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SESIÓN 5 Discernimiento

El discernimiento vocacional es un proceso esencial para conocer la voluntad de Dios en nuestras vidas, que requiere oración y dirección espiritual. Se deben integrar acciones concretas como la planificación espiritual, la dirección con un sacerdote y la participación en retiros para facilitar este proceso. Es fundamental recordar las gracias recibidas y vivir la vocación elegida con alegría, ya que el discernimiento es clave para tomar decisiones que reflejen la voluntad divina.
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SESIÓN 5 Discernimiento

El discernimiento vocacional es un proceso esencial para conocer la voluntad de Dios en nuestras vidas, que requiere oración y dirección espiritual. Se deben integrar acciones concretas como la planificación espiritual, la dirección con un sacerdote y la participación en retiros para facilitar este proceso. Es fundamental recordar las gracias recibidas y vivir la vocación elegida con alegría, ya que el discernimiento es clave para tomar decisiones que reflejen la voluntad divina.
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SESIÓN 5

El discernimiento vocacional es el proceso de búsqueda de la voluntad de


Dios

Conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas y abrirse a su


llamada, nos permitirá realizar esa misión y ese plan que Él tiene
para nosotros, con alegría y paz. Pero para descubrir ese camino,
es necesario vivir un proceso de discernimiento que involucre
oración y dirección espiritual.

“El discernimiento vocacional es el proceso de búsqueda de la


voluntad de Dios en nuestra vocación particular, es abrirse al
conocimiento de las diferentes vocaciones que hay en la Iglesia
como camino de santidad, ya sea el matrimonio, el laicado
comprometido, la vida consagrada en sus diversos carismas.

Integrar el discernimiento vocacional en las diferentes etapas de


educación en la fe: desde la infancia, adolescencia y juventud.
“Es recomendable integrar la catequesis sobre la vocación
universal a la santidad desde la infancia y mostrar los diferentes
caminos de vivir esa vocación, con el ejemplo de los santos y sus
testimonios de vida”.

Habla Señor, que tu siervo escucha

“Señor, ¿qué quieres de mí?”, esta es la pregunta más importante


y fundamental que deben hacerse las personas en esa etapa de
preguntas y respuestas sobre la misión que Dios tiene para cada
una. Tal como lo menciona el papa Francisco en la exhortación
apostólica postsinodal Christus vivit, dirigida a los jóvenes y a
todo el pueblo de Dios. Así como dijo el joven Samuel, “Habla
Señor, que tu siervo escucha”. (1 Samuel 3: 9-10)

“Se trata de que Dios tiene un plan amoroso, un proyecto, una


misión especial, una vocación particular para cada uno de
nosotros”.

“Descubrir esta vocación es conocer el camino personal,


particular y único que Dios ha dispuesto para cada uno de
nosotros como medio de santificarnos. Ese camino de santidad
particular, será nuestro camino hacia el cielo, si lo vivimos a
plenitud. Será nuestro modo de servir, amar y entregarnos a Dios
y a los hermanos en la Iglesia y en la sociedad siendo felices”.

Si la persona no lleva a cabo ese proceso de discernir su


vocación de la manera correcta, en oración, iluminada por el
Espíritu Santo y con una adecuada dirección espiritual, “se puede
frustrar la vocación particular, no sentirse felices plenamente o
quedarse con unas nostalgias de algo que no pudo realizar por
miedo. También se puede vivir en el vacío o la tristeza”.

Seis acciones concretas que realizar en el camino de


discernimiento

En la búsqueda de esa misión que Dios tiene para cada persona:

1- Hacer un plan de vida espiritual que ayude a ordenar la vida de


oración, la vida sacramental y la práctica de las virtudes

2- Hacer un proceso de discernimiento espiritual con un sacerdote


en dirección espiritual

3- Participar en retiros o talleres vocacionales

4- Conocer las diferentes opciones vocacionales que le pueden


atraer y visitarlas en personas

5- Dialogar con Dios en la oración

6- No tener miedo a abrir de par en par el corazón a Cristo

“Nuestros talentos, cualidades y carismas se entregan en las


manos del Señor con generosidad, disponibilidad y
desprendimiento, para que los utilice como desee en la vocación
a la que nos llame . “Debemos entregarlo todo como el joven que
dio sus dos peces y cinco panes, para que el Señor los bendiga y
multiplique conforme a su voluntad, gracia y poder”.

Cómo ser fieles a la vocación

Luego de ese proceso de búsqueda y de diálogo con el Señor, es


importante guardar una memoria agradecida de las gracias y
luces que Dios ha concedido en ese camino y que fueron señales
claras que mostraron su voluntad. “Es necesario cimentar nuestra
toma de decisiones en la voluntad de Dios como roca firme.
Nosotros tenemos cambios emocionales, pruebas y dificultades
que nos nublan el camino emprendido y pueden hacernos dudar o
cuestionar. Recordar las gracias nos permite permanecer, luchar
y perseverar en la voluntad de Dios”.

“También es importante crecer en el conocimiento de la belleza


de la vocación particular que Dios ha elegido para mí y que yo he
acogido. Vivirla a plenitud y disfrutarla. Conocer testimonios de
santidad de mi vocación”.

El discernimiento es un acto importante que concierne a todos,


porque las elecciones son una parte esencial de la vida. Discernir
las decisiones. Uno elige la comida, la ropa, un curso de estudio,
un trabajo, una relación. En todos ellos se realiza un proyecto de
vida, y también se concreta nuestra relación con Dios.

En el Evangelio, Jesús habla del discernimiento con imágenes


tomadas de la vida ordinaria; por ejemplo, describe al pescador
que selecciona los peces buenos y descarta los malos; o al
mercader que sabe identificar, entre muchas perlas, la de mayor
valor. O el que, arando un campo, encuentra algo que resulta ser
un tesoro (cf. Mt 13,44-48).

A la luz de estos ejemplos, el discernimiento se presenta como un


ejercicio de inteligencia, y también de habilidad y también
de voluntad, para aprovechar el momento favorable: son
condiciones para hacer una buena elección. Es necesario
inteligencia, habilidad y también voluntad para hacer una buena
elección. Y también hay un coste necesario para que el
discernimiento sea operativo. Para desempeñar su oficio lo mejor
posible, el pescador tiene en cuenta la fatiga, las largas noches
en el mar y el descarte de una parte de las capturas, aceptando
una pérdida de ganancias por el bien de los destinatarios. El
comerciante de perlas no duda en gastar todo para comprar esa
perla; y lo mismo hace el hombre que ha tropezado con un
tesoro. Situaciones inesperadas e imprevistas en las que es
imprescindible reconocer la importancia y la urgencia de una
decisión que hay que tomar. Cada uno debe tomar sus
decisiones; no hay nadie que las tome por nosotros. En un
momento determinado los adultos, libres, pueden pedir consejo,
pensar, pero la decisión es propia; no se puede decir: “He perdido
esto, porque lo ha decidido mi marido, mi mujer, mi hermano”:
¡no! Tienes que decidir tú, todo el mundo tiene que decidir, y por
eso es importante saber discernir: para decidir bien, hay que
saber discernir.

El Evangelio sugiere otro aspecto importante del


discernimiento: implica los afectos. El que ha encontrado el tesoro
no siente ninguna dificultad en venderlo todo, tan grande es su
alegría (cf. Mt 13,44). El término utilizado por el evangelista
Mateo indica una alegría muy especial, que ninguna realidad
humana puede dar; y de hecho vuelve a aparecer en muy pocos
otros pasajes del Evangelio, todos ellos referidos al encuentro con
Dios. Es la alegría de los Magos cuando, tras un largo y penoso
viaje, vuelven a ver la estrella (cf. Mt 2,10); es la alegría de las
mujeres que regresan del sepulcro vacío tras escuchar el anuncio
de la resurrección por parte del ángel (cf. Mt 28,8). Es la alegría
de los que han encontrado al Señor. Tomar una bella decisión,
una decisión correcta, siempre te lleva a esa alegría final; quizás
en el camino tengas que sufrir un poco de incertidumbre, pensar,
buscar, pero al final la decisión correcta te beneficia con la
alegría.

En el Juicio Final, Dios obrará el discernimiento —el gran


discernimiento—hacia nosotros. Las imágenes del agricultor, el
pescador y el mercader son ejemplos de lo que ocurre en el Reino
de los Cielos, un Reino que se manifiesta en las acciones
ordinarias de la vida, que nos exigen tomar posición. Por eso es
tan importante saber discernir: las grandes elecciones pueden
surgir de circunstancias que a primera vista parecen secundarias,
pero que resultan ser decisivas. Por ejemplo, pensemos en el
primer encuentro de Andrés y Juan con Jesús, un encuentro que
nace de una simple pregunta: "Rabí, ¿dónde vives?" — "Venid y
veréis" (cf. Jn 1,38-39), dice Jesús. Un intercambio muy breve,
pero es el comienzo de un cambio que, paso a paso, marcará
toda una vida. Años después, el evangelista seguirá recordando
aquel encuentro que le cambió para siempre, también recordará
la hora: "Eran como las cuatro de la tarde" (v. 39). Es la hora en
que el tiempo y lo eterno se encontraron en su vida. Y en una
decisión buena, correcta, se encuentra la voluntad de Dios con
nuestra voluntad; se encuentra el camino presente con el eterno.
Tomar una decisión correcta, después de un camino de
discernimiento, es hacer este encuentro: el tiempo con lo eterno.
Por lo tanto: el conocimiento, la experiencia, el afecto, la
voluntad: son algunos elementos indispensables del
discernimiento. A lo largo de estas catequesis veremos otras,
igualmente importantes.

El discernimiento —como he dicho— implica un esfuerzo. Según la


Biblia, no encontramos ante nosotros, ya empaquetada, la vida
que hemos de vivir: ¡No! Tenemos que decidirlo todo el tiempo,
según las realidades que se presenten. Dios nos invita a evaluar y
elegir: nos ha creado libres y quiere que ejerzamos
nuestra libertad. Por lo tanto, discernir es arduo.

A menudo hemos tenido esta experiencia: elegir algo que nos


parecía bueno y en cambio no lo era. O saber cuál era nuestro
verdadero bien y no elegirlo. El hombre, a diferencia de los
animales, puede equivocarse, puede no querer elegir
correctamente. La Biblia lo demuestra desde sus primeras
páginas. Dios da al hombre una instrucción precisa: si quieres
vivir, si quieres disfrutar de la vida, recuerda que eres una
criatura, que no eres el criterio del bien y del mal, y que las
elecciones que hagas tendrán una consecuencia, para ti, para los
demás y para el mundo (cf. Gn 2,16-17); puedes hacer de la tierra
un magnífico jardín o puedes convertirla en un desierto de
muerte. Una enseñanza fundamental: no es casualidad que sea el
primer diálogo entre Dios y el hombre. El diálogo es: el Señor da
la misión, tú debes hacer esto y esto; y el hombre a cada paso
que da debe discernir qué decisión tomar. El discernimiento es
esa reflexión de la mente, del corazón que debemos hacer antes
de tomar una decisión.

El discernimiento es agotador pero indispensable para vivir.


Requiere que me conozca a mí mismo, que sepa lo que es bueno
para mí aquí y ahora. Sobre todo, requiere una relación filial con
Dios. Dios es Padre y no nos deja solos, siempre está dispuesto a
aconsejarnos, a animarnos, a acogernos. Pero nunca impone su
voluntad. ¿Por qué? Porque quiere ser amado y no temido. Y Dios
también quiere que seamos hijos y no esclavos: hijos libres. Y el
amor sólo puede vivirse en libertad. Para aprender a vivir hay que
aprender a amar, y para ello es necesario discernir: ¿Qué puedo
hacer ahora, ante esta alternativa? Que sea un signo de más
amor, de más madurez en el amor. ¡Pidamos, que el Espíritu
Santo nos guíe! Invoquémosle cada día, especialmente cuando
tengamos que tomar decisiones.

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