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Los Primeros Dias

Los primeros meses de vida del bebé son críticos para su desarrollo, y es esencial que haya una persona dedicada a su crianza, idealmente el padre, que apoye a la madre en este proceso. La conexión emocional y la atención constante son fundamentales para el bienestar del bebé, ya que su llanto es una forma de comunicación de sus necesidades. La experiencia de una madre que se sintió abrumada ilustra cómo el apoyo emocional puede mejorar la relación entre madre e hijo, permitiendo que ambos se sientan más seguros y comprendidos.

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Los Primeros Dias

Los primeros meses de vida del bebé son críticos para su desarrollo, y es esencial que haya una persona dedicada a su crianza, idealmente el padre, que apoye a la madre en este proceso. La conexión emocional y la atención constante son fundamentales para el bienestar del bebé, ya que su llanto es una forma de comunicación de sus necesidades. La experiencia de una madre que se sintió abrumada ilustra cómo el apoyo emocional puede mejorar la relación entre madre e hijo, permitiendo que ambos se sientan más seguros y comprendidos.

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LOS PRIMEROS DÍAS

(Lisa Miller)

Empezar a conocerse
1 Los primeros tres meses de la vida del niño pueden ser muy duros. Terminé el
capítulo anterior diciendo que con frecuencia la madre se siente perdida, disminuida e
inadecuada. Lo mismo le pasa al niño. O al menos, para ser más precisos, puesto que el
bebé no habla, digamos que el niño se encuentra en un mar de experiencias nuevas. Hay
algunas cosas que son esenciales para el desarrollo del bebé. Sabemos que el bebé
necesita que haya una persona fija que se ocupe de su crianza. No tiene necesariamente
que ser la madre biológica, ni tampoco estoy diciendo que otras personas no vayan a poder
acercarse al niño para ayudar —todo lo contrario, como veremos enseguida—. Lo que digo
es que tiene que haber alguien que durante este tiempo tenga al bebé en el primer lugar
de su lista de prioridades. Enseguida se comprende que esa persona no puede hacerlo todo
ella sola. Si uno va a estar atento a las necesidades del bebé más o menos las veinticuatro
horas del día, va a necesitar con toda probabilidad que alguien lo ayude y que alguien le dé
compañía y apoyo moral. Idealmente, esa compañía será la del padre del niño.

2 En la familia en la que nació John concurrieron toda clase de ayudas a la díada


formada por la madre y el niño. Para empezar, el padre se tomó en el trabajo quince días
de permiso, lo cual fue especialmente importante para esta familia en particular. El parto
no había sido fácil; John necesitó cuidados especiales durante un par de días, y mientras
tanto la madre estaba muy enferma y casi no se acordaba de nada de lo que había pasado
en el parto. Desde el primer momento el padre fue una ayuda esencial para la madre. Él sí
recordaba todos los detalles del parto. Le describía repetidamente a la madre cómo era el
niño, los pequeños sonidos que emitía, cómo se sucedieron los acontecimientos, qué
decían todos aquellos médicos y enfermeras. Compartió con su mujer la ansiedad que les
producía ver la extraña cara aplastada que tenia John y el inmenso alivio que se produjo
cuando quedó claro que John era un niño perfectamente normal.

3 Cuando volvieron a casa, los dos miembros de la pareja estaban orgullosísimos con
su nuevo bebé, su cuna nueva, todo nuevo y, sin embargo, se sentían también inseguros
por no haber asumido aún del todo su papel de padres. Durante la primera semana la
madre se sintió abrumada en distintas ocasiones. Dar el pecho era una lucha: ¿habría que
intercalar algún biberón?, ¿cuánto estaba tomando el niño?, ¿se estaban produciendo
grietas en los pezones? Pensaba que acabaría enterrada bajo una montaña de ropa que
lavar y perdida en el desorden general. En esos días la presencia del padre fue esencial y los
dos juntos hicieron frente a la situación. Hubo veces en que el padre estaba tan
desorientado como la madre, cuando John lloraba tanto antes de una toma como durante
ella o después. A veces intentaba sobreponerse a la situación y calmar a su mujer mientras
preparaba un biberón con cierto aire de superioridad, pero terminaba aún más exasperado
que antes. En general, no obstante, todo fue bien. Esencialmente, el padre hizo posible que

1
la madre pudiera realizar bien su función, y estuvo allí para animar y para ayudar cada vez
que fue necesario.

4 Esta madre tuvo también el apoyo de una mujer de una organización no


gubernamental (la National Childbirth Trust), que presta asistencia después de un
nacimiento, la cual le dio un montón de buenos consejos sobre cómo darle el pecho al
niño. Recibió también ayuda de una vecina amiga, persona paciente, animosa y que
mostraba interés, madre de varios niños. Luego, cuando el padre tuvo que volver al
trabajo, la hermana menor de la madre acudió a acompañarla, y entonces la madre tuvo
por primera vez el placer de ser ella la persona que tenía allí más experiencia y la que
dirigía los cuidados del niño.

5 Por supuesto que muchas madres tienen que arreglárselas con menos, pero es
interesante que en todas las culturas la díada de la madre y el lactante —la díada de la
crianza - es objeto de apoyo y protección. La madre de John pasó una crisis de identidad:
fue como si el nacimiento del niño la hubiera privado de muchas de las cosas que habían
conformado su identidad, y necesitó tiempo para ir adquiriendo una identidad nueva. Esa
crisis es común a muchas mujeres occidentales. La mujer que antes del embarazo ha sido
peluquera o maestra o diseñadora gráfica o lo que quiera que sea, que ha adquirido
competencia en su trabajo y se ha labrado un hueco en la sociedad, se ve ahora lanzada a
ser otra cosa -madre— de la que sabe bien poco y sobre la que tiene que aprenderlo todo
paso a paso.

Los actos esenciales de la crianza: coger al niño y abrazarlo, lavarlo y alimentarlo

6 Visto de un modo simplista, lo que un bebé necesita queda reducido a que se lo


abrace, se lo tenga limpio y se lo alimente. Voy a pasar revista a cada una de esas
necesidades físicas, y sugiero que cada una de ellas tiene su equivalente psicológico o
emocional.

7 Ser cogido en brazos es la primera de las necesidades. No se puede dejar al bebé


solo y que se las arregle por sí mismo. Hay que coger al bebé y llevarlo de un lado a otro.
Hay que ponerlo al pecho y abrigarlo. No cabe ninguna duda de que el bebé tiene miedo a
que se lo deje caer y necesita sentirse bien cogido. Dentro de la matriz estaba sostenido
por todos los lados. Ahora que está fuera necesita que se lo acurruque y que el abrigo que
se le dé se acomode a su forma. Es frecuente que el mismo bebé termine hundiéndose en
el ángulo de las ropas de la cuna como si hubiera buscado una madriguera adaptada a su
tamaño. Lo primero que le hace sentir sus límites corporales -dónde termina lo que es él y
empieza lo que no es él- es la experiencia de sentirse rodeado por los brazos de la madre y
sentir la proximidad del pecho o del biberón.

8 Ser cogido en brazos y sentir un objeto que se le ofrece es la primera experiencia


importante en la vida del bebé. El bebé tiende instintivamente hacia el pezón de la madre,
y el pezón o la tetina del biberón se convierten en el foco de su existencia. Los mayores

2
seguimos necesitando a lo largo de la vida esa misma combinación de factores: una
estructura o marco de referencia en que apoyarnos y un objetivo al que dirigirnos. El bebé
tiene que ir haciéndose a la primera versión de eso; y no es fácil, ni para el bebé ni para la
madre. El bebé necesita que se lo sostenga en brazos en cuerpo y en mente. El gran
pediatra inglés, y psiquiatra de niños, D. W Winnicott, llamaba «preocupación materna
primordial» a ese estado mental en el que necesariamente se halla la madre durante los
primeros días y semanas de la vida del niño. La madre tiene al niño constantemente en
mente. El bebé necesita que sea así. Necesita que la madre esté pensando en él,
esforzándose por comprenderlo, con la mente fija en él. La madre tiene que pensar por él
hasta que él mismo pueda hacerlo. Hoy sabemos que los niños que han sido privados de
esa atención primordial tienen después muchas dificultades para encajar bien en el mundo
y hacerse personas responsables.

9 He aquí un ejemplo muy interesante de un bebé que desarrolló problemas por no


tener debidamente satisfecha su necesidad de ser sostenido en cuerpo y en mente.

10 Cuando Ella [una bebé] contaba unas pocas semanas, la madre tuvo que acudir al
especialista porque la niña estaba tan nerviosa y lloraba tanto que todo el mundo a su
alrededor tenía miedo de que algo grave le estuviera pasando. Lloraba sobre todo de
noche. Ni dormía ni dejaba dormir a su madre. Sus gritos daban miedo, y ni su madre ni
nadie había oído nunca nada semejante. Habían llamado al médico varias veces y la habían
reconocido a fondo en el hospital sin que hubieran podido encontrar ninguna causa física.
La madre contaba todo esto en un tono apagado y desesperado. Decía que creía que no iba
a poder seguir soportando esa situación mucho más tiempo.

11 La madre siguió describiendo todos sus males, y el profesional que la atendía


empezó pronto a darse cuenta de que ella misma, la madre, tenía sus propios problemas.
Era una madre soltera, se llevaba mal con su propia madre y tenía toda clase de
dificultades con el padre de la niña. A medida que el profesional escuchaba se iba sintiendo
abrumado ante la cantidad de problemas que tenía esa madre.

12 Al mismo tiempo el profesional observaba a Ella. Ésta yacía suelta sobre el regazo
de la madre. Cuando lloraba un poco la madre le daba una toma del pecho, pero la niña no
llegaba a hacer una buena mamada. No hacía el ciclo completo de mamar con un principio,
un período sostenido y un final. La madre no la sostenía estrechamente contra ella y la niña
se tenía que colgar del pezón con la boca, ya que era demasiado pequeña para saber
agarrarse con las manos y empujarse con los pies. Toda su fuerza se le iba en tratar de
sostenerse con la boca. Con frecuencia la boca se escurría del pezón y tenía que volver a
empezar.

13 La madre terminó de contar sus desgracias. Todo lo que el profesional pudo hacer
fue simplemente asentir sobre lo deprimida y, más que nada, lo preocupada que se sentía
la mujer. Volvieron a hablar de Ella y comentaron que la niña parecía muy asustada. La
madre se sintió aliviada al oír que la niña podría estar desconcertada y asustada —es decir,

3
que el trastorno podría ser de naturaleza emocional- en vez de estar enferma. Era evidente
que la madre estaba tan inmersa en las preocupaciones que le daban sus propios
problemas, realmente importantes, que no había podido detenerse a pensar en las
preocupaciones de la niña. La madre se marchó con una cita para la semana siguiente, y
fue el profesional quien se quedó con sentimiento de ansiedad y depresión.

14 A pesar de aquello, a la semana siguiente la madre informó que la niña había


mejorado muchísimo, que dormía y se comportaba en general con mucha mayor
tranquilidad. La madre había pensado mucho en la conversación que habían tenido la
semana anterior y ella misma había tenido una idea que, según creía, era la clave de la
mejoría. Dándole vueltas a la cosa en su cabeza se acordó de lo que había oído una vez
acerca de la atención que necesitaban recibir los bebés. Entonces se dio cuenta de que ni
siquiera miraba a la niña mientras le daba de mamar. Desde ese momento decidió cambiar
y tener su mirada puesta en la niña mientras ésta mamaba. El resultado fue que de modo
muy claro la niña se fue sintiendo mejor.

15 Se puede decir que la niña dejó de estar sola con sus sensaciones. Empezó a
sentirse acompañada de una mente pensante. Se sintió arropada y objeto de atención, y
todo empezó a tener más sentido para ella. La madre siguió el consejo de apretar a la niña
firmemente contra ella de vez en cuando, cosa que a los bebés les gusta. Con todo eso la
situación cambió y la niña empezó a tomar el pecho mucho más cómodamente.

16 ¿Cuáles fueron los factores que produjeron el cambio? ¿Dónde estaba el origen del
sufrimiento de la niña y cómo se pudo aliviar ese sufrimiento? Ya se sabe que todos los
recién nacidos lloran y que algunos lloran mucho, pero en lo que quiero insistir es en que el
llanto es, esencialmente, un acto de comunicación. A esta niña se la había dejado en la
situación desesperada del que lan za frenéticas llamadas urgentes de socorro que no llegan
a ninguna parte. Era como si estuviera gritando: «¡Socorro, tengo miedo, socorro!, ¿hay
alguien ahí?» y no hubiera respuesta.

17 Claro está que la madre estaba ahí. Pero no era capaz de mirar a la niña, de pensar
en ella, de comprender qué era lo que la estaba afectando. ¿Y por qué no era capaz?
Probablemente porque ella misma se sentía tan sola, tan carente de apoyo, tan
abandonada que era incapaz de ocuparse de los sentimientos del bebé. De hecho, éstos la
abrumaban. No se sentía en absoluto como un adulto capaz sino como una niña asustada a
la que se le ha dado una responsabilidad que es demasiado grande para ella.

18 El cambio se produjo cuando la madre encontró a alguien que se ocupaba de ella.


Desde el momento en que se halló ante alguien que no se limitaba a oírla sino que la
escuchaba con emoción y simpatía y mostraba interés por la situación desesperada en que
se hallaba, se sintió comprendida. El simple hecho de sentirse un poco comprendida la hizo
sentirse mejor. Con eso consiguió tener suficiente ánimo para comprender al bebé. Cuando
pudo empezar a tener a la niña en su mente y a reflexionar sobre ella, le vino una idea

4
brillante, tan brillante que era exactamente lo que la niña necesitaba. Lo que hizo entonces
la madre sintonizó perfectamente con lo que la niña estaba necesitando.

19 Este ejemplo nos muestra varias cosas importantes. La primera es que las madres
que están criando un bebé necesitan que alguien se ocupe de ellas. La segunda es que, si el
sufrimiento del bebé resulta demasiado agobiante para la persona que lo cría, ésta deja de
responder positivamente. La madre del ejemplo anterior se sentía tan agobiada que le
resultaba demasiado arduo ocuparse del bebé, hasta que llegó alguien que compren dió
que ella misma, la madre, se sentía como un bebé necesitado. Compárese éste con el
ejemplo del apartado anterior, el del bebé de nombre John, en el que el padre y la madre
pudieron darse apoyo mutuamente de modo que, cuando el uno se sentía asustado o
incapaz, el otro se daba cuenta, y podían así actuar juntos como adulto: con sentido
común.

20 En la última historia, la de la niña llamada Ella, hemos visto que se establece un


contacto emocional íntimo entre los padres y el recién nacido. En este período tan
vulnerable, los padres han de estar muy atentos a la influencia que sus mentes ejercen
sobre el bebé y a la que éste ejerce sobre sus mentes. La comunicación entre bebé y madre
(o padre) es una comunicación no verbal pero muy intensa. Una vez que la madre de Ella se
abrió a la comunicación con la niña, ésta no tenía necesidad de decir con palabras
«¡mírame!» para que su llamada fuera comprendida.

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