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Segunda Parte

El sacramento de la Confirmación, junto con el Bautismo y la Eucaristía, forma parte de los sacramentos de la iniciación cristiana y es esencial para completar la gracia del Bautismo. Este sacramento otorga una efusión especial del Espíritu Santo, fortaleciendo la unión del fiel con la Iglesia y capacitándolo para ser un testigo de Cristo. La Confirmación imprime un carácter espiritual indeleble en el alma, lo que significa que solo puede ser recibida una vez por cada persona bautizada.

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Segunda Parte

El sacramento de la Confirmación, junto con el Bautismo y la Eucaristía, forma parte de los sacramentos de la iniciación cristiana y es esencial para completar la gracia del Bautismo. Este sacramento otorga una efusión especial del Espíritu Santo, fortaleciendo la unión del fiel con la Iglesia y capacitándolo para ser un testigo de Cristo. La Confirmación imprime un carácter espiritual indeleble en el alma, lo que significa que solo puede ser recibida una vez por cada persona bautizada.

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SEGUNDA PARTE

LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO CRISTIANO


SEGUNDA SECCIÓN:
LOS SIETE SACRAMENTOS DE LA IGLESIA
CAPÍTULO PRIMERO
LOS SACRAMENTOS DE LA INICIACIÓN CRISTIANA
ARTÍCULO 2
EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN
1285 Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación
constituye el conjunto de los "sacramentos de la iniciación cristiana", cuya
unidad debe ser salvaguardada. Es preciso, pues, explicar a los fieles que la
recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia
bautismal (cf Ritual de la Confirmación, Prenotandos 1). En efecto, a los
bautizados "el sacramento de la Confirmación los une más íntimamente a la
Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta
forma quedan obligados aún más, como auténticos testigos de Cristo, a
extender y defender la fe con sus palabras y sus obras" (LG 11; cf Ritual de la
Confirmación, Prenotandos 2):
I. La Confirmación en la Economía de la salvación
1286 En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del
Señor reposaría sobre el Mesías esperado (cf. Is 11,2) para realizar su misión
salvífica (cf Lc 4,16-22; Is 61,1). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en
su Bautismo por Juan fue el signo de que Él era el que debía venir, el Mesías, el
Hijo de Dios (Mt 3,13-17; Jn 1,33- 34). Habiendo sido concedido por obra del
Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total
con el Espíritu Santo que el Padre le da "sin medida" (Jn 3,34).
1287 Ahora bien, esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente
en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo
mesiánico (cf Ez 36,25-27; Jl 3,1-2). En repetidas ocasiones Cristo prometió
esta efusión del Espíritu (cf Lc 12,12; Jn 3,5-8; 7,37-39; 16,7-15; Hch 1,8),
promesa que realizó primero el día de Pascua (Jn 20,22) y luego, de manera
más manifiesta el día de Pentecostés (cf Hch 2,1-4). Llenos del Espíritu Santo,
los Apóstoles comienzan a proclamar "las maravillas de Dios" (Hch 2,11) y
Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos
mesiánicos (cf Hch 2, 17-18). Los que creyeron en la predicación apostólica y
se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cf Hch 2,38).
1288 "Desde [...] aquel tiempo, los Apóstoles, en cumplimiento de la voluntad
de Cristo, comunicaban a los neófitos, mediante la imposición de las manos, el
don del Espíritu Santo, destinado a completar la gracia del Bautismo
(cf Hch 8,15-17; 19,5-6). Esto explica por qué en la carta a los Hebreos se
recuerda, entre los primeros elementos de la formación cristiana, la doctrina
del Bautismo y de la la imposición de las manos (cf Hb 6,2). Es esta imposición
de las manos la que ha sido con toda razón considerada por la tradición
católica como el primitivo origen del sacramento de la Confirmación, el cual
perpetúa, en cierto modo, en la Iglesia, la gracia de Pentecostés" (Pablo VI,
Const. apost. Divinae consortium naturae).
1289 Muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se añadió a la
imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma). Esta unción
ilustra el nombre de "cristiano" que significa "ungido" y que tiene su origen en
el nombre de Cristo, al que "Dios ungió con el Espíritu Santo" (Hch 10,38). Y
este rito de la unción existe hasta nuestros días tanto en Oriente como en
Occidente. Por eso, en Oriente se llama a este sacramento crismación, unción
con el crisma, o myron, que significa "crisma". En Occidente el nombre
de Confirmación sugiere que este sacramento al mismo tiempo confirma el
Bautismo y robustece la gracia bautismal.
Dos tradiciones: Oriente y Occidente
1290 En los primeros siglos la Confirmación constituye generalmente una
única celebración con el Bautismo, y forma con éste, según la expresión de san
Cipriano (cf Epistula 73, 21), un "sacramento doble". Entre otras razones, la
multiplicación de los bautismos de niños, durante todo el tiempo del año, y la
multiplicación de las parroquias (rurales), que agrandaron las diócesis, ya no
permite la presencia del obispo en todas las celebraciones bautismales. En
Occidente, por el deseo de reservar al obispo el acto de conferir la plenitud al
Bautismo, se establece la separación temporal de ambos sacramentos. El
Oriente ha conservado unidos los dos sacramentos, de modo que la
Confirmación es dada por el presbítero que bautiza. Este, sin embargo, sólo
puede hacerlo con el "myron" consagrado por un obispo (cf CCEO, can. 695,1;
696,1).
1291 Una costumbre de la Iglesia de Roma facilitó el desarrollo de la práctica
occidental; había una doble unción con el santo crisma después del Bautismo:
realizada ya una por el presbítero al neófito al salir del baño bautismal, es
completada por una segunda unción hecha por el obispo en la frente de cada
uno de los recién bautizados (cf San Hipólito Romano, Traditio apostolica, 21).
La primera unción con el santo crisma, la que daba el sacerdote, quedó unida
al rito bautismal; significa la participación del bautizado en las funciones
profética, sacerdotal y real de Cristo. Si el Bautismo es conferido a un adulto,
sólo hay una unción postbautismal: la de la Confirmación.
1292 La práctica de las Iglesias de Oriente destaca más la unidad de la
iniciación cristiana. La de la Iglesia latina expresa más netamente la comunión
del nuevo cristiano con su obispo, garante y servidor de la unidad de su Iglesia,
de su catolicidad y su apostolicidad, y por ello, el vínculo con los orígenes
apostólicos de la Iglesia de Cristo.
II. Los signos y el rito de la Confirmación
1293 En el rito de este sacramento conviene considerar el signo de la unción y
lo que la unción designa e imprime: el sello espiritual.
La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas significaciones:
el aceite es signo de abundancia (cf Dt 11,14, etc.) y de alegría (cf Sal 23,5;
104,15); purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad (la unción de
los atletas y de los luchadores); es signo de curación, pues suaviza las
contusiones y las heridas (cf Is 1,6; Lc 10,34) y el ungido irradia belleza,
santidad y fuerza.
1294 Todas estas significaciones de la unción con aceite se encuentran en la
vida sacramental. La unción antes del Bautismo con el óleo de los
catecúmenos significa purificación y fortaleza; la unción de los enfermos
expresa curación y consuelo. La unción del santo crisma después del Bautismo,
en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de una consagración. Por la
Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos, participan más
plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que
éste posee, a fin de que toda su vida desprenda "el buen olor de Cristo" (cf 2
Co 2,15).
1295 Por medio de esta unción, el confirmando recibe "la marca", el sello del
Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona (cf Gn 38,18; Ct 8,9), signo
de su autoridad (cf Gn 41,42), de su propiedad sobre un objeto (cf. Dt 32,34) —
por eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con el
de su señor—; autentifica un acto jurídico (cf 1 R 21,8) o un documento
(cf Jr 32,10) y lo hace, si es preciso, secreto (cf Is 29,11).
1296 Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre (cf Jn 6,27). El
cristiano también está marcado con un sello: "Y es Dios el que nos conforta
juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con
su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones" (2 Co 1,22;
cf Ef 1,13; 4,30). Este sello del Espíritu Santo, marca la pertenencia total a
Cristo, la puesta a su servicio para siempre, pero indica también la promesa de
la protección divina en la gran prueba escatológica (cf Ap 7,2-3; 9,4; Ez 9,4-6).
La celebración de la Confirmación
1297 Un momento importante que precede a la celebración de la
Confirmación, pero que, en cierta manera forma parte de ella, es la
consagración del santo crisma. Es el obispo quien, el Jueves Santo, en el
transcurso de la misa crismal, consagra el santo crisma para toda su diócesis.
En las Iglesias de Oriente, esta consagración está reservada al Patriarca:
La liturgia de Antioquía expresa así la epíclesis de la consagración del santo
crisma (myron): « [Padre (...) envía tu Espíritu Santo] sobre nosotros y sobre
este aceite que está delante de nosotros y conságralo, de modo que sea para
todos los que sean ungidos y marcados con él, myron santo, myron sacerdotal,
myron real, unción de alegría, vestidura de la luz, manto de salvación, don
espiritual, santificación de las almas y de los cuerpos, dicha imperecedera,
sello indeleble, escudo de la fe y casco terrible contra todas las obras del
Adversario» (Pontificale iuxta ritum Ecclesiae Syrorum Occidentalium id est
Antiochiae, Pars I, Versión latina).
1298 Cuando la Confirmación se celebra separadamente del Bautismo, como
es el caso en el rito romano, la liturgia del sacramento comienza con la
renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los
confirmandos. Así aparece claramente que la Confirmación constituye una
prolongación del Bautismo (cf SC 71). Cuando es bautizado un adulto, recibe
inmediatamente la Confirmación y participa en la Eucaristía (cf CIC can.866).
1299 En el rito romano, el obispo extiende las manos sobre todos los
confirmandos, gesto que, desde el tiempo de los Apóstoles, es el signo del don
del Espíritu. Y el obispo invoca así la efusión del Espíritu:
«Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que regeneraste, por el
agua y el Espíritu Santo, a estos siervos tuyos y los libraste del pecado:
escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito; llénalos
de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu de consejo y de fortaleza,
de espíritu de ciencia y de piedad; y cólmalos del espíritu de tu santo temor.
Por Jesucristo nuestro Señor» (Ritual de la Confirmación, 25).
1300 Sigue el rito esencial del sacramento. En el rito latino, "el sacramento de
la Confirmación es conferido por la unción del santo crisma en la frente, hecha
imponiendo la mano, y con estas palabras: "Recibe por esta señal el don del
Espíritu Santo" (Pablo VI, Const. ap. Divinae consortium naturae). En las
Iglesias orientales de rito bizantino, la unción del myron se hace después de
una oración de epíclesis, sobre las partes más significativas del cuerpo: la
frente, los ojos, la nariz, los oídos, los labios, el pecho, la espalda, las manos y
los pies, y cada unción va acompañada de la fórmula: Sfragis doreas
Pnéumatos Agíou ("Sello del don que es el Espíritu Santo") (Rituale per le
Chiese orientali di rito bizantino in lingua greca, Pars I).
1301 El beso de paz con el que concluye el rito del sacramento significa y
manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos los fieles (cf San
Hipólito Romano, Traditio apostolica, 21).
III. Los efectos de la Confirmación
1302 De la celebración se deduce que el efecto del sacramento de la
Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue concedida en
otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés.
1303 Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la
gracia bautismal:
— nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir
"Abbá, Padre" (Rm 8,15).;
— nos une más firmemente a Cristo;
— aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo;
— hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia (cf LG 11);
— nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender
la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de Cristo, para
confesar valientemente el nombre de Cristo y para no sentir jamás vergüenza
de la cruz (cf DS 1319; LG 11,12):
«Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e
inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y
de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre
te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu
corazón la prenda del Espíritu» (San Ambrosio, De mysteriis 7,42).
1304 La Confirmación, como el Bautismo del que es la plenitud, sólo se da una
vez. La Confirmación, en efecto, imprime en el alma una marca espiritual
indeleble, el "carácter" (cf DS 1609), que es el signo de que Jesucristo ha
marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo
alto para que sea su testigo (cf Lc 24,48-49).
1305 El "carácter" perfecciona el sacerdocio común de los fieles, recibido en el
Bautismo, y "el confirmado recibe el poder de confesar la fe de Cristo
públicamente, y como en virtud de un cargo (quasi ex officio)" (Santo Tomás de
Aquino, Summa theologiae 3, q.72, a. 5, ad 2).
IV. Quién puede recibir este sacramento
1306 Todo bautizado, aún no confirmado, puede y debe recibir el sacramento
de la Confirmación (cf CIC can. 889, 1). Puesto que Bautismo, Confirmación y
Eucaristía forman una unidad, de ahí se sigue que "los fieles tienen la
obligación de recibir este sacramento en tiempo oportuno" (CIC, can. 890),
porque sin la Confirmación y la Eucaristía, el sacramento del Bautismo es
ciertamente válido y eficaz, pero la iniciación cristiana queda incompleta.
1307 La costumbre latina, desde hace siglos, indica "la edad del uso de razón",
como punto de referencia para recibir la Confirmación. Sin embargo, en peligro
de muerte, se debe confirmar a los niños incluso si no han alcanzado todavía la
edad del uso de razón (cf CIC can. 891; 893,3).
1308 Si a veces se habla de la Confirmación como del "sacramento de la
madurez cristiana", es preciso, sin embargo, no confundir la edad adulta de la
fe con la edad adulta del crecimiento natural, ni olvidar que la gracia bautismal
es una gracia de elección gratuita e inmerecida que no necesita una
"ratificación" para hacerse efectiva. Santo Tomás lo recuerda:
«La edad del cuerpo no prejuzga la del alma. Así, incluso en la infancia, el
hombre puede recibir la perfección de la edad espiritual de que habla
la Sabiduría (4,8): "La vejez honorable no es la que dan los muchos días, no se
mide por el número de los años". Así numerosos niños, gracias a la fuerza del
Espíritu Santo que habían recibido, lucharon valientemente y hasta la sangre
por Cristo» (Summa theologiae 3, q. 72, a. 8, ad 2).
1309 La preparación para la Confirmación debe tener como meta conducir al
cristiano a una unión más íntima con Cristo, a una familiaridad más viva con el
Espíritu Santo, su acción, sus dones y sus llamadas, a fin de poder asumir
mejor las responsabilidades apostólicas de la vida cristiana. Por ello, la
catequesis de la Confirmación se esforzará por suscitar el sentido de la
pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, tanto a la Iglesia universal como a la
comunidad parroquial. Esta última tiene una responsabilidad particular en la
preparación de los confirmandos (cf Ritual de la Confirmación, Praenotandos 3).
1310 Para recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado de gracia.
Conviene recurrir al sacramento de la Penitencia para ser purificado en
atención al don del Espíritu Santo. Hay que prepararse con una oración más
intensa para recibir con docilidad y disponibilidad la fuerza y las gracias del
Espíritu Santo (cf Hch 1,14).
1311 Para la Confirmación, como para el Bautismo, conviene que los
candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de una madrina.
Conviene que sea el mismo que para el Bautismo a fin de subrayar la unidad
entre los dos sacramentos (cf Ritual de la Confirmación, Praenotandos
5; Ibíd.,6; CIC can. 893, 1.2).
V. El ministro de la Confirmación
1312 El ministro originario de la Confirmación es el obispo (LG 26).
En Oriente es ordinariamente el presbítero que bautiza quien da también
inmediatamente la Confirmación en una sola celebración. Sin embargo, lo hace
con el santo crisma consagrado por el patriarca o el obispo, lo cual expresa la
unidad apostólica de la Iglesia cuyos vínculos son reforzados por el sacramento
de la Confirmación. En la Iglesia latina se aplica la misma disciplina en los
bautismos de adultos y cuando es admitido a la plena comunión con la Iglesia
un bautizado de otra comunidad cristiana que no ha recibido válidamente el
sacramento de la Confirmación (cf CIC can 883,2).
1313 En el rito latino, el ministro ordinario de la Conformación es el obispo (CIC
can. 882). Aunque el obispo puede, en caso de necesidad, conceder a
presbíteros la facultad de administrar el sacramento de la Confirmación (CIC
can. 884,2), conviene que lo confiera él mismo, sin olvidar que por esta razón
la celebración de la Confirmación fue temporalmente separada del Bautismo.
Los obispos son los sucesores de los Apóstoles y han recibido la plenitud del
sacramento del orden. Por esta razón, la administración de este sacramento
por ellos mismos pone de relieve que la Confirmación tiene como efecto unir a
los que la reciben más estrechamente a la Iglesia, a sus orígenes apostólicos y
a su misión de dar testimonio de Cristo.
1314 Si un cristiano está en peligro de muerte, cualquier presbítero puede
darle la Confirmación (cf CIC can. 883,3). En efecto, la Iglesia quiere que
ninguno de sus hijos, incluso en la más tierna edad, salga de este mundo sin
haber sido perfeccionado por el Espíritu Santo con el don de la plenitud de
Cristo.
Informe de Lectura: El Sacramento de la Confirmación
Introducción: El sacramento de la Confirmación, junto con el Bautismo y la
Eucaristía, constituye el conjunto de los "sacramentos de la iniciación
cristiana". Este sacramento es esencial para la plenitud de la gracia bautismal,
ya que une más íntimamente a los bautizados con la Iglesia y los enriquece con
una fortaleza especial del Espíritu Santo.
La Confirmación en la Economía de la Salvación: En el Antiguo
Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el
Mesías esperado para realizar su misión salvífica. Esta plenitud del Espíritu no
debía permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a
todo el pueblo mesiánico. Cristo prometió esta efusión del Espíritu, que se
realizó primero el día de Pascua y luego de manera más manifiesta el día de
Pentecostés.
Los signos y el rito de la Confirmación: El rito de la Confirmación incluye la
imposición de las manos y una unción con óleo perfumado (crisma), que
simboliza el don del Espíritu Santo. En Oriente, este sacramento se llama
crismación, mientras que en Occidente se conoce como Confirmación. La
liturgia del sacramento comienza con la renovación de las promesas del
Bautismo y la profesión de fe de los confirmandos.
Los efectos de la Confirmación: El efecto del sacramento de la
Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, que confiere crecimiento
y profundidad a la gracia bautismal. Nos introduce más profundamente en la
filiación divina, nos une más firmemente a Cristo, aumenta en nosotros los
dones del Espíritu Santo, y nos concede una fuerza especial para difundir y
defender la fe.
Quién puede recibir este sacramento: Todo bautizado, aún no confirmado,
puede y debe recibir el sacramento de la Confirmación. La costumbre latina
indica "la edad del uso de razón" como punto de referencia para recibir la
Confirmación. La preparación para la Confirmación debe conducir al cristiano a
una unión más íntima con Cristo y a una familiaridad más viva con el Espíritu
Santo.
El ministro de la Confirmación: El ministro originario de la Confirmación es
el obispo. En Oriente, el presbítero que bautiza también da la Confirmación,
mientras que en Occidente, el obispo confiere el sacramento para destacar la
comunión del nuevo cristiano con su obispo.
El sacramento de la Confirmación es fundamental en la vida cristiana, ya que
completa la iniciación cristiana junto con el Bautismo y la Eucaristía. Este
sacramento fortalece la gracia bautismal y une más íntimamente a los fieles
con la Iglesia, otorgándoles una especial fortaleza del Espíritu Santo. A través
de la Confirmación, los cristianos reciben una efusión especial del Espíritu
Santo que les permite difundir y defender la fe con mayor convicción y
valentía. La preparación adecuada y la recepción de este sacramento en
estado de gracia son esenciales para aprovechar plenamente sus beneficios
espirituales. La Confirmación, administrada principalmente por el obispo,
destaca la comunión del nuevo cristiano con la Iglesia y sus orígenes
apostólicos, reforzando así su misión de testimonio de Cristo.

Informe de Lectura: El Sacramento de la Confirmación


Introducción: El sacramento de la Confirmación, junto con el Bautismo y la
Eucaristía, constituye el conjunto de los "sacramentos de la iniciación
cristiana". Este sacramento es esencial para la plenitud de la gracia bautismal,
ya que une más íntimamente a los bautizados con la Iglesia y los enriquece con
una fortaleza especial del Espíritu Santo 1.
La Confirmación en la Economía de la Salvación: En el Antiguo
Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el
Mesías esperado para realizar su misión salvífica 2. El descenso del Espíritu
Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el signo de que Él era el que
debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios 2. Esta plenitud del Espíritu no debía
permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el
pueblo mesiánico 3. Cristo prometió esta efusión del Espíritu, que se realizó
primero el día de Pascua y luego de manera más manifiesta el día de
Pentecostés 3. Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar
"las maravillas de Dios" y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el
signo de los tiempos mesiánicos 3. Los que creyeron en la predicación
apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo 3.
Los signos y el rito de la Confirmación: El rito de la Confirmación incluye la
imposición de las manos y una unción con óleo perfumado (crisma), que
simboliza el don del Espíritu Santo 4. En Oriente, este sacramento se llama
crismación, mientras que en Occidente se conoce como Confirmación 4. La
liturgia del sacramento comienza con la renovación de las promesas del
Bautismo y la profesión de fe de los confirmandos 5. En el rito romano, el
obispo extiende las manos sobre todos los confirmandos, gesto que, desde el
tiempo de los Apóstoles, es el signo del don del Espíritu 6. El obispo invoca así
la efusión del Espíritu 7. Sigue el rito esencial del sacramento, donde el
sacramento de la Confirmación es conferido por la unción del santo crisma en
la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: "Recibe por esta
señal el don del Espíritu Santo" 8. En las Iglesias orientales de rito bizantino, la
unción del myron se hace después de una oración de epíclesis, sobre las partes
más significativas del cuerpo 8. El beso de paz con el que concluye el rito del
sacramento significa y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con
todos los fieles 9.
Los efectos de la Confirmación: El efecto del sacramento de la
Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, que confiere crecimiento
y profundidad a la gracia bautismal 10. Nos introduce más profundamente en
la filiación divina, nos une más firmemente a Cristo, aumenta en nosotros los
dones del Espíritu Santo, y nos concede una fuerza especial para difundir y
defender la fe 11 12 13 14 15 16. La Confirmación, como el Bautismo del que
es la plenitud, sólo se da una vez 17. La Confirmación imprime en el alma una
marca espiritual indeleble, el "carácter", que es el signo de que Jesucristo ha
marcado al cristiano con el sello de su Espíritu 17. El "carácter" perfecciona el
sacerdocio común de los fieles, recibido en el Bautismo, y el confirmado recibe
el poder de confesar la fe de Cristo públicamente 18.
Quién puede recibir este sacramento: Todo bautizado, aún no confirmado,
puede y debe recibir el sacramento de la Confirmación 19. La costumbre latina
indica "la edad del uso de razón" como punto de referencia para recibir la
Confirmación 20. La preparación para la Confirmación debe conducir al
cristiano a una unión más íntima con Cristo y a una familiaridad más viva con
el Espíritu Santo 21. Para recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado
de gracia 22. Conviene recurrir al sacramento de la Penitencia para ser
purificado en atención al don del Espíritu Santo 22. Hay que prepararse con
una oración más intensa para recibir con docilidad y disponibilidad la fuerza y
las gracias del Espíritu Santo 22. Para la Confirmación, como para el Bautismo,
conviene que los candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de
una madrina 23.
El ministro de la Confirmación: El ministro originario de la Confirmación es
el obispo 24. En Oriente, el presbítero que bautiza también da la Confirmación,
mientras que en Occidente, el obispo confiere el sacramento para destacar la
comunión del nuevo cristiano con su obispo 25. En el rito latino, el ministro
ordinario de la Confirmación es el obispo 26. Aunque el obispo puede, en caso
de necesidad, conceder a presbíteros la facultad de administrar el sacramento
de la Confirmación 26, conviene que lo confiera él mismo 26. Si un cristiano
está en peligro de muerte, cualquier presbítero puede darle la Confirmación 27.
Diócesis de Girardot
Seminario Mayor la Inmaculada Concepción

Estudiante: Brayan Estiven Forero Rodríguez


Profesor: Juan Manuel Hernández Tarazona
Materia: Sacramentos I: Bautismo y confirmación

Informe de Lectura: El Sacramento de la Confirmación


Introducción: El sacramento de la Confirmación es uno de los tres sacramentos de la
iniciación cristiana, junto con el Bautismo y la Eucaristía. Este sacramento completa la
gracia bautismal, ya que fortalece la unión de los bautizados con la Iglesia y les otorga una
especial fortaleza del Espíritu Santo. El catecismo, describe que los confirmados se
convierten en auténticos testigos de Cristo, quienes se comprometen a extender y defender
la fe, la cual han confirmado, con sus palabras y acciones.
La Confirmación en la Economía de la Salvación: En el Antiguo Testamento, los
profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías para llevar a cabo
su misión salvífica. Este Espíritu Santo descendió sobre Jesús durante su Bautismo,
señalando que Él era el Mesías esperado. La plenitud del Espíritu Santo no debía quedarse
solo en el Mesías, sino que debía ser compartida con todo el pueblo mesiánico, por eso,
Jesús prometió esta efusión del Espíritu, que se realizó primero el día de Pascua y luego de
manera plena el día de Pentecostés. Los Apóstoles, llenos del Espíritu Santo, comenzaron a
proclamar lo que habían visto y aprendido de Jesús, y aquellos que creyeron en su
predicación recibieron también el don del Espíritu Santo, a través del bautismo y la
confirmación.
Los signos y el rito de la Confirmación: El rito de la Confirmación incluye la imposición
de las manos y la unción con el Santo Crisma. Esta unción simboliza el don del Espíritu
Santo y el nombre de "cristiano", que significa "ungido". En Oriente, este sacramento se
llama crismación, mientras que en Occidente se conoce como Confirmación. La liturgia del
sacramento comienza con la renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe
de los confirmandos. Después de ese momento, el obispo extiende las manos sobre los
confirmandos, invocando la efusión del Espíritu Santo, y luego realiza la unción en la frente
con el santo crisma, diciendo: "Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo". El rito
concluye con el saludo de paz, que simboliza la comunión eclesial.
Los efectos de la Confirmación: La Confirmación confiere una efusión especial del
Espíritu Santo, que profundiza la gracia bautismal. Este sacramento nos introduce más
profundamente en la filiación divina, nos une más firmemente a Cristo y a su iglesia,
aumenta los dones del Espíritu Santo en nosotros y nos concede una fuerza especial para
difundir y defender la fe. La Confirmación imprime en el alma una marca espiritual
indeleble, el "carácter", que es el signo de que Jesucristo ha marcado al cristiano con el
sello de su Espíritu.
Quién puede recibir este sacramento: Todo bautizado que aún no haya sido confirmado
puede y debe recibir el sacramento de la Confirmación. La preparación para este
sacramento debe conducir al cristiano a una unión más íntima con Cristo y a una
familiaridad más viva con el Espíritu Santo. Es necesario estar en estado de gracia para
recibir la Confirmación, y se recomienda recurrir al sacramento de la Penitencia para ser
purificado. Además, es conveniente que los candidatos busquen la ayuda espiritual de un
padrino o madrina.
El ministro de la Confirmación: El ministro originario de la Confirmación es el obispo.
En Oriente, el presbítero que bautiza también da la Confirmación, mientras que, en
Occidente, el obispo confiere el sacramento para destacar la comunión del nuevo cristiano
con su obispo. En caso de necesidad, el obispo puede conceder a presbíteros la facultad de
administrar la Confirmación, y si un cristiano está en peligro de muerte, cualquier
presbítero puede darle la Confirmación.

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