A pesar de que las dos obras tan solo cuentan con 350 años de diferencia, ambas
presentan diferencias más que notables entre sí. Primero vamos a definir el contexto que rodea
a ambas. El texto 14 se escribe en el siglo XIII cuando a la cabeza de la creación literaria
prevalecía el mester de clerecía, con un castellano plagado de latinismos y muy distante aún
del castellano moderno. Por otra parte, el texto 69 escrito en la segunda mitad del siglo XVI,
en pleno siglo de oro, presenta una gramática mucho más asentada y consolidada,
prácticamente idéntica a la del castellano moderno, se diferencia mayoritariamente en su
léxico, ya que muchas de estas voces han caído en desuso, y en la grafía de algunos morfemas,
que se han visto alterados con el tiempo.
El texto 14, la Vida de Santa María de Egipciana, tiene su origen en la leyenda de la vida
de una asceta que vivió en el siglo IV En lo que hoy se conoce como Jordania. La historia se
transmitió de forma oral hasta que fue transcrita inicialmente al francés. Sin embargo, el texto
que nos concierne es una traducción de esta transcripción francesa, que se sobreentiende fue
traducida por un clérigo, lo que emparenta de forma directa la obra con la tradición del mester
de clerecía. Si bien estas traducciones solían hacerse en latín, en el siglo XIII comenzaron a
escribirse en lengua vernácula, aun así, dada la naturaleza eclesiástica y académica del
transcriptor, abundan en la obra los arcaísmos y latinismos. En cuanto a la métrica sorprende
que sea tan irregular. Dicho esto, el poema es, por ende, una hagiografía, una vida de santo que
servía como estimulante religioso y de devoción para los fieles.
El segundo texto es una obra en verso de las muchas de Fernando de Herrera, extraído en
este caso del libro Poesías. nacido en Sevilla a principios del siglo XVI. A lo largo de su vida
se prestó al estudio y desarrollo del clasicismo, el petrarquismo y el manierismo
consecutivamente. Sus inicios fueron humildes, no se asentó cómodamente hasta el comienzo
de su etapa como eclesiástico. Recibió una educación básica y se ganaba la vida realizando
trabajos menores en la iglesia hasta que hizo amistad con el conde de Gelves y este lo tomó
bajo su protección. Posteriormente recibe el beneficio eclesiástico y comienza así su
integración en los círculos de intelectuales y clérigos de Sevilla, principalmente seguidores del
poeta Juan de Mal Lara. En su carrera profesional se dedica a la producción lírica, aunque sus
mayores aportaciones son sus labores de erudición, comprendidas en una serie de tratados y
ensayos de crítica textual que se centran en la ortografía y puntuación. Por otra parte, fue un
erudito y estudioso de la obra de Garcilaso. En su interés por este y las ideas estilísticas
petrarquistas, extiende los límites de su estética, lo que unido a su desarrollo lírico personal en
sus obras amorosas lo llevan a adentrarse en terrenos más abstractos que se distancian de su
inicial clasicismo, explorando el Manierismo y sirviendo como tenue precedente del Barroco.
Su obra lírica, mayormente épica y bíblica, se considera un puente entre la estética clasicista y
renacentista de Garcilaso y la obra de Góngora. Una vez asentado el contexto literario y
temporal de ambas obras pasamos al análisis de sus diferencias.
En la traducción de la vida de santa María, como se ha mencionado previamente, cumple con
lo que se espera de un texto clerical. Aparecen latinismos como, por ejemplo, petrina, beltat,
bona o luenga y arcaísmos como brial o assaz. Por el contrario, todas las palabras del texto de
Fernando de Herrera se pueden encontrar en un diccionario actual, algunas pueden presentar
mínimos cambios en las grafías de algún fonema, pero nada mayor que eso.
En cuanto al apartado morfológico,
En el texto 14 la conjunción copulativa se escribe como “e”, mientras que en el texto 69 es la
letra “y” la que cumple con tal función. Desde el siglo XIII al XV la conjunción copulativa fue
evolucionando, tanto en su grafía, (ĕt > e/i > i/y > y) como su pronunciación, aunque para
entonces la versión más extendida era /i/. “Braços e cuerpo” (Texto 14, verso 5), “Sereno y
argentado” (Texto 69, verso 7).
Lo mismo sucede el adverbio “non”, presente en el texto 14, que en el texto 69 se escribe como
“no”. Si bien estos convivieron durante siglos, de la misma forma que “non” suplantó al “ne”
tiempo atrás, a partir del siglo XV la forma abreviada “no” se generaliza y suplanta al “non”.
“non vos lo podria contar” (Texto 14, verso 12), “De los árboles altos no se acuerde” (Texto
69, verso 1).
Otra conjunción presente en el texto 14 es “nin”, que, aunque no aparezca en el texto 69
también pierde más adelante la –n al estar en sílaba final. “nin era gorda nin muy delgada”
(Texto 14, verso 8)
Otra diferencia es la construcción de preposición seguida de artículo. En el texto 14 la
preposición “de” y el artículo “la” forman una contracción, por el contrario, en el texto 69 estas
aparecen por separado.
“la flor dell espina” (texto 14, verso 2) “De los árboles”, “de la flor” (Texto 69, versos 1 y
2)
En cuanto a los pronombres, en el texto 14, predomina la forma vos, “Contar vos e…”,” non
vos lo podria...” (Texto 14, versos 12 y 13) mientras que en el texto 69 se utiliza el tú. “y tú,
fuente...” (Texto 69, verso 3). Esto se debe a que a lo largo de la edad media se mantiene el
sistema heredado del latín en el que “vos” se empleaba cuando se requería de un mayor respeto
o cortesía, mientras que “tú” se concibe en un ámbito más familiar. A partir del siglo XVI,
cuando se escribe el texto 69, el valor cortés del pronombre “vos” queda despreciado y pasa a
un segundo plano entre las formas reverenciales, al surgir construcciones nuevas, tales como
“vuesa merced”, mientras que la forma tú prevalece en el habla común.
En el apartado fonológico, en el texto 14 se utiliza la grafía “ç” para representar el sonido
africado alveolar sordo. En el XVIII se abandona la “ç” en pos de un castellano más definido
y comienza a usarse [c] precediendo a las vocales “e,i" y [z] precediendo a las vocales “a,o,u”.
En siglos previos al XVIII el sistema “c/z” y el de la “ç” convivían, por ello en el texto 69 están
presentes ambas formas. “tristeza”, “conçedía” (Texto 69, versos 8 y 15).
En el texto 14 la se utiliza la grafía /x/ para representar el fonema fricativo postalveolar sordo
“Sh”. Si bien esto se ha mantenido en algunas lenguas como el portugués, en castellano se suele
representar con el dígrafo «sh», aunque debido a los rasgos dialectales de determinadas zonas
geográficas, este fonema se articula para pronunciar palabras que en español neutro tienen una
pronunciación distinta.
En el texto 14 aparecen palabras con “y” intervocálica como erminyo y panyo, esta “y” sería
posteriormente sustituida por la “ñ” como sucedió con muchos otros dígrafos tales como la
“nn” en annos, o la “gn” en pugnus.
Finalmente, una diferencia notable es el afán por mantener la métrica del poema presente en el
texto 69, cosa que no comparte el texto 14. De ahí que se utilice la diéresis para dividir una
palabra rompiendo así el diptongo y consiguiendo que el verso se ajuste a la métrica del
poema. O el uso de la apóstrofe para dividir una palabra y añadir una sílaba más al verso con
el mismo fin.
Espacïoso, Inclina´alsado (Texto 69, versos 7 y 9)