El pensador francés Pierre Bourdieu cree que una entrevista con un sociólogo aliviará la ansiedad y te ayudará a
comprender tu vida.
By Harriet Swain.
Para Pierre Bourdieu, posiblemente el principal sociólogo de Francia, una entrevista es más que un intercambio de
información; para la persona entrevistada, es una terapia. ‘La sociología tiene una función que todos olvidan’, dice.
‘Tiene una función clínica. La gente piensa que los sociólogos pueden ayudar a políticos o presidentes. En realidad, hay
algo más modesto pero muy importante que hacen, una especie de psicoanálisis.
Para su reciente libro The Weight of the World: Social Suffering in Contemporary Society, Bourdieu y su equipo de
sociólogos realizaron entrevistas con personas comunes que luchan por sobrevivir: adolescentes recién salidos de la
cárcel, familias inmigrantes y sus vecinos, trabajadores de fábricas, personas desempleadas, agricultores y docentes.
El libro muestra un panorama complejo de las formas en que las personas sufren. Provee lecciones útiles para
trabajadores sociales, políticos, incluso planificadores urbanos. Pero Bourdieu dice que el libro también cumplió una
función más directa. Uno de sus sujetos era una docente que fue entrevistado en su casa y en el trabajo y cuyas
actitudes emergieron muy diferentes en los dos entornos. ‘Ella estaba, no digo curada, pero estaba muy feliz después
(de esas entrevistas)’, dice. ‘Almorcé con ella después y ella tenía la sensación de haber dominado lo que le había
pasado’.
Tan entusiasmado está con este ‘socioanálisis’ que quiere formalizar sus técnicas de entrevista en una especie de guía
para escuelas y hospitales. Aboga para que los sociólogos residentes en las escuelas faciliten las relaciones entre los
docentes y los alumnos con mal comportamiento, explicando el trasfondo sociológico de la mala conducta de los niños.
A menudo, dice, un entrevistado está tan agradecido por los descubrimientos que hace sobre sí mismo y la capacidad de
expresarlos que agradece al entrevistador. Es una gran responsabilidad de asumir.
Ahora, está sentado aquí en un sillón en un pequeño hotel de Londres, su gran cabeza de analista domina un cuerpo
robusto, de hombre trabajador, siendo entrevistado él mismo.
Admite de buena gana que la sociología también le ha ayudado. ‘Usas la sociología para comprenderte a ti mismo, cómo
eres, y aceptarte a ti mismo’, dice. ‘No es que te ames más a ti mismo. Sino que puedes decepcionarte contigo mismo,
puedes molestarte por lo que eres, pero tienes instrumentos para entenderlo y aceptarlo, y ese es el principal problema
de la vida’. [C’est la vie..]
Su trabajo en la identificación de instrumentos de comprensión lo ha convertido en una figura pública destacada en
Francia. Aparece con frecuencia en televisión, sus libros son bestsellers y se ha vuelto cada vez más franco sobre la
política. Hace poco más de un año se vio envuelto en una disputa intelectual cuando la historiadora Jeannine Verdes-
Leroux lo acusó de ‘terrorismo sociológico’ y ‘actividad manipuladora en el ámbito intelectual’. Un elemento central del
argumento fue la relación entre los académicos y los medios de comunicación, algo que Bourdieu abordó en el libro
Sobre la televisión. En él criticaba a los académicos por cortejar a un medio que, según él, era inadecuado para la
discusión intelectual. Una de las acusaciones de Verdes-Leroux y otros fue que Bourdieu se encaprichaba demasiado con
el cortejo a los medios de comunicación.
Pero asumir un papel público es algo que ha comenzado a hacer recientemente, dice, *en parte porque siente que tiene
el deber de hablar en contra de los peligros de la ‘política neoliberal oculta por la retórica socialdemócrata’, y *en parte
porque está haciendo uso de su ‘capital cultural’.
Esta es una idea clave de Bourdieu: la noción de que la cultura es una moneda más que una cualidad innata, que la
adquisición de gustos literarios y musicales específicos altera nuestra posición e importancia dentro de una sociedad,
aunque no nos altera intrínsecamente. Las instituciones, como escuelas o universidades, tienen su propio valor cultural
fijo. Por ejemplo, cuando se convirtió en catedrático del College de France en 1981, explica, se benefició con parte del
capital cultural de esa institución, lo que significaba que si optaba por hablar sobre temas como las desigualdades del
sistema educativo, era más probable que lo escucharan ahora que antes de su incorporación.
Conectados a esta idea de capital cultural están los conceptos que ha desarrollado de ‘habitus’ y ‘campo’. Los utiliza para
describir cómo las personas heredan la forma en que perciben la sociedad y adaptan estas percepciones de acuerdo a
sus experiencias, construyendo diferentes ‘campos’ dentro de los cuales sus acciones adquieren significado y
reconocimiento.
Los términos se repiten como tema constante en su obra, que ha abarcado temas tan diversos como la fotografía, las
sociedades campesinas argelinas, los estudiantes y la masculinidad. Y así como la sociología le ha ayudado a aceptar sus
antecedentes, sus antecedentes han contribuido a su trabajo sociológico.
Bourdieu nació en 1930 en Béarn, en el suroeste de Francia, en un pequeño pueblo anticuado. Su padre comenzó su
vida laboral como campesino, luego se convirtió en cartero. Los docentes de su escuela alentaron al joven y brillante
Bourdieu a que se presentara a la Ecole Normale Superieure de París. Ganó un lugar y entre sus colegas se encontraba
Jacques Derrida. Describe la experiencia de esta educación de élite como ‘ambigua’.
‘Gente a la que admiraba -algunos profesores- me decían que lo mejor que podía hacer era convertirme en profesor, ir a
la Ecole Normale, ganar el concurso’, dice. ‘Hice todo lo que me dijeron. Y desarrollé una especie de vergüenza por mis
orígenes. Recuerdo que regresaba en tren a mi casa y cuando llegaba a Burdeos, la gente tenía esos acentos terribles.
Me avergonzaba de todos, incluso de mi familia...’
Le tomó mucho tiempo lidiar con estos sentimientos, y al final fue la sociología la que vino al rescate. Después de
estudiar filosofía en París y pasar un año enseñando, sirvió durante dos años en el ejército francés en Argelia. Allí,
utilizando técnicas antropológicas y etnográficas, escribió el primero de sus estudios sobre los cabilas, una tribu del
norte de África que describe como de ‘una tradición de honor mediterránea muy antigua’. En ese y en estudios
posteriores sobre los cabilas encontró que su conocimiento de la forma en que funcionaba la sociedad campesina
francesa ayudaba a la comprensión.
En la década de 1960, decidió que debía estudiar adecuadamente la sociedad de la que provenía. En Celibat et condition
paysanne, investigó los problemas que tenían los agricultores varones del Béarn para encontrar esposas y adaptarse a la
era moderna. Más tarde, examinó las dificultades que experimentaron los estudiantes del interior y de clase trabajadora
como él después de emprender estudios de filosofía y sociología en universidades urbanas.
Si bien es escrupuloso en la realización de investigaciones tanto cuantitativas como cualitativas, está abierto a extraer
lecciones de sus propias experiencias y de las experiencias de personas cercanas a él. ‘Quizás mis principales
descubrimientos se los debo a mi madre’, dice. Fue ella quien le enseñó que el parentesco no era simplemente una
cuestión de genealogía, como se había asumido generalmente en los estudios antropológicos, sino que los parientes
debían cultivarse para conservar su valor de parentesco. Quizás el legado más importante de su experiencia es su
permanente interés por la educación. Sostiene que la escuela tiene un papel crucial que desempeñar en los logros
futuros de las personas, independientemente de su origen social.
En la década de 1980 se le pidió que elaborara un informe para el presidente Mitterrand sobre el futuro de la educación.
Logró la creación de Arte, el canal de televisión cultural de Francia, e inspiró el establecimiento de un comité para
revisar el plan de estudios escolar. Pero Bourdieu declaró que se convirtió en una herramienta política, utilizada por
Mitterrand para decir que tenía el respaldo del College de France y por los ministros de educación para justificar
decisiones que ya habían tomado.
Tiene una visión algo pesimista de la capacidad de los académicos para influir en la forma en que funciona la sociedad.
‘No me gustan los sociólogos que piensan que contribuyen al cambio’, dice. ‘La mayoría de ellos no conocen la realidad.
Es una actitud que provocó las críticas de Geoff Mulgan, un asesor de Downing Street, durante un debate reciente con
Bourdieu sobre The Weight of the World en el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres. ‘El peligro es que puedes
sentir, leyendo el libro, que no hay salida’, dijo Mulgan. ‘¿Qué hay de las soluciones? ¿La única contribución que se
puede hacer es la de ‘encontrar mil obstáculos’?’
Pero Bourdieu dice que hay cosas que se pueden hacer. Sostiene que es mejor hacer muchas pequeñas cosas de forma
sistemática, ‘porque esas pequeñas cosas generan cambios que producen cambios’. Él dice que el problema con Francia
es que tiene una tendencia a llevar a cabo reformas grandes y radicales que ni los mejores sociólogos podrían planificar:
la transformación de todo un sistema educativo, por ejemplo. ‘La visión del ingeniero debe abandonarse en favor de la
visión del jardinero’, dice.
La ansiedad por el cambio radical es lo que genera retrocesos/reacciones radicales. En 1968, Bourdieu se paró frente a
2.000 estudiantes y los reprendió por hablar de revolución, advirtiéndoles que asustarían a la gente y se volverían
conservadoras. ‘Y así sucedió. Tenemos una universidad muy conservadora’.
En lugar de tratar de encontrar soluciones radicales, quiere que los académicos y otros se concentren en aumentar
nuestra comprensión de la sociedad. Para él, enfrentar el sufrimiento del mundo de esta manera trae sus propias cargas
-cargas que parece agradecido de quitarse de encima.