La disforia de género, conocida hace unos años como trastorno de identidad de
género, puede presentarse durante la infancia, adolescencia y etapa adulta
temprana, aunque existe la posibilidad de que inicie en un periodo tardío de la
vida. Se desconoce el origen de esta afección, pero algunos estudios hacen
referencia a la genética y a posibles modificaciones de las hormonas en el útero,
así como a factores ambientales y culturales.
La disforia de género es un profundo malestar psicológico relacionado con la
incongruencia entre la identidad de género de una persona y su sexo asignado al
nacer, que requiere atención y comprensión.
Signos y sintomas
Una notoria diferencia entre la identidad de género interna y las
características sexuales primarias y secundarias.
Deseo de liberarse de las características sexuales primarias y secundarias
debido a una marcada diferencia con la identidad de género interna.
Interés por adquirir las características sexuales primarias y secundarias del
otro género.
Ganas de ser tratado como el otro género o un género alternativo diferente
del biológico.
Convencimiento de que se tienen emociones y características del otro
género.
La disforia de género puede generar discriminación, repudio y burla, afectando
diversos aspectos de la vida, entre ellos, la capacidad de relacionarse y
desempeñarse en la escuela o el trabajo, por miedo a ser juzgados o acosados.
El diagnóstico de disforia de género, basado en una evaluación clínica y
psiquiátrica detallada, es esencial para acceder a tratamientos adecuados y evitar
un incremento en la angustia asociada a esta condición.
Existen diversas opciones de tratamiento para la disforia de género, incluyendo
asesorías personalizadas, terapia hormonal, cirugía de reasignación de género y
apoyo psicosocial, adaptadas a las necesidades individuales para aliviar el
malestar emocional y apoyar la transición.
La persona con disforia emocional requiere apoyo emocional, social y psicológico,
tanto del equipo médico, como de familiares y amigos.