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La Psicología de La Liberación

La psicología de la liberación es un enfoque que examina la psicología de comunidades oprimidas, enfatizando la concientización y la interconexión entre cultura, psique e identidad. Desarrollada por Ignacio Martín-Baró, esta disciplina critica la psicología tradicional por su enfoque individualista y eurocéntrico, abogando por una perspectiva social que prioriza las experiencias de las mayorías oprimidas. Utiliza un eclecticismo metodológico que combina técnicas tradicionales y nuevas, buscando empoderar a las comunidades marginadas y promover su liberación histórica.
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La Psicología de La Liberación

La psicología de la liberación es un enfoque que examina la psicología de comunidades oprimidas, enfatizando la concientización y la interconexión entre cultura, psique e identidad. Desarrollada por Ignacio Martín-Baró, esta disciplina critica la psicología tradicional por su enfoque individualista y eurocéntrico, abogando por una perspectiva social que prioriza las experiencias de las mayorías oprimidas. Utiliza un eclecticismo metodológico que combina técnicas tradicionales y nuevas, buscando empoderar a las comunidades marginadas y promover su liberación histórica.
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La psicología de la liberación es un enfoque que busca entender la

psicología de comunidades oprimidas, analizando la estructura


sociopolítica que las afecta. Sus conceptos clave incluyen la
concientización, el realismo-crítico, y una perspectiva social coherente
que prioriza a las mayorías oprimidas. Este enfoque intenta reparar las
divisiones causadas por la opresión y aboga por incluir a quienes han
sido marginados tanto psicológica como socialmente. La filosofía
subyacente resalta la interconexión de cultura, psique, identidad y
comunidad. Fue desarrollado por Ignacio Martín-Baró en América Latina
y se fundamenta en diversas corrientes interdisciplinarias como la
filosofía de la liberación y el pensamiento marxista, feminista y
decolonial.

.
La psicología social de la liberación

Para entender la Psicología Social de la Liberación, es fundamental


considerar el surgimiento de la Psicología Social como una disciplina
independiente, influenciada por el positivismo del siglo XIX. Aunque sus
raíces se encuentran en la filosofía clásica, se formalizó como ciencia en
esa época, con Wilhelm Wundt estableciendo el primer laboratorio de
psicología en 1879 y enfocándose en los procesos mentales
comunitarios. En Estados Unidos, Edward B. Titchener promovió el
estructuralismo, mientras que Émile Durkheim abordó los hechos
sociales como entidades externas que afectan a los individuos,
sugiriendo una conciencia colectiva. Herbert Spencer introdujo la
evolución social en la psicología, aportando al funcionalismo. El
pragmatismo, surgido en Norteamérica, enfatizaba que el valor de una
idea depende de sus consecuencias prá[Link] las primeras décadas
del siglo XX, la psicología y la sociología interaccionaron, dando origen a
la psicología social, con influencias de Edward A. Ross y Charles H.
Cooley. William McDougall y el conductismo, liderado por Floyd Allport,
centraron el estudio en el individuo y su relación con lo social. A lo largo
del tiempo, la psicología social se orientó hacia la comprensión de ideas
y conductas, aunque con sesgos en la interpretación de datos. Durante
la primera mitad del siglo XX, prevalecieron enfoques psicológicos,
apoyándose en el conductismo y limitándose al método experimental.
En los años setenta, críticas como las de Thomas Kuhn señalaron la
necesidad de reconocer el contexto en la ciencia, llevando a una crisis
en la psicología social al cuestionar su enfoque en la predicción y el
control, y evidenciando que la ideología individualista que la sustentaba
ya no se justificaba.
Conceptos clave

Los conceptos clave de la psicología de la liberación son la


concientización, el realismo crítico, la desideologización, una orientación
social, la preferencia por las mayorías oprimidas y el eclecticismo
metodológico.

Concientización

La concientización es un principio fundamental de la psicología de la


liberación que conecta la experiencia personal con la estructura
sociopolítica. Introducido por Paulo Freire, el término se refiere al
aumento de la conciencia político-social, donde las personas se vuelven
conscientes de su opresión y su realidad social. A medida que adquieren
esta conciencia, se convierten en actores sociales que pueden cambiar
su entorno. Comprender esta interconexión es crucial para analizar las
experiencias y la psicología de los pueblos oprimidos, así como la
estructura de poder que los somete y las manifestaciones de esta
opresión en su comportamiento y salud mental.

La concientización en la PSL se inspira en la teoría de Paulo Freire y es


crucial para Martín-Baró. Según Freire, es un proceso de
empoderamiento que lleva a las personas de la ingenuidad a una
conciencia crítica, permitiendo una comprensión más profunda de su
realidad y sus interrelaciones. Martín-Baró enfatiza que este proceso
implica un cambio de una conciencia enfocada en necesidades
individuales hacia una conciencia de clase que busca satisfacer
necesidades sociales, lo que requiere actividad organizada y cambios en
estructuras [Link]ón es un movimiento, no un estado, y
refleja la relación dialéctica entre el individuo y su entorno. A través de
conflictos se desarrolla una nueva conciencia, fusionando aspectos
psicológicos y sociales que permiten a las personas entender su realidad
y escribir su propia historia. Aunque es un proceso individual, surge de la
comunidad, y es social en su [Link] contextos de vida y relaciones
primarias, tanto de Freire como de Martín-Baró, son determinantes en su
trabajo, especialmente en la lucha contra la pobreza a través de la
educación. Freire clasifica la concientización en fases: mágica, ingenua y
crítica, donde el oprimido identifica problemas, analiza causas y ejecuta
acciones para un cambio.

Una orientación social

La psicología de la liberación critica la psicología tradicional por ignorar


el contexto sociopolítico y cultural en la explicación del comportamiento
humano. Según Martín-Baró, la psicología dominante atribuye
erróneamente las características individuales a los individuos, sin
considerar las relaciones sociales, lo que desestima el impacto de las
estructuras sociales en los problemas sociopolíticos. Este enfoque se
centra en comprender el comportamiento de las personas oprimidas no
a través de procesos individuales, sino a partir de un entorno alienante.
La orientación social de este enfoque resalta la importancia de la historia
en la opresión de comunidades y subraya la necesidad de un examen
crítico del poder social y sus estructuras como parte de la organización
institucional de la sociedad.

critica el individualismo en la psicología estadounidense y propone una


visión social de la psicología, representada por la psicología social
latinoamericana de Martín-Baró, quien aboga por una perspectiva
histórica que contemple la subjetividad de las personas. Esta teoría se
apoya en diversas tradiciones, incluyendo el psicoanálisis y el trabajo
cultural histórico de Vygotsky. La PSL se distingue por su compromiso
moral con la liberación colectiva en lugar de la emancipación individual,
priorizando la dimensión social en los procesos de liberación. Martín-
Baró enfatiza la importancia de entender el poder como un fenómeno
estructural en la sociedad, con intereses que generan conflicto. Además,
plantea que la verdad práctica es más relevante que la teoría en la
psicología, sugiriendo que esta disciplina debe enfocarse en las
necesidades de las mayorías oprimidas en lugar de sus preocupaciones
internas. La atención psicológica debe dirigirse hacia la liberación de
aquellos que sufren bajo estructuras sociales opresivas.
Opción preferencial por las mayorías oprimidas

El objetivo de los psicólogos de la liberación es crear una psicología que


sirva a los oprimidos en lugar de actuar para ellos. Critican la psicología
tradicional por su enfoque eurocéntrico y por descuidar las experiencias
específicas de los individuos oprimidos. Martín-Baró argumentó que los
psicólogos latinoamericanos adoptaron modelos eurocéntricos que no
reflejaban el contexto social y cultural de la mayoría de la población en
El Salvador en los años 80. La psicología de la liberación también
condena el enfoque distante de la psicología tradicional y aboga por que
los psicólogos se involucren en las luchas de las comunidades oprimidas,
convirtiéndose en parte del proceso de emancipación.

La PSL se enfoca en trabajar con grupos oprimidos y marginados en


América Latina, pero también se aplica en Europa donde existen
poblaciones excluidas debido a discriminación por diversas razones. La
psicología ha ignorado la problemática de la exclusión. Las condiciones
en América Latina, como el terror estatal, han hecho que la PSL sea
relevante en Europa, especialmente en el apoyo a refugiados y en la
reconstrucción de comunidades fragmentadas.

Realismo-crítico

Martín-Baró argumentaba que las teorías deben surgir de los problemas


a investigar, en lugar de que estas definan los problemas, estableciendo
el concepto de realismo-crítico. Esto se opone al enfoque tradicional que
parte de una teorización previa, conocido como idealismo-metodológico.
En el realismo-crítico, la teorización es ayudante pero no esencial.
Además, la visión de Martín-Baró no debe confundirse con la obra de Roy
Bhaskar, aunque ambos conceptos presenten similitudes, tienen
significados diferentes.

Martín-Baró propuso un enfoque innovador sobre el papel de la teoría,


sugiriendo que la realidad debería guiar el desarrollo de conceptos, en
vez de que estos definan la realidad. Esto implica un cambio del
idealismo metodológico a un realismo crítico, donde la teoría se
convierte en un soporte para la acción. La complejidad de la realidad
social requiere desideologizar el contexto, eliminando las ideologías que
oscurecen fenómenos como el fatalismo en América Latina. Este
enfoque se asemeja a la Grounded Theory, donde la teoría se desarrolla
a partir de la información recopilada, aunque se distinguen en la relación
dialéctica entre teoría y realidad. A diferencia de orientaciones
fenomenológicas, la teoría debería desempeñar un papel
desideologizador y crítico. Existen diferencias entre los enfoques de
quienes pertenecen a la Psicología Social Latinoamericana, algunos de
los cuales adoptan perspectivas más fenomenológicas y centradas en la
experiencia vivida y las ideologías que la influyen.

Realidad desideologizada

Martín-Baró destacó la importancia de desideologizar la realidad para


revelar las fuerzas y relaciones sociales que perpetúan la opresión.
Argumentó que los psicólogos deben ayudar a las personas a entender
la naturaleza de la realidad social de manera clara, en lugar de permitir
que la ideología dominante distorsione esta comprensión. La ideología,
que favorece a grupos hegemónicos, contribuye a un entorno
sociopolítico injusto. Al desideologizar la realidad, se fomenta que las
comunidades marginadas apoyen ideologías que defiendan sus propios
intereses. Su análisis del fatalismo latinoamericano y del estereotipo del
latino perezoso, junto con la utilización de encuestas de opinión pública,
sirven como ejemplos de su enfoque para contrarrestar la manipulación
de la percepción pública sobre la guerra en El Salvador.

aborda el estudio de la psicología social desde la perspectiva de la


acción ideológica, enfatizando que la acción está vinculada a la sociedad
y su significado. Se alerta sobre dos aspectos importantes: que la
persona no se limita a su ideología y que la ideología no es simplemente
un conjunto de ideas. Se presentan dos enfoques sobre la ideología: el
funcionalista, que la ve como un sistema coherente que guía la acción
social, y el marxista, que la considera una falsa conciencia que justifica
los intereses de la clase dominante. Martín-Baró adopta una perspectiva
marxista, destacando que la ideología está intrínsecamente relacionada
con la acción humana y que los individuos pueden trascender su
ideología. La acción se describe como una síntesis de objetividad y
subjetividad, influyendo entre lo personal y lo social. Se discute también
la función de la ideología, que incluye interpretar la realidad, justificar el
orden social y reproducir el sistema establecido. Por último, se plantea la
necesidad de desideologización en la psicología social, para cuestionar
el sentido común que perpetúa la opresión y lo que se considera natural
en la vida cotidiana.

La desideologización busca revelar elementos enajenadores en las


creencias que sustentan la vida cotidiana y fomentan la pasividad y el
fatalismo. Martín-Baró argumenta que el fatalismo en Latinoamérica está
vinculado a una fe que promete recompensas en el más allá, sugiriendo
que el orden actual es divino. La teología de la liberación es clave para
la crítica, exponiendo cómo la religión puede servir a las clases
dominantes. La desideologización es presentada como un primer paso
hacia un cambio real en la realidad latinoamericana, promoviendo una
nueva perspectiva desde las mayorías [Link]ín-Baró incita a
considerar los procesos psicosociales desde la perspectiva de los
dominados, buscando crear una epistemología propia alejada de
enfoques naturalistas. Resalta prácticas altruistas en la cultura
latinoamericana que pueden ayudar a las personas a darse cuenta de su
potencial para el cambio y desarrollo. Reconoce actos altruistas
significativos, como el sacrificio de vidas por ideales, que aunque
pueden traer satisfacción subjetiva, no se basan en la búsqueda de
placer personal, sino en la entrega a ideales que superan el egoísmo.

La solidaridad y cooperación son elementos presentes en la vida de los


latinoamericanos, evidenciados incluso en contextos difíciles como la
guerra civil en El Salvador, donde la ayuda y el apoyo mutuo emergen
entre la población. Martín-Baró destaca la importancia de reconocer que,
aunque los aspectos negativos como la holgazanería suelen ser más
visibles en la personalidad latinoamericana, el altruismo y la
cooperación son igualmente esenciales. Él argumenta que para lograr
una democracia genuina en América Latina, es crucial abordar tanto las
condiciones objetivas (estructuras económicas, influencia militar) como
las subjetivas (ideología distorsionada). El psicólogo social tiene la
responsabilidad de facilitar la desideologización, un proceso que le
permite al profesional comprometerse éticamente con la realidad social.
Esto implica asumir la perspectiva de las personas oprimidas, investigar
sus realidades y utilizar ese conocimiento para [Link]
horizonte que se busca alcanzar es la liberación, un concepto
fundamental en la teología de la liberación que conecta lo económico,
social y político. La utopía se entiende como una mediación entre fe y
política, caracterizada por el anuncio, denuncia y racionalidad. En este
contexto, el compromiso se vuelve esencial para el trabajo del psicólogo
social, quien debe orientar sus esfuerzos hacia la construcción de una
psicología popular que conduzca a la liberación histórica de los pueblos
latinoamericanos, asumiendo esta misión como una utopía de vida que
aspire a un futuro mejor.

Eclecticismo metodológico

La investigación en psicología de la liberación utiliza una variedad de


metodologías que incluyen tanto enfoques tradicionales, como
encuestas y análisis cuantitativos, como técnicas innovadoras, tales
como análisis cualitativos, fotografía, teatro y análisis textual.

Los psicólogos con orientación en la PSL utilizan técnicas tradicionales


como encuestas y métodos estadísticos, combinándolas con nuevos
enfoques, tales como representaciones sociales, investigación
cualitativa, fotografía cooperativa y drama. También incorporan críticas
de la ideología desde una perspectiva foucaultiana y abordan diversas
concepciones relacionadas. Hay un fuerte énfasis en el compromiso
freireano con el método de reflexión-acción-reflexión y en la
investigación acción participativa, lo que los diferencia de gran parte de
la psicología crítica europeA.

Aplicaciones

Psicología comunitaria

Ignacio Martín-Baró se opuso a la psicología comunitaria en El Salvador


debido a su enfoque asistencialista y la limitada perspectiva social de los
modelos norteamericanos. A pesar de esto, la psicología comunitaria,
especialmente en sus versiones latinoamericanas, ha sido fuertemente
influenciada por la psicología de la liberación. Además, esta disciplina en
América Latina tiene raíces en un movimiento más amplio de praxis
crítica y liberadora, que incluye la teoría de la dependencia, la filosofía
de la liberación, la teología de la liberación y la pedagogía crítica o
popular.

La psicología comunitaria en América Latina se diferencia de la que se


desarrolla en otras regiones, enfocándose más en la psicología social y
menos en la tradición clínica y de salud mental. Se dirige principalmente
al estudio de comunidades marginadas en diversos contextos, como
barrios pobres y asentamientos rurales. Los psicólogos actúan como
recursos para estas comunidades, aplicando su experiencia en
investigación, liderazgo y organización. Esta corriente se basa en
procesos de concienciación, los métodos de investigación social y una
perspectiva que busca entender las luchas locales dentro de un contexto
social más amplio. La psicología social comunitaria se enseña y practica
en varias universidades de la región, abordando temas como salud,
desarrollo económico y comunitario, derechos humanos y apoyo en
áreas como la salud mental y la drogadicción. A menudo se busca un
enfoque transformativo, aunque puede existir el riesgo de perder la
especificidad psicológica en el proceso.

Aplicaciones psicoterapéuticas

La psicología de la liberación se centra en entender a la persona dentro


de su contexto sociopolítico, cultural e histórico, en lugar de atribuir su
angustia únicamente a factores intrapsíquicos o patológicos. Reconoce
que la angustia se origina en un entorno opresivo que individualiza el
sufrimiento. En el ámbito psicoterapéutico, esto implica que la
responsabilidad de la angustia no recae solo en el individuo, sino en la
estructura social y el poder que los oprime. La terapia se convierte en un
medio para reintegrar a la persona en su entorno social y en su proyecto
de vida.

Trabajo con víctimas de la represión del Estado

(desapariciones, tortura, genocidio)


América Latina ha enfrentado regímenes opresivos y violaciones a los
derechos humanos, con noticias actuales de asesinatos de activistas y
desalojos de campesinos en países como México, Guatemala, Brasil y
Colombia. La magnitud del trauma es significativa, con miles de
asesinatos atribuibles a juntas militares en Argentina, Chile y
Guatemala. Organizaciones como el Instituto Latinoamericano de Salud
Mental y Derechos Humanos (ILAS) han trabajado en la salud mental de
sobrevivientes de violencia política en Chile. ILAS ha realizado
investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos y sus efectos,
mientras se mantiene activa en el ámbito nacional e internacional. En
Chile, las discusiones sobre las implicaciones de años de gobierno
autoritario son constantes, enfocándose en la reparación social a las
víctimas y la reconstrucción nacional. Además, se han desarrollado
modelos de tratamiento para quienes sufrieron represión política,
integrando la reflexión socio-política en su labor. Otros grupos, como las
Madres de la Plaza de Mayo y AVRE en Colombia, buscan transformar el
sufrimiento personal en un dolor compartido y activar roles sociales. El
trabajo de estos grupos también evidencia el poder curativo del
activismo político.

Definen su modelo terapéutico en términos de

Nueve objetivos:

1. Catarsis y reconstitución de la experiencia traumática.

2. Alivio de lo sintomático.

3. Elaboración emocional de la experiencia traumática.

4. Vinculación de la experiencia traumática en los significados


existen
5. Recuperación de su rol como ser social.

6. Reubicación de la experiencia traumática en el contexto de la


experiencia vital del sujeto.

7. Reestructuración del proyecto existencial: continuidad entre


pasado,

presente y futuro.

8. Recuperación de vínculos colectivos.

9. Enfrentamiento de los problemas de parejas o familiares


producido

por la experiencia de la tortura .

El enfoque terapéutico mencionado se centra en la reestructuración del


proyecto existencial del individuo, promoviendo un papel activo en la
sociedad como parte de su recuperación. La psicoterapia se debe
acompañar de condiciones que ayuden al sujeto a recuperar el sentido
de su vida anterior a la experiencia traumática, favoreciendo su
crecimiento personal. Es importante que el terapeuta interprete las
experiencias desde una perspectiva sociopolítica para ayudar a las
víctimas a entender el porqué de la [Link] aspecto clave de este
trabajo es la recuperación de la memoria sobre los detenidos y
desaparecidos, resaltando la importancia de la memoria colectiva como
recurso político y social, además de combatir la negación oficial de estos
eventos. En Guatemala, la identificación y conmemoración de los
asesinados a través de ceremonias mayas es crucial y hay proyectos
interdisciplinarios en [Link]én se menciona la necesidad de
abordar la impunidad de los responsables, involucrando a psicólogos,
abogados, arqueólogos y miembros de las comunidades afectadas. Los
congresos internacionales han sido esenciales para compartir
experiencias entre quienes trabajan en contextos similares como El
Salvador y Guatemala. Este enfoque se une a la psicología comunitaria,
brindando intervenciones efectivas a comunidades sin acceso a servicios
de salud mental

El trabajo sobre la opinión pública

De Martín-Baró y el IUDOP

El trabajo de Martín-Baró se enfocaba en la opinión pública salvadoreña,


utilizando métodos convencionales para revelar las perspectivas de la
población, tanto para ellos mismos como para el mundo exterior. Su
objetivo era contrarrestar la propaganda a favor del gobierno
salvadoreño durante el conflicto armado, proporcionando información
independiente a activistas por la paz, especialmente en Estados Unidos.
Además, fundó el Instituto Universitario de la Opinión Pública (IUDOP),
que sigue activo y trabaja para ayudar a los ciudadanos a reflexionar
sobre su realidad y promover cambios en una sociedad marcada por la
pobreza y la violencia.

El trabajo sociopsicológico sobre la realidad

Social de los países latinoamericanos

Los psicólogos que adoptan la perspectiva de la Psicología Social de la


Liberación (PSL) han realizado diversos análisis sobre las realidades
sociales en sus países. En el Congreso Internacional de Psicología Social
de la Liberación en 2002, se presentaron estudios que abordaron el uso
del terror por los paramilitares en Colombia, la guerra psicológica en
Guatemala y la propaganda del régimen de Bush tras los atentados del
11 de septiembre. También se han investigado temas como el desarrollo
infantil en contextos de violencia, la urbanización, cuestiones rurales,
derechos humanos y nuevos movimientos sociales en Latinoamérica.
Recientemente, se han observado cambios en la región, como la
disminución de la impunidad en algunos países y la elección de
gobiernos progresistas, además de una mayor intervención económica y
militar por parte de Estados Unidos. Aunque no existe un enfoque único
en la PSL, hay una variedad de enfoques que se agrupan bajo este
concepto, reflejando un desarrollo de ideas para intervenir en la esfera
pública.

Desafíos

La psicología social de la liberación tiene poca difusión fuera de América


Latina, donde es una tendencia minoritaria, a pesar de su relevancia
para poblaciones marginadas. Los autores se enfocan en su propuesta
distintiva, aunque hay un riesgo de caer en activismo superficial. El
movimiento enfrenta grandes retos, como oponerse a la explotación
capitalista y crear sistemas de apoyo para los oprimidos. Los congresos
internacionales han convocado pocos interesados, mayormente locales,
y la continuidad en la red de encuentros es limitada, a pesar de la
presencia de académicos de renombre. Existe una disparidad en
recursos y teoría entre académicos latinoamericanos y británicos. Las
dificultades económicas en la región y la interferencia externa limitan las
iniciativas de liberación. Además, la conexión entre psicólogos sociales
progresistas y movimientos alternativos es débil. En el Congreso de
Guatemala en 2001, se hizo un esfuerzo por involucrar movimientos
sociales, presentando críticas significativas, pero persisten diferencias
profundas entre las clases profesionales y los excluidos, un desafío que
no es exclusivo de América Latina.
Orígenes

Rastrear los orígenes de la Psicología Social de la Liberación (PSL) es


complicado debido a la interacción de múltiples factores históricos,
políticos, económicos y sociales en la vida de Ignacio Martín-Baró. Esta
teoría se sitúa principalmente en Centroamérica y en la experiencia de
Martín-Baró, quien recibió una formación académica que le permitió
analizar su entorno de manera psicosocial, ética y política. Su
compromiso con El Salvador, especialmente durante la dictadura militar
y la Guerra Civil (1980-1991), influyó en sus ideas, que enfatizan la
conexión entre el conocimiento psicológico y las condiciones socio-
históricas locales. Sin el contexto salvadoreño, la PSL no tendría pleno
sentido.

Contexto

El Salvador estuvo bajo un régimen de dictadura militar desde 1931


hasta 1979, caracterizado por pobreza, desigualdad, injusticia,
matanzas, represión y terror. Esta situación desembocó en una guerra
civil a partir de 1980, que dejó alrededor de 79,000 muertos, casi un
millón de desplazados y muchos desaparecidos. La guerra finalizó en
1992 con los acuerdos de Chapultepec, pero había una historia de
tensiones políticas y sociales previas tanto en Latinoamérica como en el
mundo que contribuyeron al conflicto en El Salvador.

Aparición
La psicología de la liberación emergió en América Latina en los años 70
como respuesta a las críticas a la psicología tradicional. Se cuestionaron
la neutralidad de valores, la afirmación de universalidad y la irrelevancia
social de la psicología social. Los críticos argumentaron que las teorías
psicológicas se basaban en investigaciones limitadas a hombres blancos
de clase media, lo que las hacía inaplicables a otros contextos. En
respuesta, los psicólogos buscaban una ciencia que aborde las
desigualdades sociales y que reconstruya la disciplina desde la
perspectiva de los oprimidos, en lugar de ser cómplice de la opresión.
Aunque el término “psicología de la liberación” se popularizó en 1976
por Ignacio Martín-Baró, su aplicación fue extendida por varios
psicólogos latinoamericanos. En otras partes del mundo, como Sudáfrica
y Filipinas, surgieron enfoques similares.

Fundador

La psicología de la liberación surgió en América Latina en los años 70,


con Ignacio Martín-Baró como su fundador. Este sacerdote jesuita y
psicólogo social español se dedicó a atender las necesidades de los
grupos oprimidos en la región y fue asesinado por su labor. Su trabajo
buscaba desarrollar una psicología relevante para las mayorías
oprimidas, culminando en la obra Escritos para una Psicología de la
Liberación, que explora el papel transformador de la psicología. La
mayoría de sus textos no están traducidos al inglés y su obra no es
ampliamente reconocida, incluso en América Latina. Martín-Baró llevó a
cabo investigaciones para sensibilizar y empoderar a las personas
afectadas por traumas sociales y políticos en El Salvador.

La psicología social de la liberación

En la última década del siglo XX, la psicología social de la liberación ha


emergido en América Latina, aunque sus raíces se remontan a los años
setenta y ochenta. Su uso ha empezado a extenderse también a Europa
y Estados Unidos. Este enfoque se considera parte de un proyecto más
amplio que busca la teoría y práctica liberadora para poblaciones
oprimidas en la región. Contextos sociopolíticos significativos incluyen la
represión en El Salvador y las dictaduras en Chile y Argentina, así como
la situación de comunidades marginadas en países como Venezuela,
Puerto Rico, Costa Rica y Brasil. También hay contribuciones en México,
Estados Unidos, Cuba y España, y se han registrado esfuerzos similares
en África del Sur, Australia, Nueva Zelanda y Gran Bretaña.

Para comprender los fundamentos de la Psicología Social de la


Liberación, es necesario esbozar brevemente el surgimiento de la
Psicología Social como disciplina independiente de la Psicología y la
Sociología, cuyo desarrollo se ha ubicado a partir del auge del
positivismo en el siglo XIX. Aunque los temas de estas disciplinas se
remontan a la filosofía clásica, se considera que fue en el siglo XIX
cuando comenzaron a consolidarse como ciencias. La psicología,
liderada por Wilhelm Wundt con la creación del primer laboratorio en
1879, se enfocó en los procesos mentales, diferenciando entre procesos
básicos y superiores, estos últimos basados en la interacción colectiva.
Wundt sostenía que la “psicología de los pueblos” abarca productos
mentales generados por la comunidad, los cuales no son reducibles a la
conciencia [Link] Estados Unidos, Edward B. Titchener llevó las
ideas de Wundt hacia el estructuralismo, centrado en el estudio de la
conciencia a través de la introspección. En sociología, Émile Durkheim
propuso un enfoque objetivo en el estudio de los hechos sociales,
considerándolos como entidades externas que dominan a los individuos.
Su perspectiva sugiere que existe una conciencia colectiva que
trasciende la conciencia individual, funcionando como un saber
compartido que mantiene la cohesión social y actúa como una fuerza
coactiva sobre los miembros de la sociedad.

Herbert Spencer aportó a la psicología social con su concepción de la


evolución social, basándose en las ideas darwinianas. Su pensamiento,
que compara el ser social con un organismo, sentó las bases del
funcionalismo en las ciencias sociales. Estas ideas fueron adoptadas en
Norteamérica, donde el pragmatismo surgió y resonó en la sociología de
la Escuela de Chicago, promoviendo una realidad dinámica y la
construcción de significados a través de la interacción. La tesis central
del pragmatismo sostiene que la verdad de una idea depende de sus
consecuencias prácticas, lo que implica que el conocimiento científico
debe evaluarse por su eficacia en situaciones [Link] las
primeras décadas del siglo XX, la psicología y la sociología confrontaron
sus relaciones recíprocas, originando la psicología social como una
disciplina que combina elementos de ambas. Edward A. Ross y Charles
H. Cooley fueron influencias iniciales en esta área, pero con el tiempo,
las teorías psicológicas comenzaron a dominar. William McDougall
contribuyó a esta tendencia al enfocarse en instintos y genética. El
conductismo, promovido por Floyd Allport, reforzó la idea de que la
psicología social estudia al individuo y su interacción con los fenómenos
sociales.A través de esta evolución, la psicología social se ha centrado
en comprender las ideas, sentimientos y conductas de las personas,
aunque su historia también revela sesgos en la interpretación de datos,
como lo señala Soto. Durante la primera mitad del siglo XX, la psicología
social se consolidó principalmente a través de enfoques más
psicológicos que sociológicos, apoyándose en el conductismo y la
Escuela de la Gestalt. Esta tendencia buscó un estatus científico, a
menudo despojándose de sus raíces filosóficas y limitándose
excesivamente al método experimental. En los años setenta, esta visión
enfrentó críticas significativas, destacadas por Thomas Kuhn, quien
argumentó que la ciencia progresa de manera discontinua a través de
paradigmas que son desafiados en períodos de crisis. Estas ideas
llevaron a los científicos a reconocer el papel del contexto en la teoría
científica y la naturaleza social de la ciencia, incluyendo la influencia del
lenguaje en la construcción del conocimiento. Las críticas y la necesidad
de acercarse a las ciencias duras provocaron una crisis en la psicología
social, cuestionando sus logros y su enfoque en modelos de conducta
que buscaban predicción y control. Finalmente, se evidenció que la
ideología subyacente en la psicología social, basada en la convicción de
la racionalidad científica y el individualismo, no justificaba su lugar en la
actualidad.

¿Por qué considerar la psicología Social de la liberación?

La psicología en América Latina se ha desarrollado en un contexto


distinto al europeo, caracterizado por una alta pobreza y exclusión social
que afectan a gran parte de la población y son resultado de la
dependencia económica. La mayoría de las actividades de los psicólogos
se concentran en universidades y el sector privado, ya que su
integración con los sistemas estatales es menor que en Europa, lo cual
les brinda cierta libertad para desarrollar enfoques independientes. Las
tradiciones intelectuales en psicología y ciencias sociales en la región
son diferentes de las anglosajonas, siendo más cercanas a las de Europa
continental pero con elementos propios. A pesar de estas diferencias, es
necesario considerar el corpus de trabajos latinoamericanos

Como una respuesta a las críticas De la psicología tradicional

El trabajo de la PSL se desarrolló en respuesta a la crisis de la psicología


social de los años setenta, que afectó especialmente a Gran Bretaña,
Estados Unidos y América Latina. Este periodo se puede resumir en tres
problemas clave.

1. La psicología social enfrentaba críticas por no generar


conocimiento útil para abordar problemas sociales, tanto en su
contexto local como en otros lugares.

2. La psicología social buscaba establecer principios universales


basados en investigaciones realizadas en poblaciones selectivas,
principalmente con estudiantes de licenciatura en entornos
artificiales. A pesar de esta limitación, pretendía ofrecer validez
general a sus hallazgos, aplicables a todos los seres humanos en
diversos contextos.

3. La imitación de la neutralidad científica ha llevado a los psicólogos


sociales a cuestionar la moralidad de su trabajo. Muchos sienten
malestar respecto a las condiciones en las que trabajan y la
utilidad de sus orientaciones. Se preguntan a quién benefician sus
investigaciones y reconocen que algunas teorías que consideran
válidas no ofrecen respuestas efectivas o relevantes.

El enfoque de la PSL difiere del de los países centro, donde hay una
coexistencia pacífica entre construccionistas sociales y empiricistas, con
un impacto limitado en la psicología aplicada. La crítica en estos
contextos se ha mantenido a un nivel teórico dentro de la comunidad
académica. La PSL puede servir como un correctivo a la inacción y a los
debates intelectuales poco productivos de la psicología crítica en Gran
Bretaña, al adoptar una postura activa que no solo denuncia el uso
opresivo de la psicología, sino que también sugiere una práctica
alternativa.

La psicología de la liberación de Ignacio Martin baro

Martín-Baró argumenta que la psicología social debe liberarse de sí


misma al reflexionar sobre su historia y cuestionar sus raíces y las
circunstancias que la han configurado. Indica que existe una
desconexión entre la realidad latinoamericana y lo que se enseña en los
textos de psicología social, donde los enfoques importados de
Norteamérica y Europa no permiten a los estudiantes entender los
problemas concretos que enfrentan. Este enfoque en la descripción en
lugar de la definición de la psicología social responde a un marco que es
impuesto por quienes detentan el poder económico y social. Así, las
teorías surgidas en otras realidades no abarcan la diversidad de
problemáticas que debe analizar la psicología [Link]ín-Baró sostiene
que el foco de la disciplina debería estar en la acción humana influyente,
no meramente en la conducta, y debe considerar el contexto histórico
de dicha acción. En su análisis, plantea que la relación con otros, ya
sean reales o imaginarios, es esencial para comprender el
comportamiento humano. Aunque reconoce investigaciones anteriores
sobre el influjo de otros en la ejecución de tareas, critica que estas no
cuestionaron adecuadamente su propio contexto social. Para él, la
acción es más que movimientos, al implicar un sentido que está
construido socialmente y se produce en un marco histórico específico.
Por tanto, considerar la acción como unidad de análisis revela la
complejidad de la psicología social como ciencia.

expone que la psicología social estudia la acción humana en relación con


la ideología y la estructura social, enfatizando que la ideología es crucial
para entender el comportamiento. Martín-Baró argumenta que la ciencia
psicológica debe conectar lo personal con lo social, reconociendo que las
personas actúan bajo ideologías, pero también pueden trascenderlas
mediante la conciencia. Además, cuestiona que el objetivo de entender,
predecir y controlar la conducta social es problemático, ya que
desestimar la subjetividad y complejidad del comportamiento limita la
comprensión real de los individuos y sus acciones. Propone que la
psicología social examine más a fondo las influencias históricas y
sociales en la percepción y los patrones de conducta, evitando la
psicologización que despolitiza problemas colectivos. La crítica incluye la
tendencia de la psicología a reforzar intereses dominantes en lugar de
promover la transformación social.

La psicología social debe enfocarse en facilitar la libertad social e


individual. Al estudiar la acción desde una perspectiva ideológica, se
busca que las personas reconozcan los determinismos sociales
asociados con intereses de clase, para que puedan aceptarlos o
rechazarlos y actuar de manera coherente con sus decisiones. Ejercer la
libertad se convierte en un proceso de liberación social, donde el
objetivo es hacer posible la libertad. Esto implica que actuar no solo se
basa en el conocimiento sino que también requiere de una comprensión
más profunda del contexto social. En los años 60, el interés por la
autoexploración en Estados Unidos reflejó un cambio hacia la
individualidad, aprovechado por corporaciones para atender las
necesidades de los consumidores. Este enfoque también sustentó la
ideología neoliberal. Según Martín-Baró, la liberación es un objetivo
clave en la psicología social, que se aleja de la simple predicción y
control, destacando la consciencia como medio fundamental para
escoger valores ético-políticos que guían la acción

Ignacio Martin baro

Ignacio Martín-Baró nació en Valladolid, España en noviembre de 1942.


Su padre, Francisco Martín Abril, era un periodista y poeta que valoraba
la educación, por lo que envió a su hijo a un colegio jesuita. A los
diecisiete años, Martín-Baró decidió ingresar a la Compañía de Jesús, una
elección inesperada dado su carácter alegre. Esta decisión influenció
profundamente su vida académica y personal hasta su muerte.

Formación académica de Ignacio Martin baro


Martín-Baró ingresó al Noviciado de Deusto en 1959 y viajó a El Salvador
en 1960, donde se interesó profundamente en el catolicismo de los
pobres. Se trasladó a la Universidad Católica de Quito para continuar sus
estudios, y luego a Bogotá, donde empezó a interesarse en la psicología,
influyéndose por autores como Freud y Erich Fromm. En 1966 publicó su
primer trabajo formal sobre la muerte como un hecho crucial de la
existencia humana. Continuó su formación teológica en Frankfurt, donde
conoció a Jon Sobrino, y regresó a El Salvador para estudiar psicología.
Obtuvo su maestría en Ciencias Sociales en la Universidad de Chicago y
un doctorado en Psicología Social y Organizativa. Al regresar a El
Salvador, se involucró profundamente en la comunidad, participando en
actividades académicas y sociales, mientras el país comenzaba a entrar
en guerra. Su trabajo se centró en el compromiso con el pueblo
salvadoreño y la búsqueda de su liberación.

Establecimiento en El Salvador

En 1982, Martín-Baró se convirtió en el director del departamento de


psicología en la UCA y al año siguiente publicó su libro “Acción e
ideología. Psicología Social desde Centroamérica”, considerado
fundamental para sus clases. Este texto establece las bases de su
pensamiento y su enfoque en la realidad socio-política de El Salvador,
destacando el impacto de la represión política en la población. Martín-
Baró, conocido por su carácter exigente, enseñaba materias como
Psicología Social, Ética y Dinámica de Grupos, utilizando su libro como
base para fomentar un estudio riguroso y una clara participación de los
estudiantes. Creía que la enseñanza debía ser una experiencia vivencial
y transformadora, donde el educador guía a los estudiantes a través de
su ejemplo y práctica.

La psicóloga Ana E. Castro destaca la dinámica del aula dirigida por


Martín-Baró, que comenzaba con la formulación de un problema y su
análisis a través de diversas teorías, culminando en la reflexión crítica.
Un momento impactante para Castro fue su clase sobre el resentimiento
social, donde Martín-Baró lo explicó utilizando enfoques psicoanalíticos y
conductuales, concluyendo que el sufrimiento se debía a la injusticia. Su
enfoque ayudó a abrir la comprensión sobre las realidades humanas.A lo
largo de su carrera, Martín-Baró equilibró altos estándares para sus
estudiantes con atención y humildad, lo que era especialmente evidente
en su labor como párroco, donde se mostraba más relajado y cercano a
la comunidad, incluso animando con su guitarra. A pesar de su modestia
en el vestir, su dedicación a la parroquia era notoria, prioritizando
siempre a quienes lo [Link] 1986, uno de sus logros más
significativos fue la fundación del Instituto Universitario de Opinión
Pública (IUDOP), que buscaba dar voz a la población salvadoreña
durante un periodo de conflicto. Este instituto pretendía transformar la
realidad nacional y facilitar la democratización, estableciéndose como un
canal para las aspiraciones populares. La labor de Martín-Baró en la
Universidad Centroamericana (UCA) se caracterizó por la investigación y
la publicación, crucial en un contexto donde la información era limitada.
Su trabajo en las comunidades durante los fines de semana
ejemplificaba su visión de la Universidad, que incluía docencia,
investigación y proyección social. Según Jon Sobrino, su valentía para
señalar injusticias lo convirtió en un objetivo para la dictadura militar, ya
que su labor defendía a los oprimidos y buscaba transformar un sistema
injusto, similar a la trayectoria de Monseñor Romero.

La noche del 16 de noviembre de 1989, Martín-Baró, un sacerdote


jesuita, conversó con su hermana mientras se escuchaban disparos en El
Salvador. A pesar de conocer el peligro, decidió no escapar como un acto
de fe y valentía. Esa noche, el subteniente Gonzalo Guevara recibió
órdenes para eliminar a los jesuitas y otros intelectuales en la UCA, lo
que resultó en un ataque donde Martín-Baró y otros fueron asesinados.
Años después, en 2009, la Audiencia Nacional de España reabrió la
investigación sobre estos crímenes, buscando justicia a pesar de que
muchos responsables ya habían sido exonerados en El Salvador. A lo
largo de los años, ha habido intentos de extraditar a varios militares
involucrados, pero algunos legisladores se oponen, argumentando que
vulnera la soberanía. Mientras tanto, la discusión continúa y hay
esperanzas de justicia tras el éxito en otros casos.

Histórico -politico
Mundial

El final de la Segunda Guerra Mundial dio lugar a la rivalidad entre


Estados Unidos y la Unión Soviética, representando polos opuestos en un
nuevo orden mundial capitalista y comunista, respectivamente. Esta
dicotomía culminó en la Guerra Fría, donde cada poder buscó expandir
su influencia global. Estados Unidos adoptó una política de contención
frente a la expansión soviética, lo que llevó a intervenciones en América
Latina para prevenir la propagación del comunismo. La Unión Soviética,
por otro lado, construyó el muro de Berlín para proteger su ideal
socialista.A finales de los años sesenta, la ventaja económica de Estados
Unidos comenzó a disminuir con el resurgimiento de Europa y Japón tras
la guerra. Durante esta época, surgieron movimientos sociales
significativos, como los Estudiantes por una Sociedad Democrática, que
criticaron el capitalismo y se opusieron a la guerra de Vietnam. Las
mujeres comenzaron a ingresar más al mercado laboral, lo que condujo
a la formación de la Organización Nacional para las Mujeres abogando
por la igualdad de derechos. También se intensificaron las luchas por los
derechos civiles de la comunidad afroamericana, lideradas por figuras
como Martín L. King. Estos movimientos críticos y demandantes de
reconocimiento social marcaron la década y enfrentaron represión
estatal, extendiéndose hasta los años setenta.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos enfrentó el


desafío de establecer un modelo democrático en un sistema capitalista,
apoyándose en una ideología dominante que promoviera el “american
dream”. El psicoanálisis desempeñó un rol clave, contribuyendo a la
creación de consumidores ideales, como lo ejemplifica el Instituto de
Investigación Motivacional de Ernest Dichter, que desarrolló técnicas
para comprender y manipular los deseos del consumidor. Sin embargo,
esta necesidad de control sobre las masas generó tensiones que se
manifestaron en movimientos sociales [Link] la década de 1980,
Estados Unidos implementó préstamos de ajuste estructural a varios
países de América Latina a través del FMI y el Banco Mundial. Este
enfoque perjudicó a los países prestatarios, que se convirtieron en
deudores perpetuos, provocando un estancamiento en su desarrollo y un
aumento de la desigualdad. A pesar de las promesas de mejora
económica, los resultados fueron negativos, llevando a algunos países a
rechazar más préstamos y la intervención del FMI y el [Link] informes
indican que la desigualdad extrema ha alcanzado niveles preocupantes,
con el 1% más rico poseyendo más que el 99% restante. Las
consecuencias en Latinoamérica fueron drásticas, evidenciándose en un
empobrecimiento progresivo. Este contexto culminó con la Guerra Civil
en El Salvador, que fue una respuesta a la opresión y la falta de
cumplimiento de promesas por parte de un sistema que favorecía los
intereses estadounidenses. La lucha se vio como el último recurso de los
pueblos empobrecidos en su búsqueda de liberación.

Latinoamérica

La Guerra Fría en Latinoamérica resultó en el establecimiento de


dictaduras militares apoyadas por Estados Unidos, que buscaba prevenir
la expansión del comunismo en la región. Cualquier intento de
autonomía o democracia era considerado una "amenaza comunista", lo
que llevó al derrocamiento de gobiernos como el de Jacobo Árbenz en
Guatemala y Salvador Allende en Chile. La influencia estadounidense se
amplió, convirtiéndose en control económico e ideológico. Dos
revoluciones significativas, la Cubana y la Sandinista, simbolizan la lucha
por la liberación. La Revolución Cubana, iniciada con el ataque al cuartel
Moncada en 1953 y culminando con la caída de Batista en 1959, inspiró
movimientos revolucionarios en la región y llevó a Estados Unidos a
implementar la política de "No a una Segunda Cuba". La Revolución
Sandinista, que comenzó en 1979, se levantó contra cuatro décadas de
dictaduras Somoza y se inspiró en la lucha de Augusto C. Sandino contra
la intervención estadounidense en la década de 1920. Estos eventos
reflejan la resistencia y el deseo de cambio en América Latina frente a la
hegemonía norteamericana.

La opresión del gobierno dictatorial en Nicaragua llevó a la formación de


un movimiento armado de oposición en 1962, conocido como el Frente
Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Este movimiento, que se
identificó con el legado de Sandino, centró su lucha en la contradicción
entre democracia y dictadura y se basó en una comprensión realista de
la estructura de clases en el país. A lo largo del tiempo, el FSLN atrajo el
apoyo de campesinos, obreros y estudiantes, impulsado también por la
teología de la liberación. La revolución nicaragüense fue notable por la
participación activa de cristianos tanto laicos como clericales. Tras
diecisiete años de enfrentamientos, diferentes facciones del FSLN se
unieron en 1979 para lanzar la Ofensiva Final, que culminó con la salida
de Anastasio Somoza, quien había perdido el respaldo de Estados
Unidos. Sin embargo, la muerte de Somoza no trajo paz a Nicaragua,
que continuó enfrentándose a tensiones políticas y militares hasta 1990,
en un contexto similar a la guerra civil en El Salvador.

El salvador

La dictadura militar en El Salvador comenzó en 1931 con un golpe de


Estado que llevó al General Maximiliano Hernández Martínez al poder. A
partir de 1932, se desataron levantamientos armados que fueron
reprimidos con violencia, provocando miles de muertes, incluido el líder
comunista Agustín Farabundo Martí. Tras tres décadas de represión, en
los años 60 empezaron a organizarse movimientos sociales que
encontraron una respuesta violenta del régimen. Las condiciones de vida
se deterioraron, con un aumento en la pobreza y el desempleo, lo que
generó descontento en la población que consideraba que la vía
democrática no conduciría a un verdadero cambio. La represión se
intensificó con eventos como la masacre del 30 de julio de 1975. Las
elecciones de 1977, marcadas por el fraude, resultaron en la victoria del
Coronel Carlos Humberto Romero, lo que incrementó la violencia estatal.
En respuesta a la opresión, surgieron organizaciones como las Ligas
Populares 28 de febrero. Monseñor Romero, nombrado Arzobispo de San
Salvador en 1977, se convirtió en una figura clave en la defensa de los
Derechos Humanos y la lucha por los oprimidos, utilizando su plataforma
para hablar contra el régimen. Con el tiempo, sus sermones se
convirtieron en referentes para el pueblo, a pesar de que su activismo lo
puso en peligro. En marzo de 1980, pronunció su última homilía,
instando a los soldados a desobedecer órdenes, un acto que resultó en
su asesinato.

Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los


hombres del ejército

y, en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía,


de los

cuarteles: hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus


mismos

hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que de un


hombre, debe de

prevalecer la ley de Dios que dice “no matar”. Ningún soldado


está obligado a

obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie
tiene que

cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que


obedezcan antes

a su conciencia que a la orden del pecado. La iglesia defensora


de los derechos

de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona,


no puede

quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el


gobierno tome en

serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta
sangre. En nombre

de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos


lamentos

suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les
ruego, les ordeno

en nombre de Dios ¡cese la represión!.


Con estas palabras y mientras preparaba la mesa para la eucaristía,
Monseñor Oscar Arnulfo Romero fue asesinado a tiros mientras
preparaba la mesa para la eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina
Providencia. Su muerte, ocurrida a las 6:25 pm, resonó en los medios de
comunicación tanto en El Salvador como internacionalmente, lo que
intensificó la indignación entre el pueblo salvadoreño y legitimó el
movimiento guerrillero a nivel global. En el contexto de su asesinato, el
régimen dictatorial enfrentaba un desgaste significativo y existía un
deseo social por una transformación revolucionaria, en un entorno ya
marcado por la represión y las matanzas.

El 10 de octubre de 1980 se fundó¡el Frente Farabundo Martí para la


Liberación Nacional (FMLN), que unió a importantes organizaciones
guerrilleras en El Salvador. Aunque había movimientos guerrilleros en los
años 60, fue a finales de 1980 cuando el pueblo se organizó para luchar
contra la dictadura. En enero de 1981, el FMLN inició la guerra civil con
la Ofensiva Final, argumentando que la opción democrática ya no era
viable debido a la opresión del régimen. Esta guerra se extendió durante
doce años y se dividió en tres etapas: la construcción de la retaguardia
(1981-1984), la intensificación de la intervención estadounidense (1984-
1987) y una iniciativa política del FMLN (1987-1989). El FMLN buscó
crear un país inclusivo con derechos para todos, mientras que el
gobierno intentó deslegitimarlo negando la guerra y menospreciando a
los guerrilleros. Testimonios de figuras como Ana E. Castro resaltan la
labor de jesuitas y otros en visibilizar la situación en el país, haciendo
evidente la realidad que el Estado intentaba ocultar.

En 1984, el gobierno salvadoreño intentó aplacar las revueltas mediante


elecciones, aparentemente para transferir el poder a un civil. El FMLN,
en cambio, promovía un Gobierno Provisional de Amplia Participación
para asegurar un entorno democrático. Sin embargo, las elecciones,
convocadas en colaboración con Estados Unidos, resultaron en la
elección de José Napoleón Duarte, quien rechazó la propuesta del FMLN.
Con Ronald Reagan reelecto en EE. UU., la ayuda hacia El Salvador se
justificó por la contención del comunismo y el respaldo a un gobierno
legítimo de centro. Estados Unidos apoyó a El Salvador no solo
económicamente, sino también ideológicamente. Duarte, mientras
gestionaba negociaciones públicas con el FMLN, condicionaba estas
conversaciones a sus intereses, ignorando las demandas de la guerrilla.
En 1989, el FMLN propuso participar en las elecciones, pero nuevamente
fue rechazado por Duarte. Alfredo Cristiani, del partido ARENA, tomó el
poder, lo que provocó una escalada de ataques del FMLN. La Universidad
Centroamericana tuvo un papel crucial en las negociaciones sucesivas;
la figura de Ignacio Ellacuría se destaca en este contexto. El asesinato
de varios jesuitas por parte del ejército el 16 de noviembre de 1989
generó una fuerte condena internacional y muchos consideran que tuvo
un impacto significativo en la eventual conclusión de la guerra en 1992.

Un juicio penal histórico contra varios militares salvadoreños se llevaría


a cabo, mientras en noviembre de 1989 ocurría la caída del Muro de
Berlín, un evento significativo en el contexto de la lucha entre
capitalismo y comunismo en Latinoamérica. El Salvador y Nicaragua
solicitaron la intervención de las Naciones Unidas para mediar en el
conflicto. La creciente fuerza de la guerrilla en El Salvador y el contexto
internacional, marcado por la caída de la Unión Soviética, amenazaban
con prolongar el conflicto. La ONU jugó un papel central en la
negociación y supervisión del Acuerdo de Paz, con la participación de
aproximadamente 400 observadores. El año 1990 se presenta como un
momento más propicio para iniciar negociaciones previamente
propuestas. Finalmente, el 27 de abril de 1991, se firmaron acuerdos en
México que incluían reformas constitucionales, al ejército, al sistema de
justicia y electoral, así como la creación de Comisiones de Verdad,
preparatorias para los Acuerdos de Paz definitivos firmados en 1992 en
Chapultepec, Ciudad de México.

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