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Te Deum (A Ti Dios) ,: La Patria, Don y Tarea en El Bicentenario

En la homilía del Obispo de Rafaela, se reflexiona sobre la importancia de la gratitud y la memoria en la celebración del Bicentenario de Argentina, destacando la necesidad de reconocer la mano de Dios en la historia del país. Se hace un llamado a construir una Patria fraterna, superando el individualismo y priorizando la inclusión social y el diálogo, especialmente hacia los más pobres y excluidos. Finalmente, se enfatiza que el liderazgo debe centrarse en el servicio al prójimo y en el compromiso por el bien común para lograr un cambio significativo en la sociedad.
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Te Deum (A Ti Dios) ,: La Patria, Don y Tarea en El Bicentenario

En la homilía del Obispo de Rafaela, se reflexiona sobre la importancia de la gratitud y la memoria en la celebración del Bicentenario de Argentina, destacando la necesidad de reconocer la mano de Dios en la historia del país. Se hace un llamado a construir una Patria fraterna, superando el individualismo y priorizando la inclusión social y el diálogo, especialmente hacia los más pobres y excluidos. Finalmente, se enfatiza que el liderazgo debe centrarse en el servicio al prójimo y en el compromiso por el bien común para lograr un cambio significativo en la sociedad.
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La Patria, don y tarea en el Bicentenario

(Homilía pronunciada por el Obispo de Rafaela, Mons. Carlos María Franzini, en la


solemne celebración de acción de gracias celebrada en la iglesia Catedral San
Rafael el 25 de mayo de 2010)

Texto: Gal 5, 1.13-17.22-25; Sal 84; Lc 12, 15-21

Queridos hermanos:

1. Nos encontramos esta mañana participando de


esta solemne celebración de acción de gracias
conocida tradicionalmente con las dos palabras,
Te Deum (A Ti Dios), con las que se inicia el
himno latino que utiliza la Iglesia desde hace
muchos siglos para expresar gratitud a Dios por
todos los dones que de Él recibimos.

2. Por ello hace doscientos años los miembros de la


Primera Junta de Gobierno patrio pidieron esta
celebración a pocos días del 25 de mayo de 1810.
Desde sus inicios nuestra Patria, su pueblo y sus
dirigentes, han sabido reconocer la mano
providente de Dios que guía y cuida de sus hijos,
han valorado la dimensión religiosa como un
componente esencial de la vida de las personas y
de las comunidades y han constatado que esta
dimensión -cuando es bien vivida- ayuda y
potencia lo mejor de una Nación para hacerla
espacio fraterno y solidario.

3. No debe extrañarnos por tanto que los


constituyentes de 1853 hayan invocado en el
Preámbulo de nuestra Carta Magna la protección
de Dios, como fuente de toda razón y justicia, ni
que a lo largo de estos doscientos años la
presencia de lo religioso haya sido un
componente ineludible de nuestra vida ciudadana.
4. En este día en todas las Catedrales y en muchas
iglesias parroquiales del país se elevará esta
oración agradecida y comprometedora. Los
obispos argentinos hemos querido hacer este
gesto común invitando a la oración como primer y
principal aporte a la celebración del Bicentenario
que hoy comenzamos formalmente. Nos ponemos
así en continuidad con el espíritu religioso de los
padres fundadores de la Patria y con la vivencia
religiosa de la inmensa mayoría del pueblo
argentino.

5. El Te Deum es un himno de acción de gracias


porque la gratitud es lo primero que surge al
hacer memoria. Una memoria agradecida, que
sabe recoger en la verdad y la caridad lo mejor de
lo vivido en estos dos siglos de vida como Nación
libre. Memoria que busca reconocer la verdad de
nuestra historia, con sus luces y sombras, con sus
logros y frustraciones, con sus conquistas y sus
“materias pendientes”. Memoria veraz, que evita
el reduccionismo maniqueo de “los buenos y los
malos” y que asume que todos somos
protagonistas y responsables de nuestro presente
y constructores de nuestro futuro.

6. Memoria agradecida que asume en la caridad la


conciencia del don de la Patria: sus riquezas
naturales y su gente; su historia y sus logros; las
duras experiencias que nos han hecho crecer; los
valores básicos que nos animan y la riqueza de la
diversidad que nos caracteriza. Memoria caritativa
que asume el don como tarea, para seguir
fecundando todo lo recibido al servicio del bien
común, privilegiando siempre a los más
indefensos, a los más pobres, a los excluidos del
banquete de la vida.
7. El contexto ideológico y cultural de 1810 estaba
claramente marcado por las nuevas ideas y por
varios acontecimientos políticos de las últimas
décadas del siglo XVIII y los primeros años del
siglo XIX. Entre estos fue decisiva la Revolución
Francesa con su trilogía programática: libertad,
igualdad y fraternidad. La evidente raigambre
evangélica de esta utopía no es desmentida por
coyunturas históricas que la desdibujaron. De
hecho acabamos de escuchar en la primera
lectura que San Pablo nos propone un proyecto
de vida común cimentado en tres notas: libertad,
servicio y fraternidad.

8. La Argentina que amanece a la vida


independiente en 1810 es todavía hoy un
proyecto inacabado que intenta plasmar este
estilo de convivencia. Alguien ha dicho que el
siglo XIX ha sido para los argentinos el de la
búsqueda de la libertad; el siglo XX el de la
búsqueda de la igualdad y nos corresponde a los
argentinos del siglo XXI avanzar en la
construcción de una Patria auténticamente
fraterna. Más allá de lo excesivamente simplista
de toda mirada de síntesis, es evidente que
nuestra gran deuda pendiente es reconocernos
como hermanos y vivir en consecuencia.

9. Una fraternidad que comienza con la superación


del individualismo arraigado en personas y grupos
y que se manifiesta de tantas formas, sutiles y
escondidas o manifiestas y agresivas. Una
fraternidad que reconoce que sólo podremos salir
adelante tomados de la mano, sin exclusiones ni
descalificaciones, buscando juntos el bien común,
que es mucho más que la mera suma de bienes
individuales.

10. Una fraternidad que asume que todo hombre es


mi hermano y por tanto no descansa mientras
haya un hermano que no alcance los niveles
mínimos de una vida digna. Por ello decíamos los
obispos en nuestro documento Hacia el
Bicentenario: “…Con vistas al Bicentenario 2010-
2016, creemos que existe la capacidad para
proyectar, como prioridad nacional, la
erradicación de la pobreza y el desarrollo integral
de todos. Anhelamos poder celebrar un
Bicentenario con justicia e inclusión social. Estar a
la altura de este desafío histórico, depende de
cada uno de los argentinos. La gran deuda de los
argentinos es la deuda social. Podemos
preguntarnos si estamos dispuestos a cambiar y a
comprometernos para saldarla. ¿No deberíamos
acordar entre todos que esa deuda social, que no
admite postergación, sea la prioridad fundamental
de nuestro quehacer? No se trata solamente de
un problema económico o estadístico. Es,
primariamente, un problema moral que nos afecta
en nuestra dignidad más esencial y requiere que
nos decidamos a un mayor compromiso
ciudadano. Pero sólo habrá logros estables por el
camino del diálogo y del consenso a favor del bien
común, si tenemos particularmente en cuenta a
nuestros hermanos más pobres y excluidos…”1

11. En definitiva construir una Patria fraterna


supone en todos la disposición a avanzar
decididamente por el camino del diálogo, el
respeto irrestricto a la ley y a las instituciones, el
compromiso perseverante por el bien común,
1
CEA: Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016); Pilar (Bs. As.), noviembre de 2008
garantizando a todos una educación a la altura de
los tiempos y un trabajo digno y estable. Pero,
además, una Patria fraterna reclama que los
argentinos seamos capaces de entrar en la lógica
del don, que va más allá del propio provecho y se
goza en el bienestar compartido.

12. Por ello una Patria fraterna reclama la


disposición de todos a la reconciliación. Sin el
reencuentro de quienes están enemistados no es
viable una Nación que es siempre proyecto
común, sueños e ideales compartidos, luchas y
esperanzas llevadas adelante entre todos. Sin
perdón, que es el don supremo, no habrá nunca
Nación. Mucho más en una Patria que en sus
doscientos años de historia ha conocido tanta
violencia, muerte y desencuentro.

13. Finalmente la construcción de una Patria


fraterna reclama de manera particular el
compromiso de quienes tenemos
responsabilidades dirigenciales. En el documento
ya citado decíamos los obispos: “… es
fundamental generar y alentar un estilo de
liderazgo centrado en el servicio al prójimo y al
bien común. Todo líder, para llegar a ser un
verdadero dirigente ha de ser ante todo un
testigo. El testimonio personal, como expresión de
coherencia y ejemplaridad hace al crecimiento de
una comunidad. Necesitamos generar un
liderazgo con capacidad de promover el desarrollo
integral de la persona y de la sociedad. No habrá
cambios profundos si no renace, en todos los
ambientes y sectores, una intensa mística del
servicio, que ayude a despertar nuevas
vocaciones de compromiso social y político. El
verdadero liderazgo supera la omnipotencia del
poder y no se conforma con la mera gestión de
las urgencias. Recordemos algunos valores
propios de los auténticos líderes: la integridad
moral, la amplitud de miras, el compromiso
concreto por el bien de todos, la capacidad de
escucha, el interés por proyectar más allá de lo
inmediato, el respeto de la ley, el discernimiento
atento de los nuevos signos de los tiempos y,
sobre todo, la coherencia de vida…”2

14. El Evangelio que se nos ha proclamado nos


recuerda el valor fugaz de las riquezas en sus
distintas expresiones y el poder es una de ellas. Y
también nos recuerda que sólo en Dios, el Padre
de todos, podremos reconocernos hermanos,
miembros de la gran familia argentina, que en su
Bicentenario vuelve a suplicar: ¡Jesucristo, Señor
de la historia, te necesitamos, queremos ser
Nación¡

2
CEA: Ibidem. (º 22)

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