EL VIAJE DE MALLKI - AUTOR: Els Vandell.
En una pequeña chacra, cerca de una mina de los andes del Perú. vivía un niño llamado Mallki.
MALLKI vivía con su mamá, su papá, la gata Malú y el joven pato Martín. Las gallinas turuleques y el
chancho Don Pedro.
Él es diferente a todos los niños que viven en su comunidad: es dormilón, comelón, flojo, no quiere a
nadie, trata mal a los animales, no quiere ni respeta la naturaleza, pero sobre todo es muy malo.
Nunca le daba de comer al chancho Don Pedro y siempre le sacaba la lengua a la gata Malú. le jalaba
la cola.
Cierto día, se encontró cara a cara con un muqui, que es el duende de las minas. Mallki se quedó
asombrado al ver al muqui con sus botitas de minero, su linterna, su barba rubia y larga, sus orejas
puntiagudas y el cinturón donde colgaban sus pequeñas herramientas.
Mallki no lo trato bien, lo atrapó y no quiso dejarlo ir. Y le dijo:
¿tú crees que te voy a dejarte escapar sin que hagas algo por mí?
En ese momento mallki sintió un golpe tan fuerte Y cuando se levantó el muqui había desaparecido.
Por un instante pensó que era un sueño y al ver que todo era muy grande y él se había vuelto muy
chiquito. Entonces comprendió que el muqui lo había encantado.
Mallki busco por todas las partes de su casa al muqui y no lo encontró. Hasta que dijo: ¡ya sé! ¡Grito!
! Debe estar en el corral de las gallinas. Pero lamentablemente no lo encontró.
Mallki estaba a punto de perder la paciencia, cuando de pronto había llegado la gata Malú. Entonces
le dijo: el muqui te ha convertido en duende porque fuiste malo con él y ahora quiere que aprendas a
ser bueno.
Desde ese momento Mallki vive una serie de aventuras con el pato Martin quien era blanco, un poco
gordito, gracioso y de buen corazón.
Desde chiquito el joven Martin deseaba hacer el gran viaje con los patos Ujujuy.
Apurado por alcanzarlos, comenzó a correr.
¡los patos Ujujuy ya llegan! ¡Espérenme! ¡Gritó!
Mallki escuchó los gritos
¿A dónde vas? ¡tú eres mío! Gritó. Saltó del muro y se agarró del cuello de Martin, justo cuando
levanto vuelo.
¡espérenme! ¡este año lo voy a lograr! ¡espérenme! Llamaba Martín.
Los patos Ujujuy lo escucharon. Asombrados avisaron a la mamá Ujujuy porque les encanta cuando
un pato de la chacra los quiere acompañar.
El joven pato Martin estaba contento de volar como un pato Ujujuy que no escuchaba los gritos de
Mallki.
Mallki se atrevió a mirar hacia abajo y vio unos puntitos blancos que eran sus ovejas, vio cuadrados
verdes y amarillos que eran las chacras de su comunidad. sintió un poco de vergüenza. Entonces
Martín, que tenía un buen corazón, le dijo:
No sabias que tu valle era tan hermoso, ¿verdad?
Había volado mucho y Martín estaba muy cansado.
De pronto La mamá Ujujuy frenó.
Había encontrado el lugar para aterrizar. Martín y los patos chocaron. cayo patas arriba y Mallki se
libró de ser aplastado.
Aterrizaron en un arroyo donde crecían ricas hierbas.
Mallki se sentó en una piedrita, tenía hambre, frio y sed. Volvió a mirar donde había caído Martín.
Todavía seguía patas arriba y no se movía. Entonces Mallki comenzó a jalar del pato blanco con todas
sus fuerzas hasta meter su cabeza en el agua del arroyo.
Al fin Martín tosió y tomo agua, mucha agua. ¡ahh!
¡Qué buena estaba el agua y que ricas esas hierbas! GRACIAS POR LLEVARME DIJO.
Todavía no eran amigos, Martín quería hacer el gran viaje con los patos Ujujuy. Pero había un
problema, solo no podía. Necesitaba la ayuda de Mallki. entonces se le ocurrió una muy buena idea: si
Mallki lo ayudaba en su viaje aprendería a cambiar y a ser más humano.
Ambos se quedaron dormidos a orillas del arroyo, pero no sabían que de noche salían los zorros. De
pronto apareció el zorro. En ese momento Mallki se levantó de un salto. Martín corrió a esconderse
mientras que Mallki se prendió de la cola del zorro, Este daba vueltas y vueltas hasta que se mareó,
por fin se alejó completamente desorientado.
Y así fue como Mallki aprendió que era bueno no estar solo. Decidió acompañar al joven pato Martín
en su gran vuelo con los patos Ujujuy.
Al salir el sol, los patos Ujujuy estaban listos para seguir el viaje.
Hay viento noreste. Vamos con el viento dijo la mamá Ujujuy.
Emocionado Martín sacudió las alas. Mallki se acomodó en sus hombros y emprendieron el viaje.
Volaron un tiempo largo, sin dudar, sin parar. Mallki vio que los colores de la tierra iban cambiando.
De pronto apareció debajo de él una banda muy ancha que se novia como una serpiente entre el
verde. Era la selva.
Desde abajo se escuchaba una música. Una fiesta, jefa, una fiesta gritaron los patos y aterrizaron
alocadamente. Y salieron corriendo hacia la dirección de donde venía la música.
Todo era muy verde, hacía mucho calor, había miles de pájaros que conversaban todos a la vez.
¡Estamos en la selva, Mallki! Dijo Martín.
El corazón de Martin latía mas rápido. habían llegado a la selva, estaban en el pulmón del mundo.
Pero a Mallki no le gustaba, tenía calor, el aire pesaba, los habitantes hablaban raro y eran ruidosos.
En ese momento aparecieron miles de aves cantando y bailando a un ritmo muy alegre. Los invitaron
a bailar.
Mallki no quería bailar, pero fue una oropéndola que logro contagiarlo con su alegría.
Martin y Mallki bailaron, comieron y cantaron todo el día. Ya entrada la noche se despidieron con
cálido abrazo de la selva.
Mallki había aprendido a divertirse. Inspiró hondo el olor de la selva, a tierra húmeda, a vegetación.
Le gusto decir el nombre de su país. PERU
En eso sonó un ruido tremendo, se venía una gran tormenta. Los patos levantaron vuelo. Martin se
apuró por seguir a los patos Ujujuy.
Pronto estaban volando por encima de los árboles, cada vez más alto.
¡vamos hacia el sur! Gritaba la mamá Ujujuy.
Estaban volando en medio de las nubes oscuras de la tormenta. Mallki no veía nada, no había rastro
de los patos Ujujuy.
De pronto una ráfaga de viento le arranco el chullo a Mallki.
Mallki quiso atraparlo y soltó por un segundo las plumas de Martín. Entonces otra fuerte ráfaga de
viento lo hizo volar por los aires. Martín no se dio cuenta que había perdido a su pasajero.
Mallki iba cayendo lentamente como una pluma de pato. Aterrizo suavecito.
Que suelo tan raro, pensó.
¡Martín! Grito. No hubo respuesta. Lo llamo muchas veces más, pero solamente contestaba el canto
que venia del otro cielo. Gua….. sshh, gua….. sshh, gua….. sshh….
Mallki miro, y vio que el otro cielo era agua. Agua que subía y bajaba en olas grandes que lamian y
chupaban la arena, gua….. sshh, gua….. sshh….
Por primera vez sintió una profunda soledad. Extrañó a su mama, a su papa, al maestro de la escuela,
pero sobre todo extrañaba a su amigo Martín.
Quiero volver al Perú, donde está mi amigo Martín – le dijo al viento.
Estas en el Perú – le contesto el viento. No sabía – murmuró Mallki.
No sabias que el Perú era tan grande, ¿verdad? Tan grande y tan diferente que parece muchos países
a la vez. El viento le acarició la cabeza y decidió dejarlo tranquilo.
Mallki pensó y entendió que su país era el hogar de muchos seres diferentes, cada uno con un sueño
que debía respetar. Y que el ahora también tenía un sueño. Volver a ser humano para convertirse en
un hombre bueno que cuidaría por siempre a ese loco, el joven pato Martín.
Mallki estaba tan concentrado en sus pensamientos que.
De pronto se escucharon unos gritos y una cosa blanca salió de las olas. Subió al cielo dando vueltas y
¡pum! Cayó patas arriba. El joven pato se veía un poco maltrecho, pero, si era Martin. Mallki estaba
seguro y corrió a abrazarlo.
Martin reclamo a Mallki: de pronto me encuentro solo. No sabía que te había pasado. No sabía cómo
encontrarte. Di vueltas y más vueltas….
Tranquilo, Martín. vamos a abrazarnos fuerte dijo Mallki.
Mallki salto y se prendió fuerte del cuello de Martín y este lo rodeo con sus alas. Se quedaron así por
un buen tiempo. Contentos, tranquilos.
Emocionado Martín inicio el despegue y Mallki tuvo que apurarse para alcanzarlo. Pronto estaban
volando y Mallki iba indicando el camino. De pronto aparecieron unas formas conocidas en el
horizonte.
¡los patos Ujujuy! Sii, eran ellos. Enseguida reconocieron a sus amigos. La próxima parada era La
Laguna de los Espejos.
Y así fue como Mallki y Martín volvieron a encontrarse con los patos Ujujuy.
Al caer la noche apareció debajo de ellos La Laguna de los Espejos y los patos se prepararon para el
aterrizaje. Martin tomo la delantera. Hizo un perfecto aterrizaje. corrió a mirarse la cara en el espejo
de la laguna.
Durante todas las vacaciones largas del colegio los patos Ujujuy se quedaron en la laguna y Mallki
junto a ellos se divirtió mucho. Se hizo amigo de todas las aves y animales. Había cambiado mucho.
Pero… algo faltaba. Extrañaba su casa, a su mamá y papá.
De pronto Mallki reconoció el monte que siempre había visto desde su casa. No lo podía creer ¡todo
este tiempo había estado al lado de su casa y no se había dado cuenta!!¿este hermoso lugar era su
casa?! No entendía como no pudo haberse dado cuenta.
A Mallki le entraron unas ganas enormes de volver a casa. Comenzó a jalar de las patas a Martín. pero
él estaba mirando el cielo lleno de aves que se juntaban para seguir el gran viaje migratorio y
convencido de que no regresaría a casa.
Mallki miro detenidamente al amigo y entonces entendió que Martín no iba a ser feliz en la chacra.
Ahora él era un pato silvestre y su casa era el cielo y el agua.
Entonces Mallki tomo la decisión más grande de su vida.
Sigue viajando con los patos Ujujuy, Martín. tú tienes que volar y yo tengo que crecer. Me dejaste en
mi casa. Es suficiente. Yo solo encontrare al muqui para que me vuelva a convertir en humano.
¿de verdad. Mallki, lo dices de todo corazón? Dijo Martín.
Si, Martín, de todo corazón. Martin no sabía que decir. Entonces Mallki salto y se abrazó del cuello del
pato blanco. El joven pato Martín lo envolvió con sus alas.
Mallki sintió que su corazón crecía y crecía y crecía… y antes de poder entender lo que pasaba, el pico
de Martín chocaba contra su rodilla y él estaba abrazando el aire.
¡has vuelto a ser humano, Mallki! Grito Martín desde abajo. Mallki sentía como si se despertara de un
sueño. Miro hacia abajo y vio a su amigo el pato blanco. Todas las aves eran muy pequeñas. De
pronto se puso a temblar y comprendió lo que había pasado. Se había convertido en un niño. Y
recordó las palabras de la gata Malú. Mallki había conocido la compasión. Es por ello que el muqui
había levantado el castigo.
Ambos se abrazaron hasta que escucharon el llamado de los patos Ujujuy.
A dios Martín. Te esperaré cada año aquí, en La Laguna de los Espejos. Vamos a ser amigos por
siempre.
Entonces, el pato se sacudió las plumas, le guiño el ojo y se echó a correr. ¡Adiós! ¡Hasta el próximo
año!
Mallki se quedó mirando hasta que desaparecieron del horizonte y entonces bajo corriendo a su casa
para abrazar a su mamá, a su papá y a todos los miembros de su comunidad.
Mallki subía hasta la laguna cada año para encontrarse con Martín. Luego, con el hijo de Martín, y
posteriormente con sus nietos y bisnietos.
Mallki se convirtió en un hombre bueno y muy querido que tenía un don especial con los
animales. Parecía que entendía cada sonido que emitían.
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