0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas6 páginas

Tema 7

El documento detalla las fases de la sucesión 'mortis causa', incluyendo la apertura de la sucesión, vocación, delación y aceptación de la herencia, así como la repudiación y la transmisión del 'ius delationis'. Se explican los sistemas romano y germánico de adquisición de la herencia, y se discuten los derechos de representación y acrecer entre herederos. Además, se aborda la naturaleza de la herencia y su aceptación, destacando la importancia de la voluntad del heredero en el proceso sucesorio.

Cargado por

Yeesus
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas6 páginas

Tema 7

El documento detalla las fases de la sucesión 'mortis causa', incluyendo la apertura de la sucesión, vocación, delación y aceptación de la herencia, así como la repudiación y la transmisión del 'ius delationis'. Se explican los sistemas romano y germánico de adquisición de la herencia, y se discuten los derechos de representación y acrecer entre herederos. Además, se aborda la naturaleza de la herencia y su aceptación, destacando la importancia de la voluntad del heredero en el proceso sucesorio.

Cargado por

Yeesus
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

TEMA 7: “DELACIÓN Y ADQUISICIÓN DE LA HERENCIA”

1. Fases de la sucesión “mortis causa”


- Apertura de la sucesión: primera fase, coincide con el fallecimiento de la persona a la que la
sucesión se entiende referida. Es el fallecimiento según el art. 657 CC el hecho jurídico que hace empezar
la sucesión. En algunos casos se le denomina causante, difunto, fallecido o “de cuius”. La muerte provoca
la extinción de la personalidad del difunto y por tanto esta muerte también provoca que todas las
posiciones y las relaciones jurídicas que se le imputaban van a quedar vacantes, sin un titular. Tales
situaciones según el art. 659 CC siempre que no se extingan van a pasar a sus herederos. A la muerte física
que se refiere el art. 32 CC debemos equiparar también la declaración de fallecimiento pues provoca los
mismos efectos. Para que esta declaración tenga eficacia se necesita que sea firme. Respecto a la muerte
en general debemos tener en cuenta también la conmoriencia del art. 33 CC que tendrá importancia en
el caso de que se dude de si dos personas se mueren al mismo tiempo no se produce la sucesión de efectos
hereditarios.

- Vocación: proviene de la palabra “vocatio” que significa invitación. Equivale a determinar


quiénes son las personas que en principio han sido llamadas a la herencia en condición de heredero. Los
llamamientos pueden ser mucho más amplios que el elenco que finalmente resulta ser herederos. Puede
ocurrir porque el testador ha podido establecer sustituciones entre los herederos. O porque se haya
sometido la institución a condición o cuando el código llama o convoca como sucesores intestato a ciertas
clases de parientes que de una forma sucesiva pueden manifestar si aceptan o no la herencia. La vocación
no es lo mismo que la siguiente fase desde el punto de vista técnico.

- Delación: para que un eventual heredero pueda aceptar o repudiar una herencia, primero dicha
herencia puede ser ofrecida o deferida de forma concreta a ese heredero. La fase por tanto en la que el
heredero llamado puede manifestar si acepta o no la herencia deferida se le conoce técnicamente con el
nombre de delación. La expresión latina que se utiliza para referirse a este derecho es el “ius delationis”.
La distinción entre una y otra fase viene determinada porque en la mecánica sucesoria la vocación no
tienen por qué ser coincidentes. Puede haber más personas llamadas a ser herederos (vocación
hereditaria) pero la delación se produce después (aceptación de la herencia). Por ejemplo, si a la herencia
se llama a un nasciturus, para el mismo hay vocación desde el momento de apertura de la sucesión pero
no tendría delación hasta el momento en el que el nasciturus adquiriera la condición de persona. Otro
caso, cuando el testador dona la herencia a una fundación, no se produce la delación hasta que se cree la
fundación.

- Aceptación: se incluye la aceptación y adquisición de la herencia. Tras la delación el que es


llamado a la herencia manifiesta su aceptación a la misma, entonces pasará a ser efectivamente heredero
y tras los trámites oportunos en fase ya de adjudicación se le van a asignar los bienes concretos
hereditarios que le correspondan según la sucesión testada o intestada. El reparto de la herencia entre
más de un heredero se denomina partición hereditaria. Nuestro ordenamiento exige que para ser
considerado heredero exige la aceptación de la herencia, mientras no se produzca se está en una situación
conocida como herencia yacente. Existe herencia yacente en el periodo entre la muerte del causante y la
aceptación del heredero. La herencia yacente carece de personalidad jurídica, se considera como un
patrimonio destinado a un fin sin sujeto. En el derecho germánico, la herencia yacente no es considerada
porque pasa al heredero ipso facto. Algunos autores consideran que es un derecho subjetivo con un titular
transitoriamente determinado, otros que es una situación interina.

Dentro de la aceptación de la herencia, existen dos sistemas fundamentales en orden a determinar cómo
se adquiere o transmite la herencia:

- Romano: establece como elemento esencial la aceptación, la mayoría de la doctrina entiende que el
sistema español sigue este modelo.
- Germánico: establece que se produce por ministerio de la ley, ipso iure sin necesidad de mostrar la
voluntad a través de la aceptación.
Mediante la aceptación por parte del que tiene el “ius delationes” se manifiesta su decisión de tomar la
cualidad de heredero. Las características son:

- Se trata de un negocio jurídico unilateral no recepticia aunque el CC habla de acto. No exige una unión
ni conocimiento de nadie.
- Negocio inter vivos puesto que el acto como tal se realiza por una persona viva aunque traiga su causa
en un acto mortis causa.
- Es un acto voluntario y libre.
- Es irrevocable determinado en el art. 977CC, salvo que adolezca de vicios o que aparezca otro
testamento. Pero se impugna no se revoca.
- Es un negocio puro e indivisible, según el art. 990 CC la aceptación o repudiación no podrá hacerse
en parte o a plazo ni condicionalmente.
- Produce efectos retroactivos conforme al art. 989 CC. Se retrotraen a la muerte de la persona a quien
se hereda.

En cuanto a las clases de aceptación, en el art. 998 CC se determina que puede ser aceptaba pura y
simplemente o a beneficio de inventario.

- Pura y simple: produce efectos ilimitados que no se hace bajo ninguna cláusula especial. Dentro de
esta podemos distinguir dos subtipos de aceptación. Por un lado, la llamada aceptación expresa que
se hace en documento público o privado según el art. 999 CC estando rechazada la aceptación verbal.
Por otro lado, el mismo artículo permite la aceptación tácita que se hace por actos que suponen
necesariamente la voluntad de aceptar. Se entiende que existe aceptación tácita según el art. 1000
CC se recogen unos supuestos numerus apertus como cuando se hace una cesión o derecho de venta
de la sucesión, etc. La aceptación tácita es importante puesto que puede tener efectos fiscales.
- A beneficio de inventario: aquella que se realiza bajo una reserva y que va a producir efectos
limitados, regulados en el CC.

En el art. 992 CC se determina que puede aceptar y repudiar herencias de modo general, los que tienen
la libre disposición de sus bienes. Las reglas especiales las determinan los artículos siguientes y también
otros, como en el caso de los menores sujetos a patria potestad. En este caso, la aceptación o repudiación
le corresponde a los padres, si hubiera indecisión entre ellos se nombraría un defensor judicial. También
en el caso de los menores sujetos a tutela en estos casos se necesita una autorización judicial. También
las personas jurídicas (art. 993 CC).

Los efectos generales que produce la aceptación de la herencia son:

- En primer lugar, el aceptante va a adquirir retroactivamente la cualidad de heredero.


- Se va a subrogar el aceptante en todos los derechos y obligaciones del difunto.
- Por último, va a tener a su favor una acción propia que recibe el nombre de “petitio hereditatis” que
le faculta para hacer valer su derecho al reconocimiento de su cualidad de heredero.

* Según el art. 1016 CC se determina que no hay plazo para aceptar la herencia solo hasta que prescriba.
En la doctrina hay diferentes posturas entre 15 o 30 años.

Como efectos especiales: En el caso de la aceptación pura y simple, se produce la confusión de


patrimonios obligando al heredero a responder de todas las cargas de la herencia no solo con los bienes
de esta sino con los suyos propios también.

La repudiación es el acto por el cual el llamado a la delación renuncia a la herencia en su favor deferida.
Requiere una forma expresa y autentica, según el art. 1008 CC debe hacerse por documento público y por
escrito pero se desprende que puede llevarse a acabo de forma instrumental: por instrumento público o
autentico o de forma judicial: que se practica ante el juez competente. Los efectos de la repudiación:
- Hace desaparecer la delación a favor del llamado porque el que válidamente repudia una herencia se
entiende que no la ha poseído en ningún momento, art. 440.2 CC.
- La renuncia de una herencia no implica necesariamente la renuncia de todos los beneficios y derechos
derivados del causante. Así, la renuncia de la herencia no impide la aceptación de un legado (título
particular, los legatarios no responden de las deudas).

La adquisición concreta de la herencia es el paso siguiente pero será estudiado en la partición hereditaria.

2. La transmisión del “ius delationis”


Respecto del “ius delationes” se ha planteado si es transmisible mortis causa. Según el art. 1006 CC
cuando un heredero fallece sin aceptar ni repudiar la herencia, pasa a sus herederos el mismo derecho
que él tenía. Pasa a sus herederos el derecho de aceptar o repudiar la herencia abierta a consecuencia del
fallecimiento de un causante anterior. El supuesto genera una relación triangular que hace necesario
identificar a todos los sujetos.

- El causante de la herencia que, habiendo sido deferida al heredero intermedio, no ha sido aceptada
ni repudiada por este con anterioridad a su propio fallecimiento. En este caso, se dice que el ejercicio
del “ius delationis” se encuentra en suspenso.
- Nos referimos al transmitente cuando hablamos de la herencia segunda y en el que junto con los
restantes bienes y derechos se integra el “ius delationis” relativo a la herencia anterior.
- El transmisario que es el heredero del transmitente. Esta persona puede ejercitar todas las facultades
inherentes al patrimonio o caudal hereditario dejado por el transmitente y por tanto puede aceptar
o repudiar la herencia del causante inicial, ejercitando así el “ius delationis” no ejercitado por el
transmitente.

* El transmisario puede aceptar la herencia del transmitente y repudiar la del causante. Si repudia la del
transmitente pierde cualquier posibilidad de pronunciarse sobre la del causante.

Se plantea si el transmisario en caso de aceptar sucesivamente varias herencias está sucediendo al


causante o al transmitente. Hay dos posturas, ALBALADEJO, entiende que como el transmitente no puede
transmitir en modo alguno la herencia del causante al transmisario, se entiende que el transmisario
hereda directamente al causante. LACRUZ entiende que solamente a través de la herencia del
transmitente llega al transmisario la primera herencia. La dirección General de los Registro y del Notariado
se ha pronunciado a favor de la tesis de ALBALADEJO y el CC no dice nada.

3. El derecho de representación y el derecho de acrecer


El derecho de acrecer se produce cuando existen varios sucesores o varios llamados a la herencia y uno
de ellos no sucede lo que provoca que el resto aumente o acrezca su parte en dicha herencia. Se produce
un acrecimiento para el resto de los herederos respecto de la parte que no se ha heredado.

Art. 981 CC la parte del que repudia la herencia acrece siempre a los herederos. Art. 922 CC si hay varios
parientes de un mismo grado y alguno no quiere y no puede suceder su parte acrece a los demás de su
mismo grado salvo cuando deba tener lugar el derecho de representación.

Referido a la sucesión intestada, es preciso distinguir primero en caso de muerte o incapacidad existirá o
no derecho de acrecer en función de que el fallecido o incapaz tenga hijos o descendientes a cuyo favor
se produzca el derecho de representación. Segundo, en el caso de renuncia a la herencia, siempre tiene
lugar el derecho a acrecer ya que aquí no se da el de representación.

El derecho de acrecer también se puede dar en la sucesión testada, siempre que no haya disposición
contraria por parte del testado por ejemplo si existe sustitución vulgar impide el derecho a acrecer. Y en
segundo lugar exige que se cumplan los requisitos del art. 982 CC.

Respecto del derecho de representación, éste se da en una serie de supuestos concretos y específicos que
determina el CC. El pariente más próximo excluye al más remoto, pero esta regla no es rígida pues el
derecho de representación es una excepción a dicha regla. El art. 924 CC determina el derecho de
representación como el derecho que tienen los parientes de una persona para adquirir sus derechos si
viviera o hubiera podido heredar. Por tanto, es el derecho a ocupar en la sucesión el lugar que hubiera
ocupado otra persona en determinados casos fijados en la ley.

Procede el derecho de representación en caso de fallecimiento, supuestos de desheredación, incapacidad


entendida esta en los sentidos de indignidad del representado. Por tanto, no hay derecho de
representación en caso de renuncia a la herencia.

Tienen el derecho de representación según los arts. 925 y 927 CC:

- Línea recta descendente. Nunca en la línea recta ascendente.

Línea colateral solamente en favor de los hijos de hermanos UNICAMENTE y siempre que concurran con
sus tíos. Puesto que si no concurren con sus tíos heredan a partes iguales y no por representación, es
decir, heredan por cabezas y no por estirpes (art. 927 CC).La herencia se distribuye por estirpes para que
no se herede más de lo que heredaría el representado

4. La adquisición de la herencia
Solo cuando el heredero acepta la herencia. En el caso del legado hay una diferencia puesto que este sí
que adquiere la herencia directamente sin una aceptación previa, ope legis, aunque siempre puede
repudiarlo.

Existen dos sistemas: sistema romano y sistema germano. El sistema romano de la adquisición de la
herencia está basado en la voluntad del llamado a heredar que puede aceptarla o repudiarla. Por otro
lado, en el sistema germánico la adquisición de la herencia tiene lugar automáticamente (ipso iure) con la
muerte del causante, el llamado sólo tiene voluntad para repudiarla (su aceptación no es necesaria sino
que va implícita).

Cuando el heredero acepta, la aceptación tiene efectos retroactivos, es decir, se considera que adquirió
la herencia en el momento de la muerte del acusante. La repudiación es una declaración de no adquirir.
Es diferente de la renuncia, porque ésta implica el abandono de un derecho que ya ha entrado en el
patrimonio.

Un punto de discusión es también el 609, pues los germanistas alegan que dicho artículo contempla la
sucesión como un modo de adquirir la propiedad. Sin embargo, los romanistas replican que el 609
configura como un modo de adquirir a la sucesión mortis causa considerada como mecanismo complejo,
pero no resuelve en absoluto ni tiene por qué resolver el problema de determinar en qué preciso
momento se produce la adquisición de la propiedad de los bienes y de la titularidad de los derechos
pertenecientes a la herencia.

Mayor dificultad presenta la lectura del 657: “los derechos a la sucesión de una persona se transmiten en
el momento de la muerte”. Literalmente interpretado, no cabe duda de que presta un fuerte apoyo a la
tesis germanista. Sin embargo, no es una norma clara. Conviene señalar que es el primero que el CC dedica
a las sucesiones, por lo que no es probable que el legislador haya querido dejar resuelto el problema en
el mismo pórtico, sino que parece una norma vacua de apertura.

Aunque esta es la opinión dominante, hay algún autor que sostiene que el sistema español rige el
germánico, partiendo del 661 CC.

Artículo 661 “Los herederos suceden al difunto por el hecho solo de su muerte en todos sus derechos y
obligaciones.”

No obstante, habría que demostrar que los herederos de los que habla este artículo son los llamados a la
herencia, y no los que la han aceptado con los efectos retroactivos del 989. La retroactividad da la razón
a la tesis romanista, y hace depender el efecto adquisitivo del acto de aceptación. El 989 carecería de
sentido si el CC hubiese acogido los postulados germanistas y la herencia fuera inmediatamente adquirida.
Los que defienden la tesis romana se basan en la retroactividad del artículo 989 CC. Este artículo expone
que los efectos de la aceptación y de la repudiación se retrotraen siempre al momento de la muerte de la
persona a quien se hereda, es decir al causante. Este artículo carecería de sentido si el CC hubiera recogido
los postulados germanistas.

Artículo 989 CC. “Los efectos de la aceptación y de la repudiación se retrotraen siempre al momento de la
muerte de la persona a quien se hereda.”.

Éste nos hace pensar que el sistema que rige es el románico. De la misma forma se posicionan el artículo
1.005 y 1.006 CC.

Artículo 1.005 CC. “Instando, en juicio, un tercer interesado para que el heredero acepte o repudie, deberá
el Juez señalar a éste un término, que no pase de treinta días, para que haga su declaración; apercibido
de que, si no lo hace, se tendrá la herencia por aceptada.

Artículo 1.006 CC. “Por muerte del heredero sin aceptar ni repudiar la herencia pasará a los suyos el mismo
derecho que él tenía.”

Hay una regla particular en cuanto a la adquisición de la posesión de los bienes hereditarios en el
Art.440Cc.

a. Adquisición de la posesión de los bienes heredados

Desde el momento de la muerte del causante después de aceptada la herencia, se entiende que los ha
poseído. No hace falta que entre en contacto con ellos.

Artículo 440 CC. “La posesión de los bienes hereditarios se entiende transmitida al heredero sin
interrupción y desde el momento de la muerte del causante, en el caso de que llegue a adirse la herencia.
El que válidamente repudia una herencia se entiende que no la ha poseído en ningún momento.”

Una vez que el heredero acepta, se entiende que ha estado en posesión desde el momento de la muerte
del acusante, sin necesidad de que haya habido ningún hecho de aprehensión material. El heredero puede
ejercitar actos de protección de su estado posesorio, pero lo que más nos interesa es que tiene una
posesión ad usucapionem, es decir, que le heredero podrá consumar la usucapión que comenzó su
causante, adquiriendo la propiedad del bien.

Aunque los legatarios adquieren automáticamente el legado, y si el legado es un bien concreto y


determinado adquiere automáticamente la propiedad en el momento de apertura de la sucesión. Sin
embargo, la posesión le pertenece al heredero y los herederos tienen la carga de entregar la posesión de
los bienes legados al legatario.

Por último, el artículo 1016 somete a prescripción el derecho de aceptar. Por lo tanto, en nuestro Derecho
se sigue la llamada línea romanista de adquisición de la herencia en virtud de la aceptación del llamado a
quien se defiere. Esta regla no tiene más excepción que la consagrada en el artículo 1002, que establece
como sanción un supuesto de adquisición necesaria y automática, privando de la facultad de renunciar a
los herederos que hubieren sustraído bienes o efectos de la herencia. Sin embargo, no cabe duda de que
a lo largo de nuestra historia jurídica han existido influencias del germánico, que el CC ha incorporado
respetando su raíz romana.

5. La herencia yacente
El concepto que tradicionalmente viene ofreciendo la doctrina sobre la herencia yacente está enlazado
con la existencia de sistemas distintos de adquisición de la herencia. Esta no es concebible como situación
normal en el sistema germánico, ya que en él se adquiere ipso iure. En cambio, en el románico sí, pues la
adquisición depende de la voluntad del llamado y es normal que entre la muerte del causante y la
aceptación transcurra un plazo de tiempo. La expresión “herencia yacente” no se encuentra en el código
civil. El artículo que hace referencia a esta situación es el 1934: “la prescripción produce sus efectos
jurídicos a favor y en contra de la herencia antes de haber sido aceptada y durante el tiempo concedido
para hacer inventario y para deliberar”.
Si creemos que nuestro sistema sucesorio descansa en la voluntad del llamado para aceptar o repudiar,
es evidente la posibilidad de la yacencia de la herencia. Será, por lo tanto, necesario, proveer a la
conservación de las relaciones jurídicas cuya titularidad espera su concreción definitiva, desaparecido el
causante. Esto, lo hace el código civil en los siguientes casos:
a. La institución de heredero bajo condición suspensiva (art. 801). Aquí es claro que el llamado todavía
no ha manifestado su voluntad de aceptar/rechazar, pero no lo es menos que no lo puede hacer
puesto que no está seguro de su derecho a heredar hasta que la condición del 991 se cumpla (“sin
estar cierto de la muerte de la persona a quien haya de heredar y de su derecho a la herencia”). La
herencia se pone en administración y “Los administradores tendrán los mismos derechos-
obligaciones que los que lo son de los bienes de un ausente” (804).
b. Institución de heredero en favor de persona incierta que por cualquier evento puede resultar cierta
(705). Por las mismas razones anteriores la herencia debe quedar en administración, aplicándose al
administrador las reglas del que lo es de una herencia deferida bajo condición suspensiva.
c. Institución de heredero en favor de un concebido y no nacido (965). Hasta que se verifique el parto
o se adquiera la certidumbre de que no tendrá lugar, la herencia se hallará en administración. El
administrador se sujetará a las normas sobre la administración de la herencia en los juicios necesario
de testamentaría.
d. Llamado que ha pedido tiempo para deliberar si acepta o no la herencia. En esta hipótesis ha de
hacerse un inventario de la herencia para que el llamado delibere, y el artículo 1020 dice que en todo
caso el juez podrá proveer, a instancia de parte interesada, durante la formación del inventario y
hasta la aceptación de la herencia, a la administración y custodia de los bienes hereditarios con
arreglo a lo que se prescribe para el juicio de testamentaría en la LEC.

El CC se ha preocupado, pues, como decíamos más arriba, de las situaciones en las que la aceptación de
la herencia no se ha producido, regulándolas. Pero no lo ha hecho de modo general de la pura herencia
yacente. Por analogía, le podría ser de aplicación lo dispuesto en el artículo 1020.
Si el causante ha manifestado lo que haya de hacerse mientras esté yacente, a sus disposiciones habrá
que estar ante todo. Se entiende que si el testador ha designado un albacea, éste podrá actuar como
representante de la herencia y podrá llevar a cabo actos de administración y conservación de los bienes
(Art.902.4 CC.).
Artículo 902.4 CC. “4ª Tomar las precauciones necesarias para la conservación y custodia de los
bienes, con intervención de los herederos presentes.”

También ha de tenerse presente que el llamado a la herencia está legitimado antes de aceptarla o
repudiarla para realizar actos de mera conservación o administración provisional, sin que ello signifique
su aceptación tácita.
La herencia yacente carece de titular, pero el patrimonio hereditado se tutela en sí y por sí,
independientemente de su enlace actual con un sujeto determinado. Hay una indeterminación transitoria
de titular puesto que lo habrá necesariamente en el futuro.
El TS viene admitiendo la legitimación pasiva de la herencia yacente, es decir, que se puede demandar a
la herencia yacente, de forma que permite a los acreedores del causante y a otros posibles interesados
que demanden a la herencia yacente, en cuyo caso la reclamación tiene que dirigirse contra la herencia
yacente y sus herederos, designándose a los posibles herederos si se conoce, y si no sencillamente se les
alude. Cabe aplicar por analogía otros preceptos del Código en los que el heredero no ha podido aceptar,
por lo que el juez debe designar un administrador de los bienes.

También podría gustarte