante la palabra, y se sienten a gusto en su presencia mutua, aunque el
contenido de la conversación sea irrelevante, o se usen palabras incomprensibles, como
en la conversación con los bebés, o en la oración en lenguas.
Estas tres funciones no se dan por separado. Su funcionamiento es gestáltico, y el
informe domina y polariza las otras dos funciones. Es difícil encontrar formas puras de
cada función.
Nuestra tentación es el racionalismo que ha dejado tristes huellas en determinadas
épocas de la historia de la teología. El racionalismo prima el elemento de información
sobre los otros dos y quiere reducir la revelación a un conjunto de verdades reveladas.
Lo expresivo o impresivo sólo interesan en la medida en la que pueden ser formulados
como una proposición, sacrificando la inmediatez de su forma originaria. Por otra parte
el racionalismo desprecia todos los elementos no racionales del lenguaje, la fantasía, el
ritmo, la sonoridad, la belleza… Ignora que las ideas están encarnadas en el lenguaje en
una unidad indivisible. No es que las ideas vengan vestidas con el lenguaje. El lenguaje
no es un vestidito que se pueda quitar para dejar a las ideas desnudas.
La tentación sería exprimir los textos bíblicos, como quien exprime una naranja, para
destilar una catálogo de verdades objetivas reveladas, y tirar el resto al cubo de la
basura. De esa manera reemplazamos la Biblia con el Denzinger. Pero el Denzinger
nunca podrá sustituir a la Biblia. Es verdad que la Biblia posee un contenido formulado
o formulable en proposiciones. La fe tiene un elemento intelectual, pero no se reduce a
él. Dios no se nos ha revelado simplemente para darnos un catálogo de informaciones.
Alegorizando el ejemplo de la naranja, podríamos decir que es en la cáscara donde
están las vitaminas, y la pulpa es muy importante para activar el tracto intestinal. Al
tirar todo esto a la basura estaríamos reduciendo a un mínimo el elemento nutritivo de la
naranja.
Porque no es que la Biblia contenga la palabra de Dios, sino que es la Palabra de
Dios. No se trata de una relación, de una minuta de lo que Dios ha dicho, sino que se
trata de las mismas palabras pronunciadas por Dios.
Junto con estas tres funciones dialógicas del lenguaje hay otras tres monológicas (F.
Kainz) paralelas. En su función informativa el lenguaje nos sirve para pensar. En su
función expresiva para desahogarnos, en la función impresiva para estimularme a mí
mismo, para excitarme a la acción.
Aunque normalmente la Escritura ha sido escrita con una finalidad dialógica,
podemos ver que en determinados momentos cumple también una función monológica.
A veces Qohelet habla en voz alta tratando de ordenar sus ideas. Quizás sea una ficción
oratoria, pero también Pablo tienen sus monólogos, y en el Éxodo encontramos la
ficción oratoria de Dios hablando consigo mismo: “Yo me decía: acabaré con ellos,
borraré su memoria…” (Dt 32,26-27). El salmo 73 es todo él un monólogo del autor
consigo mismo, dándole vueltas al problema de los buenos y los malos.
Tema II: PALABRA ESCRITA
A) Formas de escritura. 1. Evolución de la escritura
Los investigadores de la escritura describen una evolución desde el pictograma
más o menos realista y/o artístico hasta el logotipo, que es una simplificación del
realismo pictográfico, sujeto a múltiples convencionalismos: por ejemplo, un tipo de sol
puede designar el día o la divinidad, una figura de hombre o mujer puede pueden
señalar el baño.
Pero en el nivel del pictograma y del logotipo no podemos hablar todavía de “lengua
escrita”. Tales signos y logotipos pueden valer para muchas lenguas siempre que
compartan unos mismos valores culturales y convencionalismos.
Podemos hablar de “lengua escrita” sólo cuando se introducen elementos fonéticos
capaces de representarla. El primer paso en este proceso fue modificar los logotipos con
determinaciones fonéticas y gramaticales
Nuestra actual escritura, puramente fonética, es pura representación de fonemas
mediante grafemas que hoy nos resultan absolutamente convencionales.
La historia de la escritura muestra que incluso gran parte de nuestros actuales
grafemas son evolución de antiguos pictogramas y logotipos, que en un proceso de
simplificación y abstracción pasaron a representar el fonema inicial con que se
pronunciaba el elemento dibujado (principio acrofónico, que es claro en algunos
grafemas fenicios y griegos: mem, ‘ayin, bet ...).
El pictograma representa el objeto: los En el paleo-hebreo el icono de la "palma de
billetes de pesetas. la mano" pasó de representar a esta parte
El logograma en cambio es convencional: del cuerpo llamada Kaf, a designar el
$ sonido K de un modo general. A este
Los fonemas silábicos: PTS expresan cada signo de la Kaf en paleohebreo
uno una sílaba entera corresponde en el alfabeto arameo
El grafema P por el que comienza la
palabra "pesetas", pasa a significar el cuadrado el signoכ
sonido "P" dondequiera que aparezca.
En la imagen están los signos de la escritura
fenicia, que es el primer alfabeto linear no
Posteriormente esta letra paleohebreo fue silábico. (Esta y las restantes diapositivas de
sustituida por la equivalente de la este tema numeradas con Htb, pertenecen al
escritura cuadrada aramea: ג CDRom, Historia de la Biblia de Miguel
Pérez y de Julio Trebolle
También el biblista debe tener en cuenta estos principios elementales que conoce
todo lingüista:
Que ninguna escritura puede representar perfectamente a la lengua hablada.
Que la escritura suele ser más conservadora que la lengua
Que, por tanto, no siempre lo que se escribía era lo que “se decía”.
2. La escritura cuneiforme
El sistema cuneiforme (de “cuneus” = cuña) tiene origen mesopotámico. En el 4º
milenio a.C. lo usaban los sumerios, y de los sumerios lo tomaron y perfeccionaron los
acadios.
El sistema cuneiforme era, en origen,
un sistema pictográfico que evolucionó a
logográfico y finalmente a fonético.
El tipo de escritura cuneiforme fue
adoptado en el Oriente Mesopotámico y
pasó hasta Occidente: Ebla y Ugarit.
Los grandes mitos y epopeyas
mesopotámicos se transmitieron en esta
escritura.
3. La escritura jeroglífica
Sus elementos básicos están tomados de Sumer. Mezcla elementos
pictográficos, logogramas y signos fonéticos.
La escritura jeroglífica se utilizaba normalmente en inscripciones en piedra
Cambiando el soporte en papiro y usando como instrumentos pluma y tinta se
desarrolló una escritura “hierática”, que aún se simplificaría más hacia el s.
VIII a.C. y se llamaría “demótica”
Escrita hacia el s. III d.C. se adoptó el alfabeto griego para escribir el egipcio,
originándose así el “copto”
4. La escritura alfabética
El gran paso en la historia de la escritura es, sin duda, la invención del alfabeto: un
conjunto de signos para reproducir los fonemas de la lengua. En un principio las
escrituras fonéticas eran silábicas, con lo cual el número de signos que representaban a
las diferentes sílabas se acercaban a los 100. Cuando los signos pasan a representar un
solo sonido, obtenemos alfabetos con un número d entre 20 y 30 signos solamente.
Las inscripciones del Sinaí, en torno al s. XV a.C., muestran el origen
egipcio de los signos y su selección según el principio de acrofonía. Mediante
este principio que parte de un signo pictográfico, se toma el dibujo del objeto
que se elige para representar el sonido de la letra inicial de dicho objeto o
animal. Así para el sonido M se utiliza el ideograma de agua, que en semítico se
dice Mayim.
Estos signos protosinaíticos son los que encontramos ya ordenados en un
alfabeto de 22 signos en Fenicia en torno al s. XII a.C.
Dentro del ámbito de la escritura cuneiforme, en Ugarit se llegó a un sistema
alfabético silábico en torno a los siglos XIV-XIII a.C.
Este es el alfabeto de Ugarit. A pesar de que el estilo es cuneiforme, no se
trata de un alfabeto silábico, sino que consta sólo de 30 signos que
designan sólo las consonantes. Podemos observar la relación con el
alfabeto hebreo actual y la trasliteración al alfabeto fonético
5. La escritura fenicia o paleohebrea
La escritura fenicia llegó a imponerse al tiempo que evolucionaban los
soportes y materiales de escritura
Los griegos, en torno al 1100 a.C., adoptaron el alfabeto fenicio.
Los grafemas de las guturales semíticas no existentes en griego fueron
reutilizados como signos vocálicos, así por ejemplo el signo de Ayin (dibujo de
un ojo) se utilizó para representar la omicron.
De esta forma Grecia produjo un verdadero alfabeto fonético de 29 signos. De
esta escritura griega derivará más tarde la latina.
Esta era la escritura usada por los israelitas en la época pre-exílica. Todas las
inscripciones halladas que pertenecen a esta época fueron escritas en este
alfabeto.
6. La escritura cuadrada aramea
Es una evolución de la escritura primitiva fenicia. Fue impuesta por los persas
cuando oficializaron el arameo como lengua del imperio. Los judíos adoptaron
esta escritura a partir del exilio. Es la escritura de la Biblia actual y ya se usa en
casi todos los documentos de Qumrán. Los judíos no sólo adaptaron el arameo
como lengua hablada, sino que incluso pasaron a escribir el hebreo con
caracteres arameos.
Dicha escritura aramea cuadrada es también la que se usa hoy en el Estado de
Israel.
7. La escritura griega:
[Link]/alfabetos/[Link]
evolución de escritura griega a partir del paleohebreo:
[Link]/~rfradkin/[Link]
La escritura griega aparece ya en el linear B de los textos micénico-cretenses.
En estos textos es silábica y tiene 87 signos. En el siglo IX comienza a usarse ya
una escritura alfabética, derivada de la fenicia, pero creando nuevas letras para
designar a las vocales.
Junto a la escritura griega uncial (mayúscula), clara copia de la fenicia, se
desarrolló muy pronto una escritura cursiva y minúscula en la que se copiaron
muchos manuscritos griegos en el medievo.
B) Soportes materiales de la escritura
Los libros bíblicos adolecen de todas las limitaciones y defectos del lenguaje humano
y de los materiales (deterioro de los pergaminos, imperfecciones gramaticales,
deficiente capacidad de expresión de la lengua empleada, unilateralidad en la
exposición, aceptación de las inexactitudes y errores que encontró el autor en sus
fuentes...)
1. Materiales de escritura
Se cincelaba una piedra, se pintaba sobre papiro, se punzaba en el barro fresco. En el
sur de la zona siro-palestina, se usaba una escritura lineal del alfabeto fenicio, y se
pintaba sobre piedras encaladas, sobre ostraka (pedazos de teja), o sobre todo sobre
papiros y pieles. Apenas se usan las tablillas de barro, más propias para la escritura
cuneiforme que para la lineal.
El papiro era importado de Egipto, las pieles se daban en el país. Papiro y piel se
enrollaban en un “rollo”. La piel se escribe por una lado, el papiro por los dos. El
pergamino es una piel tratada de un modo especial, descubierto en Pérgamo en el siglo
II a.C. El rollo de pergamino más largo es el de Isaías de Qumrán (7,3 metros).
Uno de los cambios más revolucionarios fue el paso del rollo al códice, que hace el
libro mucho más manejable. Por lo que parece el códice es una creación cristiana. Los
judíos nunca admitieron que sus escrituras se escribiesen en códices y han seguido
usando el rollo para el uso sinagogal de las Escrituras hasta el día de hoy.
Ver ejemplos de los diversos materiales empleados como soporte
2. Instrumental y tinta
Para piedra o metal, cinceles y punzones de metal, endurecidos con diamante. Para
dibujar, juncos con la punta aplastada, o cálamos aguzados. Se usaba tanto la tinta
metálica como la vegetal.
C) Aspectos literarios de la Biblia
1. Las lenguas de la Escritura
-hebreo: es la lengua de Canaán. Pertenece a las lenguas semíticas noroccidentales.
Los israelitas la adoptaron al llegar a Canaán. Ya aparece en documentos palestinos
anteriores a la conquista hebrea, en glosas de las cartas de Tell el Amarna, y en textos
de Ras Shamra (Ugarit). De la época hebrea hay muy pocas inscripciones, pero los
textos más abundantes son los bíblicos.
-arameo: es otra lengua semítica, muy afín al hebreo. Era la lengua franca de la
diplomacia y del comercio ya en tiempo asirio. Pero los persas la convirtieron en lengua
oficial de su imperio Poco a poco pasó a convertirse después del destierro en la lengua
popular de los judíos de Palestina. El hebreo pasó a ser una lengua litúrgica. En arameo
tenemos en la Biblia los siguientes textos: Jr 10,11; Esd 4,8-6,18; 7,12,26 y Dn 2,4b-
7,28.
-griego: el griego postclásico, llamado koiné, es una lengua fácil y popular, y al
mismo tiempo común a todos los antiguos dialectos, con predominio del ático. Se habló
en todos los antiguos dominios del imperio de Alejandro Magno. El griego bíblico es
una variante de la koiné, salpicada de hebraísmo y arameísmos.
Vemos el primer versículo bíblico que aparece en cada uno de estos tres idiomas:
El primer versículo hebreo dice: "En el principio creó Dios el cielo y la tierra"
El primer versículo arameo dice: "Viva el rey eternamente, cuéntanos el sueño a tus siervos y lo
interpretaremos".
El primer versículo griego dice: "Libro del origen de Jesucristo, hijo de Abrahán, hijo de David.
Hermenéutica
Tema I: PALABRA INTERPRETADA
2. Las formas literarias del A. Testamento
Géneros literarios son las formas y modos de hablar de los que se
sirven los hombres de una determinada época y un determinado país
para expresar sus pensamientos. En la Biblia no encontramos los
géneros literarios de hoy, sino los que eran corrientes entre los
antiguos orientales. Pero dado que un texto ha tenido un proceso
desde su estadio oral hasta el escrito, pasando por distintas
situaciones en la comunidad, cabe hablar de la “historia de las
formas”..
-la Ley o Torah. Es un conjunto legislativo incrustado en un ámbito
histórico.
Se trata de una recopilación de tres fuentes: Yahvista, Elohista y
Sacerdotal. El Deuteronomio por su parte tiene un género exhortativo
y una teología propia.
La Ley contiene varios códigos éticos: el decálogo ético en dos
versiones (Ex 20,2-21; Dt 5,6-18); el código de la alianza, propio
todavía de una sociedad pastoril y seminómada (Ex 20,22-23,19); el
decálogo cultual (Ex 34, 11-26) que responde ya al calendario de
fiestas de una sociedad agrícola y sedentarizada; el código
deuteronómico (Dt 12,26) propio de una sociedad centralizada y
organizada con reyes, sacerdotes y jueces; la ley de santidad (Lv 17-
26) de época postexílica, que da importancia a la pureza y
conservación de la raza y a los elementos sexuales, y refleja una
sociedad en la que los sacerdotes ocupan un importante lugar
político, cultural y social.
-Los profetas: anteriores: Jos, Jc Sm y Re: dan una interpretación
teológica de la historia, ilustrando con ella la predicación de los
profetas. Incluye géneros literarios etiológicos, que incluyen leyendas
para justificar nombres, costumbres, etc...
Los profetas posteriores son Jr Is y Ez, así como los doce profetas
menores.
-Los escritos sapienciales: recogen las sabiduría de Israel en
colecciones de proverbios, poemas, salmos, reflexiones...
3. las formas literarias del Nuevo Testamento
Incluyen géneros históricos (evangelios, Hechos), proféticos
(Apocalipsis) y epistolares o didácticos (cartas).
D) Proceso de formación de la Biblia
1. Libros del AT
Antes del XIII: tradiciones orales patriarcales. Algunos poemas
como el de Débora.
s. XIII: Decálogo
s. XII: Código de la alianza (Ex 20,22-31,18)
s. X: Algunos salmos/ Prov. 10-19
¿Subida de David al trono? ¿Sucesión de David?
¿Yahvista?
s. IX: Tradición Elohísta, escuela de Elías y Eliseo
s. VIII: Profetas escritores: Am, Os, Mi, Is (primeras colecciones
de oráculos)
Sabios de la corte de Ezequías: Pr 25-29
s. VII-VI Na, Ha, Escuela deuteronómica: (Dt, Jos, Jc, Sm, Re), So.
Jehovista.
Profetas del exilio: Jr, Ez, II Isaías, Abd.
Obra sacerdotal. Profetas del retorno: Ag, Za, ¿Lm?
s. V y IV Últimos profetas: Ma, III Is, Jl, II Za
Clásicos sapienciales: Job, Pr, Ct, Rut, Jon
Obra del cronista: Es, Ne, Cr
Redacción definitiva del Pentateuco.
s. IV-III LXX , Qo, Ba, Tob
s. II Est ,1 y 2 Mc, Si, Dn, Jdt
s. I Sa
ver cuadro sinóptico
2. Libros del NT.
50 I Ts
50 2 Ts o años 90
54 Ga, Flp (?),Flm (?)
55 I Co , II Co, Stg (?)Rm
58 Col, Ef, o 90-100
65 Mc, I Pe
70 Mt, Lc
80 Hechos
90 Corpus juánico
95 Pastorales,
100 II Pe
Tema III: CRITICA TEXTUAL DEL N. TESTAMENTO
Hay en inglés una página muy interesante en la Web, que resume
toda una enciclopedia sobre la crítica textual de la Biblia, en la que se
puede encontrar materiales de todo tipo sobre crítica textual.
Ver: [Link]/~waltzmn/[Link]
[Link]
Interesante también una página semejante en español:
[Link]
Otra página interesante en español es [Link]
A) Los Manuscritos del Nuevo Testamento
1. Papiros
Se nos conservan 118 papiros con textos o fragmentos del NT. Se
citan con una p acompañada del número del catálogo. Son los
manuscritos más antiguos. Los más importantes para el NT están en
tres colecciones:
-Rylands (Manchester, por ejemplo p52 el fragmento más antiguo.
-Chester Beatty (Dublín), por ejemplo el p 45 con gran parte de los
evangelios.
-Bodmer (Ginebra), por ejemplo los p66 y p75 con el texto de Juan.
2. Pergaminos
Los hay de dos clases:
unciales (escritos con letras mayúsculas: del siglo III al IX). De
ellos se nos conservan actualmente unos 250. Los más antiguos y de
mayor valor son el Sinaítico (Londres) y el Vaticano (Roma) de los
siglos III-IV.
Página del códice sinaítico Página del códice Vaticano
minúsculos: a partir del siglo IX. A pesar de ser más recientes,
pueden tener mucho valor si se copiaron de un original muy antiguo.
Existen unos 2.700 códices minúsculos.
3. Leccionarios
Son antologías de textos bíblicos para uso litúrgico. Existen
actualmente unos 2.000 leccionarios manuscritos, anteriores a la
invención de la imprenta.
4. Traducciones
La Biblia se tradujo desde muy pronto a otras lenguas de la
antigüedad, que nos aportan datos muy valiosos para reconstruir los
originales desde los que se hizo la traducción. Hay dos traducciones
al latín, la Vetus Latina y la Vulgata, y otras traducciones al siríaco, el
copto, el armenio, georgiano...
5. Citas de los Santos Padres
Son otro testimonio muy importante que hay que cotejar. Aunque a
veces los Padres citaban de memoria, sin embargo en muchos casos
estas citas son muy útiles para rastrear qué decían los códices
bíblicos que ellos utilizaban.
B) El problema de las variantes textuales
De los más de 3.000 manuscritos que poseemos del NT, apenas
habrá un solo versículo en el que coincidan a la vez todos los
manuscritos palabra por palabra o letra por letra.
Cabe encontrar más de 300.000 variantes en el NT. ¿Cuál de ellas
escoger? ¿Cómo recomponer las palabras exactas tal como salieron
de la pluma del escritor sagrado en el original autógrafo? Sobre este
tema versa la ciencia que denominamos crítica textual.
A pesar de esta primera impresión penosa de los cientos de miles
de variantes, sin embargo, al profundizar, nos damos cuenta de que
muchas de estas variantes se detectan inmediatamente como errores
del copista, y pueden descartarse sin más. Podemos decir que hoy día
tenemos seguridad sobre el texto original del Nuevo Testamento en
más de un 90% de su extensión.
Del 10% restante, del que puede caber alguna duda, la inmensa
mayoría de las variantes no afectan para nada al sentido de los
textos, sino sólo al orden de dos palabras, a la presencia o ausencia
de una partícula.
C) Los errores del copista
1. Cambios accidentales
Pueden venir de confusión de letras; la haplografía consiste en
simplificar algo que estaba duplicado; la diptografía que consiste en
duplicar algo que era simple. Tanto la haplografía como la diptografía
pueden afectar a una letra, una palabra, o un párrafo entero
Es frecuente saltarse una línea, o saltarse una línea cuando dos
líneas terminan en la misma palabra (homoteleuton).
2. Cambios intencionales
Pueden nacer del deseo de modernizar alguna palabra que ha
quedado arcaica, o de corregir algún error geográfico o sintáctico, o
de explicar con una glosa algo que no se entiende bien, o de censurar
alguna palabra o concreto que puede resultar extraño o malsonante.
También son frecuentes los cambios intencionales nacidos del
deseo de armonizar una lectura con la lectura paralela de otros textos
sinópticos.
Pueden nacer del deseo e modernizar una palabra que ya ha
quedado arcaica.
D) Razones y objetivos de la crítica textual
La crítica textual es una disciplina que se aplica a todos los autores
literarios antiguos cuyas obras nos han llegado en copias manuscritas
que contienen variantes textuales.
1. Razones de la crítica textual
* Pérdida de originales y autógrafos
* Variantes, lagunas, glosas y errores producidas por los copistas.
2. Objetivos de la crítica textual
* Reconstruir la historia de la transmisión del texto.
* Restaurar el texto en su estado original en la medida en que esto
es posible.
Desde que comienza a imprimirse el texto griego del NT en el siglo
XVI empieza a darse un esfuerzo de los editores por basar su trabajo
sobre códices griegos valiosos, confrontando las lecturas variantes.
Más tarde se empieza ya a compilar variantes en trabajos eruditos.
Pero la crítica textual como ciencia sólo comienza a principios del XIX
con Griesbach que establece ya la metodología, y cataloga las
familias de los manuscritos según su proximidad textual. Es el
primero que se aventura a abandonar el textus receptus.
La crítica textual alcanza su madurez en la obra de Von Tischendorf
(1815-1874), el descubridor del códice sinaítico. Tischendorf publica
grandes ediciones del texto griego con aparato crítico amplio.
Desde entonces se ha sucedido un conocimiento mucho más
completo de códices hasta entonces desconocidos, se han discernido
relaciones de unos códices con otros hasta agruparlos en familias, y
se ha mejorado la criteriología para discernir las lecturas originales
más verosímiles. Famosas ediciones críticas del Nuevo Testamento
griego son las Westcott y Hort (1881), la edición monumental de Von
Soden en 1902-10.
La edición de bolsillo más asequible y más veces reimpresa es la de
Nestlé. En España tenemos una magnífica edición crítica del Nuevo
Testamento a cargo del P. J. M. Bover, SJ (1943).
E) Las relaciones entre los códices
Los códices se agrupan en familias que suelen remontarse a una
recensión que luego es ampliamente copiada. La recensión es una
edición manuscrita crítica que pretende atajar un estado lamentable
del texto que se ha ido corrompiendo por errores de los copistas.
Dichas recensiones pueden localizarse en áreas geográficas.
Distinguen los especialistas cuatro tipos principales de textos
dentro de los cuales pueden catalogarse los manuscritos actualmente
existentes. Veamos un cuadro sinóptico de dichos textos, según
Streeter
El texto alejandrino es el texto neutro y el de mejor calidad. Se
fue formando en Egipto y está representado por los mejores códices
unciales, el sinaítico, Vaticano, el alejandrino (menos los evangelios),
el palimpsesto C, el papiro 75. Evita armonizaciones y en general
ofrece un texto breve sin ampliaciones.
El texto occidental es un texto muy antiguo en el que abundan las
interpolaciones. Está representado por el códice D, las antiguas
versiones latina y siríaca, y los Padres de la Iglesia latina y otros como
Justino y Taciano.
El texto cesariense está relacionado con la obra de Orígenes y
Eusebio. Se remonta al siglo III y está representado por los códices W
y Q.
El texto bizantino proviene de alguna recensión realizada en el
siglo V. Es más elegante y armonizante, y suele fusionar lecturas
variantes. Es de hecho el que se ha venido usando en la Iglesia
bizantina y el único conocido durante la Edad Media. Se denomina
también textus receptus.
F) Principios de crítica textual
1. Criterios de evidencia externa
Hay que pesar las variantes según el valor de los códices que las
sustentan. No siempre el criterio numérico es el más importante. El
criterio numérico sin más siempre daría la razón al textus receptus.
Hay que comparar los manuscritos agrupados en familias según su
relación genealógica. También es interesante estudiar la distribución
geográfica de los textos.
2. Criterios de evidencia interna
Se ha de estudiar qué variante concuerda mejor con el vocabulario,
el estilo o la teología del autor. Se ha de ver qué variante encaja
mejor en el contexto inmediato, y cuál responde mejor al fondo
arameo de las palabras de Jesús, en el caso de los evangelios.
3. Reglas de crítica textual
Dada la tendencia natural de los copistas a alargar más bien que
acortar, a facilitar la lectura más bien que a dificultarla, y a concordar
con otros textos conocidos de memoria, podemos enunciar las
siguientes reglas generales, que por supuesto nunca se pueden
aplicar automáticamente.
* Es preferible la lectura corta a la larga.
* Es preferible la lectura difícil a la fácil.
* Es preferible la lectura que no concuerda con los paralelos
sinópticos
* Es preferible aquella que puede explicar el origen de las
demás
G) Algunos casos de crítica textual dudosa
Los casos de variantes que afecten al sentido o a las ideas son
mínimos. Detallaremos algunos de los principales.
1. El final largo de Marcos: Mc 16,9-20
Quizás el caso más significativo sea el del final canónico de Marcos,
o “final largo” de Marcos. En muchas traducciones modernas el
evangelio de Marcos acaba en 16,8. El resto (16,9-20) se imprime en
letra más pequeña o en una nota a pie de página. Falta en los códices
Vaticano y Sinaítico, pero está presente en el Alejandrino y en el
códice de Beza. Falta en alguna versión siríaca, pero aparece en
otras.. Está presente en el Diatessaron de Taciano, y al parecer
Justino lo conocía en el siglo II. Algunos Padres como Jerónimo
hicieron constar que faltaba en algunos de los manuscritos antiguos
que consultaban. Para complicar más las cosas en algunos
manuscritos aparecen otros finales alternativos, como el final corto.
El análisis literario del final largo nos revela de que ni el vocabulario
ni el estilo son propios de Marcos, y que se trata de un añadido que
no está hecho del mismo paño. Además la transición entre el verso 8
y el 9 es muy brusca con un cambio de sujeto.
Por otra parte es raro que el evangelio de Marcos terminase en el
versículo 8 diciendo que las mujeres “tenían miedo”. No parece una
manera normal de acabar un evangelio, aunque algunos teólogos den
una gran importancia a este tema desde el punto de vista de la
teología de Marcos.
Podemos más bien pensar que el final auténtico se ha perdido, y ha
habido varios intentos más o menos logrados de subsanar la pérdida,
mediante la adición de otros finales más o menos logrados. En
cualquier caso el final largo es canónico y puede ser citado como
“Palabra de Dios”.
2. La adúltera: Jn 7,53-8,11
Véase la parte de abajo, que es el aparato crítico correspondiente al pasaje de la
adúltera, Jn 7,53-8,11. Primeramente bajo el rubro include aparecen los manuscritos
que traen el texto: primero los unciales con mayúsculas y con números no comenzados
en cero; luego los minúsculos con números comenzados por cero; luego la familia de
códices Byzantina, luego las tradiciones al latín it y vg, al sirio syr, al copto cop,
armenio y etiópico; al final los Padres de la Iglesia que citan o comentan este texto.
A continuación vienen otras posibilidades, los códices que incluyen el texto entre
asteriscos, luego la de los que lo incluyen al final de Jn 21: f13, o sea familia de
manuscritos nº 13.
Al final, precedido por omit, vienen los códices que omiten este pasaje: son los mejores
códices y los más antiguos: primero los papiros 66 y 75, luego los grandes unciales:
sinaítico, alejandrino, vaticano y otros muchos, luego los minúsculos, luego los
manuscritos de las traducciones, y finalmente los Padres que lo omiten.
Es claramente una inserción posterior a la composición del cuarto
evangelio. No aparece en los papiros Bodmer, ni en los grandes
unciales Vaticano y Sinaítico, ni en la mayor parte de los unciales, ni
en la Vetus Latina, ni en la traducción cóptica.
Los autores griegos que comentan el evangelio de San Juan se
saltan este pasaje.
Omitiendo este pasaje se encadenan perfectamente Jn 7,52 con
8,12.
El estilo y vocabulario de este pasaje no son los propios de Juan.
Es sólo la iglesia occidental donde fue admitido, en los códices
occidentales, la edición Vulgata y los padres latinos como Jerónimo y
Agustín.
Algunos manuscritos griegos insertan este pasaje en el evangelio
de san Lucas entre 21,38 y 21,39. Curiosamente el estilo es mucho
más propio de Lucas que de Juan.
Incluso los textos que lo incluyen en el evangelio de Juan no están
de acuerdo en el lugar de su colocación, y algunos lo sitúan al final
del evangelio como un apéndice, y otros después de 7,33.
La severidad con que la Iglesia primitiva penaba el adulterio pudo
ser la causa de que durante algún tiempo este pasaje fuese
censurado, y sólo cuando se suavizó la disciplina penitencial tuvo
cabida en el canon. Y para este momento ya se habría perdido la
tradición sobre su verdadera ubicación, y se hicieron diversos
intentos por situarlo en el evangelio.
En cualquier caso, aunque no se trate de un texto auténtico,
(original del evangelio), sino de una interpolación tardía, sin embargo
sí se trata de un texto canónico, por lo tanto inspirado, y la Iglesia nos
lo propone como palabra de Dios.
3. El sudor de sangre: Lc 24,43-44
Vemos el aparato crítico de los versos 43 y 44 de Lucas 22. Se trata del sudor de sangre, y del ángel.
Primeramente de enumeran los textos que los incluyen, luego los que los incluyen con asterisco, luego los
que los trasponen después de Mateo 26,39, y por último los que lo omiten, entre ellos un papiro, un
corrector del sinaítico, el alejandrino, el vaticano, varias traducciones y varios Padres.
San Hilario, san Jerónimo y san Cirilo testimonian que en muchos
códices de su época faltaba este texto, y efectivamente no está en
muchos códices unciales más importantes. También lo omite el papiro
Bodmer p75 de hacia el año 200.
Algunos piensan que este texto estaba en la versión original del
evangelio, pero que fue censurado durante una época, para que no
fuese utilizado por los arrianos en su lucha contra la divinidad de
Cristo.
4. El ángel que movía el agua de la piscina: Jn 5, 3b-5
Los principales códices griegos y originariamente la Vulgata latina
olvidan la referencia al descenso del ángel. También lo omite el
papiro Bodmer p66. Otros manuscritos proporcionan otras
explicaciones de por qué el ángel bajaba al agua. Muy probablemente
se trata de una interpolación tardía.
5. El trabajador en sábado: Lc 6,4
Esta vez se trata de un texto del manuscrito D, que no se recoge en
ningún otro manuscrito, y por tanto difícilmente puede ser auténtico.
Sin embargo puede recoger un fragmento de tradición apostólica
sobre la vida de Jesús. “Encontrándose a uno que trabajaba en
sábado, le dijo: “Hombre, si sabes lo que estás haciendo, bendito
seas, pero si no lo sabes, caes bajo la maldición de la ley”.
6. “Ha nacido” vs. “han nacido”: Jn 1,13
En el prólogo de san Juan unos pocos manuscritos leen “ha nacido
de Dios”, en singular, mientras que la inmensa mayoría lee “han
nacido de Dios”, en plural. En este último caso se referiría al
nacimiento de los creyentes, pero si aceptamos el singular se estaría
refiriendo al nacimiento virginal de Jesús.
7. ¿Hombres de buena voluntad?: Lc 2, 14
La traducción normal de este texto del Gloria, es “en la tierra paz a
los hombres de la buena voluntad (divina). La estructura es doble:
Gloria a Dios en el cielo, y paz en la tierra a los hombres. Esta
traducción supone un genitivo en la palabra eudokía (buena voluntad)
que terminaría en “s”: eudokías. Sin embargo hay manuscritos en los
que aparece en nominativo (sin la “s”), en cuyo caso la estructura del
verbo sería tripartita: Gloria a Dios en el cielo, paz en la tierra, y
eudokía a los hombres. El textus receptus lee eudokía en nominativo.
En cambio los textos más antiguos traen eudokías en genitivo, así el
Vaticano, Sinaítico, Alejandrino, Beza, Vulgata.
La evidencia externa favorece el genitivo, y también la interna, ya que el genitivo es
la lectio más difícil.