Cultura, 14 de Diciembre de 2009
A 40 años del primer disco de Almendra
A 40 años del primer disco de Almendra y a 30 de su reencuentro en plena noche
dictatorial, se revelan los archivos de inteligencia que seguían los pasos de la banda de
Spinetta. Además, una mirada sobre el show que El Flaco dio en Vélez.
A lo largo de seis meses de intenso trabajo, de proposición total hacia lo que es nuestro,
hemos comprendido que, lo que en un momento puede llegar a trascender, deja de ser
exclusivamente propiedad del autor y se transforma en algo legítimamente de todos. Por
eso, el 15 de enero es una fecha importante tanto para nosotros como para ustedes. Es la
salida de nuestro primer long play. Es nuestra salida hacia ustedes". Con ese texto, escrito a
máquina, fotocopiado y distribuido en forma de volante, Almendra anunció el lanzamiento
de su álbum debut a principios de 1970. El conjunto, venía batallando duro desde hacía casi
dos años y llevaba editado tres simples que no habían tenido ventas extraordinarias pero sí
las suficientes como para que Vik, sello subsidiario de RCA Argentina, decidiera subir la
apuesta. Entonces, entre enero y octubre de 1969 en los estudios T.N.T., Luis Alberto
Spinetta, Emilio Del Guercio, Edelmiro Molinari y Rodolfo García, alumbraron un puñado
de piezas formidables que trascenderían largamente su tiempo.
En la tapa del vinilo, se veía a un hombre angustiado. Su cabellera estaba cubierta por un
pañuelo atado al cuello y una lágrima le caía por el rostro; en la cabeza, llevaba pegada una
flecha de juguete y tenía puesta una remera rosa, con el nombre de la banda. La imagen era
un dibujo de Spinetta que contó con el aval de sus compañeros y el desprecio de la
compañía, que destruyó el original. Pero El Flaco rehízo el trabajo y la grabadora,
finalmente, cedió. "El sello pensaba que los compradores de discos eran, mayoritariamente,
mujeres. Por eso, la portada debía ser una foto mostrándonos lo más carilindos posibles.
Nosotros, rompimos con ese precepto", afirma García. En la contratapa, en lugar de los
títulos de las temas, aparecían la lágrima, el ojo y la flecha del personaje de la cubierta
como únicos indicadores. Así, el grupo vestía su propuesta con un ropaje exótico y, a la
vez, cándido. "El acto creativo, es el juego del niño llevado al presente del adulto. En el
mundo de Almendra –explica Del Guercio– había mucho de juego y absurdo. Por eso, a
Luis y a mí nos gustaba tanto Julio Cortázar, porque era un fiel representante de ese
universo fantástico".
La obra, mostraba un amplio abanico estilístico. La potencia rockera de "Ana no duerme",
convivía con la melancolía tanguera de "Laura va", la psicodelia hendrixiana de "Color
humano", los aires jazzeros de "Que el viento borró tus manos" y la impronta bossa
novística de "Fermín". Las melodías iban, desde la belleza despojada de "Muchacha (ojos
de papel)" hasta la complejidad armónica de "A estos hombres tristes". Todas,
acompañadas por cuidados arreglos vocales y sutilezas instrumentales, como la flauta dulce
de "Figuración" o el piano de "Plegaria para un niño dormido". Aquellos sonidos,
combinados con letras tiernas, oníricas, existencialistas y surrealistas daban como resultado
un nuevo tipo de canción urbana. "Escuchábamos a Atahualpa Yupanqui, a Astor Piazzolla,
a jazzeros argentinos y, como elemento central, a Los Beatles. Almendra, se creó bajo el
signo que ellos nos inocularon: la búsqueda de un lenguaje creativo con total libertad. Con
esa idea, elaboramos las canciones", sostiene Del Guercio.
A tres meses de su salida, gracias a la difusión de "Muchacha (ojos de papel)", la placa
superó las 20.000 unidades vendidas. Y aunque algunas críticas señalaron un particular uso
del lenguaje (acentuaciones incorrectas y ciertas licencias gramaticales), todas resaltaron la
calidad de la producción. "Hoy aquellos temas son clásicos pero, en ese momento, eran
considerados de vanguardia. Con el tiempo –reflexiona Del Guercio– me di cuenta de que
la mayoría de ellos están enhebrados por la tradición cancionística de nuestro país. Son
canciones argentinas. La verdadera vanguardia revoluciona lo que hereda. Almendra, fue
heredero de la mejor música argentina y combinó sus elementos sin ningún prejuicio".
Luego, el grupo comenzó a darle forma a una ópera rock. Pero la idea se frustró y aceleró
cierto desgaste interno que, meses después, provocó la separación. Antes, el conjunto grabó
un disco doble y se despidió de su público con dos recitales en el cine Pueyrredón, de
Flores, el 25 de diciembre de 1970.
El retorno comenzó a mencionarse en las cartas que Del Guercio y García, instalados en
España desde 1975, intercambiaban con Spinetta. Sin embargo, recién se concretó cuando,
a mediados de 1979, Alberto Ohanian, abogado y amigo de El Flaco, le formalizó a los
músicos la propuesta. Por entonces, el bajista y el baterista estaban nuevamente en
Argentina. Y Molinari, que vivía en los Estados Unidos, regresó al país para sumarse al
proyecto.
Al principio, se pautaron dos presentaciones en el Estadio Obras, para el mes de diciembre.
Pero el público arrasó con las localidades y ese par de funciones, se convirtieron en seis.
Mientras esto sucedía, las huestes de Jorge Rafael Videla continuaban con su cacería
humana. En tiempos tan duros, resistir era la única opción. Aunque "sumergir no es
desaparecer", advertía la banda en un comunicado en el que anunciaba su vuelta. "El
individuo –dice Del Guercio– se acomoda al contexto para sobrevivir.
Pero esa adaptación, es el peor residuo que puede dejar una dictadura porque es uno el que
la perpetúa cambiando sus conductas. Nosotros, habíamos tomado conciencia que
Almendra tenía un vínculo emocional con muchas personas y la reunión fue como decirles:
'estamos haciendo un ejercicio de adaptación, pero no nos olvidamos quiénes somos y qué
era lo que soñábamos'".
Trastienda de una persecución
La Junta Militar, había clausurado todo tipo de expresión política (partidos, sindicatos,
centros de estudiantes) y los recitales masivos eran la única forma sobreviviente de
agrupación colectiva. Por eso, luego del Golpe, las razzias a la salida de estadios y teatros
se tornaron frecuentes. A partir de esa modalidad, la escena rockera se retrajo. Pero
Almendra, empezó a convocar multitudes. A los shows en Buenos Aires, se sumaron otros
en Rosario, Córdoba, Mendoza, La Plata y Mar del Plata. Los represores, no podían
permitir tamaño brote de manifestación popular. Entonces, días antes del primer Obras, se
iniciaron operaciones de inteligencia para desalentar la concreción de los eventos y, ya con
la gira en marcha, la agrupación fue víctima de una minuciosa tarea de espionaje.
En el radiograma 12782/803, fechado el 4 de diciembre de 1979 y enviado por el Ministerio
del Interior a todos los gobernadores de provincia, se afirma que Almendra "ejecuta el
género musical denominado rock nacional y sus integrantes hacen alarde de su adicción a
las drogas, circunstancia que incluso es insinuada en las letras de algunas canciones que
interpretan, como así también el desenfreno sexual y la rebeldía ante nuestro sistema de
vida tradicional". El texto, aseguraba que las autoridades cordobesas habían prohibido la
presentación del combo en esa provincia y aconsejaba a los otros mandatarios a "adoptar
medidas similares".
Pero el radiograma mentía, porque Almendra había tocado en el Chateau Carreras. Treinta
años después, leyendo por primera vez aquel comunicado, Del Guercio opina: "Los
militares, con un lenguaje burdo, advertían que había algo, para ellos incomprensible, que
estaba subvirtiendo el orden en el cual vivían. Tenían razón. Almendra, generaba un
pensamiento diferente en los jóvenes de la época. Eso, era lo que incomodaba".
La fecha en el estadio de Newell's Old Boys, estuvo a punto de suspenderse. Finalmente se
concretó pero, horas antes, las fuerzas de seguridad solicitaron las letras de todas las
canciones. Los músicos, eran vigilados de cerca.
"Cuando íbamos a algún lugar a comer –recuerda García– al rato, aparecían dos personas.
Se ubicaban en una mesa cercana a la nuestra e intentaban escuchar lo que hablábamos. Si
uno de nosotros advertía esa actitud, mencionaba en la conversación la palabra 'dolby'. Así,
nos alertábamos de lo que estaba pasando".
La actuación en el Club Estudiantes de La Plata, también se llevó a cabo. Pues, según
explicaba el intendente de dicha ciudad en una carta al subsecretario de Gobierno de la
provincia de Buenos Aires, suspenderla implicaba el "riesgo de una desfavorable y aún
tumultuaria reacción (dado el tipo de público asistente a esta clase de espectáculos)...". De
todas formas, el show fue grabado por personal policial. Y a su término, una brutal
represión dejó un saldo de ciento noventa y siete detenidos, la mayoría menores de edad.
El 20 de enero de 1980, en el Estadio Mundialista de Mar del Plata, Almendra dio otro
recital. Al día siguiente, la policía marplatense le envió a la Dirección General de
Inteligencia de la Policía de la provincia de Buenos Aires un informe de seis hojas que
incluyó los antecedentes artísticos de los músicos, una detallada crónica del concierto y las
letras de los nuevos temas de la banda. El escrito asevera: "efectuadas averiguaciones a
través de charlas mantenidas con su productor, como asimismo con algunos de sus
integrantes se ha podido saber que este grupo se ha reunido por única vez, siendo en
consecuencia la actuación realizada en Mar del Plata, la despedida del grupo". La historia,
demostró lo contrario.
A fines de ese año, el conjunto volvió a reunirse, grabó un álbum y emprendió una gira
nacional. "El trabajo de Almendra –aclara Del Guercio– no pretendía adoctrinar a nadie.
Pero, era una expresión artística donde la idea de la libertad estaba siempre presente".
Aquellos adolescentes, que a finales de los '60 leían a Cortázar, jamás traicionaron su
esencia. Y en plena noche dictatorial, hicieron carne las palabras del escritor: "el fondo de
un hombre es el uso que haga de su libertad".
Fuente: Revista Ñ.
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Nota de la Revista C del diario Critica - 29 de Noviembre de 2009
Por Cicco Fotos Leandro Sánchez
Considerando lo que hizo el rock con buena parte de sus representantes, uno podría decir
que está lleno de contraindicaciones y que, en líneas generales, el rock cae pesado. Ahí está
el tendal de músicos que quedaron en el camino a corta edad, sumergidos en bañeras,
flotando en piletas como peces inflados, artistas venidos tempranamente a pique en aviones,
helicópteros, ahogados en vómitos, arrojados al sueño de la muerte en arrebatos de
sobredosis. Muchos de los que salieron del rock con vida llevan el cuerpo a cuestas como si
hubiesen sobrevivido a la irrupción de una ola gigante.
Ver para creer: cuando Luis Alberto Spinetta presentó a la prensa a los músicos que lo
acompañaron a lo largo de su carrera, y que serán de la partida de su cumpleaños 60 –los
cumple en enero- y sus 40 abriles con la música en Vélez (el próximo viernes 4), a medida
que los iba convocando al escenario, uno podía sentir que todos esos artistas que lucían
juveniles, prósperos y floridos en las portadas de sus discos, acababan de ser remplazados
por abuelos hippies, indios cherokees y delegados del sindicato de camioneros de Pablo
Moyano.
Ahí estaba el Bocón Frascino, bajista salvaje de Pescado Rabioso, una banda que, según
Spinetta, “no alcanzaban ni las palabras ni la música para mandar al frente todo lo que
estaba sintiendo”. Hoy, a más de tres décadas de aquellas sesiones, el Bocón ha devenido
en un ser pequeño, de sonrisa maléfica y andar arrastrado, como el Golum, pero sin su
anillo.
O el legendario Pomo, el baterista de Invisible, el hombre que convirtió el zigzagueante
mundo spinetteano en un ritmo hechizante e imposible de bailar sin pisarse los cordones de
los zapatos. En las fotos de los tres discos de la banda, Pomo lucía como un poeta maldito
francés de bigotes, melena y pañuelo al cuello. A treinta y tres años de su separación –aún
cuando martilló las baterías de Spinetta durante diez años-, Pomo perdió el pelo, el bigote y
el pañuelo. Si no supieras que Pomo es Pomo, tal vez lo confundirías con un inspector de la
DGI que te viene a cerrar el boliche.
A 36 años de la disolución de Pescado Rabioso, esa banda distorsionada, borboteante, con
tres discos en la calle en permanente estado de hervor de sartén, David Lebón perdió el
bigote, el porte y cierto desafío en la mirada. Hoy, más que el bajista de una de las bandas
más explosivas del rock local, parece un vendedor de pipas y espejitos de colores con stand
propio en el Parque Lezama. A Rodolfo García, a casi 40 años de la primera disolución de
Almendra, el grupo que inauguró una forma insustituible de hacer rock en español y dejó
una ópera inconclusa, el pelo por los hombros negro azabache de aquellos tiempos, se le
cubrió a García de viento y de nieve. Más que batero, hoy en día, Rodolfo tiene pinta de
viejo cacique en una marcha de protesta mapuche. A Black Amaya, en cambio, baterista de
Pescado Rabioso, el rock y los años le volaron el bigotito, pero buena parte de la fibra
muscular sigue en pie, y al día de hoy, morocho y con anteojos vintage, parece una extraña
versión rockera y distorsionada del cantautor Víctor Heredia.
En verdad, el tiempo no perdona a nadie, y no importa lo que parezca toda esta gente que
puso su firma en las primeras tres bandas de Spinetta. El rock podrá acelerar los relojes,
llenar la cara de surcos, convertir —por fuera— a un joven con el porte de un león en un
cajero del Banco Provincia.
Pero por dentro la sangre bombea un torrente vital como el primer día. Una casa antigua y
descascarada cuyos cimientos se conservan firmes e inalterables. Podrá pasar el tiempo,
caerse el revoque, pero la cañería tiene vida para rato.
Poco antes del show aniversario Spinetta, Amaya, Lebón, Pomo y Rodolfo García, de la
música vernácula y socios de Spinetta en su punto caramelo, se reunieron para contar
porqué se formaron, por qué se separaron, qué corno significa la poesía de Luis Alberto y,
en líneas generales, qué ha hecho el viento huracanado del rock con sus vidas.
—Si baja en este mismo momento un platillo volador, ¿cómo le explicarían al alienígena
qué clase de música hacían junto a Spinetta?
—Rodolfo García: En esa época, ni podíamos explicarnos a nosotros mismos esa pregunta.
Por un lado, estábamos influenciados, con Almendra, por bandas del exterior, y por otro
escuchábamos tango y todo lo que sucedía acá. Era una mezcla única.
—Black Amaya: Pescado Rabioso es la clase de música que no entienden las nuevas
generaciones de rockeros. Pero sabés una cosa: sí las podría entender un alien, desde luego.
—David Lebón: Yo, por las dudas, no le presto mi celular al extraterrestre. Mirá si se le
ocurre llamar a su casa. Te sale un fangote. Después, habría que ver qué escucha el
extraterrestre para ver si puede entender lo que hacíamos.
—Pomo: Yo le diría que, primero, escuche cada disco de Invisible dos veces. A la segunda
pasada, yo te aseguro que el ET se va a dar cuenta de que Luis era uno de ellos.
.
— ¿Qué era lo mejor y lo peor de tocar con Spinetta?
—García: Lo mejor era convivir con un tipo que no solo era compositor, además era un
creativo las 24 horas del día. Luis tiene una percepción muy especial de las cosas
cotidianas. Malo no hay nada, que yo recuerde.
—Lebón: Luis me enseñó a mostrar los dientes y a no ser humillado. Cuando él componía
quince temas por día, yo me iba a comprar ropa para sentirme más lindo que él. Estaba en
la pavada. Cuando le llevé mi primer tema, “Mañana o pasado”, él me dijo: “Es
emocionante, lo voy a poner tal cual lo trajiste.”Y para mí, viniendo de él fue un honor.
Pero era bravo estar con Luis. Vivíamos juntos y conmigo nunca tuvo problemas. Nos
entendíamos sin necesidad de palabras. En tiempos de Pescado, él tenía mucho dolor. Luis
anticipó lo que se venía. Sabía que había guerrilleros. Y se venía algo muy oscuro. Lo
intuía. Era muy bravo a la hora de decirte la verdad. Luis no se tiraba de un séptimo piso.
Pero llevaba ese enojo a su música. Por si fuera poco, fue el primer amigo que estuvo
conmigo cuando mi hija de dos años tuvo un accidente y se prendió fuego. Habíamos
estado distanciados, pero recuerdo que Luis llegó, me dio un abrazo y lloramos juntos.
Desde entonces, es como un hermano para mí.
—Amaya: Lo bueno de Luis es que, para mí, fue mi maestro. Lo malo, claro, es cuando
venía con un tema que me tenía que dar la cabeza contra las paredes para sacar los arreglos
con la batería. ¡No los agarraba! Pero, en fin, Luis me ayudaba a mejorar.
—Pomo: No podés separar lo bueno de lo malo en Spinetta. Por lo general, cuando hay
algo muy bueno, también hay una gran complejidad, y uno como músico tiene que estar a la
altura de ese desafío.
—García: Es verdad lo que dice Pomo. Cuanto más exigía Luis, la banda más se superaba.
—Pomo: Para el primer disco de Invisible, nos fuimos a una quinta en General Rodríguez.
Me acuerdo de que lo único que hacíamos era tocar, comer y dormir. Ah, yo hacía el fuego
para los asados porque había un horno de barro hermoso. No sé cuántos cajones quemé en
esos ensayos. Me acuerdo de que una vez abrí el horno y paf: me salió una llamarada. ¡Me
quemé hasta las cejas!
— ¿De dónde creen que Spinetta sacaba todos esos acordes tan raros, que lo han hecho
tan famoso entre los músicos de rock?
—Pomo: Y... los sacaba de sus amigos ET. Jo, jo, jo.
—García: Yo conozco la historia de cómo empezó Luis a tocar la guitarra. Había un tipo en
Saavedra que acompañaba a su padre, que era cantor de tangos, en guitarra. Y tenía un hijo
llamado Dionisio, que era un intuitivo y enseñaba guitarra a los pibes del barrio. Les
mostraba los temas que ellos querían tocar. Luis fue dos clases nomás. Aprendió lo básico y
con eso tenía suficiente. Lo demás, fue todo creación suya. Yo creo que todos los acordes
los dedujo él.
—Lebón: Luis era un creador. No copiaba a nadie. No sé de dónde sacaba esas melodías.
Yo soy un desastre sacando acordes. Pero ahora que vuelvo con Pescado voy a tocar la
guitarra. Antes me había puesto como bajista y me di cuenta de que no eran tan difíciles los
acordes como cree la gente. Y eso no es para restarle méritos. Son igualmente hermosos.
—Amaya: Cuando tocaba en Pescado, yo estaba muy compenetrado tratando de sacar los
ritmos en la batería para preguntármelo. Pero siempre imaginé que Luis sacaba esos
acordes tan raros del piano. Nunca supe si tenía o no razón.
—Pomo: A veces, Luis levantaba un dedo y modificaba todo el sonido del acorde. Después
del hijo del carnicero, él tuvo dos grandes maestros: David Lebón y Pappo.
—García: Con Almendra, por ejemplo, nunca usábamos partituras.
—Pomo: Nosotros tampoco. ¡Qué vamos a usar partituras! La partitura mata la genialidad,
querido. El lenguaje perfecto de la música viene de arriba, como un don natural. La música
en el papel se muere.
— ¿Por qué se separaron de sus bandas y porqué vuelven ahora?
—Amaya: Nos separamos con Pescado porque David ya se iba a casar y quería hacer su
música. Carlos Cutaia, el tecladista, pensaba grabar un disco solista. En verdad, yo fui el
último en irme de Pescado. Me acuerdo de que nos separamos en el teatro Planeta. David
anunció en el camarín: “Luis, yo me voy”. Y después siguió Carlos. Luis me miró a mí y
me preguntó: “¿Y vos también te vas Negro?” Y yo le dije: “Sí”. No sabés cómo me miró.
Me dijo: “Con vos, loco, no toco nunca más”. En verdad, yo no me quería ir para siempre.
Quería tomarme dos meses nada más. Después me di cuenta de que lo que más deseaba era
volver a estar con Luis.
—Pomo: Pasaron tantos años y ¿todavía no te das cuenta, Black? A vos te rajó, negro,
porque estábamos armando Invisible. Así de clarito.
—Amaya: Claro, esa banda rara de ustedes. No, con Pescado me acuerdo de que como
veníamos de tocar con Pappo junto a David, le decíamos: “Che, ¿por qué no tocamos algo
más blusero o un rock?” Yo ensayé para el disco Artaud. Por un tema contractual apareció
como de Pescado Rabioso, pero ninguno de la banda tocó ahí. Fue algo aparte de Luis. Pero
siempre tuve ganas de volver a tocar con él. Y este show es la gran oportunidad.
—Lebón: No tengo recuerdos de por qué nos separamos. Éramos pocos en ese entonces y el
mundo era muy grande. Todos tocábamos con todos. Todos queríamos seguir creciendo.
Ahora, no sabés las ganas que tengo de volver a tocar con Luis. Era mi sueño. Para mí,
Pescado fue la mejor banda que toqué en mi vida. En serio. Más que Serú. Era otra época,
donde las drogas se tomaban para sentarse y hablar de Dios, no para volarse la cabeza.
—García: No hay una sola razón de por qué se disolvió Almendra. Es como un matrimonio,
viste. Yo creo que lo que nos terminó separando fue el hecho que éramos muy pendejos.
Nos jodió la inexperiencia. Cuando uno es más joven, si surge un problema, en lugar de
encontrar la solución manda todo al diablo. Nosotros ya volvimos antes con Almendra y
grabamos un disco y un álbum en vivo.
—Pomo: Claro, porque ustedes eran unos pibes y tuvieron la oportunidad de disfrutarlo a
Luis completito con un regreso.
—García: Pero fue un regreso acotado el nuestro. No dijimos: “Volvemos a ver qué pasa”.
Sabíamos que tenía principio y fin.
—Pomo: Bueno, pero con Invisible no pasó eso. Nunca volvimos. Invisible jamás fue
reciclado. Y el show de Vélez no es un regreso. Es un episodio único. Una excepción. Yo
no vuelvo por Invisible, yo vuelvo porque le cuido las espaldas a Luis de por vida. Yo
tengo mis propios proyectos. Ahora, ¿sabés que no sé por qué nos separamos en Invisible?
No sé qué pasó. Una vez que dejamos de ser un trío para el disco El jardín de los presentes,
empezaron las incomodidades. Pero, si te soy sincero, no sé qué incomodidad fue la que
terminó de volar la banda por los aires. Ahora, retomándolo que te decía: nuestra banda
perdura a través de nuestros registros. El grupo no vuelve. Es invisible.
.
—La última pregunta y nos gustaría que respondieran con total sinceridad. Al día de
hoy, ¿hay letras de Spinetta que aún no entiendan un pito a qué se refieren?
.
—Amaya: Uf, un montón. Yo le preguntaba todo el tiempo. Y si no, tenía que ir a buscar el
diccionario para entender las palabras.
—García: Mirá, una cosa son las letras de Ricardo Arjona, y otras las de Spinetta. Es otro el
nivel de comprensión. Luis trabajaba el vocabulario de una manera única. Utilizaba las
palabras por sus significados y también, muchas veces, porque le gustaba el sonido. Y eso
hace a su poesía más hermética. Además, siempre hay más de una lectura de cada tema.
Pero claro, hay muchas letras arduas.
—Pomo: Yo me acuerdo de una que decía: “Desnuda marabunta sin lugar para quedarse”.
Un día le pregunte qué quería decir. “Es una forma de describir la lluvia”, me dijo.
—Amaya: Había un tema que se llamaba “Serpiente viaja por la sal”, de Pescado, y la gente
se pensaba que Luis se andaba inyectando sal. Cada uno se hacía su propia película.
—Lebón: A mí me pasó algo parecido. Estábamos en Pinamar y yo le pregunté a Luis qué
había querido decir con el tema “La perla del agua”. Me dijo: “Vení conmigo”. Y me llevó
junto a un pino. Acababa de llover. “Mirá”, me señaló, “mirá bien la gota de agua en la
hoja. ¿No ves la perla?” Y, fuera de broma, yo ví esa perla. Luis decía la verdad.