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El documento aborda la compleja relación entre pornografía y violencia, destacando su creciente preocupación en la sociedad contemporánea y los efectos que ambos fenómenos pueden tener en la percepción de la realidad y las conductas humanas. Se discuten las dificultades para definir la pornografía y la obscenidad, así como la influencia de los medios de comunicación en la normalización de la violencia sexual. Además, se menciona la respuesta de las autoridades y la sociedad ante el auge de la pornografía y su impacto en la moral y el comportamiento social.
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El documento aborda la compleja relación entre pornografía y violencia, destacando su creciente preocupación en la sociedad contemporánea y los efectos que ambos fenómenos pueden tener en la percepción de la realidad y las conductas humanas. Se discuten las dificultades para definir la pornografía y la obscenidad, así como la influencia de los medios de comunicación en la normalización de la violencia sexual. Además, se menciona la respuesta de las autoridades y la sociedad ante el auge de la pornografía y su impacto en la moral y el comportamiento social.
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PRIMITIVO DE LA QUINTANA LOPEZ

PORNOGRAFIA Y VIOLENCIA

Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, núm. 60, 1983


Pornografía y violencia

por el Académico de Número

Excmo. Sr. D. Primitivo de la Quintana López (*)

El solo enunciado del tema nos introduce en un campo tan com


plejo y extenso que nos obliga a aclarar desde el principio que única
mente intentamos penetrar en él con ánimo exploratorio y prudente
cautela, si bien dada la actual preocupación por el mismo estamos
profundamente convencidos de la conveniencia de tomar conciencia
de que constituye un campo polémico del que brotan como hongos
las más variadas cuestiones.

El cambio acelerado hacia una sociedad permisiva en la que se


tiende a relativizar todos los valores éticos y a considerar represiva
la aceptación de una norma, cualquiera que sea, por el solo hecho
de poner límite a nuestro comportamiento instintivo público o pri
vado, hace difícil el tratamiento objetivo de aspectos en los que ne
cesariamente hay que establecer y utilizar juicios de valor.

Pornografía y violencia aparecen de manera conjunta en la cre


ciente preocupación pública por conocer sus efectos sobre la socie
dad de nuestro tiempo, en la que los medios de comunicación social
han adquirido tal desarrollo y potencia que son capaces de condi
cionar en planos distintos la forma de percibir la realidad y las acti
tudes adoptadas frente a determinado tipo de conducta, especialmen
te en lo que se refiere al sexo y a otro tipo de relaciones humanas

(*) Disertación en Junta del 10 de mayo de 1983.

191
que conducen a actitudes de dominación y sometimiento, de cruel
dad, de humillación y de falta de respeto a la dignidad de la persona
humana.

En el tema de la violencia no hemos de entrar más que desde el


punto de vista de toma de conciencia de que constituye un componen
te importante de la acción pornográfica, sin extendernos en el estudio
general de esta forma de actuar la agresividad humana. Los estudios
realizados, a los que más adelante aludiremos, parecen demostrar
que la violencia puede actuar como estimulante de la excitación se
xual, aunque también es cierto que el deseo sexual es capaz de des
pertar acciones violentas para el cumplimiento de actos sexuales, sin
consenso mutuo y en contra de la voluntad del sujeto obligado a
realizarlos.

Por otra parte es cada vez más frecuente la superposición de ma


terial violento y material sexual no sólo en publicaciones y repre
sentaciones gráficas o escenificadas sino en los medios de comuni
cación social y de manera muy especial en el cine y la televisión.
Los criterios para definir lo pornográfico son variables, aunque
existe una coincidencia general en que la representación de perver
siones sexuales, sadismo y violencia están inequívocamente incluidas
en este concepto, pero a partir de ahí se pretende distinguir entre
erotismo y pornografía, atribuyéndoles distinta peligrosidad y sobre
todo distinta valoración etica. El primero implicaría la posible exis
tencia de una relación emotiva más o menos duradera, mientras que
la pornografía presenta las prácticas sexuales divorciadas de cual
quier consideración amorosa hacia el compañero. No es fácil man
tener en la práctica esta diferenciación, si bien existen matices que
la aproximan más o menos a uno u otro sentido.

Hay una característica importante, aunque no sea la única, que


puede distinguir la pornografía de otras manifestaciones del erotismo
y es su carácter social de explotación con fines económicos de los
más bajos instintos que embrutecen la sexualidad, animalizando algo
que con otras orientaciones puede ennoblecer el comportamiento se
xual humano. Precisamente uno de los problemas difíciles al plantear
los límites de la pornografía es la calificación como tal de obras de
arte y de nobles creaciones humanas. Hay muchas obras que per
tenecen al patrimonio artístico de la humanidad y que podrían con
siderar como obscenas o pornográficas si la mente que las contempla

192
está viciada intencionalmente. Cela, al tratar del tema, dice que
prefiere dar respuesta frente a este planteamiento con las palabras
de Raymond Poincaré: "Un libro obsceno es simplemente un libro
mal escrito; el talento no es nunca obsceno ni, por razón mayor,
inmoral". Claro que para aceptar esto hay que tener en cuenta las
edades, las situaciones y las mentes y su vulnerabilidad, sin poder
aceptar de manera absoluta lo que nos dice Torrente Ballester "que
no hay, propiamente hablando, imágenes pornográficas sino mentes
neuróticas y sistemas educativos que las provocan y favorecen", aun
que sí es cierto, como más adelante se verá, que en la exposición
de materiales pornográficos los resultados obtenidos nos muestran
reacciones muy diferentes según el tipo de individuos, sus antece
dentes neuropatológicos o la procedencia de determinados ambientes.

Llevamos unas décadas de aumento progresivo de una onda por


nográfica sabiamente fomentada por fuerzas económicas en las que
se enlaza la producción y venta de materiales específicos con el mun
do del vicio y de la droga, preocupando seriamente a los gobiernos
de los distintos países de Occidente, en los qUe frente a la laxitud
permisiva de muchas legislaciones se levantan organizaciones y sec
tores importantes de la población, que tratan de poner límite a la
avalancha invasora de las más sucias representaciones teatrales, a las
audacias publicitarias y a la distribución de materiales en que se
olvida el respeto debido a la sensibilidad de sectores mayoritarios
de la población.

Uno de los aspectos del problema y el principal caballo de ba


talla consiste en determinar qué cosa es obscena y cuál no, y hasta
qué punto la represión de la obscenidad va en contra de la libertad
de expresión o de la creación artística.

El primer problema que presenta la pornografía es el de su defi


nición. Como es sabido, etimológicamente viene de pórne, prostituta,
y en sus comienzos significaría tratar o describir lo relacionado con
la prostitución. Modernamente su noción se vincula con la obsceni
dad, aludiendo a todo aquello que pueda hacer referencia al sexo,
tratado de tal forma que no tenga en cuenta los códigos morales y
sociales aceptados mayoritariamente por el tipo de cultura vigente.
D. H. Lawrence, el conocido autor de "El amante de Lady Chatter-
ley", que tanto ruido dio en Inglaterra hace unas décadas, dice que:
"La definición de pornografía depende no más que del individuo, ya

193
que lo que para uno es pornografía para otro no es sino risa del
genio". Este subjetivismo no es admisible para una sociedad en la
que, por mucha que sea la permisividad, ha de establecer unos lími
tes dentro de los cuales sean aceptadas unas mínimas normas éticas,
que en el caso nuestro y aun para los no creyentes están inspiradas
en una ética cristiana. Más adelante veremos los conflictos creados
en otros países en los intentos de demostrar la inocuidad o peli
grosidad de la difusión general de materiales explícitamente sexuales.

Gebhard y col. definían en 1965 que la pornografía es la utili


zación de materiales deliberadamente creados para provocar una ex
citación sexual, más que una simple inhibición, y que generalmente
logra su objetivo fundamental. La obscenidad tiene mayor cantidad
de connotaciones morales y legales que la pornografía no contiene
necesariamente.

Según Yafé, por definición se considera que el material obsceno


es ofensivo a las normas de moral o gusto público y resulta social-
mente dañino si presenta la tendencia a depravar y corromper a las
personas a las que llega, debiendo suponer que existe cierto consenso
general en cuanto a lo que constituye exactamente la conducta co
rrompida y depravada o la conducta que corrompe y deprava a los
demás. Este consenso, con el cual la ley parece contar, no siempre
es razonablemente conseguido.

En los estudios empíricos y sociológicos sobre la posible reper


cusión de la exhibición de materiales sexuales explícitos (según la
terminología norteamericana), se pretende hacer una distinción entre
las variedades liviana o blanda y fuerte o dura, basándose, entre
otros factores, en la posibilidad de que el contexto de la represen
tación sea o no artísticamente atenuante. La pornografía liviana
consiste en gran parte en fotografías de desnudos en posiciones más
o menos procaces, pero con cierta ocultación del sexo. Sin embargo,
de manera progresiva se han ido confundiendo los límites e incluso
en las revistas vendidas en puestos de periódicos normales se han
mostrado figuras cada vez más audaces, hasta confundirse práctica-
menfe con algunos aspectos de la pornografía fuerte.
En la pornografía fuerte se pretende atraer con mucha más in
tensidad grupos de personas sexualmente inadaptadas, a las que se
les ofrece materiales tales como fotos, transparencias, filmes, casettes
en las que se representa desde cópulas heterosexuales normales a es-

194
cenas de homosexuales o de pederastas y en las que ya comienza a
aparecer representaciones de tipo sado-masoquista, flagelación y vio
lación de la mujer e incluso la representación de bestialidad y de
cualquier tipo de violencia relacionada con el sexo.

Eysenck no considera útil, desde un punto de vista clasificatorio,


una diferenciación absoluta entre obras pornográficas y no porno
gráficas, proponiendo su clasificación por puntos dentro de una es
cala que va de Oa 100, en la cual en el cero se incluyen las obras en
que no se hace ninguna mención al sexo, adjudicándoles el 100 a las
que se dedican a él exclusivamente, con independencia de los méri
tos artísticos, el valor científico o el interés histórico. La aceptación
de este criterio tendría el inconveniente de que aparecieran como
pornografía multitud de obras inmortales y que han tenido por ob
jetivo solamente el cultivo de la belleza que representa el cuerpo hu
mano y la relación de dos cuerpos de sexo diferente. Sin embargo,
hoy se piensa que la obscenidad sexual no es la única forma de obs
cenidad sino que en ella deben ser incluidas la brutalidad, la violen
cia extrema y la crueldad.
El ascenso continuo de la gran onda pornográfica que padece el
mundo occidental comenzó a atraer la atención de los poderes públi
cos responsables de los más distintos países en el transcurso de los
años 60. La pornografía se fue configurando como una gran industria
que se articulaba con métodos modernos de propaganda y difusión
y que producía un nivel muy alto de beneficios. En el Informe Long-
ford, del que nos ocuparemos más adelante, se afirma que hacia el
año 1970 la pornografía "fuerte" representaba un volumen superior
a los 10 millones de libras anuales de venta y la pornografía "liviana"
alcanzaba a varios cientos de millones de libras, además de existir
un enorme comercio de importación por pedido postal directo que
se proveía en distintas fuentes europeas y para Inglaterra especial
mente en Dinamarca. En la documentación recogida por el Comité
que realizó el informe antes citado, aparece el tipo de cartas en ci-
cloestil enviadas desde Dinamarca en las que se comprobaba la exis
tencia de un fichero comercial muy sutil que permitía dirigirse a
viudos o viudas recientes y supuestamente afligidos, en las que se
ofrecían materiales pornográficos muy fuertes, entre ellos películas
que titulaban "muy calientes", para alivio de su soledad. Se ofrecían
también diversos servicios que incluyen la presentación y la puesta
en contacto con lectores de gustos similares y con diversos "consul-

195
tores" que les proporcionarían la oportunidad de obtener otros pro
ductos de esta industria de gran interés para ellos.
Hay un gran número de personas que se asoman por curiosidad
a estos productos de la industria pornográfica, pero también los hay
—cada vez en mayor número— que prenden en el gusto por la por
nografía y se convierten no sólo en clientes muy activos sino con
capacidad de crear zonas de proselitismo. La producción de películas
baratas fue creciendo y al mismo tiempo la audacia de los temas en
los que predominaban escenas de violaciones, flagelaciones sádicas
con violación y coitos bestiales. La propaganda es intensa y se pro
cura implicar a gran número de pequeños establecimientos y de kios
cos de periódicos, a los que se les ofrece participar en un mercado
en expansión tan floreciente como el que están creando los produc
tores de materiales pornográficos, al que los interesados auguran un
gran porvenir.

Lord Longford interrogó y consiguió establecer relación con dos


jóvenes economistas que crearon en un año un negocio de pedidos
postales de pornografía que ascendía, según dijeron, a 25.000 miem
bros del Club de Libros. Interrogados acerca de cómo veían su res
ponsabilidad moral, afirmaron que sus clientes eran exactamente el
95 por 100 de gente normal, en su mayoría hombres entre dieci
nueve y treinta y cinco años, y creían que el principal impulso que
les determina a comprar es la curiosidad, que según ellos pronto
queda saciada. Aceptaban estos jóvenes economistas que las palabras
ejercían cierto efecto sobre la conducta, pero creían que la libertad
de palabra debe constituir un principio absoluto, incluso si la vio
lencia o el racismo estaban involucrados.

Nos encontramos aquí con un fenómeno que nos acerca, desde el


punto de vista de su estudio sociológico, al problema de las drogas.
La creación de adictos aumenta el negocio y el gran esfuerzo se
realiza sobre la juventud más precoz e incluso sobre los niños, con
la pretensión de tener un amplio mercado entre las futuras genera-
„ ciones.

EL INFORME NORTEAMERICANO

En América la preocupación por los progresos de la pornografía


se concretó en la creación de la Comisión Norteamericana sobre Obs-

196
cenidad y Pornografía, que desarrolló su trabajo entre los años 1969-
1970, cuyos resultados fueron dados a conocer en septiembre del 70.
En el seno de la Comisión fue imposible conseguir la unanimidad,
provocándose un conflicto total entre lá mayoría y la minoría.
La mayoría hizo la presentación del informe y la minoría se re
servó el emitir sus puntos de vista y su posición particular. El 13 de
octubre fue rechazado el informe por el Senado casi por unanimidad,
manifestando que la Comisión no había logrado satisfacer el manda
to del Congreso, estimando que las recomendaciones no estaban
avaladas por los testimonios que aportaba y consideró la Comisión.
Unos días después el presidente de los Estados Unidos repudió con
indignación, en palabras que podemos transcribir casi literalmente:
"He evaluado este informe y rechazo categóricamente sus conclusio
nes moralmente equivocadas y las recomendaciones que aporta la
mayoría. La Comisión sostiene que la proliferación de libros y obras
inmundas no ejerce un efecto perdurable en el carácter del hombre.
Si esto es cierto, también lo debe ser que los grandes libros, las gran
des pinturas y las grandes obras no ejercen un efecto ennoblecedor
en la conducta del hombre: siglos de civilización y diez minutos de
sentido común nos dirán lo contrario". Y concluye: "La Comisión
sobre Pornografía y Obscenidad ha realizado un pobre servicio y re
chazo totalmente su informe". Después de más de una década del
informe aludido continúa el debate sobre los efectos de la pomo-
grafía en el comportamiento de los hombres y especialmente, en los
últimos tiempos, en su actitud hacia la mujer, con la presencia cre
ciente de la delincuencia sexual concretada de manera muy parti
cular en los frecuentes actos de ataque y violación, conseguida esta
última bien en solitario bajo amenaza o de manera colectiva en
forma de pandillas juveniles agresoras.
La mayoría de la Comisión americana afirmaba que los estudios
experimentales y de investigación no aclaran suficientemente que la
exposición de materiales eróticos tenga un claro efecto en la actitud
de las personas respecto a la sexualidad y a la moral sexual. Esta
mayoría recomendaba que las legislaciones federal, estatal y local no
debían interferir en el derecho de los adultos a leer, obtener o ver
material sexual explícito. Por el contrario, recomendaba que se
legislara sobre la venta de material sexual a jóvenes que no cuenten
con el consentimiento de sus padres y que la legislación proteja tam
bién a las personas que se les impone material sexual sin su consen-

197
timiento a través del correo o de la exposición pública abierta. La
Comisión incurría en varias contradicciones al opinar que los padres
deben tener la libertad de llegar a sus propias conclusiones con res
pecto a la conveniencia de materiales sexuales explícitos para sus
hijos y que es lógico que la legislación a3nide a los padres a contro
lar el acceso a ellos de tales materiales durante el período formativo.
Las recomendaciones anteriormente citadas de la mayoría de la
Comisión fueron contestadas por el informe de la minoría principal,
constituida por más de treinta miembros, firmando en primer lugar
Morton Hill, sacerdote jesüita, y W. C. Link. A ellos se unió Charles
Keating, que publicó por su cuenta un extenso documento en que
se ponía de manifiesto claramente la existencia de daños ocasionados
por la pornografía. La minoría continuó su acción y los tres miem
bros citados solicitaron que el Dr. Víctor Cline, destacado psicólogo
social, evaluara los descubrimientos de la Comisión. Este afirmó, de
salida, que los dos motivos principales a favor de las leyes que con
trolan la obscenidad y la pornografía son: a) las consecuencias po-
tencialmente dañinas o adversas del material sexual explícito, y b) la
ofensa a la moralidad o gusto público. Los innovadores que preten
den cambios absolutos de costumbres y leyes sociales deben justifi
carlos convenientemente y sobre ellos debe caer la "carga de la
prueba" de no producir daños ni resultados adversos. En consecuen
cia, critica a la Comisión por recomendar cambios absolutos en las
costumbres sin tener pruebas convincentes de que "no hay daño".
No cree que alguien pueda demostrar alguna vez de modo conclu-
yente que exista una relación causal entre pornografía y delitos se
xuales, pero en todo caso los planteamientos tienen que hacerse
sobre bases socio-culturales y estadísticas mucho más amplias y con
un análisis factorial mucho más complejo que el planteado por la
Comisión, la cual seleccionó parcialmente los materiales convenien
tes a sus tesis y omitió interesantes descubrimientos que podían apor
tar mayor luz para adoptar unas conclusiones responsables. Poco se
decía, por ejemplo, acerca de la relación entre pornografía y violen
cia y no se presentaban estudios sobre un problema tan importante
como es el del aprendizaje por imitación.
Entre las acusaciones que se lanzaron contra la Comisión estaba
la de no haber destacado las investigaciones realizadas por Propper
(1970) sobre la incidencia de los materiales sexuales en un grupo de
hombres delincuentes de un reformatorio, en donde se descubrió una

198
estrecha relación entre la exposición aguda a la pornografía y la con
ducta sexualmente promiscua y desviatoria a edades muy tempranas,
al igual que una afiliación a grupos de iguales dedicados a la activi-'
dad criminal y proclives o practicantes a determinados tipos de des
viación sexual. Claro que Yaffé, que representó dentro del estudio
de Longford una actitud independiente y neutral, con su cautela ha
bitual apostilla que no es posible afirmar, a partir de los datos obte
nidos, qué cosa surgió primero si la conducta desviada o el interés
por el estímulo sexual.

Tampoco fueron destacadas las investigaciones de Davis y Baucht,


que analizaron el impacto de los estímulos sexuales sobre el carácter
moral e interpersonal y las desviaciones sexuales de siete grupos dis
tintos, incluidos presos, universitarios y estudiantes de religión. Sus
resultados les llevaron a la conclusión de que la exposición a la
pornografía es el augurio más poderoso de desviación sexual entre
los sujetos que son expuestos a ella a edades muy tempranas y que
ello no estaba relacionado con el hecho de tener amigos desviados:
Cline afirma que este descubrimiento implica la existencia de ver
daderos peligros en el hecho de exponer a los niños y jóvenes ado
lescentes a grandes cantidades de pornografía que puede afectar y
estimular la actividad sexual precoz y la conducta sexual desviada.

Otros estudios merecen ser recordados, puesto que tienen bas


tante significación aunque siempre dentro de la limitación que im
pone el hecho de que la mayor parte no presenta un planteamiento
estadístico correcto para obtener resultados significativos, bien por
la limitación numérica del universo utilizado, bien por la escasa deli
mitación de factores muy complejos que requieren un análisis más
profundo para destacar la constelación que constituye la trama situa-
cional de los grupos sometidos a observación. El hecho es que, por
ejemplo, Mosche y Katz, que estudiaron la agresividad masculina ha
cia la rnujer, concluyeron que "evidentemente todos los datos apo
yan el supuesto de que la agresividad hacia la mujer aumenta cuando
esta agresividad contribuye a asegurar la estimulación sexual a través
de la visión de material pornográfico".

Goldstein realizó también estudios sobre la exposición a la'por


nografía y su relación con las actividades sexuales de delincuentes
y otros grupos, descubriendo que los violadores eran el grupo que
indicaba la mayor excitación en las tasas de masturbación a través

199
de la pornografía, tanto en los adultos (8 por 100) como en los
adolescentes (90 por 100). El 80 pi r 100 de 1 'S violadores informaron
que deseaban realizar el acto que habían p ísenciado o visto en el
material pornográfico expuesto a ellos. Igualmente por otros inves
tigadores se han descubierto tasas significa(ivamente más altas de
actividad sexual entre los delincuentes sexuales después de la expo
sición a materiales pornográfi:;os.

Finalmente, antes de terminar nuestras referencias a los informes


de la Comisión norteamericana, tanto en su mayoría como en su
minoría, queremos exponer la opinión de Keating, que fue el único
miembro de la Comisión designado por el presidente Nixon, el cual
atribuía una parcialidad inicial al presidente de la Comisión. Su punto
de vista es el siguiente: "La pornografía no está solamente asociada
en un sentido histórico con la prostitución, sino que realmente es
una forma de prostitución porque anuncia y apoya al sexo para la
venta: suministra el placer por un precio. El impulso sexual sirve
al individuo y al bien común sólo cuando es creativo, cuando tiende
hacia el amor y la vida. Cuando sólo sirve a si" mismo se convierte
en una perversión, realmente en un fuerza social destructiva y por
último destructora de todo amor y vida".

NUEVAS POSICIONES Y EXPERIENCIAS

Antes de ocuparnos de los hechos decisivos que movilizaron la


opinión pública inglesa y que culminaron con la constitución del gru
po que elaboró el Informe Longford, queremos hacer notar que han
continuado de manera muy intensa los estudios empíricos acerca de
los posibles efectos de la pornografía, pero con un matiz importante
que abre nuevos campos de discusión y de expectativas sociológicas,
al incorporarse gran parte del mundo feminista al movimiento anti
pornográfico por considerar que los materiales que se exponen reba
jan la dignidad de la mujer y son la resultante de un machismo resi
dual. Así, por ejemplo, la cumbre feminista que tuvo lugar en París
en 1976, redactó un manifiesto contra las violaciones en el que se
afirmaba que la violación era algo que pertenecía al ambiente gene
ral como expresión de la violencia que una sociedad patriarcal ejerce
contra la mujer. Es un hecho real que el número de violaciones ha
ascendido de manera impresionante. De ello tenemos ejemplo en la
reciente escalada que se produce en nuestro país. Pero no todo de-

200
pende de la estructura de una sociedad patriarcal, cuando cierta
mente ésta sociedad es la que ha sufrido una transformación pro
funda y es coincidente con la liberalización de las costumbres y la
liberación y emancipación de la mujer, cuando se produce el sorpren
dente fenómeno de la existencia de grupos o de individuos que las
atropellan, a veces sin piedad, no sólo en el aspecto sexual sino con
ataques crueles a su integridad física y a su vida.

En 1979 se funda en Nueva York una organización denominada


"Women Against Pornography", que intenta educar a la gente acer
ca de los efectos peligrosos de las imágenes pornográficas de la mu
jer y trata de animar por todos sus medios a ejercer un boicot contra
los materiales pornográficos. Algunos miembros destacados del gru
po, tales como Dworkin en 1981, equiparan pornografía con rapto
y violación, considerando ambos como tácticas masculinas para ex
presar y animar ideológicamente la hostilidad hacia la mujer. En el
mismo sentido se expresa Brown-Miller en su famoso libro "Against
our Will", un bestseller de hace cinco o seis años. Sin embargo, en
su lucha contra la pornografía, siendo muy explícita en su oposición
a ella, mantiene siempre el temor de dónde se debe establecer la línea
que separa lo que se considera obsceno del simple erotismo litera
rio, que podría abrir el camino hacia un dogmatismo capaz de su
primir determinadas formas de expresión.

Existe una revisión de muchos de los trabajos realizados en los


últimos años, en los que se estudia las relaciones entre la exposición
a la pornografía y la agresión a la mujer en una reciente publicación
de Susan H. Gray, especialmente dirigida a este problema, poniendo
de relieve las dos actitudes típicas que aparecen y se contradicen en
la mayor parte de los países: los que creen que la pornografía con
duce a la violencia y apoyan acciones claras para reducir su mercado
y aquellos otros más suspicaces que temen cualquier tipo de medida
que pueda afectar a la libertad de palabra o de prensa.
Algunos autores, como por ejemplo English (1980), contemplan
el debate sobre la pornografía como un conflicto entre dos tenden
cias psicosociales: el conductismo y el psicoanálisis. El conductismo
sugiere que los papeles sociales son aprendidos y que la pornografía
enseña a los hombres a no ser violentos hacia la mujer. El psicoaná
lisis sugiere que la pornografía no puede cambiar nuestra naturaleza
sexual fundamental, pero que sin embargo puede ayudar a resolver

201
conflictos internos proporcionando medios de relajar la violencia ha
cia la mujer sin la agresión abierta. Estas diferencias de criterio que
se enlazan con diferencias ideológicas, han impulsado en gran medi
da las nuevas investigaciones empíricas que pretenden actuar de so
porte para concluir la posibilidad o no de que la pornografía ocasione
daños a las personas expuestas a ella. El grupo de mujeres contra
la pornografía cataloga materiales que describen violencia hacia la
mujer y ha incluido en esta categoría algunas revistas de modas muy
difundidas, como por ejemplo "Vogue", luchando porque se discon
tinúe determinada propaganda.
Malamuth y Spinner analizan el contenido de fotografías y dibu
jos en "Play Boy" y "Penthouse" desde 1973 a 1977, encontrando
que las representaciones de violencia contra la mujer se han ido in
crementando en ambas revistas, aunque nunca han excedido al 10
por 100 de los comics y al 5 por 100 del resto de material gráfico.
Según los citados autores, la violencia sexual estaba representada por
escenas donde se describía sadomasoquismo que ellos consideran
puede tener lugar entre adultos consintientes y no necesariamente
para explotación o violencia contra la mujer. Por otra parte, Dia-
mond (1980) sugiere que la violencia creciente en pornografía repre
senta una respuesta patriarcal al incremento en el poder social de
la mujer.
Otros estudios realizados en publicaciones que aparecen con la
advertencia "solamente para adultos", encuentran temas violentos en
alrededor de un tercio de 428 libros revisados. La violencia no siem
pre era de orden físico sino que utilizaba en muchos casos la coerción
mental y el chantaje, cometido usualmente contra mujeres. Típica
mente la mujer fue forzada a participar en un acto sexual inicial-
mente no querido y comenzaba por protestar y resistirse, pero ter
minaba por desatarse su pasión sexual y desear nuevos actos. En ca-
settes y otros materiales pornográficos donde se relatan o escuchan,
o en filmes donde se contempla el forzamiento de una mujer que al
final es seducida por el orgasmo, constituye un material que parece
proporcionar la máxima excitabilidad en varones sometidos a esta
experiencia, pero sin embargo no se ha conseguido asociar con ulte
riores casos de violación ni con cambios fundamentales en la con
ducta.

La estructura temperamental, las circunstancias y el talante con


que; se reciben las excitaciones parecen tener importancia. Aunque

202
están muy en sus comienzos y sin demasiada corrección metodológica,
se han realizado varios estudios en los que parece elevarse el nivel
de agresión en hombres previamente irritados o coléricos cuando se
les expone a materiales de pornografía dura que no produce ni au
menta la agresividad en hombres no encolerizados. Esto nos indica
que hay unos aspectos subjetivos en la respuesta a la pornografía.
La exposición a la violencia sin contenido sexual puede igualmente
desencadenar o facilitar la expresión de una cólera latente. Los resul
tados son muy contradictorios, y así Barón y Bell encuentran que
la agresión en hombres encolerizados puede también ser inhibida
después de la exposición a pornografía fuertemente excitante, aun
que señalan que no es una cuestión de si la pornografía es dura o
blanda, sino de si en ella se incluyen algunos aspectos de ternura
que es inhibidora de la agresión o, por el contrario, si se manifiestan
fenómenos de impulsividad salvaje que la desencadena. También se
sugiere que los hombres pueden ser distraídos de su cólera y agre
sión por estimulación sexual.

Todas estas experiencias tienen el inconveniente, para ser real


mente significativas, que la observación se realiza siempre en un pla
zo corto. Hacen falta unos planteamientos que permitan el segui
miento de poblaciones a largo plazo y de este tipo de experiencias
no conocemos más que débiles tanteos. También debe ser tenido
presente que existe una deformación en la selección de poblaciones
sometidas a experiencias, ya que hasta la fecha han sido realizadas
sobre estudiantes de ambos sexos en los cuales influyen una serie
de condicionamientos entre los que tiene significación el concepto
mutuo y el tipo de relación que mantengan. Esto parece manifes
tarse con más intensidad en lo que afecta al mundo femenino.

El sistema de excitaciones eléctricas capaces de producir daños


a otra persona, relacionándolo con la exposición de materiales por
nográficos, ha sido un método de estudio que arroja alguna luz so
bre la mezcla de hostilidad y atracción a las que se incorporan y ma
nifiestan a veces sentimientos de venganza cuando las excitaciones
eléctricas se intercambian con la exhibición de materiales sexuales
explícitos unidos a la violencia y agresión.

La violencia tiene infinidad de variedades: se puede dirigir con


tra individuos o colectividades o volverse contra sí mismo, como en
el caso del suicidio. Es una manifestación de la agresividad que forma

203
parte de la naturaleza humana, en la que existen impulsos agresivos
manifestados de las formas más variadas.

En el mundo biológico los trabajos de Lorenz, tan bien interpre


tados en España al aplicarlos al hombre por Rof Carballo, demues
tran la inhibición de la violencia en determinados períodos de la acti
vidad sexual frente a la hembra, en la que se pueden combinar fases
de apaciguamiento y de agresividad que se ponen de manifiesto no
sólo frente a posibles rivales sino a la deseada y no conseguida pa
reja. Se producen actitudes de aniñamiento o de ternura en el apaci
guamiento de la agresividad. Acabamos de aludir a la posibilidad
de una inhibición de la violencia en determinados momentos por la
contemplación de materiales pornográficos, si bien no es lo más fre
cuente y sí lo es que la inhibición se produzca por cualquier matiz
en el que aparezcan sentimientos de ternura. Al entremezclarse estas
actitudes es posible que la ternura pueda súbitamente desaparecer
en las relaciones amistosas o incluso en el amor que se nos aparece
como más entrañable, dando paso a una agresividad desinhibida y en
consecuencia a una violencia insospechada. Rof nos dice que todo
buen conocedor del alma humana sabe que aunque de manera con
tradictoria existe una perenne asociación del amor con su contrario,
"agazapada siempre, escondida en lo más hondo, pervive la agresivi
dad junto al amor". En la estructura central de la psiquis humana,
que es el "yo", coexisten impulsos agresivos e impulsos amorosos
amalgamados y neutralizados y esto se manifiesta más brutalmente
cuando el amor es rebajado a pura relación sexual biológica y a con
vertir al hombre en la tan comentada "máquina de placer".
La agresión forma parte indisoluble de nuestro mundo emocional
unida por ciertos hilos secretos que la enlazan con el amor o con la
simple atracción sexual, acusándose de forma más notoria cuando
ésta se degrada y animaliza. En una personalidad en equilibrio ello
contribuye a comportamientos muy normalizados, pero si este equi
librio es roto por circunstancias internas o extemas, o más proba
blemente por la concurrencia de ambas, se pueden producir de ma
nera oculta o manifiesta tipos de comportamiento en los que aparece
una mayor capacidad de repercutir una esfera en la otra.

El erotismo intenso, convertido en un patológico deseo de con


templar el sufrimiento de lo deseado, o, a la inversa, el aumento del
deseo y de la excitación sexual por la contemplación de escarias de

204
agresividad y violencia en las relaciones de pareja, son fenómenos
que pueden aparecer levemente en relaciones muy normalizadas, pero
su exaltación conduce fácilmente a fuertes reacciones de tipo sado-
masoquista o a comportamientos pervertidos o depravados en los que
se degradan las relaciones interhumanas y se llega a producir, más
allá de ellas, fenómenos de bestialidad.

Desde Freud hasta nuestros días se ha desarrollado un conoci


miento más profundo del mundo subconsciente y emocional, donde
conviven sentimientos de amor y de odio —Eros y Tanatos—, en el
cual fluyen corrientes de intercomunicación que condicionan actitu
des y acciones, en las que el apetito sexual puede acabar despertan
do una agresividad violenta ante el objeto capaz de satisfacerlo, o a
la inversa. La representación de la violencia puede conducir, como
ya se ha dicho, a una excitación sexual. La neurofisiología nos ha
ilustrado mucho, desde el punto de vista biológico, acerca de la
intercomunicación de determinadas zonas del palencéfalo. Desde el
punto de vista psicoanalítico, Freud, al publicar "Más allá del prin
cipio del placer", equipara el impulso a la violencia con la tendencia
destructiva. Gran número de feministas modernas tienen más en
cuenta los esquemas adlerianos de voluntad de poderío y domina
ción: la agresividad primaria, que tendría como objeto importante
la dominación y humillación de la mujer. Este instinto aparecería
condicionado a las características culturales. En este sentido, la mu
jer necesitaría ser redimida de la pornografía que la utiliza simple
mente como objeto despersonalizado.
Se ha sugerido recientemente que la cólera y la agresividad son
un problema social superior al que plantea la pornografía, aunque
actualmente suelen estar influidas la una en la otra. La agresividad
es más peligrosa en aquellos hombres incapaces de distiguir en sus
relaciones con la mujer la agresión, el deseo de satisfacción y el in
tento de control social sobre ella. La sociedad ha de localizar las
fuentes de donde provienen estos impulsos y su compleja interrela-
ción para intentar un control más profundo de sus impulsos instin
tivos. Desde un punto de vista realista no es fácil eliminar con me
didas legales ni la pornografía ni las fuentes de agresividad del hom
bre hacia la mujer. La secreta lucha de los sexos continúa en la cul
tura occidental, en la que se tiende a establecer unas relaciones de
poder que afortunadamente no siempre se traducen en relaciones de
violencia.

205
La relación entre sexo y cólera es importante y en ella se descu
bren distintas modalidades. Los estudios de laboratorio sobre por
nografía y agresividad en hombres coléricos han demostrado reac
ciones especiales con mayor o menor vulnerabilidad a los excitantes.
Pero esta cólera puede presentar características diferentes según que
se manifieste ocasionalmente o de manera crónica en hombres per
turbados que pueden estimular comportamientos socialmente des
tructivos, planteándonos problemas complejos que requieren profun
dos estudios psicoanalíticos. Sería interesante resolver si este tipo
de coléricos profundos, más o menos contenidos, son los que dan un
contingente más alto entre los que atacan a la mujer, cuando su
agresividad superficial es estimulada por la pornografía o por cual
quier acontecimiento de la vida diaria. Las estimulaciones de labo
ratorio podrían ayudar a los coléricos profundos para hacerles tomar
conciencia de sus sentimientos. Sabemos que por otra parte se ha
argumentado que en determinados consumidores de pornografía ésta
actúa como un instrumento catártico capaz de descargar momentá
neamente impulsos agresivos, pero parece ser que también puede
despertar una actitud de agresión hacia la mujer.

Está claro que la pornografía en los coléricos profundos puede


llegar a ser más peligrosa de lo que imaginamos. En este sentido con
sideramos la importancia que han de tener los estudios psicoanalíti
cos para el enjuiciamiento de la inocuidad o peligrosidad de la por
nografía en los adultos. En cuanto a los niños parece haber una
considerable unanimidad que constituye algo deformante en su men
talidad. Esto está relacionado con el problema de la educación sexual
de la infancia en la que se pueden cometer verdaderos disparates, ya
que requiere un tipo de conocimientos psicológicos profundos y de
especial sensibilidad y respeto, difícil de controlar cuando trata de
generalizarse en escuelas y en centros de enseñanza infantil.

Los consumidores de pornografía son descritos con muy distintos


caracteres por los diferentes autores. En ello no vamos a entrar, pero
en algunas publicaciones americanas nos indican que un porcentaje
muy alto está constituido por hombres casados de clase media y con
sumidores al mismo tiempo en alto grado de la televisión. Se ha
sugerido la preparación de materiales pornográficos más en línea con
los valores femeninos y humanistas, en donde no fuera manipulado
el sexo o usado como objeto la mujer tal y como sucede con la por
nografía convencional. También se ha propuesto una pornografía me-

206
nos falocéntrica para consumo femenino. Faust, en 1980, ha decla
rado que las mujeres tienen su propio género pornográfico en ficcio
nes románticas y escapistas cuyas heroínas son a menudo alternati
vamente violadas y seducidas. Contra ello se manifiesta la Brown-
Miller, que por otra parte insiste que esto no puede ser el equiva
lente femenino de la pornografía inventada por los hombres. En el
pensamiento de esta autora, la pornografía como dominación y el
escapismo en ficciones románticas es un ejercicio de masoquismo
y contrario a los valores humanistas y feministas. El contenido de
la pornografía puede ser cambiado si se implican en su producción
este tipo de valores, creando un nuevo mercado entre consumidores
feministas y humanistas, aunque siempre existiría una demanda so
bre la pornografía actual que tendría el suyo.
Al aumentar la violencia en los medios de comunicación se ha
hecho más violenta también la exposición pornográfica y está aumen
tando al mismo tiempo la exposición al sexo en la vida real. Deter
minadas manifestaciones pornográficas pueden siempre evocar acti
tudes coléricas y agresivas. Los psicoanalistas, sin embargo, plantean
que una cierta cantidad de frustración y cólera son necesarias para
crear una identidad del "ego". Algunas formas o expresiones norma
les de la sexualidad, cuando la frustración y las actitudes coléricas
no están resueltas, producen violencia hacia la mujer y la preocu
pación actual se dirige hacia el estudio de los mecanismos culturales
en virtud de los cuales se encuentren formas aceptables de resolver
la cólera con una mejor comunicación en las relaciones interperso
nales.

Las observaciones que preceden son una extraña mezcla de inten


tos de investigación empírica y de opiniones personales en las que
jamás se llega a conclusiones clarificadoras que puedan servir de
base para tomar una actitud decisiva frente al problema de la porno
grafía en general. Ello es debido en gran parte a que en casi todos
los estudios han sido orilladas referencias a un tipo determinado de
moral y de respeto a la intimidad humana, cuya sola violación es ya
de por sí un motivo de rechazo. El empirismo de las observaciones
ulteriores es la resultante del modelo de informe de la Comisión ame
ricana, cuyas directivas han persistido en investigaciones posteriores,
impregnando gran parte de los intentos realizados en Inglaterra. Me-

207
rece la pena que dirijamos ahora nuestra atención a este país, toman
do como base el hecho de la inquietud despertada en él sobre este
problema que adquirió presencia pública a partir de la década de
los 60, creándose progresivamente el ambiente que recoge en los
años 70 el Informe Longford.
En abril de 1971 el citado miembro de la Cámara de los Lores,
hombre de grandes preocupaciones sociales, provocó un debate en
el que se encendieron discusiones de gran amplitud sobre el tema
de la pornografía que había adquirido dimensiones escandalosas, a
juicio de las personas de buen sentido, tratando de poner coto a los
excesos a que estaba llegando una sociedad cínica y bastante paga
nizada.

En el transcurso del citado debate. Lord Longford anunció que


él y un grupo de personas preocupadas por el tema pensaban realizar
una investigación voluntaria sobre la cuestión, con ánimo de conse
guir algunos resultados esclarecedores de la actitud de diversos sec
tores sociales frente a este tema.

La presentación en Nueva York y Londres de ¡Oh, Calcuta!, que


a pesar de su dureza fue conceptuada por su productor con la be
nigna frase de que se trataba de "una forma de erotismo elegante",
produjo un gran revuelo en los medios publicitarios, ya que presen
taba el espectáculo con la exhibición de todos los actores en desnudo
absoluto con la simulación o aparente realización en escena del acto
sexual. Se estimó por una gran mayoría calificada que el espectáculo
sobrepasaba los límites de todo lo públicamente tolerable, conside
rándolo dañino para el bienestar de la sociedad y escaso de valores
puramente artísticos.

Con este motivo salió a la luz pública y adquirió actualidad el


problema de las fuertes presiones y del chantaje que se ejercía en
ciertos locales y organizaciones de espectáculos, con objeto de per
suadir a los actores y actrices para que participaran obligatoriamente
en escenas orgiásticas y exhibicionistas. Ello dio lugar a que se levan
taran grandes protestas y se forzara a llegar a acuerdos en virtud
de los cuales se establecía una cláusula de renuncia a escenas inacep
tables, considerando como tales los actos sexuales y la desnudez en
el escenario.

La traducción al inglés del "Libro rojo de los escolares" y la pe


lícula del Dr. Martin Colé, "Growing Up", que aparecieron a prin-

208
cipios de 1971, produjeron un fuerte impacto y una toma de con
ciencia por parte del público sobre las presiones perjudiciales y da
ñinas a las que se pretendía someter a los jóvenes.
No olvidemos que en España se ha pretendido introducir por al
gunos sectores destacados de la política el Libro Rojo y el citado
filme como elementos de educación sexual de los niños y que toda
cautela debe ser tomada frente a los proyectos que se puedan oponer
al mantenimiento de la privatización de un importante sector de la
enseñanza, para que no pueda repetirse en nuestro país lo que en
Inglaterra donde algunos padres fueron multados por retirar a sus
hijos de la enseñanza obligatoria de educación sexual, dado el tipo
claramente pornográfico que presentaba en algunos centros de ense
ñanza. El Libro Rojo de los escolares sostiene, entre otras cosas,
que los niños deben leer pornografía como distracción y exigir que
a determinados niveles los anticonceptivos puedan llegar a ser ven
didos en las escuelas.

La reacción a estos excesos fue grande. En distintos sectores cun


dió la alarma ante la osadía con que se atropellaban principios y con
venciones estimados como muy respetables, con una clara pretensión
de lanzar un desafío a la moral pública en uso.

Un joven matrimonio, Janet y Peter Hill, fueron protagonistas


importantes para promocionar un movimiento a gran escala deno
minado "Festival Nacional de la Luz", mediante el cual se promo-
cionó la creación de grupos activos que realizaron un gran esfuerzo
para poner coto a los que, según ellos, al animalizar el amor y en
consecuencia al hombre, pretendían en realidad la destrucción de
la vida familiar.

El 25 de septiembre de 1971 se reunieron 35.000 personas en Tra-


falgar Square para celebrar una gran manifestación del Festival Na
cional de la Luz. En ésta como en muchas otras manifestaciones ce
lebradas en distintas capitales, se integraron miembros de creencias
religiosas diferentes y representaciones de las más variadas clases
sociales.

La reacción contra los progresos de la pornografía animó la acti


vidad y la decisión de las personas que se integraron en el grupo
Longford para proseguir en sus estudios y encuestas. Este grupo re
cibió fuertes ataques de distintos sectores y tuvo que defenderse

209
repetidamente de los que pretendían configurarlo como un grupo
parcial que intentaba una manipulación. Pero los ataques se estre
llaron cuando pudo demostrar que lo integraban personas muy diver
sas desde el punto de vista político o religioso, independientes y res
ponsables.

Se pusó de manifiesto que su objetivo consistía en descubrir los


medios de abordar el problema de la pornografía para atraer el apoyo
general dentro de la máxima libertad de decisión al abordar las con
clusiones. El único compromiso que se adquiría al formar parte del
grupo era la aceptación y el reconocimiento de que la pornografi'a
constituye realmente algo que debe ser analizado seriamente. Se pre
guntó a Lord Longford si dirigía una investigación sobre la porno
grafía o una campaña contra la misma, a la que respondió que "él
dirigía una investigación en la medida que se puede dirigir un amplio
Comité, altamente calificado, cuyos miembros poseen criterios per
sonales y un modo independiente de pensar".

En realidad, la parte de investigación del informe utiliza los ma


teriales procedentes del norteamericano, del cual nos hemos ocu
pado y no merece la pena insistir sobre las pequeñas diferencias
entre ambos. Al grupo Longford le atrajo particularmente analizar
la experiencia danesa que, como sabemos, ha sido el caballo de bata
lla entre los partidarios de una sociedad extremadamente permisiva
y los que defienden una continencia mayor en las costumbres.

El Consejo de Arte del Partido Laborista inglés publicó un infor


me sobre obscenidad en 1969 cuando había comenzado a ponerse en
práctica la segunda parte de la reforma danesa (la primera fue apro
bada en 1967). En él se afirma que desde que la pornografía muy
fuerte se hizo legalmente accesible en Dinamarca a precios que in
cluso el más pobre puede permitirse, la incidencia de los crímenes
sexuales ha disminuido en un 25 por 100. Para el Comité de Arte
del Partido Laborista esto representaba una conformidad a sus aspi
raciones. Naturalmente que estos resultados tan simplistas fueron
rechazados inmediatamente por todos los que defendían la necesidad
de un análisis más detenido y específico. Algunos miembros del Co
mité se trasladaron a Copenhague después de unas gestiones oficia
les realizadas a través de los Ministerios de Asuntos Exteriores y de
Justicia. En la visita se incluían conversaciones con personas respon
sables del Instituto de Criminología y con las altas autoridades po-

210
licíacas. En las reuniones intervinieron el obispo católico, el luterano
y eminentes profesores de Derecho y Ciencias Políticas de la Uni
versidad.

Se realizaron dos visitas a los llamados espectáculos "en vivo",


de los cuales el presidente dice textualmente "que se vio impulsado
a retirarse".

Poco antes de este viaje, John Gummer, en un capítulo de su


libro "La sociedad permisiva", había intentado dar a la experiencia
danesa una perspectiva real señalando que un análisis más profundo
ha revelado que la disminución de los crímenes sexuales era más
aparente que real, dado que multitud de actividades y hechos que
anteriormente habían sido ilegales se habían convertido en legales.
La fabricación, venta y publicidad de pornografía, el voyeurismo y
delitos similares fueron abolidos, con lo cual había menos crímenes
en el Derecho escrito y su número, por consiguiente, disminuyó. El
citado autor añade: "Si el robo fuera legal, la tasa de Copenhague
disminuiría aún más".

Otras autoridades informaron que se había producido un cambio


de actitud en mucha gente en virtud de la cual muchas personas co
rrientes que antes se quejaban y formulaban denuncias no lo hacían
ahora incluso de aquellas actividades que permanecían siendo ile
gales.

A través de las enmiendas al Código Penal danés se abolieron las


restricciones tanto a la pornografía escrita como a la venta de mate
riales pornográficos para adultos. Seguía siendo ilegal la imposición
de material obsceno a las personas que no deseaban verlo y su venta
continuaba prohibida a los menores de dieciséis años.

Posteriormente se estableció en Dinamarca una importante cam


paña contra los espectáculos "en vivo" y se hicieron declaraciones
por las autoridades danesas que deseaban extirpar las formas más
agresivas de pornografía comercializada, con objeto de cortar la co
rriente de capitales que acudía hacia el hampa danesa y favorecía su
florecimiento.

En realidad las principales enmiendas de la Ley entraron en vigor


en agosto de 1968 y en julio de 1969. Resulta extraña esta coinci
dencia de producirse el descenso de manera tan inmediata, incluso
en un año que en gran parte había transcurrido sin su aplicación.

211
Esto da más valor a los argumentos y conclusiones establecidos por
Gummer.

Por nuestra parte queremos añadir que ciertamente para el adulto


normalmente constituido existe en multitud de ocasiones una curio
sidad por los materiales pornográficos, pero esta curiosidad se agota
en la mayoría de los casos con cierta rapidez y termina por encon
trarlos cada vez más aburridos, salvo aquellos a los que ya hemos
citado en quienes la utilización de estos materiales se convierte en
una obsesión análoga a la adicción a una droga que sólo sirve para
aumentar la tristeza de su soledad. Cosa muy distinta es cuando
actúa en fases juveniles demasiado precoces, en las que contribuye
a despertar sentimientos lascivos o en aquellos matrimonios jóvenes,
de que nos hablan los norteamericanos, en los que posiblemente exis
ten dificultades para remontar carencias y frustraciones.

PORNOGRAFIA DIFUSA Y AMBIENTE PERMISIVO

Si remontando los problemas concretos de investigación empírica


sobre los efectos de la pornografía nos situamos en un plano superior
para tener una visión más general en la que aparezcan los elementos
de orden sociológico que juegan en este campo, tomamos conciencia
de que la toma de posiciones y las actitudes frente al problema se
agrupan y condicionan por dos órdenes de hechos: a) las presiones
de determinados intereses económicos y políticos, y b) la defensa,
a veces obsesiva, de la libertad de expresión y de creación.
Cuando hablamos de intereses económicos no nos referimos ex
clusivamente a los de las industrias dedicadas de manera específica
a la producción y comercio de materiales sexuales explícitos, sino
que comprende también de manera relevante las producciones cine
matográficas o televisivas y las editoras de libros o publicaciones no
dedicados especialmente al mundo de la pornografía.
La defensa de la libertad de expresión lleva al terreno equívoco
de hasta qué punto no se ataca a la libertad de otras personas al
someterlas a la aceptación de producciones que hieren su sensibili
dad, situación a la que se llega fácilmente en el caso de las creacio
nes televisivas.

Ahora bien, estos dos aspectos, el económico-político y el de la

212
defensa de la libertad, se desenvuelven dentro del ambiente general
de una sociedad cada vez más permisiva en la que la relativización
de la moral y el escaso consenso de en qué consiste ésta, hace difícil
cualquier invocación a normas limitativas que son consideradas en
principio como sospechosas de- actitudes represivas y retrógradas,
contra las que se lanzan las acusaciones más despectivas de repre
sentar un intento de censura inspirada en la gazmoñería hipócrita
evocadora de la época victoriana.

Claro que merced al asedio mental a que nos somete la porno


grafía en sus formas más infiltradas en la vida diaria y al cientificismo
extrapolado a que ha llegado la divulgación de la sexología moderna,
estamos consiguiendo —como dice David Holbrook— producir un
tipo de objetalidad del sexo que tiende a introducir en nuestra mente
elementos esquizoides, enseñando a practicar el sexo sin sentimientos
y a diferencia del impulso Victoriano de vivir el amor sin sexo, la
gente busca hoy vivir el sexo sin amor. Esta separación entre sexo
y persona es una peligrosa disociación esquizoide de la afectividad
en la pareja con tendencia a cosificar al otro, llegando por este ca
mino a aberraciones increíbles.

A propósito del problema de la libertad de expresión y de crea


ción, es interesante reproducir una frase de John Montgomerie, pre
sidente del Consejo de Arte del Partido Laborista británico, que en
sus observaciones al Informe Longford quiso expresar su punto de
vista completamente receloso a cualquier modificación de la ley que
pudiera convertirse en un tipo de censura permanente. Sin embargo
reconocía que la libertad de cada uno termina donde empieza la de
otro y en consecuencia era necesario aceptar "la libertad de la no
pornografía", es decir, el derecho de que no sea expuesto en público
o en el buzón de la correspondencia privada, sin ser solicitados, ma
teriales que puedan ofender a determinadas sensibilidades. Creo, sin
embargo, que al mismo tiempo que se protege esta libertad de la
no pornografía, es necesario hacer esfuerzos positivos que incluyan
el intento de comprender por qué algunas personas parecen necesitar
la pornografía dentro de vidas aparentemente ordenadas y corrientes
y porqué la juventud rebelde cree que puede arreglar el mundo ala
bando las obscenidades.

En lo que se refiere a la necesidad de la pornografía en personas


adultas, ya hemos hablado antes que generalmente se trata de gente

213
solitaria más o menos obsesiva sobre fantasías sexuales que no co
rresponden a una normal plenitud del sexo, incluidas aquellas pa
rejas que parecen necesitarla para mantener vivas unas relaciones
sexuales posiblemente muy débiles.

Por otra parte, cuando el autor antes citado habla de la juventud


rebelde, creo que confunde dos fenómenos distintos, ya que en sus
manifestaciones de rebeldía no es uniforme ni responde a los mismos
principios y expectativas. La coincidencia de fechas entre el movi
miento hippy y el auge de la pornografía en los años 60 puede ha
cer confundirlos, pero aunque se influyen mutuamente y son coetá
neos tienen raíces distintas.

El movimiento contracultural que surgió en los campus univer


sitarios por los años 50, desarrolló una abundante literatura under-
ground hacia el año 1963, apareciendo como una subcultura juvenil
que rechazaba el orden y los principios de la clase media americana,
con una clara desafiliación de la generación anterior, a la que estiman
responsable de guerras y desastres y en la que predomina, según
ellos, la falsedad y la hipocresía. Pero por los hippies se pretendía
la creación de nuevos valores, de nuevas formas de vida en que si
el instinto aparecía desbordado y se creaban comunidades promis
cuas, una cierta llama mística pretendía encender una lucecita de
esperanza hacia lo trascendente, hacia el espíritu sacralizado y remo
to que animaba o perturbaba su vivir azaroso y minoritario, perdido
entre una sociedad tecnificada a la que consideraban deshumanizada.

Se produjo una juventud descarriada en ciertos aspectos. El sexo


lo practican tan libremente como les es posible, pero se intenta crear
una nueva sensibilidad ejerciendo una acción de denuncia e inten
tando crear una alternativa a la realidad social presente, si bien lo
que se desarrolla en la práctica es un vagabundeo que no se dedica
de manera especial a exhibiciones pornográficas. La pornografía es
otra cosa. Apunta a contribuir de manera importante, más fría y me
nos generosa, a producir un cambio en el cual se destruyen las rela
ciones sociales y se animalicen las sexuales, con ánimo de quitarle
toda estabilidad de sentimientos que hagan frágiles las uniones fa
miliares y se acepte la permisividad sin ningún pensamiento tras
cendente. Esto puede favorecer movimientos ocultos en los que un
tipo determinado de cultura puede degradarse y sucumbir, tal como
acaeció al Imperio Romano hacia la tercera centuria.

214
Creemos que sin perder de vista aquello que podemos considerar
como estrictamente pornográfico, el fenómeno que se muestra con
inás capacidad de perturbar una estabilización moral, introyectando
solapadamente un profundo cambio en la mentalidad y en el compor
tamiento sexual, es la tolerancia creciente de la pornografía no espe
cífica en la vida cotidiana, contribuyendo a ello de manera muy
directa los medios de comunicación de masas y especialmente la
televisión. Esta penetra en los hogares y por consiguiente, a diferen
cia del cine o de otros espectáculos en que cabe la opción de no
asistir, se nos muestra sistemáticamente introducida dentro de la
intimidad y del esparcimiento familiar más idóneo y económico. Se
puede argumentar en contra que la radio o la televisión suelen cla
sificar con determinados signos el orden de aptitud o no idoneidad
para ciertas audiencias, cuando existen niños o adolescentes a los
que se considera peligrosamente influenciables o cuando la exhibi
ción es simplemente desagradable. Pero la realidad es que en la prác
tica esto crea un problema permanente en determinadas fases de la
vida familiar y hay que aceptar que alguna capacidad de inducir
a comportamientos determinados ha de tener la televisión cuando
las industrias y las entidades comerciales emplean recursos muy
importantes en la difusión de productos o marcas.
El problema de controlar la televisión en todos los países es
igualmente grave. En aquellos donde existen posibilidades de tele
visión privada, presenta caracteres muy distintos que en aquellos
otros en que predomina un sentido monopolístico, en los cuales por
muy grande que sea la voluntad pluralista es necesario exigir una
mínima aceptación de normas éticas que sean mayoritariamente com
partidas y al decir mayoritariamente no pretendemos referirnos a
determinadas corrientes políticas sino a la aceptación de aquellas en
las que puedan coincidir las ideas morales o religiosas del mayor
número de personas capaces de someterse a una exigencia mínima
de la estimación de sí mismo, siendo conscientes de cuál es aquello
que degrada al hombre como tal. Para los que aceptan la ética cris
tiana el asunto está claro, pero no hay que olvidar que esto hoy día
está sometido a combates muy fuertes porque determinados grupos
intelectuales hacen presiones para demostrar que estamos alcanzan
do una época post-cristiana en que prácticamente todas las normas
sufrirán cambios profundos.

Esto en gran parte es cierto, pero obliga de manera acuciante

215
a defender la ética cristiana como superior, independientemente de
las creencias religiosas o de los agnosticismos que nos retrotraen a
un mundo pagano sin la posible inocencia que acompañaba a aquél.
En conversaciones mantenidas con la Dirección de la BBC por
miembros del Comité Longford, en las que se discutió alguna pelí
cula concreta a manera de ejemplo, manifestaban que no creían haber
degradado o pervertido a nadie con la película, lamentando solamente
que hubiera personas que disfrutaron menos de ella. El director
consideraba que la BBC no debía participar en el fomento de la mo
ralidad social, puesto que como institución no podía sustentar valo
res absolutos y no consideraba posible definir el concepto de "mo
ralidad colectiva", siendo su deber reflejar las costumbres del país,
aunque, sin embargo, consideraba que habiendo sido formadas las
tradiciones de su país en un mundo cristiano, su mensaje es y debe
ser cristiano. Somos, decía, un modo de transmitir mensajes que
pueden ser morales de acuerdo con el criterio que cada uno de nos
otros (se refería a la Junta de Dirección) como parte de la audiencia
utiliza. "Pero no somos en lo más mínimo un arma moral".

Para terminar queremos declarar que no pretendemos entrar en


cuál sea la realidad española en lo que al problema de la pornografía
se refiere. Sólo queremos recordar que en nuestro país hemos asis
tido a un intenso brote pornográñco en lo que se refiere especial
mente a espectáculos teatrales y lo pongo en pretérito porque la tem
peratura de la audacia creemos que baja en alguna forma por falta
de curiosidad y aburrimiento del público. No obstante, siempre tiene
esto menos trascendencia porque existe la posibilidad de una clasi
ficación rigurosa y la existencia de locales especiales, como igual
mente sucede en el caso del cine con la clasificación "S".

El problema más difícil seguirá siendo la televisión, en la que


hace escasos meses se nos ha proyectado a una hora familiar una
cruda perversión de adolescentes en la que se proyectan minucio
samente los detalles de una violación realizada por un hombre de
color, en la que no se desperdicia ninguna ocasión de proyectar los
planos más ofensivos.

La infiltración, unas veces ruda y desgradable como la del filme


que acabamos de aludir, y otras subliminales y de aceptación pro
gresiva, constituye lo que pensamos es la verdadera pornografía que
contribuye a crear clima favorable para nuevas formas de vida, crean-

216
do el círculo vicioso de más permisividad-más pornografía-más per
misividad, etc., que bajo fórmulas de progreso se trata de crear una
nueva moral que niegue lo que es fundamental al concepto mismo
de ella: las normas que hacen posible el verdadero progreso hacia
valores espirituales superiores que aumenten la capacidad del hom
bre para una convivencia realmente humana y no puramente bioló
gica.

Quisiéramos expresar claramente que no creemos conveniente ni


eficaz medidas represivas o censuras previas, siempre discutibles,
sino simplemente una correcta clasificación que haga posible opcio
nes personales dentro de la mayor libertad. Pero será necesario, para
los que estimamos fundamental una ética cristiana como reguladora
de la vida social, estar vigilantes y defender la verdadera libertad
de que no se atropelle la sensibilidad del prójimo. Posiblemente ello
no será posible sino dentro de un efectivo pluralismo informativo en
los medios de comunicación social y especialmente en la televisión.

217

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