Por Una Criminologia Critica Verde Del S
Por Una Criminologia Critica Verde Del S
2019, nº 16
Marzo (pp.53-74)
Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos
Universidad de Barcelona
RESUMEN
El presente trabajo tiene como objetivo ofrecer herramientas analíticas críticas
(selectividad penal, sobre-criminalización, infra-criminalización) para impulsar el
desarrollo de una criminología crítica verde desde y para el sur global. Utilizando a
Argentina como un estudio de caso, el artículo desarrolla la noción de “selectividad
penal” para exponer el funcionamiento discrecional del sistema de justicia penal. Por un
lado, el artículo explora cómo el control penal se utiliza en detrimento de los pueblos
indígenas que reclaman por sus derechos, a pesar de que sus protestas no producen daños
significativos a bienes o personas, y que incluso están enmarcadas dentro de derechos
constitucionales, incluido el derecho a la protesta. Este fenómeno será conceptualizado
como “sobre-criminalización”. Por otro lado, el estudio expone cómo el sistema de justicia
penal prácticamente no se orienta a atender los daños ecológicos perpetrados por
corporaciones o el uso excesivo y/o ilegal de la fuerza contra los pueblos originarios por
parte de las agencias de seguridad del Estado, a pesar del daño severo que esos
comportamientos producen contra el medio ambiente y la vida e integridad física de las
comunidades indígenas. Este proceso será conceptualizado como infra-criminalización. De
este modo, a los fines de reflejar el funcionamiento selectivo de los sistemas de justicia
penal en el sur global en relación al cuidado de la ecología, el artículo expone el caso
Valeria Vegh Weis
argentino y el sobre-dimensionado uso del control penal contra los sectores más
vulnerables y su descuido de hechos lesivos para el medio ambiente.
Palabras clave: Daños ambientales, Protesta social, Pueblos indígenas argentinos, Selectividad
penal, Infra-criminalización, Sobre-criminalización
ABSTRACT
The present paper aims to offer critical analytical tools (criminal selectivity, over-
criminalization, under-criminalization) in order to push forward the development of a
critical green southern criminology. Using Argentina as a case study, the article develops
the notion of criminal selectivity to expose the biased functioning of the criminal justice
system. On the one hand, the article explores how crime control is being intensively used to
the detriment of the indigenous peoples claiming for their rights, despite the fact that their
protests are not producing significant social harm and are even framed within
constitutional rights. This phenomenon, as the article argues, might be referred to as over-
criminalization. On the other hand, the study exposes how the criminal justice system is not
used to prosecute neither green harms perpetrated by corporations nor the unlawful use of
force against native peoples by law enforcement agencies, in spite of the severe harm that
those behaviors produce against the environment and the lives and physical integrity of the
communities. This process might be referred to, arguably, as under-criminalization.
Overall, the article exposes how the Argentinean criminal justice system is targeting the
most vulnerable peoples while failing to provide environmental protections as a case study
that reflects the biased functioning of the criminal justice systems in the Global South.
Key words: Green crimes, Social protest, Argentinean indigenous peoples, Criminal selectivity,
Under-criminalization, Over-criminalization
Introducción
54
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Por una criminología verde del Sur. Un análisis sobre selectividad penal, pueblos indígenas y daños
ambientales en Argentina
las tierras de los pueblos del sur global sean puestos en primer plano” (Goyes et al. 2017,
2). Más en particular, una "criminología verde del sur" podría entenderse como "la ciencia
que está atenta a las dinámicas y contextos del sur global y que se forma a partir del poder
epistemológico de los marginados, empobrecidos y oprimidos" (Goyes 2018: 17 ; ver
también, Goyes 2016; Goyes 2017; Brisma et al 2018; Goyes 2018; Goyes 2019) o como
“la producción de conocimiento criminológico verde en sintonía con el mundo diferencial
(material, simbólico y epistemológico) existente en el sur global, impidiendo así la
universalización de las teorías occidentales” (Goyes 2018, 55-56).
Nutriéndose de la “criminología verde del sur” y la “criminología crítica”, este estudio
destaca que una "criminología crítica verde del sur" está llamada a entender como
indispensable el establecer una conexión entre el daño ambiental, la selectividad de las
agencias penales y el contexto socio-económico en el que se producen estos fenómenos
teniendo en cuenta las características, necesidades, recursos y conocimientos específicos
del sur global. En particular, desde esta perspectiva, se propone utilizar la noción de
"selectividad penal" para exponer el funcionamiento discrecional del sistema de justicia
penal en relación al tratamiento de danos ambientales en el sur global. La “selectividad
penal”, como se desarrollará, se manifiesta a través de dos mecanismos: la sobre- e infra-
criminalización. Cuando abordamos específicamente los delitos ecológicos, la selectividad
penal expone que, por un lado, el control penal se utilizando intensamente en detrimento de
los pueblos indígenas a pesar del hecho de que sus protestas no producen un daño social
significativo e incluso están enmarcadas dentro de derechos constitucionales (sobre-
criminalización). Por otro lado, la selectividad penal en la temática de delitos ecológicos
expone que el sistema de justicia penal no se utiliza para abordar daños ecológicos ni el uso
ilegal de la fuerza contra los pueblos originarios por parte de las agencias de seguridad del
Estado, a pesar del daño severo que esos comportamientos producen contra los el medio
ambiente y las vidas e integridad física de las comunidades (infra-criminalización).
De este modo, este artículo propone que una “criminología crítica verde del sur” nos
permite analizar los daños ecológicos y el funcionamiento selectivo de los sistemas de
justicia penal del sur global en términos de la clase, raza, etnia, género y edad de víctimas y
victimarios en relación a los delitos ecológicos, siempre teniendo en cuenta las
características socio-económicas y conocimientos específicos de esta área del globo y, en
particular, los efectos de la colonización y la neo-colonización. Más específicamente, una
perspectiva crítica de la criminología verde del sur permite exponer cómo la selectividad
penal ha estado operando en relación a daños ambientales perpetrados en el sur global
desde la época colonial hasta la actualidad.
En sus mecanismos de operación, la selectividad penal puede percibirse a través de la
sobre-criminalización sistemática de los actos perpetrados por grupos desfavorecidos
(considerados en términos de clase, raza, etnia, género y edad) incluso cuando actúan en
defensa de la naturaleza, y a través de la infra-criminalización de actos cometidos por
sectores privilegiados de la población (también considerados en términos de clase, raza,
etnia, género y edad), incluso cuando producen daños ambientales severos. Dentro de esta
perspectiva, este estudio busca, en especial, fomentar la investigación criminológica crítica
acerca de los daños ecológicos infra-criminalizados y el accionar sobre-criminalizador del
sistema penal en relación a los pueblos indígenas, los "que se encuentran entre las personas
55
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Valeria Vegh Weis
56
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Por una criminología verde del Sur. Un análisis sobre selectividad penal, pueblos indígenas y daños
ambientales en Argentina
57
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Valeria Vegh Weis
país afirma que la población argentina desciende de inmigrantes europeos e invisibiliza los
antecedentes indígenas del país (Moyano 2013).
Como resultado de asesinatos, expropiación e invisibilización en nombre de "civilización",
la tierra que actualmente es reclamada por los pueblos indígenas es propiedad de o está
siendo explotada por corporaciones extranjeras. Un informe del Registro Nacional de
Tierras Rurales de 2015 establece que, de un total de 16 millones de hectáreas de tierras
rurales, los inversores extranjeros poseen un 6%, el doble del porcentaje exigido por las
poblaciones indígenas (Amnistía Internacional 2017). La Compañía Benetton es uno de los
mayores terratenientes con 900,000 hectáreas ubicadas en cuatro provincias (Moyano
2013). Frente a estos números, el Relator Especial sobre los Derechos de los Pueblos
Indígenas de Naciones Unidas identificó una brecha significativa entre el marco normativo
sobre los derechos indígenas y su implementación, ya que la mayoría de las comunidades
no poseen documentos legales que respalden la propiedad de sus tierras. Esto sucede, según
el Relator de la ONU, “como resultado del despojo histórico de grandes áreas de sus tierras
por parte de los ganaderos y por la presencia de corporaciones agrícolas, petroleras y
mineras que operan en tierras reclamadas por comunidades indígenas” (ONU 2012).
La particularidad de la lucha indígena en Argentina durante las últimas dos décadas está
vinculada al aumento de la silvicultura y las inversiones extractivas, en particular las
relacionadas con la minería y el petróleo, en tierras reclamadas por las comunidades. En
números, solo las iniciativas mineras se han expandido de 40 a 800 desde el año 2000 hasta
hoy (Amnistía Internacional 2017b). Además, estas inversiones se realizan sin consulta
previa y sin el consentimiento informado de las comunidades (ONU 2011).
Como resultado, diferentes pueblos indígenas han estado actuando en defensa de sus tierras
ancestrales y resisten emprendimientos que probablemente contaminarán y destruirán los
recursos naturales de la zona. Debido a que los pueblos originarios viven en relación muy
estrecha con la naturaleza, la destrucción de ésta pone en riesgo la existencia indígena en sí
misma (Lynch 2018, 324). Al invocar esta lógica, un indígena argentino, Jeremías
Chauque, afirmó: "Nosotros, los pueblos indígenas, no aceptamos el extractivismo. Y
moriremos luchando contra las corporaciones mineras, petroleras y transgénicas. Es por eso
que nos consideran una amenaza" (Aranda 2017).
En este marco, las luchas entre grupos indígenas y las corporaciones – que, se reitera, gozan
generalmente del apoyo explícito o implícito del Estado - se han extendido por todo el
territorio argentino (Escolar 2017; CELS 2017). Amnistía Internacional (2017) detectó 225
conflictos de tierras y destacó que en todos los casos hay corporaciones mineras o
petroleras del otro lado. La mayoría de los conflictos tienen lugar en las provincias de Salta
y Jujuy, donde se encuentran las mayores reservas de litio, cuya explotación está en
aumento (id.). Otro claro ejemplo de la relación entre el daño ambiental y los reclamos
indígenas tiene lugar en la provincia de Neuquén, donde la fuente de hidrocarburos Loma
de la Lata, compuesta por cinco gasoductos principales, está ubicada en el territorio
58
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Por una criminología verde del Sur. Un análisis sobre selectividad penal, pueblos indígenas y daños
ambientales en Argentina
59
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Valeria Vegh Weis
nativas precedieron la creación de las fronteras nacionales y, por tanto, ocuparon los
territorios actuales tanto de Chile como de Argentina.
La campaña de estigmatización también ha implicado el uso de acusaciones sobre
terrorismo. En particular, autoridades nacionales alegan que los Mapuches pertenecen a una
organización terrorista financiada desde el exterior que opera bajo el nombre de
"Resistencia Ancestral Mapuche –RAM-" que busca “imponer una república autónoma y
Mapuche en el centro de Argentina” (Perfil, 2017), aunque se ha confirmado repetidamente
que esto no es cierto (Spinetta 2017; CELS 2018b, 7-8). En la misma línea, un informe del
Ministerio de Seguridad Nacional (2016) declaró que los Mapuches "están dispuestos a
imponer sus ideas a través de la fuerza" y que cometen "usurpaciones, incendios,
destrucción de propiedades, amenazas", acciones que constituyen delitos federales. Las
acusaciones también vinculan a los pueblos indígenas con las FARC colombianas, los
grupos extremistas kurdos en Turquía y la organización terrorista española ETA (Di Natale
2017). Bajo la misma lógica, un informe conjunto escrito por el Ministerio de Seguridad
Nacional y los gobiernos provinciales de Río Negro, Neuquén y Chubut, afirma que el
R.A.M. "es un movimiento violento nacionalista étnico que ha estado operando en el
territorio argentino durante ocho años (...) Los activistas de la RAM cometen delitos contra
la propiedad, la seguridad pública, el orden público y contra las personas. Los diferentes
delitos cometidos por la RAM comparten el mismo objetivo político que promueve una
lucha insurreccional contra el estado argentino y la propiedad privada. La RAM considera
que el estado argentino y sus leyes son ilegítimos" (2017, 5). Además, principales medios
de prensa declararon que “la resistencia ancestral defendida [por Mapuches] no es retórica
ni discursiva, sino violenta [y que la] R.A.M. se siente facultada para ejercer la fuerza para
lograr sus objetivos” (La Nación 2017). Alfredo Astiz, uno de los actores más notorios de
la última dictadura civil-militar que involucró la comisión de delitos de lesa humanidad con
el pretexto de luchar contra “terroristas”, acusó a los Mapuches de ser los nuevos terroristas
y aplaudió el papel de la Gendarmería para enfrentarlos (Página/12 2017).
La caracterización de los grupos originarios como terroristas y delincuentes ayudó a
legitimar su creciente sobre-criminalización (cfr. ONU 2016). El referido Informe conjunto
escrito por el Ministerio de Seguridad Nacional y los gobiernos provinciales de Río Negro,
Neuquén y Chubut utiliza el eufemismo "revalorización de la ley penal" para clasificar las
reclamaciones territoriales como amenazas contra la seguridad nacional y reconoce que el
gobierno realiza tareas de inteligencia dentro de organizaciones indígenas (Amnistía 2017,
20).
En particular, ha habido una expansión en las intervenciones de las agencias policiales
cuasi-militares, la Prefectura y la Gendarmería, para enfrentar manifestaciones indígenas,
incluso abandonando el acuerdo multi-partidario post-dictadura de evitar que las fuerzas
militares intervengan en tareas de seguridad interna. Como lo afirma la declaración
realizada por grupos indígenas en todo el país: "Hacemos este reclamo ... con la presencia
de Gendarmería en nuestros territorios, con docenas de autoridades Mapuche penalizadas,
con desalojos pendientes, y corporaciones mineras y petroleras protegidas por la política
extractiva del Estado, la explotación irrazonable y la falta de respeto por los recursos
naturales” (La Vaca 2017).
60
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Por una criminología verde del Sur. Un análisis sobre selectividad penal, pueblos indígenas y daños
ambientales en Argentina
La Gendarmería fue creada dentro del Ministerio de Guerra en 1939 para vigilar las
fronteras e intervenir en asuntos internos solo en caso de emergencias políticas (Andersen
2002, 129). En violación de esta división tradicional de tareas, la Gendarmería extendió su
jurisdicción a asuntos internos y recibió un presupuesto cada vez mayor durante la última
dictadura civil-militar (Hathazy 2016, 79). El primer gobierno democrático abandonó la
Doctrina de Seguridad Nacional de la dictadura y aprobó leyes para reimponer distinciones
estrictas entre las fuerzas militares y policiales, siendo esta la principal preocupación de la
transición democrática (Muzzopappa 2017; Sain; Andersen 2002, 80). Sin embargo,
comenzando en la década de 1990, se requirió a la Gendarmería que brinde seguridad a los
establecimientos judíos (Hathazy 2013, 36; Nieves y Bonavena 2014), participe en pericias
judiciales (Escolar 2017), respalde a la policía en la prevención de delitos comunes (Nieves
y Bonavena 2014) y reprima protestas sociales (Escolar 2017, 47).
La intervención más sorprendente de la Gendarmería en relación a la represión de grupos
indígenas ocurrió el 1 de agosto de 2017. Como reconoce el informe del CELS, una de las
principales organizaciones de derechos humanos en Argentina (2017, 5-6), la Gendarmería
comenzó el desalojo de la ruta 40 ocupada por los miembros de la comunidad Mapuche "Pu
Lof", quienes protestaban contra el arresto de su líder y activista indígena Facundo Jones
Huala. Los Mapuches huyeron y despejaron la ruta. Sin embargo, los gendarmes ingresaron
a la comunidad sin orden judicial bajo la justificación de perseguir a personas que lanzaban
piedras. Cincuenta y dos tropas entraron en el territorio de la comunidad y permanecieron
allí durante cinco horas disparando balas de goma. Santiago Maldonado era un artesano que
se encontraba allí apoyando la lucha de los Mapuches. Cuando terminó la violenta
operación, Maldonado estaba desaparecido. El CELS solicitó una acción urgente ante el
Comité de las Naciones Unidas contra las Desapariciones Forzadas para instar al Estado a
tomar las medidas necesarias para encontrar a Maldonado. El 7 de agosto, el Comité otorgó
una acción urgente y solicitó al Estado argentino que adoptase una estrategia de búsqueda
integral y garantizase la exclusión de la Gendarmería de la investigación. Sin embargo, en
lugar de proteger a la familia y a la comunidad de la víctima, el Estado los maltrató (id. 2-
3). Ante ello, el Comité de los Estados Unidos también requirió al Estado que adoptase
medidas para proteger la vida y la integridad de la familia, de los abogados y de la
comunidad Mapuche y garantizar que no fuesen sometidos a violencia u hostigamiento (id.
9). Posteriormente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2017) exigió al
Estado argentino que adopte todas las medidas necesarias para resolver la situación y el
paradero de Maldonado con el objetivo de proteger su derecho a la vida y la integridad
personal. Pese a los esfuerzos de la comunidad internacional, la comunidad Mapuche, la
sociedad civil y la familia, Maldonado permaneció desaparecido durante unos tres meses.
En octubre de 2017, tres días antes de las elecciones nacionales, fue encontrado muerto en
el río en la misma zona donde la Gendarmería entró a perseguir a los manifestantes (CELS
2017, 9).
El día anterior a la represión que terminó con la desaparición y muerte de Maldonado, el
Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad Nacional se había reunido con los Ministerios
de Seguridad de las Provincias de Chubut y Río Negro y los jefes de policía para "coordinar
acciones de defensa" contra posibles ataques del R.A.M., autorizándolos a actuar conforme
a los procedimientos de flagrancia, que no requieren una orden judicial previa. En este
61
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Valeria Vegh Weis
marco, el Jefe de Gabinete afirmó que los Mapuches querían "generar caos y desorden y
amenazar a la población" y que podrían tener relaciones con grupos kurdos extremistas.
(CELS 2017). El poder ejecutivo y la rama judicial provincial sustentaron esta declaración
al expresar que la comunidad mapuche de Cushamen pertenecía a la R.A.M. y que sus
miembros eran "terroristas". Durante la desaparición de Maldonado, un mensaje filtrado del
gobierno mostró que había una orden para referirse a "la R.A.M." en lugar de a los
"Mapuches", al hacer declaraciones a la prensa (Escolar 2017, 13). Mientras tanto, el
senador de la provincia de Río Negro advirtió públicamente sobre el riesgo de una
insurrección y pidió una intervención militar (id.).
Las organizaciones de derechos humanos argumentaron que "esta caracterización
exagerada del conflicto [como terrorista] tenía como objetivo justificar respuestas estatales
represivas y acciones de inteligencia ilegales" (id. 2017). Silvina Ramírez, una de las
principales expertas en derecho indígena en Argentina, observó: “un despliegue de fuerza,
de alrededor de 300 efectivos, contra 10 o 15 mapuches” solo puede justificarse
refiriéndose a los Mapuches “como si fueran un ejército militarizado operando en las
montañas cuando, de hecho, son una comunidad que se agotó al enfrentar el ataque de las
fuerzas de seguridad" (Cooperativa La 770 2017). La acusación de terrorismo, entonces,
"parece un nombre que justifica cualquier uso de violencia (...) poniendo un manto de
sospecha en todas las comunidades Mapuche" (id.). Además, el CELS afirmó que todas las
acusaciones infundadas que caracterizan a los pueblos indígenas como terroristas favorecen
"el enfoque violento de los conflictos sociales [por parte del Estado]" (2018b, 8). Abordar
problemas sociales, como los conflictos por la tierra, como si fuesen problemas de
seguridad, es aún más preocupante cuando el Estado asocia ciertos grupos con delitos
considerados como amenazas a la seguridad nacional y los ubica, explícita o
implícitamente, como enemigos (id. 2017b, 93-4). A pesar del impacto masivo del caso
(Hispantv 2017), Maldonado no fue la última persona que murió a causa de la represión de
los pueblos indígenas.
El 25 de noviembre de 2017, en Bariloche, un Grupo Especial de la Prefectura entró en las
tierras de una comunidad Mapuche, dispararon al menos 114 veces con armas de fuego y
terminaron matando a un joven Mapuche, Rafael Nahuel por la espalda (Soriano 2018). Los
principales medios de comunicación (Perfil 2017b), el Gobernador de la Provincia de Río
Negro (Clarín 2017), un senador de esa provincia (La izquierda Diario 2017) y la
Vicepresidenta del país, Gabriela Michetti (La Nación 2017b) alegaron falsamente que
Nahuel era un miembro de la R.A.M. Aunque la evidencia mostró que el joven estaba
desarmado, la Vicepresidente declaró que "lo que tenemos que decir aquí, y tenemos que
ser muy serios, es que el beneficio de la duda siempre tiene que beneficiar a la fuerza de
seguridad que ejerce el monopolio la de violencia del Estado" (La Nación 2017b). Los
medios de comunicación se refirieron a la situación como un "enfrentamiento" (Andrade
2018) que no solo sugiere que las dos partes estaban igualmente armadas, sino que también
es una noción con fuertes connotaciones políticas, ya que fue utilizada por los medios y los
militares durante la última dictadura para justificar asesinatos y desapariciones.
La expansión de fuerzas militarizadas en asuntos internos no se detuvo a pesar del uso
excesivo (e incluso ilegal) de la fuerza durante sus intervenciones. El 23 de julio, el
62
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Por una criminología verde del Sur. Un análisis sobre selectividad penal, pueblos indígenas y daños
ambientales en Argentina
Tomando en cuenta el enfoque de la teoría del etiquetamiento (ver, entre otros/as, Becker
1966) y la criminología crítica (ver, entre otros/as, Taylor, Walton y Young 1973; Baratta
1986, 133-134), las nociones de selectividad penal, criminalización primaria y
criminalización secundaria se han utilizado ampliamente en Latinoamericana (ver, por
ejemplo, Zaffaroni et al 2000, 8). Sin embargo, aún no se cuenta con definiciones concretas
de estos fenómenos, ni existe una clarificación sobre los vínculos entre estas nociones, su
dimensión histórica y sobre cómo operan concretamente. Así, en trabajos anteriores (2017 y
2017b), propuse un modelo de estudio sobre el desarrollo histórico de la selectividad penal
desde el siglo XV hasta hoy, sistematizando que ésta funciona en dos niveles:
"criminalización primaria" (tratamiento desigual en la letra de la ley) y "criminalización
secundaria" (discrecionalidad en el accionar de las fuerzas de seguridad, en la acción de los
tribunales y a nivel penitenciario y post-penitenciario). La discrecionalidad en el accionar
de las fuerzas de seguridad es el aspecto clave del proceso de criminalización secundaria,
ya que la mayoría de los casos involucran la intervención de la policía u otras agencias,
pero no llegan a los tribunales o son desestimados.
En términos de definiciones, "criminalización primaria" se refiere al proceso por medio del
cual sólo ciertos comportamientos son legislados en forma más o menos enfática en
relación al status socio-económico, género, raza, etnia y religión de las personas que los
cometen más habitualmente y de sus víctimas más comunes, en lugar de en relación al daño
social que esos hechos involucran. De este modo, este primer filtro expone cómo solo
ciertos tipos de acciones se legislan penalmente en los códigos penales o leyes especiales
existentes. Es así que, aunque la mayoría de las leyes aparecen como formalmente
neutrales, se dirigen desproporcionadamente a comportamientos asociados con los sectores
más vulnerables. Este fenómeno se ejemplifica claramente en la ley 100 a 1 en los Estados
Unidos, que castiga los delitos relacionados con el crack (ampliamente consumido por los
Afro-americanos) 100 veces más severamente que los relacionados con la cocaína (más
generalmente consumida por la población blanca), aunque no hay diferencia en la
nocividad de estos delitos (Tonry 2012, 53). En general, el resultado del proceso de
63
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Valeria Vegh Weis
64
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Por una criminología verde del Sur. Un análisis sobre selectividad penal, pueblos indígenas y daños
ambientales en Argentina
65
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Valeria Vegh Weis
pesar de que los casos fueron posteriormente desestimados a nivel judicial por falta de
pruebas (2013, 44). En la misma línea, el representante Mapuche, Relmu Ñamku, fue
acusado de intento de asesinato bajo la ley antiterrorista por parte de la compañía petrolera
Apache porque un policía resultó herido mientras los miembros de la comunidad lanzaban
piedras para resistir el avance de la maquinaria que pasaba por sus casas en 2012. La
comunidad afirmó que esos territorios eran sus tierras ancestrales y que la contaminación
producirá malformaciones en los bebés y afectaría la salud de la población (Polischuk,
2015). Una vez más, el discurso contra el terrorismo fue suficiente para fomentar la
intervención policial y someter a Ñamku al control penal (“selectividad en las agencias de
seguridad”) pero, más tarde, a nivel judicial, los cargos fueron rechazados por falta de
pruebas (Amya, 2015). Otros ejemplos de la sobre-criminalización secundaria de los
pueblos indígenas a nivel de las agencias de seguridad incluyen el arresto de 80 miembros
de la comunidad de Nam Qom, incluidos ancianos y niños/as, por la policía de la provincia
de Formosa en 2002 (CELS 2016). Además, es posible referirse al desalojo violento y al
arresto de uno de los miembros de la comunidad de Indios Quilmes en 2011 (Renace
Argentina 2011). Bajo la misma lógica, uno de los jefes de la comunidad Wichi en la
provincia de Formosa, Agustín Santillán, sufrió detención de seis meses por protestar a
pesar de que finalmente fue liberado por falta de pruebas (Página/12 2017).
Efectivamente, la “selectividad en las agencias de seguridad” parece servir particularmente
cuando los tribunales no poseen suficiente evidencia para sustentar la acusación a nivel
judicial. Ejemplificando, el líder Mapuche Facundo Jones Huala permaneció bajo custodia
policial durante casi un año hasta que un juez reconoció que el arresto violaba derechos
constitucionales y que no había evidencia que apoyara los cargos en su contra por violación
a la propiedad privada y posesión de armas de fuego (Mapuexpress 2018). En este caso, la
decisión judicial no mermó la acusación pública, sino que el Gobernador de la provincia
expresó, en conferencia de prensa, que el juez debería ser destituido: "No queremos que los
jueces federales actúen en connivencia con los delincuentes" (Amnistía Internacional,
2017b). El Gobernador también atribuyó a las comunidades Mapuches el quemar lugares
sin proporcionar ninguna evidencia o presentar una denuncia formal, a la vez que llamó a
"las personas a reaccionar y no permitir, incluso si se trata de un juez, que este tipo de
acciones tengan lugar" (id.). Amnistía Internacional respondió diciendo que "estas
declaraciones violan la división de poderes, dañan la dignidad y los derechos de las
poblaciones nativas argentinas y encubren las actividades ilegales de los agentes policiales"
(id.). Mientras tanto, Jones Huala aún está detenido por una solicitud de extradición de
Chile otorgada a principios de marzo de 2018.
En la misma línea de acusaciones y detenciones preventivas sin evidencia suficiente, quince
personas de la comunidad Mapuche, incluido un niño, fueron arrestadas durante una
manifestación que siguió a la confirmación de la extradición de Jones Huala (id.). En otro
ejemplo, Milagro Sala, dirigente de la organización social Tupac Amaru, y conocida por
sus continuas denuncias acerca de la corrupción y el racismo en las agencias del Estado, ha
estado detenida por más de dos años a pesar de que el Grupo de Trabajo de las Naciones
Unidas sobre Detención Arbitraria (García 2016) y la Comisión Inter-Americana de
Derechos Humanos (2017b) exigieron su liberación.
66
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Por una criminología verde del Sur. Un análisis sobre selectividad penal, pueblos indígenas y daños
ambientales en Argentina
67
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Valeria Vegh Weis
conceder la extradición de Jones Huala en marzo de 2018, la policía utilizó balas, gases y
balas de goma, pese a que había niños y ancianos (de Los Santos 2018), pero no se
presentaron cargos contra los agentes involucrados (Amnistía Internacional, 2017b).
Continuando en la misma lógica, un caso clave ocurrió en enero de 2017, a raíz de una
orden judicial de desalojar un paso turístico ocupado por miembros de la comunidad
Mapuche de Cushamen en Chubut. El procedimiento de desalojo involucró a más de
doscientos miembros de Gendarmería y de la policía provincial para enfrentar a un
reducido grupo de manifestantes. Las fuerzas de seguridad cerraron todos los accesos a las
tierras indígenas, golpearon a mujeres y niños, destruyeron casas, robaron animales y
arrestaron a diez personas sin orden judicial (Amnistía Internacional 2017, 21). La
Gendarmería utilizó balas de goma y plomo, carros sin identificación y personal
encapuchado, lo que resultó en varios miembros de la comunidad Mapuche heridos (CELS
2018, 25). Una vez más, nadie fue castigado a pesar del daño físico que involucraron estas
acciones.
Otros casos incluyen la filtración ilegal de información sobre periodistas y miembros de
pueblos indígenas en Chubut en 2015. Debido a que el agente que realizó la actividad de
inteligencia aceptó su responsabilidad, enfrenta cargos (CELS 2018, 83). Sin embargo, la
infra-criminalización secundaria persiste ya que el agente expresó que filtró información
solo y sin ningún orden superior, lo que, incluso si fuera verdad, demuestra que sus
superiores jerárquicos deben asumir responsabilidad por falta de controles internos
suficientes, al igual que el Poder Judicial que utilizó el material recolectado sin cuestionar
la fuente.
La infra-criminalización secundaria del accionar de las fuerzas de seguridad en detrimento
de los pueblos indígenas es tal que el Comité para la Eliminación de la Discriminación
Racial de las Naciones Unidas (2017) expresó en su informe que "lamenta la falta de
investigación y sanción de los violentos actos cometidos por la policía militarizada y
terceros contra defensores de derechos humanos y miembros de las poblaciones indígenas,
así como la falta de medidas para prevenir estos actos violentos".
Es importante destacar que si bien si hay una extensa infra-criminalización, las acciones
lesivas perpetradas por la Gendarmería sí tuvieron un impacto en la legitimidad de la
fuerza. En particular, el caso Maldonado influyó en la percepción pública de este cuerpo.
Luego de su desaparición, hubo manifestaciones masivas en todo el país contra el uso
excesivo de la fuerza en las que los asistentes cantaban: "Yo sabía, yo sabía que a Santiago
lo mató Gendarmería, asesina!" (Hispantv 2017), mientras que el sitio web de la fuerza fue
hackeado con un mensaje que exigía "Aparición con vida de Santiago Maldonado” (Perfil
2017c). Como observa Escolar (2018), el caso Maldonado rompió la estrategia del gobierno
de instalar a Gendarmería como garante de la gobernabilidad armada al exponerla como
una fuerza represiva, incluso con violaciones flagrantes a la ley.
3. Algunas reflexiones
68
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Por una criminología verde del Sur. Un análisis sobre selectividad penal, pueblos indígenas y daños
ambientales en Argentina
69
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Valeria Vegh Weis
BIBLIOGRAFÍA
70
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Por una criminología verde del Sur. Un análisis sobre selectividad penal, pueblos indígenas y daños
ambientales en Argentina
Clarín (2017), La muerte de Rafael Nahuel: el gobernador Weretilneck sembró dudas sobre
la escena que encontró el juez en el predio mapuche, Dic. 9
Clarín (2018), Ascienden a Emmanuel Echazú, el gendarme imputado en el caso Santiago
Maldonado, Jan. 3
Colectivo Editorial Mapuexpress (2016) Resistencias mapuche al extractivismo, Santiago
de Chile: Quimantú
Colombres, A. (1989) A los 500 años del choque de dos mundos. Bs. As.: Ediciones
del Sol, Serie Antropológica, 1991.
Committee for the Elimination of Racial Discrimination (2017), Argentina, GE.17-00416
(S), Jan. 14
Cooperativa La 770 (2017), Silvina Ramírez: “Las reivindicaciones indígenas se dan a lo
largo y ancho del país”, Nov. 27
Dalhousie S. (2011), Assessing Racial Discrimination in Parole Release, «U. Nicolas
Sahuguet Hec Montréal, Cepr and Cirpee», Nov. 19
Davis A. (2007) Arbitrary Justice: The Power of the American Prosecutor, Oxford, Oxford
University Press
De los Santos G. (2018), Día de furia por el fallo que extraditó a Chile a Jones Huala, «La
Nación», Mar. 6
Di Natale, M. (2017) Violencia, anarquía y apoyo externo: el perfil de dos grupos
mapuches que tienen en vilo a Chile y la Argentina, Infobae, Aug. 8
Duran, A. (2016), Gustavo Gomez: ‘Las empresas prefieren pagar multas y seguir
contaminando’, Rio Negro, Oct. 13
Escolar D. (2017), Gendarmería. Los límites de la obediencia, Buenos Aires: Sb
Escolar D. (2017b), Mandá a la Gendarmeria, «Anfibia»
Fairclough N (1989). Language and Power, London, Longman
García, C. (2016), The UN Calls for the Release of Activist Milagro Sala, Impunity Watch,
Nov. 8
Giarracca N. (2009), El asesinato de Javier Chocobar, «Página/12», Oct. 20
Goyes, D., Mol, H., Brisman, A. and South, N. (eds) (2017), Environmental Crime in Latin
America: The Theft of Nature and the Poisoning of the Land, Palgrave: London
Goyes, D. R. (2016). Green Activist Criminology and the Epistemologies of the South.
Critical Criminology, 24(4), 503-518.
Goyes, D. R. (2018). Green Criminology as Decolonial Tool: A Stereoscope of
Environmental Harm. In K. Carrington, R. Hogg, J. Scott, & M. Sozzo (Eds.), The Palgrave
Handbook of Criminology and the Global South UK: Palgrave, pp. 323-346.
71
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Valeria Vegh Weis
72
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Por una criminología verde del Sur. Un análisis sobre selectividad penal, pueblos indígenas y daños
ambientales en Argentina
73
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona
Valeria Vegh Weis
Soriano F (2018), Muerte de Rafael Nahuel: Prefectura disparo al menos 114 veces y hay
cinco agentes bajo sospecha, «Infobae», Mar. 22
Spinetta F. (2017), Para el gobierno de Chubut, los mapuches reprimidos son terroristas,
«Página/12», Jan. 12
Taylor I., Walton P. and Young J. (1973) The New Criminology: For a Social Theory of
Deviance, London: Routledge
Telesur (2018), Argentinos marchan a 8 meses de desaparición de Santiago Maldonado,
Apr. 2
Tonry M. (2012) Race, Ethnicity and Punishment, in Petersilia J. and Reitz K., The Oxford
Hanbook of Sentencing and Corrections, pp. 53-82
UN (2001) Declaración a los medios del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los
derechos de los pueblos indígenas al concluir su visita a Argentina
UN (2012) Asamblea General de la ONU, Informe del Relator Especial sobre los derechos
de los pueblos indígenas, James Anaya, A/HRC/21/47/Add.2
UN (2016) Comunicado de prensa del relator especial de la ONU sobre el racismo tras su
visita a Argentina, May 23.
U.S. Chamber Institute for Legal Reform, Enforcement Gone Amok: The Many Faces of
Over-Enforcement in the United States, May 2016
Walker S, Spohn C. and DeLone M (2012) The Color ff Justice. Race, Ethnicity and Crime
in America Belmont: Cengage
Weinstock, Ana Mariel (2017), “A Decade of Social and Environmental Mobilization
against Mega-Mining in Chubut, Argentinian Patagonia”, In Goyes, D., Mol, H., Brisman,
A. and South, N. (eds.), Environmental Crime in Latin [Link] Theft of Nature and
the Poisoning of the Land, UK, Palgrave.
Zaffaroni, Raúl, Alagia, Alejandro and Slokar, Alejandro (2002) Derecho Penal. Parte
general, Buenos Aires, Ediar
Ziegler F (1976), The Right to Nondiscriminatory Prosecution: The Effect of Announced
Screening Policies, «Revista La Ley», 36, pp. 1108 n. 8
74
Revista Crítica Penal y Poder. 2019, nº 16, marzo (pp. 53-74) OSPDH. Universidad de Barcelona