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La rebelión de Absalón
Por: Emilio José Díaz Mendoza*
Citar como: Diaz, Mendoza, Emilio J. (2025). La rebelión de
Absalón. Libro de licencia común: Atribución: CC BY
Libro de licencia común: Atribución CC BY
No se permite el uso comercial con fines de lucro.
*Emilio José Diaz Mendoza es Médico Cirujano, graduado de Teología y con una Maestría en
Educación.
Las imágenes fueron editadas mediante DALL-E integrado en ChatGPT-4 (OpenAI, 2025).
Se utiliza ChatGPT-4 para sistema de edición de texto, (OpenAI, 2025).
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La rebelión de Absalón
La rebelión de Absalón es una de las historias más trágicas de la
Biblia. Comienza con la impunidad ante el crimen de Amnón,
hijo de David, quien violó a su hermana Tamar (2 Samuel 13:1-
14). David, marcado por su propio pecado con Betsabé, no
castigó a Amnón (2 Samuel 12:13), lo cual provocó que Absalón,
hermano de Tamar, tramara venganza. Dos años después,
Absalón asesinó a Amnón en un banquete (2 Samuel 13:28-29),
iniciando así una cadena de dolor. El rey, herido, lloró
profundamente la pérdida, mientras Absalón huía a Gesur (2
Samuel 13:37). La justicia no aplicada en ascendido la llama de
una futura rebelión (White, 1890).
Durante su exilio, Absalón se fortaleció política y
emocionalmente. Joab, general de David, logró convencer al rey
de permitir su regreso a Jerusalén (2 Samuel 14:1-24), aunque sin
acceso a la corte. Esta reconciliación parcial solo aumentó el
resentimiento. Absalón, dotado de gran belleza y carisma (2
Samuel 14:25-26), comenzó a ganarse el favor del pueblo. Se
posicionó en la puerta de la ciudad para escuchar sus quejas (2
Samuel 15:1-6), mostrando compasión y justicia. Así, robó el
corazón de los israelitas. La estrategia fue eficaz, sembrando
desconfianza hacia una administración debilitada (White, 1890).
David, aunque consciente del peligro, no actuó con firmeza en lo
referente a la rebelión de su hijo. Absalón, fingiendo piedad
religiosa, pidió permiso para cumplir un voto en Hebrón (2
Samuel 15:7-9). En realidad, allí organizaba su golpe de Estado.
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Llevó consigo a 200 hombres inocentes (2 Samuel 15:11), y
sumó a su causa a Ahitofel, antiguo consejero de David (2
Samuel 15:12), motivado por el rencor familiar. Con astucia,
proclamó su realización y ganó el apoyo de muchas tribus. La
conspiración maduró rápidamente y Jerusalén se volvió
vulnerable ante la insurrección de su propio príncipe (White,
1890).
Ante el avance rebelde, David decidió huir de Jerusalén para
evitar una guerra interna (2 Samuel 15:14). Abandonó el trono
con humildad, acompañado de sus fieles seguidores. Entre ellos
estaban los levitas con el arca del pacto (2 Samuel 15:24-25),
símbolo de la presencia divina. Sin embargo, David ordenó
devolverla, mostrando sumisión a la voluntad de Dios (2 Samuel
15:26). Si hallaba gracia, volvería a verla. En su retirada,
llorando descalzo y cubierto (2 Samuel 15:30), David ganó con
resignación y esperanza las consecuencias de sus errores (White,
1890).
La escena del monte de los Olivos es conmovedora. La traición
de Ahitofel fue un golpe devastador (2 Samuel 15:31). David
clamó a Dios que confundiera su consejo. Este momento refleja
una transición espiritual: de rey poderoso a siervo arrepentido.
No buscó venganza, sino refugio en la misericordia divina. La
debilidad que lo paralizaba se transformó en fe activa. En medio
del dolor, David se reconcilió con la voluntad de Dios,
abandonando el trono terreno por la guía celestial (White, 1890).
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El conflicto armado fue inevitable. Las tropas de David se
reorganizaron y enfrentaron a las de Absalón en el bosque de
Efraín (2 Samuel 18:6-8). David rogó que trataran con
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misericordia a su hijo rebelde (2 Samuel 18:5). Sin embargo,
Absalón murió atrapado por su cabellera en un árbol (2 Samuel
18:9), símbolo de su vanidad. Joab, desobedeciendo las órdenes,
lo ejecutó (2 Samuel 18:14-15). La noticia devastó al rey. Su
lamento —“¡Hijo mío Absalón!”— expresa el dolor del padre
herido y del líder que reconoce sus omisiones (2 Samuel 18:33;
White, 1890).
La historia de Absalón ilustra la ruina que surge cuando la
impunidad y el favoritismo se apoderan del gobierno familiar o
estatal. David, debilitado por su conciencia culpable, no supo
corregir a sus hijos. La falta de disciplina permitió que el pecado
creciera sin control. Absalón, aunque carismático, fue consumido
por su ambición. Su historia demuestra que el talento sin carácter
puede ser destructivo. Dios permitió que las consecuencias
naturales del pecado actuaran, como advertencia a futuras
generaciones sobre la importancia de la justicia, la humildad y la
obediencia (White, 1890).
Elena G. de White afirma que “la espada no se apartaría de la
casa de David” (cf. 2 Samuel 12:10), cumpliendo la sentencia del
propio rey. Su pecado con Betsabé tuvo efectos devastadores.
Absalón representó la rebelión no solo contra el trono, sino
contra el designio divino. Sin embargo, el dolor llevó a David a
una restauración espiritual. Comprendió que su autoridad debía
someterse a la voluntad de Dios. Esta historia ofrece una
profunda lección sobre el arrepentimiento y el perdón,
demostrando que las consecuencias del pecado son reales, pero
también lo es la gracia de Cristo nuestro redentor (White, 1890).
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El legado de David, aunque marcado por el fracaso, se
transforma gracias a su actitud. No justificó sus errores ni usamos
el poder para vengarse. Su liderazgo, humano pero piadoso,
apuntó hacia el Mesías futuro, cuya realeza sería eterna (Lucas
1:32-33). La rebelión de Absalón refleja el conflicto entre la
autoridad legítima y la soberbia usurpadora. David encarna la
sumisión al juicio divino, mientras que Absalón representa la
rebelión disfrazada de justicia. Esta historia culmina en un
lamento, pero deja una advertencia que trasciende generaciones:
la soberbia precede a la caída (Proverbios 16:18; White, 1890).
Hoy, la historia de Absalón invita a reflexionar sobre el peligro
de dejar crecer la raíz de la amargura (Hebreos 12:15). El
liderazgo sabio requiere discernimiento, firmeza y amor, no solo
para gobernar un pueblo, sino también una familia. La
misericordia sin justicia puede volverse cómplice del mal.
Aunque breve, la rebelión de Absalón puso en riesgo la unidad
de Israel. Sin embargo, permitió el resurgimiento del David
penitente, aquel que desde el polvo del exilio, alzó su voz no para
condenar, sino para clamar gracia. En eso radica la grandeza de
David (White, 1890).
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Referencias
Santa Biblia, versión Reina-Valera 1960. -
White, Ellen G. (1890). Patriarcas y Profetas. Mountain View,
CA: Pacific Press Publishing Association, Capitulo 61.
OpenAI. (2025). ChatGPT-4 [Modelo multimodal grande].
Recuperado de https://chat.openai.com/chat