Tema 9.
El funcionalismo:
I. Los origenes de la psicología funcionalista
El funcionalismo disfrutó de la edad de oro durante las primeras décadas del siglo 20.
La psicóloga Edna Heidbreder lo consideraba como el baluarte de la psicología norteamericana frente
a las escuelas de Wundt y Titchener.
Lo que da forma al funcionalismo
El funcionalismo bebió de diversas fuentes, algunas filosóficas, científicas y otras propias del entorno
sociocultural. Constituyó el último episodio de un ciclo cuyo inicio podemos retrotraer hasta el siglo 4
a.c, cuando el filósofo griego Aristoteles definió los seres vivos por sus funciones antes que por sus
estructuras o mecanismos.
Pasando por Kant a finales del siglo 18 y por Darwin en el 19, ese ciclo llega hasta el funcionalismo,
que hace girar la explicación psicológica en torno a las actividades de los sujetos en lugar de basarla
en facultades mentales u órganos corporales.
Surgió como una manera de entender lo psicológico apoyada en el pragmatismo, evolucionismo
darwinista y pensamiento social reformista, con algunas influencias de la filosofía trascendentalista.
El darwinismo
Resaltaban el valor adaptativo de la conciencia, su punto de partida era que existen funciones
psicológicas igual que biológicas.
Los funcionalistas suponían que las funciones psicológicas se caracterizan por formarse a través de la
actividad adaptativa de los sujetos, asumían que la mente o conciencia existen porque la naturaleza
las ha producido. En muchos casos este era un argumento contra el reduccionismo mecanicista y la
idea de que la mente es un mero epifenómeno, algo aparente y no real: no podemos negar la
existencia real de algo que ha sido fruto de la selección natural.
Darwin inauguró la psicología comparada moderna defendiendo la continuidad psicológica entre los
animales y humanos, con su teoría de la selección natural dejó planteado el problema del posible
papel jugado por la actividad psicológica en la evolución biológica.
¿Es el comportamiento un mero conjunto de instintos o bien desempeña alguna función evolutiva?,
¿La conciencia es un puro epifenómeno o bien interviene en la adaptación al medio y selección
natural?.
Tanto el funcionalismo como la psicología comparada intentaron responder estas preguntas.
No es que el funcionalismo fuera el producto de la importación americana del evolucionismo inglés,
es que formó parte del evolucionismo, contribuyó a las discusiones en torno a la evolución y selección
natural.
Al igual que Darwin recurría a la selección natural para explicar la evolución biológica, James señalaba
que en la vida psíquica es la conciencia la que selecciona los contenidos mentales.
Si el sujeto es activo y su actividad se dirige al mundo que lo rodea, el cual le plantea problemas y
desafíos, el sujete debe estar eligiendo, seleccionando posibilidades de acción, adaptándose
activamente.
La concepción de la adaptación como algo activo estaba en el meollo de la discusión de gran parte de
la psicología comparada, la cuestión era que papel jugaba en la adaptación y por tanto evolución
biológica.
El pensamiento social
El funcionalismo eclosionó en un momento en que la sociedad estadounidense experimentaba un
proceso de cambio acelerado, un proceso de modernización caracterizado por fenómenos como la
expansión comercial industrialización, inmigración y mezcla de identidades étnicas, concentración de
capitales y los oligopolios, etc.
Esto generaba desajustes sociales e individuales, las formas de vida propias de la sociedad agraria se
resquebrajaban, la comunidad tradicional que giraba entorno a la familia y pueblo, cedía terreno a
favor de escenarios urbanos, cambio y pluralidad de valores e intereses.
Igual que otros países occidentales en la misma época, la alternativa a la comunidad próxima
tradicional, de carácter rural era lo que Benedict Anderson ha denominado “comunidad imaginada”,
en Estado nacional.
Tema 9. El funcionalismo:
I. Los origenes de la psicología funcionalista
A diferencia de lo que ocurre con los vecinos del pueblo, la mayoría de los habitantes de un Estado
nacional moderno nunca se van a conocer personalmente, pero se supone que comparten una misma
identidad colectiva y se adhieren a ella por pertenecer a la misma nación y tener mismos derechos y
obligaciones que sus ciudadanos.
Lo que define la identidad personal ya no es la pertenencia a una familia, pueblo o comarca, sino la
condición de ciudadano.
La gestión de las comunidades imaginadas exigía la participación de expertos que la dotaran de
símbolos de identificación mediante la enseñanza y medios de comunicación y ayudaran a controlar
conflictos. Para ello se consideraba necesario teorizar la relación entre individuo y sociedad y contar
con técnicas que permitieran administrar la vida social.
El pensamiento social norteamericano de finales del siglo 19 y principios del 20 cumplía esa función,
sus representantes eran por lo general intelectuales reformistas procedentes de ámbitos como la
sociología, religión, trabajo social, el activismo en pro de derechos sociales y civiles, etc. La
trabajadora social Mary P. Follet (1868-1933), el sociólogo Lester F. Ward (1841-1913), el educador
Arland D. Weeks (1871-1936) y la socióloga feminista Jane Adams (1860-1935).
Autores importantes para la psicología participaron también en esa corriente, como John Dewey o
George H. Mead ambos colaboraron con Jane Adams.
Muchos pragmatistas y funcionalistas desarrollaron teorías de la formación del yo que pretendían
explicar la relación entre individuo y sociedad, como el filósofo Josiah Royce (1855-1916), los
sociólogos Charles H. Cooley (1864-1929) y Charles A. Ellwood (1873-1946) o el filósofo y educador
John E. Boodin (1869-1950), aparte de Dewey. Mead y Baldwin.
El funcionalismo cubrió la demanda de teorías que justificaran la articulación entre individuo y
sociedad, la psicología proporcionaba una base sobre la que apoyar esa necesidad política de
estabilidad social, sin la cual la construcción de la nación estadounidense parecía imposible.
Muchos aspectos de la concepción funcionalista del sujeto tenían raíces en la cultura norteamericana,
en particular en el mito de los orígenes de la nación estadounidense.
Durante el siglo 19 tomó forma la imagen del pionero como figura gracias a la cual los colonos habían
logrado asentarse en las tierras del este de Norteamérica, se habían independizado de Inglaterra y
habían seguido expandiéndose hacia el oeste un pugna contra una naturaleza agreste y nativos
salvajes.
En 1893, Frederick Jackson Turner elevó a rango académico el mito de la frontera, según el cual la
frontera oeste había constituido el escenario de esa lucha de pioneros y habría fomentado la forja del
fuerte sentido norteamericano de la individualidad, iniciativa y democracia. El pionero era un
individuo activo que se adaptaba a un entorno hostil transformándolo para satisfacer sus necesidades
y las de su familia, la naturaleza era al mismo tiempo una fuente de oportunidades y peligros.
Vivían en pequeñas comunidades donde todos se conocían y el apoyo mutuo revestía una enorme
importancia. No había una oposición radical entre lo individual y lo colectivo, eran individualistas en el
sentido que en ausencia de una estructura política a la europea que los respaldara, tenían que
buscarse la vida a la hora de organizar sus pueblos.
La comunidad próxima era importante, porque constituía una red de apoyo mutuo y la única
estructura política de la que disponían. El referente mítico de la democracia estadounidense ha sido
siempre la toma de decisiones asamblearia y las relaciones se establecían en un plano horizontal, sin
jerarquías ni mediaciones burocráticas.
En esa tradición cultural americana hunden sus raíces 2 señas de identidad del funcionalismo: la idea
de la adaptación activa al entorno y la necesidad de conjugar lo individual y social.
El trascendentalismo
El movimiento trascendentalista norteamericano conoció su auge entre las décadas de los 30 y 60 del
siglo 19. Tuvo ramificaciones en filosofía y literatura, como Ralph Waldo Emerson (1803-1882), Henry
David Thoreau (1871-1862) y Walt Whitman (1819-1892).
Su origen fue religioso: procedía de intentos de reforma de la Iglesia Unitaria, una derivación del
protestantismo que negaba el dogma de la Santísima Trinidad, reivindicaban la búsqueda de Dios en
el interior de uno mismo y la armonía del yo con la naturaleza.
El individuo debía preocuparse por sí mismo, sus pensamientos, emociones y conducta. Desde esta
perspectiva se desconfiaba de las mediaciones institucionales y se encomendaba la salud espiritual a
Tema 9. El funcionalismo:
I. Los origenes de la psicología funcionalista
la responsabilidad individual y la búsqueda personal de “una relación original con el universo”,
palabras de Emerson.
Se trataba de construir una subjetividad individual auténtica, original, creativa, consciente de sí misma
y en armonía con el entorno social y natural. Una forma de teorizar la subjetividad que es a la vez
individualista y comunitarista.
Representa la defensa de un individualismo de connotaciones románticas, no se basa en un modelo
de sujeto individual enfrentado al mundo, sino armonizado con su medio. Se caracteriza por
preocuparse constantemente por su propia subjetividad y actuar en su entorno inmediato.
El pragmatismo
El pragmatismo fue a la filosofía norteamericana lo que el funcionalismo a la psicología: un producto
típicamente americano.
El funcionalismo era en cierto modo la versión psicológica del pragmatismo. Dos de los pragmatistas
más ilustres fueron también dos de los funcionalistas más conocidos: William James y John Dewey.
El pragmatismo exacerbaba la importancia de la acción y hacía girar en torno a esta la cuestión de la
validez del conocimiento. Para un pragmatista no hay un conocimiento que no esté ligado a su puesta
a prueba y eventual corrección o rectificación según las consecuencias que produce en el mundo. Idea
esencial para los funcionalistas.
En lenguaje psicológico equivale a afirmar que los contenidos de la conciencia se forman mediante la
actividad, las funciones psicológicas existen por y para la acción. Idea filosóficamente expresada por
Peirce , considerado padre del pragmatismo.
Peirce basaba su filosofía en un desarrollo de la idea de Kantiana de que algunas creencias humanas
carecen de una base completamente segura sobre la cual asentarse. Kant defendía este tipo de
creencias como creencias pragmáticas.
Peirce extendió esa idea a todo el conocimiento; no hay ninguna creencia, ninguna clase de
conocimiento, cuya verdad esté justificada más allá de sus resultados prácticos. El pensamiento está
al servicio de la acción, y no hay creencia que no sea pragmática, lo llamo “máxima pragmática” hace
referencia a sus consecuencias prácticas.
La máxima pragmática consiste en “considerar que efectos, que razonablemente pueden tener
manifestaciones prácticas, concebimos que tiene el objeto de nuestra concepción, entonces nuestra
concepción de esos efectos es la totalidad de nuestra concepción del objeto”.
Peirce critica la idea de que elaborar un concepto es describir una especie de realidad sustancial de la
que se derivan consecuencias prácticas, no hay nada sustancial más allá de esas consecuencias
prácticas o subyacente a ellas.
Para Kant la verdad era algo estático, Peirce pensaba que la verdad era cambiante. El pragmatismo
aplicaba el esquema evolucionista al conocimiento e intentaba mostrar que éste también evoluciona,
la verdad no es fija, los humanos ponemos a prueba nuestras ideas y nos quedamos con aquellas que
se muestran más eficaces para vivir.
Peirce contribuyó al desarrollo de la psicología experimental de su país, ayudo a dar a conocer la obra
de autores alemanes decisivos para la psicología (Wundt, Fechener, Helmholtz), fue profesor de
psicólogos americanos como Cattell o Dewey y participó en debates intelectuales sobre el significado
de lo psicológico, acción, pensamiento, etc.
Su teoría semiótica sobre los signos y el significado ha sido reivindicada recientemente por algunos
enfoques socioculturales de la psicología.
A William James, se le suele considerar el padre de la psicología estadounidense y el padre del
funcionalismo psicológico, se basaba en la experimentación y la idea de que la conciencia se halla
eminentemente ligada a la actividad.
La formulación de la psicología funcionalista
La psicología de William James (1842-1910)
En 1890 publicó su famoso libro Principios de psicología.
James entendía el pragmatismo casi como una filosofía aplicada a la vida. Mientras que Peirce, sin
negarle esa utilidad, enfatizaba su carácter de método para asegurar la claridad de los conceptos
filosóficos y científicos, James lo consideraba sobre todo un principio de justificación de nuestras
Tema 9. El funcionalismo:
I. Los origenes de la psicología funcionalista
creencias: es válida aquella creencia que influya en nuestra vida y afecte a todo el conjunto de las
experiencias vitales.
Las verdades solo son tales si son buenas para vivir, puesto que las consecuencias prácticas de
nuestras ideas son inciertas mientras no se comprueben, hemos de tener alguna fe en aquello que
creemos o alguna “voluntad de creer”.
Lo importante es siempre la acción, dado que ninguna verdad absoluta nos respalda, debemos actuar
y comprobar que verdaderas son nuestras ideas enfrentándolas a la prueba del algodón de la acción,
sin olvidar que también es en la propia acción donde tomamos conciencia de cuáles son nuestras
ideas.
La teoría motora de la conciencia
Lo que le importaba a James no eran tanto los contenidos de la conciencia cuanto sus funciones, y la
principal función de la conciencia, la que constituye el fundamento o la característica más genérica de
toda la visa psicológica es la de seleccionar, elegir.
James se oponía tanto a las perspectivas materialistas y reduccionistas como a las dualistas y
espiritualistas. Para las primeras, la conciencia es un mero epifenómeno, algo secundario o derivado
de la auténtica realidad, que es la física: en última instancia, lo único real son los procesos
neurofisiológicos, mecánicos.
Para las segundas, la conciencia es una realidad separada e independiente de la materia corporal e
influye en está interactuando con ella, tal y como había planteado el filósofo francés René Descartes
en el siglo 17. James concedía parte de razón a ambas perspectivas y les quitaba otra parte:
- Daba la razón al materialismo en que los procesos neurofisiológicos funcionan por sí mismos, sin
intervención de la mente o voluntad, de acuerdo con las leyes naturales entendidas mecánicamente.
Según James sería imposible explicar nuestra actividad quedándose sólo en la mecánica del SN, la
conciencia influye en nuestro comportamiento, existe objetivamente porque forma parte de la
naturaleza.
- Daba la razón al dualismo espiritualista en que la mente es activa. Según James los contenidos de la
mente están inextricablemente unidos a los procesos neurofisiológico. Lo psicológico y
neurofisiológico no constituyen realidades sustancialmente distintas y no cabe hablar de interacción
entre ellas. Hay por defecto una relación automática o instantánea entre cerebro y mente, en el
sentido de que nada ocurre en la mente sin que ocurra al mismo tiempo algo en el SN, sin embargo, lo
que ocurre en la mente no es exactamente un simple eco o reflejo de lo que ocurre en el cerebro,
porque la conciencia interviene en el funcionamiento mental.
Según James lo que hace la conciencia es poner el foco de la atención sobre ciertos contenidos
mentales y permitir así que sobresalgan entre los demás, los selecciona, los “elige”. A diferencia de
Kant o Wundt, James subraya que esa selección posee una funcionalidad adaptativa, pues la dinámica
de la mente corresponde a novedades ambientales. Los contenidos mentales seleccionados por la
conciencia se convertirían en procesos neurofisiológicos que se traducirán en movimientos, en
conductas.
Lo que entiende James por función psicológica en sentido genérico: a través de la atención, la
conciencia cae sobre un contenido mental y éste al ir unido a un determinado proceso neuromuscular
o glandular, desencadena ese proceso y el sujeto se comporta de tal manera o siente tal cosa. No hay
una prioridad de lo neurofisiológico sobre lo psicológico, sino un discurrir paralelo de ambos.
De hecho, la conciencia no produce ella misma las ideas, que existen por sí solas ligadas a los procesos
neurofisiológicos. La conciencia se limita a interrumpir su propio flujo mediante la atención y
proyectarse sobre determinadas ideas, momento en el cual éstas se convierten en realidades
psicológicas y no sólo fisiológicas.
La conciencia no determina directamente nuestro comportamiento, pero sí indirectamente, mediante
la selección de unas determinadas conductas y no de otras.
Cuando explica la función psicológica, James está aplicando la llamada “teoría motora de la
conciencia”, a veces James y otros se referían a ella con la expresión de “ley ideomotora”, que
procedía de la hipnosis, donde se utilizaba para explicar el hecho de que ciertas imágenes mentales e
ideas producen automáticamente movimientos.
La corriente de conciencia
Tema 9. El funcionalismo:
I. Los origenes de la psicología funcionalista
El principal rasgo que oponía el funcionalismo al estructuralismo tenía una estrecha relación con el
planteamiento jamesiano sobre la conciencia. Si los contenidos de la mente existen sólo en la medida
en que la conciencia los selecciona haciendo que la atención caiga sobre ellos, no podemos
entenderlos como realidades primarias, según hacía la psicología alemana.
James creía que no son realidades psicológicas primarias, sino derivadas. Aparecen en el análisis que
realiza el psicólogo, quien las puede identificar sólo porque previamente la conciencia del sujeto las
ha generado. La conciencia delimita sensaciones o ideas y a continuación, el psicólogo las detecta.
La conciencia es un flujo, un continuo, no está compuestas de sensaciones e ides, sino más bien al
revés: es ella la que, haciendo que la atención interrumpa o segmente dicho flujo, acota esos
contenidos mentales y los convierte en reales, “corriente de conciencia”.
James concebía la actividad a escala individual y tomando como referencia el sujeto adulto. Afirmaba
que la conciencia se encuentra ligada a un yo y existe un “yo puro” en el que se deposita el
sentimiento de identidad personal y se integran o unifican las experiencias vitales, algo que no le
distancia demasiado de Kant y Wundt.
Otros funcionalistas como Dewey, Baldwin o Mead, pondrían un énfasis mucho mayor en el hecho de
que el sujeto se forma socialmente y a través de un proceso de desarrollo que comienza en el recién
nacido.
La teoría de las emociones
A veces se cita como teoría de James-Lange debido a que fue formulada de manera independiente
por el médico danés Carl Lange en 1884.
Las emociones no son tanto la causa cuanto la consecuencia de los cambios fisiológicos ligados a ellas.
Es el SN el que en primera instancia recibe los estímulos que provocan la emoción y a consecuencia
produce reacciones viscerales y musculares. La percepción subjetiva de la emoción surge cuando nos
hacemos conscientes de esas reacciones.
James 1884-1985 entiende las emociones en sentido amplio, incluyendo la dimensión estética de la
experiencia. Y desde su punto de vista no se producen de manera diferente a otros procesos
psicológicos.
Carl Lange llegó a afirmar que las emociones más que ser un producto de las reacciones fisiológicas,
son las reacciones fisiológicas. James diría que si en la experiencia emocional no se diera la mediación
de los estados corporales, entonces ni siquiera existirían las emociones, porque sólo habría ideas
puramente cognitivas, carentes de tonalidad emocional, frías. No se trata de reducir las emociones a
fisiología,, sino de considerarlas como fenómenos psicológicos que no existirían sin la mediación
fisiológica.
James R. Angell (1869-1949) y la autodefinición frente al estructuralismo
Si Titchener y James Rowland Angell escribieron los artículos “Los postulados de una psicología
estructuralista” y “La provincia de la psicología funcionalista”.
El funcionalismo tomó conciencia de sí mismo oponiéndose a cierta manera de entender la nueva
psicología importada de Alemania, en concreto la del estructuralismo de Titchener, cuyos
componentes empiristas asocianistas casaban mal con la idea de la mente como algo ligado a
procesos adaptativos.
El artículo de Angell constituyó un acto de autoafirmación frente al estructuralismo.
La psicología norteamericana previa al funcionalismo estaba dominada por Escuela del Sentido
Común, una corriente filosófica de Escocia y creada en el siglo 18 por autores como Thomas Reid.
Esta corriente había representado una reacción contra el escepticismo de los empiristas británicos de
finales del siglo 17 y principios del 18, a los que a su ves seguía Kant en su perspectiva crítica.
Recurrían al sentido común para sostener que el mundo que percibios es el real y defendían una
psicología según la cual la mente está compuesta de diversas facultades encargadas de conocer ese
mundo real.
La versión del wundtismo que Titchener quería implantar en los Estados Unidos era la alternativa para
una “nueva psicología” , una diferente a la teoría de las facultades, propia de la Escuela del Sentido
Común. El estructuralismo de Titchener acabó desapareciendo, el funcionalismo se convirtió así en la
nueva psicología por antonomasia.
Tema 9. El funcionalismo:
I. Los origenes de la psicología funcionalista
Angell el principal bastión del funcionalismo, su artículo procedía del discurso presidencial de la APA y
era una réplica en parte de Titchener.
En el recogía las características comunes de psicólogos funcionalistas que a su juicio eran 3:
1. Frente a los estructuralistas, pretenden definir lo psicólogo en términos de operaciones, acciones,
no en términos de contenidos estáticos. Aíslan los contenidos de la conciencia y caen en una versión
de la falacia del psicólogo consistente en atribuir a los estados psicológicos rasgos que en realidad
surgen del análisis a posteriori de los mismos. A los funcionalistas no les interesa el qué, sino el cómo
y porqué lo percibimos, pensamos, deseamos, etc.
2. Tienen una concepción evolucionista de la psicología. La conciencia existe porque juega algún
papel en la evolución biológica. Las funciones psicológicas son como son porque han servido y sirven
para adaptarse al medio, esa adaptación no es pasiva. La conciencia interviene en la adaptación al
medio, “todas las filosofías, excepto el materialismo ontológico, presuponen que la mente juega un
papel estelar en todas las adaptaciones al ambiente de los animales que la poseen”. El materialismo
ontológico es la postura según la cual la mente o es un puro reflejo de la materia o ni siquiera existe.
Para un funcionalista, la conciencia áctua cada vez que en el medio aparece una novedad a la que hay
que adaptarse, es algo que existe objetivamente.
3. Practican una especie de psicofísica no cuantitativa. No establecen un corte entre lo fisiológico y
psicológico. Toman la distinción entre mente y cuerpo como metodológica, que no supone la
existencia de dos realidades independientes. Aunque dice que entre los funcionalistas hay a este
respecto sensibilidades diferentes, excepto el epifenomenismo que niega el papel jugado por la
mente. Angell subraya que a su juicio, la distinción entre lo mental y corporal no es primaria sino
producto de la reflexión, del análisis.
Angell añadía que la psicología no es una ciencia que tenga un objeto predefinido y que en todo caso
es arbitrario identificar ese objeto con la conciencia individual.
De ahí la necesidad de “habitar en regiones que a primera vista no son mentales”, entre ellas
mencionaba la lógica, ética y teoría social.