Los fósiles: Su origen y significado
Carlos A. Steger
Una de las evidencias más importantes que ofrecen los evolucionistas para apoyar su teoría de los orígenes es la que se obtiene
del estudio de la paleontología.1 Los paleontólogos estudian los fósiles de plantas y animales —restos o rastros de organismos que
existieron en el pasado, tales como un esqueleto, una pisada o una impronta de hoja—. Como ciencia, la paleontología está
relacionada tanto con la geología —porque estudia los fósiles que yacen en las capas y rocas de la corteza terrestre— como con la
biología —ya que examina las formas de vida antiguas, hoy fosilizadas—.2 Aunque los hallazgos de fósiles se usan frecuentemente
para apoyar la teoría de la evolución, en este artículo demostraremos que los fósiles apoyan la historia bíblica de un diluvio
universal. Nuestros ejemplos han sido tomados mayormente de hallazgos de fósiles sudamericanos, un área del mundo en la cual
he realizado considerables investigaciones.
El estudio de los fósiles es una ciencia antigua. Los egipcios y griegos reconocieron fósiles de animales marinos. Leonardo da Vinci
atribuyó los fósiles a restos de organismos del pasado, y su compatriota Alessandro explicó su presencia en las montañas con la
emergencia del fondo marino.3 En el siglo XVI Gesner publicó un catálogo de la primera colección de fósiles europeos. Del siglo
XVII en adelante se sucedieron los descubrimientos y explicaciones acerca del origen de los fósiles.4 Etimológicamente la palabra
fósil significa algo extraído de la tierra. Actualmente se aplica ese término a toda evidencia de la vida del pasado remoto.5 Un
organismo se transforma en fósil sólo bajo ciertas condiciones.
1. Para evitar la destrucción del organismo por los ataques mecánicos,
químicos y biológicos del medio en que está, éste debe quedar aislado
de esos agentes por medio de un sepultamiento rápido, por lo que todo
fósil es una evidencia de ese enterramiento.6
2. El organismo debe ser conservado por sales minerales, en general de
calcio o sílice, disueltas en el sedimento que lo sepulta.7
3. Esta mineralización se produce por la presión que ejerce el sedimento,
haciendo penetrar las sales en el organismo.
En ciertos casos el organismo se conservó en forma completa por
congelamiento, por inclusión en resina (ámbar), o por quedar sepultado en un
pozo de asfalto o en una turbera.8
Originalmente la paleontología enfocaba su atención en los organismos
fosilizados, en forma completa o en algunas partes del organismo. Sin embargo,
actualmente el interés de las investigaciones de los paleontólogos se ha
ampliado para incluir variadas manifestaciones de esos organismos. Así tenemos los moldes interiores y/o exteriores, las
perforaciones, los excrementos (coprolitos), las pisadas y huellas, así como toda otra evidencia que demuestre no sólo la presencia,
sino también la acción directa de un organismo. Por ejemplo, la marca que dejó un resto vegetal en el barro, hoy litificado, al ser
arrastrado por el agua.9 Algunos autores incluyen en esta categoría hasta las ondulitas o marcas del oleaje así como las marcas de
las gotas de lluvia.
Debemos ser cautelosos
Debe resaltarse uno de los riesgos persistentes en el estudio de los fósiles. En los casos en que sólo se encuentran partes del
organismo, o en que éste ha sido alterado en el proceso de fosilización, los científicos consideran necesario realizar la
reconstrucción del organismo a fin de interpretar el resto fósil, comparándolo con organismos actuales y/o fósiles similares. Esta
tarea está sujeta al “ingenio” o idea de quien la realiza, por lo que no puede ser totalmente objetiva o confiable.10
Lo mismo se aplica a la clasificación de los fósiles. Muchos autores reconocen que sus sistemas de clasificación, además de ser
artificiales, presuponen la aceptación de una cosmovisión personal.11 A causa de este elemento subjetivo utilizado en la
interpretación y/o reconstrucción y la información parcial disponible, podemos esperar errores en las conclusiones de los
investigadores. Además ha habido casos en que el investigador sucumbió ante su “paradigma,” falseando los hechos,
especialmente en el área de la paleoantropología (estudio del hombre fósil).12
La estratigrafía y los fósiles
En el siglo XVIII, W. Smith propuso la caracterización de las formaciones geológicas por sus fósiles. Este principio se aplica en la
paleontología y en la geología.13 Si bien en ninguna parte del mundo se puede encontrar una sucesión ininterrumpida de fósiles y
rocas, los científicos crearon una columna geológica ideal correlacionando fósiles y sedimentos de diferentes lugares,
especialmente de Europa.14
Para caracterizar cada “período” de la columna geológica se utilizan “fósiles guías”, que son fósiles peculiares, propios del mismo.
Una característica notable de la columna geológica es la súbita aparición y desaparición de algunos de esos “fósiles guías”, sin que
se puedan señalar los antepasados ni los descendientes directos de ellos.15
La columna estratigráfica puede ser interpretada en base a dos teorías o modelos: el uniformismo (o actualismo) y el catastrofismo
(o diluvialismo). A continuación consideraremos ambas teorías.
El uniformismo como modelo
Varios filósofos griegos sostuvieron la teoría de que los fenómenos naturales actuales servían para explicar los sucesos del pasado.
Esta idea fue adoptada por J. Hutton, en 1788, en su teoría de la historia de la tierra al afirmar que no observaba “ningún vestigio de
comienzo, ninguna previsión de final”.16 Esta teoría, que se aplica tanto en la geología como en la paleontología, se conoce como
uniformismo o actualismo. Propone que todos los fenómenos pueden ser explicados como resultado de fuerzas que han actuado
uniformemente desde el origen de la vida hasta el presente. Evaluemos este modelo a la luz de la evidencia paleontológica.
Los científicos que apoyan el uniformismo ignoran el origen de los representantes de la mayoría de los “tipos” actuales en el
Cámbrico —primer Período del Paleozoico— y designan su aparición repentina como la “explosión de la vida”.17 Es por eso que los
paleontólogos utilizan la taxonomía actual, la cual facilita la clasificación de los fósiles, basándose en evidencias de poco cambio en
la naturaleza. Algunos autores proponen series filéticas (la historia ancestral) de algunos seres, como por ejemplo el caballo. Pero
es difícil apoyarlas en el registro fósil. De acuerdo con S. J. Gould, siempre existen “eslabones perdidos”.18
Gerald Kerkut comenta lo siguiente acerca de la Seymouria, un supuesto “nexo entre anfibios y reptiles. Infortunadamente se la
halla... 20 millones de años” después del surgimiento de éstos.19 Según algunos paleontólogos, las brechas son notorias .20 Así
sucede con el Archaeopteryx, anteriormente considerado como un “eslabón”,21 pero que ahora se reconoce como ave.
Como la paleontología no provee evidencias del “gradualismo darwiniano”, algunos paleontólogos adoptaron el “saltacionismo” o
“equilibrio puntuado” de S. J. Gould, el cual propone que la evolución ocurrió por “saltos” progresivos pero inexplicables. Otros
continúan tratando de demostrar la acumulación de pequeñas variaciones.22
La habitual interpretación del registro fósil enfrenta cuatro desafíos singulares:
1. La constancia de algunas formas vivas a través de las eras geológicas, llamada homeóstasis. Hay plantas y animales que
no cambiaron desde el Cámbrico o períodos posteriores, como por ejemplo la zarigüeya o comadreja, que se mantuvo
invariable desde el Cretácico hasta la actualidad. Entre las plantas
mencionamos las cícadas (parecidas a palmeras), que se
mantuvieron invariables desde el Carbónico.23
2. La disminución de tamaño o pérdida de complejidad que revela la
involución o regresión evolutiva antes que el aumento de
tamaño o de complejidad. En ciertos casos, cuando queda
algo de lo que se atrofió, se designa como “órgano o miembro
vestigial”. Tal es el caso del caballo, que redujo el número de sus
dedos, como lo revelan los restos de sus antepasados.24
Asimismo, como ejemplos de reducción de tamaño de animales
prehistóricos, citamos el ave Argentavis magnificens, de
la Pampa, Argentina, y el pingüino de la isla Marambio, en la
Antártida. Otros ejemplos más conocidos son el perezoso gigante
o megaterio, el gliptodonte o armadillo gigante, y el carcarodón
megalodon, tiburón gigante, terror de los mares del Terciario.25 El
registro fósil de muchos invertebrados revela un “decrecimiento
evolutivo en diversidad”, el que “puede justificarse sólo por una decadencia evolutiva”. Tal es el caso de los cefalópodos,
crinoideos y braquiópodos.26
3. Con el tiempo, se descubrieron plantas o animales que se creían extinguidos hace millones de años, y que actualmente
viven. Algunos autores los designan como “fósiles vivientes”. Ejemplos conocidos son el pez celacanto (Latimeria
Chalumnae), y el árbol Ginkgo biloba.27
4. Finalmente hay fósiles que contrarían la teoría comúnmente aceptada. Según ella los antepasados de los actuales
vertebrados debieran tener esqueletos cartilaginosos. Pero el registro fósil revela lo opuesto en los ostracodermos.28
El catastrofismo como modelo
La idea de una catástrofe o diluvio universal, tal como lo describe la Biblia, está presente en las tradiciones de decenas de pueblos
nativos de todos los continentes.29 ¿Serán estas tradiciones una mera coincidencia? ¿O señalan un evento cataclísmico real
recordado vívidamente a través de las generaciones? Algunos autores, tales como Derek Ager, afirman que los sedimentos de la
tierra fueron depositados en y por el agua, por medio de una catástrofe. Estos autores señalan eventos catastróficos como causa
del registro fósil con apariciones y extinciones repentinas, aunque la mayoría de ellos no aceptan la idea de una catástrofe global.30
Entre 1680 y 1690, T. Burnet publicó una obra acerca del origen del mundo y su destrucción por el diluvio, obra que Newton elogió
calurosamente. Grandes naturalistas del siglo XIX como Cuvier y D’Orgigny también defendieron la teoría del diluvio. Tratando de
ajustar el registro bíblico al conocimiento científico de sus días, propusieron interpretaciones que desacreditaron a la Biblia en el
ambiente científico.31
Muchas evidencias del registro fósil, sólo posibles debido a un rápido enterramiento, son explicables con la teoría de la “zonación
ecológica” de H. W. Clark, que supone el sepultamiento de los organismos en su hábitat a medida que las aguas barrían la tierra,
produciendo la sucesión de fósiles.32
La geología convencional afirma que las ingresiones marinas cubrieron la mayor parte de Sudamérica, como consecuencia de un
movimiento basculante de los continentes que los elevó y los sumergió.33 Sugerimos que esas “ingresiones” podrían haber sido
parte del evento catastrófico conocido como el diluvio bíblico. Esto explicaría la presencia de amonitas (invertebrados marinos) a
miles de metros de altura, en plena Cordillera de los Andes, subiendo por El Cajón del Maipo, cerca de Santiago, Chile, o del otro
lado de la cordillera en Neuquén, Argentina.
Muchos fósiles evidencian no haber vivido en el sitio en que se los encuentra.34 La orientación de los troncos y la ausencia del
sistema radicular en los bosques petrificados de la Patagonia Argentina revelan el transporte anterior al sepultamiento. El agente
más probable para ese transporte es el agua, como lo demostró el estudio de la catástrofe del monte St. Helens, Estados Unidos,
llevado a cabo por Harold Coffin.35
Lo
anterior es aplicable a la ecología de la vida animal y vegetal en
un mismo período geológico. Con frecuencia no coinciden los
fósiles de animales con los vegetales que deberían haberles servido de alimento. Esto no solamente se observa en Norteamérica,
sino también en Sudamérica, como los dinosaurios de la Patagonia.
La mejor explicación para los grandes yacimientos de carbón y petróleo son los eventos catastróficos que produjeron la
acumulación y posterior sepultamiento de inmensas cantidades de plantas y animales que les dieron origen.36
En La Portada, a 25 km (9 millas) al norte de Antofagasta, Chile, hay una enorme acumulación de conchas marinas fósiles. Es un
“banco conchífero” de una potencia de 50 metros (65 pies) en promedio, y una extensión de kilómetros. La causa más probable es
la acción del agua seguida por un sepultamiento rápido. Pero, ¿sucede esto en la actualidad? Algunos investigadores afirman que
“las conchas no se pueden acumular permanentemente en el fondo oceánico”, y agregan : “La pregunta levantada frecuentemente
acerca de ¿por qué es preservado tan poco?, en realidad es formulada mejor como ¿por qué es preservado algo bajo cualquier
circunstancia?”.37
Un testimonio innegable de catastrofismo es la posición de angustia en el momento de su muerte violenta que revelan muchos
animales fosilizados, como los peces de la Formación Santana. Otra evidencia es la exquisita conservación de pequeños peces e
insectos, con todos los detalles de su estructura, de la misma formación, en el estado de Ceará, Brasil.38
Son muy raros los fósiles tridimensionales de animales, lo cual revela un sepultamiento en vida o inmediato a la muerte del animal.
Un estudio de algunos peces de la Formación Santana ha revelado la presencia de parásitos (copépodos) en sus agallas y cierta
investigación revela que la petrificación de algunos ejemplares tiene que haber comenzado en vida del animal.39 El mismo
fenómeno puede observarse en los fósiles completos de trilobites de Jujuy, Argentina, y del altiplano boliviano, que se encuentran
entre La Paz y Oruro. Más notable es la conservación de las “cruzianas” (huellas de trilobites) en la Quebrada de Humahuaca,
Jujuy, y en el cerro Tunari, en Vinto, Cochabamba, Bolivia.
Otra evidencia de sepultamiento rápido de seres todavía vivos la constituyen las ostras cerradas y petrificadas que se encuentran a
lo largo de los arroyos cercanos a Libertador San Martín, Entre Ríos, Argentina, y en muchos lugares de la Patagonia argentina.40
En las calizas del Estado de São Paulo, Brasil, se encuentran los delicados esqueletos articulados de los mesosauros. Según la
geología uniformista, cada lámina de sedimento requirió un año para depositarse, pero el diámetro de muchos huesos de estos
pequeños dinosaurios supera el espesor de una lámina. Si se aceptara el modelo uniformista, uno tendría que aceptar también que
los huesos frágiles de los mesosauros tendrían que haber estado expuestos a los agentes destructores durante un año sin ser
desarticulados o degradados mientras se depositaban los siguientes sedimentos, un escenario irreal.
Kurtén señala que: “Se han encontrado muchos esqueletos enteros de estos dinosaurios (hadrosaurios) en posición de nadar y con
la cabeza echada hacia atrás, como si agonizaran”,41 lo cual también apoya el modelo catastrofista.
Conclusión
¿Qué nos revelan los fósiles, incluso los sudamericanos? Nos cuentan acerca de una inundación catastrófica en muchas áreas del
mundo, en contradicción con el modelo uniformista. Un creciente número de geólogos contemporáneos se inclinan por aceptar esta
postura, aunque no necesariamente acepten la teoría de un diluvio universal. Aquellos de nosotros que confiamos en el relato
bíblico de un diluvio universal encontramos abundante evidencia en el registro fósil de que la superficie de la tierra experimentó en
algún momento las convulsiones de una destrucción catastrófica.
Carlos F. Steger es el director de la sede sudamericana del Instituto de Investigaciones en Geociencia, que tiene sus oficinas
centrales en Loma Linda, California. Su dirección es: Instituto de Geociencia; Universidad Adventista del Plata; 25 de Mayo 99; 3103
Libertador San Martín, Entre Ríos, Argentina.
La edad de los fósiles
Ariel Roth
Frecuentemente los informes de prensa aluden a descubrimientos de huesos y fósiles de animales que existieron hace
millones de años. Como creyente en la Biblia y como creacionista, tengo la impresión de que no pueden ser tan antiguos.
Pero no estoy seguro de ello. ¿Cómo pueden los científicos determinar la edad de esos especímenes? ¿Cuán confiables
son sus cálculos de las fechas?
Es cierto que los periódicos, revistas científicas y libros de texto, como también la mayoría de los museos de historia natural,
sugieren que la vida evolucionó sobre la tierra a lo largo de millones de años. Esto contrasta drásticamente con el relato bíblico de
una creación reciente, hecha por Dios en seis días. Muchos se preguntan acerca de cuál de los dos representa la verdad.
Los hombres de ciencia determinan la edad de los fósiles en formas diferentes, más comúnmente por su posición en las capas de
roca y en su relación con otros fósiles. Las rocas mismas han sido fechadas mediante una variedad de métodos complejos, siendo
los más importantes los métodos de datar radiométricos, tales como el del uranio-plomo o del potasio-argón. En ocasiones, estos
métodos dan los resultados esperados por los científicos, pero en otras ocasiones no es así. El problema radica en que una
variedad de factores pueden cambiar la concentración de los elementos empleados en la determinación de las fechas. Por ejemplo,
el método de potasio-argón, adjudicó la edad de 1.1 millones de años a un flujo reciente de lava en Hawaii que fue datado
históricamente como de 1801 d. de C., debido al exceso de argón que había quedado atrapado en la lava. Los que sostienen una
creación reciente hecha por Dios como se la describe en la Biblia, generalmente explican las extensas dataciones radiométricas
obtenidas en base a los cambios esperados durante el trastorno causado por el diluvio descrito en el Génesis. Otros científicos
creyentes en una creación reciente, explican que el material rocoso muy antiguo podría haber estado presente sobre una tierra
vacía mucho antes de que la creación de la vida tuviera lugar durante la semana de la creación, la cual tuvo lugar hace unos pocos
miles de años. Algunas de estas rocas antiguas habrían sido incorporadas en los estratos fosilíferos durante el diluvio del Génesis.
El datar los fósiles por medio de estas rocas antiguas daría la impresión incorrecta de una edad elevada en fósiles recientes.
Hay algunos datos científicos que sugieren que las edades geológicas de millones de años son incorrectas. Por ejemplo, la
velocidad actual de la acción de la erosión de nuestros continentes es muy elevada; es tan rápida que nuestros continentes actuales
habrían sido erosionados al nivel del mar varios cientos de veces por encima de las edades geológicas que se asumen. Como los
continentes todavía están aquí, no parece que hayan existido a través de los largos períodos de tiempo sugeridos por las
interpretaciones geológicas aceptadas. Otra evidencia de la acción rápida puede ser apreciada en la falta de evidencia necesaria
para explicar los largos períodos de tiempo requeridos para los efectos de la erosión, para la formación del suelo y el crecimiento de
las plantas en muchas localidades de los estratos geológicos en los cuales hay secciones ausentes. En estas secciones las capas
que están por debajo deberían mostrar la evidencia de los largos períodos de tiempo que las capas geológicas ausentes
implicarían. La falta de tal evidencia sugiere que los largos períodos geológicos nunca ocurrieron.
A veces es difícil poner a prueba evidencias científicas del pasado ya que las condiciones en ese tiempo podrían haber sido muy
diferentes a las del presente. El diluvio universal descrito en el Génesis alteraría muchas interpretaciones. La cosmovisión de una
persona puede fácilmente alterar la interpretación de los datos. Es más, las teorías científicas cambian a menudo, y lo que hoy se
considera un dogma, puede llegar a ser una herejía mañana. La ciencia enseñaba que las montañas se formaban por la contracción
de la tierra a medida que ésta se enfriaba. Hoy la opinión que prevalece es que fueron formadas por el desplazamiento de grandes
placas sobre la superficie del planeta. Es necesario ejercer mucha precaución en la interpretación de datos. El modelo de un origen
evolutivo de la vida tiene serios problemas científicos. Hay muchas razones para creer en la veracidad de la Biblia