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DIONISIO RIDRUEJO
POESÍA EN ARMAS
EDICIONES JERAR2UÍA
MCMXL
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POESIA EN ARMAS
DIONISIO RIDRUEJO
POESIA EN ARMAS
EDICIONES JERAR2UÍA
MCMXL
DEDICATORIA
A Pilar Primo de .Rivera,
por la memoria y la esperanza
Estas páginas de poesía, publica-
das hoy como un folleto de nuestra
Propaganda, no constituyen real-
m·ente un libro, sino -a lo más--
su primera entrega. No concluye
aquí, ·por lo tanto, mi aportación
poética a la exaltación del heroíspio
Español y a la pasión de España,
es· decir: mi "poesía en armas".
Quien se ha puesto a servir sin
condiciones no puede dar por con-
cluído su servicio sino en el mismo
día de su muerte.
Respecto a algunos de los poemas,
se advertirán ivariantes -a las que
no soy aficionado- respecto a su
primer texto publicado en periódi-
cos o revistas. Es ooá revisión míO:
nima que se ha hecho necesaria por
el tiempo de urgencia en que ·se die-
ron antes. Queda así estaihlecido el
texto auténtico, por no decir-¡ Dios
sabe el porvenir !-el definitivo.
N.A. G. S. A. • Casanova, :n2-:n4 • Teléfono 7u64 • Barcelona
AL 18 DE JULIO
-:
AL 18 DE JULIO
A J. A. Girou, José Navarro
y Francisco Navarro, Jefes
de Bandero.
Todo se adelantaba hacia la angustia
huído de sí mismo por el roce
oscuro del feroz presentimiento.
La catástrofe sorda navegaba,
sobre la inundadón de la agonía
con un sabor de escombros en el air~
Donde estaba el silencio reposado
venían a caer las alas yertas,
hirientes como dagas y cristales
con la fría inminencia del gemido.
Y cerca de la cal de las aildeas
la came, amoratada por el miedo,
11
se rendía en un tacto de culehras
, poblada por oídos anhelantes
que escuchaban el soplo de la muerte.
La voz •desconocida por. los labios
y exasperadamente confundida
en .un humo de gritos y sollozos,
esca,lapa ,las anchas tempestades
de un cielo de rubor y de tinieh]as.
El mundo se oprimía de pisadas
torpes como la oruga del estío
y sucias del oolor de los ·pantanos.
Océanos del ancho desconsuelo
sepultaban el gozo de los días,
y en el miedo que hundía Jas edades
se aguzaban los filos .de la rabia.
12
"No se puede vivir", dijo la rosa.
Y en las manos del joven encendido
amaneció el milagro del disparo.
"No se puede vivir", clamaron roncos
todos los horizonte.s acabados
en volumen de blanda cobardía.
Y la muerte escalaba, renaciente,
p·or las esbeltas sabias de la ira.
Entretanto temblaba ·por los campos
el m,ediodía cereal y puro
donde la espiga se abatía al peso
de su granada madurez y al filo
de los cercanos hielos de las hoces.
Y el árbol alto y solo junto al cauce,
olvidando .su cúpula altanera,
lS
refugiaba ,el v-erdor en sus raíces
,con el miedo del hacha sin destino.
Y el prado detenido mansamente
en el estrecho valle de sus flores
ardía .bajo cielos rigurosos
clamando por sus fuentes agotadas
la envidia de los yermos sin aroma.
Y el bosque, despojado de sus alas,
entre1azaha el cielo ·de sus frondas
en íntimo y seguro laberinto
estremecido al sol de las hogueras.
Y el ansia de los ríos encrespaba
la prisa fugitiva por los mares
desamparando al tierno regadío.
14
Y la roca apretaba sus contornos
entrañando
,
. delirios de volcanes
cada J\l'eZ más esquiva ·para e) viento.
Y el cielo se escondía ,de Jos ojos
torturado de ocasos y vencido
bajo la pesadez de la insegura
nube de la agonía de los hombres
ceñida por la cólera del tiempo.
Todo se alzaiba vacilante y solo
en las ·márgenes duras del peligro
con un rumor vecino de caídas.
El ·hombre refugiaba _su desvelo
en paredes espesas de miseria
que el odio penetraba con sus ojos.
15
El taller descolgaha sus martillos
para abatir ,los mármoles ilustres
y las manos ,tiernísimas áel lirio
muerto sobre la larga encrucijada.
_ La fragua trasladaba sus ihogueras
al recinto sereno donde el ara
reposaba Ja Altísima Presencia.
El rencor de las almas en derribo
dffienterraba el lecho de las flores
.donde el ángel posaba el tiemo vuelo.
Y en la orilla impaciente de las horas,
el amor, separado de los cisnes,
y preso al junco de la ausencia larga,
consumía su labio sin caricia .
. 16
· Y, en tanto el hondo pico de .la noche
abría en desaliento los abismos
para abatir 'las cúpulas sagradas,
un cinturón de mares afligidos
esperaban la proa del navío
desarbolado en las llanuras frías.
Sólo en los campamentos inseguros,
acechados de esquinas penetrantes
y montados al aire de los siglos,
la juventud erguida vigilaba
con las :venas ardientes y seguras
navegadas al borde 'de los hielos
por una Patria en flor y brisa nueva.
España se rendía tristemente
con clamor de murallas en el polvo
y suspiros de miedo en las entráñas.
17
Ni el equilibrio de ceniza y hierba
'que se agitaba en los lejanos -huesos
ascendiendo en la hiedra acongojada,
ni el po1vo die los héroes vencidos,
n1 la piedra perenne de la historia,
-ni el te,mblor de llanuras galopadas
y de mares abiertos, que venía
a enfurecer la sangre de los hombres,
podían contener el abandono.
Pero la sangre nueva fué ganando
en pequeños arroyos de fiereza,
conmoviendo los hondos minerales,
las horas ·de ,l a luz y la alegría;
hasta que en anchos cauces derramada
llegó a mojar las ascuas del estío
en el anuncio rojo de la aur(?ra.
18
Ahora está la guerra sobre Julio,
adelantando el alba iesclarecida
con un filo agudísimo de espada.
El campo cereal ,-puebla saetas,
el 'árbol se desnuda como lanza
a ipenetrar el último destino.
El agua galop~ndo en sus espumas
viene al retorno de la primavera.
El bosque, penetrado por el gozo,
alcanza su pasión· de arboladura,
y la roca navega en quilla viva.
El prado dulce y lento del reposo
abandona su júbilo iCle flores
al seguro rigor de las batallas.
19
Los muertos agitados en su tierra
,por el mar navegable de la sangre,
que en amoroso viento nos conduce,
juntan su cal piadosa al Renacido
que en la incumplida edad de su sosiego
asciende a la presencia de .los astros.
Esta es ya, camaradas, en España
la fecha presentida ·y el alivio
de nuestras duras almas vigilantes.
Se abate la fingida arquitectura
que encarcelaba al ánimo afligido
y todo en luz se nos presenta puro.
Esta es la hora viva en nuestras manos
en que, altos, con la pólvora y el fuego
se nos rinde la tierra merecida.
20
¡ Qué goce nuestra carne, duramente,
del rigor de la lucha que nos torna
al ·triunfo y esperanza de la vida!
El tiempo nuestro se dilata y creoe,
abriéndonos las venas impacientes
y dando a nuestros ojos deslumbrados
las sendas dolorosas y triunfales
que llevan al difícil paraíso.
No queráis las memorias af.ligidas
de aquella triste paz en que los hombres
para esquivar el riesgo de los aires
amaban las entrañas de la .tierra.
La guerra nos invade con la rabia
que nos encauza al alto desvarío,
donde el orbe redondo se presenta
dócil para el vigor de nuestra mano.
Sl
Alcemos el fusi.J sobre la aurora
, rasgada contra el odio y el desvío
por el seguro sabre del futuro,
y entremos, ¡ oh laurel de ,los peligros!
para cumplirnos amorosamente
con delirios de paz en el combate.
Agosto, 1936.
SONETOS
•
. I
AL DESTINO DE ESP~A
A Xavier de Echarri
«Antes de tz"empo y casi en flor cortada» (Garcilaso)
Antes de tiempo y casi en flor cortado,
batido de tan ancha •desventura,
tu destino solar quebró la a-Itura
por murallas y naives quehrantado.
Cerró tu honor el orbe, dilatado
con huella de los pies de tu aventura,
y nació nuestro día de ailba oscura,
sin rutas en el polvo traicionado.
25
Mas, negándole curso a la elegía,
aplacó la nostalgia el vano canto,
el aire nuestra voz vistió de palmas,
forzó la sangre la oegada vía
y el ala renació, virgen de llanto,
para la nueva sed de nuestras almas.
28
II
EN GUERRA
A Agustín Aznar
Venid a levantar estos laureles
que nacen de ,la sangre, cuando el hielo
deja entrever 1la primarera y vuelo
que aún es dolor sobre los huesos fieles.
Aúri •el pulso combate sus claveles
y ofrece espadas a la carne y duelo.
Pero tú, camarada, que al desvelo
del ciprés alzas páramos crueles.
27
Y vosotros, impares, recorridos
, por las ardientes venas de la historia,
vecinos de •la pólvora y la muerte.
Y el pueblo de los días elegidos.
Venid hoy por el ramo de la gloria,
juntos, para que el águila despierte.
Agosto, 1936.
111
A CASTILLA
A Eugenio Montes
Yo que te vi, Castilla, desolada
bajo el ala del pájaro perdido
y el trigo sin sabor,es, el gemido
vencida de tu paz desarbolada.
Hoy contemplo la tierna madrugada
que alza tu tierra al aire prometido
y rasga tu horizonte sometido
al fuerte privilegio de la espada.
29
Un mar de sangre te dilata y crece
y en tus cauces y chopos vigilado
estrecha a.1bas de flor y las merece.
Y sé en mis venas ya que, libertado,
dará un orbe a tu espiga que se ofrece
con saetas al yugo enamorado.
Agosto, 1936.
30
IV
AiL RIO DUERO DURANTE LA GUERRA
ESPAAOLA
A José M.' Al/aro
Oh, Duero de mi nombre, larga vía
nacida ten rocas de la estirpe amada
y en corriente de fuerza adelantada
, hacia la mar donde concluye el día.
Te conoció la sangre y desafía
la Historia en ti su desazón colmada,
mientras en paz el filo de tu espada
por molinos y huertos se confía.
Sl
¿ No llega a ti el estruendo, no remueve
tus aguas con mensajes de bravura
el combate que tanto honor te debe?
No amo para verdor,es tu andadura;
quiero de ti la senda que nos lleve,
anticipando el ansia, a la aiventura.
sa
V
AL TAJO
Al General Moscardó
Al yunque de la roca el verso cede
su ·delgadez y en armas se levanta
cuando el agua que ciñe y no quebranta
en la cercada gloria se sucede.
Tu escándalo de honor clama y no puede
y en alarma de sangre se adelanta,
cortando las llanuras donde canta
el paso militar que las excede.
SS
Almas .te cruzan antes que soldados
• y restaura la torre defendida
su alta y rasgada majestad sin duelo.
Mientras del mar los sueños desterrados
-oh, Tajo de ,l a gloria dirvidida-
esperan tu caudal y tu consuelo.
34
VI
AL EBRO
A Ramón Serrano Súñer
Crecido tu caudal de llanto y gloria
y por ¡puentes de sangre conquistado,
vuelve tu largo honor, ancho y pausado,
a ;merecer las aguas de la Historia.
Si frontera te quiso, sin memoria,
el rencor solitario y desterrado
te vuelve a usar, bajo el pilar ancla<lo,
como lazo de tierras, la Victoria.
85
¡Cuánto de mocedad y primavera
, desató con pasión tu calma y hielo,
reclinando la muerte en tu ribera!
¡ Cuánto, tamihién, de gozo y de. consuelo,
desde el Cántabro olor al mar que espera
contigo alzar el alba sobre el duelo!
36
VII
AL GUADIANA
A Samuel Ros
Antes de merecer la luz valiente
de la España al honor desenterrada,
escondes tu rihera secuestrada,
hurtando al día el son y la corriente.
De Medellín el oro r,enaciente,
de .Badajoz la fuerza rescatada,
de Mérida .la Roma adelantada,
donde la carne restauró tu pl,lente,
87
vas reclinando al paso, defen elido
,p or un clamor de humanidad amante,
que en las armas aplaca tu gemido.
Y luego, fronterizo y anhelante,
cori'ies; abierto, al rumbo preferido
donde España se -gana agua adelante.
88
VIII
A GARCIA MORATO, HALCON DE F.SPMA,
EN SU MUERTE
Tras de batir .la hostilidad del viento,
cuando el paso del águila se avisa
huye el alma en las alas de tu ·prisa,
camino de su gloria y cumplimiento.
Como se maravilla tu sonrisa,
hélice .eil sol de tu supremo aliento,
cuando corta en su campo el firmamento
aquella carne moza que f ué brisa.
89
Ay, capitán del aire, cómo llora
este dolor de tu mortal destino
en el instante de la primavera,
cuando, mientras la tierra te devora,
anuncia el trigo verde tu .ca.mino
y es ansia de esbeltez España entera.
En el Montseny, 3 de abril de 1939.
40
IX
EN LA ,MUERTE DE ANTONIO MACHADO
«una de las dos Españas
ha de helarte el corazón»
A. Machado
Subió tu voz, con gravedad hermosa,
desde el dorado fruto de Sevilla
al yermo planetario de Castilla,
donde la tierra de tu ·a-mor reposa.
A tu paso, Ja España dolorosa
era, en campo lunar, tierna semilla,
pero al granar su fresca maravilla
tu v.erso ausente le negó su rosa~
4-1
Hoy, cerrado el rencor 1en Ja alegría,
al cumplir el volumen de su gloria,
con un ala de fiel melancolía,
trae España tu muerte hacia su Historia
y hace hierro de amor tu poesía,
vengando de ti mismo tu memoria.
SONETOS A JOSÉ ANTONIO
I
El rastro de la patria, fugitivo
en el aire sin sales ni aventura,
f ué arrebatado en fu ego por la altura
de su ágil corazón libre y cautiivo.
De la costra del polvo primitivo
alzó la vena de la sangre pura,
trenzando con el verbo su atadura
de historia y de esperanza en pulso vivo.
Enamoró la ,luz de las espadas,
armó las almas sin aliber,gue frías,
volvió sed a las aguas olvidadas.
Dió raíz a la espiga y a la estrella
y, por salvar la tierra con sus días,
murió rindiendo su hermosura en ella.
45
II
Treinta años de escondida primaivera,
tres de sazón y riesgo arrebatado
y ¡tantos! en el sueño despojado
que en haces de pasión juntó la espera.
En torno a él, de sus entrañas fuera,
todo era ~undo yerto y descuidado:
el cielo sin promesa retirado,
la nieve larga y a su .paso entera.
Hombres corrieron a su sangre huída
de amor, al tit,mpo de rendirse en duelo
la firme soledad alta y herida.
Luchó la muerte, mas, cercano al cielo
y la profunda tierra redimida,
triunfó la vida al fin sobre el consuelo.
46
111
;
Fué valeroso y firme el sentimiento,
la voz maravillada y obradora,
la presencia .evidente y venced.ora
y fiel a nuestra sed, el sufrimiento.
¡ Qu_é justo corazón y largo aliento
y dura voluntad y_ luz sonora,
dieron pulso a la sangre, fe a .la aurora.
senda a la tierra y alegría al viento!
En sus venas ,el pulso con aceros,
llanuras galopadas, .cetros, mares,
¡ Atalaya de s_a ngre enamorada!
Fué quien !Volvió a los sueños verdaderos,
quien sujetó al destino los azares;
murió .en España y la dejó ganada.
IV
No fué la tierra por tu peso amada
sino soporte de tu planta erguida.
No elegiste el silencio, sí la vida
en mocedad de flor aventurada.
Curso de estrella a la raíz hundida
dió tu esbeltez jamás abandonada,
y dejaste tu voz, tan levantada,
con gravedad de sangre mantenida.
Vencida al fin la carne por la empresa,
con tierra de tus huesos sube al día
-¡ &paña al fin!- tu vertical promesa.
Alamo, lanza, torre, valentía,
todo se alegra en ti, todo regresa
de este llanto mortal de tu alegría.
48
V
El air.e te merece, el aire puro
por donde el alma sabe su camino,
rompe la gravedad en tu destino
y te alza matinal, libre y maduro.
¡ Qué dolor el destierro! ¡ Qué inseguro
el desunido fin d.e tu camino:
rota la arcilla, triunfador el fino
temblor del sueño y el silencio duro!
¡ Qué consuelo, a la vez, tu permanencia,
parada el ansia y luego recrecida,
'
en el duelo 1Vengado de tu ausencia!
¡ Oh, temprana sazón, promesa herida,
tan cumplida de amor en la conciencia
de la España radiante y merecida! ...
VI
El corazón te busca en su alabanza
heoha de soledad y desconsuelo,
y halla tu gloria en el amado suelo
que rige . -con laureles tu esperanza.
Te reclama el amor y ya te alcanza
con fe nacida de tu voz y duelo,
y mientras dura irreparable el hielo
con más ardor te crea y afianza.
En torno de la muerte, quien dijera
cuanto tiené la voz de tu elegía
de gozo por la vida verdadera.
Pues con el alma y sangre en agonía
aún los .habita ,en ti la primavera
al alumbrarte cada nuevo día.
50
VII
.
So·b re tu polvo el mármol persevere
y sobre el mármol, plena y sazonada,
por edades y sangres renovada,
esta vida que nace cuando muere.
Tu soledad -piados-a que nos hiere
hágase muchedumbre acompañada,
sea fuerza y clamor la ivoz -callada,
la profecía ,en el recuerdo impere.
No te visite el llanto ni la duda,
el alma oebe en ti sus ansiedades
sobre tu paz de tierl'.a defendida
.y, hoy más, la tuya, armada si d,esnuda,
consagre tu fervor con claridades
en el seno de Dios recta y erguida.
51
SONETOS
A LA VICTORIA DE ESPAÑA
I
La inminencia d.e Abril cumple en la tierra
su lozana ilusión sobre la muerte; ,
ya viene, amor, la vida a ,merecerte
por el sonoro -cauce de Ja guerra.
Venas el triunfo y ansiedades ciierra
•mientras abre la flor y el llanto yierte
el alma que ha llegado a conocerte
en tanto duelo que el honor destierra.
Ay, España, ¡ qué júbilo tan grave,
cuando en un alba a la esperanza cede
el ímpetu su crudo sentimiento !
Cuando el silencio restahlece al ave,
cuando al clarín el ruiseñor sucede
y palma y surtidor ganan el viento.
66
11
Deja que el corazón vuelva a su historia
y recuente ,la sangre su campaña
por esta larga soledad de España
poblada del honor de su 'Victoria.
Déjame oír el sueño de Ja gloria
no en el elamor de luz que la acompañ·a
sino en la fría y dolorosa entraña
que rige la pasión con la memoria.
Déjame alzar los rostros, eri la aurora,
de la tronchada mocedad que exoede,
innumerable, a su solar sediento,
y plantar su presencia cumplidora
donde la muerte sq,s jardines cede
al filo del airado vencimiento.
66
111
Dilata el alma libr,e en la llanura
ansiedades de paz, duloe recreo,
y cortejada de laureles veo
la honrada majestad de tu bravura.
Abril guía su paso a la ternura
de un prado en sol y delicado oreo.
¡ Oh, traición de las rosas! ¡ Oh, deseo
del ledo hieniestar tras la aventura!
¡ Apresura tu sangre, no detenga
tu paso militar su duro aliento
y, al nuevo riesgo del dolor, avanza!
Sea tu sola sed quien -te sostenga,
ya que la gloria presta su instrument,o
al pueblo en ~z que su rigor akanza. •
57
IV
Oh vejez de 1los siglos, muerte y duda,
señora de la España siri consuelo,
¡qué ojos de soledad vi~ron tu duelo
sobre la tierra dilatada y muda!
¿ Dónde huíste - oh prisión - cuando, desnuda,
el casco ardiente mereciendo el vuelo,
restauró la !pasión d.e nuestro cielo,
en pompa militar, el alba aguda?
Ya, España, miro tu alegría usada
'
por honesto dolor sin desaliento.
En banderas discurre tu alabanza,
tu vida busca siglos, abrasada,
y retoña en el firme sentimvento
la sed primaveral de l,a esperanza.
58
V
Oh pueblo, enseñorea tu camino
para el denuedo de la sangr1e abierto
en el Abril que dulcifica el cierto
esplendor de la mies alto y vecino.
Quiehre el caudal ardiente su mezquino
cerco de soledad en tu concierto,
cuando regresa eil brazo, recubierto
con hábito del hierro, a· su destino.
Oh, sólo tú campeador del sueño,
campees entre ti por la dichosa
cuesta de las edades merecidas,
sobre las tierras libres y trabadas
de muchedumbre humana y religiosa,
.de justo pan y poderío henchidas.
59
VI
Coondo al cwrín el ruiseñor sucede
y palma y surtidor ganan el mento
donde la muerte sus jardines cede
. al filo del airado vencimiento.
Y a que la gloria presta su instrumento
al pueblo en haz que su rigor alcanza,
y retoña en el firme sentimiento
la sed primaveral de {,a esperanza.
'
Sobre l,as tierras libres y trabod,as,
de muchedumbre humana y religiosa,
de justo pan y poderío henchidas,
con olivo y laurel en las espadas,
álzase España, viva y venturosa;
nuevamente solar y sin me_didas.
El Montseny, abril de 1939.
60
SONETO A FRANCO
•
A FRANCO
Del Hacho al Pirineo has wv,anzado,
vega de espadas, despertando el brío,
y ya rige tu fuerte señorío,
del Océano al mar, tierra y Estado.
En su gloria de alcázar riestaurado,
campa,mento guerrero en sol y frío,
quiere otra vez al Orbe por navío
tu solar de Castilla asegurado.
Padre de Paz en armas, tu bravura
ya en occidente ~xtrema la sorpresa,
en levante dilata la hermosura,
al norte es ·muro y en el sur empresa,
mientras redama toda su aventura
el pueblo que acompaña tu promesa.
63